Ensayos laborales/nueve       Puente y abismoConfiguraciones subjetivas de los trabajadores        en el tránsito a la fle...
Primera edición: septiembre 2004© Escuela Nacional Sindical, 2004Apartado Aéreo 12175, Medellín, ColombiaEditor: Juan Carl...
CONTENIDOPRESENTACIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .                 5AGRADECIMIENTOS . ....
La sociedad salarial fordista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .            62     Dimensiones analizadas . . ....
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A todas aquellas personas que han sabido construir           un referente de estabilidad, satisfacción                    ...
AGRADECIMIENTOS    Expreso mis agradecimientos a todas aquellas perso-nas e instituciones que hicieron posible la realizac...
organizaciones de los trabajadores de manera seria ycreativa, lo que permitió tener acceso a algunas fuentesde información...
(…) El trabajo es, al mismo tiempo,                                        un puente y un abismo                          ...
proceso de construcción del trabajo, cómo subvierten laslógicas e intencionalidades y cuáles son las presiones quemoviliza...
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PRIMERA PARTELa sociedad ocupada y la sociedad salarial
El trabajo subjetivamente motivado                                en la sociedad ocupada     El trabajo remunerado ocupa u...
sus formas de dar sentido, en las cuales los núcleos cons-tituyentes de la subjetividad (pasado, presente y visiónde futur...
sujetos a la misma. Durante el imperio romano tampocose asignaba ningún valor especial al trabajo y se le des-preciaba, el...
Discurso moderno del trabajo2     El discurso moderno del trabajo lleva consigo dos fi-guras que, para Fernando Díez, func...
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imprescindible tanto para propiciar el desarrollo de laeconomía nacional como para garantizar la oferta de tra-bajo produc...
requisito ineludible para el desarrollo de la riqueza de lasnaciones. La alta retribución del trabajo, por el contrario,se...
vinculadas al discurso del trabajo subjetivamente moti-vado, con una defensa del consumo de bienes no necesa-rios y la mot...
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ocupada, y luego el fortalecimiento de una sociedad sala-rial y un referente de estabilidad. Aunque son importan-tes las d...
De la sociedad ocupada a la sociedad salarial     Cuando se trata de definir el papel que ha cumplidoel trabajo en las soc...
Para nuestras localidades, estos momentos tienen ca-racterísticas esenciales, como el que sus temporalidadesson rezagadas ...
sario no se requerían más esfuerzos, ni había urgenciaspara ascender. Esto significaba un obstáculo para lograrlos ritmos ...
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Dios. El ocio atenta contra los valores del ser, la personatiene como deber social hacer algo provechoso para losdemás. La...
La Acción Social Católica, más que una idea, era unapropuesta del Vaticano para organizar a los obreros. EnColombia sirvió...
de socorro mutuo, ahorros, préstamos y propaganda, detal forma que la vida de las mujeres trabajadoras fueravigilada en to...
La ética del trabajo en Medellíny su área circundante13    Es innegable que el tránsito hacia una producción enlas fábrica...
Valle, Cervecería Unión, Suramericana de Seguros, Col-tejer, Fabricato, Acerías Paz del Río, Everfit y Peldar, entreotras....
Como proceso de trabajo, el fordismo se refiere a unanálisis microeconómico en el que la empresa controlasistemáticamente ...
presa se basa en la plusvalía relativa con las mejoras con-tinuas de productividad; la forma de competencia esmonopolista ...
tanas rodeadas por pequeñas ciudades industriales, conpredominio de la empresa fordista. La vida urbana tam-bién asumió ca...
El Estado de bienestar: una relación ambiguacon la ética del trabajo16    El Estado benefactor tiene consigo la idea de qu...
su misión. Pero de alguna manera el Estado benefactordebía resolver la situación de falta de empleo cuando seestaba dispon...
el trabajo asalariado como referente, y que hoy empiezana convertirse en estratos fosilizados que hacen parte de laforma c...
cias compartidas de trabajador asalariado; convivenciacreciente en el trabajo, el ocio y el barrio de vivienda;movimiento ...
de actividad, pues en las décadas siguientes este porcen-taje disminuyó. Para 1960 era de 47,12%; para 1970, de44,81%, y p...
con un 28,51%, a un 32,63% en 1964, hasta un 42,88%en 1973. Esto estaría significando una fuerte tendencia ala actividad d...
Podemos llegar a poner en duda las realidades mate-riales de lo que fue la sociedad salarial durante los añosde estabilida...
surgidos en el contexto de la industrialización y aquellosque provenían desde el siglo XIX, cuando se construye-ron los pi...
del siglo XX, como producto de las presiones de los tra-bajadores organizados y sus luchas, o como resultado dela bondad d...
jadores, estuvo fuertemente influenciado por la Iglesiacuando difundía que el salario debería estar constituidopor una can...
Cuadro 3.      Huelgas, paros y protestas de trabajadores en Colombia,                             1919-1945           Año...
tituciones de bienestar y otras en las que subyace la ideade protección y bienestar del trabajador y su familia,29 yano co...
ciones que aún están por realizarse dentro de una histo-ria del trabajo, es importante dejar insinuados los reite-rativos ...
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  1. 1. Ensayos laborales/nueve Puente y abismoConfiguraciones subjetivas de los trabajadores en el tránsito a la flexibilidad Nelcy Yoly Valencia Olivero
  2. 2. Primera edición: septiembre 2004© Escuela Nacional Sindical, 2004Apartado Aéreo 12175, Medellín, ColombiaEditor: Juan Carlos Celis OspinaISBN: 958-8207-34-7Impresión: Pregón Ltda. Para esta publicación la ENS contó con el apoyo de la Agencia Internacional FNV. Impreso en papel de fibra de caña de azúcar. Se puede reproducir total o parcialmente por cualquier medio, previo permiso de los editores
  3. 3. CONTENIDOPRESENTACIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5AGRADECIMIENTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11INTRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13PRIMERA PARTELa sociedad ocupada y la sociedad salarial . . . . . . . . . . . 23El trabajo subjetivamente motivadoen la sociedad ocupada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25 Paradigma de sociedades que no han sido centradas en el trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26 Discurso moderno del trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28De la sociedad ocupada a la sociedad salarial . . . . . . . . . 37 El significado del trabajo como tripalium . . . . . . . . . . . . 42 La ética del trabajo en Medellín y su área circundante . . 45 El fordismo: modelo de producción paradigmático del siglo XX . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 46 El Estado de bienestar: una relación ambigua con la ética del trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50 La clase obrera y el referente de estabilidad de la sociedad ocupada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 52 El salario como aglutinante de una sociedad centrada en el trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57 Trabajo asalariado como referente de otras formas de trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61
  4. 4. La sociedad salarial fordista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 62 Dimensiones analizadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 78SEGUNDA PARTESubjetividad de los trabajadores en Medellíny su Área Metropolitana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81Trabajadores del referente estable . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83 Formas de concebir el trabajo hoy . . . . . . . . . . . . . . . . . . 84 Los referentes de estabilidad como motivación subjetiva en las formas de concebir el trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . 90 La acción de los trabajadores del referente de estabilidad y las formas de dar sentido . . . . . . . . . . . . 96 La acción desde el sindicato . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99 Sindicalismo, un mandato divino a través de las encíclicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 102 La acción sindical y utopía del cambio . . . . . . . . . . . . . . 108 La negociación colectiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113 La huelga . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127 Rechazo al trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135 La convención colectiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145 La acción en comunidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169Trabajadores en la flexibilidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 179 Trabajador del referente estable en la flexibilidad . . . . . . 184 Trabajador de referente estable que decide transformar el trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 193 Trabajador estable degradado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203 Trabajador subcontratado y temporal . . . . . . . . . . . . . . . . 216 Trabajador de ventas informales de productos de la industria manufacturera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 241CONCLUSIONES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 255 Configuraciones subjetivas del trabajo en Medellín y su Área Metropolitana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 255 Otras configuraciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 263REFLEXIONES FINALES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 267 Los estudios del trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 267BIBLIOGRAFÍA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 273 Fuentes primarias citadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 277 Fuentes cualitativas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 281
  5. 5. PRESENTACIÓN La internacionalización de los países de América La-tina y la terciarización de su economía, generan cambiosen su vocación económica y conllevan un proceso de trans-formación estructural en la composición del empleo, lasrelaciones laborales y los procesos de trabajo con preca-rización y reducción de calidad de vida en el trabajo. Durante los últimos años se ha encontrado un recru-decimiento y empeoramiento de las condiciones en lasque se realiza el trabajo, que hacen que hoy se mantengandinámicas contradictorias de trabajos que se desarrollanbajo unos referentes de estabilidad y seguridad, pero quea su vez se debaten con otros cuyo referente es la flexibili-dad. Esto nos obliga a repensar el mundo del trabajo des-de las nuevas relaciones que surgen de la cultura, la fami-lia y las organizaciones. Así, la concepción de trabajo esun campo de conocimiento donde las subjetividades delos individuos y las colectividades tienen otras miradasmarcadas por la trayectoria laboral y la vida. Las contradicciones entre el trabajo digno, la movili-dad en los mercados laborales y el recorte de las garan- 5
  6. 6. tías en los contratos y en los salarios hacen que emerjannuevos campos problemáticos para la sociología del tra-bajo, la economía, la antropología y la historia. En estascondiciones se presenta un panorama desalentador y a lavez motivante respecto del trabajo para los espacios aca-démicos y políticos. Hoy, las relaciones laborales y el sen-tido que se le asigna a cada actividad, se mueven en me-dio de la informalidad y la formalidad. El modelo de des-arrollo con énfasis financiero termina haciendo de las es-tructuras productivas un espacio de extracción de capita-les y recrudece las políticas de ajuste para garantizar laburbuja especulativa que impone la globalización a lospaíses. En este libro, producto del esfuerzo teórico y la acu-mulación de conocimientos e información de la realidad,se expresan los cambios que han ido ocurriendo al inte-rior del mundo del trabajo desde lo individual y colecti-vo, se presentan las diferentes expresiones de sus dolien-tes y se visibilizan las huellas dejadas por muchos traba-jadores en el Valle de Aburrá. La forma de desarrollar eltema es un reto para los investigadores, especialmentepor el reconocimiento de que los intereses del trabajadory sus deseos de transformación de la sociedad son el motorpara el cambio. Los desarrollos que se hacen a partir de la epistemo-logía crítica y desde el enfoque configuracional, sugierenuna forma de analizar el tema desde la subjetividad y pro-ponen una profundización en los estudios del trabajo. El libro Puente y abismo: configuraciones subjetivasde los trabajadores en el tránsito a la flexibilidad, abrecaminos y crea enlaces que la autora cumple a lo largo desu trabajo con una escritura minuciosa y un manejo apro-piado de la información. La metodología a la que le apues- 6
  7. 7. ta Nelcy Valencia, permite evidenciar las condiciones delmundo del trabajo desde los dos ángulos propuestos, lacentralidad del trabajo y la flexibilidad. Muestra la desre-glamentación de los derechos laborales, el empobreci-miento en la calidad de vida de los trabajadores comoresultado de la destrucción de unos referentes de estabili-dad, las fuerzas productivas y la imposibilidad de soste-nerse y entrar en los mercados de trabajo. El otro aspecto que garantiza la importancia del libroes la revisión de las corrientes que abordan el análisiscrítico de los problemas del mundo del trabajo. Es untejido que entrecruza lo histórico y las ciencias socialesen la perspectiva del trabajo urbano. La autora le apuestaa recuperar la concepción del trabajo desde las diferentesdimensiones que viven los actores clasificándolas como tra-bajadores del referente estable en la flexibilidad, trabaja-dores de referente estable degradado, trabajadores del refe-rente estable que recrea el trabajo de manera no asalaria-da y trabajador que distribuye de manera informal produc-tos del sector formal. Los trabajadores configuran y visibi-lizan el mundo del trabajo hoy en el Valle de Aburrá apartir de la diversidad que les ofrecen los contextos en dondeoperan de manera significativa las inercias históricas. En el mundo del trabajo que presenta Nelcy se en-cuentra la presencia de muchos actores que dan cuenta deuna u otra manera de las luchas por tener una vinculacióna los espacios laborales, aun en medio de la rigidez de lossalarios reales y las formas de contratación. Las realida-des actuales han generado nuevas formas de trabajo, aun-que ninguna de ellas es completamente satisfactoria porsí sola, tomadas en conjunto sirven ciertamente para des-cribir los mecanismos reales por los que se forman lossalarios en las empresas. 7
  8. 8. En el libro hay un exhaustivo tratamiento bibliográfi-co con el que se realiza una lectura amplia de la realidada través de los resultados del trabajo de campo: análisisde datos, grupos focales y entrevistas y cruces de infor-maciones que alimentan la posibilidad de hacer lecturaspropias de la realidad en el Valle de Aburrá. Este trabajo contribuye a la exploración de nuevasformas investigativas, es un avance en la discusión entrelo cualitativo y lo cuantitativo, abre posibilidades de aná-lisis de la realidad a diferentes niveles y logra mostrar lasdiferentes percepciones de los trabajadores tanto del re-ferente estable como del flexible. La autora asume el riesgo de leer la realidad del traba-jo desde la perspectiva teórico-metodológica de Enriquede la Garza y así piensa los cambios en el mundo deltrabajo surgidos en nuestras localidades. La historia no está acabada y la que hemos hecho noes suficiente, se hace necesario la apertura a este enfoquepara el estudio del mundo del trabajo porque aporta nosólo a las estructuras, sino a la subjetividad y a la acciónde los sujetos. El tema es fundamental y de mucha vigen-cia, muestra la profunda realidad de nuestra sociedad.Esperamos que sea la puerta de entrada para fortalecer elaprendizaje de la temática laboral donde el papel de lossujetos cambia con la realidad del trabajo en el Valle deAburrá y se abra al debate con nuevos presupuestos en lacomprensión y solución de los problemas sociales. Marleny Cardona A. 8
  9. 9. A todas aquellas personas que han sabido construir un referente de estabilidad, satisfacción y felicidad sin el trabajo. A Inti, mi gran amor, quien quiere ser piloto no para trabajar, sino para volar. A Juan, porque me acompaña en esta pasión.
  10. 10. AGRADECIMIENTOS Expreso mis agradecimientos a todas aquellas perso-nas e instituciones que hicieron posible la realización deeste proyecto, entre las que cuento a profesores, compa-ñeros de trabajo, amigos y sobre todo a los trabajadores ytrabajadoras que accedieron a tener conversaciones en lasdiferentes etapas de recolección de información. Agradezco en especial a Juan Carlos Celis quien seconvirtió en el principal interlocutor académico de estetrabajo, por sus largas y permanentes conversaciones ypor acompañarme en esta búsqueda; por su disposiciónpermanente para sacar el libro indicado en los momentosmás importantes, para compartir conmigo la alta valora-ción que merece el tema y por la lectura detenida del bo-rrador, por sus sugerencias, por escucharme, por revisarlibrerías pensando también en el proyecto, por su com-prensión. A la Escuela Nacional Sindical, mi refugio de trabajodesde hace algunos años, por apoyar la publicación deesta investigación. Pero, ante todo, por ser una institu-ción que durante muchos años ha pensado el trabajo y las 11
  11. 11. organizaciones de los trabajadores de manera seria ycreativa, lo que permitió tener acceso a algunas fuentesde información como sus bancos de datos, y fue posibletener un acercamiento permanente a trabajadores y traba-jadoras. A Marleny Cardona por su apoyo y confianza, peroante todo por ser una de esas personas que después deconocer es imposible no querer. Al profesor Jhon Betancurt de la Universidad de Illi-nois, por su asesoría durante la primera etapa de este tra-bajo, lectura del borrador, sugerencias y, ante todo, porsu interés. A Rodrigo Javier, Longas, “Crazy”, Héctor, Color,Marquitos “el Mono”, Mario y Julio, con quienes he po-dido conversar desde hace algunos años sobre sus expe-riencias como trabajadores asalariados. A Inti por esperar con su carita triste. A José Fernando, por su paciencia de medio tiempo. A Viviana Garcés, por su ayuda en la recolección deinformación. 12
  12. 12. (…) El trabajo es, al mismo tiempo, un puente y un abismo entre la modernidad y la posmodernidad Martín Hopenhyn INTRODUCCIÓN La subjetividad, entendida como formas de dar senti-do, se hace importante para llegar a un reconocimientode lo que ha significado el trabajo, de las maneras comoel trabajador lo concibe y de la relación que guarda consus acciones. La acción de los trabajadores puede tenerdiversos sentidos que varían con los contextos laborales,y a lo largo del tiempo expresa lo incierto, lo inédito, locontradictorio y lo continuo, es decir, hay un proceso di-námico que se concreta en acciones. Para los trabajado-res la subjetividad es los ojos con los que ve el trabajoactuando en consecuencia; para el investigador, es unaperspectiva de estudio de la realidad a partir de sus sabe-res, valores, creencias, ideas, imágenes, conocimiento or-dinario, experiencias laborales, formas de organizar el tra-bajo y prácticas. El interés por la subjetividad establece un puente en-tre la forma de concebir el trabajo y la actuación en él; esdecir, proporciona criterios metodológicos que buscan laespecificidad, para saber qué hacen los actores, cuálesson sus potencialidades laborales, cómo participan en el 13
  13. 13. proceso de construcción del trabajo, cómo subvierten laslógicas e intencionalidades y cuáles son las presiones quemovilizan sus sentidos. Las acciones de los trabajadores no pueden aislarsede los actos de pensar, valorar e imaginar; ni son ajenasal proceso de tener conciencia. Nuestra inquietud por lasubjetividad se asocia necesariamente con la preocupa-ción metodológica de constituir, en el objeto de estudio,el vínculo entre la forma de concebir el trabajo y la ac-ción que lo transforma. Desde mediados de los años setenta, los estudios so-bre el trabajo fortalecieron una línea de investigación quese dedicó, bajo una mirada estructuralista, a observar losvaivenes del movimiento obrero y sus relaciones con elproceso de trabajo. En ellos, la mirada se enfocaba en laestructura que se impone al individuo y en el cambio so-cial que se produce por desarreglos de la misma. La transformación del escenario del mundo del traba-jo, con eventos como la emergencia de nuevos actores,las nuevas formas de organización, la complejidad de lasempresas, los procesos de flexibilidad laboral y del mer-cado de trabajo, ha llevado a las ciencias sociales a rever-tir su mirada hacia el estudio de valores, creencias, ideas,conocimiento y sentido común. Factores que, de algunamanera, los aborda el campo de la subjetividad, y resul-tan importantes a la hora de emprender estudios sobreeste tema. En el estudio de la subjetividad surgen nuevas teoríascomo reacción al estructuralismo y al positivismo, queamplían la mirada y, de ese modo, impiden la reducción ala estructura. Las construcciones teóricas del sociólogodel trabajo Enrique de la Garza Toledo, que tienen encuenta algunos planteamientos de Hugo Zemelman y otros 14
  14. 14. autores, sugieren la inconveniencia de los determinismosestructuralistas y funcionalistas para los estudios del tra-bajo. El análisis de la praxis tiene que ser el resultado deun proceso de abstracción de múltiples prácticas, y no sepuede remitir a una sola estructura social, sino a las di-versas estructuras que acompañan cada coyuntura. Sub-jetividad y praxis se conectan desde el momento en quela subjetividad antecede a la práctica, pero el significadoacompaña a la primera en su transcurrir y en los resulta-dos.1 Retomamos de este autor su propuesta teórico-me-todológica que le aporta a los estudios de trabajo y subje-tividad y que en adelante llamaremos enfoque configu-racional. Una configuración es un arreglo de características quese extraen de la misma realidad, se diferencia del con-cepto en que éste posee contenido a priori antes de serverificado, mientras que la configuración es un resulta-do. El acercamiento empírico de la vía conceptual es lahipótesis, en ella existe una estrecha relación entre con-ceptos y contenidos: se procede del concepto al dato y severifica o no, es decir, el proceso termina cuando se pue-de hacer una verificación de la hipótesis. La configura-ción, por su parte, hace acercamientos a través de dimen-siones amplias referidas al problema. Los factores que seconsideran en una configuración vienen inicialmente delas teorías, pero no conforman un concepto ni se aceptande antemano sus relaciones con otros conceptos. El enfo-que configuracional va de las dimensiones a los datos, endonde se aceptan, rechazan o incorporan nuevas dimen-siones, lo que permite analizar funcionalidades, contra-dicciones y discontinuidades. El método hipotético-deduc-1. De la Garza Toledo, Enrique, Subjetividad, cultura y estructura, Méxi- co, (s. i.), 2003. 15
  15. 15. tivo puede tener como resultado la verificación de unmodelo, mientras que en este enfoque se puede llegar a laconstrucción de configuraciones con potencialidades, in-certidumbres y limitaciones a llenar en un futuro por laacción de los sujetos, lo cual se convierte en espacio deacción viable en la coyuntura.2 Esta investigación se propuso inicialmente el estudiode nuevas formas de trabajo y subjetividades de los tra-bajadores en Medellín, y sus objetivos específicos pre-tendían relacionar las condiciones materiales con la sub-jetividad, analizar las condiciones de vida y conocer nue-vas subjetividades de los trabajadores. En el proceso deinvestigación fue muy importante encontrar un enfoqueteórico y metodológico acorde con estos objetivos, lo cualimplicaba una búsqueda en la que no bastaba con hacercombinaciones técnicas entre herramientas cuantitativasy cualitativas y marcos teóricos, por eso elegimos un en-foque configuracional como el que aquí se expone. Deacuerdo con el enfoque elegido, al adentrarnos en el de-sarrollo temático encontramos que no era posible hablarde nuevas formas de trabajo, en una investigación queeligió como población objeto a los trabajadores de la in-dustria manufacturera, sino que, por el contrario, se trata-ba de estudiar las formas de concebirlo, que se constitu-yeron en referentes de una sociedad salarial, y que hoyadquieren otros sentidos en la flexibilidad. Por lo tanto,no podía hablarse de determinismos entre condicionesmateriales y subjetividades, sino, más bien, de la relaciónentre estructuras, subjetividades y acción. Esta investiga-ción entonces abordó el tema de las subjetividades, nocomo las nuevas expresiones subjetivas de los trabajado-2. De la Garza Toledo, Enrique, Configuración como alternativa al con- cepto estándar de teoría, México, (s. i.), 2003. 16
  16. 16. res a partir de una relación con sus condiciones materia-les, sino como las formas de dar sentido al trabajo en unarelación entre estructuras, subjetividades y acción. Esta investigación parte del análisis de dimensionesacadémicas que nos permiten examinar aportes realiza-dos por algunos grupos de estudio cuyos enfoques inda-gan de una u otra forma por la subjetividad. Igualmente,señalamos la contribución que, desde algunas corrientesacadémicas, se ha hecho a la construcción de un referen-te de estabilidad. Nos adentramos en el análisis de di-mensiones contextuales e históricas que hacen parte deaquellos referentes que se encuentran afincados en lasformas de concebir el trabajo, y que llevan consigo ten-siones entre pasado, presente y visión de futuro de lostrabajadores de Medellín y el Valle de Aburrá. Y, final-mente, construimos nuevas dimensiones relacionadas conlas formas como los trabajadores conciben el trabajo, ycon sus acciones. En la primera parte,1 mostramos la conformación dereferentes contextuales e históricos, los cuales llevan con-sigo formas de dar sentido al trabajo. Destacamos las fi-guras objetivas y subjetivas de la sociedad ocupada queinstauraron el lenguaje que aún conocemos sobre el mis-mo y que en nuestras localidades tuvo sus propias expre-siones. Un segundo evento se refiere a la estructuraciónde una sociedad salarial, que aunque numéricamente nofue de asalariados, constituyó el referente ideal, al ladode fenómenos como el fordismo y el Estado de bienestar,de una sociedad que fortaleció la idea del trabajo como1. En la tesis original, la primera parte contiene el enfoque configuracio- nal y la propuesta metodológica que determinan la estructura concep- tual de esta investigación. Ésta aparecerá en una próxima publicación de la Editorial Escuela Nacional sindical. 17
  17. 17. un derecho, dio sentido propio a formas de concebirlo ytrajo consigo acciones concretas. En El trabajo subjetivamente motivado en la socie-dad ocupada se retoman planteamientos de autores comoDominique Meda y Fernando Díez, que ayudan a com-prender la conformación de las ideas que conocemos hoysobre el trabajo, desde aportes historiográficos y socioló-gicos que remiten a reflexiones como, por ejemplo, laconstitución de una sociedad centrada en el trabajo, don-de la idea de una sociedad ocupada tendría un papel im-portante. En De la sociedad ocupada a la sociedad salarial semuestra la conformación de una sociedad salarial en Me-dellín y su área circundante. Dimensiones como la éticadel trabajo, las figuras objetivas y subjetivas que confor-man una sociedad ocupada, los factores contextuales comoEstado de bienestar y fordismo, permiten llegar al análi-sis de otras dimensiones subjetivas sobre el trabajo, quese depositaron en la memoria de los trabajadores. Las di-mensiones analizadas en este capítulo parten de la histo-riografía existente sobre el tema, y aunque sus enfoquesse pueden llegar a distanciarse de esta investigación, con-tienen el punto de partida del debate teórico e historio-gráfico. La segunda parte centra su análisis en las concepcio-nes que tienen los trabajadores hoy sobre el trabajo. Susrazonamientos cotidianos muestran los discursos forma-dos en el referente de estabilidad, y en los anteriores a él,y adquieren un nuevo sentido en la flexibilidad, lo quenos permite llegar a tres configuraciones subjetivas: sen-tido de transformación del sujeto desde el trabajo, senti-do de transformación de la sociedad desde la acción en eltrabajo, y sentido de transformación del trabajo desde el 18
  18. 18. trabajo mismo. La elaboración de estas configuracionessubjetivas se desarrolló en varios capítulos. En Trabajadores del referente estable tratamos acer-ca de las dimensiones subjetivas y está centrado en elanálisis empírico que parte del razonamiento cotidianode trabajadores de la industria manufacturera, quienes hoyconservan memoria sobre el trabajo asalariado y establedurante la década de los ochenta. En esta década no seconstituyeron referentes sobre la sociedad salarial, peroante la amenaza de cambio, los trabajadores organizadosde dichas industrias pusieron en juego la motivación sub-jetiva que tenían sobre el trabajo y emprendieron la de-fensa de éste a través de acciones organizadas. Podemosreconocer, entonces, durante este período, variadas for-mas de dar sentido al trabajo, tales como sacrificio, dig-nificación, un derecho, necesidad, intercambio, ordena-dor social o medio para el sustento, y percatarnos de quetoman mayor o menor sentido según las acciones que sellevan a cabo durante su vida cotidiana. Destacamos lasacciones organizadas a través del sindicato, la negocia-ción colectiva, la huelga, lo que significa la convencióncolectiva, el sentido de comunidad y el rechazo al traba-jo, basados en el supuesto al que nos permite llegar laetapa de recolección de información cualitativa. En estaetapa, pudimos constatar que para los trabajadores de laindustria manufacturera los referentes de actuación esta-ban puestos en estos eventos, lo que se hace congruentecon la información de fuentes historiográficas que hancentrado sus miradas en estos hechos. En Trabajadores en la flexibilidad seguimos el reco-rrido bajo las mismas formas de concebir el trabajo, perodesde la flexibilidad, con trabajadores que parten de lamisma industria manufacturera pero en un contexto dife- 19
  19. 19. rente, y elegimos tratar cinco rutas: la del trabajador delreferente estable en la flexibilidad, la del referente esta-ble degradado, la del referente estable que decide trans-formar el trabajo, la del trabajador subcontratado y tem-poral y la del de ventas informales de productos de laindustria manufacturera. En la flexibilidad, el trabajocomo un derecho pierde sentido y nuevamente adquierenvalor ideas acerca de él que hacen recaer en el sujeto res-ponsabilidades que en el pasado fueron asignadas a otrosactores. El trabajo que dignifica, encarnado en discursosfosilizados como la ética del trabajo, ya no busca dignifi-car a la persona en lo terrenal, y adquiere de nuevo unsentido de gratificación postergada, que se convierte enuna aceptación incondicional de la precariedad y la po-breza. En este estudio se analizan dimensiones que se desa-rrollan en un eje temporal: se muestran los aspectos quese constituyeron en referentes del trabajo como un ejecentral de la sociedad salarial dejando fuertes herenciasen las formas actuales de concebirlo y que se empiezan amodificar en el nuevo contexto. Es decir, las formas deconcebir el trabajo emprendieron un cambio de valora-ciones relacionadas con la acción de sus actores princi-pales: los trabajadores. Las configuraciones subjetivas del trabajo, a las quellegamos con esta investigación, están elaboradas a partirde un proceso metodológico que permitió reconstruir di-mensiones académicas, contextuales, históricas y subjeti-vas. Se recogen fuentes históricas y de autores que vienenreflexionando sobre el tema, de textos escritos para otrosestudios del trabajo, y de información diseñada para estainvestigación. Igualmente, a través del diseño metodológi-co, obtuvimos información cuyas formas de recolección 20
  20. 20. se hicieron con los aportes de la investigación cualitativa,y que buscan descifrar el razonamiento cotidiano de lostrabajadores, en el que se evidencian formas de pensar queestán en profunda relación con la memoria, con el presen-te y con el futuro. Estas configuraciones subjetivas, quehacen parte de las conclusiones, están dadas por los de-seos de transformación de la sociedad, del trabajo y delsujeto, desde el trabajo mismo. 21
  21. 21. PRIMERA PARTELa sociedad ocupada y la sociedad salarial
  22. 22. El trabajo subjetivamente motivado en la sociedad ocupada El trabajo remunerado ocupa un lugar fundamentalen nuestras sociedades desde hace aproximadamente dossiglos al ser el principal medio de subsistencia, pero tam-bién es una relación de carácter central para la sociedad.El trabajo, como eje estructurante de la sociedad, trajoconsigo figuras que operaron durante todo el siglo XXen la construcción de una sociedad salarial. Estas figu-ras, de una u otra forma, se trasladaron al Valle de Aburráe hicieron eco en las particularidades de pequeñas loca-lidades cuya economía empezaba a depender de la in-dustria. La sociedad salarial en Medellín y su Área Metropo-litana, recorrió todo el siglo XX en su formación. Nosparece importante retomar de este recorrido los elemen-tos que destaca la historiografía existente, pues nos per-miten mostrar cómo las configuraciones subjetivas sobreel trabajo hoy, llevan consigo estratos fosilizados e iner-cias históricas que hacen parte de esas concepciones. Esdecir, las configuraciones subjetivas históricas de los tra-bajadores, formadas durante largo tiempo, hacen parte de 25
  23. 23. sus formas de dar sentido, en las cuales los núcleos cons-tituyentes de la subjetividad (pasado, presente y visiónde futuro) dan cuenta de los cambios de esa sociedad cen-trada en el trabajo.Paradigma de sociedades que no han sidocentradas en el trabajo1 Las sociedades que no han sido centradas en el tra-bajo se caracterizan por particularidades, como la caren-cia de una palabra que signifique las diferentes activida-des como un todo (actividades físicas, reflexión, horti-cultura, etc.); las actividades de subsistencia y sus resul-tados no se asumen individualmente; tampoco sus resul-tados son repartidos bajo criterios económicos; el traba-jo no se realiza para ser visto por los demás, ni para os-tentar o competir, ni la necesidad ni el acopio determi-nan la compulsión por trabajar, ni el fruto de largas tem-poradas puede ser consumido en minutos; la estética pri-ma sobre la retribución material; en algunas comunida-des el trabajo se rige por lógicas sagradas, y son éstas allado de la naturaleza, los dioses o la sangre las que defi-nen el estatus. Para los griegos, por ejemplo, el trabajo se asociabacon tareas degradantes y despreciables, existía el voca-blo ponos, que significa actividades que requieren de es-fuerzo y contacto degradante con la materia. Las tareasnecesarias para la reproducción material se calificabande serviles, ya que condenaban a la necesidad, y sólopodían ser libres aquellos ciudadanos que no estuviesen1. Este aparte está basado en el recuento que realiza Dominique Meda para mostrar que las sociedades no siempre han estado centradas en el trabajo y menos en el trabajo asalariado. Meda, Dominique, El trabajo: un valor en peligro de extinción, Barcelona, Gedisa, 1998, cap. 2. 26
  24. 24. sujetos a la misma. Durante el imperio romano tampocose asignaba ningún valor especial al trabajo y se le des-preciaba, el estatus social estaba signado por la relaciónlibre-servil y el orden social lo determinaba el rango, lasangre. Durante la difusión del cristianismo, el trabajo se con-vierte en una maldición, un castigo y se propaga la ideade superioridad del espíritu sobre el cuerpo. El significa-do del Génesis en estos siglos es inverso: Dios no obrópor sí mismo, sino que ordenó a las cosas que se hicieran:“Dios dijo y quedó hecho”. Durante la Edad Media, lospadres de la Iglesia contribuyeron a una lenta conversióndel concepto del trabajo, cuando san Agustín estableciórelaciones entre la vida práctica y la revisión de la teoría.Se introdujo entonces la clasificación de oficios lícitos eilícitos y se incrementó la lista de oficios degradantes. Lanaturaleza, la sangre, la pureza y los dioses dejaron de serlos únicos criterios del estatus social, también lo eran lolícito y lo ilícito, y la creación empezó a convertirse enrealidad cuando se expresó como obra realizada con lasmanos de Dios. Durante la Alta Edad Media cobra sentido el verbolaborare dentro de los monasterios, denominación quese les dio a las actividades relacionadas con la agricultu-ra. El prestigio social de los monjes dedicados a estasactividades se transmitió al trabajo y queda dispuesto unmarco para la fusión del significado de obra y pena. En-tonces el trabajo bien visto era aquel que se acercaba a laobra divina, el que transformaba los objetos, se empezóa valorar la producción material. Se perfiló una clasehomogénea de laboratores (agricultores y artesanos), ydesde el siglo XVI laborar y obrar se reconocen comotripalium. 27
  25. 25. Discurso moderno del trabajo2 El discurso moderno del trabajo lleva consigo dos fi-guras que, para Fernando Díez, funcionan como concep-tos apremiantes: las figuras objetivas y las subjetivas deltrabajo. Hay una sensibilización frente a la importanciadel trabajo para hacer poderosas, ricas y pobladas a lasnaciones, en un primer mercantilismo que teoriza y desa-rrolla en forma deficiente sobre el trabajo como mediopara obtener tales fines; luego, en un mercantilismo evo-lucionado (desde finales del siglo XVII hasta la apariciónde nuevas propuestas de economía política: los fisiócratasy el liberalismo de Smith), el trabajo empieza a obrar comoel dispositivo central de la riqueza y la prosperidad públi-cas; finalmente, se elabora una teoría del fundamento dela riqueza nacional en la que el trabajo cumplirá un papelimportante. El surgimiento de figuras objetivas (trabajo producti-vo, sociedad ocupada) y figuras subjetivas (trabajo sub-jetivamente motivado), determina en adelante la idea deltrabajo como vínculo social. El concepto de trabajo pro-ductivo aparece en el último cuarto del siglo XVII y en elcontexto de la economía política de tradición mercanti-lista durante todo el siglo XVIII, reelaborando y abriendoreflexiones que llegan a tener un impacto significativo enla formación de la idea de un trabajo asalariado. El con-cepto de trabajo animado o trabajo subjetivamente moti-vado, que tiene sus orígenes durante el mismo período,se relaciona con la reivindicación de una dimensión psi-2. Aparte basado en Díez, Fernando, Utilidad, deseo y virtud: la forma- ción de la idea moderna del trabajo, Barcelona, Península HCS, 2001. Todo el texto es una reseña histórica de la forma como los círculos intelectuales del mercantilismo y de la Ilustración se esforzaron por una figura de hombre trabajador, y muestra la constitución de la figura discursiva del trabajo asalariado. 28
  26. 26. cológica universal para el ser humano. Ambas figuras seconstituyen en discursos dominantes para los individuosque se ocupan de los negocios, de las fabricaciones arte-sanales y de las actividades agropecuarias.El trabajo productivo El mercantilismo elabora el discurso del trabajo pro-ductivo —ocupaciones y oficios productivos—, que per-miten la formación de la idea de una sociedad ocupada.El valor económico de los bienes empieza a estar referi-do a la capacidad que estos tienen para satisfacer las ne-cesidades humanas. En esta medida, la riqueza está en-tendida como el conjunto de bienes que tienen la capaci-dad para satisfacer nuestras necesidades o conjunto devalores de uso; el trabajo alcanzará la condición de dis-positivo indispensable para la creación de bienes útiles, yla idea de productividad se entenderá como la moviliza-ción extensiva e intensiva de la capacidad laboral de lanación para producirlos. El trabajo empieza a actuar como principio de clasi-ficación y de ordenación de las diferentes clases de ocu-paciones y de los diferentes grupos sociales que lasdesempeñan. Entonces se definen las ocupaciones pro-ductivas como aquellas que crean un superávit de rique-za en términos de valores de uso, o aquellas que son so-cialmente útiles. Vista así, la idea de trabajo productivointroduce una ordenación de las distintas clases de la so-ciedad según sus ocupaciones, que contrasta fuertemen-te con el orden tradicional que estaba basado en el estatus.La clasificación de la sociedad según la teoría del traba-jo productivo utilizará categorías tales como: personasque producen inmediatamente, personas que no produ-cen inmediatamente y personas no productivas, clasifi- 29
  27. 27. cación que de una u otra forma forja las ideas de unasociedad ocupada.Sociedad ocupada Para Díez, la sociedad ocupada será una importantefigura para la construcción del nuevo orden de las dife-renciaciones sociales. Es la imagen más evolucionada dela idea de trabajo en la tradición mercantilista que, par-tiendo del concepto de riqueza como superávit de valoresde uso, forja el concepto de trabajo productivo como fac-tor de producción de los bienes útiles, diferencia la pro-ductividad de la improductividad, y las categoriza segúnlos conceptos de utilidad e inutilidad social. Tanto los fisiócratas como los mercantilistas planteanuna estratificación social fundamentada en la función eco-nómica y no en el estatus. Lo que persiste de esta idea esla reordenación de la sociedad en torno al concepto detrabajo productivo, y la definición de clases a partir de suposición respecto al principio de productividad, princi-pio que también comparte Smith. Es decir, tres versionesde la economía política del siglo XVIII formulan, conmayor o menor rigor, la misma pregunta sobre los funda-mentos de la riqueza y el crecimiento económico de lasnaciones, y todas ellas admiten que el trabajo productivo,y la subsiguiente distinción entre trabajo productivo eimproductivo, son la clave de la respuesta.El trabajo subjetivamente motivado La tesis de los salarios bajos o la baja remuneración outilidad de la pobreza (llamada así por Fernando Díez),esboza la idea de que la retribución del trabajo manualdebe ser la necesaria para mantener a los trabajadores enun estado continuo de necesidad. Una situación así es 30
  28. 28. imprescindible tanto para propiciar el desarrollo de laeconomía nacional como para garantizar la oferta de tra-bajo productivo. El discurso mercantilista del trabajo ob-jetivo (trabajo productivo y sociedad ocupada) se articu-la con la figura del trabajo subjetivamente motivado, cuan-do aparecen presupuestos que señalan perjuicios de lapredilección por el ocio y no por el trabajo, como pautageneral de comportamiento de todos aquellos trabajado-res directamente productivos. El nivel de vida de los trabajadores está condicionadopor un horizonte de necesidades propias de cada estatussocial, y se produce una desaceleración del esfuerzo la-boral si los salarios son altos. Así, se generarían menoroferta de trabajo, altos costos de producción o actitudesintransigentes por parte de los trabajadores; y una altadedicación a actividades de ocio es lesiva para la consti-tución de la sociedad ocupada. Una situación así traeríaconsigo que los buenos tiempos para los trabajadoresmanuales serían malos tiempos para la nación. Tanto la figura de trabajo productivo y de sociedadocupada como la clasificación de trabajos productivos eindirectamente productivos, constituyen los criterios paraestablecer las ocupaciones socialmente necesarias, lasaceptables y las rechazables, y se convierten en el almade un discurso que le da alta valoración a la utilidad de lapobreza. Los defensores de esta tesis mezclan los argu-mentos estrictamente económicos con argumentos mora-les, para justificar su posición y demostrar lo inconve-niente de promover políticas favorables a alguna partici-pación progresiva de los trabajadores en las riquezas na-cionales. Pero la utilidad de la pobreza es controvertida poraquellos que consideran que los bajos salarios no son un 31
  29. 29. requisito ineludible para el desarrollo de la riqueza de lasnaciones. La alta retribución del trabajo, por el contrario,se convierte en el presupuesto necesario para perfilar laimagen burguesa del trabajador manual. La alta retribución del trabajo parte de la motivaciónsubjetiva, en la que los trabajadores conviertan la labo-riosidad en un comportamiento constante y autónomo.Esta alternativa pasará por pretender la dimensión psico-lógica de un prototipo universal de hombre burgués, en elque también se integrarán los trabajadores productivos.Prototipo que será extensivo a los otros oficios que sedesempeñan con utilidad, esencialmente al hombre de lasociedad comercial. En un contexto así, “se dibujarán los presupuestos deuna verdadera ética del trabajo”, que promueve argumen-tos morales como la necesidad decisiva de que los “[…]trabajadores gasten sistemáticamente toda su renta paraque cumplan con la obligación de una permanente dedi-cación al trabajo como única forma de obtener los ingre-sos que aseguren su subsistencia”. La alta retribución del trabajo y una política de pre-cios que mantenga bajos los salarios reales, es lo que puedeasegurar el trabajo sistemático de la sociedad ocupada.Los trabajadores en un estado de necesidad real debenasumir su condición como natural y como indispensablepara la felicidad, “en una nación libre en la que no sepermite la esclavitud, la riqueza más segura consiste enuna multitud de pobres laboriosos”.3 El trabajo productivo y la sociedad ocupada fueronfiguras de la utilidad de la pobreza, pero a lo largo detodo el siglo XVIII estas figuras aparecerán cada vez más3. Díez, op. cit., p. 89. 32
  30. 30. vinculadas al discurso del trabajo subjetivamente moti-vado, con una defensa del consumo de bienes no necesa-rios y la motivación pasional de los trabajadores manua-les. Sin embargo, ambas figuras se pueden construir a par-tir del trabajo motivado, favoreciendo la participación po-pular en el consumo de bienes no necesarios, con una altaretribución del salario o con la idea de trabajo forzado. La tesis de la retribución alta del trabajo y la tesis dela generalización del consumo de lujo4 caminarán desdeentonces de la mano. Éstas reivindicarán una condiciónpsicológica viable para los trabajadores manuales, y laposibilidad de asegurar una oferta de trabajo crecientemediante el incentivo de sus pasiones y deseos, que pue-den satisfacerse mediante el consumo. Es así que se trans-forma la idea de la producción como fuente indispensa-ble de riqueza, en la del consumo de bienes no necesa-rios. En esta medida, la prosperidad pública es posiblepor los vicios privados que otros empezaban a tratar comoun fenómeno moralmente positivo. En Europa durante la Ilustración, se distribuyeron li-bremente guías para fortalecer la idea de sociedad moti-4. Para la dotación pasional del trabajador como hombre burgués, para que obre como tal, es decir, motivado subjetivamente al igual que el resto de personas animadas, la apología del lujo se produce en las varia- das dimensiones que afectaban aspectos fundamentales de la vida: eco- nómica, psicológica, política y moral. “Todas ellas, hablan de un ser apasionado, activo, capaz de esfuerzos y desvelos por sí mismos peno- sos, diligente e industrioso y, además, sociable, refinado y sensible; una decidida voluntad de rescatarlo de su condición puramente negativa”. La universalización del lujo pasará a ser una característica imprescindi- ble de toda sociedad bien ordenada económica, moral y políticamente. La apología del lujo deja claro que uno de los objetivos que perseguía era abrir las puertas del deseo y del interés privado a las clases trabaja- doras, o universalizar la condición antropológica del hombre burgués como condición psíquica de las diferentes clases de la sociedad. Se uni- versaliza el hombre que tiene amor propio y comprende el lenguaje de la utilidad. Díez, op. cit., cap. 3. 33
  31. 31. vada y la apología del lujo. El Doux commerce fue unaguía para comprender la ética de la sociedad comercial,que luego se trasladó al trabajo. El Espíritu del comercioson las virtudes personales que definían moralmente alhombre y se caracterizaron por la frugalidad, la econo-mía, la moderación, el trabajo, la prudencia, la tranquili-dad, el orden y la regla. Virtudes personales que se repi-ten no sólo en Montesquieu, sino en autores posteriorescomo Genovesi, quienes resaltan las aplicables al traba-jo: prudencia, parsimonia y templanza. O Campomany,que traduce el espíritu del comercio al espíritu del traba-jo, le adjudica virtudes complementarias ya dichas porMontesquieu: templanza, regla, laboriosidad, honradez,probidad, confianza y credibilidad, medianía, etc., queharán parte de las virtudes trasladadas al trabajo. Las ideas ilustradas responden a discusiones dadasdurante todo el siglo XIX. Surgen polémicas que profun-dizan los enfoques tecnocráticos y economicistas, y sonestos discursos sobre el trabajo los que predominan. Elsiglo XIX transformará esta interpretación, hasta hacerdel trabajo el modelo de la actividad creadora. DominiqueMeda señala tres momentos determinantes en los cam-bios conceptuales sobre el trabajo, que denomina como:la glorificación del trabajo, la crítica al trabajo real y laconfiguración del esquema utópico.5 De ahí se desprendegran parte del pensamiento de los autores que intervinie-ron en los siglos XIX y XX en esta discusión. En esta investigación interesan la forma como se pro-pagaron estas figuras en nuestras localidades y penetra-ron algunos de estos discursos en todas las instancias quetuvieron que ver con la conformación de una sociedad5. Meda, op. cit., caps. 7, 8 y 9. 34
  32. 32. ocupada, y luego el fortalecimiento de una sociedad sala-rial y un referente de estabilidad. Aunque son importan-tes las disertaciones teóricas de los más destacados auto-res que han analizado el trabajo, no incursionaremos enese campo, en este caso optamos por dar cuenta de larealidad sobre el trabajo, y las dimensiones históricas es-tán referidas a la necesidad de develar la conformaciónde dichos conceptos desde el razonamiento cotidiano. Enel capítulo siguiente, abordaremos esa relación entre laconformación de figuras objetivas y subjetivas del traba-jo en países europeos, y la importación a nuestras locali-dades, en este caso Medellín y el Área Metropolitana. 35
  33. 33. De la sociedad ocupada a la sociedad salarial Cuando se trata de definir el papel que ha cumplidoel trabajo en las sociedades modernas podemos destacartres momentos. Un primer período preindustrial, cuyasformas económicas no están basadas en la producciónpara el consumo. El segundo es aquel en que el capitalis-mo instala la industria y hace de ésta el centro de atrac-ción del trabajo, revierte todo su afán de productividadsobre el hombre y trata de obtener de él los máximosresultados. Este momento denota dos situaciones: 1. latransición a una sociedad preindustrial, que introdujocambios en la forma como la gente asumía el trabajo, yestableció un control disciplinario para favorecer el pro-yecto de sociedad industrial, y 2. la estabilidad relativaobtenida por una industria pujante, y mano de obra dis-ponible y disciplinada para el trabajo en las fábricas. Eltercer momento tiene que ver con la transición de la so-ciedad salarial a un nuevo proyecto global que ya no re-quiere ese esquema estático de la sociedad centrada en eltrabajo asalariado, cuyo referente de estabilidad se con-vierte en un obstáculo. 37
  34. 34. Para nuestras localidades, estos momentos tienen ca-racterísticas esenciales, como el que sus temporalidadesson rezagadas y que se trata de fenómenos de menor ta-maño. Sin embargo, la influencia de los discursos elabo-rados durante estas transiciones es transferida a nuestraslocalidades con un ímpetu mayor que el que tuvieron ensus lugares de origen. Hubo discursos que pretendieron trasladar y aplicarlas ideas del trabajo subjetivamente motivado, desde lasreformas borbónicas. Reformadores y criollos ilustradosleyeron, estudiaron y pretendieron convertir en leyesmuchas de las ideas de algunos ideólogos como Capmanyy Campomanes, quienes promovieron una alteración delos valores a través de la ruptura de cadenas gremiales.1Estos criollos […] no sólo fueron conocedores a fondo del pensa- miento de Campomanes sino que, al aplicarlo, tuvie- ron la flexibilidad de proceder con cautela en sus pro- puestas para no competir con la península así como para saber “adaptarlas” a un material humano rebelde e indeseable.2 Pero fue la ética del trabajo la que irrumpió en la con-ciencia de la gente durante la naciente sociedad indus-trial, y la que más aportó en nuestras localidades a la cons-trucción de una sociedad ocupada. Sirvió a políticos, fi-lósofos y predicadores para desterrar la tendencia gene-ralizada a resistirse al ritmo de vida fijado por las fábri-cas, el reloj y la máquina. Lo que se consideraba dignopara vivir estaba establecido, y una vez cubierto lo nece-1. Mayor Mora, Alberto, Cabezas duras y dedos inteligentes: estilo de vida y cultura técnica de los artesanos colombianos del siglo XIX, Bo- gotá, Hombre Nuevo Editores, 2003.2. Ibíd., pp. 15-47. 38
  35. 35. sario no se requerían más esfuerzos, ni había urgenciaspara ascender. Esto significaba un obstáculo para lograrlos ritmos productivos. Había que enseñarle a la socie-dad a aspirar a una vida mejor, desear cosas nuevas, me-jorarse a sí misma. Para autores como Zygmunt Bauman, las formas adop-tadas por la ética del trabajo en las sociedades modernasestaban basadas en normas de vida que desarrollaron pre-misas y presunciones básicas, según las cuales, si se quiereconseguir lo necesario para vivir y ser feliz, hay que ha-cer algo que los demás consideren digno de un pago, espreciso dar algo para recibir después. Es moralmente da-ñino conformarse con lo ya conseguido, hay que buscarmás de lo que se ha logrado, esforzarse sin descanso al-guno, después de haber alcanzado la satisfacción. Estaspremisas se acompañan de verdades que proclaman quela mayoría de la gente tiene un trabajo que vender, y pue-de venderlo a cambio de lo que se merece. Todo lo que seposee es recompensa por un trabajo anterior y por la dis-posición infinita a seguir trabajando, y la ganancia que seobtenga no es obligación compartirla con los demás por-que ellos también pueden desarrollar trabajos, pero poralguna razón no lo hacen. También se presume que sola-mente el trabajo tiene un valor reconocido por los demásy un valor moral.3 Bajo la ética del trabajo se promovía una ética de ladisciplina: ya no importaban el orgullo o el honor; el obre-ro debía trabajar infinitamente aunque no encontrara elsentido de ese esfuerzo. Debía poner sus habilidades y suesmero en el cumplimiento de tareas que otros le impo-nían y controlaban y que carecían de significado. La so-3. Bauman, Zygmunt, Trabajo, consumismo y nuevos pobres, España, Gedisa, 1999, pp. 43-57. 39
  36. 36. lución al problema fue la puesta en escena de una ins-trucción mecánica dirigida a familiarizar a los obreros aobedecer sin pensar, al tiempo que se los obligaba a cum-plir tareas que ya no tenían sentido para ellos.4 La aparición del régimen fabril puso fin al romanceentre el artesano y su oficio. El empeño por introducir eldiscurso de la ética del trabajo y poner en práctica el prin-cipio del buen rendimiento fue, en realidad, “un intentode resucitar actitudes características del período preindus-trial, pero en condiciones nuevas que las despojaban detodo sentido”. Era la batalla por imponer el control y lasubordinación. Se trataba de obligar a los trabajadores aaceptar, en aras de la ética y la nobleza del trabajo, unavida “que ni era noble ni se ajustaba a sus propios princi-pios morales”. Se emprendió una guerra contra el tradi-cionalismo de los pobres preindustriales, era necesariocombatir la modestia frente a sus necesidades y la medio-cridad de sus deseos. La ética del trabajo encontró en nuestras localidadesel espacio perfecto para expandirse debido a las condi-ciones precarias y tardías del desarrollo de la industria.Durante las últimas décadas del siglo XIX y las primerasdel XX, sus preceptos permitieron establecer el orden ylas costumbres para el despliegue de actividades rutina-rias en las nacientes industrias, . La falta de disciplina yuna mentalidad poco dispuesta a aceptar las nuevas lógi-cas del trabajo significaron obstáculos para la industria.La gente se oponía a someterse a estos esquemas, la po-blación no estaba acostumbrada a labores que exigieranaltos niveles de rotación, disciplina y ritmo de trabajo pe-sado. Era una población predominantemente agrícola, ylas pequeñas industrias que existían desde finales del si-4. Ibíd., pp. 18-42. 40
  37. 37. glo XIX tuvieron más el carácter de talleres. Igualmente,las actividades económicas que proveían los bienes de con-sumo se llevaban a cabo en talleres particulares con ayu-dantes que tenían la categoría de aprendices de oficios. La Iglesia católica fue la institución difusora del pen-samiento de la ética del trabajo, requerida por una socie-dad disciplinada al servicio de este nuevo modelo que ace-leradamente se pretendía emprender. Mediante las encícli-cas difundió y promovió esa mirada sobre el trabajo quelo reducía a una expresión de la persona humana. “Elhombre cuando trabaja mejora su propia naturaleza y sehace más hombre, se perfecciona en sí mismo la imagende Dios”. Con el trabajo el hombre se vuelve artesano desí mismo. Pero para que se ennoblezca la dignidad delhombre, y no la materia, se precisa el respeto de una seriede exigencias impuestas a los trabajadores. Sólo así lafinalidad del trabajo sigue siendo el mismo hombre, queconsiga no sólo tener más, sino ser más hombre.5 A partir de León XIII, todos los papas han afirmado ypromovido la obligación moral de trabajar. Sus encíclicastrataban de contener las nefastas condiciones de los obre-ros en otros países,6 mientras que aquí se interpretaban afavor del fortalecimiento del trabajo subjetivamente mo-tivado. La Iglesia transmite la idea del trabajo como elúnico medio honesto para sustentar la vida y el perfec-cionamiento personal. Es allí donde se expande la ideade que la ociosidad es, como la holgazanería, “madre detodos los vicios”. El hombre y la mujer tienen la obliga-ción de trabajar para conseguir la perfección personalnatural o sobrenatural a la que han sido llamados por5. Guix, José María, “El trabajo humano”, en: Alfonso Cuadron, coord., Manual de doctrina social católica, Madrid, 1993, cap. 17.6. Pressacco, Carlos Fabián, comp., El trabajo y los trabajadores en la doctrina social de la Iglesia, Caracas, UTAL. 41
  38. 38. Dios. El ocio atenta contra los valores del ser, la personatiene como deber social hacer algo provechoso para losdemás. La espiritualidad del trabajo es imitación de laobra creadora de Dios, quien puso fin a su trabajo crea-dor con su conducta, y el último día descansó para recu-perar las fuerzas perdidas y para disfrutar de los resulta-dos de su propio trabajo. Igualmente el hombre trabajapara vivir, no vive para trabajar, y en su quehacer debeimitar a Dios, descansando sólo para recuperar sus fuer-zas. El trabajo es anterior al pecado, antes de Adán y Evalos hombres ya habían recibido este mandato, y de nohaber caído en pecado el trabajo no tendría la connota-ción de físico y penoso.7El significado del trabajo como tripalium Travail, treball, travaglio, y trebalb, provienen del sus-tantivo tripalium, que era una especie de cepo formadopor tres palos para sujetar a los bueyes y caballos al po-nerles herraduras, más adelante fue utilizado como ins-trumento de tortura para castigar a esclavos y reos a quie-nes se les sometía al tripalium. De allí deriva el verbotripaliare, que significa someter a alguien al tripalium,torturar, atormentar. Y así pasa al francés como travailler,al italiano como travagliare y al español como trabajar.8 Durante las primeras décadas del siglo XX, la laborde la Iglesia fue la de llenar de contenido las etimologíascomunes de la palabra trabajo en las lenguas romances.Para ello surgieron instituciones a su interior que permi-tían abarcar todas las instancias del ser humano.7. Guix, op. cit.8. Esta información se encuentra citada en muchos textos, y parece obte- nida de diccionarios de la época. Véase Rosenblat, Ángel, “El hispano- americano y el trabajo”, en: La primera visión de América y otros ensa- yos, Caracas, MEN, 1969, pp. 39-64; Cuadron, op. cit. 42
  39. 39. La Acción Social Católica, más que una idea, era unapropuesta del Vaticano para organizar a los obreros. EnColombia sirvió para controlar todas las instancias delfuturo trabajador subjetivamente motivado, idea que se in-tentó llevar a la práctica en todos los rincones, pero fue enMedellín y su área industrial donde cosechó más triunfos.9 La Acción Social Católica no era una sola organiza-ción, sino un conjunto de instituciones que interferían entodos los aspectos de la vida de los trabajadores: escuelastécnicas, sociedades terapéuticas de alcohólicos, mutua-lidades, cajas de ahorro, bolsas de trabajo, cooperativis-mo, patronatos para mujeres y jóvenes, círculos y sindi-catos de obreros, uniones profesionales, asociaciones de-portivas y periódicos. Era una propuesta integral que bus-caba agrupar a los trabajadores y a los pobres en torno ala parroquia como guía de toda esta estructura eclesial.Su órgano de difusión fue el periódico El Obrero Católico. Las asociaciones de ayuda mutua se dedicaban a ate-nuar la pobreza individual en momentos límites como laenfermedad o la muerte, tarea que cumplían la Congre-gación de San José, la Unión de Artesanos, y la SociedadSan Vicente de Paúl. El patronato desempeñaba la función principal de dis-ciplinar a las trabajadoras jóvenes provenientes de loscampos, quienes en su momento eran la principal manode obra para la industria textil. Su objetivo primordial erael mejoramiento de la disciplina en las fábricas, y paraello realizaba actividades como conferencias religiosas,retiros espirituales, restaurantes, dormitorios, secciones9. Archila Neira, Mauricio, Identidad y clase obrera en Colombia, 1910- 1945, Bogotá, Cinep, 1991. Sobre la relación entre Iglesia y trabajo se encuentran diferentes artículos en Historia de Medellín, tomo 2, publi- cada por Suramericana de Seguros. 43
  40. 40. de socorro mutuo, ahorros, préstamos y propaganda, detal forma que la vida de las mujeres trabajadoras fueravigilada en todas sus instancias10 y no escapara a los dis-cursos requeridos para fortalecer la sociedad ocupada de-seada. Los empresarios comprendieron la importancia deacoger estos esquemas para sus requerimientos. De ahíque el paternalismo fuera una forma más de control sobreel desorden moral y disciplinario dentro de las primerasfábricas. Esto hizo famosas las fábricas textiles de Mede-llín, como una respuesta al desorden de los primeros ta-lleres industriales.11 Igualmente, la Iglesia fundó patrona-tos, instaló capillas dentro de las fábricas y construyó ba-rrios obreros de hermosas casas para ser saturadas conaquellas suntuosidades previstas por el discurso de la apo-logía del lujo. Se puede afirmar que hasta la segunda década del si-glo XX, las distintas actividades productivas que se de-sarrollaron en la región aportaron más a la adaptación delos trabajadores a la disciplina del trabajo que a la capa-citación técnica propiamente dicha. Los niveles de tecni-ficación que evidenciaba la economía regional fueron losque posibilitaron la preparación de los trabajadores parael desempeño cotidiano del trabajo. Se valoraba más lacalidad humana, la honradez y las costumbres sanas deun trabajador, lo interiorizado que tuviera el esquema,que las destrezas técnicas que pudiera demostrar.1210. Castro, Patricia, “Beneficencia en Medellín, 1880-1930”, en: Historia de Medellín, tomo 2, Medellín, Suramericana, 1996.11. Fransworth Alvear, Ann, “Las relaciones cotidianas en el trabajo in- dustrial, 1910-1935”, en: Historia de Medellín, tomo 2, Medellín, Suramericana, 1996.12. Saavedra, María Claudia, “Tradición laboral y capacitación, 1900- 1940”, en: Historia de Medellín, tomo 2, Medellín, Suramericana, 1996. 44
  41. 41. La ética del trabajo en Medellíny su área circundante13 Es innegable que el tránsito hacia una producción enlas fábricas antioqueñas requirió un hombre nuevo. Fuepreciso un dispositivo moral para que los obreros se de-dicaran al trabajo, como un complemento de los disposi-tivos mecánicos esenciales para el funcionamiento deaquellas. Se precisaba, además, que el reloj mecánico del inge- niero o del empresario que guiaba el funcionamiento regulado y uniforme de las máquinas marchara coor- dinadamente con el reloj moral interior del obrero, para que éste empleara su tiempo y sus movimientos de la manera más económica.14 El aporte de Alberto Mayor Mora es mostrar cómo laética del trabajo fue el canal para irrigar el dispositivomoral del hombre nuevo, que no sólo era el obrero nece-sario para las fábricas, sino los nuevos profesionales, quemás adelante efectuarían cambios profundos en las capasmedias de la sociedad y se convertirían en el espejo parala naciente masa de trabajadores. La Escuela de Minas deMedellín cumplió el papel central en la formación de es-tos profesionales, quienes extenderían los preceptos deestos cambios en las empresas, no sólo al resto del depar-tamento de Antioquia sino a todo el país. Un número sig-nificativo de egresados de esta institución ocuparon lue-go cargos claves en empresas industriales importantes detodo el país, y en su momento contribuyeron al desarrollode empresas como Bavaria, Coltabaco, Postobón, Eco-petrol, Simesa, Avianca, Cementos Argos, Cementos del13. Mayor Mora, Alberto, Ética, trabajo y productividad en Antioquia, Bogotá, Tercer Mundo, 1984, p. 17.14. Ibíd. 45
  42. 42. Valle, Cervecería Unión, Suramericana de Seguros, Col-tejer, Fabricato, Acerías Paz del Río, Everfit y Peldar, entreotras. Pero las directrices de aquel pensamiento, que pro-clamaba la necesidad de reformar al hombre nacional me-diante un cambio en la manera como se conducía la cien-cia y la técnica, estaban dadas por un grupo de orientado-res, que heredaron esta discusión desde el siglo anterior yla supieron desarrollar hasta mediados de siglo XX, y queproponían el enaltecimiento de un hombre que diera res-puesta a estas nuevas necesidades. Durante el siglo XX, la ética del trabajo, uno de losdiscursos más fortalecidos en la construcción de una so-ciedad ocupada, en el sentido señalado por Díez, fue laplataforma ideológica para que gran parte de la pobla-ción aceptara las nuevas condiciones y dispusiera su sen-tido funcional a los modelos económicos y de produc-ción: proyectos políticos y de Estado que en adelante seinstalarían en Colombia, y que luego en sus diferentesniveles penetrarían la sociedad entera.El fordismo: modelo de producciónparadigmático del siglo XX Son muchos los enfoques sobre el significado del for-dismo en los países industrializados, pero para efectos deesta investigación retomamos la clasificación que haceBob Jessop,15 que muestra cómo el concepto de fordismose ha vulgarizado al ingresar al lenguaje cotidiano, lo cualreduce las posibilidades de un análisis teórico. Para elloel autor reelabora la terminología convencional del fordis-mo y establece cuatro niveles que delimitan su análisis:15. Jessop, Bob, La crisis del Estado de bienestar. Hacia una nueva teoría del Estado y sus consecuencias sociales, Bogotá, Universidad Nacio- nal de Colombia, Siglo del Hombre Editores, 1999, pp. 19-29. 46
  43. 43. Como proceso de trabajo, el fordismo se refiere a unanálisis microeconómico en el que la empresa controlasistemáticamente dicho proceso y todas las fases de acu-mulación, desde la producción al mercadeo; la fabrica-ción de bienes estandarizados se basa en una división téc-nica del trabajo organizada en forma taylorista. Como ré-gimen de acumulación, es un nivel de análisis macroeco-nómico con un ámbito de producción inscrito en las fron-teras nacionales, aumento de la productividad basado enla producción en serie y el consumo masivo, y aumentode los ingresos basado en la productividad, lo cual se con-vierte en un círculo de crecimiento. Como un modo de regulación, es un nivel de análisismesoeconómico, que corresponde a un conjunto de nor-mas, instituciones, formas de organización, redes socia-les y pautas de conducta que promueven la compatibili-dad entre los agentes económicos, a pesar del carácterconflictivo de las relaciones sociales capitalistas. Se ex-plica en las formas y los medios que asumen los diferen-tes momentos del capital y en su articulación: relaciónsalarial, mercado colectivo, trabajador colectivo, nego-ciación salarial, equilibrio entre la producción privada yla fuerza de trabajo, empresa con organización interna yfuente de beneficios basada en la competencia, y otrosvínculos entre empresas y capital bancario. Estas nor-mas e instituciones establecen vínculos entre el procesode trabajo y la reproducción macroeconómica: la pro-ducción está basada en el trabajo semicalificado en gran-des plantas; se reconoce al sindicato para la negociaciónsalarial, y a la administración el control del proceso detrabajo; existe una negociación colectiva y una legisla-ción sobre un salario mínimo; las normas de consumomasivo se extienden a los inactivos; el ingreso de la em- 47
  44. 44. presa se basa en la plusvalía relativa con las mejoras con-tinuas de productividad; la forma de competencia esmonopolista y se realiza a través de publicidad; el siste-ma bancario es organizado jerárquicamente y supervisa-do por un banco central, y el crédito de consumo es im-portante por la capacidad para la compra de vivienda yde artículos de consumo durables que sostienen la de-manda. El capital comercial es primordial por el vínculoentre productores en serie y la demanda masiva, y el Es-tado de bienestar keynesiano cumple la función de ma-nejar la demanda agregada y generalizar las normas deconsumo masivo. Como modo general de societalización, el fordismoes un patrón de integración institucional y de cohesiónsocial. Desplaza las relaciones sociales hacia una socie-dad salarial: la gran mayoría de la población depende deun salario individual o social para satisfacer sus necesi-dades. Promueve el consumo privado creciente por partede hogares nucleares, de mercancías estandarizadas y pro-ducidas en serie como automóviles, televisores, lavado-ras, turismo, etc. Promueve también la producción, nosólo de bienes sino de servicios colectivos estandarizados.Los consumidores acogen un mecanismo de auto-norma-lización a medida que adoptan un estilo de vida particu-lar. El Estado se ocupa de los efectos de la demanda, comola caída de población rural, la destrucción del medio tra-dicional, el despoblamiento del centro de la ciudad, elimpacto ambiental y social del transporte motorizado, yel crecimiento de las nuevas clases medias, que incluyena los empleados estatales que servían a la expansión for-dista y sufrían repercusiones sociales. La societalizaciónse refleja en aspectos como lo espacial, que implicó elcrecimiento de regiones industriales en áreas metropoli- 48
  45. 45. tanas rodeadas por pequeñas ciudades industriales, conpredominio de la empresa fordista. La vida urbana tam-bién asumió características fordistas, con una alta densi-dad urbana basada en la construcción industrial. La fami-lia nuclear fue la base del consumo con una serie de bie-nes ideales, como la vivienda suburbana y el automóvil.Mientras los sindicatos y las asociaciones empresarialestuvieron un papel clave en el manejo económico y la ne-gociación política del bienestar social. En las pequeñas redes de ciudades industriales, lo quemás adelante serían áreas metropolitanas —como el casodel Valle de Aburrá—, el fordismo fue una idea que sedifundió en cada uno de estos niveles, aunque en des-iguales proporciones entre ellos y en menores proporcio-nes respecto a su desarrollo en otros países. De este modo, se puede reconocer un fordismo cuyasideas fuertes, no materializadas en su totalidad, pero sídifundidas idealmente, se instalaron en hombres y muje-res del siglo XX, dando cuerpo y pensamiento a una so-ciedad basada en el trabajo asalariado. Interesa el nivelde regulación por cuanto está en relación con una serie denormas, instituciones, formas de organización, redes so-ciales y pautas de conducta surgidas durante este períodoy que determinaron la forma como la gente se apropió dediscursos que hoy se convierten en los referentes más im-portantes que pretendemos sostener. La societalizacióncontempla aquellos factores de integración social que hi-cieron posible la materialización de una sociedad basadaen el trabajo asalariado, y que hoy parece constituirse enun modelo perenne en la memoria de la gente, cuya lógi-ca de sostenimiento y única salida parece estar centradaen la necesidad de un retorno o rescate de valores y nor-mas recreados en estos discursos. 49
  46. 46. El Estado de bienestar: una relación ambiguacon la ética del trabajo16 El Estado benefactor tiene consigo la idea de que elEstado debe garantizar a la población una situación desupervivencia con dignidad. Para las instituciones del Es-tado, se refiere a un bienestar público que garantiza co-lectivamente la supervivencia de todos los miembros dela comunidad. Es un principio que supone la igualdadante la necesidad, equilibra las desigualdades para la ca-pacidad de pago y delega en algunos organismos la res-ponsabilidad de poner en práctica ese principio. Para este análisis es importante retomar lo que Baumanseñala como relación ambigua que mantiene el Estadobenefactor con la ética del trabajo, que terminó por cata-logarse, por un lado, como complemento de la ética deltrabajo y, por otro, como una conspiración política contraella. Para garantizar el bienestar individual se reconoceel carácter normal de una vida sostenida por el trabajo,pero para quienes no logran un empleo no es una normauniversal, y es ahí donde la ética del trabajo desempeña-ba su papel de ayuda. El Estado benefactor se hace im-portante para sostener la ética del trabajo como norma ymedida de la salud social. De otro lado, al garantizar unavida decente y digna para todos como un derecho, poníaen cuestión una de las premisas más importantes de laética del trabajo, porque transformaba el derecho a unavida digna en cuestión de ciudadanía política y no dedesempeño económico. Los principios de la ética del trabajo a mediados delsiglo XX estaban tan interiorizados que era indiscutibleque todo varón sano y en condiciones de trabajar, lo ha-ría mientras pudiera; la ética del trabajo había cumplido16. Bauman, op. cit., cap. 3. 50
  47. 47. su misión. Pero de alguna manera el Estado benefactordebía resolver la situación de falta de empleo cuando seestaba disponible para ello, ya que esto contribuía a ga-rantizar la creación y el mantenimiento de la paz social.Aunque a diferencia de la ética del trabajo, el Estado be-nefactor utilizó algunas estrategias para lograrlo. Tanto el ascenso como la caída del Estado benefactorfueron resultado de un proceso de sobredeterminación.En ambos casos se vio favorecido por la correlación deintereses y presiones antagónicos, que contribuyeron acrearlo y mantenerlo y luego dejarlo corroer sin una re-sistencia significativa. Asalta la pregunta por la ética deltrabajo y sus principios, que acompañados por otros prin-cipios de legitimidad y justicia sirvieron para impulsar elEstado benefactor y que, igualmente, se han utilizado parasu contracción. Es evidente la preocupación académica por estudiarla forma como el discurso de la ética del trabajo sirvió aestas pequeñas localidades, cuya economía llegó a de-pender en gran parte de las actividades industriales enalgunos momentos históricos, para la aceptación de unasociedad ocupada; pero resulta por demás curioso la au-sencia de estudios17 sobre su deconstrucción. Y si tene-mos en cuenta la interrelación ya señalada por Reygadas,tanto de la eficacia simbólica del trabajo como de la efi-cacia laboral de la cultura, pese a la separación de estasdos esferas, podríamos decir que los preceptos de la éticadel trabajo son una parte muy importante del Estado be-nefactor, dado que, en el largo plazo, sus principios seconvirtieron en verdades debidamente interiorizadas porcada uno de los miembros de estas sociedades basadas en17. Es importante señalar la ausencia de estudios sobre este tema, ya que des- de hace algún tiempo hay muy pocos investigadores interesados en él. 51
  48. 48. el trabajo asalariado como referente, y que hoy empiezana convertirse en estratos fosilizados que hacen parte de laforma como los trabajadores y las trabajadoras recrean eltrabajo.La clase obrera y el referente de estabilidadde la sociedad ocupada El concepto pasado estable fue utilizado por RichardSennet18 para nombrar un corto período de 30 años quese inició en la generación de la posguerra, disfrutó losbeneficios de un estado de bienestar y produjo cierta es-tabilidad a la población. Sennet se refiere a un país conabismales diferencias respecto al nuestro, sin embargoutilizaremos este concepto para reseñar un período concaracterísticas similares en Colombia, el cual no durómás de veinticinco años (1945-1970), en el que interesaseñalar, más que aportes y realidades materiales, los re-ferentes de una sociedad basada en el trabajo como em-pleo, cuya construcción es anterior, pero no queremosmarcar un año cero para dicho fenómeno. Llamaremosentonces referente de estabilidad a este fenómeno queda cuenta de la subjetividad que durante el siglo XX sedio al trabajo, fortalecida en los pocos años del períodoestable y presente aún en trabajadores y trabajadorasflexibles y deslaboralizados. Para caracterizar la existencia de una clase obrera enColombia, señalemos las características de la clase obre-ra de países industrializados:19 condiciones y experien-18. Sennet, Richard, La corrosión del carácter, Barcelona, Anagrama, 2000, p. 21.19. Pries, L., Wege und Visionen von Erwerbsarbeit. Erwerbsverläufe und Ar-beitsorientierungen abhängig und selbständig Beschäftigter in Mexiko. Frankfurt a.M./Berlin/Bern/New York/Paris/Wien: Peter Lang Verlag, 1997. Y se encuentra en: http://www.ruhr-uni-bochum.de/soaps. 52
  49. 49. cias compartidas de trabajador asalariado; convivenciacreciente en el trabajo, el ocio y el barrio de vivienda;movimiento sindical independiente del Estado y del ca-pital, y la figura del obrero calificado profesional con raí-ces históricas comunes; obreros orgullosos de su trabajo,con ética gremial y autoestima fuerte frente a los empre-sarios. La vida de la fábrica y del barrio junto con el ociose fundieron en una cultura obrera que contó con otrasinstitucionalidades, como equipos de deporte, asociacio-nes de consumo, círculos de formación, vinculaciones po-líticas, etc. La construcción de un referente de estabilidad desig-na una sociedad que fue y sigue siendo altamente hetero-génea y cuyo número de obreros no abarcó la cantidad depoblación disponible para el trabajo asalariado. Las acti-vidades no asalariadas y desarrolladas por cuenta propia(artesanos, talleres, campesinos, informales, etc.) nuncafueron totalmente abandonadas por la población. La indus-tria manufacturera, convertida en motor de las economíaslocales, hace del trabajador asalariado, del obrero, el pro-totipo de trabajador. Es decir, se construye una centralidaddel trabajo en función de la economía manufacturera, ydurante todo el siglo, lo que antes era considerado traba-jo pierde ese estatus. Incluso la discusión de los académi-cos sobre lo que sucedió con los obreros en los momen-tos de pujanza de la industria manufacturera, se centró enla producción y las relaciones que de ahí se desprendían,concediéndole al trabajador asalariado un meritorio pa-pel desde dichas teorizaciones. La tasa de participación global, es decir, el porcentajede la población económicamente activa con respecto a lapoblación en edad de trabajar, en Colombia, sólo llegó al49,08% en 1950, siendo éste el año con mayor tasa neta 53
  50. 50. de actividad, pues en las décadas siguientes este porcen-taje disminuyó. Para 1960 era de 47,12%; para 1970, de44,81%, y para 1980, de 46,46%.20 De esa población ocupada sólo el 51,7% correspon-día a asalariados, con tendencia al crecimiento, hasta 1970,cuando llega al 64,5% durante el modelo benefactor. Lareducción de la población trabajadora por cuenta propiay no remunerada se da de la siguiente forma: del 38% en1951, al 36,9% en 1960 y al 27,6% en 1970 (véase elcuadro 1). Cuadro 1. Estructura de la población económicamente activa por categoría ocupacional en Colombia 1950-1970 (porcentajes) Categoría ocupacional 1950 1960 1970 Total 100 100 100 Asalariados 51,7 54,5 64,5 Patrones 10,4 8,6 7,9 Trabajadores por cuenta propia 23,4 24,0 18,9 Familiares no remunerados 14,6 12,9 8,7 Fuente: El mercado de trabajo en cifras 1950-1980, OIT, 1982, p. 45. En el caso de Antioquia, tenemos que la participacióndel empleo por sectores es del 53,15% para el sector pri-mario (véase el cuadro 2) en 1951, presentando una pro-gresiva disminución en las décadas siguientes (47,65%en 1964 y 33,8% en 1973), la cual no se manifiesta en unincremento significativo en el sector secundario, que sólopasa del 18,34% al 23,73% entre 1951 y 1973. El sectorterciario muestra un acelerado incremento desde 1951,20. OIT, El mercado de trabajo en cifras, 1950-1980, OIT, 1982, p. 45. 54
  51. 51. con un 28,51%, a un 32,63% en 1964, hasta un 42,88%en 1973. Esto estaría significando una fuerte tendencia ala actividad de servicios en la constitución de la sociedadsalarial y a un bajo peso numérico de la industria manufac-turera, que es el gran componente del sector secundario. Cuadro 2. Participación del empleo en Antioquia 1951-1973 Año Sector Sector Sector terciario primario secundario Servicios Servicios Resto Total modernos gobierno servicios servicios 1951 53,15 18,34 2,91 21,13 28,51 1964 47,65 19,71 5,31 3,0 24,32 32,63 1973 33,38 23,73 5,51 3,98 33,39 42,88Fuente: El mercado laboral en Colombia, Dane, (s. f.), p. 77. Los datos estadísticos existentes dan cuenta de unasociedad que en ese período crece en cantidad de asalaria-dos, pero no lo suficiente: la tasa global de participaciónpara Colombia no llega ni a un 50%, en el período demayor ritmo económico. En el ámbito regional, en Antio-quia, la participación del empleo sí logró un incrementoen el sector que transforma productos y en el sector deservicios, mostrando una clara inversión con el sectorprimario, cuya gran concentración de actividades estuvoen el Valle de Aburrá, y de la cual la tasa bruta de partici-pación (para Medellín) fue de 35,5%, 28,2% y 31,6% paralos años 1951, 1964, 1973 respectivamente,21 con una tasade población activa de 26,5 en 1951 y 33,7 en 1964.21. Dane, El mercado laboral colombiano, (s. f.), p. 47. 55
  52. 52. Podemos llegar a poner en duda las realidades mate-riales de lo que fue la sociedad salarial durante los añosde estabilidad en el Valle de Aburrá, como un hecho demenor envergadura frente a la evolución económica delos países industrializados y otros países y ciudades deAmérica Latina. Pero la existencia de una cultura obrerano se descarta o se comprueba con cifras, sino que la re-conocemos por otros hechos que marcaron su actuación.No interesa, entonces, hacer comprobaciones de la exis-tencia o no de una cultura obrera a partir de datos estadís-ticos, sino a partir del reconocimiento de la actuación delos mismos sujetos en los espacios de trabajo, durante elocio, en el barrio de vivienda, en el movimiento sindicaly en las institucionalidades como equipos de deporte, aso-ciaciones de consumo, círculos de formación, arquitectu-ra para obreros y vinculaciones políticas. Como ya se señaló, los estudios sobre cultura obrerase encuentran inscritos en corrientes de pensamiento mar-cadas por formas, metodologías y paradigmas de investi-gación sobre este tema, en los ámbitos internacional ynacional, que glorificaron y fortalecieron la idea de unacultura obrera, y nuestro caso no se escapa a este fenó-meno. Se tiene en cuenta esta literatura porque abordaalgunos aspectos sobre subjetividad y trabajo, pero noperdemos de vista que dicha glorificación puede trascen-der las realidades materiales vividas y haber logrado unosniveles de expansión y socialización, dando como resul-tado el paradigma de lo que debía ser la sociedad basadaen el trabajo asalariado. Paradigma que sumado a las pro-pias formas de dar sentido al trabajo, es decir a sus pro-pias configuraciones subjetivas, se constituye en un refe-rente de estabilidad. La idea de una sociedad centrada en el trabajo asala-riado se vio fortalecida por los mitos de la antioqueñidad 56
  53. 53. surgidos en el contexto de la industrialización y aquellosque provenían desde el siglo XIX, cuando se construye-ron los pilares de la sobrevaloración al tesón, la persis-tencia, la tenacidad, el espíritu aventurero, el enriqueci-miento y la audacia para los negocios en medio de lasdificultades de los antioqueños.22 Una sociedad que seautovaloraba con características especiales recontextua-lizó e integró los ideales y valores de la sociedad moder-na, de mercado, industrial y urbana, y sus principios seconvirtieron en patrimonio no sólo de obreros, sino tam-bién de empleados públicos, pequeños comerciantes yempresarios. Tales valores hoy hacen parte de los idealesde una sociedad basada en el trabajo asalariado.El salario como aglutinantede una sociedad centrada en el trabajo23 Una población creciente en número de asalariados,principalmente de la industria manufacturera taylorista,que integraba a su desarrollo interno las técnicas y losconocimientos de otros países, requirió la intervencióndel Estado. Tras serias batallas entre trabajadores y go-biernos locales y nacionales, durante la primera mitad delsiglo XX, en un forcejeo que hoy provoca distintas ver-siones de la historia, aparecen de ambas partes situacio-nes que dan fundamento y vida a una sociedad basada enel trabajo asalariado. Pese a la pugna de la historiografía por caracterizar lalegislación sobre el mundo del trabajo, a partir de los go-biernos liberales y los subsiguientes de la primera mitad22. Cañas, Juan José, Ganarás el pan con el sudor de tu frente. Sociedad salarial y culto al trabajo a mediados del siglo XX en Medellín, Medellín, Ediciones ENS, 2003.23. Ibíd. 57
  54. 54. del siglo XX, como producto de las presiones de los tra-bajadores organizados y sus luchas, o como resultado dela bondad del gobierno de turno y sus componendas polí-ticas y de la recompensa otorgada a los trabajadores porel triunfo del capitalismo, o como el triunfo de la doctri-na social católica al interior del Estado,24 los hechos quedurante este período suceden dan cuenta de la construc-ción de una sociedad centrada en el trabajo asalariado, dela cual hicieron parte tanto los intereses buscados por go-bernantes, con los referentes de las dinámicas mundiales,como los trabajadores organizados que buscaban mejo-rar las nuevas condiciones de vida, además de los intere-ses de otros actores que pretendían transformar la diná-mica de la economía y del Estado. El paquete de medidas adoptadas sobre salarios fue elpaso más importante para la implementación definitivade una sociedad centrada en el trabajo asalariado. Estasituación desconoció a un gran sector de la población, ycaracterizó el proceso de industrialización que sólo erauna realidad en algunos núcleos urbanos y cubría a unreducido porcentaje de la población. Se fortalece así unaestructura de remuneración sobre el trabajo, basada en lamasa de trabajadores modernos: obreros de la gran in-dustria, empleados, trabajadores estatales y trabajadoresde servicios bancarios, de transporte y servicios públi-cos, la cual luego se trasladó a otras actividades no remu-neradas de forma salarial.25 El concepto de salario, construido desde un desafíode intereses que involucró a empresarios, Iglesia y traba-24. Tesis alrededor de las cuales se mueven los textos escritos sobre estos períodos, que dan cuenta de los intereses de quienes escriben la histo- ria oficial o la que escriben directamente los actores, pero en este texto no interesa ese debate, sino los hechos a que llegan.25. Cañas, op. cit. 58
  55. 55. jadores, estuvo fuertemente influenciado por la Iglesiacuando difundía que el salario debería estar constituidopor una cantidad suficiente que permitiera, además deotros fines como el ahorro y la limosna, la prolongaciónde la familia. De ahí que fuera tan importante sacar amujeres y niños de las fábricas para el cumplimiento detal fin.26 Los empresarios se batían entre los preceptos dela Iglesia y los negocios, como lo podemos ver en estefragmento de un artículo de prensa en 1945: Siendo el hombre egoísta por naturaleza, el estímulo y la esperanza de obtener utilidades son fuerzas que no pueden despreciarse en el mundo económico, so pena de incurrir en el tremendo error de un debilita- miento ruinoso de la producción, lo que sería funesto no sólo para el capitalista, sino también y en mayor escala para el trabajador.27 Pero las luchas de trabajadores no eran por causa detantas bondades y buenas intenciones. No en vano, suparticipación en huelgas, movilizaciones y paros, duran-te el período de formación de la sociedad asalariada (véa-se el cuadro 3), demuestra una construcción activa porparte de ellos para adaptarse a este modelo con las mayo-res ventajas posibles. Las políticas del Estado de bienestar en relación conel salario se constituyeron en un período de 10 a 15 años,durante el cual se legisló todo lo relacionado con él. LaLey 6ª de 1945, que comenzó a regir en 1950, dio inicioa la constitución de un salario mínimo por regiones yactividades. Aunque no fue una de las primeras presta-ciones sociales reglamentadas, la ley fija los lineamien-26. Pressacco, op. cit., pp. 27-142.27. Restrepo Jaramillo, Juan Guillermo, “El salario familiar”, El Colom- biano, 21 de abril de 1945, p. 4. Citado por Cañas, op. cit. 59
  56. 56. Cuadro 3. Huelgas, paros y protestas de trabajadores en Colombia, 1919-1945 Año Nº de casos Año Nº de casos 1919 15 1933 19 1920 31 1934 37 1921 9 1935 38 1922 4 1936 20 1923 8 1937 37 1924 18 1938 13 1925 15 1939 9 1926 15 1940 7 1927 10 1941 8 1928 10 1942 12 1929 6 1943 14 1930 2 1944 18 1931 8 1945 13 1932 2 Fuente: Archila Neira, Mauricio, Cultura e identidad obrera, Bogotá, Cinep, 1991.tos generales de las políticas y las nuevas medidas paralegitimar, en adelante, el trabajo asalariado: las primas,auxilios y bonificaciones desde 1944, y las cesantías en1948.28 La familia obrera se convierte en la más importantepreocupación dentro de esta nueva visión. Hay gran inte-rés por consolidar un personal productivo estable y moti-vado que responda a las nuevas exigencias de la fábrica.Es decir, el bienestar de la familia se asocia con la pro-ductividad. Surgen instituciones enmarcadas en unEstado de bienestar para lograr tales fines: clínicas, ins-28. Cañas, op. cit., cap. 2 y 3. 60
  57. 57. tituciones de bienestar y otras en las que subyace la ideade protección y bienestar del trabajador y su familia,29 yano como una acción particular de la Iglesia, sino comouna acción estatal, independiente de las pugnas entre tra-bajadores y gobiernos para la normalización de estas ins-tituciones.Trabajo asalariado como referentede otras formas de trabajo La cultura obrera fue más una referencia ideal sobrelo que debía ser una sociedad a gran escala que involucraraa la gran mayoría de sus miembros, pues los obreros in-dustriales eran los realmente visibles, se destacaban gra-cias a unas instituciones que los mostraban con algunahomogeneidad. Pero a su lado había otro número signifi-cativo de trabajadores que tuvieron como referente a esacultura obrera, aunque su formas de trabajo no eran asa-lariadas. Son varios los textos y datos que dan cuenta de laexistencia paralela, bastante significativa, de activida-des y oficios informales realizados por un gran porcen-taje de la población, que se mantuvieron como una op-ción de trabajo y conservaron su esquema durante el pre-dominio del trabajo asalariado. Mayor Mora30 insinúa laexistencia de otras formas de trabajo que han perduradodesde la Colonia, cuyo legado es hoy tan fuerte como elreferente del trabajo asalariado. Un ejemplo son los ofi-cios que hicieron los artesanos, que dejaron la herenciade una población que realizó actividades informales a lapar del trabajo asalariado. Aunque éstas son investiga-29. Arango, Luz Gabriela, “Las obreras en la industria textil”, en: Historia de Medellín, tomo 2, Medellín, Suramericana, 1996.30. Mayor Mora, Alberto, Ética, trabajo y productividad en Antioquia. 61
  58. 58. ciones que aún están por realizarse dentro de una histo-ria del trabajo, es importante dejar insinuados los reite-rativos e históricos intentos de las ciudades, entre ellasMedellín, han echo a lo largo de todo el siglo XX, porcontrolar las actividades informales para la subsistencia,que siempre se han tomado el espacio público como lu-gar de trabajo y de despliegue de dichas actividades. Ade-más, se reconoce allí el traslado de valores, construidosalrededor del trabajo asalariado, a estas otras formas detrabajo que hoy se ven fortalecidas ante las nuevas con-diciones económicas y los nuevos modelos, que dejansin piso la estabilidad ofrecida por los beneficios del tra-bajo asalariado. El referente de estabilidad, más que un hecho históri-co registrable, es memoria e inercia histórica, es parteconstitutiva de la subjetividad de los trabajadores confi-gurada de modo permanente durante todo el siglo XX, ylleva consigo herencias que emergen en la cotidianidad yse hacen estructuras identificables. Ni su nacimiento nisu desaparición se pueden asociar a un solo fenómeno enparticular, sino que se transforman en otras estructuras,donde la acción de los trabajadores es también fundamentode dicha transformación.La sociedad salarial fordista Se era un asalariado cuando uno no era nada y no te-nía nada para intercambiar, salvo la fuerza de su brazo.Se caía en el salariado como degradación del propio Es-tado: las víctimas eran el artesano arruinado, el campesi-no feudal al que su tierra ya no le daba de comer, el “com-pañero” que había dejado de ser aprendiz y no podía con-vertirse en maestro, estar o caer en el salariado era insta- 62

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