Una nación no se define por la raza, idioma, intereses o afinidades religiosas, sino por un "alma" y "principio espiritual" compartidos. Este principio se basa en una herencia común de recuerdos del pasado y en la voluntad actual de vivir juntos y preservar esa herencia. Un pueblo ama su nación en proporción a los sacrificios y sufrimientos compartidos en el pasado y a su deseo común de hacer grandes cosas en el presente.