Para frenar tráfico de marihuana, uruguay considera adueñarse del negocio
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Para frenar tráfico de marihuana, uruguay considera adueñarse del negocio Para frenar tráfico de marihuana, uruguay considera adueñarse del negocio Document Transcript

  • Para frenar tráfico de marihuana, Uruguay considera adueñarse delnegocioMONTEVIDEO, Uruguay — La producción agrícola de este país incluye arroz, soya y trigo. Sin embargo,el gobierno pronto podría ensuciarse las manos con una cosecha mucho más complicada — lamarihuana — como parte de un movimiento creciente en la región para crear alternativas a la guerracontra las drogas encabezada por los Estados Unidos.El presidente famosamente impulsivo de Uruguay incluyó un llamado a la “legalización regulada ycontrolada de la marihuana” en un plan de seguridad difundido el mes pasado. Y ahora de lo único quese habla aquí es del impacto que podría tener un mercado formal para lo que Ronald Reagan describiócomo “probablemente la droga mas peligrosa en América.”“Es un cambio profundo,” dijo Sebastián Sabini, uno de los legisladores que actualmente trabaja en lacontroversial propuesta revelada por el presidente José Mujica el 20 de junio. “Queremos separar elmercado: los usuarios de los traficantes, la marihuana de otras drogas como la heroína.”En toda Latinoamérica, líderes preocupados por la propagación de la violencia relacionada a las drogasestán considerando políticas que hasta hace poco habrían sido inconcebibles.¿Despenalizar todo, desde la heroína y la cocaína hasta la marihuana? Las asambleas legislativas deBrasil y Argentina piensan que esa podría ser la mejor manera de ayudar a que la policía se concentre enlos traficantes y no en los usuarios.¿Legalizar y regular no solo el consumo de drogas, pero también el transporte de las mismas — tal vezcon altos impuestos aduanales para los envíos masivos? El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina,un ex-general directo y firme, ha hecho un llamado a que se considere este tipo de enfoque, así como
  • los líderes en Colombia, México, Belice y otros países, que también exigen un debate mas amplio en larelajación de las leyes punitivas contra las drogas.Uruguay ha llevado la experimentación a otro nivel. Funcionarios de la Organización de las NacionesUnidas dicen que ningún otro país ha considerado seriamente el establecimiento de un monopoliocompleto y legalmente manejado por el estado sobre la marihuana o cualquier otra substancia ilícitaprohibida por las Naciones Unidas en su Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes.Hacerlo convertiría a Uruguay en la primera republica marihuanera en el mundo — brincándose aHolanda, que ha ignorado la venta y el consumo de la marihuana oficialmente desde 1976, y a Portugal,que ha abolido todas las penas criminales por el uso de las drogas desde el 2001. Aquí, por el contrario,nacería una nueva industria manejada por el estado, creada por burócratas gubernamentalesconvencidos que la oposición a la marihuana es, simplemente, obsoleta.“En 1961, la televisión era solamente en blanco y negro,” dijo Julio Calzada, el zar antidrogas deUruguay. “Ahora tenemos el Internet.”Pero deshacerse del hábito prohibicionista no es tarea fácil. Incluso aquí, en este pequeño y progresivopaís de 3.3 millones de personas, la propuesta del presidente ha sido recibida con una ráfaga deoposición. Doctores, rivales políticos, consumidores de marihuana y funcionarios en temas de seguridadhan expresado preocupación sobre cómo se manejaría la marihuana y sobre si la legalización, o algocercano a ello, aceleraría el agravamiento del problema de adicción y criminalidad en Uruguay.Al presidente Mujica, de 78 años y ex guerrillero bohemio que maneja un VolkswagenBeetle del 1981, leha sorprendido la reacción. La semana pasada dijo que si la mayoría de los uruguayos no entendían elvalor de la legalización, suspendería el plan mientras afinaba los detalles y conseguía el apoyo de laciudadanía.Pero Mujica es un líder desafiante que pasó más de una década tras las rejas como prisionero político,por lo que mientras habla de postergación, indicó que no estaría dispuesto a darse por vencido,enfatizando que los usuarios de drogas “están esclavizados en ese mercado ilegal.”“Se inclinan por el camino del delito porque no tienen dinero,” dijo, “y a su vez se transforman entraficantes porque no tienen medios económicos para atender el vicio.”Su gobierno, que tiene una escaza mayoría en el parlamento, sigue adelante con la propuesta. Uno delos asesores del presidente dijo esta semana que el proyecto de ley se debe presentar dentro de unmes, y Calzada y muchos otros han estado trabajando duro. Su escritorio esta cubierto de notas escritasa mano sobre mercados locales de drogas. Un tecnócrata de carrera con cabello largo y ralo como el deun rockero retirado, Calzada dice que ha estado ocupado calculando cuanta marihuana tendría queproducirse en Uruguay para sacar del negocio a los traficantes ilegales. Concluyó que para los 70,000usuarios mensuales, tendrían que producirse más de 2.200 kilogramos al mes.
  • “Tenemos que garantizar que todos nuestros usuarios tengan acceso a un producto de calidad,” dijoCalzada.Agregó que la seguridad será otro reto. Los carteles protegen su producto escondiéndolo, usando laviolencia como una amenaza constante. Oficiales uruguayos, incluyendo Sabini — uno de loslegisladores que públicamente admite haber fumando marihuana — están a favor de un enfoque máscordial. Imaginan poder permitir el cultivo para uso personal mientras agricultores profesionalesproveen el resto para consumo comercial usando pequeños terrenos que pueden ser protegidosfácilmente.El gobierno también requeriría que los usuarios tuvieran tarjetas de registro para excluir a losextranjeros — una idea influenciada por la nueva normativa en Holanda que restringe la venta demarihuana a los residentes de ese país.El gobierno también utilizaría el registro para limitar las compras de los uruguayos (tal vez a 40 porrosmensuales, según funcionarios) y oficiales dicen que van a controlar los niveles de THC, el ingredienteactivo en la marihuana, e impondrían impuestos a los productores, apoyándose en las agencias queregulan el tabaco, el alcohol y los farmacéuticos para hacer que se respete la ley.Las autoridades reconocen que para ganarle a los capos como el mexicano Joaquín “Chapo” Guzmán ensu propio juego, van a tener que negociar con viejos enemigos y unir fuerzas con los mismos aficionadosque han estado poniendo tras las rejas durante años.Eso significa colaborar con gente como Juan Vaz, un programador de computadoras delgado y decabello oscuro, padre de tres y posiblemente el activista pro-marihuana mas famoso de Uruguay. Vazpasó 11 meses en prisión hace unos años después de haber sido capturado con cinco plantas demarihuana y 37 macetas con semillas.Durante una entrevista, Vaz comparó la marihuana con el vino y expresó tanto interés comopreocupación por los planes del gobierno. Dijo que estaba contento de ver a la administración de Mujicaabordar el tema, pero como muchos otros, dijo que temía el control del gobierno.El consumo personal de la marihuana ya esta despenalizado en Uruguay, así que Vaz, de 45 años, dijoque la idea de un registro de productores y usuarios equivale a un retroceso Orwelliano. “Estamospreocupados por la violación de la privacidad,” dice Vaz.Otros cultivadores y fumadores, que hablaron bajo la condición de no ser plenamente identificados,parece que tienen más interés en participar.Martín, de 26 años, un programador con barba y un closet lleno de plantas de marihuana que le dabanun aroma único a su edificio, dijo que sus amigos han estado considerando empezar una pequeña granjade marihuana.
  • Gabriel, un vendedor y consumidor de marihuana de 35 años que vive en el centro de Montevideo, dijoque le gustaba la idea de un mercado legal y que esperaba que eso pudiera limitar el lado oscuro delnegocio de las drogas.Gabriel dijo que ha vendido marihuana de manera informal durante los últimos 15 años — moviendopoco menos de un kilo al mes — y que la gente a la que le compra lo ha presionado en diversasocasiones a vender drogas más peligrosas como la pasta de cocaína, una substancia parecida al crackque se ha vuelto ampliamente popular en la región desde el 2001.A la “pasta base,” como se le conoce aquí, se le atribuye el reciente aumento de drogadicción y crimenviolento en Uruguay, y el presidente Mujica ha dicho que la legalización de la marihuana rompería elciclo de adicción y delincuencia que se genera cuando los usuarios se convierten en vendedores.Muchos dentro de la comunidad de rehabilitación por consumo de drogas tienen sus dudas. “Nunca tevas a deshacer del mercado negro,” dijo Pablo Rossi, director de la Fundación Manantiales, que manejavarios centros de rehabilitación en Montevideo.Pero Gabriel dice que los grandes proveedores inevitablemente se tendrán que adaptar. La preguntasería, ¿se adaptarán para bien o para mal?Tal vez empezarían a vender cocaína mas barata, dijo Gabriel, causando más problemas. O tal vez serándesplazados del negocio de las drogas por completo. Por ahora, al menos, parecen tenerle miedo alcambio: según Gabriel un kilo de marihuana (2.2 libras) ahora cuesta $470 en Uruguay, cuando antes delanuncio de la propuesta de legalización su costo era de $375.“Están tratando de ganar todo el dinero que puedan,” dijo Gabriel. “Piensan que la legalización esinminente.”Emily Schmall contribuyó reportando desde Argentina, y Lis Horta Moriconi desde Brasil.