Las pérdidas auditivas mínimas en niños, definidas como un aumento en el umbral auditivo de 10 a 20 dB, tienen un impacto directo en el desarrollo del lenguaje y el aprendizaje, afectando la percepción de ciertos fonemas y generando dificultades en entornos educativos. Las implicaciones incluyen problemas para seguir conversaciones y participar en actividades escolares, debido a la dificultad para escuchar voces débiles y a la fatiga auditiva. Es esencial implementar estrategias adecuadas en el aula, como la reducción de ruido de fondo y una ubicación preferencial del estudiante, para mejorar su experiencia educativa.