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Terminemos El Cuento 3

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Published in: Health & Medicine, Education
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Terminemos El Cuento 3

  1. 1. PUCHI TERMINEMOS EL CUENTO 2008 El azaroso llamado de emergencia nos había advertido de una masiva concentración humana que amenazaba con terminar de manera funesta el evento. Sin mayor ademán que una mutua mirada concertante nos habíamos dispuesto a descender; deposité el cuento del senador en el bolsillo de mi camisa, y me dirigía hacía Pascual que inquieto esperaba junto a la puerta que daba a la azotea. Entonces, escuchamos una nueva llamada de Genaro hijo, esta vez con una arriesgada idea que pretendía darle solución al “asunto”; nos indicó una manera de evacuar a los implicados utilizando una soga. Presurosos nos devolvimos a la azotea, en cuya cima se erigía una antena parabólica, y además encontramos la dichosa soga. Asomé la cabeza tratando de divisar el sitio preciso donde arrojarla. No fue sino hasta ese momento que advertí plenamente la gravedad de la situación. La impactante vista desde la cúspide de aquella vesánica manifestación embriagada de éxtasis, produjo en mí una gran incertidumbre en esa aventura redentora que iríamos a ejecutar, el éxito era casi imposible. No obstante, ceñimos a la pequeña edificación con la soga,
  2. 2. y luego de atar un fuerte nudo, les arrojamos el excedente de cuerda instruyéndoles a señas que la agarraran. En ese punto, el improvisado rescate llegaba a su tramo más arriesgado. Los subimos de uno en uno, tirando con fuerza de la soga. Precisamente el ultimo que permanecía en derredor de la contagiante efigie de histeria y miedo que se hacía presente en el escenario, era el enaltecido artista . Gatica decidido a no intentarlo, me hizo pensar en bajar, si lo hacía, podría ayudarle a escapar. Paradójicamente la idea de desistir jamás se cruzó por mi mente, no por tener un estoico sentido de valentía sino por todo lo contrario, actuaba sin pensar, me sentía confiado, respaldado por un no sé qué de fuerza mística que haría que todo me saliese bien. Ahora que lo “pienso” no estaba en mis cabales cuando emprendí tan descabellada acción. Intenté bajar lo más rápido que podía para llegar primero a él (le había prometido a mi tía Julia que Gatica le dedicaría un autógrafo, si lo salvaba no sería difícil cumplirlo ya que, era lo menos que él podía hacer como agradecimiento) y lo logré, aunque de forma poco ortodoxa; no distaba mucho de la mitad de mi recorrido cuando la soga se rompió, cediendo al fin ante la constante fricción y peso de los cuerpos. El acogedor pensamiento que me invadió (mientras me precipitaba hacía el vacío) de mi tía Julia, fue lo ultimó que permaneció en mi mente antes de tocar fondo. Me levanté al día siguiente guardando reposo, sin camisa, ni corbata, ni cuento – de los que no volví a saber jamás –, en la alcoba de mi tía Julia, y ella al lado, viéndome. Su
  3. 3. rostro dibujaba una leve sonrisa y, sus ojos rebosaban de ternura y alegría. Su silueta resplandecía, como algo mágico, por la tenue luz verdusca que se proyectaba en el ambiente a través del fino cortinaje de las ventanas. En ese momento me enteré que poco después de mi desmayo la policía irrumpió bruscamente entre el gentío, estableciendo el orden y salvaguardando al cantante. Para entonces La tía Julia había llegado a las instalaciones de la radio y me había visto en la ambulancia, prefirió no dejarme allí (pensaba que en el hospital con el constante asedio de la prensa jamás me recuperaría). Mi tía…mi tia… nunca la olvidaré.

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