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Sharia N 76

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revista cultural de la Asociación Amigos de BAdajoz

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Sharia N 76

  1. 1. LUIS DE MORALES: “CUESTIÓN DE ESTADO” En Badajoz tenemos varias líneas rojas que no debemos cruzar porque una vez traspa- sada reavivan nuestros sentimientos perdiendo racionalidad. Un ejemplo lo tenemos con Luis de Morales. Un pintor al que consideramos como nuestro, aunque no sepamos aún si nació aquí. Pasó junto con su familia gran parte de su vida, se hizo universal y puso a Badajoz en el mundo. Independientemente de que le recordemos con una calle donde nunca vivió, con una casa museo donde nunca trabajó, y con una ermita donde su Virgen del Pajarito nunca se colgó. La venta al Marqués de Moret en el s. XIX, de los tres cuadros que el pintor había realiza- do para el Hospital de la Concepción de Badajoz, marcharon a un destierro forzado al que siguieron mas tarde el tesoro de Sagrajas, las lápidas funerarias almohades y otros tantos que muestran la sangría que ha vaciado a Extremadura de hombres, capitales y patrimo- nio y siempre ante la ineficacia de nuestras autoridades. De los tres Morales del hospital, la Virgen del Pajaritos fue regalada por su propietaria a la iglesia de San Agustín de Madrid como favor por traer vivo a un hijo de la guerra civil tras perder a otro. El cuadro que enorgulleció a muchas generaciones de badajocenses dejó en la ciudad un enorme hueco artístico, religioso y sentimental que nunca podrá ser cubierto. El arraigo popular es tan grande entre su actual feligresía, que «presentan» a sus bautizados ante dicha Virgen, y su recuperación se nos antoja imposible, lo que acentúa aun mas nuestra rabia. Otro cuadro originario del Hospital, un Cristo, salió a pública subasta hace unos años y fue adquirido por un mecenas americano y entregado a la universidad de Yale en Estados Unidos. Tampoco volverá a nuestra ciudad, profundizando aun más en el destierro y la dis- persión de la obra de Morales. Ahora ha salido a la venta en una galería de Madrid, la tercera de las pinturas que «el Divino» recreó para el Hospital de la Concepción: El abrazo de San Joaquín y Santa Ana. Una sarga o tela de gran dimensión que marcará la línea roja por la cual los ciudadanos vamos a luchar para que vuelva a su casa y así mitigar el profundo daño y dolor que sufrie- ron nuestros antepasados con la venta de estos cuadros. Imploramos a las responsables de Cultura de las tres Administraciones; Secretaría de la Junta, Diputada de la Diputación y Concejala del Ayuntamiento a centrarse en adquirir esta obra. Es el momento de demostrar su compromiso político con la cultura con mayús- culas, pues la denotación de poco interés causaría un gran perjuicio a nuestra tierra. Su adquisición revalorizaría en estima el museo donde cayera, entendemos que el MUBA. Si este cuadro fue el que estuvo colgado en el Hospital de la Concepción, las excusas de si es obra de taller u original de Morales, solo podrán mitigar el precio, nunca su compra. Del mismo modo sabemos que sus actuales propietarios desean su regreso a Badajoz. Pues ya ven, pónganse los técnicos a trabajar porque hablando se entiende la gente y vayan dotando presupuesto para el próximo año, que aún están a tiempo. En caso contrario, habrán cruzado la línea roja que los badajocenses no vamos a consentir. Sabemos de primera mano los cortos presupuestos que la cultura dispone, tan recarga- dos de acciones protocolarias. Por eso pedimos encarecidamente imaginación y destreza para no dejar pasar este meteorito, cuya luz abraza muchas ciudades de nuestra región.
  2. 2. 2 Juan Pedro Recio Cuesta Doctorando en Historia Contemporánea Universidad de Extremadura Cronista Oficial de la Villa de Tornavacas A día de hoy existe un ingente y varia- do número de investigaciones científicas y rigurosas que abordan el carlismo. Pese a ello, sobre este movimiento antiliberal, contrarrevolucionario y legitimista, sigue exis- tiendo un desconoci- miento generalizado y, en no pocas ocasiones, se tiene de él una per- cepción bastante ale- jada de la realidad his- tórica. Y es que, incluso en ámbitos académicos y/o educativos, es usual considerar al carlismo como un movimiento o episodio meramente anecdótico dentro de la Historia Contempo- ránea española que se focalizó en unos espa- cios muy concretos de la geografía peninsular. En este sentido, convie- ne que maticemos esta extendida visión ya que el carlismo, que sin duda alguna constituye por sí solo otra de las “memorias históricas” de España, y ciñéndonos exclusivamente a lo sucedido en el siglo XIX, sostuvo dos guerras civiles que, incluso, trajeron consi- go amplias repercusiones internacionales (contiendas de 1833-1840 y 1872-1876), otro conflicto de menor intensidad (1846- 1849) y protagonizó numerosas insurrec- ciones que fueron abortadas. Así pues, las reclamaciones dinásticas de don Car- los María Isidro de Borbón y Borbón-Par- ma (titulado Rey de España como Carlos V), don Carlos Luis de Borbón y Bragan- za (Carlos VI) y don Carlos María de Bor- bón y Austria-Este (Carlos VII) no se tra- taron de episodios aislados o apenas sin importancia, sino que el carlismo se alzó como un reto constante para el Estado liberal que, con sus más y sus menos, se fue implantando y consolidando progre- sivamente en España durante la centuria del Ochocientos. Pero, del mismo modo, también es preciso puntualizar que el carlismo no limitó su acción a las armas — pues tampoco es extra- ño relacionarlo con un grupo de desarrapados que se movían por las montañas—, sino que, ya avanzado el siglo, tuvo representación po- lítica en Cortes y llegó a poner en marcha una red de juntas regionales y provinciales, de círcu- los tradicionalistas, de prensa y de propagan- da, que se extendió por prácticamente todos los rincones de la geo- grafía española. Dentro del carlismo bélico, a lo largo del siglo XIX hemos de tener en cuenta las tres contiendas ante- riormente citadas. En lo relativo al conjun- EL CARLISMO EN BADAJOZ Sobre este movimiento anti- liberal, contrarrevolucionario y legitimista, sigue existiendo un desconocimiento generalizado.
  3. 3. 3 to de la provincia de Badajoz, la que ma- yor incidencia tuvo fue, sin lugar a dudas, la Primera Guerra carlista (1833-1840), la cual enfrentó a los partidarios del Infante don Carlos María Isidro de Borbón y a los de la futura Reina Isabel II. Si bien la cues- tión dinástica fue su detonante principal, no debemos olvidar que en el conflicto entraron en colisión dos concepciones políticas diametralmente opuestas. La provincia pacense no se vio libre del azote de esta guerra que duró casi siete años, pues por ella se movieron un gran número de partidas carlistas tanto extre- meñas como procedentes de la vecina Castilla-La Mancha. A nivel provincial, los momentos de mayor zozobra se vivieron en la etapa que fue desde finales del año 1836 hasta principios de 1838. Y es que, el paso de la expedición capitaneada por el general carlista don Miguel Gómez Da- mas tuvo consecuencias negativas para los isabelinos y favorables para los carlistas. El tránsito de este numeroso contingente militar dio paso a 1837, año de auge de las guerrillas carlistas, en el que gran parte de la porción oriental de la provincia co- noció momentos críticos, ya que las gue- rrillas se adueñaron casi por completo de comarcas como La Serena o La Siberia, ocupando en diversas ocasiones impor- tantes núcleos de población como Don Benito o Villanueva de la Serena. Desde estos puntos, un gran número de familias comprometidas con la causa isabelina se vieron obligadas a emigrar hacia otros lugares, pues así lo atestiguan diferentes documentos, como una carta fechada en noviembre de 1837, en la cual se dice Grabado extraído de Panorama español, crónica contemporánea. Obra pintoresca con 30 láminas en acero, y 75 gra- bados en madera en cada tomo; destinada á esponer todos los acontecimientos políticos desde octubre de 1832 hasta nuestrosdías;conlosretratosdelospersonajesquehanfiguradodurantelarevolución,enunoyotropartido,ylasprincipales accionesyescaramuzasdelaguerracivildelosúltimossieteaños,Madrid,ImprentadelPanoramaEspañol, 1842,T.II,p.244.
  4. 4. 4 que en Badajoz no había espacio físico para dar cobijo a más emigrantes y que si el Gobierno no ponía un remedio inme- diato, las “facciones” —apelativo con el que los isabelinos se referían a las guerrillas carlistas— acabarían por dominar toda la provincia. En cuanto a Badajoz capital, como ya había sucedido en conflictos anteriores, la ciudad jugó un destacado papel, pues, desde antes incluso de estallar la guerra allá por octubre de 1833, bien conocían tanto carlistas como isabelinos su impor- tancia estratégica debido a su condición fronteriza. Con anterioridad a que pren- diera la llama de la guerra civil, en enero de 1833 se desarticuló un núcleo conspi- rativo, principalmente compuesto por mi- litares de alto rango, que tenía por objeto pronunciar la ciudad y otros puntos de Ex- tremadura en favor de don Carlos y que, según la acusación, mantenía relaciones con una junta carlista creada en Madrid a cuya cabeza se hallaba el coronel don Juan Campos y España. Por aquí también pasó el mismo don Carlos en marzo de 1833, cuando marchaba desde Madrid hacia Portugal en un destierro encubierto, hecho que tuvo una serie de consecuen- cias en la ciudad. Una vez que estalló el conflicto, la plaza militar estuvo a punto de ser entregada a los partidarios de don Carlos cuando éste se hallaba en el veci- no Reino portugués; en ella, también, se concentraron un gran número de presos carlistas que a punto estuvieron de llevar a buen puerto un plan para apoderarse de la plaza. Esta gran concentración de pre- sos fue una preocupación constante para los isabelinos, pues por ejemplo, en diciem- bre de 1833, señalaban la conveniencia de trasladarlos a otro lugar más seguro, ya que existían serios riesgos de subleva- ción. Por otra parte, en la ciudad afloraron apoyos al carlismo, los cuales procedieron de los más diversos estratos sociales (cle- ro, funcionariado, militares, etc.). Y, por último, entre otros tantos aspectos que resulta difícil glosar en unas pocas líneas, en Badajoz también estuvieron instaladas una serie de instituciones que se encarga- ron de reprimir tanto al carlismo civil como al armado —guerrillas—, como fueron la Comisión Militar Ejecutiva y Permanente de Extremadura, el Consejo de Guerra o Emblema del Requeté de Ba- dajoz. Colección particular del autor. Cabecera de la publicación Boinas Rojas. Semanario tradicionalista de Extremadura. Colección particular del autor. Con el paso de los años, el poso carlista no llegó a desaparecer nunca ni de Extremadura ni tampoco de Badajoz.
  5. 5. 5 la Capitanía General, en donde destaca- ron militares como don José Ramón Rodil o don Santiago Méndez Vigo. Con el paso de los años, el poso car- lista no llegó a desaparecer nunca ni de Extremadura ni tampoco de Badajoz. Si bien la Tercera Guerra carlista se dejó sen- tir con mayor intensidad que el conflicto acaecido entre 1846 y 1849 —que apenas tuvo incidencia en la ciudad—, de mayor interés juzgamos mencionar que, en la capital, desde un punto de vista político- social, el carlismo también ha dejado su impronta en la segunda mitad del siglo XIX y en buena parte del siglo XX. En las tres últimas décadas del Ocho- cientos, hemos de destacar, por una par- te, varios hitos que se produjeron en el marco del Sexe- nio Revoluciona- rio (1868-1874). A finales de 1868 apareció la pri- mera publica- ción extremeña de tendencia carlista, El Cen- tinela. Semanario defensor de la buena doctrina, aunque su existencia fue efíme- ra. A principios de la década de 1870, y en directa relación con la reorganización política y militar del carlismo, se estable- ció la Junta provincial de la Comunión Católico-Monárquica. Además, existió un comité carlista local, siendo algunos de sus miembros, incluso, desterrados a la lo- calidad navarra de Estella. Por otra parte, una vez finalizada la Tercera Guerra en 1876, Badajoz siguió contando con una junta carlista local. En el siglo XX, sobre todo en sus tres primeros decenios, el carlismo ostentó su propio espacio político en la ciudad. Tan sólo por destacar algunos de los hitos de mayor relevancia, mencionar que en 1911 se fundó un Requeté —el primero de toda la región—, en 1913 quedó inaugurado el círculo jaimista y en 1915 vio la luz el perió- dico tradicionalista El Pueblo extremeño. Ya en plena II República, más concreta- mente en el verano de 1932, tuvo lugar un mitin multitudinario en el que estuvieron presentes personalidades de la talla de don Manuel Fal Conde —Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista— o doña María Rosa Urraca Pastor, destacada ora- dora tradicionalista. En la Guerra Civil, Badajoz fue uno de los núcleos de ma- yor importancia del carlismo extremeño, ya que aquí se estableció la Junta Carlis- ta de Guerra de Extremadura, presidida por el doctor don Alejandro Encinas de la Rosa, en calidad de Jefe de la Comunión Tradicionalista extremeña, y se publicó el semanario Boinas Rojas, órgano oficioso del carlismo extremeño, tan sólo por citar algunos datos de interés. Sin lugar a du- das, el carlismo extremeño en general y el pa- cense en parti- cular, es uno de los capítulos más desconocidos de nuestra Histo- ria Contemporánea. A fin de cubrir esta laguna, actualmente estamos poniendo todo nuestro empeño en la realización de la Tesis Doctoral que versa sobre este movimiento en nuestra región y su impor- tancia histórica a lo largo de los siglos XIX y XX. Un estudio en el que, por supuesto, la ciudad de Badajoz constituye un nú- cleo importante de análisis. LECTURAS RECOMENDADAS BULLÓN DE MENDOZA Y GÓMEZ DE VALUGUE- RA, Alfonso, “Historia político-militar de la Baja Extremadura en el siglo XIX”, en TERRÓN ALBA- RRÁN, Manuel (Dir.), Historia de la Baja Extrema- dura, Badajoz, Real Academia de Extremadura de las Letras y de las Artes, T. II, 1986. RECIO CUESTA, Juan Pedro, Entre la anécdo- ta y el olvido. La Primera Guerra carlista en Extre- madura (1833-1840), Madrid, Actas, 2015. RECIO CUESTA, Juan Pedro, “Carlismo y gue- rras carlistas en la Baja Extremadura”, en XVII Jor- nada de Historia de Fuente de Cantos, Badajoz, Diputación Provincial de Badajoz, 2017. En el siglo XX, sobre todo en sus tres primeros decenios, el carlismo ostentó su propio espacio político en la ciudad
  6. 6. 6 DON SEBASTIÁN MONTERO DE ESPINOSA: DE FRUSTRADO MAYORAZGO A HOSPITAL Manuel Cienfuegos y Ruiz-Morote Siempre me llamó la atención la forma en que se gestó el Hospital de San Se- bastián. Una carambola, como la vida mis- ma, no exenta de innumerables obstáculos y cortapisas que obligan a una persona a tomar caminos muy diferentes a los inicial- mente marcados. Y ésta probablemente fue una triste historia para nuestro persona- je cuya vida familiar y económica siguieron caminos muy opuestos. Una historia basada exclusivamente en los artículos que Fernan- do Marcos Álvarez nos dejó en sus estudios de investigación y que la ciudad aun no le ha reconocido como merece. CARRERA ADMINISTRATIVA Sebastián Montero de Espinosa, en ade- lante don Sebastián, nació en Badajoz en 1575. Su padre dispuso de una gran fortu- na propiciada por ejercer la escribanía de sacas en esta ciudad, algo así como un agente fiscalizador de aduanas que le con- signaba elevadas comisiones y honorarios, además de practicar numerosas activida- des mercantiles que le permitió incrementar notablemente su fortuna. Vivian en la actual calle San Pedro de Alcántara, lindante al actual Museo Luis de Morales. Tuvo una hermana llamada Beatriz que murió en 1617. No se le conocen estu- dios universitarios por lo que desde joven debió de ayudar a su padre en la escriba- nía. Casó en primeras nupcias con Catalina de Salazar que moriría en 1602 sin descen- dencia. Muy joven adquirió la titularidad vitalicia de la escribanía de sacas —adua- nas— de Badajoz y su partido que regenta- ra su padre, cuyo fallecimiento debió ocurrir entre 1600 y 1603. Pagó 3000 ducados, una cantidad elevadísima que sufragó con 1500 ducados de la herencia de su primera mu- jer, 500 de la dote de su segunda mujer (Ma- ria Hidalgo de Paredes) y 1000 que tomó de la herencia de su padre. Nombró tenientes de su escribanía de sa- cas en Alconchel, Higuera de Vargas, Villa del Rey y Alburquerque que posteriormente arrendó. En 1612 compra el puesto de Re- gidor de Badajoz, ocupándose del abasto de carne y de la depositaría general del Consistorio. No pudo ocupar la “alcaldía de la Santa Hermandad” que anualmente se disputaban por sorteo, el día de San Juan, los regidores del estado noble de la ciudad por la improcedencia en su hidalguía. Fue una obsesión durante toda su vida la incor- poración al estado nobiliario de la ciudad, que nunca pudo alcanzar. En 1629 ocupó la capitanía de las milicias urbanas, nombra- miento que rechazaron por impropios, los concejales de linaje. Por el empleo de este cargo obtuvo numerosas quejas, pues lo uti- lizó de forma déspota. Al morir fue amorta- jado con el vestido negro del uniforme de dicha milicia. En 1620 se le nombra administrador ge- neral de los graneros y almacenes de sal de la ciudad y su partido. En 1623 adquirió los oficios de procurador general sindico de Badajoz y escribano de su cabildo. En 1630 se le encarga la Administración de las alca- balas y rentas reales y en 1638 toma en pro- piedad la alcaldía de Talavera la Real y la alcaldía de su cárcel. Murió en septiembre de 1639 a los 54 años de edad. NEGOCIOS PARTICULARES Don Sebastián llegó a gestionar rentas de personajes importantes de la ciudad, como la hacienda del Conde de Montijo. Como prestamista consolidó una enorme trama que abarcó operaciones crediti- cias en todos los estratos de la sociedad y también en Portugal. Fue un acaudalado ganadero con extensa cabaña vacuna, porcina, caballar y ovejero vinculado con la mesta. Como arrendador y arrendatario de dehesas se le conocen negocios en el Rincón de Gila, los Hinojales, Las Torres de Mariesteban, los Cuadrejones, El Bravero,
  7. 7. 7 los Fresnos, Aldea del Conde y el Pesque- ro, aunque le son conocidos trapicheos con cantidades de pequeñas superficies de viñedos, olivares y cereales que como especulador adquiría a precios de saldo. También se le conocen negocios de venta de esclavas, negocio que aun perduraba en esa época. HIJOS LEGÍTIMOS E HIJOS NATURALES Fallecida sin descendencia su primera mujer en 1602, casó en segundas nupcias con la adolescente María Hidalgo de Pare- des en 1604, hija de un acaudalado merca- der de la ciudad, posiblemente hermana de su cuñado. Del matrimonio nacieron cuatro hijos legítimos, Sebastián, María, Beatriz e Isabel. Isabel nació una vez fallecida Bea- triz. Todos estaban fallecidos en 1632. Don Sebastián moriría en 1639 y su mujer María Hidalgo lo haría en 1661, veintidós años después. De su hijo Se- bastián sabemos que casó con una dama de escaso patrimonio, pero mucho apellido, nieta del Duque del Infantado, Luisa de Liñan Luna Guzmán y Mendoza que una vez fallecido su marido Sebastián, a finales de 1632, quedó a vivir en casa de sus suegros y a su costa. Sebastián y su her- mana Isabel murieron en la epidemia de fiebres tifoideas que se declaró en Badajoz en verano de ese año de 1632, siendo en- terrados en la capilla familiar que conta- ban en San Agustín. Junto a sus hijos legítimos, don Sebastián tuvo otros cuatro hijos naturales fuera del matrimonio, Francisco, Francisco Sebastián, Juan y María. Francisco profesó como fraile en el con- vento de San Agustín y renunció a su legítima al tomar la orden, donde fue expedientado por sus muchos excesos. Al exclaustrarse, pleiteó contra su padre para recuperar sus derechos, demanda que desistió al adquirir una elevada cantidad de dinero. Tuvo un hijo, vecino de Sevilla que en 1681 reclama- ría a los patrones de la obra pía una ayuda. Francisco Sebastián vivía en Siruela con su tío paterno, corregidor de esa villa. Su pa- dre le obligó a casarse a la edad de 16 años, con la viuda de su hermanastro, Luisa de Li- ñan, consiguiendo una ventajosa dote de su suegro que además les otorgó residencia en la calle de San Onofre. Francisco Sebas- tián fue alférez de la compañía de milicias que capitaneaba su padre. Debió morir a la temprana edad de 21 años, en febrero de 1642. Su tercer hijo natural Juan, también fallecería a corta edad, pues en 1635 no se le menciona en la rama bastarda para la sucesión del mayorazgo. La otra hija natu- ral Maria, fue educada por las monjas en Siruela y después se trasladaría al convento jeróni- mo de San Ono- fre en Badajoz. En 1653 reclama judicialmente la parte que le co- rresponde de la herencia de su padre. MAYORAZGO La idea de don Sebastián era mantener unido e indisolubles los bienes tanto de su mujer como los suyos, mediante la creación de un mayorazgo que debería caer a fa- vor de sus hijos y descendientes legítimos y a falta de ellos en la persona, iglesia, colegio, obra pía o manda perpetua que se estable- ciera. Fundación que concedió Felipe IV en 1628. La escritura de la primera fundación del mayorazgo se realizó en septiembre de 1632, fecha a tener en cuenta porque aun vivían dos de sus cuatro hijos legítimos del matrimonio. En esta misma fecha su esposa María Hidalgo añade su patrimonio al ma- yorazgo y otorga renuncia a sus derechos en todo lo concerniente a la escritura de la fundación del mayorazgo, delegando to- das las atribuciones en su marido, quien se faculta el poder limitar o alterar el señala- miento de los herederos. … casó en segundas nupcias con la adolescente María Hidalgo de Paredes en 1604, hija de un acau- dalado mercader de la ciudad…
  8. 8. 8 En dicha escritura se indicaba que a fal- ta de sus hijos y descendientes se hiciera un hospital e iglesia con advocación a San Se- bastián mártir. A finales de este mismo año mueren los dos hijos preferentes en la línea del mayo- razgo, Sebastián e Isabel, como hemos di- cho anteriormente, por la epidemia tifoidea. Francisco Sebastián, Juan y María, los tres mas pequeños de los hijos extra-matrimonia- les, serán entonces reconocidos por su pa- dre, y aceptados por su mujer María Hidalgo. En diciembre de 1633 Felipe IV accede a la declaración de herederos de estos tres hijos naturales, a la vez que anulaba todos los im- pedimentos que se opusieran en la primera escritura de fundación del mayorazgo. En 1635 don Sebastián realiza unas nue- vas escrituras de la fundación del mayoraz- go añadiendo la posibilidad de sucesión a una hija de su hermana y a unos sobrinos carnales de su mujer. Doña Maria vuelve a acatar la restricción de que una vez muerto su marido no se po- dría alterar nada su contenido. Pues bien, se volverá a ver una nueva y definitiva declaración de herederos en el testamento de don Sebastián tras su muer- te en septiembre de 1639. Efectivamente en su testamento invalida la declaración ante- rior que incluía a sobrinos, etc. y la otorga en exclusividad a su hijo natural Francisco Se- bastián y su mujer Luisa de Liñan, sus hijos y descendientes. Anula pues los anteriores lla- mamientos de herederos y no les da valor ni efecto, de manera que si faltara su hijo Fran- cisco Sebastián, y sus descendientes, inme- diatamente suceda al mayorazgo el hospital que manda fundar. El mismo año de la muerte de don Se- bastián, su hijo natural Francisco Sebastián y Luisa de Liñan que encabezan la sucesión del mayorazgo, tienen un hijo —también lla- mado Sebastián— que en principio consoli- daría el mayorazgo una vez fallecida doña Maria Hidalgo que disponía en usufructo vi- talicio todos los bienes. En 1641 muere Francisco Sebastián a los 21 años, dejando en la línea sucesoria a su hijo. En 1644 Luisa de Liñan casa en terce- ras nupcias con un Caballero de Calatrava y maestre de campo del Real Ejercito de Extremadura. En 1653 cuando el niño con- taba con 13 años, doña Maria Hidalgo re- clama 500 ducados para alimentación que establecía la escritura de la fundación para los herederos del vinculo. En 1653 doña Maria Hidalgo intenta in- validar el mayorazgo con la idea de des- afectar la parte de su hacienda, viendo como los parientes de su marido se lanza- ban contra las cláusulas que le impedían conservar el vinculo sucesorio en beneficio de la creación de un hospital. La justicia desestimó la petición de doña Maria Hidal- go y ésta no recurrió. En 1656 muere el nieto Sebastián, siendo enterrado junto a su padre Francis- co Sebastián y su abuelo don Se- bastián en la capi- lla de Ntra. Sra. del Transito que dispo- nían en la iglesia de San Agustín. Actualmente no hay en dicha iglesia mues- tra de estos enterramientos ni de escudos ni nada que ponga pista a que en alguna ca- pilla están o estuvieron enterrados los Monte- ros de Espinosa. En 1661 moría doña Maria Hidalgo e in- mediatamente se pudo disponer la crea- ción del Hospital por haberse consolidado la manda pía, al hacer mas de 5 años que el mayorazgo carecía de poseedor legal en la línea de descendencia. Pero aun le quedaría tiempo para la co- locación de la primera piedra dada las de- mandas que se produjeron entre familiares colaterales que se oponían a la obra pía, así como largos litigios entre la jurisdicción eclesiástica y civil. Revista de Estudios Extremeños, Tomo LIX, Nº2, 2003 p 725-755. Apuntes para la historia de la ciudad de Ba- dajoz; El capitán don Sebastián Montero de Espinosa. Enterrado en San Agustín, en la capilla Ntra. Sra. del Tránsito, a día de hoy no hay en dicha iglesia muestra de su enterramiento.
  9. 9. 9 LOS TRES POETAS Raquel Manzano González MANUEL PACHECO En la ciudad de Badajoz, se elevan varias esculturas diseminadas por calles y pla- zas, que seguramente vemos a diario, sin po- ner atención, sin recordar, quizás, la identidad ni la historia del personaje representado o la causa precisa de su instalación. Un badajo- cense distraído me habló un día de la estatua de Velázquez de la plaza de Cervantes (San Andrés) y se sorprendió cuando le dije que se trataba de Zurbarán. Creo, por consiguiente, que no estará demás tratar de refrescar la memoria de algún otro despistado, aportan- do datos sobre esos entrañables monumen- tos. Podemos empezar por « los tres poetas ». Mirando al Guadiana, junto al puente de la Autonomía y cerca de la ermita de Pajaritos, se encuentra una rotonda en la que se eleva una escultura monumental, en bronce, con las efigies de los tres poetas extremeños más represenativos del siglo XX: Pacheco, Lence- ro y Valhondo. Es obra del barcarroteño Luis Martínez Giraldo. El conjunto está apoyado en dos grandes libros, a los que se une otro en posición vertical, en el que se han grabado versos alusivos al « personaje poético » que tie- nen en común: « Mi río tiene nombre de mujer y se llama Guadiana », de Pacheco, « El Guadiana, con falda siempre llena de cielos », de Valhondo, y « Sólo tengo un corazón tan grande como el Guadiana », de Lencero. A pesar de sus diferencias de estilo y temá- tica, a los tres se les ha asociado en el panora- ma literario extremeño, llamándolos trío, trinca o incluso « trinidad laica », en palabras de San- tiago Castelo. Yo los conocí a todos personalmente, si bien con el que más contacto tuve fue con Manuel Pacheco. Primero, en la tertulia de los sábados de Esperanza; más tarde, con moti- vo de un estudio sobre su poesía con el que presenté mi tesina en la Sorbona1 , También le he dedicado varios artículos en congresos y coloquios universitarios, en Francia y en Espa- ña. Comienzo por él. Manuel Pacheco Cone- jo escribe: « Nací en Olivenza (Badajoz) un 19 de diciembre de 1920. A los siete años perdí a mi padre. Trasladado a Bada- joz, ingreso en un hospicio, donde per- manecí más de diez años. A los die- ciocho recién cumplidos, soy llamado a filas en la guerra civil de España. Fui monaguillo, cantador de tangos, fotógrafo, ebanista, cargador de mue- lle en la estación de ferrocarril de Ba- dajoz, albañil, marmolista, repartidor de hojas de empadronamiento, com- parsa de teatro, pasé hambre y me fui a Portugal en busca de la comida. No tengo ninguna clase de estudios; fui muy poco a la escuela, pues co- mencé a trabajar desde muy niño. Pero desde los ocho años leo todo lo que cae en mis manos.[…] Vivo en Badajoz; por las mañanas trabajo en una oficina y por las tardes en una biblioteca ». Esta sucinta autobiografía sorprende por- que su concisión no excluye ninguna infor- mación esencial acerca de su autor. El primer dato, alude a su lugar de nacimiento con el que conservará durante toda su vida una re- lación entrañable, a pesar de haber residido sólo durante sus primeros años. Olivenza en el aire de la tarde, Allí nació mi luna, Mi lira y mi manzano Para el arpa del llanto. Segundo dato importante, la muerte de su padre de la que se siente, en cierto modo, responsable; un probable complejo de culpa- bilidad del que da explicaciones en su obra. Otro dato importante: el Hospicio. Lo más des- tacable de su adolescencia corresponde a la etapa de su estancia en el Hospicio, recorda- 1. La poesía de Manuel Pacheco. Diputación de Badajoz, 1985.
  10. 10. 10 da como muy dura y difícil. en largo banco de piedra sentaron mis siete años, patio empedrado de hospicio… Y, por supuesto, uno importantísimo, la gue- rra. En efecto, a Pacheco le tocó vivir uno de los acontecimientos más dramáticos del siglo XX: la guerra civil española. Vivió la situación de preguerra, la guerra, en la que participó como soldado, e, inevitablemente, las dificul- tades de la posguerra, con el pluriempleo, el contrabando y la censura. Pacheco empieza a escribir hacia 1939, pero la primera edición de sus poemas no llega hasta 1949 en que ayudado por varios amigos, consigue publi- car Ausencia de mis manos. A partir de enton- ces, las publicaciones se suceden de forma irregular: entre 1953 y 1977, dieciocho libros, entre poesía y prosa, repartidos entre España, Portugal y América del Sur. En 1978, obtuvo una beca de la Fundación J. March y la Diputación de Badajoz le publicó El cine y otros poemas. En 1982, aparece una antología temática a cargo de Manuel Pece- llín (Azules sonidos de la música), y en 1986, una antología que abarca su producción poética desde 1942 hasta 1984. Entre tanto, publicaba en revistas de España y de Hispa- noamérica y participaba en recitales poético- musicales con los jóvenes intérpretes de la lla- mada canción-protesta. Algunos de sus poemas fueron musicali- zados por varios cantautores, entre ellos el extremeño Luis Pastor, además de un disco totalmente dedicado a él por José Antonio Espinosa con el título de Cantares de ojos abiertos. Uno de estos dice: Yo me dirijo al hombre; he olvidado la luna, y la brisa y el cisne y el cantar del piano. Canto al hombre que pudre sus espaldas de tierra, sus cabellos de polvo y sus manos de callos. Y así define Pacheco su preocupación esencial: el hombre y sus problemas, dejando de lado la pura poesía. Es el aspecto de su obra que ha sido calificado de social, aunque otra gran parte de ella puede considerarse de corte netamente surrealista. En 1986, le fue concedida la Medalla de Ex- tremadura y recibió el homenaje del Ayunta- miento de Badajoz, al que se sumó numeroso público en el Teatro López de Ayala. Manuel Pacheco siempre había tenido una « mala salud de hierro », con muchas ganas de vivir y crear. Luchó contra la enfermedad hasta que la muerte le llegó el 14 de marzo de 1998; su hijo cumplió el deseo del poeta, esparcien- do, desde una barca, sus cenizas en su amado Guadiana.
  11. 11. 11 LUIS ÁLVAREZ LENCERO El segundo de los « tres poetas », Luis Álva- rez Lencero nació en Mérida (Badajoz), el 9 de agosto de 1923: « Soy español. Nací en Extremadura. Badajoz por más señas. Campesino » dice de sí mismo con un asomo de orgullo. En efecto, nació en un chozo de una familia de agricultores y en sus primeros años traba- jó como pastor, sin tener mucho acceso a la instrucción. « Cuidé también del ganado, por alcanzar el tesoro de un poco de pan y queso y volver cantando al chozo… » Más tarde, frecuentó la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz y la de Ingeniería Téc- nica de Madrid. Lencero fue vocacionalmente poeta, pero llegó a compaginar esta actividad con trabajos como mecánico, empleado administrativo, herrero, escultor. Sus pri- meras poesías son de los años cincuenta, cuando frecuentaba las tertulias de Espe- ranza Segura y de la Sociedad Económi- ca de Amigos del País. En ellas, alternaba con otros poetas de la época, como Ma- nuel Monterrey, Jesús Delgado Valhondo y Manuel Pacheco. Fue director de la revis- ta literaria Gévora junto con Manuel Mon- terrey. También participó en la moda de poesía vanguardista como era el Surrealis- mo, El surco de la sangre, en 1953, es un ejemplo de ello. El poemario Sobre la piel de una lágrima, fue publicado en 1957, en Caracas por Lírica hispana, con dibujos de Julio Cienfuegos. Su poesía experimenta una evolución temática, hacia una suerte de compromi- so social, dando lugar a la publicación de obras cuyos títulos son muy explícitos : Hom- bre (1961), Juan Pueblo 1971, Canciones en carne viva ,1973. La impresión que daba cuando se ha- blaba con él era la de un hombre cordial, cercano, pero torturado, implicado en los problemas humanos. Su estancia en Ale- mania, probablemente, le hizo ver las con- diciones de vida de sus compatriotas, emi- grantes por necesidad. Allí llegó a trabajar de herrero y de carpintero. A su regreso a España, obtiene un puesto de funcionario en el Instituto Nacional de Previsión de Ba- dajoz. Fue en esta época, cuando instaló su propio taller de forja. Su obra en hierro más conocida, es Viet- nam, escultura vanguardista, anti-belicista, que después de casi veinte años de aban- dono en almacenes municipales, fue por fin, instalada, no hace mucho, en una rotonda en la ciudad de Mérida. Puede decirse que sus esculturas de hie- rro forman parte de su quehacer poético; sin duda, se trataba de dos formas de ex- presión complementaria; él mismo se consi- deraba « poeta y escultor con toda mi savia ibérica ». Además de Vietnam, las esculturas más notables llevan por nombre Juan Pueblo y Juan Asco, mostrando su intención de de- nuncia de las malas condiciones de vida de muchos. Sus versos también suelen es- tar centrados en temas humanos: el traba- jo duro, la pobreza, el hambre, con algo como un mensaje de comprensión, de em- patía, hacia el hombre que sufre. Él mismo, tuvo periodos de gran sufrimiento personal, a consecuencia de problemas familiares y de enfermedad. En efecto, enfermo del pulmón, pasa temporadas en varios hospi- tales de Madrid y durante este periodo, se aprecia aún más la evolución de su poesía, que, influenciada por la enfermedad, refle- ja el dolor: Enfermo estoy, lo sé. Qué poca cosa es un hombre caído en la cuneta. Qué largo es el cuchillo de la noche. Y aquí, en el hospital, cuánto se piensa. En sus últimos libros, da muestras de sus inquietudes religiosas. Así en 1982, Poemas para hablar con Dios, y Humano, comple- tan esta fase de su poesía. Luis Álvarez Lencero muere, en Mérida el 11 de junio de 1983, a los 60 años de edad y está enterrado en el cementerio de San Juan o Cementerio Viejo, de Badajoz.
  12. 12. 12 JESÚS DELGADO VALHONDO Jesús Delgado Valhondo dice en su pre- sentación1 : « nací en la ciudad de Mérida un 19 de febrero de 1909. Domingo de car- naval. Domingo gordo ». También, como Pacheco, perdió a su pa- dre siendo niño, cuando tenía nueve años. La familia se traslada a Cáceres y viviendo allí, Valhondo entablará amistad con escri- tores como Eugenio Frutos y Pedro de Loren- zo, entre otros. Comienza así su contacto con la literatu- ra que llegará a ser su vocación principal; digo principal y no única, porque creo que fue también un maestro de escuela que se enorgullecía de serlo y que ejerció esta profesión en la región extremeña, con una preocupación cultural que iba más allá de la enseñanza reglamentaria. Él mismo dice que su estancia en los pueblos constituía « un ‘centro’ cultural », y sus contactos se ex- tendían a las tertulias literarias, como las de Gata o Mérida. Ejerciendo su profesión en Trevejo, le sor- prendió la guerra civil; Valhondo tenía car- net de Alianza Republicana, por lo que fue perseguido y le formaron expediente, con traslado a otro pueblo. Trevejo había sido su primer destino y allí, « me dediqué a vivir de lleno con los alumnos y con el pueblo », dice. Sin embargo, como Lencero y como Pa- checo, signo de los tiempos de posguerra, tuvo que conjugar la poesía con activida- des más prosaicas. Así se hizo practicante, lo que ahora se llama ATS, estudiando esta profesión en Salamanca y en Cádiz y ejer- ciéndola, dice, « durante algún tiempo ». Esto sin dejar de ser maestro, ya que ejer- ció en la Unidad Vecinal de Absorción (UVA) y más tarde, obtuvo el traslado al centro de Badajoz, concretamente al Grupo Escolar General Navarro. Además de participar en tertulias litera- 1. Esta presentación tuvo lugar en la semana sobre Literatura extremeña viva, organizada por el profesor Viudas Camara- sa en 1989, en la universidad de Cáceres. rias, mantenía correspondencia con varios poetas de España e Hispanoamérica. A uno de los más notables, Juan Ramón Jiménez, le envió su obra La esquina y el viento, y re- cibió una respuesta que le alegró, porque en ella se calificaba el libro como « nutrido de la mejor poesía moderna ». Y se sabe que Juan Ramón era muy crítico con sus contemporáneos y poco dado al elogio. Colaborando en revistas españolas, se dio a conocer como poeta; de hecho, for- mó parte del grupo que fundó en Cáceres la revista Alcántara. en 1945. « Pusimos diez duros cada uno », dice. Los fundadores eran cuatro, así que el capital reunido para la empresa es fácilmente calculable. También fundó, junto a otros escritores, la Asociación de Escritores Extremeños. Su colaboración con la prensa extreme- ña fue bastante asidua sobre todo en el diario Hoy, donde publica artículos en los que analiza el panorama cultural de la re- gión y teoriza, a veces, sobre poesía y poéti- ca. Muy crítico, por cierto, con « la llamada poesía social » en la que no parece confiar. Participó en numerosos recitales poéti- cos, coloquios y conferencias. Murió en Badajoz en 1993, dejando un legado poético muy personal de gran ca- lidad lírica. Su obra es abundante, de corte intimista en cuanto a la poesía, pero tam- bién abordó la prosa con narraciones cor- tas que aúnan lírica y cotidianidad. Como muestra de su poesía, podemos citar algunos poemarios con títulos evoca- dores, Un árbol solo, 1979; Inefable domingo de noviembre, 1982; Entre la yerba pisada, queda noche por pisar, antología publica- da por Universitas editorial, en 1979; uno de sus poemas dice: … ya llegó la madrugada, no sé de dónde sacada, ni de qué fondo de mar. Que se el caballo se va Y el gallo tiene alborada, Entre la yerba pisada Queda noche por pisar.
  13. 13. 13 OTRA REHABILITACIÓN DEL BALUARTE DE LA TRINIDAD DE BADAJOZ FUE POSIBLE Javier Teijeiro Fuentes Arquitecto La reciente obra de rehabilitación del baluarte de la Trinidad no deja indiferente a la ciuda- danía. Su enorme impacto visual, con escalinatas y muros de hormigón vistos, la hace merecedora del rechazo de muchos badajocenses que se acercan a ella. Por otro lado, permanece el recuerdo romántico del jardín que allí existía combinado con tramos dete- riorados de la zona de cañoneras y arcos de apoyo, conjunto que proporcionaba una imagen limpia y cuidada del lugar con su zona de vegetación. El proyecto nuevo ejecutado recientemente por el Ayuntamiento de Badajoz partió, esencial- mente, de tres premisas conceptuales básicas: 1ª. La restauración de las partes esenciales del ba- luarte (un flanco y dos caras). 2ª. La excavación y posterior puesta en valor, me- diante una buena musealización, de los restos arqueológicos aparecidos tales como parte del lienzo de muralla medieval y de la puerta antigua de Trinidad, así como cimentaciones del antiguo convento trinitario que al final han sido enterradas. 3ª. La recuperación del adarve derribado tras el va- ciado y demolición de las edificaciones existentes en el interior del baluarte, cuando a mediados del si- glo XX fue trazado el jardín diseñado por el arquitec- to Benito Watteler y el artista Antonio Juez en donde se instaló el conjunto escultórico de Juan de Ávalos. Si bien los dos primeros objetivos no ofrecían enorme problema en su ejecución, la tercera parte de la intervención arquitectónica mostraba la difi- cultad de resolver la reconstrucción del adarve me- diante la sujeción con altos muros de contención que ocultaran las arquerías deterioradas allí existen- tes. Tales muros quedarían a la vista hacia el jardín interior, como así ha sucedido, y su imagen moder- na impactaría inevitable y negativamente en el conjunto histórico como también así ha ocurrido. Como arquitecto, me atrevo a aportar o pro- poner otra solución diferente a la propuesta por el proyecto municipal. Partiendo de que se disponía de una abundante documentación, tanto gráfica como literaria, en los archivos históricos militares re- copilada, en gran parte, en un libro publicado re- cientemente sobre este tema,1 la solución para re- solver el problema de la intervención en el conjunto casi venía proporcionada por la documentación 1.GARCÍABLANCO,J.yTEIJEIROFUENTES,J.“ElconventodelaSan- tísima Trinidad y el baluarte de la Trinidad de Badajoz”. Autoedi- ción. Badajoz. 2016. (De venta en Librería “Colón” de Badajoz). histórica archivada. Solamente había que estudiar la historia del monumento y “dejarle hablar”, para proponer una reconstrucción a semejanza de lo propuesto en el siglo XVIII, época de la que dispo- nemos de una documentación bastante fiable, en lo que respecta al camino de cañoneras o adarve. Con esta excelente documentación basada en el plano del ingeniero militar Pedro Ruiz de Olano de 1776,2 así como en el pliego de condiciones de la obra del baluarte confeccionado por el tam- bién ingeniero militar Francisco Domingo y Cueva en el año 16793 se podría haber planteado la obra de reconstrucción con bastante aproximación a lo que existió antiguamente sin necesidad de inven- tar nuevos terraplenes ni escalinatas que nunca existieron en el monumento. El croquis de la figura A muestra el plano de Ruiz de Olano en donde se traza, con meridiana delimi- tación, el adarve y el nivel inferior de camino de su- bida de la rampa que iban en paralelo a la cara izquierda, a la cara derecha y al flanco derecho del baluarte, dejando exento parte del espacio libre perteneciente a los anexos del convento de la Trini- dad ubicado en su interior. Precisamente, en las zo- nas que antiguamente ocupaba el terraplenado es en donde, en la actualidad, la obra nueva promo- vida por el Ayuntamiento ha ubicado las escalina- tas de subida al citado adarve pudiéndolas haber eliminado y haber reconstruido ambos terraplenes en vez de proponer esta obra de terraplenado en donde apenas existía, es decir, paralelo a la cara derecha del baluarte. Tales escalinatas eran perfec- tamente sustituibles si se reconstruía la rampa dibu- jada por Olano que existió en su momento (ello posi- bilitaría el acceso a la parte superior de las personas con minusvalía física) y otro acceso más, habilitando en condiciones, la escalera existente y condenada con el nuevo proyecto. Esta escalera levantada en 1956, y que con la nueva obra ha quedado tapia- da, hubiera funcionado como un acceso directo al adarve sin necesidad de tener que subir por la ram- pa propuesta por este autor. De esta manera, se hu- biera eliminado en gran parte el tremendo impacto visual que proporciona la imagen de los muros de contención y, por ende, la dificultad que presenta- ba dar una solución aceptable al problema. 2. A.G.S. (Archivo General de Simancas) MPD 61091.Me ceñi- ré a lo documentado en este plano de Ruiz de Olano ya que lo considero el más completo y específico sobre el baluarte y sus construcciones anexas interiores existentes una vez re- construido, tras la pérdida del anterior baluarte, a causa de las lluvias acaecidas en 1766 que lo dejaron arruinado. 3. I.H.C.M. (Instituto de Historia y Cultura Militar) Madrid. Co- lección Aparici XXVIII.
  14. 14. 14 En las figuras B y C presento unos dibujos con- feccionados por este arquitecto en donde se pro- ponen también la reconstrucción de las cañoneras de la brecha realizada en el año 1935, así como la comunicación mediante pasarela acristalada desde el camino alto ubicado encima de la nueva puerta de Trinidad hasta el nuevo adarve proyec- tado. Ello resuelto con la apertura de aquellos hue- cos necesarios para el acceso por la parte baja de vehículos y peatones que circulan por la ronda. También se detalla la rampa de subida al segun- do nivel inferior por debajo del adarve existente en el siglo XVIII —que el ingeniero militar Navacerra- da ubicaba unos 15 pies por debajo de éste— y que dejaba a una cota superior el mismo adarve o camino de cañoneras con sus banquetas, feliz- mente reconstruidas. Esta rampa de acceso, eje- cutada en losa de hormigón armado, posibilita dejar un gran vacío hacia los restos arqueológicos sacados a la luz y podría cerrarse en vertical con un cerramiento acristalado para la protección de los citados restos, al mismo tiempo que posibilitaría visitarlos en cubierto, evitando la actual imagen de degradación de los restos arqueológicos, basuras y malas hierbas. La plaza libre ajardinada es diseñada como la que existía antes del comienzo de la obra, es decir, en forma de planta cuadrangular con la colocación de la cruz en el centro y las esculturas de los cuatro evangelistas en cada vértice del cuadrado. De esta manera, se evitaría la disposición nueva propuesta en el proyecto para el conjunto escultórico que no deja de ser un símil de un vallado publicitario. En definitiva, este posible proyecto alternativo al ejecutado por el Ayuntamiento de Badajoz, ba- sado esencialmente en la restitución del adarve, del baluarte lo resumo en los siguientes puntos que pienso hubieran dotado de más funcionalidad y autenticidad al monumento que la rehabilitación municipal llevada a cabo: 1º. La ubicación del terraplenado y rampa de subi- da en concepto a como se hallaban en el siglo XVIII, según describe el ingeniero Ruiz de Olano. La ubica- ción en los dibujos presentados conllevaría evitar in- ventar el terraplén, tal y como se ha llevado a cabo en la obra nueva, donde escasamente lo hubo al colocarlo paralelo a la cara derecha del baluarte. 2º. La restitución de la citada rampa de subida que posibilitaría un espacio bajo cubierto acristalado para un mejor funcionamiento de las visitas ciuda- danas a los restos arqueológicos, así como para una mayor protección de los mismos ante la erosión producida por los ele- mentos meteorológicos. 3º. La mayor funcionalidad del espa- cio público destinado a plaza y de sus accesos. 4º. El planteamiento del cierre superior de la brecha para, de esta manera, completar la imagen íntegra del ba- luarte reconstruyendo las cañoneras tal y como eran, así como una pasare- la moderna que posibilite la conexión completa del adarve en el baluarte, al mismo tiempo que se resuelve el tráfico peatonal y rodado por debajo del citado adarve. La intervención propuesta queda- ría, por consiguiente, más integrada vi- sualmente en el monumento evitando así la impactante imagen que produ- cen actualmente los muros de hormi- gón sustentantes del adarve, así como la de las escalinatas que acceden a él. Al mismo tiempo, sería una imagen más fiel al baluarte existente en el siglo XVIII, reconstruido tras la riada de 1766. Finalmente, la obra de reconstrucción se habría ejecutado con materiales de mampostería y en- calados y morteros, tales como los especificados en el pliego de condiciones redactado por Domin- go y Cueva en 1679, tal y como fue ejecutada y siempre dejando constancia de estos materiales nuevos para evitar confundir al espectador sobre su data de ejecución como exigen las leyes patri- moniales vigentes con el objetivo de no falsear la compresión del monumento. En fin, elucubraciones inservibles de un arqui- tecto ya que, a la postre, la obra está levantada e inaugurada por un Ayuntamiento que ha invertido en ella la friolera de casi un millón de euros de fon- dos europeos. Todo un dislate!!!! Figura A: Detalle del Plano del ingeniero militar Pedro Ruiz de Olano, con la superposición de los restos arqueológicos encontrados en la excavación actual
  15. 15. 15 Figura B: Perspectiva aérea virtual de Antonio García Candelas bajo croquis de Javier Teijeiro Figura C: Croquis-Boceto de la propuesta en planta realizada por Javier Teijeiro Fuentes
  16. 16. 16 LAS PINTURAS DE LUIS DE MORALES EN EL HOSPITAL DE LA CONCEPCIÓN DE BADAJOZ José Ramón González Rico En marzo de este año hacíamos referencia en prensa1 a la salida a subasta de una interesantísima obra de Luis de Morales con el atípico tema de El abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la puerta dorada en la pres- tigiosa casa Fernando Durán de Madrid. Nos servía este hecho para indagar en el origen de esta obra casi desconocida de nuestro insigne pintor del Renacimiento y nos embarcábamos en una investigación cuya síntesis quiero refle- jar en estas líneas a la espera de mi futura pu- blicación de un extenso estudio que arrojará más luz sobre la vida y obra del pintor. El Abrazo subastado en Madrid presenta varias particularidades que lo hacen realmen- te especial. En primer lugar, como hemos co- mentado, lo poco habitual del tema elegido. Tan solo se conoce otra obra de Morales con dicha temática, procedente de la antigua Sé de la vecina localidad de Elvas y conservada actualmente en el Museo Municipal de dicha ciudad. La comparativa de la tabla elvense con la obra subastada en Madrid es contun- dente. Mientras que en la tabla portuguesa resulta palpable la gran intervención del ta- ller —fue realizada por Morales y sus discípulos entre 1575-1579 cuando el declive de nuestro pintor comenzaba a ser ya evidente— en la obra subastada por Durán se aprecia un cui- dado dibujo, maestría en el tratamiento de cabellos, paños y ropajes. La composición de ambas es prácticamente idéntica, tanto en el espacio como en las figuras y los detalles de estas, a excepción del ángel que no aparece en la tabla portuguesa. Pero detengámonos en el origen de la obra subastada en Madrid. Las primeras no- ticias que tenemos de esta pintura nos las dio el historiador, viajero y secretario de la Real Academia De San Fernando D. Anto- nio Ponz en su libro Viage de España (1784) donde describió a la perfección el Badajoz de la época tras visitar la ciudad. Del antiguo Hospital de la Concepción, que en el siglo XVI se situaba en las inmedia- 1. El Periódico Extremadura. 29 de marzo de 2017. ciones de la Plaza Alta en lo que hasta hace escasos años fue Convento de las Trinitarias dice lo siguiente: ...son de su mano (de Morales) en la parroquia de la Concepción las pintu- ras de dos altares colaterales, cuyas fi- guras del natural son de cuerpo entero, y la una representa a Jesuchristo con la cruz al hombro, la otra á Santa Ana y S. Joachin abrazándose... no he visto cosa mejor de dicho artífice, pues hay más sol- tura que la regular de sus obras, notable expresión y grandiosidad en las cabezas, gusto, y buen partido de pliegues, con lo demás que se requiere. De su mano es otro quadro grande en un altar á los pies de esta misma iglesia, cuyo asunto se re- duce á nuestra Señora sentada, y al Niño Dios con un paxarillo atado a un hilo. El abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la puerta dorada.
  17. 17. 17 Con la detallada descripción de Ponz, ya tenemos datos completamente fiables a te- ner en cuenta: la existencia de tres obras “moralescas” o de Morales en el citado Hos- pital de la Concepción de Badajoz, los temas que representaban y unas medidas descritas como “figuras al natural de cuerpo entero” que nos sitúan ante obras de grandes dimen- siones muy superiores a las llamadas tablas de devoción habituales de Morales. Carmelo Solís en su monografía sobre Luis de Morales2 nos habla, sobre todo, de la famosa Virgen del pajarito. La única de estas tres obras que se encontraba en aquel momento localizada. Cuestiones de espa- cio no nos permiten detenernos mucho más en esta obra ma- jestuosa, renovadora y en cuya compo- sición e iconografía confluyen influencias de grandes pintores italianos como Rafael (Virgen de Loreto) o Sebastiano del Piom- bo (Sagrada Familia) y del alemán Alber- to Durero (Virgen del mono).3 La Virgen del paja- rito tiene, además, la gran particularidad de ser la única obra datada por el propio Morales en una pequeña cartela junto a la Virgen que muestra la fecha de 1546. La tabla permane- ció casi tres siglos en la ciudad hasta que, tras ser enajenado el Hospital de la Concepción en 1834, es vendida y termina, según Solís, en manos de la familia del Marqués de Moret.4 No obstante, al ser este título nobiliario creado en junio de 1914, creemos que la obra fue adquirida realmente por Gaspar Remisa —antepasado de la primera Marquesa de 2. Solís Rodríguez, Carmelo (1999. P. 184). 3. Ruiz, Leticia (2015, p. 76) 4. Solís Rodríguez, Carmelo (1999, p. 184). Moret— I Marqués de Remisa y Vizconde de Casa-Sans. Así lo recogía Ingjald Bäcksbacka en el magnífico estudio que realizó sobre Luis de Morales hace más de medio siglo.5 Gaspar Remisa i Miarons Bres i Querol (1784- 1847) fue un influyente político, banquero, empresario (explotador entre otros negocios de las minas de Río Tinto) y director general del Tesoro de la Reina María Cristina. Su impre- sionante colección de arte incluía piezas de Velázquez y Zurbarán. Según Solís, las tres obras obras del Hospi- tal de la Concepción pertenecieron a la misma colección de la familia Moret, sien- do traspasadas a lien- zo por el restaurador del Museo Del Prado D. Vicente Poleró alre- dedor de 1850.6 Dato este último que cree- mos erróneo respecto al Cristo y el Abrazo gracias a las restau- raciones realizadas a ambas obras en 2010 y 2015 respectivamente. Solís solo pudo con- templar en aquella época la Virgen del Pajarito pero no el Cris- to con la cruz a cues- tas ni el Abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la puerta dorada (al que incluía, como dudoso, en la Colección Johannsen) puesto que estaban en manos particulares desde que salieron de Badajoz y no se habían exhibi- do públicamente en ninguna ocasión. También conviene aclarar que las tres obras no permanecieron en la misma rama de la familia durante mucho tiempo. La Vir- gen del Pajarito, que se mostró ya en la an- tológica que organizó el Museo del Prado en 1917 pertenecía por aquella época a Doña María Moret, nieta de Don Gaspar Remisa.7 5. Bäcksbacka, Ingjald. Helsinki (1962). 6. Solís Rodríguez, Carmelo (1999, p. 187). 7. Exposición de obras del Divino Morales. Museo del Prado. (1917, p. 12). Virgen del pajarito.
  18. 18. 18 La sorpresa surgió a principios de esta dé- cada cuando el Cristo con la cruz a cuestas apareció en el interesantísimo artículo “El enig- ma de las sargas en Luis de Morales”8 firmado por los propios restauradores de la obra, Adeli- na Illán y Rafael Romero. La restauración sacó a la luz la buena calidad de la obra y dejó claro que la pintura nunca había sido una ta- bla sino una sarga. A grandes rasgos, las sargas eran pinturas al temple ejecutadas sobre lienzo preparado de forma más somera o barata que las obras sobre tabla. Numerosos estudios coinciden en que su uso era en muchos casos conme- morativo de determinados acontecimientos o festividades importantes, por lo que eran fáciles de transportar. A menudo eran utiliza- 8. Illán Gutiérrez, Adelina y Romero Asenjo, Rafael. Revista ARS. Enero-marzo 2011. (pp. 106-117). das como cortinas, tapices y guardapolvos (de retablos, órganos) y también como fondos de tallas o simplemen- te como telas decorativas de carácter profano.9 Esta técnica pictórica so- bre lienzo convertía al Cristo con la cruz a cuestas en obra prácticamente única en el catálogo de Luis de Mora- les, siendo definida por los propios restauradores como una “aportación clave a la historia del arte renacentista español”. Una obra del taller de Morales muy similar, es la conservada en el pequeño retablo de Higuera la Real (Badajoz). La tabla de Higue- ra es totalmente deudora en su composición de la del Hos- pital de la Concepción de Badajoz, siendo de discreta calidad. Ambas obras dela- tan, nuevamente, la inspira- ción de Morales en modelos muy conocidos de Sebastia- no del Piombo. Probablemente debido a la notoriedad y el interés suscitado con este estudio de Illana y Romero, el Cris- to con la cruz a cuestas de Morales salió a subasta en la histórica casa londinense Sotheby’s en diciembre de ese mismo año. Para la ocasión contó con un informe de la que fuera profesora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, doña Isabel Mateo Gómez, que lo emparejaba indudablemente con el Abrazo de San Joa- quín y Santa Ana. La obra fue vendida finalmente fuera de subasta, siendo adquirida por un mecenas de la Universidad de Yale en Estados Unidos, que la donó al museo del citado centro educativo donde actualmente es una de las piezas estre- lla de la colección de arte español del Rena- cimiento. Escapándose así una oportunidad única para que una institución española la hu- biera comprado para su exhibición pública. 9. Santos Gómez, Sonia y San Andrés Moya, Margarita. AEA LXXVII (2004, pp. 59-74). Cristo con la cruz a cuestas.
  19. 19. 19 En la pasada edición del ciclo de confe- rencias Almossassa 2017, la Jefa de Pintura Española del Renacimiento del Museo del Prado, doña Leticia Ruiz, nos ofreció una ma- gistral charla sobre Luis de Morales en la que mencionó este Cristo con la cruz a cuestas y su hipótesis de que no sea esta sarga el origi- nal que vio Ponz a su paso por Badajoz sino una tabla de composición idéntica y auto- ría anónima que se custodia en el Collegio Alberoni de la ciudad italiana de Piacenza. Hipótesis que no compartimos dado que la tabla italiana tiene unas dimensiones mucho menores que las de la Universidad de Yale (163 x 123 frente a los 202 x 154 de la sarga) por lo que creemos que difícilmente encaja en la descripción realizada por Ponz de “figu- ras del natural de cuerpo entero” dado que la figura de Cristo italiana no alcanzaría unas proporciones normales o “naturales” sino sensiblemente menores. El abrazo de San Joaquín y Santa Ana apa- reció de la misma forma inesperada en abril del año pasado en la casa de subastas sevi- llana Isbilya. Y, como hemos comentado, en abril de este año en Fernando Du- rán. Tras un análi- sis de la obra nos encontramos con que nada parece indicar que origi- nalmente fuera una tabla como han indicado di- versos autores en las últimas décadas. Autores, insistimos, que nunca han visto esta obra ni el Cristo con la cruz a cuestas en primera persona. El Abrazo presenta prácticamente las mis- mas medidas que el Cristo de la Universidad de Yale: 202 x 155 frente a los 202 x 154 del Cristo. Está realizado en la misma técnica de sarga, por lo que nos encontramos ante un ejemplo casi único en el mundo de esta técnica en una obra de Luis de Morales. Esta particularidad de estas dos obras, frente a las señales aún visibles en la Virgen del pajarito de haber sido pintada sobre tabla y ciertas di- ferencias estilísticas, nos inclinan a datar estas tres pinturas en diferentes momentos dentro de la trayectoria artística de Morales. La Virgen del pajarito, como ya hemos comentado, aparece datada por Morales en 1546. Esto la convierte en una obra de su primera etapa en Badajoz, cuando llevaba apenas siete años con taller abierto en nues- tra ciudad y aún no había realizado muchos de sus solicitados retablos. Sin embargo, y con la cautela de no tener una base docu- mental, el estilo de las dos sargas recuerda a sus obras de madurez de la década de 1560. Pese a ser este periodo uno de los más brillantes del pintor y siendo innegable que estas dos obras no pueden encuadrarse en- tre lo más selecto de su producción, cree- mos que la pérdida de las calidades origina- les y la pobreza del soporte pueden haber restado gran parte de su esplendor inicial. No obstante, es característica intrínseca de la técnica de las sargas el aspecto mate de- bido al poco aglutinante que solía utilizarse, por lo que no debería sorprendernos en ab- soluto el aspecto menos brillante que pre- sentan estas dos obras de Morales compa- radas con otros ejemplos de su producción sobre tabla. Este conjunto del Hospital de la Concep- ción, por su temática poco habitual (Morales no volvió a pintar la Virgen del pa- jarito y solo existe otro Abrazo), la técnica de dos de ellas (únicas dos sargas conocidas de Morales) y sus dimensiones mo- numentales, se an- toja actualmente como una gran trilogía irrepetible en el catá- logo del pintor. Estando el Cristo con la cruz a cuestas en posesión de la Universidad de Yale y la Virgen del pajarito formando parte del patrimonio de la Iglesia de San Agustín de Madrid, nos resulta increíble que ninguna institución o pi- nacoteca extremeña diera en su momento los pasos para recuperar para la región o la ciudad el Abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la puerta dorada, una obra documen- tada en Badajoz durante casi tres siglos y que lleva aproximadamente otros dos fuera de la ciudad. No obstante, a instancias de varios miembros de nuestra asociación, la dirección del Museo de Bellas Artes de Badajoz demos- tró su interés en la obra, encontrándose en el momento de escribir este artículo en fase de su estudio su adquisición. El Cristo con la cruz a cuestas fue adquirido por un mecenas y entregado a la universidad de Yale en Estados Unidos
  20. 20. 20 APORTACIÓN DOCUMENTAL, RELATIVA AL AVITUALLAMIENTO DEL EJÉRCITO EXTREMEÑO, DURANTE EL PRIMER SITIO DE LA CIUDAD DE BADAJOZ EN EL AÑO 1811 José Sarmiento Pérez Doctor en historia La recuperación de las posiciones del ejér- cito de Extremadura, a comienzos de 1811, vino aparejada de la mayor movilización de sus fuentes de abastecimiento y por ende de la necesidad cada vez más improrrogable de nuevas partidas de subsistencia. El sitio de Ba- dajoz fue una buena oportunidad para ello, pues la cercanía de un simbólico triunfo motivó la petición de nuevas remesas para el auxilio de las tropas de Beresford y Castaños. La Junta Suprema amenazó con el embargo de bienes en caso de mengua o incumplimiento de las órdenes de abastecimiento. Éstas, que fue- ron difundidas mediante bandos por todos los pueblos del partido, establecieron un plazo de tres días para la reunión de víveres y pan. Toda vez que se confeccionaran las relaciones de los ganados que no fuesen de labor, así como los granos y semillas de todas las clases que es- tuviesen en posesión de los vecinos. Los lugares de entrega de los suministros se establecieron en los pueblos de Campomaior, para los mu- nicipios situados a la derecha del río Guadia- na y Talavera la Real para los de la izquierda. A su vez, el director general de Campaña de Provisiones del 5º Ejército, solicitó a la Junta Su- prema de Extremadura la distribución de una circular, con el mandato de la Dirección Ge- neral del Reino, con el fin de que los pueblos de la Provincia y los administradores de las en- comiendas reunieran pan, granos, menestras y efectivos para el ejército, con independencia de las exacciones de carnes frescas, vino y aguardiente anteriores a la petición. Además estableció todo un sistema de vigilancia de las personas encargadas de la recaudación, a fin de que se preservaran los cauces legales. El 26 de enero de 1811, se presentó en Ba- dajoz el mariscal Soult, estableciendo un cerco a la ciudad, e iniciando enseguida la exca- vación de las trincheras de asalto. Era gober-
  21. 21. 21 nador militar y político de la plaza el mariscal gaditano Rafael Menacho. Su jeje de artille- ría era Joaquín Caamaño y el de ingenieros Julián Alvo. La población de la ciudad ascen- día a unos 12.000 habitantes, siendo su guar- nición de 9.000 soldados con abundante arti- llería, munición, víveres y demás pertrechos de guerra, lo que garan- tizaba buenas con- diciones para la resis- tencia. Los franceses instalaron su artillería en los cerros de San Miguel, el Almendro, las Mayas y el Vien- to. El día 28 iniciaron un fuerte bombardeo sobre las murallas. El 2 de febrero, Soult hizo a Menacho una primera propuesta de rendición que fue rechazada. El día 6, y con ayuda del general Agustín de la Carrera, que mediante una hábil maniobra de distracción arrojó a la caballería enemiga del otro lado del Gévora, el general Gabriel Men- dizábal consiguió entrar en Badajoz con varias divisiones para reforzar la guarnición. El 11 de febrero, Soult lanzó un intenso ataque contra el fuerte de Pardaleras. Tras la pérdida de dicho fuerte y el descalabro de Mendizábal, Soult hizo una nueva petición de rendición a Mena- cho que fue otra vez rechazada. Aunque, el 4 de marzo moría Menacho defendiendo el ba- luarte de Santiago. Ante esta situación tomo el mando el mariscal José Imaz, quien rindió la plaza seis días después. Los franceses entraron en Badajoz el 11 de marzo de 1811, celebran- do con luminarias la conquista. Según se despren- de de la lectura de un interesante docu- mento que se halla en el Archivo Histórico Nacional, el Consejo Supremo de Regen- cia, había enviado a la Junta Suprema de Extremadura, la Orden de 18 de ene- ro de 1811, para que tomara las providencias oportunas con el objeto de que no faltaran víveres en la plaza de Badajoz, que en aque- llos momentos se hallaba sitiada por el ejército francés. El 26 de enero, la Junta contestaba que había tomado las medidas necesarias y además adjuntaba dos ejemplares de lo que habían acordado sobre el particular.1 1. Representación de la Junta Suprema de Extremadura sobre el abastecimiento de la ciudad de Badajoz, mientras se halla- ba sitiada por el enemigo. Valencia de Alcántara 25-1-1811. AHN, Consejos, nº 12.868, expedientes 10 y 13. El 26 de enero de 1811, se presentó en Badajoz el mariscal Soult, estableciendo un cerco a la ciudad, e iniciando enseguida la excavación de las trincheras de asalto.
  22. 22. 22 En el primero de ellos, impreso y fechado en Valencia de Alcántara el 24 de enero, la Junta Suprema de Extremadura mostraba la confianza que tenía en la Nación española para poder vencer a los franceses. Conside- raba que cuanto más se dilatase la lucha y más obstáculos se pusiesen al enemigo, más fácilmente se conseguiría la victoria. Hacía hincapié en que los franceses no conquistarían la plaza de Badajoz, a no ser que fuese motivado por el hambre o por las intrigas. Pero para esto, reconocía que se contaba con la vigilancia de los jefes y con la atención de sus valientes y leales vecinos. Teniendo en cuenta estas consideraciones, la Junta manda- ba a todos los habitantes de la provincia que inmediatamente y por cuantos medios les fuera posible, llevasen víveres de cualquier género a Badajoz. Por último, llamaba tam- bién la atención del peligro que supondría para la causa, cualquier alboroto o conmo- ción popular, ex- hortando por ese motivo al pueblo en mantener, a toda costa, el res- peto hacia las au- toridades.2 Mientras que en el segundo ejem- plar, fechado el 26 de enero, y ponien- do como premisa que la provincia de Extremadura se encontraba “arrui- nada y aniquilada de granos, carnes y demás víveres”, la Junta Suprema expo- nía, desde su punto de vista, las causas, las consecuencias y los remedios que se debe- rían tomar para solventar esta situación. Se- 2. AHN, Consejos, nº 12.868, expediente 10. gún la Junta, este estado deplorable había sido motivado, por el avituallamiento de los ejércitos combatientes (tanto aliados como enemigos), así como por los robos, desórde- nes y arbitrariedad de jefes y comisarios. Sus efectos inmediatos se traducían en la impo- sibilidad de mantener al ejército, así como en la dificultad de poder transportar a Badajoz los ví- veres necesarios en un futuro, si el sitio se prolonga- ra en el tiempo. A continuación se fi- jaba en el estado en que se encon- traba el ejército (disgusto general de las tropas, sol- dados desnudos y hambrientos, que llegaban in- cluso a vender sus raciones y vestimentas), y que habían oca- sionado deserciones, fugas, robos en los ca- minos, confusión y temor. A pesar de ello, la Junta consideraba que la situación aún po- dría remediarse con “un general instruido de mano fuerte, que reviva la rigurosa y exactísima obe- diencia a las ór- denes militares, y que no disimule ni tenga considera- ción en la más pe- queña falta o que- brantamiento de ellas”. Concluyen- do, por último, que la Junta Suprema de Extremadura re- presentaba a una Provincia “que ha jurado morir por su libertad, que por ella ha derramado su san- gre en los campos de Medellín, Canta el Ga- llo, Fuente de Cantos y otros y ha sacrificado todos sus bienes”.3 3. AHN, Consejos, nº 12.868, expedientes 13.
  23. 23. 23 APORTACIONES A LA HISTORIA DE BADAJOZ POR TIRSO LOZANO RUBIO (Apéndices a la historia del Dr. Mateos) Manuel Cienfuegos y Ruiz-Morote Hace tres años conmemoramos el veinte aniver- sario de la Asociación con una pequeña e in- teresante obrita para el estudio de historia de España y en particular de Badajoz destinada a los niños de primera enseñanza, editado en 1878 por D. Joaquín Romero y Morera, regente de la Escuela de Práctica Normal de Badajoz. De igual forma, el año pasado reeditamos otra pequeña obra sobre la Historia de Badajoz escrita en 1844 por Valentín Falcato, persona- je bastante desconocido en la ciudad pero que nos ha dejado muchas huellas en la ciudad de mediados del siglo XIX. Por sus rarezas, ambas obras originales no se encontraban en ninguna de las bibliotecas de la ciudad y su acceso era casi impo- sible, convirtiendo dichas reedicio- nes en libros de coleccionista. A estas obras facsimilares de- bemos unir otras que en años an- teriores fueron editadas también por la Asociación. Este es el com- promiso que tenemos no solamen- te con nuestros socios, sino con la ciudad. Y esto es así porque nues- tras ediciones son enviadas a las Bibliotecas de la ciudad, a las mas importantes de Extremadura y a las diferentes bibliotecas de los centros de enseñanza de la ciudad. Es un esfuerzo que no nos cansamos de agradecer a nuestros socios. Este año la Fundación Caja Badajoz conocedora de nuestro proyecto de reedición de libros, a querido sumarse y ha apostado para que vea la luz otra obra que es de gran interés para los estu- diosos y amantes en la historia de nuestra ciudad. Son muchos los libros candidatos a una reedición facsímil y si nos hemos decidido por éste, que aho- ra pasaremos a comentar, se debe sin duda porque se trata de un libro muy demandado y de obligada lectura para aquellas personas que se inicien en la historia de Badajoz, o que quieran completarla en muchos aspectos. Al contrario de los libros anteriores publicados que no era posible encontrarlos en nues- tras bibliotecas, este si está a disposición del públi- co en general, pues su edición data de 1930, pero todos los ejemplares consultados se encuentran en muy malas condiciones o nos dan fotocopias para no dañar mas el original. CLAVES PARA ENTENDER EL LIBRO Francisco Mateos Moreno fue canónigo de la Ca- tedral de Badajoz entre 1769 y 1795. Escribió de puño y letra una historia del convento de religiosas Carmeli- tas de Badajoz. El Dr. Mateos fue el confesor del Obis- po Amador Merino de Malaguilla quien fundara el convento de las Carmelitas Descalzas. Por tanto el Dr. Mateos tenía información de primerísimo mano para escribir sobre el convento de religiosas. Dicho manus- crito que se conservaba en el archivo del Convento vio la luz en 1930, gracias al trabajo del entonces ca- nónigo y miembro de la Academia de la Historia, Tirso Lozano Rubio. El mismo se encargó de la introducción y de un amplio estudio para acompañar el libro, convirtién- dose en una importante aportación al conocimiento de la historia de Badajoz, ocupando una gran canti- dad de folios. No le quedó mas remedio al impresor, ediciones Arquero, que dividir el futuro libro en dos tomos; el primero con la introduc- ción de Tirso y la Historia manuscri- ta del Convento de Carmelitas del Dr. Mateos Moreno y el segundo tomo con los apéndices o notas, fruto del trabajo de investigación realizado por Tirso. La obra facsimilar que edita- mos, con la colaboración inesti- mable de la Fundación Caja Ba- dajoz, contiene la introducción realizada por Tirso Lozano en el tomo I y el tomo II completo con los 15 apéndices, a modo de no- tas, que investigó sobre nuestra ciudad. Para que se hagan una idea el tomo II original son cerca de 500 paginas y constituyen en sí un auténtico repaso a la historia de Badajoz. Los temas abordados en el tomo que hoy publicamos tienen la si- guiente temática; la conquista de la ciudad, el obispo Pérez, la leyen- da de la tragedia entre Bejaranos y Portugalenses, los ilustres linajes de la ciudad y sus capillas, detractores y defensores de la fundación romana, puertas de Ba- dajoz y de su ciudadela, callejero de Badajoz, demar- cación de las antiguas y nuevas parroquias, ermitas desaparecidas, Beja y el obispado pacense, fueros y privilegios de Badajoz, conventos de religiosos y reli- giosas y su situación actual, etc. Termino dando las gracias al rector y biblioteca- ria del Seminario San Atón de Badajoz por la intro- ducción, a mis compañeros Julián García Blanco y Fernando de La Iglesia y como no, a la Fundación Caja Badajoz no solo por el patrocinio, sino porque curiosamente su presidente Emilio Vázquez, prestó de su biblioteca particular el original para realizar el facsímil.
  24. 24. 24 NUEVO MALTRATO AL PATRIMONIO EN OLIVENZA Juan Manuel Vázquez Ferrera Presidente de la Asociación para la Defensa del Patrimonio de Olivenza La reutilización de antiguas construccio- nes y su rehabilitación o adaptación para dotarlas de un nuevo uso, ha sido una constante a lo largo de la historia. En la mayoría de las ocasiones este tipo de actuaciones nunca son sencillas de rea- lizar y suelen estar sujetas al criterio perso- nal de los técnicos redac- tores de estos proyectos, que se encuentran con la dificultad de encajar un moderno programa de necesidades en unos edificios que se concibie- ron inicialmente para otro uso. Siendo en muchos casos estas adaptacio- nes, motivo generador de controversias, ya sea por el nuevo uso, por los pro- cedimientos o técnicas utilizados. La Administración Pú- blica no sólo es un órga- no promotor, sino que debe garantizar los me- canismos de control que aseguren el cumplimien- to de la legislación vigen- te, así como la correcta ejecución de los trabajos. O al menos así debería ser. Todos tenemos en mente algu- nas desafortunadas actuaciones, que con la audacia de técnicos y el visto bueno de la Administración, han lesionado nuestro patrimonio. Olivenza cuenta con numerosos ejem- plos de este tipo de actuaciones. La últi- ma, la adaptación para nuevo Centro de Salud de las antiguas escuelas públicas del Ave María. Poniendo de manifiesto una vez más, la escasa sensibilidad hacia el patrimonio. LAS ESCUELAS PÚBLICAS DEL AVE MARIA Las escuelas del Ave María fueron en su dia un conjunto de edificios construidos en 1929 durante el periodo del directorio civil de la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), en el régimen conocido como la Dictadura con Rey. Formaban parte de un innovador modelo educativo promulgado en el programa de desarrollo social y obras públicas del mo- mento, que procuraban el acceso a la educación para las clases mas desfa- vorecidas, especialmente a las mujeres, este nuevo concepto educativo se basaba en los grandes es- pacios abiertos y la nece- sidad natural que el niño tiene de jugar. Este tipo de centros, del que se construyeron unos 400 en toda España, son conocidos también por el nombre del Ave María, o Escuelas Manjonianas, pues su fundador e impul- sor fue el sacerdote gra- nadino, el padre Manjón. Según los principios manjonianos, el juego era una de las necesidades básicas del niño, “[...] es algo innato en su natura- leza activa, y por ello se debe enseñar ju- gando…”; “El entorno que rodee la escuela debe ser amplio, alegre y sano, con un cam- po para el juego y labores, un jardín para el recreo y abundantes aguas cristalinas…”. Las generaciones que allí estudiamos re- cordamos todavía los amplios pasillos, las aulas llenas de luz y el enorme patio-recreo que formaba parte de este edificio. Durante muchos años este centro cum- plió dignamente con su cometido, hasta que el crecimiento poblacional y las nuevas Fachada del edificio antes de las obras
  25. 25. 25 necesidades formativas, obligaron a la cons- trucción de un nuevo complejo educativo. EL NUEVO CENTRO DE SALUD DE OLIVENZA Una vez obsoleto el antiguo colegio, se decidió destinar el edificio a un nuevo uso público, construyendo en su interior las nue- vas instalaciones del centro de salud de la localidad, comenzando a partir de ese mo- mento, las agresiones contra el edificio y por tanto, contra el patrimonio. La rehabilitación ha consistido en el va- ciado del interior del local, manteniendo las fachadas exteriores del antiguo edificio por tratarse de elementos de alto valor patrimonial, para lo cual fue necesa- ria la realización de cos- tosas labores de apeo que garantizaran la esta- bilidad de los muros. Uno de los aspectos más discutibles en la eje- cución de este proyecto es la ubicación del ac- ceso para personas con movilidad reducida, ha- biéndose construido una voluminosa rampa en la fachada principal (la de mayor valor estético), que la oculta parcialmen- te, elemento este mucha controversia si tenemos en cuenta el alto coste que supuso mantener la fachada original. Pero quizás el aten- tado patrimonial más evidente, ha sido la ocultación y destrucción del escudo real de Alfonso XIII, que remataba y presidía la en- trada principal del edificio. Las agresivas intervenciones sufridas en este elemento, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) dentro del Conjunto Histórico Artístico que forma la ciudad de Olivenza, y protegido por la Ley de Patrimonio Histó- rico de Extremadura Ley de 2/1999 de 29 de marzo, se han sucedido incluso antes del comienzo de las obras. Ya en 2007 se procedió a su ocultación mediante varias capas de pintura; posteriormente, durante su ejecución, fue sometido a la perforación de su superficie, para después, proceder a ocultar definitivamente el panel de azulejos con algún tipo de mortero o revoco. Como culmen a este despropósito, se remató con el emblema del SES y mástiles de acero. Desde nuestra Asociación estamos de acuerdo en la necesaria adaptación y reha- bilitación de nuestro patrimonio monumen- tal, siempre que se respeten las caracterís- ticas y elementos que los definen, pero de ninguna manera podemos dejar de criticar actuaciones lesivas como estas, en las que sin ningún motivo prime- ro se oculta, y después se destruye un elemento patrimonial sin la mas mí- nima consideración. Los hechos fueron de- nunciados públicamente a través de las redes so- ciales desde el inicio de las obras, cuando el pa- nel estaba tan solamen- te oculto con una capa de pintura, poniéndolo también en conocimien- to de la corporación mu- nicipal. Y de igual mane- ra durante el tiempo que han durado las obras con cada nueva agresión. Una vez que ha sido finalizada la obra e in- augurado el edificio y viendo que como rema- te final a este cúmulo de agresiones, se colocaba sobre el escudo emble- ma y mástiles de bande- ra, se denunció nuevamente y por escrito, tanto en el Ayuntamiento como en la Comi- sión Provincial de Patrimonio, sin que hasta el momento hayamos recibido contesta- ción de ningún tipo. Mantenemos la esperanza y esperamos que aun estemos a tiempo de recuperar este importante elemento de nuestro patri- monio y de nuestra herencia cultural, y que las Administraciones Públicas emprendan cuanto antes las acciones necesarias para su recuperación, ya que sin duda alguna, forman parte de una época y son el reflejo del modo de vida de una sociedad. Centro de Salud de Olivenza Noviembre de 2016
  26. 26. 26 JUAN TOVAR EN LA TOMA DE BADAJOZ Eladio Méndez Venegas Sacerdote Dejamos a un lado el primer periodo de la vida del sacerdote Juan de Tovar y en- tramos de lleno en la relación que mantuvo con los franceses, que ocupaban la ciudad de Badajoz; por supuesto una relación de enfrentamiento y de rechazo. Los Franceses entraron en la ciudad el 11 de marzo de 1811 sobre las 8 de la mañana y se apoderaron de todos los bienes de los ve- cinos entre ellos de 300 reses de vacunas de diversos dueños, las cuales fueron llevadas al “foso de la Cortina de la Trinidad” llamada “el juego de la pelota”, (6ª parte de la mura- lla), de ellas 92 habían pertenecido a D. Juan de Tovar y quedaron con las demás a discre- ción de los Jefes franceses, teniéndolas to- das por perdidas, así los otros dueños como el propio D. Juan, pues estaban ya rodeadas y vigiladas de centinelas franceses para su custodia1 . 1. De D. Juan de Tovar dicen Vicente Barrantes, López Prudencio, Jesús Rincón y Román Gómez Villafranca que gastó gran parte de sus bienes en pagar a los artilleros y defensores de la ciudad frente a los franceses. Dice Vicente Barrantes hablando de la Guerra de la Independencia y de modo especial refiriendose al año 1811: “Entre los grandes rasgos de desprendimientos de muchos badajocenses (sic) en aquellos días están los del diácono Tovar, que entre otros, tuvo el de dotar con tres reales diarios de su peculio particular a todas las fuerzas de la Guarnición”. López Prudencio en una nota de su obra: Extremadura y España”, 29 Edic. 1929 -p.320.- dice “Uno de los badajocenses (sic) que más se distinguieron por su generoso proceder en la organización de los elementos defensivos durante el sitio de 1811 fue el diácono D. Juan de Tovar, que obsequió algún tiempo con dos reales y medio diarios a cada uno de los soldados de artillería que ocupaban los puestos de mayor peligro; costeó los trabajos de la mina para defender la lucha; mantuvo a 40 hombres empleados en conducir pliegos de Portugal y dio limosnas de seis reales a cuantos sacerdotes quisieran celebrar una misa en la catedral por el feliz éxito de nuestras armas”. D. Jesús Rincón en el “Clero Extremeño en la Guerra de la Independencia (1911, f.87). Román Gómez Villafranca , en su libro de la Guerra de la Independencia repite la noticia anterior: Si para ejemplo, uno de estos (de los vecinos pendientes) gratificaba con cinco duros a cada soldado de los setenta que colocaron tres piezas en una batería formada en el Campo de San Francisco, otro D. Juan de Tovar obsequió durante el mes y medio del sitio con dos reales y medio diarios a cada uno de los trescientos treinta y cinco artilleros que hacían servicio en el frente de la muralla atacada; costeó mas tarde los trabajos de la mina para D. JUAN NEGOCIA CON UN ALTO CAR- GO FRANCÉS.- habiendo sido alojado en las casas de D. Juan uno de los Edecanes del Mariscal Soult —que fue el mismo que vino a capitular—, D. Juan le hizo presente las grandes pérdidas, que en varias ocasio- nes había tenido y la que experimentaba en aquel momento con las expresadas 92 cabezas vacunas y llegó a convencer con ruegos e instancias repetidas para que ce- diese el Edecán y lo expusiese al Mariscal, a fin de que se las restituyeran en todo o en parte. Pudo lograrlo mediante la grati- ficación de diez mil reales y una cadena de oro, que le había costado 1.100 reales, pero solo le devolvieron 45 cabezas de las 92 que le habían sustraido (robado), y lo llevaron a cabo pasando el referido Ede- cán con D. Juan al anunciado “foro” (sic- por foso) de la Trinidad al anochecer del día 15 del citado mes de marzo. Y apartan- do una porción de los que estaban allí reu- nidos, fueron saliendo por una puerta del “montón” a voluntad del propio Edecán, que por medio de los soldados franceses las iban separando y careando hacia don- de estaban dos mozos de D. Juan para recibirlas como las recibió y condujo para Juromeña en el confinante reino de Portu- gal, donde las vendió, después de algunos días, al negociante de ganados Flores, ve- cino de Yelves en precio de 900 reales de vellón cada una conceptuándolas D. Juan como suyas propias, sin que nadie tuviera derecho a reclamarlas, aunque entre ellas las pudiera haber de otros dueños, veci- nos o forasteros, pues que no escogieron los franceses las que eran del hierro y señal del Sr. Tovar, sino aquellas que casualmen- te fueron saliendo por la puerta, o porción apartada del conjunto2 . defender la lucha; mantuvo a ocho hombres empleados en conducir pliegos a Portugal y dio limosnas de seis reales a cuantos sacerdotes quisieron decir misa en la Catedral por el feliz éxitos de nuestras armas (D. Román Gómez Villafranca “Extremadura en la Guerra de la Independencia, 1908 p.240). 2. cf. Leg.17. nr. 410, año 1813
  27. 27. 27 RECLAMACIONES DE LOS DUEÑOS DEL GANADO A TOVAR.- Al día siguiente, 16 de Marzo, Francisco Jurado y Pedro León, que habían presenciado aquel apartado, acudieron a casa de Tovar en demanda de ocho bueyes de sus pertenencias que habían sido contados entre los 45 que le habían sido segregados por los franceses. Se negó rotundamente Tovar, a no ser que alcanzaran del mariscal Francés ocho bue- yes cualesquiera, sacados del montón (ma- nada), aunque valieran menos de los que en su cambio estaba dispuesto a devolver, pues se compadecía de su pobreza y pérdi- da. Hicieron estas diligencias con el mismo Edecán de Soult los dos solicitantes, retirán- dose de su alojamiento, dice Tovar, sin es- peranza de recobrar dichas ocho cabezas, pero la circunstancia de tener “un gobierno tan inicuo”, hizo imposible su solicitud, aun- que también le ofrecieron gratificaciones competente. Después, por la “exorbitante contribu- ción, que el gobierno francés había impues- to”, al enterarse de la venta de las 45 vacas en Portugal, acudieron de nuevo a casa de Tovar, reclamando el importe de sus ocho vacas. Tovar , aún sin creerse obligado, en- tró en trato con ellos por lástima de verlos en la ruina. Con estas condiciones él había perdido la mitad de su ganado, ellos perde- rán asimismo la mitad del suyo y le dio dos mil reales a cada uno, previo convenio en- tre los tres de 1.000 reales por cabeza. Reconquistada la plaza3 volvieron a re- clamar a Tovar, pues cada cabeza, según ellos, valía 1.300 reales, negándose aquel por estimar que ya le habían pagado lo convenido. Ellos dijeron que los reales, que le dio fue solo un adelanto, porque no tenía entonces más dinero. Insistieron una y otra vez los ganaderos, peor con nulo resultado. 3. cf. Eladio Méndez Venegas. Datos para un estudio de la Guerra de la Independencia en Badajoz, en separata de REE, 1983. Hubo 47 muertos en el asalto de la ciudad y otros tantos heridos de diversa consideración. TOVAR PRODUCE INQUIETUD EN LAS AUTO- RIDADES MILITARES Y ECLESIÁSTICAS.- ya he hablado algo de ellos en líneas anteriores. El 20 de noviembre de 1812 el Marqués de Pa- lacio, que había sucedido al de Monsalud en el Mando Militar de la Provincia, después de la reconquista de la Plaza, envió escri- to oficial al Prelado dándole cuenta que la Regencia del Reino se remita a informe un plan de nueva leva de partida de Armas, propuesto por el Presbítero Tovar. No era aún presbítero, ni siquiera diáco- no, solo minorista, quien pagaba partidas para perseguir malhechores en esta provin- cia y especialmente franceses. El de Pala- cio ruega al Sr. Delgado Moreno, Arzobispo- Obispo, (1802-1841) que tenga la bondad de informarle de las circunstancias, opinión y conducta, que se haya notado en este eclesiástico “quatro años a esta parte” y si, al parecer de S. Ilma. Convendría más al servicio de Dios y de la Nación que ponerse al servicio de Armas, o sea, que preguntaba al Prelado, si consideraba que Tovar debía dedicarse a las Armas y no a la Clerecía. El Marqués ya decía de antemano al Obispo que los eclesiásticos debían dedicarse a su ministerio, pues si se dedicaban a perseguir delincuentes contradecían con sus hechos lo que predicaban. Podría, según él, ejercer el ministerio en el Ejército o en un Hospital, aunque éste sea militar4 . La respuesta del Prelado fue la siguiente: (sin fecha) “Desde el principio de nuestra gloriosa revolución he creído que lo mas justo y conveniente a sostener la justa cau- sa que defendemos sería que cada uno se empeñase en el exacto cumplimiento de sus deberes, según el estado, clase y carre- ra en que se hallare, sin abandonar el militar de Armas, el Eclesiástico su ministerio para emplearse en el uso y manejo de aquellas ni el consentimiento e distinción competente 4. cf. Leg.17, nr. 410 año 1813. Asuntos Civiles Los Franceses entraron en la ciudad el 11 de marzo de 1811 sobre las 8 de la mañana y se apoderaron de todos los bienes de los vecinos entre ellos de 300 reses de vacunas
  28. 28. 28 lo que lejos de ser útil a la Nación y causa pública, le es harto perjudicial como lo ha acreditado la experiencia5 .” Continua el Obispo en un largo rescripto, tratando de responder al marqués de pala- cio dándole la razón de que un eclesiástico debe dedicarse a cosas propias de su mi- nisterio, aunque existan casos en España, que los implicados en formar estas partidas han considerado que solo pretendían servir a la humanidad y a su propia nación, lo que le llevaba al Obispo a una difícil respuesta. No obstante el Obispo le había invitado a Tovar, que reflexionara sobre su actitud y lo haría ahora de nuevo. El prelado se expresa con estas pala- bras; “Hace muchos años que me es har- to doloroso el ver en este eclesiástico que en lugar de cumplir con los deberes de su estado y de atender al sacerdocio como debía, ha estado totalmente dedicado a tratos y negocios hartos repugnantes sin portar ni siquiera un vestido como eclesiás- tico. He hecho cuantos esfuerzos son da- bles por traerlo a su deber y que conociese su verdadero bien: me he visto en la ne- cesidad de proceder jurídicamente y de corregirlo; más nada ha sido bastante. Ha faltado a sus promesas y buscando el fuero privilegiado castrense trató de evadirse de mi jurisdicción6 . Soy pues del parecer que convendrá más al servicio de Dios y de la Nación que 5. cf. Leg.1, nr. 411- Asuntos Civiles 6. cf. Id. este interesado se dedique a observar como debe llevar una vida puramente eclesiástica que continuar en servicio de las armas.7 ” Por su servicio a la Patria, al rey y a la Ciu- dad le fueron concedidos grandes honores y premios, le retiraron cuando presionado por la autoridad Militar y Eclesiástica, se ve obligado a ceder en su actividad patriótica y social. Es entonces cuando sus acreedores a quienes había comprado ganado por valor superior a 100.000 reales, acuden a re- cibir su parte. Procedían los acreedores de Talarrubias, Zalamea, Béjar y otros pueblos de Salamanca y Ávila. Organizó Tovar corri- das de toros en Badajoz para alentar los áni- mos decaídos de los pacenses y pagó de su propio peculio 3 reales-extras a los artilleros que defendían la muralla. OTROS EXTRANJEROS CON LOS FRAN- CESES.- Con las tropas francesas llegaron también otras personas que, junto a ellas, lograron su medio de vida, como sucede con Juana Cristina Gasquet. Ocurre que en estas fechas de 1812 solicita un certifi- cado de viudedad de Juana Cristina Gas- quet, natural de Breslau (Alemania, hoy Polonia), que estuvo casada con Santiago Franco, cantineros que acompañaban a las tropas francesas al tomar Badajoz, fue muerto, siendo enterrado en el Claustro de la Catedral con asistencia de la mayor par- te de los miembros del Convento de Santo Domingo8 . 7. cf. Leg 17, s-n 8. cf. Id.
  29. 29. 29 EL TESORO PREHISTORICO DE SAGRAJAS. SU RECUPERACIÓN Y MARCHA A MADRID Juan Javier Enríquez Navascués El 7 de noviembre de 1969 se encontró en una parcela de colonización del pobla- do Sagrajas uno de los más importantes y espectaculares tesoros prehistóricos apare- cido en Extremadura: el denominado teso- ro de Sagrajas. Consta de 6 piezas de oro macizo que alcanzan en total un peso de 2.787,53 gramos, de los cuales más de 2 ki- los corresponden al espectacular torques o collar de doble aro con decoración y cierre machimbreado, que tiene 14,8 cm de diá- metro exterior. A él estaban asociados otro torques retorcido más pequeño, que debió cerrar la pequeña cadena encontrada, y cuatro brazaletes abiertos y rígidos como los torques (fig. 1). Se trata de adornos característicos de la orfebrería de finales de la Edad del Bronce de la zona atlántica europea, atribuidos a las élites como emblemas mediante los que se manifestaba su estatus o posición social dominante. Más en concreto esta clase de torques y brazaletes se vienen asociando por su tipología y tamaño a las mujeres y se ha relacionado su significado con la mate- rialización de pactos y alianzas políticas en las que las mujeres jugarían un destacado papel, de tal modo que pueden conside- rarse verdaderas dotes matrimoniales amor- tizadas a la hora de la muerte, es decir en- terradas u ocultadas sin volverse a utilizar al fallecimiento de su legítima propietaria. El tesoro de Sagrajas se encuentra ac- tualmente expuesto en las salas del Museo Arqueológico Nacional de Madrid y aquí queremos contar con brevedad cómo se pudo recuperar y qué es lo que ocurrió para que al final terminara en Madrid, como otros conjuntos áureos extremeños de ca- rácter prehistórico: los tesoros de Bodonal de la Sierra, Berzocana, Navalvillar de Pela, Aliseda etc. Hay dos personajes claves en la historia de la recuperación del tesoro: en un primer momento Carlos Castellanos, el propietario de la conocida joyería badajocense, y jun- to a él de manera muy especial Julio Cien- fuegos Linares, que era ya por aquellos años un destacado y polifacético personaje que compaginaba su profesión de juez con ac- tividades relacionadas con el arte, la litera- tura y la cultura en general así como con la Figura 1: Tesoro de Sagrajas (foto Museo Arqueológico Nacional)
  30. 30. 30 política —y de hecho poco tiempo después de su intervención en el caso del tesoro de Sagrajas, en concreto en abril de 1970, fue nombrado presidente de la Diputación Pro- vincial de Badajoz y más tarde director del Instituto Social de la Marina—. Cienfuegos ha dejado constancia escrita de como Caste- llanos fue quien le puso en la pista del tesoro, al llegar a su joyería “la mujer de un colono con una pieza de oro para que la valorara”. Extrañado por las características del objeto, uno de los brazaletes según la descripción, avisó a Cienfuegos, quien enseguida se en- trevistó con la mujer. Es evidente que sin ese proceder por parte de Castellanos las pie- zas se podrían haber vendido y desapareci- do, pero el hecho de avisar rápidamente a Cienfuegos, que era el Delegado Local de Bellas Artes, permitió a éste actuar sin demo- ra y asumir como propia la responsabilidad de llevar a buen puerto la recuperación del tesoro y su correspondiente expediente. Para cumplimentar este último se puso ense- guida en contacto con J. Álvarez Sáenz de Buruaga, director entonces de los museos de Mérida y Badajoz y Consejero Provincial de Bellas Artes. Tras la entrevista con el familiar del descu- bridor y tras contactar con Álvarez Sáenz de Buruaga, ambos visitaron la casa del descu- bridor el 20 de noviembre y también el lugar del hallazgo en compañía de otro familiar, que sin embargo se mostró inseguro sobre el sitio exacto de aparición. Volvieron en- tonces al pueblo y con el descubridor mar- charon a Badajoz, primero a la joyería para pesar algunas otras piezas que les enseñó y luego a casa de Cienfuegos. Allí quedaron el torques grande pero sin el cierre, un bra- zalete y dos fragmentos del pasador, que J. Cienfuegos recibió para su depósito al día siguiente en el Banco de Bilbao a nombre del Museo de Badajoz. Pero además, Cien- fuegos y Álvarez informaron del hallazgo al Gobernador Civil y al coronel de la Guardia Civil para que se montara vigilancia sobre la zona donde apareció el tesoro y sobre las joyerías de Badajoz, por si acaso. La presen- cia en Sagrajas de ambos y en especial la capacidad resolutiva de Cienfuegos debió causar impacto y, quizás por ello, al día si- guiente, día 21, el descubridor le hizo una nueva entrega de piezas en su casa: los tres brazaletes abiertos que faltaban y el tor- ques torsionado, la cual diligenció. Cienfue- gos depositó también las piezas en el ban- co como Delegado Local de Bellas Artes y el día 24 le envió a Álvarez Sáenz de Burua- ga la documentación con fotos del tesoro y fotocopias del acta del depósito en el ban- co por él y para que pueda enviarlas a la Dirección General de Bellas Artes. Con fecha 25 de noviembre, Álvarez Sáenz de Buruaga, en calidad de Consejero Provincial de Bellas Artes, puso en conoci- miento oficial del Director General de Bellas Artes el hallazgo, adjuntando fotocopia del depósito de las piezas en el banco y foto- grafía del tesoro. Pero también escribió una carta particular al Comisario General de Ex- cavaciones y director del Museo Arqueoló- gico Nacional, Martín Almagro Basch, para contarle el descubrimiento y las característi- cas del tesoro, y éste enseguida se interesó por las piezas. El 3 de diciembre el Ministerio de Edu- cación y Ciencia encargó a Álvarez Sáenz de Buruaga un informe sobre el interés de su adquisición, tasación y certificado de depósito con el fin de proceder conforme al artículo 6 de la Ley de Excavaciones Ar- queológicas de 7 de julio de 1911 y a su Reglamento. Parece ser que hubo algún intento de que la tasación se hiciera en el Museo Arqueológico Nacional, pero el 30 El tesoro, de piezas de oro, pesa 2,787,53 gr y lo forman un torques torsionado, cuatro brazaletes abiertos y un torques de doble aro que supera los 2 kg. Se encuentra expuesto permanentemente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

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