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IntroducciónLa eterna admiración del ser humano por la belleza corporal, presente desde los más primi-tivos hallazgos de l...
trico, no obstante, no desfiguraba una realidad que exaltaba la sublimidad de la juventud yla lujuria.Los alquimistas del ...
en particular parece inmerso en la continua búsqueda de una belleza vacía y lejos de satis-facer, abandona a la persona a ...
Una pincelada asimétrica que quiere invocar la imagen de una gota de agua que cae sobreuna tosca roca en la pintura más be...
persona no sea capaz de llevarlo con la fortaleza mental adecuada. Quizá cabe plantearse desi sería necesario evaluar psic...
falso la Teología católica reconoce en la “via pulchritudinis” (5) un seguro camino hacia elencuentro con Dios.Tal belleza...
El valor de la belleza física debe ser preservado a través de un cuidado y mejora que cadapersona y la sociedad deben proc...
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Paper de la presentación en el FORUN 2012 de la Universidad de Navarra: "Pulchrum, el poder de la belleza"

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Cirugía estética. la encrucijada de medicina y belleza en el siglo xxi

  1. 1. Cirugía estéticaLa encrucijada de Medicina y belleza en el siglo XXIJosé Mª Gonzalez de Echavarri GómezCamilo Eduardo Castro AlvaradoVíctor Pereira SánchezJuan Sebastián Vázquez Alarcón
  2. 2. IntroducciónLa eterna admiración del ser humano por la belleza corporal, presente desde los más primi-tivos hallazgos de la arqueología, encuentra en el siglo XXI instrumentos jamás sospecha-dos para su conservación y mejora, de modo que el viejo mito del elixir de la juventud pa-rece más que nunca al alcance de la ciencia.En el contexto de una Medicina en atomización constante, es la especialidad de CirugíaPlástica Reparadora y Estética una de las más crecientes tanto en demanda como en des-pliegue de servicios. Los mejores expedientes de las pruebas MIR en España agotan estaespecialidad con una rapidez incomparable con el resto (1), y en los últimos años son mu-chos los profesionales de otras áreas, incluso no médicas, los que han encontrado en ella suvocación o negocio, lo que replantea una discusión sobre los fines y medios de la Medicina.La prensa de tinte rosa, en pleno apogeo, no cesa de presentar ejemplos casi milagrosos decómo la técnica quirúrgica y la cosmética logran resultados de un provecho no sólo físico,sino también social y psicológico. Los beneficiarios ocupan a menudo altas esferas en lavida política y artística, con lo que su imagen se propone como exponente de los cánonesde belleza imperantes. A este respecto se hace inevitable la referencia al lucro médico y lajusticia distributiva, al tratarse por lo general de intervenciones poco asequibles a un mayo-ritario público de escasos recursos.La cuestión de la belleza física y su manipulación, por su fuerte carácter antropológico noestá exenta de una discusión religiosa. La Iglesia Católica ha concedido a la Cirugía estéticadesde el siglo pasado una acogida calurosa, que alaba su potencial terapéutico y artístico altiempo que advierte del abuso potencial y actual que esta nueva ciencia ofrece a la Huma-nidad.Belleza del cuerpo humano y el crisol de la juventud. Vida y bellezaLa belleza en el ser humano fascinó a nuestros más remotos antepasados en no menor me-dida en la que hoy día sigue alagando los sentidos y perforando sus estrechos límites parainvocar al corazón e incluso cautivar el espíritu.La reflexión en torno a esta realidad siguió un desarrollo paralelo a las grandes cuestionesfilosóficas. Si bien desde tiempos inmemoriales fue uno de los constantes sellos grabadosen la más augusta mitología, la incipiente filosofía en Grecia y su posterior exégesis latinareconocieron la trascendencia de la belleza, el Pulchrum, plasmada en las criaturas raciona-les.La belleza fue cantada además por los artistas, que asumían en su pintura y escultura lasimetría y proporción como características fundamentales de lo bello, cuyo interés geomé-
  3. 3. trico, no obstante, no desfiguraba una realidad que exaltaba la sublimidad de la juventud yla lujuria.Los alquimistas del Medievo buscaron con afán lo que suponían como la solución a losmales de la Humanidad: la piedra filosofal, capaz de convertir los metales en oro; y el elixirde la vida, que traería la inmortalidad y la eterna juventud.“Coged de vuestra alegre primaverael dulce fruto, antes que el tiempo airadocubra de nieve la hermosa cumbre;”Con estas palabras del Soneto XXIII, el poeta renacentista Garcilaso de la Vega plasma enverso el clásico tema del Carpe diem que anima a degustar los frutos de la belleza y juven-tud antes de que un tiempo fugitivo los malogre para siempre.Siglos más tarde, la admiración de los clásicos y el afán de la alquimia resultan muy acerta-dos precursores. El ser humano del tercer milenio ha encontrado en la Medicina una fuenteen crecimiento de dilatación y mejora de la vida y de perduración de la belleza y la juven-tud. No obstante, la discusión filosófica de antaño no ha perdido vigor.Se plantea, ante todo, el significado y alcance real de la belleza en los humanos, y a esterespecto se constata la insuficiencia de los iconos que la definen en función del atractivosensorial-lascivo que despiertan en el perceptor una combinación de juventud y proporcio-nalidad, a través de aún desconocidos mecanismos neurobiológicos cuyo último fin es lapromoción de la pervivencia de la especie.Esto ha llevado a nuestra cultura a admitir la existencia e incluso preponderancia de lo quese ha llamado belleza interior, o la distinción que los cirujanos plásticos Hontanilla y Aubáreconocen entre belleza y hermosura (2). “Una rosa roja, brillante, es hermosa. Un liriopálido, casi lívido, es bello. Una joven que ríe nos da la idea de la hermosura; una madreque llora nos da la emoción de la belleza. La hermosura es Venus; la belleza es Minerva. Lamujer es hermosa, la virgen es bella. Nos enamoramos de lo hermoso pero amamos lo be-llo.”Se resalta, dentro de estas perspectivas, que también las cualidades psíquicas y espirituales,aún en mayor medida, dan a la persona un valor digno del deleite estético. La majestuosi-dad de Hera no sería ajena a la natural admiración que despiertan la voluptuosidad de Afro-dita y la juventud de Hebe.Cultura de la imagen en el mundo contemporáneoVivimos en un mundo esclavo de la imagen y el culto al cuerpo. Lamentaciones como éstason muy frecuentes de las últimas décadas y hoy nos resultan más que acertadas. Occidente
  4. 4. en particular parece inmerso en la continua búsqueda de una belleza vacía y lejos de satis-facer, abandona a la persona a una soledad que lo cierra al mundo en torno a sí.La apoteosis actual de los medios de comunicación e interacción global permite a un públi-co masivo el acceso a una puesta en común de conocimientos científicos, cultura y modosde vida en todo el planeta. Ello conduce al establecimiento de modelos a todos los niveles.Este despliegue coincide con un auge del mundo del espectáculo y la industria de la moda,que encumbran la opulencia y la belleza como modelo deseable para la felicidad de las per-sonas.Hoy se habla de celebrities, Miss o Míster Universo, sex simbols... Expresiones y espectá-culos que interpretan la belleza, sobre todo femenina, en clave de sensualidad y apariencia.La pornografía, lejos de ser desterrada de una sociedad culta y defensora de la dignidadhumana, expone a la admiración proporciones las proporciones corporales perfectas. A ni-veles de mayor decencia, la abundante prensa rosa enfoca su atención en los looks de losfamosos con una obsesión en ocasiones rayana a la patología.En este contexto, toda cosmética e incluso Cirugía parecen escasas para cumplir con losestándares aceptables. El hombre contemporáneo, y en mayor medida aún la mujer, son confacilidad arrastrados por los halagos de este ambiente, que en cambio aporta no pequeñainsatisfacción. La hermosura en la vida de algunos famosos y personas corrientes, parececonvertirse en una maldición que los condena a la persecución irresponsable de los medios,la inestabilidad matrimonial y a la infelicidad, con resultados muy dramáticos e inclusotrágicos.La belleza no obedece simplificaciones matemáticas, es un elemento que se intuye comomatriz de todo. La belleza tiene que ver con todo, no solo con aquello que obedece a nues-tro volátil sentido de belleza en tanto que algo es más o menos adaptado a una idea de algobello.Todos hemos tenido ocasión de compartir el mundo con una persona que en un primermomento quizás destaque por alejarse considerablemente de los avatares armónicos delmomento, pero que con el trato cercano y personal somos capaces de intuir sino de identifi-car como algo propio y común, algo armónico atrayente y vivo que yace en esa persona ensu personalidad. Y esto está al alcance de todos.La belleza no es, y nunca ha sido patrimonio de un lujoso comité de moda y estética enMilán o en Paris, la belleza es el ámbito de lo positivo y lo bueno. De la armonía, la armon-ía del espíritu y del cuerpo. Siempre nos resultaran más atractivos unos labios que versansobre bondad, humildad y sinceridad que unos labios perfectamente tensos por los diecisie-te músculos implicados en sonreír de algún anuncio cargado de empacho erótico y cegueramental perfilado por una meticulosa edición digital y, muchas veces, un profesional de lacirugía plástica.
  5. 5. Una pincelada asimétrica que quiere invocar la imagen de una gota de agua que cae sobreuna tosca roca en la pintura más bella que puedas imaginar, sigue siendo la más horrendapincelada. Pero nadie al ver la pintura completa la desecharía. No es admisible descartar eltodo por la parte. Nadie puede ser descartado por la parte. La belleza se ve y se intuye, perosolo es visible a ojos bellos.La belleza es la intuición del las personas de aquel orden y un ordenamiento de las partes.La intuición de que las cosas encajan, cada una en su lugar. Y de aquí deriva su implicaciónmás familiar y práctica, la simetría. La belleza tiene que ver con entender que cada piezadel puzzle solo tiene una posición... somos bellos. Somos una pieza del puzzle, una nota ende la sinfonía. Y muchas veces somos un Re que sueña con ser la Octava. La belleza seconquista en la batalla de la humildad.Medicina y cirugía estética: mejorar o curarMientras que nuestros antepasados mejoraban su imagen con formas externas, tatuajes,complementos que aumentaban o les dotaban de belleza, hoy en día se nos plantea comoposible no solo añadir amuletos o talismanes de belleza sobre un sustrato más o menos in-amovible -nuestro cuerpo- sino que podemos actuar sobre él mismo cambiándolo radical-mente.En el ámbito sanitario estamos siendo testigos de cómo el paciente es cada vez menos tole-rante a aquellos defectos cultivados en la edad con el paso del tiempo y reclaman solucio-nes más certeras incluso para aquellas patologías que sus abuelos jamás imaginaron tratar-se. También ha aumentado la sensibilidad e incluso el rechazo hacia las variaciones no pa-tológicas del cuerpo como las proporciones y contornos de los órganos externos.Llegados a este punto cabe plantearse la pregunta acerca de cuál es el fin de la medicina.Hasta hace no mucho tiempo no se concebía la posibilidad de mejorar al cuerpo humanopor encima de lo que podríamos llamar fisiológico. Al fin y al cabo parece patente que lalucha encarnizada y enfermiza contra todos estos “desperfectos” fuera del estándar de laépoca, nos traen más desordenes -a todos los niveles- que disciplina.Hoy en día muchas veces la apariencia física es un determinante de las potencialidades deuna persona. Por ejemplo, muchos estarán de acuerdo que un bailarín no puede ser una per-sona pobre en estatura y poco esbelta, ya que no entraría dentro de los cánones establecidosacerca de cómo debe ser un bailarín. Esta idea se he difundido y establecido como unestándar hasta el punto que los desordenes alimentarios y la cirugía se han convertido en elestigma, el cáncer y el sida, de las clases más opulenta y de quienes pretenden ganarse lavida con sus facultades físicas.De alguna manera cuando una persona se somete a un cambio en su apariencia física seproduce un fuerte cambio en la autopercepción de su propio cuerpo que ha de ser aceptadocon su nueva imagen. Esto supone un impacto psicológico fuerte que es posible que una
  6. 6. persona no sea capaz de llevarlo con la fortaleza mental adecuada. Quizá cabe plantearse desi sería necesario evaluar psicológicamente a un paciente que desea cambiar su imagen, yaque es posible que no la acepte, de la misma manera que no acepta su imagen antes de ope-rarse, puesto que por eso quiere operarse. Es muy importante evaluar los motivos persona-les para llevar a cabo un cambio de imagen, ya que puede desestabilizar a una persona si noconsigue aceptar su nueva imagen, siempre ha de haber una intención recta y unos motivosproporcionados a la intervención y los riesgos que supone.Cabe la posibilidad de que un médico se aproveche de la necesidad de algunas personashacia la belleza a cualquier precio, y contribuyan sólo a satisfacer esos deseos de aquellosque viven continuamente detrás de su propia soberbia y sin ver nada más allá de su propiaimagen. La situación del médico sobre sus pacientes le otorga un poder que puede usar enbeneficio propio con el objetivo de ganar el máximo dinero posible. La belleza, que ha deestar ordenada a la totalidad del ser humano, no es el valor superior del ser humano, sinoque está al nivel de los bienes físicos, y como todos ellos es susceptible de abusos. Así quedebemos valorar estas intervenciones a la luz de la ética, que está estrechamente relaciona-da con la estética.En la valoración moral, las principales condiciones más pertinentes a la materia que se pre-sentan a la cirugía estética, son las siguientes: “que la intención sea recta, que la salud gene-ral del sujeto esté defendida contra notables riesgos, que los motivos sean razonables y pro-porcionados al "medio extraordinario" a que se recurre. Es evidente, por ejemplo, la ilicitudde una intervención requerida con el propósito de acrecentar la propia fuerza de seduccióno de inducir así más fácilmente a otros al pecado; o, exclusivamente, para sustraer un reo ala justicia; o que cause daño a las funciones regulares de los órganos físicos; o que se quierapor mera vanidad o capricho de la moda” (3).Cristianismo y belleza: legitimidad de la Cirugía estética“Cuando el moderno desarrollo de la Cirugía estética pide a la moral cristiana su pensa-miento, no hace sino preguntarle en qué gradación de los valores debe colocarse la bellezafísica. La moral cristiana responde que ésta es un bien, pero corporal, ordenado a todo elhombre y, como los otros bienes del mismo género, susceptible de abusos” (3). Estas pala-bras, dirigidas por el Papa Pío XII a la Sociedad Mundial de Cirugía Plástica, congregadaen Roma en el lejano 1958, sintetizan la doctrina católica a este respecto aún a más de cin-cuenta años de progresos en este área médica.El cristianismo, a la luz de la exégesis bíblica, ha considerado siempre al ser humano comoimagen de Dios, quien lo creó a su semejanza y lo juzgó como muy bueno (Cfr. Génesis 1,26-27; 31). La belleza corporal es, por tanto, un don del Creador y una referencia constantehacia Él, como reconoce el Catecismo: “podemos nombrar a Dios a partir de las perfeccio-nes de sus criaturas, “pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analog-ía, a contemplar a su Autor” (Sabiduría 13,5)”. (4). Con tan sólidos fundamentos, no en
  7. 7. falso la Teología católica reconoce en la “via pulchritudinis” (5) un seguro camino hacia elencuentro con Dios.Tal belleza, no obstante, está condicionada por su naturaleza física y por ende limitada y nopreeminente sobre la integridad de cuerpo y espíritu en la persona humana. Ya en el cristia-nismo primitivo encontramos claras exhortaciones en este sentido. Así, San Pablo de Tarsoescribe al Obispo Timoteo que en la oración, las mujeres deben presentarse “vestidas deco-rosamente, arregladas con modestia y sobriedad, sin trenzar el cabello con oro, sin perlas niaderezos caros, sino como corresponde a mujeres que manifiestan la piedad por medio deobras buenas” (6). En el mismo sentido, San Pedro, en calidad de primer Vicario de Cristo,recomienda a las mujeres: “Que vuestro adorno no sea el de fuera, peinados, joyas de oro,vestidos llamativos, sino lo más íntimo vuestro, lo oculto en el corazón, ataviado con laincorruptibilidad de un alma apacible y serena. Esto es de inmenso valor a los ojos de Dios”(7).La experiencia espiritual de la Iglesia en siglos posteriores ha sido muy acorde a estas ide-as. Así se ha plasmado en la vida de algunos de los santos más destacados. San Agustín deHipona, filósofo en constante búsqueda de la más genuina belleza, califica las hermosurasdel mundo como “bellezas inferiores” (8), no obstante en clara referencia al Pulcher, la“Suma Belleza” (9). También Santa Teresita de Lisieux, una de las figuras más entrañablesde la religiosidad católica, afirmaba del mundo antes de abandonarlo hacia el convento:“Micorazón aspiraba a otras maravillas. Había contemplado ya bastante las bellezas de la tierra,y sólo las del cielo eran ya el objeto de sus deseos” (10).Más allá de la necesaria contextualización de estas exigencias y testimonios, se constata enel espíritu cristiano un constante afán en la búsqueda de la plena unión con Dios en la san-tidad, que satisface por completo todos los anhelos del corazón. ¿Acaso la Iglesia, inspiradaen las Escrituras, no venera a su mayor modelo de santidad, la Virgen María, como la “totapulchra” (11)?Cae, por ende, en descrédito moral, cualquier idolatría o amor desmesurado al cuerpo, quedebe ser valorado y cuidado como un don del Señor. La Cirugía estética, si en lugar deacercar a los hombres al poder santificador de la belleza creadora, sirve a su propio engrei-miento, se contradice con aquella fe que con apremio aclama “aspirad a los carismas mayo-res” (12), aspirad a la excelencia del Amor.ConclusiónLa Cirugía estética se encuentra hoy en una encrucijada decisiva. El transcurso de este sigloquizá demuestre cómo todo su ingente potencial , artístico, social y terapéutico se decantaen beneficio integral de la Humanidad o cómo, por el contrario, degenera en una poderosaarma de la crisis posmoderna al servicio de su destrucción moral.
  8. 8. El valor de la belleza física debe ser preservado a través de un cuidado y mejora que cadapersona y la sociedad deben procurar como una manifestación externa de su propia digni-dad. La Cirugía queda, pues, como un justificado instrumento que favorezca tal expresiónen casos refractarios a las medidas ordinarias, siempre que sea compatible con la indicaciónmédica oportuna y el beneficio físico y psicológico supere con creces los riesgos y supráctica no resulte en una discriminación económica excesiva.El cirujano estético está llamado a volcar todo su arte y ciencia en una praxis respetuosacon la dignidad de la persona y acorde con los principios éticos que durante siglos han ilu-minado el ejercicio de la Medicina. Ello requiere una preparación técnica competente y unaamplia visión del paciente como un todo, agudizando su atención en los aspectos psicológi-cos que motivan la consulta.El cristianismo siempre verá en la belleza física un reflejo fiel del Creador. La Cirugía, portanto, puede ser un excelente instrumento a su servicio, como una participación del poderdivino sobre las criaturas. Se descarta, por tanto, cualquier pretensión de pura vanidad, queen cambio heriría de muerte la armonía de la naturaleza y alejaría al ser humano de la ima-gen íntegra de belleza que a todos los hombres llama Dios.Bibliografía(1) Matas Aguilera, V. Informe “Distribución de las peticiones de plazas MIR en el año2011”. Centro de Estudios Sindicato Médico de Granada.(2) Hontanilla B, Aubá C. Belleza y cirugía estética: consideraciones psicológicas y mora-les. Rev Med Univ Navarra/Vol 46, nº 3, 2002, 45-51.(3) Alocución del Papa Pío XII durante el X Congreso Mundial de la Sociedad Mundial deCirugía Plástica. Roma, 4 de octubre de 1958.(4) Catecismo de la Iglesia Católica n. 39.(5) Benedicto XVI. Audiencia general del 18 de noviembre de 2009.(6) 1 Timoteo, 2, 9-10.(7) 1 Pedro 3, 3-4.(8) San Agustín. Confesiones. Libro II, capítulo 5.(9) Íbid. Sermo 241, 2.(10) Santa Teresita de Liseux. Historia de un alma. Capítulo VI, 67rº.(11) Cantar de los cantares 4, 7.(12) 1 Corintios 12, 31.

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