Falconeris.blogspot.com - LA GLORIA DEL DIOS 3 VECES SANTO: EPISTOLA A LOS HEBREO
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COMENTARIO
EXEGETICO Y EXPLICATIVO
DE LA BIBLIA
TOMO II: EL NUEVO TESTAMENTO
POR Roberto
Jamieson A. R.
Fausset
David Brown
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LA EPISTOLA DEL APOSTOL PABLO A LOS HEBREOS
INTRODUCCION
CANONICIDAD Y AUTENTICIDAD LITERARIA—Clemente de Roma, a fines del primer siglo de nuestra era, la
usa extensamente, adoptando las palabras de ésta en la misma manera que las de los demás libros del Nuevo
Testamento, sin dar a ninguno, es cierto, el término de “Escritura”, el que reserva para el Antiguo Testamento (no
estando aún establecido formalmente el canon del Nuevo Testamento), pero es cierto también que no le da categoría
inferior a las demás Epístolas reconocidas del Nuevo Testamento. Como nuestra Epístola se atribuye autoridad por
parte del escritor, el hecho de que Clemente adopta porciones de ella virtualmente viene a ser el reconocimiento de
esta autoridad, y esto en la misma época apostólica. Justino Mártir la cita como divinamente autorizada, para
establecer los títulos de “apóstol”, así como de “ángel,” como se aplica al Hijo de Dios. Clemente de Alejandría la
refiere expresamente a Pablo, basándose en Panteno, jefe de la escuela de catecúmenos de Alejandría a mediados del
siglo segundo, diciendo que, como a Jesús se le intitula en ella el “apóstol” enviado a los hebreos, Pablo, por su
humildad, no se llama apóstol de los hebreos, siendo como era apóstol a los gentiles. Clemente también dice que
Pablo, por cuanto los hebreos estaban predispuestos en su contra, prudentemente omite poner su nombre en el
encabezamiento; además, que fué escrita originalmente en hebreo para los hebreos, y que Lucas la tradujo al griego
para los griegos; de ahí que el estilo es parecido al de Los Hechos. Cita frecuentemente, sin embargo, las palabras de la
Epístola existente en griego como palabras de San Pablo. Orígenes, asimismo, la cita como Epístola de San Pablo. Sin
embargo, en sus homilías, él considera que el estilo es distinto del empleado por Pablo y como “más helenista”, pero
que el pensamiento es el del apóstol; agregando que “los antiguos que transmitieron la tradición del origen literario
paulino debieron tener buena razón para hacerlo, aunque Dios solo sabe con certeza quién fué en realidad el escritor”
(es decir, el que “transcribió” los pensamientos del apóstol). En la Iglesia africana, al principio del tercer siglo,
Tertuliano se la atribuye a Bernabé. Ireneo, obispo de Lyon, está mencionado en Eusebio como citando esta Epístola
pero sin adjudicársela expresamente a Pablo. Más o menos en la misma época, Cayo, obispo de la Iglesia de Roma,
menciona solamente trece Epístolas de Pablo mientras que, si la Epístola de los Hebreos se incluyese, serían catorce. Así
también el fragmento del canon del fin del segundo siglo o del principio del tercero, publicado por Muratori,
aparentemente omite mención de ella. Tampoco la reconoció la Iglesia latina como escrita por Pablo sino hasta
bastante tiempo después del comienzo del siglo tercero. Así también Novaciano de Roma, Cipriano de Cartago, y
Victorino, también de la Iglesia latina. Pero en el siglo cuarto, Hilario de Poitiers (año 368), Lúcifer de Cagliari (año
371), Ambrosio de Milano (año 397) [PAG. 607] y otros latinos la citan como paulina; y el quinto Concilio de Cartago
(año 419) formalmente la reconoce entre las catorce Epístolas de Pablo.
Tocante a la similitud de estilo al de los escritos de San Lucas, ésta se debe al hecho de que él había sido por tanto
tiempo compañero de Pablo. Crisóstomo, comparando a Lucas y Marcos, dice: “Cada uno imitaba a su maestro: Lucas
a Pablo, quien fluía cual río desbordante; Marcos imitaba a Pedro, quien estudió la brevedad de estilo.” Además, hay
aparente en esta Epístola mayor predominancia de sentimiento judaico y mayor conocimiento de las peculiaridades
de las escuelas de pensamiento judaicas que en los escritos de Lucas. No hay ninguna evidencia clara para atribuirle a
él la redacción de la Epístola, ni tampoco a Apolos, a quien apoya Alford como el autor. Las razones alegadas a favor
de esta idea son la supuesta fraseología alejandrina y los modos de pensamiento de la Epístola. Pero éstos son tales
como cualquier judío palestino hubiera podido emplear; y Pablo, por su instrucción hebreo helénica en Jerusalén y
Tarso, conocería los modos de pensamiento de Filón, todos los cuales modos de pensamiento no se derivan, como
algunos piensan, necesariamente de su preparación alejandrina sino también de su educación judaica. Sería bien
improbable que la Iglesia alejandrina hubiera declarado tan indubitablemente la autenticidad literaria paulina, si
Apolos, su propio compatriota, hubiese sido en realidad el autor. La elocuencia del estilo y la retórica son características
de Apolos en Corinto mientras que Pablo en ésa habló con palabras que carecían de la sabiduría humana, sin duda
adaptándose a propósito a las mentes de aquellos a quienes se dirige en esta Epístola. A los griegos de Corinto, que
estaban en peligro de idolatrar la elocuencia y sabiduría humanas, escribe en estilo sin adornos, a fin de hacer que se
fijen más en el evangelio mismo. Pero los hebreos no estaban en semejante peligro. Y su preparación hebreo helénica
le facilitaría el escribir en un estilo agradable a los hebreos de Alejandría, donde la filosofía griega se había
confundido con el judaísmo. La versión de los Setenta (la Septuaginta) hecha en Alejandría, había formado el eslabón
de enlace entre éste y aquélla; y es notable el que todas las citas del Antiguo Testamento, menos dos (10:30; 13:5), son
de la versión de los Setenta. El hecho de que las peculiaridades de la versión de los Setenta están entretejidas en el
argumento, comprueba que la Epístola griega está en su forma original y que no es una traducción; de haber sido
originalmente hebrea, las citas hubieran sido del hebreo del Antiguo Testamento. Se llega a la misma conclusión
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tomando en cuenta los juegos de palabras homófonas griegas, las aliteraciones, y los períodos rítmicamente
construídos, Calvino observa que, si la Epístola hubiese sido escrita en hebreo, los versículos 15–17 del capítulo nueve
hubieran perdido todo su valor, el cual consiste en el juego hecho sobre el doble significado en el griego de diathéke,
“convenio” o “testamento”, mientras que el hebreo berith solamente significa “convenio”.
La evidencia interna favorece la redacción paulina. El tema tan plenamente desarrollado en esta Epístola, de que el
cristianismo es tanto superior al judaísmo cuanto la realidad excede al tipo y lo reemplaza, es tema favorito de Pablo
(véase 2 Corintios 3:6–18; Gálatas 3:23–25; 4:1–9, 21–31, donde el modo alegórico de interpretación aparece en su
aplicación divinamente sancionada: modo que se lleva a un exceso injustificable en la escuela alejandrina). Asimismo
el divino Hijo aparece en el capítulo 3, etc., como en otras Epístolas de Pablo (Filipenses 2:6; Colosenses 1:15–20). como
la imagen o manifestación de la deidad; igualmente su humillación de sí mismo por amor al hombre, cotéjese el 2:9 con 2
Corintios 8:9; Filipenses 2:7, 8; también la exaltación final de Cristo, véase el 2:8; 10:13; 12:2 con 1 Corintios 15:25, 27.
La palabra “Mediador” es peculiar a Pablo; compárese el 8:6 con Gálatas 3:19, 20. La muerte de Cristo está
representada como el sacrificio por el pecado prefigurado en los sacrificios judaicos, compárese Romanos 3:22–26; 1
Corintios 5:7, con Hebreos caps. 7 al 10. La frase “el Dios de paz” es peculiar a Pablo; véase el 13:20; Romanos 15:33; 1
Tesalonicenses 5:23. También compárese el 2:4, marginal, con 1 Corintios 12:4. La justificación, o la “justicia por la fe”,
aparece en el 11:7; 10:38, como en Romanos 1:17; 4:22; 5:1; Gálatas 3:11; Filipenses 3:9. La palabra de Dios es la “espada
del Espíritu”, véase el 4:12 con Efesios 6:17. Los cristianos que carecen del desarrollo espiritual son niños que necesitan
de la leche, o sea, de la instrucción en los elementos, mientras que los cristianos maduros, como hombres formados,
requieren la vianda fuerte, véase el 5:12, 13; 6:1, con 1 Corintios 3:1, 2; 14:20; Gálatas 4:9; Colosenses 3:14. La salvación
está representada como franqueza de acceso a Dios por Cristo (comp. el 10:19 con Romanos 5:2; Efesios 2:18; 3:12). Las
aflicciones son una pelea (10:32 con Filipenses 1:30; Colosenses 2:1). La vida cristiana es una carrera (12:1 con 1
Corintios 9:24; Filipenses 3:12–14). El ritual judaico es un culto (Romanos 9:4 con el 9:1, 6). Compárese “sujeto a [PAG.
608] servidumbre”, 2:15, con Gálatas 5:1. Otras características del estilo paulino aparecen en esta Epístola, a saber: la
inclinación a la digresión y a un largo paréntesis sugerido por alguna palabra, el gusto de hacer juego de palabras
homófonas, y la disposición de repetir alguna palabra favorita. La frecuente apelación al Antiguo Testamento y la
expresión ilativa, “y otra vez”, compárese el 1:5; 2:12, 13, con Romanos 15:9–12. También citas de aplicación especial;
compárese el 2:8 con 1 Corintios 15:27; Efesios 1:22. También la cita del mismo pasaje en una forma no concordante
con la versión de los Setenta, y con la adición de “dice el Señor (Jehová)”, no hallada en el Hebreo de 10:30; Romanos
12:19.
Las supuestas características alejandrinas (que son más bien “filonistas”) de la Epístola, se deben probablemente
al hecho de que los hebreos estaban generalmente imbuídos de las formas de pensar alejandrinas de Filón, etc., y
Pablo sin colorear ni alterar la verdad evangélica, “a los judíos, se hacía (en estilo) como judío, para ganar a los judíos”
(1 Corintios 9:20). Esto explicará el que fué reconocida como Epístola de Pablo unánimemente en las iglesias
alejandrina y jerosolimitana por los hebreos, los probables destinatarios de la Epístola. Ni un padre griego atribuye la
Epístola sino a Pablo, mientras que en las Iglesias occidentales y latinas, a las que tardó en llegar, se dudaba de ella
por mucho tiempo, debido a su forma anónima y a su estilo en general menos distintivamente paulino. Su razón por
no aceptarla como paulina, ni por cierto como canónica, en los primeros tres siglos, era negativa, la insuficiente
evidencia de ella, no la positiva evidencia en su contra. La evidencia positiva es generalmente a favor de su origen
paulino. En las iglesias latinas, debido a su distancia de las iglesias de los destinatarios hebreos, no había ninguna
tradición generalmente aceptada sobre el particular. La Epístola era en efecto poco o nada conocida, por lo cual
hallamos que no hay mención alguna de ella en el canon de Muratori. Cuando al fin, en el siglo cuarto, los latinos
supieron que era tenida por paulina y canónica por buenos motivos en las iglesias griegas, la reconocieron
universalmente como tal. Todas las noticias personales favorecen la redacción paulina, que son: su intención de visitar
en breve a los destinatarios, junto con Timoteo, a quien titula “nuestro hermano” (13:23); su presente encarcelamiento
(13:19); su anterior encarcelamiento en Palestina, de conformidad con nuestra versión (10:34); las salutaciones
enviadas a ellos de parte de creyentes de Italia (13:24). La razón de no preponer el nombre puede explicarse por el
carácter retórico de la Epístola, que indujera al autor a omitir la forma ordinaria de inscripción epistolar.
EL PROPOSITO.—Su finalidad es enseñar la superioridad del cristianismo sobre el judaísmo, por cuanto fué
introducido por uno muy superior a los ángeles y a Moisés, por medio de los cuales los judíos recibieron la ley, y por
cuanto su sacerdocio y sus sacrificios carecían de la virtud perfeccionadora respecto de la salvación que tienen los de
Cristo; que él es la substancia de la cual los anteriores no son sino la sombra, y que el tipo forzosamente cede lugar al
precursor del tipo; y que ahora ya no estamos detenidos a tanta distancia como cuando bajo la ley, sino que tenemos
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libertad de acceso por el velo abierto, es decir, por la carne de Cristo; por lo tanto, les advierte el peligro de la
apostasía, tentación a la que los judíos estaban expuestos al ver perseguidos a los judíos convertidos, mientras que el
judaísmo era tolerado por las autoridades romanas. Intima la obligación de una vida de fe, de la que la historia
judaica, en la menos perfecta dispensación del Antiguo Testamento, contenía brillantes ejemplos. Concluye de la
manera paulina acostumbrada, con exhortaciones prácticas y oraciones piadosas a favor de ellos.
SU MODO DE PRESENTACION en la Epístola es exhortatorio más bien que mandatario, precisamente lo que se
hubiera esperado de parte de Pablo al dirigirse a los judíos. No se dirige a los dirigentes judeo cristianos, porque en
efecto no había iglesia exclusivamente judía; y su Epístola, dirigida primordialmente a judíos palestinos, estaba
destinada para incluír a los hebreos de las iglesias circunvecinas. Inculca la obediencia y el respeto en relación a sus
dirigentes (13:17, 24); obviando tácitamente la objeción de que al escribir la Epístola estaba interviniendo en las
prerrogativas de Pedro, el apóstol de la circuncisión, y de Jacobo el obispo de Jerusalén. De ahí, pues, surge este modo
apacible y delicado de tratarlos (13:22). Lejos de admirarnos por las discrepancias de estilo entre la Epístola a los
Hebreos y las epístolas a los gentiles, es precisamente lo que debiéramos esperar. El Espíritu Santo le guió en la
elección de los medios más adaptados a la naturaleza de los fines perseguidos. Wordsworth nota una construcción
griega peculiarmente paulina (Romanos 12:9): “Sea (vuestro) amor sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos a
lo bueno”, que no se encuentra en ninguna otra parte salvo en Hebreos 13:5, es decir: “Sea vuestra [PAG. 609]
conducta sin avaricia, contentos con lo presente” (un sustantivo femenino, conducta, que pasa súbitamente a participio
absoluto en el nominativo masculino del plural, estando contentos). También al citar la escritura del Antiguo
Testamento, el escritor de la Epístola a los Hebreos la cita tal cual la citaría un judío: “Dios habló a nuestros padres”, y
no: “Está escrito”. Así también el 13:18, “Confiamos que tenemos buena conciencia”, es un sentimiento del todo
paulino (Hechos 23:1; 24:16; 2 Timoteo 1:3; 2 Corintios 1:12; 4:2). Aunque no ha prefijado su nombre, ha dado al fin su
seña universal que le identifica, a saber: su salutación apostólica de “la gracia sea con todos vosotros”; esta “salutación
con su propia mano” la declaró (2 Tesalonicenses 3:17, 18) ser “su marca en toda epístola”; así 1 Corintios 16:21, 23;
Colosenses 4:18. La misma oración de salutación cierra cada una de sus Epístolas, y no se halla en Epístola alguna de
los demás apóstoles escrita durante la vida de Pablo; pero se encuentra en el último libro del Nuevo Testamento, el
Apocalipsis, y posteriormente en la Epístola de Clemente de Roma. Esto prueba que, sea a quien fuese encomendada
la escritura del cuerpo de la Epístola (a un mero escribiente que tomase el dictado, o a algún compañero de Pablo que
por el don del Espíritu de interpretar lenguas, 1 Corintios 12:10, transcribiera los sentimientos inspirados de Pablo en su
propia dicción guiada por el Espíritu), Pablo al final pone su sello al conjunto como si en verdad fuese suyo y
sancionado por él como tal. Las iglesias del oriente y de Jerusalén, su centro, a donde fué primero enviada, la
recibieron como epístola de Pablo desde los tiempos primitivos, de conformidad con Cirilo, obispo de Jerusalén (año
349). Jerónimo, llevando consigo como llevó de Roma los prejuicios de los latinos en contra de la Epístola a los
Hebreos, agravados sin duda por su aparente sanción de la herejía novaciana (6:4–6), fué constreñido por la fuerza de
los hechos a recibirla por paulina por el casi unánime testimonio de los cristianos griegos desde los primeros tiempos;
y fué probablemente el instrumento principal en la corrección del error anterior de Roma de rechazarla. El testimonio
de la Iglesia de Alejandría es particularmente valioso porque fué fundada por Marcos, quien estaba con Pablo en su
primer encarcelamiento cuando esta Epístola parece haber sido escrita (Colosenses 4:10), y quien fué probablemente el
portador de la misma, visitando al mismo tiempo a Colosas de paso para Jerusalén (donde vivía la madre de Marcos),
y de allí para Alejandría. Además, 2 Pedro 3:15, 16, escrito un poco antes de la muerte de Pedro, y—como su primera
epístola escrita por él, “el apóstol de la circuncisión”—a los cristianos hebreos dispersos en el este, dice: “Como nuestro
amado hermano Pablo os ha escrito”, es decir, a los hebreos; y las palabras agregadas: “Como también en todas sus
epístolas”, distinguen a la Epístola a los Hebreos de las demás; luego sigue hablando de ella como al par con “otras
escrituras”, así declarando a la vez su redacción paulina y también su inspiración divina. Una ilustración interesante
del poder de la fe y amor cristianos; Pedro, que había sido reprochado públicamente por Pablo (Gálatas 2:7–14),
plenamente adoptó lo que Pablo escribió; no había diferencia alguna entre el evangelio del apóstol de la circuncisión y
el del apóstol de la incircuncisión. Demuestra notablemente la soberanía de Dios, el que escogió como instrumento
para confirmar a los hebreos a Pablo el apóstol de los gentiles; y por otra parte, a Pedro para abrir la puerta evangélica a
los gentiles (Hechos 10:1), aunque él es el apóstol de los judíos; así reina la perfecta unidad entre la diversidad de
agencias.
Roma, en la persona de Clemente de Roma, en un tiempo recibió esta Epístola. Luego siguió un período en que
dejó de ser recibida por las iglesias romanas. Después, en el siglo cuarto, Roma se retractó de su error. Una prueba
clara de que Roma no es inmutable ni infalible. Cuanto a Roma toca, la Epístola a los Hebreos no sólo estaba perdida
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por tres siglos, sino que nunca hubiera sido recobrada si no hubiese sido por las iglesias orientales; es, pues, una gran
suerte para la cristiandad que Roma no es la iglesia católica.
Es claro que la Epístola fué escrita antes de la destrucción de Jerusalén, hecho que hubiera sido mencionado en la
Epístola de haber ocurrido antes (13:10), dirigida probablemente a iglesias en las que los miembros judíos eran los
más numerosos, como era el caso en Judea y acaso en Alejandría. En ésta había el mayor número de judíos residentes
que en toda otra ciudad excepto Jerusalén. En Leontópolis, en Egipto, había otro templo, a los arreglos del cual, piensa
Wieseler, las noticias de esta Epístola corresponden más que a los de Jerusalén. Fué desde Alejandría de donde la
Epístola parece haber llegado primero al conocimiento del mundo cristiano. Además, “la Epístola a los alejandrinos”,
mencionada en el canon de Muratori, pudiera acaso ser esta misma Epístola a los Hebreos. Se dirige a los judíos
particularmente como “el pueblo de Dios” (2:17; 4:9; 13:12), “simiente de Abrah{n”, eso es, el tronco original al que los
creyentes gentiles son injertados, a lo que corresponde Romanos 11:16–24; pero [PAG. 610] les urge a que salgan de la
Jerusalén carnal y terrenal y realicen su unión espiritual con “la Jerusalén celestial” (12:18–23; 13:13).
El uso del griego en preferencia al hebreo se debe sin duda al hecho de que la Epístola se destinaba no sólo a los
hebreos, sino también a los judíos helenistas convertidos, no sólo de la Palestina sino también de otras partes; una
opinión confirmada por el uso de la versión de los Setenta. Bengel cree que probablemente (véase 2 Pedro 3:15, 16, ya
explicada) los judíos, los destinatarios primordiales pero no exclusivos, eran los que a causa de la guerra habían salido
de Jerusalén y se habían establecido en Asia Menor.
La noción de que hubiese sido redactada originalmente en hebreo surgió probablemente de su tono y su método,
y sus temas. Se la clasifica entre las Epístolas no generalmente reconocidas al principio, conjuntamente con Santiago, 2
Pedro y 3 Juan, Judas y el Apocalipsis. Un vínculo hermoso existe entre éstas y las Epístolas universalmente reconocidas.
Hebreos liga las ordenanzas de Levítico con su cumplimiento evangélico del tipo. Santiago es el eslabón entre las
supremas doctrinas del cristianismo y la ley universal del deber moral—un comentario sobre el Sermón del Monte—
que armoniza el decálogo y la revelación hecha a Job y Elías con la ley cristiana de la libertad. 2 Pedro une la
enseñanza de Pedro con la de Pablo. Judas liga la primitiva revelación oral con la última revelación escrita, el
Apocalipsis. Las dos más breves Epístolas de Juan, como la Epístola a Filemón, aplican el cristianismo a los pequeños
detalles de la vida cristiana, y demuestran que el cristianismo puede santificar todas las relaciones terrenales.
CAPITULO 1
Ver. 1–14. LA MAYOR DE TODAS LAS REVELACIONES NOS ES DADA AHORA EN EL HIJO DE DIOS,
QUIEN ES MAYOR QUE LOS ANGELES Y QUIEN, HABIENDO TERMINADO LA REDENCION, ESTA
ENTRONIZADO A LA DIESTRA DE DIOS. El autor, aunque no firma su nombre, era bien conocido a los
destinatarios (13:19). Para las pruebas de que Pablo era el autor, véase mi Introducción. En el método paulino, la
exposición del tema y la división anteceden a la discusión; y en la conclusión, la porción práctica sigue a la
doctrinaria. El ardor de espritu en esta Epístola, como en la Primera de Juan, que se lanza al corazón de la discusión
(sin inscripción preliminar de nombre y de salutación), con tanto más efecto impresiona a los oyentes. Debe fecharse
la carta mientras estaba el templo en pie, antes de su destrucción en el año 70 d. de Cristo; algo antes del martirio de
Pedro, quien menciona esta carta de Pablo (2 Pedro 3:15, 16); en una época cuando muchos de los primeros oyentes del
Señor ya estaban muertos. 1. muchas veces—El griego: “en muchas porciones”. No todo fué revelado a cada uno de los
profetas, sino que uno recibió una porción de la revelación y otro otra. A Noé fué revelada la región del mundo a que
pertenecería el Mesías; a Jacob, la tribu; a David e Isaías, la familia; a Miqueas, la aldea de la natividad; a Daniel, el
tiempo preciso; a Malaquías, la venida del precursor y el segundo advenimiento; por medio de Jonás, su entierro y su
resurrección; por Isaías y Oseas, la resurrección. Cada uno conoció en parte; pero cuando lo perfecto hubo venido en
el Mesías, lo que era en parte fué quitado (1 Corintios 13:12). en muchas maneras—es decir, por sugestiones
interiores, por voces audibles, por Urim y Thumim, sueños y visiones. “El fué visto de un modo por Abrahán, de otro
modo por Moisés, de otro por Elías; Isaías, Daniel y Ezequiel percibieron diferentes formas” [Theodoreto] (Compárese
Números 12:6–8). Las revelaciones del Antiguo Testamento fueron fragmentarias en sustancia, y múltiples en forma;
la misma multitud de profetas demuestra que profetizaron sólo en parte. En Cristo, la revelación de Dios es plena: no
en variables tonos de diversos colores, sino él mismo es la pura luz que confunde en su propia persona todo el
espectro “el esplendor de su gloria”). hablado—la expresión usual que emplea un judío al dirigirse a judíos. Así
Mateo, judío que escribe en especial para judíos, cita las escrituras, no con la fórmula, “Está escrito”, sino con el “Dijo
<” en otro tiempo—en tiempos idos. Desde Malaquías, el último de los profetas del Antiguo Testamento, por
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cuatrocientos años no se había levantado profeta, a fin de que el Hijo fuese tanto más objeto de expectativa. [Bengel].
Como Dios (el Padre) está presentado aquí como quien habló, así Dios el Hijo en el 2:3, y Dios el Espíritu Santo en el
3:7. los padres—los padres judaicos. Los judíos de días anteriores (1 Corintios 10:1). por el Hijo—El Griego, en un Hijo.
Un rey mortal habla por medio de su embajador, no (como el Rey de reyes) EN su embajador. El Hijo es la última y la
más sublime manifestación de Dios (Mateo 21:34, 37); en él mora corporalmente no meramente una medida, como en
los profetas, sino la plenitud del Espíritu de Dios (Juan 1:16; 3:34; Colosenses 2:9). Así contesta él a la objeción que los
judíos sacaron de sus profetas. Jesús es el fin de toda la profecía (Apocalipsis 19:10), y de toda la ley de Moisés (Juan
1:17; 5:46). 2. En estos postreros días—En los manuscritos más antiguos el griego reza: “En la última parte de estos
días”. Los rabinos dividían la cronología en “este siglo” (edad, o mundo) y “el siglo venidero” (2:5; 6:5). Los días del
Mesías fueron el período de transición, o la “última parte de estos días” (en contraste con “en otros tiempos”), el fin
de la dispensación existente y el principio de la final, de la cual la segunda venida de Cristo será la culminación
gloriosa. por el Hijo—el griego: “en (su) Hijo” (Juan 14:10). El verdadero “Profeta” de Dios. “Su majestad es
manifestada: (1) Absolutamente por el mismo nombre de “Hijo” [PAG. 611] y por tres gloriosos predicados: “Al cual
constituyó”, “por el cual hizo el universo”, y “se sentó a la diestra de la majestad en las alturas”: así se describe su
curso desde el principio hasta que él llega a su meta (1:2, 3). (2) Relativamente, en comparación con los ángeles (1:4); la
confirmación de esto sigue, y el mismo nombre de Hijo se prueba (en el 1:5); por su condición de heredero (1:6–9); la
creación de los mundos por él (1:10–12); el sentarse a la diestra de Dios (1:13, 14);. El ser hecho heredero sigue de su
estado de Hijo, y precede la creación por él de los mundos (Proverbios 8:22, 23; Efesios 3:11). Como el primogénito es el
heredero del universo (v. 6), el cual él creó instrumentalmente según el 11:3, donde la frase “por la Palabra de Dios”
corresponde con “por el cual” (el Hijo de Dios) aquí (véase Juan 1:3). Cristo fué constituído (en el eterno consejo de
Dios) para el oficio de la creación; y el universo así creado le fué asignado a él como un reino. El es “heredero de todas
las cosas” por el derecho de la creación, y en especial por el derecho de la redención. La promesa hecha a Abrahán de
que él sería heredero del mundo tuvo su cumplimiento, y lo tendrá aún más plenamente en Cristo (Romanos 4:13;
Gálatas 3:16; 4:7). el universo—el mundo inferior y el superior (Colosenses 1:16). Es decir, siglos o edades, con todas
las cosas y las personas que les pertenecen; el universo, inclusive todo el espacio y las eras cronológicas y todo lo
existente, tanto material como espiritual. El griego presupone que Dios no sólo constituyó a su Hijo heredero de todas
las cosas antes de la creación, sino que también por medio de él hizo el universo. El cual siendo—por el ser
preexistente y esencial. resplandor de su gloria—“Luz de (parte de) luz”. [Credo Niceno]. ¿“Quién es tan fatuo como
para dudar el eterno ser del Hijo? Pues ¿cuándo se ha visto luz sin refulgencia?” *Atanasio contra Ario, Oratatio, 2]. “El
sol nunca se ve sin su efulgencia, ni el Padre sin el Hijo”. [Teofilacto.] Por cuanto él es el resplandor < y por cuanto él
sustenta < por tanto se sentó a la diestra < Fué un retorno a su gloria divina (Juan 6:62; 17:5). la imagen misma—
impresión grabada. Pero velada en la carne.
“Del Sol de Dios el resplandor
¿quién lo podrá mirar?
de su Hijo empero el fulgor
podemos contemplar”.—2 Corintios 3:18.
de su sustancia—Griego, “de su esencia sustancial”; hypóstasis. sustentando todas las cosas—del universo. Véase
Colosenses 1:15, 17, 20, que exponen en orden los tres hechos de este texto. con la palabra—Por tanto el Hijo de Dios
es una persona, porque tiene la papalabra. [Bengel]. Su palabra es la palabra de Dios (11:3). de su potencia—“La
palabra” es la pronunciación que procede del poder del Hijo y le da expresión al mismo. la purgación—griego, la
purificación < de pecados, es decir, por su propiciación, que cubre la culpabilidad del pecado. “Nuestros” se omite de
los manuscritos más antiguos. El pecado es la gran inmundicia a los ojos de Dios, de la que efectuó la purgación por su
sacrificio. [Alford]. Nuestra naturaleza, cargada de culpa, no podría—si nuestro gran sumo Sacerdote no hubiese
rociado el propiciatorio celestial con su sangre de expiación—entrar en contacto inmediato con Dios. Ebrard dice: “La
mediación entre el hombre y Dios, que estaba presente en el lugar santísimo, se revelaba en tres formas: (1) En los
sacrificios (típicas expiaciones por la culpa); (2) En el sacerdocio (los agentes de estos sacrificios); (3) En las leyes
levíticas de la pureza (Se alcanzaba la pureza levítica, en forma positiva, mediante el sacrificio, y en forma negativa,
evitando la contaminación levítica, pudiendo así el pueblo entrar en la presencia de Dios sin morir; Deuteronomio
5:26)”. por sí mismo—frase omitida de los manuscritos más antiguos. se sentó a la diestra de la Majestad en las
alturas—en cumplimiento del Salmo 110. El sentarse el Hijo a la diestra de Dios fué por el acto del Padre (8:1; Efesios
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1:20). Nunca se refiere a su estado preexistente de igualdad con el Padre, sino siempre a su estado de exaltación
gloriosa como el Hijo del hombre después de sus padecimientos, y como mediador a favor del hombre en la presencia
de Dios (Romanos 8:34): una relación para con Dios y nosotros que está por terminar cuando se alcance su finalidad (1
Corintios 15:28). 4. Hecho tanto más excelente—por su exaltación por el Padre (vv. 3, 13): en contraste con el haber
sido “hecho un poco menor que los ángeles” (2:9): “mejor”, o superior a ellos. Como el “siendo” del v. 3 expresa su ser
esencial, así “hecho” de este v. (compárese el 7:26) señala lo que vino a ser en su humildad asumida (Filipenses 2:6–9).
Pablo demuestra que su forma de humillación (posible motivo de escándalo para los judíos) no se oponía a su
divinidad mesiánica. Como la ley fué dada por la ministración de ángeles y de Moisés, fué pues inferior al evangelio
dado por el divino Hijo, quien es (vv. 4–14) como Dios, y fué hecho como el exaltado Hijo del hombre (2:5–18), mucho
más excelente que los ángeles. Las manifestaciones de Dios mediante los ángeles (y hasta por el ángel del pacto) en
diversas ocasiones en el Antiguo Testamento, no ponían al hombre y a Dios en unión personal, como lo hace la
manifestación de Dios en carne. alcanzó por herencia—Siempre tuvo eso mismo, es decir, la filiación divina; pero
“alcanzó por herencia”, heredó, según la promesa del Padre, el nombre de “Hijo”, con el cual nombre fué hecho
conocer a hombres y a ángeles. El es “el Hijo de Dios” en un sentido mucho más sublime que aquel en que los ángeles
son llamados “hijos de Dios” (Job 1:6; 38:7). “La plenitud de la gloria del peculiar nombre de el Hijo de Dios supera a
todo vocablo o pensamiento humano. Todos los títulos son meros fragmentos de sus gloriosos rayos que se
concentran como en un sol de gloria. Nombre que nadie conoció sino él solo” (Apocalipsis 9:12). 5. Porque—Por cuanto
alcanzó más excelente nombre que los ángeles. ¿a cuál …—Un argumento frecuente de esta Epístola se basa en el
silencio de la Escritura (1:13; 2:16; 7:3, 14). [Bengel.] hoy yo te he engendrado—(Salmo 2:7.) Cumplido en la resurrección
de Jesús, por la cual el Padre “declaró”, vale decir, manifestó su filiación divina, hasta entonces velada por su
humillación (Hechos 13:33; Romanos 1:4). Cristo tiene un cuádruplo derecho al título de “Hijo de Dios”: (1) Por la
generación, como engendrado por Dios; (2) por la ordenación, como enviado de Dios; (3) por la resurrección, como “el
primogénito de los muertos” (véase Lucas 20:36; [PAG. 612] Romanos 1:4; Apocalipsis 1:5); (4) por la posesión efectiva,
como heredero de todo. [El Obispo Pearson.] El Salmo aquí citado se aplicaba en primer orden y en sentido menos
pleno a Salomón, de quien Dios prometió por medio de Natán: “Yo seré su Padre, y él será mi hijo”. Pero como toda la
teocracia era de significado mesiánico, el triunfo de David sobre Hadadezer y los reyes vecinos (2 Samuel 8; Salmo 2:2,
3, 9–12) es un tipo del sojuzgamiento final por Dios de todos los enemigos bajo su Hijo, a quien coloca (hebreo, ungió,
Salmo 2:6) sobre “su santo monte Sión”, como Rey de los judíos y de toda la tierra, antitipo de Salomón, hijo de David.
El “yo” en el griego es enfático: Yo el Padre eterno te he engendrado hoy, el día de tu manifestación como mi Hijo. “El
primogénito de los muertos” (Colosenses 1:18; Apocalipsis 1:5), cuando has rescatado a tu pueblo y les has abierto el
cielo. Siempre había sido Hijo, pero ahora por vez primera fué manifestado como tal en su humanidad antes
humillada, ahora exaltada, unida a su divinidad. Alford aplica este “hoy” a la eterna generación; el día cuando el Hijo
fué engendrado por el Padre es un hoy sempiterno: para él nunca hubo un ayer o tiempo pretérito, ni un mañana ni
tiempo futuro: “Nada hay por venir, nada pasado; pero el eterno AHORA nunca se acabará” (Proverbios 30:4; Juan
10:30, 38; 16:28; 17:8). La comunicación de la esencia divina en su plenitud envuelve la generación eterna; porque la
esencia eterna no tiene principio. No obstante, el contexto señala un punto cronológico determinado; es decir, cuando
el Hijo recibió su herencia (v. 4). La introducción del primogénito en la tierra (v. 6) no es subsiguiente al v. 5, como
opina Alford, sino anterior (Hechos 2:30–35). 6. Y—griego, “Pero <” No sólo está comprobada ya su superioridad,
sino que el Salmo 97:7 ofrece prueba más decisiva, que demuestra que no sólo en su resurrección sino también en vista
de ser introducido en la tierra (véase 9:11; 10:5) como hombre; en su encarnación, en su natividad (Lucas 2:9–14), en su
tentación (Mateo 4:10, 11), en su resurrección (Mateo 28:2), y futuro advenimiento en gloria, los ángeles estaban
ordenados por Dios para que se sujetasen a él. Véase 1 Timoteo 3:16, “Visto de ángeles”: que Dios manifiesta al Mesías
como quien debe ser contemplado con devoción por las inteligencias celestiales (Efesios 3:10; 2 Tesalonicenses 1:9; 1
Pedro 3:22). La más plena realización de su señorío será en su segunda venida (Salmo 97:7; 1 Corintios 15:24, 25;
Filipenses 2:9. “Adoradle vosotros dioses todos” (seres sublimes, como ángeles), significa culto a Dios; pero se
concedía universalmente entre los hebreos que Dios moraría, en un sentido peculiar, en el Mesías (de modo que
podría en la frase talmúdica “ser capaz de ser señalado con el dedo”); de modo que lo que se decía de Dios, se
aplicaba también al Mesías y se cumplía en él. Kimchi dice que los Salmos 93 al 101 contienen el misterio del Mesías.
Dios gobernaba la teocracia en él y por él. la tierra—el mundo sujetado a Cristo (2:5). Como “primogénito” él tiene los
derechos de primogenitura (Romanos 8:29; Colosenses 1:15, 16, 18). En Deuteronomio 32:43, la versión de los Setenta
tiene: “Adórenle todos los ángeles de Dios”, palabras omitidas en el hebreo. Este pasaje de la versión de los Setenta
podría haber estado en la mente del autor respecto de la forma, pero la sustancia se deriva del Salmo 97:7. David el
tipo, en el Salmo 89:27 (citado en el v. 5), es llamado el “primogénito de Dios, superior a los reyes de la tierra”; así el
primogénito antitípico, el hijo de David, ha de ser adorado por todos los señores inferiores, como ángeles (“dioses”,
Salmo 97:7); pues él es “Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19:16). En el griego “otra vez” está pospuesta y
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no nos obliga, como opina Alford, a traducir: “Cuando haya introducido otra vez <”, es decir, en la segunda venida;
porque no hay mención anterior de una primera introducción; y “otra vez” a menudo se usa en citas, no unida al
verbo, sino parentéticamente. 7. de—griego, “referente a los ángeles <” espíritus—o vientos: El que emplea a sus
ángeles como vientos y a sus ministros como rayos; o, el que hace a sus ministros angélicos los poderes directivos de
vientos y llamas, cuando éstos hacen falta para cumplir su voluntad. “Los constituye para que asuman la agencia o
forma de llamas para los propósitos de él”. [Alford.] “Hace a sus ángeles espíritus” significa que los hace de una
naturaleza sutil, incorpórea, veloz como el viento. Así el Salmo 18:10: “Un querubín < alas de viento”. “Espíritus
administradores” del v. 14 favorece esta versión. Como “espiritus” envuelve la velocidad del viento y la forma sutil
del querubín, así “llama de fuego” expresa la ardiente devoción e intenso celo consumidor del leal serafín (significa
“ardiente”), Isaías 6:1. La traducción, “Hace vientos sus mensajeros y una llama de fuego sus ministros” es por cierto
incorrecta. En el Salmo 104:3, 4, el sujeto en cada frase viene primero, y el predicado atributivo en segundo término;
así el artículo griego aquí señala “{ngeles” y ministros” como los sujetos, y “vientos” y “llama de fuego”, como
predicados. Schemoth Rabba dice: “Dios se llama el Dios de Zebaoth (las huestes celestiales), porque hace lo que le place
con sus ángeles. Cuando le place, los hace sentarse (Jueces 6:11); otras veces, ponerse en pie (Isaías 6:2); ya sea tomar
la forma de mujeres Zacarías 5:9), ya la semejanza de varones (Génesis 18:2); a veces los hace “espíritus”; a veces,
“fuego.” “Hace” denota que por lo exaltados que sean, no son sino criaturas, mientras que el Hijo es Creador (v. 10):
no engendrados desde la eternidad, ni para ser adorados, como el Hijo (Apocalipsis 14:7; 22:8, 9). 8. oh Dios—el griego lleva
el artículo para indicar énfasis (Salmo 45:6, 7). por el siglo—La duración eterna y la rectitud van unidas (Salmo 45:2;
89:14). vara de equidad—cetro de rectitud, de honradez, sin rodeos. Véase “cetro de oro” (Esther 4:11). 9. maldad—
iniquidad, injusticia, “anarquía” según los manuscritos más antiguos. por lo cual—porque Dios ama la justicia y
aborrece la iniquidad. Dios … el Dios tuyo—Jerónimo, Agustín, etc., traducen el Salmo 45:7: “Oh Dios, tu Dios, te
ungió”, por lo cual se llama Dios a Cristo. Esta es probablemente la traducción correcta del hebreo aquí; porque es
probable que el Hijo sea invocado aquí con “oh Dios” como en el v. 8. El “ungió” no significa la unción de su
bautismo, cuando solemnemente emprendió su ministerio a nuestro favor; sino que es la del “óleo de alegría”, o de
“gozo inefable” [PAG. 613] (que denota un triunfo, y sigue como la consecuencia de su manifestado amor de la justicia y
su odio de la iniquidad), con el cual, tras la triunfante terminación de su obra, ha sido ungido por el Padre más que (por
encima de) sus compañeros (no sólo más que a nosotros, sus semejantes, adoptados a la familia de Dios, a los que no
se avergüenza de llamar sus hermanos, sino más que a los ángeles, copartícipes con él en parte, pero infinitamente
inferiores a él en gloria, santidad, y goces celestiales; “hijos de Dios”, mensajeros angelicales pero subordinados al
Angel del Señor, Mensajero del pacto). Así es antitipo de Salomón, “elegido entre los muchos hijos de David para
sentarse en el trono del reino del Señor sobre todo Israel”, como David fué escogido antes que toda la casa de los hijos
de su padre. La figura se saca de la costumbre de ungir a los huéspedes en la fiesta (Salmo 23:5); o más bien de ungir
reyes: no fué antes de su ascensión cuando asumió el reino como Hijo del hombre. Un acontecimiento más pleno aún
ha de ser, cuando él será visiblemente el Rey ungido sobre toda la tierra (puesto por el Padre) sobre su santo monte de
Sión (Salmo 2:6, 8). Así David, tipo de él, fué ungido primero en Belén (1 Samuel 16:13; Salmo 89:20); y aun otra vez en
Hebrón, primero sobre Judá (2 Samuel 2:4), luego sobre todo Israel (2 Samuel 5:3); hasta después de la muerte de Saúl
no ocupó en realidad el reino, así como no fué sino hasta después de la muerte de Cristo que el Padre lo colocó a su
diestra sobre toda principalidad (Efesios 1:20, 21). El Salmo 45 en su primer concepto se aplicaba a Salomón; pero el
Espíritu Santo inspiró al escritor a usar lenguaje que en su plenitud puede aplicarse sólo al Salomón del tipo, la
verdadera Cabeza Real de la teocracia. 10. Y—en otro texto (Salmo 102:25–27) él dice. en el principio—Otra versión:
“desde antiguo”; el hebreo: “antes”, “anteriormente”; la versión de los Setenta: “en el principio” (como en Génesis 1:1),
en parangón con la idea del fin entendido en “ellos perecerán”, etc. El orden del griego aquí (no en la Versión de los
Setenta) es: “Tú en el principio, oh Señor”, lo que hace hincapié en “Señor”. “Cristo es promulgado en algunos textos
que muchas personas podrían insistir se refieren al Padre”. [Bengel.] fundaste la tierra—firmemente cimentada es la
idea del griego. los cielos—en plural: no uno, sino muchos, e incluyen las varias órdenes de las inteligencias celestiales
(Efesios 4:10). obras de tus manos—como un velo tejido o una cortina tendida. 11. Ellos—La tierra y los cielos en su
presente estado y forma perecerán (12:26, 27; 2 Pedro 3:13). “Pereceran” no significa aniquilación; así como tampoco
fué el sentido del caso cuando “el mundo anegado bajo el agua pereció” bajo Noé (2 Pedro 3:6). El pacto de la posesión
de la tierra fué renovado con Noé y su simiente en la tierra renovada. Así será también después que perezca con fuego
(2 Pedro 3:12, 13). eres permanente—permanecerás, a través de (así el griego) todas las alteraciones. 12. vestidura—
“envoltura”, manto, tapado, así el griego. envolverás—así la versión de los Setenta, Salmo 102:26; pero el hebreo tiene
“los cambiará”. El Espíritu, por medio de Pablo, trata el hebreo del Antiguo Testamento con independencia en el uso,
presentando la divina verdad bajo varios aspectos, sancionando a veces, como aquí, a la versión de los Setenta (véase
Isaías 34:4; Apocalipsis 6:14); a veces al texto hebreo; a veces difiriendo de ambos. mudados—como uno hace de un
lado una prenda y se viste otra. tú eres el mismo—(Isaías 46:4; Malaquías 3:6.) El mismo en naturaleza, por lo tanto el
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mismo en la fidelidad pactual con tu pueblo. no acabarán—el hebreo, “no terminarán”. Israel, en el cautiverio
babilónico, en el Salmo 102, pone sus esperanzas de liberación en el Mesías, el inmutable Dios pactual de Israel (el
Dios del pacto). 13. Cita del Salmo 110:1. La figura viene de la costumbre de los conquistadores de poner el pie sobre
el cuello del vencido (Josué 10:24, 25). 14. espíritus adminis tradores—Véase el v. 7, “espíritus < ministros”. Son
espíritus incorpóreos, como lo es Dios, que sirven no obstante como inferiores. enviados—participio presente: enviados
continuamente, en su servicio constante de todos los siglos. para servicio—Los ángeles son enviados para servir en
primer orden a Dios y a Cristo, no a los hombres primordialmente. a favor—pero sirven “para el bien de” los que están
por (así el griego) heredar la salvación: de los elegidos, que creen, o que creerán, por los cuales todas las cosas,
inclusive los ángeles, cooperan para bien (Romanos 8:28). Las ministraciones de los ángeles no se efectúan
propiamente dicho a los hombres, puesto que éstos no tienen autoridad alguna para mandarlos, aun cuando el
servicio de ellos muchas veces se dirige para el bien de los hombres. Así se demuestra la superioridad del Hijo de
Dios sobre los ángeles. Ellos “todos”, sea cual fuera su rango, administran; él es a quien administran. Ellos “están en
pie” (Lucas 1:19) delante de Dios, o “son enviados” para ejecutar las divinas órdenes a favor de aquellos a los cuales le
place salvar; él “está sentado” a la diestra de la majestad en las alturas (vv. 3, 13). El reina; ellos sirven.
CAPITULO 2
Ver. 1–18. EL PELIGRO DE DESCUIDAR LA TAN GRANDE SALVACION, PUBLICADA PRIMERO POR
CRISTO, A QUIEN—NO A LOS ANGELES—FUE SUJETADA LA NUEVA DISPENSACION; AUNQUE FUE POR
UN TIEMPO HUMILLADO, REBAJADO MAS QUE LOS ANGELES, ESTO SE EFECTUO POR LA NECESIDAD
DIVINA PARA NUESTRA SALVACION. 1. Por tanto—Por cuanto Cristo, el Mediador del nuevo pacto, es tan
superior a los ángeles, los mediadores del antiguo. con más diligencia—el griego, “más abundantemente”. oído—cosas
por Dios habladas (1:1), y por el Señor (v. 3). escurramos—es decir, no sea que las pasemos a la deriva (4:1). 2. Véase el
v. 3. Argumento a fortiori. dicha por los ángeles—La ley mosaica fué hablada por la administración de ángeles
(Deuteronomio 33:2; Salmo 68:17; Hechos 7:53; Gálatas 3:19). Cuando se dice en Exodo 20:1 que “Dios habló”, quiere
decir que habló por ángeles como portavoces, o al menos que los ángeles repetían a unísono con la voz de Dios las
palabras del decálogo; mientras que el evangelio fué hablado primero por el Señor. fué firme—El griego, “fué
confirmada”; cumplida a fuerza de penas impuestas por las violaciones. rebelión—transgresión, el malhacer; [PAG.
614] es decir, sobrepasar los límites: abierta violación de órdenes. desobediencia—descuido, dejar de hacer el bien:
violación negativa de la palabra hablada. retribución—Deuteronomio 32:35. 3. nosotros—los que hemos recibido el
mensaje de la salvación tan claramente presentado (12:25). salud tan grande?—salvación, encarnada en Cristo, cuyo
nombre mismo significa salvación, que incluye no sólo la liberación de los enemigos y de la muerte, y las grandes
bendiciones temporales (que la ley promete a los obedientes), sino también la gracia del Espíritu, el perdón de los
pecados, y la promesa del cielo, la gloria y la vida eterna (v. 10). La cual—“por cuanto es una salvación que comenzó a
ser <” publicada por el Señor—el instrumento de su publicación. No como la ley, hablada por instrumentalidad de
ángeles (v. 2). Tanto la ley como el evangelio vinieron de Dios; la diferencia aquí mentada estriba en la respectiva
instrumentali dad de su promulgación (v. 5). Los ángeles lo reconocen por “el Señor” (Mateo 28:6; Lucas 2:11).
confirmada—para nosotros, no por penas impuestas, como se confirmó la ley, sino por los dones espirituales (v. 4). por
los que (le) oyeron—compárese Lucas 1:2. Aunque Pablo tuvo de Cristo una revelación especial e independiente
(Gálatas 1:16, 17, 19), con todo se pone en la misma clase con aquellos judíos a quienes se dirige: “hasta (o para)
nosotros”; porque para muchos detalles (verbi gracia, la agonía en el Getsemaní, 5:7), Pablo como ellos dependía de la
confirmación presencial de los apóstoles. Del mismo modo, los discursos de Jesús, el Sermón del Monte, la primera
proclamación del evangelio del reino por el Señor (Mateo 4:17), él pudo conocerlos sólo por el informe de los doce. Al
decir: “M{s bienaventurada cosa es dar que recibir” (Hechos 20:35), Pablo relata lo que ellos habían oído más bien que
lo que habían visto en conformidad con lo que empezó diciendo (vv. 1, 2). Propiamente en sus epístolas a los gentiles,
hace hincapié en su llamamiento independiente al apostolado a los gentiles; en su Epístola a los Hebreos, se apoya en
los apóstoles que largo tiempo estuvieron con el Señor (Hechos 1:21; 10:41): asimismo en su sermón a los judíos en
Antioquía de Pisidia (Hechos 13:31); y “sólo invoca el testimonio de estos apóstoles de manera general, a fin de poder
hacer llegar a los hebreos al Señor solo” [Bengel], no para hacerse partidario de apóstoles individuales, como Pedro el
apóstol de la circuncisión, o Jacobo el obispo de Jerusalén. Este texto enseña que esta Epístola se dirige
primordialmente a los hebreos de las iglesias de Palestina y Siria (o a aquellos dispersos de Asia Menor [Bengel], 1
Pedro 1:1,o de Alejandría); pues a ningunos otros se podría tan bien decir que el evangelio fuera confirmado para ellos
por los testigos oculares del Señor; el tiempo pretérito, “fué confirmado”, denota que ya había pasado bastante tiempo
desde esta confirmación por dichos testigos. 4. con ellos—Dios también (así como Cristo, v. 3) testificando de la
salvación publicada, se unió en la confirmación. señales y milagros—hechos por Cristo y sus apóstoles. “Señales” y
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milagros, u otros hechos se toman por pruebas de una misión divina; “maravillas” son milagros vistos como prodigios
que causan admiración, maravilla (Hechos 2:22, 33); poderes son milagros vistos como evidencia de poder
sobrehumano. diversas maravillas—Griego, “variados poderes (milagrosos)” (2 Corintios 12:12) concedidos a los
apóstoles después de la ascensión. repartimientos—El don del Espíritu Santo fué hecho a Cristo sin medida (Juan
3:34), mas a nosotros es distribuído en varias medidas y operaciones (Romanos 12:3, 6, etc.; 1 Corintios 12:4–11). según
su voluntad—La voluntad libre, soberana de Dios, que asigna un don del Espíritu a uno, y otro a otro (Hechos 5:32;
Efesios 1:5). 5. Porque—en confirmación de lo aseverado en el v. 2 y 3, de que el nuevo pacto fué hablado por uno
superior a los mediadores del antiguo, es decir, los ángeles. Nótese el énfasis del orden griego: “Porque no a ángeles
sujetó <” el mundo venidero—Indica que sí sujetó a ángeles el mundo actual, la dispensación del Antiguo Testamento
(existente hasta entonces cuanto a su “armazón”), v. 2, los reinos políticos de la tierra (Daniel 4:13; 10:13, 20, 21; 12:1),
y los elementos naturales (Apocalipsis 9:11; 16:4), y aun a los individuos (Mateo 18:10). “El mundo venidero” es la
nueva dispensación introducida por Cristo, principiada en gracia aquí, para ser terminada en gloria en el más allá. Se
llama “venidero”, o “que está por ser”, pues, cuando por decreto divino fué sujetado a Cristo, era aún cosa del futuro,
y todavía lo es para nosotros tocante a su plena consumación. Cuando a la sujeción de todas las cosas a Cristo en
cumplimiento del Salmo 8, la realización está aún “por venir”. Mirado desde el punto de vista del Antiguo
Testamento, que contempla proféticamente al Nuevo Testamento—y el sacerdocio judaico y el ritual del Antiguo
Testamento estaban en vigor aún cuando Pablo escribió, y así siguió hasta su forzada abrogación por la destrucción de
Jerusalén—, es el “mundo por venir”; Pablo, hablando a judíos, así lo llama con propiedad, según la manera
convencional de ellos de denominarlo. Nosotros, como ellos, todavía oramos: “Venga tu reino”; pues su manifestación
en gloria es aún futura. “Este mundo” se usa en parangón para expresar la condición actual caída del mundo (Efesios
2:2). Los creyentes pertenecen al presente curso del mundo, pero por fe se elevan en el espíritu hasta el “mundo
venidero”, haciéndolo una realidad presente, pero interior. Con todo, en el presente mundo natural y social, los
ángeles son los gobernadores mediatos bajo Dios, en un sentido; no así en el venidero: en él el hombre y el Hijo del
hombre, Cabeza del hombre, han de ser supremos. Por lo tanto, mayor reverencia se tributaba a los ángeles en el
Antiguo Testamento que en el Nuevo; pues la naturaleza del hombre es ahora, en Cristo, exaltada, de modo que los
ángeles son ya nuestros “hermanos siervos” (Apocalipsis 22:9). Ellos en sus ministraciones ocupan un puesto
diferente del que ocupaban para con nosotros en el Antiguo Testamento. Nosotros somos “hermanos” de Cristo en
una intimidad que ni los ángeles gozan (vv. 10–12, 16). 6. empero—No es a ángeles que el reino evangélico está sujeto,
“pero <” Testificó … uno—La manera usual de citar la escritura a los conocedores de ella. El Salmo 8:5–7 alaba a
Jehová, porque él ha engrandecido al HOMBRE al punto de sujetar a él todas las obras de Dios en la tierra: perdida
esta dignidad [PAG. 615] por el primer Adán, es realizada solamente en Cristo el Hijo del hombre, el Hombre
representativo y Cabeza de nuestra raza redimida. Así comprueba Pablo que es al hombre, y no a ángeles, a quien Dios
ha sujetado al “mundo venidero”. En los vv. 6–8, se habla del HOMBRE en el sentido general; luego en el v. 9 se
introduce a JESUS primero como quien cumple como hombre todas las condiciones de la profecía, y que pasa él
mismo por la muerte, y como consecuencia nos trae a nosotros los hombres, sus “hermanos”, a “gloria y honra”. ¿Qué
…—¡Cuán insignificante en sí, pero cuán exaltado por la gracia de Dios! (Véase Salmo 144:3). El hebreo, Enosh y Ben‐
Adam, expresan el hombre y el hijo del hombre en su flaqueza; “hijo del hombre” se aplica a cualquiera y todo hijo de
hombre, en condición semejante, al parecer, de señor de la creación, tal cual era una vez (Génesis 1 y 2) y tal cual debe
llegar a ser (Salmo 8), y tal cual lo es efectivamente por título, y cual ha de ser después más plenamente en la persona
y en unión con Jesús, preeminentemente el Hijo del hombre (v. 9). te aceurdas de él?—como de un ausente. visitas?—
cuidas como de uno presente. 7. un poco—No como dice Bengel, “un poco de tiempo”. que los ángeles—El hebreo
(Salmo 8:5), “que Dios”, Elohim, en plural, es decir, las cualidades abstractas de Dios, tales como poseen los ángeles en
forma inferior, o sea, de naturalezas celestiales, espirituales, incorpóreas. El hombre en su original creación, fué puesto
en segundo término, bajo ellos. Así el hombre Jesús, no obstante ser Señor de ángeles, cuando se despojó de las formas
exteriores de su divinidad (véase Nota, Filipenses 2:6, 7), estaba en su naturaleza humana “un poco inferior a los
ángeles”; aunque esto no es la referencia primordial aquí, sino que es el hombre en general. Coronástele—como el real
vicegerente ordenado de Dios sobre esta tierra (Génesis 1 y 2). Y pusístele sobre las obras de tus manos—texto
omitido en algunos de los manuscritos más antiguos; incluído en otros y en las versiones más antiguas: así el Salmo
8:6, “Hicístele enseñorear de las obras de tus manos”. 8. (1 Corintios 15:27.) Porque en cuanto—Es decir que por
cuanto Dios dijo en el Salmo 8 que sujetó “todas las cosas debajo de los pies de él” (el hombre), las cosas antes
mencionadas, “nada dejó <” Como ninguna limtiación aparece en las sagradas escrituras, dichas “todas las cosas”
deben incluír las celestiales así como las terrenales (1 Corintios 3:21, 22). mas aun—En la actualidad, todavía no vemos
todas las cosas sujetadas, puestas debajo de los pies del hombre. 9. Empero—Todavía no vemos al hombre
enseñoreándose de todas las cosas, sino “más bien a aquel < que fué hecho un poco menor que los ángeles” (Véase
Lucas 22:43) lo vemos (por la fe: este verbo vemos es diferente del del v. 8, el que expresa la impresión que reciben
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pasivamente los ojos de los objetos circunstantes; mientras que contemplamos o miramos, expresa la dirección y la intención
deliberada de uno respecto de algo que trata de ver: así el griego en el 3:19 y 10:23), a saber, “a Jesús a causa del
padecimiento de la muerte, de gloria y honra coronado”. Ya está coronado, invisible a nosotros, salvo por la fe; más
adelante todas las cosas le quedarán sujetas visible y plenamente. La razón de su exaltación es “por haber sufrido él la
muerte” (v. 10; Filipenses 2:8, 9). para que por gracia de Dios—(Tito 2:11; 3:4). La lección de Orígenes, “que él sin
Dios” (es decir, haciendo a un lado su divinidad; o bien, a favor de todos menos Dios; o acaso aludiendo al haber sido
“desamparado” temporalmente, como el cargador del pecado, por el Padre en la cruz) no está apoyada por los
manuscritos. “Para que” se relaciona con “coronado de gloria”, y así su exaltación después de los padecimientos es el
perfeccionamiento o consumación de su obra (v. 10) a nuestro favor; sin ella su muerte hubiera sido ineficaz; con ella y
de ella, mana el resultado de que él gustara la muerte eficazmente por (a favor de, en bien de) todos los hombres. El está
coronado como la Cabeza en el cielo de toda nuestra común humanidad, presentando su sangre como la defensa todo
prevaleciente por nosotros. Esta coronación arriba hace aplicable su muerte a todo hombre individual (nótese bien el
singular: no meramente “por todos los hombres”), 4:14; 9:24; 1 Juan 2:2. gustase la muerte—denota su sufrimiento
personal de la muerte: muerte del cuerpo, y muerte (espiritual) del alma, al haber sido abandonado por el Padre.
“Como el médico prueba, gusta, los remedios para animar al enfermo a tomarlos, así Cristo, cuando todos temían la
muerte, a fin de persuadirlos a tener valor al hacerle frente, la gustó él mismo, aunque él no tenía necesidad
[Crisóstomo.] (vv. 14, 15). 10. Porque—La razón por qué “la gracia de Dios” requería que Jesús “gustase la muerte”.
convenía—el plan entero (no sólo no era derogatorio, ofensivo a Dios, sino que) era en alto grado propio y decoroso
para Dios, aun cuando la incredulidad lo considera vergonzoso. [Bengel.] Es una respuesta a los judíos, a los cristianos
hebreos, a todos los que impacientes por la demora del prometido advenimiento de la gloria de Cristo, estaban en
peligro de la apostasía, tropezando en el Cristo crucificado. Los cristianos jerosolimitanos en particular estaban
expuestos a este peligro. Este plan de la redención era tal que armoniza perfectamente con el amor, la justicia y la
sabiduría de Dios. por cuya causa—a saber, de Dios el Padre (Romanos 11:36; 1 Corintios 8:6; Apocalipsis 4:11). En
Colosenses 1:16, lo mismo se dice de Cristo. todas las cosas—El griego: “el universo de cosas”, “las cosas todas”. Por
“Dios” emplea la perífrasis “aquel por cuya causa < por el cual son todas las cosas”, para señalar lo propio que era el
sufrimiento de Cristo como la manera de su “perfeccionamiento” como “Autor (Capitán) de nuestra salvación”,
puesto que la suya era la manera que plugo a aquel cuya voluntad y cuya gloria son el fin de todas las cosas, y por cuya
operación todas las cosas subsisten. habiendo de llevar—El pretérito del griego: habiendo llevado como llevó, es decir,
en su propósito electivo (véase “Sois hijos”, es decir, en los propósitos de él, Gálatas 4:6; Efesios 1:4), propósito que se
realiza en Jesús, en su perfeccionamiento mediante sus aflicciones, padecimientos. muchos—(Mateo 20:28). “La
Iglesia” (v. 12), “la asamblea general” (12:23). hijos—ya no hijos como bajo la ley del Antiguo Testamento, sino hijos
por la adopción. a la gloria—para participar de la gloria de Cristo (v. 9; Juan 17:10, 22, 24; [PAG. 616] Romanos 8:21).
La filiación, la santidad (v. 11), y la gloria, están inseparablemente unidas (2 Timoteo 2:10). La salvación presupone la
destrucción, nuestra salvación de ella requiriendo los “sufrimientos” de Cristo. hiciese consumado—llevase a la gloria
consumada, por medio de los padecimientos como camino ordenado que lleva a ella. “El que padece por otro, no sólo
beneficia a aquél, sino que él mismo se pone más contento y más perfecto”. [Crisóstomo.] Llegando hasta el fin de las
aflicciones y hasta la meta gloriosa: metáfora de los concursos de juegos públicos. Véase “Acabado es” (Lucas 24:26;
Juan 19:30). Prefiero, con Calvino, entender “hacer perfecto como sacrificio consumado”: perfección legal y oficial, no
moral, es el signifciado: “consagrar” (así se traduce el mismo griego en el 7:28) por la terminada expiación de su muerte
como nuestro perfecto Sumo Sacerdote y así nuestro “Capitán de la salvación” (Lucas 13:32). Esto concuerda con el v.
11, “el que santifica”, es decir, los consagra por el hecho de que él fué hecho ofrenda consagrada a favor de ellos. Así
el 10:14, 29; Juan 17:19: por el perfeccionamiento de su consagración por ellos en su muerte, él perfecciona la
consagración de ellos, y así abre de par en par el acceso a la gloria (10:19–21: el 5:9; 9:9 concuerdan con este sentido). al
autor—Vale decir, Principe guiador; como Josué, no Moisés, guió al pueblo a la Tierra Santa, así nuestro Josué, Jesús,
nos guiará a la herencia celestial (Hechos 13:39). El mismo vocablo griego está en el 12:2, “Autor de nuestra fe”. “Autor
de la vida”, Hechos 3:15. “Principe y Salvador”, Hechos 5:31. El va delante de todos por su ejemplo, como es también
el Originador de nuestra salvación. 11. el que santifica—Cristo, quien una vez por todas consagra a su pueblo a Dios
(acercándolos a él en consecuencia, Judas 1) y a gloria eterna, con haberse consagrado por ellos, siendo hecho perfecto
(como el sacrificio expiatorio de ellos) por medio del padecimiento (v. 10; 10:10, 14, 29; Juan 17:17, 19). Dios, por su
amor electivo, por la obra acabada de Cristo, perfectamente los santifica al servicio de Dios y al cielo una vez por todas;
después son progresivamente santificados por medio del Espíritu transformador. “La santificación es la gloria que obra
en embrión; la gloria es la santificación nacida y manifestada”. [Alford]. los santificados—griego, “los que están
siendo santificados”. (Véase el uso de “santificados” en 1 Corintios 7:14). de uno—de Dios, el Padre: no en el sentido
en que él es Padre de todos los seres, como los ángeles, porque éstos están excluídos por el argumento (v. 16); pero él
es Padre de sus hijos humanos espirituales: Cristo la Cabeza y hermano mayor, y su pueblo creyente, miembros de su
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cuerpo, de su familia. Este y los versículos siguientes tienen por fin justificar el haber dicho él “muchos hijos” (v. 10).
“De uno” no significa “de un padre Adán”, ni “de Abrahán”, como suponen Bengel y otros, porque la participación
del Salvador de la bajeza de nuestra humanidad no se menciona hasta el v. 14, y entonces como consecuencia de lo que
precede. Adem{s, “hijos de Dios”, según el uso de las Escrituras, es la dignidad obtenida por nuestra unión con Cristo;
y nuestra fraternidad con él viene del hecho de que Dios es su Padre de él y el nuestro. La filiación de Cristo (por
engendramiento) en relación con Dios, se refleja en la filiación (por la adopción) en sus hermanos. no se avergüenza—
aunque él es Hijo de Dios, puesto que ellos ya obtuvieron por la adopción igual dignidad, de modo que su majestad
no se compromete cùando él fraterniza con ellos (11:16). Un marcado rasgo del cristianismo es que unifica tan
asombrosos contrastes como “nuestro hermano y nuestro Dios”. [Tholuck]. “Dios hace de los hijos de los hombres,
hijos de Dios, porque Dios ha hecho del Hijo de Dios, hijo de hombre”. [Agustín, sobre el Salmo 2.] 12. (Salmo 22:22). El
Mesías anuncia el nombre del Padre, no conocido plenamente como el Padre de Cristo, y por tanto Padre de ellos, sino
después de la crucifixión (Juan 20:17), entre sus hermanos (“la Iglesia”, eso es, la congregación), para que ellos a la vez
le alaben (Salmo 22:23). En el v. 22 del Salmo 22, que empieza con el clamor de Cristo, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has desamparado?” y detalla minuciosamente sus aflicciones, pasa de sus padecimientos a su triunfo,
prefigurados en la experiencia de David. alabaré—como director del coro (Salmo 8:2). 13. confiaré en él—De la
versión de los Setenta, Isaías 8:17, que precede al texto siguiente, “He aquí, yo y los hijos <” Se objeta a la expresión
“y otra vez”, que comúnmente introduce una cita nueva, mientras que éste es uno y el mismo texto. Sin embargo, no
vale la objeción, puesto que las dos proposiciones expresan distintas ideas. “Yo confiaré en él” expresa su confianza
filial en Dios como su Padre, a quien huye de sus sufrimientos, y no sufre chasco; lo que imitan sus hermanos
creyentes confiando sólo en el Padre por medio de Cristo, y no en sus propios méritos. “Cristo demostró esta confianza,
no por sí mismo, puesto que él y su Padre son uno, sino por su propio pueblo” (v. 16). Cada auxilio nuevo que le era
dado le aseguraba, como les asegura a ellos, la ayuda para el futuro, hasta que fuese ganada la victoria completa sobre
la muerte y el infierno (Filipenses 1:16). [Bengel]. He aquí, yo y los hijos—(Isaías 8:18.) “Hijos” (v. 10), “hermanos” (v.
12) y “niños” (v. 13, paidía, no huioí) expresan su derecho de propiedad sobre ellos desde la eternidad. Habla de ellos
como niños, sin serlo ellos en realidad, pero así considerados en sus propósitos; y los presenta ante Dios el Padre para
que sean glorificados juntamente con él. Isaías (que significa “salvación de Jehová”) representaba figurativamente al
Mesías, que es a la vez Padre e Hijo, Isaías y Emanuel (Isaías 9:6). Expresa su resolución de confiar, él y sus hijos, no
en el rey de Asiria como Acaz y los judíos, en contra de la confederación de Peka, de Israel, y Rezín, de Siria, sino en
Jehová; y luego predice la liberación de Judá por Dios, en lenguaje que encuentra su plena realización de tipo sólo en
la liberación mucho más grande por el Mesías. Cristo el Profeta antitípico, asimismo, en lugar de los objetos de
confianza humanos de su edad, confía él mismo, y con él los hijos de Dios el Padre (que son por tanto hijos de él, y así
los antitípicos hijos de Isaías, aunque son tenidos aquí por “hermanos” de él: véase “Padre”, Isaías 9:6; y “su
simiente”, 53:10), guiados por él, confían plenamente en Dios para la salvación. Las palabras y hechos de todos los
profetas cumplen su tipo en el gran Profeta [PAG. 617] (Apocalipsis 19:10), así como su oficio real está representado
típicamente en el de los reyes teocráticos; y su oficio sacerdotal lo está en los tipos y ritos del sacerdocio aarónico. 14.
El que fué manifestado ser “Capitán (Guía, Jefe) de la salvación” para los “muchos hijos”, confiando y sufriendo como
ellos, debe por tanto venir a ser hombre como ellos, para que su muerte sea eficaz para ellos [Alford]. los hijos—Paidia,
niños (v. 13), existentes en su eterno propósito, no en efecto. participaron—Han sido participantes, todos en común, en
el propósito de él. de carne y sangre—Los manuscristos más antiguos tienen “sangre y carne”. El elemento interior y
más importante, la sangre, como vehículo más inmediato del alma, se pone antes del elemento más palpable, la carne;
también, con referencia al vertimiento de la sangre de Cristo, para consumar el cual él entró en comunión con nuestra
vida corpórea. “La vida de la carne está en la sangre; es la sangre la que hace propiciación por el alma” (Levítico 17:11).
él también—paraplesios, de un modo algo parecido, no del todo de la misma manera; porque él, al desigual de ellos, fué
concebido y nació sin pecado (4:15). De manera semejante, no en mera semejanza de cuerpo, como enseñaban los
herejes docetistas. participó—La herencia perdida era (según la ley judaica) rescatada por el pariente más cercano; así
Jesús vino a ser nuestro pariente más cercano por su humanidad asumida, a fin de ser nuestro Redentor. para … por
la muerte—que no podría haber sufrido como Dios, sino sólo haciéndose hombre. No por la omnipotencia sino “por
su muerte” (así el griego) venció la muerte. “Jesús, sufriendo la muerte, venció; Satanás, sembrando la muerte,
sucumbió” [Bengel]. Así como David cortó la cabeza a Goliat con la misma espada del gigante con la cual éste solía
ganarse las victorias. Viniendo para redimir al hombre, Cristo se hizo en cierto sentido el lazo para destruír al diablo;
porque en él había su humanidad para atraer hacia sí al devorador, su divinidad para traspasarlo, su aparente
debilidad para provocarlo, poder escondido para fulminar al hambriento destruidor. Dice el epigrama latino: “Mors
mortis morti mortem nisi morte tulisset, Aeternae vitae janua clausa foret”. Si la muerte mediante la muerte no hubiese
llevado a muerte la muerte de la muerte, la puerta de la vida eterna hubiera sido cerrada. destruir—es decir, “hacer
impotente”, quitarle todo el poder de dañar a su pueblo. “Para hacer cesar al enemigo, y al que se venga” (Salmo 8:2).
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El mismo verbo griego se emplea en 2 Timoteo 1:10: “Abolió la muerte”. No hay muerte ya para los creyentes. Cristo
implanta en ellos simiente inmortal, el germen de la inmortalidad celestial, aunque los creyentes tienen que sufrir la
muerte natural. imperio—poder; Satanás es, “fuerte” (Mateo 12:29). de la muerte—denota que la muerte misma es un
poder que, una vez extraña a la naturaleza humana, ahora se enseñorea de ella (Romanos 5:12; 6:9). El poder que la
muerte tiene lo maneja Satanás. El autor del pecado es el autor de las consecuencias del pecado. Compárese “toda
fuerza del enemigo” (Lucas 10:19). Satanás adquirió sobre el hombre (por la ley de Dios, Génesis 2:17; Romanos 6:23)
el poder de la muerte mediante el pecado del hombre, siendo la muerte el verdugo del pecado, y el hombre le
“cautivo lícito” de Satanás. Jesús, muriendo, ha hecho suyo aquel morir (Romanos 14:9), y así ha quitado la presa al
poderoso. El poder de la muerte era manifiesto; quien manejaba dicho poder, escondido bajo el mismo, se declara
aquí, a saber, Satanás. “Por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo” (Sabiduría 2:24). 15. temor de la
muerte—aun antes de experimentar su poder efectivo. por toda la vida—Tal vida apenas puede llamarse vida.
sujetos a servidumbre—es decir, “súbditos de servidumbre”; no meramente expuestos a ella, sino encadenados en ella
(Romanos 8:15; Gálatas 5:1). Compárese con esta servidumbre, la gloria de “hijos” (v. 10) “La servidumbre”, dice
Aristóteles’ “es vivir como uno no elige; “la libertad, vivir como uno escoge”. Cristo, al librarnos de la maldición
divina contra nuestro pecado, ha quitado a la muerte todo aquello que la hacía formidable. La muerte, vista aparte de
Cristo, no puede sino horrorizar al pecador si éste se atreve a pensar en ella. 16. ciertamente—griego, “Porque como
todos sabemos”; “porque como sin duda concederéis”. Pablo probablemente se refiere a Isaías 41:8; Jeremías 31:32,
versión de los Setenta, textos por los cuales los judíos bien sabrían que lo que aquí está afirmado respecto del Mesías
era lo que los profetas les hicieron esperar. no tomó—más bien, “No es a los ángeles a quienes está ayudando (tiempo
presente, que indica duración), sino es a la simiente de Abrahán a la que está ayudando”. El verbo significa ayudar a
uno tomándolo de la mano, como se dice en 8:9; así corresponde a socorrer (v. 18) y a librar (v 15): no “a los ángeles”,
que no tienen carne ni sangre, sino a los hijos, que sí las tienen: él los sostiene con su mano para ayudarlos, mediante
su participación de las mismas (v. 14). Sea cual fuere el efecto de la obra de Cristo sobre los ángeles, no les extiende la
mano para ayudarlos con sufrir él en la naturaleza de ellos para librarlos de la muerte, como en el caso nuestro sí.
simiente de Abraham—Trata la redención de Cristo (en obsequio a los hebreos, a quienes se dirige y como suficiente
para su propósito inmediato) con referencia a la simiente de Abrahán, la nación judía, en primer término; no que
excluya a los gentiles (v. 9, “por todos”), los que son, si son creyentes, espiritualmente simiente de Abrahán (véase el
v. 12; Salmo 22:22, 25, 27), sino referencia directa a ellos, como en Romanos 4:11, 12, 16; Gálatas 3:7, 14, 28, 29, no
vendría al caso en el presente argumento. Es el mismo argumento que usa Mateo apoyando el que Jesús es el Cristo al
escribir su evangelio para los hebreos, trazando la genealogía de Jesús desde Abrahán, el padre de los judíos y aquel a
quien fueron dadas las promesas, de las cuales los judíos en especial se enorgullecían (Romanos 9:4, 5). 17. Por lo
cual—Griego, “de donde”, como en el discurso de Pablo en Hechos 26:19. en todo—en todas las cosas incidentales al
ser humano: nacer, ser alimentado, desarrollarse, sufrir. El pecado no es, en la constitución original del hombre, un
acompañante necesario del ser humano; él pues no tuvo pecado. debía—por la necesidad moral, en atención a lo que
la justicia y el amor de Dios requerían de él como Mediador (5:3), [PAG. 618] oficio que él voluntariamente había
asumido a fin de “ayudar” al hombre (v. 16). sus hermanos—(v. 11)—“La simiente de Abrahán” (v. 16), y así también
la simiente espiritual, sus elegidos de entre toda la humanidad. venir a ser … Pontífice—Fué llamado pontífice, sumo
sacerdote, “hecho perfecto por lo que sufrió” (v. 10; 5:8–10). Lo fué hecho en efecto cuando penetró dentro del velo, de
donde procede su constante intercesión sacerdotal a nuestro favor. Su muerte, como hombre, debe intervenir primero
para que la introducción de la sangre en el lugar santo celestial siguiese, en lo que consiste la expiación de sumo
sacerdote. misericordioso—al “pueblo”, que merecía la ira a causa de los “pecados”. La misericordia es el primer
requisito del sacerdote, dado que su oficio es para ayudar a los desgraciados y levantar a los caídos: tal misericordia se
hallará con más probabilidad en uno que tenga sentimiento piadoso para con los afligidos, afligido alguna vez él
mismo (4:15); no que al Hijo de Dios le faltara ser enseñado a ser misericordioso por el sufrimiento, pero a fin de
salvarnos él debió asumir nuestra condición humana con todas las aflicciones, haciéndose así apto por la condolencia
experimental con nosotros, para ser nuestro compasivo Sumo Sacerdote, y asegurándonos su absoluta simpatía con
nosotros en toda nuestra tristeza. Así observa Calvino en general sobre este punto. fiel—fiel a Dios (3:5, 6) y al
hombre (10:23) en el oficio de mediador que ha emprendido. Pontífice—(Sumo Sacerdote) que no lo fué Moisés, aun
cuando fué fiel. Sólo en el Salmo 110, Zacarías 6:13 y en esta Epístola es Cristo llamado expresamente Sacerdote. En
ésta sola se discute ex profeso su sacerdocio; por lo cual es evidente cuán necesario es este libro en el Nuevo
Testamento. En el Salmo 110 y en Zacarías 6:13 está también la mención del reino de Cristo, mentado muy a menudo
en otras partes sin el sacerdocio. Sobre la cruz, donde como Sacerdote ofreció el sacrificio, tuvo inscripto el título de
“Rey” [Bengel]. para expiar los pecados—El griego, “hacer propiciación respecto del pecado”. Es la justicia divina la
que debe ser “propiciada”; por lo tanto, para que no se pensara que el sacrificio de Cristo, o los sacrificios legales,
tipos de aquél, fuesen antecedentes de la gracia y amor de Cristo, ni aquél ni éstos se dice en el Antiguo Testamento ni
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en el Nuevo que hayan “propiciado” a Dios; de otro modo se podría haber pensado que los sacrificios de Cristo
hubiesen inducido a Dios a amar y a apiadarse del hombre, y no lo contrario (que es la realidad), que su amor ha
originado el sacrificio de Cristo por medio del que la divina justicia y el divino amor se armonizan. Por medio de aquel
sacrificio el pecador llega a gozar el favor de Dios, perdido por el pecado; de modo que su súplica propia es: “Dios, sé
propicio (así el griego) a mí el pecador” (Lucas 18:13). Los pecados traen la muerte y el “temor de la muerte” (2:15).
Cristo mismo no tuvo pecado, e “hizo reconciliación por la iniquidad” de todos los demás (Daniel 9:24). del pueblo—
“la simiente de Abrahán” (v. 16); el Israel literal primero, y luego (en los designios de Dios), por medio de Israel, los
gentiles creyentes, el Israel espiritual (1 Pedro 2:10). 18. Porque—la explicación de cómo el que él fuera hecho como sus
hermanos en todo, le ha hecho misericordioso y fiel Sumo Sacerdote para nosotros (v. 17). en cuanto—griego “en lo que …
padeció”, en ello puede socorrer. Habiendo sido tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados en la misma
tentación; y por cuanto “fué tentado (probado y afligido) en todo”, en todos los puntos, puede (por el poder de la
simpatía) socorrernos en todas las posibles tentaciones y pruebas comunes al hombre (4:16; 5:2). El es el Salomón
antitípico, que tiene para cada grano de la simiente de Abrahán (innumerables como la arena del mar), “anchura de
corazón como la arena que está a la orilla del mar” (1 Reyes 4:29). “No sólo como divino conoce nuestras pruebas, sino
también como hombre las conoce por el sentir de la experiencia”.
CAPITULO 3
Vers. 1–19. EL HIJO DE DIOS ES MAYOR QUE MOISES, POR TANTO LA INCREDULIDAD HACIA EL
MERECE MAS GRAVE CASTIGO DEL QUE TOCO A LOS ISRAELITAS INFIELES EN EL DESIERTO. Como Moisés
fué en especial el profeta por el cual “Dios en otro tiempo habló a los padres”, siendo el mediador de la ley, Pablo cree
necesario ahora demostrar que, por grande que era Moisés, el Hijo de Dios es más grande. Observa Ebrard en Alford:
El ángel del pacto vino en el nombre de Dios ante Israel; Moisés en el nombre de Israel, ante Dios; mientras que el
Sumo Sacerdote vino tanto en el nombre de Dios (llevando el nombre de JEHOVA en la frente) ante Israel, como en el
nombre de Israel (llevando sobre el pecho el nombre de las doce tribus) ante Dios (Exodo 28:9–29, 36, 38). Cristo es
superior a los ángeles, según los capítulos 1 y 2, porque (1) como Hijo de Dios es superior; y (2) porque la humanidad,
en el principio inferior a los ángeles, queda en Cristo exaltada sobre los ángeles hasta el “señorío del mundo
venidero”, por cuanto él es a la vez Mensajero de Dios a los hombres y de parte de los hombres ante Dios, es
Sacerdote representativo propiciatorio (2:17, 18). Paralelo con este argumento de su superioridad a los ángeles (1:4)
está lo siguiente respecto de su superioridad a Moisés (v. 3): (1) Porque como hijo sobre la casa es superior al siervo en
la casa (vv. 5, 6), así como los ángeles son espíritus servidores (1:14), mientras que él es el Hijo (vv. 7, 8); (2) porque la
introducción de Israel en la tierra prometida, que no fué acabada por Moisés, es llevada a cabo por Cristo (4:1–11), por
ser él no meramente jefe y legislador como Moisés, sino también Sumo Sacerdote propiciador (4:14; 5:10). 1. Por
tanto—griego, “De donde”, visto que tenemos a un Ayudador tan compasivo, debéis “considerar
atentamente”<“contemplar”; fijar los ojos y la mente en él a fin de aprovechar la contemplación (12:2). Este vocablo
lo usa a menudo Lucas, compañero de Pablo (Lucas 12:24, 27). hermanos—en Cristo, el vínculo común de unión.
participantes—“del Espíritu Santo.” vocación celestial—que nos viene del cielo y nos lleva al cielo, su procedencia.
Filipenses 3:14, “la soberana vocación”; griego, “la vocación arriba”, eso es, celestial. al Apóstol y Pontífice de nuestra
profesión—Hay un solo artículo con ambos sustantivos: “al que es a la vez Apóstol y Sumo Sacerdote”: Apóstol,
Embajador (título [PAG. 619] superior a “{ngel”, mensajero) enviado del Padre (Juan 20:21), para defender la causa de
Dios para con nosotros; Sumo Sacerdote como para defender nuestra causa ante Dios. Su apostolado y su pontificado se
comprenden ambos en un solo título, Mediador. [Bengel]. Aunque el título de “Apóstol” no se usa en otra parte en
relación a Cristo, viene bien aquí en palabras dirigidas a hebreos, los que aplicaban el término a los delegados
enviados por el sumo sacerdote para cobrar el impuesto del templo a judíos residentes en el exterior, así como Cristo
era Delegado del Padre enviado lejos a este mundo (Mateo 21:37). Asimismo, lo que se le aplica a él, se aplica también
a su pueblo; los doce se llaman apóstoles de Cristo, como él lo es del Padre (Juan 20:21). Conviene evitarle aquí la
designación de “ángel”, a fin de distinguir su naturaleza de la de ángeles, antes discutida, aunque él es “el Angel del
pacto”. El “legado de la Iglesia” (Sheliach Tsibbur) ofrecía las oraciones en la sinagoga en nombre de todos y por todos.
Así Jesús, “el Apóstol de nuestra profesión” es delegado para interceder por la Iglesia ante el Padre. La frase “de
nuestra profesión” indica que no es del ritual legal sino de nuestra fe cristiana que él es el Sumo Sacerdote. Pablo lo
compara como Apóstol a Moisés; como Sumo Sacerdote, a Aarón. El solo tiene los dos oficios combinados, y en grado
más eminente que cualquiera de los dos: oficios que los hermanos tienen por separado. “Profesión” o “confesión”
corresponde al hecho de que Dios nos ha hablado por su Hijo, enviado como Apóstol y Sumo Sacerdote. Lo que Dios
proclama, lo confesamos. 2. Primero él nota los rasgos de semejanza entre Moisés y Cristo, a fin de aplacar a los
cristianos hebreos aludidos, los cuales conservaban aún altísima opinión de Moisés. es fiel—Cristo fué fiel y lo es
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todavía como nuestro Sumo Sacerdote mediador, fiel en el cargo que Dios le confió (2:17). Así Moisés en la casa de Dios
(Números 12:7) le constituyó—“le hizo” Sumo Sacerdote: entendido por el contexto. El griego es “hizo”; así en el 5:5; 1
Samuel 12:6, marginal; Hechos 2:36; así los padres griegos. No como Alford, con Ambrosio y los latinos: “lo creó”, eso
es, como hombre, en su encarnación. La semejanza de Moisés al Mesías fué predicha por Moisés mismo
(Deuteronomio 18:15). Otros profetas sólo explicaron a Moisés, el que en este respecto fué superior a ellos; pero Cristo
fué semejante a Moisés, y con todo superior. 3. Porque—asignando la razón por qué ellos debían considerar
atentamente a “Cristo” (v. 1), por lo altamente que estiman a Moisés, quien se le asemejaba en fidelidad” (v. 3). es
estimado—griego, “ha sido estimado”. tanto mayor gloria … digno—por Dios, cuando lo exaltó a su diestra. Los
cristianos hebreos admitían ese hecho (1:13). la fabricó—“La preparó”, o “la estableció” [Alford]. El verbo griego se
usa a propósito en preferencia a “edificó”, a fin de señalar que se significa no una casa literal sino una espiritual: la
Iglesia tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento; y que la edificación de tal casa incluye todas las
disposiciones de providencia y de gracia que hacían falta para proveerla de “piedras vivas” y de “siervos” indicados.
Así como Cristo el Fundador y Establecedor (en el Antiguo Testamento así como en el Nuevo) es mayor que la casa
así establecida, inclusive los siervos, él es también mayor que Moisés, quien no fué sino “siervo”. Moisés, como siervo,
es parte de la casa, y menos que la casa: Cristo, como Creador Instrumental de todas las cosas, debe ser Dios, y así
mayor que la casa, de la que Moisés no es sino una parte. La gloria es el resultado del honor, dignidad. 4. Debe haber
quien establezca toda casa: Moisés no fué quien estableció la casa, sino que fué una porción de ella (pero el que
estableció todas las cosas y por tanto, la referida casa espiritual es Dios). Cristo, siendo instrumentalmente el
Establecedor de todas las cosas, debe ser el Establecedor de la casa, y así es mayor que Moisés. 5. fiel sobre toda su
casa—es decir, la casa de Dios (v. 4). siervo—No aquí el griego por “esclavo”, sino “servidor acompañante”; que indica
el alto oficio de Moisés ante Dios, inferior a Cristo, especie de administrador. para testificar—griego, “para testimonio”,
para que diera en sus instituciones típicas “testimonio” a Israel de “lo que se había de decir” después por Cristo
acerca del evangelio (8:5; 9:8, 23; 10:1). 6. Mas Cristo—fué y es fiel (v. 2) como Hijo sobre la casa de él; no su casa, la
casa de Dios (v. 4); y por tanto, como se infiere que es uno con el Padre, sobre su propia casa. Así el 10:21: “Sumo
Sacerdote sobre la casa de Dios”. Cristo entra en la casa del Padre como Señor de la casa; Moisés entra como siervo (en
ella, vv. 2, 5). [Crisóstomo]. Un embajador en la ausencia del rey es muy distinguido; en la presencia del rey vuelve a
ser uno entre muchos. [Bengel]. la cual casa somos—Pablo y sus lectores hebreos. Los mejores manuscritos: “cuya
casa (casa de quien) somos”. si retuviéremos … esperanza—la nuestra. Por cuanto todas las cosas buenas nuestras
reposan en la esperanza, debemos mantener nuestras esperanzas como para regocijarnos en ellas ya, como si
estuviesen ya realizadas. [Crisóstomo]. hasta el cabo … firme—Omitidas en Lucifer y Ambrosio y en un manuscrito
antiguo; constan en los mejores. 7. Una exhortación (Salmo 95), a no perder, por incredulidad, la participación en la
casa espiritual. Por lo cual—viendo que somos la casa de Dios si mantenemos nuestra confianza < (v. 6). Jesús es fiel;
no seáis infieles vosotros (vv. 2, 12). La oración que principia con “por lo cual”, interrumpida por el paréntesis que
confirma el argumento del Salmo 95, se completa en el v. 12: “Mirad, hermanos <” dice el Espíritu—por el salmista a
quien inspiró, de modo que las palabras del profeta son palabras de Dios mismo. Si oyereis—obedientemente. hoy—
al fin; en el día de David, en contraste con el día de Moisés, y siempre después; mientras eran desobedientes contra la
voz de Dios como, por ejemplo, en el desierto (v. 8). El Salmo, cada vez que se emplee en el culto público, significará
por “hoy” el día particular cuando se usa. su voz—de gracia. 8. No endurezcáis …—Esta frase se usa aquí como acto
de hombre mismo; comúnmente es acto de Dios (Romanos 9:18). Cuando se habla del hombre como agente, se usa más
bien la frase “endurecer la cerviz”, o “la espalda” (Nehemías 9:17). provocación … tentación—Massah—meribah:
traducción marginal, “tentación < contención”, o “contienda” (Exodo 17:1–7). Ambos vocablos significan la
murmuración [PAG. 620] del pueblo contra el Señor en Refidim por falta de agua. La primera ofensa debe ser evitada
particularmente, y se reprende con severidad porque es capaz de producir otras muchas más. Números 20:1–13 y
Deuteronomio 33:8 mencionan una segunda ocasión similar en el desierto de Sin, cerca de Cades, también llamado
Meriba. en el día—griego; “según el día <” 9. Donde—en el desierto. me tentaron … me probaron—Los manuscritos
más antiguos rezan: “me tentaron en (por medio de) la población”, experimentando conmigo por ver si yo podía o quería
liberarlos, dudándolo. vieron mis obras cuarenta años—Vieron, sin ser por eso llevados al arrepentimiento, mis obras
de poder, que en parte prestaban ayuda milagrosa y en parte ejecutaban venganza, durante cuarenta años. Los
“cuarenta años” unidos en el hebreo y en la versión de los Setenta y en el v. 17 con “me enemisté” (“me enojé”), aquí
van unidos con “vieron”. Ambas cosas son verdad; pues durante los mismos cuarenta años cuando tentaban a Dios
por la incredulidad, no obstante ver las obras milagrosas de Dios, Dios era afligido. La leccion que se trata de enseñar
a los cristianos hebreos es que el “hoy” de ellos ha de durar sólo entre la primera predicación del evangelio y la
inminente destrucción de Jerusalén, a saber: cuarenta años; precisamente el número de años de la peregrinación de
Israel en el desierto, hasta que la plena medida de su culpabilidad se hubiera cumplido y los rebeldes fueran
derribados. 10. me enemisté—Fuí disgustado, me enojé (Levítico 26:24, 28). esta generación—Así los manuscritos más
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antiguos. La lección “aquella generación” denota distanciamiento o enemistad. dije—en mi disgusto, por su primera
ofensa. Subsecuentemente, cuando endurecieron aun más el corazón en la incredulidad, juró en su ira (v. 11); una
graduación ascendente (véase vv. 17, 18). Y no han conocido—“ellos mismos” (así el griego); percibieron que yo estaba
disgustado; sin embargo, ellos, las mismas personas, por nada quisieron conocer mis caminos [Bengel]; véase “Pero
ellos”, Salmo 106:43. mis caminos—no los conocieron en la práctica y obediencia, caminos en que yo quería que
caminasen para que alcanzasen mi descanso (Exodo 18:20). 11. Juré—Bengel observa que el juramento precedió los
cuarenta años. pues—griego “Como juré”. No entrarán—es decir, “Si es que entrarán <” (Dios me haga así y más, si
entrasen <” véase 2 Samuel 3:35). El griego es similar en Marcos 8:12. mi reposo—Canaán, en primer orden, después
de las peregrinaciones en el desierto, aun cuando allí nunca lo gozaron plenamente; de lo que se entiende que la
amonestación abarcaba más que la exclusión de los infieles de la literal tierra de reposo, y que el reposo prometido a
los creyentes en toda la plena bienaventuranza era, y es, aún futuro. Los textos, Salmo 25:13; 37:9, 11, 22, 29 y la
bienaventuranza de Cristo mismo (Mateo 5:5) concuerdan todos en esto. 12. Mirad—léase con “por lo cual” del v. 7.
[no] haya—El indicativo en el griego, lo que denota no meramente una posible contingencia, sino que hay razón por
qué creer que así será. en ninguno de vosotros—No sólo deberían estar apercibidos en general, sino que deberían estar
tan preocupados cada miembro por la seguridad del otro, a fin de que ninguno pereciese por la negligencia de ellos.
[Calvino]. corazón—No debe ponerse confianza en el corazón: v. 10: “siempre divagan ellos de corazón”.
incredulidad—infidelidad. Cristo es fiel; por lo tanto, dice Pablo a los hebreos, no debemos ser infieles como nuestros
padres bajo Moisés. apartarse—lo opuesto de “lleguémonos” del 4:16. Dios castiga a tales apóstatas de la misma
manera: se aparta de ellos: la peor desgracia. Dios vivo—viviente, real: la característica distintiva del Dios de Israel,
no como los dioses inertes de los paganos: uno, pues, cuyas amenazas son horribles realidades. El apostatar de Cristo
es apostatar de Dios (2:3). 13. exhortaos—cada uno a sí mismo y a su prójimo. cada día—día por día. entre tanto que
se dice Hoy—mientras dure el “hoy” (el día de la gracia, Lucas 4:21, antes de la llegada del día de gloria y de juicio a
la venida de Cristo, 10:25, 37). Mañana es el día cuando trabajarán los ociosos y los necios se arrepentirán. Mañana es
el hoy de Satanás; no le importa cuán buenas resoluciones adoptéis, siempre que sean para mañana. ninguno de
vosotros—“vosotros” es enfático, en distinción de “vuestros padres (v. 9). “Para que de entre vosotros ninguno (así el
orden griego de los mejores manuscritos) sea endurecido” (v. 8). engaño—que haga que “erréis en vuestros
corazones”. de pecado—de la incredulidad. 14. Porque—subrayando el v. 12. participantes de Cristo—(Véanse vv. 1,
6.) También “partícipes del Espíritu Santo” (6:4). conservemos—griego, “tengamos bien asido”. el principio …
conifanza—eso es: la confianza (es decir, la confianza substancial, sólida) de la fe que hemos comenzado (6:11; 12:2).
El cristiano mientras no sea hecho perfecto, se considera principiante [Bengel]. hasta el fin—hasta la venida de Cristo
(12:2). 15. Entre tanto que se dice—enlazado con el v. 13, “exhortaos entre tanto < hoy”; “porque (v. 14) fuimos
hechos participantes,” forma un paréntesis. “Depende del todo de vosotros mismos que la invitación del Salmo 95 no
sea meramente una invitación, sino también en efecto un gozo”. Alford, traduce: “Por cuanto se dice <”, opinando
que el v. 15 es una prueba de que debemos “conservar firme la confianza hasta el fin <” para poder ser “participantes
de Cristo”. 16. Porque algunos—griego, “Porque ¿quiénes..: interrogación como en los vv. 17, 18: “Quiénes eran
aquellos que oyeron (refiriéndose a “si oyereis”, v. 15) y provocaron” a Dios? El “porque” denota que debemos mirar,
cuidarnos de la incredulidad: porque ¿no fué a causa de la incredulidad que todos nuestros padres fueron excluídos
(Ezequiel 2:3)? “Algunos” y “no todos” sería una manera débil de exponer el argumento, cuando el objetivo es de
demostrar la universalidad de aquel mal. No meramente algunos sino todos los israelitas porque la sola excepción de
Josué y Caleb apenas se tomaría en cuenta en una declaración tan general. Asimismo los vv. 17, 18 son interrogativos:
(1) El principio de la provocación en el desierto a poco de salir de Egipto (v. 16); (2) los cuarenta años de provocación
en el desierto (v. 17); (3) la denegación de la entrada en la tierra de reposo (v. 18). Véase 1 Corintios 10:5, “con la
mayoría de ellos se desagradó Dios”. no todos—Léase: “Pero ¿no provocaron todos los que salieron de Egipto?”
(Exodo 17:1, 2) con Moisés—por la instrumentalidad de Moisés, [PAG. 621] el jefe de ellos. 17. Mas—no “pero” sino
“además”; conjunción ilativa, no adversativa; extiende el pensamiento del v. 16. cuerpos—es decir, “extremidades”, lo
que significa que cayeron desmembrados. 18. no obedecieron—la incredulidad práctica. 19. no pudieron entrar—
aunque deseaban hacerlo.
CAPITULO 4
Ver. 1–16. LA PROMESA DEL REPOSO DE DIOS SE REALIZA PLENAMENTE EN CRISTO: ESFORCEMONOS
A ALCANZARLO POR MEDIO DE EL, NUESTRO COMPASIVO SUMO SACERDOTE. 1. Temamos—no con servil
terror, sino con piadoso “temor y temblor” (Filipenses 2:12). Dado que muchos han caído (3:17–19), tenemos razón por
qué temer. quedando aún—a nosotros, después que los otros, por descuido, la perdieron. en su reposo—el reposo
celestial de Dios, del que Canaán es el tipo. El “hoy” continúa aún y mientras tanto, existe el peligro de no alcanzar el
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reposo. El “hoy”, bien aprovechado, termina en “reposo”, que una vez obtenido nunca se pierde (Apocalipsis 3:12). En
anticipación de aquel reposo nos es dado el reposo íntimo que tiene el alma del creyente en Cristo. parezca … haberse
apartado—griego, “haber carecido” (“privado”, no destituído, Romanos 3:23). Sea encontrado al realizarse el gran
juicio [Alford], sin haber alcanzado la promesa. El vocablo “parezca” es un modo atenuante de expresión, aunque no
aminora la realidad. Bengel y Owen entienden: “No sea que haya apariencia de faltar o carecer. 2. evangelizado como
a ellos—en tipo o figura: el Canaán terrenal, donde dejaron de realizar el reposo perfecto, les sugiere que deben mirar
más allá a la tierra de reposo celestial, a la cual la fe es el acceso y de la cual la incredulidad excluye, como excluyó de la
terrenal. el oír la palabra—es decir, “la palabra de audición”: la palabra oída por ellos. sin mezclar fe—Oyeron la
palabra, pero el oír no había sido mezclado con fe en los que oyeron. Así la Siríaca, las versiones latinas antiguas, más
antiguas que nuestros manuscritos, y Lucifer, rezan: “Como la palabra no se unió con los oidores en fe”. La palabra
oída es como el alimento que, como el pan de la vida, debe penetrar en la carne y sangre mediante la apropiación de
ella por el hombre para sí mismo con fe. El oído solo es de tan poco valor como es el alimento sin digerir en el
estómago enfermo. [Tholuck]. Toda la autoridad de los manuscritos más antiguos apoya una lección diferente: “sin
estar ellos mezclados en fe con los que la oyeron”, es decir, con los oidores obedientes, como Caleb y Josué. Así “oír”
significa “obedecer” en el contexto, 4:7, “Hoy, si oyereis su voz”. Los desobedientes, en vez de fundirse en “el mismo
cuerpo”, se apartaron como Coré: una reprensión tácita para los que se ausentaban de las asambleas cristianas (10:25;
Judas 19). 3. Empero—eso es, hemos de entrar; así dos de los manuscritos más antiguos y Lucifer y el latín antiguo.
Otros dos manuscritos de los más antiguos rezan: “Entremos”. los que hemos creído—los que a la venida de Cristo
seremos hallados como habiendo creído. en el reposo—prometido en el Salmo 95. de la manera—como dijo Dios: lo
dicho por él, que la incrédulidad impide la entrada, infiere que el creer, la fe, alcanza el acceso al reposo. Lo que Pablo
subraya así, con todo, es que aún no se ha entrado en el prometido reposo. En el 4:11, como ya en el 3:12–19, vuelve a
insistir en que la fe es indispensable para entrar. aun acabadas—Aunque Dios había terminado sus obras de creación
mucho antes de Moisés, sin embargo bajo aquel jefe de Israel otro reposo fué prometido del que quedaron privados
los más a causa de la incredulidad; y aun cuando el reposo en Canaán fué alcanzado bajo Josué, con todo mucho más
adelante, en los días de David, Dios, en el Salmo 95, habla aún del reposo de Dios todavía no alcanzado. Por lo tanto,
debe entenderse que hay un reposo todavía futuro, a saber, el que “queda para el pueblo de Dios” (vv. 3–9), cuando
ellos descansarán de sus obras como Dios descansó de las suyas (v. 10). El argumento es para demostrar que con “mi
reposo” Dios significa un futuro reposo, no para él mismo sino para nosotros. acabadas—griego, “traídas a la existencia”,
hechas, creadas. 4. Dijo—Dios en Génesis 2:2. Y reposó Dios …—Reposo que no terminó en el séptimo día, sino que
empezó entonces y continúa aún, en el que los creyentes entrarán luego. El reposo de Dios no es un descanso
necesario a causa de la fatiga, ni consiste en el ocio, sino que es la sustentación y el gobierno que tuvieron su principio
en la creación [Alford]. Por tanto, Moisés registra el fin de cada uno de los seis días, pero no el del séptimo. de todas
sus obras—El hebreo (Génesis 2:2), “de toda su labor”. La “obra” de Dios era una, pero comprendía muchas “obras”. 5.
otra vez aquí—en el mismo Salmo 95, donde se explica que el descanso era entonces aún futuro. 6. resta—Aún por
realizarse. algunos han de entrar—La negación de la entrada a los incrédulos es virtualmente una promesa de entrada
a los que creen. Dios no desea que su reposo esté vacío, sino repleto de huéspedes (Lucas 14:23). aquellos a quienes
primero fué anunciado—literalmente, “Los que fueron evangelizados primero” (en tiempo de Moisés); eso es, en tipo,
figurativamente (como en la nota al v. 2). 7. otra vez—De nuevo la promesa aparece. Tradúzcase según el orden del
griego: “Limitó cierto día: Hoy <” Aquí Pablo interrumpe la cita con “En (el salmo de) David diciendo después de
tanto tiempo” (500 años de poseída la tierra de Canaán) y la vuelve a presentar con: “Como se ha dicho antes” (así los
manuscritos griegos más antiguos; antes, 3:7, 15): “Hoy si oyereis su voz <” [Alford]. 8. Contesta a la objeción que se
pudiera hacer a su raciocinio de que aquellos que fueron guiados por Josué (o Jesús, como en Hechos 7:45) entraron sí
en el reposo de Dios. Si “el reposo de Dios” significa Canaán. Dios no hubiera hablado (o hablaría, Alford) de otro
(futuro) día para entrar en el reposo. 9. Por tanto—porque Dios habla de otro día (Nota al v. 8). queda—aun por ser
realizado por aquellos “algunos (que) deben entrar <” (v. 6), es decir, “el pueblo de Dios”, el verdadero Israel, que
entrará en el reposo de Dios (“mi reposo”). El reposo de Dios fué un “sabatismo”; así lo será el nuestro también. El
vocablo significa reposo. En el tiempo hay muchos sábados: pero allá habrá el gozo de guardar un solo reposo
sabático: uno perfecto y eterno. El vocablo del v. 8 es “katapausis”: en hebreo, “Noé”; reposo de la fatiga, como reposó el
arca en Ararat [PAG. 622] después de agitada en el diluvio; y como Israel, bajo Josué, gozó al fin el reposo de las
guerras en Canaán. Pero “reposo” en este v. 9 es el más noble y sublime “sabatismo” (hebreo): es decir, “cesación”;
reposo del trabajo cuando terminado (v. 4), como Dios reposó (Apocalipsis 16:17). Las dos ideas de “reposo” combinadas
dan la perfecta comprensión del sábado celestial: descanso de la fatiga, de la tristeza y del pecado; y reposo en la
terminación de la nueva creación de Dios (Apocalipsis 21:5). La entera creación renovada participará en él; nada habrá
allí que quebrante el sábado de la eternidad; y el trino Dios se regocijará en la obra de sus manos (Sofonías 3:17).
Moisés, el representante de la ley, no pudo llevar a Israel a Canaán: la ley nos lleva a Cristo y allí termina su oficio, así
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como terminó Moisés en la frontera de Canaán; es Jesús, el antitipo de Josué, quien nos lleva al reposo celestial. Este
texto indirectamente establece todavía la obligación del sábado, un día semanal de descanso, pues el tipo continúa
hasta que el antitipo lo substituya; así los sacrificios legales continuaron hasta que el gran sacrificio antitípico invalidó
la ley. Como, pues, el sabatismo celestial antitípico no será sino hasta cuando venga Cristo, nuestro Josué evangélico,
para introducirnos en él, debe continuar el típico sábado terrenal hasta entonces. El futuro reposo lo llaman los judíos
“el día que es todo sábado” [Nota del Traductor: En inglés, el sábado es Saturday, día de Saturno, y el día de reposo se
llama Sabbath, del hebreo, y es el día después del sábado, o domingo. El autor parece contradecirse en el argumento
anterior. Nuestro descanso semanal no debe basarse en el legalismo mosaico. Toda “la ley hasta Cristo”. El yugo de
Cristo da reposo (anapausis) al alma ahora, primicias del reposo eterno. Si fuera la base legal, deberíamos guardar el
séptimo día de la semana.] 10. Porque—Explica y justifica el vocablo “reposo” o “sabatismo” anterior. el que ha
entrado—participio aoristo: Cualquiera que una vez entre. en su reposo—reposo de él, de Dios: preparado por Dios para
su pueblo. [Estio]. Es preferible: el reposo del que entra: que le es designado por Dios. El griego por “su” es aquí
ambiguo. ha reposado—cesado. Es el aoristo de tiempo indeterminado, que denota a la vez la certeza de ello, como
también en esta vida nos es dado ya en Cristo como primicias [Grocio] (Jeremías 6:16; Mateo 11:28, 29). Nuestra
suprema felicidad, según este texto, consiste en estar unidos nosotros en uno a Dios, y amoldados en conformidad a
él, nuestro arquetipo. [Calvino]. de sus obras—propias, aun de las que eran buenas y debidas cuando las hacía. A la
labor siguió el reposo aun en el Edén (Génesis 2:3, 15). El trabajo y el reposo subsiguiente de Dios son el arquetipo al
cual debemos conformarnos. Este es el argumento: El que una vez entra en el reposo, reposa de sus labores; el pueblo
de Dios aun no reposó de las suyas; por tanto, no ha entrado en el reposo, el que debe ser aún futuro. Alford traduce:
“El que entró en el reposo suyo (o el reposo de Dios; preferible suyo; Isaías 11:10, su reposo “el gozo del Señor”, Mateo
25:21, 23; es decir Jesús (entró), nuestro Precursor, 4:14; 6:20, “el Hijo de Dios, que penetró los cielos”; en contraste con
Josué, el tipo, que no introdujo al pueblo de Dios al reposo celestial), él mismo (enfático) reposó de sus obras (v. 4), como
Dios reposó de las suyas propias (así el griego). El argumento, que en general se aplica a quienquiera que haya entrado en
su reposo, probablemente alude a Jesús en particular, el José antitípico que, habiendo entrado en su descanso en la
ascensión, ha cesado o reposado de su obra de la nueva creación, como Dios en el día séptimo reposó de la obra de la
creación física. No que él haya cesado de llevar adelante la obra de la redención, no; la sostiene con su mediación; pero
ha cesado de aquellas partes de su obra que constituyen la base; el sacrificio ha sido hecho una vez por todas. Véase
cómo Dios reposó o cesó de su obra de creación hecha una vez para siempre, pero sigue sosteniéndola aún (Nota al v.
4). 11. Procuremos pues—Viendo que tenemos delante de nosotros tal promesa, la que nosotros, como ellos, podemos
perder por la incredulidad. El griego, “Procuremos con diligencia”. aquel reposo—que es aún futuro y tan glorioso; o
en la traducción de Alford del v. 10: “Aquel reposo en que Cristo ha entrado antes” (v. 14; 6:20). caiga—con el alma, no
meramente con el cuerpo, como cayeron los rebeldes israelitas (3:17). en semejante ejemplo—griego, “el mismo
ejemplo”: En el mismo ejemplo de desobediencia ninguno caiga. Alford traduce: “caiga en (como adoptando para sí
mismo) el mismo ejemplo.” El sentido es: “que ninguno caiga en tal desobediencia ejemplificada por aquéllos”.
[Grocio]. Los judíos dicen: “Los padres son señal (advertencia) a sus hijos”. 12. Porque—Tan diligente esfuerzo
conviene, (v. 11) porque tenemos que ver con un Dios cuya “palabra”, por la que seremos juzgados, es escudriñadora
de corazones, y cuyos ojos lo ven todo (v. 13). Las cualidades aquí atribuídas a la palabra de Dios y todo el contexto,
demuestran que se trata de poder judicial, por la cual palabra condenó a los israelitas desobedientes a la exclusión de
Canaán y excluirá a llamados cristianos incrédulos del reposo celestial. La palabra escrita de Dios no se destaca aquí,
aunque este texto a menudo se interpreta como si así se tratara. Con todo, la palabra de Dios (lo mismo que la
predicada, v. 2), usada aquí en el sentido más amplio pero con especial referencia a su poder judicial, INCLUYE la
palabra de Dios, la espada del Espíritu de dos filos, el uno para redargüir y convertir a algunos (v. 2), y el otro para
condenar y destruír a los incrédulos. (v. 14). Apocalipsis 19:15 asimismo representa el poder judicial de la palabra
como una espada aguda que sale de la boca de Cristo para herir a las naciones. La misma palabra que es salvadora
para los fieles (v. 2) es destructora para los desobedientes (2 Corintios 2:15, 16). La Palabra personal, como algunos
interpretan este texto, se quiere decir aquí: pues él no es la espada, sino que tiene la espada. Así la referencia a Josué
sigue con propiedad en el v. 8. viva—que tiene poder viviente, como “la vara de la boca y el aliento de los labios” del
“Dios viviente”. eficaz—griego, “enérgica”; no sólo viva sino enérgicamente eficaz. más penetrante—más cortante,
filosa. de dos filos—ambos afilados. Véase “espada del Espíritu < palabra de Dios” (Efesios 6:17). Su doble poder
parece inferido por sus dos filos. Juzga todo lo que está en el corazón porque lo atraviesa, castigando (a incrédulos) y
a la vez escudriñando” [PAG. 623] (tanto a creyentes como a incrédulos). [Crisóstomo]. Filón asimismo habla de “Dios
que pasa entre las partes del sacrificio de Abrahán (Génesis 15:17, donde, sin embargo, es una lámpara encendida la
que así pasó) con su palabra, que es la que corta todas las cosas: la cual espada, afilada perfectamente, nunca deja de
dividir todas las cosas sensibles, y aun las cosas imperceptibles a los sentidos o físicamente divisibles, pero
perceptibles y divisibles por la palabra”. La temprana preparación de Pablo, tanto en las escuelas griegas de Tarso
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como en las hebraicas de Jerusalén, explica plenamente su conocimiento de los modos de pensamiento de Filón,
corrientes por cierto entre los judíos doctos de todas partes, aunque Filón mismo pertenecía a Alejandría y no a
Jerusalén. Hablando a judíos, él por el Espíritu confirma lo que es verdadero en la literatura de su día, como hizo
hablando a los gentiles de Atenas (Hechos 17:28). que alcanza—penetra, atraviesa. hasta partir el alma, y aun el
espíritu—Que alcanza aun hasta la separación del alma animal, la parte inferior de la naturaleza incorpórea del
hombre, la sede de los deseos animales, que él tiene en común con los brutos; véase el mismo griego en 1 Corintios
2:14: “el hombre natural”, psíquico, de alma animal (de Judas 19), distinto del espíritu (la parte superior del hombre,
receptivo del Espíritu de Dios, que lo vincula con los seres celestiales). coyunturas y tuétanos—Hasta la división tanto
de las coyunturas (para poder separarlas) como de la médula. Cristo sabe “lo que hay en el hombre” (Juan 2:25): así
que su palabra alcanza hasta el conocimiento más íntimo y acertado de las más recónditas partes, sentimientos y
pensamientos del hombre, dividiendo, es decir, distinguiendo lo espiritual de lo carnal y animal en él; al espíritu del alma:
así Proverbios 20:27. Como el cuchillo del sacerdote levítico alcanzaba a separar las partes íntimamente unidas, como
las coyunturas de las extremidades, y penetraba hasta las más interiores, como las médulas; (el griego da el plural); así
la palabra de Dios divide las partes íntimamente unidas del espíritu. La frase “tanto las coyunturas como las médulas”
(así el griego) está subordinada a “hasta partir el alma y el espíritu”. Era pertinente, (al hablar a judíos), la figura de la
literal separación de las coyunturas y la penetración hasta la médula a fin de sacarla a luz, usando el cuchillo del
sacerdote, ilustrando la antes mentada separación espiritual “del alma y del espíritu”, por la que cada uno (el alma así
como el espíritu) queda “desnudo” delante de Dios; esta interpretación concuerda con el v. 13). Evidentemente “el
separar el alma del espíritu” corresponde a las “coyunturas”, que la espada alcanza y divide, como el “espíritu”
corresponde a los recónditos “tuétanos”. “Moisés forma el alma, Cristo el espíritu. El alma lleva consigo el cuerpo; el
espíritu lleva consigo el alma y también el cuerpo”. Esta interpretación de Alford es tosca, pues hace que el alma
misma y el espíritu mismo se partan, en vez de separar la una del otro; y no sólo así hace despedazar las coyunturas sino
también desparramar las médulas. La separación y la honda penetración de la Palabra tiene tanto el efecto punitivo
como el salutífero. discierne los pensamientos—griego, “capaz de juzgar los propósitos”. intenciones—más bien:
“conceptos” [Crellio], “ideas” [Alford]. Como el griego por “pensamientos” se refiere a la mente y sentimientos, así el
vocablo por “intenciones”, o más bien “conceptos mentales”, se refiere al intelecto. 13. cosa criada—, criatura, visible o
invisible, en su presencia—delante de él, Dios. “La sabiduría de Dios, sencillamente compleja y uniformemente
multiforme, con incomprensible comprensión, comprende todo lo incomprensible”. abiertas—literalmente, “echadas
sobre las espaldas de modo que el cuello quede expuesto”, como la víctima expuesta para el sacrificio. El pretérito
perfecto indica que tal es nuestra condición continua en relación con Dios. “Exhibe, oh hombre, vergüenza y temor para
con Dios, pues ningún velo, ninguna torcedura, encorvadura, rubor, ni máscara, puede encubrir la incredulidad”,
(griego “desobediencia”). Esforcémonos, pues, por entrar en el descanso, no sea que alguno caiga por la incredulidad
práctica (v. 11). 14. Por tanto—resumiendo desde el 2:17. un Pontífice—Sumo Sacerdote, cual es “el Hijo de Dios, más
sublime que los cielos” (7:26): arquetipo y antitipo del sumo sacerdote legal. penetró—“pasó a través de los cielos”, es
decir, por los cielos que están entre nosotros y Dios, el cielo aéreo, y el de más allá que contiene los astros, el sol, la
luna, etc. Estos cielos eran el velo que atravesó nuestro Sumo Sacerdote al penetrar el cielo de los cielos, la presencia
misma de Dios, así como el sumo sacerdote pasaba por el velo al lugar santísimo. Ni Moisés, ni Josué, pudo
introducirnos en este reposo; pero Jesús, nuestro Precursor, ya espiritualmente y luego en presencia misma, en
cuerpo, alma y espíritu, lleva a su pueblo al reposo celestial. Jesús—el antitipo de Josué (v. 8). retengamos—lo
opuesto de “escurramos” (2:1), y de “recayeron” (6:6). Griego, “Echemos mano de nuestra profesión”, es decir, de la fe y
la esperanza, artículos de nuestra profesión. 15. Porque—El motivo de retener la profesión, a saber, la simpatía y la
ayuda que podemos esperar de nuestro Sumo Sacerdote. No por ser “grande” deja de tener cuidado de nosotros; al
contrario, siendo en todos los particulares uno con nosotros en su humanidad, salvo sólo el pecado, él simpatiza con
nosotros en toda tentación nuestra. Exaltado a lo sumo, ha cambiado su situación, pero no su naturaleza y oficio
respecto de nosotros: su condición pero no su afección. Véase Mateo 26:38, “Velad conmigo”, lo que demuestra su
deseo en los días de su carne de tener la simpatía de aquellos a quienes amaba; así ahora da a su pueblo sufrido su
simpatía. Véase a Aarón, el tipo, que llevaba los nombres de las doce tribus en la coraza de juicio sobre el corazón
cuando entraba en el lugar santo, para memoria delante de Jehová continuamente (Exodo 28:29). que no se pueda
compadecer—simpatizar con nuestras flaquezas. Sin pecado él, puede simpatizar con nosotros pecadores. Su
comprensión percibía las formas de tentación más acertadamente de lo que podemos los débiles; su voluntad las
repelía tan instantáneamente como el fuego rechaza la gota de agua que en él cae. El, pues, sabía experimentalmente
qué poder se precisaba para vencer las tentaciones. Puede compadecerse, porque él a la vez fué tentado, sin pecado, y
con todo tentado de veras. [Bengel]. En él solo tenemos un ejemplo propio para hombres [PAG. 624] de todo carácter
y bajo toda circunstancia. En la simpatía se adapta a cada uno, así como si no hubiese tomado sobre sí meramente la
naturaleza humana en general, sino también la naturaleza particular de cada individuo. mas—Sino. “No; antes era
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uno que fué tentado”. [Alford]. sin pecado—Griego, Choris, “apartado del pecado” (7:26). Si se hubiese usado la
preposición aneu, pecado se hubiera entendido como el objeto ausente de Cristo el sujeto; pero choris aquí denota que
Cristo, el sujeto, se considera separado del pecado, el objeto. [Tittmann]. De modo que, a través de sus tentaciones en
el origen, proceso y resultado de ellas, el pecado no tenía nada en él; él estaba aparte y separado de aquél. [Alford]. 16.
Lleguémonos—acerquémonos. Confiadamente—con franqueza, libertad de habla (Efesios 6:19). trono de la gracia—
El trono de Dios nos ha venido a ser trono de gracia por la mediación de nuestro Sumo Sacerdote a la diestra de Dios
(8:1; 12:2). Invocando la muerte meritoria de Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, siempre hallaremos a Dios sobre un trono
de gracia. Contrástese la queja de Job (Job 23:3–8) y de Eliú (Job 33:23–28). alcanzar (recibir) misericordia—
“Compasión”, por su derivación (es decir, el fraternal sentir experimentado en la participación del sufrimiento),
corresponde con el carácter de nuestro Sumo Sacerdote, “que se compadece de nuestras flaquezas” (v. 15). hallar
gracia—Corresponde a “trono de gracia”. La misericordia se refiere en especial a la remisión y a la remoción del pecado;
la gracia, a la salutífera impartición de dones espirituales. [Estio]. Véase “Venid a mí < y yo os daré descanso
(descanso recibido al creer); llevad mi yugo < hallaréis descanso (continuo reposo y paz hallados en la diaria entrega al
suave yugo de Cristo; lo primero corresponde a “recibir miserciordia”; esto último, a “hallar gracia”, (Mateo 11:28, 29).
oportuno—antes que quedemos vencidos por la tentación; cuando más nos haga falta, en tentaciones y persecuciones;
tal cual convenga al tiempo, a las personas, y a los designios (Salmo 104:27). Gracia suficiente está dispuesta para los
creyentes para todas las exigencias; pero les es dada sólo según la medida de la necesidad actual. Véase Romanos 5:6:
“a su tiempo”, “en tiempo debido”. No, como explica Alford: “socorro a tiempo”, es decir para hoy, mientras nos esté
aún ofrecido, “en tiempo aceptable”, 2 Corintios 6:2. socorro—véase el 2:19, “Puede socorrer a los tentados”.
CAPITULO 5
Ver. 1–14. EL SUMO SECERDOCIO DE CRISTO: LAS CUALIDADES EXIGIDAS: DEBE SER HOMBRE: NO
DEBE ASUMIRSE LA DIGNIDAD SINO SER ORDENADO POR DIOS: LA ESCASA PERCEPCION ESPIRITUAL DE
LOS HEBREOS IMPIDE QUE PABLO DIGA TODO LO REFERENTE AL SACERDOCIO MELQUISEDEQUIANO DE
CRISTO. 1. Porque—en apoyo del 4:15. todo—Todo sumo sacerdote legítimo; por ejemplo, el levítico al hablar a
hebreos, entre los que el sacerdocio levítico estaba establecido como legítimo. Todo lo que es excelente, razona Pablo,
en los sacerdotes levíticos, lo hay en Cristo también, y además, excelencias que no tienen los levíticos. tomado de
entre los hombres—No de entre los ángeles, los que no podrían compadecerse de (sentir lo mismo que) los hombres.
Esta cualidad la tiene Cristo, siendo, como los levíticos, hombre (2:14, 16). Siendo “de entre los hombres”, puede estar
“por (a favor de, para el bien de) los hombres”. presentes—griego, “Tanto los presentes (por los pecados) como los
sacrificios por los pecados”; los presentes, pues, no son los mincha, ofrendas incruentas, sino de animales todo
quemados, dadas espontáneamente. Los “sacrificios” son los animales sacrificados según los reglamentos legales. [Estio]. 2.
Que se pueda—griego, “que sea capaz”, no agradándose a sí mismo (Romanos 15:3). compadecer—“estimar
blandamente”, “sentir con dulzura” o “moderación” hacia otros; “indulgente” con todos menos los obstinados (10:28).
ignorantes—No los pecados cometidos en resistencia a la luz y conocimiento, sino como los pecados pasados de
Pablo (1 Timoteo 1:13). Ningún sacrificio se ordenó para los pecados voluntarios y obstinados; los tales eran
castigados con la muerte; todos los demás, o sea de ignorancia y error, se confesaban y eran expiados con sacrificios
por el sumo sacerdote. extraviados—no de los errabundos y voluntariosos, sino de los engañados por los fraudes de
Satanás y por su propia debilidad e irreflexión carnales. flaqueza—no la moral, que es pecaminosa y hace a los
hombres capaces de pecar, requiriendo por tanto ser expiada por sacrificios. Cristo no tuvo tal “flaqueza”, sino que la
suya era del cuerpo, en el que pudo sufrir y morir. 3. Y por causa de ella—la flaqueza. debe … ofrecer—primero por
(perí) sí mismo (en esto nuestro Sumo Sacerdote era superior al levítico), y luego por el pueblo, por (huper) los
pecados. 4. nadie—fuera de la familia de Aarón, según la ley mosaica nadie puede tomar para sí el oficio de sumo
sacerdote. Se cita a veces este texto para probar la necesidad de la sucesión apostólica de la ordenación en el
ministerio cristiano; pero la referencia aquí es al sacerdocio, no al ministerio cristiano. La analogía en nuestra
dispensación cristiana amonestaría a los ministros, viendo que Dios los ha separado de la congregación del pueblo de
él, para que los acerque a Dios, y hagan el servicio de su casa y administren (como separó a los levitas, Coré de su
compañía); que satisfechos en ello, se cuiden de asumirse también el sacerdocio sacrificial que pertenece sólo a Cristo.
El pecado de Coré fué que, descontento con el ministerio de simple levita, asumió el sacerdocio también. Ningún
ministro cristiano, como tal, jamás se llamó hiereus, sacerdote sacrificador. Todos los cristianos, sin distinción, sean
ministros o pueblo, tienen un sacerdocio metafórico, no literal. Los sacrificios que ofrecen son espirituales, no literales;
son sus cuerpos y el fruto de sus labios, alabanzas continuas (13:15). Cristo solo tuvo un sacrificio propio y verdadero
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que ofrecer. Los sacrificios de la ley eran típicos y no metafóricos como los del cristiano, ni propios y verdaderos como
el de Cristo. En tiempos de los romanos se violaban las restricciones del sacerdocio respecto de la familia de Aarón. 5.
no se glorificó—no asumió la gloria del oficio sacerdotal sin el llamamiento de Dios (Juan 8:54). mas el que le dijo—
es decir, Dios le glorificó y le ordenó para el sacerdocio, calificándole para su oficio. [PAG. 625] Nadie sino el divino
Hijo pudo haber cumplido tal oficio (10:5–9). La relación entre filiación y sacerdocio se tipifica en el título para los
sacerdotes dado a los hijos de David (2 Samuel 8:18). Cristo no se constituyo a sí mismo Hijo de Dios, sino que era
desde la eternidad el unigénito del Padre. De su filiación dependía su glorificación y su llamamiento por Dios al
sacerdocio (v. 10). 6. Aquí se le llama simplemente “Sacerdote”; en el v. 5, “Pontífice” (“Sumo Sacerdote”). El es
sacerdote absolutamente, porque está solo en tal carácter sin otro igual. El es “Sumo Sacerdote” respecto del tipo
aarónico, y también respecto de nosotros, hechos sacerdotes por él cuando nos abrió el acceso a Dios. [Bengel]. “El
orden de Melquisedec” se explica en el 7:15 “la similitud de Melquisedec”. El sacerdocio se combina asimismo con su
oficio real en Zacarías 6:13. Melquisedec fué a la vez hombre, sacerdote, y rey. El que Pablo escogiera como tipo de
Cristo a uno que no fuese de la línea de Abrahán (de quien los judíos se enorgullecían), es una sugestión del
universalismo mesiánico. 7. en los días de su carne—(2:14; 10:20.) El 5:7–10 presenta brevemente el asunto a tratarse
en pleno en los capítulos 7 y 8. ofreciendo—Su clamor y lágrimas fueron una parte de la lección experimental que él
debió aprender de parte del Padre (cuando Dios le calificó para el sumo sacerdocio). El cual—aprendió (así se
construye) la obediencia (la que todos entendemos). Todo esto demuestra que “Cristo no se glorificó a sí mismo
haciéndose Sumo Sacerdote” (v. 5), sino que fué así ordenado por el Padre. ruegos y súplicas—Griego, “Tanto ruegos
como súplicas”. En Getsemaní, donde oró tres veces, y en la cruz donde clamó “¡Dios mío, Dios mío.. !” repitiendo
probablemente para sus adentros todo el Salmo 22. “Oraciones” se refiere a la mente; “súplicas”, también al cuerpo (la
actitud de suplicante, Mateo 26:39). [Bengel]. con gran clamor y lágrimas—Las “lágrimas”, nota adicional aquí
comunicada por el inspirado apóstol, no registrada en los Evangelios aun cuando está implícita. Mateo 26:37, “a
entristecerse y a angustiarse”. Marcos 14:33; Lucas 22:44, “en su agonía < oró más intensamente < su sudor <
grandes gotas de sangre que caían a la tierra” Salmo 22:1, (“mi clamor”), 2, 19, 21, 24; 69:3, 10 (“yo lloré”). al que le
podía librar—Marcos 14:36, “Todas las cosas son a ti posibles” (Juan 12:27). Su clamor demostraba su plena
participación en la flaqueza del hombre: la entrega de su deseo a la voluntad del Padre, su íntegra fe y obediencia. fué
oído—“Ofreciendo < y siendo oído”: así el griego. No hay la más mínima sugestión en el Salmo 22 ni en los
Evangelios, de que Cristo pidiera ser librado del mero acto de morir. Lo que temía era que el rostro del Padre se
escondiera de él. Su santa devoción filial debió haberse atemorizado de ésta, la más rara y amarga de las pruebas, sin
la imputación de impaciencia. Esperar pasivamente contento la venida de semejante nube hubiera sido no fe sino
pecado. La copa de la muerte, de la que rogó ser librado, no era la muerte física, corporal, sino la espiritual, es decir, la
(temporaria) separación de su alma humana de la luz del rostro del Padre. Su ruego fué oído en el sentido de que el
Padre le fortaleció de modo que pudo mantener su fe sin fluctuar bajo la prueba (Dios mío Dios mío siguió siendo el
clamor filial, reclamando a Dios como suyo, aunque Dios escondió su rostro), quitándosela pronto después en
contestación a su clamor hecho durante la oscuridad de la cruz. Pero véase más adelante explicación adicional de
cómo fué oído. El griego es: “oído desde su reverencial miedo”, oído de modo que fué salvado de su temor. Véase Salmo
22:21, que cuadra bien aquí: “Sálvame de la boca del león (su ruego); tú me has oído desde los cuernos de los
unicornios”. O, lo que concuerda mejor con el sentido del sustantivo griego: “Oído en consecuencia de su
REVERENCIAL MIEDO”; es decir, por cuanto se esquivó de los horrores de la separación de la clara presencia del
Padre, fué con todo reverencialmente cuidadoso de no ceder, ni por pensamiento ni por palabra de impaciencia, a
sombra de desconfianza ni a falta de amor filial. En el mismo sentido, el 12:28 usa el mismo sustantivo, y el 11:7 el
verbo. La traducción de Alford es algo parecida: “Por razón de su reverente sumisión”. Yo prefiero “reverencial temor”.
El vocablo en su derivación significa el manejo cuidadoso de alguna vasija preciosa y delicada, que con manos toscas
sería fácilmente rota. [Trench]. Esto concuerda del todo con el espíritu de Jesús; “si es posible < sin embargo, no mi
voluntad, sino la tuya sea hecha”; y con el contexto, v. 5: “No se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote”,
queriendo decir “temor reverente”, por lo que parece que poseía la cualidad requerida para el oficio especificado (v.
4): “Nadie toma para sí la honra”. Bien dice Alford: Lo que es verdad en la vida del cristiano, a saber, lo que pedimos
a Dios, aunque no nos lo conceda en la forma que deseamos, con todo, lo concede a su manera que es mejor, no se
aplica en el caso de Cristo; pues la oración de Cristo en efecto: “No mi voluntad, sino la tuya sea hecha”, en
consecuencia con su reverente temor hacia el Padre, fué concedida en la misma forma en que se expresó, no en otra. 8.
aunque era Hijo—Divino Hijo de Dios (por lo que, aun en su agonía, tan amorosamente y tan a menudo clamó:
“Padre”, Mateo 26:39), con todo aprendió su (así el griego) obediencia, no por su filiación, sino por sus sufrimientos.
Como Hijo era siempre obeidente a la voluntad del Padre; pero la obediencia particular que necesitaba para prepararlo
para el sumo sacerdocio tuvo que aprenderla experimentalmente en el sufrimiento práctico. Véase Filipenses 2:6–8:
“Igual a Dios < se tomó la forma de siervo, hecho obediente hasta la muerte<” Fué siempre obediente antes de su
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pasión, pero en ella se rebajó a una forma de obediencia aun más humillante y engorrosa. El adagio griego reza:
Pathémata mathémata, “padecimientos, disciplinas”. La oración y la obediencia deben, como en el caso de Cristo, ir
unidas. 9. consumado—hecho perfecto, llegado a la meta de su aprendizaje y sufrimiento en la muerte (2:10) [Alford],
a saber, en su gloriosa resurrección y ascensión. eterna salud—Salvación, lograda para nosotros durante los cortos
“días de su carne” (v. 7; con el v. 6, “eternamente”, Isaías 45:17). 10. Nombrado—“Saludado por Dios con el título de
Sumo Sacerdote”, así reconocido por el Padre, al momento de ser “hecho perfecto”, “consumado” (v. 9). Era el Sumo
Sacerdote ya en el propósito de Dios antes [PAG. 626] de su pasión; después de ella, hecho perfecto, fué así formalmente
saludado. 11. Ahora, haciendo una digresión, se queja de los escasos conocimientos espirituales de los cristianos
palestinos, y les advierte el peligro de caer de la luz que han gozado: al mismo tiempo los anima por la fidelidad de
Dios a perseverar. Resume en el 6:20 la comparación de Cristo con Melquisedec. dificultoso—interpretación difícil de
explicar. Me es difícil explicaros inteligiblemente debido a vuestra torpeza espiritual. Por tanto, teniendo “mucho que
decir”, debe limitarse a escribirles comparativamente en breve (13:22). En el “nosotros”, Pablo, como de costumbre,
incluye a Timoteo consigo al dirigirse a ellos. sois flacos—Embotados, griego, “difíciles de mover”; denota que una vez,
cuando primero fueron “iluminados”, eran celosos, pero que se habían puesto torpes. Que los creyentes hebreos de
JERUSALEN eran toscos en lo espiritual y legalistas en espíritu, aparece en Hechos 21:20–24, donde Jacobo y los
ancianos dicen expresamente de “los miles de judíos que creyeron” que “son todos celosos de la ley”; ésta fué la última
visita de Pablo a Jerusalén, después de la cual parece que fué escrita la Epístola (Véase la nota siguiente). 12. a causa
del tiempo—considerando el largo tiempo de ser ellos creyentes; de modo que esta Epítsola no era de las primeras
escritas. primeros rudimentos—griego, “los rudimentos del principio de <” Una frase paulina (Notas, Gálatas 4:3, 9). No
sólo necesitáis que se os enseñen los primeros elementos, sino también “cuáles son”. Por tanto se los enumera en el 6:1, 2.
[Bengel]. Alford traduce: “Que alguien os enseñe los rudimentos”; pero la posición del vocablo griego, tina me inclina a
interpretarlo interrogativamente, “cuáles”, como la Siríaca, Vulgata, etc. palabras de Dios—a saber, del Antiguo
Testamento; en vez de entender que Cristo era el fin de las escrituras del Antiguo Testamento, estaban recayendo
hacia el judaísmo, de modo que no sólo eran incapaces de entender la referencia típica a Cristo de tal personaje del
Antiguo Testamento como Melquisedec, sino también otras referencias aun más elementales. habéis llegado a ser—
por la indolencia. necesidad de leche … manjar sólido—“Leche” se refiere a tales principios fundamentales indicados
en el 6:1 y 2. El manjar sólido, o alimento, no es absolutamente necesario para preservar la vida, pero lo es para poder
adquirir mayor fuerza. Especialmente en el caso de los hebreos, que gustaban mucho de las interpretaciones
alegóricas de su ley que tanto veneraban, la aplicación de los tipos del Antiguo Testamento a Cristo y su sumo
sacerdocio, debía lógicamente fortalecerlos mucho en la fe cristiana. [Limborch]. 13. participa—como su porción. Los
mismos fuertes participan de leche, pero no hacen de ella la dieta principal, mucho menos la única. la palabra de la
justicia—el evangelio en el cual “la justicia de Dios se descubre de fe en fe” (Romanos 1:17), y que se llama “el
ministerio de la justicia” (2 Corintios 3:9). Incluye la doctrina de la justificación y de la santificación: los primeros
principios, tanto como la perfección de la doctrina de Cristo: la naturaleza de los oficios y la persona de Cristo como el
verdadero Melquisedec, es decir, “Rey de justicia” (véase Mateo 3:15). 14. vianda firme—manjar fuerte (v. 13),
“alimento sólido”. sentidos—los órganos de los sentidos. ejercitados—similarmente relacionados con “la justicia” en
el 12:11. en el discernimiento—para discernir tanto el bien como el mal, como un niño que ya no es párvulo (Isaías
7:16), sino capaces de distinguir entre doctrina sana y malsana. La criatura se pone en la boca tanto cosas alimenticias
como cosas dañinas, sin discriminación: pero no así el adulto. Pablo otra vez alude a la tendencia de no discernir, sino
de dejarse llevar por las doctrinas extrañas, en el 13:9.
CAPITULO 6
Ver. 1–14. ADVERTENCIA CONTRA LA RETROGRADACION, QUE PRONTO LLEVA A LA APOSTASIA:
ANIMACION A LA PERSEVERANCIA BASADA EN LA FIDELIDAD DE DIOS A SU PALABRA Y JURAMENTO. 1.
Por tanto—viendo que ya no debéis de ser “niños” (5:11–14). dejando—llegando más allá de los “principios”
elementales. “Como en la construcción de una casa uno nunca debe dejar los cimientos, sería ridículo, sin embargo,
que estuviera trabajando siempre en ponerlos” [Calvino]. la palabra del comienzo—es decir, la discusión de los
primeros principios del cristianismo. vamos adelante—Griego, “seamos llevados”, o “llevémonos adelante”, lo que
denota esfuerzo activo; prosigamos adelante. Pablo, en la enseñanza, aquí se clasifica con los lectores hebreos, y dice:
“Adelantémonos juntos”. perfección—el conocimiento maduro de “perfectos”, de edad madura (5:14), en los
conocimientos cristianos. fundamento—que consiste en el “arrepentimiento”. de obras muertas—obras que no surgen
de principio vital de la fe y amor hacia Dios, y así tenidas, como el hacedor de ellas, muertas delante de Dios. Este
arrepentimiento de obras muertas está pareado con “la fe hacia Dios”. Los tres pares de verdades enumerados son
intencionalmente tales que pudieran haber conocido los creyentes judaicos en cierto grado por el Antiguo Testamento,
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y que les fueron enseñados más claramente cuando se hicieron cristianos. Así se explica la omisión de especificación
distintiva de todo primer principio esencial de la verdad cristiana. Por eso, también, menciona “fe hacia Dios”, y no
explícitamente fe hacia Cristo (aunque se incluye por cierto). El arrepentimiento y la fe fueron los primeros principios
enseñados bajo el evangelio. 2. la doctrina de bautismos—pareada con “la imposición de manos”, como ésta seguía al
bautismo cristiano y corresponde al rito de la confirmación en las iglesias episcopales. Los creyentes judaicos pasaron,
por fácil transición, de las purificaciones bautismales judaicas (9:10, “lavamientos”), bautismo de prosélitos, el bautismo
de Juan, y la imposición legal de manos, a sus analogías cristianas, el bautismo, y la subsecuente imposición de manos,
acompañada por el don del Espíritu Santo (v. 4). Deben distinguirse el vocablo baptismoi (bautismos, en plural) que
incluye los bautismos judaicos y cristianos, y baptisma, restringido al bautismo cristiano. Los seis particulares
especificados aquí habían sido, como si fuera, el catecismo cristiano del Antiguo Testamento; y los judíos que habían
empezado a reconocer a Jesús como el Cristo al momento en que la [PAG. 627] nueva luz iluminó los principios
fundamentales, fueron tenidos por conocedores de los principios elementales de la doctrina de Cristo [Bengel]. La
primera y la más obvia enseñanza elemental de los judíos sería la enseñanza de la significación típica de su propia ley
ceremonial en su cumplimiento cristiano [Alford]. resurrección—creída ya por los judíos por el Antiguo Testamento:
confirmada con la luz más clara de la enseñanza, o “doctrina” cristiana. juicio eterno—juicio lleno de consecuencias
eternas, sean de gozo o de desgracia. 3. esto haremos—Seguiremos hacia la perfección. Algunos textos antiguos rezan:
“Sigamos <” si Dios lo permitiere—Pues aun en el caso de las buenas resoluciones, no las podemos llevar a cabo,
sino por medio de Dios, “quien obra en nosotros tanto el querer como el hacer por su buena voluntad” (Filipenses
2:13). 4. Porque—Conjunción ilativa, se refiere a “si Dios permite”, porque hay casos en que Dios no permite; por
ejemplo: “Es imposible <” Sin la bendición de Dios, la cultivación de la tierra sería vana (v. 7). Debemos ir hacia la
perfección, porque si recaemos después de recibir la iluminación, será imposible renovarnos otra vez para el
arrepentimiento. los que—caso de imposibilidad es el de los que: (a) una vez fueron iluminados—una vez por todas,
adoctrinados en relación con “el bautismo” (hecho una vez por todas, v. 2; así “iluminados de una vez”). Véase
Efesios 5:26. Este pasaje probablemente dió origen a la aplicación subsecuente del término “iluminación” al bautismo
en tiempos posteriores. Iluminación, sin embargo, no se creía ser acompañante inseparable del bautismo: así dice
Crisóstomo: “Los herejes tienen bautismo, no iluminación; se bautizan en cuerpo, pero no se iluminan en el alma; así
como Simón Mago fué bautizado mas no iluminado”. Que “iluminados” aquí significa “conocimiento en la palabra de
verdad” aparece cotejándolo con el mismo vocablo griego (“iluminados”) del 10:32 con el 10:26, donde le corresponde
el “conocimiento de la verdad”. (b) gustaron el don celestial—gustaron para sí. Como “iluminados” se refiere al
sentido de la vista, así aquí sigue el del gusto. “El don celestial”: Cristo dado por el Padre y revelado por la iluminación
de la palabra predicada y escrita: que confería paz en la remisión de pecados y que impartía el don del Espíritu Santo
(Hechos 8:19, 20). (c) hechos partícipes del Espíritu Santo—Especificado como distintamente del ser “iluminados”
pero relacionado con ello, y del gustar “el don celestial”, que corresponde a la imposición de las manos, que
generalmente se acompañaba con la impartición del Espíritu Santo en dones milagrosos. 5. (d) gustaron la buena
palabra de Dios—Distinto de “gustaron del (genitivo) don celestial”; aun no gozamos de la plenitud de Cristo, sino
sólo tenemos un gusto de él, el don celestial; pero los creyentes pueden gustar toda la palabra (caso acusativo) de Dios
ya, es decir la buena palabra de promesa de Dios. La promesa de Canaán a Israel en el Antiguo Testamento tipificaba
“la buena palabra de promesa de Dios” del reposo celestial (cap. 4). Por tanto, sigue inmediatamente la frase “y las
virtudes del siglo venidero”. Como “iluminados” y “gustar del don celestial”, que es Cristo, el pan de vida,
corresponde a LA FE; así “hechos partícipes del Espíritu Santo” corresponde a LA CARIDAD, primicias del Espíritu;
y “gustaron la buena palabra de Dios y las virtudes del siglo venidero” corresponde a LA ESPERANZA. Así, pues, la
tríade de privilegios corresponde a la Trinidad en sus respectivas funciones para con nosotros. “El mundo venidero”
es la dispensación cristiana, vista especialmente en sus futuras glorias, pero ya empezada en gracia aquí. El mundo
venidero así está en contraste con el curso de este mundo, del todo desorganizado por cuanto Dios no le es la fuente de
acción y fin. Por la fe, los cristianos hacen del mundo venidero una realidad presente, primicias aunque fuera del
futuro perfecto. Las virtudes, poderes, de este nuevo mundo espiritual, exhibidos en parte en aquel entonces en los
milagros visibles, consistentes especialmente—entonces como también ahora—en las íntimas influencias vivificadoras
del Espíritu, son arras de la venidera herencia de arriba, y llevan al creyente que se entrega al Espíritu a procurar vivir
santamente, a sentarse con Cristo en lugares celestiales, a poner los afectos en las cosas de arriba y no en las terrenas, y
a esperar la venida de Cristo y la plena manifestación del mundo venidero. Este “mundo venidero”, en su aspecto
futuro, así corresponde a “la resurrección de los muertos y la vida eterna” (v. 2), los primeros principios cristianos que
les habían sido enseñados a los creyentes hebreos por la luz cristiana arrojada para ellos sobre el Antiguo Testamento.
“El mundo venidero”, existente ahora, respecto de sus poderes en los redimidos, pasará a ser una plena realidad en la
venida de Cristo (Colosenses 3:4). 6. (e) Y recayeron—En Gálatas 5:4, tenemos una caída, o declinación, menos
extrema: “Habéis caído de la gracia”. Aquí significa una completa y voluntaria apostasía; no que los judíos hubiesen
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así caído, pero les advierte el resultado de semejante retrogresión si ellos, en lugar de seguir adelante hacia la
perfección, tuviesen necesidad de aprender de nuevo los primeros principios del cristianismo. otra vez renovados—
Griego, “Es imposible (v. 4) < renovarlos otra vez”, es decir, a los que fueron una vez iluminados < Ya habían sido
renovados o hechos nuevos una vez, y estaban por necesitar serlo otra vez de nuevo. crucificando—(Porque están)
crucificando para sí (“de nuevo” se omite de los mejores manuscritos) al Hijo de Dios, y no crucifican al mundo para sí,
como Pablo, por la cruz de Cristo (Gálatas 6:14). También “huellan al Hijo de Dios y tienen por inmunda la sangre del
testamento <” (10:29). “El Hijo de Dios”, título que recalca su dignidad, enseña la gravedad de la ofensa.
exponiéndole a vituperio—literalmente, “haciendo de él un ejemplo público”, como si fuera un malhechor
suspendido de un árbol. Lo que el Israel carnal hizo exteriormente, lo hacen interiormente los que recaen de la luz:
virtualmente crucifican de nuevo al Hijo de Dios; “lo arrancan de lo íntimo de sus corazones, donde ha fijado su
habitación, y lo exponen al vituperio del mundo como cosa vil y común.” [Bleek en Alford]. Los montanistas y los
novacianos justifican con este texto la exclusión permanente de la Iglesia a los que una vez recaen. La Iglesia Católica
siempre se opuso a este parecer y readmitía a los apóstatas arrepentidos, pero sin bautizarlos [PAG. 628] nuevamente.
Este pasaje da a entender que las personas pueden en algún sentido ser “renovadas”, y sin embargo recaer todavía
finalmente; pues la frase “renovar otra vez” denota que habían sido, en algún sentido, UNA VEZ RENOVADOS por el
Espíritu Santo; pero por cierto no asevera que sean de “los elegidos”, porque ellos nunca pueden apostatar, estando
escogidos para la vida eterna (Juan 10:28). Los elegidos permanecen en Cristo, oyen su voz, continuamente la
obedecen, y no recaen. El que no permanece en Cristo es arrojado como pámpano seco; pero el que mora en él vuelve
cada vez más libre del pecado; no le pueden tocar los malos; él por la fe vence al mundo. Una fe temporaria es posible,
sin que uno sea por ella constituído uno de los elegidos (Marcos 4:16, 17). Al mismo tiempo, ello no limita la gracia de
Dios, como si fuera imposible que Dios restituyera aun al rebelde más endurecido. La imposibilidad consiste en que
ellos una vez conocieron en sus adentros el poder del sacrificio de Cristo y que ahora estaban rechazándolo: no es
posible idear otros medios nuevos para la renovación repetida de ellos, y los medios provistos por el amor de Dios,
ahora, después de haberlos experimentado, deliberada y persistentemente los rechazan; sus conciencias cauterizadas,
y “dos veces muertos” (Judas 12), no hay para ellos esperanza ya, sino sólo por un milagro de Dios. “Es la maldición
del mal propagar eternamente el mal”. [Tholuck]. “El que es guiado en toda (?) la extensión de las experiencias
cristianas puede con todo dejar de andar en ellas; el que no permanece en las mismas, al mismo tiempo cuando tenía
tales experiencias objetivas, no era subjetivamente fiel a las mismas; de otro modo se hubiera cumplido en él el dicho de
“Al que tiene, le será dado, y tendrá más abundantemente” (Mateo 13:12), de modo que hubiera permanecido en ellas
y no caído”. [Tholuck]. Tal persona nunca fué verdaderamente discípulo de Cristo lleno del Espíritu (Romanos 8:14–
17). El pecado contra el Espíritu Santo es algo similar pero no idéntico a este pecado; aquél se comete por los que están
fuera de la Iglesia (como en Mateo 12:24, 31, 32); éste, sólo por los de adentro. 7. la tierra—una tierra (sin artículo),
terreno. que embebe—griego, “absorbe”, no meramente la recibió sobre la superficie: señala a los que han gozado el
privilegio de las experiencias cristianas, siendo en algún sentido renovados por el Espíritu Santo; lo mismo de los que
perseveran como de los que “recaen”. el agua—la lluvia que no meramente cae en ella, ni contra ella, sino sobre (epí
con el genitivo), como para cubrirla. El “muchas veces” denota, de parte de Dios, su abundante gracia (que viene
espontáneamente y a menudo); y, de parte del apóstata, la perversidad volitiva por la cual ha hecho continuo
despecho a las repetidas acciones del Espíritu Santo. Véase “Cuántas veces”, Mateo 23:37. La lluvia del cielo cae así
sobre los elegidos como sobre los apóstatas. produce—como consecuencia natural de haber embebido la lluvia. hierba
provechosa—Propia, debida, tal cual el maestro de la tierra desea. de los cuales—Griego, “para (a causa de) los
cuales”, es decir, para los dueños del terreno; no es labrada para los labradores; para Dios y su Cristo (1 Corintios 3:9).
El corazón del hombre es el terreno; el hombre es el labrador; la hierba es producida, no para el labrador por quien es
labrada, sino para Dios, en pro de quien es labrada. recibe bendición—Praticipa de (la) bendición (fruto producido)
que viene de Dios. El uso de los medios por el hombre es vano sin la bendición de Dios (1 Corintios 3:6, 7). Por otra
parte, la maldición de Dios produce la infecundidad (Génesis 3:17, 18); también en lo espiritual (Jeremías 17:5–8). 8. la
que …—Es decir, “Pero produciendo (si produce: dicho terreno) espinas <” Este verbo (produce) no es palabra tan
favorable como el (produce) del v. anterior. reprobada—Es reprobable, después de haber sido probada; el réprobo
rechazado por el Señor. cercana de maldición—está al punto de ser entregada a su propia esterilidad por la justa
condenación de Dios. Este “cercana” ablanda la severidad anterior de “es imposible <” (vv. 4–6). cuyo fin—El fin de
la tierra, terreno, es “para la quema”, es decir, el fuego abrasador del juicio final; como la tierra de Sodoma fué dada al
azufre, sal y fuego (Deuteronomio 29:23) así tocante a los impíos (Mateo 3:10, 12; 7:19; 13:30; Juan 15:6; 2 Pedro 3:10).
Jerusalén, que tanto se resistió a la gracia de Cristo, estaba entonces cercana a la maldición, y dentro de unos pocos
años fué quemada. Véase Mateo 22:7: “Quemaron su ciudad”; la garantía de un destino parecido para todos los que a
sabiendas abusan de la gracia de Dios (10:26, 27). 9. esperamos—Griego, Estamos persuadidos”; tenemos por qué
creerlo: el resultado de la prueba. Romanos 15:14, “Estoy cierto de vosotros <”, una confirmación de la redacción
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paulina de esta Epístola. amados—dicho a propósito aquí; el AMOR hacia vosotros me impele a las fuertes
amonestaciones que acabo de hacer, no porque abrigue pensamientos desfavorables hacia vosotros; al contrario,
espero de vosotros “mejores cosas”; Griego, “las cosas que son mejores”; que no lleváis espinos en vez de frutos, ni
estáis cercanos de maldición, ni prontos a ser abrasados, sino que sois herederos de la salvación de acuerdo con la
fidelidad de Dios (v. 10). cercanas a salud—cosas que atienen a la salvación; cosas unidas a la salvación (véase “la
esperanza < que entra hasta dentro del velo” (v. 19). Contrástese con “cercana a maldición”. aunque hablamos así—
“Porque es mejor asustaros con la advertencia que dejaros con la consecuencia”. 10. no es injusto—Dios no es infiel a
sus propias promesas de gracia. No que tengamos derecho inherente a reclamar recompensa; pues (1) el siervo no tiene
méritos, por cuanto sólo hace sus deberes ineludibles; (2) nuestros mejores hechos no están en proporción a lo que
dejamos de hacer; (3) toda fuerza viene de Dios. Sin embargo, Dios ha prometido de su propia gracia recompensar las
buenas obras de su pueblo (pueblo ya aceptado por la fe). Es su promesa, no nuestros méritos, lo que haría que fuese
injusto si no recompensara las obras de su pueblo. Dios nunca sería deudor a hombre alguno. vuestra obra—toda
vuestra vida cristiana de activa obediencia. trabajo de amor—Los manuscritos más antiguos omiten “trabajo de”,
interpolación que acaso se debió a 1 Tesalonicenses 1:3. “Amor” ocurre aquí, “esperanza” en el v. 11, y “fe” en el v. 12:
la tríade paulina de 1 Corintios 13:13. Con el amor de ellos les aguza la esperanza y la fe. que habéis [PAG. 629]
mostrado—Véase el 10:32–34. a su nombre—para con su nombre: vuestras obras de amor para con los santos fueron
hechas por amor al Señor. La condición aflictiva de los cristianos palestinos aparece por la colecta hecha para ellos.
Aunque recibían donaciones de otras iglesias, señal de que eran impotentes para prestar ayuda pecuniaria, los menos
pobres podían administrar a los más afligidos de su iglesia de otras varias maneras (2 Timoteo 1:18). Pablo, como en
otra parte, les da todo el crédito por sus obras de gracia, mientras que con delicadeza les intima la necesidad de la
perseverancia, la que parece empezaba a faltar. 11. deseamos—ardientemente (así el griego): lenguaje de afecto paternal,
más bien que de mandato. cada uno de vosotros—lo que infiere que no todos los de las iglesias de Palestina habían
mostrado la misma diligencia que aquellos que él alaba (v. 10). “El cuida lo mismo de los grandes que de los
pequeños, y a nadie descuida”. “Cada uno de ellos”, aun los más diligentes en hechos de amor (v. 10), necesitaba ser
estimulado a perseverar en la misma diligencia para la plena seguridad de la ESPERANZA, hasta el fin. Además del
amor, necesitaba la paciente perseverancia, descansando en la esperanza y en la fe (10:36; 13:7). Véase “la plena
certidumbre de la fe” (10:22; Romanos 4:21; 1 Tesalonicenses 1:5). hasta el cabo—hasta el fin: la venida de Cristo. 12.
perezosos—“flacos” en el 5:11; allí les reprocha el haberse vuelto “torpes para oír”; aquí les amonesta “que no sean
perezosos” (torpes) en absoluto, es decir, en mente y obras. No será perezoso el que siempre tiene el fin en mente; la
esperanza es el medio de lograr esto. imitadores—Véase Efesios 5:1; 1 Corintios 11:1. paciencia—Griego “grande
ánimo”, “largura de ánimo” (6:15), soportamiento longánime. Hay paciencia o perseverancia a longanimidad de amor
(1 Corintios 13:4) y también de fe (v. 15. que … heredan las promesas—las promesas ya son la herencia de ellos. No
que hayan entrado efectivamente en la perfecta herencia (como prueba el 11:13, 39, 40), aunque sin duda, los muertos
en Cristo, en espíritu, gozan ya las primicias de ella; pero “aquellos que por la fe<” (enumerados en el cap. 11), en
toda edad han sido, son y serán herederos de la promesa de los cuales Abrahán es el ilustre ejemplo (v. 13). 13.
Porque—en confirmación de lo razonable que es confiar en la infalibilidad de “las promesas”, por cuanto descansan
sobre el juramento de Dios, hecho a instancias de Abrahán. “Ahora de consolación, por el juramento de la gracia de
Dios, a aquellos que en los caps. 3 y 4 había amonestado por el juramento de la ira de Dios. El juramento de ira no
extendió su fuerza primordialmente más allá del desierto; pero el juramento de la gracia tiene vigor para siempre”.
[Bengel]. 14. multiplicando te multiplicaré—Hebraísmo que significa multiplicar abundantemente. El aumento de la
simiente de Abrahán es virtualmente el aumento de él mismo; por tanto Pablo citando Génesis 22:17, dice: “te
bendeciré” y no “bendeciré a tu simiente”. 15. Y así—por cuanto confió en la promesa. 16. para confirmación—El
juramento para confirmación es la terminación de toda controversia (“contradición”, 12:3), para ellos (los hombres). El
texto enseña: (1) que el juramento se sanciona, como lícito, aun en la dispensación cristiana; (2) que se limita su uso en
el sentido de emplearlo sólo cuando puede poner fin a contradicciones en disputas, y para la confirmación de una promesa
solemne. 17. Por lo cual—es decir, siendo así el caso entre los hombres, Dios, acomodándose a la manera humana de
confirmar los pactos, agregó aun a su segura palabra su juramento; “Dos cosas inmutables” (v. 18). queriendo …
consejo—boulómenos … boules: vocablos de la misma raíz, que expresan la absoluta benignidad de Dios. [Bengel]. más
abundantemente—que si no hubiera jurado. Su palabra hubiera bastado; pero para hacer doblemente cierta la
certidumbre, “interpuso (con) juramento”. Es decir, obró como mediador, interponiéndose entre él mismo y nosotros;
como si él fuese menos mientras jura que él mismo, por quien jura (pues los inferiores entre los hombres comúnmente
juran por algo (alguien superior). “¿No crees tú aún, tú que escuchas la promesa?” [Bengel]. herederos de la
promesa—no sólo la simiente literal de Abrahán, sino también la espiritual (Gálatas 3:29). 18. imposible—que Dios
mienta jamás; tal es la fuerza del aoristo griego aquí. [Alford]. El que no pueda negarse a sí mismo es prueba, no de
debilidad, sino de fuerza incomparable. consuelo—como estaban con dudas y temores, que recibiesen “animación”,
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es decir, exhortación. que nos acogemos—Griego, “los que nos refugiamos”, como quienes se escapan de un naufragio.
O como quien huye a una de las seis ciudades de refugio: Kadesh (santo), que denota la santidad de Jesús, nuestro
Refugio; Shechem (hombro), el gobierno estará sobre su hombro (Isaías 9:6); Hebrón (comunión), los creyentes son
llamados a participación con Cristo; Bezer (fortaleza), lo es Cristo a todo aquel que en él confía; Ramoth (alto), porque
lo ha exaltado Dios a su diestra (Hechos 5:31); Golán (gozo), pues en él todos los santos son justificados y se gloriarán.
a trabarnos de la esperanza—del objeto de nuestra esperanza, como del salvavidas en un naufragio. propuesta—
como premio para el que debemos contender (véase el 12:1 y 2). 19. La esperanza se halla representada en las monedas
por un ancla. segura y firme—segura con respecto de nosotros; firme en si misma. [Alford]. No un ancla que no tenga
tranquila la nave, ni una débil y demasiado liviana. [Teofilacto]. hasta dentro del velo—Se combinan dos hermosas
imágenes: I. El alma es la nave: el mundo, la mar; la bienaventuranza del más allá, la lejana ribera; la esperanza basada en la
fe, el ancla que evita el tambaleo del barco; el consuelo animador de la promesa y juramento de Dios, el cable que liga la
nave y el ancla. II. El mundo es la antesala, el lugar santo; el cielo, el lugar santísimo; Cristo, el Sumo Sacerdote, que
nos antecede, haciendo posible que nosotros, tras de él y por él, entremos dentro del velo. Esto explica: Como el ancla
no queda en el agua, sino penetra dentro de la tierra debajo del agua y se afirma en ella, así la esperanza, nuestra ancla
del alma, no se contenta con entrar sólo en el vestíbulo, es decir, contentarse con los bienes terrenos y visibles, sino
que penetra los bienes que están dentro del velo, el lugar santísimo, donde se ase de Dios mismo y de los dones
celestiales, afirmándose en ellos. “La esperanza, penetrando el cielo, nos prepara para estar en las [PAG. 630] cosas
prometidas, aun mientras estamos aquí todavía, sin haberlas recibido; tal poder tiene la esperanza que puede
convertir a los terrenales en celestiales”. “El alma se prende del ancla, como por temor del naufragio, y no ve por
dónde corre el cable, dónde está afirmada; pero el alma sabe que está afirmada tras el velo que cubre la futura gloria”.
velo—catapétasma; el segundo velo, que encierra el lugar santísimo. El velo exterior se llamaba por un término griego
distinto, calumna; el segundo (9:3) era el interior. 20. Como precursor por nosotros (a nuestro favor), Jesús entró (y allí
queda aún; como expresa el adverbio hupou, “en donde”). El “por nosotros” denota que no fué por sí mismo, como
Dios, que debiese entrar allá, sino como nuestro Sumo Sacerdote, para representarnos y presentarnos a nosotros, sus
seguidores, abriéndonos el camino, por su intercesión con el Padre, como el sumo sacerdote aarónico entraba en el
santísimo una vez al año para hacer propiciación por el pueblo. Las primicias de nuestra naturaleza son alzadas, y así
el todo es santificado. La ascensión de Cristo fué nuestra promoción; y adonde la gloria de la Cabeza ha precedido,
allá también es llamada la esperanza del cuerpo. Debemos guardar día festivo, puesto que Cristo ha ascendido y
asentado en el cielo las primicias del montón, es decir, del cuerpo humano. [Crisóstomo]. Como Juan el Bautista fué
precursor de Cristo en la tierra, así fué Cristo el nuestro en el cielo.
CAPITULO 7
Ver. 1–28. EL SUMO SACERDOCIO DE CRISTO, SEGUN EL ORDEN DE MELQUISEDEC, SUPERIOR AL
AARONICO. 1. este Melchisedec—(6:20; Salmo 110:4). El complemento verbal “permanece” aparece en el v. 3. rey …
sacerdote—Cristo unifica estos dos oficios en su sentido más sublime, y así restaura la unión patriarcal de estos
oficios. Salem—Jerusalén (eso es, que ve paz); u otra Salem distinta, la mencionada en Génesis 33:18; Juan 3:23. Dios
Altísimo—también llamado “Poseedor de los cielos y de la tierra” (Génesis 14:19, 22). Este título de Dios, “el
altísimo”, transmitido de la primitiva revelación, aparece aplicado al dios fenicio “Elión”. Se usa para sugerir que el
Dios servido por Melquisedec es EL DIOS VERDADERO, y no uno de los dioses de las naciones circunvecinas. Así se
usa en los otros únicos casos del Nuevo Testamento, o sea, en las palabras del endemoniado y de la pitonisa,
constreñida a confesar que eran falsos sus propios dioses y que Dios era el único verdadero. salió a recibir a
Abraham—en compañía del rey de Sodoma (Génesis 14:17, 18). derrota—así traduce Alford. La Versión Inglesa:
“matanza”. Así se puede traducir Génesis 14:17. Arioc, rey de Elasar, vivió y reinó después del desastre. [Bengel]. Sin
embargo, si Quedorlaomer y Amrafel y Tidal fueron muertos, aun cuando Arioc so breviviera, “la matanza de los
reyes” sería la traducción correcta. le bendijo—como sacerdote bendijo primero a Abrahán de parte de Dios; luego
bendijo a Dios de parte de Abrahán: bendición recíproca. No fué un mero deseo de bendición, sino una intercesión
autoritativa y eficaz como sacerdote. La prerrogativa del Dios altísimo, como “Poseedor de los cielos y de la tierra” es
transmitida a Abrahán; y la gloria de Abrahán, de su victoria sobre su enemigo, es transmitida a Dios. Un intercambio
bienaventurado para Abrahán (Génesis 14:19, 20). 2. dió—Griego, “proporcionó”; asignó su porción. diezmos de
todo—eso es, del botín tomado. Los diezmos se asocian íntimamente con el sacerdocio; el sacerdote mediador los
recibía como garantía de que toda la propiedad del donador pertenecía a Dios; y como el sacerdote transmitió al
hombre (Abrahán) los dones de Dios (“le bendijo”), así también dió a Dios los dones del hombre. El caso de
Melquisedec es una muestra de cómo Dios conserva, en medio de la apostasía general, al remanente elegido. El
encuentro de Melquisedec y Abrahán forma el eslabón que une las dos dispensaciones: la patriarcal—representada
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por Melquisedec, quien parece especialmente consagrado por Dios como rey‐sacerdote, la más alta forma de aquel
sistema primitivo en el cual cada padre de familia era sacerdote en ella—y la levítica, representada por Abrahán, que
debió limitar el sacerdocio a una familia de una tribu de una nación. La dispensación levítica era parentética, y separó
el reino y el sacerdocio; la patriarcal era la verdadera precursora de la de Cristo, que, como la de Melquisedec, une el
reino y el sacerdocio, y no es derivada de otro hombre ni es transmitida a otro hombre; antes, tuvo su origen en Dios, y
está transmitida en Dios a una perpetuidad sempiterna. El sacerdocio de Melquisedec continúa en Cristo para
siempre. Para otros aspectos de superioridad, véase el 7:16–21. Melquisedec debió haber recibido una consagración
especial sobre los demás patriarcas que, como Abrahán, quien también ejercía el sacerdocio, de otro modo no le
hubiera pagado el diezmo a él como superior: su función particular parece haber sido, por especial llamamiento de
Dios, la de REY sacerdote; mientras que ningún otro patriarca‐sacerdote fué también rey por Dios consagrado. se
interpreta—Pablo empieza la explicación mística del hecho histórico (las alegorías las conocían bien los judíos),
mencionando el significado del nombre. justicia—no meramente justo; así también Cristo. Malchi en hebreo significa
rey; Tzedek, justicia. Rey de Salem—no sólo su nombre, sino también el nombre de la ciudad que regía, tenía
significado típico, a saber: “paz”. Cristo es el verdadero Príncipe de paz. La paz que él trae es el fruto de la justicia. 3. Sin
padre—Vale decir “sin genealogía” (en el griego, “sin descendencia”), véase el 7:6: es decir, su genealogía no es
conocida, mientras que un sacerdote levítico no podía oficiar sin el comprobante de su descendencia. ni tiene principio
de días—La historia no registra su principio ni su fin, como constan el principio y el fin de Aarón. El modismo griego
“sin padre <” indica uno de padres humildes, o bien, desconocidos. “Días” significa el tiempo en que desempeña sus
funciones. Así la eternidad mencionada en el Salmo 110:4 expresa especialmente la duración del oficio sacerdotal. hecho
semejante—no se dice que fuese absolutamente “semejante”. Fué hecho semejante en las particularidades aquí
especificadas. Nada se dice en Génesis acerca del fin de su sacerdocio, ni que tuviese en su sacerdocio predecesor ni
sucesor, lo que, en punto de vista típico, representa el [PAG. 631] eterno sacerdocio de Cristo, sin principio ni fin.
Consta el fin de Aarón, pero no el de Melquisedec: hecho significativo. “El Hijo de Dios” no se dice que fuese
semejante a Melquisedec, sino que éste fué “hecho semejante al Hijo de Dios”. Cuando Alford niega que Melquisedec
fuese hecho semejante al Hijo de Dios con respecto de su sacerdocio, en base a que Melquisedec era anterior al Señor en
tiempo, se olvida de que el eterno sacerdocio de Cristo era una realidad arquetípica en el propósito de Dios desde la
eternidad, al cual el sacerdocio de Melquisedec fué hecho semejante en el tiempo debido. El Hijo de Dios es el más
antiguo, y es el arquetipo: véase el 8:5, donde se representan las cosas celestiales como el arquetipo primario de los
mandamientos levíticos Los epítetos, “sin padre”, “sin principio de días ni fin”, “permanece para siempre”, pertenecen a
Melquisedec solamente en respecto de su sacerdocio, y hasta tanto él es tipo del Hijo de Dios, y son verdad con respecto a él
solo. Melquisedec fué, en su sacerdocio, hecho semejante a Cristo, hasta donde el tipo imperfecto podía representar
los lineamientos del perfecto arquetipo. “Los retratos de un hombre pueden verse sobre la tela, mas el hombre es muy
distinto de su retrato”. No hay nada en el relato, Génesis 14, que indique que Melquisedec fuese un ser sobrehumano;
se le clasifica allí con los demás reyes como un personaje histórico viviente, no como un ángel como pensara Orígenes;
ni fué Sem, hijo de Noé, como pensaban los judíos, ni era Enoc [Calmet], ni era el Espíritu Santo, como pensaban los
partidarios de Melquisedec ni, como otros, la palabra divina. Fué probablemente de origen semita, no canaanita; el
último representante de la primitiva población semítica, exterminados por los cananeos, descendientes de Cam. La
grandeza de Abrahán, entonces, estribaba en la esperanza; la de Melquisedec, en la posesión presente. Melquisedec
era el más alto y último representante del pacto con Noé, como Cristo era el supremo y eterno representante del pacto
con Abrahán. Melquisedec, como Cristo, unifica en sí los oficios real y sacerdotal, cosa que Abrahán no hace. Alford
piensa que los epítetos son, en cierto sentido, estrictamente reales de Melquisedec mismo, no meramente en el sentido
típico indicado arriba; que no tenía, como los mortales, principio ni fin de vida (?). Es una teoría muy improbable y
que debe aceptarse sólo en último caso y que aquí no tiene cabida. Con Melquisedec, cuyo sacerdocio probablemente
duró largo tiempo, cesaron el sacerdocio y el culto del verdadero Dios en Canaán. El fué el primero y último rey‐sa‐
cerdote allí hasta Cristo, el antitipo; y por eso se dice que su sacerdocio dura para siempre, tanto porque dura
muchísimo tiempo como porque dura mientras lo permite la naturaleza de la cosa misma (a saber, su vida, y la
continuación del culto a Dios en Canaán). Si Melquisedec fuese sacerdote para siempre en sentido literal, entonces
Cristo y él serían sacerdotes ahora todavía, y tendríamos dos en vez de uno (!). Tholuck observa: “Melquisedec
permanece hasta tanto el tipo permanece en el antitipo: hasta tanto el sacerdocio permanece en Cristo”. El padre y la
madre no han descendido de Leví, como se requería para los sacerdotes levíticos (v. 6), y ni son mencionados por
Moisés. La mujer de Aarón, Elíseba, madre de quien surgen los sacerdotes levíticos, sí se menciona, así como Sara,
madre original de la nación judaica misma. Como hombre, Cristo no tuvo padre; como Dios, tampoco tuvo madre. 4.
Mirad—pensad con atenta contemplación este hecho. cuán grande fué éste—Punto adicional de la grandeza de Melqui
sedec: Abrahán hasta le dió diezmo (como a su superior) de los despojos (literalmente, de la cima del montón, las
primicias sea de lo que fuesen, sacadas primero del montón, que habían de ser consagradas a Dios; o bien, de los
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despojos, el general solía tomar de la cima del montón, o para consagrar a Dios, o para su propio uso). Pagó “los diez
mos de TODO” (v. 2), tomados de lo primero y de lo mejor de todos los despojos. el patriarca—En el griego está
enfáticamente al fin de la frase y éste, que pagó diezmos, no era personaje menor que “el patriarca”, el primero de los
padres y jefe de la raza y nación judaicas. Véase Nota al v. 3: la superioridad de Melquisedec como rey‐sacerdote
especialmente consagrado. Sobre los patriarcas‐sa‐cerdotes. 5. los … hijos de Leví—a saber, sólo aquellos que
pertenecían a la familia de Aarón, a los cuales se restringía el sacerdocio. Los diezmos pagados originalmente a toda la
tribu de Leví, al fin se ligaban al sacerdocio. según la ley—sancionada por Jehová (9:19). de sus hermanos—con los
cuales, cuanto a la descendencia común, estaban en el mismo nivel. aunque—aunque estaban en el mismo nivel de
descendencia, sin embargo pagaban diezmos a los levitas, sus hermanos. Ahora, los levitas estaban subordinados a los
sacerdotes; y éstos a la vez lo estaban a Abrahán, su común progenitor; y Abrahán, lo estaba a Melquisedec. “¡Cuán
grande” (v. 4), pues, debe ser Melquisedec con respecto a su sacerdocio, comparado con el levítico, aun cuando éste
recibía diezmos! y ¡cuán indeciblemente grande debe ser “el Hijo de Dios”, al cual Melquisedec, como arquetipo
sacerdotal (en el propósito de Dios) fué hecho semejante ¡Cotéjese el “mirad” (v. 4), en el caso de Melquisedec, el tipo,
con “considerad” (Griego, contemplad atentamente”, vocablo más fuerte aún) en el caso de Cristo, el arquetipo. 6. cuya
genealogía no es contada de ellos—no de “los hijos de Leví”, como de “los que reciben el sacerdocio”. Este texto
explica el “sin linaje” del v. 3 (Griego, genealogía en ambos casos). El que no necesita, como los sacerdotes levíticos,
trazar su genealogía hasta Leví. tomó—Griego, “ha recibido diezmos”. bendijo—Griego, “ha bendecido”. El pretérito
perfecto denota que el hecho dura hasta el presente. al que tenía—“el poseedor de las promesas”; peculiar distinción
y designación de Abrahán. Pablo ensalza a Abrahán, a fin de ensalzar aun más a Melquisedec. Cuando se habla de
Cristo, se dice “promesa”, en singular; “las promesas”, en plural, se refieren a la promesa de Dios de grandeza a él
mismo y a su simiente, y de la posesión de Canaán, dos veces repetida antes de la bendición de Melquisedec. Como
los sacerdotes, aunque eran superiores al pueblo, a quien era su deber “bendecir”, eran, con todo, inferiores a
Abrahán; y como Abrahán era subordinado a Melquisedec, quien le bendijo, Melquisedec, entonces, debe ser superior
a los sacerdotes levíticos. 7. El principio de que el que bendice es superior al bendecido, se aplica sólo [PAG. 632]
cuando la bendición es impartida con autoridad divina; no es meramente un deseo expresado en oración, sino una
bendición eficiente para realizar su propósito, tal como la bendición de los patriarcas a sus hijos; así como la bendición
de Cristo (Lucas 24:51; Hechos 3:26). 8. El segundo punto de superioridad: el de que Melquisedec es un sacerdote que
permanece; el levítico, transitorio. Como la ley fué un paréntesis entre la dispensación abrahámica de promesa de gracia
y su cumplimiento perdurable en la venida de Cristo (Romanos 5:20, Griego “La ley empero entró como algo
suplementario y de paso”): así el sacerdocio levítico era parantético y temporario entre el típicamente permanente
sacerdocio del Melquisedec y su realización antitípica en Cristo, nuestro sempiterno Sumo Sacerdote. aquí—en el
sacerdocio levítico. allí—en el sacerdocio según el orden de Melquisedec. A fin de hacer resaltar más el paralelo típico,
Pablo sustituye “del cual está dado testimonio que vive”, por el menos típico “el que es hecho semejante al que vive” (v.
3). Melquisedec vive meramente en su capacidad oficial, siendo continuado su sacerdocio en Cristo. Cristo, por otra
parte, en su propia persona, “siempre viviente según el poder de una vida sin fin” (vv. 16, 25). La muerte de
Melquisedec, sin constancia histórica, se expresa por el término positivo “vive”, con el fin de destacar al tipificado
Cristo, de quien solo se puede decir con perfecta verdad: “el que vive”. 9. por decirlo así—previniendo que lo que
está por decir no debe tomarse en sentido literal; se puede decir que, virtualmente, Leví, en persona de su padre
Abrahán, reconoció la superioridad de Melquisedec, y le pagó diezmos. que recibe los diezmos—(Véase el v. 5) en
Abrahám—Griego, “por medio (por la mano de) Abrahán”. 10. en los lomos de su padre—a saber, del antepasado
Abrahán. Cristo no pagó, en este sentido, diezmos a Abrahán, pues él nunca estuvo en los lomos de padre terrenal.
[Alford]. Aunque fué, con respecto a su madre, “del fruto de los lomos” (de David y así) de Abrahán, sin embargo,
siendo sobrenaturalmente concebido, sin padre humano, estuvo por encima de la ley natural de nacimiento, de modo
que está por encima de la ley del diezmo. Aquellos que nacen naturalmente y están así bajo la maldición, necesitan
pagar el diezmo al sacerdote, para que éste haga propiciación por sus pecados. No así Cristo, quien de Abrahán
derivó solamente su carne y no también la mancha de la carne. Bengel observa: “Las bendiciones que Abrahán tuvo
antes de su encuentro con Melquisedec eran las promesas generales y la específica de simiente natural, y así de Leví;
pero las promesas en las que está comprendido Cristo, y la fe por la cual Abrahán fué encomendado, siguieron después
del encuentro de Abrahán con Melquisedec y la bendición por él: al cual hecho Génesis 15:1, “después de estas cosas”,
llama la atención. Esto explica por qué Cristo, de simiente sobrenatural, no está incluído en el pago de los diezmos por
medio de Abrahán a Melquisedec. 11. la perfección—absoluta: “la elevación del hombre a su más alto estado, a saber,
de la salvación y la santificación.” (debajo de él)—los manuscritos más antiguos: “sobre él (en base a él, teniendo el
sacerdote que administrar la ley, Malaquías 2:7: se supone) el pueblo (9:19, “todo el pueblo”) ha recibido la ley” (el
pretérito perfecto, que significa que el pueblo aún observaba la ley). ¿“qué necesidad había aún—(8:7). Porque Dios
nada hace innecesariamente. otro—otro diferente: “que sacerdote de otro orden se levantase”. Véase el 7:15. no fuese
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llamado—Griego, “que no se diga ser según el orden de Aarón”, es decir, cuando se habla de él en el Salmo 110:4, “no
se dice que sea (como sería de esperar si el sacerdocio aarónico fuese perfecto) según el orden de Aarón.” 12. Pues—la
razón por qué Pablo subraya la frase “según el orden de Melquisedec”, en el Salmo 110:4, a saber, porque ella
presupone un cambio o transferencia del sacerdocio, y esto trae también un cambio de la ley (ligada inseparablemente
con el sacerdocio; ambos caen o están en pie, juntos, v. 11). Esta es la respuesta a los que pudieran objetar: ¿Qué
necesidad había para un nuevo pacto? 13. Confirmando la verdad de que se ha hecho un cambio de la ley (v. 12), por
otro hecho, que enseña lo distinto que es el nuevo sacerdocio del aarónico. (Nota del traductor: El autor observa que
“mudado el sacerdocio” significa la sustitución del de Cristo en lugar del aarónico. Deja de notar que hay también una
sustitución (metátesis, mudanza) de ley. La ley de Cristo sustituye a la mosaica.) esto—estas cosas, del Salmo 110:4. de
otra tribu es—Griego, “Ha pertenecido a otra tribu”, lo que denota la continuación aún de su humanidad: “otra tribu
diferente” de la de Leví. 14. notorio—es decir, “manifiesto ante los ojos” como cosa indisputable; prueba de que, sean
cuales fuesen las dificultades ahora, entonces no había ninguna tocante a la genealogía de Jesucristo. el Señor
nuestro—sólo aquí aparece este ya común título sin “Jesús”, o “Cristo”, salvo en 2 Pedro 3:15. Judá—Génesis 49:10;
Lucas 1:27, 39, (Hebrón de Judá, donde piensa Lightfoot que Jesús fué concebido); 2:4, 5. Apocalipsis 5:5. sobre cuya
tribu … sacerdocio—“con respecto a la cual tribu nada habló Moisés tocante a sacerdotes” (así los manuscritos más
antiguos; nada que sugiera que debiera tomarse sacerdotes de dicha tribu). 15. Otra prueba de que la ley, o la
economía, está cambiada, a saber: por cuanto Cristo es ordenado sacerdote, “no conforme a la ley de mandamiento
carnal” (vale decir, externa), sino “según la virtud de la vida indisoluble”. El Salmo 110 lo constituye “para siempre” (v.
17). La ley levítica requería una descendencia estrictamente carnal. En contraste está “la virtud”, la virtud de Cristo,
espiritual, interna, íntima, de vencer la muerte. No según un estatuto es nombrado Cristo, sino según un poder interno
viviente. manifiesto—la declaración de la mudanza de la ley o la economía. aun más—Griego, “superlativamente
manifiesto aún”. si—condición cumplida, hecho real; así Romanos 5:10. a semejanza—según (en el griego) la
similitud de Melquisedec: corresponde a “según el orden <” 5:10). El “orden” no puede significar una serie de
sacerdotes, pues Melquisedec no recibió su sacerdocio de mero hombre ni lo transmitió a uno. Debe significar: “a
semejanza del oficio de Melquisedec”. El sacerdocio de Cristo es semejante al de Melquisedec en el hecho de ser “para
siempre” (7:16, 17). otro sacerdote—Griego, “otro diferente”. 16. carnal … indisoluble—mutuamente contrastados: así
“apariencia” y “eficacia” en [PAG. 633] 2 Timoteo 3:5, como aquí “la ley” y “la virtud”. Véase, Romanos 8:3, “La ley
era débil por la carne”; y “flaqueza” en 7:18. “La ley” aquí no es ley en general, sino el estatuto tocante al sacerdocio.
“Carnal”, siendo externo y temporario, se contrastan con indisoluble”, “sin fin”. “Mandamiento” es contrastado con
“vida”. La ley puede dar un “mandamiento” mas no puede dar “vida” (7:19). Pero la virtud (poder) inherente de
nuestro Sumo Sacerdote, ahora en el cielo, tiene en él “vida para siempre”; “por el eterno Espíritu” (9:14), “puede
salvar eternamente < viviendo siempre” (7:25; Juan 5:26). Es en el poder de su vida de resurrección, no en su vida
terrenal, que Cristo ejerce su oficio de Sacerdote. 17. se da testimonio—en prueba de su vida indisoluble, o sin fin. 18.
se abroga—abrogación, anulación es hecha. El mandamiento—que ordenó el sacerdocio levítico. Y, como el
sacerdocio levítico y la ley están inseparablemente unidos, anulado aquél, queda anulada ésta también (Nota, 7:11).
precedente—la ordenanza legal que introduce y cede lugar a la ley cristiana, el permanente fin antitípico de aquélla.
flaqueza e inutilidad—lo contrario de “virtud” (7:16). 19. Porque—justificando el dicho de que la ley era débil e
inútil. La ley no podía llevar al hombre a la verdadera justificación o santificación ante Dios, o sea, “la perfección” que
todos necesitamos a fin de ser aceptos por él y que tenemos en Cristo. nada—la ley no llevó “nada” (no dice “a
nadie”) a un perfecto término; su única finalidad fué la representación de su antitipo en la economía cristiana, la que
realiza la perfección contemplada. Hízolo, en bastardillas, omitido del griego. Constrúyase “introducción” con lo
anterior (v. 18). “Se hace abrogación (por una parte, griego, men) pero (de la otra, griego, de) una introducción posterior
(El griego expresa que se introdujo algo más y mejor que la ley, a saber, algo mejor que las buenas cosas que la ley
anterior prometía [Wahl] de una esperanza mejor”, no una débil e inútil sino como en otras partes se denomina la
dispensación, “eterna”, “verdadera”, “la segunda”, “más excelente”, “diferente”, “viviente”, “nueva”, “venidera”,
“perfecta”. nos acercamos—señal segura de la “perfección”. La debilidad es lo contrario de esta confianza filial de
acceso. El acceso por medio de los sacrificios legales fué sólo simbólico y mediante el sacerdote; la entrada por Cristo
es inmediata, perfecta y espiritual. 20. Otra prueba de la superioridad del sacerdocio de Cristo es el juramento que
Dios le dió, con su peso solemne, mientras que de él carecía el sacerdocio legal, pues no tenía tal confirmación. fué—
en bastardillas. Súplase el verbo del 7:22: “Por cuanto sin juramento fué hecho fiador < de tanto mejor testamento ha
sido hecho fiador Jesús”. 21. “Porque ellos, a la verdad (los sacerdotes legales) sin la (solemne) promesa juramentada
han sido hechos sacerdotes”. por el—Dios. le dijo—al Senor, el Hijo de Dios (Salmo 110:1). no se arrepentirá—nunca
cambiará su propósito, vocablo diferente del 15:7, etc. Según el orden de Melchisedec—omitido en algunos de los
manuscritos más antiguos. 22. fiador—garantizando en su propia persona la seguridad del pacto hecho con nosotros.
Esto hizo haciéndose responsable por nuestra culpa, sellando el pacto con su sangre, y reconocido abiertamente como
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nuestro triunfante Salvador por el Padre, quien lo levantó de los muertos. Así él es a la vez fianza de Dios al hombre y
fianza del hombre a Dios, y así Mediador entre Dios y el hombre (8:6). mejor testamento—por ser eterno (8:6; 13:20);
pacto, o convenio. El vocablo griego infiere que es ordenado por Dios, y comprende las relaciones y valores en parte de
un convenio, en parte de un testamento: (1) ordenación hecha sin la concurrencia de una segunda parte, de algo que
concierne a dicha segunda parte: testamentaría, como en 9:16, 17; (2) un acuerdo mutuo ratificado por ambas partes.
23. Otra prueba de superioridad: los sacerdotes levíticos eran muchos, pues la muerte hizo necesario el nombramiento
de sacerdotes nuevos en sucesión. Cristo no muere: tiene un sacerdocio que no pasa de uno a otro. fueron muchos—
Griego, “son hechos muchos”, uno tras otro, en contraste con el “inmutable sacerdocio de él”. no podían
permanecer—“impedidos por la muerte de permanecer”, es decir, en el sacerdocio. 24. éste—Griego, “él”, pero en
posición enfática, como “tú” en Salmo 110:4, “Tú eres sacerdote <” en singular, uno y no muchos. permanece—es
decir, en vida. inmutable—Griego, “tiene inmutable su (el) sacerdocio”, que no pasa de uno a otro, intransmisible. Por lo
tanto, ninguna así llamada sucesión apostólica terrenal de sacerdotes son sus vicegerentes. Los sacerdotes judaicos
tenían sucesores, porque ellos “no podían continuar por causa de la muerte”. Pero este hombre, por cuanto vive para
siempre, no tiene ningún sucesor en oficio, ni aun a San Pedro (1 Pedro 5:1). 25. Por lo cual—por cuanto “permanece
para siempre”. también—como consecuencia natural de lo anterior, al mismo tiempo algo nuevo y superior. (Alford).
salvar—Su mismo nombre de JESUS significa Salvador (7:22). eternamente—absolutamente, del todo, perfectamente,
de modo que nada faltará luego para siempre (Tittmann). En manera alguna, en Lucas 13:11. se allegan a Dios—por fe.
por él—como su sacerdote mediador, en vez de los levíticos. viviendo—por cuanto vive, resumiendo el “El
permanece para siempre” de 7:24; por tanto “puede absolutamente”; no está impedido, como el levítico, por la
muerte, “porque vive para siempre” (7:23). para interceder—No hay sino una sola ofrenda sobre la tierra hecha una
vez para siempre. Mas la intercesión por nosotros en el cielo (7:26) continúa siempre, de donde resulta que no podemos
ser separados nunca del amor de Dios en Cristo. El intercede solamente por aquellos que se allegan a Dios por él, no
por el mundo incrédulo (Juan 17:9). Para ejemplos de su intercesión, véanse las descripciones proféticas del A. T. “Por
su humilde omnipotencia (pues fué por su humillación que obtuvo todo poder), o su omnipotente humildad, aparece en
la presencia de Dios, y presenta ante el trono sus postulaciones” [el obispo Pearson]. El no sólo fué la ofrenda, sino
también el sacerdote que la presentó. Por tanto, él se ha hecho no sólo un sacrificio, sino también un intercesor; su
intercesión basada en su voluntaria ofrenda de sí mismo sin mancha a Dios. No sólo somos entonces perdonados en
virtud de su sacrificio, sino que en virtud de su intercesión somos admitidos al favor y a la gracia (Arzobisbo Magee).
26. tal pontífice—como descrito arriba. Los manuscritos más antiguos rezan “también convenía”. “Porque [PAG. 634]
a nosotros (como pecadores: enfático) nos convenía (además de sus otras excelencias) tal Sumo Sacerdote”. santo—
piadoso; vocablo distinto del que denota consagración, corresponde perfectamente a la voluntad de Dios en reverente
piedad (Salmo 16:10). inocente—libre de maldad y superchería, en relación a sí mismo. limpio—sin contaminación por
contacto con otros, en relación con hombres. La tentación, a la que era expuesto, no dejó rastro del mal en él. apartado
de los pecadores—ya, en su estado celestial de Sumo Sacerdote, habiendo partido de la tierra, así como el levítico era
separado del pueblo en el santuario (de donde no debía salir, Levítico 21:12). Justificando por la fe a los impíos, no
tiene contacto con ellos como tales. El está alzado por encima de nuestra comunidad pecaminosa, “hecho más sublime
que los cielos”, al mismo tiempo hace que los creyentes como tales (no como pecadores) “se sienten juntamente (con él)
en lugares celestiales” (Efesios 2:6). Así como Moisés en el monte estuvo separado y arriba del pueblo, y a solas con
Dios. Esto comprueba que Jesús es Dios. “Aunque mentiras innumerables han sido forjadas contra el venerable Jesús,
ninguno se atrevió a acusarle de intemperancia alguna” (Orígenes). hecho más sublime—Jesús fué sublime antes
(Juan 17:5), y como hombre divino fué hecho así por el Padre después de su humillación (1:4). que los cielos—superior,
pues pasó a través (así el griego, cap. 4:14) de los cielos. 27. cada día—Los sacerdotes diariamente ofrecían sacrificios
(9:6; 10:11; Exodo 29:38–42). Los sumos sacerdotes tomaban parte en estos sacrificios sólo en días festivos; pero como
ellos representaban todo el sacerdocio, se atribuían a ellos las ofrendas diarias; la exclusiva función de los sumos
sacerdotes era ofrecer la propiciación una vez al año (9:7), y “año tras año continuamente” (10:1). El sacrificio diario
pertenece estrictamente a Cristo, no a los sumos sacerdotes, el que “no necesita cada día como aquellos sumos
sacerdotes (año tras año, y sus subordinados diariamente), ofrecer <” ofrecer—El vocablo griego expresa en modo
peculiar los sacrificios por el pecado. La doble ofrenda del sumo sacerdote en el día de la expiación, el toro por sí mismo
y el carnero por el pueblo, correspondía a los DOS corderos ofrecidos diariamente por los sacerdotes ordinarios. esto
lo hizo—No murió primero por pecados propios y luego “por los del pueblo”, sino por los del pueblo solamente. La
negación es doble: No tiene necesidad de (1) ofrecer diariamente, ni de (2) ofrecer por sus propios pecados; pues se
ofreció a sí mismo, sacrificio sin mancha (7:26; 4:15). Sólo el inmaculado podía ofrecer por el pecaminoso. una sola
vez—una vez para siempre. La suficiencia de este sacrificio para expiar todos los pecados para siempre, resulta de su
absoluta pureza. 28. Porque—razón de la diferencia expresada en 7:27 entre su sacrificio único y los tan repetidos de
ellos, a saber, por causa de su absoluta separación de la enfermedad pecaminosa que a ellos los agobiaba. El no tiene
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necesidad, como ellos, de ofrecer por su propio pecado; y estando ya exento de la muerte y “hecho perfecto para siempre”,
no necesita REPETIR su sacrificio. la palabra del juramento—“la palabra” confirmada por “el juramento”. después—El
juramento fué hecho después de la ley, es decir, en el Salmo 110:4, y abrogó el sacerdocio legalista. al Hijo—
contrastando con “hombres flacos”. hecho perfecto—una vez para siempre, como en cap. 2:10; 5:9, Notas; contraste:
“hombres flacos”, enfermos. Constituído sacerdote perfecto por su perfecto sacrificio y su consiguiente unción y
exaltación a la diestra del Padre.
CAPITULO 8
Ver. 1–13. CRISTO, EL SUMO SACERDOTE DEL VERDADERO SANTUARIO, SUBSTITUYE EL SACERDOCIO
LEVITICO; EL PACTO NUEVO ANULA EL ANTIGUO. 1. la suma—El “punto principal” de las cosas que estamos
diciendo, o que están siendo dichas. tal pontífice—sumo sacerdote tan transcendentalmente preeminente, es decir, en
este respecto, “que se asentó a la diestra <” Infinitamente superior a todo otro sacerdote en este solo respecto
sublime, ejerce su sacerdocio EN EL CIELO y no en el “lugar santísimo” terrenal (cap. 10:12). Los sumos sacerdotes
levíticos, aun cuando entraban en el santísimo una vez al año, sólo estaban EN PIE breve rato ante el símbolo del trono
de Dios; pero Jesús ESTA SENTADO en el trono de la divina majestad en las alturas mismas, y esto para siempre (cap.
10:11, 12). 2. Ministro—El griego infiere el ministerio sacerdotal del templo. santuario—Griego “los (lugares) santos”, el
santísimo. Aquí quiere decir el celestial. aquel verdadero tabernáculo—el arquetípico y antitípico, en contraste con el
típico y simbólico (9:24). El griego alethinós (aquí usado) es antitético a lo que no cumple su idea, como por ejemplo,
una figura o tipo; alethés, a lo que es falso o irreal, como una mentira. (Kalmis en Alford). El tabernáculo es su cuerpo
(9:11). Por su cuerpo glorificado como tabernáculo, Cristo entra en el “santísimo” celestial, la inmediata presencia
inmaterial de Dios, donde intercede por nosotros. Este tabernáculo donde Dios mora es donde Dios en Cristo nos
encuentra a nosotros “miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos”. Este tabernáculo corresponde a la
Jerusalén celestial, donde la presencia visible de Dios ha de manifestarse a sus santos perfeccionados y a los ángeles,
unidos en Cristo la Cabeza; en distinción de su presencia personal invisible en el lugar santísimo, inaccesible salvo a
Cristo. Juan 1:14: “El Verbo habitó entre nosotros”; griego: “tabernaculizó” entre nosotros. asentó—Griego, “fijó”
firmemente (plantó). no hombre—como Moisés (cap. 8:5). 3. Porque—señalando la razón de llamarle “ministro del
santuario”. algo—No vuelve a ofrecer su sacrificio una vez para siempre cumplido. Pero como el sumo sacerdote no
entraba en el lugar santo sin sangre, así Cristo ha entrado en el santísimo celestial con su propia sangre. Aquella “sangre
de rociamiento” está en el cielo. Desde allí es hecha eficiente para rociar a los creyentes como el fin de su elección (1
Pedro 1:2). El vocablo “consagrar”, como a sacerdote, es llenar la mano, significando que la ofrenda es dada en las
manos del sacerdote para que él la presente a Dios. El sacerdote, para cumplir su oficio, debe tener algo en la mano
para ofrecer. Por tanto, como sacerdote, Cristo tiene su sangre por oblación que ofrece ante Dios. 4. Significa que el
oficio sacerdotal de Cristo es [PAG. 635] ejercido en el cielo, no en la tierra; en el poder de su vida resucitada, no en su
vida terrenal. Así que—Los manuscritos más antiguos: “de consiguiente pues”. si—“Si estuviese sobre la tierra, ni
sería sacerdote” (7:13, 14); es cierto, por tanto, que no podría ejercer la función de sumo sacerdote en el lugar santísimo
terrenal. habiendo aún—“por cuanto hay ya, aún en existencia (el culto del templo aun no había cesado, como cesó
con la destrucción de Jerusalén) los (sacerdotes: omitido en los mejores manuscritos) que ofrecen los presentes
(señalados) según la ley”. Por lo tanto, su “ministerio” sacerdotal debe ser “en los cielos”, no sobre la tierra (8:1). “Si su
sacerdocio hubiese terminado en la tierra, en manera alguna sería sacerdote” (Bengel). Yo concibo que la negación
aquí del sacerdocio de Cristo sobre la tierra no toca el sacrificio de la cruz que él ofreció como sacerdote en la tierra”; se
aplica solamente a la obra soberana de su sacerdocio, la de traer toda la sangre dentro del lugar santísimo, lo que no pudo
haber hecho en un santísimo terrenal, no siendo un sacerdote aarónico. El lugar (el santísimo celestial) fué tan esencial
para la propiciación hecha como la oblación (su sangre). El cuerpo era quemado fuera de la puerta; pero la santificación
se efectuaba por la presentación de la sangre por el sumo sacerdote dentro del santuario. Si estuviese en la tierra, no
sería sacerdote en el sentido de la ley de Moisés (“según la ley” es enfático). 5. Los cuales—los sacerdotes. sirven de
(para) bosquejo—o ejemplo; no “según el ejempio”, como explica Bengel. Pero como en el cap. 13:10 “sirven al
tabernáculo”, es decir, hacen servicio para el tabernáculo: así “sirven para (el tabernáculo, que no es sino el) bosquejo
y sombra <” El griego hupodeigma aquí significa bosquejo, copia, o la presentación sugestiva del santuario celestial, que es
la realidad antitípica y el arquetipo principal. “El monte” corresponde a cielos (12:22). respondido—El griego se aplica
especialmente a las respuestas y mandatos divinos. Mira … haz—Toma cuidado, empeño en seguir acertadamente al
modelo, al dechado: la fiel representación, presentada en visión a Moisés, del real santuario celestial. Así el
tabernáculo terrenal fué copia de una copia; pero la segunda representaba exactamente el gran arquetipo original del
cielo (Exodo 25:40). 6. ahora—“esto sentado”; no adverbio de tiempo. tanto mejor ministerio—que todo ministerio
terrenal. mediador—Intermediario entre Dios y nosotros para llevar a efecto el pacto de Dios con nosotros. “El
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mensajero (ángel) del pacto”. el cual—“Lo es porque ha sido <” formado—Griego, “legislado”. Así Romanos 3:27: “la
ley de la fe”; y Romanos 8:2 y 9:31 aplican “ley” al pacto evangélico. Con esto se infiere que el evangelio está basado
en la ley, en el espíritu y esencia de la misma. mejores promesas—indicadas en los vv. 10 y 11. Las promesas del
Antiguo Testamento eran mayormente terrenales; las del Nuevo Testamento eran de bendiciones celestiales: el
cumplimiento preciso de las terrenales era la garantía del cumplimiento de las celestiales. “Como el médico prescribe
cierta dieta para el enfermo, y luego cuando éste empieza a mejorar, le cambia la dieta, permitiéndole cosas que antes
prohibió; o como el maestro da al alumno primero una lección elemental, preparatoria, para guiarlo luego a un plano
más elevado”. (El rabino Albo). Compárese, Jeremías 7:21, 22, que enseña que el propósito original de Dios respecto del
sistema ritual del antiguo pacto era que fuese pedagógico, como el maestro de escuela, para preparar a los hombres y
llevarlos a Cristo. 7. El mismo raciocinio como en 7:11. sin falta—perfecto en todas sus partes, de modo que no hubiese
queja ni acusación de que faltara cosa alguna que debiera tener: cumpliendo todos los propósitos de una ley. La ley
tocante a su moral, era irreprensible (Griego, amomos); pero para salvarnos era defectuosa; en este sentido no era sin falta
(Griego, amemptos). no se hubiera procurado lugar—como tiene que ser ahora, y como se procuró en la profecía (vv. 8–
11). El antiguo pacto hubiera anticipado todas las necesidades del hombre, sin dar ocasión para que se procurase algo
más perfectamente adecuado. Véase “lugar < procurado”, en cap. 12:17. 8. reprendiéndolos—al pueblo del Antiguo
Testamento, que no fueron hechos perfectos por el pacto, y cuyo menosprecio del pacto de Dios hizo que él los
menospreciara (v. 9). No se culpa a la ley misma, sino a la gente que no la ha observado. dice—(Jeremías 31:31–34;
compárese Ezequiel 11:19; 36:25–27). En Rama, cuartel de Nabuzaradán, donde había llevado a los cautivos de
Jerusalén, Jeremías pronunció esta profecía de la restauración de Israel bajo otro David, por lo cual Raquel, que llora a
sus hijos perdidos, será consolada: literalmente, cumplido en parte, bajo Zorobabel, y a ser cumplido más
ampliamente aún en el futuro retorno de Israel a su tierra; espiritualmente cumplido en el pacto evangélico, por el
cual Dios perdona absolutamente los pecados de su pueblo, y escribe su ley con su Espíritu sobre el corazón de los
creyentes, el verdadero Israel. “Esta profecía forma la tercera parte de la tercera de las tres trilogías en que las
profecías de Jeremías pueden dividirse: Jeremías caps. 21–25, contra los pastores del pueblo; 26–29, contra los falsos
profetas; 30, 31, el libro de la restauración” [Delitzsch en Alford]. He aquí vienen días—La fórmula frecuente que
introduce profecía mesiánica. consumaré—Perfeccionaré, expresión propia tocante al nuevo pacto, que hizo perfecto
lo que el antiguo no pudo. Israel … Judá—las diez tribus, pues tanto como Judá, participarán del nuevo pacto. Como
ambas tuvíeron parte en el destierro, así ambas participarán de la restauración literal y espiritual. 9. No como el
pacto—Será un pacto muy diferente y superior al antiguo, que sólo “obró ira” (Romanos 4:15), por cuanto el hombre
no lo guardó. El nuevo pacto nos capacita para obedecer por el impulso interno del Espíritu, que produce amor a
causa del perdón de nuestros pecados. hice con—Más bien, como el griego, “les hice a ellos (dativo)”, siendo los
israelitas sólo recipientes, no agentes con Dios (Alford). los tomé por la mano—como un padre toma de la mano a su
hijito para sostenerlo y guiarle los pasos. “Hay tres etapas: (1) la de la promesa; (2) la de la instrucción pedagógica; (3)
la del cumplimiento” (Bengel). La segunda, la del pupilaje pedagógico, principió con el éxodo de Egipto. los
menosprecié—“Los dejé”. La traducción de Jeremías 31:32, “Bien que fuí yo marido de ellos”. La traducción de Pablo
aquí está apoyada por las versiones de los Setenta, [PAG. 636] Siríaca, y la arábiga y por Gesenio. Los hebreos no
tuvieron en cuenta a Dios, por lo tanto Dios, en justa retribución, no los tuvo en cuenta. Observa Schelling sobre el “no
permanecieron en mi pacto”: “La ley era, en efecto, el mero ideal de una constitución religiosa: en la práctica, los judíos
eran siempre, antes del cautiverio, más o menos politeístas, salvo en el tiempo de David y los primeros años de
Salomón (tipo del reino mesiánico). Aun después del retorno de Babilonia, sucedió a la idolatría algo poco mejor: el
formalismo y la hipocrecía” (Mateo 12:43). La ley era (1) un cuadro típico que trazaba los rasgos del glorioso evangelio
a ser revelado; (2) tenía una virtud delegada del evangelio, que, por tanto, dejó de existir, cuando el evangelio vino.
10. Israel—Comprende las tribus antes desunidas (8:8) de Israel y Judá. Están unidas ahora en el Israel espiritual, la
Iglesia elegida; lo serán literalmente en el Israel restaurado por venir. Daré mis leyes—Esta es la primera de las
“mejores cosas” (v. 6). en el alma—la mente, la facultad inteligente. sobre el corazón—No como la ley en las tablas de
piedra (2 Corintios 3:3). seré a ellos por Dios—Cumplido primero en el visible reino de Dios. Luego en el íntimo reino
evangélico. En tercer lugar, en el reino a la vez visible e íntimo, el espiritual manifestado objetivamente (Apocalipsis
21:3). Véase una progresión similar tocante al sacerdocio: (1) Exodo 19:6; (2) 1 Pedro 2:5; (3) Isaías 61:6; Apocalipsis 1:6.
Este desarrollo progresivo de las instituciones del Antiguo Testamento—dice Tholuck—demuestra la transparencia y el
carácter profético que corre a través del conjunto. 11. La segunda de las “mejores cosas” (8:6). ninguno enseñará—
“No tendrán que enseñar” [Alford]. a su prójimo—Así reza la Vulgata; los manuscritos más antiguos tienen “a su
conciudadano”. hermano—relación más íntima y cariñosa que la de conciudadano. Desde el menor … mayor—Griego,
“desde el pequeño hasta el grande”. Zacarías 12:8: “Aquel que entre ellos es flaco, en aquel tiempo será como David”.
Bajo el antiguo pacto, los labios del sacerdote habían de guardar el conocimiento, y de su boca el pueblo había de
buscar la ley; bajo el nuevo, el Espíritu Santo enseña a todo creyente. No que la enseñanza mutua de hermanos se
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excluya en la promulgación del nuevo pacto, sino que una vez que el Espíritu Santo haya enseñado a todos la
remisión de pecados y la santificación interior, entonces no habrá más necesidad de la enseñanza mutua. Véase 1
Tesalonicenses 4:9; 5:1; son arras del venidero estado perfecto. De camino hacia dicho estado perfecto, todo hombre
debe enseñar a su prójimo. “La enseñanza no es difícil ni forzada, porque la gracia hace dóciles a todos; por cuanto no
es el ministerio de la letra, sino del espíritu (2 Corintios 3:6). La firmeza del creyente no depende de la autoridad de
humanos doctores. Dios mismo enseña” [Bengel]. El Nuevo Testamento es más breve que el Antiguo porque en vez
de los detalles de una ley exterior de letra, da los principios comprensivos de la ley espiritual que se escribe en el corazón,
y lleva a uno espontáneamente a la obediencia instintiva de los detalles externos. Nadie sino el Señor puede enseñar
eficientemente el “conoce al Señor”. 12. Porque—La tercera de “las promesas mayores” (8:6). El perdón de los pecados es,
y será, la raíz de este nuevo estado de gracia interior y conocimiento del Señor. Abolido el pecado, los pecadores
reciben la gracia. seré propicio—el hebreo “salach” es usado sólo de la relación de Dios con los hombres. de sus
iniquidades—frase que falta en la Vulgata, Siríaca, Cóptica y en un manuscrito griego antiguo; pero la mayoría de los
manuscritos más antiguos la incluyen (véase cap. 10:17). no me acordaré más—en contraste con la ley (10:3). 13.
Diciendo—Dios. dió por viejo—(al momento de pronunciar la profecía) “anuló el primer pacto”. Desde el tiempo de
la primera mención por Dios del NUEVO pacto (puesto que las palabras de Dios son todas una realidad), se podía
pensar que el primer pacto estaba siempre achicándose, hasta su completa abolición con la introducción efectiva del
evangelio. Los dos pactos no pueden existir conjuntamente. Nótese cómo se comprueba la inspiración verbal en el
argumento de Pablo que gira totalmente alrededor de una palabra (pacto) “nuevo”, que ocurre una sola vez en el
Antiguo Testamento. lo … dado por viejo—“lo que se envejece”, es decir, en el tiempo cuando Jeremías habló. Porque
en tiempo de Pablo, el nuevo pacto había desalojado absolutamente al antiguo. El griego (Kainé) Nuevo (Testamento)
denota que es de un género diferente y reemplaza al antiguo: no meramente reciente (Griego néa). Compárese Oseas 3:4, 5.
CAPITULO 9
LA INFERIORIDAD DEL ANTIGUO PACTO AL NUEVO EN CUANTO A LOS MEDIOS DE ACCESO A DIOS:
LA SANGRE DE TOROS Y CARNEROS DE NINGUN VALOR REAL: LA SANGRE DE CRISTO TODO SUFICIENTE
PARA PURGAR EL PECADO, DE DONDE NUESTRA ESPERANZA DE QUE EL REAPAREZCA PARA NUESTRA
PERFECTA SALVACION. 1. empero—Griego, “por consiguiente pues”. Volviendo al tema del cap. 8:5. Según las
órdenes dadas a Moisés, “el primer pacto tenía <” Tenía—no “tiene”, pues como pacto ya no existía, aunque se
observaron los ritos hasta la destrucción del templo. reglamentos—de divino derecho e institución. santuario
mundano—según el griego de la versión de los Setenta, “su (el) santuario mundano”. Cotéjese “no de esta creación”
del cap. 9:11, 12, 24. Material, externo, perecedero (por más preciosos que eran sus materiales), y religiosamente
defectuoso. En los vv. 2–5 se discute “el santuario mundano”; en el vv. 6 etc., “los reglamentos del culto” El
tabernáculo exterior—creían los judíos—era este mundo; el lugar santísimo, el cielo. Josefo llamó el exterior, dividido en
dos partes, “lugar común y secular”, correspondiente a “la tierra y la mar”; el lugar interior, el santísimo, la tercera
parte, propio de Dios e inaccesible a los hombres. 2. Describe “el santuario mundano”. hecho—edificado y amoblado.
el primero—el tabernáculo anterior, la parte primera. las lámparas. y la mesa—tipifican luz y vida (Exodo 25:31–39).
El candelabro consistía en un fuste y seis brazos de oro, siete en total, sus copas en forma de almendra, con un botón y
flor en una rama. Fué llevado en la marcha triunfal de Vespaciano, y su figura se ve sobre el arca [PAG. 637] de Tito
en Roma. La mesa de madera de shittim, cubierta de oro, era para los panes de la proposición (Exodo 25:23–30).
panes—es decir, “la proposición (exhibición) de panes”. Así continúa la cena del Señor (en el exterior lugar santo)
hasta que la comamos en el santísimo celestial (1 Corintios 11:26). lo que—Griego, “la que (la cual tienda, o
tabernáculo) se llama el lugar santo (santuario)” para distinguirlo del “santo de los santos” (santísimo). 3. Tras el
segundo velo—Había dos velos o cortinas, uno ante el santísimo (catapétasma) referido aquí, el otro delante de la
puerta del tabernáculo (cálumma). que llaman—Griego, “llamado el santísimo”, como opuesto a “el verdadero”. 4.
incensario de oro—No debe traducirse el griego “altar del incienso”, porque éste no estaba en el santísimo “tras el
segundo velo”, sino en “el lugar santo” (santuario); tradúzcase, como en 2 Crónicas 26:19 y Ezequiel 8:11, por
“incensario”; así la Vulgata y la Siríaca. Este incensario de ORO sólo se usaba en el día de la propiciación (otras clases
se usaban en otros días), y por tanto se asocia con el santísimo, por ser introducido en él por el sumo sacerdote en
dicho aniversario. La expresión “el cual tenía” no significa que permaneciese siempre en él, pues en tal caso el sumo
sacerdote hubiera tenido que entrar y sacarlo antes de quemar sahumerio en él; el incensario era de los artículos
pertinentes que eran usados para el servicio anual en el santísimo. Pablo supone virtualmente (sin especificarlo) la
existencia del “altar del incienso” en el anterior lugar santo, indicando que en él se llenaba el incensario de oro: el
incienso correspondía a “las oraciones de los santos”; y el altar (si bien fuera del santísimo) se relaciona con él (estando
cerca del segundo velo, frente a la misma arca del pacto), asimismo como encontramos el arca antitípica en el cielo. La
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rotura del velo por Cristo ha llevado los antitipos al altar, el candelabro y el pan de la proposición del anterior lugar
santo adentro del santísimo, o sea, el cielo. En 1 Reyes 6:22, el hebreo indica que el altar pertenece al oráculo, o bien al
santísimo (véase Exodo 30:6). el arca—de madera de shittim, es decir, acacia. No en el segundo templo, pero en su lugar
había un basamento (llamado “la piedra de cimiento”), tres dedos de alto. urna—“de oro”, añadido en la Versión de
los Setenta y sancionado por Pablo. maná—Un “omer”, la porción diaria de cada hombre. En 1 Reyes 8:9 y 2 Crónicas
5:10, se dice que no había nada en el arca del templo de Salomón sino las dos tablas de piedra de la ley puestas allí por
Moisés. Pero la expresión de que no había nada en ella entonces sino las dos tablas, deja lugar para la inferencia de que
anteriormente estaban las demás cosas mencionadas por los rabinos y aquí por Pablo: la urna de maná (memorial del
cuidado providencial de Dios por Israel) y la vara de Aarón (memorial del sacerdocio legal, Números 17:3, 5, 7, 10).
Las expresiones “delante del Señor”. Exodo 16:32, y “delante del testimonio”, Números 17:10, significan, pues, “EN el
arca”. Sin embargo, “en” puede usarse aquí (como el vocablo hebreo correspondiente) respecto de cosas unidas al arca
como accesorias, como el libro de la ley, que se ponía dentro del arca, y así las joyas de oro ofrecidas por los filisteos (1
Samuel 6:8). tablas del pacto—(Deuteronomio 9:9; 10:2). 5. sobre ella—sobre “el arca del pacto”. querubines—que
representan los poderes morales por los cuales Dios obra en el mundo moral y natural. Véase mi Nota, Ezequiel 1:6;
10:1. Por tanto, a veces corresponden a ángeles administradores, pero generalmente a los elegidos, redimidos, por los
cuales Dios más adelante gobernará al mundo y manifestará su múltiple sabiduría: la humanidad redimida, que
comprende en sí las formas más sublimes de vida subordinada de los seres creados, no de ángeles. Los querubines
están sobre el propiciatorio, y sobre esa base vienen a ser la habitación de Dios, de donde su gloria ha de iluminar al
mundo. Dicen expresamente (Apocalipsis 5:8–10): “Tú nos has redimido, (Nota del Trad.—El Autor aquí abandona sus
“manuscritos más antiguos”, los que dicen: “Los has redimido”, es decir, a gentes “de todo linaje y lengua y pueblo y
nación”. Es difícil concebir que los querubines no sean órdenes de ángeles superiores, arcángeles.) Se distinguen allí de
los ángeles, y se asocian con los ancianos. Eran de una sola pieza con el propiciatorio, así como la iglesia es una con
Cristo: su sola autoridad es sobre el propiciatorio rociado de sangre. Lo contemplan cabizbajos como lo harán los
redimidos para siempre: ellos son “la habitación de Dios por el Espíritu”. de gloria—Los querubines eran portadores
de la divina gloria, de donde acaso derivan su nombre. La Shekinah, o nube de gloria, en la que Dios aparecía entre los
querubines sobre el propiciatorio, o sea la tapa del arca, es sin duda la referencia. Tholuck piensa que los doce panes
de la proposición representan a las doce tribus de Israel presentadas como una comunidad ante Dios consagrada a él (así
como en la cena del Señor, el Israel espiritual, participando todos de un pan, y siendo un pan y un cuerpo, se
presentan ante el Señor consagrados a él, 1 Corintios 10:16, 17); el aceite y la luz, el puro conocimiento del Señor, en el
cual el pueblo del pacto debe brillar (las siete luces sugieren la perfección); el arca del pacto, el símbolo del reino de
Dios en el antiguo pacto, y la representación de la morada de Dios entre los suyos; los diez mandamientos en el arca,
la ley como base de unión entre Dios y el hombre; el propiciatorio que cubre la ley y está rociado de la sangre de la
expiación por el pecado colectivo del pueblo, la misericordia de Dios (en Cristo) más fuerte que la ley; el querubín, la
creación (redimida) personificada, que contempla el propiciatorio, donde la misericordia y la ley de Dios se exponen
como la base de la creación. el propiciatorio—la cubierta dorada del arca, sobre la cual era rociada la sangre de la
expiación en el día de la propiciación; el escabel de Jehová; lugar de reunión de Dios con su pueblo. no se puede
ahora hablar—convenientemente: además de las cosas visibles del santuario, había realidades espirituales
simbolizadas, que llevarían mucho tiempo para discutir en detalle, el tema principal actual siendo el sacerdocio y los
sacrificios. “Las cuales cosas” no se refiere a los querubines solamente sino a todo el contenido del santuario indicado
en 9:2–5. 6. El uso que se hacía del santuario así amoblado por el sumo sacerdote en el aniversario de la propiciación.
ordenadas—arregladas: el orden de las cosas nombradas cuando los sacerdotes [PAG. 638] entraban. siempre—dos
veces por día cuando menos, para el cuidado matutino y vespertino de las lámparas, y la ofrenda de incienso (Exodo
30:7, 8). entraban—Griego, “entran”, tiempo presente. 7. una vez en el año—el día diez del séptimo mes. Entraba
dentro del velo en dicho día dos veces al menos. Así que “una vez” aquí significa en una sola ocasión. Las dos, o
posiblemente más, entradas en aquel día se consideraban partes de un todo. no sin sangre—(Véase cap. 8:3). pecados
de ignorancia—Griego, “ignorancias”; “yerros inadvertidos”. Podían haberlos conocido, pues la ley era con claridad
promulgada, y ellos tenían obligación de estudiarla; de modo que su ignorancia llevaba la culpabilidad (Hechos 3:17;
Efesios 4:18; 1 Pedro 1:14). Aunque la ignorancia de uno puede mitigar su castigo (Lucas 12:48), no le exime del todo
del castigo. 8. el Espíritu Santo—Moisés mismo no comprendía el sentido típico (1 Pedro 1:11, 12). Dando … a
entender—por la exclusión típica del santísimo de todos menos el sumo sacerdote una vez al año. camino para el
santuario—el celestial, el cielo, el antitipo. el primer tabernáculo—el anterior, representativo de todo el sistema
levítico. estuviese—Griego, “está en pie”, mientras dura. Mientras dura el anterior tabernáculo, que representa el
sistema levítico, el camino al cielo (el lugar santísimo antitípico) no está aún manifiesto (véase cap. 10:19, 20). La economía
del Antiguo Testamento está representada por el lugar santo; la del Nuevo Testamento, por el santísimo. La redención
en Cristo ha abierto el camino al santísimo (acceso al cielo por la fe ahora, cap. 4:16; 7:19, 25; 10:19, 22; por la vista de
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aquí en adelante, Isaías 33:24; Apocalipsis 11:19; 21:2, 3) a toda la humanidad. El griego por “aún no” (me po) se refiere
a la mente del Espíritu, que significa que los hombres no deben pensar aún que el camino esté abierto. [Tittmann]. El
negativo griego “ou po” negaría el hecho objetivamente; “me po” subjetivamente. 9. Lo cual—Griego, “el cual”, el
tabernáculo primero: “como siendo el que era figura <” [Alford]. figura—Griego, “parábola”, una exposición parabólica
del carácter del Antiguo Testamento. de aquel tiempo—Griego, “Para el (referente al) tiempo presente”. El plazo para el
culto del templo terminaba en realidad con el Antiguo Testamento, pero continuaba aún en el tiempo de Pablo y de sus
lectores hebreos. “El tiempo de la corrección” (9:10) está en contraste con éste, “el tiempo presente”, aunque en realidad,
“el tiempo de la corrección, el tiempo neotestamentario, ya está presente. Así “el siglo venidero” es la frase que se aplica
al evangelio, porque estaba presente sólo a creyentes, y hasta para ellos su plenitud está aún por venir. Véase cap. 9:11,
“los bienes por venir”. en el cual—tabernáculo, no “en el cual tiempo”, según rezan los manuscritos más antiguos. O
bien: “Según la cual” representación parabólica, o figura. se ofrecían—Griego, “se ofrecen”. presentes—oblaciones
incruentas. no podían … servía—Griego, “no pueden < sirve”, si concuerdan con “ofrecen”, en presente. “Sirve” es el
griego latréuein, servir a Dios, el deber de todo hombre; no leitóurgein, servir en capacidad de ministro. hacer perfecto—
quitar perfectamente el sentido de culpabilidad, y santificar interiormente por el amor. cuanto a la conciencia—
“respecto de la conciencia moral religiosa”. Pueden llegar tan sólo hasta la carne externa (véase “ordenanzas
carnales”, vv. 10, 13, 14). 10. Consistiendo—en bastardillas, los sacrificios. Los ritos, viandas, etc., van lado a lado con los
sacrificios [Tholuck y Wahl]. Véase Colosenses 2:16. bebidas—(Levítico 10:9; 11:4). Posteriormente el uso agregó
muchas observancias a las viandas y bebidas. lavamientos—(Exodo 29:4). y ordenanzas acerca de la carne—Un
manuscrito siríaco antiguo y la versión Cóptica omiten “y”, de modo que “ordenanzas carnales” queda en aposición a
“sacrificios” (v. 9). Carnal (externo, que afecta sólo la carne) es el opuesto de espiritual. Véanse “carne” y “conciencia”
de 9:13, 14. impuestas—como una carga (Hechos 15:10, 28) gravosa continuamente. hasta <, etc.—Griego, “hasta la
sazón de la rectificación”, cuando la realidad reemplace el tipo o figura (8:8–12). Véase “mejores sacrificios” de 9:23. 11.
Mas—adversativo, en contraste con “no pueden hacer perfecto” (9:9). Cristo—El Mesías, profetizado por todos los
profetas; no “Jesús” aquí. De quien emana la “corrección” (v. 10), o rectificación, que liberta del yugo de ordenanzas
carnales, y que se está realizando gradualmente ahora, y se realizará perfectamente en la consumación del “siglo
venidero”. “Cristo, pontífice” (sumo sacerdote) exactamente corresponde a Levítico 4:5, “el sacerdote que es ungido”.
estando ya presente—“Habiéndose presentado (pintorescamente, siendo constituído) Sumo Sacerdote”. Compárese
cap. 10; 7. Los sacerdotes levíticos, pues, deben retirarse. Así como en el día del perdón no se hacía trabajo alguno, no
se hacía sacrificio, ni se permitía que sacerdote alguno entrase en el tabernáculo mientras el sumo sacerdote entraba
en el lugar santísimo para hacer la propiciación (Levítico 16:17, 29). Así ni la justicia nuestra, ni el sacrificio de
sacerdote alguno, hace propiciación, sino solo Cristo; y como el sumo sacerdote antes de ofrecer el incienso llevaba la
ropa ordinaria de sacerdote, y después vestía el santo ropaje de “gloria y hermosura” (Exodo 28), al entrar en el
santísimo, así Cristo entró en el santísimo celestial en su cuerpo glorificado. los bienes—“los bienes venideros” (10:1);
“mejores promesas” (8:6); la “herencia eterna” (9:15; 1 Pedro 1:4); las “cosas esperadas” (11:1). por el … tabernáculo—
“A través del … tabernáculo … entró” (9:12). Como el sumo sacerdote judaico pasaba por el tabernáculo anterior para
entrar en el santísimo, así pasó Cristo por el cielo, entrando en la íntima morada del invisible e inaccesible Dios.
Entonces, “el tabernáculo” aquí es el cielo por el cual pasó (Nota, cap. 4:14). Mas “el tabernáculo” es también el cuerpo
glorificado (véase Nota, 8:2). (no de esta” “creación natural, sino espiritual y celestial, la nueva creación”), la Cabeza del
cuerpo místico, la iglesia. A través de este cuerpo glorificado pasa dentro del lugar santísimo celesial (9:24), la
inmaterial, inaccesible presencia de Dios, donde intercede por nosotros. Su cuerpo glorificado, como lugar de reunión
de Dios y de todos los redimidos de Cristo, y de los ángeles, corresponde a los cielos a través de los que pasó, y pasa.
Su cuerpo se contrasta con el tabernáculo; su sangre, con la de carneros, etc. más amplio—contrastado con las
dimensiones reducidas del tabernáculo [PAG. 639] terrenal anterior. más perfecto—eficaz para dar perdón, paz,
santificación, y acceso a la más íntima comunión con Dios (véase 9:9; 10:1). no hecho de manos—sino por el Señor
mismo (8:2). 12. Y no—ni tampoco. por—por medio de, como medio de acercamiento. machos cabríos … becerros—
no de un toro, tal como ofrecía el sumo sacerdote levítico por sí mismo, y un carnero por el pueblo el día de la
propiciación (Levítico 16:6, 15), año tras año, por tanto se usa el plural, machos cabríos y novillos. Además del macho
cabrío ofrecido por el pueblo, la sangre del cual era rociada delante del propiciatorio, el sumo sacerdote sacaba otro y
el azazel, macho cabrío emisario; sobre el animal confesaba el pecado del pueblo, ponía las manos sobre la cabeza de él y
lo enviaba como cargado del pecado al desierto allá lejos fuera de vista, lo que infiere que la expiación efectuada por
el ofrecimiento del primer macho cabrío (del cual la ceremonia del macho cabrío emisario es una parte, y no distinta
de él) consistía en transferir los pecados del pueblo sobre el macho cabrío, y su consecuente mudanza fuera de vista.
El hecho de que la traslación de los pecados sobre la víctima, común en otros sacrificios expiatorios, se omitía en el
caso del macho cabrío muerto pero se empleaba en el caso del macho cabrío enviado al desierto, prueba que los dos
animales eran considerados como una sola ofrenda. [Arzobispo McGee]. La muerte de Cristo está simbolizada por el
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macho cabrío muerto; su resurrección a la vida, por el animal enviado al desierto. Los judíos modernos de algunas
partes sustituyen un gallo por el macho cabrío como expiación, transferidos los pecados sobre las entrañas del ave y
puestos sobre los techos para que los pájaros los saquen de la vista, como hacía el azazel, macho cabrío emisario;
siendo similar el hebreo por hombre y por gallo, Gebher, [Buxtorf]. mas por—como los medios de su entrada; la llave que
le abre el lugar santísimo. El griego subraya la idea de su propia sangre (véase 9:23). una sola vez—para siempre.
habiendo obtenido—por ello; literalmente, “habiendo hallado para sí”, como cosa de insuperable dificultad para
lograr para todos menos la Omnipotencia, celo abnegado y amor divinos. Fué arduo el camino de acceso de Cristo al
Padre (5:7). Nadie antes había caminado por dicha senda. eterna—La entrada de nuestro Redentor, una vez para
siempre al lugar santísimo celestial, nos asegura eterna redención; mientras que la entrada del sumo sacerdote judaico
se repetía cada año, y su efecto era temporario y parcial. Sobre “redención”, véanse Mateo 20:28; Efesios 1:7;
Colosenses 1:14; 1 Timoteo 2:5; Tito 2:14; 1 Pedro 1:19.
13–28. PRUEBA DE LA “ETERNA REDENCION” MENCIONADA EN 9:12, Y AMPLIACION DEL TEMA.
Porque su sangre, ofrecida por él mismo, purifica no sólo exteriormente, como los sacerdotes levíticos en el día de la
propiciación, sino también interiormente para el servicio del Dios vivo (9:13, 14). Su muerte es el acto inaugural del
nuevo pacto, y del santuario celestial (9:15–23). Su entrada en el lugar santísimo celestial es la consumación de su “una
vez para siempre ofrecido” sacrificio de propiciación (9:24–26); por lo demás, sólo queda su reaparición para
completar nuestra redención (9:27, 28). 13. si—como sabemos es verdad; lo expresa el modo indicativo griego.
Argumento de menor a mayor. Si la sangre de meros animales puede purificar en algún grado, por mínimo que sea,
¿con cuánta más razón será efectuada la purificación interior, y la completa y eterna salvación por la sangre de Cristo,
en quien mora toda la plenitud de la divinidad? ceniza de la becerra—(Números 19:16–18). El tipo está repleto de
consuelo para nosotros. El agua de separación, hecha de las cenizas de una becerra roja, era la provisión para quitar la
contaminación motivada por el contacto con el muerto. Muerta ella fuera del real, así también fué Cristo (13:11; Números
19:3, 4). Las cenizas se guardaban para uso continuo; así los efectos continuamente purificadores de la sangre de
Cristo, vertida una vez por todas. En nuestro peregrinaje contraemos continuamente contaminación por nuestro
contacto con los espiritualmente muertos y con las obras muertas, y necesitamos, por tanto, la continua aplicación de
la antitípica sangre vivificadora y purificadora de Cristo, la que nos restaura de nuevo a la paz y a la viva comunión
con Dios en el lugar celestial. los inmundos—Griego, “los contaminados” en cualquiera ocasión dada. purificación—
Griego, “pureza”. la carne—su efecto en ellos mismos, no llegaba más allá. La ley tenía un aspecto carnal y un aspecto
espiritual; carnal, como un instrumento de la política hebrea, aceptando Dios, su Rey, por ofensas menores, las
víctimas expiatorias en lugar del pecador, de otra manera condenado a muerte; espiritual, como sombra de los bienes
venideros (10:1). El israelita espiritual gozaba, al participar de estos derechos legales, bendiciones espirituales, que no
emanaban de ellos, sino del gran antitipo Los sacrificios ceremoniales libraban de penas temporales e inhabilidades
ceremoniales; el sacrificio de Cristo libra de la pena eterna (v. 12) y de las impurezas morales de la conciencia, que
incapacitan para el acceso a Dios (v. 14). La purificación de la carne (del mero hombre exterior) se hacía por el
“rociamiento”, seguido inseparablemente por el lavamiento (Números 19:19). Así la justificación es seguida por la
renovación. 14. se ofreció—La naturaleza voluntaria de su ofrenda le da especial eficacia. “Por el Espíritu eterno”, es
decir, su divino espíritu (Romanos 1:4), en contraste con su “carne”, Romanos 1:3; su divinidad, 1 Timoteo 3:16; 1 Pedro
3:18, “su personalidad interior” [Alford], que dió libre consentimiento para el acto, se ofreció a sí mismo. Los animales
ofrecidos no tenían espíritu, o sea, volición para consentir al acto del sacrificio; eran ofrecidos según la ley; ellos no
tenían ni vida perdurable ni vida de valor intrínseco alguno. Pero él desde la eternidad, con su divino y eterno espíritu,
convino con la voluntad de su Padre tocante a la redención. Su ofrenda empezó sobre el altar de la cruz, y se consumó
con su entrada con su sangre al lugar santísimo. La “eternidad” y la infinidad de su divino Espíritu (7:16) dan mérito
eterno (“eterna redención”, 9:12, compárese 9:15) e infinito a su ofrenda, de modo que ni la infinita justicia de Dios
tuvo objeción alguna en su contra. Fué “por su ardiente amor, que manaba de su eterno Espíritu”, que se ofreció a sí
mismo. [Ecolampadio]. [PAG. 640] sin mancha—las víctimas animales debían ser sin mancha exterior; Cristo en la
cruz fué víctima interior y exteriormente inmaculada (1 Pedro 1:19). limpiará—purificará de temor, de culpabilidad, de
alejamiento de Dios, de egoísmo, la fuente de obras muertas (9:22, 23). vuestras—“nuestras”, según los manuscritos
más antiguos. conciencias—Griego, “la conciencia”, la conciencia moral religiosa. obras de muerte—todas las obras
hechas en el estado natural, que es condición pecaminosa, son muertas; porque no proceden de una fe viva en Dios ni
del amor de Dios (11:6). Así como el contacto con un cuerpo muerto contaminaba ceremonialmente (9:13), así las obras
muertas contaminan la íntima conciencia espiritualmente. para que sirváis—haciéndolo posible. El ceremonialmente
inmundo no podía servir a Dios en la comunión exterior con su pueblo; así el no regenerado no puede servir a Dios en
comunión espiritual. Las obras del hombre antes de su justificación, por más vivientes que parezcan, son muertas y
por tanto no pueden ser aceptas delante del vivo Dios. Ofrecer a Dios un animal muerto hubiera sido gran insulto
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(Malaquías 1:8); mucho más lo sería que le ofreciera obras muertas quien no está justificado por la sangre de Cristo.
Pero lo sirven en verdad aquellos que son purificados por la sangre de Cristo en fe viva (Romanos 12:1), y le han de
servir más plenamente (Apocalipsis 22:3). al Dios vivo—requiere, por tanto, servicio vivo espiritual (Juan 4:24). 15.
Así que—“por esta razón”; por causa del perfecto poder purificador de su sangre, lo habilita para ser Mediador (8:6,
lo que asegura a ambas partes, Dios y nosotros, la ratificación) del nuevo pacto, el que procura tanto el perdón de los
pecados no cubiertos por el anterior pacto o convenio imperfecto, como también la herencia eterna para los llamados.
interviniendo—Al momento de su muerte, tuvo lugar su necesario efecto, a saber, “los llamados reciben (el
cumplimiento de) la promesa” (así Lucas 24:49; Hebreos 6:15; Hechos 1:4); aquel momento separa el Antiguo
Testamento del Nuevo. Los “llamados” son los “herederos” elegidos, “participantes de la vocación celestial” (3:1).
remisión … testamento—Las transgresiones de todos los hombres desde Adán a Cristo, primero las en contra de la
primitiva revelación, luego las en contra de las revelaciones dadas a los patriarcas, luego las que hubo en contra de la
ley dada a Israel, el pueblo representativo del mundo. El “primer pacto”, pues, incluye todo el período desde Adán a
Cristo, y no meramente el pacto con Israel, el que era una concentrada representación del pacto hecho con la humanidad
por sacrificio, desde la caída hasta la redención. Antes que la herencia ofrecida por el Nuevo Pacto (por cuanto así la idea
de la “herencia” sigue como resultado de la muerte de Cristo, exige traducirse el griego por testamento y no por pacto o
convenio, como antes) pudiese entrar, debió haber redención de (liberación de las penas incurridas por) las
transgresiones cometidas bajo el primer testamento, por cuanto los sacrificios propiciatorios del primer testamento
alcanzaban sólo para quitar la contaminación ceremonial externa. Pero a fin de poder conseguir la herencia que es una
realidad, debió haber una propiciación real, puesto que Dios no podía entrar en relación pactual con nosotros
mientras los pecados quedasen por expiar; Romanos 3:24, 25, “una propiciación < su justicia por haber pasado por
alto los pecados pasados”. la promesa hecha—hecha a Abrahán. reciban—lo que les era antes imposible (11:39, 40).
16. Una verdad axiomática general: el testador debe morir, antes que tenga valor su testamento (9:17). Este es el sentido
común del vocablo griego diatheke. Así en Lucas 22:29: “Os ordeno (por disposición testamentaria; diatíthemai) un reino
<” La necesidad de una muerte antes que tuviese efectividad testamentaria, queda en pie en relación de Cristo como
HOMBRE con nosotros; pero no, por cierto, en la relación de Dios con Cristo. intervenga—es decir, “sea traída”,
“envuelta en el caso”, inferida; o bien, “presentada en el tribunal”, para dar efectividad al testamento. Este sentido
(testamento) del vocablo griego aquí no excluye su uso en otros sentidos secundarios en otros textos del Nuevo
Testamento: (1) un convenio entre dos partes; (2) un arreglo, o disposición hecha por Dios solo en relación con nosotros.
Así, pues, se puede traducir Mateo 26:28, “sangre del convenio (pacto)”; porque un testamento no requiere el
derramamiento de sangre. Véase Exodo 24:8 (convenio), que Cristo cita, aunque es probable que él incluyera el sentido
de “testamento” bajo la palabra griega (diatheke) (que comprendía ambos sentidos, el de convenio y el de testamento),
como esta designación se aplica estricta y propiamente a la nueva dispensación, y es justamente aplicable a la antigua
también, no en sí, sino sólo cuando se mira como tipo de la nueva, la cual es propiamente un testamento. Moisés
(Exodo 24:8) habla de la misma cosa que (Cristo y) Pablo. Moisés por el término “convenio” no quiere decir sino un
pacto tocante a la concesión de la herencia celestial, tipificada por Canaán, después de la muerte del Testador, la que él
representaba con el rociamiento de la sangre. Y Pablo, por el mismo término “testamento” no significa otra cosa que
uno que tiene en sí condiciones, testamento que es a la vez pacto y convenio. [Poli, Sinopsis]; las condiciones las cumple
Cristo, no nosotros, salvo que debemos creer, pero aun esto lo obra Dios en su pueblo. Tholuck explica, como en otra
parte: “convenio … convenio < víctima mediadora”; se personifica víctima en el masculino, y lo tiene por mediador del
pacto; especialmente por cuanto en el nuevo pacto un HOMBRE (Cristo) toma el lugar de la víctima. Las partes
pactantes solían pasar entre las partes separadas de los animales sacrificados: pero, sin referencia a este rito, la
necesidad de un sacrificio para el establecimiento de un pacto explica suficientemente este texto. Otros también,
explicando el vocablo griego como “pacto”, consideran que la muerte de la víctima sacrificial representaba en todos los
convenios la muerte de ambas partes como obligación inalterable del pacto. Así en el pacto de la redención, la muerte de
Cristo simbolizaba la muerte de Dios (?) en la persona de la víctima mediadora, y la muerte del hombre en la misma.
Pero la expresión no dice que sea “necesario que intervenga la muerte de ambas partes pactantes” sino, en el singular,
la del testador (Griego, “del que hizo, participio aoristo, el testamento”). También se dice [PAG. 641] “muerte”, no
“sacrificio” ni “degüello”. Es claro, se supone que la muerte ya se efectuó (aoristo); que el hecho de la muerte queda
establecido (Griego “traído”) ante el tribunal para dar valor al testamento. Estos requisitos de un testamento aquí
aparecen: 1. un testador; 2. herederos; 3. bienes; 4. la muerte del testador; 5. el hecho de la muerte establecido en la
corte. En Mateo 26:28, aparecen otros dos requisitos: testigos, los discípulos; y un sello, la sangre del pacto simbolizada
en el vino de la cena del Señor. Es verdad que el heredero comúnmente es el sucesor del muerto, quien deja de ser el
poseedor. Pero en el caso de Cristo, él vuelve a la vida de nuevo, y es él mismo (inclusive todo lo que él tiene), en el
poder de su ahora sempiterna vida, la herencia de su pueblo; por ser él el heredero (1:2), ellos son herederos. 17.
confirmado—es decir, “Un testamento (es, o queda) firme sobre muertos”, en base a la muerte tiene fuerza de ley; no
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con Tholuck: “a condición de que los sacrificios muertos estén presentes”, lo que el griego no permite. de otra
manera—“viendo que nunca tiene fuerza” [Alford]. Bengel y Lachmann leen con la interrogación: “Pues ¿acaso tiene
fuerza (por supuesto que no) mientras vive el testador?” 18. consagrado—“inaugurado”. El Antiguo Testamento
estricta y formalmente empezó con aquel día inaugural. “Cuando la disposición o arreglo, ratificado por la sangre de
otro, a saber, de animales, los que no pueden hacer un convenio y menos un testamento, no se trata estrictamente de un
testamento; cuando es ratificado por la muerte del que hace el arreglo, se comprende estrictamente (Griego, diatheke,
hebreo, berith) en sentido más amplio, como testamento” [Bengel]; así, el primero—en referencia aquí a la antigua
dispensación, podemos traducir, “el primer pacto”; o mejor, retener “el primer testamento”, no que la antigua
dispensación sea, en sí sola, un testamento, sino que lo es sólo cuando se la considera la tipica representative de la nueva,
la cual es de veras un testamento. 19. Porque—en confirmación de la verdad general de 9:16. leído, etc.—en
cumplimiento estricto de toda orden de “la ley de mandamientos en orden a ritos” (Efesios 2:15). Véase Exodo 24:3:
“Moisés contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todos los derechos, y todo el pueblo respondió a una voz <” los
becerros—los sacrificados por los “jóvenes” enviados a hacerlo (Exodo 24:5). Las “ofrendas pacíficas” allí eran “de
toros” (la Versión de los Setenta, “novillos”), y los “holocaustos” eran probablemente (aunque no se especifica), como
en el día de la propiciación, de “machos cabríos”. La ley sancionó formalmente en Exodo muchas prácticas
sacrificiales de uso tradicional, venidas hacía mucho de la primitiva revelación. con agua—Prescrito, no en Exodo 24
pero sí en otras purificaciones, como por ejemplo, del leproso, y el agua de separación de las cenizas de la becerra roja.
lana de grana, e hisopo—comúnmente usados para la purificación. Grana o carmesí se asemeja a la sangre: se la creía
un tinte subido y fijo, como para tipificar el pecado (véase mi nota, Isaías 1:18). Así llevó Jesús un manto de escarlata,
emblema de los rojísimos pecados que él llevó sobre sí, aunque no tenía ningunos en sí; la lana se usaba para absorber
y retener agua; el hisopo, planta espesa y frondosa (envuelta de lana de grana), era usado para rociar el agua. La lana
es también símbolo de la pureza (Isaías 1:18). El hyssopus officinalis crece sobre las murallas, de pequeñas hojas
velludas de forma de lanceta de una pulgada de largo, florecitas azules y blancas, y tallo nudoso de como 30
centímetros. roció al mismo libro—del cual había leído “todo precepto”: el libro del testamento o pacto. Este
rociamiento no se menciona en Exodo 24. De ahí que traduce Bengel: “Y (habiendo tomado) el libro mismo (así Exodo
24:7), roció a todo el pueblo como también (v. 21) el tabernáculo”. Pero el griego apoya nuestra versión. Es que Pablo,
por inspiración, suple el detalle aquí especificado pero no en Exodo 24:7. El rociamiento del rollo del pacto, o
testamento, así como del pueblo, denota que ni se puede cumplir la ley ni puede el pueblo ser purgado de sus
pecados, salvo por el rociamiento de la sangre de Cristo (1 Pedro 1:2). Véase el v. 33, que enseña que hay en el cielo
mismo cosas antitípicas de la Biblia (Apocalipsis 20:12). El griego “sobre el libro mismo” distingue el libro mismo de los
preceptos que contiene, preceptos leídos por Moises. 20. Exodo 24:8: “He aquí la sangre de la alianza que Jehová ha
hecho con vosotros sobre todas estas cosas”. El cambio hecho aquí es para concordar con la inauguración por Cristo
del nuevo testamento, o pacto, según reza en Lucas 22:20: “Esta copa (es) el nuevo testamento en mi sangre, que es
vertida por vosotros”: el único Evangelio en que el “es” debe ser interpolado. Lucas era compañero de Pablo, lo que
explica la conformidad, pues aquí también el “es” debe ser agregado. testamento—(Notas vv. 16, 17). El griego
diatheke quiere decir tanto testamento como convenio. Este término es más apropiado a la antigua dispensación, aun
cuando la idea de testamento está incluída, porque la antigua era una en su relación típica a la nueva dispensación,
para la que el término “testamento” es más propio. Cristo ha sellado el testamento con su sangre, que es simbolizada
por la cena del Señor. Al testador lo representaban los animales muertos en la antigua despensación. En ambas
dispensaciones la herencia se legaba: en la nueva, por uno que vino en persona y murió; en la antigua, por el mismo,
presente sólo típica y ceremonialmente. Véase la excelente nota de Alford. os ha mandado—me ordenó (a Moisés)
ratificar en relación con vosotros. En la antigua dispensación la condición a cumplirse de parte del pueblo se infiere de
las palabras, Exodo 24:8: (“Jehová ha hecho con vosotros) tocante a todas estas cosas”. Pero aquí Pablo omite esta frase,
pues incluye el cumplimiento de esta condición de obediencia a “todas estas cosas (palabras)” del nuevo pacto, como
parte de la promesa de Dios, en cap. 8:8, 10, 12, por la cual Cristo lo cumple todo para nuestra justificación y nos
capacita mediante la inspiración de su Espíritu para cumplir todo en nuestra ahora progresiva, y finalmente completa,
santificación. 21. roció también—Griego, “asimismo”, de la misma manera, con la sangre. El rociamiento del tabernáculo
con la sangre, es agregado por la inspiración aquí, pues el relato de Exodo 24 indica que Moisés sólo ungió el
tabernáculo y su moblaje. En Levítico 8:10, 15, 30, se menciona [PAG. 642] el rociamiento con sangre sobre Aarón y
sus vestiduras, y sobre sus hijos y sobre el altar, y también el ungimiento con aceite; de modo que podríamos inferir
naturalmente, como Josefo asevera distintamente, que el tabernáculo y sus vasos eran rociados de sangre, además de
ser ungidos: Levítico 16:16, 19, 20, 23, virtualmente sanciona tal inferencia. El tabernáculo y su contenido precisaban la
purificación (2 Crónicas 29:21). 22. casi todo—“Todas las cosas”, es decir, bajo la antigua dispensación. Excepciones
hechas a cosas purificadas con sangre son Exodo 19:10; Levítico 15:5, etc.; 16:26, 28; Números 31:22–24. derramamiento
de sangre—vertida en la matanza de la víctima, y derramada luego sobre el altar. El derramamiento de la sangre sobre el
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altar es la parte principal del sacrificio (Levítico 17:11), y no se podía efectuar sin el previo vertimiento de la sangre de
la víctima muerta. Pablo acaso tenía en mente aquí el texto de Lucas 22:20: “Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre,
que por vosotros se derrama”. remisión—de pecados: expresión favorita de Lucas, compañero de Pablo. Propiamente
usada para perdonar una deuda (Mateo 6:12; 18:27, 32); nuestros pecados son deudas. Sobre esta verdad, véase
Levítico 5:11–13, una excepción hecha por la pobreza, lo que confirma la regla general. 23. las figuras—“las
representaciones sugestivas”; las copias típicas (Nota, cap. 8:5). cosas celestiales—el tabernáculo celestial y su
contenido. con estas cosas—con la sangre de toros y machos cabríos. las mismas cosas celestiales—los arquetipos. El
pecado del hombre había introducido un elemento de desorden en las relaciones de Dios y sus santos ángeles con
respecto al hombre. La purificación quita este elemento de desorden, y cambia la ira de Dios contra el hombre en el
cielo (indicado como el lugar donde Dios revela su gracia a hombres y ángeles), en una sonrisa de reconciliación.
Véase “paz en el cielo” (Lucas 19:38). “El increado cielo de Dios, lugar en sí de inofuscable luz, necesitó con todo una
purificación, por cuanto la luz de su amor estaba obscurecida por el fuego de su ira contra el pecador” (Delitzsch en
Alford) Contrástese Apocalipsis 12:7–10. La propiciación de Cristo tuvo el efecto de arrojar a Satanás fuera del cielo
(Lucas 10:18; Juan 12:31; compárese cap. 2:14). El cuerpo de Cristo, el verdadero tabernáculo (véase nota, 8:2; 9:11) en
el que llevó nuestro pecado imputado (2 Corintios 5:21), fué consagrado (Juan 17:17, 19) y purificado por el
derramamiento de su sangre, para ser el lugar de reunión de Dios y el hombre. mejores sacrificios—Se usa el plural
para expresar la proposición general, aunque se refiere estrictamente al un sacrificio de Cristo una vez para siempre.
Pablo infiere que este sacrificio único, por su excelencia sin par, equivale a los muchos sacrificios levíticos. Aunque es
uno solo, es múltiple en sus efectos y en su aplicación a muchos. 24. Resume más ampliamente el pensamiento: “Entró
una vez en el santuario” (9:12). Ya en vv. 13, 14 explicó las palabras “por su propia sangre”; y en 9:15–23 amplió la
discusión de “un sumo sacerdote de los bienes venideros”. santuario … mano—Griego, “hagia”, cosas santas o lugares
santos; es decir, el lugar santísimo del tabernáculo terrenal (nota, v. 11). figura—copia del verdadero, el santísimo
celestial, el arquetipo original (8:5). en el mismo cielo—la inmediata presencia del Dios invisible más allá de los cielos
creados, por los cuales Cristo pasó (nota de cap. 4:14; 1 Timoteo 6:16). ahora—siempre desde el momento de su
ascensión en la presente dispensación (véase cap. 9:26). presentarse—El mero hombre puede tener visión de Dios sólo
por algún medio, o velo, como Moisés (Exodo 33:18–23). Cristo solo contempla al Padre sin velo, y es su perfecta
imagen. Con sólo verle a él es que podemos ver al Padre. presencia—“Ante el rostro de Dios”. Los santos más
adelante verán el rostro de Dios en Cristo (Apocalipsis 22:4): las arras de lo cual son dadas ahora (2 Corintios 3:18).
Aarón, sumo sacerdote levítico por el pueblo, estuvo delante del arca y vió tan sólo la nube, símbolo de la gloria de Dios
(Exodo 28:30). por nosotros—en pro de nosotros, como nuestro Abogado e Intercesor (cap. 7:25; Romanos 8:34; 1 Juan
2:1). “Es suficiente que Cristo aparezca por nosotros ante el Padre; su presencia satisface a Dios en nuestro favor. No
lleva ante el rostro de Dios ofrenda que se agote y, sirviendo sólo por el momento, tenga que renovarse; al contrario, él
mismo es, en persona, por virtud del eterno Espíritu, es decir, la vida imperecedera de su persona, librado ahora y
para siempre de la muerte, él es nuestra eternamente presente ofrenda ante Dios”. [Delitzsch en Alford]. 25. Como
Pablo acaba de decir (9:24), no fué en el santuario figurativo, sino en el verdadero, en donde Cristo entró; así dice
ahora que su sacrificio no necesita, como los levíticos, ser repetido. “Ni tampoco entró con este fin, para ofrecerse muchas
veces”, es decir, para presentarse ante Dios, como entra (Pablo usa el tiempo presente del verbo, por cuanto el culto legal
aún existía) el sumo sacerdote, año tras año, en el día de la propiciación en el tabernáculo. 26. fuera necesario—para
ofrecerse muchas veces o presentarse ante Dios cada año, como los sumos sacerdotes legales en la renovación de esta
alta función sacerdotal, hubiera tenido y tendría que padecer muchas veces. Su oblación de sí mismo a Dios fué una
vez por todas (la presentación de su sangre en el santuario celestial), y por tanto su sufrimiento preliminar fué una vez
por todas. Los continuos pecados de los hombres, desde su primera creación, hubieran impuesto la necesidad de un
padecimiento continuo en la tierra y la consiguiente oblación de su sangre en el santuario celestial desde la fundación del
mundo, si la una oblación “en la consumación de los siglos” no fuera suficiente. Filón (de Mon., pág. 637) indica que los
sumos sacerdotes de los hebreos ofrecían sacrificios por toda la raza humana. “Si hubiera habido mayor eficacia en la
repetición de la oblación, la promesa del Cristo no hubiera sido por tan largo tiempo, sino que hubiera sido enviado
inmediatamente desde la fundación del mundo para sufrir y ofrecerse a sí mismo repetidas veces en los períodos
sucesivos” [Grocio]. ahora—como es el caso. una vez—por todas, una sola vez; sin la necesidad de renovación. La
ficción romanista de un sacrificio incruento en la misa contradice la declaración de que la sangre de Cristo está presente
en el vino; también refuta la aserción de que la misa es propiciatoria, porque si es incruenta, no puede ser propiciatoria;
pues sin el derramamiento de sangre no se hace remisión [PAG. 643] (cap. 9:22). Además, la expresión de “una vez” para
todas aquí y en cap. 9:28, y 10:10, 12, comprueba la falsedad de la enseñanza de que haya en la eucaristía, o misa, un
sacrificio de Cristo continuamente repetido. El sacrificio de Cristo fué una cosa consumada a fin de que se pudiera
pensar en ella para siempre (nota, cap. 10:12). consumación—La finalización de todos los siglos previos, desde la
fundación del mundo, a ser seguida por uno nuevo (1:1, 2). El último siglo, más allá del cual no ha de esperarse otro
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antes de la inminente segunda venida de Cristo, el complemento de la primera venida; es decir, “los fines de las
edades”; Mateo 28:29 reza, “la consumación del siglo”, o mundo (en el singular; no “siglos” como aquí). Véase “el
cumplimiento de los tiempos” (Efesios 1:10). deshacimiento—la anulación del poder del pecado, así como la
liberación de los hombres de la culpa y pena del pecado, de modo que ya no pueda condenar más al hombre; y del
yugo del pecado, para que al fin no peque. del pecado—en singular: todos los pecados de los hombres de todas las
edades se consideran una masa impuesta sobre Cristo. El no sólo ha hecho la propiciación por todos los pecados
cometidos, sino que también ha destruído el pecado mismo. Juan 1:29: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado
(no meramente los pecados: en singular, no plural) del mundo”. se presentó—Griego, “se ha manifestado” en la tierra (1
Timoteo 3:16; 1 Pedro 1:20). La Versión Inglesa confunde los tres verbos distintos y los traduce de la misma manera
(9:24, 26, 28 ): “aparecer”. Pero en el v. 24, es para “presentarse” ante Dios en el santuario celestial; en el v. 26, “se
manifiesta” en la tierra; y en el v. 28, “ser{ visto” por todos, y en especial por los creyentes. por el sacrificio de sí
mismo—Griego, “Por su propio sacrificio”; no por sangre ajena (v. 25). Alford pierde el contraste al traducir: “por su
sacrificio”. 27. está establecido—Griego, “está guardado” (reservado, como nuestra suerte señalada), Colosenses 1:5.
El vocablo “establecido” (así “seth” en el hebreo) en el caso del hombre, corresponde a “ungido” en el caso de Jesús;
por tanto, “el Cristo”, es decir, el ungido, es el título que en el v. 28 le es dado a propósito. El es el hombre
representativo; hay una estricta correspondencia entre la historia del hombre y la del Hijo del hombre. Los dos hechos
más solemnes de nuestra existencia están aquí relacionados con las dos verdades más preciosas de nuestra
dispensación, nuestra muerte y juicio, que corresponden en el paralelismo a la primera venida de Cristo para
salvarnos, y su segunda venida para consumar nuestra salvación. mueran una vez—y no más. después el juicio—a
saber, a la aparición de Cristo, a la que corresponde en el 9:28 esta palabra “juicio”. No reza: “y después la gloria
celestial”. El estado intermedio es de expectativa gozosa, o si no, una horrenda esperanza de “juicio”; después del juicio
viene el pleno y final estado de gozo, o de miseria. 28. Cristo—Griego, “EL Cristo”; el HOMBRE representativo; que
representa a todos los hombres, como lo hizo el primer Adán. ofrecido una vez—no “muchas veces” (v. 25); así como
está, o fué, establecido por Dios que mueran una vez los hombres. de los que él es la Cabeza representativa. El no tuvo
que morir una y otra vez por cada individuo, ni por cada generación sucesiva, pues representa a todos los hombres, y
por tanto tuvo que morir una sola vez para cumplir la pena de muerte merecida por todos. El fué ofrecido por el
Padre, consintiendo en ello su propio “eterno Espíritu” (9:14); como Abrahán no perdonó a Isaac, sino que le ofreció,
el hijo mismo sometiéndose sin resistir la voluntad del padre (Génesis 22). para agotar los pecados—Griego, “para
llevar”, refiriéndose a Isaías 53:12: “Llevó los pecados de muchos”, es decir, sobre sí; así el significado del verbo,
cargar sobre sí (Levítico 24:15; Números 5:31; 14:34). El verbo griego es, “llevar arriba” (1 Pedro 2:24). “Nuestros
pecados fueron puestos sobre él. Cuando, pues, fué levantado sobre la cruz, llevó juntamente consigo nuestros
pecados” [Bengel] muchos—no opuesto a todos, sino a pocos. El, el UNO, fué ofrecido por muchos; y ofrecido una sola
vez (Véase Mateo 20:28). será visto—ya no en ajena “forma de siervo”, sino en su propia y debida gloria. sin pecado—
aparte, separado del pecado; ya no llevando sobre sí el pecado de muchos, como en su primera venida (aun entonces
no había pecado en él). Aquel pecado fué quitado una vez para siempre en su primera venida, de modo que ya no falta
que haga repetición de la ofrenda de sí mismo por el pecado (9:26). En su segunda venida nada más tendrá que hacer
con el pecado. le esperan—“le aguardan con expectativa aun hasta el fin” (así el sentido del griego). Véase “esperar”
Romanos 8:19, 23; 1 Corintios 1:7, etc. para salud—Será visto, aparecerá, para introducir la completa salvación,
redimiendo entonces el cuerpo, que aun estará sujeto a la servidumbre de la corrupción. Por tanto, en Filipenses 3:20
se dice: “Esperamos al Salvador”. Nota: El oficio profético de Cristo, como el Maestro divino, fué ejercido en su
ministerio terrenal; su oficio sacerdotal se ejerce ahora desde su primera venida; su oficio real será plenamente
manifiesto en su segunda venida y después.
CAPITULO 10
Ver. 1–39. CONCLUSION DEL ARGUMENTO ANTERIOR. LOS SACRIFICIOS LEGALES ANUALES NO
PUEDEN PERFECCIONAR AL ADORADOR, PERO LO PUEDE HACER EL SACRIFICIO DE CRISTO, HECHO
UNA VEZ PARA SIEMPRE. En contraste con la diaria administración de los sacerdotes levíticos, el servicio de Cristo
es hecho perfecto por un solo sacrificio, y por lo tanto él ahora está sentado a la diestra de Dios como Sacerdote Rey,
hasta que todos sus enemigos estén sujetos bajo él. Así el nuevo pacto (8:8–12) está inaugurado, por el cual la ley está
escrita sobre el corazón, de modo que no se necesita más ofrenda por el pecado. Por lo tanto, debemos acercarnos al
lugar santísimo con firme fe y amor; temerosos de los horribles resultados de la apostasía; esperando la recompensa
que nos tocará con la venida de Cristo. 1. Anteriormente se nos enseñó la singularidad de la ofrenda de Cristo (hecha
una sola vez); ahora es contrastada en su perfección con los sacrificios legales. teniendo—Por cuanto tiene la ley sólo
“la sombra, no la imagen misma”, es decir, no la exacta semejanza, realidad y completa revelación, tal cual tiene el
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evangelio. La “imagen” aquí [PAG. 644] significa el arquetipo (véase 9:24), la imagen original, sólida [Bengel], que nos
hace reales aquellas verdades celestiales, de las que la ley antes daba tan sólo un bosquejo sombreado. Véase 2 Corintios
3:13, 14, 18; el evangelio es la exposición misma por la Palabra y el Espíritu de las realidades celestiales mismas, de las
que (el evangelio) se construye. Así Alford. Así como Cristo es la “imagen misma” (griego, “la impresión”) de la
persona del Padre (1:3), así el evangelio es la manifestación, por la revelación, de las verdades celestiales mismas: el
mismo arquetipo celestial, del que la ley fué trazada como en bosquejo o diseño (8:5). La ley era un proceso continuo de
profecía en acción que comprobaba el divino propósito de que las cosas figuradas se realizarían, y que comprobaba la
verdad de las mismas una vez realizadas. Así que los imperfectos y repetidos sacrificios expiatorios anteriores a Cristo
predijeron, y ahora comprueban la realidad de una perfecta expiación típica de Cristo. los bienes venideros—(9:11)—
que pertenecen al “mundo (siglo) por venir”. Bienes, cosas buenas, actualizados en parte al creyente por la fe, y a ser
realizados plenamente más tarde en gozo real y perfecto. Dice Lessing: “Como la iglesia de Cristo en la tierra es la
predicción de la economía de la vida futura, así la economía del Antiguo Testamento es una predicción de la iglesia
cristiana”. En relación a los bienes temporales de la ley, los bienes espirituales y eternos del evangelio son “bienes por
venir”. Colosenses 2:17 llama a las ordenanzas legales “la sombra”, y a Cristo “el cuerpo”. nunca—en ningún tiempo
(v. 11). continuamente—El griego insinúa que ofrecen un “continuo” círculo penoso e ineficaz de los “mismos”
sacrificios expiatorios periódicos “año tras año”. hacer perfectos—satisfacer perfectamente las necesidades del
hombre respecto de la justificación y la santificación (Nota, 9:9). los que se allegan—los que se acercan a Dios, es decir,
los adoradores (todo el pueblo) que acuden a Dios en la persona de su representante, el sumo sacerdote. 2. De otra
manera—“Si no fuera así”, si la ley pudiera, con sus sacrificios, haber hecho perfectos a los adoradores. cesarían—“de
ofrecerse (los sacrificios)”. limpios—Los adoradores estarían purificados ya “de una vez” para siempre (7:27), y no
tendrían conciencia—conocimiento interior del pecado (9:9). 3. Empero—lejos de dejar de ser ofrecidos aquellos
sacrificios (v. 2). en estos—en ellos, en el hecho de ser ofrecidos, y en el curso de su ofrecimiento en el día de la
propiciación. Véase el contraste en el v. 17. conmemoración—una recordación por la confesión del sumo sacerdote, en
el día de la propiciación, de los pecados tanto del año anterior como de todos los años anteriores, lo que comprobaba
que los sacrificios expiatorios de años precedentes no hacían sentir en la conciencia de los hombres el que hubiesen
expiado plenamente los pecados pasados; en efecto, la expiación y la remisión no eran sino legales y típicas (cap 10:4,
11). Al contrario, la remisión evangélica es tan completa que los pecados no serán recordados más (v. 17) por Dios. Es
incredulidad “olvidar” esta purgación hecha una vez para siempre, y tener miedo a causa de “pecados pasados” (2
Pedro 1:9). El creyente bañado una vez por todas, no necesita sino lavarse las manos” y los “pies”, según se los
contamine diariamente, en la sangre de Cristo (Juan 13:10). 4. Porque—La razón por qué hay necesariamente una
perpetua “recordación de pecados” en los sacrificios legales (v. 3). Típica, o figurativamente, “la sangre de toros”, etc.,
sacrificados tenía poder, pero sólo en virtud del poder de un verdadero sacrificio antitípico de Cristo; no tenían poder
alguno en si; no eran instrumentos de una perfecta expiación vicaria, sino la exhibición de la necesidad de la misma,
sugiriendo al israelita creyente la segura esperanza de la redención venidera, según la promesa de Dios. quitar—El
verbo griego del v. 11 es más fuerte que éste, y explica el vocablo débil aquí, quitar absolutamente. La sangre de brutos
no puede quitar el pecado de hombres. Eso debe hacer un Hombre (Notas, cap. 9:12–14). 5. La ofrenda voluntaria por
Cristo de sí mismo, en contraste con aquellos sacrificios ineficaces, es demostrada como cumpliendo perfectamente “la
voluntad de Dios” en cuanto a nuestra redención, haciendo completa propiaciación “por (nuestros) pecados”. Por lo
cual—viendo que un sacrificio más noble que el de animales era menester para “quitar pecados”. entrando en el
mundo—El tiempo aludido es el período anterior a su venida al mundo, cuando la ineficacia de los sacrificios de
animales para la expiación había sido comprobada [Tholuck]. O bien, el período es aquél entre el primer amanecer de
la razón del niño Jesus y el principio de su ministerio público, cuando, maduro ya en la resolución humana, se
entregaba al cumplimiento de la voluntad del Padre [Alford]. Pero el tiempo de la “entrada” es presente; no “cuando
hubo venido”, sino “mientras viene al mundo”; de modo que, para concordar con la opinión de Alford, “el mundo”
debe significar su ministerio público: viniendo, o estando por venir en público. Los verbos griegos están en el aoristo:
quisiste, apropiaste, he aquí vine, etc. Por tanto, para armonizar estos tiempos gramaticales, el presente viniendo o estando
por venir, con el pretérito, “me apropiaste cuerpo”, o debemos aceptar la explicación de Alford, o si no, si entendemos
que es el período previo a su llegada efectiva a la tierra, o a su encarnación, debemos explicar que los aoristos se refieren
al propósito de Dios, que habla de lo que él determinó desde la eternidad como si ya estuviera realizado. “Un cuerpo
me apropiaste en tu eterno consejo”. Esta me parece una explicación más probable que la de “llegar al mundo”,
presentarse en público, o entrar en su ministerio público. David, en el Salmo 40 (aquí citado), pasa revista a sus
aflicciones pasadas y su liberación de ellas por Dios, y su consiguiente deseo de rendir a Dios espontánea obediencia
como más acepta que los sacrificios; pero el Espíritu pone en boca de David lenguaje que encuentra sólo su parcial
aplicación a David, y su plena realización sólo en el divino Hijo de David. “Cuanto más se acerque cualquier hijo del
hombre al encarnado Hijo de Dios en posición, en oficio, o en individual experiencia espiritual, tanto más
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directamente pueden sus santas aspiraciones en el poder del Espíritu de Cristo considerarse como las palabras de
Cristo mismo. De todos los hombres, el profeta rey de Israel se asemejaba más a Cristo y más le representaba”
[Alford]. [PAG. 645] me apropiaste cuerpo—Griego, “Me acomodaste un cuerpo”. “En tus consejos te propusiste hacerme
un cuerpo, para ser entregado a la muerte como víctima sacrificial”. [Wahl]. En el hebreo, Salmo 40:6 reza: “Has abierto
mis oídos”, o “has agujereado mis orejas”. Alude acaso a la costumbre de agujerear la oreja del esclavo que se ofrece
voluntariamente para quedar bajo el amo cuando podía estar libre. El que Cristo asumiera un cuerpo humano, en obediencia
a la voluntad del Padre, a fin de morir la muerte de esclavo (2:14), fué virtualmente el mismo acto de sumisión
voluntaria para servicio como el de un esclavo que permitiera que su oreja fuese horadada por su amo. Su obediencia
voluntaria al deseo de su Padre es lo que se puntualiza como dando especial virtud a su sacrificio (cap. 10:7, 9, 10). La
preparación o apropiación de un cuerpo para él no es meramente para su encarnación, sino más bien para su sacrificio
explatorío (10:10), el sentido requerido por el contraste con “sacrificio y presente”; véanse Romanos 7:4; Efesios 2:16;
Colosenses 1:22. Probablemente la frase (Salmo 40:6) quiere decir que me ha abierto el oído interior, de modo que esté
atentamente obediente a lo que Dios quiere que haga, a saber, que asuma el cuerpo que él me ha preparado para mi
sacrificio; así Job 33:16; 36:10 (sin duda la horación de la oreja de un esclavo era el símbolo de tan voluntaria obediencia);
Isaías 50:5: “El Señor Jehová me abrió el oído”, eso es, me hizo atento y obediente cual esclavo a su amo. Otros explican
en forma algo semejante: “Mis orejas (oídos) cavaste”, o “formaste”, no con alusión a Exodo 21:6, sino al verdadero
oficio del oído: atención voluntaria y sumisa a la voz de Dios (Isaías 50:4, 5). La formación del oído sugiere la
preparación del cuerpo, es decir, la encarnación; esta idea secundaria, de veras en el hebreo aunque menos prominente,
es la que usa Pablo para su argumento. En cualquiera de las explicaciones, la idea de la asunción por Cristo de la
forma, llegando a ser obediente cual esclavo, es implícita. Así como él se tomó un cuerpo para hacer en él el sacrificio de
sí mismo, así debemos nosotros presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo (Romanos 12:1). 6. Holocaustos—ofrendas
del todo quemadas. no te agradaron—como si éstos pudieran en sí expiar el pecado: Dios tuvo placer (Griego,
“aprobó”, o “tuvo contentamiento”) en ellos en cuanto fuesen un acto de obediencia a sus mandamientos positivos del
Antiguo Testamento, pero no en su eficacia intrínseca, la que no tuvieron, tal cual tuvo el sacrificio de Cristo.
Contrástese Mateo 3:17. 7. Heme aquí—Griego, “He aquí vine” (Nota, v. 5). “Aquí tenemos el credo, como si fuera, de
Jesús: Vine para cumplir la ley (Mateo 5:17); para predicar (Marcos 1:38); para llamar pecadores al arrepentimiento
(Lucas 5:32); para meter espada, etc. (Mateo 10:34, 35); bajé del cielo para hacer la voluntad del que me envió (Juan
6:38, 39; Salmo 40:7, 8); soy enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 15:24); vine al mundo para juicio
(Juan 9:39); he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia (Juan 10:10); para salvar lo que se había
perdido (Mateo 18:11); para buscar y salvar lo perdido (Lucas 19:10; compárese 1 Timoteo 1:15); para salvar las vidas
de los hombres (Lucas 9:56); para echar fuego sobre la tierra (Lucas 12:49); para servir (Mateo 20:28); como la luz (Juan
12:46); para dar testimonio a la verdad (Juan 18:37). Permite tú, lector, que el Señor consiga su propósito en tu caso.
Además, por tu parte ¿preguntas por qué estás aquí? ¿Haces, pues, tú también, la voluntad de Dios? ¿Desde cuándo, y
de qué manera?” [Bengel]. Cuando en el día de la propiciación eran presentados delante del Señor los dos machos
cabríos, había de ser ofrecido por el pecado aquel sobre el cual cayera la suerte del Señor; y aquella suerte era alzada
arriba en las manos del sumo sacerdote, y luego puesta sobre la cabeza del animal que había de morir; así la mano de
Dios determinó todo lo que fué hecho a Cristo. Además del pacto que Dios hizo con el hombre por la sangre de Cristo,
hubo otro hecho por el Padre con el Hijo desde la eternidad. La condición fué: “Si él pusiere su vida en expiación por
el pecado verá linaje <” (Isaías 53:19). El Hijo aceptó la condición, diciendo: “Heme aquí, para hacer tu voluntad, oh
Dios” [El obispo Pearson]. Oblación, intercesión y bendición son sus tres oficios sacerdotales. del libro—es decir, “del
rollo”; el manuscrito de pergamino era arrollado sobre un cilindro con una perilla en cada extremo. Aquí la cabecera
del “tomo” indícado es el Salmo 40. “Por este mismo texto, escrito de mí, emprendo la ejecución de tu voluntad (a
saber, que muera yo por los pecados del mundo, a fin de que todos los que crean sean salvos, no por sacrificios de
animlaes, v. 6, sino por mi muerte)”. Este es el contrato escrito del Mesías (véase Nehemías 9:38), por el cual él se
compromete ser nuestro fiador. Tan perfecta es la inspiración de todo lo escrito, tan grande la autoridad de los
Salmos, que lo que David dice es en realidad lo que Cristo entonces dijo allí. 8. Diciendo—El (Cristo). Sacrificio—Los
manuscritos más antiguos rezan: “sacrificios y presentes”, en plural. Este texto combina en una las dos proposiciones
anteriores (vv. 5, 6), contrastando el sacrificio de Cristo, que es agradable a Dios. 9. Entonces dijo—“En aquel
tiempo”, (a saber, cuando hablaba por boca de David en el Salmo 40). El rechazo de los sacrificios legales envuelve,
como su concomitante, la oferta voluntaria de Jesús de hacer el sacrificio de sí mismo, en el cual Dios toma
contentamiento (porque era, en efecto, la voluntad misma de Dios que él vino a hacer al ofrecerlo: de modo que era
imposible que este sacrificio no le agradara). Quita lo primero—es decir, “el sistema legal de sacrificios”, que Dios no
quiere. lo postrero—“la voluntad de Dios” de que Cristo nos redimiera por el sacrificio de sí mismo. 10. En … por—
Véase 1 Pedro 1:22: “Habiendo purificado vuestras almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu”. Véase
también 1 Pedro 1:5 en el griego. Véase Efesios 1:6, griego: “En la cual (gracia) nos hizo aceptos <” “En la cual
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voluntad” expresa la causa original; “POR la ofrenda <”, la causa instrumental o mediadora. Toda la obra de la
redención mana de “la voluntad” de Dios el Padre, como la Primera Causa, quien decretó la redención desde antes de
la fundación del mundo. La “voluntad” aquí (bóulema) es su absoluta voluntad soberana, de la cual su “buena voluntad”
(eudokía) es un aspecto parcial. somos santificados—Una vez [PAG. 646] por todas y como nuestro estado permanente
(así el grieg). Es la obra acabada de Cristo de habernos santificado (es decir, trasladándonos de un estado de
alejamiento impio a uno de consagración a Dios, ya sin “más conciencia del pecado”, v. 2) una sola vez y
permanentemente; no es el proceso de santificación gradual al que aqui se alude. (Nota del Trad.—El eminente
teológico Dr. W. T. Conner, observa que “santificación” es el término predilecto de Hebreos para denotar la obra
salvadora de Cristo; no se emplea el término paulino de “la justificación”). del cuerpo—cuerpo “apropiado” para él
por el Padre (v. 5). Como la expiación, o reconciliación, es por la sangre de Cristo (Levítico 17:11), así nuestra
santificación (consagración a Dios, santidad y felicidad eterna) es por el cuerpo de Cristo (Colosenses 1:22). Alford cita
el ritual de la cena del Señor del Libro de Oración Común: “que nuestros cuerpos pecaminosos sean hechos limpios por su
cuerpo, y lavadas nuestras almas en su preciosa sangre”. una sola vez—(Véanse caps. 7:27; 9:12, 26, 28; 10:12, 14). 11.
Así que—Un nuevo punto de contraste: la frecuente repetición de los sacrificios. sacerdote—Los manuscritos más
antiguos rezan: “sumo sacerdote”. Aunque él no se presentaba “cada día” en persona “ofreciendo < sacrificios”, lo
hacía por sacerdotes subordinados, de los cuales, así como de todo Israel, él era la cabeza representativa. Así “cada
día” se aplica a los sumos sacerdotes (cap. 7:27, en griego). se presenta—Griego, “est{ en pie”, la actitud de uno que
sirve; en contraste con el “se sentó a la diestra de Dios” (cap. 10:12), dicho de Cristo, la postura de uno a quien, cual
rey, se sirve. sacrificios, que—“de tal estirpe que nunca pueden <” quitar—del todo; “arrasar”. Los sacrificios legales
podrían acaso en parte, y apenas en parte, producir el sentimiento de perdón (cap. 10:4); pero “desnudar” a uno de su
culpabilidad, eso nunca podrían hacer. 12. éste—enfático (cap. 3:3). para siempre—construído con “ofrecido <
sacrificio”, sacrificio, la eficacia del cual perdura para siempre; continuamente (v. 14). “La ofrenda de Cristo, hecha una
vez para siempre, seguirá siendo la única oblación para siempre; ninguna otra la reemplazar{” [Bengel]. La misa, que
pretende ser la frecuente repetición del mismo sacrificio del cuerpo de Cristo, queda por tanto refutada. Porque no
sólo es el cuerpo de Cristo uno, sino también su ofrenda es una, y ella inseparable de su padecimiento (cap. 9:26). La
misa ocuparía la misma posición que los sacrificios judaicos que Pablo rechaza por abrogados, porque ellos eran
anticipaciones del único sacrificio, así como Roma hace de la misa la continuación de él, en contradicción al
argumento de Pablo. La repetición insinuaría que la anterior “una vez para siempre” ofrenda del único sacrificio era
imperfecto, implicación que deshonraría dicho sacrificio (vv. 2, 18). Al contrario. el v. 14 dice: “Hizo PERFECTOS
PARA SIEMPRE a los santificados”. Si Cristo se ofreció en la última cena, entonces se ofreció otra vez en la cruz, y así
habría dos ofrecimientos; pero Pablo dice que fué una sola vez. una vez para siempre. Véase nota, cap. 9:26. Nuestra
versión está aventajada por el uso en esta Epístola del complemento “para siempre”, después de su antecedente.
También “un sacrificio para siempre” está en contraste con los “mismos sacrificios muchas veces” (v. 11). También 1
Corintios 15:24, 28 concuerda con Hebreos 10:12, 13: “para siempre” no debe construírse con “se sentó”, como lo hace
Alford, porque Jesús ha de ceder su trono de Mediador “cuando todas las cosas le estén sujetas”, y no estará sentado
para siempre. 13. Esperando—Aguardando la ejecución de la voluntad del Padre, que todos sus enemigos sean sujetos a
él. El Hijo aguarda hasta que el Padre “le envíe a triunfar sobre todos sus enemigos”. Ahora está en reposo (v. 12),
reinando invisiblemente, y haciendo sujetar a sí a sus enemigos virtualmente, por el derecho de su muerte. Su
presente ocupación del trono invisible es un preliminar necesario para su salida a sujetar abiertamente a sus enemigos.
Entonces saldrá a un reino visible manifiesto y a la conquista de sus enemigos. De este modo cumple las palabras del
Salmo 110:1, de acuerdo con 1 Corintios 15:23–28. Está ahora, por su Espíritu y por su providencia, sujetando a sus
enemigos en parte (Salmo 110). La sujeción completa de sus enemigos se efectuará en su segundo advenimiento y
desde entonces hasta el juicio general (Apocalipsis 19 y 20); luego viene la sujeción de él mismo, su sumisión
voluntaria, como Cabeza de la Iglesia, al Padre (la economía mediadora cesará cuando su finalidad se haya cumplido),
para que Dios sea todo en todos. Los vencedores orientales solían pisar la cerviz de los conquistados, como hizo Josué
con los cinco reyes. Así se simboliza la conquista total y absoluta en su venida. sus enemigos—constituídos en—el
estrado de sus pies.—Satanás y la muerte, cuya potencia consiste en “el pecado”; quitado el pecado (v. 12), es quitada
la potencia de los enemigos, cuya destrucción necesariamente sigue. 14. Porque—El sacrificio acabado “para siempre”
(v. 12) en su eficacia no necesita renovación. a los santificados—más bien el griego, “los que están siendo santificados.”
La santificación, (consagración a Dios) [sinónimo en Hebreos de “salvación”.—Nota del Trad.] de los creyentes
elegidos (1 Pedro 1:12) es perfecta en Cristo una vez para siempre (nota, v. 10). (Contrástese la ley, caps. 7:19; 9:9; 10:1).
El desarrollo de aquella santificación es progresivo. 15. lo mismo—El griego, reza: “Y nos atestigua también el Espíritu
Santo”. Se da el testimonio del Padre en cap. 5:10; el del Hijo en cap. 10:5. Ahora se agrega el del Espíritu Santo,
llamado de consiguiente “el Espíritu de gracia” (v. 29). El testimonio de todos los tres lleva a la misma conclusión (v.
18). que (porque) después que dijo—la proposición termina en el v. 17: “Después de haber dicho: Este es el pacto que
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haré con ellos (con la casa de Israel, cap. 8:10; aquí extendido al Israel espiritual) <; daré (la ley fué dada en las manos;
pero ahora son dadas) mis leyes en sus corazones (mente, 8:10) y en sus almas (corazones, 8:10), las inscribiré (así el
griego); pero omite el resto de la cita, cap. 8:10, 11: “Seré a ellos por Dios <, etc.” 17. Añade—en bastardillas, como no
está en el texto original. y nunca—léase: “Y añade: nunca <” Después de decir lo anterior, dice (también) lo siguiente:
“Nunca más me acordaré <” El punto principal de la cita es comprobar que habiendo en el pacto evangélico “remisión
de pecados” (v. 17), no hay más necesidad de sacrificio por los pecados. [PAG. 647] El objeto de la misma cita en el
cap. 8:8–13, es enseñar que, habiendo un “NUEVO pacto”, el anterior queda anticuado. 18. donde hay remisión de
éstos—como bajo el pacto evangélico la hay (v. 17). Aquí termina el gran final del arreglo tripartito (1. cap. 7:1–25; 2.
cap. 7:26 a 9:12; 3. 9:13 a 10:18) de la porción central de la Epístola. Su gran tema fué: Cristo el Sumo Sacerdote para
siempre según el orden de Melquisedec. Lo que es ser sumo sacerdote según el orden de Melquisedec se expone en el
cap. 7:1–25, en contraste con el orden aarónico. Que Cristo, empero, como Sumo Sacerdote, es el antitipo de Aarón en
el verdadero santuario, en virtud del sacrificio de sí mismo en la tierra, y el Mediador de un pacto mejor, cuyo
carácter esencial es sólo tipificado por el antiguo, se nos dice en cap. 7:26 a cap. 9:12. Y que el sacrificio propio de
Cristo ofrecido por el eterno Espíritu, es de poder perpetuo, en contraste con el siclo ineficaz de los sacrificios legales,
queda establecido en la tercera porción (cap. 9:13 a cap. 10:18). La primera parte de esta última porción (cap. 9:13–28)
muestra que tanto nuestra actual posesión de la salvación como nuestro futuro perfeccionamiento de la misma son
cosas tan ciertas para nosotros como que Cristo está con Dios, rigiendo como Sacerdote y reinando como Rey, pronto
a aparecer de nuevo, ya no para cargar con nuestros pecados, sino como Juez en gloria y poder. La segunda mitad,
cap. 10:1–18, reitera la proposición principal del todo, a saber, el sumo sacerdocio de Cristo, basado en el sacrificio de
él mismo: su carácter real, la eterna realización de su finalidad, confirmada por los Salmos 40 y 110 y por Jeremías 31.
[Delitzch en Alford.] 19. Aquí empieza la tercera y última división de la Epístola: nuestro deber actual mientras
aguardamos el segundo advenimiento del Señor. Resume y amplía la exhortación (cap. 4:14–16; véase cap. 10:22, 23) con
que cierra la primera parte de la Epístola, en preparación para su gran argumento doctrinario que empieza con el cap.
7:1. libertad—franqueza, confianza, basada en la conciencia de que nuestros pecados están perdonados. por la
sangre—Griego, “en la sangre”. Es en la sangre de Jesús donde fundamos nuestra confianza para entrar. Véase Efesios
3:12: “En el cual tenemos seguridad y entrada con confianza”. Lo que nos da este franco acceso es que él ha entrado
una vez por todas como nuestro Precursor (6:20) y Sumo Sacerdote (10:21), haciendo propiciación por nosotros con su
sangre, la cual está continuamente allí (cap. 12:24) delante de Dios. Ninguna casta sacerdotal interviene ahora entre el
pecador y su Juez. Podemos acudir con libertad, con franqueza, con amor y confianza, no con servil miedo,
directamente a Cristo, el único Sacerdote mediador. El ministro no está oficialmente más cerca de Dios que el laico; ni
puede éste servir a Dios a cierta distancia ni por un representante, como gustaría el hombre natural. Cada cual debe
venir por sí, y todos son aceptos cuando acuden por el camino nuevo y vivo que Cristo abrió. De modo que todos los
cristianos, en lo que toca al acceso directo a Dios, son virtualmente sumos sacerdotes (Apocalipsis 1:6). Ellos se
acercan en Cristo y por Cristo, el solo Sumo Sacerdote verdadero (cap. 7:5). 20. camino que—el antecedente en el
griego es “la entrada” (“libertad para entrar”); no, como parece, “el camino”. Tradúzcase: “La cual entrada (acceso) él
consagró (no como si ya existiera, sino como quien la abrió primero, inaugurada como cosa nueva; nota, cap. 9:18, donde el
griego es el mismo) para nosotros (como) camino nuevo (Griego, reciente: recién abierto, Romanos 16:25, 26) y vivo” (no
como el camino estéril de la ofrenda legal de la sangre de víctimas muertas, sino camino real, vital, y de perpetua
eficacia, porque el Salvador viviente y vivificante es aquel camino. Es una esperanza viva la que tenemos, que produce
obras no muertas, sino vivas). Cristo, primicias de la humanidad, ha ascendido, y por causa de ello los demás están
santificados. “La ascensión de Cristo es nuestra promoción; y adonde la gloria de la Cabeza ha precedido, allá la
esperanza del cuerpo también es llamada” (León). el velo—Como se tenía que pasar por el velo para entrar en el
santuario, así Cristo tuvo que pasar por la débil y doliente carne de su humanidad (cap. 5:7, que velaba su divinidad),
para entrar en el santísimo celestial por nosotros; al desnudarse él de su cuerpo abierto, el velo del templo, tipo del
cuerpo de Cristo, fué simultáneamente roto de arriba abajo (Mateo 27:51). No su cuerpo, sino su débil y doliente carne
fué el velo; su cuerpo era el templo (Juan 2:19). gran sacerdote—En todo otro lugar de la Epístola se emplea el término
griego archiereus por sumo sacerdote. Aquí es “un gran sacerdote”, uno que es a la vez Rey y “Sacerdote sobre el
trono” (Zacarías 6:13); un Sacerdote real o un Rey sacerdotal. la casa de Dios—la casa espiritual, la iglesia, compuesta
de creyentes, cuyo hogar es el cielo, donde Jesús está ahora (cap. 12:22, 23). De modo que, en el sentido de la “casa de
Dios”, sobre la que está Jesús, está incluído el cielo, como también la Iglesia, cuyo hogar es. 22. (cap. 4:16; 7:19). con
corazón verdadero—sin hipocresía; “en verdad, y con corazón perfecto”; corazón imbuído en “la verdad” (v. 26). en
plena certidumbre—(Cap. 6:11)—Sin duda alguna, respecto de nuestro recibimiento cuando acudimos a Dios por la
sangre de Cristo. Como “fe” ocurre aquí, así “esperanza” y “amor” en vv. 23, 24. purificados—Griego, “rociados”;
teniendo los corazones rociados, de modo que estén purificados de (Griego apo) mala conciencia—Corazones conscientes
de la culpa expiada, limpiada y quitada (v. 2; cap. 9:9). Tanto los corazones como los cuerpos son purificados. Las
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purificaciones legales fueron con la sangre de víctimas animales y con agua, y sólo podían purificar la carne (cap. 9:13,
21). La sangre de Cristo purifica el corazón y la conciencia. El sacerdote aarónico, al entrar al lugar santo, se lavaba con
agua (cap. 9:19) en el lavabo de bronce. Los creyentes, como sacerdotes de Dios, son lavados una vez por todas en
CUERPO (en distinción de los “corazones”) en el bautismo. Como tenemos una naturaleza inmaterial y otra material,
la purificación de ambas se expresa por “corazones” y “cuerpo”, el hombre interior y el exterior; así el hombre entero,
material e inmaterial. El bautismo, sin embargo, no es meramente el quitamiento de la inmundicia material, ni un acto
operado por eficacia intrínseca, sino un sello sacramental al hombre exterior, de un lavamiento espiritual (1 Pedro
3:21). El “cuerpo” (no meramente la [PAG. 648] carne, la parte carnal, 2 Corintios 7:1) incluye todo el hombre material
que necesita purificación, y es redimido, tanto como el alma. El cuerpo, una vez contaminado del pecado, es lavado, a
fin de ser preparado como el santo cuerpo de Cristo, y por el cuerpo de Cristo, para ser espiritualmente una ofrenda
pura y viva. Sobre el “agua pura”, símbolo de la consagración y la santificación, véase Juan 19:34; 1 Corintios 6:11; 1
Juan 5:6; Ezequiel 36:25. Los pretéritos perfectos, “purificados los corazones” y “lavado el cuerpo” (Griego, en
singular), indican un estado continuo producido por un hecho realizado una vez por todas, a saber, nuestra justificación
por la fe por la sangre de Cristo, y nuestra consagración a Dios, sellados sacramentalmente por el bautismo de nuestro
cuerpo. (Nota del Trad.—Somos sellados por el Espíritu Santo (Efesios 1:13; 4:30). Es llamativo que el autor de
Hebreos, mayormente si es Pablo, no hace alusión al bautismo. Pablo exhorta a santidad a los romanos (Romanos 6:3–
6), evocando la confesión de ellos hecha en el bautismo. “Los creyentes < son todos lavados (simbólicamente) en el
bautismo”. Este “no quita la inmundicia material”, ni tiene “eficacia intrínseca”. ¿Cómo puede entonces ser “sello
sacramental” de nuestra “justificación” y “consagración”? Es natural de parte del escritor “a Hebreos” emplear los
ritos y símbolos del antiguo culto para explicar la nueva fe y para exhortar a la santidad; pero no hay necesidad de
que busquemos en aquéllos referencias directas a ceremonias o analogías en el cristianismo. Las dos figuras
(dualismo) de cap. 19:22 no deben dividir al hombre en dos (corazón y cuerpo, ni indican dos operaciones:
purificación (rociamiento en el griego) para el corazón y lavamiento (bautismo) para el cuerpo.) 23. Véase cap. 3:6, 14;
4:14. profesión—Griego, “confesión”. nuestra fe—más bien como el Griego, “NUESTRA ESPERANZA”; la que es en
verdad la fe ejercitada tocante a nuestra futura herencia. La esperanza se basa en la fe y al mismo tiempo vivifica la fe, y
es la base de nuestra franca confesión (1 Pedro 3:15). La esperanza asimismo se relaciona con la purificación (1 Juan 3:3).
sin fluctuar—sin menguar (cap. 3:14), “firmes hasta el fin”. el que—Dios; es fiel a sus promesas (caps. 6:17, 18; 11:11;
12:28; 1 Corintios 1:9; 10:13; 1 Tesalonicenses 5:24; 2 Tesalonicenses 3:3; Juan 12:26), pero el hombre a menudo es infiel
a sus deberes. 24. Aquí, como en otras partes, esperanza y amor siguen a la fe: la tríade paulina de las gracias cristianas.
considerémonos—con la mente fija atentamente los “unos a los otros” (nota, cap. 3:1), contemplando con continua
consideración los caracteres y las necesidades de nuestros hermanos, a fin de impartir mutuo socorro y consejo.
Griego, “considerad”, Salmo 41:1, y Hebreos 12:15: “Mirando [todos] bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios”.
para provocarnos—Griego, “para la provocación de amor y buenas obras”, en lugar de excitar al odio, como muchas
veces pasa. 25. nuestra congregación—El vocablo griego, episunagoge, hallado sólo aquí y en 2 Tesalonicenses 2:1; el
verbo en Mateo 24:31: “Reunirán a los escogidos de los cuatro vientos”. La reunión o congregación de nosotros para la
comunión cristiana en privado y en público, son arras de nuestra reunión con Cristo en su aparición. La unión es
fuerza; las asambleas continuas engendran y propagan el amor, y dan buenas oportunidades para “provocar a buenas
obras” si se exhortan continuamente unos a otros (cap. 3:13). Dice Ignacio: “Cuando os reunís frecuente y
numerosamente, los poderes de Satanás son derribados, y su astucia es neutralizada por vuestra unanimidad en la
fe”. Descuidar tales asambleas del todo podría acabar en la apostasía al fin. No se emplea aquí la palabra griega
sunagoge, que sugeriría las reuniones de la sinagoga judaica (véase Apocalipsis 2:9). como … costumbre—Esta suave
expresión comprueba que aquí no se habla aún de la apostasía. aquel día se acerca—Griego, “El día”, expresión más
breve para expresar el día del retorno del Señor, ocurre sólo aquí y en 1 Corintios 3:13; una confirmación de la
redacción paulina de esta Epístola. La iglesia, siempre en la incertidumbre de cuán pronto viene Cristo, el día lo tiene y
lo ha tenido siempre, en cada edad, prácticamente por cercano; por lo tanto se exhortó a los creyentes a que velaran,
como si estuviera cercano. Los hebreos entonces vivían cerca de uno de aquellos grandes eventos típicos, o primicias,
de aquel día, la destrucción de Jerusalén (Mateo 24), “el sangriento y fogoso amanecer del gran día; aquel día es el día
de días, el día final de todos los días, el día de ajustar cuentas de todos los días, el día de la promoción del tiempo a la
eternidad, el día que, para la Iglesia, irrumpe en la larga noche del presente mundo y le pone fin.” [Delitzche en
Alford]. 26. Véase nota sobre cap. 6:4, sig., donde se advertía que si no había diligencia en el progreso, acontecería un
relajamiento seguido de una posible apostasía; aquí se amonesta que si hay tibieza en la comunión cristiana, puede
motivar la apostasía. si pecáremos—el presente del participio griego: si se nos ve pecando, eso es, no en hechos
aislados, sino en un estado pecaminoso. [Alford]. Una violación no sólo de la ley, sino también de toda la economía del
Nuevo Testamento (vv. 28, 29). voluntariamente—desenvueltamente. Después de recibir “pleno conocimiento (así el
griego; véase 1 Timoteo 2:4) de la verdad” del Espíritu Santo (el Espíritu de verdad, Juan 14:17; y de “el Espíritu de la
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gracia”, v. 29): recaer (como significa aquí “pecar”, cap. 3:12, 17; véase cap. 6:6) y apostatar (cap. 3:12) al judaísmo o a la
incredulidad, no es pecado de ignorancia o de error (“salir fuera del camino”, cap. 12:13), resultado de enfermedad, sino
que es pecado deliberado contra el Espíritu (v. 29; cap. 5:2): semejante pecar, donde no sólo había conocimiento de las
obligaciones evangélicas sino también lo hay: pecar presuntuosamente y con perseverancia contra la redención de
Cristo hecha para nosotros, y contra el Espíritu de gracia en nosotros. “Sólo el que está alto, puede caer bajo. Tiene que
haber en el alma una referencia viva a lo que es bueno, para que uno sea completamente malo; por tanto, el hombre
puede ser más réprobo que las bestias, y los ángeles apóstatas más que el hombre apóstata” [Tholuck]. ya no queda
sacrificio—Porque no hay sino UN solo sacrificio que puede expiar el pecado, y ellos, habiendo tenido pleno
conocimiento de dicho sacrificio, deliberadamente lo rechazan. 27. una horrenda esperanza—Griego, “cierta [PAG.
649] expectación horrorosa”; extraordinaria e indescriptible. Lo indefinido, como algo peculiar, sui géneris, hace más
terrible la descripción (véase Santiago 1:18). “Expectación” es un sentido posterior del griego. Alford extrañamente
traduce “recepción”, como significa comúnmente el griego en otras partes. Es fácil la transición de “dar un recibimiento
a” cosa o personas, a “aguardar, estar a la expectativa de” algo. Contrástese “esperando” del v. 10 (de la misma raíz
griega), lo que refuta a Alford. hervor de fuego—es decir, “celo de fuego”; el fuego está personificado: el brillo o ardor
de fuego; es decir, de aquel que es “fuego consumidor”. devorar—continuamente. 28. menospreciare—“hacer caso
omiso” (Alford): violar absoluta y atrozmente, no meramente algún detalle menor, sino toda la ley y el pacto, por
ejemplo, por la idolatría (Deuteronomio 17:2–7). Véase Marcos 7:9. Así que la apostasía aquí equivale a la violación
completa del antiguo pacto. muere—el castigo normal de semejante transgresión, aun entonces en vigor. sin …
misericordia—“misericordias”; alejado del recinto de la mitigación o de la tregua de su condenación. testimonio—
“Por (la evidencia de) dos o tres testigos”. 29. mayor—Griego, “peor castigo” (es decir, “venganza”) que todo castigo
meramente temporal del cuerpo. pensáis—apela a la razón y conciencia de los hebreos. será más digno—“Será
contado digno” por Dios en el juicio. hollare al Hijo de Dios—por la apostasía “voluntariosa”. Así pisotea a Dios,
quien “glorificó a su Hijo como sumo sacerdote” (caps. 5:5; 6:6). inmunda—es decir, “común”, lo contrario de
“santificado”. No mejor que la sangre del hombre común, insinuando así la consecuencia de que Cristo, pretendiendo
ser Dios, era culpable de blasfemia y así digno de muerte! santificado—pues Cristo murió aun por el apóstata.
“Santificado” en el sentido más pleno, se aplica sólo a los salvos elegidos. Pero en algún sentido pertenece también a
aquellos que han avanzado mucho en la experiencia cristiana y que sin embargo, al fin caen. Cuanto más altas las
experiencias cristianas de los tales, tanto mayor su caída. (Nota del Trad.—No es tan fácli reconciliar “el estado
pecaminoso” y el castigo irremisible con la supuesta “santificación” de una y la misma persona. Fué “santificado”
provisionalmente en el plan y propósito de Dios. A pesar de su conocimiento de la verdad, nunca permitió que Dios
“comenzara” la buena obra en él para que pudiera “perfeccionarla” para el día de Cristo. El Dr. W. T. Conner dice, en
La Fe del Nuevo Testamento, pág. 241: “El autor (de Hebreos) emplea varias veces la palabra santificar para expresar lo
que Cristo hace para el hombre (caps. 2:11; 10:14, 29; 13:12). Esta santificación es algo que Cristo hace en su sangre por
la voluntad de Dios. No parece ser contemplada primordialmente desde el punto de vista de la experiencia del
hombre; no es por tanto primariamente una limpieza personal o purificación ética, sino más bien una dedicación o
consagración objetiva. Vale decir que el hombre es consagrado provisionalmente a Dios. Parece que se considera un
asunto provisional. Se aplica a los que rechazan lo que Cristo ha hecho por ellos (Hebreos 10:29). El santifica a los
hombres en el sentido de que ha hecho una ofrenda por el pecado en base a la cual Dios puede recibirlos”.) hiciere
afrenta—por el hecho de rechazarlo: así como la “blasfemia” es afrenta hecha con palabras (Marcos 3:29). “De los judíos
que se hicieron cristianos y luego volvieron al judaísmo, hallamos en la historia de Uriel Acosta que se les requirió
una blasfemia contra Cristo. Le aplicaban a Cristo epítetos que se usaban contra Molech, la rama adúltera”, etc.
[Tholuck]. al Espíritu de gracia—el Espíritu que imparte gracia. “El que no acepta el beneficio, insulta a aquel que lo
ofrece. Te ha hecho hijo; ¿quieres volverte esclavo? El ha venido para morar contigo; pero tú estás introduciendo el
mal en ti mismo” [Crisóstomo]. “Es la maldición de la maldad propagar eternamente la maldad: así para aquel que
profana a Cristo exteriormente, y blasfema a Cristo interiormente, no hay subjetivamente ninguna renovación de un
cambio de mente (cap. 6:6), ni hay objetivamente ningún sacrificio nuevo por los pecados” (cap. 10:26) [Tholuck]. 30. el
que dijo—Dios, quien no pone amenazas vanas. Mía es la venganza—Griego, “A mí (me pertenece) la venganza”,
precisamente como la cita de Pablo en Romanos 12:19, del mismo texto. juzgará—o en gracia, o en ira, según merezca
cada cual: en ira, para castigar al apóstata réprobo; en gracia, para interponerse y salvar a su pueblo (Deuteronomio
32:38). 31. Horrenda cosa, etc.—Es bueno caer, como David, en las manos de Dios, y no en las de los hombres, cuando
uno lo hace en fe filial en el amor del padre, aun cuando Dios le castigue. Es “horrendo” caer en sus manos como
pecador réprobo y presuntuoso, condenado a la justa venganza del Juez (v. 27). Dios vivo—que puede, por tanto,
castigar eternamente (Mateo 10:28). 32. Como antes les advirtió el horrible fin de los apóstatas, ahora los excita por el
recuerdo de la propia fe, paciencia y amor sacrificados anteriormente de ellos. Así Apocalipsis 2:3, 4. traed a la
memoria—habitualmente: así el sentido del presente gramatical. iluminados—venidos al “conocimiento de la
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verdad” (v. 26), en relación con el bautismo (nota, cap. 6:4). En el bautismo espiritual, de Cristo, “la luz”, se viste. “Por
una parte, no hemos de separar el signo y la gracia significada donde corresponde en verdad a sus designios; por otra
parte, el vaso no debe confundirse con el líquido, ni la vaina con la espada” [Bengel]. combate de—que consiste en
“aflicciones”. 33. Las persecuciones aquí referidas parecen haber sido sufridas por los hebreos en su primera
conversión, no sólo en Palestina, sino también en Roma y otras partes, incitando los judíos en toda ciudad al
populacho y a las autoridades romanas en contra de los cristianos. espectáculo—como en el teatro (así el vocablo
griego): usado a menudo como lugar de castigo consumado en la presencia de las multitudes. Hechos 19:29; 1
Corintios 4:9: “Hechos espectáculo teatral al mundo”. hechos compañeros—voluntariamente (en prueba de vuestra
simpatía cristiana con vuestros hermanos afligidos) participantes en sus aflicciones. 34. os resentisteis conmigo—Los
manuscritos más antiguos omiten “conmigo”, y rezan: “Os compadecisteis de los presos (véase la última frase del v. 33;
cap. 13:3, 23; 6:10), y aceptasteis (así el griego traducido en cap. 11:15) con gozo (Santiago 1:2; el gozo en las
tribulaciones, en ejercicio de la fe y otras gracias, [PAG. 650] Romanos 5:3; y arras de la gloria venidera, Mateo 5:12) el
robo (despojo) de vuestros (propios) bienes” (que corresponde a la primera frase del v. 33). tenéis en vosotros—Los
manuscritos más antiguos omiten “en”; debe traducirse: “Sabiendo que tenéis a vosotros mismos, o para vosotros
mismos …” mejor—por ser celestial (cap. 11:16). sustancia—Posesión: peculiarmente nuestra propia, a menos que
arrojemos nuestra primogenitura. 35–37. Consiguiente exhortación a la confianza y perseverancia, por cuanto Cristo
viene pronto. No perdáis—Griego, “No arrojéis afuera”, lo que indica que ya tienen “confianza” y que no se les irá, a
menos que ellos la “arrojen” voluntariamente (véase cap. 3:14). que—la cual, por cuanto es de tal suerte que tiene—
tiempo presente: es tan segura como si la tuvierais en la mano (v. 37). remuneración de galardón—de gracia, no por
deuda: galardón de la clase que no buscaría el mercenario egoísta; la santidad será su propia recompensa; el
espontáneo despojamiento propio por amor de Cristo será su rico galardón (Nota, caps. 2:2; 11:26). 36. la paciencia—
Griego, “tolerancia que aguarda”, o “perseverancia perdurable”; el verbo de la misma raíz en la Versión de los Setenta,
Habacuc 2:3, se traduce “espéralo”. Compárese Santiago 5:7. habiendo hecho—“para que, por cuanto habéis hecho la
voluntad de Dios” hasta ahora (vv. 32–35), demostréis también la paciencia y la perseverancia, y así “obtengáis la
promesa”, es decir, el galardón prometido: la vida eterna y la dicha conmensurada con nuestra fe y amor (cap. 6:10–
12). No sólo debemos hacer sino también sufrir (1 Pedro 4:19). Dios usa primero los talentos activos de sus siervos;
entonces pule la otra cara de la piedra, haciendo brillar las gracias pasivas, la paciencia, la humildad, etc. Se puede
también traducir: “Para que hagáis la voluntad y obtengáis la promesa” [Alford]. La “paciencia” misma es un
cumplimiento adicional y perseverante de la “voluntad de Dios”; de otro modo sería sin provecho y no una gracia real
(Mateo 7:21). Deberíamos esperar, no meramente la dicha individual ahora y a la muerte, sino la consumación grande
y general de dicha de todos los santos, tanto en cuerpo como en alma. 37, 38. Exhortación a la perseverancia y
paciencia por la consideración de la brevedad del tiempo hasta que venga Cristo, y del rechazo por Dios de aquel que
vuelve atrás, basada en Habacuc 2:3, 4. aun un poquito—(Juan 16:16). el que ha de venir—literalmente, “el viniente.”
En Habacuc es la visión que se dice estar por venir. Cristo, el gran tema final de toda visión profética, en palabras de
Pablo, bajo la inspiración, es el tema de la profecía del Espíritu por boca de Habacuc, en su cumplimiento final y
completo. 38. el justo—Los manuscritos más antiguos y la Vulgata dicen: “MI justo”. Es Dios quien habla: “El que es
justo ante mis ojos”. Bengel traduce “El justo vivirá por MI fe” siguiendo el hebreo (Habacuc 2:4): “el justo vivirá por la
fe de él”, es decir, de Cristo, el tema final de “la visión”, quien “no mentirá”, no chasqueará. Aquí está aludido no
meramente el primer comienzo, como en Gálatas 3:11, sino la continuación de la vida espiritual del hombre justificado,
en contraste con la relajación y la apostasía. Como el justificado recibe el principio de su vida espiritual por la fe, así
por la fe continuará viviendo (Lucas 4:4). La fe aquí es aquella viva confianza plenamente desarrollada en el invisible
Salvador (cap. 11:1), que mantiene a uno firme en medio de las persecuciones y tentaciones (vv. 34–36). mas—Griego,
“y”. si se retirare—Admite el griego la traducción: “si alguno se retirare”. Aun así no confutaría la perseverancia final
de los santos. Porque “el justo” de la segunda frase significaría uno que es, al parecer, y en parte realmente, pero no
salvadoramente justo ni justificado: como en Ezequiel 18:24, 26. En Habacuc (2:4) la segunda mitad del versículo se halla
primero: “He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él; mas el justo vivirá por la fe”. Habacuc explica
el porqué de la retractación: un alma enorgullecída, la incredulidad inflada que se opone a Dios. Pablo, por el Espírtiu,
declara el efecto: que se retrae, También, lo que en Habacuc es: “su alma no es derecha en él”, en Pablo es: “No agradará
a mi alma”. Habacuc declara la causa, Pablo el efecto: el que no es recto en su propia alma, no es recto para con Dios;
Dios no tiene agrado en él. Bengel traduce a Habacuc: “Su alma no es recta para con él”, es decir, para con Cristo, el
tema de “la visión”; es decir, Cristo no tiene agrado en él (véase cap. 12:25). No toda flor de la primavera es una fruta en
el otoño. 39. Un elegante cambio paulino de las advertencias denunciatorias a las esperanzas caritativas de sus lectores
(véase Romanos 8:12). ganancia del alma—es decir, “adquisición del alma”. El verbo griego de la misma raíz se aplica
a la adquisición de la Iglesia por Cristo, comprada con su sangre (Hechos 20:28). Si adquirimos u obtenemos la salvación de
nuestra alma, es por medio de Aquel que la obtuvo para nosotros por el derramamiento de su sangre. “El incrédulo
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pierde su alma: porque no siendo él de Dios, tampoco es suyo propio (véase Mateo 16:26, con Lucas 9:25): la fe salva al
alma uniéndola a Dios” *Delitzch en Alford].
CAPITULO 11
Ver. 1–40. DEFINICION DE LA FE ANTES MENCIONADA (Cap. 10:39): EJEMPLOS SACADOS DEL ANTIGUO
TESTAMENTO PARA NUESTRA PERSEVERANCIA EN LA FE. 1. Descripción de las grandes cosas que hace para
nosotros la fe (en su sentido más amplio, no restringido aquí a la fe en el sentido evangélico). No es una definición plena
de la fe en toda su naturaleza, sino una descripción de sus grandes características con relación al tema de las
exhortaciones de Pablo aquí. a saber, a la perseverancia. la sustancia—Es la substanciación de las promesas de Dios
que esperamos, como futuras en cumplimiento, haciéndolas realidades actuales para nosotros. Sin embargo, el griego
se traduce “confianza” en el cap. 3:14, y puede que signifique aquí “segura confianza”. Así traduce Alford. Tomás
Magister apoya nuestra versión: “Todo lo que sigue está contenido virtualmente en el primer principio; bien, el primer
comienzo de las cosas esperadas está en nosotros por medio del asentimiento de la fe, la que virtualmente contiene
todas las cosas esperadas”. Véase nota, cap. 6:5: “gustaron < poderes del mundo venidero”. Por la fe, el futuro objeto
de la esperanza cristiana, [PAG. 651] en su comienzo, ya está presente. La fe verdadera infiere la realidad de los objetos
creídos y esperados (v. 6). Hugo de San Víctor distingue entre la fe y la esperanza: por la fe sola estamos seguros de la
existencia de las cosas eternas; por la esperanza estamos confiados en que las tendremos. Toda esperanza presupone la fe
(Romanos 8:25). demostración—prueba convincente para el creyente; viendo así el alma lo que el ojo no puede ver.
cosas que no se ven—todo el mundo invisible y espiritual; no meramente cosas futuras y cosas agradables, como “las
cosas que se esperan”, sino también las pasadas y presentes, y las que son lo opuesto de agradables. “La vida eterna
nos está prometida, pero es cuando estemos muertos; se nos dice de una dichosa resurrección, pero entretanto nos
enmohecemos en el polvo; somos declarados justos, y el pecado mora en nosotros; oímos decir que somos
bienaventurados, mientras tanto estamos aplastados de miserias sin fin; se nos promete abundancia de todos los
bienes, y con todo sufrimos hambre y sed; Dios declara que vendrá inmediatamente en nuestro socorro, pero parece
sordo a nuestro clamor. ¿Qué haríamos si no tuviéramos la fe y la esperanza en que apoyarnos, y si nuestra mente no
ascendiera entre la oscuridad por encima del mundo por medio del brillo de la palabra y el Espíritu de Dios?”
[Calvino]. La fe es el asentimiento a las verdades creíbles ante el testimonio de Dios (no por lo razonable de lo
revelado, aunque por ella podemos juzgar si se trata de una revelación genuina), impartido a nosotros en los escritos
de los apóstoles y profetas. Así es la ascensión de Cristo la causa, y su ausencia la corona de nuestra fe: por cuanto él
ascendió, por tanto más creemos; y por cuanto creemos en él ascendido, por tanto más acepta es nuestra fe. [El Obispo
Pearson]. La fe cree lo que no ve; porque si tú ves, no hay fe: el Señor se ha ido para no ser visto; está escondido para
ser creído; el ardiente deseo por la fe, por aquel invisible, es la preparación de una mansión celestial para nosotros;
cuando él aparezca, nos será dada como galardón de la fe. [Agustín]. Puesto que la revelación trata exclusivamente de
cosas espirituales e invisibles, la fe es la facultad que hemos menester, porque es la demostración de las cosas no
vistas. Por la fe aventuramos nuestros intereses eternos sobre la misma palabra de Dios, y esto es del todo razonable.
2. por ella—Griego, “en ésta” (más enfático); respecto de la misma, en relación con ella < alcanzaron testimonio—Se
hizo testimonio (favorable) de ellos (véase cap. 7:8). Es una frase de Lucas, compañero de Pablo. No sólo los hombres,
sino Dios también dió testimonio de la fe de ellos (vv. 4, 5, 39). Aprobados así por testimonio, ellos mismos vienen a
ser testigos para otros (cap. 12:1). Los primeros ancianos tuvieron su paciencia ejercitada por mucho tiempo; los
posteriores, en más agudas aflicciones. Muchas cosas que ellos esperaron y no vieron, después se realizaron y fueron
conspicuamente vistas, hecho que confirmó la fe. [Bengel]. los antiguos—Griego, “los ancianos”, como si aun viviesen,
dando su poderoso testimonio en cuanto a lo razonable y a lo excelente de la fe (cap. 12:1). No meramente los antiguos,
como si fuesen personas solamente del pasado; no, pertenecen a la una y misma familia bendita que nosotros (vv. 39,
40). “Los ancianos”, a quienes reverenciamos tan altamente. “Pablo enseña cómo debemos buscar en toda su plenitud,
bajo el velo de la historia, la substancia esencial de la doctrina a veces brevemente indicada”. [Bengel]. “Los ancianos”,
así como “los padres”, es un título de honor dado en base a la franca fe y práctica de ellos. 3. entendemos—
percibimos con nuestra inteligencia espiritual el hecho de la creación del mundo por Dios, aunque ni le vemos a él ni
el acto de la creación descrito en Génesis 1. El mundo natural no podría, sin la revelación, enseñarnos esta verdad,
aunque confirma la verdad una vez aprendida por la revelación (Romanos 1:20). Adán es pasado por alto aquí tocante
a su fe, acaso por ser el primero en caer y quien trajo el pecado sobre todos nosotros; aunque no se sigue que él no se
arrepintiese y creyese la promesa. los siglos—todo cuanto existe en tiempo y espacio, visible e invisible, presente y
eterno. compuestos—“bien compaginados y consolidados”; inclusive la creación de las partes separadas y la
organización armoniosa del todo, y la continua providencia que todo lo mantiene a través de todas las edades. Como
la creación es la base y un espécimen de toda la economía divina, así es la fe en la creación la base y un espécimen de
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toda fe. [Bengel]. por la palabra de Dios—no la Palabra personal (Griego, logos, Juan 1:1) aquí, sino la palabra hablada
(Griego, rhema); no negando que fué por la instrumentalidad de la Palabra personal (cap. 1:2). siendo hecho—
Tradúzcase el griego: “de modo que no de las cosas que aparecen han sido hechas las cosas que se ven”; no como en el
caso de todas las cosas que vemos reproducidas de materiales previamente existentes y visibles, como, por ejemplo, la
planta de la semilla, el animal de sus padres, haya surgido el mundo visible de materiales visibles. Se insinúa también
por la primera parte del versículo que los mundos espirituales invisibles no fueron formados de materiales
preexistentes. Bengel lo explica distinguiendo entre “aparecer”, es decir, asomar (en la creación) y lo que se ve ya en
existencia, no meramente lo que empieza a ser visto; de modo que las cosas vistas (visibles) no fueron hechas de las que
aparecen, eso es, que empiezan a ser vistas por nosotros en un acto de creación. No fuimos espectadores de la creación; es
por la fe que la percibimos. 4. mayor sacrificio—porque fué ofrecido en fe. Bien, la fe debió tener alguna revelación de
Dios de que asirse. La revelación en este caso sin duda fué el mandato de Dios de ofrecer animales (“primicias del
rebaño”) en señal de la pérdida de vida del hombre a causa del pecado, y como tipo del prometido quebrantador de la
cabeza de la serpiente (Génesis 3:15), el solo sacrificio verdadero; este mandato está implícito en el haber hecho Dios
mantos de pieles para Adán y Eva (Génesis 3:21): pues estas pieles debieron ser sacadas de animales muertos en
sacrificios; por cuanto no era para el alimento que fueron degollados, no siendo permitido comerse la carne de animales
sino hasta después del diluvio; ni para ropa meramente, pues en tal caso se podía haber hecho ropa de la lana sin la
inútil crueldad de matar el animal; pero un saco de piel puesto en Adán procedente de un animal sacrificado,
tipificaba el cubrir o propiciar (expiar en hebreo significa cubrir), que resulta [PAG. 652] del sacrificio de Cristo. Un
sacrificio mayor, más amplio, “más excelente”, por participar mayormente y en esencia de la verdadera naturaleza y
virtud de un sacrificio. [El arzobispo Magee]. No se debió a mérito íntrínseco alguno en “las primicias del rebaño”
superior al “fruto de la tierra”. Fué la ordenación de Dios lo que le dió toda su excelencia como sacrificio; de lo
contrario, hubiera sido un acto presuntuoso de culto volitivo (Colosenses 2:23) y el tomar una vida, a lo que el hombre
no tenía derecho antes del diluvio (Génesis 9). El sacrificio parece haber sido un holocausto, y la señal de la aceptación
divina fué probablemente la consunción por fuego del cielo (Génesis 15:17). Por tanto “aceptar” un sacrificio quemado
es en hebreo “volverlo en cenizas” (Salmo 20:3). Una llama parece haber salido de la Shekinah, el flameante querubín, al
este del Edén (“la presencia del Señor”, Génesis 4:16), donde se hicieron los primeros sacrificios. Caín, en incredulidad
y arrogancia, trajo meramente una ofrenda de gracias, no sintiendo como Abel su necesidad del sacrificio propiciatorio
señalado por el pecado. Dios “miró con agrado (primero) a Abel y (después) a su ofrenda” (Génesis 4:4). La fe hace
que la persona del creyente sea acepta, y luego su ofrenda. Aun el sacrificio de un animal, ordenado por cierto por
Dios, no hubiera sido aceptado, si no hubiese sido ofrecido en fe. alcanzó testimonio—Atestando Dios por fuego su
aceptación de Abel como “justo por la fe”. sus presentes—el término común por sacrificios, que denota que deben ser
ofrecidos espontáneamente. difunto, aun habla—Su sangre clamando a Dios desde el suelo, demuestra cuán precioso, a
causa de su fe, él aún era aunque estaba muerto. Así que Abel nos es testigo de los efectos bienaventurados de la fe. 5.
La fe de Enoc fué su medio de agradar a Dios; y el haber agradado él a Dios fué el motivo de su traslación. traspuesto—
(Génesis 5:22, 24). Denota una traslación repentina (el mismo vocablo griego en Gálatas 1:6, metáthesis) de la mortalidad,
sin la muerte, a la inmortalidad; tal cambio experimentarán los vivos en la venida de Cristo (1 Corintios 15:51, 52).
tuvo testimonio—a saber, de la Escritura; el pretérito perfecto indica que este testimonio continúa: “ha sido testificado
de él”. agradado a Dios—El testimonio de la Escritura virtualmente expresa que agradó a Dios, es decir: “Enoc caminó
con Dios” (Génesis 6:9), frase que traduce la versión de los Setenta: “Agradó a Dios”. sin fe—Griego, “aparte de la fe”:
si uno carece de fe. agradar—Tradúzcase como Alford, el aoristo griego: “Es imposible agradar a Dios de manera
alguna” (Romanos 8:8). Las gracias naturales y “las obras hechas antes de la gracia de Cristo no son agradables a Dios,
por cuanto no surgen de la fe en Jesucristo: antes bien, por cuanto no son hechas de la manera que Dios quiso, no
dudamos tengan la naturaleza del pecado” (Art. XIII, Libro de Oración Común, de la Iglesia Episcopal). Las obras no
arraigadas en Dios son pecados espléndidos. [Agustín]. el que a Dios se allega—que acude para adorar. menester
que … crea—Debe creer una vez por todas, aoristo griego. que le hay—Que Dios es, o existe; es el verdadero “existente
por sí mismo” Jehová (en contraposición con los así llamados dioses, ídolos, Gálatas 4:8), la fuente de todo ser, aunque
no le ve (v. 1), por cuanto es “invisible”. Así Enoc: este texto quiere decir que él no había sido favorecido con
apariciones visibles de Dios; con todo creía en su existencia y en el gobierno moral de Dios, como Galardonador de sus
adoradores diligentes, en contraste con los escépticos antediluvianos. Tampoco fué Moisés así favorecido antes de
salir de Egipto la primera vez (v. 27); con todo creía. y que es—es decir, “viene a ser”, “es eventualmente”, resulta ser.
galardonador—El galardón es Dios mismo, diligentemente “buscado” y “acompañado” (“caminando con Dios”), en
parcial comunión aquí, a ser gozada plenamente allá. Véase Génesis 15:1; “Yo soy tu galardón sobremanera grande”.
de los que—solamente. le buscan—Griego, “rebuscan”; la versión inglesa: “buscan con diligencia”. Véase
“Madrugando me buscan” (Proverbios 8:17). No sólo “pedid” y “buscad”, sino también “llamad” (Mateo 7:7, con
11:12), “porfiad” como en la agonía de la lucha (Lucas 13:24). 7. habiendo recibido respuesta—El mismo verbo griego
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del cap. 8:5, “amonestado de Dios”. con temor—no con miedo servil, sino como en la Nota del cap. 5:7; Griego, temor
reverencial; en contraste con el escarnio mundano a la revelación, y la falsa seguridad propia. Unase “por fe” con
“aparejo el arca” (1 Pedro 3:20). condenó al mundo—Pues así como él creyó y fué salvo, así ellos podrían haber creído
y sido salvos. de modo que su condenación por Dios está demostrada, por el caso de Noé, ser justa. la justicia que es
por la fe—Griego, “según la fe”. Un pensamiento paulino. A Noé se le llama “justo” en Génesis 6:9. Cristo así llama a
Abel, en Mateo 23:35. Tocante a la justicia de Noé, véanse Ezequiel 14:14, 20; 2 Pedro 2:5, “un predicador de la
justicia”. Pablo aquí hace que la fe sea el principio y base de la justicia de Noé. heredero—la consecuencia del estado
de hijo, que surge de la fe. 8. De los santos antediluvianos, pasa a los patriarcas de Israel, a quienes pertenecían “las
promesas”. llamado—por Dios (Génesis 12:1). Los manuscritos más antiguos y la Vulgata tienen: “El que fué llamado
Abrahán”, siendo cambiado su nombre de Abram a Abrahán en la ocasión cuando Dios hizo con él y con su simiente el
pacto sellado con la circuncisión, muchos años después de su llamamiento para salir de Ur. “Por la fe, el que fué
(después) llamado Abrahán (“padre de naciones”, Génesis 17:5, para llegar a ser lo cual, fué el propósito de Dios en
sacarlo fuera de Ur) obedeció (el mandato de Dios, sobreentendido) para salir, etc. que había de recibir—No había
recibido plenamente aún esta promesa cuando salió, porque no le fué dada explicitamente hasta que llegó a Canaán
(Génesis 12:1, 6, 7). Cuando la promesa de la tierra le fué dada, el cananeo estaba aún en la tierra, y Abrahán mismo
era extranjero en ella; es en el nuevo cielo y la nueva tierra que él recibirá su herencia personal que le fué prometida;
asimismo los creyentes peregrinan sobre la tierra, mientras los impíos y Satanás se enseñorean sobre ella; pero a la
venida de Cristo la misma tierra, escenario ahora de los conflictos del creyente, será la herencia de Cristo y de sus
santos. 9. habitó—cual “extranjero y peregrino”. en—Griego “eis”, adentro de, entró y moró allí. como en tierra
ajena—en tierra no suya sino de otros (así el griego), Hechos 7:5, 6. morando en cabañas [PAG. 653] —en tiendas
(carpas): como hacen los extranjeros y peregrinos, mudándose de una a otra parte, sin posesiones propias fijas. En
contraste, la “ciudad” permanente (cap. 10:10). con—Siendo de ellos la misma clase de morada, es prueba de que la fe
de ellos era la misma. Todos por igual estaban contentos de esperar y aguardar los bienes futuros (Lucas 16:25). Jacob
tenía quince años cuando murió Abrahán. herederos juntamente de la misma promesa—Isaac no la heredó de
Abrahán, ni Jacob de Isaac; la heredaron todos de Dios directamente como “coherederos”. En cap. 6:12, 15, 17, “la
promesa” significa la cosa prometida, como cosa ya en parte recibida; pero en este capítulo “la promesa” es de algo aún
venidero. Pero véase nota sobre cap. 6:12. 10. esperaba—Griego, “estaba aguardando”; a la viva expectativa (Romanos
8:19). ciudad—Griego, “la ciudad” ya aludida. El mundano Enoc, hijo del homicida Caín, fué el primero en edificar
ciudad aquí; los patriarcas piadosos aguardaban la ciudad suya en el más allá (v. 16; cap. 12:22; 13:14). con
fundamentos—Griego, “con los cimientos”, los cuales no tenían las cabañas, ni tampoco las ciudades actuales de los
hombres. el artífice y hacedor—Griego, “Diseñador” (Efesios 1:4, 11) y maestro edificador”, o ejecutor del proyecto. La
ciudad es digna de su Arquitecto y Constructor (v. 16: cap. 8:2). 11. la misma Sara—aunque era el vaso más débil, y
aunque al principio dudó. y parió—Frase omitida de los manuscritos más antiguos. Tradúzcase: “< fuerza < simiente
fuera del tiempo <” (Romanos 4:19). creyó ser fiel—cuando hubo dejado de dudar, instruída por el ángel de que no
se trataba de una chanza sino de algo serio. 12. amortecido—ya sin los enérgicos poderes vitales de la juventud.
estrellas … arena—(Génesis 22:17). 13–16. Resumen de las excelencias características de la fe de los patriarcas.
Conforme a la fe—murieron todos como creyentes, esperando, sin haberlos visto aún en realidad, los bienes venideros
que les estaban prometidos. Fueron fieles a este principio de la fe, aun hasta la hora de su muerte, y especialmente en
la misma (vv. 20, 21). todos éstos—empezando con Abrahán (v. 8), a quien fueron hechas las promesas (Gálatas 3:16), y a
quien se alude al final del v. 13 y en el v. 15. [Bengel y Alford]. Pero el “todos” no puede sino incluír a Abel, Enoc y
Noé. Puesto que éstos no recibieron la promesa de entrar en el Canaán literal, alguna otra promesa hecha en las edades
primeras, y muchas veces repetidas, debe ser la aquí referida, es decir, “la simiente de la mujer quebrantaría la cabeza
de la serpiente”. Así que las promesas aquí mencionadas no pueden ser meramente temporales, pues Abel y Enoc.
mencionados también, no recibieron promesa temporal alguna. [El arzobispo Magee]. Esta promesa de eterna
redención es la íntima esencia de la promesa hecha a Abrahán (Gálatas 3:16). sin haber recibido—Esto es lo que
constituía la fe de ellos. Si hubiesen “recibido” LA COSA PROMETIDA (así significa “las promesas” aquí: se emplea
el plural a causa de la frecuente repetición de la promesa a los patriarcas: el v. 17 dice que él recibió las promesas, sí,
pero no la cosa prometida), ya hubiera sido la vista, y no la fe. mirándolas de lejos—(Juan 8:56). Cristo, como la Palabra,
fué predicado a los creyentes del Antiguo Testamento, y llegó a ser la semilla de vida a sus almas, como lo es a las
nuestras. y creyéndolas—Y persuadidos (por ellas); omitido en los manuscritos más antiguos. saludándolas—la
versión inglesa: “abrazándolas”, como si no estuviesen “de lejos”, sino al alcance, como para tomarlas entre brazos.
Trench niega esta traducción, dado que aquellos creyentes sólo vieron las promesas desde lejos; él traduce:
“saludándolas”, como el marinero de retorno reconoce de lejos algún promontorio bien conocido de su tierra natal.
Así Alford. La exclamación de Jacob: “Tu salud esperaré, oh Jehová” (Génesis 49:18), es una tal salutación a la
salvación de lejos [Delitzsch]. confesando … advenedizos—Así Abrahán a los hijos de Heth (Génesis 23:4); Jacob a
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Faraón (Génesis 47:9; Salmo 119:19). Los mundanos se asen del mundo, los creyentes quedan de él sueltos. Los
ciudadanos del mundo no se confiesan ser “peregrinos en la tierra”. sobre la tierra—Contrastado con la celestial (v. 16).
“Nuestra ciudadanía está en el cielo” (Griego, cap. 10:34; Salmo 119:54; Filipenses 3:20). “Todo aquel que profesa tener a
un Padre en el cielo, se confiesa extranjero en la tierra; por tanto hay en su corazón un ardiente anhelo, como de un
niño que vive entre extraños, en indigencia y tristeza, lejos de su patria” [Lutero]. “Como naves en la mar: en la tierra,
mas sobre la tierra”. 14. Porque—la prueba de que aquella “fe” era el principio que los motivaba. buscan—Griego,
“inquirían”, indicando la dirección que llevan sus deseos. una patria—Confesándose extranjeros aquí, significando
evidentemente que no consideran que ésta sea su tierra, su patria, y que buscan otra y mejor. 15. Como Abrahán, sí
hubiera deseado abandonar su peregrinaje en Canaán y volver a fijar su residencia en Ur, entre los carnales y
mundanos, tuvo en su larga vida amplias oportunidades para hacerlo; y del mismo modo espiritualmente todos los
creyentes, salidos del mundo para ser el pueblo de Dios, podrían, si así quisiesen, volver fácilmente atrás. 16. Prueba
la verdad de que los antiguos padres no esperaban solamente, como algunos aseveran, “promesas transitorias” (Art.
VII, Libro de Oración Común, de la Iglesia Epsicopal Anglicana). Empero—Griego, “Ahora bien”, (como es el caso), desean
(así el griego) una mejor <” Dios no se avergüenza—Griego, “no se avergüenza de ellos”. No tan sólo una vez se llamó
Dios de ellos, sino que no se avergüenza ahora de hacerse llamar así, estando ellos activos morando con él allá donde
está. Porque, por la ley, Dios no puede ponerse en contacto con cosa muerta. Nadie permaneció muerto en la
presencia de Cristo (Lucas 20:37, 38). El que es Señor y Hacedor del cielo y de la tierra y de todo lo que en ellos hay, al
preguntársele: “¿Cómote llamas?”, dijo, omitiendo todo otro título: “Yo soy el Dios de Abrahán. el Dios de Isaac, y el
Dios de Jacob”. [Theodoret]. No sólo no se avergüenza. sino que se gloría en el nombre de su pueblo y en su relación
con ellos. El “por lo cual” no significa que el beneplácito de Dios sea la consecuencia meritoria, sino la gratuita
consecuencia de la obediencia de ellos (dicha obediencia siendo, en primer lugar, el resultado del Espíritu de Dios que
obró en ellos). El primero así se llamó a si mismo y luego ellos así lo llamaron. porque—en prueba de ser el Dios de
ellos, a saber: “Les aparejó (Gr.) (en sus eternos [PAG. 654] consejos, Mateo 20:23; 25:34, y por los hechos progresivos
de la redención, Juan 14:2) una ciudad”, la ciudad donde él reina, de modo que los anhelos de ellos no serán
defraudados (vv. 14, 16). ciudad—Sobre su ornamentación por Dios, véase Apocalipsis 21:10–27. 17. ofreció—es decir,
“ha ofrecido”, como si el hecho y su alabanza perduraran aún. [Alford]. En cuanto a su intención, sacrificó sí a Isaac; y
en realidad “lo estaba ofreciendo”, en lo que toca a la presentación de él cual ofrenda a Dios sobre el altar. probado—
Griego, “tentado”, como en Génesis 22:1. Probado en cuanto a su fe. No que Dios “tiente” a pecar, pero Dios “tienta” en
el sentido de probar (Santiago 1:13–15). y—y así < el que (Abrahán) había recibido—Más bien como el griego:
“aceptado”, eso es, saludado y abrazado por la fe, a las promesas, no meramente “tenía las promesas” como en el cap.
7:6. Esto agravaba la dificultad que se oponía a su fe, el que en la posteridad de Isaac las promesas habían de
cumplirse; ¿cómo podían cumplirse en él, si Isaac había de ser sacrificado? ofrecía—estaba en el acto de ofrecerle. al
unigénito—Véase Génesis 22:2: “Toma tu hijo, tu único”. Eusebio [Preparatio Evangélica, 1:10 y 4:16] ha conservado un
fragmento de una traducción griega de Sanchoniatho, que menciona el sacrificio místico de los fenicios, en el que un
príncipe en ropaje real era quien ofrecía, y su hijo único debía ser la víctima; era evidentemente una tradición
derivada de la ofrenda de Abrahán y transmitida por Edom o Esaú, hijo de Isaac. Isaac era el unigénito hijo con
respecto a Sara y las promesas: Abrahán expulsó a sus otros hijos, nacidos de otras mujeres (Génesis 25:6). Abrahán es
tipo del Padre que no perdonó a su Hijo unigénito para cumplir los eternos propósitos de amor. En ninguna parte de
la ley mosaica permitió Dios los sacrificios humanos, aunque reclamaba para sí a los primogénitos de Israel. 18.
Habiéndole …—“Al cual (Abrahán, no a Isaac) fué dicho” [Alford]. Bengel apoya la versión inglesa: “del cual fué
dicho.” Así en el cap. 1:7 la misma preposición griega significa “de” o “en respecto de”. Este versículo da una
definición del “hijo unigénito” (v. 17). En Isaac te será llamada simiente—(Génesis 21:12). La posteridad de Isaac solo
será contada como la simiente de Abrahán, la que es heredera de las promesas (Romanos 9:7). 19. La fe contestaba a
todas las objeciones que la razón oponía a la orden de Dios de que Abrahán ofreciera a Isaac, sugiriéndole que lo que
Dios había prometido, lo podía cumplir y lo cumpliría, por imposible que pareciera tal ejecución (Romanos 4:20, 21).
de (entre) los muertos … levantar—Véase Romanos 4:17: “El cual da vida a los muertos”. La vivificación de la matriz
muerta de Sara sugeriría la idea del poder de Dios para levantar aun a los muertos, aun cuando ningún ejemplo de
ello había habido aún. por figura—Griego, “en parábola”. Alford explica: “Le recibió devuelto, resucitado de la
muerte, que le había acontecido bajo la figura del cordero”. Yo prefiero, con el obispo Pearson. Estio y Gregorio de
Nyssa, entender que la figura es la representación que toda la escena dió a Abrahán de Cristo en su muerte (tipificada
por el ofrecimiento de Isaac en intención y por la sustitución en efecto del cordero, que corresponde a la muerte
vicaria de Cristo), y en su resurrección (tipificada por haberle recibido Abrahán devuelto de la boca de la muerte;
véase 2 Corintios 1:9, 10); así como en el día del perdón el macho cabrío muerto y el azazel juntos formaban un solo
rito que representaba la muerte y la resurrección de Cristo. Fué entonces cuando Abrahán vió el día de Cristo (Juan
8:56): pensando que Dios era poderoso para levantar de entre los muertos; del cual estado de los muertos lo volvió a
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recibir como un tipo de la resurrección de Cristo. 20. Jacob—antepuesto a Esaú, como heredero de la bendición principal,
es decir, la espiritual. respecto a cosas que habían de ser—Griego, “hasta tocante a cosas venideras”, no solamente a las
presentes. Isaac, por su fe, asignó a sus hijos las cosas futuras, así como si fuesen presentes. 21. los hijos de José—
(Génesis 47:29; 48:8–20). No conocía a los hijos de José, y no los podía distinguir por la vista (por estar ciego), pero con
todo los distinguió por la fe, trasponiendo las manos intencionalmente, de modo de poner la derecha sobre el menor
Efraín, cuya posteridad había de ser mayor que la de Manasés; también adoptó a estos dos nietos por hijos propios
suyos, habiendo transferido el derecho de primogenitura a José (Génesis 48:22). y adoró—Esto no tuvo lugar en
conexión inmediata con lo antes dicho. sino antes, cuando Jacob hizo jurar a José que lo enterraría con sus padres en
Canaán, no en Egipto. La seguridad de que José así lo haría le llenó de piadosa gratitud a Dios, la que expresó
irguiéndose en la cama en actitud de adoración. Su fe, como la de José (v. 22), consistía en su anticipación tan segura
del cumplimiento de la promesa de Dios de dar Canaán a sus descendientes, como de ser enterrado allí como en su
debida posesión. estribando sobre la punta de su bordón—Génesis 47:31, el hebreo y la versión inglesa: “Adoró sobre
la cabecera de la cama”. La Versión de los Setenta traduce como Pablo aquí. Jerónimo con razón reprueba la noción de
la Roma Moderna, de que Jacob adorara la punta del bordón de José, que tuviese la imagen de autoridad de José, al cual
Jacob se inclinara en reconocimiento de la futura soberanía de la tribu de su hijo, el padre haciendo reverencia al hijo
(!) El hebreo, como traducido en la versión inglesa, lo hace de un lado: se alude a la cama después (Génesis 48:2; 49:33), y
es probable que Jacob se diera vuelta en la cama, tornando el rostro hacia la almohada (Isaías 38:2). No hay cujas de
cama en el Oriente. Pablo, adoptando la versión de los Setenta, hace resaltar, bajo el Espíritu. otro detalle, a saber: que
el anciano patriarca usó su propio bordón (no el de José) para apoyarse mientras adoraba sobre la cama. El bordón,
también, era el emblema de su condición de peregrino aquí en camino a la ciudad celestial (vv. 13, 14), en la cual condición
Dios le había apoyado tan maravillosamente. Génesis 32:10: “Con mi bordón pasé este Jordán, y ahora soy viejo <”
(compárese Exodo 12:11; Marcos 6:8). En 1 Reyes 1:47, la misma cosa se dice de David. que “el rey adoró en la cama”,
en hacimiento reverencial de gracias a Dios por el favor hecho a su hijo antes de su muerte. Omite mención de la
bendición a los doce hijos de Jacob, porque “recoge sólo las flores que están en su camino, y deja lleno todo el prado
para [PAG. 655] sus lectores”. [Delitzch en Alford]. 22. la partida—“el éxodo” (Génesis 50:24, 25). La eminente
posición de José en Egipto no hizo que lo tuviese por su hogar; en fe miraba hacia el cumplimiento de la promesa de
Dios tocante a Canaán, y deseó que sus huesos descansasen allá: testificando (1) que no abrigaba duda alguna
respecto de la obtención por su posteridad de la tierra prometida, y (2) que él creía en la resurrección del cuerpo y en
goce en él del Canaán celestial. Su deseo se cumplió (Josué 24:32; Hechos 4:16). 23. sus padres—Así la versión de los
Setenta tiene a los dos, Amram y Jocabed (Números 26:59), pero en Exodo 2:2, la madre sola se menciona. Sin duda
Amram consentía en todo cuanto ella hacía, pero por encubrir lo más posible, él no aparecía destacado en lo que se
hacía. hermoso niño—Hechos 7:20 (versión inglesa) “en extremo hermoso”; griego, “agradable a Dios”. La “fe” de sus
padres en la salvación del niño debió tener alguna revelación divina en que apoyarse (probablemente cuando nació),
que señalara a su hermosísimo hijito como destinado a hacer alguna obra grande. Su hermosura probablemente fué
“la señal” ordenada de Dios para afirmarles la fe. el mandamiento—de matar a los varoncitos (Exodo 1:22). 24. Lejos
de ser la fe contraria al caso de Moisés, él es un ejemplo eminente de la misma. rehusó—Creyendo en la abnegación,
posiblemente hubiera logrado ascender al fin al trono de Egipto. Thermutis, hija de Faraón, según la tradición que
Pablo bajo el Espíritu sanciona, lo adoptó, según dice Josefo, con el consentimiento del rey. Josefo dice que, cuando
niño, Moisés arrojó al suelo la diadema que se le pusiera en broma, presagio de su subsecuente rechazo formal de su
adopción por Thermutis. La fe le hizo preferir la adopción del Rey de reyes, invisible, y así escoger (vv. 25, 26) cosas
que carne y sangre suelen rechazar. 25. El puso lo mejor del mundo en las balanzas con lo peor de la religión, y
deliberadamente escogió lo segundo. “Escogiendo” denota una resolución deliberada, no un impulso precipitado. Ya
tenía cuarenta años, edad cuando el juicio está maduro. temporales—Si el mundo tiene “comodidades” (Griego,
“goces”) que ofrecer, no son sino temporales. Si la religión trae juntamente la “aflicción”, ésta también es temporal,
mientras que sus “goces” son para siempre. 26. Teniendo por—“considerando”. el vituperio—es decir, el vituperio
que cae sobre la iglesia y que Cristo considera el suyo propio, siendo él la Cabeza y la iglesia (tanto en el Antiguo
Testamento como en el Nuevo) su cuerpo. Israel tipificaba a Cristo; los sufrimientos de Israel eran sufrimientos,
aflicciones. de Cristo (2 Corintios 1:5; Colosenses 1:24). Como la circuncisión fué el reproche de Egipto, así la
circuncisión era el distintivo de la esperanza por Israel del Mesías, la que Moisés en especial abrigaba, y a causa de la
cual los gentiles reprochaban a Israel. El vituperio del pueblo de Cristo será antes de mucho su gran gloria. porque
miraba—Griego; “Quitando los ojos de toda otra consideración. fijó la vista en la (eterna) remuneración”. 27. no
temiendo la ira del rey—Pero en Exodo 2:14, 15 se dice: “Moisés tuvo miedo y < huyó de delante de Faraón”. Es que
tuvo miedo y huyó del peligro donde ningún deber le mandara quedar (el haberse quedado sin un llamamiento del
deber, hubiera sido tentar a la Providencia y sacrificar su esperanza de ser el futuro libertador según las divinas intimaciones:
su gran propósito. Nota, v. 23). No temió al rey tanto como para descuidar su deber y no volver cuando Dios le
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llamara. Fué a pesar de las prohibiciones del rey que salió de Egipto, no temiendo las consecuencias que probablemente le
hubieran tocado, si le hubiesen aprehendido, cuando hubo desafiado al rey al salir de Egipto. Sí hubiese quedado
reasumiendo su posición de hijo adoptivo de la hija de Faraón, su matanza del egipcio hubiera sido sin duda
disimulada; pero su resolución de echar su suerte con los israelitas oprimidos hubiera sido imposible si él hubiera
quedado y fué el motivo de su huída, y constituyó la “fe” de este acto suyo, según expresa la declaración aquí. El
éxodo de Moisés con Israel no puede ser el significado aquí, pues aquél tuvo lugar, no en desobediencia del rey, sino
por su deseo y orden. Además, el orden cronológico hubiera sido roto en tal caso, pues el otro punto especificado
aquí, la institución de la Pascua, tuvo lugar antes del éxodo. Además, es la historia personal y la fe de Moisés que aquí se
trata. La fe del pueblo (ELLOS “pasaron”) no se presenta sino en el versículo 29. se sostuvo—firme en su fe a pesar de
las pruebas. Había huído, no tanto por miedo de Faraón, como por el sentimiento de repugnancia al darse cuenta de la
insensibilidad del pueblo tocante a su alto destino, y por su desengaño al no poder inspirar en ellos aquellas
esperanzas por las que él había sacrificado todas sus posibilidades terrenas. Esto explica su extraña renuencia y
abatimiento cuando Dios le mandó ir a despertar al pueblo (Exodo 3:15; 4:1, 10–12). viendo al Invisible—como si no
tuviera que verse con los hombres, sino sólo con Dios, siempre delante de sus ojos por la fe, si bien invisible a los ojos
mortales (Romanos 1:20; 1 Timoteo 1:17; 6:16). Por lo tanto no temía la ira de hombre visible, característica de la fe (v. 1;
Lucas 12:4, 5). 28. celebró—Griego, “ha hecho” la pascua, celebrada aún en días de Pablo. Su fe aquí consistía en su
creencia en la promesa del invisible Dios de que el ángel destructor pasaría, y no tocaría a los que estaban en las casas
rociadas de la sangre (Exodo 12:23). “Se conformó con la franca palabra de Dios, cuando el asunto no era aparente”
[Calvino]. los primogénitos—Griego, neutro plural, tanto de hombres como de animales. 29. pasaron—Moisés e Israel.
Bermejo—así llamado por su planta marina de color rojo, o más bien de Edom (que significa rojo), el país lindante.
probando los Egipcios—La temeridad y la presunción por muchos confundidas con la fe; con semejante presunción
descabellada muchos se precipitan a la eternidad. Una cosa hecha por el creyente no es la misma cuando la hace el
incrédulo. [Bengel]. Lo que fué la fe en Israel, fué presunción en los egipcios. sumergidos—Griego, “tragados”. Se
hundieron en las arenas tanto como en las ondas del mar Bermejo. Véase Exodo 15:12: “La tierra los tragó”. 30. El
sonar trompetas, aunque fuera por diez mil años, no puede derrumbar muros, pero la fe todo lo puede. [Crisóstomo].
siete días—mientras que los sitios suelen durar años. 31. Rahab manifestó su fe en su confesión, Josué 2:9, 11: “Yo sé
que Jehová os ha dado la tierra; Jehová vuestro Dios es [PAG. 656] Dios en el cielo arriba y en la tierra abajo”. la
ramera—Su vida anterior agranda la maravilla de su arrepentimiento, su fe y su preservación (Mateo 21:31, 32).
incrédulos—Griego, “los desobedientes”, eso es, a la voluntad de Dios manifestada por los milagros hechos en favor
de Israel (Josué 2:8–11). recibido—en su casa (Josué 2:1, 4, 6). con paz—pacíficamente, de modo que nada tuvieron
que temer en su casa. Así Pablo, citando los mismos ejemplos (vv. 17, 31) del poder de la fe que Santiago (2:21, 25) cita
evidentemente como ejemplos de la justificacion por las obras, demuestra que al sostener la justificación por la fe sólo,
no significa una fe muerta, sino “fe que obra en amor” (Gálatas 5:6). 32. el tiempo—propio para la largura de una
Epístola. Acumula colectivamente algunos de entre muchos ejemplos de la fe. Gedeón—puesto antes que Barac, no
cronológicamente, sino como el más célebre. Precisamente como Samsón por la misma razón se antepone a Jefté. La
mención de Jefté como ejemplo de “la fe”, hace improbable que sacrificara la vida de su hija por causa de un voto
impensado. David, el rey guerrero y profeta, forma transición de los jefes guerreros a los “profetas”, de los cuales
Samuel es el primero mencionado. 33. ganaron reinos—como hizo David (2 Samuel 8:1, etc.); también Gedeón venció a
los madianitas (Jueces 7). obraron justicia—como Samuel (1 Samuel 8:9; 12:3–23; 15:33; y David, 2 Samuel 8:15).
alcanzaron promesas—como los profetas (v. 32); pues por ellos fueron dadas las promesas (véase Daniel 9:21).
[Bengel]. Más bien, “alcanzaron el cumplimiento de promesas”, lo que previamente fué el objeto de su fe (Josué 21:45; 1
Reyes 8:56). En efecto, Barac, etc., también alcanzaron las cosas prometidas de Dios. No “las promesas”, que son aún
futuras (vv. 13, 39). taparon las bocas de leones—Nótense las palabras: “porque creyó en su Dios”. También Samsón
(Jueces 14:6), David (1 Samuel 17:34–37), Benaía (2 Samuel 23:20). 34. Apagaron fuegos—(Daniel 3:27). No meramente
“apagaron el fuego”, sino que “apagaron el poder (así el griego) de fuego”. Daniel 3 y 5, recuerdan los últimos
milagros del Antiguo Testamento. También los mártires de la Reforma. aunque no escaparon del fuego, fueron
librados de modo que no tuviese el poder de dañarlos realmente ni permanentemente. evitaron filo de cuchillo—Así
Jefté (Jueces 12:3); también David se escapó de la espada de Saúl (1 Samuel 18:11; 19:10, 12); Elías (1 Reyes 19:1, etc.; 2
Reyes 6:14). convalecieron—Samsón (Jueces 16:28; 15:19), Ezequías (Isaías 37 y 38). Milton dice de los mártires que
“sacudieron el poder de las tinieblas con el irresistible poder de la debilidad”. fuertes en batallas—Barac (Jueces 4:14,
15). Y los macabeos, los hijos de Matías, Judas. Jonathán y Simón, que libraron a los judíos de su cruel opresor,
Antíoco de Siria, campos—Véase Jueces 7:21. Pero la referencia puede ser a los macabeos que derrotaron a los sirios y
otros enemigos. 35. Las mujeres recibieron sus muertos por resurrección—como la viuda de Serepta (1 Reyes 17:17,
etc.; cap. 22). La sunamita (2 Reyes 4:17, etc.; cap. 35). Los dos manuscritos más antiguos tienen: “Recibieron a mujeres
de extranjeros con levantar a sus muertos”. 1 Reyes 17:24 demuestra que la resurrección del hijo de la viuda por Elías
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la llevó a la fe, de modo que él así la recibió en la comunidad, aun cuando era extranjera. Cristo, en Lucas 4:26, hace
especial mención del hecho de que Elías fué enviado a una ajena de Israel, una mujer de Sarepta. Así Pablo puede citar
éste como un caso de la fe de Elías, que al mandato de Dios fué a una ciudad gentil de Sidonia (contrariamente a los
prejuicios judíos), y allí, como fruto de la fe, no sólo levantó al hijo muerto de la mujer, sino que también la recibió a
ella como convertida en la familia de Dios, como reza la Vulgata. Con todo, la nuestra puede ser la versión correcta.
unos—“unos empero” (así el griego), en contraste con los levantados de nuevo de la muerte. estirados—“rotos sobre
la rueda”. Eleazar (2 Macabeos 6:18; 19, 20, 30). El torturado fué estirado sobre un instrumento como tambor, y
azotado a muerte. no aceptando el rescate—o liberación, cuando se les ofreció. Así los siete hermanos (2 Macabeos
7:9, 11, 14, 29, 36); y Eleazar (2 Macabeos 6:21, 28, 30); “Aunque yo pude haber sido librado de la muerte sufro estos
terribles dolores, siendo azotado”. mejor resurrección—que la de los hijos resucitados de las mujeres; o mejor que la
que sus enemigos pudieran darles, que los librasen de la muerte (Daniel 12:2; Lucas 20:35; Filipenses 3:11). El cuarto
de aquellos hermanos, refiriéndose a Daniel 12:2, dijo al rey Antíoco: “Ser muerto por los hombres ha de escogerse, a
fin de aguardar las esperanzas que son de Dios de ser resucitados de nuevo por él; pero para ti no hay resurrección a
la vida”. El escritor de 2 Macabeos expresamente desconoce la inspiración, lo que impide que tomemos equivocadamente
la alusión de Pablo aquí como que él sancionara la Apócrifa como inspirada. Al citar a Daniel, cita un libro que se tiene
por inspirado, y así tácitamente aprueba dicha creencia. 36. Otros—de una clase diferente de testigos (el griego es
diferente: “unos”) alloi; “otros” (aquí, heteroi). experimentaron—Griego, “recibieron prueba” de su fe mediante
“vituperios y azotes”. prisiones—Hanani encarcelado por Asa (2 Crónicas 16:10). Miqueas, hijo de Imla, por Acab (1
Reyes 22:26, 27). 37. apedreados—como Zacarías, hijo de Joiada (2 Crónicas 24:20–22; Mateo 23:35). aserrados—como
se dice fué Isaías por Manasés; véase mi introduccción a Isaías. tentados—por sus enemigos en medio de sus torturas, a
renunciar de su fe; la más amarga aflicción para ellos. O si no, por los de su propia casa, como lo fué Job [Estio]; o por los
dardos de fuego de Satanás, como Jesús en sus últimas tentaciones. ]Glasio[. Probablemente se incluían los tres modos
de tentación; eran tentados en toda manera posible, por amigos y enemigos, por medios humanos y satánicos, por
caricias y aflicciones, por palabras y por hechos, a rechazar a Dios; pero todo en vano, por el poder de la fe. a
cuchillo—es decir, “murieron en homicidio de la espada”. En v. 34 se da un efecto opuesto de la fe: “evitaron filo de
cuchillo”. Ambos asimismo son efectos maravillosos de la fe. Ella realiza grandes cosas y sufre grandes cosas, sin
tenerlas por sufrimiento. [Crisóstomo]. Urías fué muerto por Joacim (Jeremías 26:23) y los profetas en Israel (1 Reyes
19:10). en pieles de ovejas—como Elías (1 Reyes 19:13, en la versión de los Setenta). Ellas eran blancas, mientras que
las pieles de cabras eran negras (véase Zacarías 13:4). 38. De los cuales [PAG. 657] el mundo no era digno—Lejos de
ser indignos de vivir en el mundo, como sugiere su destierro al desierto, etc., “el mundo no era digno de ellos”. Al
excluírlos, el mundo excluía de sí mismo una fuente de bendiciones; tal como la que resultó José para Potifar (Génesis
39:5), y Jacob para Labán (Génesis 30:27). Al condenarlos a ellos, el mundo se condenaba a sí mismo. cavernas—lit.,
“grietas”. Palestina, por su carácter montuoso, abunda en grietas y cuevas, que dan refugio a los perseguidos, como los
cincuenta escondidos por Abdías (1 Reyes 18:4, 13) y Elías (1 Reyes 19:8, 13); Matatías y sus hijos (2 Macabeos 2:28, 29)
y Judas Macabeo (2 Macabeos 5:27). 39. aprobados—Aun así, “no recibieron la promesa”, eso es, la final terminación de
la “salvación” prometida para el retorno de Cristo (cap. 9:28); “la herencia eterna” (cap. 9:15). Abrahán recibió sí la
misma cosa prometida (cap. 6:15) en parte, a saber, la bienaventuranza en el alma después de la muerte, en virtud de su
fe en el Cristo por venir; la plena bienaventuranza en cuerpo y alma no será sino hasta que el número total de los
elegidos se haya completado, y todos juntos, sin que unos precedan a otros, entren en la plena gloria y dicha. Además,
de otro punto de vista, “es probable que alguna acumulación de bendición fuera añadida a las santas almas cuando
Cristo vino y cumplió todas las cosas; así como con su entierro se levantaron muchos de los muertos, los que sin duda
ascendieron al cielo con él” [Flacio en Bengel] (Véase nota sobre Efesios 4:8). El perfeccionamiento de los creyentes en
título, y en respecto de la conciencia, tuvo lugar, una vez por todas, con la muerte de Cristo, por virtud de ser hecho
perfecto él como Salvador por su muerte. Su perfeccionamiento en alma, ya desde la muerte de Cristo. se verifica con la
muerte de ellos. Pero el perfeccionamiento universal y final no tendrá lugar sino hasta la venida de Cristo. 40.
Proveyendo Dios—por divina premeditación desde la eternidad (véase Génesis 22, 8, 14). alguna cosa mejor para
nosotros—(cap. 7:19) mejor que lo que tuvieron ellos. Ellos no tuvieron en este mundo, “aparte de nosotros” (así el
griego por “sin nosotros”; es decir, tuvieron que esperarnos para) la clara revelación de la salvación prometida, ahora
realizada como la que tenemos nosotros en Cristo; en su estado de ultratumba sus almas parece que han recibido un
aumento de dicha celestial con la muerte y ascensión de Cristo; no alcanzarán la gloria plena y final en cuerpo y en alma
(la regeneración de la criatura), hasta que el número total de los elegidos (inclusive nosotros con ellos) sea
completado. Los “padres”, Crisóstomo, etc., restringían el sentido de los vv. 39, 40 a esta última verdad, y me inclino
hacia esta interpretación. La relación es así: Vosotros, hebreos, podréis ejercer la paciencia más fácilmente que los
creyentes del Antiguo Testamento; porque ellos tuvieron mucho más que esperar, y aún esperan hasta que se junten
los elegidos; vosotros, al contrario, no tenéis que esperarlos a ellos”. [Estio]. Yo creo que su objeto en estos versículos
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(39, 40) es amonestar a los cristianos hebreos contra su tendencia de volver al judaísmo. “Aunque los dignos del
Antiguo Testamento alcanzaron tal eminencia por la fe, no son superiores a nosotros en privilegios, sino al contrario”.
No somos nosotros los que seamos perfeccionados con ellos, sino más bien ellos lo son con nosotros. Ellos esperaban la
venida del Señor; nosotros lo gozamos ya venido (caps. 1:1; 2:3). La muerte de Cristo, el medio de perfeccionar lo que la
ley mosaica no podía perfeccionar, se reservó para nuestros tiempos. Véase cap. 12:2: “el perfeccionador (así el griego) de
nuestra fe”. Ya que ha venido Cristo, aquéllos en el alma participan de nuestra bienaventuranza, siendo ellos “los
espíritus de los justos hechos perfectos” (cap. 12:23); así Alford; pero véase la nota del cap. 12:23. El cap. 9:12 enseña
que la sangre de Cristo, introducida en el santuario celestial por él, abrió primero la entrada al cielo (véase Juan 3:13).
Con todo, los padres estaban al morir en la bienaventuranza por la fe en el Salvador que venía (cap. 6:15; Lucas 16:22).
CAPITULO 12
Ver. 1–29. EXHORTACION A SEGUIR LOS TESTIMONIOS DE FE ANTES MENCIONADOS: A NO
DESMAYAR EN LAS PRUEBAS: A QUITAR TODA AMARGA RAIZ DE PECADO: PORQUE NO ESTAMOS BAJO
UNA LEY DE TERROR, SINO BAJO EL EVANGELIO DE LA GRACIA, EL DESPRECIO DEL CUAL TRAE MAS
GRAVES PENALIDADES, EN PROPORCION A NUESTROS MAYORES PRIVILEGIOS. 1. nosotros también—así
como aquellos relatados. tan grande nube—Griego, “Teniendo < tan grande nube (una multitud innumerable encima
de nosotros, cual nube santa y transparente: Clemente de Alejandría) de testigos que nos rodea”. La figura viene de la
“carrera”, figura común aun en la Palestina desde los tiempos del imperio grecomacedónico, que introdujo tales
costumbres griegas como los juegos nacionales. Los “testigos” corresponde a los espectadores que se apretujaban en
derredor por ver a los que competían en la contienda por el premio (Filipenses 3:14). Aquellos “testimoniados” (véase
el griego del cap. 11:5, 39) vienen a ser a su vez “testigos” de dos maneras: (1) Atestiguan con su propio caso la
fidelidad de Dios hacia su pueblo [Alford] (cap. 6:12), siendo algunos de ellos mártires en el sentido moderno; (2) son
testigos oculares de nuestra lucha de fe; sin embargo, este segundo sentido, aunque concuerda con la figura aquí se
insiste, no está apoyado, positiva, inequívoca y directamente por la Escritura. Da viveza a la imagen; como la multitud de
espectadores da ánimo adicional a los combatientes, así la nube de testigos oculares, que también estuvieron en las
mismas contiendas, deben hacernos aumentar nuestro ardor por testificar, como ellos, de la fidelidad de Dios. peso—
La pesadez corpórea del candidato al premio de la carrera se deshacía por medio de una dieta disciplinaria; así todo
deseo carnal o mundano, y toda otra cosa. sea de dentro o de fuera, que impidiera al contendiente celestial, son el peso
espiritual que ha de dejarse a un lado. Obstáculos, todo peso superfluo; la codicia de la carne, la codicia del ojo, y el
orgullo de la vida, y hasta las cosas innocuas y de otra manera útiles que positivamente nos retardarían (Marcos
10:50); el ciego que arroja su manto por correr a Jesús; 9:42–48; véase Efesios 4:22; Colosenses 3:9, [PAG. 658] 10. que
nos rodea—Griego, “todo peso y el pecado, que fácilmente (nos) rodea”; así Lutero: “que siempre se nos adhiere”;
“propensidad pecaminosa que siempre nos rodea, siempre presente y lista” [Wahl]. No es el pecado especificado, sino
el pecado en general, con especial referencia, sin embargo, a “la apostasía”, de la cual ya les había amonestado, pecado
al cual ellos podrían ser gradualmente seducidos; el pecado acosador de los hebreos, la INCREDULIDAD. con
paciencia—Griego, “en tolerancia perseverante” (cap. 10:36). Sobre “correr” véase 1 Corintios 9:24, 25. 2. Puestos los
ojos—es decir, “mirando desde lejos” (Nota, cap. 11:26); fijando los ojos en Jesús sentado en el trono de Dios. autor—
“Príncipe guiador”. El mismo vocablo se traduce “Capitán (de la salvación)”, cap. 2:10; “Príncipe (de la vida)” Hechos
3:15. El que va delante de nosotros como Originador de nuestra fe, y el Jefe cuyo ejemplo sin igual siempre hemos de
seguir. En esto se distingue de todos los demás ejemplos de la fe del capítulo anterior (véase 1 Corintios 11:1). Sobre
su “fe” véase cap. 2:13; 3:2. Los creyentes siempre han tenido los ojos puestos en él (cap. 11:26; 13:8). consumador—
Griego, “perfeccionador”, aludiendo al cap. 11:40. de la fe—no “nuestra fe” (Versión Inglesa); incluye tanto su fe de él
(explicada en lo que sigue) como la nuestra. Cumple el ideal de la fe él mismo, y así como la ofrenda vicaria y como
un ejemplo ideal, él es objeto de nuestra fe. propuesto gozo—a saber, el de sentarse luego a la diestra del trono de Dios;
inclusive su propio gozo personal, el gozo de sentarse allí como Príncipe y Salvador, para dar el arrepentimiento y la
remisión de pecados. El gozo venidero desarmó de su aguijón al presente dolor. cruz … vergüenza—la gran piedra de
tropiezo de los hebreos. 3. Reducid—“considerad”, a guisa de comparación con vosotros mismos, así el griego. pues—
en justificación de la exhortación anterior. contradicción—la incredulidad, y toda suerte de oposición (Hechos 28:19).
pecadores—El pecado nos ataca a nosotros; no el pecado, sino los pecadores contradijeron a Cristo. [Bengel]. os fatiguéis
… desmayando—Véase Isaías 49:4, 5, como muestra de que Jesús no se fatigaba por la contradicción y la extraña
incredulidad de aquellos entre los cuales trabajó, predicando como nunca predicó hombre alguno, y demostrando
milagros hechos por su inherente poder, que ningún otro podía hacer. 4. no habéis resistido hasta la sangre—Imagen
del pugilismo, como acababa de usar la de una carrera, ambas sacadas de los grandes juegos nacionales griegos. Habéis
sufrido el despojo de vuestros bienes, y sido hechos espectáculo tanto por reproches como por aflicciones; aun no habéis
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vertido vuestra sangre (Nota, cap. 13:7). “El atleta que ha visto su propia sangre, y quien, aunque derribado por su
adversario, no se permite estar desanimado de espíritu, quien cuantas veces ha caído tantas veces se ha levantado aun
más resuelto, baja al encuentro con grande esperanza” [Séneca]. contra el pecado—El pecado está personificado como
un adversario: El pecado, ya dentro de vosotros, incitándoos a perdonar vuestra sangre, ya en vuestros adversarios,
incitándolos a derramarla, si no pueden por vuestra fidelidad, aun hasta la sangre, inducirlos a apostatar. 5.
olvidados—del todo, así el griego. Véase vv. 15–17, donde denota cuán absolutamente algunos se habían olvidado de
la palabra de Dios. Su exhortación debía de haber tenido más efecto sobre vosotros del que tienen los vítores y
exhortaciones de los espectadores sobre los competidores en el juego. exhortación que—de la cual lo siguiente es una
muestra. [Alford]. habla con vosotros—a modo de diálogo o discurso, así el griego, expresando la condescendencia
amorosa de Dios (véase Isaías 1:18). no menosprecies—es decir, “no tengas de poco valor”. Revelando un espíritu
contumaz de incredulidad (cap. 3:12), como “desmayando” denota un espíritu roto, débil y pesimista. El “castigo” debe
ser sobrellevado con “sujeción” (v. 9); la “reprensión” (v. 5), más severa que el “castigo” (v. 7), debe ser llevada con
paciencia. “Algunos en la adversidad dan coces contra la voluntad de Dios, otros desesperan; no debe hacer lo uno ni
lo otro el cristiano, porque es en sentido peculiar el hijo de Dios. A él tales cosas adversas acontecen sólo por el
decreto de Dios, y eso a propósito en benignidad, a saber, para quitar las contaminaciones adherentes al creyente y
ejercitar su paciencia” [Grocio]. 6. (Apocalpisis 3:19). Porque—circunstancia adicional. azota—lo cual saca la “sangre”
(v. 4). recibe—acepta. Toma a sí por hijo, “en quien se deleita” (Proverbios 3:12). 7. En los vv. 7, 8 se inculca la
necesidad del “castigo” o “disciplina”; en el v. 9, el deber de los que lo recíben. Si sufrís—Los manuscritos más
antiguos rezan (eis, preposición por ei, condicional, y sufrid por sufrís): “Para vuestro castigo (puesto que el castigo es
para vuestra corrección, vuestro mejoramiento disciplinario) aguantad con paciencia”; así la Vulgata. se os presenta—
“Se porta hacia vosotros” en el mismo acto del castigo. ¿qué hijo es aquel—“¿Qué hijo hay” eh la misma vida
ordinaria? Con tanta más razón Dios, para con los hijos suyos (Isaías 48:10; Hechos 14:22). Los más eminentes de los
santos de Dios fueron los más afligidos. Dios los guía por el camino que ellos no conocen (Isaías 42:16). Miramos
demasiado cada prueba por sí, sin tenerla en cuenta en relación con todo el plan de la salvación, como si el viajero se
quejara de lo escarpado y áspero de una vuelta del camino, sin considerar que le conduce hacia prados verdes en el
camino a la ciudad de habitación. El Nuevo Testamento solo usa el término griego (paideia) por educación, para
expresar “la disciplina” o corrección, como la que recibe un niño del padre. 8. si estáis fuera del castigo—excluídos de
la participación en el castigo, y contentos con ello. todos—todos los hijos: todos los dignos señalados en el capítulo
once: todos los testigos (v. 1). luego sos bastardos—de los tales a sus padres no les importa si se los educa o no;
mientras que cada padre recto se preocupa por el bienestar moral de su legítimo hijo. “Puesto que el no ser castigados
es señal de la bastardía, debemos (no rechazar, sino) regocijarnos en el castigo como marca de nuestra genuina
filiación” [Crisóstomo]. 9. obedeceremos—Griego, “Nos sujetaremos”. Nótese el castigo por la insubordinación,
Deuteronomio 21:28. Padre de los espíritus—en contraste con “los padres de nuestra carne”. “Lo engendrado por los
hombres es carnal, lo engendrado por Dios es espiritual” [Bengel]. Como “Padre de los espíritus” Dios es a la vez el
Originador, el Proveedor y el [PAG. 659] Sustentador de la vida animal como de la espíritual. Nótese “y viviremos”,
es decir, espiritualmente; también el v. 10, “para que participemos de su santidad” (2 Pedro 1:4). Dios es espíritu, y el
Creador de los espíritus como él mismo, en contraste con los hombres, que son carne y progenitores de carne (Juan
3:6). Jesús, nuestro ejemplo, “aprendió la obediencia” experimentalmente por el sufrimiento (cap. 5:8). y viviremos—y
haciendo así viviremos espiritual y eternamente. 10. Enseña cómo el castigo de nuestro Padre celestial es preferible al
de nuestros padres terrenales. por pocos días—para procurar nuestro bienestar en los pocos días de nuestra vida
terrenal; así el griego. como a ellos les parecía—Su norma de castigo es lo que les parece propio a sus propios
variables juicios, temperamento o capricho. Los dos defectos de la educación humana son: (1) la preponderancia en
ella de nuestro corto plazo terrenal de días; (2) la ausencia en los padres de la sabiduría infalible de nuestro Padre
celestial. “Yerran ellos mucho unas veces en la severidad, otras veces en la indulgencia (1 Samuel 3:13; Efesios 6:4), y
no castigan tanto cuanto PIENSAN que castigan” [Bengel]. para que recibamos su santificación—Griego,
“participemos de su santidad”. Ser santos como él es santo (Juan 15:2). Llegar a ser santos como Dios, es equivalente a
ser educados para pasar la eternidad con Dios (v. 14; 2 Pedro 1:4). De modo que esta “participación de la santidad de
Dios” está en contraste con “los pocos días” de esta vida, para los cuales los padres terrenales educan a sus hijos. 11.
causa de gozo … de tristeza—La objeción de que el castigo es gravoso, “asunto de tristeza”, se anticipa aquí y se
contesta. Parece así sólo a los castigados, cuyo juicio se confunde por el presente dolor. Su fruto posterior recompensa
ampliamente por todo dolor pasajero. El objeto verdadero de los padres al castigar no es que hallen placer en el dolor
de sus hijos. Deseos satisfechos, sabe nuestro Padre, serían a menudo nuestras maldiciones en verdad. fruto … de
justicia—La rectitud (en la práctica, brotando de la fe) es el fruto que rinde el castigo del árbol (Filipenses 1:11).
apacible—(Véase Isaías 32:17) en contraste con las pruebas de conflictos, de las que es recompensa “Fruto de justicia a
ser gozado en paz, pasados los conflictos” [Tholuck]. Como la guirnalda de olivo, emblema de paz tanto como de
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victoria, se colocaba sobre la frente del vencedor en los juegos. en él son ejercitados—como los atletas ejercitados en la
preparación para la lucha. El castigo es el ejercicio que da la experiencia, y hace que el combatiente espiritual sea
irresistiblemente victorioso (Romanos 5:3). “¡Feliz aquel siervo para cuyo desarrollo el Señor es celoso, con el cual se
digna enojarse, a quien no engaña, disimulando amonestaciones (dejando de amonestarle, haciéndole creer que no lo
necesita)!” [Tertuliano]. Nótese el “después”; ése es el tiempo a menudo cuando Dios obra. 12. Se dirige a corredores, a
pugilistas y a guerreros. [Crisóstomo]. El “por lo cual” se resume del “por tanto” del v. 1. alzad las manos—En Isaías
35:3, citado por Pablo, se dice: “Confortad las manos cansadas”. La mano es símbolo de la fuerza de uno. Alford traduce:
“Enderezad de nuevo las manos aflojadas”. Pero nuestra versión lo expresa bien. paralizadas—vocablo usado en el
Nuevo Testamento solo por Lucas, compañero de Pablo. La exhortación tiene tres partes: La primera referente a
nosotros mismos (vv. 12, 13); la segunda, a otros (v. 14). “la paz con todos”; la tercera, a Dios: “Seguid la santidad” (v.
14b); a la primera se hace referencia en el v. 15: “que ninguno se aparte de la gracia”; a la segunda también en el v. 15:
“que ninguna raíz de amargura”, etc.; la tercera en el v. 16: “que ninguno sea fornicario”, etc. “Esta relación triple
ocurre a menudo en las Epístolas de Pablo. Véase nota, Tito 2:12: “sobria, justa y píamente”. El verbo griego en voz
activa, no en la media o reflexiva, requiere el sentido de “Alzad” no sólo las manos y rodillas propias, sino también las
de vuestros hermanos” (véase el v. 15; Isaías 35:4). 13. Cita de Proverbios 4:26, de la versión de los Setenta: “Haced
caminos derechos para vuestros pies”. Derechos, eso es, dirigirse por un camino recto al gozo y a la gracia (vv. 1, 2, 15).
Dejad de “vacilar” entre el judaísmo y el cristianismo. [Bengel]. “Pasos”, “rodadas”. Sea vuestro camino tan firme y
tan unánime en la debida dirección que así se establezca una senda patente, un “camino real”, para que los que os
acompañen y los que os sigan lo perciban y caminen por él (Isaías 35:8) [Alford]. lo que es cojo—“aquellos débiles en
la fe” (Romanos 14:1), que retienen aún los prejuicios judaizantes. no salga fuera del camino—(Proverbios 4:27)—y
así errando el camino, pierdan el premio de “la carrera”. antes sea sanado—El debido ejercicio de sí mismo
contribuye a la salud: el hábito de proseguir derecho en el camino debido tiende a sanar. 14. Seguid la paz con
todos—en especial con los hermanos (Romanos 14:19), de modo que los “cojos” entre ellos “no salgan del camino” (v.
13), y ninguno de ellos “carezca de la gracia de Dios” (12:15). santidad—un término griego distinto de la “santidad” de
Dios. Tradúzcase aquí “la santificación”. La de Dios es santidad absoluta; nuestra porción es vestirnos la santidad de él,
volviéndonos “santos como él es santo”, por la santificación. Mientras sigamos “la paz con todos”, no hemos de
procurar complacerlos, de modo que hagamos de la voluntad de Dios y de nuestra santificación un objeto secundario;
esto último debe ser nuestra primera finalidad (Gálatas 1:10). nadie verá al Señor—no lo verá como hijo; en la gloria
celestial (Apocalipsis 22:3, 4). En el Oriente nadie salvo los favoritos más grandes son admitidos al honor de ver al rey
(véase 2 Samuel 14:24). El Señor siendo puro y santo, sólo los puros y santos lo verán (Mateo 5:8). Sin la santidad en
ellos, no podrían gozar de él, quien es la santidad misma (Zacarías 14:20). La conexión de la pureza con el ver al Señor
aparece en 1 Juan 3:2, 3; Efesios 5:5. Contrástese el v. 16 de este capítulo (véase 1 Tesalonicenses 4:3). En Mateo 24:30;
Apocalipsis 1:7, se dice que todos verán al Señor; pero eso será como Juez, no como su porción perenne y a su Dios,
como es el significado aquí. El verbo griego no denota meramente la acción de ver, sino el estado de mente del vidente
a la que se presenta el objeto: así en Mateo 5:8: “Ellos verdaderamente comprenderán a Dios” [Tittmann]. Nadie sino los
santos podrían apreciar al Dios santo; nadie sino ellos solos permanecerán en su presencia. “Los malos sólo lo verán en
su forma como Hijo [PAG. 660] del hombre (véase Apocalipsis 1:13, con el v. 7; Mateo 24:30; Hechos 1:11; 17:31); sin
embargo, será en la gloria en donde él juzgará, no en la humildad, en la cual fué juzgado. Su forma como Dios, en la que
es igual al Padre, sin duda los impíos no lo verán; son sólo los puros de corazón los que verán a Dios” [Agustín].
“Vendrá a juzgar, quien estuvo delante de un juez. El vendrá en la forma en que fué juzgado, para que vean al que
traspasaron; el que antes estuvo velado, vendrá manifestado en poder; él, como juez, condenará a los verdaderos
culpables, el mismo que fué falsamente tenido por culpable.” 15. ninguno se aparte—Griego, “que ninguno (por la
pereza al correr) careciendo de <” o “errando el blanco de la gracia de Dios < os impida”. La imagen se saca de una
compañía de viajeros, uno de los cuales queda atrás, y así nunca alcanza el fin del largo y laborioso jornal.
[Crisóstomo]. raíz de amargura—no meramente una raíz amarga, la que posiblemente produciría frutas dulces; esta
raíz, cuya esencia es la “amargura”, nunca podría. Pablo aquí se refiere a Deuteronomio 29:18: “Quizás habrá en
vosotros raíz que eche veneno y ajenjo” (véase Hechos 8:23). Raíz de amargura comprende toda persona (v. 16) y todo
principio de doctrina o práctica tan radicalmente corrupto como para desparramar la corrupción por doquiera. La
única seguridad está en desarraigar semejante raíz de amargura. muchos—mejor, “los muchos”, es decir, toda la
congregación. Mientras queda escondida en la tierra, no se le puede remediar; pero cuando “brota”, debe ser tratada
con fortaleza. Que se acuerde, con todo, de la precaución (Mateo 13:26–30) tocante a desarraigar personas. No hay tal
peligro en extirpar los malos principios. 16. fornicario—(cap. 13:4; 1 Corintios 10:8) o profano—La fornicación es muy
semejante a la glotonería, el pecado de Esaú. Profanamente arrojó de sí su privilegio espiritual por satisfacer su paladar.
Génesis 25:34 lo pinta gráficamente. Un ejemplo bien propio para horrorizar a los hebreos, cualesquiera que fuesen,
como Esaú, hijos de Isaac solamente según la carne. [Bengel]. por una vianda—la pequeñez de la incitación solamente
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agrava la culpabilidad de tirar la eternidad por tal bagatela, tan lejos está de ser razón de conmiseración (véase
Génesis 3:6). Un solo acto muchas veces tiene el poder mayor o para bien o para mal. Así en los casos de Rubén y Saúl,
para mal (Génesis 49:4; 1 Crónicas 5:1; 1 Samuel 13:12–14), y por otra parte, para bien, Abrahán y Fineas (Génesis 12:1;
15:5, 6; Números 25:6–15). su primogenitura—Griego, “sus propios (así rezan los mandamientos antiguos, haciendo
mayor la locura suicida y el pecado del acto) derechos de primogenitura”, que implicaban el alto privilegio espiritual
de ser el antecesor de la prometida simiente, y heredero de las promesas en él. Los hebreos a quienes Pablo escribía,
tenían, como cristianos, los derechos espirituales de primogenitura (v. 23); les intima que deben ejercer la continencia
corporal si no querían perder como Esaú, los mismos. 17. aun después—Despreció su primogenitura, por
consiguiente también fué despreciado y rechazado cuando quiso tener la bendición. Como en el caso del creyente, así
también en el caso del incrédulo, viene un “después”, cuando el creyente contempla sus tristezas pasadas y el
incrédulo sus goces pasados, en una luz diferente de la que en un tiempo los miraba respectivamente. Compárese el
“mas después” del v. 11 con el “aun después” de aquí. Véase “al aire del día” de Génesis 3:8 con el v. 6. deseando—
cuando más tarde deseaba tener la bendición. “El que, cuando pueda, no querrá, cuando quiera, no podrá”. (Proverbios
1:24–30; Lucas 13:34, 35; 19:42). fué reprobado—no tocante a toda bendición, sino sólo a la que hubiera resultado de la
primogenitura. no halló lugar de arrepentimiento—La causa está puesta aquí en lugar del efecto, el “arrepentimiento”,
por el objeto que Esaú procuraba en su así llamado arrepentimiento, a saber, el cambio, de determinación de su padre de
dar la bendición principal a Jacob. Si hubiera buscado el verdadero arrepentimiento con lágrimas, lo hubiera hallado
(Mateo 7:7). Pero no lo encontró, porque esto no fué lo que buscaba. Lo que prueba que sus lágrimas no eran de quien
procuraba el verdadero arrepentimiento es que, luego de ver frustrado su deseo, resolvió matar a Jacob. Derramó
lágrimas, no por el pecado, sino por su sufrimiento de la pena del pecado. Las suyas eran las lágrimas del vano pesar
y remordimiento, no de arrepentimiento. “Antes, podría haber tenido la bendición sin lágrimas; después, no obstante
sus lágrimas derramadas, fué rechazado. Aprovechemos el tiempo” (Lucas 18:27) [Bengel]. Alford explica el
“arrepentimiento” aquí como una oportunidad, arrepintiéndose, para reparación (es decir, para recuperar la bendición
perdida). Estoy de acuerdo con él cuando dice que la traducción, “no halló lugar para cambiar la mente de su padre”, es
forzada; aunque esto sin duda fué el verdadero fin del “arrepentimiento” que procuraba. El lenguaje está compuesto
para aplicarse a los profanos despreciadores que voluntariamente rechazan la gracia y buscan arrepentimiento (eso es,
no el verdadero; sino el escape de la pena de sus pecados), pero en vano. Véase “después” de Mateo 25:11, 12. Las
lágrimas no son prueba del arrepentimiento real (1 Samuel 24:16, 17; contrástese Salmo 56:8). 18. Porque—El hecho de
que no estamos bajo la ley, sino bajo una dispensación superior, y ésa la última, el evangelio, con sus gloriosos
privilegios, es la razón por qué especialmente los cristianos hebreos deberían “mirar con diligencia” (vv. 15, 16).
habéis llegado—Aludiendo a Deuteronomio 4:11: “Y os llegasteis y os pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en
fuego < con tinieblas, nube y oscuridad”. “Acercándoos a Dios, no es al monte a donde llegasteis <” al monte—
omitido en los manuscritos más antiguos y la Vulgata. Con todo, debe ser suplido del v. 22. que se podía tocar—
Monte (si no el monte, ¿qué?) palpable y material. No que a alguien salvo Moisés fuese permitido tocarlo (Exodo
19:12, 13). Los hebreos se acercaron al monte Sinaí material en sus cuerpos materiales; nosotros, en espíritu, al monte
espiritual. La “obscuridad” era aquélla formada por las nubes que rodeaban; “la tempestad” se acompañaba con el
trueno. 19. la trompeta—sonada para despertar al pueblo, y anunciar la llegada de Dios (Exodo 19:16). no se les
hablase—no que se negasen a escuchar la palabra de Dios, sino que deseaban que Dios mismo no les hablara sino que
emplease a Moisés como su [PAG. 661] portavoz mediador. “La voz de las palabras” fué el decálogo pronunciado por
Dios mismo, una voz emitida, sin que se viera forma alguna; después de lo cual, “no agregó palabra alguna”
(Deuteronomio 5:22). 20. lo que se mandaba—“el interdicto” [Tittmann]. Significa un severo mandato de interdicción. Si
bestia—“Si una bestia (siquiera, cuanto más un hombre) tocare <” o pasada con dardo—frase omitida en los
manuscritos más antiguos. El interdicto completo de Exodo 19:12, 13 está abreviado aquí, poniéndose la “bestia” sólo
por “hombre y bestia”: especificando el apedreo para el ofensor humano, siendo implícito el castigo de la bestia, ser
pasada por dardo. 21. lo que se veía—la visión de la majestad de Dios. temblando—El temor le afectó la mente; temblaba
su cuerpo. No se registran estas palabras de Moisés en el Exodo; pero Pablo, por inspiración, nos da este detalle
(Hechos 20:35; 2 Timoteo 3:8). Leemos en Deuteronomio 9:19, versión de los Setenta, palabras algo parecidas
empleadas por Moisés después de quebrar las dos tablas, por el temor de la ira de Dios por el pecado del pueblo de
hacer el becerro de oro. Sin duda “se asombró” de manera similar al oír los diez mandamientos pronunciados por la
voz de Jehová. 22. habéis llegado—(Véase Deuteronomio 4:11). No meramente llegaréis; sino, ya habéis llegado. monte
de Sión—Sión antitípico, la Jerusalén celestial, de la que la iglesia espiritual invisible (de la cual los primeros
cimientos fueron echados en la Sión literal, Juan 12:15; 1 Pedro 2:6) es ahora las arras; y de la cual la Jerusalén literal
restaurada en el futuro será la representante terrenal, a ser reemplazada por la eterna y “nueva Jerusalén, que bajo del
cielo de Dios” (Apocalipsis 21:2–27; véase cap. 11:10). 22, 23. a la compañía de muchos millares de ángeles, y a la
congregación—Después de hacerse mención de la ciudad de Dios, sigue la mención de sus ciudadanos. Los creyentes
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siendo como los ángeles de Dios (Job 1:6; 38:7), “hijos de Dios”, son sus “iguales” (Lucas 20:36); y siendo reconciliados
por Cristo, son adoptados en la gran familia bendita de Dios. Por la consumación de esto oremos (Mateo 6:10). El
arreglo de la versión inglesa se refuta (1) por la conjunción “y” ante cada vocablo de la frase; (2) la “asamblea general e
iglesia” forma una especie de tautología; (3) “asamblea general”, o más bien, “plena asamblea festival”, “plena
compañía jubilosa” (tal como los juegos olímpicos, celebrados con gozo, canto y danzas, etc.), se aplica mejor a los
ángeles arriba que cantan siempre las alabanzas de Dios, que a la iglesia, de la que buena parte es militante en la tierra.
Tradúzcase pues: “A miríadas (diez mil, véase Deuteronomio 33:2; Salmo 68:17; Daniel 7:10; Judas 14; a saber), la plena
asamblea festiva de ángeles, y la iglesia de los primogénitos”. Los ángeles y los santos constituyen los millares. Véase
“todos los ángeles, todas las naciones”, Mateo 25:31, 32. El Mesías es preeminentemente el Primer Nacido, o
Primogénito (cap. 1:6), y todos los creyentes llegan a serlo por la adopción. Véase el tipo, Levítico 3:12, 45, 50; 1 Pdero
1:18. Como la sucesión real y sacerdotal era en el primogénito, y como Israel era el “primogénito” de Dios (Exodo 4:22;
véase cap. 13:2), y un “reino de sacerdotes” a Dios (Exodo 19:6), así también lo son los creyentes (Apocalipsis 1:6).
alistados en los cielos—como ciudadanos allí. Todos los que a la venida de “Dios el Juez de todos” (la cual frase
naturalmente sigue aquí) serán hallados “alistados en los cielos”, es decir, en el libro de la vida del Cordero de Dios.
Aunque estáis todavía peleando la buena batalla en la tierra, con todo, respecto de vuestro destino y presente vida de
fe, que comprueba las cosas esperadas, sois ya miembros de la ciudadanía celestial. “Somos una ciudadanía con los
ángeles, a la que se dice en el Salmo: Cosas gloriosas de ti se dicen, oh ciudad de Dios” [Agustín]. Creo equivocado a
Alford, quien restringe “la iglesia de los primogénitos alistados en los cielos” a los militantes en la tierra; son más bien
todos los que a la venida del Juez serán hallados alistados en los cielos (la verdadera norma de la nobleza celestial;
contrástese “escritos en la tierra”, Jeremías 17:13, y la profana venta por Esaú de su primogenitura, v. 16); todos éstos,
desde el principio hasta el fin del mundo, que forman una iglesia, a la que todo creyente ya ha venido. Los primogénitos
de Israel “se inscribían” en el rollo (Números 3:40). los espíritus de los justos hechos perfectos—en la resurrección,
cuando el “JUEZ” aparezca, y la dicha de los creyentes sea consumada por la unión del cuerpo glorificado con el
espíritu; la grande esperanza del Nuevo Testamento (Romanos 8:20–23; 1 Tesalonicenses 4:16). La colocación de esta
frase después de “el Juez de todos”, constituye mi objeción a la explicación de Bengel y Alford: las almas de los justos
en su estado separado perfeccionados. Véase nota, cap. 11:39, 40, al que se refiere aquí y que creo confirma mi parecer:
aquellos hasta ahora espíritus, pero ahora a ser perfeccionados con ser sobrevestidos del cuerpo. Sin embargo, la frase,
“espíritus de los justos hechos perfectos”, y no meramente “justos perfeccionados”, puede favorecer la referencia a los
felices espíritus separados del cuerpo. El griego no dice “los espíritus perfeccionados”, sino los “espíritus de los
perfeccionados justos”. En ningún otro texto se dice que los justos sean perfeccionados antes de la resurrección, y el
cumplimiento del pleno número de los elegidos (Apocalipsis 6:11); pienso, por tanto, que “espíritus de los justos”
puede que se use aquí para expresar los justos, cuyo predominante elemento en su estado perfeccionado será el espíritu. Así
espíritu y espíritus se emplean de un hombre o de hombre en el cuerpo, bajo la influencia del espíritu, en oposición a la carne
(Juan 3:6). Los cuerpos de resurrección de los santos serán cuerpo en que el espíritu preponderá sobre al alma animal
(Nota, 1 Corintios 15:44). 24. nuevo—No en el término común (kaine) que se aplica al pacto cristiano (cap. 9:15), el que
significaría otro, o diferente, que substituye al antiguo; sino el griego nea, reciente, recién establecido, que tiene la
frescura de la juventud, lo contrario de edad. La mención de Jesús, el Perfeccionador de la fe (v. 2), y él mismo
perfeccionado por el sufrimiento y la muerte, en su resurrección y ascensión (caps. 2:10; 5:9), se sugiere naturalmente
por la mención de “los justos hechos perfectos” en la resurrección de ellos (cap. 7:22). Pablo emplea “Jesús” haciendo
hincapié en él como la persona reconocida por nuestro amigo amante, no meramente en su carácter oficial como Cristo.
la sangre del esparcimiento—aquí [PAG. 662] enumerada aparte de “Jesús”. Bengel razonablemente arguye de esta
manera: Su sangre fué del todo derramada de su cuerpo por los varios modos vertida, por su sudor sangriento, la
corona de espinas, los azotes, los clavos, y después de la muerte, la lanza, así como la sangre enteramente derramada
y extravasada de los sacrificios legales de animales. Era incorruptible (1 Pedro 1:18, 19). No hay texto que diga que su
sangre fuese devuelta a sus venas. En su ascensión entró, como nuestro gran Sumo Sacerdote, en el lugar santísimo
“por su propia sangre” (no después de verter su sangre, ni con la sangre en su cuerpo, sino) llevándola aparte de su
cuerpo (véase el tipo, caps. 9:7 12, 25; 13:11). Pablo no dice: por la eficacia de su sangre, sino “por su propia sangre”
(cap. 9:12); no sangre material, sino “la sangre de aquel que por el eterno Espíritu, se ofreció a sí mismo sin mancha a
Dios” (cap. 9:14). Así en el cap. 10:29, “el Hijo de Dios y la sangre del pacto en la cual (el creyente) fué santificado” se
mencionan separadamente. También en el cap. 13:12, 20; también en el 10:19 con el 21. Así en la Cena del Señor (1
Corintios 10:16; 11:24–26), el cuerpo y la sangre se representan por separado. La sangre misma, pues, queda aún en el
cielo delante de Dios, el perpetuo precio de rescate del “pacto eterno” (cap. 13:20). Una vez por todas Cristo roció la
sangre en particular por nosotros en su ascensión (cap. 9:12). Pero se llama la “sangre del esparcimiento” a causa de su
uso continuo también en el cielo, y en la conciencia de los santos en la tierra (caps. 9:14; 10:22; Isaías 52:15). Este
esparcimiento es análogo a la sangre rociada en la pascua. Véase Apocalipsis 5:6: “En medio del trono, un Cordero
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como inmolado”. Su cuerpo glorificado no requiere carne, ni la circulación de sangre. Su sangre introducida en el cielo
quitó el derecho del dragón de acusar. Así la teoría romanista de la concomitancia de la sangre con el cuerpo, la
excusa por dar sólo el pan a los laicos, cae por tierra. La mención de “la sangre del esparcimiento” naturalmente sigue
a la mención del “pacto”, el que no podía ser consagrado sin sangre (cap 9:18, 22). habla mejor que la de Abel—es
decir, que el esparcimiento (los mejores manuscritos tienen el artículo masculino, que se refiere a rociamiento y no a
sangre, que es neutro en griego) de la sangre de Abel, que habló en su sacrificio. Esta comparación entre dos cosas de la
misma clase (el sacrificio de Cristo y el sacrificio de Abel) es más natural que entre dos cosas diferentes en clase y en
resultado (es decir, el sacrificio de Cristo y la sangre de Abel mismo [Alford], la que no fué nada de sacrificio), véase
cap. 11:4; Génesis 4:4. Esto concuerda con todo el tenor de la Epístola, y de este pasaje en particular (vv. 18–22), que
tiene por fin enseñar la superioridad del sacrificio de Cristo y el nuevo pacto, a los sacrificios del Antiguo Testamento
(de los que el de Abel es el primero registrado; fué atestado, además, por Dios de ser acepto a él y superior al de Caín),
véanse caps. 9 y 10. La palabra “mejor” denota superioridad a algo bueno; pero la sangre de Abel mismo no era nada
buena para el propósito para el cual la sangre de Cristo fué eficaz; antes, la de Abel demandaba la venganza. Así
Magee, Hammond y Kantchbull. Bengel interpreta “la sangre de Abel” en representación de toda la sangre derramada
en la tierra que clama en demanda de venganza, y que grandemente aumenta los otros clamores motivados por el
pecado del mundo, contrarrestada por la sangre de Cristo que habla con calma en el cielo por nosotros, y desde el
cielo a nosotros. Yo prefiero el parecer de Magee. Sea esto como fuere, negar que la propiciación de Cristo sea de veras
una propiciación, derrumba el sacerdocio de Cristo y hace que los sacrificios de la ley una momería sin sentido, y
representa el sacrificio de Caín como que fuera tan bueno como el de Abel. 25. no desechéis—por la incredulidad. al
que habla—Dios en Cristo. Como la sangre del esparcimeinto se representa hablando a Dios por nosotros (v. 24), así
Dios aquí está representado hablándonos a nosotros (cap. 1:1, 2). Su palabra ahora es el preludio de la última sacudida
de todas las cosas (v. 27). La misma palabra que se oye en el evangelio desde el cielo, sacudirá el cielo y la tierra (v. 26).
aquellos … que desecharon—Acto consumado final (aoristo). Su ruego de que no les fuese hablada más la palabra
por Dios, encubría corazones refractarios, como lo comprobaron los hechos subsecuentes (cap. 3:16). al que hablaba—
revelando con amonestaciones oraculares su divina voluntad; así el griego. si desecháramos—Griego, “los que nos
apartáramos”. La palabra denota mayor refractariedad que el verbo “rechazar” o “declinar”. al que habla de los
cielos—Dios, por el Hijo en el evangelio, hablando desde su trono celestial. Por tanto Cristo, en su predicación, hizo
frecuente mención del “reino de los cielos” (griego, Mateo 3:2). Al dar la ley, Dios habló en la tierra (en el Monte Sinaí)
mediante los ángeles (cap. 2:2, compárese cap. 1:2). En Exodo 20:22, cuando Dios dice: “Hablé con vosotros desde el
cielo”, nos enseña este texto de Hebreos que no se trata de los cielos más altos, sino de los cielos visibles, las nubes y
las tinieblas, desde donde Dios por ángeles proclamó la ley en Sinaí. 26. entonces conmovió—cuando dió la ley en
Sinaí. ahora—en el evangelio. ha denunciado—El anuncio de su venida para deshacer el presente orden de cosas es a
los impíos un terror, a los piadosos una promesa (así el griego), el cumplimiento de la cual esperan con gozo. Aun una
vez—Véanse mis notas, Hageo 2:6, 21, 22, dos textos condensados en uno aquí. La conmoción empezó con la primera
venida del Mesías; será acabada en su segunda venida, cuando prodigios en el mundo de la naturaleza acompañaran
el derrumbe de todos los reinos que se oponen al Mesías. El hebreo es, “hay aún un poquito”, es decir, un solo breve
plazo hasta que empiece una serie de acontecimientos que terminará con la venida del Mesías. No meramente la
tierra, como con el establecimiento del pacto sinaítico, sino aun el cielo será conmovido. Los dos advenimientos del
Mesías son considerados como uno, en Hageo, el completo sacudimiento perteneciendo al segundo, el presagio del
cual es dado en las conmociones de la primera venida: las relacionadas con la caída de Jerusalén, tipificando aquellas
que ha de haber con la derrota de todos los reinos ateos por el Mesías que viene. 27. esta palabra, Aun una vez—Así
Pablo, por el Espíritu, sanciona la versión de los Setenta de Hageo 2:6, añadiendo un rasgo a la profecía en el hebreo,
como [PAG. 663] está en nuestra versión, de que no meramente ha de haber “de aquí un poco”, sino que habrá “una
vez más” como acto final. El énfasis del argumento está en el “una vez”. Una vez por todas; una vez para siempre. “Al
decir una vez más, el Espíritu infiere que algo ya ha pasado, y que habrá otro algo que ha de perdurar y que no ha de
ser cambiado en otra cosa, o por otra cosa; exclusivamente para una sola vez, no para muchas veces” [Estio]. las cosas
movibles—el cielo y la tierra. Como la conmoción ha de ser total, así será total la mudanza (metáthesis) dando lugar a
cosas mejores que son inmoviles, insustituíbles. Véase la economía judaica (el tipo de todo el presente orden de cosas)
que cedió lugar al nuevo pacto permanente: precursor del eterno estado de bienaventuranza. como de cosas hechas—
es decir, de esta presente creación visible: véase 2 Corintios 5:1, y 9:11: “Hecho de manos < no de esta creación”, es
decir, cosas de tal manera hechas en la creación que no permanecerían de sí mismas, sino serían mudadas. El nuevo
cielo y la nueva tierra permanentes son también hechos por Dios, pero son de una naturaleza superior a la creación
natural, hechos para participar de la naturaleza divina de Aquel que no es hecho; así que en esta relación como una
cosa con el Dios increado, son considerados no ser de la misma clase de las cosas hechas. Las cosas hechas, en el primer
sentido, no permanecen; las cosas del nuevo cielo y la nueva tierra, como el increado Dios, “PERMANECERAN delante
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de Dios”. (Isaías 66:22). El Espíritu, la simiente del nuevo ser celestial, no sólo del alma del creyente sino también de
su futuro cuerpo, es un principio increado e inmortal. tomando—como lo tomamos, en segurísima esperanza, también
en la posesión de las primicias del Espíritu. Tal es nuestro privilegio como cristianos. retengamos la gracia—Griego,
“tengamos gracia”. Según Alford, con Crisóstomo, “tengamos gratitud”, Pero (1) esta traducción no concuerda con el
griego clásico, ni con la fraseología paulina de “ser agradecidos”. (2) En tal caso hubiera agregado la frase “a Dios”. (3)
“Por la cual sirvamos a Dios”, cuadra bien aquí con la palabra “gracia” (la gracia evangélica, obra del Espírtiu, que
produce fe exhibida en el servicio de Dios), pero no cuadra bien con “gratitud”. agradándole—Griego,
“agradablemente”, de manera aceptable. Los manuscritos más antiguos leen: “Sirvamos < con reverente precaución y
temor”. Con reverente precaución (véase el mismo vocablo en cap. 5:7; véase nota), no sea que ofendamos a Dios,
cuyos ojos purísimos no contemplan la iniquidad. Con temor, por no traer la destrucción acaso sobre nosotros mismos.
29. El griego “Porque aun”, o “porque también”: introduce un adicional incentivo para la diligencia. Cita
Deuteronomio 4:24. nuestro Dios—en quien esperamos, también ha de ser temido. Es amor; sin embargo, hay otro
aspecto de su carácter: Dios siente ira contra el pecado (cap. 10:27, 31).
CAPITULO 13
Ver. 1–25. EXHORTACION A LAS VARIAS GRACIAS, ESPECIALMENTE A LA CONSTANCIA DE FE,
SIGUIENDO A JESUS EN MEDIO DE VITUPERIOS. CONCLUSION CON NOTICIAS Y SALUTACIONES. 1. el amor
fraternal—una manifestación distinta y especial de la “caridad” o “el amor” (2 Pedro 1:7). La Iglesia de Jerusalén, a la
que en parte se dirigía esta Epístola, se distinguía por esta gracia, como sabemos por Los Hechos (cap. 6:10; 10:32–34;
12:12, 13). Permanezca—La caridad misma continuará; mirad que continúe con vosotros. 2. Dos manifestaciones del
“amor fraternal”: la hospitalidad, y el cuidado de los presos. No olvidéis—Que denota que era un deber que todos
reconocían, pero que podían olvidarse de practicar (vv. 3, 7, 16). Los enemigos del cristianismo mismos se han dado
cuenta de la práctica de esta virtud entre los cristianos. [Julián, Epístola 49]. hospedaron ángeles—Abrahán y Lot lo
hicieron (Génesis 18:2; 19:1). Para evitar la natural desconfianza de los extraños, dice Pablo, un huésped desconocido
puede ser mejor de lo que parece; puede ser que inesperadamente resulte ser mensajero de Dios para bien tanto como
los ángeles (vocablo que significa mensajero); y aun más: si es cristiano, representa a Cristo mismo. Hay un juego en el
mismo vocablo griego: no olvidéis y sin saberlo: no dejéis de daros cuenta del deber de la hospitalidad, porque algunos,
hospedando a ángeles no se dieron cuenta de que eran ángeles. No inconscientes ni olvidados del deber,
inconscientemente se han granjeado la bendición. 3. Acordaos—en oraciones y en actos de benignidad. presos
juntamente—por virtud de la unidad de los miembros del cuerpo de Cristo, la Cabeza (1 Corintios 12:26). afligidos—
Griego, “los maltratados”. vosotros mismos sois del cuerpo—así propensos a las adversidades incidentes al cuerpo
natural, lo que debería disponeros tanto más a compadeceros de ellos, pues no sabéis cuán pronto os tocará sufrir.
“Uno experimenta la adversidad por casi toda la vida, como Jacob; otro en la juventud, como José; otro siendo adulto,
como Job; otro en la vejez” [Bengel]. 4. Honroso es—el verbo en griego es tácito, es o sea. Tradúzcase: “Sea (tenido por)
honroso el matrimonio en todos”; así como en el v. 5 es también una exhortación. en todos—“en el caso de todos los
hombres”; “entre todos”. “Para evitar la fornicación. CADA HOMBRE tenga su propia mujer” (1 Corintios 7:2). El
judaísmo y el gnosticismo juntos habían pronto de arrojar descrédito sobre el matrimonio. El venerable Pafnuncio, en
el concilio de Niza citó este texto en justificación del estado de matrimonio. Si uno mismo no se casa, no debe impedir
que otros lo hagan. Otros, especialmente los romanistas, traducen: “en todas las cosas”, como en el v. 18. Pero como la
amonestación es contra la lascivia, en contraste con “fornicarios y adúlteros” en la frase paralela, se requiere que el “en
todos” se refiera a personas. el lecho sin mancilla—“Y sea sin mancilla el lecho”. juzgará Dios—Los más de los
fornicarios evitan el conocimiento de los tribunales humanos; pero Dios toma cuenta cabal de aquellos que escapan
del castigo de los hombres. Las blandas inmoralidades aparecerán entonces en una luz muy diferente de la de ahora.
5. las costumbres vuestras—“vuestro modo de vida”. El amor de la lujuria y el amor del lucro sucio se siguen como
muy afines; las dos cosas alejan el corazón del Creador hacia la criatura. lo presente—“las cosas que hay” (Filipenses
4:11). ni te dejaré [PAG. 664] —Una promesa igual a ésta fué dada a Jacob (Génesis 28:15), a Israel (Deuteronomio
31:6, 8), a Josué (Josué 1:5), a Salomón (1 Crónicas 28:20). Es pues como un adagio divino. Lo que se les dijo a ellos, se
nos aplica a nosotros también. Nunca retirará su presencia (“nunca te dejaré”) ni su socorro (“ni te desampararé”)
[Bengel]. 6. digamos—Mejor dicho, como el griego, en expresión de confianza efectiva: “De modo que decimos
confiadamente” (Salmo 56:4, 11; 118:6). Puntúese como requiere tanto el hebreo como el griego: “El Señor es mi
ayudador; (por tanto) no temeré: ¿qué pues me hará el hombre?” 7. Acordaos—para imitarlos, no para invocarlos,
como Roma enseña. vuestros pastores—mejor: “los que os dirigieron,” vuestros guías espirituales. que—mejor: “los
cuales”. os hablaron—durante su vida (el aoristo). Esta Epístola era de las posteriores, escrita cuando muchos de los
adalides de Jerusalén habían muerto. la fe de los cuales—fe hasta la muerte: probablemente el martirio, como los
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casos de heroica fe del cap 11:35. Esteban, Jacobo, hermano del Señor y obispo de Jerusalén, así como Jacobo hermano
de Juan (Hechos 12:2), de la iglesia palestina, a la que Pablo escribe, sufrieron el martirio. considerando—Griego,
“contemplando”, repasando todo de nuevo diligentemente. el éxito—la partida, la terminación, con la muerte. El
vocablo griego expresa la muerte (Lucas 9:31; 2 Pedro 1:15). de su conducta—“modo de vida”; su “caminar religioso”
(Gálatas 1:13; Efesios 4:22; 1 Timoteo 4:12; Santiago 3:13). Considerando cómo ellos manifestaron la firmeza de su
santo caminar, que ellos mantuvieron hasta el fin de la jornada (la muerte de mártires). 8. Esta frase no está, como
algunos la leen, en oposición con “el éxito (fin) de su conducta”, sino que forma la transición. “Jesucristo, ayer y hoy
(es) el mismo (será el mismo) hasta los siglos” (es decir, hasta todos los siglos). El Jesús Cristo (dando su nombre
completo, para señalar con afectuosa solemnidad tanto su persona como su oficio), quien sostuvo a vuestros guías
espirituales durante la vida y aun hasta el fin de ellos “ayer” (en tiempos pasados), siendo a la vez “el Autor y
Consumador de la fe de ellos” (cap. 12:2), sigue siendo aún el mismo Jesucristo “hoy”, pronto para socorreros a
vosotros también, si como ellos camináis “por fe” en él. Véase “este mismo Jesús”, Hechos 1:11. El que ayer (proverbial
por el tiempo pasado) sufrió y murió, está hoy en la gloria (Apocalipsis 1:18). “Como la noche interviene entre ayer y
hoy, y con todo la noche misma es absorbida por el ayer y el hoy, así el sufrimiento no interrumpió la gloria de
Jesucristo, la que era ayer y hoy, de tal suerte que no continúe siendo la misma. El es el mismo ayer, antes de venir al
mundo, y hoy, en el cielo. Ayer en el tiempo de nuestros antepasados, y hoy en nuestro siglo”. [Bengel]. De modo que
la doctrina es la misma, no variable: este versículo (v. 8) pues, forma la transición entre el v. 7 y el v. 9. Cristo es
siempre “el mismo” (cap. 1:12). El mismo en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. 9. de acá para allá—
mejor, “aparte”; no seáis apartados. Véase Efesios 4:14. diversas—doctrinas que difieren de la una fe en el uno y
mismo Jesucristo, que les fué enseñada por sus pastores”. extrañas—ajenas a la verdad. afirmar el corazón en la
gracia, no en viandas—no en la observancia de las distinciones judaicas entre comidas limpias e inmundas, a las que
los judaizantes ascéticos agregaron en tiempos cristianos el rechazo de ciertas carnes y el uso de ciertas otras cosas:
observado por Pablo en 1 Corintios 8:8, 13; 6:13. En Romanos 14:17 hay un paralelo exacto de este texto: éstas son
algunas de las “doctrinas diversas y extrañas” de aquí. El cuerpo de Cristo, ofrecido una vez por todas, es nuestra
verdadera “comida” espiritual para “comer” (v. 10), “el fuerte y susteñto de pan” (Isaías 3:1), el medio de toda
“gracia”. nunca aprovecharon—respecto de la justificación, la purificación de la conciencia, y la santificación. Véase
“caminar”, Hechos 21:21; es decir, con escrupulosidad supersticiosa, como si el culto a Dios consistiese en tales
observancias legalistas. 10. El judaísmo y el cristianismo son totalmente distintos, tanto que “los que sirven al
tabernáculo” (judaico), no tienen derecho a comer de nuestra comida espiritual evangélica: es decir, los sacerdotes
judaicos y los que siguen su dirección en el servicio de la ordenanza ceremonial. Dice: “sirven al tabernáculo”; no:
“SIRVEN EN el tabernáculo”. Contrástese con este servil culto el nuestro. un altar—la cruz de Cristo, sobre la cual fué
ofrecido su cuerpo. La mesa del Señor es simbólica de este altar, la cruz; el pan y el vino representan el sacrificio en
ella ofrecido. Nuestra comida, que por fe espiritualmente comemos, es la carne de Cristo, en contraste con las carnes
típicas ceremoniales. Las dos cosas no pueden combinarse (Gálatas 5:2). El que no se entiende aquí un comer literal
del sacrificio de Cristo en la cena del Señor, sino un espiritual, aparece cuando se coteja el v. 9 con el v. 10: “en
GRACIA”, y “NO en VIANDAS”. 11, 12. Porque de la manera que “los cuerpos de aquellos animales cuya sangre es
metida en el santuario < son quemados fuera del real”, así “Jesús también < padeció fuera de la puerta” del
judaísmo ceremonial, del cual es tipo su crucifixión hecha fuera de la puerta de Jerusalén. Porque—razón por qué los
que sirven al tabernáculo están excluídos de la participación de Cristo; porque su sacrificio no es como uno de
aquellos sacrificios en que ellos tenían parte, pero que corresponde a uno que era “del todo quemado” (“holocausto”)
afuera y que por tanto no se podía comer. Levítico 6:30 da la regla general: “Mas no se comerá de expiación alguna, de
cuya sangre se metiere en el tabernáculo del testimonio para reconciliar en el santuario: al fuego será quemada”. La
ofrenda por el pecado era de dos clases: la externa, cuya sangre era rociada sobre el altar exterior, y de cuyos cuerpos
los sacerdotes podían comer; y la interna, que era lo contrario. el santuario—aquí es el lugar santísimo, en donde la
sangre de la ofrenda por el pecado era traída el día de la propiciación. fuera del real—El real, donde estaba el
tabernáculo y los sacerdotes levíticos y adoradores legales, durante las peregrinaciones en el desierto; siendo después
la ciudad de Jerusalén (que tenía el templo), fuera de cuyos muros fué crucificado Cristo. 12. Por lo cual … Jesús—a
fin de que el antitipo cumpliese el tipo. para santificar—Aunque no fué traída dentro del santuario del templo (v. 11),
su sangre fué introducida en el santuario celestial, y “santifica [PAG. 665] al pueblo” (cap. 2:11, 17), purificándolos de
todo pecado, y consagrándolos a Dios. por su propia sangre—y no por la de animales. fuera de la puerta—de
Jerusalén; como si fuese indigno de la sociedad del pueblo del pacto. La ardiente ordalía de su padecimiento en la cruz
corresponde a la quema de las víctimas: por ella fué completamente destruída su vida humana, como lo eran los
cuerpos animales; la segunda parte de su ofrenda fué su introducción de su sangre en el santuario celestial delante de
Dios, en su ascensión, para que fuese una eterna propiciación por el pecado del mundo. 13. Salgamos pues—este
“pues” respira el aliento de la deliberada valentía de los creyentes. [Bengel] fuera del real—“fuera de la política
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legalista” [Theodoret] del judaísmo (véase v. 11). “La fe tiene a Jerusalén por campo (real), no por ciudad” [Bengel].
Contrasta con los judíos, que sirven a un santuario terrenal, a los cristianos, que tienen franqueado el altar del
santuario celestial, que a la vez está cerrado a los judíos. Como Jesús sufrió fuera de la puerta, así deben los que
desean ser de él retirarse espiritualmente de la Jerusalén terrenal y de su santuario, así como del mundo en general.
Hay una referencia a Exodo 33:7, cuando el tabernáculo fué quitado fuera del campamento, contaminado por la idolatría
del pueblo del becerro de oro; de modo “que cualquiera que requería a Jehová, salía al tabernáculo del testimonio
(como Moisés llamó al tabernáculo fuera del campamento), que estaba fuera del campo”; a figura viva de lo que los
judíos debieran hacer, eso es: salir del culto carnal de la Jerusalén terrenal para adorar a Dios en espíritu, y lo que
todos debemos hacer: abandonar todo carnalismo, formalismo mundano, todo culto sensual, y conocer a Jesús en su
poder espiritual aparte de la mundanalidad, viendo que “no tenemos aquí ciudad permanente” (v. 14). llevando—
cual Simón Cireneo. su vituperio—el vituperio que él llevó, y que todo su pueblo lleva con él. 14. aquí—sobre la
tierra. Aquellos judíos que se asían del santuario terrenal, son representantes de todos los que se asen de esta tierra. La
Jerusalén terrenal resultó ser no “una permanente”, siendo destruída un poco después de escrita esta carta, y con ella
cayó la política civil y religiosa judaica: tipo de todo nuestro presente orden de cosas terrenales pronto a perecer. la
por venir—(Cap. 2:5; 11:10, 14, 16; 12:22; Filipenses 3:20). 15. Como se menciona el “altar” de los cristianos en el v. 10,
así también los “sacrificios” aquí (1 Pedro 2:5; a saber, “sacrificio de alabanza < y de hacer bien”, v. 16). Véase Salmo
119:108; Romanos 12:1. por medio de él—como el Mediador de nuestras oraciones y alabanzas (Juan 14:13, 14); no por
las observancias judaicas (Salmo 50:14, 23; 69:30, 31; 107:22; 116:17). Era un antiguo dicho de los rabinos: “En una
fecha cesarán todos los servicios, pero las alabanzas jamás cesar{n”. alabanza—por nuestra salvación. siempre—no
meramente en fechas fijas, como para el ofrecimiento de los sacrificios legales, sino a través de nuestras vidas. fruto de
(nuestros) labios—(Isaías 57:19; Oseas 14:2). Bengel observa que el hebreo, Todah, es hermosamente enfático. Significa
literalmente reconocimiento o confesión. Al alabar a una criatura, fácilmente podemos exceder la verdad; pero al alabar a
Dios sólo tenemos que seguir confesando lo que ha hecho por nosotros. De ahí que es imposible exceder la verdad; aquí
hay alabanza genuina. 16. Y—Griego: “pero”; pero el sacrificio de alabanza de los labios no es bastante; debe haber
también un hacer bien (beneficencia) y comunicación (eso es, el compartimiento de una parte de lo nuestro, Gálatas 6:6)
con los menesterosos. de tales sacrificios—mas no de los meramente ritualistas. 17. Obedeced a vuestros pastores—
(Véanse vv. 7, 24). Esta mención triple de los gobernantes es peculiar a esta Epístola. En otras Epístolas Pablo incluye a
los gobernantes en sus exhortaciones. Pero aquí se limita a la asamblea general de la iglesia, en contraste con los dirigentes,
a los cuales se les manda que se rinda reverente sumisión. Ahora bien, esto es precisamente lo que podría esperarse
cuando el apóstol a los gentiles escribiese a los cristianos palestinos, entre los cuales Jacobo y los once apóstoles
habían ejercido autoridad más inmediata. Convenía que no pareciese que se oponía a la autoridad de aquellos
dirigentes, sino más bien que fortalecía las manos de ellos; no pretende tener autoridad alguna sobre ellos mismos.
[Birks]. “Acordaos” de vuestros dirigentes finados (v. 7): obedeced a los actuales; y además, obedeced no sólo cuando
no se requiera sacrificio de uno, y cuando estéis persuadidos de que ellos tienen la razón (así el griego por “obedecer”),
sino también “sujetaos a ellos” como asunto de respetuosa sumisión, aun cuando vuestro criterio y voluntad os
inclinaran en sentido contrario. ellos—por su parte; así el griego. Como ellos cumplen su deber, así haced vosotros el
vuestro. Véase la exhortación de Pablo en 1 Tesalonicenses 5:12, 13. han de dar cuenta—El más fuerte estímulo a la
vigilancia (Marcos 13:34–37). Crisóstomo fué muy impresionado por estas palabras, como nos dice (De Sacerdotio, B. 6):
“El temor a esta amenaza agita continuamente a mi alma”. para que lo hagan—“valen por la eterna salvación de
vuestra alma”. Es una grave responsabilidad que un hombre tenga que dar cuenta por los hechos de otros, si él no es
capaz para los propios. [Estio, de Aquinas]. Me pregunto si será posible que algunos de los gobernantes sean salvados.
[Crisóstomo]. Véase el discurso de Pablo a los ancianos de Efeso (Hechos 20:28; 1 Corintios 4:1–5), donde también
relaciona la responsabilidad del ministro con la cuenta que ha de rendirse luego (véase 1 Pedro 5:4). con alegría—por
vuestra obediencia; anticipando también que vosotros seréis “el gozo” de ellos en el día del Juicio (Filipenses 4:1). no
gimiendo—por vuestra desobediencia, temiendo acaso que en el día de las cuentas vosotros estéis entre los perdidos
en vez de ser el gozo y corona de ellos. Al rendirse cuenta, los mayordomos son responsables si algo se pierde del
Maestro. “Aliviadles la fatiga con toda atención y respeto, para que con alegría cumplan su deber, que es bastante
arduo en sí aun cuando no se añada desagrado de parte vuestra” [Grocio]. esto—La tristeza de parte de vuestros
pastores no os aprovecha nada, pues debilita su poder espiritual; además, “los gemidos” de otras criaturas son oídos;
¡cuánto más los gemidos de los pastores!” [Bengel]. Dios será provocado, pues, a vengar a vosotros los gemidos de
ellos. Si ellos deben rendir cuenta a Dios por su negligencia, así debéis vosotros [PAG. 666] por vuestra ingratitud
hacia ellos. [Grocio]. 18. Orad por nosotros—Pablo acostumbra pedir por sí las intercesiones de la iglesia al terminar
sus Epístolas, así como las principia asegurándoles que los tiene en su corazón en sus oraciones (pero en ésta sólo al
llegar al cap. 13:20, 21; Romanos 15:30). El “nos” incluye a Pablo y sus compañeros. En el v. 19 vuelve al singular “yo”.
confiamos que tenemos buena conciencia—A pesar de vuestros celos anteriores, y de las denuncias de mis enemigos
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en Jerusalén, que han motivado mi encarcelamiento en Roma. En refutación de las calumnias de
los judíos protesta su propia buena conciencia delante de Dios y de los hombres en el mismo
lenguaje como aquí (Hechos 23:1–3; 24:16, 20, 21: donde virtualmente dice que su respuesta a
Ananías no fué impaciencia indigna; porque, en efecto, fué una profecía que al momento fué
inspirado para pronunciar, y que se cumplió un poco después). confiamos—Griego,“estamos
persuadidos”, según los manuscritos más antiguos. La buena conciencia produce la confianza,
donde el Espíritu Santo dirige la conciencia (Romanos 9:1). conversar bien—comportarnos
“buenamente”, de la misma raíz griega que “buena conciencia”. Es decir: recta, decorosamente.
19. Y más—adverbio griego en superlativo: “lo más encarecidamente os ruego <” hagáis así—
que oréis por mi. sea más presto restituído—(Filemón 22). Es aquí donde por primera vez se
menciona a sí mismo, de una manera tan discreta como para no predisponer a los lectores hebreos
en su contra, lo que hubiera resultado si hubiese comenzado esta Epístola como las otras
suyas, con el anuncio autoritario de su nombre y de su comisión apostólica. 20. La oración de
terminación. el Dios de paz—Así Pablo en Romanos 15:33; 16:20; 2 Corintios 13:11; Filipenses
4:9; 1 Tesalonicenses 5:23; 2 Tesalonicenses 3:16. Era de suponerse que el judaísmo sembraría
entre los hebreos semillas de discordia, de desobediencia hacia sus pastores (v. 17), y de
desavenencia hacia Pablo. El Dios de paz, dando la unidad de la doctrina verdadera, los uniría
en mutuo amor. Que sacó de los muertos—Griego, “levantó”. Dios levantó al Pastor; el Pastor
levantará al rebaño. Aquí sólo en la Epístola se menciona la resurrección. No iba a concluír sin
mencionar el eslabón que une las dos verdades principales de la discusión: el único sacrificio
perfecto y la continua intercesión sacerdotal—la profundidad de su humillación y la altura de
su gloria—el “altar” de la cruz y la ascensión al celestial Santísimo. gran (véase cap. 4:14) pastor
de las ovejas—Un título bien conocido por los hebreos que leían el Antiguo Testamento
(Isaías 63:11, versión de los Setenta): primariamente Moisés, antitípicamente Cristo; ya
comparados juntos en el cap. 3:2–7. Es natural la transición de los pastores terrenales (v. 17), al
Jéfe Pastor, como en 1 Pedro 5:1–4. Véase Ezequiel 34:23, y las palabras de Jesús mismo, Juan
10:2, 11, 14. por la sangre—Griego, “en”, en virtud de la sangre (cap. 2:9); fué a causa de su
muerte sangrienta a nuestro favor que el Padre lo levantó y lo coronó de gloria. La “sangre” fué el
sello del eterno pacto hecho entre Padre e Hijo; en virtud de la sangre del Hijo, Cristo primero fué
levantado, luego el pueblo de Cristo lo será (Zacarías 9:11 al parecer aludido aquí; Hechos
20:28). eterno—La calidad de eterno del pacto requirió la resurrección. Esta frase, “la sangre del
pacto eterno”, es un resumen retrospectivo de la Epístola (véase 9:12). Señor Jesucristo—(Cristo
omitido de algunos manuscritos) el título que señala su persona y su señorío sobre nosotros. Pero en
el v. 21, “por Jesucristo”. Su oficio, como del Ungido del Es píritu, le hace el medio de
comunicarnos al Espíritu: la santa unción que fluye de la Cabeza sobre los miembros (véase
Hechos 2:36). 21. Os haga aptos—dicho propiamente de una rotura sanada; os una
en perfecta armonía. [Bengel]. hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros—(Cap. 10:36). Todo lo
bueno que hacemos,Dios lo hace en nosotros. agradable—(Isaías 53:10; Efesios 5:10). por
Jesucristo—“Dios haciendo en vosotros < por medio de Jesucristo” (Filipenses 1:11). al cual—a
Cristo. Concluye como principió (cap. 1:2–4), dando gloria a Cristo. 22.soportéis la palabra—
Como los hebreos no pertenecían a la sección asignada a Pablo (sino los gentiles), hace uso de
ruego suave, más bien que de mandato de autoridad. en breve—en pocas palabras, en
comparación con las que podrían haber sido dichas sobre tema tan importante. Pocas, en una
Epístola que es más un tratado que epístola (véase 1 Pedro 5:12). Sobre la inconsecuencia aparente
con Gálatas 6:11, véase mi nota allí. 23. nuestro hermano Timoteo—Así Pablo en 1 Corintios
4:17; 2 Corintios 1:1; Colosenses 1:1; 1 Tesalonicenses 3:2. está suelto—de la cárcel. Así
Aristarco estuvo preso con Pablo. Birks traduce: “despedido”, “despachado”, es decir, en
misión a Grecia, como prometió Pablo (Filipenses 2:19). Sin embargo, alguna suerte de detención
se indica, antes de serle permitido ir a Filipos. Pablo, si bien en libertad ya, todavía estaba en Italia,
de donde envía las salutaciones de los cristianos italianos (v. 24),
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mientras esperara la llegada de Timoteo, para emprender juntos el viaje a Jerusalén: sabemos por
1 Timoteo 1:3 que él y Timoteo estaban juntos en Efeso después de su partida desde Italia hacia el
oriente. Pablo indica que si Timoteo no venía pronto, saldría de viaje a los hebreos en seguida. 24.
a todos—Las Escrituras se dirigen a todos, jóvenes y viejos, no meramente a los ministros.
Véase las diferentes clases llamadas: “esposas”, Efesios 5:22; hijitos, 1 Juan 2:18; “todos”, 1
Pedro 3:8; 5:5. Dice aquí “todos”, porque los hebreos a quienes habla no están todos en un
solo lugar, aunque habla principalmente a los jerosolimitanos. Los de Italia—no sólo los
hermanos (los santos) de Roma, sino también de otros lugares de Italia. 25. La salutación paulina
característica de todas sus otras trece Epístolas, como él mismo dice (1 Corintios 16:21, 23;
Colosenses 4:18; 2 Tesalonicenses 3:17). Esta salutación no se halla en epístola de otro apóstol
durante la vida de Pablo. Se usa en Apocalipsis 22:21, escrita posteriormente, y en Clemente de
Roma. Reconocida como signo distintivo de él (2 Tesalonicenses 3:17), nadie más lo usó mientras
él vivía. El griego aquí es: “La gracia (eso es, de nuestro Señor Jesucristo) sea con todos vosotros”.
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