Las fiestas romanas consistían en días de celebración dedicados a los dioses. El punto central era el sacrificio ritual a la deidad para mantener la armonía con los dioses, cuya ira podía traer desgracias. Algunas fiestas importantes eran las Saturnales en diciembre, las Lupercales en febrero y las dedicadas a Juno, Marte y Cibeles en marzo.