Catalogo Nazarenos en la Madrugada del Viernes Santo

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Catalogo Nazarenos en la Madrugada del Viernes Santo

  1. 1. NAZARENOS EN LA MADRUGADA DEL VIERNES SANTO
  2. 2. Comisario: Sánchez Moreno ©Fotografías: Sánchez Moreno ©de los textos: sus autores Diseño e impresión: Imprenta Luque, S.L.
  3. 3. Sánchez Moreno Fotografías
  4. 4. Acompañar al Nazareno y a los penitentes castreños durante la Madrugá del Viernes Santo es una experiencia cargada de sensaciones. El recogimiento y la reflexión, los sonidos de la noche y las saetas, los olores del incienso y de las flores, las luces de las velas y las sombras de los pasos… Todo como hace siglos. El fotógrafo castreño, Francisco Sánchez Moreno, Premio Córdoba de Periodismo en 2007, ha sabido captar todo ese torrente de colores y de morados en esta colección de fotografías Nazarenos en la Madrugada del Viernes Santo. La Semana Santa de Castro del Río fue declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía en el año 2001. La singularidad de la Procesión del Nazareno ha contribuido de manera decisiva en este reconocimiento. En la Madrugá castreña no hay influencias de otros estilos o de costumbres más actuales. Conserva todo aquello que desde sus inicios la hizo única. Los penitentes, descalzos y cargados con pesadas cruces de madera, caminan junto al Nazareno, compartiendo su dolor y su esperanza. Al contemplar las imágenes, captadas con sensibilidad por Sánchez Moreno, se destaca la pureza en el sentir de un pueblo y nos acerca a otros rincones nazarenos de nuestra geografía. José Antonio García Recio Alcalde – Presidente del Ayuntamiento de Castro del Río
  5. 5. La Semana Santa vive en la actualidad un momento de enorme apogeo. La riqueza humana y patrimonial forma parte de la esencia de un gran número de cofradías. Se exteriorizan con lujo y abundancia todas estas manifesta- ciones que la integran. Imágenes, ajuares, ornamentación, música, flores, olor de incienso personalizado para cada cofradía, y sentimiento y orgullo de pertenecer a una determinada hermandad son la base de este fenómeno que surgió con el objetivo de transmitir y educar en una fe y de ser la herramienta fundamental de proyectos evangé- licos. En su evolución, las hermandades han ido asimilando elementos y costumbres de otras cofradías hasta ir diseñando un panorama en el que la igualdad estatutaria, procesional, musical, ornamental y estética es muy parecida entre un gran número de cofradías. Posiblemente se le esté dando gran importancia y protagonismo a lo externo, con desfiles procesionales de una plasticidad y belleza muy elevadas. Singularidad del penitente nazareno en Castro del Río Dentro de este contexto pervive la Ilustre y Venerable Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora del Mayor Dolor, en Castro del Río (Córdoba). Su estructura ha permanecido invariable desde hace cuatrocientos años, cuando surgió dentro del fervor intenso que en la Campiña cordobesa y en otras zonas de España generó la devoción a Jesús Nazareno. Entonces, como ahora, la túnica sencilla de sarga morada con cola, la soga o cordón de pita al cuello, el verdu- guillo para que el penitente permanezca en el anonimato, la pesada cruz de madera y la desnudez de los pies, continúan siendo un vehículo válido para acompañar al Nazareno en la madrugada del Viernes Santo. Si, en Castro del Río, el penitente nazareno hace suya esta madrugada, tal como hace cuatro siglos, es porque esta manera de entender la Semana Santa es valedera. Durante el tiempo que dura la estación de penitencia –en este caso la definición es exacta-, los penitentes se en- cuentran en la soledad de las calles, sin público que los admire; se ven rodeados del silencio necesario que les acompaña, sin bandas ni agrupaciones musicales, sólo con las samaritanas, el pregón (ambos, cantes propios de Castro del Río), el Stabat Mater o el Miserere. Quedan excluidos los lujos, sólo permanece el polvo de sus pies descalzos y la suciedad de las colas de las túnicas que llevan arrastrando por las calles, como si fueran dejando atrás sus acciones menos perfectas. Éste es el valor de la ‘Madrugá’ de Castro del Río, mantener unas costumbres vivas –no una tradición, como sucede en numerosas hermandades- en la sociedad actual, tan necesitada de reflexión espiritual y de tiempo de soledad. Todo este mundo de sencillez, penitencia, soledad, reflexión interior y espiritualidad de un pueblo ha sido captado por el prestigioso fotógrafo castreño Francisco Sánchez Moreno. Su trabajo, durante la fría y dura madrugada del Viernes Santo, ha recogido con extrema sensibilidad y respeto lo genuino de todo un pueblo que ha encontrado en sus costumbres los elementos necesarios para mantener viva una Semana Santa singular, sin necesidad de acudir a otros modelos. Hermandad de Jesús Nazareno de Castro del Río
  6. 6. LA PERVIVENCIA DE TRADICIONES BARROCAS EN UNA PROCESIÓN DE NAZARENOS Juan Aranda Doncel Doctor en Historia Introducción El proceso de configuración de la Semana Santa está vinculado a las cofradías penitenciales, cuyas fundaciones en tierras andaluzas se inician en el primer tercio del siglo XVI y concluyen a mediados de la centuria siguiente. A lo largo de esta dilatada etapa se erigen en numerosas localidades las hermandades de la Vera Cruz, Soledad de Nuestra Señora y Jesús Nazareno. Las cofradías pasionistas más antiguas son las de la Vera Cruz que aparecen estrechamente ligadas a los francis- canos y alcanzan una gran difusión en el segundo tercio de la centuria del quinientos. El punto de partida de esta expansión data de 1536, año en el que, a instancia del cardenal Quiñones, Paulo III concede indulgencia a la hermandad de Toledo. El principal acto religioso es la salida procesional del Jueves Santo en la que los hermanos disciplinantes y de luz visten túnica y capirote o capillo de lienzo blanco con una cruz verde, insignia de la cofradía. La imagen titular suele ser un Crucificado que en la mayoría de los casos se venera bajo la advocación de Cristo de la Vera Cruz. Entre los cultos sobresalen las dos fiestas dedicadas a la Invención y Exaltación de la Cruz el 3 de mayo y el 14 de septiembre respectivamente. La segunda cofradía penitencial por orden cronológico es la de la Soledad de Nuestra Señora, también conocida con los nombres de Nuestra Señora de las Angustias, Quinta Angustia y Santo Sepulcro. El nacimiento de estas hermandades tiene lugar durante la segunda mitad del siglo XVI, de manera especial en las tres décadas finisecu- lares. Al igual que la de la Vera Cruz, las cofradías de la Soledad son de sangre y los hermanos, tanto los de disciplina como los de luz, realizan estación de penitencia el Viernes Santo por la noche. Indistintamente visten túnicas y cubrerrostros de color negro o blanco y procesionan las imágenes de la Virgen de la Soledad y Cristo Yacente en el
  7. 7. Sepulcro. Aparte de la salida en Semana Santa, organizan diversos cultos durante el año, destacando por su solem- nidad las fiestas de la Circuncisión del Señor y la Soledad de Nuestra Señora que se celebran el día de Año Nuevo y el domingo siguiente a la Epifanía. Las cofradías de Jesús Nazareno son las últimas en aparecer, pero van a despertar muy pronto un intenso fervor popular que ha llegado hasta nuestros días. El nivel de arraigo y aceptación en todas las capas sociales es mayor que el de las demás hermandades pasionistas. Una buena prueba la tenemos en el hecho de que el nombre de sus componentes –nazarenos- se utiliza para designar al conjunto de los penitentes de Semana Santa. Las hermandades erigidas en honor de Jesús Nazareno introducen elementos originales y novedosos. El más lla- mativo es la aportación de una penitencia distinta a la que venían practicando los cofrades. Durante el recorrido procesional en la madrugada del Viernes Santo van descalzos con pesadas cruces de madera sobre los hombros, a imitación de Cristo camino del Calvario. Normalmente las hermandades nazarenas procesionan las imágenes de Jesús con la cruz a cuestas, Dolorosa y San Juan. Los penitentes visten túnicas con soga de esparto, ceñida al cuello y cintura, y capirote o capillo morados, salvo en algunos casos excepcionales que llevan hábitos de color rojo o leonado. Las fiestas religiosas contempla- das en las reglas varían, aunque las más extendidas son la pascua de Resurrección e Invención y Exaltación de la Santa Cruz. A ellas hay que sumar la del Dulce Nombre de Jesús. Tanto las cofradías de la Vera Cruz como las de la Soledad de Nuestra Señora, Angustias o Santo Sepulcro sacan procesiones de disciplinantes que se diferencia de las de nazarenos por el tipo de penitencia. Estas últimas a cargo de las hermandades de Jesús Nazareno que, al fundarse con posterioridad a 1563, asumen las directrices de Trento y pueden considerarse propiamente de la contrarreforma, de ahí que sea un factor a tener en cuenta a la hora de explicar y justificar el fulguroso éxito conseguido. Las fundaciones de hermandades nazarenas El proceso fundacional de las cofradías de Jesús Nazareno en Andalucía es un fenómeno que arranca en el último tercio del siglo XVI y termina en los lustros centrales de la centuria siguiente, aunque con posterioridad se docu- menta el nacimiento de un reducido grupo de ellas. En la mayoría de las capitales diocesanas y núcleos urbanos importantes el establecimiento de las hermandades nazarenas tiene lugar a lo largo del tercio finisecular del quinientos. El vestigio más antiguo de la cofradía de los Nazarenos de Sevilla, popularmente llamada del Silencio, data de 1566 y parece ser que dos años antes se redactan unas constituciones, aunque las que conocemos son las reglas aprobadas por la autoridad eclesiástica en abril de 1578.
  8. 8. Las reglas de la cofradía de Jesús Nazareno de Córdoba van a ser aprobadas el 21 de marzo de 1579 por el titular de la diócesis fray Martín de Córdoba y Mendoza. Entre 1588 y 1594 nace la hermandad nazarena de Jaén en la iglesia conventual de los carmelitas descalzos. Con anterioridad en 1587 se funda la de Baeza en el monasterio de San Basilio, perteneciente asimismo a los frailes del Carmen reformado. También aparece vinculada a los carmelitas descalzos en Granada la cofradía de Jesús Nazareno y Santa Elena. Posiblemente la redacción de las constituciones se lleva a acabo en 1579, aunque hasta 1587 no tiene un carácter penitencial. En los lustros finales del XVI se erige la hermandad de Jesús Nazareno en Cádiz, ya que en 1598 se documenta en la iglesia de los franciscanos observantes. Posteriormente se traslada al monasterio de Santa María, donde la abadesa cede en 1616 a los hermanos una capilla. Testimonios documentales constatan la existencia en Málaga de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno en 1567. El abad-mitrado de Alcalá la Real aprueba el 26 de febrero de 1597 las reglas de la del Dulce Nombre de esa ciudad que tiene a su cargo, al igual que en otras poblaciones, la procesión de los nazarenos. Por último, durante el gobierno del obispo fray Juan de Araoz y Díaz, concretamente en 1625, nace la hermandad de Jesús Nazareno de Guadix, conservándose unas reglas fechadas en abril de 1695. Las hermandades nazarenas se extienden asimismo por amplias zonas geográficas de la corona de Castilla. Entre los núcleos urbanos cabe mencionar la de Valladolid que se funda en 1596 y la de Palencia en 1604, mientras que las de Zamora y León tienen lugar en 1610 y 1611 respectivamente. A principios del siglo XVII nace en Cuenca el llamado cabildo de San Nicolás de Tolentino con el fin de organizar el desfile penitencial de la madrugada del Viernes Santo. Las cofradías de Jesús Nazareno logran un fuerte arraigo en el reino de Murcia. La de la capital consigue la aproba- ción de sus reglas el 3 de septiembre de 1600 y la de Cartagena, denominados sus hermanos popularmente con el nombre de marrajos, se pone en marcha a comienzos de la centuria del seiscientos. Por lo que a tierras extremeñas se refiere, en 1609 surge la procesión de los nazarenos de Cáceres. En las mismas fechas se difunde la devoción a Jesús Nazareno en Canarias como lo refrenda de forma elocuente la fundación de una hermandad en su honor en 1609 en La Laguna. Las fundaciones de cofradías nazarenas proliferan en la América hispana, siendo las principales difusoras las órde- nes religiosas. Una de las más antiguas es la de Santo Domingo que se erige en 1592 y sus primeras constituciones son aprobadas en 1615. La huella devocional de Jesús Nazareno se mantiene hoy viva en un buen número de países del Nuevo Continente como México, Guatemala, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile. Por influencias de Portugal, donde la efigie de Jesús con la cruz a cuestas se conoce con el nombre de Senhor dos Passos, el fenómeno está muy extendido en Brasil.
  9. 9. Rasgos distintivos de las procesiones de nazarenos Las procesiones de nazarenos tienen unos rasgos distintivos que las singularizan, en contraposición a las que rea- lizan las cofradías llamadas de sangre –Vera Cruz y Soledad de Nuestra Señora- con la presencia de los discipli- nantes. No cabe la menor duda de que el ir descalzos con pesadas cruces de madera sobre los hombres es la nota peculiar al constituir el tipo novedoso de penitencia que aportan las cofradías nazarenas. El estudio de las reglas primitivas nos lleva a afirmar que solamente se permite mitigar el duro sacrificio con el uso de alpargatas o sandalias a los hermanos enfermos o a los que declaren causas justificadas. Las constituciones suelen reglamentar las dimensiones de las cruces que portan los nazarenos e incluso en algunos casos se prohíbe de manera expresa que los penitentes usen disciplinas. Resulta bastante llamativo que las reglas de 1615 de la hermandad de Nuestra Señora del Carmen y Jesús Nazareno de Santo Domingo en tierras americanas impongan la obligación en la salida procesional de “ir descalzos para mayor mérito con cruces a questas y otros con hachas de cera que alumbre sin que se consienta disciplina en ella”. Frente al blanco de las cofradías de la Vera Cruz y al negro de la de la Soledad y Santo Entierro, el color morado del hábito penitencial caracteriza las procesiones de nazarenos. De manera excepcional encontramos el uso de túni- cas y capirotes rojos o leonados en las reglas primitivas de algunas hermandades. También el grueso cordón en el cuello que a la vez ciñe por la cintura constituye su nota distintiva, simbolizando la soga que colocaron a Jesús. La estación de penitencia en la mañana del Viernes Santo define asimismo a las cofradías nazarenas, cuyos herma- nos de cruz y de luz acompañan los pasos de Jesús Nazareno, San Juan y Dolorosa. La salida viene marcada por las dos horas solares o bien al romper el alba. A lo largo del siglo XVII y primer tercio de la centuria siguiente la procesión del Viernes Santo de las cofradías de Jesús Nazareno, lo mismo que las de las demás hermandades de Semana Santa, se impregna de la estética del ba- rroco, llegando a deslumbrar a las personas convocadas por este espectáculo religioso que simultáneamente tiene una finalidad catequética. El fenómeno se constata a través de numerosos indicadores en el conjunto de la diócesis cordobesa que tomamos como muestra. La fastuosidad se logra mediante la introducción de unos elementos que rompen la sobriedad de las estaciones de penitencia en el último tercio del quinientos. Pasemos a un análisis somero de las novedades más relevantes. Las cofradías nazarenas incorporan una o varias trompetas roncas que anuncian el paso de la procesión por las calles del itinerario y marcan las pausas del cortejo en la marcha. Asimismo en la etapa barroca se generaliza la costumbre de acompañar las imágenes principales con capillas de música que entonan el Miserere a Jesús Nazareno y el Stabat Mater a la Dolorosa. Sin duda, la presencia de ins-
  10. 10. trumentos y cantores contribuyen de manera decisiva a engrandecer y a dar una mayor solemnidad a la estación de penitencia. El desfile procesional de las cofradías de Jesús Nazareno adquiere una mayor brillantez y espectacularidad con el aumento del número de pasos. Normalmente a las tres imágenes que salían en su origen –Nazareno, Dolorosa y San Juan- se unen las de Santa María Magdalena y la Verónica que intervienen en las escenificaciones de los en- cuentros con Jesús. El lujo y la riqueza tienen uno de sus más claros exponentes en la aparición de pasos enriquecidos con plata. También se labran en este noble metal las potencias, coronas de espinas y diademas de las imágenes, así como las varas que lucen los hermanos mayores de algunas cofradías. Ricas telas de seda van a ser utilizadas en las túnicas de los titulares, realzadas con artísticos bordados y ceñidas con vistosos cordones dorados, y en los mantos de las Dolorosas, cuajados de estrellas de plata. Otro indicador de la suntuosidad barroca lo encontramos en las lujosas cruces de plata y materiales nobles –carey, marfil, nácar- que portan las imágenes de Jesús Nazareno en la estación de penitencia. Los cortejos procesionales ganan en vistosidad con los palios, cuyo uso se generaliza en este período. La mayoría de las cofradías incorpora este elemento que se confecciona a base de telas de damasco y terciopelo con lujosos bordados y adornos. La espectacularidad se acentúa con los soldados romanos o sayones que van en la comitiva e intervienen en las escenificaciones pasionistas del llamado sermón del Paso. El fenómeno alcanza una gran difusión en la segunda mitad de la centuria del seiscientos. No obstante, contamos con testimonios documentales que nos ponen de ma- nifiesto su existencia en fechas anteriores. Por último, la manifestación más genuina del barroco son los sermones y representaciones de la Pasión que adquie- ren un innegable protagonismo en la Semana Santa. Los primeros suelen tener por escenario la plaza pública o un lugar abierto y céntrico. Por lo general, el de la mañana del Viernes Santo se encomienda al predicador cuaresmal que describe las escenas pasionistas con vehemencia y dramatismo, haciendo intervenir las imágenes mediante una serie de movimientos. La catequética del barroco: figuras bíblicas y representaciones de la Pasión Las escenificaciones de la Pasión alcanzan una gran difusión en tierras andaluzas y se enmarcan dentro de los plan- teamientos del barroco. Con ello se pretende aleccionar a los fieles que acuden en masa a ver dichos actos religio- sos. Asimismo en las procesiones nazarenas participan personas con rostros cubiertos con mascarillas de cartón y los correspondientes atuendos que representan apóstoles, evangelistas, profetas y sibilas, así como distintas figuras del Antiguo y Nuevo Testamento. En este contexto hay que situar el nacimiento del judío, símbolo del pueblo dei- cida, que lo encontramos en distintas localidades cordobesas como Baena, Cabra y Puente Genil.
  11. 11. Las representaciones de la Pasión se documentan a finales del XVI en las reglas de las hermandades nazarenas de Montilla y Fernán Núñez, donde se escenifican las tres caídas y el encuentro de la Verónica. Sin embargo, tanto estas manifestaciones como las que encontramos en el llamado sermón del Paso no se generalizan hasta la centuria del seiscientos. En efecto, el sermón del Paso se incorpora a la procesión de los nazarenos de la villa de Luque en los años cuarenta y dos décadas más tarde se constata en Puente Genil la presencia de las figuras bíblicas de la cofradía de Jesús Nazareno: evangelistas, apóstoles, sibilas y judíos de azote. De manera fehaciente también se comprueban en Monturque en las cuentas de la hermandad de 1670. Las figuras bíblicas y las escenificaciones de la Pasión quedan integradas en la procesión de Jesús Nazareno de Pozoblanco a lo largo del siglo XVII. Las reglas de la hermandad vigentes en 1679 aluden a los sayones y a las llamadas Niñas de Jerusalén que representan a las mujeres que se acercan a consolar al Redentor en el camino de la Amargura. También el estandarte de la Sentencia se menciona en las susodichas constituciones. Finalmente la primera referencia documental al sermón del Paso en la localidad de La Rambla aparece en las cuentas de la hermandad nazarena correspondientes a 1685. La estructura del sermón del Paso presenta un esquema muy parecido en el ámbito de la diócesis cordobesa. Nor- malmente se inicia con la escenificación de la expulsión del paraíso terrenal de Adán y Eva al cometer el pecado originas, le sigue el sacrificio de Isaac y a continuación las secuencias de la Pasión comprendidas entre el Pren- dimiento y la llegada del Nazareno al monte Calvario. En algunas poblaciones las representaciones eliminan las escenas del Antiguo Testamento y se centran en las de carácter pasionista. El predicador, subido en un púlpito de madera portátil o en un balcón de la plaza, narra con viveza y dramatismo la Pasión y también hace participar en sus movimientos las imágenes de Jesús Nazareno, Dolorosa, San Juan, Santa María Magdalena y la Verónica, simbolizando los característicos encuentros. Una parte esencial del sermón del Paso es el recitado en forma de pregón de la sentencia de Pilato, la del Padre Eterno y la confortación del Ángel. La primera, conocida con el nombre de sentencia mala, se contrapone a la buena, es decir, la que pronuncia el Padre Eterno que contiene como mensaje esencial el sentido de la Pasión y Muerte de Cristo: liberar al género humano del pecado. En la mayoría de las poblaciones el sermón del Paso se desarrolla de manera seguida en un espacio abierto a mitad del recorrido de la procesión de Jesús Nazareno. Sin embargo, en algunas localidades las representaciones se dis- tribuyen en distintos puntos del itinerario. Otro de los actos emotivos es la bendición del Nazareno a los campos que se lleva a cabo fuera del casco urbano, de ahí que muchas imágenes tengan un brazo articulado. Las representaciones en el sermón del Paso, como su mismo nombre indica, se utilizan como eficaz recurso catequé- tico para adoctrinar a los fieles en los misterios de la fe, concretamente en el verdadero sentido de la Redención.
  12. 12. Pervivencia de una tradición secular: la procesión de los Nazarenos en la villa andaluza de Castro del Río A pesar de las vicisitudes sufridas durante cuatro siglos, la hermandad de Jesús Nazareno de Castro del Río ha logrado transmitir a las generaciones actuales un preciado legado en la estación de penitencia que realiza en la madrugada del Viernes Santo. La procesión de nazarenos que recorre las calles de la villa del Guadajoz conserva los rasgos peculiares y señas de identidad que definen a estas cofradías en los siglos XVI y XVII. La multitud de penitentes descalzos que cargan sobre sus hombros pesadas cruces de madera o alumbran a los pasos titulares con las hachas de cera constituyen una expresión de fe secular con un fuerte arraigo en todas las capas sociales. La túnica y el capillo de color morado con el típico cordón de pita nos retrotrae en el tiempo al hábito nazareno originario. La tradición barroca pervive con fuerza en la nota colorista de los soldados romanos, la interpretación del Miserere y Stabat Mater por la capilla de música y el sermón del Paso que se venía celebrando en el Llano de la Iglesia y en la actualidad tiene lugar en el templo de Nuestra Señora de la Asunción. También las saetas a rigor de los pregoneros singularizan la estación de penitencia nazarena. El cruce de guiones, simbolizando la cesión de la carrera oficial por parte de la cofradía de la Vera Cruz a la de Jesús Nazareno, precede la salida procesional a las dos horas solares de la madrugada del Viernes Santo. El cortejo penitencial avanza de forma lenta con los pasos del Nazareno y Nuestra Señora del Mayor Dolor y San Juan, ofre- ciendo una estampa sobrecogedora cuando baja la calle Caridad, sube la Corredera o pasa por el Arco de la Cuesta Santo Cristo que franquea la entrada en el conjunto histórico artístico del barrio de la Villa. La llegada a la iglesia mayor marca una pausa que alivia al penitente momentáneamente del esfuerzo soportado durante tantas horas cargando con la pesada cruz en ofrenda al Redentor. En la parroquia suena el vibrante y estre- mecedor sermón del predicador que se intercala con la voz de los pregoneros que cantan con la peculiar entona- ción la sentencia de Poncio Pilato, la del Padre Eterno por medio del ángel y la confortación de la Virgen. En el sermón del Paso se representa el encuentro de la Madre con el Hijo mediante el acercamiento de las imágenes de Jesús Nazareno y Nuestra Señora del Mayor Dolor. La escolta de romanos participa en el acto impidiendo con el cruce de lanzas el paso de la Virgen. La intervención del orador sagrado alcanza tonos dramáticos y al final los soldados dejan expedito el camino. Al terminar el sermón del Paso, la procesión reanuda la marcha y, a través del incomparable marco del monumental Triunfo de San Rafael y la torre del homenaje del castillo, se dirige a su templo hospitalario, donde hace la entrada al filo del mediodía. La original procesión de la madrugada del Viernes Santo en esta población andaluza, situada a orillas del río Gua- dajoz en la feraz Campiña cordobesa, constituye un caso singular en la Semana Santa española al mantener viva
  13. 13. la esencia penitencial de las hermandades nazarenas. Esta reliquia resulta equiparable en los disciplinantes a los célebres picaos de San Vicente de la Sonsierra en tierras riojanas. La peculiar estación de penitencia nazarena se presenta a la vista de todo el mundo cofrade en la magnífica exposi- ción fotográfica del castreño Francisco Sánchez Moreno, quien con sus dotes artísticas ha sabido captar de manera profunda la esencia de una tradición genuina y secular. BIBLIOGRAFÍA AA.VV., Actas del Congreso Internacional Cristóbal de Santa Catalina y las cofradías de Jesús Nazareno. Córdoba, 1991. 2 v. AA.VV., Las cofradías de Jesús Nazareno. Encuentro y aproximación a su estudio. Cuenca, 2002. AA.VV., La advocación de Jesús Nazareno. Actas del Congreso Nacional. Pozoblanco, 2007. 2 v. ALONSO DE LA SIERRA FERNÁNDEZ, L., El Nazareno de Santa María. Cuatro siglos de arte en Cádiz. Cádiz, 1991. ARANDA DONCEL, J., Historia de la Semana Santa de Córdoba. La cofradía de Jesús Nazareno. Córdoba, 1989. ARANDA DONCEL, J., Jesús Nazareno en la Semana Santa de La Rambla. Córdoba, 1998. ARANDA DONCEL, J., Jesús Nazareno y la Semana Santa de Castro del Río. Cinco siglos de historia. Córdoba, 2003. ARANDA DONCEL, J., La hermandad de Jesús Nazareno de Pozoblanco (1605-2005). Pozoblanco, 2006. FERNÁNDEZ SEGURA, F.J. y PÉREZ LÓPEZ, S., Semana Santa en Guadix. Apuntes históricos. Guadix, 1987. GARCÍA DE LA CONCHA DELGADO, F., Estudio histórico-institucional de la primitiva hermandad de los Naza- renos de Sevilla (vulgo “El Silencio”). Sevilla, 1987. JIMÉNEZ RODRÍGUEZ, J.S., Antropología cultural de Puente Genil: La cofradía de Jesús Nazareno. Puente Genil, 1986.
  14. 14. La Semana Santa de Castro del Río llama a la calle a su gente, para que un año más le responda entregada. La devoción y la fe llenan el día a día de un periodo cargado de espiritualidad. Todo el mundo se prepara para una celebración religiosa vivida intensamente. Se engalanan los corazones y las fachadas de las casas. Es tiempo de magdalenas y pestiños, sabores para el cuerpo y para el alma. De un arca de pasión se recuperan ritos y costum- bres, y centenares de castreños ausentes regresan a sus raíces. Un lazo invisible, imposible de romper, los empuja a ello. La madrugada del Viernes Santo sale a la calle la Hermandad de Jesús Nazareno, para cumplir su estación de peni- tencia. El penitente nazareno viste humilde y sencilla túnica de sarga morada, larga cola, que parece querer borrar el rastro de su humilde paso. Lleva soga al cuello y un verduguillo cubre su rostro, pues su penitencia va dirigida a Dios; no necesita más testimonio. Y la Cruz, esa madera que el penitente porta anhelante de aliviar la pesada carga de Jesús Nazareno. El Nazareno marcha con su pueblo, y su porte es a un tiempo sufriente y majestuoso, bajo la pesada cruz de mad- era y sobre las almas de su gente. Sus pies descalzos, en comunión con la tierra, reciben la sabia que le da la fuerza en su subida al Calvario. El silencio domina la “Madrugá” del Viernes Santo, silencio sólo roto por las saetas centenarias o los cantos del Coro de Capilla. Una noche larga y fría, con los pies desnudos. El frío lo domina todo, el frío y el silencio, pues es tiempo de meditación, de oración, de ruegos y promesas calladas. Más de cuatro siglos de historia no han perturbado la tradición de la penitencia nazarena a orillas del Guadajoz, porque el hermano de Jesús Nazareno, celoso defensor de sus raíces, en un acto de fe y devoción, ha sabido ser fiel continuador de la estación de penitencia en su estado más puro, más humano. El artista castreño Francisco Sánchez Moreno ha sabido captar con el objetivo de su cámara instantáneas llenas de fuerza y expresividad de un viaje ritual cargado de contrastes, jugando con ellos de forma magistral. Noche y día, sombra y luz, pecado y redención perfilan los claroscuros del alma humana. El devenir del tiempo es otra de sus constantes: la niñez, la juventud, la madurez y la vejez se alternan en sus estampas. Cuerpos sufrientes, mortales, se cargan de la eternidad del alma en pasos de tradición y futuro. Recordando a Machado “Todo pasa y todo queda” como quedará inmortalizada esta “madrugá” en la obra de Francisco Sánchez Moreno. Salud Guillén Concejala de Cultura
  15. 15. Estamos en la era de la imagen, la comunicación y la globalización. Cualquier acontecimiento puede llegar al resto del mundo incluso justo en el momento en que está ocurriendo. Por eso desde mi pueblo, desde Castro del Río, quiero contribuir para que algo tan especial como es la procesión de La Madrugá pueda llegar a conocerse en muchos lugares fuera de nuestro entorno. No sé si es verdad lo de que una imagen vale más que mil palabras, pero lo que sí es cierto que una imagen puede contar, narrar, reflejar, muchas cosas y ese es el motivo de la exposición Nazarenos en la Madrugada del Viernes Santo. El resultado son 42 fotografías a color que reflejan el presente de la Ilustre y Venerable Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora del Mayor Dolor. Estas imágenes nos podrían remontar cuatro siglos atrás, hasta su creación. La esencia de esta singular procesión es la misma, aunque las personas hayan cambiado. El nazareno es el soporte fundamental de esta tradición y así lo quiero expresar. Presento un trabajo documental, donde las imágenes transmiten el sentimiento religioso de todo un pueblo y de una procesión única. Son fotografías sin artificios, directas y con mucho mensaje. Se puede observar el contraste entre la noche y el día, con lo que se recrean diferentes atmósferas. Con mi cámara he captado la espiritualidad, el sentimiento, el recogimiento de una procesión tan singular durante todo su recorrido. Este proyecto se complementa con el cartel de la Semana Santa del año 2008, así como con la elabo- ración del calendario del 2009 con fotografías que componen esta exposición. Con ello, os animo a dis- frutar de este legado con el deseo de que siga perdurando en el tiempo. Sánchez Moreno Fotógrafo
  16. 16. Pasado, presente y futuro se cruzan en la penitencia nazarena. Ma- deja de la vida que abraza sangre vieja y siempre nueva. Manos que se aferran a la desnuda niñez. Esperanza de perpetuidad, promesa de futuro.
  17. 17. El silencio lo llena todo, lo invade todo, dejando paso a las oraciones calladas, a la meditación interior. Emoción contenida que a veces se rompe en un desgarro interior y pugna por salir. Requiebros del alma. Suena entonces una saeta en la noche, saeta centenaria de la Sema- na Santa de Castro del Río, que contempla inmutable el devenir del tiempo.
  18. 18. El incienso te dobla el aire y difumina el tiempo. Una bruma sagrada nubla nuestros sentidos pero despierta nuestra alma. La recupera de tantas madrugadas sin edad, enlazando lo que fuimos con aquellos que serán. El olor, el sentimiento, se ha impregnado en la rudeza de las túnicas, que desdibujan cuerpos que sufren. Es el espíritu, joven, quien renace hoy hacia su ansiada eternidad. Allí os está esperando ya, con la misma pasión con que nació en vosotros, una nueva ma- drugá.
  19. 19. SÁNCHEZ MORENO Castro del Río (Córdoba). 1967 Autor del libro Esencia de Sefarad (Editorial Almuzara). Premio Córdoba de Periodismo 2007. Redactor gráfico de Diario Córdoba desde 1988 hasta la actualidad. Presidente de la Delegación en Córdoba de la Asociación Nacional de los Informadores Gráficos de Prensa y Televisión. Cerca de 20 premios tanto a nivel nacional como internacional lo avalan a lo largo de su carrera profesional. En la actualidad compagina su trabajo diario en prensa con su faceta más creativa. Muestra de ello son más de 90 exposiciones, tanto individuales como colectivas, en las que ha participado tanto en Córdoba y pro- vincia como fuera de ella [Madrid, Jaén, Sevilla, Andorra, Valladolid, Ribadavia (Ourense), Gerona, Oviedo, Tudela(Navarra), Toledo, Plasencia (Cáceres), Segovia, Besalú (Gerona), Ávila, León, Tortosa(Tarragona), etc.]. También hay que añadir en su currículum la participación en multitud de anuarios(Diario Córdoba, Asocia- ción de la Prensa, etc), guías turísticas, y una extensa bibliografía: “Crónica negra de la historia de Córdoba (antología del crimen)”, libro “50 años del Diario Córdoba”, libro “Los carmelitas descalzos en la villa cordobesa de Espejo (1700-1835)” de los autores Juan Aranda Doncel, Miguel Ventura Gracia y Antonio Flores Muñoz, libro “Jesús Nazareno y la Semana Santa de Castro del Río” de Juan Aranda Doncel, libro “Crónica de un sueño. Memoria de la transición democrática en Córdoba 1973-1983”, libro “Córdoba ha- cia el 2016”, libro “Córdoba CF: 50 años en blanquiverde”, libro “Córdoba- Guitarra 25 años del festival”, libro “Embrujo latente. 25 años de foto- grafía en Córdoba”, libro “La mano del tiempo”, revistas, cdroms, etc. Así como la participación en impartir varios cursos y formando parte de dife- rentes jurados.

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