Habermas jurgen ciencia y técnica como ideología

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Habermas jurgen ciencia y técnica como ideología

  1. 1. Ciencia y técnicacomo «ideología» Jürgen Habermas Traducido por Manuel Jiménez Redondo En: Ciencia y técnica como ideología. Tecnos, Madrid, 1986 Título original:Wissenschaft und Technik als “Ideologie”, 1968 La paginación se corresponde con la edición impresa.
  2. 2. CIENCIA Y TÉCNICA COMO «IDEOLOGÍA»* A Herbert Marcuse con ocasión de cumplir su sep- tuagésimo aniversario el 19–VII–1968. Max Weber introduce el concepto de racionalidadpara definir la forma de la actividad económica ca-pitalista, del tráfico social regido por el derecho pri-vado burgués, y de la dominación burocrática. «Ra-cionalización» significa en primer lugar la ampliaciónde los ámbitos sociales que quedan sometidos a loscriterios de la decisión racional. Paralelamente a estocorre, en segundo lugar, la industrialización del tra-bajo social, con la consecuencia de que los criteriosde la acción instrumental penetran también en otrosámbitos de la vida (urbanización de las formas de exis-tencia, tecnificación del tráfico social y de la comunica-ción). En los dos casos se trata de la implantación deltipo de acción que es la racional con respecto a fines:en el segundo caso esa implantación afecta a la orga-nización de los medios, y en el primero a la elecciónentre posibles alternativas. Finalmente, la planificaciónpuede ser concebida como una modalidad de ordensuperior de la acción racional con respecto a fines:tiende a la instauración, mejora o ampliación de lossistemas de acción racional mismos. La progresiva * Publicado con anterioridad, ligeramente abreviado, en Merkur,núm. 243, julio 1968, pp. 591–610, y núm. 244, agosto 1968, pp. 682–693. Versión castellana de Manuel Jiménez Redondo. 53
  3. 3. «racionalización» de la sociedad depende de la insti-tucionalización del progreso científico y técnico. En lamedida en que la ciencia y la técnica penetran en losámbitos institucionales de la sociedad, transformandode este modo a las instituciones mismas, empiezan adesmoronarse las viejas legitimaciones. La seculariza-ción y el «desencantamiento» de las cosmovisiones,con la pérdida que ello implica de su capacidad deorientar la acción, y de la tradición cultural en suconjunto, son la otra cara de la creciente «raciona-lidad» de la acción social. I Herbert Marcuse toma como punto de partida esteanálisis weberiano para demostrar que el concepto deracionalidad formal, que Max Weber extrae tanto dela acción racional del empresario capitalista y delobrero industrial como de la de la persona jurídicaabstracta y del funcionario moderno, y que asociatanto con criterios de la ciencia como de la técnica,tiene implicaciones que son de contenido. Marcuse estáconvencido de que en lo que Max Weber llamaba«racionalización», no se implanta la «racionalidad»en tanto que tal, sino que en nombre de la raciona-lidad lo que se impone es una determinada forma deoculto dominio político. Como la racionalidad de estetipo sólo se refiere a la correcta elección entre estra-tegias, a la adecuada «utilización de tecnologías ya la pertinente instauración de sistemas (en situacionesdadas para fines dados), lo que en realidad hace essustraer la trama social global de intereses en la quese eligen estrategias, se utilizan tecnologías y se instau-ran sistemas a una reflexión y reconstrucción racio- 54
  4. 4. nales. Aparte de eso, esa racionalidad sólo se refierea las situaciones de empleo posible de la técnica yexige por ello un tipo de acción que implica dominio,ya sea sobre la naturaleza o sobre la sociedad. Laacción racional con respecto a fines es, por su estruc-tura misma, ejercicio de controles. Por eso, la «racio-nalización» de la vida según criterios de esta raciona-lidad viene a significar la institucionalización de undominio que se hace ya irreconocible como dominiopolítico: la razón técnica de un sistema social deacción racional con respecto a fines no se desprendede su contenido político. En su crítica a Max Weber,Marcuse llega a la siguiente conclusión: «El conceptode razón técnica es quizá él mismo ideología. Nosólo su aplicación sino que ya la técnica misma esdominio sobre la naturaleza y sobre los hombres:un dominio metódico, científico, calculado y calcu-lante. No es que determinados fines e intereses dedominio sólo se advengan a la técnica a posteriori ydesde fuera, sino que entran ya en la construccióndel mismo aparato técnico. La técnica es en cada casoun proyecto histórico–social; en él se proyecta lo queuna sociedad y los intereses en ella dominantes tienenel propósito de hacer con los hombres y con las cosas.Un tal propósito de dominio es material, y en este sen-tido pertenece a la forma misma de la razón técnica»l. Ya en 1956, en un contexto muy distinto, Marcusehabía llamado la atención sobre el peculiar fenómenode que en las sociedades capitalistas industriales avan-zadas el dominio tiende a perder su carácter explotadory opresor y a tornarse «racional», sin que por ello desa-parezca el dominio político: «el dominio está ahoracondicionado por la capacidad y el interés en mantener 1 «Industrialisierung und Kapitalismus im Werk Max Weber»,en Kultur und Gesellschaft. II, Frankfurt a. M., 1965. 55
  5. 5. el aparato en su conjunto y ampliarlo»2. La raciona-lidad del dominio se mide por el mantenimiento deun sistema que puede permitirse convertir en funda-mento de su legitimación el incremento de las fuerzasproductivas que comporta el progreso científico–téc-nico, si bien, por otra parte, el estado de las fuerzasproductivas representa precisamente también el poten-cial, medidas en el cual, las renuncias y cargas im-puestas a los individuos aparecen como cada vez másinnecesarias e irracionales3. Marcuse cree poder reco-nocer la represión objetivamente superflua en «laintensificación del sometimiento de los individuos alinmenso aparato de producción y distribución, en ladesprivatización del tiempo libre, en la casi irresolublefusión de trabajo social productivo y destructivo».Pero, paradójicamente, esta represión puede desapa-recer de la conciencia de la población, ya que la le-gitimación del dominio ha adquirido un carácter dis-tinto: ahora apela a «la creciente productividad ycreciente dominación de la naturaleza, que tambiénproporcionan a los individuos una vida más con-fortable». El aumento de las fuerzas productivas instituciona-lizado por el progreso científico y técnico rompe todaslas proporciones históricas. Y de ahí extrae el marcoinstitucional sus nuevas oportunidades de legitima-ción. La idea de que las relaciones de producciónpudieran encontrar su instancia crítica en el potencialde las fuerzas productivas desarrolladas queda cer-cenada por el hecho de que las relaciones de produc-ción existentes se presentan como la forma de organi-zación técnicamente necesaria de una sociedad racio- 2 «Trieblehre und Freiheit», en Freud in dir Gegenwart, Frankf.Beit. z. Soz., vol. VI. 1957. 3 Ibíd., p. 403. 56
  6. 6. nalizada. La «racionalidad» en el sentido de MaxWeber muestra aquí su doble rostro: ya no es sólola, instancia crítica del estado de las fuerzas producti-vas, ante el que pudiera quedar desenmascarada larepresión objetivamente superflua propia de formas deproducción históricamente caducas, sino que es al mis-mo tiempo un criterio apologético en el que esas mis-mas relaciones de producción pueden ser también jus-tificadas como un marco institucional funcionalmentenecesario. A medida que aumenta su fecundidad apo-logética, la «racionalidad» queda neutralizada comoinstrumento de la crítica y rebajada a mero correc-tivo dentro del sistema; lo único que todavía puededecirse es, en el mejor de los casos, que la sociedadestá «mal programada». En la etapa del desarrollocientífico y técnico, las fuerzas productivas parecenentrar, pues, en una nueva constelación con las rela-dones de producción: ya no operan en favor de lailustración como fundamento de la crítica de las legi-timaciones vigentes, sino que se convierten en lasmismas en base de la legitimación. Y esto es lo queMarcuse considera históricamente nuevo. Pero si esto es así, ¿no habrá entonces que entenderla racionalidad materializada en los sistemas de acciónracional con respecto a fines como una racionalidadespecíficamente restringida?, esa racionalidad de laciencia y de la técnica ¿no contendrá ya en su seno,en lugar de reducirse, como pretende, a las reglas dela lógica y de la acción controlada por el éxito, unapriori material surgido históricamente y por eso tam-bién superable históricamente? Marcuse responde conla afirmativa: «Los principios de la ciencia modernaestaban estructurados a priori de forma que podíanservir como instrumentos conceptuales para un uni-verso de controles productivos que se ejercen auto- 57
  7. 7. máticamente. El operacionalismo teórico vino al caboa corresponderse con el práctico. El método científico,que conducía a una dominación cada vez más eficientede la naturaleza, proporcionó después también tantolos conceptos puros como los instrumentos para unadominación cada vez más efectiva del hombre sobreel hombre a través de la dominación de la naturaleza...Hoy la dominación se perpetúa y amplía no sólo pormedio de la tecnología, sino como tecnología; y éstaproporciona la gran legitimación a un poder políticoexpansivo que engulle todos los ámbitos de la cultura.En este universo la tecnología proporciona tambiénla gran racionalización de la falta de libertad del hom-bre y demuestra la imposibilidad técnica de la reali-zación de la autonomía, de la capacidad de decisiónsobre la propia vida. Pues esta ausencia de libertadno aparece ni como irracional ni como política, sinomás bien, como sometimiento a un aparato técnico quehace más cómoda la vida y eleva la productividaddel trabajo. La racionalidad tecnológica, en lugar deeliminarlo, respalda de ese modo la legalidad del do-minio; y el horizonte instrumentalista de la razón seabre a una sociedad totalitaria de base racional»4. La «racionalización» de Max Weber no es solamenteun proceso a largo plazo de mutación de las estruc-turas sociales, sino a la vez «racionalización» en elsentido de Freud: el verdadero motivo, el manteni-miento del dominio objetivamente caduco, queda ocul-to por la invocación de imperativos técnicos. Estaapelación a imperativos técnicos sólo es posible por-que la racionalidad de la ciencia y de la técnica yaes por su propia esencia una racionalidad del disponer,una racionalidad del dominio. 4 El hombre unidimensional [1964J. Joaquín Mortiz, México1968. pp. 177 y ss. 58
  8. 8. Esta idea de que la racionalidad de la ciencia esuna formación histórica la debe Marcuse tanto alestudio de Husserl sobre la crisis de las ciencias euro-peas como a la destrucción que Heidegger lleva a cabode la metafísica occidental. Y en un contexto mate-rialista, también Bloch ha desarrollado la idea de quela racionalidad de la ciencia, desfigurada en términoscapitalistas, arranca también a la técnica la inocenciade una simple fuerza productiva. Pero sólo Marcuseconvierte el contenido político de la razón técnica enpunto de partida analítico para una teoría de la so-ciedad del capitalismo tardío. Y dado que a ese puntode vista no sólo quiere desarrollarlo filosóficamente,sino que también trata de probar su alcance para elanálisis sociológico, bien podemos servirnos de él paraponer de manifiesto las dificultades de esta concepción.Y en este sentido voy a limitarme a apuntar una dudaque ya aparece en el propio Marcuse. II Si el fenómeno al que Marcuse liga su análisis de lasociedad, a saber; el fenómeno de esa peculiar fusiónde técnica y dominio, de racionalidad y opresión, nopudiera interpretarse de otro modo que suponiendoque en el apriori material de la ciencia y de la técnicase encierra un proyecto del mundo determinado porintereses de clase y por la situación histórica, sólo un«proyecto», como gusta de decir Marcuse recurriendoal Sartre fenomenológico; si eso es así, entonces nocabría pensar en una emancipación sin una revoluciónprevia de la ciencia y la técnica mismas: En algunospasajes Marcuse casi no resiste la tentación de enlazaresta idea de una nueva ciencia con la promesa, familiar 59
  9. 9. en la mística judía y protestante, de una resurrecciónde la naturaleza caída: promesa que, como es sabido,penetra a través del pietismo suave en la filosofía deSchelling (y de Baader), reaparece en los manuscritosde economía y filosofía de Marx, constituye hoy laidea central de la filosofía de Bloch y, de forma re-flexiva, alimenta también las esperanzas más secretasde Benjamin, Horkheimer y Adorno. Y así tambiénMarcuse: «Lo que quiero demostrar es que la ciencia,en virtud de su propio método y sus conceptos, haproyectado y fomentado un universo en el que la do-minación de la naturaleza queda vinculada con la do-minación de los hombres, lazo que amenaza con ex-tenderse como un destino fatal sobre ese universo ensu totalidad. La naturaleza, comprendida y domeñadapor la ciencia, vuelve a aparecer de nuevo en elaparato de producción y de destrucción, que mantiene la vida de los individuos, y la mejora, y los sometea la vez a los amos del aparato. Así, la jerarquía ra-cional se fusiona con la social. Y en esta situación, uncambio en la dirección del progreso, con capacidadpara torcer ese fatal destino, tendría que influir tam-bién en la estructura de la ciencia misma, en el pro-yecto de la ciencia. Sin perder su carácter racional,sus hipótesis se desarrollarían en un contexto expe-riencial esencialmente distinto (en el de un mundo pa-cificado); a consecuencia de lo cual, la ciencia llegaríaa unos conceptos sobre la naturaleza esencialmentedistintos y constataría hechos esencialmente distintos.»5. Muy consecuentemente, Marcuse no solamente estápensando en un tipo distinto de construcciones teó-ricas en la ciencia, sino también en una metodologíaesencialmente distinta. El marco trascendental en el 5 Ibíd., pp. 185 y s. 60
  10. 10. que la naturaleza se convertiría en objeto de unanueva experiencia, no sería el círculo funcional de laacción instrumental, sino que el punto de vista de laposible disposición técnica quedaría sustituido por elde un cariñoso cuidado que liberaría y desataría lospotenciales de la naturaleza: «existen dos formas dedominio: uno represivo y otro liberador»6. A todoesto hay que replicar que la ciencia moderna sólopodría ser concebida como un proyecto históricamen-te restringido si por lo menos fuera pensable un pro-yecto alternativo; además, la definición de una nuevaciencia alternativa tendría que comportar la definiciónde una nueva técnica. Pero basta esta simple consi-deración para desanimarnos, ya que la técnica, si engeneral pudiera ser reducida a un proyecto histórico,tendría evidentemente que tratarse de un «proyecto»de la especie humana en su conjunto y no de unproyecto históricamente superable. Arnold Gehlen ha llamado la atención, y a mi juiciode forma concluyente, sobre el hecho de que existeuna conexión inmanente entre la técnica que conoce-mos y la estructura de la acción racional con respectoa fines. Si al círculo funcional de la acción controladapor el éxito lo entendemos como una asociación dedecisión racional y de acción instrumental, entoncescabe reconstruir la historia de la técnica desde elpunto de vista de una objetivación de la acción ra-cional con respecto a fines. En cualquiera de los ca-sos la evolución de la técnica se ajusta al modelointerpretativo siguiente: el hombre habría proyectadouno a uno a nivel de los medios técnicos los com-ponentes elementales del círculo funcional de la ac-ción racional con respecto a fines, que inicialmente 6 Ibíd., p. 253. 61
  11. 11. radican en el organismo humano, descargándose deesta forma de las funciones correspondientes7. Primeroson reforzadas y sustituidas las funciones del apara-to locomotor (manos y piernas); después, la produc-ción de energía (por parte del cuerpo humano); des-pués, las funciones del aparato de los sentidos (ojos,oídos y piel) y, finalmente, las funciones del centro decontrol (del cerebro). Si se tiene, pues, presente que laevolución de la técnica obedece a una lógica queresponde a la estructura de la acción racional conrespecto a fines controlada por el éxito lo que quieredecir : que responde a la estructura del trabajo, entonces .no se ve cómo podríamos renunciar a la técnica, es de-cir, a nuestra técnica, sustituyéndola por una cualita-tivamente distinta, mientras no cambie la organiza-ción de la naturaleza humana y mientras hayamos demantener nuestra vida por medio del trabajo socialy valiéndonos de los medios que sustituyen al trabajo. En lo que Marcuse está pensando es en una actitudalternativa frente a la naturaleza, pero de ahí no cabededucir la idea de una nueva técnica. En lugar detratar a la naturaleza como objeto de una disposiciónposible, se la podría considerar como el interlocutoren una posible interacción. En vez de a la naturalezaexplotada cabe buscar a la naturaleza fraternal. A nivelde una intersubjetividad todavía imperfecta podemossuponer subjetividad a los animales, a las plantas e 7 «Esta ley enuncia un acontecer intratécnico, un decurso queen su conjunto no ha sido querido por el hombre, sino que, porasí decirlo, esta ley se impone a espaldas de éste o instintivamentea lo largo de toda la historia de la cultura humana. Además, segúnesta ley, no puede haber ningún desarrollo de la técnica por encimade la automatización más completa posible, pues no podría especi-ficarse ningún ámbito más de la actividad funcional humana quepudiera ser objetivado» (A. Gehlen, «Anthropologische Ansicht derTechnik», en Technik im technischen Zeitalter, 1965). 62
  12. 12. incluso a las piedras, y comunicar con la naturaleza,en lugar de limitarnos a trabajarla cortando la comu-nicación. Y un particular atractivo, para decir lo me-nos que puede decirse, es el que conserva la idea deque la subjetividad de la naturaleza, todavía enca-denada, no podrá ser liberada hasta que la comu-nicación de los hombres entre sí no se vea libre dedominio. Sólo cuando los hombres comunicaran sincoacciones y cada uno pudiera reconocerse en el otro,podría la especie humana reconocer a la naturalezacomo un sujeto y no sólo, como quería el idealismoalemán, reconocerla como lo otro de sí, sino recono-cerse en ella como en otro sujeto. Sea como fuere, las realizaciones de la técnica, quecomo tales son irrenunciables, no podrían ser sustitui-das por una naturaleza que despertara como sujeto.La alternativa a la técnica existente, el proyecto deuna naturaleza como interlocutor en lugar de comoobjeto, hace referencia a una estructura alternativa dela acción: a la estructura de la interacción simbólica-mente mediada, que es muy distinta de la de la acciónracional con respecto a fines. Pero esto quiere decirque esos dos proyectos son proyecciones del trabajo ydel lenguaje y por tanto proyectos de la especie humanaen su totalidad y no de una determinada época, deuna determinada clase o de una situación superable.Pero si no es admisible la idea de una nueva técnica,Tampoco puede pensarse consecuentemente la idea deuna nueva ciencia, ya que en nuestro contexto, a laciencia, la ciencia moderna, se la ha de considerar comouna ciencia obligada a mantener la actitud de unaposible disposición técnica: lo mismo que en el casodel progreso científico–técnico, tampoco para la fun-ción de la ciencia es posible encontrar un sustituto quefuera «más humano». 63
  13. 13. El mismo Marcuse parece dudar de que tenga sen-tido relativizar la racionalidad de la ciencia y de latécnica reduciéndolas a un «proyecto». En muchospasajes del One–dimensional Man, la revolución siguesignificando sólo un cambio del marco institucional,que no tocaría a las fuerzas productivas en tanto quetales. Se mantendría, pues, la estructura del progresocientífico–técnico; lo único que cambiaría serían losvalores rectores. Los nuevos valores serían traducidosa tareas solucionables técnicamente; lo nuevo sería ladirección de ese progreso, pero el criterio mismo deracionalidad no sufriría cambios: «A fuerza de univer-so de medios, la técnica puede tanto debilitar comoaumentar el poder del hombre. En la etapa actual elhombre es quizá más importante que nunca frente a supropio aparato»8. Esta afirmación restablece la inocencia política delas fuerzas productivas. Lo único que aquí hace Mar-cuse es reiterar la definición clásica de las relacionesentre fuerzas productivas y relaciones de producción.Pero con ello no acierta en el blanco de la conste-lación a la que apunta, como tampoco lo acierta conla afirmación de que las fuerzas productivas estuvieranpolíticamente corrompidas de parte a parte. La pecu-liar «racionalidad» de la ciencia y de la técnica quecaracteriza, por una parte, un creciente potencial defuerzas productivas excedentes que sigue constituyen-do como siempre una amenaza para el marco insti-tucional, y que por otra parte, proporciona tambiénel criterio con que se legitiman las restrictivas rela-ciones de producción —la disonancia, digo, de estaracionalidad no puede representarse adecuadamenteni recurriendo a la historización, ni volviendo a la 8 El hombre unidimensional, loc. cit.. p. 252. 64
  14. 14. concepción ortodoxa, ni apelando al modelo del peca-do original, ni tampoco partiendo del modelo de lainocencia del progreso científico y técnico. La formu-lación más cuidada del estado de cosas que sin dudaalguna hay que examinar, me parece la siguiente: «Elapriori tecnológico es un apriori político en la medidaen que la transformación de la naturaleza tiene comoconsecuencia la del hombre y en que “las creacionesdel hombre” surgen de una totalidad social y vuelvena ella. Y sin embargo, cabe insistir en que la ma-quinaria del universo tecnológico es “como tal” indi-ferente frente a los fines políticos —puede servir deacelerador o de freno a una sociedad. Una calculado-ra electrónica puede servir lo mismo a un régimensocialista que a un régimen capitalista; un ciclotrónpuede ser un buen instrumento, lo mismo para unaguerra que para un partido pacifista... Pero si la técnicase convierte en la forma global de producción ma-terial, define entonces a toda una cultura; y proyectauna totalidad histórica —un “mundo”»9. La dificultad que este énfasis que pone Marcuseen el contenido político de la razón técnica no haceotra cosa que encubrir es la de determinar de formacategorialmente precisa qué es lo que quiere decir quela forma racional de la ciencia y de la técnica, es de-cir, que la racionalidad materializada en los sistemasde acción racional con respecto a fines acaba cons-tituyendo una forma de vida, una «totalidad histórica»de un mundo de la vida. Con el concepto de raciona-lización de la sociedad Max Weber se había referidoa este mismo proceso y había tratado de explicarlo.A mi entender, ni Max Weber ni Herbert Marcuselo han conseguido de manera satisfactoria. Por eso 9 Ibíd., pp. 173 y s. 65
  15. 15. voy a intentar reformular el concepto de racionaliza-ción de Max Weber en un marco de referencia distinto,para discutir después sobre esa base tanto la críticaque Marcuse hace a Weber como su tesis de la doblefunción del progreso técnico y científico (como fuerzaproductiva e ideología). Me limito a proponer un es-quema de interpretación, que ciertamente puede serintroducido en un ensayo, pero del que no puedo pre-tender seriamente probar su alcance en el marco deeste ensayo. De ahí que las generalizaciones históricasno tengan otra función que la de ejemplos ilustrativosdel esquema; no pretenden sustituir a la interpreta-ción misma. III Con el concepto de «racionalización» Max Weberintenta aprehender las repercusiones que el progresocientífico–técnico tiene sobre el marco institucional delas sociedades que se encuentran en un proceso de«modernización». Weber comparte este interés contoda la vieja sociología: todas las clasificaciones bi-polares desarrolladas en esta disciplina giran en tornoal mismo problema: el problema de reconstruir con-ceptualmente el cambio institucional que viene induci-do por la ampliación de los subsistemas de acciónracional con respecto a fines. Status y contrato, co-munidad y sociedad, solidaridad mecánica y solida-ridad orgánica, grupos informales y grupos formales,relaciones primarias y relaciones secundarias, culturay civilización, dominación tradicional y dominaciónburocrática, asociaciones sacras y asociaciones secu-lares, sociedad militar y sociedad industrial, estamentoy clase, etc.: todos estos pares de conceptos repre- 66
  16. 16. sentan otras tantas tentativas de aprehender el cambiode estructura del marco institucional de una sociedadadicional en su tránsito a una moderna. Incluso elcatálogo de Parsons de posibles alternativas de orien-taciones de la acción ha de ser incluido entre estastentativas, aunque Parsons pretenda lo contrario.Parsons pretende, en efecto, que su lista constituyeuna representación sistemática de las decisiones entreorientaciones de valor alternativas que el sujeto tieneque tomar en cualquier acción, con independencia delcontexto cultural o histórico particular. Pero si se miracon atención la lista, es difícil no darse cuenta de ladimensión histórica del planteamiento que le subyace.Los cuatro pares de orientaciones alternativas de va-lores:affectivity versus affective neutralityparticularism versus universalismascription versus achievementdiffuseness versus specificityque agotarían todas las decisiones fundamentales po-sibles, están cortadas a la medida de un procesohistórico. Definen, en efecto, dimensiones relevantesdel cambio de actitudes dominantes, en el paso de unasociedad tradicional a una moderna. Pues de hechoen los subsistemas de acción racional con respectoa fines las orientaciones que se exigen son la confor-midad con el aplazamiento de las gratificaciones, laorganización del comportamiento según normas gene-rales, una motivación centrada en el rendimiento in-dividual y en la dominación activa y, finalmente, laatención a relaciones específicas y analíticas, más bienque las orientaciones contrarias. 67
  17. 17. Para reformular lo que Max Weber llama «raciona-lización», voy a tratar de ir más allá del enfoquesubjetivo que Parsons comparte con Weber, y propo-ner un marco categorial distinto. Voy a partir de ladistinción entre trabajo e interacción, que considerofundamental10. Por «trabajo» o acción racional con respecto a finesentiendo o bien la acción instrumental o bien la elec-ción racional, o una combinación de ambas. La accióninstrumental se orienta por reglas técnicas que descan-san sobre el saber empírico. Esas reglas implican encada caso pronósticos sobre sucesos observables, yasean físicos o sociales; estos pronósticos pueden resul-tar verdaderos o falsos. El comportamiento de la elec-ción racional se orienta de acuerdo con estrategias quedescansan en un saber analítico. Implican deduccionesde reglas de preferencias (sistemas de valores) y máxi-mas generales; estos enunciados pueden estar bien de-ducidos o mal deducidos. La acción racional con res-pecto a fines realiza fines definidos bajo condicionesdadas. Pero mientras la acción instrumental orga-niza medios que resultan adecuados o inadecuadossegún criterios de un control eficiente de la realidad,la acción estratégica solamente depende de la valo-ración correcta de las alternativas de comportamien-to posible, que sólo puede obtenerse por medio deuna deducción hecha con el auxilio de valores ymáximas. Por acción comunicativa entiendo una interacciónsimbólicamente mediada. Se orienta de acuerdo connormas intersubjetivamente vigentes que definen ex- 10 Sobre las raíces de estos conceptos en la historia de la filosofíacfr. mi aportación al homenaje a K. Lowich. «Trabajo e interacción.Notas sobre la filosofía hegeliana del periodo de Jena», en estevolumen, pp. 11 y ss. 68
  18. 18. pectativas recíprocas de comportamiento y que tienenque ser entendidas y reconocidas, por lo menos pordos sujetos agentes. Las normas sociales vienen urgidaspor sanciones. Su sentido se objetiva en la comunica-ción lingüística cotidiana. Mientras que la validez delas reglas técnicas y de las estrategias depende de lavalidez de enunciados empíricamente verdaderos oanalíticamente correctos, la validez de las normassociales sólo se funda en la intersubjetividad delacuerdo sobre intenciones y sólo viene asegurada porel reconocimiento general de obligaciones. La viola-ción de las reglas tiene consecuencias que son dis-tintas en cada uno de los casos. El comportamientoincompetente que viola reglas técnicas o estrategiascuya corrección está acreditada, está condenado alfracaso al no poder conseguir lo que pretende. El «cas-tigo» viene inscrito, por así decirlo, en el fracasomismo frente a la realidad. Un comportamiento des-viado, que viola las normas vigentes, provoca san-ciones que sólo están vinculadas a la regla de formaexterna, esto es, por convención. El aprendizaje delas reglas de la acción racional con respecto a finesnos provee de la disciplina que representan las habi-lidades, la internalización de normas de comporta-miento nos dota de la disciplina que representan lasestructuras de la personalidad. Las habilidades noscapacitan para resolver problemas y las motivacionesnos permiten practicar la conformidad con las normas.En el diagrama que sigue se recogen estas determi-naciones; sería menester una explicación más detalla-da, que no podemos dar en este lugar. Empezamospor no tener en cuenta el contenido de la fila última;precisamente esa fila última recuerda las tareas pormor de cuya solución introduzco la distinción entretrabajo e interacción. 69
  19. 19. Marco institucio- Sistemas de acción nal: interacción racional con res- simbólicamente pecto a fines (ins- mediada. trumental y es- tratégica).Reglas orientado- normas sociales reglas técnicas ras de la acciónNiveles de defini- lenguaje ordinario lenguaje libre de ción intersubjetiva- contexto mente comparti- doTipo de definición expectativas recí- pronósticos condi- procas de com- cionados: impe- portamiento rativos condicio- nadosMecanismos de internalización de aprendizaje de haT adquisición roles bilidades y cua- lificacionesFunción del tipo mantenimiento de solución de pro- de acción instituciones blemas (conse- (conformidad cución de fines con las normas definida en rela- por medio del ciones fin–medio) reforzamiento recíproco)Sanciones cuando castigo basado en ineficacia: fracaso se viola una re- sanciones con- ante la realidad gia vencionales (fra- caso frente a la autoridad)«Racionalización» emancipación, in- aumento de las dividuación; ex- fuerzas produc- tensión de la co- tivas; extensión municación libre del poder de dis- de dominio posición técnica 70
  20. 20. Valiéndonos de estos dos tipos de acción podemosdistinguir a los sistemas sociales según predomine enellos la acción racional con respecto a fines o la inte-racción. El marco institucional de una sociedad secompone de normas que dirigen las interacciones lin-güísticamente mediadas. Pero existen subsistemas, co-mo son el sistema económico o el aparato estatal,para seguir con los ejemplos de Max Weber, en losque lo que fundamentalmente queda institucionalizadoson acciones racionales con respecto a fines. En el ladoopuesto, tenemos subsistemas, como son la familia o elparentesco, que ciertamente están asociados con unagran cantidad de tareas y habilidades, pero que fun-damentalmente descansan en reglas morales de inte-racción. Por eso, a nivel analítico, quiero distinguirentre 1) el marco institucional de una sociedad o deun mundo socio–cultural de la vida, y 2) los subsis-temas de acción racional con respecto a fines que estáninsertos en ese marco. En la medida en que las ac-ciones están determinadas por el marco institucionalvienen a la vez dirigidas y exigidas por expectativasde comportamiento, objeto de sanción, que se entrela-zan unas con otras. En la medida en que vienen de-terminadas por los subsistemas de acción racionalcon respecto a fines responden a los modelos deacción instrumental o estratégica. Pero la garantíade que se atengan con cierta probabilidad a reglastécnicas y a estrategias esperadas sólo puede venirasegurada por medio de la institucionalización. Estasdistinciones nos permiten reformular el concepto we-beriano de «racionalización». 71
  21. 21. IV La expresión «sociedad tradicional» se ha hechousual a la hora de referirse a los sistemas socialesque responden a los criterios de las culturas superiores(civilizations). Estas representan una determinada eta-pa en la evolución histórica de la especie humana. Sedistinguen de formas sociales más primitivas: 1) por laexistencia de un poder central (organización estataldel dominio frente a la organización por parentesco);2) por la división de la sociedad en clases socioeco-nómicas (distribución de las cargas y compensacionessociales entre los individuos según su pertenencia a lasdistintas clases y no según las relaciones de paren-tesco); 3) por el hecho de que está en vigor algúntipo de cosmovisión central (mito, religión superior)que cumple la función de una legitimación eficaz deldominio. Las culturas superiores están asentadas sobrela base de una técnica relativamente desarrollada yde una organización del proceso de producción social,basada en la división del trabajo, que hace posible laobtención de un excedente por encima de la satisfac-ción de las necesidades inmediatas y elementales. Ydeben precisamente su existencia a la solución delproblema que sólo se plantea con la producción deun excedente: es decir, el de la distribución de formadesigual, y sin embargo legítima, de la riqueza y deltrabajo según criterios distintos que los que ofrece elsistema de parentesco ll . En nuestro contexto resulta relevante la circuns-tancia de que las culturas superiores, sobre la basede una economía dependiente de la agricultura y dela artesanía, pese a considerables diferencias de una a 11 Cfr. sobre esto G. E. Lenski, Power und Privilegs. A Theoryof Social Stratification. New York, 1966. 72
  22. 22. otras, sólo han tolerado dentro de determinados lí-mites las innovaciones técnicas y las mejoras organi-zativas. Como indicador de los límites a que tradicio-nalmente ha estado sometido el desarrollo de lasfuerzas productivas, baste referirse al hecho de quehasta hace unos 300 años ningún gran sistema sociallogró producir más que el equivalente de, a lo sumo,200 dólares per cápita y año. El modelo estable de unaforma de producción precapitalista, de una técnicapreindustrial y de una ciencia premoderna hace posibleuna relación típica del marco institucional con lossubsistemas de acción racional con respecto a fines:estos subsistemas, que se desarrollan a partir delsistema del trabajo social y del stock de saber técnica-mente utilizable acumulado en él, no han alcanzadonunca, pese a sus considerables progresos, ese puntoa partir del cual su racionalidad hubiera podido con-vertirse en una amenaza abierta para la autoridad delas tradiciones culturales legitimadoras del dominio.La expresión «sociedad tradicional» hace referencia ala circunstancia de que el marco institucional reposasobre el fundamento legitimatorio incuestionado querepresentan las interpretaciones míticas, religiosas ometafísicas de la realidad en su conjunto —tanto delcosmos como de la sociedad—. Las «sociedades tra-dicionales» sólo pueden subsistir mientras la evoluciónde los subsistemas de la acción racional con respectoa fines se mantiene dentro de los límites de la eficacialegitimadora de las tradiciones culturales.12. Esto dalugar a una «superioridad» del marco institucional,superioridad que ciertamente no excluye reestructura-ciones inducidas por un potencial excedente de lasfuerzas productivas, pero que sí excluye la disolución 12 Cfr. P. L Berger. The Sacred Canopy. New York. 1967. 73
  23. 23. crítica de la forma tradicional de legitimación. Estainatacabilidad representa un buen criterio de demar-cación de las sociedades tradicionales frente a las quehan cruzado el umbral de la modernización. Este «criterio de superioridad» resulta, por tanto,aplicable a todos los estadios de una sociedad declases estatalmente organizada, que se caracterice porel hecho que la validez cultural de las tradicionesintersubjetivamente compartidas (que legitiman la vi-gente organización del poder) no es puesta explícitay seriamente en cuestión según los criterios de unaracionalidad universalmente válida —ya sea la de lasrelaciones instrumentales o la de las relaciones estra-tégicas. Sólo después que el sistema de produccióncapitalista dota al sistema económico de un mecanis-mo regular, que asegura un crecimiento de la produc-tividad no exento ciertamente de crisis, pero sí con-tinuo a largo plazo, queda institucionalizada la intro-ducción de nuevas tecnologías y de nuevas estrategias,es decir, queda institucionalizada la innovación encuanto tal. Como han propuesto tanto Marx comoSchumpeter, cada uno a su manera, la forma deproducción capitalista puede ser entendida como unmecanismo que garantiza una extensión permanentede los subsistemas de acción racional con respectoa fines y que, con ello, socava la «superioridad» tra-dicional del marco institucional frente a las fuerzasproductivas. El capitalismo es en la historia univer-sal la primera forma de producción que ha institucio-nalizado un crecimiento económico autorregulado: hadado lugar al industrialismo, que después, pudo serdesligado del marco institucional del capitalismo yasentado sobre mecanismos distintos que los de larevalorización del capital en términos de economíaprivada. 74
  24. 24. El umbral que existe entre una sociedad tradicionaly una sociedad que ha entrado en un proceso demodernización no viene caracterizado por el hecho deque bajo la presión de fuerzas productivas relativa-mente desarrolladas venga impuesto un cambio es-tructural del marco institucional. Este ha sido el me-canismo de la evolución histórica de la especie desdeel principio. La novedad estriba más bien en un estadoevolutivo de las fuerzas productivas que convierte enpermanente tal expansión de los subsistemas de acciónracional con respecto a fines y que, de esta forma, poneen cuestión la forma que las culturas superiores tienende legitimar el dominio por medio de interpretacionescosmológicas del mundo. Estas cosmovisiones de ca-rácter mítico, religioso o metafísico obedecen a lalógica de los contextos de interacción. Proporcionanuna respuesta a los problemas centrales del hombrerelativos a la convivencia social y al destino individual.Sus temas son la justicia y la libertad, el poder y laopresión, la felicidad y la satisfacción, la miseria y lamuerte. Sus categorías son la victoria y la derrota, elamor y el odio, la redención y la condenación. Sulógica se ajusta a la gramática de una comunicacióndistorsionada y a la causalidad del destino que ejercenlos símbolos escindidos y los motivos reprimidos13.Ahora bien, la racionalidad comunicativa de los juegoslingüísticos se ve confrontada en el umbral del mundomoderno con una racionalidad de las relaciones fin–medio que va ligada a la acción instrumental y estra-tégica. En cuanto esta confrontación se produce, asis-timos al principio del fin de la sociedad tradicional:la forma de la legitimación del dominio empieza aresultar insuficiente. 13 Cfr. sobre esto mi estudio: Conocimiento e interés, Taurus,Madrid 1983. 75
  25. 25. El capitalismo viene definido por una forma deproducción que no sólo plantea, sino que tambiénresuelve este problema. Ofrece una legitimación deldominio, que ya no es menester hacer bajar del cielode la tradición cultural, sino que puede ser buscadaen la base que representa el trabajo social mismo. Lainstitución del mercado, en el que los propietariosprivados intercambian mercancías, que incluye al mer-cado en el que personas privadas que carecen depropiedad intercambian como única mercancía sufuerza de trabajo, promete la justicia de la equiva-lencia en las relaciones de intercambio. Con la cate-goría de la reciprocidad, también esta ideología bur-guesa sigue convirtiendo todavía en base de la legiti-mación a un aspecto de la acción comunicativa. Peroel principio de reciprocidad es ahora principio de or-ganización del proceso de producción y reproducciónsocial mismo. De ahí que el dominio político puedaen adelante ser legitimado «desde abajo» en vez de«desde arriba» (invocando la tradición cultural). Si partimos de que la división de una sociedad enclases socioeconómicas descansa en una específicadistribución entre los distintos grupos, de las fuerzasde producción que resultan relevantes en cada caso,remontándose a su vez esta distribución a la institu-cionalización de relaciones de poder social, entoncespodemos partir del supuesto de que este marco insti-tucional se ha identificado en todas las culturas su-periores con el sistema de poder o dominio político:la dominación tradicional era dominación política.Sólo con la forma de producción capitalista, puedela legitimación del marco institucional quedar ligadade forma inmediata con el sistema del trabajo social.Pues sólo entonces puede el orden de propiedad tro-carse de una relación política en una relación de pro- 76
  26. 26. ducción, ya que para legitimarse puede apelar ahoraa la racionalidad del mercado, a la ideología del justointercambio, y no ya a un orden de dominaciónlegítimo. El sistema de dominio puede ahora a su vezquedar justificado apelando a las relaciones legítimasde producción. Este es el peculiar contenido del de-recho natural racional desde Locke hasta Kant14. Elorden de la sociedad es sólo mediatamente político, einmediatamente económico (el Estado burgués de de-recho como «superestructura»). La superioridad de la forma de producción capi-talista estriba en las dos cosas siguientes: en la instau-ración de un mecanismo económico que garantiza alargo plazo la ampliación de los subsistemas de acciónracional con respecto a fines y en la creación de unalegitimación económica bajo la que el sistema de do-minación puede adaptarse a las nuevas exigencias deracionalidad que comporta el progreso de esos subsis-temas. Es ese proceso de adaptación lo que Max Weberentiende como «racionalización». En este proceso deadaptación podemos distinguir dos tendencias, unaracionalización «desde abajo» y una racionalización«desde arriba». Desde abajo se hace sentir una permanente presióna la adaptación tan pronto como, con la institucio-nalización de las relaciones territoriales de intercambiode bienes y de fuerza de trabajo por un lado y de laempresa capitalista por el otro, se impone la nuevaforma de producción. En el sistema del trabajo socialqueda asegurado el progreso acumulativo de las fuer- 14 Cfr. Leo Strauss, Naturrecht und Geschichte. 1953; C. B. Mac-Pherson, The Political Theory of Possessive Individualismus. O.U.P,1962; J. Habermas, «Die klassische Lehre von Politik in ihremVerhältnis zur Sozialphilosophie», en Theorie und Praxis.2, Neuwied,1967. 77
  27. 27. zas productivas y, con ello, una expansión horizontalde los subsistemas de acción racional con respecto afines, aunque ciertamente no sin pagar el precio de lascrisis económicas. Por este medio, las formas tradi-cionales se ven cada vez más sometidas a las condi-ciones de la acción instrumental o de la racionalidadestratégica: la organización del trabajo y del tráficoeconómico, la red de transportes, de noticias y de co-municación, las instituciones del derecho privado, ypartiendo de la administración, las instituciones delderecho privado, y partiendo de la administración*de las finanzas, la burocracia estatal. Surge así lainfraestructura de una sociedad bajo la coacción ala modernización. Esta infraestructura se apodera pocoa poco de todos los ámbitos de la vida: de la defensa,del sistema escolar, de la sanidad e incluso de la fa-milia, e impone, lo mismo en la ciudad que en elcampo una urbanización de la forma de vida, esto es,subculturas que enseñan al individuo a poder pasaren cualquier momento de un contexto de interaccióna la actitud que comporta la acción racional conrespecto a fines. Paralela a la presión a la racionalización ejercidadesde abajo corre una coacción a la racionalizacióndesde arriba, pues las tradiciones que legitiman eldominio y orientan la acción, especialmente las inter-pretaciones cosmológicas del mundo, se ven despro-vistas de su carácter vinculante al imponerse los nue-vos criterios de la acción racional con respecto a fines.Lo que Max Weber llamaba secularización tiene, aeste nivel de generalización, tres aspectos. Las imá-genes del mundo y las objetivaciones tradicionales1) pierden su poder y su vigencia como mito, comoreligión pública, como rito tradicional, como metafí-sica legitimante, como tradición incuestionada. En * Sic. Se trata de un error en la edición impresa [N. de E. digital.] 78
  28. 28. lugar de eso 2) quedan transformadas en conviccionesy éticas subjetivas, que aseguran el carácter vinculante,en términos privados, de las modernas orientacionesde valor («ética protestante»), y 3) son reestructuradasen construcciones que proporcionan las dos cosas si-guientes: una crítica de la tradición y una reorgani-zación del material de la tradición así liberado, deacuerdo con los principios del tráfico jurídico formaly del intercambio de equivalentes (derecho natural ra-cional). Las legitimaciones resquebrajadas son sus-tituidas por otras nuevas, que, por uña parte, nacende la crítica a la dogmática de las interpretacionestradicionales del mundo y pretenden por tanto tenerun carácter científico, y que, por otra, mantienen fun-ciones legitimatorias, poniendo así a las relaciones depoder existentes a resguardo tanto del análisis comode la conciencia pública. Sólo así surgen las ideologíasen sentido estricto: sustituyen a las legitimaciones tra-dicionales del dominio al presentarse con la preten-sión de ciencia moderna y justificarse a partir de lacrítica a las ideologías. Las ideologías son coetáneasde la crítica ideológica. En este sentido no puede haberideologías «preburguesas». La ciencia moderna asume en este contexto unafunción peculiar. A diferencia de las ciencias filosóficasde viejo cuño, las ciencias experimentales modernasvienen desarrollándose desde los días de Galileo en unmarco metodológico de referencia que refleja el puntode vista trascendental de la posible disposición téc-nica. Las ciencias modernas generan por ello un saber,que por su forma (no por su intención subjetiva) es unsaber técnicamente utilizable, si bien, en general, lasoportunidades de aplicación sólo se dieron posterior-mente. Hasta fines del siglo XIX no se registra unainterdependencia de ciencia y técnica. Hasta entonces 79
  29. 29. la ciencia moderna no contribuyó a la aceleracióndel desarrollo técnico y, por tanto, tampoco a la pre-sión racionalizadora que se ejerce desde abajo. Suaportación al proceso de modernización es más bienindirecta. La física moderna es objeto de una lecturafilosófica, que interpreta a la naturaleza y a la sociedaden complementariedad con las ciencias naturales; lafísica moderna indujo, por así decirlo, la imagen me-canicista del mundo del siglo XVII. En este marco seemprendió la reconstrucción del derecho natural clá-sico. Este derecho natural moderno fue el fundamentode las revoluciones burguesas de los siglos XVII, XVIIIy XIX, por medio de las cuales las viejas legitimacionesdel poder fueron definitivamente destruidas15. V Para mediados del siglo XIX la forma de produccióncapitalista se había impuesto en Inglaterra y en Franciahasta el punto de que Marx podía reconocer el marcoinstitucional de la sociedad en las relaciones de pro-ducción y al mismo tiempo podía criticar el funda-mento legitimatorio que representaba el intercambiode equivalentes; Marx llevó a cabo la crítica de laideología burguesa en forma de economía política.: suteoría del valor–trabajo destruyó la apariencia de lalibertad con la que la institución jurídica del librecontrato de trabajo había hecho irreconocible la vio-lencia social subyacente a la relación de trabajoasalariado. Lo que Marcuse critica a Max Weber esque éste, sin prestar atención a la idea de Marx, seatiene a un concepto abstracto de «racionalización» 15 Cfr. J. Habermas, «Naturrecht und Revolution», en Theorieund Praxis 2, Neuwied, 1967. 80
  30. 30. que no desvela sino que vuelve a ocultar una vez máslo específico que hay de clase en esa adaptación delmarco institucional al progreso de los subsistemas deacción racional con respecto a fines. Marcuse sabeque el análisis marxiano no puede aplicarse ya sinmás a la sociedad del capitalismo tardío, que es la queMax Weber tenía ya a la vista. Pero utilizando comoejemplo el análisis de Max Weber lo que quiere esmostrar que la evolución de la sociedad moderna enel marco de un capitalismo regulado por el Estado nopuede ser comprendida adecuadamente si antes no hasido traído a concepto el capitalismo liberal. Desde el último cuarto del siglo XIX se hacen notaren los países capitalistas avanzados dos tendenciasevolutivas: 1) un incremento de la actividad interven-cionista del Estado, tendente a asegurar la estabilidaddel sistema, y 2) una creciente interdependencia deinvestigación y técnica, que convierte a las ciencias enla primera fuerza productiva. Ambas tendencias des-truyen esa constelación de marco institucional y sub-sistemas de acción racional con respecto a fines quecaracteriza al capitalismo de tipo liberal. Ya no secumplen determinadas condiciones para la aplicaciónde la economía política en la versión que Marx lehabía dado, no sin razón, al centrar su análisis en elcapitalismo liberal. A mi juicio, la tesis fundamentalde Marcuse de que la ciencia y la técnica cumplentambién hoy funciones de legitimación del dominionos proporciona la clave para analizar esa nueva cons-telación. La regulación a largo plazo del proceso económicopor la intervención del Estado se produce como unareacción frente a las amenazas que representan parael sistema las disfuncionalidades del proceso econó-mico capitalista cuando queda abandonado a sí mis- 81
  31. 31. mo, cuya evolución efectiva estaba manifiestamenteen contradicción con su propia idea de una sociedadcivil que se emancipa del dominio y neutraliza elpoder. La ideología básica del intercambio justo queMarx había desenmascarado teóricamente, se hundiótambién en la práctica. La forma de revalorización delcapital en términos de economía privada sólo pudomantenerse gracias a los correctivos estatales que su-puso una política social y económica estabilizadorádel ciclo económico. El marco institucional de lasociedad se repolitizó. Hoy ya no coincide de formainmediata con las relaciones de producción, es decir,con un orden de derecho privado que asegura eltráfico económico capitalista y con las correspondien-tes garantías generales de orden del Estado burgués.Pero con eso se ha transformado la relación delsistema económico con el sistema de dominio. Lapolítica ya no es solamente un fenómeno superestruc-tural. Y si la sociedad ya no es «autónoma», es decir,ya no se mantiene, autorregulándose, como una esferaque precede y subyace al Estado —que era lo espe-cíficamente nuevo del modo de producción capita-lista—, entonces el Estado y la sociedad ya no seencuentran en la relación que la teoría de Marx habíadefinido como una relación entre base y superestruc-tura. Y si esto es así, tampoco es posible desarrollarya una teoría crítica de la sociedad en la forma exclu-siva de una crítica de la economía política. Pues untipo de análisis, que aísla metódicamente las leyes delmovimiento económico de la sociedad, sólo puede pre-tender captar en sus categorías esenciales el contextode la vida social cuando la política depende de labase económica y no al revés, cuando a esa base hayque considerarla ya como función de la actividad delEstado y de conflictos que se dirimen en la esfera de 82
  32. 32. lo político. La crítica de la economía política era, segúnMarx, teoría de la sociedad burguesa sólo como crí-tica de las ideologías. Pero cuando la ideología deljusto intercambio se desmorona, entonces tampoco elsistema de dominio puede ser ya criticado de formainmediata en las relaciones de producción. Después del desmoronamiento de esa ideología, eldominio político requiere una nueva legitimación.Ahora bien, como el poder ejercido indirectamentea través del proceso de intercambio es controlado asu vez por medio de un dominio preestatalmenteorganizado y estatalmente institucionalizado, la legi-timación no puede ser deducida ya de un orden apo-lítico como son las relaciones de producción. En estesentido vuelve a registrarse esa coacción a la legiti-mación directa que caracterizaba a las sociedades pre-capitalistas. Pero por otra parte el restablecimiento deun dominio inmediatamente político (en la forma tra-dicional de una legitimación basada en la tradicióncultural) es algo que ya no resulta posible. Pues por unlado, esas tradiciones han quedado ya disueltas, y, porotro, en las sociedades capitalistas avanzadas los re-sultados de las luchas de emancipación burguesas con-tra el dominio político inmediato (los derechos funda-mentales del hombre y el mecanismo de las eleccionesgenerales) sólo podrían ser ignorados por completo enperíodos de reacción. Es decir, que la dominación entérminos de democracia formal, propia de los sistemasdel capitalismo regulado por el Estado, se ve ante unanecesidad de legitimación, que ya no puede ser resueltarecurriendo a la forma de las legitimaciones prebur-guesas. De ahí que la ideología del libre cambio quedereemplazada por un programa sustitutorio que se centraen las consecuencias sociales no de la institución delmercado, sino de una actividad estatal que compensa 83
  33. 33. las disfunciones del libre intercambio. Ese programavincula el momento de la ideología burguesa del ren-dimiento individual (no sin que la atribución de statussegún el rendimiento individual queda desplazada delmercado al sistema escolar) con la garantía de unmínimo de bienestar, de la estabilidad en el puesto detrabajo y de la estabilidad de los ingresos. Este pro-grama sustitutorio obliga al sistema de dominio a man-tener las condiciones de estabilidad de un sistemaglobal que garantiza la seguridad social y las opor-tunidades de promoción personal y a prevenir losriesgos del crecimiento. Esto exige un espacio de ma-nipulación para intervenciones del Estado que al pre-cio ciertamente del recorte de las instituciones delderecho privado, aseguran, sin embargo, la forma pri-vada de la revalorización del capital y vinculan a estaforma el asentimiento de la masa de la población. En la medida en que la actividad estatal se enderezaa la estabilidad y crecimiento del sistema económico,la política adopta un peculiar carácter negativo : el.objetivo de la política es la prevención de las disfun-cionalidades y la evitación de riesgos que pudieranamenazar al sistema, es decir, la política no se orientaa la realización de fines prácticos, sino a la resoluciónde cuestiones técnicas. Sobre esto ha llamado la aten-ción Claus Offe en su comunicación al congreso na-cional de sociología celebrado este año en Francfort:«En esta estructura de las relaciones entre economíay Estado, la “política” degenera en una actividad quese atiene a los numerosos “imperativos de evitación”que vuelven a plantearse una y otra vez; en esta situa-ción la masa de información proveniente de las dis-tintas ciencias sociales que desemboca en el sistemapolítico permite tanto prever con tiempo cuáles puedenser las zonas de riesgo como el tratamiento de las 84
  34. 34. amenazas actuales. Lo nuevo en esta estructura es...que los riesgos que amenazan la estabilidad, implícitosen el mecanismo de la revalorización privada del ca-pital en mercados altamente organizados, pero riesgosen definitiva manipulables, delinean y predefinen eltipo de acciones preventivas que van a ser aceptadasmientras puedan ser puestas en consonancia con laoferta de legitimación existente (esto es, con el pro-grama sustitutorio)»16. Offe se da cuenta de que, en virtud de esta orienta-ción a la acción preventiva, la actividad estatal se res-tringe a tareas–técnicas resolubles administrativamen-te, de forma que las cuestiones prácticas quedan fuera.Los contenidos prácticos quedan eliminados. La vieja po-lítica, aunque sólo fuera por la forma que tenía la legiti-mación del dominio, se veía obligada a definirse enrelación con fines prácticos: las interpretaciones de la«vida feliz» se referían a relaciones de interacción,cosa que puede afirmarse todavía de la ideología de la«sociedad civil». Por el contrario, el programa sustitu-torio hoy dominante se endereza sólo al funciona-miento de un sistema regulado. Excluye las cuestionesprácticas y con ello la discusión sobre criterios quesólo podrían ser materia de una formación democrá-tica de la voluntad política. La solución de tareastécnicas no está referida a la discusión pública, ya quelo único que ésta haría sería problematizar las con-diciones marginales del sistema dentro de las cualeslas tareas de la actividad estatal se presentan comotécnicas. La nueva política del intervencionismo estatalexige por eso una despolitización de la masa de lapoblación. Y en la medida en que quedan excluidas las 16 C. Offe, «Zur Klassentheorie und Herrschaftsstruktur imstaatlich regulierten Kapitalismus» (manuscrito). 85
  35. 35. cuestiones prácticas, queda también sin funciones laopinión pública política. En cualquier caso, el marcoinstitucional de la sociedad sigue siendo todavía algoque no se identifica con los subsistemas de acciónracional con respecto a fines. Su organización siguesiendo una cuestión de la práctica ligada a la comu-nicación, y no solamente un problema técnico, aunquela técnica sea de cuño científico. De ahí que la suspen-sión de las cuestiones prácticas que lleva aneja la nuevaforma de dominación política sea algo que no resultacomprensible sin más. El programa sustitutorio legiti-mador del dominio deja sin cubrir una decisiva ne-cesidad de legitimación: ¿Cómo hacer plausible la des-politización de las masas a estas mismas masas?Marcuse podría responder: en este punto la cienciay la técnica adoptan también el papel de una ideología. VI Desde fines del siglo XIX se impone cada vez conmás fuerza la otra tendencia evolutiva que caracterizaal capitalismo tardío: la de la cientifización de latécnica. Siempre se ha registrado en el capitalismo unapresión institucional a elevar la productividad del tra-bajo por medio de la introducción de nuevas técnicas.Pero las innovaciones dependían de inventos esporá-dicos, que, por su parte, podían ciertamente estarinducidos económicamente, pero que no tenían uncarácter organizado. Pero esto ha variado en la me-dida en que el progreso científico y el progreso técnicohan quedado asociados y se alimentan mutuamente.Con la investigación industrial a gran escala, la ciencia,la técnica y la revalorización del capital confluyen en 86
  36. 36. un único sistema. Mientras tanto esa investigaciónindustrial ha quedado asociada además con la investi-gación nacida de los encargos del Estado, que fomen-tan ante todo el progreso técnico y científico en elámbito de la producción de armamentos; y de ahífluyen informaciones a los ámbitos de la produccióncivil de bienes. De este modo, la ciencia y la técnica seconvierten en la primera fuerza productiva, y con ello,caen las condiciones de aplicación de la teoría delvalor trabajo de Marx. Pues ya no tiene sentido com-putar las aportaciones al capital debidas a las inver-siones en investigación y desarrollo, sobre la base delvalor de la fuerza de trabajo no cualificada (simple) si,como es el caso, el progreso técnico y científico se haconvertido en una fuente independiente de plusvalíafrente a la fuente de plusvalía que es la única queMarx toma en consideración: la fuerza de trabajo delos productores inmediatos tiene cada vez menos im-portancia17. Mientras las fuerzas productivas dependían de ma-nera intuitiva y evidente de las decisiones racionalesy de la acción instrumental de los hombres que pro-ducían en sociedad, podían ser entendidas como unpotencial de creciente disposición técnica, pero no po-dían ser confundidas con el marco institucional en elque estaban insertas. Sin embargo, con el progresotécnico y científico el potencial de las fuerzas pro-ductivas ha adoptado una forma que hace que en lamisma conciencia de los hombres el dualismo de trabajoy de interacción pase a un segundo plano. Ciertamente que lo mismo antes que ahora son losintereses sociales los que determinan la dirección, lasfunciones y la velocidad del progreso técnico. Pero 17 E. Löbl, Geistige Arbeit–die wahre Quelle des Reichtums. 1968. 87
  37. 37. estos intereses definen al sistema social tan como untodo, que vienen a coincidir con el interés por elmantenimiento del sistema. La forma privada de larevalorización del capital y la clave de distribuciónde las compensaciones sociales que aseguran el asen-timiento de la población, permanecen como tales sus-traídas a la discusión. Como variable independienteaparece entonces un progreso cuasi–autónomo de laciencia y de la técnica, del que de hecho depende la otravariable más importante del sistema, es decir, el pro-greso económico. El resultado es una perspectiva en laque la evolución del sistema social parece estar de-terminada por la lógica del progreso científico y téc-nico. La legalidad inmanente de este progreso es laque parece producir las coacciones materiales concre-tas a las que ha de ajustarse una política orientadaa satisfacer necesidades funcionales. Y cuando estaapariencia se ha impuesto con eficacia, entonces elrecurso propagandístico al papel de la ciencia y de latécnica puede explicar y legitimar por qué en las so-ciedades modernas ha perdido sus funciones una for-mación democrática de la voluntad política en rela-ción con las cuestiones prácticas y puede ser sustituidapor decisiones plebiscitarias relativas a los equiposalternativos de administradores. A nivel científico,esta tesis de la tecnocracia ha recibido distintas ver-siones18. Pero a mi entender, es mucho más impor-tante el que esa tesis haya podido penetrar comoideología de fondo en la conciencia de la masa despo-litizada de la población y desarrollan su fuerza legiti- 18 Cfr. H. Scheisky, Dar Mensch in der technischen Zivilisation,1961; J. Ellul, The Technologie al Society. New York. 1964, y A.Gehlen, «Über kulturelle Kristallisationen», en Studien zur Anthro-pologie. 1963; del mismo, «Über kulturelle Evolution», en DiePhilosophie und die Frage nach dem Fortschritt. 1964. 88
  38. 38. matoria19. El rendimiento peculiar de esta ideologíaconsiste en que disocia la autocomprensión de la socie-dad del sistema de referencia de la acción comunicativay de los conceptos de la interacción simbólicamentemediada y los sustituye por un modelo científico. Enla misma medida, la autocomprensión culturalmentedeterminada de un mundo social de la vida quedasustituida por la autocosificación de los hombresbajo las categorías de la acción racional con respectoa fines y del comportamiento adaptativo. El modelo conforme al cual habría de llevarse a cabouna reconstrucción planificada de la sociedad estátomado de la investigación de sistemas. En principioes posible entender a empresas y a organizacionesparticulares y también a subsistemas políticos y eco-nómicos y a sistemas sociales en su conjunto segúnel modelo de sistemas autorregulados. Ciertamente quees muy distinta que el marco de referencia cibernéticose emplee con fines analíticos o que, ajustándonos aeste modelo, tratemos de organizar un sistema socialdado como sistema hombre–máquina. Pero esta trans-ferencia del modelo analítico al nivel de la organiza-ción social está ya contenida en el planteamiento mis-mo de la investigación de sistemas. Y de atenernosa esta intención de una estabilización de los sistemassociales análoga a la estabilización que representa laprogramación instintual, resulta la peculiar perspec-tiva de que la estructura de uno de los dos tipos deacción, es decir, la estructura del circulo funcional de laacción racional con respecto a fines, no solamente man-tiene un predominio frente al marco institucional, sino 19 No existen, que yo sepa, investigaciones empíricas que serefieran específicamente a la difusión de esta ideología de fondo.Nos vemos pues obligados a hacer extrapolaciones a partir deotros resultados de las encuestas. 89
  39. 39. que va absorbiendo poco a poco a la acción comu-nicativa en tanto que tal. Y si con Arnold Gehlenconsideramos que la lógica inmanente de la evolucióntécnica estriba en que el circulo funcional de la acciónracional con respecto a fines queda disociado pro-gresivamente del sustrato del organismo humano yqueda proyectado al nivel de las máquinas, entoncesesa intención que alimenta la tecnocracia puede serconsiderada como la última etapa de esa evolución. Sise consigue simular a nivel de los sistemas sociales a laestructura de la acción racional con respecto a fines,el hombre no sólo podría ya, en tanto que homo faber,objetivarse íntegramente a sí mismo por primera vezy enfrentarse a sus propios productos autonomizados,sino que también podría quedar integrado a su propioaparato técnico como homo fabricatus. El marco insti-tucional, que hasta ahora se había sustentado en otrotipo de acción, quedaría a su vez, según esta idea,absorbido en los subsistemas de acción racional conrespecto a fines que están insertos en él. Ciertamente que esta intención tecnocrática no estárealizada en ninguna parte ni tan siquiera en sus pasosiniciales, pero por un fado sirve como ideología parauna política dirigida a la resolución de tareas técnicasque pone entre paréntesis las cuestiones prácticas y, porotra, responde en cualquier caso a ciertas tendenciasevolutivas que pueden llevar a una lenta erosión delo que hemos llamado marco institucional. El dominiomanifiesto de un Estado autoritario se ve reemplazadopor las coacciones manipulativas de una administra-ción técnico–operativa. La implantación moral de unorden sancionado, y con ello de la acción comunica-tiva, que se orienta de conformidad con un sentidoarticulado lingüísticamente y que presupone la interio-rización de normas, se ve disuelta, cada vez con más 90
  40. 40. amplitud, por formas de comportamiento condiciona-do, mientras que las grandes organizaciones como talesse presentan cada vez más con la estructura de la acciónracional con respecto a fines. Las sociedades industria-les avanzadas parecen aproximarse a un tipo de controldel comportamiento dirigido más bien por estímulosexternos que por normas. La reacción indirecta porestímulos condicionados ha aumentado sobre todo enlos ámbitos de aparente libertad subjetiva (compor-tamiento electoral, consumo y tiempo libre). La signa-tura psicosocial de la época se caracteriza menos por lapersonalidad autoritaria que por la desestructuracióndel superego. Pero este incremento del comportamientoadaptativo es sólo el reverso de la continua erosión dela esfera de la interacción mediada lingüísticamente,bajo la presión de la estructura de la acción racionalcon respecto a fines. A esto responde, subjetivamente,que la diferencia entre acción racional con respectoa fines e interacción no solamente desaparezca de laconciencia de las ciencias del hombre, sino tambiénde la conciencia de los hombres mismos. La fuerzaideológica de la conciencia tecnocrática queda de-mostrada precisamente en el encubrimiento que pro-duce de esa diferencia. VII Como consecuencia de las dos tendencias evolutivasdichas, la sociedad capitalista ha cambiado de talforma que dos de las categorías claves del pensa-miento de Marx, a saber, la de lucha de clases y la deideología ya no pueden ser aplicadas sin más. La lucha de clases sociales sólo pudo constituirsecomo tal sobre la base de la forma de producción 91
  41. 41. capitalista, dando lugar con ello a una situaciónobjetiva, desde la que, en una visión retrospectiva,podía ser reconocida la estructura de clases de la so-ciedad tradicional, organizada de forma inmediata entérminos políticos. El capitalismo regulado por el Es-tado, que surge como una reacción a las amenazas querepresentaba para el sistema el antagonismo abierto delas clases, acalla ese conflicto de clases. El sistema delcapitalismo tardío está hasta tal punto determinadopor una política de compensaciones que asegura lalealtad de las masas dependientes del trabajo, lo quesignifica, por una política de evitación del conflicto, quees precisamente ese conflicto, que sigue inscrito en laestructura misma de la sociedad con la revalorizacióndel capital en términos de economía privada, el quecon más probabilidad va a quedar en estado delatencia. Decrece frente a otros conflictos, que cierta-mente están asimismo determinados por la forma deproducción, pero que no pueden adoptar ya la formade conflictos de clase. En la comunicación menciona-da, Claus Offe se refiere a la paradójica situaciónconsistente en que los conflictos en torno a interesessociales se desatan con tanta mayor probabilidadcuanto menores son las consecuencias que en términosde amenazas al sistema tiene la violación de esosintereses. Fuentes potenciales de conflicto son las ne-cesidades que quedan en la periferia del ámbito de laacción estatal, ya que están alejadas del conflicto cen-tral al que se mantiene en estado latente, y por esono se les da prioridad en los procedimientos de pre-vención de riesgos. Esas necesidades dan lugar a con-flictos en la medida que la distribución no equilibradade las intervenciones del Estado genera ámbitos retra-sados en lo que al desarrollo se refiere, con las con-siguientes tensiones que nacen de las disparidades 92
  42. 42. así creadas: «La disparidad en el desarrollo de losdistintos ámbitos de la vida se hace visible sobre todocuando se compara el nivel institucionalizado de hechocon el nivel posible de desarrollo técnico y social: ladesproporción entre los modernísimos aparatos deproducción y de defensa y el estancamiento en laorganización de los sistemas de intercambio, sanidady educación es un conocido ejemplo tanto de la dis-paridad en los distintos ámbitos de la vida como dela contradicción entre la planificación y regulaciónracionales de la política fiscal y financiera y la evo-lución salvaje de ciudades y regiones. A estas contra-dicciones no se las puede interpretar ya adecua-damente como antagonismos entre clases, pero sícomo resultados del proceso de revaluación privadadel capital, dominante lo mismo antes que ahora y deuna relación de clases específicamente capitalista: losintereses predominantes son aquellos que, sin ser loca-lizables de una manera unívoca, si que están en si-tuación, en virtud de la mecánica establecida de laeconomía capitalista, de reaccionar a la violación delas condiciones de estabilidad con la generación deriesgos relevantes». Los intereses tendentes ahora al mantenimiento dela forma de producción ya no son «unívocamente lo-calizables» dentro del sistema como intereses de clase.Pues precisamente un sistema de dominación que seendereza a la evitación de los peligros que amenazanal sistema, excluye un ejercicio del «dominio», biensea como dominio político, bien sea como dominiosocial mediado por la economía, que pudiera provocarque un sujeto de clase se enfrentara a otro comogrupo especificable. Esto no comporta una cancelación, pero sí unalatencia de los conflictos de clase. Siguen subsistiendo 93
  43. 43. todavía diferencias específicamente derivables de la es-tructura de clases, en la forma de tradiciones sub-culturales y sus correspondientes diferencias no sólode nivel de vida y de costumbres, sino también deactitudes políticas. A esto hay que añadir la probabi-lidad socioestructuralmente condicionada, de que laclase de los asalariados se vea más duramente afec-tada por las disparidades sociales que otros grupos.Y finalmente, el interés generalizado por el manteni-miento del sistema sigue teniendo todavía hoy una es-tructura de privilegios a nivel de las oportunidadesinmediatas que ofrece la vida: el concepto de un in-terés por completo autonomizado frente a los sujetosvivientes debería cancelarse a sí mismo. Pero el do-minio político en el capitalismo de regulación es-tatal ha asumido en sí, con la prevención de lospeligros que amenazan al sistema, un interés porel mantenimiento de la fachada distributiva compen-satoria, interés que trasciende los límites latentes declases. Por otra parte, el desplazamiento de las zonas deconflicto de los límites de clase a los ámbitos sub-privilegiados de la vida, no significa en modo algunoque no existan graves potenciales de conflicto. Comodemuestra el caso extremo de los conflictos racialesen USA en determinados ámbitos y grupos puedeacumularse tal cantidad de consecuencias de las dispa-ridades sociales, que lleguen a producirse explosionesque se asemejen a guerras civiles. Pero si no conectancon potenciales de protesta de otra proveniencia, losconflictos que surgen de tales situaciones de subprivi-legio se caracterizan porque, como mucho, pueden po-ner al sistema en el brete de responder con reaccionesque ya no son compatibles con la democracia formal,pero, propiamente, no pueden subvertirlo. Pues los 94
  44. 44. grupos subprivilegiados no son clases sociales. Tam-poco representan potencialmente nunca a la masa dela población. Su privación de derechos y su paupe-rización no coincide con la explotación, ya que elel sistema no vive de su trabajo. En todo caso, puedenrepresentar una fase pasada de la explotación. Perolas aspiraciones que legítimamente sustentan, no laspueden hacer valer amenazando con retirar su coo-peración; por eso mantienen un carácter apelativo otestimonial. La desatención de que a largo plazo sonobjeto sus aspiraciones, puede llevar a los grupos sub-privilegiados a reaccionar en casos extremos con des-trucciones y autodestrucciones. Pero a estas explo-siones en forma de guerra civil le faltan, sin embargo,las perspectivas del éxito revolucionario de la luchade clases, mientras no se produzcan coaliciones congrupos privilegiados. Con una serie de restricciones parece que este mo-delo puede aplicarse incluso a las relaciones entre lassociedades capitalistas avanzadas y lo que en otrotiempo fueron sus dominios coloniales. También aquíla creciente disparidad tiene como consecuencia unaforma de subprivilegio, que en el futuro cada vezserá menos posible entenderla en categorías de explo-tación. Ciertamente que a este nivel los intereses eco-nómicos se ven reemplazados por los inmediatamentemilitares. Sea como fuere, en la sociedad del capitalismo tar-dío, los grupos subprivilegiados y los grupos privile-giados, en la medida en que los límites del subprivi-legio siguen siendo específicos de grupos y no correntransversalmente separando a categorías enteras de lapoblación, ya no pueden enfrentarse como clases socio-económicas. Con esto queda mediatizada una relaciónfundamental que se ha dado en todas las sociedades 95
  45. 45. tradicionales y que emerge como tal en el capitalismoliberal: la del antagonismo de clase entre oponentesque se encuentran en una relación institucionalizadade dominio, de explotación económica y de opresiónpolítica, relación en la que la comunicación está tandistorsionada y restringida, que las legitimaciones queocultan ese hecho ideológicamente no pueden ser pues-tas en cuestión. La totalidad ética que describe Hegelde un contexto de la vida que se ve desgarrado porel hecho de que un oponente no satisface en términosde reciprocidad las necesidades del otro, ya no cons-tituye un modelo adecuado para la mediatizada rela-ción de clases en el capitalismo de organización. Laacallada dialéctica de lo ético genera la peculiar apa-riencia de una post–historia. Y la razón es que unrelativo crecimiento de las fuerzas productivas ya norepresenta eo ipso un potencial excedente con conse-cuencias emancipatorias, en virtud de las cuales laslegitimaciones del orden de dominación vigente pu-dieran empezar a desmoronarse. Pues ahora, la pri-mera fuerza productiva: el progreso científico–técnicosometido a control, se convierte él mismo en fun-damento de la legitimación. Esta nueva forma de le-gitimación ha perdido, sin embargo, la vieja formade ideología. La conciencia tecnocrática es, por una parte, menosideológica que todas las ideologías precedentes; puesno tiene el poder opaco de una ofuscación que sóloaparenta, sin llevarla a efecto, una satisfacción de inte-reses. Pero por otra parte, la ideología de fondo, másbien vidriosa, dominante hoy, que convierte en fetichea la ciencia, es más irresistible que las ideologíasde viejo cuño, ya que con la eliminación de las cuestio-nes prácticas no solamente justifica el interés parcialde dominio de una determinada clase y reprime la 96
  46. 46. necesidad parcial de emancipación por parte de otraclase, sino que afecta al interés emancipatorio comotal de la especie. La conciencia tecnocrática no es una fantasía desi-derativa racionalizada, no es una «ilusión» en el sen-tido de Freud, en la que o bien se representa o sobrela que se construye o fundamenta una trama derelaciones de interacción. Todavía las ideologías bur-guesas podían ser reducidas a la figura fundamentalde la interacción justa y libre de dominio, y satisfactoriapara ambas partes. Precisamente ellas cumplían los cri-terios de una proyección desiderativa y de una satis-facción sustitutoria de deseos sobre la base de unacomunicación de tal modo restringida por represiones,que, con la relación de capital, ya no podía ser llamadapor su nombre la relación de poder que instituía enotro tiempo la base institucional de la sociedad. Lacausalidad de los símbolos escindidos y de los motivosinconscientes, que da lugar tanto a la falsa concienciacomo a la fuerza de la reflexión a la que se debe lacrítica de las ideologías, no subyace ya, empero, de lamisma forma a la conciencia tecnocrática. Esta ofrecemenos flancos a la reflexión, puesto que no es ya sola-mente ideología: Pues ya no expresa una proyección dela «vida feliz», que aunque no pretendiera identificarsecon la «realidad mala», sí que pudiera ponerse almenos en una conexión satisfactoria con ella. Cierta-mente que lo mismo la nueva ideología que la viejasirven para impedir la tematización de los funda-mentos sobre los que está organizada la vida social.En otro tiempo era el poder social el que subyacía deforma inmediata a la relación entre capitalistas y tra-bajadores; hoy son las condiciones estructurales lasque definen de antemano las tareas del mantenimientodel sistema; a saber: la forma en términos de economía 97
  47. 47. privada de la revalorización del capital y una formapolítica de la distribución de las compensacionessociales que asegura el asentimiento de las masas. Perohay dos aspectos en los que se distinguen la nuevay la vieja ideología. Por un lado la relación de capital, precisamente portener que ir asociada a una forma política de distri-bución que garantice la lealtad, no es hoy ya funda-mento de una explotación y opresión irrectificables.La virtualización del persistente antagonismo de clasespresupone que la represión que le subyace ha emergidohistóricamente en la conciencia y que, después, ha sidoestabilizado de forma modificada como propiedad delsistema. La conciencia tecnocrática no puede por ellobasarse en una represión colectiva de la misma formaque lo hacían las viejas ideologías. Pero, por otro, lalealtad de las masas sólo puede obtenerse por mediode compensaciones destinadas a la satisfacción de ne-cesidades frivolizadas. La interpretación de las realiza-ciones en las que el sistema encuentra su justificaciónno puede, por principio, ser política. Se refiere inme-diatamente a oportunidades de ingresos monetariosque se mantienen neutrales en lo que atañe a lautilización de los mismos, y de tiempo libre, y, me-diatamente, a la justificación tecnocrática de la exclu-sión de las cuestiones prácticas. De ahí que la nuevaideología se distinga de las antiguas en que a los cri-terios de justificación los disocia de la organizaciónde la convivencia, esto es, de la regulación normativade las interacciones, y en ese sentido los despolitiza;y en lugar de eso los vincula a las funciones delsistema de acción racional con respecto a fines que sesupone en cada caso. En la conciencia tecnocrática no se refleja el mo-vimiento de una totalidad ética, sino la represión de 98
  48. 48. la «eticidad» como categoría de la vida. La concienciapositivista imperante abole el sistema de referencia dela interacción en el medio del lenguaje ordinario, sis-tema en el que el dominio y la ideología surgen bajolas condiciones de una distorsión de la comunicacióny en el que también pueden ser penetrados por lareflexión. La despolitización de la masa de la pobla-ción, que viene legitimada por la conciencia tecnocrá-tica, es al mismo tiempo una objetivación de los hom-bres en categorías tanto de la acción racional conrespecto a fines como del comportamiento adaptativo:los modelos cosificados de la ciencia transmigranal mundo sociocultural de la vida y obtienen allíun poder objetivo sobre la autocomprensión. El nú-cleo ideológico de esta conciencia es la eliminaciónde la diferencia, entre práctica y técnica —un reflejo,que no concepto, de la nueva constelación que seproduce entre el marco institucional depotenciado ylos sistemas autonomizados de la acción racionalcon respecto a fines. La conciencia tecnocrática viola con ello un interésque es inherente a una de las dos condicionesfundamentales de nuestra existencia cultural: al len-guaje, o más exactamente, a una forma de sociali-zación e individuación determinadas por la comunica-ción en el medio del lenguaje ordinario. Este interésse extiende tanto al mantenimiento de una intersub-jetividad de la comprensión como al establecimientode una comunicación libre de dominio. La concienciatecnocrática hace desaparecer este interés prácticotras el interés por la ampliación de nuestro poder dedisposición técnica. La reflexión que está exigiendoesta nueva ideología tiene que remontarse por detrásde un interés de clase determinado históricamente ysacar a la luz el complejo de intereses que como tal 99
  49. 49. caracteriza a una especie que se constituye a sí mis-ma20. VIII Si se confirmara esta relativización del ámbito deaplicación del concepto de ideología y de la teoríade las clases, también sería menester reformular elmarco categorial en el que Marx desarrolló los supues-tos fundamentales del materialismo histórico. La cone-xión de fuerzas productivas y relaciones de produccióntendría que ser sustituida por la relación más abs-tracta de trabajo e interacción. Las relaciones de pro-ducción se refieren a un nivel en el que el marco ins-titucional ha estado ciertamente anclado, pero tan sólodurante la fase del despliegue del capitalismo liberal—pero no antes ni tampoco después. Por otra parte,no cabe duda de que las fuerzas productivas, en lasque los sistemas de acción racional con respecto a fi-nes acumulan procesos de aprendizaje organizados,han sido desde el principio el motor de la evoluciónsocial, pero, en contra de lo que Marx supuso, pareceque no en todas las circunstancias representan un po-tencial de liberación ni provocan movimientos eman-cipatorios —en cualquier caso han dejado de provocarlos desde que el incremento continuo de las fuerzasproductivas comenzó a depender de un progresocientífico–técnico que cumple también funciones legi-timadoras del dominio. Tengo la sospecha de que unsistema de referencia desarrollado en términos de larelación análoga, pero más general, de marco institu-cional (interacción) y subsistemas de la acción racionalcon respecto a fines («trabajo» en el sentido amplio 20 «Conocimiento e interés», p. 159 en este volumen. 100
  50. 50. de acción instrumental y estratégica) resulta más ade-cuado para reconstruir el umbral sociocultural de lahistoria de la especie. Algunos indicios abonan la sospecha de que duranteel largo período inicial hasta principios del mesolítico,las acciones racionales con respecto a fines sólo pu-dieron ser motivadas por medio de una vinculaciónritual con las interacciones. Un ámbito profano de sub-sistemas de acción racional con respecto a fines sóloparece haberse diferenciado de las interpretaciones yformas de acción del tráfico comunicativo entre sujetosen las culturas sedentarias que se dedicaban a la cría deanimales y al cultivo de plantas. Y sólo en las condi-ciones que presentan las culturas superiores de unasociedad de clases estatalmente organizada debió po-der producirse una diferenciación tan amplia del traba-jo y la interacción, que los subsistemas dan lugar a unsaber técnicamente utilizable que pudo ser almacenadoy empleado con relativa independencia de las interpre-taciones sociales del mundo; entretanto, las normas so-ciales se separaron de las interpretaciones legitimado-ras del dominio, de forma que la «cultura» obtuvo unacierta autonomía frente a las «instituciones». El umbralde la modernidad vendría entonces caracterizado porese proceso de racionalización que se pone en marchacon la pérdida de la «inatacabilidad» del marco ins-titucional por los subsistemas de acción racional conrespecto a fines. Las legitimaciones tradicionales se ha-cen criticables al ser cotejadas con criterios de laracionalidad propia de las relaciones fin–medio; lasinformaciones provenientes del ámbito del saber téc-nicamente utilizable penetran en las tradiciones y com-piten con ellas, y de esta forma obligan a una re-construcción de las interpretaciones tradicionales delmundo. 101
  51. 51. Nosotros hemos seguido este proceso de «raciona-lización desde arriba» hasta el punto en que la cienciay la técnica mismas, en la forma de una conciencia posi-tivista imperante —articulada como conciencia tecno-crática— asumen el papel de una ideología que sus-tituye a las ideologías burguesas destruidas. Es el puntoa que se llega con la crítica de las ideologías bur-guesas: y aquí es donde radica el origen de esa equi-vocidad en el concepto de racionalización. Esa equi-vocidad fue diagnosticada por Horkheimer y Adornocomo dialéctica de la ilustración, y la tesis de la dia-léctica de la ilustración queda extremada por Marcuseen la tesis de que la ciencia y la técnica se conviertenellas mismas en ideológicas. El modelo de la evolución sociocultural de la especieha estado determinado desde el principio por un cre-ciente poder de disposición técnica sobre las condi-ciones externas de la existencia, por un lado, y, porotro, por una adaptación más o menos pasiva delmarco institucional a la extensión de los subsistemasde la acción racional con respecto a fines. La ac-ción racional con respecto a fines representa la formade adaptación activa que distingue la autoconservacióncolectiva de ¡os sujetos socializados de la conserva-ción característica de las especies animales. Nosotrossabemos cómo someter a control las condiciones fun-damentales de la vida, lo que significa: cómo aco-modar culturalmente el entorno a nuestras necesida-des, en lugar de limitarnos a adaptarnos nosotros a lanaturaleza externa. Por el contrario, los cambios pro-ducidos en el marco institucional, en la medida en quederivan de forma inmediata o de forma mediata denuevas tecnologías o de perfeccionamientos de estra-tegias (en los ámbitos de la producción, del intercam-bio, de la defensa, etc.) no han asumido la misma 102
  52. 52. forma de adaptación activa. Por lo general esas mu-taciones siguen el modelo de una adaptación pasiva.No son el resultado de una acción planificada, ra-cional con respecto a fines y controlada por el éxito,sino producto de una evolución espontánea. Sin em-bargo, esta desproporción entre adaptación activa porun lado y acomodación pasiva por el otro, no pudovenir a la conciencia mientras la dinámica de laevolución capitalista quedó encubierta por las ideolo-gías burguesas. Sólo con la crítica de las ideologíasburguesas aparece esa desproporción abiertamenteante la conciencia. El testimonio más impresionante de esta experienciasigue siendo todavía el Manifiesto Comunista. Marxensalza en encendidos términos el papel revoluciona-rio de la burguesía: «La burguesía no puede existirsin revolucionar permanentemente los instrumentosde producción, y con ello, las relaciones de producción,y por consiguiente, la totalidad de las relacionessociales». Y en otro pasaje: «La burguesía en su ape-nas cien años de dominación de clase ha creadofuerzas productivas más masivas y colosales que todaslas anteriores generaciones juntas. El sometimiento delas fuerzas naturales, la maquinaria, la agricultura, lanavegación a vapor, los ferrocarriles, los telégrafoseléctricos, la apertura y aprovechamiento de regionesenteras del planeta, la navegabilidad de los ríos, po-blaciones enteras como surgidas de debajo de la tie-rra...». Marx se da cuenta también de la repercusiónde todo ello sobre el marco institucional: «Quedandisueltas todas las sólidas relaciones tradicionales consu cohorte de representaciones venerables y todas lasnuevas envejecen antes de que puedan llegar a asentar-se. Todo lo estamental y estable se evapora, todo losanto se desacraliza, y los hombres se ven obligados 103
  53. 53. a mirar descarnadamente sus relaciones reciprocas». A esta desproporción entre adaptación pasiva delmarco institucional y sometimiento activo de la na-turaleza responde también la famosa frase de que loshombres hacen su historia, pero no con voluntad yconciencia. El propósito de la crítica de Marx era lade transformar también esa adaptación secundaria delmarco institucional en una adaptación activa y ponerbajo control el cambio estructural de la sociedadmisma. Con ello habría de quedar superada unafundamental situación de toda la historia transcurridahasta ese momento y quedar consumada la auto-constitución de la especie: el fin de la prehistoria.Pero esta idea era equívoca. Ciertamente que Marx consideró el problema dehacer la historia con voluntad y conciencia como latarea de una dominación práctica de los procesos deevolución social, incontrolados hasta ese momento.Pero otros lo han entendido como una tarea técnica.Quieren poner bajo control a la sociedad de la mismaforma que a la naturaleza, es decir, reconstruyéndolasegún el modelo de los sistemas autorregulados de laacción racional con respecto a fines y del comporta-miento adaptativo. Y esta intención no solamente lapodemos encontrar entre los tecnócratas de la plani-ficación capitalista, sino también entre los tecnócratasdel socialismo burocrático. Sólo que la concienciatecnocrática echa una cortina de humo sobre el hechode que el marco institucional sólo podría ser disueltocomo contexto de interacción mediado por el lenguajeordinario al precio de cancelar la dimensión que másimporta por ser la única accesible a la «humaniza-ción». En el futuro se ampliará notablemente el repertoriode técnicas de control. En la lista que da Herman 104

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