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Literatura Española II

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Literatura Española II

  1. 1. UNIVERSIDAD NACIONAL DE CAJAMARCALITERATURA ESPAÑOLA IICHUQUILÍN FERNANDEZ AMADO2010<br />Manuel José Quintana<br />(Madrid, 1772- 1857) Escritor y político español. Manuel José Quintana estudió leyes y filosofía en Salamanca, donde fue discípulo de Meléndez Valdés. <br />Fue amigo de Jovellanos y de Cienfuegos y asimiló a su formación neoclásica las doctrinas de la ilustración dieciochesca (como reflejan sus odas A la paz entre España y Francia, 1795, y Al combate de Trafalgar, 1805, y sus dramas El duque de Viseo, 1801, y Pelayo, 1805). <br />Tras la invasión napoleónica, Quintana se unió a los grupos liberales que luchaban por la independencia. En 1808 publicó sus Poesías patrióticas y fundó el Semanario patriótico, publicado primero en Madrid y posteriormente en Cádiz. Trabajó activamente en la política de estos años redactando los manifiestos de la secretaría general de la Junta Suprema. <br />Con la llegada de Fernando VII al trono, Quintana sufrió presidio, recobrando su libertad tras el levantamiento de Riego. La evolución política que siguió a la muerte del monarca le restituyó en sus cargos y honores (ministro del Consejo Real en 1834, presidente de la Dirección de Estudios en 1836, e instructor de Isabel II en 1840). En 1855 fue coronado por la reina Isabel II como poeta nacional.<br />Formalmente, la obra poética de Manuel José Quintana se ajusta a los patrones neoclásicos y, en cuanto a su temática, acerca de cuestiones humanitarias y políticas, se acerca a la de la generación romántica posterior. Es autor de las odas A la paz entre España y Francia (1795) y Al combate de Trafalgar (1805), de las antologías Colección de poesías castellanas (1807) y La musa épica (1833), de los dramas El duque de Viseo (1801) y Pelayo (1805), de tres volúmenes de Vidas de españoles célebres (1807, 1830 y 1833) y de unas Cartas a lord Holland (1852). En 1814 ingresó en la Real Academia Española.<br />A ESPAÑA, DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN DE MARZO<br />¿Qué era, decidme, la nación que un día<br />reina del mundo proclamó el Destino,<br />la que a todas las zonas extendía<br />su cetro de oro y su blasón divino?<br />Volábase a Occidente,<br />y el vasto mar Atlántico sembrado<br />se hallaba de su gloria y su fortuna.<br />Doquiera España; en el preciado seno<br />de América, en el Asia, en los confines<br />del África, allí España. El soberano<br />vuelo de la atrevida fantasía<br />para abarcarla se cansaba en vano;<br />la tierra sus mineros le rendía,<br />sus perlas y coral el Oceano.<br />Y dondequier que revolver sus olas<br />él intentase, a quebrantar su furia<br />siempre encontraba costas españolas.<br />Ora en el cieno del oprobio hundida,<br />abandonada a la insolencia ajena,<br />como esclava en mercado, ya aguardaba<br />la ruda argolla y la servil cadena.<br />¡Qué de plagas, oh Dios! Su aliento impuro<br />la pestilente fiebre respirando,<br />infestó el aire, emponzoñó la vida;<br />el hambre enflaquecida<br />tendió los brazos lívidos, ahogando<br />cuanto el contagio perdonó; tres veces<br />de Jano el templo abrimos,<br />y a la trompa de Marte aliento dimos;<br />tres veces, ¡ay!, los dioses tutelares<br />su escudo nos negaron, y nos vimos<br />rotos en tierra y rotos en los mares.<br />¿Qué en tanto tiempo viste<br />por tus inmensos términos, oh Iberia?<br />¿Qué viste ya, sino funesto luto,<br />honda tristeza, sin igual miseria,<br />de tu vil servidumbre acerbo fruto?<br />Así, rota la vela, abierto el lado,<br />pobre bajel, a naufragar camina,<br />de tormenta en tormenta despeñado,<br />por los yermos del mar; ya ni en su popa<br />las guirnaldas se ven que antes le ornaban,<br />ni, en señal de esperanza y de contento,<br />la flámula riendo al aire ondea.<br />Cesó en su dulce canto el pasajero,<br />ahogó su vocerío<br />el ronco marinero,<br />terror de muerte en torno le rodea,<br />terror de muerte silenciosos y frío;<br />y él va a estrellarse al áspero bajío.<br />Llega el momento, en fin; tiende su mano<br />el tirano del mundo al Occidente,<br />y fiero exclama: «El Occidente es mío.<br />Bárbaro gozo en su ceñuda frente<br />resplandeció, como en el seno oscuro<br />de nube tormentosa en el estío<br />relámpago fugaz brilla un momento<br />que añade horror con su fulgor sombrío.<br />Sus guerreros feroces<br />con gritos de soberbia el viento llenan;<br />gimen los yunques, los martillos suenan;<br />arden las forjas. ¡Oh, vergüenza! ¿Acaso<br />pensáis que espadas son para el combate<br />las que mueven sus manos codiciosas?<br />No en tanto os estiméis; grillos, esposas<br />cadenas son que en vergonzosos lazos<br />por siempre amarren tan inertes brazos.<br />Estremecióse España<br />del indigno rumor que cerca oía,<br />y al gran impulso de su justa saña<br />rompió el volcán que en su interior hervía.<br />Sus déspotas antiguos,<br />consternados y pálidos se esconden;<br />resuena el eco de venganza en torno,<br />y del Tajo las márgenes responden:<br />«¡Venganza!» ¿Dónde están, sagrado río,<br />los colosos de oprobio y de vergüenza<br />que nuestro bien en su insolencia ahogaban?<br />Su gloria fue, nuestro esplendor comienza;<br />y tú, orgullosos y fiero,<br />viendo que aún hay Castilla y castellanos,<br />precipitas al mar tus rubias ondas,<br />diciendo: «Ya acabaron los tiranos.»<br />¡Oh triunfo! ¡Oh gloria! ¡Oh celestial momento!<br />¿Con qué puede ya dar el labio mío<br />el nombre augusto de la patria al viento?<br />Yo le daré; mas no en el arpa de oro<br />que mi cantar sonoro<br />acompañó hasta aquí; no aprisionado<br />en estrecho recinto, en que se apoca<br />el numen en el pecho<br />y el aliento fatídico en la boca.<br />Desenterrad la lira de Tirteo,<br />y el aire abierto a la radiante lumbre<br />del sol, en la alta cumbre<br />del riscoso y pinífero Fuenfría,<br />allí volaré yo, y allí cantando<br />con voz que atruene en derredor la sierra,<br />lanzaré por los campos castellanos<br />los ecos de la gloria y de la guerra.<br />¡Guerra, nombre tremendo, ahora sublime,<br />único asilo y sacrosanto escudo<br />al ímpetu sañudo<br />del fiero Atila que a Occidente oprime<br />¡Guerra, guerra, españoles! Es el Betis;<br />ved del Tercer Fernando alzarse airada<br />la augusta sombra; su divina frente<br />mostrar Gonzalo en la imperial Granada;<br />blandir el Cid su centelleante espada,<br />y allá sobre los altos Pirineos,<br />del hijo de Jimena<br />animarse los miembros giganteos.<br />En torvo ceño y desdeñosa pena,<br />ved cómo cruzan por los aires vanos;<br />y el valor exhalando que se encierra<br />dentro del hueco de sus tumbas frías,<br />en fiera y ronca voz pronuncian: «¡Guerra!»<br />¡Pues qué! ¿Con faz serena<br />vierais los campos devastar opimos,<br />eterno objeto de ambición ajena,<br />herencia inmensa que afanando os dimos?<br />Despertad, raza de héroes; el momento<br />llegó ya de arrojarse a la victoria:<br />que vuestro nombre eclipse nuestro nombre,<br />que vuestra gloria humille nuestra gloria.<br />No ha sido en el gran día<br />el altar de la patria alzado en vano<br />por vuestra mano fuerte.<br />Juradlo, ella os lo manda: «¡Antes la muerte<br />que consentir jamás ningún tirano!»<br />Sí, yo lo juro, venerables sombras;<br />yo lo juro también, y en este instante<br />ya me siento mayor. Dadme una lanza,<br />ceñidme el casco fiero y refulgente;<br />volemos al combate, a la venganza;<br />y el que niegue su pecho a la esperanza,<br />hunda en el polvo la cobarde frente.<br />Tal vez el gran torrente<br />de la devastación en su carrera<br />me llevará. ¿Qué importa? ¿Por ventura<br />no se muere una vez? ¿No iré, expirando,<br />a encontrar nuestros ínclitos mayores?<br />«¡Salud, oh padres de la patria mía,<br />yo les diré, salud! La heroica España<br />de entre el estrago universal y horrores<br />levanta la cabeza ensangrentada,<br />y vencedora de su mal destino,<br />vuelve dar a la tierra amedrentada<br />su cetro de oro y su blasón divino.»<br />Lillian von der Walde Moheno<br />Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa<br />LA POSICIÓN IDEOLÓGICA DE MANUEL JOSÉ QUINTANA EN<br />"A ESPAÑA, DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN DE MARZO"<br />En 1808 Manuel José Quintana (1772-1857) publica dos odas en las que condena a la tiranía y llama a la lucha por la libertad. Me refiero a "A España, después de la revolución de marzo" y "Al armamento de las provincias españolas," escritas en los meses de abril y julio, respectivamente. (1)En la primera composición mencionada, que es la que trataré en este ensayo, el poeta hace un análisis de la situación política-económica de España bajo Carlos IV (1788-1808). Su postura es contundente: el país se sometió a Francia por una política servil que lo condujo a la miseria, el luto y la ignominia (vv. 18-50), y que además lo dejó a merced de Napoleón, el "tirano del mundo" (v. 52). <br />Ciertamente, la España de Carlos IV en gran medida estuvo supeditada a Francia. Quizá el hecho básico para esta sujeción fue la derrota militar, que obligó a la firma de la Paz de Basilea (jul. 1795) y, posteriormente, a la de un tratado que la ató políticamente: el de San Ildefonso (ags. 1796). En virtud de éste tuvo que enfrentarse a Inglaterra (1796-1802), no obstante que se conocían "las desastrosas consecuencias que semejante guerra tendría para el imperio colonial y su comercio" (Carr 91). Se suscribió un segundo tratado, a principios del siglo XIX, y por él se cedió la Luisiana.<br />Como aliada de Francia, España intervino en dos conflictos bélicos más. Primero, en la "Guerra de las Naranjas" contra Portugal (1801); posteriormente (dic. 1804), en el enfrentamiento franco-inglés, con el que obtuvo la destrucción de su flota en la batalla de Trafalgar (oct. 1805). <br />La vinculación con Francia fue en verdad desfavorable, y el mismo Quintana lo hace ver, al igual que en el poema (estrofas II y III), en un documento de 1823 —aunque no pensaba igual en el momento de los acontecimientos (1969: 169-174): <br />A la guerra impolítica con la Francia en el año de 93 sucedió la paz vergonzosa de 95; a ésta, una alianza inconcebible y absurda; después las dos guerras marítimas con la Inglaterra; y en estas operaciones contradictorias y desgraciadas se consumió el ejército, se destruyó la armada, y se aniquilaron el tesoro, el crédito y los recursos (1852: 534). (2)<br />El escritor no se aleja mucho de la verdad al hablar de aniquilamiento. Como país en guerra constante, la economía española se vio seriamente mermada. Para aumentar los ingresos de la Hacienda, el gobierno adoptó una serie de medidas que causaron no poco disgusto en la población: endeudamiento público y depreciación <br />236<br />de "vales" (Herr 97, Aymes 12), que irritaron a los hombres de negocios; desamortización de bienes en manos muertas (Anes 424), que creó graves conflictos con el clero, e imposición de fuertes cargas fiscales, que "no [...] hicieron mucha gracia" a propietarios de tierra, concejos municipales y a la nobleza (Herr 97).<br />Aunadas a las disposiciones económicas, hay que considerar otras medidas que igualmente provocaron aversión contra el gobierno: para indignación de muchos ilustrados, la detención de Jovellanos; para susto de los tradicionalistas, la política de reforma de la enseñanza; para enojo del clero, las hostilidades hacia la Inquisición, etc. Así, pues, por diversos motivos Carlos IV y "el favorito" Godoy consiguieron la antipatía de la mayoría de los habitantes. (3) Una coalición contra ellos tenía grandes posibilidades de fortalecerse, hecho que efectivamente sucedió en 1808 y que dio como resultado el Motín de Aranjuez.<br />Antes de hacer referencia al Motín, conviene recordar que en 1807, gracias al Tratado de Fontainebleu (oct.), Napoleón obtuvo de Carlos IV el consentimiento para que su ejército atravesara España con el objeto de invadir Portugal, país que no accedía al bloqueo continental contra Inglaterra decretado por Bonaparte en noviembre de 1806. Pronto Portugal se rindió (nov.); sin embargo, Napoleón continuó enviando tropas a España.<br />Las razones de la expedición francesa a España son para Quintana y de acuerdo con el poema, la debilidad del país y sus soberanos (estrofas II y III), así como la codicia y los propósitos expansionistas de Francia (vv. 64, 119, 120 y 53). No hay qué decir contra estos argumentos. En la historia de las relaciones entre ambos países ha quedado suficientemente demostrada la debilidad económica y militar de España y la sumisión del gobierno de ésta a los designios franceses. Por otra parte, Napoleón planeaba controlar la cuenca del Mediterráneo, en la que la Península era pieza clave. Además, pretendía las minas de América y deseaba que los hispanos le suministraran la totalidad de la lana merina, a la vez que reservaran parte de las tierras para el cultivo del algodón (Aymes 4 y 7).<br />Napoleón, como se ha visto, tenía intereses muy concretos con respecto a España, de ahí que no haya interrumpido la penetración de su ejército en ese país. En los primeros meses de 1808, el ejército francés había tomado —entre otras ciudades— Pamplona y Barcelona, y se acercaba peligrosamente a Madrid. Carlos IV, para aplacar la intranquilidad de la población, lanzó una proclama en la que aseguraba las intenciones pacíficas de Francia. Sin embargo, él mismo había huido a Aranjuez y hacía preparativos para dirigirse a Sevilla (y de allí, según rumor, quizá a América), lo que desde luego desmentía lo dicho en la proclama.<br />En la noche del 17 de marzo de 1808, una multitud asaltó la residencia del valido en Aranjuez. Godoy logró esconderse, pero fue hallado al día siguiente. Hubo una nueva asonada que movió al rey a abdicar en favor de su hijo Fernando (mar. 19). Desde Aranjuez se dio un movimiento centrífugo que alcanzó muchas partes del <br />237<br />país al grito de "muera Godoy." Estos sucesos son los que se conocen como Motín de Aranjuez, y a los que en parte canta Quintana en su poema.<br />Los acontecimientos de la "revolución de marzo" se especifican fundamentalmente en la quinta estrofa. Los versos 68-69 ("Estremecióse España / del indigno rumor que cerca oía"), al relacionarse con los tres versos anteriores ("No en tanto os estiméis; grillos, esposas, / cadenas son, que en vergonzosos lazos / por siempre amarren tan inertes brazos"), muestran que se temía la presencia francesa porque —y ésta es la toma de posición de Quintana— Francia no podía traer más que la esclavitud. Si a las dos líneas se le suman las dos siguientes (vv. 70-71: "y al grande impulso de su justa saña / rompió el volcán que en su interior hervía"), es posible comprobar que el poeta señala que el pueblo español al fin ha cobrado conciencia de que Francia es una potencia expansionista que pretende apropiarse de España, y que además, éste ha decidido "levantarse"(4) y luchar por la libertad del país. Según se ve, el escritor hace a la población partícipe de su propia ideología. Pero los versos también refieren la "justa saña" de los subditos contra unos gobernantes que han permitido que Francia no sólo manejara y hundiera al país, sino que intentara adueñarse de él. Así, para el poeta que exalta los sucesos de Aranjuez, el pueblo —en plena madurez política— ha decidido forjarse su destino.<br />Cabe señalar, como comentario aparte, que Quintana hace uso de un recurso literario muy eficaz: omite el sujeto a quien se dirige determinada acción, y de esta manera ataca dos flancos. Por ejemplo, la "¡Venganza!" del verso 76 va dirigida tanto contra los franceses como contra el monarca y Godoy. Lo mismo puede decirse de la "justa saña" de la línea 70.<br />En los versos 72-73 ("Sus déspotas antiguos / consternados y pálidos se esconden") hay un discurso un tanto ambiguo que tiene como objeto indicar dos hechos a la vez. El primero —que es el más evidente—, la huida de los gobernantes a Aranjuez, Sevilla y tal vez América, ante el pavor por la presencia francesa. El segundo hecho al que se alude es la actitud "cobarde" de Godoy, quien se ocultó dentro de una alfombra para no encarar a la población de Aranjuez. <br />Como se observa, el autor contrapone el valor del pueblo a la pusilanimidad de los gobernantes. Lo mismo sucede en los versos 77-78 ("los colosos de oprobio y de vergüenza / que nuestro bien en su insolencia ahogaban"). Carlos IV y su ministro no poseyeron más política que una de "oprobio y de vergüenza" que destruía al país, mientras que la población está guiada por los ideales de la dignidad, la libertad y la independencia política. Finalmente, en el verso 79 ("Su gloria fue, nuestro esplendor comienza"), una antinomia más: derrota/triunfo. Se ha derribado "la gloria" (vid., además, v. 125) de los soberanos, esto es, su despotismo doméstico y su debilidad frente al extranjero. Ahora, "el esplendor comienza" en cuanto que se ha dado un despertar nacional que se sintetiza en la consigna "«Ya acabaron los tiranos»" (v. 83), y que abarca tanto la caída del monarca y su valido, como la lucha contra el "imperialismo" francés. <br />238<br />Hay, pues, en la poética patriótica de Quintana, una serie de oposiciones: Francia/pueblo español; opresión/libertad; valor/cobardía; España de los Habsburgo/España de Carlos IV (vid. estrofa I), (5) etc. En virtud de esta voluntad contrastiva, puede acusarse al poeta de un maniqueísmo fácil; pero antes de hacerlo hay que pensar en la finalidad de su creación literaria, que él mismo expresa en los versos 87-100. Él no pretende sino "cantar" (v. 88) "los ecos de la gloria" (v. 100) e invitar al combate; en otras palabras, su objetivo es eminentemente propagandístico.(6) Con tal finalidad —y con el enemigo en casa—, poco lógico sería esperar un trabajo más ecuánime. Para un liberal en pie de lucha como lo es Quintana, el tema obliga, la patria impone el tratamiento discursivo.<br />La patria... Para Quintana España se convierte en patria en el mes de marzo (vv. 84-86), cuando el pueblo español ha demostrado, según el contenido del fragmento, ser dueño de su futuro. Pero ¿hay tal conciencia en todos los habitantes? ¿Los mueven los mismos intereses que al poeta? <br />Tiempo antes del Motín de Aranjuez se había formado un partido cortesano en torno al príncipe de Asturias, quien en 1807 dirigía una campaña contra Godoy (Aymes 12). Primordialmente, los integrantes del partido eran nobles descontentos (Carr 93), que en verdad no tenían inclinación alguna hacia las ideas liberales y que posteriormente sustentarían el absolutismo de Fernando VIL En 1808 este partido vio la posibilidad de acceder al poder; en Aranjuez sus miembros conspiraron para que el pueblo se levantara contra Godoy, (7) hecho que no fue difícil de conseguir si se considera la aversión generalizada hacia la política ministerial. De acuerdo con lo expuesto, no es posible afirmar que la insurrección hubiese sido movida por causas liberales. Los hombres con un pensamiento liberal constituyeron sólo una facción —y en este caso, no la instigadora. Ningún movimiento, como se sabe, forma un cuerpo homogéneo. Por otra parte, tampoco puede decirse que el "pueblo bajo” haya alcanzado la madurez política que le atribuye Quintana. Es muy probable que careciera de un proyecto político determinado; en el caso de Aranjuez, parece haber sido más bien el actor de un papel dispuesto básicamente por el partido de Fernando. (8) Pero Quintana hace al pueblo consciente de sus afanes libertarios, y ello se explica porque le importa dar la impresión de que cuenta con una amplia base social que sustenta su misma ideología. <br />Para Quintana, patria significa no "consentir jamás ningún tirano" (v.130), y tirano es el "fiero Atila que a occidente oprime" (v.104). La noción de patria, por tanto, implica la soberanía nacional, y Napoleón atenta contra ella, de ahí que no pueda menos que gritar "¡Guerra, guerra, Españoles!" (v. 105), "No ha sido en el gran día / el altar de la Patria alzado en vano" (vv. 126-127). (9) Como se sabe, el poeta cantó siempre a la libertad humana y a la fraternidad universal, por lo que parece lógico que haya tomado el camino de la resistencia.<br />239<br />Cabe señalar que varios ilustrados, que compartieron ideales semejantes a los de Quintana (por ejemplo, Meléndez Valdés), colaboraron con el gobierno de José Bonaparte. Para nuestro escritor, ellos negaron "su pecho a la esperanza" (v.136), traicionaron esos ideales: <br />[...] se ríen ahora de la misma doctrina que antes predicaban, se han<br />hecho siervos y apóstoles del más execrable tirano, y han<br />insultado sacrilegamente a la patria [...] (1969: 337. Subrayado<br />mío. "Prólogo a Cienfuegos en las poesías de 1813").<br />El caso de los afrancesados políticos —para distinguirlos de los afrancesados culturales— es en verdad intrigante. ¿Se asociaron con los franceses porque creyeron que Fernando poco cambiaría el tipo de sistema político? ¿Un análisis de fuerzas los llevó a considerar que España perdería la guerra? ¿Pensaron que España se beneficiaría siendo una suerte de colonia? ¿Habrán visto en la constitución de Bayona la irónica posibilidad para obtener un sistema más democrático? ¿Apoyaban en su fuero interno el absolutismo y al ver perdida la causa de Carlos IV y Godoy optaron por los franceses? (10)<br />Pero volviendo a Quintana, debe repetirse que sí hay congruencia en su pensamiento. Ya he señalado qué causas defendía en sus obras, pero debe agregarse que vio en Napoleón al hombre que traicionó los ideales de la Revolución Francesa, al hombre que movido por la codicia hacía peligrar la libertad de las naciones. Así, en 1808, con el invasor en el propio suelo, sólo puede esperarse que llame a la guerra, que su concepto de patria incluya el de soberanía.<br />Para el poeta han sido los gobernantes —"déspotas antiguos" (v. 72)—quienes además de llevar a España a la ruina, la han dejado en manos de Napoleón. Por consiguiente, el pueblo se insurrecciona para abatir el despotismo, para lograr un gobierno que, como dice en septiembre de 1808, "mirase por el provecho común" (1969: 320. Cit. por Dérozier); en pocas palabras, para hacer de España una patria.<br />Si se vuelve la vista a las obras pasadas del poeta, nuevamente se observa que mantuvo una constante inspiración ideológica (v. gr. "A Juan de Padilla," de 1795; "A Guzmán el Bueno," de 1800; "El panteón del Escorial," de 1805, etc.). El contenido de tales composiciones afluye del caudal ideológico de las luces del siglo XVIII. Sí, Quintana fue un ilustrado, pero no de la Ilustración, al servicio de la monarquía, de laépoca de Carlos III.<br />Durante el reinado de Carlos IV, la influencia de la Revolución Francesa así como la percepción de que debido al rey y a su valido se sometió a España a la carestía, a la inflación y a la crisis comercial, hicieron que los ilustrados españoles fueran mucho más suspicaces con respecto a la monarquía. Quintana no fue la excepción. Las ideas revolucionarias de escritores franceses (Dérozier, en Quintana 1969: 18 y 27) confluyeron en el pensamiento del poeta para que, frente a la crisis, <br />240<br />se uniera a aquellos teóricos nacionales (Sandoval, Mariana, Saavedra Fajardo) que propugnaban la necesidad de que la monarquía se rigiera por una constitución racional y democrática, que controlara el poder del rey. Así, pues, germina en el Quintana de los últimos años del siglo XVIII la concepción de que el Estado debe estar por encima del soberano, y de que éste ha de sujetarse a una legalidad democrática tendiente a garantizar el bien nacional.<br />En 1808, con el Motín de Aranjuez, el poeta encontró que se abrían las puertas para eliminar las causas que permitieron un régimen como el de Carlos IV, María Luisa y Godoy. Por tanto, el canto a la patria en "A España, después de la revolución de marzo" cobra un significado preciso: la posibilidad de definir un nuevo sistema de gobierno (sin que ello implique la abolición de la monarquía). Poco tiempo después, en una de sus proclamas, expresará su deseo:<br />Sí, españoles, alumbrará el gran día en que [...] la monarquía se<br />establezca sobre sólidas y duraderas bases. Contaréis entonces con<br />leyes fundamentales, benéficas, que protejan el orden y eliminen<br />el poder arbitrario (Cit. por Lovett, 273).<br />De acuerdo con el caso de Quintana, quizá sea posible afirmar con Gil<br />Novales que, en España, el liberalismo "continúa y completa la<br />Ilustración" (1978: 28).<br />Por último, y para cerrar este ensayo, simplemente deseo destacar el optimismo de Quintana en la oda que estudiamos. Hay en ésta la creencia de que gracias a la caída de los tiranos españoles se alcanza un mundo nuevo de justicia y libertad; una epopéyica animación para arrojar a quienes amenazan tal mundo pleno (vid. las tres últimas estrofas) y, además, la afirmación contundente de triunfo (vv. 147-149: "y, vencedora de su mal destino, / vuelve a dar a la tierra amedrentada / su cetro de oro y su blasón divino").<br />Qué diferente será el Quintana de 1826. Completamente desesperanzado, no puede sino callar: "[...] el infeliz que llora, / guarde para sí el gemido y sus lágrimas esconda" (1969: 348, romance "A Somoza"). Sin embargo, hay quienes cantan a la libertad, pero otro es el tono..., hay algo distinto. Y es que el liberalismo había conocido, en dos ocasiones, la derrota.<br />241<br />Notas<br />Impresas, con diferentes títulos, en el folleto España libre (jul. o ags.). En octubre aparecen, con ciertas variantes, en Poesías patrióticas. Éstas las recoge Albert Dérozier en la edición que empleo: Manuel José Quintana, Poesías completas (Madrid: Castalia, 1969).<br />"Primera carta a Lord Holland" (modernizo la ortografía). Véase asimismo su "Manifiesto de la nación española a la Europa," de enero de 1809 (Dérozier 175-176).<br />En lo que toca a Quintana, debe decirse que organizaba en su casa una tertulia liberal opuesta a Godoy. El bando contrario de "ilustrados" estaba encabezado por Leandro Fernández de Moratín y, como dice Alcalá Galiano, era "la hueste patrocinada por el Gobierno" (cit. por Alonso Cortés en Quintana 1927: 35. Vid. asimismo Carr 92 y Lovett 201).<br />En las dos primeras estrofas España se encuentra caída; es, en una imagen bastante tradicional, sólo un "pobre bajel" (v. 39) próximo al naufragio.<br />El poeta había atacado siempre el "despotismo" de los Austria, como lo muestran "A Juan de Padilla" y "Al panteón del Escorial," odas éstas en las que se hallan ideas semejantes a las de nuestro poema; por consiguiente, se presenta una continuidad en las causas que defendía. Si en "A España, después de la revolución de marzo" contrapone la grandeza del país bajo los Habsburgo (a los que siempre consideró autócratas), es porque pretende fortalecer el mensaje de su oda: la ruina bajo el gobierno de Carlos IV. La contraposición es, pues, sólo un recurso efectista.<br />La poética de Quintana deriva de la neoclásica de la segunda mitad del siglo XVIII. Cada vez más los escritores ilustrados fueron convirtiendo su literatura en un medio de orientación para la regeneración de España (Dérozier, en Tuñón de Lara, 377-395). En 1808, la coyuntura era propicia —en el pensamiento de Quintana— para llevar a la práctica sus proyectos reformistas. La caída de Carlos IV, María Luisa y Godoy implicaba la posibilidad de alcanzar ideales político-sociales que antes eran más bien teóricos. Abierto el camino, el escritor no puede menos que buscar por todos los medios posibles llevar a cabo la reforma política.<br />La idea de una revolución promovida por el grupo del príncipe Fernando la defienden la mayoría de los historiadores (v. gr. Carr 93, Aymes 13-15, Martí Gilabert 113-157, Gil Novales, en Tuñón de Lara, 263, etc.). Dérozier, por su parte, quiere ver en los sucesos de marzo el resultado de las ideas liberales que se habían infiltrado en la población desde la Revolución Francesa (en Tuñón de Lara, 379). Pero, como lo demuestra Aymes, ni en la misma guerra <br />242<br />de Independencia aparece tal generalización de la ideología liberal. El clero conservador movía masas, aristócratas tradicionalistas se apoderaron de muchas juntas provinciales, en fin. Sucede que dominó la facción liberal en las Cortes de Cádiz (1810), pero esto no quiere decir que el pueblo en general compartía los ideales de su causa.<br />Durante la guerra de la independencia muchos españoles tomaron las armas movidos por el afán de vencer el "ateísmo" francés. El hecho tal vez indique la inexistencia de una conciencia de los verdaderos propósitos políticos y económicos de Francia.<br />Hago notar que Quintana llama a la guerra antes de los sucesos del 2 de mayo, antes de que Carlos IV y Fernando VII renuncien a la corona (5 de mayo). Muestra, pues, que poseía una muy clara idea de los verdaderos propósitos franceses. Asimismo, su actitud indica que la posibilidad de irse a la guerra ya se estaba gestando.<br />Para Aymes, los afrancesados políticos "son antidemócratas, [y] tiemblan al pensar que el Motín de Aranjuez abre la puerta a otras usurpaciones" (30). Por tanto, para él "carecería [...] de fundamento creer que los afrancesados ven en el apoyo que les ofrece el gobierno imperial la posibilidad de instaurar en España un régimen democrático y mucho menos revolucionario. Los que abrigan esta esperanza optan por el bando opuesto" (31). Frente a esta posición queda —molestando— la constitución --bastante democrática— de Bayona. El hecho es que hombres tan disímiles como O'Farril —que había sido del grupo fernandista—, Moratín —fiel a más no poder a Godoy (Lovett 211)—, Meléndez Valdés —contrario al despotismo de los soberanos—, etc., apoyaron a los franceses.<br />243<br />Bibliografía<br />Anes, Gonzalo. El Antiguo Régimen: los Borbones. Vol. IV. Historia de EspañaAlfaguara. Dir. Miguel Artola. 2a. ed. Madrid: Alianza-Alfaguara, 1976.<br />Aymes, Jean Rene. La guerra de la Independencia en España (1808-1814) (1973).Trad. Pierre Conard. 2a. ed. Madrid: Siglo XXI, 1980.<br />Carr, Raymond. España 1808-1839. Barcelona: Ariel. 1969.<br />Dérozier, Albert. Manuel Josef Quintana et la naissance du libéralisme en Espagne. Vol II. Appendices. Documents inédits et oubliés. Littérature et Histoire Hispaniques 105. Paris: Ármales Littéraires de l'Université de Besacpn, 1970.<br />Gil Novales, Alberto. "Ilustración y liberalismo en España." Spicilegio Moderno 10 (1978): 26-41.<br />Fernández de Pinedo, Emiliano, Alberto Gil Novales y Albert Dérozier.Centralismo, Ilustración y agonía del Antiguo Régimen (1715-1833). Dir. Manuel Tuñón de Lara. Vol VIL Historia de España. 2a. ed. Barcelona: Labor, 1981.<br />Herr, Richard. Ensayo histórico de la España contemporánea. 1971. Madrid: Pegaso-EDERSA, 1977.<br />Lovett, Gabriel H. La guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea. Vol I. El desafío al viejo orden. Trad. José Cano Tembleque. Serie Universitaria Historia, Ciencia y Sociedad 115. Barcelona: Península, 1975.<br />Marti Gilabert Francisco. El Motín de Aranjuez. Col. Histórica de la Universidad de Navarra 24. Pamplona: Universidad de Navarra, 1972.<br />Quintana, Manuel José. Obras completas del Excmo. Sr. D. Manuel José Quintana. Biblioteca de Autores Españoles 19. Madrid: M. Rivadeneyra, 1852.<br />Quintana, Manuel José. Poesías. Ed., pról. y notas de Narciso Alonso Cortés. Clásicos Castellanos 72. Madrid: Ediciones de "La Lectura," 1927.<br />Quintana, Manuel José. Poesías completas. Ed., introd. y notas de Albert Dérozier. Clásicos Castalia 16. Madrid: Castalia, 1969.<br />VOCABULARIO<br />blasón <br />m. Arte de explicar y describir los escudos de armas:ciencia del blasón. <br />Figura de un escudo. <br />Escudo de armas:algún día investigaré cuál es el blasón de mi familia. <br />Honor, fama:aquel caballero consiguió su blasón luchando contra los infieles<br />vasto, ta <br />adj. Amplio, extenso o muy grande:tiene vastos conocimientos de medicina.<br />seno <br />m. Pecho,mama:los senos de una mujer. <br />Espacio o hueco que queda entre el vestido y el pecho de las mujeres:llevaba el dinero guardado en el seno. <br />Matriz de la mujer y de las hembras de los mamíferos:llevar un hijo en el seno. <br />Concavidad,hueco:una pila de dos senos. <br />Golfo,porción de mar que se interna en la tierra. <br />Amparo,abrigo,protección y cosa que los presta:se crió en el seno de una familia acomodada. <br />Parte interna de alguna cosa:el seno del mar. <br />anat. Cavidad existente en el espesor de un hueso o formada por la reunión de varios huesos:seno maxilar,frontal. <br />arquit. Espacio comprendido entre los trasdoses de arcos o bóvedas contiguas. <br />geom. En un triángulo rectángulo,relación entre uno de los catetos y la hipotenusa con respecto al ángulo agudo opuesto a ese cateto. La relación opuesta es la cosecante. <br />mat. Función matemática periódica que generaliza este concepto a cualquier valor del ángulo.<br />coral 1 <br />adj. Del coro o relativo a él:música coral. <br />f. Coro de cantantes:pertenece a la coral de la universidad. <br />m. Composición musical para ser cantada por cuatro voces, de ritmo lento y solemne, ajustada a un texto de carácter religioso:el concierto se inició con un espléndido coral.<br />coral 2 <br />m. Nombre de varios cnidarios antozoos que viven en colonias y cuyas duras secreciones dan lugar a la formación de una serie de ramificaciones calcáreas de colores y formas muy variables:los corales viven en mares tropicales a profundidades que no superan los 50 m. <br />Sustancia dura secretada por estos animales y que, después de pulimentada, se emplea en joyería:pendientes de coral. <br />f. Nombre común de diversos reptiles escamosos ofidios que pueden alcanzar hasta 1,50 m, venenosos, con anillos rojos, negros y amarillos, que habitan mayormente en las regiones tropicales del continente americano.<br />cieno <br />m. Lodo blando en el fondo del agua o en sitios bajos y húmedos.<br />Del verbo oprobiar: (conjugar) <br />oprobio es: <br />1ª persona singular (yo) presente indicativo <br />oprobió es: <br />3ª persona singular (él/ella/usted) pretérito indicativo<br />oprobio <br />m. Ignominia,afrenta,deshonra pública:para él fue un oprobio que dijeran en voz alta la nota de su examen.<br />oprobiar <br />tr. Causar deshonra pública.♦ Se conj. como cambiar.<br />servil<br />rastrero, esclavo, reptil, pelota, lameculos, adulador, apocado, sumiso<br />lívido<br />pálido, demacrado, cadavérico, descolorido, marchito, exangüe<br />JANO:XXXXX<br />acerbo, ba <br />adj. Áspero al gusto:jarabe acerbo. <br />Cruel, riguroso:le hizo un acerbo comentario.♦ No confundir con acervo.<br />bajel <br />m. poét. Barco.<br />yermo, ma <br />adj. y m. Inhabitado. <br />Incultivado:da tristeza ver los yermos donde antes hubo sembrados.<br />estío <br />m. Verano, estación del año:se siega durante el estío.<br />Del verbo tajar: (conjugar) <br />tajo es: <br />1ª persona singular (yo) presente indicativo <br />tajó es: <br />3ª persona singular (él/ella/usted) pretérito indicativo<br />tajo <br />m. Corte profundo hecho con un instrumento cortante:se hizo un buen tajo con la lata. <br />Cortadura en un terreno:tajo de un río. <br />col. Tarea,trabajo:tenemos tajo para rato. <br />col. Lugar de trabajo:todos los días va andando al tajo. <br />Pedazo de madera grueso que sirve en las cocinas para partir y picar la carne. <br />Trozo de madera grueso y pesado sobre el que se cortaba la cabeza a los condenados.<br />tajar <br />tr. Dividir en dos o más partes con un instrumento cortante:tajar la carne. <br />prnl. col. Emborracharse:el novio se tajó en el banquete.<br />numen <br />m. Cualquiera de los dioses fabulosos adorados por los gentiles. <br />Inspiración del artista o escritor.<br />PINÍFERO:XXXX<br />pilífero<br />capilar<br />torvo<br />amenazador, siniestro, avieso, hosco, fiero, huraño <br />refulgente<br />brillante, fulgurante, cegador, luminoso, radiante, destellante, resplandeciente, rutilante, coruscante<br />

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