Nexos

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Nexos

  1. 1. Lo que está cambiando en la “guerra” contra el narco<br />Dice Joaquín Villalobos (Nexos, agosto de 2010) que basta una “mirada rápida” a los datos sobre víctimas, secuencia y cantidad de los contactos armados, armamento y medios involucrados, extensión de los territorios en disputa y fuerzas policiales y militares comprometidas por aire, mar y tierra, “para concluir que México tiene una guerra”. Creo que en este caso no basta una “mirada rápida” a esos datos para sacar tal conclusión, pues el asunto es de suyo más complejo.<br />1. No todo conflicto armado es guerra. No está en duda que aquí existe un conflicto armado muy violento, y que en su centro está el “valor de ruta” del país para introducir drogas a los Estados Unidos, valor que se disparó cuando losamericanos sellaron la ruta del Caribe para el tráfico marítimo de drogas desde Sudamérica.<br />¿Por qué no es guerra? Porque no responde a la definición internacionalmente aceptada de guerra; no hay declaración de guerra, ni existen bandos contendientes claramente definidos e identificados; por ello tampoco se puede decir que estamos ante una “guerra irregular”, pues ésta también debe reunir determinados requisitos y características. Lo mismo se puede decir del “conflicto de baja intensidad”. No es guerra, además, porque el narco mexicano no está asociado a -ni dominado por- los exangües grupos clandestinos de tendencia extremista, como sí ocurrió en Perú, Colombia, Afganistán y en otros países.<br />Tampoco está en duda que la explotación de esa ruta -más los negocios asociados- han producido cientos de millones de dólares que han generado, a su vez, “unos poderes fácticos criminales con ejércitos privados”. Aquí guerra es una metáfora que alude a la decisión del Ejecutivo Federal de enfrentar a los grupos del crimen organizado “con todo el poder del Estado”; al igual que “ejércitos privados” no se refiere a verdaderos ejércitos, sino a grupos de civiles armados que responden a un mando y se han reclutado por una paga o botín. Añade Villaseñor que estos poderes fácticos criminales se hicieron “dueños de la frontera norte de México y parte de la frontera sur de Estados Unidos”. Pongo en duda la exactitud de las metáforas. En la medida en que han logrado corromper y/o intimidar (plata o plomo) a autoridades de los tres niveles de gobierno, y desplazar a sus competidores, las organizaciones criminales hanhegemonizado territorios y “plazas”, pero no se han adueñado de los mismos, ni siquiera en los momentos de mayor negligencia gubernamental al respecto, aunque sólo sea por el hecho de que siempre hayemisarios de los otros bandos que, mediante denuncias o filtraciones (las narcomantas y los narcoblogs) impiden que se asiente o consolide tal apoderamiento. Un simple cambio de gobierno municipal puede poner en cuestión todo el andamiaje del apoderamiento.<br />Más difícil me resulta aceptar como buena la tesis de que los narcos se hubieranadueñado de “parte de la frontera sur de los Estados Unidos”; Estados Unidos no es Colombia ni Afganistán, digamos.<br />Finalmente, si la guerra es “la continuación de la política por otros medios”, ¿de qué política sería continuación laguerra de Calderón?<br />2. La intervención del Estado. Lo que obligó al Estado a intervenir, como está ampliamente documentado, fue no tanto el sangriento conflicto entre los distintos grupos criminales por dominar rutas de narcotráfico, plazas de narcomenudeo y territorios de pandillas (conflicto que apenas empezaba a desplegarse allá por el 2005) sino la evidencia del avance, hasta entonces más bien soterrado, que algunos grupos del crimen organizado estaban teniendo en entidades como Michoacán o Tamaulipas, gracias en gran medida a la protección institucional que habían logrado comprar.En una entrevista con el ex presidente del gobierno español, José María Aznar, en abril de 2007, el presidente Calderón le confesó que había “calculado erróneamente la profundidad y amplitud de la corrupción en México”, según un cable secreto revelado por el sitio WikiLeaks. Calderón enfatizó entonces que “la influencia del narcotráfico en el país está más allá de toda comprensión”. <br />La intervención del Estado para recuperar el control de determinadas zonas del territorio desató en apariencia los enfrentamientos, transparentó el conflicto y agudizó las contradicciones entre los grupos criminales, coadyuvando tangencialmente al estallido de diversas miniguerras (aquí sí) entre los cárteles mismos, como lo muestra muy vívidamente el libro de Héctor de Mauleón,Marca de Sangre.<br />3. La infiltración. ¿Qué otra cosa evidenció la intervención del Gobierno federal? La penetración del crimen organizado en las instancias de seguridad pública locales, estatales y federales. Las acciones del gobierno federal, y las reacciones del crimen organizado en plazas como Nuevo León, Michoacán, Tamaulipas y Chihuahua; en Ciudad Juárez en particular; pusieron en evidencia algo que se sabía, pero no las dimensiones y profundidad del fenómeno: que muchas estructuras policíacas municipales, buena parte de las estatales, numerosos alcaldes y miembros de ayuntamientos, y eventualmente hasta algunos gobernadores y legisladores, locales y federales, estaban comprados por -o asociados con- unos u otros cárteles del narco. Lo que Calderón ha intentado describir con una metáfora médica: que abrimos al enfermo para operar una apendicitis, y resultó que tenía un cáncer desarrollado, una metástasis. Había entonces que proceder a cortar.<br />Sin olvidar lo que puso de manifiesto la “operación limpieza”, esto es, que la contaminación había llegado a mero arriba, en las instancias superiores de procuración de justicia y de seguridad pública (SSPF y PGR), lo que ha llevado a algunos analistas a señalar que mucha de la inteligencia contra el narco la había proporcionado…el mismo narco. Pero este no es un rasgo exclusivamente mexicano: los grupos de la delincuencia organizada utilizan en todas partes las estructuras del Estado para golpear a sus competidores, y ello desde los tiempos de Al Capone. Ello es así porque, a diferencia del terrorismo, que busca destruir al Estado, el crimen organizado sólo quiere ponerlo a su servicio.<br />4. El peso de las metáforas. Defender la metáfora de la guerra tiene sentido en tanto se trata de legitimar la enorme masa de recursos humanos, armamenticios, materiales y políticos que el gobierno se ha visto obligado a poner sobre la mesa (en los diversos teatros de operaciones), pero es equívoco, y además abre espacio a interpretaciones de filo catastrofista y/o propiciadoras de actitudes intervencionistas, como la que expresa el términonarco-insurgencia, de moda hoy en algunos círculos gubernamentales y académicos norteamericanos (y sus corifeos en México), pero carente en su totalidad de rigor teórico, pues ni los narcos se proponen tomar el poder del Estado por la fuerza, ni están asociados con quienes sí pudieran plantearse este objetivo.<br />Todo lo cual no impide reconocer que estamos ante un conflicto armado de importantes dimensiones y gran impacto mediático, que en efecto amenaza a la seguridad nacional, por sus implicaciones geo-estratégicas (Estado fallido, la multiplicación de presiones estadounidenses, como lo muestran las recientes filtraciones de Wiki-Leaks) y su impacto en la gobernabilidad, en la seguridad de las personas y en el entorno económico (Banxico acaba de reconocer que la violencia está teniendo impacto en el retiro de intenciones de inversión, en particular en las zonas fronterizas del norte del país).<br />5.La estrategia del gobierno. Guerra o no guerra, una cosa es indudable: México (no sólo el gobierno, sino el Estado como tal; es decir, los tres poderes y los tres niveles de gobierno) necesitaba y necesita abatir o capturar capos, desmantelar cárteles, pandillas y estructuras criminales asociadas, para recuperar la autoridad del Estado en todo el territorio y devolverle la tranquilidad a los ciudadanos y esto, como concluye acertadamente Villalobos, “no puede hacerse en poco tiempo y sin sufrir muertos”.<br />En esto coinciden estudiosos serios del problema (como Vanda Felbab-Brown), ex funcionarios extranjeros antinarcóticos (como Robert C. Bonner) y diplomáticos conexpertise en estas materias (el embajador Carlos Pascual), entre otros. Disienten de esta tesis “expertos” delirantes como Edgardo Buscaglia (quien sostiene por sus teóricas pistolas que México es un “Estado mafioso”) o Ignacio Sotelo, (que alegremente anuncia en El País “El desguace del Estado mexicano”) y sus acólitos en los medios, en los partidos de oposición y en el Congreso, quienes a diario proclaman eufóricos la derrota de Calderón ensu guerra, sin hacerse cargo en apariencia de dos consecuencias objetivas de sus deseos: primero, están jugando el juego del narco, que apuesta al cansancio de la sociedad; dos: que la derrota de Calderón es la derrota del Estado mexicano, para el que no hay sustituto. Lo que sigue a esta derrota es la capitulación, con las consecuencias que de ello se derivan y que nadie entre los críticos estaría dispuesto a asumir (por ejemplo, ¿quién quiere una intervención militar directa de los Estados Unidos en territorio mexicano, un Plan Colombia?).<br />Por supuesto que son importantes la política social en las zonas criminógenas, la recuperación de espacios públicos, la prevención sanitaria, los programas de empleo hacia los jóvenes, etcétera; lo que se dado en llamar “restauración del tejido social” y, en perspectiva, la despenalización de las drogas blandas. Asimismo, la paulatina sustitución del ejército y la marina en tareas estrictamente policiacas. Pero estas políticas rinden frutos a mediano y largo plazo, y para entonces, la cosa podría haberse podrido.<br />6. Colombia y la violencia. La extremada violencia de los cárteles en México no tiene precedente, ni siquiera con el caso colombiano. Allá fue un cártel, el de Medellín, encabezado por Pablo Escobar, el que desató las hostilidades contra el Estado colombiano con un objetivo explícito: abolir la extradición de los capos de la droga hacia los Estados Unidos, y otro implícito: someter a sus designios al Estado; curiosamente, Escobar logró su primer objetivo cuando la Asamblea Constituyente (1991) anuló las extradiciones. Después quedó claro que una buena cantidad de los diputados constituyentes colombianos estaban a sueldo de los cárteles, pero eso es otra historia. La ofensiva de Escobar Gaviria contra el Estado colombiano generó originalmente la caracterización, precisamente, de narco-terrorismo.<br />En lo que a México se refiere, no hay precedentes tampoco en el nivel de violencia; como escribe Vanda Felbab-Brown (enForeing Policy at Brookings): “El nivel de violencia presente en México por los últimos dos o tres años es todo menos típico de los mercados ilegales. Tampoco es común en los mercados de drogas. Más bien representa una aberración e indica una gran inestabilidad de mercado”.<br />Para la autora, este nivel de violencia es malo para el negocio de la droga, lo que suena lógico. Deduce que el mercado ilegal en México necesita que emerja un árbitro o ente regulador que imponga orden en beneficio del negocio mismo. Mientras ello ocurre, se muestran ya algunos hechos y tendencias que hablan de que la marea está cambiando.<br />Por su parte, Robert C. Bonner, ex Director de la DEA y ex Comisionado de Aduanas de los Estados Unidos señala, en artículo dedicado más al público norteamericano que a los mexicanos, la necesidad de tener claros los objetivos: en Colombia, dice, “el objetivo era desmantelar y destruir a los cárteles de Cali y Medellín (no evitar el flujo de drogas hacia los EU ni tampoco terminar con su consumo)”. Admite que una vez cumplido aquel objetivo aún persisten traficantes de drogas en Colombia, y la cocaína aún se produce ahí, “pero comparados con los viejos cárteles, los actuales son más pequeños, más fragmentados y menos poderosos” (Foreign Affairs, julio/agosto 2010).<br />Lo más importante –dice- es queya no representan una amenaza para la seguridad nacional de Colombia. Desde la perspectiva de la vigencia del Estado de Derecho, el problema en Colombia es hoy manejable. Los Estados Unidos deben aceptar que el objetivo en México debe ser similar: la destrucción de los grandes cárteles, nada más y nada menos.<br />Pese a que el tsunami mediático ya ha sentenciado de manera inapelable la derrota del gobierno en “la guerra de Calderón contra el narco”, las cosas no son exactamente así. Veamos:<br />7. El debilitamiento de los cárteles. No está claro aún cómo va a terminar la guerra (esta sí) de guerrillas entre los cárteles de la droga, pero ya asoman algunos indicios: el Cártel de Tijuana de los Arellano Félix está en decadencia y no se ven posibilidades de que renazca de sus cenizas.<br />El cártel de los Beltrán Leyva está muy golpeado por la muerte y caída de varios de sus más importantes líderes como Alfredo Beltrán Leyva, El Mochomo; Arturo Beltrán Leyva, El Barbas; Edgar Valdez Villarreal, La Barbie; Sergio Villarreal, el Grande, Gerardo Álvarez Vázquez, el Indio, etcétera; así como por las deserciones y deslindes que estas caídas han propiciado. Para no desaparecer, se han tenido que subsumir con Los Zetas, antiguos rivales.<br />Por su parte, los Zetas y el Cártel del Golfo, enfrascados en una guerra de exterminio, también se han debilitado, como lo muestra la caída del Tony Tormentas (Ezequiel Cárdenas Guillén) y las decenas de sicarios de Los Zetas que últimamente han muerto en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, sobre todo en Tamaulipas y Nuevo León. En el caso de los Zetas testimonios recientes hablan de que no les alcanza para “pagar la nómina”, lo cual se manifiesta en que los nuevos sicarios son producto de una suerte de “leva” (según testimonios, en recientes enfrentamientos contra el ejército, la mitad de los sicarios tiran las armas y salen corriendo; la otra mitad sería elpie veterano, el que aguanta); mientras que otros testimonios hablan de desplazamientos y migraciones internas que indican desorden y desmoralización.<br />Otro grupo criminal que aparentemente ya vio pasar sus mejores días es elCártel de Juárez, que si bien ha resistido el asedio de El Chapo Guzmán, no hay manera de afirmar que se encuentre a la ofensiva. Si es cierto –y muchos datos parecen indicar que sí lo es- que en el círculo más cercano al anterior gobernador, incluido el aparato de procuración de justicia del estado, tenía poderosos protectores; el cambio de mandos en Chihuahua, más una presencia más extensa y acuciosa de las fuerzas federales (PF y Ejército) en la entidad, pueden redundar en un debilitamiento cualitativo deLa Línea. Aquí también noticias recientes hablan deescasez de mano de obra sicaria y la necesidad de buscarla en otros estados, como Veracruz y Guerrero.<br />LaFamilia Michoacana (que es un caso aparte por sus raíces sociales y la mezcla bizarra que hacen de religión, partisanismo y clientelismo) también se ha debilitado, según se desprende de las recientes declaraciones de algunos de sus líderes detenidos, pero igual se muestra cierto debilitamiento en sus peticiones de tregua y en las mantas y anuncios de “autodisolución”. Aunque el poder judicial liberó a la inmensa mayoría de los alcaldes y funcionarios detenidos en el llamadoMichoacanazo, finalmente la operación puso en evidencia la amplitud y la profundidad de la penetración del narco en las instituciones del Estado, para no hablar del reality show del diputado del PRD, Julio César Godoy, captado en furtivo coloquio con su compadre Servando Gómez,La Tuta y salvado, hasta hace poco, por jueces bajo sospecha y por sus colegas legisladores. El desafuero de Godoy Toscano, y la reciente caída en enfrentamiento de Rosario Moreno (a) El Chayo, líder fundador e ideólogo de la Familia, que el gobierno calificó como el golpe más contundente dado a esta organización, seguramente van a acelerar este proceso de descomposición.<br />Por cierto, si en algún lugar se han dado enfrentamientos armados que permiten hablar de “guerra”, ese ha sido Michoacán en el mes de diciembre de 2010, pero sólo en algunos lugares de la entidad, y además pronto se restableció la, digamos, normalidad, por lo que la situación michoacana no puede generalizarse a todo el país.<br />En esta perspectiva, incluso el mismo Joaquín El Chapo Guzmán (el millonario deForbes) no parece tenerlas todas consigo, pues la caída de Ignacio Coronel lastimó en profundidad su estructura y relaciones empresariales.<br />Otro dato que se desprende de trabajos como el de Héctor De Mauleón es que una buena parte de los capos y sicarios, si no la inmensa mayoría, son adictos, y muchas de sus decisiones las están tomando afectados por la persecución, cierto, pero también por los ensueños y paranoias que alienta el uso habitual de drogas (como relató La Barbie: cuando Arturo Beltrán Leyva estaba drogado, “me quería matar”).<br />8. El ethos de la narcoinsurgencia. Más allá de los corridos que cantan las hazañas del Jefe de Jefes o de El Chapo Guzmán, de los narcovideos donde enseñan sus habilidades quirúrgicas, o de las entrevistas reverenciales (como la que le hizoProceso a El Mayo Zambada), no existen muchas referencias a unethos del narco mexicano; ahora, a partir de lo que se ha dado en llamar la Batalla de Apatzingán, han surgido fragmentos de narrativas que ponen las cosas en otra perspectiva. En un comunicado dado a conocer el 13 de diciembre pasado,La Familia Michoacana advirtió que su organización “no involucra a civiles en un negocio que tiene hombría, moral y honor”; al tiempo que pedía una negociación con el gobierno federal que concretara una tregua navideña, La Familia establecía que “nunca hemos matado mujeres y niños inocentes…nosotros ponemos orden donde el abuso y la crueldad han dañado a nuestra familia”. Deslinde de Los Zetas y del gobierno.<br />¿Qué es para La Familia el tráfico de drogas?: Un “negocio inevitable” por las condiciones sociales, económicas y políticas en que surgió, responden sin describirlas. “Nosotros lo que buscamos es sacar a nuestras familias del rezago y la marginación económica, educativa, de servicios, salud, de trabajo digno y bien remunerado, y del subdesarrollo miserable en que durante décadas hemos estado sumergidos”.<br />Quienes así escriben se asumen de algún modo como vengadores del pueblo, de los marginados, pero también como una solución rápida y efectiva frente a la lentitud, morosidad, mentiras y corrupción de “los de arriba”. Lo cierto es que sobre esta base discursiva –más la intimidación, la extorsión, las ejecuciones y secuestros, por un lado; las dádivas, la protección, los compadrazgos, por el otro- es que han extendido su influencia y control territorial, lo que muestra que una política unilateralmente represiva no será suficiente para desarraigar a esta familia protectora, con raíces en el terreno y portadora de un discurso socialmente pegajoso.<br />9. ¿Calcular el golpe o pegar cuando se pueda? Lo que nos lleva a otro polémico punto: que las caídas de los capos “realmente no afectan” a las organizaciones criminales, pues “por cada capo que cae, hay diez esperando y listos a ocupar su lugar”. La frase –repetida hasta el cansancio- revela un desconocimiento total de la dinámica interna y la naturaleza de las organizaciones criminales. Como en cualquier otra organización donde pesan el mérito, la trayectoria, las relaciones, los conocimientos, la confianza y el temple, en los cárteles la curva de aprendizaje es larga, penosa y finalmente determinada por múltiples y azarosos hechos e incidentes. Un Chapo Guzmán, un Benjamín Arellano Félix, o un Amado Carrillo no surgen de la noche a la mañana, los capos no se dan en maceta, ni en México ni en ninguna otra parte.<br />Es imposible saber con certidumbre qué va a pasar al seno de una organización criminal si se detiene o elimina a uno de sus jefes, por lo tanto, ese no puede ser criterio para la inacción; la única certidumbre es que un golpe de cierta magnitud la va a desordenar, a desmoralizar, a poner en riesgo –si no se actúa rápida y eficazmente- de aniquilación. Por lo demás, la autoridad no puede, ni legal ni operativamente, permanecer impasible si tiene la oportunidad de capturar o abatir a uno o más de estos capos.<br />Cito a Bonner: Los Estados Unidos y México deben asumir, dice, una estrategia probada, que es la del “descabezamiento de capos”…”La estrategia requiere atacar cada vulnerabilidad de las organizaciones de traficantes en cada etapa del proceso: descontinuar el flujo de dinero y armas a los cárteles, afectar su capacidad para comprar drogas y precursores químicos, atacar sus redes de distribución, al tiempo que se explotan radicalmente sus vulnerabilidades de comunicación”.<br />10.Las cifras de ejecutados y otros vectores. Después de que la cifra de ejecutados no dejaba de incrementarse desde 2006 (peor, se duplicaba cada 11 meses, según cifras oficiales), desde agosto de este año se ha estabilizado, por así decirlo; las ejecuciones no bajan, cierto, pero tampoco aumentan. Al parecer, empieza a romperse una tendencia general de la llamada guerra contra el narco.<br />Se dice también que los decomisos de droga, dinero y precursores químicos casi no tienen importancia, que su único efecto es aumentar sesgadamente el precio de la droga en las calles de Los Ángeles o Nueva York. Ello tampoco es exacto: todo decomiso importante no sólo despoja de recursos a los cárteles, sino que los hace perder concentración y autoconfianza, afecta sus relaciones internas y externas, aumenta el sospechosismo y las contradicciones y les resta capacidad de operación, como se muestra en el libro “Marca de Sangre”.<br />Un dato cuando menos curioso es que, mientras que en algunos lugares la cifra más alta de homicidios violentos corresponde a ejecuciones (por ejemplo en Ciudad Juárez); en otros, como Tamaulipas, la cifra más alta corresponde a muertes en enfrentamientos, por encima incluso de las ejecuciones. Ello podría deberse a las necesidades de desplazamiento de grupos como Los Zetas, a través de las carreteras para atacar a sus rivales, cobrar cuentas o proteger plazas.<br />11. ¿Pactar con criminales? Ante las voces que insisten en la necesidad de un pacto tácito o explícito con los grupos criminales, la experiencia y la naturaleza de los cárteles mexicanos indica que no es posible dialogar con ellos, por la misma razón que no hay materia de negociación. ¿Qué se va a negociar? ¿Que paren las matanzas? ¿A cambio de qué? Ello no ha sido posible porque el terreno en que miden sus fuerzas, en el que dirimen el choque de sus necesidades de expansión, de sus ambiciones y contradicciones, es precisamente el enfrentamiento y la eliminación física de sus rivales. La lucha por las plazas y las rutas, las venganzas, los ajustes de cuentas, el cobro de piso, las sospechas, las delaciones, son parte sustantiva de su naturaleza, tanto como los narcocorridos, o loscuernos de chivo chapeados en oro y ornados de piedras preciosas.<br />Las cosas están claras: la única manera de no atraer tanto la atención de las fuerzas de seguridad es mediante un comportamiento discreto y, valga la figura, profesional, en su controvertido e ilegal negocio.<br />12. Pérdida de protección institucional. Hasta hoy, los datos corroborables son a) la cooperación internacional (Plan Mérida) en inteligencia afila cada vez más sus instrumentos; b) aumenta la coordinación entre las instancias gubernamentales y de seguridad mexicanas, ya existe una base común de datos de inteligencia; c) Plataforma México está constantemente poniéndose al día, estrechando lo que pudiéramos llamarlas redes de la telaraña (huellas digitales, placas de vehículos, teléfonos, antecedentes penales, retratos hablados, registro de voces); d) nueva legislación antisecuestros, anti lavado de dinero, etcétera, incrementa la capacidad de las instituciones para esta lucha; e) ya se pueden apreciar en diversas entidades y municipios los resultados de la presión federal paralimpiar a las policías municipales y estatales; f) los cárteles están perdiendo notablemente protección institucional y eso dificulta su operación; g) de ahí quizá las acciones desesperadas, como ataques a alcaldes o atentados contra candidatos.<br />No se ve racionalidad en ciertas tácticas de los criminales, no hay lógica que los beneficie en “calentar las plazas”. La implementación del mando único policíaco, con las modificaciones y adecuaciones que aún pueda tener, será un paso más en la dirección de despojar a los cárteles de protección institucional, lo que hará –lenta pero inexorablemente- más precaria su situación.<br />Cada vez más, los mecanismos de control de confianza están dejando de ser aleatorios o arbitrarios para convertirse en parte de los protocolos sustanciales de los cuerpos de seguridad.<br />Todo lo cual despierta un cauto optimismo: no estamos peor que hace algunos años, muchos indicadores apuntalan la idea de que estamos mejor, y ahora todo depende de perseverar en la estrategia adoptada, autocríticamente, cierto, en particular extremando precauciones para no dañar por descuido a la población civil, pero sin desfallecer a mitad del camino, cuando lo más difícil –trazar una estrategia y hacer que el conjunto de las instituciones de seguridad del Estado se apegue a ella en lo esencial- ya se ha alcanzado. El apoyo social podrá consolidarse como consecuencia de una actitud firme y clara en esta batalla por México. Y lo mismo vale para asegurar el compromiso del próximo gobierno en esta lucha.<br />Gustavo Hirales M. <br />La tendencia nacional (2001-2012)Se ha dicho que México ya arrastraba el crimen organizado desde el sexenio anterior. Esto sólo es parcialmente cierto: de 2001 a 2007 el número de homicidios vinculados con el crimen organizado se movió en un rango relativamente bajo: entre mil y dos mil 300 ejecuciones aproximadamente.1 Por contraste, entre 2008 y 2010 la violencia registró un aumento drástico: cinco mil 207 ejecuciones en 2008; seis mil 587 en 2009 y quizá unas 11 mil 800 en 2010.2Si examinamos la evolución mensual de las ejecuciones, es posible distinguir dos grandes olas de violencia sin precedentes: la primera está ligada a la detención de Alfredo Beltrán Leyva El Mochomo, y al consecuente desprendimiento de sus hermanos del Cártel de Sinaloa. La segunda ola está ligada a la muerte de Arturo Beltrán Leyva El Barbas durante un operativo militar. Así pues, el súbito y radical aumento de la violencia entre mayo y noviembre de 2008, y entre diciembre de 2009 y mayo de 2010, está asociado al arresto o eliminación de dos capos de la misma organización (gráfica 1).El arresto o eliminación de un capo de una gran organización criminal suele propiciar su división, lo que ocasiona el nacimiento de nuevas organizaciones. Como lo mostraré más adelante, el nacimiento de una nueva organización criminal trae aparejado, en un entorno competitivo, varios detonantes de violencia. El aumento súbito y sistemático de la violencia desde mayo de 2008 hasta junio de 2010 ha sido imparable. De continuar la misma tendencia, 2010 podría finalizar con casi el doble de ejecutados registrados en 2009.Las tendencias en los estados En los estados las tendencias de la violencia durante el primer semestre de este año son preocupantes. En 21 de las 32 entidades federativas la violencia muestra una tendencia al alza. Aunque Sinaloa, Michoacán, Sonora y Baja California exhiben tendencias descendentes, sus niveles de violencia continúan siendo altos. <br />right000Los estados con más altos niveles de violencia durante la primera mitad de 2010 fueron Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Durango, Tamaulipas, Estado de México, Michoacán, Sonora, Nuevo León, Baja California, Coahuila y Jalisco. Estos 12 estados acumularon alrededor del 90% de las ejecuciones en dicho periodo. Cabe apuntar, por último, que un nuevo ingrediente de la violencia en la esfera estatal es la voluntad y capacidad de algunas organizaciones criminales de asesinar a políticos estatales de primer nivel, como lo dejó en claro la ejecución de Rodolfo Torre, virtual gobernador de Tamaulipas, pocos días antes de celebrarse la elección. La violencia municipal Como lo ha indicado el gobierno federal, el 80% de las ejecuciones registradas entre diciembre de 2006 y julio de 2010 han ocurrido en 162 de los dos mil 456 municipios del país. Sin embargo, sólo cuatro municipios concentran el 36% de las ejecuciones: Ciudad Juárez el 20%, y Culiacán, Tijuana y Chihuahua juntas el 16%. A nivel municipal la violencia se concentra espacialmente en seis clusters (o apiñamientos3) municipales. En el cuadro 1 se enlistan los municipios que integran cada uno de estos clusters y en el mapa se indica su ubicación en el territorio nacional. Por último, conviene mencionar un nuevo fenómeno de la violencia municipal: la ejecución de alcaldes. En los primeros 10 meses de 2010 han sido ejecutados 11 alcaldes. Esta serie de ejecuciones es parte de las acciones del crimen organizado para intimidar a las autoridades. ¿Qué nos dice el hecho de que ahora sucedan y antes no? Posiblemente estos asesinatos indican que una fracción de las autoridades municipales (no sabemos su tamaño) han empezado a trabajar activamente contra las organizaciones criminales o que, simplemente, se rehúsan a colaborar con ellos. Ambas hipótesis son esperanzadoras.Ciudad Juárez: Causas y mecanismos de la violenciaDadas las dimensiones extraordinarias alcanzadas por la violencia en Ciudad Juárez, es quizás ahí donde podemos apreciar con mayor nitidez los mecanismos internos que la desencadenan. Juárez es, por mucho, el municipio más violento del país. En lo que va de este gobierno (enero de 2007-junio de 2010) se han registrado alrededor de cuatro mil 500 ejecuciones. A mediados de 2008 el número de ejecuciones en Juárez se elevó hasta abarcar el 20% de este tipo de homicidios a nivel nacional. La tendencia ascendente se mantuvo a lo largo de 2009 y 2010. Previsiblemente, Ciudad Juárez cerrará este año con dos mil 861 ejecuciones, es decir, alrededor del 21% del total de ejecuciones proyectadas para 2010 a nivel nacional.4¿Cómo llegó la violencia a Ciudad Juárez? ¿Por qué las ejecuciones aumentaron exponencialmente? Como detonantes de la violencia en Juárez pueden distinguirse cuatro grandes secuencias:<br />right000Arresto de Alfredo Beltrán Leyva El Mochomo Desprendimiento de la organización de los Beltrán Leyva del Cártel de Sinaloa Montaje de una coalición de organizaciones (Beltrán Leyva-Zetas-Juárez) para desplazar al Cártel de Sinaloa del paso transfronterizo Ciudad Juárez-El Paso. Esta secuencia de hechos tuvo el efecto de encender el conflicto en Ciudad Juárez. Por ello, los categorizo como efecto combustión.Los cárteles contratan sicarios para sostener la guerra Se da un reclutamiento masivo de pandillas Las pandillas de Ciudad Juárez se alinean con los bandos en conflicto Los cárteles proveen de armas a las pandillas. Esta secuencia de hechos tiene el efecto de amplificar el conflicto, al engrosar los recursos humanos y el armamento con que cuentan los bandos en disputa, por eso es que los categorizo como efecto amplificación.Ningún bando tiene capacidad suficiente para derrotar al otro Las autoridades no intervienen en la confrontación directa de los bandos Las instituciones de seguridad y procuración de justicia no tienen capacidad para prevenir, detectar e investigar la gran mayoría de los hechos violentos, ni para sancionar a culpables. Hay pocos arrestos y éstos son de carácter aleatorio. Prevalece la impunidad. Estos hechos tienen como efecto escalar el conflicto y multiplicar la violencia. Los categorizo por eso como efecto escalamiento.<br />right000Al acentuarse, la violencia incorpora más organizaciones criminales y más pandillas en las filas de cada bando El descabezamiento de tales organizaciones y pandillas propicia su fragmentación Se registra el desplazamiento territorial de algunas organizaciones y pandillas por la dinámica de las disputas. Estos hechos tienen el efecto de derramar o contagiar la violencia a espacios donde no existía previamente, con lo que aumenta el número de colonias, localidades o municipios con violencia: se ensancha el área en que se registran ejecuciones. Categorizo este ensanchamiento como efecto derrame.Las cuatro secuencias y efectos anteriores ayudan a entender la dinámica de la violencia en Juárez. Conviene apuntar, además, otros factores clave para que aparezca y se multiplique la violencia en Juárez: la ubicación de la ciudad, sus altos índices de rezago social y baja calidad de vida, su escaso desarrollo humano, la presencia abrumadora de pandillas juveniles y la asombrosa ineficacia policial.1. Factor ubicación. Ciudad Juárez es un municipio muy codiciado por los narcotraficantes pues es el punto de cruce fronterizo mejor ubicado para trasladar, desde El Paso, Texas, droga tanto a ciudades del este como del oeste de Estados Unidos.2. Factor rezago social. Se registran en Juárez altos índices de polarización social, exclusión educativa y pobreza extrema. Hay también un tremendo déficit habitacional y de desarrollo urbano, y elevados niveles de drogadicción y prostitución. Alrededor de 120 mil jóvenes de entre 13 y 24 años no tienen acceso al aparato escolar ni al mercado laboral.53. Factor calidad de vida y desarrollo humano. El número de colonias afectadas por la violencia y el crimen en Juárez ha aumentado gradualmente en los últimos tres años. Han sido identificadas 14 zonas críticas en las que se registran los más altos niveles de crimen y violencia. No es una coincidencia que en estas zonas se encuentren las colonias con las calificaciones más bajas en los indicadores de vivienda e infraestructura de servicios públicos. Además, en estas colonias se registra también la mayor carencia de escuelas, de instituciones de educación media superior y de áreas verdes y recreativas.64. Factor pandillas. Juárez registra una muy alta presencia de pandillas. En el municipio existen alrededor de 500 pandillas con una membresía total aproximada de entre 15 mil y 25 mil personas. 30 pandillas son consideradas de alta peligrosidad por su gran capacidad de violencia. Entre éstas se cuentan Barrio Azteca, Los Mexicles, Los Bufones, Los Artistas Asesinos, Barrio el Silencio, Killer 13, Los Lobos, Los Veteranos, La Quinta, Los Diablos, Bajo 13 y Los Locos. Estos grupos cuentan con refinados métodos de comunicación y operación. Barrio Azteca y Los Mexicles, las pandillas más grandes, mantienen alianzas con los cárteles de Juárez y Sinaloa, respectivamente.5. Factor ineficacia policial. La alta presencia policial que registra actualmente Ciudad Juárez no ha podido frenar el ímpetu de la violencia. Hoy Ciudad Juárez cuenta con 4.3 policías federales por cada mil personas, por lo que se ubica muy por encima del promedio de 2.8 policías por cada mil habitantes recomendado por las Naciones Unidas.7 Si a esta cifra sumamos el número de policías estatales y municipales el promedio sería aún mayor.La producción de la violenciaLa estrategia actual del gobierno mexicano para debilitar a las organizaciones criminales está dirigida a fragmentarlas. Una acción recurrente para lograr tal división es el arresto de sus jefes. Tales arrestos generan dos efectos casi simultáneos que fracturan a las organizaciones y las dispersan geográficamente: primero, desencadenan crisis internas de sucesión; segundo, propician la conducta oportunista de sus adversarios, quienes aprovechan la crisis momentánea para atacarla.El aumento de la violencia provocado por las divisiones o desprendimientos de una organización criminal se propaga durante largos periodos por tres factores principales:1. La construcción de reputación de las nuevas organizaciones. La vía natural de una organización criminal naciente para sobrevivir es especializarse rápidamente en el uso de la violencia y ejercerla intensivamente para construirse una reputación y sobrevivir. La construcción de reputaciones es un factor clave para explicar el escalamiento de la violencia. De igual manera, “salvar” la reputación mueve a las organizaciones establecidas a desplegar actos de agresión altamente violentos cuando se sienten amenazadas.82. El surgimiento de nuevas organizaciones rompe equilibrios preexistentes y genera nuevas equilibrios. La aparición de nuevas organizaciones tiene un efecto desequilibrador entre organizaciones criminales con presencia nacional o local. El rompimiento de equilibrios preexistentes y la generación de nuevos equilibrios desata, frecuentemente, olas de violencia de magnitud nacional o local.3. Generación de dinámicas de competencia en las que la capacidad de violencia es un factor clave para ganar. Una vez que la capacidad de violencia se ha convertido en el medio esencial para conquistar territorios y defenderlos, las organizaciones competidoras buscan especializarse también en el uso de la violencia para vencer y desplazar a las organizaciones más violentas. Esto propicia un aumento global de las capacidades de violencia de las organizaciones criminales y, con ello, un incremento de conflictos y mayor frecuencia e intensidad de hechos violentos.Una fuente de información que da algunas claves sobre las motivaciones de la violencia son las cartulinas con mensajes escritos dejadas junto a los asesinados. Con base en una muestra de 177 mensajes encontrados en 149 cartulinas de este tipo puede delinearse una primera clasificación de las causas de las ejecuciones (cuadro 2).Fases de la violenciaSegún la experiencia mexicana reciente y la teoría sobre crimen organizado, el ciclo de vida de una organización criminal posee cinco fases en las que la violencia es utilizada intensivamente. En la primera fase la violencia es indispensable para conquistar el territorio que la nueva organización criminal busca dominar o controlar. En este territorio la organización operará y cobrará rentas a otras organizaciones criminales que lo quieran utilizar para diversos fines (narcomenudeo, trasiego de drogas, etcétera). Aquí el nivel de violencia en el área estará determinado por el grado de resistencia que la nueva organización encuentre por parte de una organización rival o de la policía local.En la segunda fase, una nueva organización logra establecerse en un territorio determinado. En ese momento, la nueva organización usa la violencia para “limpiar” el área de criminales de baja estirpe, de pandilleros que por alguna razón no se les han unido o de secuestradores que trabajan para otras organizaciones.<br />right000En la tercera fase la organización criminal se enfrenta con delincuentes y organizaciones delictivas más pequeñas que utilizan su nombre para extorsionar, haciéndose pasar por empleados de la organización más grande para cobrar rentas. En algunos casos, el surgimiento de estas organizaciones “pirata” es masivo, lo que propicia una ofensiva de la organización mayor y auténtica contra ellas.En la cuarta fase la organización establecida debe defenderse del asedio policial y de organizaciones rivales. La organización ya ha sido detectada por las autoridades y compiten con ella otras organizaciones que buscan arrebatarle su territorio. La violencia también se genera cuando esta misma organización busca expandirse a otros territorios.Finalmente, en la quinta fase un directivo de la organización es arrestado o asesinado. Esto genera sospechas de traición que conducen a purgas internas y desprendimientos de personal que duran semanas o meses. La organización sufre también ataques de otras organizaciones que intentan capitalizar su crisis interna. La división de la organización generada en esta fase da lugar al nacimiento de una o varias organizaciones con lo que se cierra el ciclo de vida de la organización original e inicia el ciclo de vida de las nuevas organizaciones. En caso de perdurar —debido a que “sólo” experimentó desprendimientos— la organización original es “nueva” en el sentido de que deberá adaptar su existencia a una nueva condición (gráfica 2).Como se puede apreciar, las varias fases del ciclo de vida de una organización criminal requiere el uso intensivo de varios tipos de violencia. No es de extrañar, entonces, que la continua división que se registra en México de organizaciones criminales con presencia nacional, regional o local, traiga consigo el aumento y la diversificación de la violencia. ¿Cómo reducir la violencia?México tiene el reto colosal de contener y reducir la violencia y combatir además eficazmente al crimen organizado. Esto significa no sólo reducir las tasas de homicidios vinculados al crimen organizado, sino reducir también las de secuestro y la extorsión, los delitos del crimen organizado que más duelen a la sociedad.Las preguntas fundamentales a responder son:¿Qué decisiones debe tomar el gobierno mexicano para que el mercado de las drogas y las organizaciones criminales establecidas en nuestro país causen el menor daño posible a la sociedad? ¿Qué acciones debe tomar el gobierno mexicano para que tales organizaciones modifiquen su comportamiento? En varias ciudades del mundo se han puesto en práctica programas para reducir la violencia con resultados alentadores. Los revisaremos adelante, pero antes conviene preguntarse qué nos enseña hasta ahora la experiencia mexicana.El gobierno actual ha tenido dos grandes aciertos en su estrategia de seguridad:Primero, colocar el tema del combate al crimen organizado como un asunto central de la agenda de seguridad nacional. No siempre los gobiernos tienen la claridad y la sensibilidad para ponderar debidamente la gran amenaza que representa el crimen organizado para una sociedad. Y no siempre tienen la valentía y el arrojo necesarios para enfrentar al crimen organizado.Segundo, el gobierno federal también ha acertado en impulsar una agenda de fortalecimiento institucional del sector seguridad que, aun cuando no ofrece resultados en el corto plazo, servirá de plataforma a futuros gobiernos para instrumentar programas más eficaces para combatir el crimen organizado y otras amenazas a la seguridad nacional. Aquí el gobierno tomó la ruta correcta, larga pero ineludible: colocar los cimientos de una más sólida seguridad futura.<br />right000Sin embargo, el gobierno federal falló en dos temas cruciales: el diagnóstico del mal y el método para combatirlo. El gobierno supuso, equivocadamente, que las organizaciones criminales no tendrían capacidad para reaccionar ante el asedio gubernamental. Peor aún: el gobierno creyó que él mismo estaba en condiciones de iniciar la guerra en enero de 2007. Este error de cálculo ha implicado enormes costos para el país en términos de vidas humanas y bienestar. El incontrolable aumento de la violencia en varios puntos del país ha propiciado que la estrategia oficial se revierta en contra del gobierno mismo. Junto con la violencia crecen el secuestro y la extorsión, el consumo de drogas y la percepción pública de que la guerra se perdió.Un diagnóstico defectuoso condujo a métodos inadecuados como los siguientes:Echar a andar, simultáneamente, operativos militares y policiales en varios puntos del país, con la esperanza de que la sola presencia de soldados y policías actuaría como herramienta disuasiva.Arrestar o eliminar en combate a unos cuantos capos con la idea de que ello bastaría para diluir la presencia de los cárteles.Arrestar aleatoriamente a miles de presuntos delincuentes o decomisar cientos de cargamentos de drogas con la creencia de que eso minaría sensiblemente las capacidades criminales.Todas estas decisiones han sido ineficaces y, en algunos casos, contraproducentes.A mi juicio, faltó claridad en la definición del problema, realismo en el establecimiento de objetivos y capacidad para corregir la estrategia en el camino. La falta de colaboración de las autoridades estatales con la autoridad federal restó vigor y eficacia a la estrategia. Pero la construcción de un marco de colaboración y cooperación requería de un esquema de incentivos que el gobierno federal debió diseñar antes de romper las hostilidades.La escalada de violencia que se cierne sobre varias ciudades del país es, en parte, un efecto de la estrategia de combate gubernamental; en parte, una consecuencia de la propia dinámica interna del crimen organizado; y, en parte, el resultado de la impunidad con que actúan los homicidas. Urge detener la expansión de la violencia, para lo cual conviene partir de algunos supuestos, algunos principios, algunas acciones y algunas experiencias internacionales.Los tres supuestosSupuesto 1: El gobierno tiene capacidades y recursos limitados, por lo que debe actuar en base a prioridades. El gobierno debe calcular con realismo qué puede lograr en los próximos años y qué no. Y debe tener también un ordenamiento claro de los problemas que debe resolver de acuerdo con su importancia y urgencia. Una de las grandes prioridades del gobierno debe ser, hoy, la disminución de la violencia.Supuesto 2: La prioridad de la estrategia de seguridad debe ser la reducción de las ejecuciones. El indicador central para saber si la estrategia de seguridad va bien o va mal debe ser la frecuencia de ejecuciones. El criterio para calificar a una agencia policial o militar exitosa no será su capacidad para realizar un gran número de arrestos o decomisos, sino su capacidad para reducir las ejecuciones y, con ello, pacificar una zona.Supuesto 3: La violencia debe reducirse en el corto, no en el largo plazo. Debe delinearse e implementarse una estrategia que busque la pronta y rápida reducción de la violencia. La autoridad no debe permanecer pasiva ante el escalamiento de la violencia bajo la falsa idea de que se trata de un fenómeno “inevitable”.Los tres principiosPara disminuir la violencia, la actuación de las agencias gubernamentales debe regirse por los siguientes principios de actuación:9Primer principio: Concentración dinámica de esfuerzos. Para que tengan efecto, los esfuerzos disuasivos deben concentrarse en un objetivo específico. La dispersión de esfuerzos impide modificar el comportamiento criminal (homicida, en este caso). Para disminuir la violencia, los esfuerzos de la autoridad deben concentrarse en acciones que eleven considerablemente el costo de asesinar. Si los criminales perciben que el costo de asesinar es cero o cercano a cero, las tasas de violencia tenderán a aumentar, lo que agravará a su vez el problema de la impunidad. Una vez dentro del círculo vicioso de la violencia, el reto es aumentar las capacidades de aplicación de la ley para que sea posible amenazar creíblemente a los delincuentes.10 El reto está en adquirir, aunque sea momentáneamente, capacidades adicionales suficientes para reducir la violencia.La propuesta de Kleiman para adquirir tales capacidades y recursos es la “concentración dinámica”.11 Consiste en seleccionar una zona específica de alta violencia, tomar temporalmente capacidades y recursos invertidos en otras áreas de gobierno y concentrarlos en el área específica. Con ello se envía el mensaje a las organizaciones, pandillas o delincuentes violentos de esa zona o a una organización en especial que su comportamiento no será tolerado, lo que tenderá a reducir sus acciones violentas. Una vez que los niveles de violencia disminuyan, el aumento temporal de las capacidades de aplicación de la ley cesa en el área o en la organización en la que ya se aplicaron, para dirigirse y aplicarse en otra zona u organización altamente violenta, y así sucesivamente.Si la aplicación de la ley estuviera enfocada en las organizaciones criminales más violentas, en lugar de las más grandes, más visibles o más vulnerables, una organización criminal revaloraría los beneficios de la violencia como una herramienta útil de negocios frente a la desventaja de convertirse en un objetivo de las agencias policiales y militares. El trabajo concentrado y persistente de la autoridad por un periodo determinado contra las organizaciones o individuos más violentos acabaría por excluirlos del mercado de drogas con mayor frecuencia que sus competidores menos violentos, lo que terminaría por favorecer la prevalencia de un mercado pacífico de drogas. Como dice Kleiman, para desestimular el uso de la violencia debe crearse una “desventaja competitiva” para aquellas organizaciones más violentas comparadas con sus competidoras que utilizan menos violencia, pues algunas empresas criminales “son más proclives que otras a disparar en el arreglo de disputas, para eliminar la competencia o para defenderse de las agencias de seguridad”.12 Las estrategias para reducir la violencia difieren drásticamente de las estrategias diseñadas para elevar los precios o bajar los volúmenes de drogas. En lugar de capturar a los traficantes que mueven mayores volúmenes de droga o que son más fáciles de arrestar, las agencias de seguridad deben recabar información que les indique cuáles son las organizaciones o quiénes son los individuos más inclinados a utilizar la violencia para concentrar sus esfuerzos en la supresión de estas organizaciones e interrumpir, con ello, la dinámica de la violencia en una zona o localidad.Segundo principio: Castigos certeros y rápidos en lugar de severos. Los delincuentes tienden a ser individuos que valoran más la gratificación presente que el castigo futuro. Por tanto, mientras más tiempo medie entre la violación de la ley y la aplicación de sanciones, menor será la capacidad disuasiva de la pena. Asimismo, si hay incertidumbre en el vínculo entre crimen y castigo (i.e., si los criminales piensan que una sanción es producto de la mala suerte y no el resultado de su conducta) los efectos disuasivos de la pena se debilitan. Por ello, es necesario diseñar un paquete de sanciones rápidas y certeras, aunque sean leves, pero que se detonen de manera simultánea y que puedan intensificarse en caso de reincidencia.Para Kleiman, aumentar la capacidad disuasiva de un castigo implica que éste sea rápido y cierto en lugar de severo. La severidad implica utilizar una gran cantidad de recursos en un reducido número de delincuentes, y entre más severa sea la sentencia es menos probable que ésta sea impuesta, además de que el proceso requerirá más tiempo. En cambio, la lógica básica de la disuasión para un actor racional, dice Kleiman, consiste en suponer que un sujeto nunca violará la ley si tiene certeza de que será castigado y de que la multa por violar la ley será superior a las ganancias que genera tal violación.13 Los arrestos podrían constituir en sí mismos una forma de castigo y ser un disuasivo importante, siempre y cuando tuvieran consecuencias.14Tercer principio: Comunicación con los delincuentes y la comunidad. El costo de pasar de un “equilibrio negativo” de alta violencia a otro “positivo” de baja violencia depende de qué tan rápido responden las organizaciones o los delincuentes a los nuevos niveles de disuasión. Los costos de esta transición pueden reducirse si se advierte a organizaciones o delincuentes de forma anticipada. De aquí que a Kleiman le parezca especialmente importante que la autoridad comunique directamente las amenazas disuasivas a las organizaciones criminales. Ahí donde existan grupos que realizan actividades violentas, como pandillas, la policía deberá identificar a los participantes, hacer una lista de delitos con “cero tolerancia” (como el homicidio), y prevenir a los participantes de las bandas, como grupo, que cualquier infracción de la regla de “cero tolerancia” producirá una reacción policial agresiva contra cada uno de ellos por toda la lista de delitos. Debe tenerse presente cualquier amenaza que resulte en un bluf devaluará la capacidad disuasiva de amenazas futuras.15Dos programas exitosos Los tres principios que acabo de enumerar se han aplicado con éxito en varios programas antiviolencia de Estados Unidos. Entre ellos, el Operation Ceasefire de Boston y el Tri-Agency Resource Gang Enforcement Team (TARGET) del Condado de Orange, en California.La Operation Ceasefire (Operación Cese al Fuego) fue una exitosa iniciativa policial orientada expresamente a disminuir los homicidios entre los jóvenes en Boston. El programa tuvo dos componentes estratégicos. El primero fue establecer un conjunto de medidas disuasivas contra la violencia de pandillas (en especial la violencia armada). El programa se concentró en el seguimiento de pandillas especializadas. Los operadores del programa tuvieron contacto directo con los miembros de las bandas y dieron el mensaje, explícito y claro, de que la violencia no sería tolerada. El segundo componente estratégico fue dar seguimiento al tráfico de armas de fuego. La aplicación de la ley se concentró en los traficantes de armas de las marcas y calibres más utilizados por los miembros de pandillas. Los homicidios de jóvenes en Boston disminuyeron drásticamente desde mayo de 1996, cuando se puso en marcha la Operación Cese al Fuego y se mantienen a la baja hasta hoy. Una rigurosa evaluación determinó que la aplicación del programa estuvo asociada con la disminución mensual del 63% de los homicidios de jóvenes, una reducción del 32% de reportes de tiros de arma de fuego, un 25% de disminución de asaltos a mano armada y una reducción del 44% de las agresiones con arma de fuego en el distrito de mayor riesgo (Roxbury).El objetivo del Tri-Agency Resource Gang Enforcement Team16 fue reducir la violencia pandilleril mediante el encarcelamiento selectivo de los miembros más violentos y reincidentes (basados en sus antecedentes penales) de las pandillas del Condado de Orange, en California. TARGET estableció una colaboración estrecha entre el personal de las agencias de seguridad, las agencias penitenciarias y la procuración de justicia al reunir a funcionarios de las tres dependencias en las mismas oficinas.Cada equipo de TARGET está formado por agentes de policía que se desempeñan como investigadores de pandillas, un funcionario de la oficina del ministerio público y un investigador del fiscal de distrito. Los investigadores de pandillas están entrenados para tratar a testigos hostiles, y los fiscales adjuntos y los investigadores del fiscal de distrito tienen experiencia en el procesamiento vertical17 de casos en el sistema judicial —lo que al parecer es un elemento clave en el éxito del programa—. Inaugurado en 1992, TARGET ha sido replicado en seis áreas adicionales al interior del Condado de Orange.Una evaluación del programa mostró un gran aumento en el encarcelamiento de miembros de pandillas y una disminución acumulada de 47% de la violencia relacionada con las pandillas en un periodo de siete años. En un caso, el equipo TARGET de Costa Mesa desmanteló una banda al lograr la condena y el encarcelamiento de sus líderes y poner en libertad condicional restrictiva a los miembros de pandillas que fueron sentenciados a prisión.Tres errores frecuentesNo concentrarse en los individuos más violentos o en los que se encuentran en situaciones de alto riesgo, sino en los más jóvenes y necesitados de ayuda. Esto tiene efecto en la disminución de la violencia a largo plazo pero no de manera inmediata.No irrumpir en las estructuras de las pandillas que generan violencia. Los miembros fueron responsabilizados por sus acciones de modo individual y no grupal, que es lo recomendado.No promover la comunicación entre las autoridades y las pandillas para informarles a estas últimas sobre los riesgos asociados a sus acciones violentas, con lo que se debilita el elemento disuasivo del programa.Programas exitosos en América LatinaUnidades de Policía Pacificadora de Río de Janeiro. Recientemente, el gobierno de Río de Janeiro creó las Unidades de Polícia Pacificadora (UPP) en un pequeño número de favelas en la ciudad de Río de Janeiro.18 Estas unidades mantienen presencia policial continua en cada favela, buscan retomar el control de la zona (que tienen las pandillas) y promueven la seguridad en el largo plazo. Los oficiales desplegados han recibido entrenamiento especial, incluyendo entrenamiento en derechos humanos, y han recibido incrementos salariales. El gobierno de Río de Janeiro planea tener tres mil 500 policías en 15 UPP hacia finales de 2010, y pretende extender el programa a 100 favelas, con una adición de 10 favelas anuales.19 Esta nueva estrategia ya ha sido objeto de reconocimiento público. Donde ha sido implementada, representó un cambio radical a la “situación de guerra” inducida por las operaciones policiales previas. El proyecto de las UPP evita los escenarios de confrontación y tiroteos que frecuentemente tienen lugar tras la incursión de los agentes policiales en las favelas. De acuerdo con información proporcionada por la misión especial de Naciones Unidas, el gobierno ha progresado en evitar que las pandillas retomen las áreas de las cuales han sido removidas. También hay datos que muestran que existe apoyo comunitario a las UPP. Los residentes han reportado que se sienten más seguros, y que su relación con la policía ha mejorado. En algunas áreas ha mejorado incluso la provisión de servicios básicos. Cabe agregar que la presencia policial sostenida en las favelas de Río de Janeiro es hasta ahora la excepción, no la regla. Hasta ahora la presencia de las UPP se mantiene en un reducido número de las 100 favelas de Río de Janeiro. Las operaciones violentas que han propiciado muertes continúan realizándose en las favelas que carecen de la presencia de las UPP. (Véase en esta misma edición de nexos el informe de Benjamin Lessing sobre este programa, pp. 11-14.)Barrio de Paz (Guayaquil). El programa de Barrio de Paz arrancó en 2006, en el centro de Guayaquil, un espacio de aproximadamente 49 cuadras que alberga a mil familias. Se trata de un programa de prevención y supresión de pandillas. En 2008 el programa incluyó a cinco pandillas con cerca de 200 miembros en total. El programa adoptó como idea central que los jóvenes se integran a las pandillas por no tener alternativas laborales, educativas o de esparcimiento. El programa desarrolla microempresas en las cuales los miembros de la pandilla pueden obtener ingresos lícitamente. Como condición para entrar al programa los pandilleros deben dejar sus actividades criminales y estar dispuestos a trabajar con pandilleros rivales.Además de obtener un crédito para desarrollar la microempresa (otorgado por el Ministerio de Relaciones Laborales de Ecuador), los pandilleros reciben capacitación empresarial y en algunos casos han obtenido grados universitarios. Conjuntamente al desarrollo de microempresas se puso en marcha en el barrio un programa de entrega de armas, mediante el cual los pandilleros dan sus armas a las autoridades que las destruyen de inmediato, públicamente. En respuesta a la colaboración de las pandillas el gobierno municipal se comprometió a invertir en proyectos de infraestructura en el barrio, como la remodelación de edificios derruidos y la pavimentación de calles. En los primeros seis meses del proyecto los niveles de criminalidad en el barrio descendieron un 60%. A partir de que el programa entró en marcha en 2006 los homicidios han disminuido, pasando de 331 en 2006 a 259 en 2008. También el programa logró que las dos pandillas más grandes de Ecuador, Latin Kings y Los Ñetas, que en 2006 sostenían una cruenta batalla por control territorial, pactaran una tregua.20Lecciones para MéxicoTanto el breve bosquejo de la violencia presentado en la primera parte de este artículo, como los principios bajo los que operan programas antiviolencia exitosos en otros países, ofrecen varias lecciones a México sobre cómo reducir la violencia.Las detenciones de algunos capos han disparado grandes olas de violencia que han durado varios meses y han propiciado la muerte de miles de personas. Para no detonar la violencia es necesario evaluar, cuidadosamente, si la detención de un capo tendrá o no el potencial de desencadenar una nueva ola de violencia. Las detenciones de capos de los tres cárteles con presencia más extendida en territorio nacional (Sinaloa, Zetas y Golfo) son especialmente riesgosas en este renglón.Cuando un cártel de presencia nacional sufre una escisión, las facciones que lo forman también padecen un proceso de división y de realineamiento con otras organizaciones criminales, lo que eleva la producción de la violencia.Existen en el territorio nacional seis clusters de municipios violentos. Esto resulta ventajoso tanto para diseñar como para implementar una estrategia antiviolencia. Las ventajas consisten en que los focos principales de atención están claramente delimitados, y pueden dirigirse mejor los esfuerzos (concentración dinámica) a las áreas críticas. Por otro lado, un impacto positivo en al menos uno de los municipios que integran el cluster propiciará un descenso significativo en el nivel regional o, incluso, nacional de la violencia. La estrategia antiviolencia debe distinguir los cuatro efectos o secuencias (combustión, amplificación, escalamiento y derrame) que pueden desatar la violencia entre organizaciones criminales. En Juárez, el “efecto combustión” pudo evitarse si un trabajo de inteligencia previo hubiera indicado a las autoridades cuál cártel intervenir sin causar una escisión mayor y generar, con ello, una espiral incontrolable de violencia.El “efecto amplificación”, por su parte, pudo haberse aminorado si las autoridades hubieran desplegado en las localidades más vulnerables uno o varios programas sociales dirigidos a prevenir la formación de pandillas delictivas o, en su caso, la alianza entre pandillas y cárteles. Por ejemplo, el programa Barrio de Paz en Guayaquil previene y suprime pandillas al ofrecer alternativas laborales (desarrollo de microempresas) a los jóvenes.El “efecto escalamiento” pudo haberse neutralizado con la existencia de una policía profesional capaz de intervenir en un conflicto entre pandillas o cárteles. Además, se hubiera restado vigor al escalamiento del conflicto si la autoridad hubiera centrado parte de sus esfuerzos en confiscación de armas.Por último, el “efecto derrame” debió y pudo haberse contenido mediante un incremento en la presencia policial y militar en áreas de alto riesgo (aledañas a las áreas donde inicialmente se desencadenó la violencia). Este artículo propone que las estrategias antiviolencia estén guiadas por tres ejes o principios básicos que han dado buenos resultados en el ámbito pandilleril. Sin embargo, los tres principios (“concentración dinámica”, “castigos certeros y rápidos” y “comunicación efectiva con delincuentes y sociedad”) pueden aplicarse también a estrategias de combate al crimen organizado. En este ámbito lo que cambia son los instrumentos, no el método. La concentración dinámica debe dirigirse secuencialmente a cada una de las organizaciones más violentas a nivel nacional y local. La Ley de la Delincuencia Organizada ofrece una amplia gama de castigos rápidos y certeros para aquellas personas presuntamente relacionadas con la delincuencia organizada. Por ejemplo, se cuenta con la posibilidad de arraigo por 40 u 80 días, con cateos domiciliarios, con aseguramiento de bienes e intervención de telecomunicaciones. Por otro lado, esta ley también ofrece beneficios a aquellos miembros de la delincuencia organizada que den información que conduzca a la detención de los miembros de estas organizaciones. El método de los tres principios ha probado su eficacia para disminuir la violencia asociada a las pandillas. En varias entidades federativas ha crecido el número de pandillas en el último lustro. Y el municipio más violento del país, Ciudad Juárez, enfrenta un grave problema de aumento de pandillas y de creciente vinculación de éstas con el crimen organizado. El modelo de Kleiman parece especialmente pertinente para combatir en Juárez y en otras ciudades con un alto número de pandillas (como Monterrey, Tijuana, Durango y Acapulco) la alta violencia que aflige a sus comunidades. Eduardo Guerrero. Consultor en políticas públicas. Presidente de la Asociación Mexicana de Ex Becarios Fulbright-García Robles<br />Un futuro para México IIJorge G. Castañeda / Héctor Aguilar Camín ( Ver todos sus artículos )<br />1. La serieHace un poco menos de un año empezamos a redactar el texto que se volvería el ensayo Un futuro para México. Lo hicimos sin mayores ilusiones sobre el efecto que el escrito de un par de intelectuales pudiera tener sobre el abigarrado, con frecuencia sordo, escenario político y comentocrático mexicano. Nuestro propósito era a la vez sencillo y ambicioso: contribuir a que la sucesión presidencial de 2012 tuviera el mayor contenido programático posible, no sólo una lucha de personalidades y partidos, sino también de proyectos de país.Retomamos ideas que habíamos puesto en artículos, ensayos, libros, y las que surgían de largas conversaciones domingueras, para comprobar que no sólo se parecían mucho, sino que se complementaban entre sí. Armamos un esquema, vaciamos en él las principales ideas y textos previos en nuestro poder, suprimimos las que no cabían o nos parecían de menor importancia, y escribimos y reescribimos lo que faltaba en busca de un tono adecuado, que no dejara duda sobre nuestra posición en puntos polémicos ni del carácter polémico de muchas de nuestras posiciones. El resultado fue Un futuro para México, el ensayo que se publicó originalmente en el número de noviembre (2009) de nexos, y se convirtió después en un breve libro del mismo título publicado bajo el sello de Santillana.Desde la aparición del ensayo en nexos, partiendo del objetivo que nos trazamos, decidimos entrar en campaña. No una campaña electoral ni de ventas, sino de difusión de ideas, con el abierto propósito de asociar a los distintos estamentos de la desorganizada sociedad civil mexicana con las tesis del ensayo y sembrar en el debate público dos ideas simples: la elección de 2012 debe tener una agenda y esa agenda tiene que partir de una idea de futuro del país. El ensayo y luego el libro fueron un perfecto pretexto para recorrer el país, discutir con la gente, interpelar a los precandidatos y sus partidos, y proponer a través de los medios que lo permitieran, un debate programático.Organizamos cuatro foros de presentación amplios: uno, conducido por Denise Maerker en el Club de Industriales; otros dos, moderados por Diego Petersen, en la UNAM (San Ildefonso) con los senadores Manlio Fabio Beltrones, Santiago Creel y Carlos Navarrete, y en el ITAM, con el gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, la gobernadora de Zacatecas, Amalia García, y el secretario de Trabajo, Javier Lozano. Un cuarto foro tuvo lugar en la Universidad de Columbia, en Nueva York, con Santiago Levy y Jesús Reyes Heroles. Sostuvimos un sinnúmero de entrevistas de radio y televisión en el Distrito Federal y, sobre todo, visitamos una quincena de ciudades del interior de la República, periplo que ha resultado un verdadero gozo intelectual, político y personal. Viajamos, sucesivamente, a Monterrey, Saltillo, Oaxaca, Guadalajara, Xalapa, Veracruz, Puebla, Mérida, Cancún, Villahermosa, Morelia, Chihuahua, Ciudad Juárez, Cuernavaca y Durango. En cada localidad buscamos presentar el libro y debatir su contenido en una universidad pública y una privada (casi siempre el Tec de Monterrey, gracias al apoyo de Rafael Rangel), con los empresarios y profesionistas organizados (casi siempre a través de la Coparmex, por el gran apoyo de Gerardo Gutiérrez), con la clase política (gobernadores, presidentes municipales, legisladores locales) y con los medios de comunicación de cada comunidad. De todos estos encuentros aprendimos muchas cosas, que a continuación enumeramos.En primer término, comprobamos que lo que indebidamente se llama “la provincia mexicana” constituye un espacio de inmensa vitalidad, pujanza, modernidad y democracia, a pesar de incontables cacicazgos estatales que perduran, por los menos hasta el 4 de julio pasado. Cada región de México tiene su propia, intensa y dinámica forma de inserción en la globalización, lo cual hace al país en su conjunto más plural y menos vulnerable a las crisis externas, pues lo que afecta a una región no afecta a otras. Es claro y palpable que las universidades de los estados, públicas y privadas, han recibido grandes sumas en la mayoría de los casos bien gastadas, y se vinculan cada vez más a las necesidades de una economía local conducida por grandes, medianos y pequeños empresarios de notable empuje. La clase política de las regiones de México, sin ser lo que necesitamos y deseamos, se revela como un segmento social acostumbrado cada vez más a la competencia, al mundo, y a la democracia: algo que no necesariamente sucede en el centro del país.En segundo lugar, fue claro para nosotros a lo largo de los distintos foros y en las distintas ciudades que la idea de futuro no sólo atrae a la gente sino que es en muchos sentidos una necesidad pública. Hay hambre de futuro en la sociedad mexicana, no necesariamente del futuro delineado en nuestro ensayo, pero sí la urgencia de discutir qué futuro se quiere para el país, y cómo alcanzarlo. Es una sociedad que quiere oír de sus políticos para qué quieren el poder. No todas las propuestas de nuestro ensayo son bien recibidas. Particularmente polémicas son las de una mayor integración con América del Norte, la de una presidencia democrática fuerte, la de una inversión privada minoritaria en Pemex y CFE. También, entre las omisiones, el no habernos extendido en los temas de seguridad y educación, y apenas haber tocado los temas del desarrollo sustentable o derechos de propiedad.Como siempre pensamos que las ideas que sometíamos a criba de la sociedad civil sólo podrían transformarse en políticas públicas si los políticos realmente existentes las hacían suyas, realizamos una primera serie de entrevistas televisivas con distintos políticos señalados por la opinión pública como aspirantes a la candidatura presidencial de sus partidos en la sucesión del año 2010. Gracias a la hospitalidad de TV Milenio y de Ciro Gómez Leyva, en las últimas semanas de mayo y las primeras de junio, pudimos presentarle a los televidentes la serie Un futuro para México, consistente en seis entrevistas con los senadores Manlio Fabio Beltrones, Santiago Creel y Carlos Navarrete, con el entonces secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, y el jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.Las entrevistas versaron sobre las propuestas específicas plasmadas en nuestro pequeño libro. Las hicimos sin confrontar a nuestros invitados ni debatir con ellos, pues nuestro propósito era inducirlos a definirse ante cuestiones centrales del presente y del futuro del país. A continuación ofrecemos las posiciones asumidas por estos seis personajes durante esos programas. Las presentamos en forma de una mesa redonda para hacerlas comparables. Empezamos por los temas urgentes de la seguridad y la guerra contra las drogas, seguimos con los temas del crecimiento económico y el lugar que México debe ocupar en el mundo; terminamos con las reflexiones sobre las posibilidades de una nueva política de seguridad social y las reforma política que el país necesita. Los programas completos en su versión original pueden verse en www.nexos.com.mx *AL CIERRE DE ESTA EDICIÓN, FERNANDO GÓMEZ MONT DEJÓ SU CARGO COMO SECRETARIO DE GOBERNACIÓN. SIN EMBARGO, DECIDIMOS MANTENER SU PRESENCIA EN ESTE DEBATE PORQUE SUS POSICIONES REPRESENTAN A UNA AMPLIA FRANJA DE PENSAMIENTO DENTRO DE SU PARTIDO.2. El México de los presidenciablesManlio Fabio Beltrones • Santiago Creel • Marcelo EbrardFernando Gómez Mont* • Carlos Navarrete • Enrique Peña NietoLa seguridad y el Estado¿Qué debemos hacer para resolver el tema de la inseguridad que nos agobia? ¿Debe mantenerse la guerra contra el narcotráfico? Manlio Fabio Beltrones: Felipe Calderón tomó una decisión correcta: ir hasta sus últimas consecuencias en el combate a la delincuencia organizada y al narcotráfico. Es una decisión que hay que apoyar y continuar. Yo solamente digo que hay que replantear la estrategia. No es confrontando la capacidad de fuego entre el Estado y la delincuencia como vamos a resolver el problema: lo único que vamos a generar es más violencia. Debemos actuar con más inteligencia, inteligencia policiaca para dar golpes precisos, detener a los capos, secarlos en donde más les afecta: el dinero. El ejército debe de mantenerse apoyando a las autoridades civiles, que han sido incapaces de dar resultados; pero sólo hasta que nosotros creemos policías eficientes, capaces, bien educadas que los sustituyan. Uno de los principales problemas es que no existe posibilidad de coordinación entre tantas policías, como las que hoy existen en México. Son tantas las policías y tantas las formas de ver las cosas que no permiten intercambiar información, ni tampoco evaluar si están haciéndolo de manera correcta. Creo que debe haber una policía nacional y 32 policías estatales con un código común de comportamiento. Creo que salen sobrando las corporaciones municipales, más de dos mil, que no tienen posibilidad de intercambiar información o apoyo con las policías estatales y menos con las federales. Estoy más que convencido de que ése es un paso previo a cualquier policía nacional única.<br />right000Fernando Gómez Mont: Yo haría una diferencia de aproximación. No es una guerra contra el narcotráfico, no es nada más un tema de tráfico de drogas. Es el combate a organizaciones criminales que tienen la capacidad de implementar amenazas reales a las fuerzas del Estado y que están impidiendo a las instituciones procurar seguridad, protección y tutela a las personas. Es una batalla por la reconstrucción de las instituciones en materia de seguridad pública. Si entendemos que ése es el gran dilema de la transición democrática mexicana —consolidar un esquema de seguridad democrática que pase por fortalecer y someter a las leyes a las instituciones de fuerza que el Estado puede implementar para proteger a la gente—, entenderemos que el principio de autoridad tiene que ser rescatado como un elemento central del poder y desarrollado democráticamente para darle la mayor posibilidad de cumplimiento del deber a ese poder. Si no, vamos a seguir teniendo una democracia trunca, inepta, incapaz de generar los procesos sociales y económicos que procuren desarrollo y tranquilidad. En mi opinión el debate ahora está entre dos modelos, o hacemos una policía nacional o una confederación de policías estatales, con algún grado de coordinación importante. Yo creo que cualquier paso hacia una policía nacional debería pasar por este sistema de policías estatales. Necesitamos montar a los gobiernos estatales en la tarea. Los gobernadores tienen que asumir su responsabilidad como parte de la federación y para eso les necesitamos dar los instrumentos para que puedan cumplir con esa responsabilidad.Carlos Navarrete: Desde mi punto de vista, requerimos un giro en la estrategia del combate al narcotráfico. No podemos andar jugando a policías y ladrones, a balaceras por todos lados, y colocando al ejército como el primero en la trinchera, con actos de impacto, porque eso no arregla nada; ni arregla el mercado, ni arregla las ganancias, ni arregla el tráfico, ni arregla nada. Solamente deja regueros de muertos, más de 20 mil muertos, muchos de ellos criminales, por cierto, para que nadie ande velando muertos ajenos, pero son muertos en el territorio mexicano. Yo diría que es indispensable modificar la estrategia. No sé si el presidente Calderón lo vaya a hacer, porque me da la impresión que ya va en un tobogán y parece difícil que se detenga, pero después de 2012 habría que hacerlo. Yo tengo mucha simpatía por la idea de una policía nacional. Todos coincidimos en que la policía más débil de los tres órdenes de gobierno es la municipal: la más numerosa, la que más recursos tiene y la más capturable. Yo diría que antes de avanzar hacia la policía nacional, tomando como base el proyecto de Conago, es preciso subsumir las policías municipales en un solo cuerpo estatal, y a partir de ahí capacitar, dotar de elementos suficientes, de armamento de equipo, de vehículos, e ir hacia los municipios a enfrentar el reto de la inseguridad. La izquierda mexicana tiene una historia de desencuentros con las Fuerzas Armadas, pero debe reconstruir su relación, valorar lo que son las Fuerzas Armadas en México. Después, en cuanto tengamos policías suficientes, hay que sacar al ejército y mantenerlo como una reserva de último momento, no para que nunca más vuelva a intervenir, sino para que intervenga sólo de manera excepcional y no de manera permanente como ahora.Enrique Peña Nieto: Creo que estamos enfrentando fenómenos delincuenciales nuevos: la presencia de los grupos vinculados al narcotráfico, la forma en que ahora se están comportando, la disputa de mercados y territorios, y este enfrentamiento que observamos entre todos ellos, en donde lo único que tenemos por saldo son muertos. Eso te obliga a hacer un replanteamiento integral de la actuación del Estado: tener una política de seguridad nacional totalmente redefinida, que nos lleve a reorganizar las instituciones de seguridad pública. Más que por la creación de una policía nacional, deberíamos transitar por un punto intermedio: generar mayor cohesión, mayor fuerza, mayor capacidad en las policías estatales. El haber llevado al ejército en una primera instancia fue válido, creo que necesario, pero no puede tener una presencia permanente en las calles porque no está diseñado para eso. El ejército no es la policía. Dejémosle que sea un asesor de ese espacio, pero vamos a sustituirlo con otras instancias para evitar su desgaste.Marcelo Ebrard: La denominación de “guerra” es una mala idea porque la guerra es una suspensión del Estado de derecho. Lo de meter al ejército, también: ni siquiera tiene las potestades necesarias para ser eficaz. Hay que mantener la lucha contra el narcotráfico, pero hay que ir por policías estatales fuertes, como la que tiene el DF. Hay otra cuestión que no debe quedar de lado: en el país la mitad de una generación está fuera de la escuela bajo el espejismo de que las actividades ilícitas la van a llevar a la riqueza. Y eso está creciendo exponencialmente. Es un asunto que hay que atender de inmediato.La idea de crear una policía nacional es otra mala idea. Va a llevar mucho tiempo, muchos recursos y va a crear muchas dificultades, como ha ocurrido con la Policía Federal que está en la indefinición desde su origen. Hace falta, por supuesto, una Policía Federal, pero tener una sola policía para controlar todo el territorio con un solo mando, dependiente del Ejecutivo federal, yo lo veo tardado, complejo y quién sabe qué tan eficaz. Veo más lógico que tengas una policía en cada estado, en razón de las complejidades del territorio, de las dimensiones del territorio. Si tienes una emergencia o una confrontación con el crimen organizado, independientemente de que necesitaras apoyo del ejército, o de otras corporaciones, tienes capacidad de respuesta, te puedes hacer cargo del grueso del problema. Por otro lado, la mayor parte de los delitos, de acuerdo a la clasificación que tiene el Código Penal, son del orden común. Es una división que se puede discutir, pero así está hoy, entonces incluso tiene lógica sistémica.Santiago Creel: La lucha debe seguir, pero incluyendo dos nuevos enfoques. El primero tiene que ver con combatir no solamente en la calle a los capos, no solamente obstruyendo sus rutas de distribución, sino combatiendo la economía del crimen: el lavado de dinero, un negocio de entre 25 y 35 mil millones de dólares que no se pueden esconder debajo de un colchón y tienen que estar en el sistema de negocios en el país. Hay que atacar al corazón de ese negocio. Este enfoque nos daría un avance importante. El otro es hacer una política de salud pública que despenalice el consumo de algunas drogas y establezca criterios relacionados con políticas de prevención y políticas de rehabilitación. Desde el punto de vista federal, yo propondría un mando único. En un barco solamente manda el capitán, y por eso he propuesto una Secretaría del Interior que pueda concentrar todas las facultades concernientes a la seguridad pública del país, incluyendo el combate al crimen organizado, en una agencia especializada —una especie de DEA mexicana—, que permita ir haciendo el tránsito para que las labores que hoy realiza el ejército las haga una corporación de carácter civil. Estoy de acuerdo con una policía nacional, pero eso cubre otra cuestión que tiene que ver con la coordinación de la seguridad pública en el país. Estamos ante una Torre de Babel, con policías municipales, estatales y federales actuando sin ton ni son. Eso no funciona y para eso se requiere una policía nacional. Pero para combatir al crimen organizado se requiere una policía especial y especializada que esté bajo un mando civil.Estados Unidos y la legalización de la marihuanaHay una tendencia en Estados Unidos que probablemente se va a hacer realidad en California: legalizar la marihuana. Si esto sucediera, ¿cuál sería la posición adecuada de México, promover también la legalización de la marihuana en nuestro país? Manlio Fabio Beltrones: Si este tema surte efecto en California y se legaliza el consumo de la marihuana, cundirá en la Unión Americana. Me parecería completamente absurdo que si el principal consumidor de ese producto lo legaliza, en México no se hiciese. Permanecer nosotros en la ilegalidad sería lo más absurdo que hubiese escuchado.Fernando Gómez Mont: ¿El problema que tenemos en materia de seguridad tiene que ver con la legalización de la marihuana? Yo creo que es muy relativo. La prohibición lo único que ha generado es un mayor margen de exportación. Reducir el margen de exportación para el mercado de marihuana lo único que va a generar es una mayor presión en otras zonas de la actividad criminal. Las organizaciones criminales no van a dejar de hacer lo que están haciendo porque se legalice la marihuana. Al contrario, es muy posible que traten de concentrarse en otras actividades que todavía sean capaces de sostener ese margen. Además, en buen español, la mayor parte de la oferta consumida en California es producida allá, el 80 por ciento de la producción de marihuana en California se consume ahí mismo, en California.Carlos Navarrete: Legalizar porque un estado de la Unión Americana lo hace, me parecería un error. Si es un acuerdo con el gobierno del presidente Obama, en donde Estados Unidos camina hacia la legalización, entonces deberíamos seguir por el mismo camino. No tendría sentido seguir con la prohibición.Enrique Peña Nieto: Pienso que legalizar la marihuana sería el primer paso para llegar a aceptar otro tipo de drogas. Legalizar es la salida fácil. Pero coincido en el hecho de que si en Estados Unidos se da ese paso, habría que replantear la visión del Estado mexicano sobre el tema. En todo caso, mientras observamos qué ocurre en Estados Unidos hay que iniciar una política integral, que no solamente sea represiva y persecutoria, sino que sea preventiva e inhiba el consumo, e involucre también a las instituciones de salud pública.Marcelo Ebrard: Me parece interesante el enfoque del presidente Obama: hemos invertido muchísimo, tenemos una guerra, están llenas las cárceles y el consumo sigue arriba. Entonces, vámonos sobre la reducción y el consumo, cuando menos en el caso de la marihuana. Yo creo que va a ser inevitable que eso ocurra en Estados Unidos, porque no hay argumentos para mantener las cosas como están: no se tienen resultados y la violencia en cambio sí está creciendo.<br />right000En México el Código Penal no sanciona el consumo, de hecho el consumo es legal o no sancionado. Entonces, si Estados Unidos va en esa línea, que me parece adecuada, inteligente, no podríamos mantener la línea confusa que hoy tenemos. El objetivo final no es a cuántos detengas, sino reducir el consumo, cómo evoluciona el consumo. Hay que revisar los fundamentos de nuestra estrategia.Santiago Creel: Es una buena decisión ir a un mercado controlado que pueda tener el enfoque de salud pública. En el Senado ya dimos los primeros pasos, al reformar la Ley de Salud hemos despenalizado el consumo. A lo mejor esto no lo sabe la gente, pero ya en este momento no se penaliza en el país el consumo de drogas, hasta ciertas cantidades. Entonces, discutir sobre si debemos o no despenalizar me parece que es una discusión del pasado. Si Estados Unidos legaliza no podemos quedar marginados. Yo no me imagino que aquí estemos poniendo los muertos y allá la distribución sea libre.No cabe duda que una despenalización de esta naturaleza va a tirar los precios y cayendo el precio vamos a atacar a la economía de la droga de una manera como no lo hemos hecho. Por supuesto, el crimen va a seguir, pero eso se podrá atacar de manera distinta y con menor presión.Los obstáculos del crecimiento¿Por qué no crecemos? ¿Cuál es el principal obstáculo económico que enfrenta el país? Enrique Peña Nieto: Creo que la solución es de orden político, antes que económico. Cuando en la política no hay acuerdos, no hay consensos, hay regateo de posiciones y de definición de políticas públicas, entonces los actores económicos se llevan la gran tajada y buscan cómo sacar ventaja en una condición, me parece, humana y natural. ¿Qué hay que hacer? Hay que tener políticas públicas que alienten y estimulen la competencia.Carlos Navarrete: No crecemos porque el gobierno ha equivocado el instrumento principal, que es el gasto público, y el sector privado en México ha sido timorato en cuanto a la inversión. Es una mezcla letal para el crecimiento económico: inversión deficiente del gobierno federal y una posición timorata de los empresarios mexicanos para invertir, desarrollar nuevas tecnologías y detonar el mercado. México tuvo en ciertos tiempos crecimientos mayores a los que ha tenido en los últimos 20 años, y si no hemos crecido lo suficiente en 20 años, algo estamos haciendo mal. Y, sin embargo, los diversos gobiernos, sean del PRI o del PAN, insisten en que la ruta siga siendo la misma.Manlio Fabio Beltrones: El problema principal es la falta de competitividad. No sólo en el extranjero, también hacia adentro existe la necesidad de competencia entre los actores económicos, y un gobierno facilitador de inversiones que, mediante la creación de empleos, permitan resolver el problema de la desigualdad social. Si ha habido una política equivocada en los últimos años, es la de tener programas para mantener a los pobres, no para sacarlos de pobres. Esto debe redondearse con una verdadera reforma fiscal que busque bajar los impuestos y subir la recaudación. Esto sólo lo podremos hacer cuando acabemos con los privilegios de aquellos que no pagan, aquellos que no se han sumado a lo que pueda ser la estrategia de un verdadero crecimiento económico en el país.Fernando Gómez Mont: El principal obstáculo son las barreras de entrada. Debemos bajar las barreras de entrada a todos los procesos económicos en donde podamos ser eficientes. En este país hay una gran concentración de oportunidades en manos de muy pocos. Lo primero sería bajar las barreras de entrada en el sector telecomunicaciones, en el sector exportador. Segundo, bajar las barreras de entrada para que se permita crecer al mercado interno, recuperar la confianza para que la gente vuelva a invertir, a gastar, a tratar de consumir. Hay que hacer crecer nuestra economía sobre la base de un mayor consumo interno.<br />right000Santiago Creel: En el país tenemos una enfermedad que se llama “monopolitis”, que tiene además un problema desde el punto de vista democrático, porque el concentrar tanto poder en pocas manos, en perjuicio de muchos, es algo antidemocrático por naturaleza. Tenemos problemas no solamente de competencia sino de competitividad, es decir, no solamente de apertura de mercados sino de funcionamiento de los mercados. ¿Cómo van a poder funcionar nuestros mercados cuando los tributos apenas llegan al 11 o 12 por ciento del Producto Interno Bruto y que sirven para muy poco? Tenemos un sistema muy injusto, con una serie de lagunas, en donde quienes más tienen no pagan más. Entonces tenemos que ir a una reforma fiscal y a una reforma laboral, contra este sistema rígido que afecta la competitividad y lanza a muchos empresarios a la informalidad.Marcelo Ebrard: Tenemos una agenda bastante anticuada, seguimos discutiendo lo mismo que hace 20 años, los mismos temas. Habría que preguntarnos si ésos son los temas y si no se pueden resolver como lo habíamos pensado, entonces buscar de qué otra forma plantearlos. Segundo: tenemos una visión muy conservadora sobre el desarrollo del país. Tenemos una política de expansión de crédito muy reducida. ¿Cómo vamos a tener mercado? El ahorro en Afores y pensiones es de más de 50 mil millones de dólares. ¿En qué los estamos usando? En nada. ¿Por qué no los estamos usando para financiar la infraestructura que necesitamos? Se tiene la idea de que a las empresas mexicanas hay que ponerlas a competir con el exterior, lo cual es lógico, pero también hay que ver las condiciones que podemos crear desde las políticas públicas para que nuestras empresas sean conglomerados que puedan competir afuera, lo que hizo Corea. No lo estamos haciendo. Tampoco estamos atendiendo el desarrollo tecnológico, México no lo ha tomado en serio. Qué hacer con los monopolios de EstadoEs evidente que una oportunidad de generación de riqueza enorme está en manos del Estado a través de la explotación del petróleo y la electricidad, a través de la explotación de la energía. ¿Debemos conservar estos monopolios o debemos transformarlos, permitiendo, por ejemplo, la inversión privada minoritaria en Pemex y la CFE?Fernando Gómez Mont: Tenemos que transformar esos monopolios. La falta de competencia genera incompetencia; nuestra incapacidad para desdoblar las posibilidades del sector energético están fincadas en sistemas demasiado rígidos: no estamos pudiendo incorporar las mejores tecnologías, no estamos pudiendo explotar mucho más un recurso finito que posiblemente pierda todo sentido en el mediano plazo. Tenemos que ser capaces de incorporar las mejores tecnologías para poder brincar en este tablero. La soberanía de un país debe medirse en la posibilidad de dotar de calidad de vida a sus habitantes. La competencia en Pemex tiene que ver con la manera como opera la empresa, que es bastante opaca. Una solución es que haya una inversión privada minoritaria en Pemex, de manera que esos inversionistas, en defensa de sus intereses, vigilen la empresa y la saquen a bolsa en condiciones de transparencia efectiva, financiera y gerencial. Deben transparentarse todos aquellos procedimientos por los que Pemex simple y sencillamente no está pudiendo crecer. Poner un indicador en términos de rentabilidad en las empresas públicas es fundamental.<br />right000Manlio Fabio Beltrones: Yo lo plantearía de otro modo. Pemex ha sido una de las piedras angulares de un gobierno ineficiente. Lo importante es volverlo una industria eficiente y moderna. Nosotros ya dimos un gran paso en esa materia rompiendo tabúes, los tabúes de una empresa verdaderamente competitiva, con autonomía de gestión, con consejeros profesionales, con contratos incentivados que son muy distintos al régimen de contratos que teníamos anteriormente. Si ya nos atrevimos a modernizar Pemex, vayamos a fondo. No estoy en contra de la inversión privada en Pemex porque ya existe. Estoy en contra de la privatización, que es algo muy distinto. Agregaría al respecto: si algo necesita este país es certeza jurídica, que es uno de los ambientes que propician la inversión. Estoy más que convencido que Pemex va en esa ruta, de la participación de la iniciativa privada en una forma importante.Carlos Navarrete: Yo no soy religioso y en términos ideológicos tampoco. Pero se puede tener un monopolio, por ejemplo Pemex en México, en manos de un sector público eficiente, como lo tiene Francia: un monopolio público de la energía. No creo que por ser público sea negativo. Por ser ineficiente sí, y Pemex en muchos sectores es ineficiente, ha sido saqueado porque ha sido utilizado y manejado equivocadamente. Comparto el diagnóstico de que la economía mexicana tiene un freno, los monopolios. Es verdad, son capitalistas muy extraños, porque el libre mercado y el libre comercio lo practican hacia afuera pero aquí quieren control total de precios, de todo lo necesario. Por eso no estoy seguro de que una apertura, así sea parcial a capital privado, dé niveles de transparencia, de eficiencia, de manejo. Sí tiene que lograrse eso, transparencia, eficiencia, garantía de que se hacen las cosas bien, pero me parece que puede hacerse siendo Pemex parte del sector público.Enrique Peña Nieto: Pemex y la CFE son empresas del Estado, son empresas de los mexicanos y deben de seguirlo siendo. Pero debe haber una dirección y una gerencia en términos de eficiencia, de productividad que realmente genere beneficios a los ciudadanos. De nada serviría mantener la participación del Estado si estas dos empresas les llegaran a costar a los mexicanos. Hay que tomar las experiencias que se tienen en otras partes del mundo, en Venezuela, en Cuba, en donde se han generado alianzas empresariales que han vuelto a las empresas rentables. A Pemex le hemos chupado todo y poco le hemos dejado para que se modernice y tenga capacidad para explotar más nuestras reservas petroleras. Así que al final de cuentas tenemos que ir a la modernización, y no tenerle miedo a los mecanismos de alianzas empresariales que, con transparencia, nos den lo que buscamos: mayor productividad, mayores ingresos.Santiago Creel: Estoy a favor de la transformación, con una condición: que quienes vayan a invertir como accionistas tengan límites. Lo que no queremos ver tampoco son accionistas dominantes, sino minoritarios, muy minoritarios. En el caso de Pemex yo parto de que los mantos del petróleo deben seguir siendo propiedad del Estado mexicano, pero una vez que se extrae el petróleo todo lo demás va al mercado. Es decir, no solamente la transparencia y la competitividad en Petróleos Mexicanos: requerimos un mercado abierto en la refinación, en la distribución. Cómo es posible que tengamos nada más una sola marca de gasolineras en el país. Eso ni en los países que fueron socialistas se sigue haciendo.Marcelo Ebrard: Yo no cambiaría la naturaleza pública de Pemex, no creo que sea la solución. Ni siquiera es cierto que el problema sea la falta de inversión en Pemex. Hay un problema de gestión muy crítico, y también de falta de transparencia y control respecto a lo que hacemos con esos recursos. Pero no creo que la solución esté en cambiar la naturaleza pública de la empresa, sino en buscar otras vías de gestión y control. Yo no abriría eso a la inversión privada.Frente a los monopolios privados¿Qué hacer con las empresas privadas de dominancia monopólica y que afectan al consumidor con altos precios e inhiben la competencia y la competitividad? Manlio Fabio Beltrones: Nos urge un órgano regulador tanto en competencia como en telecomunicaciones, un órgano verdaderamente del Estado y no del gobierno en turno. Los órganos reguladores que funcionan en el mundo son órganos del Estado. Para eso tienen nombramientos transexenales. Creo en una Comisión Federal de Competencia con muchos dientes, pero también en un eje fundamental: la certeza jurídica. Que todas las sanciones que se puedan dar, por más duras que sean, para corregir el mercado y, sobre todo, para generar competencia, tengan un arbitraje correcto en donde cada uno de los empresarios se sienta seguro de que está caminando en una ruta con garantías. ¿Cómo va a salir ganando la gente? Eso es lo que nos debemos de preguntar: ¿qué le beneficia a la gente, qué va a hacer que los productos sean más baratos, más accesibles, más competitivos? Fernando Gómez Mont: Debemos tener un órgano de Estado que esté revisando la competencia por encima de los intereses a fin de que realmente puedan generar o consolidar prácticas que sean competitivas. ¿Cómo lograrlo? Pues no necesariamente exacerbando el principio de autonomía. Las comisiones reguladoras deben tener el grado suficiente de maniobra para poder ver por encima de la red de intereses que tienen que regular. Pero al mismo tiempo con la capacidad de discernir cuáles son las prácticas más cercanas a esa red de interés que pueden llevarse a cabo para romper las barreras de entrada. Tenemos que darle a la Comisión de Competencia la posibilidad de ir entendiendo por qué se dan estas prácticas monopólicas en México.Carlos Navarrete: A la Cofeco tenemos que convertirla en el gran instrumento antimonopólico y con facultades plenas. Ya sé que muchos empresarios se espantan, me lo han dicho en el Senado. “Oiga, senador, es una exageración”, les he dicho: “No, no es una exageración”. Y les he puesto un punto de referencia para que no discutamos mucho; no digamos si es mucho o poco, vayamos a los estándares internacionales y sobre los estándares internacionales démosle facultades a la Cofeco, como en otros países del mundo donde hay competencia.Marcelo Ebrard: Yo estaría de acuerdo siempre y cuando sea un órgano de Estado y no una representación de intereses. Es decir, aguas con eso, porque lo que hemos visto en los últimos años es que todos los intereses tienen representaciones en las áreas que toman las decisiones; entonces, tendríamos que garantizar que no esté copada por los intereses que finalmente tendría que regular.Santiago Creel: Hay que hablar con mucha seriedad cuando hablamos de dominancias o monopolios privados. ¿Por qué? En primer lugar inhiben la inversión y la inversión significa empleos y una mejor redistribución del ingreso en el país. Monopolios significa que no va a haber investigación tecnológica. ¿Por qué? Porque si hay monopolio no van a requerir mejorar sus productos, y si hay monopolios también tenemos precios altos y generalmente productos de mala calidad. Debemos tener una autoridad que tenga la autonomía suficiente para sancionar cualquier conducta monopólica, sea que dos se ponen de acuerdo para defraudar en una licitación pública, sea porque quieren controlar un mercado, sea porque quieren dividirse un territorio. Todo eso debe estar sancionado, pero no sólo administrativa sino penalmente. La gente debe ir a la cárcel porque eso es robar.Enrique Peña Nieto: Todo eso debe responder a criterios técnicos que nos lleven a alentar la competencia. Para que eso sea posible hay que crear una instancia, tribunales especializados que resuelvan las diferencias que se susciten por las resoluciones de la Comisión Federal de Competencia. Lo que debe cuidar esta comisión, y hay que darle los instrumentos legales para hacerlo, es al consumidor y alentar la competencia. ¿Hay que darle dientes? Sí. Hay que darle mayores elementos para que se logren políticas disuasivas de la creación de monopolios, que no se concentre en pocas manos, que no se generen estas entidades de gran control o predominantes, que a final de cuentas producen caro, a costos elevados.Ante el poder sindicalLos sindicatos públicos son grandes pirámides de improductividad, en la educación, en la energía, en el petróleo, en la electricidad, en la salud y en la burocracia. Se han vuelto piezas que obstaculizan los cambios en el sector en donde están. ¿Qué hacer? ¿Cómo modernizar, cómo democratizar estas pirámides de interés? Fernando Gómez Mont: En México hay caminos judiciales para romper este tipo de controles monopólicos mafiosos de los sindicatos sobre ciertas áreas de la vida económica nacional. Ya se habla de algunas cuestiones, por ejemplo, que ya no haya la retención automática de cuotas sindicales ni existan mecanismos que traten de captar o mantener un determinado

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