El libro de Eclesiastés concluye que el deber fundamental del hombre es temer a Dios y guardar sus mandamientos. Se enfatiza la importancia de la obediencia y la meditación en la ley de Dios, indicando que esto es lo que trae éxito y prosperidad. Además, se menciona que todas las acciones serán juzgadas por Dios, subrayando la seriedad de temer a Dios y mantener sus enseñanzas.