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LA NUEVA FISCALIDAD

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Cuidado con los impuestos. Tan inadecuado puede resultar subidas drásticas como reducciones significativas. Hay que ver su incidencia en la recaudación, en el PIB y en el empleo. La curva de Laffer puede decir algo.

Published in: Economy & Finance
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LA NUEVA FISCALIDAD

  1. 1. LA FISCALIDAD QUE NOS ACECHA. Manfred Nolte Concluidas las elecciones, se abre el sinuoso proceso de la constituci�n de mayor�as parlamentarias que den cauce a la gobernabilidad del pa�s. Por en�sima vez la suerte est� echada y debe cruzarse un Rubic�n, que en este caso no conduce necesariamente a un �nico destino o lugar. Al contrario, son m�ltiples y contradictorias las combinaciones de pol�ticas posibles en el nuevo escenario pol�tico. Tambi�n en el �mbito fiscal que es preciso diseccionar. El subconsciente de la mayor�a de los ciudadanos que aplauden mayores tipos impositivos y una mayor presi�n fiscal en t�rminos de PIB, alberga la velada convicci�n de que el sacrificio no va con ellos, que ellos no van a resultar comprometidos con las subidas que afectar�n en todo caso a las clases acomodadas de la sociedad, o a los bancos, o a las multinacionales o a alguna entelequia de dif�cil identificaci�n. Pero tal supuesto es err�neo dado que las reformas fiscales inciden en la totalidad del edificio econ�mico y de no ser certeras y proporcionadas pueden volverse contra todos los ciudadanos en t�rminos de desempleo y recesi�n. Conscientes del valor redistributivo de los impuestos, de su necesaria existencia en orden a la financiaci�n de los presupuestos p�blicos y del estado del bienestar, el efecto secundario de aumentarlos se manifiesta en los costes y distorsiones que produce en el �mbito de la econom�a privada, afectando a variables cr�ticas como la oferta de trabajo, el ahorro, la inversi�n y la estructura del gasto privado. En consecuencia, un sistema fiscal debe combinar con la equidad, la posible contribuci�n a la creaci�n de empleo y al crecimiento econ�mico en general. Tampoco una reducci�n s�bita y desmesurada es beneficiosa para el conjunto de la econom�a. La tesis de que reducciones de tipos pueden conducir a aumentos de bases y consiguientemente de cuotas fiscales, requieren que la coyuntura concreta del pa�s ruede por el tramo id�neo de la curva de Laffer. No siempre sucede que un recorte tributario pueda terminar autofinanci�ndose. En este caso, a�adidamente al descenso de la recaudaci�n, los estragos de la econom�a en forma de paro y ca�da del PIB pueden ser cuantiosos. Y recientes estudios concluyen en la alta probabilidad de que la econom�a espa�ola discurra en estos momentos por el flanco vulnerable, y por lo tanto desaconsejable, de la curva.
  2. 2. El tramo actual de la curva Laffer en la econom�a espa�ola es igualmente inadecuado para subidas de tipos impositivos. Aumentando apreciablemente el tipo medio de las rentas de trabajo, de las rentas de capital o los grav�menes del consumo, la administraci�n tributaria recaudar�a m�s o incluso mucho m�s, seg�n el incremento del tipo, pero ello aparejar�a un grave recorte del PIB y del empleo. Los n�meros est�n hechos y las conclusiones son desalentadoras (Bosc�, Dom�nech y Ferri). Quiere esto decir, remiti�ndonos a las declaraciones y programas de los distintos partidos pol�ticos que deben encarar en las pr�ximas semanas la gobernanza de la econom�a espa�ola, que el diagn�stico que merecen las referidas manifestaciones es, en la pr�ctica totalidad de los casos, altamente preocupante. Las ocurrencias, la demagogia, el generalismo, la improvisaci�n, la falsa audacia y progres�a o la mentira abrazan al conjunto de las proposiciones de actuaciones fiscales, aunque se diferencien de forma n�tida en su orientaci�n al defecto, frente al acomodo por exceso. De forma simplificada, los programas fiscales de los partidos pueden clasificarse en dos grandes bloques de dise�o diametralmente opuesto. El centro izquierda, la izquierda radical y alguna formaci�n de nuevo cu�o abrazan la utop�a alcista con subidas generalizadas y la ambici�n de equiparar nuestra presi�n fiscal a la media de la Uni�n europea, esto es, unos 70.000 millones de recaudaci�n adicional. El resto de las formaciones centristas y de derecha proyectan rebajas masivas de hasta 20.000 millones de euros. Pero ni los unos ni los otros revelan de qu� manera piensan financiar sus promesas, en un escenario doblemente cr�tico. El primero el de una desaceleraci�n que no admite ya dudas, y el segundo el requerimiento de Bruselas para la reducci�n de nuestro d�ficit p�blico. Y una menci�n especial a las pensiones. Con un d�ficit anual cercano a los 20.000 millones de euros, representa la parte de le�n del d�ficit fiscal de las administraciones del Estado. El d�ficit acumulado de 50.000 millones de euros, para el pago de las extras, se ha financiado con pr�stamos del tesoro, o sea con m�s deuda p�blica. Un descomunal desatino. Entonces, �qu� papel deben jugar los impuestos -viejos o nuevos- en la soluci�n de un problema insoluble como el que representa el actual marco de las pensiones? �Es hora de que los presupuestos p�blicos asuman determinados costes de la seguridad social? Puede ser, pero los impuestos, en dicho caso, no financiar�an, sino que subvencionar�an las cuentas de la seguridad social, que son dos cosas enteramente diferentes. Y abierta la espita de la subvenci�n la lista de candidatos a beneficiarios es interminable.

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