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  • 1. EL GRAN JULIO CÉSARpor José Manuel Gil Sánchez 1
  • 2. Dedico esta biografía a Samuel, de quien tengo la suerte de ser padrino. Él, ganó la primera edición, allá por el año 2004, del Concurso “El Gran Julio César”. ¡Ave Samuel! ÍNDICE 0. Prefacio……………………………………… III 1. Familia de César………………………… IV - VII 2. Mujeres de César………………………. VIII - XVI 3. Biografía cronológica de César… XVII - XCIV 3.1.- Infancia…………………………………………….. XVII - XX 3.2.- Periodo de formación……………………… XXI - XXVII 3.3.- Cursus honorum………………………………… XXVIII - XXXII 3.4.- El Triunvirato…………………………………… XXXIII - XXXVIII 3.5.- El Consulado………………………………………. XXXIX - XLII 3.6.- De bello gallico………………………………… XLIII - LXXI 3.7.- La descomposición del Triunvirato. LXXII - LXXV 3.8.- La Guerra Civil…………………………………. LXXVI - LXXXVII 3.9.- El poder absoluto de César en Roma.. LXXXVIII - XC 3.10.- Los idus de marzo……………………………… XCI - XCIV 4. Conclusión final………………………….. XCV 4. Bibliografía…………………………………. XCVI 2
  • 3. 0.- PREFACIO La presente biografía está escrita por mi, José Manuel Gil Sánchez, profesor de Ciencias Sociales del Colegio Sagrada Familia P.J.O. de Valencia, como base teórica para todos mis alumnos/as, con la que participan en el Concurso Anual EL GRAN JULIO CÉSAR, un concurso de preguntas y respuestas realizado desde el curso 2003 – 2004, cuando vi una película (Emperor’s Club) donde se hacía un concurso parecido. Me encantó la idea y la llevé a efecto, personalizando el funcionamiento y por supuesto creando esta base teórica por propia iniciativa, tras comprobar en la primera edición del mismo, que si daba libertad en el estudio de la biografía de César, algunos datos y fechas se cruzaban, teniendo problemas de funcionamiento del concurso. Esta era la finalidad, que ha supuesto un trabajo personal de más de dos años. He tratado de hacer una biografía sencilla, sin grandes alardes históricos ni documentales, basándome en la anécdota más que en el análisis profundo de los acontecimientos. En resumen, unos apuntes destinados a alumnos de Enseñanza Secundaria Obligatoria (E.S.O.) de edades comprendidas entre los doce y los dieciséis años. Como lector habitual y licenciado en Historia, soy consciente de las carencias y vacíos en algunos aspectos de la biografía de César. Incluso en determinados momentos he tenido que decantarme por algún autor en concreto cuando los datos se cruzaban. No he hecho un trabajo histórico basándome en documentos. No. Mi fuente de información ha sido exclusivamente bibliográfica y virtual, pues me he apoyado bastante en Internet, aunque la base fundamental han sido mis libros. La bibliografía se adjunta al final. El objetivo fundamental ha sido pues divulgativo, tratando de dar a conocer el mundo de la Roma Repúblicana al mismo tiempo que profundizaba en la biografía de un solo personaje. Pido disculpas por mis licencias en el lenguaje utilizado y por mis carencias lingüísticas. Lo he hecho lo mejor que he podido y he disfrutado mucho en la elaboración de este trabajo. Ahora ya, querido/a lector/a, serás tú quien juzgue. Alea jacta est. Txema Gil. 3
  • 4. 1.- FAMILIA GAIUS IULIUS CAESAR o Cayo Julio César nació en Roma el día 13 del mes que los romanos llamaban quintilis, que a su muerte tomó su nombre y pasó a ser el día 13 de julio del año 100 a.C. Los nombres romanos constaban de tres elementos: el praenomen o nombre de pila ( Gaius –Cayo- ) el nomen que identificaba la gens o familia a la que se pertenecía y que siempre acababa en –ius ( Iulius –Julio- ) y el cognomen, que era un apelativo o mote ( Caesar -César- significa cabellera en latín o elefante en lengua cartaginesa y que recibieron porque un antepasado de César había matado un elefante en las Guerras Púnicas que enfrentaron a Roma contra Cartago por el dominio del Mediterráneo ) Moneda de César. Su madre era Aurelia Cota, hija de Lucio Aurelio Cota (cónsul en el 118 a. C. ) y Lucilia, los abuelos maternos de César, una familia patricia que destacaba en Roma por su sabiduría y gran visión política, lo que unido a la discreción que les caracterizaba, hicieron de la madre de César una de las más grandes matronas romanas y una gran influencia en la vida de nuestro protagonista. La mujer que tuvo en su vientre al Gran Julio César, le enseñó a ser clemente y magnánimo, generoso, dulce en el trato y fiel a sus amigos. Fue un gran apoyo durante toda su vida. César la adoraba y reverenciaba. Aurelia Cota. 4
  • 5. Aurelia se casó mediante el rito de la confarreatio con Cayo Julio César, padre de César, pasando a formar parte de la gens Iulia, lo que significaba que todos los bienes de la esposa pasaban a las manos del marido, que se convertía en el pater familias, dueño y señor del patrimonio familiar. Entre estos bienes había una insulae o edificio de varias plantas con un patio interior que ocupaba una manzana, en el barrio romano del Subura, lugar al que se trasladaron a vivir la joven pareja y donde nació César. El padre de César, que tenía su mismo nombre, era un militar que falleció muy pronto (en el 85 a.C.) teniendo escasa o nula influencia en la vida y en la personalidad de su hijo, pero que le transmitió una herencia familiar de la que César se sentía tremendamente orgulloso y que le capacitaba para tratar de alcanzar las más altas dignidades de la Roma Republicana. Los IULIUS eran uno de las de más puros linajes de Roma, que se remontaba a un ilustre personaje, Iulius Ascanius, el hijo del legendario héroe troyano Eneas, que a su vez era hijo de la mismísima diosa Venus. Eneas había defendido Troya de los ataques de los aqueos y había escapado en el último momento para viajar hasta la península Itálica y fundar la dinastía más pura de los romanos y que se autodenominaban patricios, miembros del Senado, directores de los designios de la urbe que dominó el mundo durante más de cinco siglos. El árbol genealógico paterno de César era impecable, pero los Iulius atravesaban una situación económica penosa, buscando en los matrimonios de sus vástagos la redención económica. Los abuelos paternos de César eran Cayo Julio César y Marcia. Tuvieron dos hijas y un hijo : • Iulia, la mayor, a quien casó con Cayo Mario, un rico y ambicioso terrateniente de Arpinium. • Iulia Minor o Julilla a quien casó con Lucio Cornelio Sila, un patricio ambicioso y sin escrúpulos que por culpa de sus infidelidades, condujo a Julilla al suicidio. • Gaius Iulius Caesar, el hijo menor y padre de César, a quien casó con Aurelia Cota de la que ya hemos hablado. El ojo que tuvo el abuelo de César para emparentar a sus hijas fue espectacular, pues tanto Cayo Mario como Lucio Cornelio Sila, dirigieron los designios de la urbe y entraron a formar parte de la historia de Roma de forma imperecedera. 5
  • 6. El padre de César siempre estaba sirviendo en el ejército y acudía en muy pocas ocasiones a casa. Un buen día, sirviendo en Pisae, se agachó a atarse una bota y cayó fulminantemente muerto. La autopsia dictaminó que había muerto por la ruptura de un vaso sanguíneo. De la unión entre Cayo Julio César y Aurelia Cota nacieron dos niñas y un niño: • Iulia, llamada Lía, 6 años mayor que César. • Iulia Minor, llamada Ju-Ju, 3 años mayor que César. • GAIUS IULIUS CAESAR, el romano más grande de todos los tiempos. De los miembros de su familia destacan por encima de los demás, sobretodo en la época de su infancia, el marido de su tía Julia, el siete veces cónsul Cayo Mario, líder de los populii o populares, al que sus opositores, los optimates miembros de la más rancia aristocracia senatorial de la Roma Republicana llamaban “el paleto de Arpinium que no sabe hablar griego”. Cayo Mario era un rico terrateniente romano que había escalado todos los peldaños del ejército romano con grandes esfuerzos y sobrados méritos militares. Precisamente su validez y su ambición hicieron que buscara un sitio en el Senatus Populusque Romanus (SPQR ), feudo de los optimates y lugar donde se decidían los destinos de Roma. Para ello necesitaba el apoyo de parte de la aristocracia y buscó un matrimonio con una familia patricia necesitada de su dinero que le diera esa posibilidad. Y, en una apurada situación económica estaban los Iulius, uno de los más altos linajes de la tierra de Rómulo y Remo, descendientes directos de la mismísima diosa Venus. Cayo Mario. Cayo Mario pronto protagonizó espectaculares acciones militares en el norte de África contra el Rey Yugurta de Numidia, que le dieron fama y prestigio entre el pueblo romano, pero al mismo tiempo dispararon las suspicacias y las envidias entre los conservadores patricios, llamados los optimates. A pesar de ello, Cayo Mario consiguió el consulado (máximo cargo del cursus honorum o carrera política romana) hasta en siete ocasiones. Reformó la organización de las legiones, modificó el armamento, favoreció a sus veteranos soldados otorgándoles tierras y también luchó por otorgarles a los itálicos, los llamados no romanos, que luchaban y morían 6
  • 7. por Roma, los privilegios y derechos que daba la ciudadanía romana, que finalmente les otorgó en el año 89 a. C. Pero os preguntareis por qué Cayo Mario tuvo tanta influencia en la vida de César. En su sexto consulado, Cayo Mario sufrió dos ataques seguidos al corazón y una apoplejía, enfermedad que consiste en que una mitad de tu cuerpo queda paralizada. Las dificultades para caminar y valerse por si mismo y la necesidad de seguir acudiendo al Senado, hicieron que solicitara los servicios de su joven sobrino Cayo Julio César, un niño muy despierto y avispado. Pronto se estableció una relación paterno-filial entre ambos. Cayo Mario transmitió sus conocimientos políticos y militares al chaval, que actuaba como una esponja. Se empapaba de la experiencia de su famoso tío, lo que le vendría muy bien en sus posteriores campañas. SPQR significa: Senatus Populusque Romanus, es decir, el Senado y el pueblo de Roma 7
  • 8. 2.- LAS MUJERES DE CÉSAR La relación de César con las mujeres es muy estrecha y su influencia muy poderosa por una serie de razones que expondremos a continuación. El hecho de que su padre falleciera precozmente (en el 85 a.C.) hizo que Aurelia, su madre, ejerciera de madre y de padre al mismo tiempo. Además estaban sus hermanas Lía y Ju-Ju en casa, su tía Julia, la esposa de Cayo Mario a la que César adoraba y, como veremos después, César fue investido Pontifex Maximus (el cargo supremo de la religión romana que daba acceso directo al Senado) y por lo tanto tenía a su cargo el cuidado de las Vírgenes Vestales. Y falta por mencionar a su diosa regente, la diosa de la cual según él descendían todos los miembros de su estirpe, la diosa Venus. La Venus de Boticelli. Es decir, que estaba completamente rodeado de mujeres, pero vayamos por partes: • Su primer matrimonio, arreglado por su padre, fue con una joven rica de la orden ecuestre ( los equites ), los caballeros de Roma, el segundo escalafón social romano después de los patricios, llamada Cossutia. Cossutia. Pero el matrimonio pronto se rompió pues a Julio César le convenían para sus fines políticos, otras esposas de clase social más elevada. Hemos de tener en cuenta que, el matrimonio era una forma más de ascenso en la escala social, una fuente de contactos con las familias más importantes de la aristocracia en Roma. César estaba unido a esta mujer desde muy temprana edad, antes incluso de recibir la toga virilis, que diferenciaba al romano adulto del niño, que se vestía desde los quince años. 8
  • 9. • Su segundo matrimonio fue en el año 84 a.C., con la joven Cornelia Cinna. Tuvo mucha importancia en la vida del joven Julio César. Un matrimonio que duró catorce años, donde existió el amor y el respeto. Un matrimonio que dio como fruto la única hija reconocida de César, su hija Julia. El matrimonio fue una maniobra política que emparentaba a César con la facción de los populares que lideraba su tío Cayo Mario. Pero este matrimonio se convirtió en una bonita historia de amor. El dictador Lucio Cornelio Sila, que marchó sobre Roma y se hizo con el poder, obligó a César a deshacer ese matrimonio. César se negó en rotundo y no dudó en contestarle al mensajero: “Decidle a Sila que sobre César, sólo manda César” Esta frase, una de las más célebres de César, le supuso la perdida de su cargo religioso, que la dote de Cornelia pasará a engrosar los fondos del estado y tener que huir de Roma, pero César jamás repudió a su mujer. Sólo la muerte de Cornelia en el año 68 a.C. puso fin a este matrimonio. Cornelia 9
  • 10. • El tercer matrimonio de César, en el año 67 a.C., fue con Pompeya Sila. Era la hija de Quinto Pompeyo Rufo y nieta del dictador Sila. Notablemente hermosa, pero de sobresaliente estupidez. Este matrimonio duró cinco años, poniéndole fin un hecho que demuestra la preocupación de César por su dignitas o dignidad política, que para César era lo más importante de su vida y que queda demostrado por la frase célebre que César pronunció en esta ocasión: “la mujer de César no puede, siquiera, estar bajo sospecha” Pompeya Sila. El hecho fue el siguiente: En el año 63 a.C. César fue nombrado Pontifex Maximus, máximo cargo de la religión romana, lo que le supuso ir a vivir a la domus publica, situada en el area de la Regia del Foro, junto con Aurelia, su madre y Pompeya, su mujer. Pero además César en ese momento adquiría la responsabilidad y el cargo de las Vírgenes Vestales, las sacerdotisas adoradoras de la diosa Vesta, encargadas de mantener siempre encendido el fuego sagrado de Roma. El camino para ser vestal comenzaba con 6 o 10 años. La aspirante a sacerdotisa vestal no debía tener ningún tipo de imperfección física, se entregaba por 30 años y durante ese periodo, debía mantener la virginidad, además de realizar una boda simbólica con el Pontifex Maximus. Estas vírgenes celebraban una fiesta en honor de su diosa llamada la Bona Dea. Ese día las grandes matronas romanas se reunían en la domus publica y realizaban una serie de ritos sagrados que garantizaban la virtud y la salud de las mujeres romanas. A esa ceremonia sólo podían asistir el Pontifex Maximus y mujeres. Ningún hombre podía estar presente pues los ritos no serían válidos y los romanos eran muy supersticiosos: creían que si esa 10
  • 11. ceremonia no se hacía con corrección, la desgracia caería sobre las mujeres romanas. Pero la mujer de César, Pompeya, que ya percibía que su matrimonio era sólo una cuestión política para su marido, comenzó a tontear con uno de los jóvenes más transgresores de la Roma de la época, Publio Clodio Pulcher (hay que decir que, si le hubiera conseguido “poner los cuernos” a César, su hazaña se habría comentado en toda Roma, siendo una especie de gran aventura y desafío el hecho de ganarle a César en ese aspecto, y más teniendo en cuenta que, una de las armas más utilizadas de César con sus adversarios políticos era, precisamente, acostarse con las mujeres de sus rivales, únicamente para apuntarse un tanto a favor suyo en la disputa) A Cloido no se le ocurrió otra cosa que visitar a Pompeya disfrazado de mujer el día de la fiesta de la Bona Dea. Pero fueron sorprendidos por la madre de César, Aurelia. Clodio logró escapar, pero Pompeya fue repudiada inmediatamente por César, lo que le permitió librarse de tan aburrido matrimonio. • Su cuarto y último matrimonio, en el año 59 a.C. fue con Calpurnia, hija de Lucio Pisón, uno de sus más fervientes partidarios. Calpurnia. La diferencia de edad entre ambos era muy significativa. Además César estuvo lejos de ella durante más de diez años por la guerra contra los galos y la guerra civil. Pero a pesar de todo, Calpurnia amaba a su marido, le veneraba, y jamás se levantó ninguna duda o sospecha en ese matrimonio a pesar de que César era propenso a las infidelidades, no en vano sus legionarios le llamaban “el seductor calvo” Es más, incluso volvió de Egipto con una reina extranjera y la instaló en un palacio a las afueras de Roma. Calpurnia tuvo un sueño el día antes del asesinato de César y le rogó que no acudiera al Senado ese día, pues ella había visto su muerte en su sueño. Pero César no hizo caso de las premoniciones de su mujer, marchando hacia la muerte en los idus de marzo del 44 a.C. 11
  • 12. Estas fueron las esposas de César, pero no las únicas mujeres que influyeron en la vida de César. Hay que destacar tres mujeres más en su vida: su hija Julia, y dos amantes de las muchas que tuvo César, Servilia y Cleopatra. • Servilia era una de las patricias romanas de mejor familia. Tenía un hijo llamado Marco Junio Bruto, al que César quería y apreciaba mucho, además de ser hermanastra de Marco Porcio Catón, el mayor enemigo político de César, su antagonista en el Senado. Esta relación extramatrimonial, pues ambos estaban casados, se prolongó durante muchos años, hasta el punto de que era pública y notoria. Servilia era una mujer de carácter fuerte y muy inteligente. Estaba muy interesada en la vida política, en la que trataba de influir y participar, a pesar de que eso, en la Roma Republicana, estaba totalmente vedado para las mujeres. Por lo tanto, se las ingenió para adivinar quien era el hombre más poderoso e inteligente, y mantuvo una larga relación con él. Servilia. De ella se decía que era tremendamente fogosa y una de las anécdotas más famosas de la vida de César tuvo como protagonistas a Servilia y a su hermanastro Catón. Durante una sesión del Senado que trataba de la famosa Conjuración de Catilina (año 63 a.C.), en la que César y Catón se estaban enfrentando dialécticamente, un servidor le pasó una nota a César que leyó en silencio y guardó. Catón observó el gesto y, creyendo que era una nota del enemigo, atacó a César acusándole de traidor a la patria, de recibir instrucciones de los alzados en armas contra el Senado. Ni corto ni perezoso, César sacó la nota, pasándosela a Catón sin mudar la expresión de su rostro. Era una ardiente carta de Servilia citándose con él al finalizar la sesión y en la 12
  • 13. que detallaba todas las cosas que luego le haría en la intimidad de la habitación. Catón, tras leer la misiva, rojo de ira y humillado por la conducta de su hermanastra, arrojó la nota a César, mientras exclamaba: “¡toma, miserable!”. César jamás amó a Servilia, pero ésta así lo creía. Sólo se dio cuenta cuando César, al repudiar a su tercera esposa Pompeya, no se casó con ella, que ya era viuda y era lo que más deseaba en este mundo. Pero César eligió a otra, Calpurnia, la dejó de lado y bebió de otras fuentes dijéramos, más jóvenes y frescas. El berrinche de Servilia fue tal que influyó sobremanera en la conjura política que acabó con la vida de César, instigando a su hijo Bruto a liderarla y protagonizarla. Cuando César sintió las primera puñaladas que acabaron con su vida, levantó la vista, vio a Bruto y exclamó la famosa frase: “Tu quoque, Brute, fili mi?” (¿Tú también Bruto, hijo mío?) César no se esperaba semejante traición de un hombre al que había tratado como a su propio hijo. Busto de Bruto. Bruto de Astérix • La siguiente mujer es la amante más famosa de César. Su nombre completo era Cleopatra VII Philopator. Era Faraona de Egipto, la reina de un país de vital importancia para Roma, puesto que era considerado el granero de Roma por la gran cantidad de trigo que producían sus fértiles campos junto al río Nilo y las inmensas riquezas que albergaba, vestigio de su reciente y esplendorosa historia. Pero hay que decir que Cleopatra, consiguió dicho cargo gracias a la acción de César, que le interesaba tener a alguien a quien poder manejar en el trono de Egipto. Es decir, que la relación entre ambos era sobretodo, una cuestión de política en la que los dos se beneficiaban. 13
  • 14. Cleopatra y. César. Cleopatra era bellísima, inteligente y culta. Sólo tenía 21 años cuando conoció a César. Como no podía acceder a las habitaciones de César, se engalanó, mandó que la enrollaran en una alfombra y la condujeron a los aposentos del general romano. César al desenrollar la alfombra, encontró un maravilloso solaz para sus años de madurez, pues tenía ya más de 50 años. En el año 47 a.C. y después de controlar definitivamente Egipto, César y Cleopatra se embarcaron en un crucero de dos meses por el Nilo. De estas “vacaciones”, nació el supuesto hijo de César, Cesarión. Digo supuesto porque César nunca llegó a reconocerlo. Sí César tenía hijos debían de ser con una romana y no con una reina extranjera. A pesar de que Cleopatra se empeñó en que ese hijo fuera el heredero de César, la muerte de éste hizo que los acontecimientos políticos posteriores acabaran con la vida de Cesarión, a la que puso fin Octavio Augusto, eliminando así un posible rival futuro. Cuando César fue asesinado, las disputas por el poder entre Marco Antonio, hombre de confianza de César en Roma, con quien Cleopatra también tuvo un tórrido romance, y Octavio, heredero testamentario de César, que finalmente ganó ese enfrentamiento. Marco Antonio primero y Cleopatra después, se suicidaron. Cuenta la leyenda que ella se suicidó dejando que le mordiera una serpiente. Marco Antonio y Cleopatra Octavio Augusto 14
  • 15. • Pero a la mujer que más quería César era a la hija que tuvo con Cornelia, su adorada Iul¡a Minor . Julia. Era de una belleza inmensa. A Julia la crió su abuela Aurelia, debido a los continuos viajes de su padre, inculcándole todos los valores de una buena matrona romana: discreción, dulzura y cultura. En Roma era el pater familias el que decidía con quien se casaban sus hijas y a menudo se utilizaban dichos matrimonios para favorecer los fines políticos de cada familia. César no fue distinto en este aspecto y casó a su hija con el que a posteriori sería su gran enemigo, Cneo Pompeyo Magno, pero que en ese momento quería atraer a su causa. Cneo Pompeyo Magno 15
  • 16. La diferencia de edad (23 años) era considerable, pero Pompeyo y Julia se enamoraron perdidamente y aquello fue un matrimonio feliz. Julia quedó embarazada, pero después de un primer aborto, murió al dar a luz a su primogénito, que también murió pocos días después. César se enteró de tan terrible pérdida mientras combatía contra los galos. Años después, al volver a Roma, organizó unos juegos funerarios en honor de su hija fallecida dignos de una reina, con luchas de gladiadores y naumaquias, como era costumbre en Grecia y Roma. Así que la conclusión es bien clara: Hubo muchas mujeres que influyeron en la vida de César. Algunas nos dejaremos en el camino, pero he querido hacer constar las más importantes e influyentes en la vida del Gran Julio César. 16
  • 17. 3.- BIOGRAFÍA CRONOLÓGICA DE CÉSAR 3.1.- INFANCIA Aunque existen dudas entre el año 100 y el 101 a.C., se establece la fecha del nacimiento de GAIUS IULIUS CAESAR o Cayo Julio César, en Roma, el día 13 del mes que los romanos llamaban quintilis, que a su muerte tomó su nombre y pasó a ser el día 13 de julio del año 100 a.C. Roma estaba situada en el centro de la península Itálica, en la región del Lazio, a pocos kilómetros del mar Mediterráneo y del puerto de Ostia, que abastecían la urbe. El río Tíber cruzaba un territorio dominado por siete colinas donde se situaba la ciudad (Quirinal, Viminal, Esquilino, Celio, Palatino, Capitolio y Aventino). Las siete colinas de Roma y el Campo de Marte Vista Este de Roma desde el Tíber. Al fondo a la izquierda, el templo de la Triada Capitolina. 17
  • 18. Vista de Roma desde el Oeste La Roma del siglo I a.C. era una ciudad enorme, mal planificada, sin el modelo hipodámico inventado por los griegos. Como en todas las ciudades había una parte buena, el Palatino, de casas de patricios, con sistema de alcantarillado incluido. El centro de la urbe por supuesto, era el forum, el lugar donde se realizaban los negocios, la sede de las instituciones públicas, lugar de juicios, mítines y discursos. Presidiendo el Foro, la colina del Capitolio, lugar de los templos de la triada capitolina, las tres divinidades más importantes para los romanos: Iupiter Optimus Maximus ( Júpiter el dios supremo, el Zeus de los griegos) Juno, su esposa y diosa de la maternidad ( Hera en la mitología griega ) y Minerva ( Atenea ), la diosa de la artesanía y la sabiduría. Así era el Foro Romano. 18
  • 19. Los barrios pobres eran de calles estrechas con edificios de tres a seis plantas aproximadamente llamados insulae. Recreación de una insulae. Nació César en una insulae, un edificio de pisos de alquiler que ocupaba más o menos lo que hoy entendemos como una manzana, en uno de los peores barrios de Roma, el barrio del Subura. La ínsula la regentaba su madre Aurelia, que debido a su pronta viudedad y pese a ser patricia, alquilaba esos pisos a gente de distinta procedencia. Esa fue la fuente de ingresos de la familia durante muchos años. En los bajos del edificio, las llamadas tabernae, se establecían negocios de compra y venta de alimentos, alfarería o cualquier otra cosa. Y en un barrio como el Subura, los negocios eran, por decirlo de una forma que lo entendáis, un poco “mafiosos”. Es decir, a cambio de la protección de una viuda y sus hijos, el “capo” del barrio, por así decirlo, tenía muy buena relación con Aurelia, que le permitía utilizar sus tabernae como local comercial. César era un niño despierto, simpático, muy inteligente, travieso incluso. Su mejor amigo de la infancia se llamaba Cayo Macio, que vivía en una insulae cercana. Se escapaban juntos al Campo de Marte, el lugar de Roma donde se realizaban los ejercicios militares, la compra y venta de esclavos, la contratación de gladiadores, los comicios o elecciones... Cuando la estricta Aurelia no le dejaba acudir allí porque tenía que cumplir sus clases con su praeceptor o profesor particular, un pedagogo galo llamado Marco Antonio Cnifo o Grifón, mataba sus ratos de ocio con sus vecinos de distintos lugares y países. Era el rey de la casa e incluso del barrio. En el barrio estaba protegido por los hombres de la tabernae y en la ínsula aprendió muchísimos idiomas además de aprender a tratar con gente de muchas culturas distintas. Esto es una de las cosas más importantes en el carácter de César. En su infancia se hizo una persona abierta a cualquiera y no un “pijo” patricio que sólo se relacionaba con las clases altas. Era un patricio de la sangre más limpia, 19
  • 20. del más rancio abolengo y al mismo tiempo, había salido del barrio más problemático y popular de Roma. Él, se ganaba a la gente, se los metía en el bolsillo con una sonrisa o un gesto. Esto precisamente es lo más importante para un político. Y César fue el mejor político de la Historia. Con tan sólo diez años, el marido de su tía Julia, Cayo Mario, el que sería siete veces cónsul, sufrió un ataque al corazón y una posterior apoplejía. Esta secuela del fallo cardiaco supone la paralización parcial de una mitad de tu cuerpo. Con reposo y rehabilitación mejoró poco a poco, pero cojeaba, no podía mover un brazo, necesitaba dar largos paseos, etcétera. Su madre Aurelia, envió al pequeño César a cuidar a su tío, a servirle de apoyo, a acompañarle en sus paseos. Mario pronto se dio cuenta de la vivacidad del chaval y poco a poco, fue depositando en él su confianza. Hablaban de las campañas militares de Mario, uno de los mejores estrategas de la historia antigua y un auténtico fenómeno en la organización militar, tanto humana como técnica. También acompañaba César a su tío Mario a las sesiones del Senado. Curia Hostilia, donde se reunía el Senado de Roma Interior de la Curia. En el camino de vuelta a casa y en sus largos paseos, siempre debatían sobre política. César era como una esponja. Todo lo captaba, hacía las preguntas clave y aprendía. A los 15 años, los niños romanos obtenían la toga virilis, es decir, adquirían la mayoría de edad. César, que ya era el pater familias, comenzaba una nueva etapa en su vida. Una etapa aún de formación, pero fundamental para conseguir sus objetivos políticos. Aunque serían los acontecimientos de Roma los que marcarían el devenir de la vida de César. Toga Virilis 20
  • 21. 3.2.- PERIODO DE FORMACIÓN En el año 84 a.C, César deshizo el compromiso que le ligaba a Cossutia desde niño por un acuerdo de su padre y se casó con Cornelia Cinna, la hija de un patricio. La situación en Roma era muy conflictiva en estos momentos, pues se estaba produciendo una cruenta guerra civil. Por una parte estaban los partidarios de los aristócratas más conservadores a los que se les llamaba los optimates o como les gustaba llamarse a ellos, los bonii, y que luchaban por seguir manteniendo sus privilegios. El líder de esta facción era un antiguo colaborador de Mario, Lucio Cornelio Sila. Sila. Sus enemigos eran los llamados populares o populii, personajes de mucha influencia económica e incluso política, pero sin un árbol genealógico impecable. Sus líderes eran Cayo Mario, tío de César y Cinna, padre de Cornelia y suegro de César. Ambos consiguieron el éxito en esta guerra en primera instancia, mientras Sila se marchaba a hacerle la guerra al rey Mitrídates del Ponto e incorporaba definitivamente Grecia como provincia romana. Cayo Mario y Cornelio Cinna, ante la ausencia de Sila, se impusieron a los bonii y fueron elegidos cónsules de Roma. En Roma comenzaron las famosas proscripciones, es decir, asesinar y eliminar a los rivales políticos para que no causaran más problemas. Aquello fue un baño de sangre y la mayoría de los bonii tuvieron que huir de Roma uniéndose al ejército de Sila, esperando que éste, derrotara definitivamente a Mitrídates, volviera a Roma y reestableciera el poder de la aristocracia. Cayo Mario murió durante ese año 86 a.C. debido a un nuevo ataque cardio- vascular, pero antes hizo un regalo a César, le nombró flamen dialis, es decir, sacerdote de Júpiter. El sacerdote en Roma era un personaje sagrado y no se le podía hacer prácticamente nada. Es decir, que Mario, lo que hizo en última 21
  • 22. instancia, fue proteger a César otorgándole ese cargo, porque preveía que el baño de sangre que había comenzado él mismo y Cinna, continuaría de forma incluso más virulenta cuando Sila volviera a Roma. Y no se equivocó. Sila había derrotado a Mitrídates y volvió al frente de sus ejércitos a Italia. Ningún general romano había marchado nunca contra su propia ciudad con tropas romanas. Nadie creyó capaz a Sila de hacerlo, pero lo hizo. Tomó el poder, fue nombrado Dictador en el año 81 a.C por el Senado (este cargo era otorgado sólo en momentos de crisis como solución de urgencia y tenía una duración determinada, normalmente seis meses). Lucio Cornelio Sila consiguió el poder ilimitado. y comenzó uno de los mayores baños de sangre jamás acontecidos en Roma. Sus proscripciones no sólo se limitaban al asesinato del rival político. Además se confiscaban todos sus bienes y los de su familia, que pasaban a engrosar las arcas del estado. Cornelio Cinna, el líder de los populii, consiguió reunir un ejército, trató de sitiar Roma con la intención de derrocar a Sila, pero fue asesinado por un traidor de su propio ejército, pagado por Sila. El hecho de que Cornelio Cinna fuera el suegro de César hizo que Sila le llamase a su presencia. Le exigía que antes de acudir, anulara su matrimonio con Cornelia, la hija del traidor Cinna. Si no lo hacía, César sería proscrito. Cayo Julio César amaba a su esposa Cornelia. Además, en el año 82 a.C., habían tenido una preciosa hija llamada Julia. No estaba dispuesto a repudiar a su esposa. La respuesta al mensajero que requería su presencia ante Sila fue: “ Dile a Sila que en César, sólo manda César ” Sila condenó a muerte a César, pero consiguió escapar de Roma in extremis con la ayuda de un fiel esclavo galo y de la gente del campo que veían en él un nuevo defensor de las clases populares frente a los rancios aristócratas. Veían en César a un nuevo Mario. Le ocultaron y ayudaron a sobrevivir por los bosques y campos. Enfermó de fiebres y estuvo a punto de morir, pero sobrevivió y esperó que Sila levantase su condena. Mientras, en Roma, la madre de César, Aurelia, apelando a una vieja amistad que había mantenido con Sila, suplicaba por el perdón para su hijo. Además contó con la ayuda de su hermano Aurelio Cotta, partidario de Sila. La presión fue tan fuerte que al final, el tirano le levantó la condena a César, no sin antes exclamar: “Triunfad y conservadlo, pero yo os advierto, que hay muchos Marios en César” Sila le había perdonado, pero le despojó del cargo de flamen dialis y, además, no le quería en Roma. Le mandó como oficial del ejército de Minucio Termo que combatía en Oriente en el año 81 a.C. 22
  • 23. El joven y refinado aristócrata, sorprendió a todo el mundo por su valor y determinación. Ganó la corona cívica, hecha de hojas y madera de roble, la segunda condecoración más alta al valor del ejército romano ( la primera era la corona de hierba que se otorgaba al realizar una acción heroica por la que se salvaba una legión entera y se hacía con las mismas hierbas del campo de batalla ). Corona cívica Corona de hierba La consiguió luchando en el asalto a los muros de la ciudad de Mitilene en el año 81 a.C. Esta condecoración suponía para el que la conseguía dos cosas: acceso directo al Senado y una ovación en los actos públicos de Roma cada vez que César llevara la corona en la cabeza. César con la corona cívica. Estando en Oriente fue enviado como tribuno (encargado de la organización del ejército en la retaguardia) a Bitinia, con la misión de pedirle barcos al rey, que era aliado de Roma, para montar una flota. Rey Nicomedes de Bitinia 23
  • 24. El Rey Nicomedes de Bitinia quedó prendado del joven César. Mucho se ha hablado de la relación entre ambos, unos dicen que fue una relación homosexual, otros que simplemente fue amistad. El caso es que a César, sus rivales políticos le llamaban despectivamente la “reina de Bitinia” e incluso a veces, recordando la afición que tenía a acostarse con las mujeres de sus rivales políticos, estos mismos rivales como venganza, tratando de mancillar su honor, decían que en su juventud César había sido: “el amante de toda mujer casada y la mujer de todo hombre”. César, ya con 18 años era alto, fibroso, de blanca piel, con los miembros bien conformados, de cara redonda y ojos negros. Lo que más le atormentaba de su aspecto físico, que cuidaba extremadamente, era la incipiente calvicie (este aspecto, unido a su fama como conquistador de mujeres, hicieron que sus legionarios le pusieran el mote de “el seductor calvo”) Cayo Julio César, de joven. Daba mucha importancia al cuidado de su cuerpo. De hecho, se depilaba todos los pelos del cuerpo y siempre iba perfectamente rasurado. También padecía de ataques epilépticos, tal vez herencia de las fiebres altas que casi le cuestan la vida en la proscripción de Sila. Los antiguos pensaban que la epilepsia era una enfermedad mágica, que sólo sufrían los bendecidos por los dioses, sus favoritos. Listas de proscritos anunciadas al pueblo Lucius Cornelius Sila 24
  • 25. César era muy culto, en parte autodidacta. Su idioma favorito era el griego que dominaba perfectamente. Es más, el griego se consideraba la lengua culta por excelencia, y todo aquel que no supiera griego era despreciado por sus rivales, como por ejemplo Cayo Mario, al que le llamaban paleto por no saber griego. Cayo Julio César, en su afán de ser un gran político, al mismo tiempo que participaba en sus obligaciones militares como tribuno en Oriente y luchaba junto a Servilio contra los piratas cilicios del Mediterráneo, estudió, entre los años 78 y 74 a.C., derecho, retórica y oratoria en Rodas, en la escuela del profesor más famoso de Grecia, el sabio Molón. Lucio Cornelio Sila, después de una dictadura basada en el horror, el asesinato y la tiranía más absoluta, había devuelto sus poderes de Dictador al Senado en el año 79 a.C. El anciano dictador Sila Había envejecido mucho. Agotado y casi desquiciado, se había retirado a una villa rural, muriendo poco después en el año 78 a.C. En Roma, las cosas seguían desequilibradas y un joven militar, Cneus Pompeius, había sido elegido por el Senado para apaciguar Roma y eliminar a los enemigos que habían huido a Hispania y se habían hecho fuertes allí. Su fama empezaba a ser grande y no en vano, el se llamaba asimismo Pompeius Magnus, que significa el grande. 25
  • 26. César ya se sentía preparado para comenzar su cursus honorum (su carrera política). En el año 74 a.C. partió desde Rodas hacia Roma, pero en el trayecto, su barco fue apresado por unos piratas cilicios. Piratas cilicios. Al ver que era un joven aristócrata sin importancia, el caudillo pirata le menospreció comentando que por aquel joven insignificante no conseguirían ni un rescate de 20 talentos de plata (cada talento equivale a unos 27 kilos). César, que consideró aquello un insulto a su dignitas, es decir a su honor político, se encaró con el jefe pirata. Ante el asombro de todos, le dijo que él era descendiente de la mismísima diosa Venus y que por su rescate se pagarían 50 talentos, pero de ORO, lo que fue acogido por los piratas con carcajadas. El jefe pirata le advirtió que si no se pagaban los 50 talentos le crucificarían, a lo que César respondió: "Te pagarán, no temas, pero después serás tú el que temerás, ya que volveré para crucificarte a ti y a todos los tuyos". Y mientras sus sirvientes partían hacia Roma, él se quedó en aquella isla con sólo un esclavo causando la admiración entre los piratas por su valor. Por la noche, les recitaba discursos y si los piratas no los entendían les acusaba de ser unos patanes e incultos criminales. Mientras, la madre de César, Aurelia, consiguió no sin dificultad, la enorme suma y pagó el rescate. Cuando César fue puesto en libertad fue a ver al gobernador romano para pedirle que actuara de inmediato contra los piratas, pero éste no le hizo caso (César aseguró durante el resto de su vida que aquel hombre estaba evidentemente sobornado por ellos), así que se fue a ver a los armadores de la zona, a los que convenció para que alistaran una flota de trirremes. 26
  • 27. Él mismo guió los barcos hasta la guarida de los piratas a los que sorprendió. Tras vencerles, ordenó que todos fueran crucificados. A partir de entonces, nadie volvió a poner en duda la palabra de Cayo Julio César, patricio de Roma, destinado a gobernar el mundo. "Te pagarán, no temas, pero después serás tú el que temerás, ya que volveré para crucificarte a ti y a todos los tuyos". Iulius Caesar dixit. 27
  • 28. 3.3.- CURSUS HONORUM De nuevo en Roma, comenzó a ganarse el aprecio de las clases populares y el desprecio de la aristocracia. Más que desprecio era temor, pues en César se veían las virtudes que todo aristócrata romano quería para si mismo. Y se odia lo que no se puede tener. Su apoyo a todas las demandas del pueblo en el ejercicio de su trabajo como abogado, hizo que se convirtiera en el mayor enemigo de la nobleza corrompida, la casta oligárquica romana, los optimates o, como a ellos les gustaba llamarse, los bonii En el año 68 a.C. es elegido cuestor militar (magistrado romano que desempeñaba funciones fiscales en organismos civiles o militares) en Hispania Ulterior, cargo que ostentó con exquisitez, aumentando aún más su prestigio, permitiéndole recuperarse económicamente. Pero ese año 68 a.C. es un año triste para César, pues ha de celebrar los funerales de dos de las mujeres de su vida, su querida tía Julia, la mujer de Cayo Mario, y de Cornelia, su mujer. De vuelta en Roma, realiza los elogios fúnebres o panegíricos de ambas mujeres ante una multitud congregada en el Foro, y lo hace con tal sentimiento e intensidad, con palabras tan bellas, que su dignitas queda mucho más elevada y la gente aún le admiró más. Para rematar la faena, organiza unos juegos fúnebres en honor de ambas matronas romanas, contratando gladiadores y fieras, pagándolas de su propio bolsillo. Eso hace aumentar su deuda en proporción a su dignitas y su fama de generoso con el pueblo. Pero César no puede estar sin mujer. En el año 67 a.C., una vez vencido el luto correspondiente, contrae matrimonio con Pompeya, nieta de Sila. En esta época, Cneo Pompeyo Magno, militar mejor valorado en Roma, había realizado una campaña contra Quinto Sartorio, un romano rebelde refugiado en Hispania que estaba poniendo en grandes dificultades las posesiones romanas en la península. Le venció y retornó a Roma, donde le nombraron el Primer Hombre de Roma, un cargo honorífico que le reportaba dignidad e importancia. Cneo Pompeyo Magno Todo el mundo trataba de atraerle hacia su bando, en especial los optimates, pero César consiguió convencer al Senado y mandarle a una nueva campaña contra los piratas que impedían el satisfactorio comercio romano por el Mare Nostrum. Aprovechando su ausencia, Cayo Julio César atrajo a su bando al 28
  • 29. hombre más rico de Roma, Marco Licinio Craso, un ex-cónsul que había conseguido derrotar una revuelta de gladiadores liderados por un tal Espartaco. Además, César consigue ascender en su cursus honorum en esta época y en el año 65 a.C. es elegido edil curul (los ediles eran los "alcaldes" de Roma, los encargados de la planificación urbana, de las fiestas, los juegos, del reparto de trigo público, etc.). Durante este año, César se gana, aún más si cabe, al populacho de Roma, organizando y pagando de su bolsillo, gracias a los préstamos que le hace Craso, constantes juegos circenses (luchas de gladiadores y fieras) y festivales de teatro, las dos diversiones favoritas del pueblo romano al que según los políticos romanos tenías que tener contento dándoles panem et circus, o sea, pan y circo. Circus Maximus de Roma. En el año 64 a.C. es elegido cuestor judicial y fiscal, cargo que equivale en la actualidad a fiscal general del estado, es decir, el magistrado encargado de actuar de oficio contra los desmanes de las clases dirigentes en Roma. Este cargo le catapulta como héroe contra la injusticia social y le consagra como enemigo número uno de los optimates. En el año 63 a.C. César presentó su candidatura a Pontifex Maximus el máximo cargo de la religión romana, un cargo de gran prestigio que habitualmente se disputaban los ancianos miembros de las familias optimates. Éstos mismos le amenazaron de muerte pero César, agobiado por sus deudas económicas y confiando en que él era el favorito de la diosa Fortuna, se encaminó ese día hacia el Foro donde le aguardaban sus enemigos armados y dispuestos a darle muerte. Antes de salir de su casa le dijo a su madre Aurelia: “Madre, hoy veras a tu hijo muerto en el Foro o vistiendo la toga de Sumo Pontífice” Regresó a su casa vestido con la famosa toga picta, de franjas púrpura y escarlata. Toga Picta. 29
  • 30. Al ser elegido, se trasladó a vivir junto con su madre Aurelia, con su esposa Cornelio y con su hija Julia a la domus publica, la casa oficial para el cargo religioso de más importancia de Roma. Domus patricia. Además César se ha de hacer cargo del cuidado de las Vírgenes Vestales, adoradoras de la diosa Vesta y encargadas de mantener siempre encendido el fuego sagrado de Roma. Diosa Vesta (Hestia para los griegos) En este año 63 a. C. tiene lugar la famosa Conjuración de Catilina. El cónsul era Marco Tulio Cicerón, uno de los mejores oradores que han dado los tiempos, pero de una visión política un tanto equivocada. Cicerón quería que los optimates le admitieran en su bando, a pesar de que él no era un romano auténtico, era de Arpinium. 30
  • 31. Marco Tulio Cicerón. Pero decidido a formar parte de un grupo que, por principio jamás le aceptaría, pero que le utilizaba a su conveniencia, ordenó la ejecución de cinco presuntos conjurados, entre ellos Catilina, sin juicio previo y con la acusación de querer dar un golpe de estado y acabar con la República en Roma. En una histórica sesión senatorial, Cicerón pronunció su famoso discurso, que comenzaba así: “Quo usque tandem Catilina abutere patientiam nostram” ¿Hasta cuando Catalina abusarás de nuestra paciencia? Cicerón acusando a Catilina, que está sólo ante los senadores César se opuso, siendo el único que exigió un juicio justo para los acusados. César, una vez más, encarnó aquí la pureza de la Ley frente al abuso de poder constante de los optimates. Catilina huyó, pero el resto de conjurados fueron apresados y estrangulados. La facción de los bonii en el Senado, encabezados por el enemigo número uno de César en el Senado, que se llamaba Marco Porcio Catón, aplaudió la resolución de Cicerón y le nombró pater patriae, padre de la patria, un cargo honorífico del que Cicerón se vanaglorió hasta el final de sus días. En el año 62 a.C. César es elegido praetor urbanus, el jefe de los magistrados en Roma, ocasión que aprovecha para afianzar su pacto con los populares o plebeyos, la segunda clase de Roma y para cimentar su pacto con Marco Licinio Craso, el rico prestamista que era el gran valedor económico de César. 31
  • 32. Este cargo le supone a César a continuación, un mando militar (llamado propretor) de un año en Hispania Ulterior, donde lleva a cabo una brillante campaña en las costas de Galicia y el norte de Portugal contra los bárbaros lusitanos y celtíberos, combinando los ataques por tierra con los desembarcos anfibios y mostrando una pequeña parte de su gran genio militar, que años después demostraría en las Galias. Consigue un gran triunfo. Cuando un mando militar romano ganaba una gran batalla, como recompensa recibía el título de imperator, y eso le daba derecho a celebrar un desfile con sus tropas por las calles de Roma, haciendo una gran entrada triunfal por el Foro hasta llegar al Senado. Pero los senadores optimates le niegan ese triunfo y César no puede celebrar su desfile triunfal. Pero no han acabado con César, al año siguiente, en el 59 a.C., es nombrado cónsul, llegando a la cúspide de su cursus honorum. 32
  • 33. 3.4.- EL TRIUNVIRATO El máximo cargo político al que podía aspirar un romano en su cursus honorum era el de cónsul. Las elecciones se celebraban a finales del décimo mes (diciembre). El cargo de cónsul tenía una duración de un año, que comenzaba en los idus de enero (el 15 de enero). Era un cargo compartido, es decir, dos magistrados ejercían al mismo tiempo, para evitar que uno de ellos abusara del poder. Los días pares, uno de ellos presidía las sesiones y ostentaba las fasces Los lictores con las fasces acompañaban a los cónnsules. (haz de vergajos con una hacha, atado con una cinta roja; eran insignias de las altas dignidades del Estado - dictadores, cónsules, pretores – y que llevaban los lictores y simbolizaban el derecho de vida o muerte sobre los ciudadanos). Los días impares era el otro el que ostentaba estas fasces. Uno, el de más edad, era llamado el cónsul senior y el más joven era conocido como cónsul júnior. Cayo Julio César fue elegido cónsul por una amplísima mayoría, en el año 59 a.C. Sus rivales políticos, los bonii u optimates temieron que César abusara de su poder e influencia y decidieron contrarrestar este nombramiento. Ejercieron toda su influencia sobre los electores y pudieron conseguir que fuese elegido como cónsul junior uno de los suyos, Marco Calpurnio Bíbulo, uno de los miembros más destacados del grupo patricio y conservador de los optimates, del que ya hemos hablado. Posible busto de Marco Calpurnio Bíbulo 33
  • 34. Los romanos conocían los años, no por su número, sino por el nombre de sus cónsules. Por tanto el año 59 a.C. hubiera sido conocido como el año de César y Bíbulo, pero fue conocido como el año de Julio y César. Veamos por qué: César era muchísimo más capaz y tenaz políticamente que su compañero de gobierno y no se dejó avasallar ni influir por el intento de sus rivales de cortarle las alas y hacer de su consulado un año más, un año que no fuera recordado. Lo primero que hizo César fue buscar apoyo y se alió con dos personajes muy influyentes en la Roma Republicana. El primer gran apoyo que necesitaba César y sin el cual no hubiera podido realizar su campaña electoral previa a la elección de cónsul, lo buscó en la figura de uno de sus “amigos”, Marco Licinio Craso (115 a.C.- 53 a.C.), el miembro más rico e influyente de los equites, los caballeros de Roma, el segundo escalafón social en la República después de los patricios o nobles. Los equites eran los comerciantes y hombres de negocios, gente que no tenía un origen noble, pero que poseía una gran influencia económica. Esta gente ansiaba acceder al poder, pero los optimates no les dejaban. Desde el año 367 a.C. la ley permitía a cualquier ciudadano romano presentarse a cualquier cargo de la República y esa ley, permitió a gente influyente como Craso acceder al Senado. Pero a pesar de ello, los patricios conservadores les seguían mirando mal y le pusieron el sobrenombre con el que ha pasado a la historia: Crassus que significa gordo o grueso. Marcus Licinius Crassus Craso era un hombre avaro y solitario que había amasado su fortuna ejerciendo de prestamista de los nobles que por un lado le despreciaban, pero que no tenían más remedio que acudir a él cuando necesitaban préstamos. Además, sus negocios eran muy diversos: Poseía minas, trataba con esclavos, regentaba prostíbulos y una de las cosas más curiosas, creó el primer cuerpo de bomberos de 34
  • 35. la historia. Aunque estos bomberos tenían una particularidad, sólo apagaban el fuego si el propietario vendía la casa a precio de saldo en ese mismo momento. ¡Así se las gastaba nuestro Craso! Pero Craso no era simplemente el hombre más rico de Roma. Formaba parte del Senado desde hacía años. A Craso no le gustaba estar en primer plano político y se solía manejar más en la sombra. Prefería apoyar a alguien y que ese alguien le debiera un favor, antes que ponerse en primera línea del frente político. Tenía buen ojo para apostar por la gente y por uno de los que apostó, en el que más dinero se gastó financiando su campaña electoral, fue en César. Era un hombre temido precisamente por ser infinitamente rico, poderoso y con muchos contactos que le debían dinero y favores. Tenía una máxima que repetía a sus íntimos a menudo: “Un hombre no es lo suficientemente rico, mientras no pueda pagarse su propio ejército” Y Craso predicaba con el ejemplo. En el año 73 a.C. comenzó una rebelión de esclavos que puso en jaque a la República. Un gladiador tracio de nombre Spartacus, era su líder. Kirk Douglas como Espartaco Cómic español de los 60 Espartaco escapó de la escuela de gladiadores de Capua junto a sus compañeros y ocupó las laderas del volcán Vesubio, cerca de la actual Nápoles. Se les unieron multitud de esclavos de los alrededores que vivían en muy precarias condiciones y juntos, asolaron el sur de Italia y derrotaron a dos ejércitos romanos. Lucha entre los esclavos de Espartaco y legionarios romanos 35
  • 36. El Senado, asustado, se volvió entonces hacia el hombre más rico para que financiara a las legiones que derrotaran al cada vez más numeroso ejército de Espartaco, lo que consiguió en Lucania en el año 71 a.C. Marco Licinio Craso fue implacable con Espartaco, que murió en el campo de batalla, y con sus hombres, de los que al menos sesenta mil murieron en la batalla. Los esclavos que no murieron fueron hechos prisioneros y crucificados cada pocos metros, de camino hasta las mismas puertas de Roma. Fueron seis mil los que agonizaron durante días a lo largo de la vía Apia. Os recomiendo la película de Stanley Kubrick Spartacus. No es muy rigurosa históricamente hablando, pero te da una amplia idea de este tema. Cartel de la película de Kubrick La victoria sobre Espartaco le dio a Craso el prestigio militar que no tenía y una gran popularidad como salvador de Roma. Pero Craso no estaba acostumbrado a la fama. Pronto volvió a la sombra de su despacho y a sus cuentas. Su dignitas o prestigio estaba intacta y su poder e influencia habían aumentado considerablemente. En ese contexto, comenzó a apostar por su caballo ganador, por Cayo Julio César, pagando los sobornos a los votantes para la elección de César como cónsul. 36
  • 37. El segundo gran apoyo que necesitaba César era el militar. Para ello buscó el apoyo del hombre más laureado de Roma hasta ese momento, Cneo Pompeyo Magno (106 a.C. – 48 a.C.) Cneo Pompeyo Magno Era de origen no romano, es decir, había nacido fuera de Roma, más en concreto en la región rural de Picenum. Su padre, Cneo Pompeyo Estrabón (estrabón significa estrábico, es decir que un ojo miraba a Roma y otro a los Alpes) fue el primero en acceder al Senado e incluso había accedido al consulado en el 89 a.C. En la guerra civil entre Cayo Mario y Lucio Cornelio Sila, Pompeyo Estrabón haciendo gala de su apodo, osciló entre el apoyo a uno y a otro bando. Su hijo, Cneo Pompeyo Magno, hizo sus primeras campañas militares en el ejército de su padre. Le conocían en su juventud como adolescentelus carnifex, es decir, el adolescente carnicero, por la gran crueldad que demostraba contra sus enemigos. A la muerte de su padre, Pompeyo Magno se decantó por el bando de Sila, que ganó la guerra contra Cayo Mario. Repudió a su primera esposa, Antistia, y se casó con la hijastra de Sila, Emilia, para reforzar aún más esta unión. Sirvió a la causa de Sila, luchando contra Sertorio en el año 71 a.C. un antiguo aliado de Cayo Mario que se había hecho fuerte en Hispania. Muerto Sila, recibió del Senado en el año 67 a.C., el mando de una gran flota par proceder a la limpieza de piratas de las costas del Mare Nostrum. A continuación, recibió el encargo del Senado, entre los años 66 y 61 a.C., de acabar con el rey Mitrídates del Ponto, que había vuelto a rebelarse años después de ser derrotado por Sila. Triunfó también en esta campaña, anexionando Siria como provincia romana. Rey Mitrídates del Ponto. 37
  • 38. Asia Menor y el Ponto Euxino (nombre antiguo del Mar Negro) Estos hechos le habían reportado una gran fama y popularidad, concediéndole el pueblo el título honorífico del Primer Hombre de Roma. Pero los optimates se mofaban de sus orígenes y no le concedían la influencia y el poder que por valentía y capacidad, se había ganado en el campo de batalla. César aprovecho su descontento para atraérselo a su causa. Además, certificó su alianza ofreciéndole en matrimonio a su única hija, Julia. Pompeyo, que había enviudado hacía poco tiempo, ya mayor, se enamoró perdidamente de una dulce y joven Julia que también le correspondía. La unión política entre César y Pompeyo duró hasta la muerte de Julia poco después de dar a luz a su primer hijo. Cayo Julio César, Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso formaron el núcleo de poder más fuerte de la época, que fue conocido como Triunvirato (de trium que en latín significa tres y viris que significa hombres) Miembros del triunvirato: César, Craso y Pompeyo El Triunvirato ejercía el poder político, con César como cónsul, el poder económico, ya que Craso era el hombre más rico de Roma, y el poder militar, con Pompeyo como el general más laureado y poderoso de Roma. Ante esto, los optimates… ¡Se echaron a temblar! Y César, puso manos a la obra. 38
  • 39. 3.5.- EL CONSULADO DE CÉSAR El gran legado de César como cónsul fue el cuerpo de leyes que inició. Las llamadas Lex Iulia, fueron varias: Lex Iulia Agraria: Reparto de tierras públicas a pobres y veteranos de las legiones. Parceló las tierras de la península itálica y las provincias para repartirlas con una única condición, y es que no se podían vender en un plazo mínimo de veinte años (para evitar la especulación de las tierras). Su objetivo era aliviar las arcas de la República, pues todos esos veteranos cobraban un subsidio del estado que asfixiaba la economía de Roma. Al entregarles tierras, el estado se ahorraba ese dinero. Pero claro, había otros perjudicados en este reparto: Los optimates. Con Catón a la cabeza y respaldados por Bíbulo, el cónsul senior, se opusieron frontalmente a la ley. La táctica fue la siguiente: El día de la votación, Catón, tomó la palabra y comenzó a hablar sin parar. Una norma interna del Senado decía que, si un orador no había acabado de hablar al caer el sol, no se podía seguir con la sesión. Discurso en el Senado. Catón, pretendía hablar hasta el crepúsculo para impedir la votación y conseguir que se rechazara la ley. César, al comprender la táctica de Catón, llamó a sus lictores para que expulsaran a Catón de 39
  • 40. la Curia Hostilia. Bíbulo, al protestar contra esta medida tomada por César, fue literalmente pateado por los partidarios de César e incluso le tiraron encima un cubo de estiércol. Bíbulo, recurrió entonces a una argucia religiosa para impedir la labor legislativa de César. Se retiró a su casa durante lo que quedaba de año para contemplar el cielo en busca de presagios. César se quedó con las manos libres para seguir legislando a su antojo. Lex iulia de pecuniis repetundis: Con esta ley, César trataba de controlar las funciones de los gobernadores provinciales, que eran tremendamente corruptos y que exprimían hasta la extenuación a las provincias romanas por el cobro de los impuestos. La pena que se imponía a los gobernadores corruptos era devolver cuatro veces la cantidad robada y el exilio. Con esto, se agilizó el cobro de impuestos y aumentó el dinero que entraba en las arcas de la República. Cayo Julio César hizo otras muchas cosas en su consulado, pero hemos destacado estas como las más importantes. La conclusión final es que César legisló a favor de los intereses de su bando, de los populares y evidentemente en contra de los optimates, que se opusieron a él con mucha furia y argucias políticas varias, como el ejemplo que antes he contado de Bíbulo y Catón, además de la frase que pronunció Cicerón refiriéndose a la labor legislativa de César en aquel año: “Non Bibulo quidquam nuper, sed Cesare farctum est: Nom Bibulo fieri consulte nil memini”. (Tal cosa no ha sido hecha por Bíbulo últimamente, sino por César; pues nada recuerdo que haya sido hecho por el cónsul Bíbulo) Pero Catón aún le tenía reservada una pequeña sorpresa a César. Cuando un cónsul acababa su mandato, era enviado a una provincia para gobernarla. Esto le repercutía normalmente grandes beneficios económicos y la posibilidad de buscar gloria a través de la guerra. Eso exactamente era lo que perseguía César. Sus enemigos lo sabían y trataron de arrebatárselo. Presionado por Catón, el Senado decidió que en el año 59 a.C., los cónsules no gobernarían provincias, sino que desempeñarían las funciones de inspectores de los bosques y caminos públicos, velando por su reparación y puesta a punto. Via Apia, la calzada más importante que llegaba a Roma 40
  • 41. Esto era un golpe bajo para el afán de gloria y enriquecimiento de César y se movió para anular esta propuesta del Senado. Finalmente lo consiguió con el apoyo del Triunvirato y se le otorgó el gobierno de las provincias de la Galia Cisalpina y la Iliria, con el mando de tres legiones. Después se le añadieron la Galia Transalpina y la Galia Narbonense. Es decir, cuatro provincias y cuatro legiones. Mapa de las provincias de César. Pero César, antes de partir al gobierno de sus provincias, decidió esperar tres meses acampado a las puertas de Roma, en el campo de Marte, para asegurarse de dejar las cosas bajo control dentro de la urbe. Para ello se valió de sus apoyos triunvirales y de un patricio que se había hecho adoptar por un plebeyo para poder acceder a un cargo político, el de tribuno de la plebe, y que se llamaba Publio Clodio Púlcher. Clodia Pulcher Publio Clodio Púlcher. Clodio había protagonizado el escándalo de la Bona Dea, que supuso el divorcio de César con Pompeya y un gran escándalo público. Pero César, que le daba más importancia a sus fines políticos que a su moral, no le acusó en un juicio y permitió que se salvara de ser condenado por profanar la fiesta de las mujeres en Roma. Así se ganó a Clodio para su bando político y ahora, le utilizó para sus fines: Controlar Roma en su ausencia y seguir siendo el azote de los optimates. Publio Clodio Pulcher era un mafioso en toda la extensión de la palabra, suponiendo que esa palabra ya existiera en la antigua Roma, cosa que dudo. Era un caprichoso niño rico patricio, heredero de uno de los linajes más puros, los Claudio. Su hermana Clodia, musa del gran poeta latino Cátulo, también era celebre en Roma por su escandalosa promiscuidad y por ir siempre a la última en ropa y peinados. Era una de esas mujeres que marcan tendencia. 41
  • 42. Publio Clodio había servido en el ejército en Asia con más pena que gloria y al volver a Roma, se dedicó a hacer lo que mejor sabía: Intrigar, espiar, sabotear y acercarse a las clases bajas de Roma. Con estas clases bajas, formó una auténtica red de bandas muy violentas, que no dudaba en hacer intervenir con gran violencia en el Foro cuando no se iban a aprobar las leyes que el quería o cuando una ley que él no quería se fuera a aprobar. Es decir, un auténtico extorsionador, que hizo que Roma entrara en uno de los periodos de mayor anarquía jamás conocidos. Desde su cargo de tribuno, favoreció a esas clases bajas, y entre otras muchas cosas, la que más destaca es que les otorgó grano gratuito una vez al mes. Cuando César abandonó Roma, la ciudad quedó en manos de Clodio y sus secuaces. Pero vamos a dejar Roma a un lado, de momento y vamos a centrarnos en la nueva aventura de César como gobernador de la Galia. César viaja hacia la Galia en el año 58 a.C. para tomar el mando como procónsul, es decir, gobernador enviado por el Senado de Roma con plenos poderes consulares. César con la capa escarlata que denota su mando militar, monta a Genitor, su caballo favorito, y marcha hacia la Galia. 42
  • 43. 3.6.- LA GUERRA DE LAS GALIAS 3.6.1.- Geografía de la Galia. ¿Como era ese territorio? Para los romanos existían tres Galias: Galia Cisalpina: Desde los Alpes hasta el río Rubicón. Hoy en día forma parte de Italia y es la zona que llamamos los Alpes italianos. Galia Narbonense (llamada Galia Togata, o la Galia con gente togada. Es decir que vestían como los romanos y por tanto estaban romanizados ya). Era una provincia habitada por romanos y celtas. Habían ciudades como Narbona o Marsella. Galia Transalpina (llamada Galia Cabelluda) Esta Galia se dividía a su vez en tres partes: la Bélgica al norte, la Céltica al centro y la Aquitania al sur. 43
  • 44. 3.6.2.- ¿Como eran los habitantes de la Galia? Si pensamos en los galos, se nos viene rápidamente a la cabeza la imagen de los dos galos más famosos, Astérix y Obélix, además de su inseparable perro, Ideáfix, el primer perro ecologista, que ama sobremanera a los árboles y no soporta que nadie les haga nada. Pero precisamente los dos irreductibles galos más famosos, son producto de la imaginación de los autores franceses Uderzo y Goscinny. Los galos reales, no tenían una poción mágica que les hacia invencibles, pero eran muy fieros y temidos por los romanos. Cuatro siglos antes de que César existiera, se habían atrevido a saquear la mismísima Roma. En el año 399 a.C. un grupo de guerreros galos comandados por su jefe, de la tribu de los sennones y llamado Brennos, llegaron de noche amparados por la oscuridad a la urbe. El jefe galo Brennos invade Roma en el año 399 a.C. Cuenta la leyenda romana que fueron las ocas del templo de Juno, las ocas sagradas de la diosa que forma parte de la Triada Capitolina, las que avisaron con sus graznidos a los habitantes de Roma que pudieron refugiarse en la fortificada y sagrada colina del Capitolio. Lo malo fue que, con las prisas, dejaron abiertas las puertas de sus casas para que los galos saquearan la ciudad, dándose un buen 44
  • 45. festín de riquezas romanas. Desde entonces en Roma, se les temía y respetaba a partes iguales. Jefes galos Infantería gala Guerreros galos a caballo Estos guerreros eran de tez clara y solían llevar el cabello largo con trenzas. Lucían amplios bigotes y/o barbas. Se agrupaban en clanes o tribus que combatían a menudo entre si: los éduos, los belovacos, los carpetanos, los turdetanos, los carducos, los arvernos, los senones, los cardutos, los nervios, los eburones, etc. 45
  • 46. 3.6.3.- Economía. Su dedicación fundamental era la guerra, bien entre ellos o bien contra otras tribus. En invierno se dedicaban a recoger las cosechas y cuidar su ganado. Estaban bastante avanzados en la industria tradicional. Disponían de buenas armas, buenos barcos e instrumentos agrarios de calidad. La Galia era un país muy rico en recursos. Pero en primavera se lanzaban a su afición favorita, la guerra. 3.6.4.- Cultura. El vínculo común entre todos los galos era la cultura, a pesar de que la práctica totalidad de los galos eran analfabetos y su transmisión cultural era de tradición oral (historias que pasaban de padres a hijos). Aquello que los unía era el Druidismo, una especie de religión basada en la inmortalidad del alma, el honor y la piedad. El protagonista fundamental de esta religión y verdadero transmisor cultural de los galos era el druida. El druida, que vivía en el bosque lejos de los poblados, era a un tiempo juez, médico y maestro de los nobles, entre otras muchas cosas. Vestía de blanco y deambulaba por caminos y poblados difundiendo sus sabios mensaje. Representación de un druida Panorámix, el druida de ficción más famoso. 3.6.5.- Precedentes y objetivo inicial de los romanos. El objetivo inicial que se marca desde el Senado es la contención de los helvecios que han iniciado una migración masiva y poner freno a las tropas germanas de Ariovisto que han atravesado el río Rhin para intervenir en la Galia. Los romanos piensan que, una Galia unida y fuerte, bajo tutela romana por supuesto, contendría a los pueblos germanos del norte en caso que estos, quisieran atacar Roma. En la actualidad, parafraseando a George Bush y al ejército norteamericano, diríamos que sería hacer una guerra preventiva. O como dice el refrán: “la mejor defensa, es un buen ataque”. 46
  • 47. 3.6.6.- La conquista de la Galia. Los enfrentamientos entre tribus galas eran una constante en la Galia. El gran número que de ellas existían y sus diferentes intereses, les conducían muy a menudo al enfrentamiento fraticida por disputas de muy diversa índole. Fue precisamente un enfrentamiento entre las tribus de los eduos y los secuanios lo que hizo que una de estas dos tribus decidiera buscar ayuda. Una delegación edua atravesó el río Rhin para pedir ayuda a los germanos. Liderados por Ariovisto, quince mil guerreros mercenarios germanos atravesaron el Rhin, intervinieron en el conflicto, pero después no se volvieron a sus tierras, sino que trajeron más guerreros y decidieron quedarse en la Galia. Viéndose fuertes, decidieron demandar una tercera parte del territorio para ellos. Rey Ariovisto. Esto hizo que eduos y secuanios olvidaran sus antiguas diferencias y se unieran para rechazar a los germanos, pero fueron derrotados por Ariovisto en el campo de batalla. Sólo les quedó una solución: Pedir ayuda a Roma. Y así, Cayo Julio César, procónsul de la Galia, tuvo la excusa perfecta para empezar sus movimientos bélicos. Pero además, la presión de los guerreros de Ariovisto sobre las tierras de la Galia, hizo que otro acontecimiento empujara a César a la guerra. Los helvecios, los habitantes de la actual Suiza, decidieron abandonar sus tierras y establecerse en otras más productivas más al este, en la zona que los romanos conocían como la Galia Narbonense. Más de quinientas mil personas iniciaron una emigración masiva atravesando la Galia. Antes de partir incendiaron sus más de cuatrocientas aldeas, para que la tentación de volver no les invadiera. 47
  • 48. Mapa del territorio que ocupaban los helvecios. Partieron desde Ginebra (Geneva en el mapa) con dirección a la costa atlántica y pidieron permiso para pasar por territorio de los eduos. Éstos, pidieron una vez más ayuda a César (que representaba el poder de Roma) y César les dijo que le dieran un plazo de quince días para tomar una decisión. Los helvecios, esos días pararon su avance, pero la necesidad de abastecer al medio millón de personas, hizo que se dedicaran al saqueo y al pillaje entre las tierras de los eduos. Este hecho le dio la excusa perfecta a César para negarles el paso, aprovechando esos quince días para fortificar la frontera (el río Ródano) Al ver su camino cortado, tomaron otra ruta pero al final el enfrentamiento fue inevitable y se produjo quince días después. La batalla de Bibracte (ver mapa) fue el primer triunfo de Cayo Julio César en esta guerra. Con tan sólo cuatro legiones consiguió, a los pies de la ciudad, derrotar a los helvecios gracias a la mejor calidad de sus espadas (las gladius romanas eran más cortas y manejables que las largas espadas galas). Gladius romanas. Cuando la batalla se decantó a favor de los romanos, se produjo un auténtico genocidio, pues entre los muertos en batalla, los saqueos y las violaciones posteriores protagonizados por los legionarios, más de 390.000 helvecios perdieron la vida. Los aproximadamente 110.000 helvecios que sobrevivieron, fueron invitados a volver a sus tierras. Y fundaron un pueblo que hoy en día llamamos Confederación Helvética o Suiza. Mapa y escudo de la Confederación Helvética. 48
  • 49. El eco de la victoria del Gran Julio César, hizo llegar al campamento romano un aluvión de peticiones de ayuda de diferentes tribus galas que se veían amenazadas por Ariovisto. César, le pidió una entrevista, tratándole con sumo miramiento y delicadeza, pues los optimates, para evitar que César se enfrentara a él y adquiriera aún más gloria, declararon al germano Ariovisto amigo y aliado del Senado de Roma. Este nombramiento hizo de Ariovisto un personaje intocable para César si no quería ser procesado al volver a Roma por desobedecer al Senado. Pero Ariovisto renunció a esa entrevista aludiendo que si César quería algo de él, que fuera a donde él estaba, que no quería ni necesitaba nada de los romanos. César, a pesar de la soberbia del germano, solicitó por emisarios que le enviaba, que no trajera más guerreros germanos a la Galia y que devolviera los rehenes que había tomado. La respuesta de Ariovisto fue un rechazo en toda regla y le invitó a atacarle si se atrevía: “ Atácame y conocerás el valor de un pueblo que hace catorce años que no duerme bajo techo ” Ariovisto pretendía tomar la ciudad de Vesontio (actual Besançon). César se adelanta y la toma antes que el germano. Ariovisto no tuvo más remedio que retroceder hacia el río Rhin. Pero los legionarios refugiados en la recién tomada ciudad, comenzaron a creer las terribles historias que contaban los galos de la ciudad sobre los terribles guerreros germanos y hubo un amago de motín. César, soltó una arenga a sus tropas. César arenga a sus tropas y acepta el perdón de los miedosos. 49
  • 50. Les convenció de que los germanos eran batibles y les preparó para la batalla. En siete días se presentó en la orilla del Rhin, frente a las tropas de Ariovisto. Entonces sí que se produjo la entrevista entre ambos líderes, en la que ni siquiera llegaron a descabalgar de sus monturas (el caballo de César se llamaba Genitor que significa “el creador”) y en la que no se llegó a ningún acuerdo. Era evidente que las armas decidirían ese conflicto. La batalla de los Vosgos se produjo el 10 de septiembre del 58 a.C., y fue una nueva victoria aplastante para los romanos. Dibujo de la situación de las tropas de César y Ariovisto en los Vosgos. Los que no murieron en la batalla, murieron en su fuga ahogados en las aguas del Rhin. El propio Ariovisto, malherido, consiguió atravesar en una canoa el río. Nunca más se supo de él y suponemos que murió poco después, por las heridas de esta terrible batalla. Acabadas estas campañas del año 58 a.C., César acuarteló sus legiones para pasar el invierno en el país de los eduos y las dejó al mando de su mejor lugarteniente, Tito Labieno. Mientras él, regresaba a la Galia Cisalpina para controlar lo que pasaba en Roma, esperando la llegada del buen tiempo y poder seguir con sus campañas. Campamento romano en vista aérea. El legado Titus Labienus. 50
  • 51. Llegado el año 57 a.C., y gracias a las cartas que recibía de Labieno, César se enteró de la nueva rebelión que azotaba la Galia: La rebelión de los belgas. La Galia Belga Los belgas eran un pueblo que ocupaba una tercera parte de la Galia y estaban situados al norte de la misma, separados de los germanos únicamente por el río Rhin. Las tribus que vivían allí, eran descendientes de los germanos y muy belicosas. Estas tribus hicieron una asamblea y decidieron conjurarse, rebelándose contra el poder de Roma por una serie de razones: • Temor a que los romanos, después de acabar con Ariovisto, se fijaran en ellos como próximo objetivo y les atacaran. • No querer someterse ni a germanos ni a romanos, es decir, mantener su libertad y su independencia. Se decidieron a formar un ejército poderoso para derrotar a los romanos: La tribu de los Belovacos, la más numerosa y fuerte, aportaría 60.000 guerreros; los Suesonios aportarían 50.000 guerreros y además, su jefe, el rey Galba, ostentaría el mando supremo, por ser el mejor preparado y el más respetado entre los belgas; los Nervios, eran otra tribu importante y aportaban 45.000 guerreros más. Muchas otras tribus menores aportarían muchos más guerreros, en total unos 300.000. Los romanos tenían que reaccionar pronto si no querían ver reducidas sus opciones de victoria frente a un ejército tan numeroso. César recibió la noticia como un regalo de los dioses, pues eso le permitía tener una excusa para seguir sus campañas en la Galia y saciar su sed de gloria y guerra. ¡Silencio! Esta información es, en efecto, preocupante. Ahora mismo me voy a Bélgica. 51
  • 52. Reclutó dos nuevas legiones y en cuanto el tiempo mejoró, marchó contra los belgas con unos 60.000 hombres. Al llegar a la frontera del país de los belgas, recibió una embajada de una tribu belga, los Remos, que no querían participar de la conjura masiva de las tribus vecinas y que se pusieron a disposición de los romanos. César se aseguró su fidelidad tomando como rehenes a los hijos de las familias más poderosas de la tribu. Los belgas van al encuentro de los romanos cerca de la ciudad de Bibrax, pero al tener los romanos una muy buena posición defensiva, cruzan el río y se retiran. Al ver esta retirada, César lanza su caballería a castigar la retaguardia del ejército belga, causándoles un buen número de bajas. Carga de caballería romana A partir de aquí, César se dedica a someter a las tribus de la zona occidental sin grandes apuros, tomando rehenes y armas, pero no es así en la parte oriental del territorio belga, donde habitaban los Nervios. Ese territorio era muy boscoso y los nervios se podían ocultar y espiar fácilmente a los romanos. Cuando observaron que los romanos tenían dificultades para fortificarse en ese territorio boscoso, el líder de los nervios, Boduognato, ataca cerca del río Sambre. La batalla del Sambre de julio de 57 a.C., está a punto de acabar con los romanos que se salvan gracias a la oportuna llegada de dos legiones de refresco al mando de Labieno que llegan en el momento justo para darle la victoria a César. Posición de los ejércitos en la batalla del río Sambre. 52
  • 53. Derrotados los nervios, César decide acabar con las tribus cercanas que aún le resistían y ataca a los Aduatucos. Estos se rinden, pero sufren la ira romana por resistir a su dominio: Los hombres son exterminados, las mujeres y los niños son vendidos como esclavos. Mujeres y niños belgas conducidos a la esclavitud. El Senado en Roma se entera de esta gran victoria y decreta, a petición de Cicerón, quince días de acción de gracias en honor al Gran Julio César. El invierno cae sobre el territorio y los romanos se acuartelan. César, en su informe al Senado escribirá de los belgas: “De todos los pueblos de la Galia, los belgas son los más inteligentes” El año 56 a.C. trae de nuevo malas noticias. Las poblaciones marítimas de la costa norte de la Galia se han rebelado. La tribu de los Venetos es la más aguerrida de todas. Sus tierras son muy complicadas geográficamente por sus escarpados acantilados, su clima desapacible, sus promontorios de difícil acceso por la subida y bajada de las mareas. César divide en tres grupos sus fuerzas y consigue dominar la rebelión. Condena a todos los jefes de los Venetos a muerte y vende como esclavos a los demás. Además establece en el trono de las tribus belgas a reyes afines a Roma y a él mismo, para asegurarse su lealtad. Aunque con esa medida no habrá suficiente y los problemas volverán al año siguiente. Ese mismo año 56 a.C. César ha de regresar a la Galia Cisalpina para solucionar los asuntos políticos de Roma. Las relaciones entre los dos miembros del triunvirato, Pompeyo Magno y Craso, que permanecen en Roma son cada vez más tensas. César ha de mediar y de mover sus hilos. Les convoca a una reunión en Luca, más allá de la frontera de la provincia que marca el río Rubicón, pues él no puede cruzarla ya que, un gobernador de provincia no podía entrar en territorio romano sin abandonar el mando de sus legiones y evidentemente César no iba a hacer eso. En dicha reunión, se reafirma el triunvirato. César mueve sus hilos en Roma para conseguir que ambos sean elegidos cónsules. Craso y Pompeyo en agradecimiento, confirman a César cinco años más como procónsul (gobernador) de la Galia, además de que ellos mismos se adjudican otras provincias: Craso será 53
  • 54. procónsul de Siria durante cinco años y así poder hacer la guerra contra los partos. Pompeyo se adjudica, por el mismo periodo de tiempo, el proconsulado de Hispania y África. En el 55 a.C. César se tendrá que enfrentar a nuevas tribus en el norte de la Galia: los tencteros y los usípetos, pueblos germanos que han cruzado el Rhin para establecerse en territorio galo. Eran aproximadamente medio millón de personas que son recibidos por los nativos como aliados frente al dominio romano. Pero César reacciona con prontitud, les coge desprevenidos y masacra a casi 430.000 personas, mujeres y niños incluidos. A pesar de esta masacre, en la orilla germana del Rhin se concentraban muchos más hombres dispuestos a pasar a la Galia. César hace un alarde de ingeniería y decide construir, donde se alza la Roca Loreley (cerca de la actual Bonn), un puente sobre el río Rhin, uno de los más anchos y caudalosos de Europa. La Roca Loreley en la actualidad, donde supuestamente César cruzó el Rhin En tan solo diez días, tiende dicho puente y traspasa con sus legiones el río. Es la primera vez que las legiones romanas pisan territorio germano. Las tribus allí concentradas, huyen despavoridas y se ocultan en los bosques, desistiendo de nuevas tentativas. Tras la demostración de fuerza de César y algunas escaramuzas, dieciocho días después, las legiones romanas se retiran de nuevo a la Galia, destruyendo el puente a sus espaldas. Maqueta del puente que César construyó sobre el Rhin 54
  • 55. Esta hazaña, junto con la masacre de los germanos protagonizada por César, al llegar a oídos del Senado, hace que Catón le acuse de hacer una guerra innecesaria y genocida, pidiendo que se le apresara y se le entregara a los germanos, pues de no ser así, la cólera de los dioses caería sobre el pueblo romano. Pero el Senado, que tiene como cónsules a dos triunviros (Craso y Pompeyo) rechaza la moción y decreta más días de acción de gracias a los dioses por la gran hazaña de César, el primer general romano que ha entrado en Germania. Ese mismo año, el 55 a.C., César y sus tropas realizaran otra gran gesta. Más o menos pacificada la zona norte de la Galia, a César le llegan noticias de un gran territorio, donde los guerreros se pintan la cara de azul, llamado por los belgas la isla de Mona, situado más allá del mar, atravesando el Canal de la Manica. Un lugar donde los druidas tienen su templo sagrado e iniciático (el Stonehenge) y donde habitan hombres con los mismos orígenes y cultura que los galos. Recinto del Stonehenge, lugar sagrado para los druidas. Ese misterioso lugar se llama Britania y era una gran isla, la que hoy conocemos con el nombre de Gran Bretaña. Pero poco o nada conocía César y los romanos de ese territorio y de sus gentes. Sin pensárselo dos veces, en agosto del 55 a.C., César prepara una flota de 80 naves para transportar a dos legiones desde Itio, la actual Calais. Las tribus britanas, avisadas por sus hermanos galos, se preparan para rechazar a los romanos con una lluvia de flechas, dardos y piedras. 55
  • 56. Desembarco romano en Britania. A pesar de ello, los romanos desembarcan y construyen un campamento. Pero el continuo incordio de las tribus locales y los pocos efectivos que habían desplazado los romanos, hacen que César decida retirarse, en septiembre, de nuevo al continente hasta una nueva y mejor ocasión. Guerrero britano. Y así ocurrió. En junio del año 54 a.C., César volvió con cinco legiones y 400 caballeros. Los britanos no opusieron resistencia al desembarco esta vez y se retiraron hacia el norte para organizar sus tropas. César llegó hasta el río Támesis, estableció allí un campamento que, mucho después, se convertiría en una pequeña ciudad llamada Londinium (la actual Londres). 56
  • 57. Pero una fuerte tormenta destruyó las tropas de refuerzo que venían desde el continente y César se limitó a firmar acuerdos de paz con los britanos, intercambió rehenes y se aseguró así que, si en un futuro volvían a haber rebeliones de los galos, no recibieran ayuda de los britanos. Vuelve César al continente y ante la escasez de víveres, no tiene más remedio que diseminar sus legiones en ocho campamentos para pasar el invierno. César suponía que los galos no se conformarían con el statu quo vigente y se rebelarían contra el dominio de Roma. Y no se equivocaba. A finales del año 54 a.C. estalló una nueva insurrección en la Galia belga. Pero la peor noticia le viene a César desde Roma. Su amada hija Julia ha muerto desangrada como consecuencia de un mal parto. El niño también ha fallecido. Durante días llora la perdida de su hija. Además, teme perder el apoyo de su yerno Pompeyo Magno, uno de los tres triunviros. A pesar de ello, Pompeyo le concede dos legiones más para la guerra de las Galias. Ese invierno César no puede retornar a la Galia Cisalpina para atender los asuntos de Roma, dejándolos en manos de Pompeyo. Pero no hay tiempo para las lamentaciones. En el año 53 a.C. César ha de hacer frente a la nueva revuelta liderada por Ambiorix, el jefe de la tribu de los eburonios. Ambiorix, Rey de los Eburonios Éste, aprovechando la diseminación del ejército de César, empieza a atacar los campamentos uno a uno. Consiguió destruir una de sus legiones, la del legado Sabino. Pero César reaccionó con frialdad y velocidad. Atacó y exterminó a toda la tribu eburonia. Sólo su jefe Ambiorix consiguió escapar más allá del Rhin. César construyó un nuevo puente sobre el río y lo atravesó. Asoló la ribera del río y volvió a la Galia, pero esta vez, solo destruyó la mitad del puente de la parte germana. Era un aviso a todos los germanos de que, en cualquier momento, César podría volver a marchar contra ellos. La Galia belga está destruida y pacificada. 57
  • 58. Está finalizando el año 53 a.C. y la situación en Roma es muy complicada. El Triunvirato se ha deshecho. Pompeyo Magno, celoso de la gloria militar que esta alcanzando César, se inclina hacia el bando optimate atraído por Catón. Julia, el vínculo que unía a César y a Pompeyo, ha desaparecido y César es incapaz de retener en su bando a Pompeyo. Además, el otro miembro del Triunvirato, Craso, acaba de fracasar en su campaña contra los partos y a muerto en combate en la batalla de Carras. El tribuno de la plebe que César tenía de su bando, Publio Clodio Pulcher, está enfrascado en una batalla campal en las calles de Roma contra otra banda rival liderada por Milón, que ha financiado y apoyado el bando optimate. La anarquía domina las calles de Roma. César ve como pierde el control de los acontecimientos en la urbe. César acuartela sus diez legiones, escribe al Senado diciendo que la Galia está casi pacificada (aunque es más un panfleto propagandístico que la realidad) y regresa a la Cisalpina para invernar. Legionarios acampados. Durante el invierno, al comienzo del año 52 a.C., se inicia una nueva rebelión gala. Esta vez son las tribus de la Galia Celta, la parte central de la actual Francia. Mapa de la Galia Central o Céltica. 58
  • 59. Convocados por los druidas en el sagrado Bosque de los Carnutos, se reúnen los principales jefes de la Galia Céltica y se da la señal para la rebelión masiva contra el invasor romano. Las principales tribus participantes serán los carnutos, turones, parisienses, arvernos y cadurcos. Allí, en el bosque, se fijan los primeros pasos a seguir. El primero y más cruel, es que se fija una hora y un día concreto que marcará el inicio de la rebelión. Y para iniciarla se elige la ciudad bajo dominio romano más próxima al Bosque de los Carnutos, Cenabum (la actual Orleáns) y “se pasa a cuchillo” a todos los residentes romanos de la ciudad. El segundo paso es fijar un líder único para su revuelta, un joven de menos de treinta años, de la tribu de los arvernos, hijo de Celtil, con un nombre que significaba “rey de los grandes guerreros” : Vercingetorix. Bosque de los Carnutos "El mérito no está en ser parte de la mayoría que DESISTE sino, más bien, en ser parte de la minoría que RESISTE!" Vercingetorix dixit ( o no) Los galos y los romanos tenían una concepción distinta de la guerra. Los romanos basaban su fuerza en el sentido grupal del ejército, en la disciplinada, fría y ordenada legión, que actuaba normalmente como un solo brazo ejecutor de las órdenes de su general, que además era un brillante estratega y un astuto negociador. Los romanos basaban su fuerza en sus legiones y en su famosa táctica del testudo (o tortuga) Los romanos además tenían el concepto de guerra total, es decir, no era simplemente enfrentarse en el campo de batalla y punto. Había que acompañar la 59
  • 60. batalla campal de la toma de ciudades, el control de las rutas de abastecimiento, el robo y la quema de cosechas... La guerra era un conjunto de circunstancias que daban la victoria o la derrota total. En cambio los galos tenían una percepción más individualista de la guerra. Ellos eran hombres libres y heroicos que buscaban el desafío o el combate singular y libraban batallas que sus mujeres e hijos podían contemplar desde la retaguardia, mientras ellos exhibían sus capas de colores, sus cascos y sus escudos relucientes y su habilidad como jinetes o conductores de carros. Guerreros galos Para enfrentarse a Roma se necesitaba disciplina, una movilización general y un mando único que pudiera decidir las tácticas y la estrategia. Que fueran capaces de coordinar la intendencia necesaria para mantener abastecido a un ejército de miles de personas. Pero por encima de todo, necesitaban un jefe que fuera obedecido: era preciso dejar de pensar en la tribu como unidad de combate, como base de la organización de una guerra (cada tribu luchaba por libre obedeciendo sólo a sus jefes) y buscar un caudillo que pudiera enfrentarse a César y hacerse obedecer por el conjunto de los jefes de las tribus galas. Ese hombre era Vercingetorix. 60
  • 61. Tras la masacre de Cenabum y tras aprovechar la ausencia de César para sublevar a las tribus de la Galia Celta, Vergingetorix pone en marcha su plan. César, enterado de la rebelión, ya está en camino desde la Galia Cisalpina donde ha pasado el invierno. La táctica de Vercingetorix es atraer a César lo más posible hacia el interior del territorio galo y evitar el enfrentamiento en campo abierto. César, en su avance, sólo se encontrará campos, cosechas y ciudades quemadas (la famosa táctica de la tierra quemada) y eso pondrá en dificultades el reabastecimiento de su ejército. Hasta veinte ciudades y un mayor número de aldeas caen pasto de las llamas de los propios galos. Pero ahora Vercingetorix en su retirada va a cometer SU PRIMER GRAN ERROR. Avaricum, donde habitaban la tribu de los Bitúrigos, la ciudad más bella de toda la Galia, se niega a ser quemada y sus habitantes, confiados en la inexpugnabilidad de sus murallas y en la cantidad de víveres acumulados que les permitirían resistir un asedio prolongado, deciden hacer frente a César. Interior de Avaricum Creen que César al no poder tomar la ciudad, pasará de largo. Vercingetorix no tiene más remedio que dejar la ciudad a merced de los romanos que, al llegar a Avaricum ven en la toma de la ciudad y de sus provisiones, la única solución a esa campaña que tanto les está costando. La retaguardia romana no encuentra comida para un ejército tan numeroso y los galos atacan constantemente las expediciones de avituallamiento romanas. 61
  • 62. Pero el Gran Julio César está a las puertas y no le asustan sus altas murallas. Pone en práctica el trabajo de las legiones y su ventaja en ingeniería militar sorprende a los galos. César construye un torreón de más de 100 metros de ancho y 300 metros de largo que se acerca sobre una rampa hacia las murallas y cuando está el torreón a la altura de sus murallas, desciende una trampilla sobre ellas que sirve de trampolín a los romanos, haciendo inútiles las altas murallas de la ciudad. Torre romana de asalto. Asalto de Avaricum. Los romanos se hacen con las numerosas provisiones de la ciudad y aniquilan a más de 40.000 personas, mujeres, niños y ancianos incluidos, dejando sólo 800 personas vivas que se unen a Vercingetorix. Una vez ha caido Avaricum, César decide dividir su ejército en dos. Manda cuatro legiones al mando de Labieno hacia el norte, hacía el río Sena, donde está la ciudad de Lutecia (actual París), lugar donde habita una tribu muy belicosa y que está poniendo en jaque el dominio romano de la zona, los Parisi. El propio César, con las seis legiones restantes, marcha hacia el sur persiguiendo a Vercingetorix, que sigue rehuyendo el combate frontal. En esa persecución, el ejército galo se ha situado a la orilla derecha del río Allier y el romano a la orilla izquierda. Soldados romanos en ruta. 62
  • 63. Los dos ejércitos marchan hacia el sur, unos a la vista de los otros pero sin poder atacarse mutuamente debido a la anchura del río. Los galos provocan continuamente a los romanos, tocando las trompetas y chocando sus armas contra los escudos, pavoneándose ante sus odiados enemigos. Guerreros galos Pero César es mucho más inteligente que Vercingetorix e inventa una treta para acabar con esa situación. Amparándose en la oscuridad de una noche de luna nueva, manda a dos legiones hacia atrás y las esconde. A la mañana siguiente simula continuar aquella absurda persecución como si nada hubiera pasado, haciendo los galos lo mismo y sin haberse percatado de la estratagema. Las dos legiones atraviesan el río y se colocan en la retaguardia del ejército galo, comenzando a fustigar sus provisiones. Vercingetorix no tiene más remedio que dejar aquella provocación y refugiarse en la vecina ciudad de Gergovia, un punto casi inexpugnable. Batalla de Gergovia Estamos en junio del año 52 a.C. y César, envalentonado por el éxito del asedio de Avaricum, no se lo piensa dos veces y se lanza al ataque. Lanza a la caballería romana sobre un lado de las defensas de Gergovia, tratando que los galos concentren toda la defensa de la ciudad en ese punto y descuiden el resto. Después, cuando el combate está en lo más duro, lanza al grueso de sus tropas al lado opuesto del ataque inicial. Pero Vercingetorix, escarmentado por la estratagema del río Allier, no se deja sorprender y reacciona a tiempo. César no tiene más remedio que tocar a retirada. Abandona el ataque a Gergovia, con el 63
  • 64. rabo entre las piernas y un buen número de bajas, marchando hacia el norte para recomponer su ejército y unirse a las cuatro legiones de Labieno que estaban cerca de Lutecia. Los galos baten a los romanos que se retiran. Es la segunda derrota de los romanos en la Galia (la primera fue la aniquilación de la legión del legado Sabino). Pero lo más importante: es la primera vez que el propio César, el favorito de la diosa Fortuna, el invencible, sufre una derrota. Es una derrota parcial, pues el numero de bajas no es muy elevado ( 700 romanos muertos de los cuales, 46 eran centuriones, es decir tropas de élite, los mejores soldados que el mundo había conocido). Pero es una derrota al fin y al cabo y su efecto psicológico es lo más importante. El mito de hombre invencible ha caido. Se puede derrotar a César en una batalla y esto hace que los galos salgan reforzados psicológicamente, además de que las tribus indecisas, superan el pánico a Roma y a César y deciden unirse a la causa de Vercingetorix. Los eduos por ejemplo, aliados tradicionales de Roma desde el principio, cambian ahora de bando. Vercingetorix celebra el triunfo con sus guerreros. 64
  • 65. Pero ahora Vercingetorix cometerá su SEGUNDO GRAN ERROR. Los galos, envalentonados por la derrota de César y pensando que ahora es mas débil que nunca, quieren enfrentarse en una batalla en campo abierto a los romanos. La táctica de Vercingetorix hasta ahora había sido la contraria, evitar el enfrentamiento directo, y le había ido muy bien. Pero la insistencia de los jefes de las tribus le obliga a ceder. Un gran error el de infravalorar a César y su capacidad de reacción, que pagarán muy caro. César se ha unido de nuevo a Labieno y su ejército está de nuevo completo. Vuelve hacia el sur dispuesto a continuar con su guerra. Los galos le esperan cerca de la cuidad de Bibracte. Se produce un enfrentamiento protagonizado por las caballerías de ambos bandos fundamentalmente. César está una vez más al frente de sus hombre, dirigiendo sus tropas y no dudando en ponerse en primera fila del combate, gladius en mano, dispuesto a matar o morir, como uno más de sus soldados. Éste tipo de gestos era lo que los legionarios de César más apreciaban y sentían una fidelidad casi mística por su general. Era un ejemplo a seguir y todos y cada uno de ellos estarían dispuestos a dar su vida por su general. Ese era uno de los grandes secretos de César. En campaña, César dormía en el suelo como uno más, comía el mismo rancho que los demás, conocía a casi todos sus hombres por su propio nombre, si había que cavar, era el primero en hacerlo, si se marchaba a pie, él no iba a caballo. Y en la batalla siempre estaba en primera línea allí donde más se le necesitaba. Esto infundía mucha moral y dotaba de mucho más valor a los legionarios romanos. Pero no era así Vercingetorix, que por el hecho de ser rey se consideraba superior al resto y salvaguardaba su propia seguridad. En Bibracte, en este enfrentamiento de caballerías, no capitaneó a sus hombres y en cuanto vio que la cosa se torcía, toco a retirada con el grueso de su ejército, abandonando a sus maltrechas tropas a merced de los romanos y refugiándose de nuevo al amparo de los muros de una inexpugnable cuidad, Alesia. La victoria romana fue un bálsamo para las legiones después del revés de Gergovia. Roma volvía a vencer. 65
  • 66. La ciudad en la que se refugia Vercingetorix se llamaba Alesia, una ciudad situada en una meseta de 400 metros de altura que dominaba un amplio territorio. Esta ciudad era sagrada para los galos y tenía un gran número de santuarios dedicados a las divinidades más importantes de los galos como Tutatis, Lug o Belenos. Allí gracias a su posición dominante, a la experiencia de Gergovia y que esperaba un ejército de refuerzo de 250.000 hombres, se encerró Vercingetorix con cerca de 80.000 personas. Aunque los víveres escaseaban, el caudillo galo esperaba que el cerco no se prolongara en exceso y que la victoria estuviera cerca. Pero César va a hacer de Alesia una de las ciudades más famosas de la historia militar. Llegando muy rápidamente y sin dudarlo un momento, pone sitio a la ciudad tratando de rendirles por hambre y escasez. Sus 60.000 hombres se ponen manos a la obra y hacen una muralla de maderas reforzadas con torres de vigía y de defensa que rodean la ciudad por completo en un perímetro de 15 millas (unos 27 kilómetros). El interior de ese perímetro hasta llegar a la misma Alesia lo llena de trampas para evitar la salida del ejército de Vercingetorix. Pero César sabe que viene de camino un ejército enorme y tiene que cubrirse las espaldas. Ni corto ni perezoso hace un nuevo perímetro exterior de 21 millas (unos 38 kilómetros) dejando un espacio de unos 200 metros entre el perímetro interior y exterior, para maniobrar en caso de ataque y donde ubica 23 campamentos de legionarios. 66
  • 67. El exterior del perímetro lo llena a su vez de trampas como por ejemplo fossae (fosos), stimuli (puntas de madera endurecidas al fuego y enterradas en el suelo), cippi (agujeros con ramas afiladas en el fondo), empalizadas, muros, torres, etc. Una gran obra de ingeniería romana. En el interior de Alesia, la escasez de alimentos es insostenible y Vercingetorix, aprovechando un momento de descuido de los romanos en sus obras, manda a toda su caballería en busca del ejército que no llega. Éste será el TERCER GRAN ERROR de Vercingetorix, perder a todos sus caballos. No porque fueran una fuente de alimento, ya que para los galos comerse a su caballo era un pecado mortal y un sacrilegio a los dioses, sino porque debilita su ejército ya de por si debilitado. Sus lugartenientes le proponen la antropofagia (canibalismo) como solución, pero Vercingetorix también renuncia a ella y toma otra decisión: abre las puertas de la ciudad y expulsa de ella a todas las mujeres, niños y ancianos, para tener menos bocas que alimentar y confiando en que los romanos los alimenten, aunque sean vendidos como esclavos. La victoria era lo más importante para Vercingetorix, mucho más que las vidas de algunos galos. Pero César, corto de provisiones también, no cae en la trampa de Vercingetorix y deja a toda esa masa de gente encerrada entre el perímetro interior de sus defensas y la ciudad de Alesia, abandonada a su suerte, vagando en tierra de nadie. El hambre acabará matándolos a todos (alrededor de 10.000 personas). Entonces, el 20 de septiembre del año 52 a.C., aparece el tan ansiado ejército de refuerzo galo. Una formidable masa de más de 250.000 guerreros, lanzan un asalto brutal sobre las defensas romanas, que se muestran muy eficaces. Es una lucha de la ingeniería romana contra la fuerza bruta gala. Y una vez más, la falta de liderazgo y la concepción individual de los galos en la batalla hacen que no se produzcan ataques simultáneos ni organizados. 67
  • 68. Hasta tres veces en tres días consecutivos, asaltan los galos las defensas de César, que una vez más acude gladius en mano allí donde se le necesita. Vercingetorix saca sus tropas restantes de Alesia para intentar obligar a los romanos a luchar en dos frentes, pero son rechazados fácilmente y obligados a encerrarse de nuevo en Alesia. El triunfo de César es definitivo, las murallas de su perímetro infranqueables y los romanos se muestran como un ejército imbatible. Los galos del ejército de refuerzo se retiran, dejando tras de sí, un campo de batalla sembrado de muertos. César es el único dueño de toda la Galia y nadie, ni el ejército más numeroso y poderoso que jamás se había formado en la Galia, le puede vencer. Vercingetorix, en un último acto de valentía decide ofrecer su vida a cambio de que no destruyan Alesia ni asesinen a todos sus habitantes. Al día siguiente sale de la ciudad con su mejor armadura, sólo y montado a caballo. 68
  • 69. Va hasta el campamento donde le espera César sentado en su silla curul (la que indica su rango proconsular) arroja sus armas a los pies del romano y se arrodilla ante él, rindiéndose. César se muestra inmisericorde con su enemigo. Le carga de cadenas, le encierra en una jaula y le arrastrará a la cola de sus ejércitos hasta llegar a la Galia Cisalpina, donde le encerrará en una mazmorra a la espera de realizar su entrada triunfal en Roma y poderlo así exhibir como un trofeo de guerra. Alesia no es arrasada. César sabe que la guerra está prácticamente acabada y que la ha ganado. Manda mensajes a Roma para informar de la victoria y el Senado concede veinte días de acción de gracias a los dioses en su honor. ¡ ROMA VINCIT ! El año 51 a.C. lo dedica César a pacificar los últimos reductos galos y a convertir la Galia Celta o Cabelluda en una auténtica provincia romana. Se muestra magnánimo al perdonar la traición de los eduos y los arvernos, restableciendo el título que gozaban ambas tribus de aliadas y amigas del pueblo 69
  • 70. romano. Pero se muestra inmisericorde con la última ciudad que se le resiste, Uxelodonum. Para tomarla, César recurre de nuevo a la ingeniería y excava una galería subterránea por donde desvía el curso de un río que daba agua a la ciudad. Sin agua, la ciudad es tomada fácilmente al asalto por las tropas romanas. El castigo que impone César es una lección para todos aquellos pueblos galos que en el futuro pensaran rebelarse. César ordena cortarles la mano derecha a todos los habitantes de Uxelodonum capaces de empuñar un arma. Nadie olvidará jamás esa lección en la Galia. La guerra ha terminado. Gaius Iulius Caesar, procónsul de Roma, conquistador de toda la Galia, desde los Alpes hasta Britania, desde el río Rhin hasta el Océano Atlántico, marcha hacia Rávena, capital de la Galia Cisalpina, donde preparará su regreso triunfal a Roma. El Gran Julio César. 70
  • 71. Atrás, César ha dejado un millón de muertos, ha sometido a la esclavitud a un millón de personas, ha conquistado ochocientas ciudades y ha sometido al yugo romano a más de trescientas tribus. Las riquezas que ha conseguido son incalculables, pero para César es mucho más importante el honor y la gloria, la gran popularidad de la que goza y sobre todo, el respeto, el apoyo y la adoración de 60.000 veteranos legionarios romanos, dispuestos a seguir a su general hasta el Averno (un cráter de la ciudad italiana de Cumas que se consideraba la puerta del infierno). 71
  • 72. 3.7.- LA DESCOMPOSICIÓN DEL TRIUNVIRATO. Pero cuando César pretende volver a Roma para presentarse de nuevo a las elecciones a cónsul, sus enemigos políticos ya han actuado en su contra y tratan de perjudicarle. Los miembros del triunvirato que dominaban la ciudad, ya no lo hacen y sus enemigos se han hecho fuertes dentro del Senado. • Marco Licinio Craso, el primero de los triunviros, partió hacia Siria para luchar y conquistar el reino de los Partos, pero es derrotado y asesinado en Carrás en el año 53 a.C. • Cneo Pompeyo Magno, segundo miembro del triunvirato y su antiguo yerno, tras la muerte de Julia se ha casado de nuevo, pero ha cambiado de bando. La envidia le corroe ante los éxitos militares de César. Pompeyo, el vanidoso, el que se hacía llamar Magnus, el grande, que siempre se había considerado el Primer Hombre de Roma, ve ahora como hay otro gallo en el gallinero que le eclipsa y no lo puede soportar. Adulado por los optimates, decide cambiar de bando y tratar de acabar con César legal o ilegalmente. La situación del resto de sus amigos y enemigos también ha cambiado ligeramente (o no): • Marco Porcio Catón, su tradicional enemigo político, un hombre que odia a todo el mundo. Es feo, repulsivo, tacaño, amargado. Cree encarnar en si todas las virtudes la República. Se rodea de filósofos, siempre viste de negro y rehuye todos los lujos (excepto el vino) que los considera decadentes. Todo lo nuevo, es malo. Él cree ser el prototipo de romano y todos los demás están equivocados y quieren acabar con la República. • Marco Tulio Cicerón, el pater patriae (aunque en realidad en los corrillos se le conoce con el apodo de Garbanzo) Tal título se lo concedieron sus aduladores tras la conjuración de Catilina, donde creyó haber salvado la República de un tirano al que ni siquiera concedió el derecho a defenderse en un juicio justo, estrangulando sin juicio previo a todos los posibles testigos que podían haber demostrado que la presunta traición de Catilina no fue tal traición. Tiene tanta vanidad como cobardía y sus opiniones fluctúan de un lado al otro dependiendo del sol que más le calienta. Ha defendido la causa de César mientras le ha interesado, pero ahora que tiene que decantarse por algún bando, se esconde como un miserable e intenta pasar desapercibido. • Publio Clodio Pulcher, su más fiel aliado durante su ausencia de Roma, ha sido asesinado a las afueras de Roma por la banda rival pagada por los optimates y liderada por Milón. Cuando los populii se enteraron de la muerte de Clodio, trajeron su cuerpo al Foro y usaron de pira funeraria el propio Senado. La Curia Hostilia 72
  • 73. sirvió de combustible para el cuerpo de Clodio. La plebe hacía culpable de su muerte a los senadores optimates y quemar la sede del Senado era una especie de venganza. A César aún le quedan aliados en Roma y el pueblo le adora, tanto por su recuerdo, como por sus éxitos en la Guerra de las Galias. Estamos en el año 50 a.C. y César está en Rávena, la ciudad más importante de la Galia Cisalpina, viendo como se desarrollan los acontecimientos y esperando el mejor momento para volver. No puede volver a Roma sin abandonar sus legiones y su mando, que son su fuerza, pues si lo hiciera, sus enemigos aprovecharían para procesarle e incluso para asesinarle. Y si atraviesa la frontera y marcha con sus tropas hacia Roma, sería considerado inmediatamente un traidor, apresado y arrojado al vacío desde la roca Tarpeya, un saliente de la colina capitolina de unos 200 metros de altura, lugar donde se ajusticiaba a los ciudadanos romanos. César está atrapado e intenta negociar una salida antes que verse forzado a iniciar un conflicto armado, es decir, una guerra civil, donde el poder de Roma estaría en juego. Manda que sus agentes en Roma, Balbo y Curión, comiencen sus movimientos. Balbo acude a Pompeyo y trata de hacerle volver al bando de César, pero sin éxito. Mientras tanto Curión y más tarde Marco Antonio, desde su cargo de tribuno de la plebe, controlan el Senado. Allí, Catón y los suyos están lanzando sus ataques más despiadados a César. César ha enviado una carta al Senado en la cual solicita una entrada triunfal por las calles de Roma como era tradición entre los generales que han conseguido grandes victorias para Roma. Pero el Senado no está por la labor y con Catón a la cabeza exige: 73
  • 74. • Que César devuelva dos de sus legiones que le fueron prestadas por Pompeyo (el objetivo era debilitarle militarmente) • Que César deponga su mando y imperium de procónsul y vuelva a Roma para ser juzgado por alargar más de lo necesario la guerra para enriquecerse a si mismo. Además, solicita que César sea entregado a los germanos, a quien ha infringido tan grandes matanzas. • Que se niegue la ciudadanía romana que César, en agradecimiento, ha concedido a sus soldados de la Galia Cisalpina. • Que sean derogadas todas las leyes que César promulgó durante su consulado. Curion y Marco Antonio hacen frente a todas estas acusaciones y evitan que se hagan efectivas, pero son amenazados de muerte en repetidas ocasiones. Los acontecimientos se precipitan. César solicita poder presentarse al consulado del año 48 a.C. in absentia, es decir sin necesidad de ir a Roma, donde sus enemigos le esperan para juzgarle. Si César era elegido cónsul, la dignidad de ese cargo no permitiría que le juzgaran. Los cónsules del año 49 a.C., Marcelo y Léntulo, intentaron que el Senado les diera el poder absoluto para hacer frente a la amenaza de César y delegar ese poder en el único militar capaz de hacer frente a César, Cneo Pompeyo Magno, que siempre decía: “Si doy una patada en el suelo de Italia, salen legiones por todas partes dispuestas a luchar por mi” La moción fue aprobada, a pesar de la acción de Marco Antonio, que esa misma noche y amparado por la oscuridad, huyó de Roma para unirse a César. Ya no había solución y la guerra civil estaba servida. Un bando, el de los optimates, se había unido en torno a Pompeyo. El otro bando, el de los populii, apoyaba a César. César había recibido a Marco Antonio y a sus amigos de Roma en Rávena. Era evidente que el conflicto armado era la única salida. Echando mano a su gladius y delante de sus hombres dijo: “He aquí quien ha de protegerme”. Reproducción de la gladius de Cayo Julio César. Llamó a la XIIIª Legión, concentrándola en las orillas del río Rubicón. Ese pequeño riachuelo marcaba la frontera entre Roma y la Galia, entre el mando legal que César aún detentaba, pero que expiraba en un breve plazo de tiempo y ser 74
  • 75. considerado un traidor a su patria. Durante una noche entera, César estuvo detenido junto a sus hombres, reflexionando, incluso indeciso. Esperaba una señal de los dioses. Cuenta la leyenda que César soltó unos caballos en ofrenda a los dioses, para ver si iban hacia Roma o hacia la Galia. Pero entonces y siempre según la leyenda, un hombre esbelto y de gran belleza se puso a tocar un instrumento musical con destreza a la orilla del río. Los trompeteros de la XIIIª legión se acercaron a escucharle. De pronto el hombre cogió una de las trompetas que se utilizaban para dar señales al ejército y se lanzó a las aguas del Rubicón, llegando hasta la otra orilla. César vio en ese gesto la señal divina que esperaba y se decidió, pronunciando una de las frases más celebres de César: “Vayamos donde nos llaman los dioses y la injusticia de los hombres. Alea jacta est. La suerte está echada”. La madrugada del 12 de enero del año 49 a.C. César cruzó el Rubicón, dando comienzo a una guerra fraticida entre romanos por el poder de Roma. 75
  • 76. 3.8.- DE BELLO CIVILI (LA GUERRA CIVIL). 3.8.1.- La conquista de Italia. Esa mañana César ocupó sin encontrar resistencia la ciudad de Rimini. Y continúa su marcha imparable sin derramar una sola gota de sangre. Las ciudades le abren las puertas y le aclaman como un héroe que es. La ciudad de Pesaro, Fano y Ancona se entregan sin reservas a César y se ponen a su disposición. En Roma, el pánico entre los senadores es evidente, pues temen la fuerza de las veteranas legiones que han ganado la Guerra de las Galias. Pompeyo decide abandonar Roma y con él, la mayoría de los senadores optimates. Pompeyo además declara que todo aquel senador que se quede en Roma, será considerado un traidor. Sólo los optimates e indecisos siguen a Pompeyo que marcha hacia el puerto de Brindisi, donde espera embarcar a sus dos legiones en dirección a Asia. En Asia, Pompeyo tenía un gran prestigio y la mayoría de sus partidarios. Pensaba que era más importante ahora hacerse fuerte que mantener Roma. Ya habría tiempo de reconquistarla cuando hubiera acabado con César. César pasó de largo por Roma y persiguió a su rival dispuesto a acabar aquel conflicto lo más pronto posible, pero Pompeyo consiguió embarcar sus legiones y abandonó Italia, que estaba ahora, en tan solo unos días y sin haber derramado una gota de sangre, en manos de Cayo Julio César. 3.8.2.- La primera campaña en Hispania. Al volver a Roma, César fue nombrado Dictador por los senadores que se habían quedado. Ponían en sus manos el poder absoluto para que acabara con la rebelión optimate. En los ocho días que César permaneció en Roma, restituyó la ciudadanía a los habitantes de la Galia Cisalpina que tanto le habían ayudado en la Guerra de las Galias y aseguró el aprovisionamiento de trigo a Roma, 76
  • 77. controlando el gobierno de la isla de Sicilia. Dejando a Tito Labieno controlando Roma, César partió por tierra (la flota del hijo de Pompeyo dominaba los mares) al mando de seis legiones hacia Hispania, donde tres partidarios pompeyanos, Afranio, Petreyo y Varrón, controlaban la península. César pronunció estas palabras al partir: “Marcho a combatir un ejército sin jefe y al volver, combatiré a un jefe sin ejército” En el camino se topó con la ciudad de Marsella, que cerró sus puertas declarándose rebelde ante César. Éste, dejó una guarnición que le puso sitio a la ciudad y continuó su camino a Hispania. Allí estuvo César 40 días sin entablar una batalla en campo abierto, sólo realizando algunas escaramuzas y sitiando ciudades. Los romanos de Pompeyo, acantonados en Ilerda (actual Lleida) acabaron rindiéndose sin lucha y César les mandó a Roma escoltados por sus legiones veteranas. César dejó a Quinto Casio al mando de Hispania y regresó a Roma. De camino rindió la ciudad de Marsella. Está finalizando ya el año 49 a.C. y César gira sus miras a Oriente, hacia Pompeyo, dispuesto a acabar de una vez por todas con la Guerra Civil. De camino a Roma, César tiene que hacer frente a un motín de sus tropas en Placentia. Los veteranos están cansados de guerrear y se ven venir que César les va a embarcar hacia Oriente para seguir luchando. César les reúne y les lanza un discurso en el que, primero, agradece sus servicios con muy buenas palabras y, después, les castiga con dureza. A la IXª Legión, de donde eran los líderes del motín, les inflinge el castigo del diezmo, que consistía en seleccionar al azar a uno de cada diez soldados y ejecutarlos. Al resto les licencia con deshonor por su indignidad. Este castigo ejemplar surte efecto entre el resto de sus tropas y tras las solicitudes de misericordia, al final César acepta ejecutar sólo a 12 de los cabecillas y la IXº Legión no es licenciada (era todo un acto magistral, pues César no puede debilitarse en estos momentos). César ha recuperado la disciplina de sus ejércitos y marcha hacia Roma. 77
  • 78. 3.8.3.- La derrota de Cneus Pompeius Magnus. De nuevo en la urbe a finales del año 49 a.C., César reactiva la economía y pacifica los espíritus. Para lo primero, funde el oro del erario público, acuñando nueva moneda con su efigie en un dorso, con el título de imperator en el otro. Este título lo otorgaban los mismos soldados a su general por aclamación popular al haberlos llevado a una gran victoria. A continuación, renuncia a su cargo de Dictador y convoca elecciones a las que él mismo se presenta, saliendo elegido como cónsul senior. Con este acto, César recupera la legalidad de su mando y ya no es considerado fuera de la ley. Estamos ya al inicio del año 48 a.C. y César parte al encuentro de sus rivales que están alzados en armas contra él. El ejército senatorial liderado por Pompeyo Magnus, está en Iliria (actual Albania) Se está reforzando mucho y muy rápidamente. Pompeyo cuenta con 200 senadores que residen y se reúnen en Tesalónica. Además tiene a su disposición nueve legiones, la caballería, los auxiliares y una gran flota mandada por Bíbulo (que compartió el primer consulado de César y que le odia a muerte) y que domina las rutas marítimas de abastecimiento e impide las comunicaciones por mar de los enemigos. En total dispone de unos 60.000 hombres a sus órdenes. César ha de actuar con prestancia si no se quiere ver amenazado. En pleno invierno y burlando la flota de Bíbulo, César atraviesa el mar Adriático con siete legiones, haciéndose con el dominio de toda la zona norte de Iliria, con una pasmosa velocidad que deja sorprendidos a los pompeyanos. Bíbulo, aunque tarde, reacciona e impide que el resto de las tropas de César atraviesen el mar. Pompeyo escoge la táctica del desgaste progresivo del ejército de César 78
  • 79. que tiene cortadas las comunicaciones y las vías de abastecimiento por la flota. Las tropas que faltan y que manda Marco Antonio, no consiguen atravesar el mar y César se pone nervioso. Trata de atravesar de incógnito una fría noche de invierno el mar para regresar a Italia y solucionar el problema, pero la galerna impide que su barco progrese y el capitán decide retroceder. César demuestra su seguridad en si mismo y la confianza que tiene en que su destino está regido por los dioses y le da ánimos diciéndole: “Ten valor, llevas a César y a su Fortuna”. Pero es imposible y César, temiendo por su propia vida, renuncia a la empresa. Finalmente las cinco legiones de Marco Antonio consiguen su objetivo, favorecidos por el desconcierto de la muerte de Bíbulo, que se ha esforzado tanto en la empresa de detener a César que cae presa del agotamiento. A pesar de que César tiene ahora doce legiones completas, Pompeyo no reacciona y decide acantonarse cerca de la ciudad de Dyrrachium. César trata de repetir la experiencia de Alesia y comienza a realizar un cerco de la posición de su enemigo de más de 90 kilómetros. Pero un cerco tan grande es imposible de defender y Pompeyo, viéndose atrapado, rompe el cerco y huye hacia la región de Tesalia, en el norte de la actual Grecia. Pero César, más veloz que su enemigo y eligiendo otro camino, llega antes que él y somete la región. Pompeyo no tiene otra salida más que presentar batalla, en la llanura de Farsalia, el 28 de junio del año 48 a.C. 79
  • 80. La batalla de Farsalia enfrenta a romanos contra romanos. César dispone de unos 22.000 hombres mientras que Pompeyo tiene una fuerza mucho más numerosa que ronda los 66.000 hombres. La batalla es una victoria del genio militar del Gran Julio César, que con un golpe maestro de su caballería, provoca el pánico en las filas pompeyanas y vence de una manera aplastante. Según las propias cuantas de César, el solo tiene que lamentar unas 230 bajas, mientras que el enemigo ha perdido 15.000 hombres y 24.000 han sido hechos prisioneros. Pompeyo huye hacia Egipto, mientras César, con Marco Antonio al frente, envía a sus tropas a invernar en Roma, otorgándoles el merecido descanso que les había prometido tras el motín de Placentia. 80
  • 81. Pero César marcha con unos cuantos hombres en persecución de Pompeyo. Éste, ha llegado a Egipto junto con su familia buscando la protección del Faraón Ptolomeo XIV, un niño de tan sólo 10 años, casado con su hermana 7 años más mayor que él, de nombre Cleopatra VII Philopator. Las disputas por el poder entre faraón y faraona son evidentes y los consejeros del niño-rey, expulsan a Cleopatra de palacio, pues así Ptolomeo es mucho más manipulable. Al recibir la noticia de que Pompeyo pide asilo en Egipto, los consejeros del Faraón deciden asesinar a traición a Pompeyo para honrar a César y ganarse sus favores, pues están convencidos que César llegará en su persecución. Compran a Septimius, un liberto que acompañaba a Pompeyo y al descender del barco, le clava su espada por la espalda, asesinándole a la vista de toda su familia, que le observa desde un barco y que, vista la traición, huyen de allí. Pompeyo es decapitado. Al llegar César a Alejandría, la capital de Egipto en aquel entonces, los consejeros le presentan la cabeza de César en una bandeja, esperando que la coja y se vaya de Egipto con su trofeo, dejando el país tranquilo. Pero la reacción de César no será esa. César llora la muerte de su antiguo yerno, condena el asesinato y desembarca junto con sus reducidas tropas en Alejandría, instalándose en el Palacio Real. César en el Faro de Alejandria. 3.8.4.- De bello alexandrino (la Guerra de Alejandría). Con la excusa del pérfido asesinato de Pompeyo, César decidirá apoderarse de Egipto y controlarlo. Se erigirá en el árbitro de las disputas entre 81
  • 82. Ptolomeo XIV y Cleopatra. César repone a ambos en el trono y controla a Cleopatra convirtiéndose en su amante. Pero los consejeros de Ptolomeo XIV no quieren perder su influencia y reaccionan violentamente. Aquilas, uno de ellos, sitia a César y a sus tropas en el Palacio Real de Alejandría en septiembre del año 48 a.C. César resiste los ataques durante cuatro meses, esperando la llegada de las tropas de refuerzo. En uno de esos ataques, la famosísima Biblioteca de Alejandría, donde había más de 400.000 volúmenes de todos los idiomas y autores del mundo, la biblioteca más famosa y maravillosa de la historia antigua, perece pasto de las llamas. Muerto Aquilas, el eunuco Ganímedes, refuerza con mucha más virulencia los ataques contra César. En una escaramuza en la Isla del Faro, el mismo César junto con 800 legionarios caen en una emboscada, de la cual solo pueden salvarse unos pocos lanzándose al mar y nadando hasta la seguridad de las naves romanas. El mismo César en su desesperada huida, ha de abandonar la capa escarlata de Imperator, que Ganímedes exhibe como un trofeo. Pero en enero del año 47 a.C. llegan los refuerzos romanos, que acampan a las afueras de Alejandría. Enterado César, en una salida nocturna y por sorpresa, se une a esos refuerzos y presenta batalla a Ganímedes y sus hombres, venciéndole de manera aplastante (unos 12.000 prisioneros y más de 20.000 muertos). Entre los muertos está el propio Ganímedes y el Faraón Tolomeo XIV. La ciudad de Alejandría se rinde ante la asombrosa victoria de César. Egipto está ahora en sus manos. Cleopatra se casa de nuevo con otro de sus hermanos de 10 años, Ptolomeo XV. Pero César, se embarca en un thalamegus y realiza un crucero de dos meses por el Nilo para conocer las maravillas de Egipto junto a una joven cariñosa como Cleopatra, a la que le hace un hijo, Cesarión. Podemos decir que César se tomó unas merecidas vacaciones. Al volver, César deja tres legiones en Egipto y retoma la actividad. 82
  • 83. 3.8.5.- La campaña de Asia. Estamos en julio del año 47 a.C. y a César le reclaman unos urgentes asuntos en Asia. Allí, el Rey Farnaces, un reyezuelo de las costas del Mar Negro, descendiente de Mitrídates, se ha rebelado contra el poder de Roma aprovechando la presunta debilidad de los romanos que están enfrascados en una guerra civil. El Rey Farnaces ha invadido la pequeña Armenia. Tras una breve y victoriosa batalla contra el gobernador romano Calvino en Nicópolis, ha invadido también el reino del Ponto, amenazando la supremacía romana sobre la zona. César apacigua a todos los reyes del entorno y marcha contra Farnaces. En la batalla de Zela, César aniquilará todo el ejército de Farnaces en tan solo 4 horas. Es tal la superioridad demostrada por César en el campo de batalla que, en su informe al Senado, César escribe la famosa frase: “Veni. Vidi, Vici” ( Llegué, vi y vencí ). Deja de nuevo el mando de Asia a Calvino y regresa a Roma, haciendo una breve parada en Atenas. El Partenón de Atenas, el templo dedicado a la diosa Atenea. 83
  • 84. 3.8.6.- De nuevo en Roma. Veintidós meses después de su marcha, César regresa a Roma con todo Oriente pacificado, su enemigo muerto, Egipto bajo su control y sólo con un par de reductos optimates aún por eliminar en África, César está de vuelta en Roma a finales del año 47 a.C. Pero César se encuentra con una Italia convulsa. Sus veteranos, que ya han dilapidado el botín de sus conquistas, reclaman las tierras prometidas por César y poder así disfrutar de su triunfo, al igual que su general. Pero los gobernantes de Roma no les pueden asegurar esas cosas en ausencia de César. Los legionarios veteranos, enterados de que César regresa a Roma marchan hacia allí. César se reúne con ellos en el Campo de Marte, a las afueras de la ciudad. César es muy breve y les pregunta qué quieren. Los legionarios, para presionarle y para que les conceda sus peticiones, sabiendo que César les necesita, amenazan con la licencia total. Pero César no se va a enfadar y brevemente, les anuncia que les concede la licencia, dirigiéndose a ellos como quirites, es decir ciudadanos. La mayoría de los soldados, al darse cuenta del error que han cometido, comienzan a implorar a César para que no los licencie, que quieren seguir siendo milites, es decir, soldados. Ante este arrepentimiento, César consigue apaciguar el motín y, de nuevo, la unión de sus tropas. Con el ejército de nuevo unido, se dispone a partir al norte de África, donde aún quedan reductos de la resistencia optimate. 3.8.7.- La campaña de África. En el año 47 a.C., los optimates, liderados por el archienemigo de César, Marco Porcio Catón que había escapado de Farsalia y se había establecido en África, se han hecho fuertes en el norte de este continente y han conseguido la alianza del Rey Juba I de Numidia. Han reunido un poderoso ejército, con elefantes incluidos. Están dispuestos a acabar con la tiranía del conquistador de la Galia y restablecer los valores republicanos que creen pisoteados. Rey Juba I de Numidia. 84
  • 85. César desembarca en África con su ejército y el 6 de febrero del 46 a.C. presenta batalla a las fuerzas conjuntas de romanos y numidas. La batalla de Tapsos es otra gran victoria para el Gran Julio César, que consigue espantar a los elefantes del enemigo, que se vuelven contra sus propios soldados. Según César en su informe al Senado, sólo tiene que lamentar 50 bajas, mientras que los enemigos han perdido más de 10.000 hombres. Catón se refugia en Útica y César marcha contra él. Los habitantes de la ciudad, asustados por el acercamiento de las tropas, comunican a Catón que le abrirán las puertas a César. Marco Porcio Catón, la noche del 12 de febrero del año 46 a.C., cena con sus amigos filósofos, pronunciando una de las frases con las que ha pasado a la posteridad: “El hombre virtuoso, es un hombre libre”. A continuación se retira a sus aposentos, relee a su filósofo favorito, Platón, y se clava su espada en el vientre. Marco Porcio Catón, llamado Catón “el joven”. Museo del Louvre. Paris Pero la herida no es mortal. Al despertar de nuevo, habla con los que le rodean diciéndoles: “No podría soportar de ninguna de las maneras la venganza de César, pero mucho menos su perdón. Prefiero morir que sucumbir ante mi enemigo” Dicho esto, rechaza los servicios de los médicos y con sus propias manos se reabre la herida una y otra vez, hasta morir desangrado. 85
  • 86. Numidia se convierte en provincia romana y ya no queda casi ningún enemigo al que vencer y acabar por fin esta guerra civil. César regresa a Roma. 3.8.8.- La segunda campaña en Hispania y el final de la guerra. Estamos en el año 46 a.C. y al regresar de Tapsos, el Senado decreta cuarenta días de acción de gracias a los dioses. Además concede a César el privilegio de poder sentarse entre los cónsules en el Senado y le ofrece el cargo de Dictador por diez años. La guerra civil está casi terminada, pero aún tendrá que hacer frente a la última sublevación pompeyana, protagonizada por los hijos de Pompeyo. En Hispania, Casio, el gobernador que César dejó, se muestra como un inepto que sólo piensa en esquilmar la provincia y en el enriquecimiento personal, provocando la sublevación de la Bética (actual Andalucía). En esa coyuntura llega Cneo Pompeyo, el hijo del Magnus, y consigue que los nativos se le unan en rebelión contra, Casio, el gobernador de César. Éste, no tiene más remedio que abandonar Roma y hacer frente a una nueva campaña militar contra los pompeyanos. César marcha hacia a Hispania a frente de sus tropas. 86
  • 87. La batalla decisiva se producirá cerca de Córdoba el 17 de marzo del años 45 a.C. La batalla de Munda favorece a César, aunque es una de las batallas en que más bajas sufre su ejército e incluso, donde más cerca estuvo de perder su propia vida. En un momento decisivo de la batalla tuvo que lanzarse con su gladius en la mano al combate, arengando a sus legionarios e infundiéndoles valor: “Este mocoso no me arrebatará la gloria. Antes moriré luchando” Esto exclamaba mientras se unía a los soldados de la Xª Legión, la más aguerrida de sus tropas, que durante años fue su guardia pretoriana (es decir, su guardia personal). César hubo de lamentar cerca de 1000 muertos y 500 heridos. Los pompeyanos casi 33.000, entre los que se encontraban los hijos de Pompeyo. La resistencia pompeyana había sido aniquilada definitivamente. La guerra civil, había terminado. César tenía ahora las manos libres y podía regresar a Roma para gobernarla. Reconstrucción de Roma posterior a la Roma de César, ya que en su época aún no existía, por ejemplo, el Coliseo. 87
  • 88. 3.9.- EL PODER ABSOLUTO DE CÉSAR EN ROMA. César ahora es elegido Dictador Vitalicio y celebra su quinto triunfo por las calles de Roma. Los cuatro triunfos anteriores los había celebrado antes de la campaña de Hispania. El primero por su victoria en la guerra de las Galias, donde paseó las riquezas obtenidas allí, entre ellas a su enemigo número uno en esa guerra, Vercingetorix, que fue paseado detrás del carro de César por el Foro, encadenado a un poste. Al finalizar el desfile fue ejecutado de la manera que los romanos mataban a sus enemigos no romanos, estrangulándolos en un calabozo oscuro de los sótanos del Foro. El segundo triunfo, lo celebró por su victoria en Asia contra Farnaces. El tercero por su victoria en Egipto. El cuarto por su victoria en África contra el rey Juba I de Numidia y el quinto triunfo, por su victoria en Hispania. Durante cinco días los fastos, desfiles y fiestas en Roma fueron apoteósicos. Además de los desfiles triunfales de César por el Foro exhibiendo las riquezas obtenidas en esas campañas, César organizó obras de teatro, naumaquias (batallas navales simuladas), luchas de gladiadores, exhibiciones y lucha de animales feroces y desconocidos en Roma, como elefantes, rinocerontes, jirafas, leones, etc. A todo eso, le añadimos epulum, banquetes multitudinarios en los que hubo hasta 66.000 invitados. Se dio trigo a los ciudadanos y entre los veteranos soldados de César, se repartió el botín. César incluso restauró el dinero del erario público que había confiscado para pagar la Guerra Civil. Todo eso hizo César gratis, consiguiendo que sus veteranos y sus ciudadanos le estuvieran agradecidos. Cayo Julio César era ahora el amo absoluto de Roma y comenzó a acumular privilegios que los ciudadanos romanos le otorgaban sin reservas. César era capaz de la generosidad y el perdón, pero también de las represiones más atroces e injustas. No tuvo reparos en eliminar a aquellos que se le opusieran, aunque había 88
  • 89. poca gente que lo hiciera. Con todo el poder en sus manos, César comenzó su tarea. Acabó con la República y estableció las bases de un sistema de gobierno nuevo, el Imperio Romano: • Él supervisaba el nombramiento de todos los magistrados. • Le quitó sentido al cargo de Cónsul, reduciendo su tiempo de mandato de un año a tres o cuatro meses. • Repartió cargos entre sus fieles, para tenerlos bajo control y premiar su fidelidad. • Reformó el calendario. • Aumentó el número de senadores afines a él y convirtió el Senado en un coro de aduladores. • Nombró los gobernadores de las provincias que a él le interesaban. • Controló el Tesoro Público, que se convirtió en una especie de caja personal. • Obtuvo el mando único de todos los ejércitos en caso de realizar una campaña y planeó su próximo objetivo: la campaña en Asia contra los Partos, decidido a vengar la muerte de Craso, su antiguo socio triunviral y obtener nuevas riquezas. • Creó el primer periódico de la historia, Acta Populi, donde publicaba las actas del Senado, ejerciendo la censura sobre las publicaciones de la urbe. • Renovó, limpió y engalanó la ciudad. Roma pasó de aldea gigantesca a la capital del mundo. Creó un nuevo foro, complementario del anterior, el Forum Iulium, de 160 metros de largo por 75 m. de ancho, cerrado por pórticos y columnatas de mármol, todo presidido por el templo de Venus Genitrix, su diosa regente. En los relieves de la fachada del templo, rememoraba la victoria en la batalla de Farsalia. 89
  • 90. Los romanos, agradecidos por la paz que había instaurado en sus vidas y por las reformas y riquezas que corrían por Roma, trataban de agradecérselo agasajándole: • Se declaró día de fiesta oficial el día de su nacimiento, dia natalis. • Además, se cambió el nombre del mes de su nacimiento, quintilis, que pasó a llamarse iulius (julio, nombre que se mantiene hoy en día). • Le autorizaron a llevar siempre los símbolos de Imperator, que eran la capa púrpura y la corona de laurel en la cabeza. • E incluso se le declaró semidiós, fundando un culto nuevo en exclusiva para su persona. • Su lugarteniente Marco Antonio, le ofreció en un acto público la diadema real, una cinta blanca que llevaban los antiguos reyes romanos. Es decir, que le quisieron declarar Rey de Roma. Pero César rechazó la diadema, el no quería ser rey, no le hacía falta. Él era mucho más que un rey. Era César. César rechaza la diadema real. El 14 de febrero del año 44 a.C., tras haber rechazado la diadema real, el senado y pueblo de Roma le nombró Dictador Perpetuo, otorgándole la facultad de decidir quien sería su sucesor en el gobierno de Roma. César, el año anterior, había adoptado en secreto a su sobrino-nieto, el nieto de su hermana, Octavio, un joven que le había impresionado por su profunda inteligencia. Había hecho su testamento dejándole todo a Octavio, aunque no lo reveló. Sólo a su muerte, cuando el testamento se hizo público, los romanos supieron su decisión, que acataron después de una breve disputa por el poder. 90
  • 91. 3.10.- LOS IDUS DE MARZO. César había perdonado a todos los senadores pompeyanos que estaban diseminados por todas las provincias. No les tenía miedo, no le preocupaban. Había sido magnánimo y generoso con ellos. Pero éste, fue un error de César. Provocado por el gesto de Marco Antonio, que le había ofrecido el título de Rey, muchos de estos senadores perdonados que aún tenían fe en la restauración de la República y veían en el título de César, el fin de todas sus aspiraciones, trataron de buscar una solución. Y la única solución que había para restaurar la República y su propio poder, el poder de los pocos optimates que quedaban, era asesinar al gran hombre, acabando con la fuente de todas sus desdichas. Se preparó una conjura para asesinar a César. Sus líderes fueron Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino, aunque eran cerca de 30 senadores los conjurados: • Cayo Casio Longino era un confabulador nato que odiaba a muerte a César a pesar de que éste, le había perdonado tras la batalla de Farsalia y le había devuelto sus privilegios políticos y su hacienda. Pero Casio no aceptaba que su carrera política se viese favorecida por César. Él quería ascender por méritos propios y no por la gracia de un hombre. • Marco Junio Bruto era el hijo de Servilia, la amante romana más famosa de César. Se rumoreaba incluso que podría ser su propio hijo. César siempre le trató como tal, le favoreció al máximo, le perdonó todas sus traiciones y sus indecisiones, le otorgó cargos y riquezas. En resumen, César amaba a Bruto como si fuera su propio hijo. Pero Bruto fue seducido por los conjurados, que apelaron a su apellido y a sus antepasados. El primero de los Bruto fue el que asesinó al último rey de Roma, Tarquinio el Soberbio, y el fundador de la República. ¿Quién mejor que él para asesinar al tirano César y restaurar la República? Además, su madre, rechazada por César después de volver a Roma, estaba ciega de ira por haber perdido los favores de César. La cosa llegó a su cénit cuando en el año 46 a.C., Cleopatra y su hijo Cesarión, se reunieron con César en Roma, instalándose en una villa a las afueras de la ciudad. A partir de ese momento, Servilia quiso vengarse e hizo todo lo posible para convencer a su hijo de que la mejor salida, era asesinar a César. 91
  • 92. César tenía informaciones sobre la posible conjura para asesinarle, pero no podía demostrar miedo. Un adivino muy famoso en Roma, de nombre Espurina, que se cruzó con César en el Foro, le había dicho: “César, guárdate de los idus de marzo”. Su mujer, Calpurnia, había soñado esa misma noche que César sería asesinado y trató de impedir que, ese día, César acudiera a la sesión senatorial, convocada para tratar la guerra contra los partos, hacia la que partía César al día siguiente. En un gesto que denota a partes iguales chulería e imprudencia, despidió a sus lictores, que siempre le acompañaban para su protección personal y se encaminó andando sólo hacia la Curia Pompeyana, el lugar donde se reunía el Senado desde el incendio de la Curia Hostilia, a la muerte de Clodio. En el camino se encontró con el adivino Espurina, que le había dicho que se guardara de los idus de marzo y le dijo: - ¡Ya han llegado los idus de marzo y sigo vivo! - Sí, pero aún no han acabado. – contestó el adivino. Antes de entrar en la Curia se le acercó un senador y le dio un rollo de pergamino, rogándole que lo leyera y en el que figuraban los nombres de todos los conjurados para asesinarle, pero César no tuvo tiempo de leerlo y entró en el Senado con el rollo en la mano. El plan de los conjurados era sencillo. El Senado estaba convocado en los idus de marzo (15 de marzo del año 44 a.C.) Mientras Trebonio entretenía a Marco Antonio, el lugarteniente más fiel de César, que ostentaba en ese momento el cargo de Cónsul, el senador Cimbro se acercó a César con la excusa de implorarle el perdón para su hermano desterrado, arrojándose de rodillas a sus pies. El resto de los asesinos se acercaron entonces para apoyar dicha petición. Entonces Cimbro agarró la toga de César para inmovilizarle. Esa era la señal. El senador Casca, que estaba situado a su espalda, le asestó la primera puñalada. César se giró al notar el frío acero y le clavó en el brazo el stilo (instrumento de escritura sobre papiro) que tenía en la mano. El resto de asesinos se abalanzaron sobre César asestándole 23 puñaladas. César aún tuvo fuerzas para empujarles, para pronunciar palabras de incredulidad al ver a Bruto con un 92
  • 93. puñal en la mano (“¿Tú también hijo mío?) y para taparse el rostro con la toga y evitar que sus asesinos, vieran su cara en el momento de morir. Las 23 puñaldas y lugar donde se las asestaron. El Gran Julio César, a los 56 años, cayó muerto a los pies de la estatua de Pompeyo Magno que presidía la Curia, pues él la había pagado. Una de las ironías del destino. Los asesinos y el resto de senadores salieron corriendo, aterrados por el magnicidio y por las reacciones que se pudieran producir. Los asesinos huyen del lugar del crimen. Los asesinos, que pretendían erigirse en salvadores de la República y los que retornaban la libertad al pueblo, presas del pánico, se refugiaron en un templo del Capitolio, un lugar seguro. Daga romana utilizada para matar a César 93
  • 94. Marco Antonio calmó los ánimos y presidió el funeral de César e hizo su panegírico (discurso en honor de un difunto), pero la muchedumbre que se acumulaba en el Foro prendió fuego al cadáver de César, arrojando a las llamas todo lo que encontraban a su paso. La hoguera ardió durante días. En ese mismo lugar, años después, se erigiría el templo de Divus Iulius, en honor y memoria de Cayo Julio César, que fue proclamado dios. La venganza contra los asesinos fue llevada a cabo por Marco Antonio y Cayo Julio César Octaviano, su hijo adoptivo y heredero. Pero, parafraseando a Michael Ende: “Esa es otra historia y debe ser contada en otro momento”. Valencia, 30 de julio de 2006. 94
  • 95. 4.- CONCLUSIÓN FINAL (fuera de concurso). Muchas veces he de responder a la pregunta de mis alumnos: ¿Por qué César? Tras leer esta biografía a más de uno le debe quedar la sensación de que este personaje, no es muy admirable que digamos. Cayo Julio César era un ambicioso nato, no tenía reparos en pasar por encima de sus enemigos o rivales políticos. También era de origen noble y siempre se regodeaba de ello. Se sentía superior al resto de los mortales, descendiente de los dioses. Miraba por encima del hombro a sus rivales políticos y se consideraba mejor que nadie. Y consiguió el poder absoluto a costa de asesinar y matar a romanos de tan puro linaje como él, sin que le temblara el pulso. Ejerció una dictadura personal, uno de los sistemas de gobierno que más detesto. Más incluso que la monarquía que estuvo a punto de encabezar. Como militar era despiadado y cruel. Tuvo gestos y reacciones de genocida. Hoy le juzgaríamos en el tribunal de La Haya por crímenes contra la Humanidad, tales como el exterminio de tribus enteras o el ejemplo de cortarle la mano a un pueblo entero. Se convirtió en un hombre rico gracias al tráfico de esclavos. Sometió poderes soberanos e independientes sólo para acrecentar su gloria. En definitiva, fue un lobo implacable que haría lo que fuera para acrecentar su gloria personal. Todos estos aspectos son negativos en efecto, y esos aspectos, no los admiro. Para responder la pregunta de mis alumnos diría que César, fue un hombre admirable por ser un visionario, por ser un genio de la guerra, de la política, del derecho y de la literatura. Nos dejó un legado monumental, literario, jurídico e histórico, digno de los más grandes. En resumen, fue uno de los grandes de la Historia de la Humanidad y mi admiración, como licenciado y profesor de Historia, es puramente profesional. Es muy difícil conseguir todo lo que consiguió César en tan solo 56 años. Sus gestas y victorias hoy no serían posibles, pues el mundo es muy diferente, nos regimos por otras ambiciones y reglas. El mundo romano era un mundo en el cual un hombre podía cambiar el destino de una nación entera montando un caballo y haciéndose seguir por un puñado de legionarios, conquistando nuevas tierras desconocidas. Era un mundo para gente valerosa, que no conocían el miedo a lo desconocido. Esa es quizás, la parte de la biografía de César que más me gusta, la parte militar. Debía ser muy cruel matar o morir en un solo instante, pero también debía ser muy emocionante, superarse día a día, pasar las jornadas vivo, no tener más horizonte, que la próxima batalla. En definitiva, vivir el presente con intensidad para tratar de construir un mañana a nuestro gusto, sin saber si, ese mañana llegará o el final, nos espera detrás de cada colina. Valencia, 30 de julio de 2006. 95
  • 96. 5.- BIBLIOGRAFÍA. A continuación cito los libros en los que se basa esta biografía: • CARCOPINO, Jérome. Julio César. El proceso clásico de la concentración de poder. Ediciones RIALP. • HOLLAND, Tom. Rubicón. Auge y caida de la República Romana. Editorial Planeta. • BEGGIO, Valentina. Protagonistas de la Civilización. César. Editorial Debate. • McCULLOUGH, Colleen. El Primer Hombre de Roma; La Corona de Hierba; Favoritos de la Fortuna; Las Mujeres de César; César. Editorial Planeta. • McCULLOUGH, Colleen. El Caballo de César. Ediciones B. • WILDER, Thornton. Los idus de marzo. Emecé Editores. • MARSEILE, Jacques. Historias Jóvenes. Julio César. Editorial Everest. • GALLO, Max. César Imperator. Planeta Internacional. • CÉSAR, Julio. La Guerra Civil. La Guerra de Alejandría. La Guerra de España. La Guerra de África. Editorial Juventud. • CÉSAR, Julio. Guerra de las Galias. Colección Gredos Bilingüe. • SUETONIO. La Vida de los Doce Césares. Julio César. RBA Libros. • SHAKESPEARE, William. Julius Caesar. Edición Bilingüe. Imaginediciones. • BERTOLINI, Francisco. Historia de Roma. Edimat Libros. 96

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