PERU - transgenicos oportunidades o peligros

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PERU - transgenicos oportunidades o peligros

  1. 1. i Asesores Técnicos Asociados S.A. TRANSGÉNICOS: ¿OPORTUNIDADES O PELIGROS? Un Ensayo para la Realidad Peruana Ing. José Manuel Hernández Calderón Lima, junio de 2011 Los Geranios 446, Lima 14, Perú. Teléf. 511-4409666 www.ata.com.pe
  2. 2. ii TRANSGÉNICOS: ¿OPORTUNIDADES O PELIGROS? Un Ensayo para la Realidad Peruana CONTENIDO 1.0 Introducción 1 2.0 Biotecnología y Transgénicos 2 3.0 Los Transgénicos y la Salud 3 4.0 Los Transgénicos y la Producción en el Agro 6 5.0 Transgénicos y Seguridad Alimentaria 14 6.0 Transgénicos y Biodiversidad 22 7.0 Biotecnología, Propiedad Intelectual y Recursos Genéticos 27 8.0 Los Transgénicos y la Gastronomía 29 9.0 La Biotecnología en las Políticas de Desarrollo 31 10.0 Conclusiones 36 Bibliografía 40 ANEXO
  3. 3. 1 TRANSGÉNICOS: ¿OPORTUNIDADES O PELIGROS? Un Ensayo para la Realidad Peruana Ing. José Manuel Hernández Calderón Especialista en Desarrollo Agrario Gerente General Asesores Técnicos Asociados S.A. 1.0 INTRODUCCIÓN La discusión sobre el uso y producción de cultivos transgénicos en el Perú se ha acentuado con la publicación del Decreto Supremo 003-2011-AG, el mes de abril pasado, que aprobó el “Reglamento Interno Sectorial sobre Seguridad de la Biotecnología en el desarrollo de actividades con Organismos Vivos Modificados agropecuarios, forestales y/o sus productos derivados” y la posterior aprobación en el Congreso de la República de la “Ley que Declara una Moratoria al Ingreso de Organismos Vivos Modificados al Territorio Nacional por un Período de 10 Años” (1 Igualmente, muchas de las opiniones públicas recientes en el país sobre los transgénicos se han centrado en los temas de salud y biodiversidad, con un enfoque eminentemente técnico o científico. Y esto es un enfoque muy parcial; que, siendo aspectos de suma importancia, a mi juicio, en la realidad peruana no constituyen el aspecto central. No se trata de ser promotores o detractores, o de estar a favor o en contra de los transgénicos. Se trata de ver integralmente las ventajas y desventajas y la contribución de estos productos para todos los peruanos. Por ello, una opinión rigurosa debe emitirse teniendo en cuenta, de forma armónica, los aspectos referidos a la salud, producción en el agro, seguridad alimentaria, biodiversidad, propiedad de nuestro material genético y gastronomía. De esa manera, la decisión final necesariamente deberá estar enmarcada y priorizada en concordancia con las Políticas de Estado para el desarrollo nacional y, en particular, del agro que queremos para ) y que deroga al Decreto antes citado. La moratoria es para fines de cultivos y/o crianzas, incluidos los organismos acuáticos liberados al ambiente. Por tanto, la parte medular se refiere al uso de semillas transgénicas para su cultivo en el país. Esta discusión viene de varios años atrás, y en la que muchas veces se ha confundido el alcance conceptual de la biotecnología, limitándolo sólo a la producción de transgénicos; siendo que la biotecnología es mucho más que eso. 1 : El Decreto Supremo sobre el Reglamento fue publicado por el Ministerio de Agricultura-MINAG el 15 de abril de 2011 y la Ley se aprobó en el Congreso de la República el 07 de junio de 2011. Al cierre de este Ensayo, todavía el Gobierno Peruano (el Poder Ejecutivo) no había promulgado dicha Ley y, en caso que la “observara”, la normativa constitucional prevé los pasos siguientes.
  4. 4. 2 nuestros hijos y nietos; así como del rol que debería jugar nuestra biodiversidad en la adaptación al cambio climático y en el futuro escenario de desarrollo sustentable y la seguridad alimentaria en el país y el mundo. El presente ensayo tiene como propósito aclarar una serie de inquietudes sobre el uso de los transgénicos en el país desde una perspectiva integral, sin circunscribirla a una discusión científica, con elementos de juicio que permitan precisar si los cultivos transgénicos son, realmente, una oportunidad o significan más peligros que oportunidades en las condiciones de nuestro país. Si esto último prevaleciera, o existieran más dudas que certezas, entonces deberíamos establecer consensos sobre las medidas necesarias que sean pertinentes en tanto todas las dudas razonables sean aclaradas. Se trata de evaluar la real contribución de este tipo de cultivos para que las personas que toman decisiones lo hagan con sustento suficiente. Con tal propósito, en primer lugar se precisan los conceptos de biotecnología y transgénicos, para luego analizar las implicancias y posibles impactos de la siembra de cultivos transgénicos en la salud y la biodiversidad, su contribución a la producción agrícola y la seguridad alimentaria nacional; así como su relación con la propiedad intelectual de nuestro material genético y con la gastronomía. Finalmente se incluyen algunas proposiciones sobre cómo enfocar el uso de la biotecnología en el marco de las Políticas de Estado para el Desarrollo Nacional camino al Bicentenario de nuestra Independencia. 2.0 BIOTECNOLOGÍA Y TRANSGÉNICOS La biotecnología es el conjunto de tecnologías que utiliza seres vivos o sus partes para producir otros seres vivos. Incluye el cultivo de tejidos, la micropropagación, la clonación, el trasplante de embriones, la reproducción asistida por marcadores, la genómica y la ingeniería genética o modificación genética (tecnología genética recombinante e inyección de ácido nucleico en células, y fusión de células más allá de las familias taxonómicas que superan las barreras fisiológicas naturales de reproducción o recombinación). La biotecnología es mucho más que la ingeniería genética; siendo esta última parte de ella. La ingeniería genética (o “biotecnología moderna”) permite que plantas, animales y microorganismos sean genéticamente modificados, con la inclusión de rasgos novedosos que no se manifiestan en su estructura original natural, por lo que se les denomina Organismos Genéticamente Modificados-OGM, Organismos Vivos Modificados-OVM (2 2 : En el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad y el Convenio de Diversidad Biológica, se utiliza el término Organismo Vivo Modificado-OVM ) o simplemente transgénicos. El transgénico es un ser vivo al que se le ha insertado uno o más genes de otra especie. La biotecnología moderna utiliza técnicas moleculares para identificar, seleccionar y modificar las secuencias de ADN para lograr una característica genética específica (por ejemplo, la resistencia a insectos) a partir de un organismo donante (microorganismo, planta o animal), y transferir la secuencia al organismo receptor de modo que este exprese esa característica. El donante y el receptor pueden ser especies distintas.
  5. 5. 3 La biotecnología, en su conjunto, es sustentada como respuesta a la búsqueda de mayor productividad y calidad nutricional, lo que puede contribuir al suministro de alimentos, la salud y el desarrollo humano. Últimamente se le ve también como una buena aliada en la preservación, difusión y aprovechamiento económico de los cultivos nativos y la biodiversidad. Las controversias, muy publicitadas en los últimos años, se refieren sólo a los transgénicos y no a la biotecnología. La mayor parte de la biotecnología utiliza métodos compatibles con la conservación de la biodiversidad. Los transgénicos de uso comercial en la agricultura reciben las siguientes denominaciones: Cultivos Bt, Cultivos RR y Cultivos resistentes a virus. Los Cultivos Bt, son aquellas plantas que han recibido un gen de bacteria (Bacillus thuringiensis). Este gen produce una toxina que mata a las larvas de insectos. Los Cultivos RR son plantas a las que se le ha insertado un gen de la bacteria Agrobacterium tumefaciens, que hace que la planta adquiera resistencia al herbicida glifosfato. Los Cultivos resistentes a virus, son aquellos a los cuales se les ha transferido un gen proveniente de un virus patógeno, que le confiere resistencia a ese mismo virus. La transgénesis y la creación de los OGM son presentados como un potencial para aumentar la productividad agrícola y el valor nutricional de los productos del agro. Hay información abundante que justifica el uso de transgénicos y también la hay sobre el cuestionamiento a los mismos. Por el momento no hay acuerdo unánime sobre las bondades de los transgénicos en el largo plazo, especialmente en países tan megadiversos como el nuestro. Sin embargo, debido a que las investigaciones y el desarrollo de estos cultivos son muy dinámicos, es muy importante establecer las normas sobre bioseguridad, con adecuados sistemas de regulación para evaluar rigurosamente la inocuidad de estos productos en el consumo humano. Esto es, precisamente, lo que se busca con el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, cuyo objetivo central es “contribuir a garantizar un nivel adecuado de protección en la esfera de la transferencia, manipulación y utilización seguras de los organismos vivos modificados resultantes de la biotecnología moderna que puedan tener efectos adversos para la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica, teniendo también en cuenta los riesgos para la salud humana, y centrándose concretamente en los movimientos transfronterizos”. Este Protocolo, que ha sido suscrito por Perú, tiene carácter vinculante y es uno de los instrumentos internacionales más importante relacionados con la biodiversidad y un referente en el derecho internacional. 3.0 LOS TRANSGÉNICOS Y LA SALUD En términos de la salud, los reportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) no registran evidencias científicas de efectos dañinos en la salud humana por el consumo de alimentos proveniente de los OGM u OVM. Sin embargo, se indica que “los rasgos novedosos de los OGM también pueden acarrear potenciales riesgos para la salud y el desarrollo humano” especialmente cuando a las plantas se les insertan genes provenientes de seres vivos no vegetales. La propia OMS tampoco establece de manera categórica que no pueda haber estos efectos en el largo plazo; por el contrario, dicha organización señala que muchos genes utilizados en los OGM no se encontraban anteriormente en el suministro
  6. 6. 4 de alimentos (3 Una de las eminencia en cultivos transgénicos, el Dr. Luis Herrera Estrella enfatiza que “no existe ningún documento científico que demuestre que estos productos son dañinos para la salud” ( ). Igualmente, acota que “muchos de los genes y rasgos novedosos usados en los OGM no se les conocen antecedentes de uso alimentario inocuo”. 4 Los que están a favor de los transgénicos mencionan que hay mucha investigación sobre esta materia, más que lo investigado sobre otros productos; en tanto que los que están en contra mencionan que no se han realizado en el mundo estudios independientes, completos, sistemáticos, con rigor científico, sobre los riegos en la salud por el consumo de los transgénicos. Se argumenta que la mayoría de estudios la han realizado los mismos laboratorios productores de transgénicos (que son “parte interesada”). Existen algunos estudios independientes en Estados Unidos y en Europa, que han concluido que estos genes extraños podrían generar problemas como alergias, desequilibrios en el sistema inmunológico y mayor susceptibilidad a adquirir enfermedades, tanto en las personas como en los animales. Varios estudios han mostrado que las toxinas Bt pueden ser alergénicas ). No hay evidencias científicas pero no se descarta la posibilidad de efectos colaterales o dañinos en el largo plazo por el uso de transgénicos; más aún cuando existe la experiencia negativa de colocar en el mercado productos no autorizados. Laboratorios, científicos y las empresas productoras de esos productos nos dicen que no debemos preocuparnos porque no habrá problemas; que los temores son infundados y que a lo largo de los años que se viene sembrando y consumiendo transgénicos no hay reportes sobre efectos dañinos en la salud humana. Es cierto que por el momento no hay razones suficientes para pensar lo contrario. En efecto, no hay evidencias hoy de daños a la salud humana, pero no sabemos qué pasará en el futuro. Recién hace 15 años se comenzó a sembrar cultivos transgénicos y colocarlos en el mercado y sólo en los últimos 10 años se ha tenido un despegue comercial importante. Poco tiempo para identificar y comprobar posibles efectos, directos o indirectos, por el uso de tales transgénicos. Cabe recordar que lo mismo ha sucedido con innumerables medicamentos y productos farmacéuticos, así como con agroquímicos. Para que éstos se coloquen en el mercado se someten a pruebas por varios años en laboratorio, se da paso para su uso comercial y más de una vez somos testigos que se retiran del mercado por efectos dañinos o colaterales. Son procesos “normales” y de largo plazo. Los contrarios a los transgénicos indican que hay efectos negativos como la resistencia a los antibióticos (porque algunos transgénicos tienen incorporados genes resistentes a antibióticos), que generan alergias (porque se incorporan genes de microorganismos que contienen proteínas alergénicas no predecibles) y daños inmunológicos. Ellos tienen dudas porque no hay estudios específicos contundentes sobre la materia y será difícil saber en muchos años si una alergia o un cáncer, por ejemplo, serán resultado de un transgénico o será consecuencia de la contaminación ambiental, de la contaminación del agua, de la contaminación de los alimentos, de los malos hábitos de consumo, etc. Es justo también decir que estos últimos factores enferman y matan más que lo que hasta hoy se sabe de los transgénicos; pero ello no es óbice para investigar transparentemente sus implicancias; por lo que es impropio ser radicales en uno u otro sentido. 3 : Organización Mundial de la Salud-OMS; “Biotecnología Moderna de Alimentos, Salud y Desarrollo Humano: Estudio Basado en Evidencias”; Ginebra, 2005. 4 : Herrera Estrella, Luis, “Primer Ciclo de Conferencias Abiertas sobre Gen R”, Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario, Argentina. 10 de Junio de 2011
  7. 7. 5 reales y potenciales para los seres humanos (5 En relación con lo anterior, debemos recordar que en el país ya importamos y consumimos productos de origen transgénico (maíz amarillo, aceite de soya y diversos productos industriales de consumo humano que contienen materias transgénicas); de ahí la importancia del etiquetado de los productos transgénicos y sus derivados. Esto se aplica por ejemplo en Brasil que es el segundo productor mundial de cultivos transgénicos y también en la Unión Europea. Si los productos son inocuos para la salud ¿Por qué tanta ); pero no hay evidencias científicas contundentes debido a que estos efectos son difíciles de predecir y de evaluar. Conviene mencionar que, en la actualidad, los cultivos transgénicos más sembrados a nivel mundial son: maíz amarillo duro, soya, algodón y canola (colza). El primero se usa principalmente para la alimentación de aves y ganado; es decir que en el consumo humano se utiliza como producto derivado o procesado, lo cual significa que los transgénicos ya fueron digeridos y transformados por los animales antes de llegar a los humanos. La soya se consume como aceite; es decir como producto derivado previo proceso industrial. También se importa torta de soya para alimentación de ganado y pollos. También se consumen transgénicos a través de bebidas, productos preparados y diversos ingredientes provenientes de procesos industriales. El algodón se utiliza en la industria textil y la canola como aceite para consumo humano y como biodiesel; descartándose efectos negativos en la salud. Cuando se consumen productos industriales o procesados, es muy complicado el análisis de trazabilidad y el seguimiento de los transgénicos para establecer una correlación directa de causalidad respecto a cualquier manifestación negativa en la salud o con alguna enfermedad desconocida. Si hubiera efecto negativo, éste se “pierde” en el camino. La pregunta clave y, a la vez la duda, es ¿qué pasaría con las hortalizas, frutas, tuberosas y otros productos transgénicos que se consumen directamente? Basándose en las investigaciones en tomate (que fue el primer cultivo transgénico) y papaya, efectuadas por las empresas productoras de transgénicos, se dice que no hay evidencias científicas de daños. Sin embargo, tampoco hay investigaciones suficientes que descarten los riesgos sobre la salud que habría con estos y otros productos de consumo directo en el largo plazo. En estos productos no hay procesos industriales o procesos intermedios que pudieran atenuar, eliminar o en todo caso enmascarar los efectos. Por ello, es lógico que se manifiesten dudas razonables al respecto; más aún en un país como el nuestro donde la investigación sobre estos temas, el cuidado y la precaución, así como el control de calidad no son prioritarios y no existen los medios adecuados para ello. Por tanto, la decisión sobre el uso de los transgénicos implica posibilidades y también riesgos que deberán ser asumidos por los países y por los consumidores. Los consumidores deben estar informados sobre los productos que les ofrecen, con información clara y a su alcance sobre las investigaciones realizadas en la salud humana (alergias, resistencia a antibióticos u otras afectaciones investigadas o encontradas) para que ellos decidan libremente si los consumen o no. Llegará el momento en que en Perú se vendan productos del agro con indicación de origen, modificación genética, insumos que se utilizaron, calidades nutricionales, momento óptimo para el consumo, etc. Ojalá sea pronto. De eso se trata la libertad del consumidor para elegir lo que consume. 5 : ONG Grupo Semillas; “El Maíz Transgénico: Una Amenaza al Patrimonio Genético del País y a la Soberanía Alimentaria”. Revista Nº 22/23; Bogotá - Colombia, Setiembre 2005.
  8. 8. 6 reticencia de las empresas productoras y comercializadoras para el etiquetado de los productos transgénicos? El Código del Consumo (Código de Protección y Defensa del Consumidor) en el Perú establece esta obligatoriedad, que aún no se cumple. Algunas veces se argumenta que falta un reglamento específico y otras veces se dice que el etiquetado implica costos que serán trasladados a los consumidores. Esto no es así. La misma FAO ha indicado que el etiquetado no genera ningún costo adicional; subrayando que “el etiquetado no encarece el producto, el etiquetado es una reivindicación de todos los consumidores” (6 Es anecdótico que en el país no seamos congruentes, y a la vez drásticos, en la exigencia del rotulado de los productos transgénicos, cuando para exportar productos orgánicos los compradores en mercados de destino nos exigen que sean “productos certificados” ( ). 7 No es un misterio que necesitamos incrementar nuestra producción para satisfacer la creciente demanda de alimentos de la población nacional. Cada vez somos más y cada año tenemos más bocas que alimentar. Es conocido que hoy en Perú cerca de 10 millones de compatriotas son pobres y padecen hambre. Es evidente que debemos producir más para satisfacer las necesidades crecientes de la población nacional. Qué duda cabe. Sobre eso no ). Si los pequeños agricultores que exportan productos orgánicos están cumpliendo con esta exigencia, ¿por qué los grandes importadores de transgénicos e industriales no pueden cumplir con el rotulado? Por tanto, es urgente que las instituciones y los gobernantes se preocupen para que las empresas cumplan esta norma. Esto no requiere ninguna discusión previa y es claro para todos que deben cumplirse las leyes y normas vigentes a cualquier precio. Sólo se requiere voluntad política de las instituciones tutelares para que las normas se cumplan. En este sentido, las entidades competentes, a la brevedad posible, deben exigir el etiquetado o rotulado de los productos transgénicos y sus derivados. Por ahí debemos empezar. Finalmente, en este aspecto, cabe mencionar que los promotores del uso de los transgénicos en el país cuestionan la Ley que establece la moratoria, señalando que limitaría el ingreso y comercialización de medicinas obtenidas con biotecnología, que son de gran utilidad en el tratamiento eficaz de enfermedades específicas como es el caso de la insulina y diversas vacunas. Al margen de que haya o no haya productos sustitutos con similar eficacia, dicha aseveración es errónea porque la mencionada Ley excluye de la moratoria el uso de OVM destinados para fines de investigación y para fármacos sin alternativas no transgénicas; además de que no se prohíbe la importación de alimentos ni medicinas de origen transgénico. En todo caso, el reglamento que corresponda a dicha Ley deberá establecer las aclaraciones que sean pertinentes. 4.0 LOS TRANSGÉNICOS Y LA PRODUCCIÓN EN EL AGRO La Necesidad de Incrementar la Producción 6 : Soto, Fernando; Delegado del Representante Regional de FAO. Noticia de Agencia Peruana de Noticias- Andina, Lima 06 de mayo 2011 7 : El Ministerio del Ambiente estima que cerca de 40 000 productores cuentan con “certificación orgánica internacional”. MINAM, Oficina de Comunicaciones; Lima, 25 abril 2011.
  9. 9. 7 hay discusión. La disyuntiva está en tomar la decisión respecto a que si para incrementar la producción en el país debemos sembrar cultivos transgénicos o hay otras posibilidades con los cultivos actuales no transgénicos. ¿Qué significa producir más en Perú? Sencillamente, esto significa dedicar más áreas o tierras para los cultivos y/o incrementar los rendimientos por hectárea; es decir mayor productividad porque tampoco es un misterio que, en el país, la productividad de los cultivos es baja y que es urgente incrementar los rendimientos, precisamente para producir más. ¿Tenemos tierras para sembrar mayor área o debemos mejorar el rendimiento de los cultivos, o podemos hacer ambas cosas? Lo primero es más difícil de lograr porque no tenemos grandes extensiones de tierra agrícola libres que sean aptas para cultivos. Ni los grandes proyectos hidráulicos incrementarán la frontera agrícola en la medida que se requiere; además de ser de muy larga maduración. Actualmente, en el país se utilizan 2,56 millones de hectáreas en la producción agrícola; y todas están en uso. Lo que queda por incorporar en los proyectos Puyango-Tumbes, Alto Piura, Olmos, Jequetepeque, Chavimochic, Chinecas, Tambo Ccaracocha, Majes, Pasto Grande, apenas significarán alrededor de 250,000 hectáreas nuevas; que si todos se empiezan a construir hoy podríamos planificar el uso de esa superficie total dentro de 10 años como mínimo. Mi apreciación, en base a lo sucedido en los últimos 40 años, es que no lograremos incorporar esa superficie en menos de 20 años. Cabe recordar que las grandes inversiones para todas estas nuevas tierras se han justificado económicamente en la medida que la producción se oriente a la agroexportación; que por su misma naturaleza no es extensiva. Si consideramos la siembra de granos básicos (como maíz o trigo) en las tierras nuevas, no se obtendría la rentabilidad esperada con los cultivos de exportación y los grandes proyectos hidráulicos se tornarían en inviables. Esto ha sido ampliamente demostrado en los estudios de factibilidad de cada uno de esos proyectos. Recientemente el Ministro de Agricultura justificó ante el Congreso de la República (8 8 : Presentación del Ing. Rafael Quevedo, Ministro de Agricultura, en el Congreso de la República de Perú, el 04 de mayo de 2011. ) el ingreso de semilla transgénica de maíz amarillo duro indicando “que las posibles áreas de siembra de maíz serían la cosa norte y central, lo cual además deberá ser determinado por los productores”. Sin embrago un asesor del mismo Ministro, muy eufórico, ha señalado en defensa del Reglamento en cuestión que “la producción agrícola en el país se incrementará en 60% en tres años gracias al uso de OGM” (MINAG-William Vivanco, 19 abril 2011). Mientras que el Ministro habla sólo de maíz, su asesor habla de toda la producción agrícola. En cualquier caso, toda la costa peruana tiene poco menos de 800 mil hectáreas dedicadas a la agricultura, con producción diversificada orientada al mercado interno y gran parte como soporte del boom exportador de la última década. Si queremos sembrar más granos básicos, como el maíz, tendríamos que desplazar a otros cultivos que son muy importantes y mucho más rentables en esta región; lo cual hace poco viable o inviable dicha propuesta.
  10. 10. 8 Según las últimas cifras del MINAG para el año 2010, con todos los cultivos, incluidas primeras y segundas campañas dentro del año, se siembran alrededor de 3,20 millones de hectáreas en el país. Diez principales cultivos cubren el 66% de esa superficie. Ellos son, en orden decreciente: arroz (12%), café (11%), maíz amarillo (9,1%), papa (9,0%), maíz amiláceo (6,2%), plátano (4,8%), trigo y cebada (ambas con 4,8%), yuca (3,2%) y algodón (1%); todos ellos con bajos rendimientos promedio a nivel nacional; pero, a la vez, todos con un buen potencial, debido a que se registran rendimientos altos en algunos departamentos, como se muestra más adelante para el caso del maíz amarillo. Si no podemos disponer de mayores tierras para producir lo que requerirá nuestra futura población, salvo que depredemos la selva, entonces se hace necesario incrementar los rendimientos de los cultivos. Esto es lo más importante y urgente. En este caso, la mayor prioridad debe darse a los 10 principales cultivos, que incluyen a los que más se importan, excepto la soya. Pues bien, ¿Para incrementar los rendimientos de los cultivos se requiere del uso de semillas transgénicas o esto se puede lograr con las semillas de las variedades “convencionales”? Veamos este tema ¿Se Necesitan Semillas Transgénicas para Incrementar Rendimiento de Cultivos? En general, los rendimientos de los cultivos son la manifestación de los muchos factores que entran en juego en la producción agrícola. Uno de ellos se refiere a la calidad de las semillas. Las semillas transgénicas son promovidas argumentando que con ellas se logran mayores rendimientos, que los cultivos son resistentes a determinadas plagas y enfermedades, resistentes a herbicidas, así como su adaptación al déficit hídrico y salinidad de los suelos, además del mayor valor nutricional que se podría obtener en estos productos agrícolas. Obviamente, cada uno de estos beneficios depende del tipo de transgénico de que se trate y de la incidencia de muchos otros factores en el proceso productivo. A medida que se avanza en las investigaciones es posible que se vislumbren mayores efectos benéficos; lo cual de plano no se pone en duda. La cuestión es ver si tales beneficios se logran en el país y si, al mismo tiempo, esos beneficios justifican la siembra de cultivos transgénicos en las condiciones de la realidad peruana. Es decir, por ejemplo, no se pone en duda la capacidad de esas semillas para incrementar los rendimientos, sino el hecho de que algo similar puede lograrse con los cultivos “convencionales” (no transgénicos) en el país. Para los defensores de los transgénicos, “la solución” para el incremento de los rendimientos es la siembra de esos cultivos. No se niega que, en igualdad de condiciones agroeconómicas, con los transgénicos se puede lograr mayores rendimientos; pero Café 10.8% Plátano 4.8% Arroz 12.0% Maíz amarillo 9.1% Maíz amiláceo 6.2%Cebada grano 4.8% Trigo 4.8% Papa 9.0% Yuca 3.2% Algodón 0.9% Otros 34.3% PERÚ: Cultivos Principales - 2010 (3,23 Mio ha)
  11. 11. 9 esto no es una verdad absoluta. Los impulsores de los cultivos de transgénicos en el Perú aseguran que los rendimientos que se obtienen en otras latitudes también se pueden lograr en nuestra variada geografía. Esto no es del todo cierto, pero asumamos que podemos lograr altos rendimientos con los transgénicos, ¿podemos incrementar la productividad con las variedades actuales “convencionales” a niveles similares de los transgénicos? Para empezar, el uso de semillas transgénicas no garantiza que los rendimientos se incrementen automáticamente. Los rendimientos no son sólo fruto del potencial de las semillas y de los nutrimentos que absorben las plantas, sino que ese potencial se manifiesta en la medida que le sean favorables muchos otros factores; de lo contrario no se obtienen los rendimientos esperados. Debemos recordar, por ejemplo, que hace 5 años se impulsó, con mucha propaganda, un “gran” proyecto para sembrar canola (colza) en la sierra peruana que no dio resultados (bajos rendimientos y altos costos) y que fue descartado por los mismos productores del agro. En efecto, además de la calidad genética, los rendimientos de los cultivos dependen de las características de los ecosistemas donde se siembran, de la mayor o menor presencia y afectación de plagas o enfermedades, la disponibilidad y acceso al agua, de la disponibilidad y aplicación de insumos diversos, de la capacidad económica del agricultor y las facilidades de acceso al crédito para adquirir insumos y pagar servicios técnicos, de la capacidad técnica de los agricultores; así como del clima (dependiendo del momento en que se siembra y desarrolla el cultivo), del tamaño de las parcelas (pequeñas propiedades limitan la tecnificación) y el grado de articulación con el mercado (que incide en la mayor o menor seguridad en la venta de los productos y la capacidad y decisión para asumir los costos de producción). Por ello es que en la actualidad, disponiéndose de buenas variedades con alto potencial de producción, se obtienen rendimientos muy variados; desde muy bajos, hasta muy altos. Analicemos, como ejemplo, el caso del maíz amarillo duro. Existen en el mercado peruano diversas variedades híbridas “convencionales” de maíz amarillo que han sido probadas en nuestras estaciones experimentales, validadas en campo y que los agricultores vienen utilizando de acuerdo a las posibilidades o capacidades de cada uno de ellos. De manera experimental se logran rendimientos de 12 a 14 t/ha, con variedades no transgénicas, tales como INIA-611 Nutri Perú puesta en el mercado en el año 2007; con rendimiento potencial de 14 t/ha y rendimiento comercial estimado de 12 a 13 t/ha, y tiene la característica de ser más nutritivo que otros maíces y con amplia adaptación en costa y selva. Algunos agricultores de avanzada, con buenos paquetes tecnológicos, están logrando promedios de 11 t/ha; pero otros no obtienen ni la mitad con la misma semilla. En otros maíces comerciales como el Agroceres-1596 o el Inti-8480 que se siembran en la costa peruana, se logran rendimientos de hasta 13 a 14 t/ha; aunque los promedios de toda la costa son menores que estos. Este hecho pone en evidencia que los rendimientos no sólo son resultado de la semilla que se utiliza, sino de otras múltiples variables; lo que se corrobora con diversas experiencias de campo efectuadas en el país, especialmente en la región costeña (9 Ahora bien, veamos lo que ocurre con la producción nacional de maíz amarillo duro. El rendimiento promedio nacional de maíz es de 4 240 kg/ha (según reportes del MINAG ). 9 : Por ejemplo las investigaciones efectuadas por la Gerencia Regional de Agricultura de La Libertad “Híbridos de Verano Ensayados en Invierno”, Trujillo, Diciembre de 2009. Similares experiencias se han repetido en Lima y Lambayeque.
  12. 12. 10 para el año 2010). Sin embargo, en el departamento de Lima el rendimiento promedio es de 8 700 kg/ha y en La Libertad es de 8 300 kg/ha (registros oficiales); lográndose rendimientos de 11 000 kg/ha en fundos bien conducidos. Y no son maíces transgénicos. En estos departamentos la tecnología aplicada es mejor que en otros, y las restricciones a la producción son menores; pero el promedio nacional es bajo debido a que hay otros departamentos en donde el rendimiento está muy por debajo de lo que se obtiene en la costa central, precisamente porque prevalecen muchos factores restrictivos. Es sabido que una inmensa mayoría de agricultores no usa semillas mejoradas ni aplica los insumos que se requieren, principalmente por su baja capacidad económica. Si a ello se suman otros factores restrictivos, entonces es lógico colegir por qué los rendimientos son bajos. En este escenario, no puede esperarse que estos mismos agricultores resuelvan todas las restricciones que los afectan para que con los transgénicos logren altos rendimientos. Una aseveración así no es seria. Por ello, considerando las variedades existentes y los rendimientos actuales, en Perú tenemos mucho margen para aumentar la producción de maíz amarillo con las variedades híbridas “convencionales”, sin recurrir a los transgénicos. Eso es posible en la medida que nos preocupemos por incrementar los rendimientos de las actuales variedades, ampliando el uso de semillas mejoradas, adecuados paquetes tecnológicos para los agricultores, especialmente a los más pequeños y reduciendo las restricciones que los afectan en el acceso a los servicios que ellos requieren. Este es el reto que debe afrontar cuanto antes el Ministerio de Agricultura en vez de estar defendiendo posiciones discutibles y controversiales. Si lográramos que el rendimiento promedio nacional de maíz amarillo se incremente a 7 000 kg/ha daríamos un gran salto en el abastecimiento interno y podríamos cubrir el 44% del volumen de maíz que importamos en el año 2010. Si duplicamos los rendimientos promedio cubriríamos el 70% de las importaciones. Para ello no necesitamos transgénicos, aunque esto no significa que este tipo de cultivos pudiera ser útil para lograr lo mismo que con los cultivos convencionales. La cuestión es que hay factores más importantes que las semillas que están afectando la producción de los cultivos en el país. Los rendimientos promedio nacionales en Estados Unidos y Argentina con maíz amarillo transgénico oscilan entre 8 000 y 10 000 kg/ha; los mismos que son similares o, en todo caso, ligeramente superiores a los rendimientos obtenidos en la costa central y norte del Perú con maíces no transgénicos (logramos promedio de 8 700 kg/ha en el departamento de Lima y 8 300 en La Libertad). En el cuadro adjunto se aprecia la evolución de los rendimientos promedio nacionales de maíz amarillo en Estados Unidos y Argentina. Estas cifras corresponden a todos los maíces considerando los convencionales y los transgénicos. En Estados Unidos los maíces 11,000 8,700 4,240 1,750 1200 3200 5200 7200 9200 11200 Rendimiento con alta tecnología Promedio departamental más alto Promedio nacional Promedio departamental más bajo Rdtokg/ha MAIZ AMARILLO DURO: Comparación de Rendimientos en Perú (Kg/ha)
  13. 13. 11 transgénicos se introdujeron en el año 1996, en tanto que en Argentina a comienzos de la década pasada. En el último año (2010), la siembra de maíz transgénico representó alrededor del 86% de la superficie sembrada con todo el maíz en esos países. Como se ve, esos promedios nacionales no son la maravilla como señalan los promotores de los transgénicos. Información detallada sobre maíz, soya, algodón y trigo en Estados Unidos y Argentina se presenta en las tablas incluidas en el Anexo de este informe. Si nos referimos a la posibilidad de sembrar maíz amarillo transgénico en la costa, como lo indicó el Ministro de Agricultura, región en donde se siembra alrededor del 35% de todo el maíz nacional, entonces, el impacto por incremento de rendimientos sería muy reducido (menos del 10%) debido a que los rendimientos actuales de maíz no transgénico ya son altos en esta región, especialmente en la costa central y costa norte como se reporta en las estadísticas del MINAG. Esto no significa que no se pueda sembrar maíz transgénico en la costa peruana; región en la cual podría haber menos posibilidades o riegos de contaminación a las variedades nativas; aunque los que están a favor de los transgénicos señalan que no hay tal riesgo de contaminación. Sin embargo, lo que se demuestra es que los supuestos mayores rendimientos no serán tales por cuanto ya en la actualidad los rendimientos de los maíces convencionales son altos y similares a los promedios logrados en otros países con transgénicos. Esto desmorona el mito respecto a que se necesitan los transgénicos para incrementar los rendimientos de los cultivos en el país. Adicionalmente, como lo hemos dicho antes, el hecho de utilizar una semilla transgénica, por sí sola, no garantiza que se obtendrán los mismos rendimientos que se obtienen en laboratorio o centros experimentales, porque el rendimiento en campo depende de muchos otros factores; lo cual genera aún más dudas sobre lo que exponen los defensores de las siembras de transgénicos en el país. En una agricultura deprimida, con baja tecnología y poco acceso a servicios técnicos, ni el uso de las buenas variedades de híbridos convencionales ni los transgénicos garantizan la obtención de altos rendimientos. Vistas así las cosas, considero que, en vez de pensar en transgénicos, es mejor que el Ministerio de Agricultura ponga en práctica, a la brevedad posible, Programas de Competitividad focalizados a pequeños agricultores, a los que se apoye con información de mercados, asistencia técnica, provisión de semillas mejoradas, acceso a los créditos, apoyo en la tecnificación del riego, asociatividad, gestión empresarial, cadenas productivas para su articulación con el mercado; así como la construcción de infraestructura básica (carreteras, caminos, electrificación rural). Es urgente orientar la acción gubernamental al apoyo real de la agricultura, especialmente a los pequeños productores. Si no hacemos esto, es seguro que ni los transgénicos nos salvarán del déficit en la producción de alimentos ni sacarán de la pobreza a los pequeños agricultores, que son los más en el país. Al igual que el caso del cultivo de maíz, también en arroz, algodón, papa tenemos potencial para duplicar los rendimientos promedio nacionales, sin recurrir a transgénicos; 1990 1995 2000 2005 2010 Estados Unidos 7.37 7.24 8.66 9.35 9.10 Argentina 4.04 4.04 5.46 5.90 7.81 FUENTE: USDA-ERS (Economic Research Service)-Data Sets; Ob. Cit. MINAGRI, Argentina - Sistema Integrado de Información Agropecuaria-Data; Ob. Cit. Evolución de Rendimiento de Maíz en Estados Unidos y Argentina (t/ha)
  14. 14. 12 debido a que actualmente se dispone de variedades con buen potencial y con ellas se obtienen altos rendimientos en algunas zonas del país pero muy bajos en otras. Por tanto, para incrementar la producción y los rendimientos de los cultivos no es necesario introducir la siembra de semillas transgénicas, ni éstas son la respuesta para sustituir las importaciones. No se descarta que los transgénicos pueden aumentar los rendimientos, pero todavía tenemos mucho techo para incrementar la productividad son las variedades “convencionales” y podemos duplicar la producción nacional. Hay mucho por hacer sin apresurarnos a sembrar semillas transgénicas y tenemos tiempo para discutir y consensuar sobre lo que queremos en el país para los próximos 20 ó 30 años. Debemos mejorar los paquetes tecnológicos, y aplicar programas de competitividad focalizados a pequeños agricultores para mejorar la productividad y rentabilidad de los cultivos. Esto es lo más importante y urgente, y es parte de la acción gubernamental que no puede eludirse. ¿Los Transgénicos Reducen los Costos de Producción? Una vez demostrado que, en la realidad peruana, el supuesto incremento de rendimientos no justifica la siembra de transgénicos, el otro asunto que queda pendiente es analizar si con los transgénicos se reducen los costos de producción. En teoría esto debería ser cierto. Si un transgénico es resistente a plagas es lógico suponer que se requerirá menor cantidad de insecticidas para el control de plagas; por tanto, se incurriría en menores costos. Así mismo, si un transgénico es resistente a herbicidas, el control de malezas sería más fácil y menos costoso. Hay abundante información divulgada por los promotores de los transgénicos que muestran los posibles ahorros en insecticidas (y de paso se señala que se contamina menos el ambiente). Sin embargo, no se divulga la información sobre la evolución del costo de las semillas transgénicas y de los pesticidas asociados a ellas. Según el último reporte de la Situación Global de la Comercialización de Cultivos Transgénicos (10 10 : James, Clive. “Global Status of Comercialized Biotech/GM Crops 2010”. ISAAA-Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas”; ISAA; Ithaca, New York; Febrero 2011 ), en el año 2009 se habría tenido una mayor ganancia por la siembra de cultivos GM de 10,7 mil millones de US Dólares por todas las siembras de transgénicos a nivel mundial; de los cuales el 25% corresponderían a ganancias por reducción de costos por el uso de pesticidas (alrededor de US$ 2 675 millones). En ese año, según la misma fuente, se habrían sembrado 134 millones de hectáreas de cultivos GM en el mundo; por lo que se habría logrado, en promedio, un ahorro de 20 US$/ha, que a simple vista no parece ser un monto significativo. Una forma de evaluar el impacto en los costos de producción es mediante el análisis de la evolución de la suma de costos de semillas y de agroquímicos. Se supone que las semillas de los transgénicos son más caras (el costo habría subido) y también se supone que se habría utilizado menos pesticidas y menos herbicidas (se habría reducido el costo atribuido al uso de estos insumos). Entonces, es importante ver cómo se habría comportado la suma de estos componentes dentro de la estructura de costos de producción de los cultivos transgénicos, desde que estos cultivos comenzaron a producirse comercialmente en el año 1996.
  15. 15. 13 La información de evolución de costos de producción de granos básicos y algodón en Estados Unidos (11 De igual manera, los estudios económicos efectuados por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca-MINAGRI de Argentina, para el caso de maíz amarillo duro, reportan que las semillas y pesticidas implican una mayor participación en la estructura de costos de producción, en relación con las variedades “convencionales” ( ), en el período 1990 a 2010, que se grafica en la figura adjunta, muestra que la participación conjunta del costo de las semillas, pesticidas y herbicidas dentro de la composición de los costos de producción se ha incrementado en los cultivos transgénicos y ha disminuido en trigo que no es transgénico. El monto correspondiente a semillas y agroquímicos ha subido principalmente por el aumento de precios de semillas (que de una u otra forma expresa el “poder de dominio” de las muy pocas empresas proveedoras). Los reportes del Servicio de Investigaciones Económicas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA-ERS por sus siglas en inglés) no muestran que la cantidad de pesticidas y herbicidas haya disminuido con el uso de transgénicos; lo cual contradice la aseveración de los promotores de este tipo de productos (detalles de información se incluyen en el Anexo de este documento). 12 Otro aspecto que nos diferencia de los grandes productores de transgénicos en el mundo es lo referente a las condiciones en que se conducen los cultivos y que incide en la estructura de costos de producción. Las grandes extensiones en esos países se conducen mayoritariamente en condiciones de secano (En Estados Unidos el 88% de maíz y 91% de soya se conducen en secano), con gran uso de maquinaria y poco uso de mano de obra. En cambio, en Perú casi toda la producción de maíz amarillo se conduce bajo riego, con gran uso de mano de obra. En las pequeñas parcelas no hay economía de escala y nuestros ). Si ello sucede en Estados Unidos y Argentina, donde se siembran grandes extensiones de monocultivos, ¿qué se puede esperar en el Perú? A pesar que no hay estudios al respecto, la respuesta parece obvia. Lo más probable es que no se reduzcan los costos debido a que producimos mayoritariamente en pequeñas parcelas, con producción diversificada, con diversos grados de tecnología y con presencia de muchas plagas y enfermedades para las cuales no son resistentes los transgénicos estudiados en otras latitudes con condiciones distintas a las de nuestro país. Lo único seguro es que sí subirán los costos de producción por el uso de semillas transgénicas. 11 : Servicio de Investigaciones Económicas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos/USDA- ERS, Data Sets; "Commodity Costs and Returns-Data"; January, 2011. 12 : MINAGRI, Argentina. Sistema Integrado de Información Agropecuaria-Data; "Costos y Márgenes en Región Pampeana"; Enero, 2011 15.00 20.00 25.00 30.00 35.00 40.00 45.00 50.00 55.00 60.00 1990 1995 2000 2005 2010 % USA:Participación de costos de Semillas y Pesticidas Maíz amarillo Algodón Soya Trigo
  16. 16. 14 costos de producción son más altos que los de Estados Unidos o Argentina; al igual que los costos de procesamiento y la logística de distribución. Cabe finalmente señalar que las semillas patentadas son provistas por pocas transnacionales que, por su posición oligopólica, manejan y manejarán los precios de acuerdo a sus propios intereses. En mercados abiertos no hay garantía de que ello no suceda. Los pequeños agricultores no podrán recolectar sus propias semillas, generándoles una gran dependencia y convirtiéndolos en muy vulnerables frente al incremento de los precios de esos productos según la voluntad de las poquísimas empresas que son dueñas de las patentes y se dedican a este negocio. Si, además, se asocia una semilla transgénica estéril con un determinado herbicida para el control de las malezas o con determinados pesticidas para controlar insectos, se manifestarían dos situaciones. Una es que, poco a poco, iría incrementándose la resistencia de plantas e insectos y cada vez se requeriría más pesticidas y se afectaría a los insectos benéficos. La segunda se refiere a que cada vez las transnacionales avanzarían en su oferta tecnológica hacia la “venta” de paquetes tecnológicos completos (semillas, herbicidas, insecticidas, fungicidas) para que puedan “garantizar” que sus transgénicos alcancen los rendimientos que ellos predican. De esta forma, la reducción de costos por el supuesto menor uso de pesticidas se transforma en un mito porque se incrementa la dependencia tecnológica y los cotos que ello significa. 5.0 TRANSGÉNICOS Y SEGURIDAD ALIMENTARIA Cuando se habla de seguridad alimentaria, la idea se centra en dos aspectos: (1) producir más para satisfacer las necesidades crecientes de la población nacional y (2) reducir la vulnerabilidad frente a las importaciones de alimentos, proponiendo el uso de transgénicos para la sustitución de esas importaciones. No se discute que los cultivos transgénicos sean una solución en otras partes del mundo; y, efectivamente así lo es. Lo que debemos discutir es su aporte real a la solución de la situación alimentaria en el Perú sustituyendo las variedades “convencionales” y nativas. Para sustentar la siembra de transgénicos en el Perú, se menciona que muchos otros países ya lo hacen y que se están preparando para lo que será la “hambruna mundial dentro de 50 años”. Se preguntan ¿por qué nosotros no nos preparamos para no sufrir esa hambruna? Se aduce que en el 2050, en Perú seremos 45 millones de personas y ¿cómo nos alimentaremos si no aseguramos nuestro abastecimiento interno? Al escuchar esto, cualquier desinformado pensará que ya se avizora la apocalipsis. Nada más sesgado y pernicioso que esta aseveración. Claro que en el mundo de hoy, según FAO, más de 950 millones de personas sufren hambre en el mundo y según el Banco Mundial, para satisfacer la demanda proyectada al año 2030 debemos incrementar la producción mundial de cereales en 50% y la de carnes en 85%. También la FAO (13 13 : FAO, Departamento de Agricultura y Protección del Consumidor; “Invertir en Seguridad Alimentaria”. Roma, marzo de 2010. ) pronostica que para el 2050 seremos más de 9 000 millones de personas en el mundo y que necesitaremos incrementar en 70% la producción mundial. “Sólo un 10% de ese incremento será el resultado de la
  17. 17. 15 disponibilidad de nuevas tierras y el 90% restante deberá obtenerse mediante la intensificación de la producción actual”. Cada año la población mundial aumenta, el cambio climático amenaza con reducir la disponibilidad de agua y consecuentemente afectar la producción agrícola, aumenta la competencia en los cultivos para producir biocombustibles, afectando la disponibilidad de alimentos; lo que aunado al mayor consumo en los países emergentes determina que las proyecciones sean preocupantes. Pero la FAO, más de una vez también ha indicado que el problema actual no es la producción de alimentos sino la mala distribución de esa producción mundial (injusta distribución). En Perú la situación no es menos preocupante. La población crece, la capacidad adquisitiva mejora y aumenta la demanda, las importaciones suben y se incrementa la dependencia alimentaria, en tanto que la producción interna se mantiene con bajos rendimientos. Pero, además, un nuevo factor comienza a mostrarse en el escenario; se trata de la producción de biocombustibles, cuya legislación de promoción comenzará a aplicarse a mediados del presente año (14 Los productos agrícolas de mayor consumo en la dieta familiar de los peruanos son: trigo (como pan, fideos y otros derivados), arroz, papa, maíz amiláceo, yuca, camote, menestras diversas, trigo en grano, cebada, con diferencias entre los pobladores de las tres regiones naturales. Por otro lado, los productos del agro que más importamos son: trigo, maíz amarillo, aceite de soya, algodón, azúcar y eventualmente arroz; a los que se suma torta de soya. El trigo, aceite de soya, azúcar y arroz son para consumo humano directo. El maíz amarillo y la torta de soya para la industria avícola (alimentación de pollos) y ganado (torta de soya). El algodón es para la industria textil. De los productos alimenticios que más ). Si no aplicamos adecuadas políticas de desarrollo y no planificamos bien, será inexorable la competencia de los biocombustibles con la producción de alimentos (por ejemplo, caña de azúcar para etanol y palma aceitera para biodiesel, que competirán en agua y tierra con la producción de alimentos), aumentando nuestra vulnerabilidad debido a la alta dependencia alimentaria. Este es un tema que no debemos dejar de lado. También es cierto que en el Perú rural de hoy seis de cada diez compatriotas son pobres y tres son extremadamente pobres, que padecen hambre. Igualmente, sabemos que somos muy dependientes en la importación de alimentos y que, por tanto, debemos incrementar la oferta nacional de alimentos. En eso no hay controversia. Todos somos conscientes de eso y todos sabemos que debemos producir más. La cuestión está en cómo lo logramos. Producir más incrementando rendimientos ya lo discutimos en páginas anteriores y de ninguna manera eso justifica la siembra de cultivos transgénicos en el país. Podemos hacerlo con las variedades actuales no transgénicas, que tienen un amplio potencial productivo y que, además, podemos mejorarlas. Pero, ¿es cierto que es indispensable sembrar cultivos transgénicos para lograr nuestra Seguridad Alimentaria en el futuro? Mi opinión es que los argumentos esgrimidos por los defensores de los transgénicos en el país resultan en una falacia, como se prueba a continuación. 14 : La Ley 28054 de Promoción del Mercado de Biocombustibles en el Perú entrará en vigencia a partir de julio del 2011. Obliga al uso del 5% de etanol en los combustibles con la finalidad de reducir la contaminación.
  18. 18. 16 importamos, el trigo no es transgénico, pero gran parte del maíz y casi todo el aceite de soya sí lo son. Somos muy dependientes en la importación de alimentos. El 90% del consumo nacional de trigo proviene del extranjero, así como 90% del aceite de soya y el 60% maíz amarillo duro (los dos últimos de origen transgénico). Esto nos convierte en un país muy vulnerable a cualquier cambio en la oferta mundial y en los precios de alimentos; pudiendo ser más afectadas las poblaciones pobres que gastan en alimentos cerca del 60% de sus ingresos. Esto es posible; pero ¿Necesitamos los transgénicos o podemos resolver el problema con los cultivos convencionales? Ahondemos más en este tema. En muchos documentos que he publicado en la última década he venido alertando y exigiendo a los gobiernos de turno la adopción de políticas claras y continuadas para incrementar la producción nacional y reducir la creciente y alta dependencia alimentaria. Poco hemos avanzado al respecto y hoy se ve con mayor preocupación esa dependencia. Para entender mejor nuestra dependencia veamos lo que ocurrió el 2010. En seis productos principales importamos poco más de US$ 1 500 millones (cerca del 50% del total importado de productos del agro). Utilizando las equivalencias en términos de superficie sembrada (con rendimientos promedio nacionales), la importación de estos productos significó 2,74 millones de hectáreas. Los principales proveedores de trigo son Estados Unidos, Canadá y Argentina. El maíz amarillo proviene de Argentina y Estados Unidos. La soya viene de Argentina, Bolivia y Brasil. Si queremos sustituir estos productos con producción nacional, entonces tendríamos que producir más. Si se mantienen los rendimientos actuales, tendríamos que sembrar el equivalente a la misma cantidad de hectáreas que importamos. Si duplicamos los rendimientos promedio nacionales de los cultivos que importamos, tendríamos que sembrar 1,37 millones de hectáreas adicionales con esos cultivos. ¿Tenemos tierras para esto? La respuesta es categórica: No. Por ello, es necesario establecer ciertas prioridades respecto a los productos que importamos y las posibilidades reales de sustituirlos. Podemos autoabastecernos sin problemas de arroz, algodón y azúcar; con poco más de 100 mil hectáreas adicionales en conjunto para los tres cultivos. No es posible autoabastecernos de trigo y aceite de soya (requeriríamos más de 2,18 millones de hectáreas entre ambos); pero sí es posible sustituir toda o gran parte de la importación de maíz amarillo. El trigo actualmente no es Producto Valor Millones US$-CIF Volumen (t) Rendimiento Equivalente (t/ha) Superficie Equivalente (ha) Trigo 429.36 1 687 194 1.43 1179 856 Maiz Amarillo Duro 434.07 1 904 298 4.23 450 189 Arroz 61.78 94 662 5.17 18 310 Algodón fibra (*) 130.69 66 536 0.89 74 760 Azúcar de caña 124.70 196 204 14.51 13 522 Soya-aceite (**) 324.56 351 157 0.35 1003 306 TOTAL 1505.16 2 739 943 (*): Rendimiento equivalente en algodón desmotado (fibra) (**): Rendimiento equivalente en aceite/ha EQUIVALENCIA EN SUPERFICIE DE PRODUCTOS AGRICOLAS IMPORTADOS AÑO 2010
  19. 19. 17 transgénico y podríamos sustituir sólo entre el 10 y 15% con la producción de variedades “convencionales” que han dado buenos resultados en el sur del país. En el caso del aceite de soya, también de origen transgénico, es inviable sustituir el equivalente a poco más de 1,0 millón de hectáreas que actualmente importamos (aunque podemos fomentar sustituirla con palma aceitera y sacha inchi). Pensar en sustituir todo el trigo y toda la soya importada es una utopía. Sencillamente no hay tierras; además de ser más complicado competir con Estados Unidos, Argentina, Bolivia o Brasil, que son grandes productores mundiales. Ahora bien, si aún podemos incrementar sustancialmente los rendimientos con las variedades actuales y no tenemos tierras suficientes ¿es propicio reducir la vulnerabilidad en la Seguridad Alimentaria sustituyendo importaciones con la producción interna de transgénicos? Eso es lo que tenemos que respondernos sin pasiones ni prejuicios. Cuando el Ministro de Agricultura justificó el ingreso de semilla transgénica de maíz amarillo duro indicando que se sembraría en la costa cometió un craso error de enfoque. En la costa disponemos de aproximadamente 800 mil hectáreas aptas para cultivos, todas actualmente en uso. La región costeña tiene una gran diversificación de cultivos, y gran parte de las áreas se están orientando a la agroexportación. Cualquier superficie adicional que se dedique a maíz va contra la superficie dedicada a otros cultivos. La producción principal del departamento de Piura es de arroz, algodón, maíz y frutales (plátano, mango, limón principalmente). En Lambayeque es de arroz, maíz y caña de azúcar. La Libertad tiene caña de azúcar, maíz y cultivos de exportación. Lima produce principalmente maíz, tuberosas, frutas y hortalizas. Como se ve, la producción es diversificada. De las 295 mil hectáreas de maíz amarillo que se sembraron a nivel nacional en el 2010, en los departamentos costeños se sembró un total de 100 mil hectáreas. ¿Cuánto más podemos sembrar en esta región y con qué rendimientos? Hemos visto que el rendimiento promedio nacional de maíz amarillo es de 4 240 kg/ha; pero en la costa central y norte el rendimiento promedio de las variedades “convencionales” es de 7 000 kg/ha, con producciones mayores en Lima y La Libertad (8 700 y 8 300 kg/ha, respectivamente). Si aceptamos sembrar transgénicos en la costa, el máximo rendimiento promedio que podríamos lograr sería del orden de 9 000 kg/ha, y estaríamos en los niveles promedio de Estados Unidos o Argentina. En este caso, la máxima sustitución que podríamos lograr con las siembras en la costa sería de 200 mil toneladas de maíz, que equivalen escasamente a poco más del 10% del volumen importado en el año 2010. Caso contrario si quisiéramos sustituir las 1,9 millones de toneladas importadas ese año, tendríamos que sembrar con transgénicos, adicionalmente alrededor de 200 mil hectáreas en la costa (más las 100 mil que sembramos actualmente). Es decir, tendríamos que sembrar con maíz cerca del 38% de la tierra disponible en la región costeña actualmente utilizada con diversos cultivos; los cuales serían eliminados o desplazados a otras zonas productoras; manifestándose así otros problemas, que también deberemos resolver. Asumiendo que podemos lograr altos rendimientos con el maíz transgénico, en la costa este cultivo es indiscutiblemente menos rentable que los cultivos de agroexportación, y también menos rentable que la mayoría de frutas y hortalizas que se producen para el mercado interno. Existen innumerables estudios que prueban esta aseveración; al igual que los estudios publicados en el portal del MINAG. Igualmente, con adecuada tecnología es
  20. 20. 18 menos competitivo que el algodón Pima para abastecer la creciente demanda de nuestra industria textil, que se ha convertido en maquiladora de fibra importada, y que por este motivo, es y será afectada con el incremento de precios en el mercado mundial de esta fibra. Por ello, la opción de sembrar maíz transgénico en la costa con el propósito de sustituir importaciones es inviable y desbarata la “justificación” de que sembrando maíz transgénico en la costa del Perú podríamos sustituir todas las importaciones de maíz. Este es otro mito que se desmorona. Adicionalmente, ni aún incorporando todas las tierras disponibles en los proyectos hidráulicos de la costa central y norte podríamos sembrar todo lo que se requiere de maíz amarillo. Esto significa que, necesariamente, deberíamos pensar en las otras regiones del país; en cuyo caso la situación es más complicada para el uso de maíz transgénico por cuanto la producción es muy fraccionada, más diversificada y está más dedicada a productos nativos. Como se aprecia, en cualquier caso, es iluso pensar que esto sea posible. Por ello, si actuamos con los maíces disponibles en el país, no transgénicos, podríamos pensar en incrementar los rendimientos en todo el país y no sólo limitarnos a la costa. Por ejemplo, si duplicamos el rendimiento promedio nacional del maíz híbrido convencional (a 8 500 kg/ha) en las 295 mil hectáreas actualmente sembradas podríamos sustituir el 65% del volumen que importamos; y necesitaríamos sembrar una 80 mil hectáreas adicionales de este cultivo en todo el país para sustituir el resto de lo que importamos; lo cual sí es viable. Por tanto, un gran salto en pro de la Seguridad Alimentaria puede lograrse con la producción de las variedades “convencionales” en la medida que incrementemos sus rendimientos. Obviamente, si no apoyamos el incremento de la productividad en el agro, con atención prioritaria a los pequeños productores, tendríamos que resignarnos a seguir importando la parte que no podemos producir internamente. Hay mucha investigación y muchas otras formas de biotecnología que podemos utilizar sin todavía recurrir a sembrar transgénicos; lo que nos da tiempo para discutir y consensuar sobre lo que es mejor para el país, sin apasionamientos ni radicalismos, pero sí pensando en el futuro de nuestro país, que es el futuro que queremos para nuestros hijos y nietos. ¿Podemos Competir con los Grandes Productores de Transgénicos? En el marco de la apocalíptica “hambruna mundial”, si decidiéramos y pudiéramos sustituir todas las importaciones de maíz amarillo y soya, sembrando cultivos transgénicos ¿Podemos competir en costos con los países productores de esos productos? Esa es otra gran pregunta que debemos responder; respuesta que es más necesaria si, como dicen algunos eufóricos defensores de los transgénicos, podríamos tener saldos para exportar aprovechando los altos precios de los alimentos básicos.
  21. 21. 19 Según el último informe del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas - ISAAA (por sus siglas en inglés) (15 Los tres principales países productores sembraron el 78% de la superficie mundial dedicada a transgénicos; con inmensas extensiones de monocultivos. En Estados Unidos, en el 2010 se sembró 35,6 millones de hectáreas de todos los tipos de maíz amarillo duro, de las cuales 30,6 millones fueron del tipo transgénico; es decir el 86%. En soya, se sembró cerca de 32,0 millones de hectáreas de las cuales el 98% fue de tipo transgénico. El total de soya convencional y transgénica en Brasil sembrada en el 2010 fue de 23,6 millones de hectáreas; 75% de la cual es transgénica con tendencia a que pronto todas las siembras sean de tipo transgénico. El caso de las siembras de maíz amarillo transgénico, también es un mono cultivo en muy grandes extensiones. Brasil sembró 7,3 millones de hectáreas de cultivos transgénicos en 2010 sobre un total de 12,9 millones de hectáreas (convencionales y transgénicos). ), en el año 2010 se habrían sembrado 148 millones de hectáreas en el mundo con cultivos transgénicos; destacando las siembras de maíz, soya y algodón, equivalentes a cerca del 10% de la superficie mundial dedicada a la agricultura. Los cultivos GM se siembran en sólo 29 países que han aceptado este tipo de productos e involucra a 15,4 millones de agricultores; siendo China e India los países que tienen más pequeños agricultores pobres involucrados con este tipo de producción (6,5 y 6,3 millones, respectivamente). ¿Cómo es la situación en los países que son nuestros principales abastecedores de granos y aceites? Estados Unidos siembra 67 millones de hectáreas con transgénicos (maíz amarillo, soya y algodón, principalmente), Brasil tiene 25 millones, Argentina 22 millones, Paraguay 3 millones y Bolivia 1 millón de hectáreas. 15 : James, Clive; “Global Status of Comercialized Biotech/GM Crops 2010”. ISAAA-Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas”; ISAA; Ithaca, New York; Febrero 2011. Principales Países que siembran Cultivos Genéticamente Modificados (GM) Año 2010 País Millones ha Principales Cultivos Estados Unidos NA Brasil Argentina India Canadá China Paraguay Pakistán Sudáfrica Uruguay 66,8 25,4 22,9 9,4 8,8 3,5 2,6 1,4 2,2 1,1 Maíz, soya, algodón, canola, remolacha Soya, maíz, algodón Soya, maíz algodón Algodón Canola, Maíz, soya, remolacha Algodón, papaya, tomate, pimiento dulce Soya Algodón Maíz, soya, algodón Soya, maíz Fuente: ISAAA; Febrero 2011. Ob. Cit.
  22. 22. 20 En Argentina, todas las 12,5 millones de hectáreas de soya sembradas en el 2010 fueron de tipo transgénico; mientras que el 86% de las 3,5 millones de hectáreas fue de cultivos transgénico. Información sobre estos países se aprecia en el cuadro adjunto y mayores detalles se encuentran en el Anexo de este documento. Los países en desarrollo (19 de los 29 que producen cultivos GM) siembran el 48% de los productos GM y, por su gran ritmo de crecimiento, se estima que en el 2015 superarán en superficie a los países industrializados. En cuanto a las proyecciones, se estima que el arroz transgénico (resistente a insectos) ingresará al mercado en el 2015. La Unión Europea ha aprobado los GM para usos industriales y actualmente ocho países ya los utilizan. Alemania y Suecia han iniciado la producción de papa transgénica. La producción de cultivos GM en Europa es mínima (menos de 100 mil hectáreas en todo este continente el año 2010). Cultivos Cultivo Superficie Total (Millón ha) Con OGM (Millón ha) % OGM Maíz amarillo 35.60 30.60 86.00 Soya 31.92 31.20 98.00 Algodón 4.30 3.90 93.00 Canola s.i 0.62 88.00 Remolacha s.i 0.47 95.00 TOTAL s.i 66.79 Soya 23.60 17.80 75.00 Maíz amarillo 12.90 7.30 57.00 Algodón 0.97 0.25 26.00 TOTAL 37.47 25.35 Soya 19.50 19.50 100.00 Maíz amarillo 3.50 3.00 86.00 Algodón 0.43 0.40 94.00 TOTAL 23.43 22.90 Canola 7.20 6.70 94.00 Maíz amarillo 1.44 1.30 90.00 Soya 0.85 0.80 94.00 TOTAL 9.49 8.80 Nota: Superficie Total incluye variedades OGM y convencionales OGM = Organismos Genéticamente Modificados Fuente: James, Clive; ISAAA-International Service for the Acquisition of Agro-biotech Applications, "Brief 42: Global Status of Commercialized Biotech/GM Groups - 2010". Ithaca, N.Y., Febrero 2011 Elaboración Propia Superficie Cultivada de Principales Cultivos en Países Proveedores (2010) Estados Unidos NA Brasil Argentina Canadá
  23. 23. 21 Como hemos indicado antes, Perú es un gran importador de maíz, trigo y soya; siendo nuestros principales proveedores Estados Unidos, Argentina, Canadá, Paraguay y Bolivia. Ellos tienen grandes extensiones de monocultivos, gran parte producida en condiciones de secano (no como en Perú que gran parte es bajo riego), y han desarrollado la infraestructura necesaria para la cosecha, procesamiento, distribución física internacional y una cadena logística que nosotros no la tenemos ni la podemos tener con pequeñas extensiones de cultivos. En efecto, Perú siembra con todos los cultivos alrededor de 3,1 a 3.2 millones de hectáreas/año, con producción muy diversificada y fraccionada en pequeñas propiedades ¿Podemos competir con las grandes magnitudes que producen los países antes mencionados? El cultivo que más se siembra en el país (arroz), en el mejor de los casos llega a 400 mil hectáreas en todo el territorio nacional, con poco más del 45% del área (60% de la producción) en la costa y el resto en la selva y sierra; mientras que en Bolivia sólo en soya se siembra 1,0 millón de hectáreas, todos ellos de tipo transgénico y concentradas en muy pocas zonas de producción. No tenemos grandes pampas ni grandes extensiones para establecer monocultivos, como en Estados Unidos, Brasil o Argentina. Esos países tienen producción concentrada que les permite ventajas en la mecanización para la siembra, cosecha, control sanitario y la logística de distribución para los mercados externos, incurriendo en bajos costos unitarios de exportación. En cambio, nuestra producción se obtiene en pequeñas propiedades. El 91% de las propiedades agrícolas tiene menos de 10 hectáreas y en conjunto todas estas propiedades conducen el 61% de la superficie apta para la agricultura en el país. Es claro pues que no podemos competir con los millones de hectáreas que se siembran con transgénicos en otros países ni con sus bajos costos unitarios de producción y distribución. De otra parte, la puesta en funcionamiento de la Carretera Interoceánica del Sur hará más ventajosa la salida de la producción boliviana y brasileña hacia nuestra costa y de ahí hacia cualquier parte de la Cuenca del Pacífico; con lo que se reducen tremendamente nuestras posibilidades de competencia frente a ellos. Entonces, si no podemos competir con nuestros vecinos productores de transgénicos ¿cuál es el negocio para los agricultores? ¿o es que nos impulsan otras consideraciones? Por tanto, no perdamos tiempo en esto y veamos otras opciones y problemas de más urgente solución, aprovechando nuestras ventajas naturales. Nuestras ventajas y capacidades son otras. Tenemos una gran diversidad biológica, nuestra producción es muy diversificada (aunque 10 cultivos cubren el 70% de la superficie cultivada). El 65% de la producción nacional es cubierta con variedades nativas, que han sido desarrolladas y preservadas por las comunidades y los pequeños agricultores. Es decir, la alimentación de los peruanos depende en mayor medida de los recursos genéticos nativos y no de las variedades introducidas. Tenemos ventajas para producir y exportar una amplia gama de productos del agro, distintos a granos básicos, como se viene haciendo en el presente y que son alternativas rentables para nuestros agricultores y exportadores. Ese es nuestro potencial y para ello tenemos ventajas de competencia, como lo demuestra el boom exportador, que a todos no alegra. No nos engañemos.
  24. 24. 22 6.0 TRANSGÉNICOS Y BIODIVERSIDAD La Grandeza de Nuestra Biodiversidad Perú es un país mega diverso. Es el cuarto país en el mundo con mayor diversidad biológica. El clima y la biodiversidad son ventajas inigualables que nos permiten producir todo tipo de productos agropecuarios y poder asegurar el abastecimiento al mercado interno y externo durante todo el año. Perú tiene 84 de las 104 zonas de vida reconocidas en el mundo; lo que determina una amplia biodiversidad y vocación para la agricultura (en el país se estima que existen 25 000 especies de plantas). La costa es un invernadero natural, mientras que en la sierra y selva hay productos nativos y exóticos, plantas medicinales, plantas ornamentales y otras para los que se avizora un gran porvenir en el mercado internacional y que nos permite constituirnos en una buena despensa de alimentos para el mundo. Nuestra biodiversidad es un gran privilegio frente a los mercados internacionales, que no debemos desaprovechar. Este privilegio nos ha sido dado y debemos dar gracias a Dios o a la madre naturaleza por ello. Aprovechémoslo y preservémoslo ¿Por qué no nos vemos como la despensa del mundo en material genético? ¿Por qué no utilizamos la biotecnología para poner en valor los genes disponibles en el país? Creo que eso es nuestro principal desafío. Tenemos que afrontar el reto para que las ventajas comparativas que nos da la biodiversidad se traduzcan en ventajas competitivas; es decir, ventajas que nos permitan vender nuestros productos en los mercados para beneficio de los productores y del país en su conjunto. Esto lo hemos logrado en el mercado externo con espárrago, café verde y mango, y lo estamos logrando con alcachofa, uva, palta, pimiento piquillo, páprika, uña de gato, maca y diversos productos orgánicos. También lo podemos lograr con cacao, cítricos, chirimoya, lúcuma, aguaymanto y productos nativos y exóticos. En la última década venimos promoviendo la exportación de productos orgánicos, cuyo crecimiento ha sido exponencial. ¿Queremos continuar en esta senda? Si es así, entonces ¿cuál es la premura en facilitar el ingreso de semillas transgénicas? Es cierto que en la actualidad los productos orgánicos con mayor exportación no son alimentos básicos claves en la dieta familiar. Pero económicamente han tomado mucho auge y ya pasan de US$ 250 millones las exportaciones de productos certificados como orgánicos. Destacan el café, cacao, banano orgánico, mango, palta, y en menor magnitud quinua y kiwicha. Si logramos que todo el café fuese orgánico, en estos momentos estaríamos hablando de 1 000 millones de dólares anuales de exportación (en el 2010 se exportó diversos tipos de café por un valor de US$ 888 millones). Por ello, deberíamos utilizar la biotecnología para proteger y aprovechar esta biodiversidad y no para afectarla. La discusión actual no es contra la biotecnología sino sólo con una parte de ella que es la transgénesis. ¿Por qué no pensamos en ser un “Banco de Germoplasma” para el mundo con nuestras plantas naturales? Tenemos plantas medicinales, plantas nativas con gran contenido nutricional y diversas plantas exóticas que podemos vender al mundo, además de los productos que ya se colocan en los mercados internos y externos. Pensemos en desarrollar nuevos productos, colocarlos en los mercados externos y posicionarnos en ellos. En los países desarrollados hay gente con altos ingresos
  25. 25. 23 que están dispuestos a pagar buenos precios por los productos naturales, sanos e inocuos que producimos. Pensemos en esos mercados y atrevámonos a conquistarlos. Para ello se requiere tomar una decisión política de largo plazo con visión integral e inclusiva. Definamos con claridad ¿Qué país queremos para el futuro? ¿Hay Riesgo de Afectación de la Biodiversidad? Mucho se ha escrito y se ha discutido sobre el impacto de los transgénicos en la biodiversidad. Hay opiniones a favor y en contra. ¿Lo investigado en otras latitudes es aplicable a nuestra realidad? También sobre esto no se llega a acuerdos. La agricultura peruana y nuestra diversidad biológica tienen características muy particulares. Estamos entre los países con mayor diversidad biológica en el mundo. Producimos en pequeñas propiedades y pequeños ecosistemas, nuestra estructura de producción es muy diversificada (no es de monocultivos) y es conducida con baja tecnología, lo que se suma al poco cuidado en el campo respecto a la aplicación de medidas precautorias y a la debilidad institucional sobre esta materia (para hacer monitoreo y control). Esto deriva en un claro riesgo de flujo de genes hacia las especies nativas; por lo que resulta poco útil o inútil cualquier medida precautoria que se establezca. Por ello, es muy difícil que los cultivos transgénicos puedan coexistir con la producción convencional sin riesgo de contaminación, y más aún con la producción orgánica en la mayor parte del territorio nacional. Siendo la agricultura muy diversificada, los cultivos no están separados unos de otros a grandes distancias; de ahí que es previsible que con la introducción de cultivos transgénicos existan mayores riesgos de afectación de las variedades convencionales y nativas. No tenemos la seguridad de que eso no sea así; aunque los que están a favor de los transgénicos citan estudios o investigaciones que sostienen lo contrario; pero en nuestras condiciones puede darse un flujo indeseado de genes. Un maíz transgénico puede contaminar a un maíz amiláceo (como el maíz blanco) o al maíz morado; aunque los defensores de los transgénicos dicen que esto no ha sucedido entre los maíces híbridos actuales con los maíces nativos. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, “el maíz tiene riesgo medio a alto para transferencia de genes hacia otras plantas de la misma especie” (16 ). Esto se ha encontrado, con evidencias suficientes, en Brasil, México y España. Algunos reportes indican que en Brasil se ha perdido la base genética que caracterizaba a ese país. También hay preocupación en México sobre este tema (17 16 : ONG Grupo Semillas; Ob. Cit. 17 : Oliver de Shutter, Relator Especial de Naciones Unidas, sugirió al Gobierno mexicano, en junio de este año (2011), que establezca una moratoria al uso de transgénicos y que promueva el uso de semillas de maíz originario del país. Notimex, 20 junio 2011. ). Lo mismo podría ocurrir con una papa nativa, que puede contaminarse con una papa transgénica. El efecto sería más perjudicial si ese maíz amiláceo o esa papa nativa se orientan a la exportación como producto orgánico.
  26. 26. 24 En la actualidad, en las diferentes regiones del país, coexisten las siembras de variedades de maíz amarillo híbrido convencional con las de maíz amiláceo en pequeñas parcelas. En el año 2010 sembramos 295 mil hectáreas de maíz amarillo y 210 mil de maíz amiláceo. El primero es para la avicultura y los otros son para consumo humano directo, principalmente como choclo. Gran parte se produce en los mismos departamentos, por lo que no tenemos grandes extensiones ni grandes distancias como para que los cultivos estén “libres de posibilidades de contaminación”. En ocho departamentos se siembra el 58,5% del maíz amiláceo y 52,7 del maíz amarillo, como se parecía en el cuadro adjunto. Sembramos maíz amarillo junto a maíz blanco o amiláceo sin ningún problema. Algo similar sucede con los otros principales cultivos nacionales. Todos se cultivan en varios departamentos; lo que comprueba que nuestra producción es diversificada; de ahí que la introducción de transgénicos puede implicar riesgos sobre las variedades nativas y la biodiversidad en general. De otra parte, ya vimos que si queremos sustituir la importación de maíz tendríamos que sembrar el 38% de las tierras de la costa. Ni qué hablar de la soya, para la cual tendríamos que sembrar toda la costa peruana; salvo que quisiéramos deforestar millones de hectáreas en la selva, como sucedió hace mucho tiempo en Brasil. En el país, sembramos en pequeñas propiedades y con gran diversificación dentro de ellas y dentro de valles (el valle más grande tiene menos de 150 000 hectáreas aptas para cultivos y todos los valles tienen producción diversa). ¿Quién puede asegurar que no habrá polinización cruzada? Por tanto, en nuestras condiciones de producción, el riesgo de contaminación es alto y, por ese motivo, los transgénicos resultan un riesgo para la agricultura convencional y orgánica. En este escenario, tal como se explicó en páginas anteriores, para incrementar la producción lo más conveniente es incrementar los rendimientos de los dos tipos de maíces (amarillo duro y amiláceo) existentes en el país en vez de pensar en introducir semillas de transgénicos. En este caso, además de lo señalado antes para el maíz amarillo, el INIA/MINAG está mejorando la productividad de los maíces amiláceos y ha puesto en uso la variedad INIA-614 PACCHO que es una raza del maíz nativo Chulpi, con gran potencial productivo y adaptado a las diversas condiciones del país. Los defensores de la siembra de transgénicos mencionan que Brasil es un país mega diverso y que utilizan en su agricultura cultivos transgénicos, “sin evidencias” de afectación de su biodiversidad. Claro que es mega diverso, pero las inmensas extensiones Departamento Maíz amiláceo Maíz amarillo Piura 14 600 19 700 Lambayeque 3 300 20 100 La Libertad 14 500 31 000 Ancash 10 100 15 800 Lima 1 100 30 700 Cajamarca 41 800 23 100 Huánuco 14 100 10 500 Cusco 23 300 4 600 Subtotal 122 800 155 500 TOTAL Nacional 210 000 295 000 % del Total 58.48 52.71 Fuente: MINAG-Estadísticas Agrícolas 2010 Perú: Siembra de Maíz amarillo duro y Maíz amiláceo (ha) Principales departamentos productores (2010)
  27. 27. 25 sembradas con soya y granos básicos se sustentan en grandes pampas y zonas deforestadas. En Brasil, el principal cultivo transgénico es la soya, que junto con Estados Unidos son los dos primeros productores del mundo. En Brasil, la soya se siembra como monocultivo en grandes extensiones y dedicadas exclusivamente a este cultivo. Inicialmente, hace más de 30 ó 40 años, la soya sustituyó al trigo en Río Grande do Sul, en donde había grandes extensiones trigueras. Posteriormente a inicios de la década pasada se introduce ilegalmente la soya transgénica que ya se sembraba en las fronteras con Argentina y Uruguay; y recién el 2006 se autoriza oficialmente la siembra de transgénicos. Hoy se utilizan también grandes zonas deforestadas y cada vez se deforesta más, avanzando como un cáncer que devora esa selva tropical. A pesar que existe el compromiso del Gobierno Brasileño con industriales y exportadores para no comercializar soya que provenga de zonas deforestadas (18 En el año 2010, en Brasil se cultivó un total de 17,8 millones de hectáreas con soya transgénica, 75% de las cuales se ubican en cuatro estados (Mato Grosso, Paraná, Río Grande do Sul y Goiás), de los 26 estados (más el Distrito Federal) que integran la República Federal de Brasil. Mato Grosso y Paraná tienen más de 4 millones de hectáreas de soya; en tanto que Río Grande do Sul siembra alrededor de 3,4 millones de hectáreas y Goiás una superficie de 1,7 millones de hectáreas ( ) y a pesar del monitoreo satelital y de diversas medidas de control, la informalidad y la extracción ilegal de madera vienen ganado terreno en la Amazonía, continuando con la deforestación y esto afecta irremediablemente la biodiversidad. Por eso, no se puede utilizar alegremente el caso brasileño para justificar la siembra de transgénicos en nuestro país; tampoco se debe comparar algo que existe en grandes dimensiones con algo que no existe ni es posible que se de igual en el Perú. 19 Es cierto que, como lo señalan organismos especializados, cuando se toman medidas dentro de un marco adecuado de bioseguridad, los cultivos y crianzas de origen transgénico ). Estas son grandes extensiones. Sólo en el Estado de Río Grande do Sul se siembra con soya más de todo lo que se siembra en el Perú con todos los cultivos. Igual sucede en Estados Unidos o Argentina, que siembran transgénicos como monocultivos en miles y miles de hectáreas. A pesar de las grandes extensiones, existen reportes que indican que, en Brasil, los transgénicos han contaminado los maíces nativos y se ha perdido la base genética que caracterizaba a ese país. Es claro pues que no podemos comparar las grandes extensiones sembradas en Estados Unidos, Brasil o Argentina y pensar que la experiencia de esos países puede repetirse en nuestro país, en donde se produce en pequeñas parcelas. Nosotros no tenemos esas grandes extensiones, no tenemos monocultivos y producimos en pequeñas parcelas, con producción muy diversificada. Es obvio que cuando se siembran inmensas extensiones de un solo cultivo, no hay riesgo de contaminar a otro cultivo similar, sencillamente porque no hay otro cultivo en cientos de kilómetros a la redonda. Así de simple. Por ello, las situaciones de Estados Unidos, Brasil o Argentina, son incomparables con nuestra realidad y no son argumentos ni sustentos esas realidades para justificar el cultivo de transgénicos en nuestro país. 18 : El Ministerio del Ambiente, la Asociación Brasileña de Industrias de Aceites Vegetales y la Asociación Nacional de Exportadores de Cereales, de Brasil, acordaron una moratoria hasta 2011 para no comercializar soya proveniente de zonas deforestadas; moratoria que viene desde el 2006. 19 : James, Clive; ISAA, 2011. Ob. Cit.
  28. 28. 26 no comprometerían la diversidad biológica. Sobre esto hay información que exponen los defensores de los transgénicos pero que corresponde a realidades muy distintas a la de Perú. En nuestro país, con agricultura diversificada, con predominio de pequeñas propiedades, con agricultores pobres sin capacidad para tomar medidas precautorias, con instituciones públicas débiles (o inexistentes o sin el equipamiento debido), la biodiversidad es muy vulnerable. Esto es más marcado en la agricultura minifundista que, por cierto, ha permitido mantener por siglos los productos nativos, que hoy pueden utilizarse para satisfacer las necesidades del mundo. Paradójicamente, esta agricultura es la más pobre y la más vulnerable. Por tanto, esta es la agricultura a la cual debemos dar atención prioritaria con la acción gubernamental; pero la solución no pasa por introducirles cultivos transgénicos. Es un mito asegurar que los transgénicos sacarán de la pobreza a los pequeños agricultores. Por ello, la FAO (20 20 : FAO; “Agricultura Mundial: Hacia los Años 2015/2030”. Departamento Económico y Social. Roma, 2002 ) señala que “la revolución genética tiene un gran potencial pero no es la panacea para los pobres”. Hoy sólo 29 países producen transgénicos, mayormente maíz amarillo, soya, algodón, canola, y ya se habla de papa, papaya, arroz, tomate. Mañana se hablará de muchos otros cultivos y todas las posibilidades que se pueda imaginar. Por eso, es altamente riesgoso (pensando en el futuro), abrir las puertas a todos los productos agrícolas, pecuarios, forestales y sus derivados de tipo transgénico. No se está hablando de uno o dos productos. Se está hablando de todas las posibilidades de producción en el país. Es decir, se está hablando de toda nuestra biodiversidad y su aprovechamiento por las transnacionales productoras de transgénicos. Eso es lo preocupante. Por otra parte, se argumenta que en la agricultura convencional el uso de pesticidas es muy alto y contamina suelos y ríos. Se dice, que todo ello podría reducirse con el uso de transgénicos resistentes a plagas. Esto es parcialmente cierto para algunas plagas o enfermedades, pero no para todas ni en el caso de las pequeñas parcelas, cuya acción es limitada por su escasa capacidad económica. También es posible (y no hay evidencias en contra) que las malezas de gramíneas cercanas se contaminen con el gen resistente al herbicida glifosato del maíz transgénico (maíz RR) y se vuelvan más resistentes, aumentando el costo del manejo de los cultivos; con lo que se pierde la ventaja inicial del menor costo. Igual, puede suceder que aparezcan o que predominen nuevas plagas o enfermedades distintas a las controladas con la toxina del maíz Bt, para las cuales no son resistentes los cultivos tradicionales ni los mismos transgénicos (situación que ya ocurrió en China para el algodón Bt), con lo cual se incurrirá en mayores usos de pesticidas, quedando también de lado el supuesto efecto menor de contaminación. Ante tales riesgos, se debe tomar las medidas precautorias del caso. Al margen de lo antes expuesto, ¿Estamos preparados para aplicar las medidas precautorias, controlar y efectuar el seguimiento de la introducción de materiales con genes nuevos de especies emparentadas con plantas nativas? La realidad demuestra que no lo estamos. Nuestras instituciones son muy débiles con personal que es rotado con frecuencia; no disponemos de laboratorios especializados ni sistemas de redes a lo largo y ancho del país, que permitan controlar el flujo del material transgénico y disminuir los riesgos. También es real que nuestras normas no se cumplen. Ahí está el ejemplo de las normas medio ambientales; a pesar que existen no se aplican adecuadamente y aumenta la contaminación de todo tipo. Lamentablemente, esa es nuestra realidad
  29. 29. 27 Por tanto, los riesgos en la biodiversidad existen y habrá que evitarlos o minimizarlos. Sería utópico, y en cierta medida irresponsable, pensar que no los habrá. No debemos ser absolutistas. Somos un país mega diverso; somos centro de origen de muchas especies y de cultivos importantes para la alimentación de la humanidad. Por ello es nuestra responsabilidad preservar esta riqueza natural y aprovecharla en beneficio de todo el pueblo peruano, tomando las medidas precautorias que sean necesarias. En ese sentido, será importante analizar primero la política general del país respecto a sus recursos biológicos y sobre el agro que queremos para el futuro, para luego, si así concordamos, investigar, experimentar y analizar las implicancias, dentro de ese marco, caso por caso la posibilidad de sembrar cultivos transgénicos en el país. Pero no tenemos prisa. 7.0 BIOTECNOLOGÍA, PROPIEDAD INTELECTUAL Y RECURSOS GENÉTICOS No cabe duda que la biotecnología, en su acepción amplia, puede ser una buena aliada en la preservación, difusión y aprovechamiento económico de los cultivos nativos y de toda nuestra biodiversidad. Tenemos suficiente germoplasma nativo para abastecer al mundo, el cual debemos protegerlo, ponerlo en valor y aprovecharlo sin afectar la biodiversidad. A eso debe contribuir la biotecnología y eso es lo que debería enfocar y priorizar el Gobierno Peruano. Nuestros campesinos y comunidades nativas han domesticado y preservado innumerables especies nativas que hoy son apreciadas por su alto contenido nutritivo, propiedades médicas y farmacéuticas o por ser parte de nuestra gastronomía. Casos como el maíz blanco, maíz morado, Kiwicha, tarwi, camu camu, uña de gato, maca, yacón y diversas plantas medicinales, son ejemplos de materiales nativos con gran potencial para la humanidad que debemos proteger ¿Qué pasaría si éstos son “mejorados” y convertidos en OGM? Muy simple, tendríamos luego que pagar a unas pocas transnacionales por el uso de las semillas o plantas que durante milenios fueron parte de nuestra biodiversidad y herencia cultural. Por ello, el derecho de la propiedad intelectual de nuestro material genético es otro elemento clave en el debate sobre la biotecnología y, particularmente, en los OGM. El acceso no igualitario, la monopolización y la dependencia de su uso generan controversias difíciles de soslayar. Esto es más marcado en la industria de las semillas e industria farmacéutica que es controlada por un reducido número de transnacionales, a las cuales sólo les preocupa la parte mercantil y sus propias utilidades. En este contexto, es importante el reconocimiento y protección de los conocimientos ancestrales de las comunidades nativas; así como su derecho al acceso y protección de los recursos genéticos y una participación equitativa en el beneficio de su uso comercial. La aplicación de la biotecnología a los genes que podrían ser incorporados en recursos genéticos de importancia en poblaciones rurales genera la preocupación de que las comunidades pueden haber originalmente suministrado esos recursos genéticos para el desarrollo; y, una vez que son de propiedad privada, estos recursos pueden no estar disponibles para los individuos que garantizaron su conservación por siglos. De igual importancia es el tema del acceso de los investigadores a los recursos genéticos para posterior desarrollo en términos que reconozcan las contribuciones hechas por las comunidades en la conservación y utilización sostenible de esos recursos. Debemos
  30. 30. 28 defender los derechos nacionales en los temas de patentes, derechos de propiedad intelectual, inversión extranjera asociada con las doméstica en la conservación, uso y aprovechamiento de nuestra biodiversidad, y la participación en los beneficios (profit- sharing) entre las comunidades nativas y los inversionistas foráneos en el uso de los recursos biológicos que aquellas han utilizado y mejorado mediante selección natural desde tiempos inmemoriales. Los nativos han desarrollado conocimientos milenarios sobre cientos de especies que utilizan para elaborar alimentos, medicinas, abonos y muchos otros usos; conocimiento que debemos salvar, proteger y promover para beneficio de la humanidad entera. Es muy importante y urgente tomar todas las precauciones para evitar el uso y la apropiación ilegal de nuestros recursos genéticos. No olvidemos que hemos sufrido piratería en algodón nativo, maca andina, uña de gato, yacón, chirimoya y otros productos nativos. Recordemos que la maca andina fue patentada por Pure World Botanical y Biotic Research Corporation de Estados Unidos; mientras que la uña de gato fue patentada por International Plant Medicine Corporation (21 21 : Domínguez, Juan Carlos; “Los Casos más Sonados del Robo de Material Genético”. Buenos Aires, 22 de Diciembre 2009. www.eco-sitio.com.ar/node/308 ). Muchos productos nativos nuestros podrían correr la misma suerte si no los protegemos. Eso debemos recordarlo siempre y, para que eso no vuelva a suceder, debemos aplicar rigurosamente la legislación nacional e internacional para controlar la salida de material genético nativo y su aprovechamiento ilegal. En estos temas, debemos reconocer los esfuerzos, aunque aislados, que viene desplegando el Estado Peruano con el fin de registrar los recursos genéticos y los conocimientos ancestrales de nuestros pueblos para protegerlos de la biopiratería. Recientemente, a comienzos de mayo del presente año, Perú firmó el Protocolo sobre “Acceso a los Recursos Genéticos y Participación Justa y Equitativa en los Beneficios que se Deriven de su Utilización”, que fue adoptado en la Décima Reunión del Convenio sobre la Diversidad Biológica en Nagoya-Japón en octubre de 2010. Las regulaciones contenidas en este convenio pretenden garantizar que los beneficios que generan los recursos genéticos y los conocimientos ancestrales asociados a ellos, que son con frecuencia utilizados por los investigadores, reviertan a las comunidades en donde se encuentran los recursos. También este protocolo permitirá combatir la biopiratería. “La conservación y uso inteligente de nuestros recursos genéticos nativos y naturalizados deben ser parte de nuestra estrategia como país para enfrentar serios problemas globales como la seguridad alimentaria o el cambio climático”, señaló el Ministro del Ambiente, Dr. Antonio Brack Egg durante la firma del mencionado Protocolo. Cabe señalar que dicha reunión tuvo tres objetivos: (1) la adopción de un nuevo Plan Estratégico de diez años, para orientar los esfuerzos nacionales e internacionales para salvar la diversidad biológica intensificando la acción para alcanzar los objetivos del Convenio sobre la Diversidad Biológica, (2) una estrategia de movilización de recursos que proporciona el camino a seguir para aumentar sustancialmente los niveles actuales de ayuda oficial para el desarrollo en apoyo a la diversidad biológica, y (3) un nuevo protocolo internacional sobre acceso y participación en los beneficios de la utilización de los recursos genéticos del planeta. Perú es parte de este marco vinculante, cuyos acuerdos entrarán en vigor en el 2012.
  31. 31. 29 Pero falta mucho, muchísimo, por hacer; y, sobre todo, no se aprecia una nítida voluntad política de nuestros gobernantes para utilizar la biotecnología con la finalidad de investigar nuestro material genético, preservarlo, ponerlo en valor y utilizarlo en beneficio de las futuras generaciones. No olvidemos que somos centro de origen de innumerables especies. Lo antes mencionado involucra cuestiones de relevada importancia para el uso de nuestra biodiversidad a favor de los peruanos. Hoy estamos hablando de alimentos básicos que son transgénicos, pero pronto podríamos estar hablando de diversos alimentos complementarios y productos nativos y exóticos que por nuestra gastronomía y nuestras exportaciones están siendo conocidos en el mundo. Eso puede ocurrir más temprano que tarde y nuestra memoria colectiva no debe olvidar lo sucedido en el pasado. Por ello, las regulaciones deben ser claras para evitar que las transnacionales terminen apoderándose de todas las plantas y animales que nuestros antepasados domesticaron, preservaron y dejaron de libre acceso para la alimentación del mundo. Finalmente, otro aspecto que no debemos dejar de lado en los cultivos transgénicos, es el referido a la adquisición y uso de las semillas. En las siembras de las variedades actuales o “convencionales”, toda la semilla certificada se compra cada vez que un agricultor siembra su cultivo. Sin embargo, el agricultor puede utilizar una y otra vez las semillas de sus propias cosechas para nuevas siembras. El único riesgo es que las nuevas semillas vayan perdiendo pureza y “vigor híbrido” y, por ese motivo, se obtengan menores rendimientos; pero no hay limitaciones al uso de las semillas. El agricultor peruano lo sabe y es muy consciente de eso. En el caso de las semillas transgénicas el problema es la propiedad intelectual (patentes) que corresponde a los productores de semillas (las transnacionales) y, como es lógico suponer, su uso deriva en exigencias que tendrían que asumir los agricultores. Más preocupante aún es el suministro de semillas que sólo sirven para una siembra (“semillas estériles”). Esto genera una alta dependencia en la compra de semillas. 8.0 LOS TRANSGÉNICOS Y LA GASTRONOMÍA El crecimiento de las exportaciones del agro se basa en productos no tradicionales, en los que prevalecen café, hortalizas y frutas diversas, una gran parte de tipo orgánico. No exportamos maíz amarillo, ni trigo ni soya. Es decir, no exportamos alimentos básicos, sino productos alimenticios complementarios de muy alto precio en los mercados de los países desarrollados. Ya superamos los US$ 3 200 millones en el 2010 con exportaciones de productos del agro y podemos y debemos duplicarlos en el próximo quinquenio. Si bien el 65% del valor exportado se concentra en 10 productos del agro, existe un centenar de productos que se están abriendo paso y que pueden conquistar nichos importantes del mercado internacional. Esto es posible gracias a nuestra gran diversidad, que nos permite ofrecer productos con alto valor nutritivo, sanos e inocuos para la salud humana. Y eso es lo que requieren los consumidores de los países desarrollados. Paralelamente, en la última década, gracias al trabajo de reconocidos cocineros, hemos tenido un despegue espectacular de nuestra gastronomía y hoy estamos catalogados en la cima de la cocina mundial, y somos respetados internacionalmente por la calidad y variedad de nuestra comida. Estamos colocando “marcas” de restaurantes y productos que

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