(198) la culpa no es de la troika

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(198) la culpa no es de la troika

  1. 1. La culpa no es de la Troika. Manfred Nolte Los graves episodios de guerrilla callejera registrados en Bilbao el pasado 3 de marzocon motivo de la celebración en el Museo Guggenheim de un „Foro Económico‟ del máximo relieve internacional invitan a formular algunas consideraciones no tanto sobre sus consecuencias directas sino, sobre todo, en relación a sus efectos secundarios. Como ha sentenciado el representante de nuestroConsistorio, los hechos acaecidos en esa fecha constituyen “uno de los ataques de violencia y vandalismo más duro y grave que ha sufrido en su historia la Villa de Bilbao, un ataque de violencia organizada y orquestada contra la ciudad en su conjunto”. Es verdad que por unas horas los autores de los destrozos en la principal arteria de la Villa y en el Casco Viejo, -un nutridogrupo de terroristas de baja intensidad-, han despertado viejas pesadillas de luchas callejeras y terroretarra. Pero las cosas están en su sitio yla contundente repulsa de los hechos por parte de la Sociedad e Instituciones vascas ha consolidado en sus posiciones a los demócratas, que siguen siendo la gran mayoría. Con la cerrada repulsa de aquellos sucesos, la vida vuelve a sus afanes, aventurando además que lo acaecido responderá a un hecho aislado, que por otra parte se produce con alguna frecuencia en otros países y ciudadescuando se congregan las elites de la gobernanza mundial. Condenable y condenado , el hecho queda contextualizado, se relativiza,y nuestra urbe recupera la paz perdida durante algunas horas. Todo podría acabar ahí, si no fuera porque al hilo del debate abierto con posterioridad a los referidos episodios de violencia, se ha ido tejiendode forma aparentemente inocente y tangencialun discursocuyos limites, de seguir expandiéndose,pueden hacer variar nuestra interpretación de la 1
  2. 2. realidadeconómica y consiguientemente el juicio que merecen las medidas y sacrificios en curso para superar la grave crisis que aun nos atenaza. Y es que, lamentablemente, de forma paralela a la condena del vandalismo callejero, se ha ampliado dicha reprobación –de forma corregida y aumentadaa las propias Instituciones de la „Troika‟ comparecientes en Bilbao ahora hace una semana. Durante los días siguientes a los episodios narrados hemos visto y escuchado sin notable oposición de nadiereferirse a la Troika como a una “cuadrilla de sanguinarios, sicópatas y criminales”, causantes “de estragos en millones de personas”, “auténticos delincuentes”, defendiendo que los episodios protagonizados por los radicales son “solo una parte” ya que “la parte principal se halla en el interior del Museo”, sugiriendo añadidamente que dados “los crímenes contra la humanidad” cometidos por la Troika, la Ertzaintza, en lugar de utilizar los dineros públicos a reprimir a los descontentos, debiera proceder a la detención y entrega a los jueces de Instituciones y personas acusadas de gravísimos delitos contra la sociedad. Pueden consultar el archivo digital de nuestra televisión autonómica y seleccionar las tertulias vespertinas de máxima audiencia de los días 4 y 5 pasados.Salvadas las distancias, el Comunicado diocesano de días atrás también ha contribuido a echar leña al fuego en alguna de sus aseveraciones centrales.Tales exabruptos se han extendidocon relativa naturalidada otros ámbitos escritos y de la Radio, logrando con su reiteracióncrear un peligrosísimo estado de opinión en el ciudadano medio que las da por buenas cuando nadie las niega. Lo grave de este discurso no es que se haya producido sino que apenas ha producido contestación alguna. Como todas lasdeclaraciones temerarias también estas solo pueden tener su origen en una intencionalidad bastarda, o alternativamente en la ignorancia supina de los hechos. Particularmente debo inclinarme por el segundo de las motivos. Y es que en la trama de la liquidez oceánica en la que se vio inmersa la economía española en los años siguientes a la adopción del euro, que arrastró a España a un desenfreno crediticio, a la acumulación de un insostenible déficit de balanza por cuenta corriente, a la creación de una imponente burbuja inmobiliaria con cuyo estallido se destruyeron cientos de miles de puestos de trabajo poniendo al descubierto un modelo obsoleto y carente de competitividad, poco o nada ha tenido que ver la Troika. Y en la subsiguiente crisis bancaria derivada tanto de los excesos del inmobiliario como de la codicia e incompetencia de un grupo de políticos-bancarios, algunos de ellos hoy encausados, poco o nada ha tenido que ver la Troika. En nuestras vastas bolsas de corrupción y en la tolerada economía sumergida poco o nada ha tenido que ver la Troika. Ha tenido eso si, una influencia decisiva, cuando bajo la providencia de Mario Draghi, los programas del BCE salvaron de la quiebra a la economía española – y de rebote a la vasca- a las que ya nadie estaba dispuesta a financiar. Y también ha tenido un montón que ver en la concesión de una línea multimillonaria preferencial para rescatar a la Banca, léase a nuestros ahorros depositados en ella. Y en relación a la condicionalidad que se nos impone, somos nosotros quienes debemos en todo caso autoimponérnosla porque este país ha firmado los tratados de la Unión y desea cumplirlos y en todo caso carece de futuro si año tras año ahonda el agujero de su déficit y arrastra el importe de la deuda a 2
  3. 3. niveles insostenibles. No hace falta tampoco recordar que Bruselas ha sido nuestro secular mecenas desde 1986 volcandomiles demillones de euros en las arcas españolas, a través de los fondos estructurales y de cohesión. Naturalmente, este lenguaje no vende porque hay mucho dolor en cada rincón de nuestra tierra. Pero también porque es extraordinariamente duro contemplarnos en el espejo global y reconocer un país que necesita imperiosamente renovarse para retomar el tren del crecimiento. Vende mucho más, sin duda, criminalizar a otras instancias terceras y entregarse ilusamente a los tópicos y la demagogia, alimentando el monstruo de un descontento que amenaza con alejarnos violentamentede una senda de reformas que ya empiezan a dar sus frutos. Pero, de ser así, la culpa no habrá sido de la Troika. 3

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