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  1. 1. 40. POR QUÉ LLAMAMOS PADRE A DIOS La filiación divina
  2. 2. Por qué llamamos Padre a Dios <ul><li>Porque nos ha creado a su imagen y semejanza: somos persona y somos persona espiritual . </li></ul><ul><li>Por la especial providencia que Dios tiene sobre todos los hombres, a quienes ama y gobierna como seres libres. </li></ul>
  3. 3. Por qué llamamos Padre a Dios <ul><li>Sobre todo porque nos ha elevado a tomar parte, por la gracia en la vida íntima de la Santísima Trinidad, concediéndonos una participación en la naturaleza divina (2P 1,5), que nos diviniza, y nos hace hijos en el Hijo , hermanos, por adopción, del Hijo Unigénito. </li></ul>
  4. 4. Por qué llamamos Padre a Dios <ul><li>Porque habiendo perdido esta dignidad por el pecado, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer ... para que recibiéramos la condición de hijos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios envió a su interior el Espíritu de su Hijo (el Espíritu Santo) , que grita: ¡Abba Padre! (Ga 4, 5-6). </li></ul>
  5. 5. Por qué llamamos Padre a Dios <ul><li>Porque nuestro Señor Jesucristo nos ha dicho: ustedes, pues, oren así: Padre nuestro... (Mt 6,9). </li></ul>
  6. 6. El sentido de la filiación divina: fundamento de la vida espiritual Ya ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. Cuando se manifieste seremos iguales a Él porque le veremos como es (1Jn 3, 2). en la creación: persona en el orden sobrenatural (re-creación) : hijo de Dios en el Cielo: plenitud de filiación divina
  7. 7. El sentido de la filiación divina: fundamento de la vida espiritual La vida cristiana —la santidad— consiste en vivir de acuerdo con esta altísima dignidad: como hijos de Dios Padre en el Hijo (formando como una sola cosa con Él), por el Espíritu Santo (vínculo de unión entre el Padre y el Hijo, y por tanto, quien nos hace hijos adoptivos del Padre).
  8. 8. Filiación divina: ser el mismo Cristo <ul><li>Para vivir como hijos de Dios es preciso considerar frecuentemente que lo somos: en esto consiste el sentido de la filiación divina. </li></ul>
  9. 9. Filiación divina: ser el mismo Cristo <ul><li>Una vez que el Hijo Unigénito se ha hecho hombre, vivir como hijo de Dios significa imitar a Cristo. No sólo externamente, sino vivir su misma vida sobrenatural, cada vez con más plenitud, hasta llegar a ser, no sólo otros Cristos sino el mismo Cristo, es decir : </li></ul>
  10. 10. Filiación divina: ser el mismo Cristo <ul><ul><ul><li>cumplir la voluntad divina haciéndonos, como Jesús, obediente hasta la muerte y muerte de Cruz (Flp 2,8), para redimir a las almas: Estoy crucificado con Cristo. Vivo, pero ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí (Ga 2, 19-20) . </li></ul></ul></ul>
  11. 11. Filiación divina y Santa Misa <ul><li>La Misa es el centro y raíz de la vida de un hijo de Dios, porque es renovación sacramental del sacrificio de Cristo. Cada día podemos unir nuestras obras a los méritos de Cristo, como la gota de agua al vino que se convertirá en su Sangre, para corredimir con Él, con afán de salvar a todas las almas. </li></ul>
  12. 12. Filiación divina y Santa Misa <ul><li>En la Misa adquieren valor nuestras acciones diarias, hasta las más pequeñas, realizadas por amor a Dios. </li></ul>
  13. 13. Hijos de Dios, hijos de María <ul><li>Cristo es Hijo de Santa María, y nos dio a su Madre por Madre en el Calvario. Ser hijo de Dios es ser hijo de Santa María. Por Ella nos viene toda la vida sobrenatural que nos ha ganado su Hijo. </li></ul>
  14. 14. Filiación y virtudes teologales <ul><li>La vida de un hijo de Dios es vida: </li></ul>— de fe : confiar plenamente en Dios y a abandonarnos en sus manos: Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura (Mt 6,33);
  15. 15. Filiación y virtudes teologales <ul><li>La vida de un hijo de Dios es vida: </li></ul>— de esperanza : porque si somos hijos, también herederos de Dios (Rm 8, 17). La filiación divina nos da la garantía de que Dios nos tiene preparada la herencia de Cielo;
  16. 16. Filiación y virtudes teologales <ul><li>La vida de un hijo de Dios es vida: </li></ul>— de caridad : porque los que se dejan guiar por el Espíritu Santo, ésos son hijos de Dios (Rm 8, 14), que es Amor.
  17. 17. Filiación divina: consecuencias fortalecimiento ante tentaciones y dificultades temor filial de ofender a Dios aborrecimiento del pecado: venial deliberado confianza en la misericordia de Dios ver la mano amorosa de Dios en los acontecimien-tos de la vida: todo es para bien (Rm 8, 28) tratar como hijos de Dios a los hijos de Dios vivir contemplando a nuestro Padre Dios
  18. 18. Filiación divina y fraternidad cristiana <ul><li>Al llamar a Dios Padre Nuestro reconocemos que la filiación divina nos une en Cristo &quot;primogénito de muchos hermanos&quot; (Rm 8,29), por medio de una verdadera fraternidad sobrenatural. </li></ul>tratar como hijos de Dios a los hijos de Dios
  19. 19. Filiación divina y fraternidad cristiana <ul><li>La Iglesia es esta nueva comunión de Dios y de los hombres (cf. CEC, 2790). Por esto, la santidad cristiana, aun siendo personal e individual, no es nunca individualista o egocéntrica: todos los cristianos han de sentir una gran responsabilidad apostólica: ¡ Todos con Pedro a Jesús por María! </li></ul>tratar como hijos de Dios a los hijos de Dios
  20. 20. Filiación divina y fraternidad cristiana <ul><li>La fraternidad que establece la filiación divina se extiende también a todos los hombres , porque todos en cierto modo son hijos de Dios —criaturas suyas— y todos están llamados a la santidad : No hay, pues, más que una raza: la raza de los hijos de Dios . Por ello, todos hemos de sentirnos solidarios en la tarea de conducir a toda la humanidad hacia Dios. </li></ul>tratar como hijos de Dios a los hijos de Dios
  21. 21. Filiación divina y fraternidad cristiana <ul><li>La filiación divina nos impulsa por tanto al apostolado , que es una manifestación necesaria de filiación y de fraternidad. La santidad —plenitud de la filiación divina— es inseparable del apostolado. </li></ul>tratar como hijos de Dios a los hijos de Dios
  22. 22. Vivir siempre en presencia de Dios <ul><li>Además, la Santísima Trinidad inhabita en el alma en gracia como en un templo (cf. Jn 14,23; 2Co 6,16) . </li></ul>vivir contemplando a nuestro Padre Dios <ul><li>Dios no está lejos de nosotros, porque en É1 vivimos, nos movemos y somos (Hch 17,28) . Está presente en lo más íntimo de sus criaturas (cfr. CEC, 300) . </li></ul>
  23. 23. Vivir siempre en presencia de Dios <ul><li>Es posible ser habitualmente conscientes de la cercanía de Dios procurando transformar la vida entera en una oración continua, mediante el cumplimiento exacto y amoroso de los deberes cotidianos (cf. CEC, 2659 y 2745) . Toda la jornada puede ser tiempo de oración: de la noche a la mañana y de la mañana a la noche (Es Cristo que pasa, 119) . </li></ul>vivir contemplando a nuestro Padre Dios
  24. 24. Vivir siempre en presencia de Dios <ul><li>Para llegar a vivir siempre en la presencia de Dios es preciso un esfuerzo constante por elevar el corazón al Señor: </li></ul><ul><li>para esto nos son de gran ayuda las industrias humanas o despertadores de la presencia de Dios. </li></ul>vivir contemplando a nuestro Padre Dios
  25. 25. Vivir siempre en presencia de Dios <ul><li>Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto (Amigos de Dios, 296) . </li></ul>

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