Introducción

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Introducción

  1. 1. Si, el menor lo esperaba. Aguardaba con ansias la llegada de Gabriel. Lo extrañaba, ¿Por qué?Porque el azabache estuvo metido en su trabajo toda la semana. Estaba dando lo mejor de sí, yLevin lo entendía bien, pues su pareja lo hacía para poder pagar su nuevo hogar y todos los lujosque últimamente se estaban dando. Él ahora era empleado de oficina, lo cual era obviamentemenos pagado que su anterior ‘’trabajo’’. Podía regresar a lo anterior cuando quisiera, pero noquería, porque no tenía descansos, no habría nada de tiempo para pasar con su pequeño pelirrojo.Por ello ahora se encontraba a punto de salir del trabajo, donde el jefe era su mejor amigoFrancisco.El menor de los Thompson daba vueltas y vueltas de la habitación a la sala, de vez en cuandomiraba de reojo al reloj. ‘’Quisiera poder adelantar un poco el tiempo’’ se dijo a sí mismo. Cuandodieron las 11:30, se escuchó fuera de la casa un auto estacionándose, seguido de unos pasosrápidos y continuos, pertenecientes a Gabriel. El joven abrió la puerta y, al verlo, saltó hacia él,abrazándolo fuertemente, como no queriéndolo soltar nunca.-¿Me extrañaste amor? –susurró el mayor al oído del otro--Eso es obvio –le responde sonriente-. Claro que si… -esconde su cara sonrojada en el pecho de elde ojos claros--Entremos –dice dándole un beso en la mejilla, luego lo carga y lo lleva directo a la habitación-.Lo depositó con cuidado en la cama y lo besó. Luego lo miró de pies a cabeza y lo abrazótiernamente. Lo amaba demasiado. Sobre todos los errores y lo malo que le hubiese hecho en unpasado, lo amaba. Quería estar junto a él toda su vida, y, tal vez, algún día adoptar un hijo y criarlojuntos. Pensar en cualquiera de esas cosas hacía que su corazón palpitara agitadamente, era algoque lo emocionaba, lo exaltaba, lo llenaba de alegría y gusto.-¿Hay algo que quieras hacer hoy? –le dijo mientras se sentaba junto suyo--Quiero hacer muchas cosas, pero también me gustaría complacerte a ti –dijo Levin mirándolo fijoy sonriendo de lado-. Así que tú dime.-Tengo hambre, y quiero que vayamos a cenar, quiero ver una película y quiero estar contigo todala noche y hacerte mío –dijo sin dejar de mirarlo-.-Pervertido –sonrió y después asintió-. Anda pues, vamos a cenar.-Quiero bañarme antes –dijo y luego se levantó, para empezar a desvestirse-. ¿Tú ya te bañaste?-Bueno, lo hice hace una hora, pero el calor está horrible y he sudado mucho –hizo una mueca dedisgusto-. ¿Me meto contigo?-Sería un placer, Levin –sonríe-. Te ayudaré a desvestirte –se le acerca y le empieza a subir lacamisa, hasta quitársela-. Eres todo lo que pedí en la vida, y más de lo que podía esperar… -lo besalargamente mientras lo sostiene de la cintura-.
  2. 2. -Te amo, y sé que decirte eso no es suficiente… -agacha la cabeza--Es más de lo que crees –sonríe ampliamente y se quita el saco, la corbata y la camisa-. Esta ropaes muy tediosa, no es para mí… -suspira- Extraño mis pantalones de mezclilla –mira su corbata-,además, no me queda nada de esto –hace una mueca-.-Bueno, hoy puedes usar tus pantalones si quieres –se quita sus bermudas, quedando en bóxers--Que bien te vez –suelta con un deje de lujuria-. Tal vez y yo deba hacer lo mismo… -se baja elcierre y se quita de un jalón el pantalón y sus interiores--Te ves raro –ríe mirando que aún llevaba puestos los zapatos con calcetines-. Lo bueno es que yotraigo chanclas.-Rayos… -se sonroja de vergüenza y se quita sus últimas prendas- Es tu culpa… -lo carga y lo lleva albaño--Ahora resulta que el que seas tonto es causado por mi… -hace un mohín--Bueno, ya… -lo mira- Oye, te faltó algo –señala sus bóxers-.-Ah sí… eso –suspira y se los quita con delicadeza-. Ya está.El otro sonríe viendo que el pequeño se asemejaba con una mujer, pero no le dijo nada. Empezó allenar la tina, la cual era demasiado amplia, al igual que el baño y la casa entera.Al haberla llenado, se sienta dentro de ella y se palmea las piernas, indicando al menor que sesentara en ellas. El taheño se sonrojó y lo obedeció, sentándose con cuidado, quedando de frenteal otro y abriendo sus piernas un poco. Luego, le tomó el mentón y lo besó, rodeándole el cuellocon sus brazos, como siempre lo hacía. ‘’Yo sólo tomo lo que es mío’’ pensaba para sí. Era verdad,Gabriel era suyo… Suyo y de nadie más.-Debes haberme extrañado demasiado como para besarme así –dijo el mayor algo sonrientemientras le acariciaba sus mejillas-.Levin asintió muy sonrojado y esbozó una sonrisa tierna. El mayor le empezó a tallar la cabeza conun poco de shampoo, y puso un una pequeña porción de jabón en la tina, presionando un botónpara que hiciera burbujas. Levin gustaba de eso, por ello lo hacía. Le gustaba verlo feliz,complacerlo.El pelirrojo chapoteó un poco, sintiéndose como un niño pequeño en una alberca para infantes.Volvió su cabeza y miró al mayor, quien le sonreía, y no pudo evitar responderle igual. Le talló lacabeza también y luego, con un recipiente chico, le echó agua en la cabeza.-Gabriel, te amo –mira hacia abajo y esboza una sonrisa-.-Te amo también, mi pequeño.
  3. 3. Era verdad. Con lo mucho o poco que dijera, siempre era verdad. Lo amaba demasiado y nuncadejaría de hacerlo. Lo amaría y estaría con él hasta en el momento más difícil. Quería tenerlosiempre, como un pirata codicioso con su tesoro. Eso era Levin, un tesoro. El más valioso quepudiese existir.Gabriel se acercó a besarle el cuello, mordiéndole con un poco de brusquedad. El menor gimoteóun poco, pero eso no importó. El azabache entonces le acarició el pecho con una mano, mientrasque la otra iba y venía en sus muslos y entrepierna.-G-gabriel… no ahora… -suplicó el chico- ¿No sería mejor si lo haces d-después? –le preguntóesbozando una sonrisa nerviosa--Tú mismo te contradices, ¿o acaso no te has dado cuenta? –le susurró al oído, acariciando consuavidad el endurecido miembro del joven--P-para por favor… -dijo mientras se sonrojaba y cerraba los ojos-Entonces se detuvo por un momento. Decidió levantarse y cargarlo, lo tumbó en la cama y se pusosobre él. Volvió a besarle el cuello, subiendo poco a poco hasta llegar a su lóbulo derecho,entonces lo mordió, pero no tanto para lastimarlo. Sus manos se paseaban por el pecho deltaheño, tocándole aquí y allá, pasando por sus botones que, poco a poco, iban endureciéndosetambién.Levin se dejo hacer por él. Ambos lo querían, y tarde, o temprano en este caso, sucedería algo así.Estaba sonrojado y un poco avergonzado, aunque ya lo habían hecho muchas veces. No debía serdiferente, sin embargo lo era.-¿Qué pasa amor? –lo miró desde arriba el de ojos azules- ¿No quieres que lo haga? –dijodeteniéndose--N-no… y-yo… -suspiró y lo vio a los ojos- Y-yo... –desvió la mirada- Ha-hazlo Gabriel… -dijo en algoparecido a un susurro-Por más bajo que lo dijo, Gabriel lo entendió a la perfección. Entonces, continuó acariciándole sucuerpo. Le rozó sus labios con los suyos y después los lamió, para poder introducir su lengua en suboca y besarlo. Una mano le continuaba acariciando el pecho, mientras que con la otra, y conapoyo de sus rodillas, se abrió paso a la entrepierna del joven.Levin le dio un breve vistazo y se sonrojó por lo que sus ojos habían logrado mirar. La erección deGabriel frente a su entrada, y los ojos de su pareja, que hasta ese momento seguían enturbiadosde deseo y placer. Esas cosas lo hicieron sonrojarse mucho más y de golpe, y prefirió volver acerrar los ojos y a mantenerlos así por un tiempo. El otro sonrió de lado ante la entorpecida einocente reacción del más joven y se agachó para darle un beso en la frente. Seguía siendo comoel Levin primerizo, sin importar las veces que hicieran el amor.
  4. 4. -Creo que nunca vas a cambiar –le dijo sonriendo ampliamente y luego le acarició la frente-. Perotal y como eres me encantas.-G-gabriel… eres… eres un sueño –dijo sonriendo, mirándolo al fin-. No tienes idea de lo feliz quesoy cada día contigo…“Ni tú la tienes” se pensó. Le separó más las piernas y se preparó para penetrarle. Verle sonrojadoy saber la razón lo ponían un poco nervioso.“Como la primera vez…” Pensó el otro. “Me siento igual”.-Levin, relájate –dijo sin más y comenzó a introducirse de manera lenta-.El pelirrojo contenía sus gemidos y apretaba sus ojos. Le rodeó el cuello con sus brazos, y sucadera con sus piernas.Poco a poco aumentó las embestidas, y tanto uno como otro trataban de soportarlo. Uno el dolor,y el otro el placer. Ambos lo hicieron hasta acostumbrarse, entonces Gabriel se detuvo paracambiar de posición y sentarse. El turno de moverse se cedió al chico, quien se iba de arriba abajosobre el mayor. Puso sus manos en sus hombros, y empezó a aumentar la velocidad, cada vez másy más.-Lo haces muy bien amor –dijo Gabriel-.-Y-ya casi n-no puedo contenerme –dijo entre gemidos-. C-creo que pronto me vendré…-Yo también –dijo cerrando sus ojos- ¿No habrá problema si…? –dijo, dando una ávida miradahacia abajo-Levin negó con la cabeza, indicándole que podía terminar dentro de él.Parecería que sólo esperaba a que el menor confirmara, pues en cuanto lo hizo, el azabache llegóa su clímax.El otro se vino unos segundos después que él y lo abrazó con fuerza.-Te amo… -susurró al oído de su pareja, viendo sus ojos azules embelesado- ¿Sabes cuánto?-De aquí al cielo… -contestó sonriendo--Ámame de aquí al cielo Gabriel –sonrió besándolo y recargando su cabeza en su pecho-.-Te amaré mucho más que eso –le dijo al oído-. Te lo prometo.

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