Sándor Márai: “Confesiones de un burgués”
Sándor Márai fue la conciencia melancólica de la Europa Central del siglo XX.Representó la “burguesía humanista” de la Hun...
Es la historia de una república burguesa, de la reconversión del antiguo fastode los Habsburgo en una burocracia que mante...
Biografía sobre Sándor MáraiEn su famoso poemario “Cielo y Tierra”, aún no traducido del todo al español, recuerda asu ciu...
deber, la importancia de la palabra empeñada y la preocupación constante porinfluir en la época que les había tocado vivir...
matricularse en la carrera de leyes, como era tradición en su familia, en la Universidad deBudapest. La capital húngara se...
Sándor Márai en su terraza de BudapestLos siguientes quince años serían los más productivos de su carrera literaria. Comie...
línea y su vida social se redujo a la mínima expresión. Decide en esosmomentos comenzar a escribir un diario. Parte de est...
importante. Tanto es así que el historiador de la literatura y filósofo marxista,Georg Lukács, se atrevió a escribir: “Sól...
Sándor Márai en San FranciscoEl invierno de 1963 los Márai lo pasaron en Nápoles y permanecieron allí hastaMarzo. Estos me...
En Mayo de 1967 deciden dejar EEUU. Tras quince años en Nueva York, elbalance que hace Sándor Márai es el siguiente: “Quin...
Hemos divisado hasta ahora sus contornos de gigante, ahora nos proponemosutilizar el microscopio y entender las razones de...
que su dolor y su sufrimiento en aquellos momentos fueron soportables,civilizados y por qué no, burgueses. La vida no le i...
lenguaje de las palabras siempre, y que incluso gigantes de la literatura sequedan sin ellas para poder compartir su pena....
bien que así sea, porque los médico verdaderos son pocos y enfermos haymuchos. Por eso en tiempos de las guerras médicas H...
Sándor Márai con hijo JánosEl 23 de abril de 1987 murió su hijo János de forma inesperada en San Diego.Márai era un ancian...
veinte de la tarde, aproximadamente. (…) Literalmente “exhaló el últimosuspiro”. Me quedé durante media hora más junto a s...
su extraordinaria fuerza interior, y estoy convencido de que fue Lola la que meayudó a superar la etapa más difícil de mi ...
El 21 de Febrero de 1989 Sándor Márai se suicidó de un disparo en la cabeza.Sus cenizas, días después, fueron diseminadas ...
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Capítulo del libro "Lágrimas de papel" de Joseantonio Trujillo dedicado a Sándor Márai.

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  1. 1. Sándor Márai: “Confesiones de un burgués”
  2. 2. Sándor Márai fue la conciencia melancólica de la Europa Central del siglo XX.Representó la “burguesía humanista” de la Hungría de esa época. Su dominiodel lenguaje en los temas situados en los aledaños del alma humana, leconfirió un perfil de gigante de la literatura universal.Patria, burguesía, humanismo, lengua y literatura fueron palabras clave en lavida de este escritor. No podemos acercarnos al gigante literario húngaro si noentendemos el contexto en el que nació y creció, y que de forma tandeterminante influyó en su obra.Comenzaremos conociendo las circunstancias históricas de su país, que tantoinfluyeron a la hora de decidir sobre cuestiones fundamentales en su vida. Arenglón seguido, nos acercaremos a su familia para entender lo que supusopara él la defensa del concepto “burguesía humanista”. Finalmente, a través delhilo conductor de la literatura, conoceremos sus épocas de madurezprofesional, sus posicionamientos frente al nazismo y el comunismo, yentenderemos las razones de su exilio y posterior compromiso con la libertad yla cultura de su país a través de su lengua. En esos momentos, estaremos endisposición de acompañar al Márai sufriente.Hungría escribió su historia en el siglo pasado en clave de drama. La bella yculta nación magiar representó la agonía de una tradición y cultura europeaque sufría la indiferencia de los países occidentales. La suerte de los más decien millones de europeos que representaban una “periferia” que conformaba elantiguo imperio astrohúngaro fue la del perdedor y olvidado. El proceso brutalde bolchevización emprendido por Rusia a mitad del siglo XX agotó laesperanza de un pueblo culto, occidental, humanista y europeo, y lo sumió enuno de sus más tristes periodos históricos.La monarquía Astro-Húngara dualista, con sede en Viena y Budapest, del sigloXIX, regida por Francisco José I de la casa de los Habsburgo, propició undesarrollo importantísimo de la burguesía a través de la industria y el comerciocomo ejes de la economía, y también una interlocución de igual con el resto degrandes potencias europeas, como se vio en el congreso de Berlín de 1878.A ese periodo de estabilidad le siguieron las consecuencias de la PrimeraGuerra Mundial, que comenzó precisamente con el asesinato en Sarajevo delheredero al trono de los Habsburgo.El Tratado de Trianón (nombre del palacio en Versalles donde se firmó elpacto) en 1920, acabada la Primera Guerra Mundial, le supuso la pérdida demás de un 70% de su territorio, que fue cuarteado y repartido entre Rumania,Checoslovaquia, Austria y la futura Yugoslavia. Una parte importante de lapoblación magiar cambió de dueño de la noche a la mañana, dejando bolsasde ciudadanos y hablantes de este país en determinados rincones de otros,remisos a la asimilación, como Transilvania y la región de los Cárpatosrumanos, donde viven más de dos millones de húngaros. Quienes en el sigloXIV fueron el bastión de Occidente contra los tártaros y los eslavos, ahoraquedaban convertidos en los parias de Europa.Millones de húngaros pierden su identidad imperial y pasan a formar parte denacionalidades que en el Imperio eran de segunda clase.Hungría se convierte en un pequeño país, pero con los años reconvierte suantigua estirpe basada en la monarquía dual, en un país con un Estadorepublicano que intenta no perder del todo sus antiguas señas de identidad.
  3. 3. Es la historia de una república burguesa, de la reconversión del antiguo fastode los Habsburgo en una burocracia que mantenía sus rasgos feudales con susterratenientes, y construía una administración centralizada que pretendíaostentar un respeto por las jerarquías que hiciera olvidar antiguashumillaciones.Se convierte así en un país dedicado a prosperar económicamente e introducirelementos de modernidad, sin perder los valores del iluminismo monárquico desu historia.Hungría, en espera de la subsanación de los agravios padecidos aconsecuencia del citado Tratado de Trianon, se convirtió paulatinamente enaliada de Alemania y de Italia, y por medio de ellas, en parte, pudo recuperarlos territorios perdidos. Todo ello comprometió al país con las “potencias deleje”, y así en 1941 Hungría se convirtió en parte beligerante en la SegundaGuerra Mundial. Primero tuvieron que soportar a los nazis y sus excesos, portodos conocidos, y después, ante la mirada distraída de las potenciasoccidentales sucumbió, acabada la Segunda Guerra Mundial, al afán expansivoruso. La entrada en Hungría del bolchevismo supuso la pérdida de las fortunasprivadas, la recesión agrícola y el tejido industrial. El comunismo impidió elmantenimiento o el crecimiento de las clases medias. Quedó anulada la claseque dio origen a la cultura occidental de nuestro tiempo, el “humanismoburgués”, como lo denominó Sándor Márai.Un ministro suizo llamado Schumann relató que cuando había ido a Moscú aver a Stalin, mientras conversaba con él, no dejaba de mirar el mapa de Europay Asia; en un momento dado, puso una mano encima de Europa y dijo de formaquejosa: “Qué pequeña es Europa”. Palabras que se convirtieron en muerte ydestrucción debido a la ambición desmedida del dictador ruso, como bienconocemos.Muchos húngaros que evitaron los trenes de la muerte de Hitler fueronenviados por Stalin a Siberia para convertirse en esclavos.La identidad húngara quedó gravemente afectada hasta que en el año 1989,con la caída del muro de Berlín, comienza un nuevo proceso dedemocratización del país que le lleva a su actual situación de miembro de plenoderecho de la Unión Europea y desde 1999 miembro también de la OTAN.Sándor Márai conoció el devenir de su Hungría querida en casi todo el sigloXX, pero no pudo disfrutar observando la caída del muro de Berlín, con todo loque eso supuso posteriormente.Sándor Károly Henrik Grosschmid (Sándor Márai) nació el 14 de Abril de 1900 a las ochode la tarde en el domicilio familiar de la ciudad de Kassa, Kaschau en húngaro y Kosice eneslovaco. Era una ciudad con una población de lengua magiar, alemana y eslovaca y una 1fuerte presencia judía, centro cultural y comercial de la Hungría del norte.1 Ernö Zeltner. “Sándor Márai”. Publicaciones de la Universidad de Valencia. Valencia 2005.Gracias a esta biografía, la más importante y completa en español, podemos conocer mucho más endetalle a Sándor Márai. Ernö Zeltner la publicó en el año 2001. Ha sido traducida al español por ElisaRenal. Zeltner (1935) estudió Filología Húngara en Budapest. Posteriormente se trasladó a Viena, en elaño 1956, y continuó estudiando Filología Alemana y Dramaturgia. Actualmente es escritor, traductor yasesor editorial. Desde hace unos años reside en el Tirol. Para todos los amantes de Sándor Márairecomendamos vivamente la lectura de esta biografía, que ha sido fuente para gran parte de los hechosque nos interesaban y considerábamos relevantes para nuestro objetivo.
  4. 4. Biografía sobre Sándor MáraiEn su famoso poemario “Cielo y Tierra”, aún no traducido del todo al español, recuerda asu ciudad natal: “Nací cuando soplaba el viento, al caer la noche, hacia las ocho, he amado Kaschau y los poemas, las mujeres, el vino y el honor, también la razón, cuando habla al corazón. No amo, por lo demás, ninguna otra cosa. Nadie conoce el resto. Ni ruegos ni súplicas, no os compadezcáis de mí.”El escritor pertenecía a una familia de clase media y de origen sajón (su apellido real eraGrosschmidt). Hijo de un abogado, Géza Grosschmid, que llegó a convertirse envicenotario real, y una profesora de la Höhere Mädchenschule, Margit Ratkovszky.Fue el mayor de 4 hermanos - entre ellos, el conocido director de cine Géza Radványi.Tras la derrota de las potencias centrales en la Primera Guerra Mundial, la AltaHungría y, con ella, también la ciudad de Kaschau, pasaron en 1921 a formarparte de Checoslovaquia en aquel momento, Eslovaquia en la actualidad.Kaschau, a pesar de estar enclavada más bien en la periferia de Europa,concretamente en el borde de los Cárpatos, era con sus raíces medievales, losorgullosos burgueses de la ciudad y su espíritu europeo introducidooriginariamente por mediación alemana, una de las cunas de la culturaburguesa y urbana de Hungría.La familia fue un pilar para él desde su más tierna infancia Ésta estuvo ligada ala burguesía y todos sus miembros reconocieron esta especial ligazón comoalgo constitutivo de la misma. Familia y burguesía se entrelazan en su vida y suobra de una forma muy marcada. Tanto es así que escribe: “Mis antepasados,los burgueses de origen sajón que llegaron como pioneros al país de un puebloabigarrado, interesante y que allí construyeron ciudades y una cultura urbana,vivieron sobriamente de acuerdo con las normas burguesas. Protegieron susciudades y las rodearon de altos muros y también de privilegios y no dejaronentrar ni a la nobleza ni a los campesinos. Mostraron su orgullo, tanto haciaarriba como hacia abajo, porque eran burgueses, porque su rango no procedíade la gracia de Dios, sino que había sido conquistado con los puños. (…) Lossajones eran una casta singular, capaces de difundir por el mundo su fuerzacreativa, trabajaban y creaban por todas partes.”Márai reivindicó siempre la cultura burguesa. La vida del burgués estabaordenada por el esfuerzo. No era una vida lírica. Se vivía con la conciencia del
  5. 5. deber, la importancia de la palabra empeñada y la preocupación constante porinfluir en la época que les había tocado vivir.Para Marai ser burgués no era una categoría social sino una vocación.Defender los ideales burgueses, era defender a una cultura europea que habíagenerado su mejor exponente en el humanismo, y en definitiva, era defender asu familia, sus orígenes, su educación, sus ideales.En Kaschau pasó Márai, con algunas breves interrupciones, los primerosdieciocho años de su vida. En esta ciudad políglota y de encuentro dediferentes culturas, fue educado en los ideales burgueses de un siglo XIX queexpiraba y que difícilmente iban a sobrevivir en el XX. Grabado antiguo representando KaschauEl escritor húngaro elevaría después a categoría de mito nostálgico, lasvivencias de su infancia y primera juventud, la historia de su ciudad, su heroicatradición burguesa y su cultura.A pesar de que Márai abandonó Kaschau cuando aún era joven, y sólo regresóa ella de manera esporádica, ésta nunca dejó de ser su ciudad ni él el típicohijo de una familia burguesa y patricia de la Alta Hungría. Al menos la mitad desus obras hablaron precisamente de Kaschau y de la defensa de su idealburgués y humanista. De hecho, en los años treinta uno de sus temas preferidos erael de la descomposición de la burguesía húngara, a la que él pertenecía. Esa burguesía,escribía en unos de sus libros, "dentro de cuyo estilo de vida yo nací, que observé, conocíy escruté en todos sus aspectos hasta alcanzar las raíces, y que ahora veo desintegrarsedel todo. Tal vez este es el único deber de mis escritos, de mi vida: delinear el curso deesa desintegración".En el año 1918 el joven Sándor Márai se traslada de su ciudad natal a la capital húngara,Budapest. Allí precisamente debía realizar su examen de madurez, para posteriormente
  6. 6. matricularse en la carrera de leyes, como era tradición en su familia, en la Universidad deBudapest. La capital húngara se le presentaba como una oportunidad magnífica deencontrarse con numerosos periódicos, revistas, teatros, círculos literarios. Él sentía lallamada de la literatura y necesitaba plasmar su afición primera y su posterior vocación enalguno de los medios que existían al uso en esa bella ciudad.Vivió intensamente los días en Budapest ya que se sucedieron acontecimientos políticosde envergadura a una velocidad de vértigo. Éstos comenzaron en Octubre de 1918 con laRevolución burguesa, seguidos en la primavera de 1919 por el traspaso de poder a loscomunistas y el inicio de la República de los Consejos Obreros, y finalizaron en el otoño de1919 con el acceso al poder del movimiento contrarrevolucionario dirigido por MiklósHorthy. Él fue testigo ocular de todos estos acontecimientos que plasmó en colaboracionesen diferentes periódicos. Es precisamente, en 1918, cuando vio la luz su primer volumende poesía “Libro de recuerdos”.Preocupa a su familia su participación como periodista en todos esos sucesosrevolucionarios, y deciden enviarlo con diecinueve años al extranjero. Esta decisión seadecuaba bien al deseo de ese joven sensible que era Sándor y respondía también a supersonalidad inquieta y errabunda. Nadie preveía, ni él mismo, que su aventura europeadurara 10 años y que lo llevara a lugares tan diferentes y ricos como: Praga, Leipzig,Viena, Weimar, Frankfurt, Berlín, Florencia, Londres y París, lugar predilecto para la vidabohemia y cosmopolita de la época. Viajó también por Egipto, Siria y Palestina. Fue unperiodo de aprendizaje trascendental para él, aunque no ocurriera el mismo dentro de lasaulas de ninguna facultad. Esos años demostraron ser decisivos con posterioridad para eldesarrollo de su personalidad y para su progreso profesional en el periodismo y laliteratura. Se matriculó en el Instituto de Periodismo de Leipzig, donde aguantó unsemestre. Después cambió a la universidad y acudió a clases durante otro medio año. Ensu periplo europeo colaboró con diferentes periódicos y suplementos culturales. Disfrutómuchísimo con las diferentes tertulias literarias a las que asistió en los diferentes cafés delas diversas ciudades en las que vivió, como el conocido “Romanisches Café” de Berlín.Nos detenemos en este momento en su estancia en Berlín. Allí conoce a la que seconvertiría en la mujer de su vida, Illona Matzner (Lola). Ella era hija de una familia judíaacomodada de Kaschau, y viajó hasta Berlín por indicación de sus padres, con la intenciónde que una estancia en la ciudad alemana le ayudaría a olvidar un amor de juventud, quesegún ellos no le convenía. Sándor Márai no había cumplido todavía los 23 años, aspirabaa ser poeta y vivía de lo que su familia le daba junto a lo que cobraba por diferentescolaboraciones periodísticas. No era precisamente un buen partido, para una mujer joven,rica y culta. El escritor húngaro recuerda su primer encuentro con Lola: “En el salón de téde la Kurfürstendammm, Lola y yo estuvimos charlando una media hora; luego nosquedamos callados, mirando a los que bailaban en la pista. Me acuerdo con total nitidez decada detalle de esa tarde. Todavía no habíamos empezado a hablar de cosas personalesy yo ya estaba un poco preocupado, observaba a los bailarines y me preguntaba de qué 2viviríamos”.Sándor Márai e Illona Matzner acordaron unir sus vidas para siempre el 17 de Abril de1923 en Budapest de forma civil. La ceremonia religiosa no tuvo lugar hasta trece añosmás tarde, toda vez que Lola había adoptado la fe católica y recibido el bautismo en unapequeña parroquia junto a Veszprim. Los padres de ambos no se tomaron en serio elcompromiso de los jóvenes, pero el hecho cierto es que se mantuvieron juntos sesenta ydos años y ocho meses, coincidiendo el final de su relación con la muerte de Lola.En la primavera de 1928 decidieron regresar a Hungría desde su residencia en París.Llegaron a Budapest y alquilaron una casa en el barrio de Christina, en la calle Mikó.Comenzó a colaborar con diferentes periódicos y se lanzó a la aventura literaria connovelas de gran calidad.2 Sándor Márai. “Confesiones de un burgués”. Editorial Salamandra. Barcelona 2004.
  7. 7. Sándor Márai en su terraza de BudapestLos siguientes quince años serían los más productivos de su carrera literaria. Comienza aescribir de manera infatigable: 16 libros entre 1930 y 1939, los que fueron saludados dediferente manera por los diversos grupos culturales de la época. Con todo, Márai logratener un amplio público lector. De esta época son sus conocidos libros “Los jóvenesrebeldes” o “Confesiones de un burgués”, entre otros. Escribía también teatro con muchoéxito, como con la obra “La última aventura”. No abandonó la poesía y publicó su conocidopoemario “Cielo y Tierra”. Alcanzó mucha popularidad con sus colaboraciones enperiódicos del prestigio del diario “Pesti Hírlap”.Todo este éxito le llevó a tener trato frecuente con escritores del renombre del queconsideró siempre su modelo como Deszö Kosztolányi, o el prohombre de la literaturahúngara de aquellos momentos Ferenc Herczeg o el alemán y premio Nobel ThomasMann.En 1938 fue elegido miembro de la renombrada sociedad literaria Kisfaludy. Márai habíatriunfado de forma rotunda, se le consideraba uno de los escritores más relevantes delpaís, leer sus obras era signo de erudición y buen gusto entre el gran público. Finalmenteen 1942 es elegido miembro correspondiente de la Academia Húngara de las Ciencias.Es su época de mayor madurez literaria la de los años 30 y 40. Consigue el favor delpúblico y el reconocimiento de los entendidos. Encarna en esos años su ideal de personaliberal, burguesa y humanista. Su compromiso con las ideas liberales lo muestra en suscolumnas periodísticas que eran muy seguidas. Su apuesta por los temas humanistasquedan reflejados en sus novelas, obras teatrales y poesías. En 1932, siendo ya unescritor consagrado, relataba: “…escribía un libro, luego otro (…). Poco a poco el trabajoacabó dominando mi vida como una enfermedad”.En Marzo de 1944, Hungría es ocupada por las tropas alemanas de Hitler.Sándor Márai conoce este hecho en el transcurso de una cena en su casacelebrando su onomástica. Desde ese momento, Márai fue consciente que suvida iba a cambiar de una forma importante, y que su época de periodista yescritor influyente iban a dar paso a un tiempo de dificultades, penurias yprivaciones. En el diario Magyar Nmezet reflejaban la siguiente noticia: “SándorMárai abandonó la pluma el 19 de Marzo de 1944 (…) no estaba dispuesto aproseguir con su trabajo bajo la ocupación alemana”. Su silencio produjo elefecto de una protesta clamorosa. No publicó desde ese instante ni una s ola
  8. 8. línea y su vida social se redujo a la mínima expresión. Decide en esosmomentos comenzar a escribir un diario. Parte de este diario se publica comoun libro autobiográfico conocido en español como “Tierra, tierra”. En él dejabien claro lo que pensaba del nazismo, que en muchas columnas periodísticascriticó duramente. Siempre se declaró “profundamente antifascista”, algo pocorecomendable en la Hungría de aquel momento. Su inmensa fama losalvaguardó de algunas represalias de calado, pero en el fondo le af ectómucho la expansión nacionalsocialista por Europa, y más en concreto enHungría. Parte de la familia de su mujer, que eran judíos, fueron asesinados encampos de concentración nazis. Con la finura en él característica pone en bocade un pariente amigo de los nazis en su libro “Tierra, tierra” lo que opinabaverdaderamente de ellos: “Tú no puedes comprenderlo –repitió de maneramecánica, y se golpeó el pecho-. Ahora se trata de nosotros, de los que notenemos talento –precisó con una extraña actitud de confesión, como el héroede una novela rusa-. ¡Ésta es nuestra oportunidad!”3.En Mayo de 1944 se trasladó el matrimonio Márai a Leányfalu, un pueblo queera residencia de muchos artistas situado junto a una curva del Danubio,veinticinco kilómetros al norte de Budapest. Desde ese lugar a través del tren odel barco podía ir y venir a Budapest con cierta rapidez. Nunca másregresarían a su casa de la calle Mikó.En esa casa tenían un jardín. Pertenecía a un amigo de su familia, y se alzabacerca de un bosque. Los nazis no se interesaron por ella. Allí intentóconcentrarse en su trabajo y finalizar las novelas “La hermana” y “Losofendidos”.En las navidades de 1944 las tropas soviéticas llegan a Hungría y en Enero de1945 inician el asedio a la ciudad de Budapest. Algunas tropas del Ejercito Rojose acuartelan próximas a la casa de Márai en Leányfalu. Allí tiene contactofrecuente con los soldados rusos. Se vio sometido a compartir su casa con unatreintena de ellos. Esa vivencia le permite hacer consideraciones muy ricas apropósito de los mismos, como la que sigue: “Pertenecían a un pueblo quehabía vivido en estado de esclavitud durante mucho tiempo y parecían saberque su destino no había cambiado: los dueños de antaño se habían ido, habíanllegado los nuevos, y ellos continuarían siendo tan esclavos como antes”.Tras el asedio ruso, los alemanes abandonaron Budapest. Márai compruebaque su casa había sido destruida, con su biblioteca de seis mil libros. El edificiono había soportado el impacto de bombas incendiarias y multitud de granadas.Buscó un nuevo alojamiento cerca de su casa destruida y en Marzo de 1945regresan de nuevo a Budapest.Vuelve el escritor húngaro a una normalidad relativa en este tiempo, con laesperanza de que el país se pudiera reconstruir y comenzar a tener de nuevoesperanza. Del 1945 al 1948 la presión ejercida por los comunistas esasfixiante, y el control ejercido por la URSS, anula a Hungría como paíssoberano. Los medios de comunicación fueron cayendo en manos del “partido”y el asedio de los comunistas sobre su persona comienza a ser muy3 Sándor Márai. “Tierra, tierra”. Editorial Salamandra. Barcelona 2006.
  9. 9. importante. Tanto es así que el historiador de la literatura y filósofo marxista,Georg Lukács, se atrevió a escribir: “Sólo su nivel como escritor mismo es másbajo aún que su nivel político y humano”.Comprendió en esos momentos que su mera presencia en Hungría podíaavalar de alguna forma el régimen dictatorial impuesto por los comunistas, ycomenzó a pensar seriamente en el exilio. Posiblemente su salida del país,significaría el precio a pagar por Márai para que “no puedan comprarme comoindividuo”. En esos momentos tiene palabras muy duras para sus vecinoscomunistas: "el ruso sabe que la persona no importa mucho... sólo importa sies posible utilizar al hombre en cuestión, es decir, el material disponible".Entre 1945 y 1948 publicó ocho libros, pero su repercusión fue muy pobre.En el verano de 1948, el escritor húngaro acepta la invitación para asistir enGinebra al tercer “Reencontré Internationale”, una reunión de escritores,artistas y científicos de diversos países europeos. Las autoridades húngaras lehabían autorizado el viaje a toda su familia. Era su oportunidad para exiliarse.En su diario dejó reflejado lo que sintió cuando el expreso de Arlberg que veníade Budapest alcanzó la línea de demarcación junto al Enns y cruzó el río: “Erauna noche tranquila. El tren se puso en movimiento sin hacer ruido, rodólentamente sobre el puente. Avanzamos hacia la noche estrellada al encuentrode un mundo en el que no nos esperaba nadie. En ese instante –por primeravez en mi vida- sentí miedo, comprendí que era libre. Comencé a asustarme”.La decisión de exiliarse junto a su familia, inicialmente a Europa yposteriormente a EEUU, le afectó de una forma profunda en lo personal y en loliterario. No existe otro acontecimiento en su vida sobre el que escribieraposteriormente de forma tan frecuente y conmovida. Desde el instante en quepisa Suiza, presiente que su auténtica patria desde ese momento iba a ser sulengua, que le procuraba la libertad y la estabilidad emocional que necesitaba.Tras siete semanas en Ginebra, Sándor Márai decidió partir para Italia, másconcretamente a Nápoles. Desde allí escribió para numerosos periódicos enlengua húngara de Europa, EEUU y América del Sur. Continuó con su laborliteraria, tanto en su vertiente teatral como la novelística, finalizando una partede “Confesiones de un burgués”. En el verano de 1951 escribió la que sería sinduda su composición poética más profunda, la “Oración fúnebre”, un dramáticomonólogo sobre la pérdida de la patria y de la lengua propia. Colaboró con unprograma radiofónico de la Radio Europa Libre durante muchos años.Por diferentes circunstancias, la familia Márai decide embarcar rumbo haciaNueva York en el año 1952. Su mujer consiguió trabajo y él siguióprodigándose con diferentes colaboraciones en distintos periódicos y revistas.Su actividad literaria no fue muy intensa. En 1957 juró la constituciónestadounidense y se hizo ciudadano norteamericano. Posiblemente este hechoestuviera relacionado con los sucesos sangrientos de 1956 en su país natal.Con la nueva nacionalidad pretendía proteger a su familia del odio represivo delos comunistas húngaros.En 1959 los Márai realizaron un viaje largo por California, Arizona, NuevoMéxico, Texas, Luisiana, Florida y después regresaron a Nueva York. En esteviaje pudo comprobar la riqueza cultural y paisajística de ese país.
  10. 10. Sándor Márai en San FranciscoEl invierno de 1963 los Márai lo pasaron en Nápoles y permanecieron allí hastaMarzo. Estos meses los dedicaron también a viajar por diferentes paíseseuropeos, como Austria, Suiza y España. A pesar de las pocas noticias quetenemos sobre su viaje a España, sí conocemos que años antes recibió desdeBarcelona la edición española de “El legítimo” y le llenó de alegría mientraspermanecía en Ginebra, primera etapa de su exilio. El escritor húngaro se sintiósiempre atraído por España, y de hecho fue lector de Ortega y Unamuno. De éste último,que conoció en su estancia en París, escribió: “Todas las tardes pasaba por allí Unamunocon su suave sonrisa de sabio, aguantando las incomodidades de la emigración forzosacon comprensión y serenidad; a su alrededor se reunían los intelectuales y aventureros dela nueva España, oficiales, filósofos, escritores. A mí me gustaba estar con ellos. Eranpersonas tristes, como todos los que frecuentábamos Montparnasse: allí todos éramospersonas perdidas y con multitud de defectos, todos buscábamos un lugar en el mundo,una patria física y espiritual”. Se reconoció también ferviente admirador de Cervantes y sugenial novela “Don Quijote de la Mancha”, la cual estuvo leyendo hasta en los años finalesde su vida, por tenerla entre sus lecturas favoritas.Como contrapartida, en España tuvo como valedor al destacado humanista Ferenc OliverBrachfeld (1908-1967), quien tradujo “A la luz de los candelabros” (Destino, 1946) y“Música en Florencia” (Destino, 1951), así como “La verdadera” (Nausica, 1951). En elprólogo a una de sus versiones, informa Oliver que también existían versiones españolasde “Los rebeldes” y de “Divorcio en Buda”.En español, en la actualidad, la Editorial Salamandra tiene previsto ir publicandoalternativamente ficción y diarios a lo largo de varios años.
  11. 11. En Mayo de 1967 deciden dejar EEUU. Tras quince años en Nueva York, elbalance que hace Sándor Márai es el siguiente: “Quince años en una ciudaddonde no pude conectar con nada. Fracaso total, fracaso humano, fracasoliterario. No se publicó en inglés ni una línea mía; (…) El hecho de marcharmerepresenta tanto la aceptación de un fracaso total como un profundo alivio”.Su destino nuevamente fue Italia, más concretamente, Salerno. Vivieron allídoce años, un lugar según el escritor húngaro poco propicio para su ocupaciónpero muy tranquilo y gratificante.El 6 de Mayo de 1980 se trasladaron definitivamente a EEUU, esta vez a SanDiego, ciudad con buen clima, conocida por ellos y donde vivía su hijo János.Pensaron que debido a sus avanzadas edades, debían estar cerca de su hijo ypróximos a una atención sanitaria del más alto nivel. Tuvo multitud de ofertasde regresar a su país, pero su posición fue siempre la misma: sin democraciano existía posibilidad de regreso. En esa ciudad permanecerían juntos hasta sumuerte.La mayor parte de sus escritos en el exilio fueron memorias y diarios. La prohibición de suobra en Hungría, unida al hecho de que nunca dejó de escribir en húngaro fueron lascausas de que su vastísima producción estuviera prácticamente condenada al olvido.Publicó en pequeñas editoriales financiadas por húngaros en diversas partes del mundo, lamás constante de las cuales fue la de Stephen Vörösváry-Weller, en Toronto, de su amigoel editor húngaro István Vörösváry. Sándor MáraiHasta aquí hemos conocido las claves fundamentales en la vida del genialescritor húngaro Sándor Márai. Su vida puede resumirse utilizando el título desu conocido libro, en las “Confesiones de un burgués”. Hombre de familiaacomodada, sufrió todo tipo de vicisitudes por su defensa clara de sus idealeshumanistas, incompatibles con cualquier tipo de totalitarismo, que le llevó a unduro exilio durante muchos años. No pudo nunca regresar a su amada patriahúngara. No alcanzó a gozar cómo la democracia volvía a florecer en su país,la muerte le sorprendió antes. Hemos repasado los hechos biográficos másrelacionados con la parte épica de su vida. Es el momento de que nosacerquemos a su vida más intima, al lado lírico de su existencia. La vida no leahorró el dolor y la muerte de los suyos y posteriormente el suyo propio.
  12. 12. Hemos divisado hasta ahora sus contornos de gigante, ahora nos proponemosutilizar el microscopio y entender las razones de su alma.La muerte de sus seres querido produjo en Sándor Márai una improntaprofunda que supo describir con suma maestría a través de su pluma.En el año 1934, en plena época de madurez literaria de Sándor Márai, su padrefalleció. De forma magistral escribió sobre ese suceso: “Un día de otoño, a lasocho y media de la tarde, murió mi padre. Murió en plenas facultades mentales,con dignidad, de forma ejemplar, como si quisiera enseñarnos cómo se debemorir. Murió en mis brazos, y desde entonces cambió mi miedo a la muerte: yano tengo tanto pánico, no temo a la muerte, al menos no una muertedesconocida y horrible, más bien me da miedo dejar la vida, le reclamo a lamuerte los sabores y aromas de la vida; en el instante en que mi padre cerrólos ojos, comprendí que la muerte no es ni mala ni buena, que no poseeninguna característica”. La forma serena con la que se enfrentó a la muerte desu padre debemos enmarcarla precisamente dentro de un contexto deestabilidad del escritor húngaro en su terreno personal y de triunfo en suterreno profesional. Las reflexiones que hizo ante este hecho entran dentro delo que se podía esperar de un buen hijo y una persona razonable, que aceptalas obligaciones de la realidad en lo que tiene que ver con la vida y la muerte.No es una muerte que desestructure la personalidad de su hijo sino que leinvita a hacer reflexiones jugosas en lo familiar. Así escribe Márai, recordandoel momento en el que seguía al féretro con los restos mortales de su padrehasta el cementerio, lo siguiente: “En ese camino comprendí que mi padrehabía sido la única persona con quien yo había tenido algo que ver, con quienyo había tenido algo en común, algo personal, un asunto que no se podíaarreglar o aclarar, un asunto del cual nunca habíamos hablado, y comprendíque esa conversación inexistente, jamás ocurrida, ya nunca se produciría”.La sensación descrita por el escritor húngaro es muy común entre los hijos queal perder a uno de sus padres entienden los lazos invisibles que lo unen a él yque desgraciadamente nunca han tenido tiempo u ocasión de expresarlos deforma explícita, quedando con una sensación de deuda no pagada en loemocional. Es común por parte de los padres también el hecho de ahorrar asus hijos el equiparar la deuda de gratitud que cualquier bien nacido tiene consus progenitores con la obligación de devolver emocionalmente la misma. Elamor entiende más de gratitud y generosidad que de justicia. Finalmente, enesos momentos de dolor Márai escribió ante su sensación de pérdida: “Tras lamuerte de mi padre tuve que reconocer que en toda mi vida él había sido elúnico que me había tratado bien, que había sido bueno conmigo sin esperarnada a cambio, a su manera triste y civilizada, tuve que reconocer que yo noera capaz de amar a nadie más, que en mi interior había vanidad, heridasdolorosas y ganas de venganza en vez de amor y humildad. La razón y lacomprensión pueden apaciguar las emociones; yo no creo en la cura, nisiquiera en la paz interior. Sabía que nunca más sería capaz de establecer unarelación incondicional con nadie, que debía entregarme totalmente a mi trabajo,a mi modo de vivir, y trasladar allí todo lo que en mí y en mi mundo quedaba dehumano”.Esta reacción de Márai buscando un sentido a todo lo ocurrido es significativa.Está casado, tiene una estabilidad emocional, le va bien en su trabajo y aceptaa fin de cuentas, y sin grandes aspavientos, el hecho de la muerte de su padre,dentro de un sentido de la vida de no sobrevivir a los padres. Podemos decir
  13. 13. que su dolor y su sufrimiento en aquellos momentos fueron soportables,civilizados y por qué no, burgueses. La vida no le iba a ahorrar posteriormentepruebas mucha más duras como ahora veremos.Sándor Márai con su mujer Lola tuvo dos hijos. El primero de ellos nació el 28de Febrero de 1939, y fue bautizado con el nombre de Kristóf Géza Gábor.Nació en la época donde el escritor húngaro era un personaje reconocido entodo su país, y la feliz noticia del nacimiento de su primogénito fue festejada entoda Hungría.El pequeño Kristóf falleció a las seis semanas de su nacimiento. La causa desu muerte fue la de una hemorragia interna, ya que parece que padecía dehemofilia, enfermedad que le transmitió su madre. Estuvo en las mejoresmanos médicas del momento, pero nada se pudo hacer por él.Este suceso afectó profundamente a Sándor Márai. Su familia recuerda que elescritor se quedó “literalmente helado”. Pasados los años y cicatrizada en partela herida, encontramos a un hombre herido que expresa su dolor en elpoemario “Cielo y Tierra” de la siguiente manera: ¿Qué ha quedado de él? Su nombre, en este cepillo, el perfume de su cabello, nada más un paño manchado de sangre y este poema. El mundo está hecho de espíritu y de locura de poder, no, no comprendo por qué me han hecho esto no pienso disputar. Sólo guardar silencio y seguir viviendo, ahora es un ángel, si es que hay ángeles pero aquí, abajo, todo es banal y vacuo. No soy capaz de perdonar. A nadie y nunca más.La diferencia en su reacción ante la muerte de su hijo y la de su padre espalpable y comprensible, En la primera hubo racionalización de todo lo ocurridodentro de una realidad de la que no quería rebelarse. En la segunda existe undolor y sufrimiento profundo que le impide conceder ningún tipo de sentido aese hecho.Posteriormente en su libro “La mujer justa”, pone en boca de dos de suspersonajes principales unas reflexiones a propósito de la muerte del hijo deambos, que seguro tienen mucho que ver con lo que él vivió en primerapersona. En una parte del libro pone en boca del padre: “Cuando uno empiezaa llorar es que está intentando engañara al prójimo. En ese momento, el cursode los acontecimientos ya ha concluido. No creo en el llanto. El dolor no tienelágrimas ni palabras”. Esta última expresión es durísima. Un escritor de la tallade Márai se atreve a escribir que el dolor no puede expresarse con palabras.Qué gran misterio y qué humana reacción la suya. La pérdida de un hijo, sinduda, es una de las mayores pruebas a las que puede ser sometida cualquierpersona, y el sufrimiento debe ser tan profundo que no puede llegar a serexpresado, sólo sentido y vivido. Quizás las cosas felices y tristes de nuestravida, como la alegría, el amor, el dolor, el sufrimiento, tengan esa característicacomún de tener que ser sólo vividas. De esta forma, quizás esas situacioneshumanas puedan revestirse de toda autenticidad y verdad. No puedoasegurarlo con rotundidad, pero sí debe ser de alguna forma un alivio para elque sufre, pequeño, pero alivio, saber que el dolor no debe ser revestido del
  14. 14. lenguaje de las palabras siempre, y que incluso gigantes de la literatura sequedan sin ellas para poder compartir su pena.Después en ese mismo libro pone en boca de la madre del niño fallecido losiguiente: “¿Y qué pasó conmigo durante esas semanas? Ahora, a través de ladistancia del tiempo trascurrido, podría decir que juré venganza. Pero¿venganza contra quién? ¿Contra el destino? ¿Contra la gente? Son palabrasnecias. Al niño lo trataron los mejores médicos de la ciudad, como podr ásimaginar. Ya sabes lo que se dice en estos casos, que se hizo todo lohumanamente posible. Pero eso sólo son palabras. Para empezar, no se hizotodo lo humanamente posible. La gente tenía otras muchas preocupacionesdurante los días en que el niño estuvo agonizando, y el más insignificante desus problemas era más importante que salvar a mi hijo. Esto, por supuesto, aúnno he podido perdonarlo. Pero también juré venganza de otro modo, no con larazón sino con los sentimientos. Me consumían las llamas heladas y salvajesde una extraña apatía y un desprecio feroz. No es cierto que el sufrimiento nospurifique y nos haga mejores, más sabios y más comprensivos. Nos vuelvedemasiado lúcidos, fríos e indiferentes. Cuando, por primera vez en la vida,comprendes de verdad lo que es el destino, adquieres una especie deserenidad, te sientes aliviado y terriblemente solo en el mundo. Duranteaquellas semanas seguí yendo a confesarme, como había hecho siempre. Pero¿qué podía confesar? ¿Cuál era mi pecado? ¿En qué había fallado? Me sentíael ser más inocente del mundo. Ahora ya no me siento así. El pecado no essólo aquello que nos enseña el catecismo. No sólo es un pecado el quecometemos sino también el que nos gustaría cometer, pero no nos atrevemos aejecutar. Cuando mi marido –por primera y última vez en la vida- me atacó conaquella voz áspera y cruda en la habitación del niño, comprendí que meconsideraba culpable de no haber sido capaz de salvar a nuestro hijo”.Este párrafo es muy esclarecedor de lo que Márai sintió con la pérdida de suhijo, que intenta expresarlo a través de la ficción de una de sus personajes deuna de sus novelas. Muestra lo que significa de terrible la experiencia depérdida de un hijo, que si bien puede no enseñarnos directamente sí que nospuede hacer madurar de una forma más veloz. De alguna forma tambiénexpresa la importancia de quedarse con lo esencial y renunciar a todo losuperfluo cuando intenta encontrarse un sentido a la situación. Pero meinteresa sobremanera su reflexión a propósito del pecado y el sentimiento deculpa, y la explicación de todo lo ocurrido bajo esos parámetros. No debemosolvidar que Márai había crecido en una familia católica, y su formación se habíadesarrollado dentro de lo que suponen los principios cristianos. Observamosque pretende explicar su sufrimiento y encontrarle un sentido dentro de losparámetros de sus ideas cristianas, sin buscar de ninguna manera la caricia deun Dios cercano ni su explicación consoladora a tanto dolor. Su explicación seentiende dentro de un contexto de dolor profundo, aunque no dentro de laortodoxia católica o cristiana.Su tentativa de dar explicación al problema del dolor y el sufrimiento no sólo laincluyó en la novela antes citada, sino que también en otra obra suya “Lahermana”, abunda en el tema valiéndose esta vez de lo que un médico lecomunica a un paciente: “Porque la enfermedad no es más que la violación delorden del mundo. Dios abandona al hombre, se retira de él… y entonces surgela enfermedad. Claro que en los libros de medicina no se habla de esteproceso. En esos libros se habla del hígado y el bazo. Y del corazón. Y está
  15. 15. bien que así sea, porque los médico verdaderos son pocos y enfermos haymuchos. Por eso en tiempos de las guerras médicas Hipócrates permitió a suscolegas chamanes que iniciaran a profanos en los secretos de la medicina.Porque en las grandes culturas sólo a los sacerdotes se les permitía curar…quiero decir, en las culturas vivas, en armonía con el Dios vivo, como era lacaldea, la griega, y más adelante la cristiana. Aquel médico de Praga era unchamán: recondujo a sus pacientes a Dios. (…) Un médico de verdad cura sinmedios auxiliares”.Existen en este fragmento de su novela elementos de nuevo que estánrelacionados con su formación cristiana, donde incluye la relación entre laenfermedad y la culpa, y finalmente la existencia de un Dios que da coherenciaa una explicación determinada sobre el dolor y sufrimiento.Desde mi sencilla formación católica, entiendo que la explicación dada porMárai a través de los personajes de sus diferentes novelas al problema deldolor y sufrimiento en clave religiosa nada tiene que ver con la ortodoxiacristiana, y no es más que una visión muy personal del asunto. El evangelistaSan Juan lo dejó bien claro en su capítulo nueve, cuando relató lo siguiente:“Al pasar, vio un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron:Maestro, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego? Jesúscontestó: ni él ni sus padres han pecado, sino que ha ocurrido así para que semanifiesten en él las obras de Dios”. 4Independientemente de nuestra reflexión sobre cómo expresa Márai el dolorpor la muerte de su hijo, y si es ortodoxamente cristiana su visión o no, que eneste caso es lo de menos, sí que resulta muy interesante la diferencia quesupuso en su vida la muerte de su primer hijo con respecto a la muerte de supadre.Los Márai tuvieron otro hijo, János, en este caso adoptado. De hecho en el año1947, ocho años después del fallecimiento de su primer hijo, aparece lasiguiente noticia en un periódico húngaro: “Sándor Márai ha vuelto a ser padre”.Todo lo que rodea a la adopción de este niño es algo confuso y diversasfuentes divergen en su información al respecto. El hecho cierto es que el niñohabía nacido en el año 1941, y que el escritor húngaro pudo conocerlo en susfrecuentes viajes en barco desde Léanyfalu a Budapest en plena segundaguerra mundial. La versión más plausible es que Sándor Márai pudo iniciarcierta relación con el niño, y que finalmente según él escribe en sus diarios conposterioridad decidieron adoptarlo. Unas fuentes dicen que sus padresfallecieron en la guerra, pero el mismo Márai escribe: “Cuando yo adopté aJanos en 1945 en una notaría de Pécs estaban presentes sus padres, gentessencillas del Transdanubio a quienes la guerra había separado”. Llama laatención el año a que hace referencia 1945, cuando el periódico se hacía ecode la noticia en el año 1947. Sea como fuere, el hecho cierto es que los Máraiadoptaron a János, además sólo un tiempo antes de tomar la decisión de suexilio. János les acompañó, desde ese momento, siempre, y a todos los efectosfue un hijo para ellos.4 San Juan 9: 1-3.
  16. 16. Sándor Márai con hijo JánosEl 23 de abril de 1987 murió su hijo János de forma inesperada en San Diego.Márai era un anciano en ese momento, que vivía sólo y muy lejos de su tierra,y escribió: “János había sido durante cuarenta y tres años nuestro fielcompañero de viaje a través de mares y continentes, era la personificación dela honradez, la fidelidad y la delicadeza(…) Según la autopsia, ha muerto deuna endocarditis”.Este es un nuevo mazazo para Sándor Márai, en unos momentos muy difícilespara él, como veremos posteriormente. Se encuentra totalmente sólo, enfermoy sin ganas de vivir. Escribe en sus diarios unas hermosas palabras sobreJános y al final de ellas muestra de forma descarnada su estado de ánimo: “Nome daba cuenta de hasta qué punto lo quería. Un húngaro de extracciónhumilde, honesto, fiel, discreto, silencioso. Nunca pedía nada, siempre estabaagradecido por todo. En cuarenta y dos años nunca me engañó ni mintió. Consus propias manos construyó un hogar en el extranjero y fundó una familia. Nosamaba con una discreción peculiar que demostraba gran nobleza. A loscuarenta y seis años cayó fulminado como quien recibe un golpe mortal por lacalle. Las palabras Dios, piedad, misericordia; todo lo que han dicho los curas ylos filósofos es una completa mentira. No existe un propósito ni un sentido.Sólo existen los hechos descarnados. Todo es un asco”.Su desesperación era absoluta, su soledad era total. En esos momentos notenía a nadie de su familia en el mundo. Su mujer había muerto un año antes,hecho del que nos ocuparemos en detalle a continuación, su hermano Gáborhabía fallecido casi al mismo tiempo que ella, y su hermana Kató y su hermanoGéza meses después que ella. Con la muerte de János en palabras de Márai:“El círculo mágico se ha cerrado, ya no vive nadie de mi familia”.El 4 de Enero de 1986 había muerto Lola, la mujer de Sándor Márai. Lola fuetodo para el escritor húngaro. Fue su autentica roca donde se refugio tantas ytantas veces. Tras una larga y penosa enfermedad Lola falleció en un hospitalde San Diego. Márai siempre estuvo a su lado, no se separó de ella ni unmomento, procuró ofrecerle todo lo que estuvo en su mano. Sabía queperdiendo a Lola perdía su razón de vivir, su enganche con la vida, su hilotransparente de relación con lo humano. Sabía que su amor a la literatura noiba a ser suficiente seguro para seguir sorprendiéndose con la vida. Escribió ensus diarios: “Hoy hace cuatro semanas que murió, el sábado a las dos menos
  17. 17. veinte de la tarde, aproximadamente. (…) Literalmente “exhaló el últimosuspiro”. Me quedé durante media hora más junto a su lecho, contemplándola.No estaba seria ni hermosa, sólo diferente. Como si todo el maquillaje de lavida –ira, dolor, alegría tristeza-, todo lo que reviste el rostro humano, sehubiera borrado. Sólo capté en ella la serenidad y nobleza, dos rasgos quesiempre quedan ocultos en la cara de los vivos”.La muerte de su mujer lo sumió en una profunda tristeza. Su vida se convirtióen un mar de amargura. La pérdida de su familia le hace sentirse rodeado deun abismo que le conduce a la autodestrucción. Continúa escribiendo en sudiario: “La bestia agazapada salta desde las tinieblas. La furia. Primero sequedó ciega y sorda, después la enterraron en la tumba de un colc hónhospitalario porque se desmayaba y no podía andar, luego la echaron al fuegoy después al agua, y ahora a la nada. Salmos sobre la compasión. Eso noexiste. Sólo hay indiferencia negra, despiadada. Odio hacia todo y hacia todos,que estalla en días y noches entumecidos. Es lo único que me ayuda a esperarel momento en que pueda abandonarlo todo, sin lástima ni autocompasión”.Resulta difícil leer estas líneas si sentir desazón por todo lo que tuvo que pasarSándor Márai a lo largo de su vida tanto en el terreno profesional, con un exilioy olvido incluidos, como en el personal donde pierde poco a poco a toda sufamilia, incluidos sus dos hijos. El escritor húngaro, gigante de la literaturauniversal, que escribió páginas bellísimas donde ensalzaba la belleza de lohumano y defendía como pocos el ideal humanista, se encontraba al final de suvida con la dureza de la cruz de la realidad que en su caso significaba susoledad más absoluta. Solo y en tierra extraña no pudo encontrar la caricia delamigo, la compasión del hermano ni el alivio de la esperanza en lo eterno.Llegados a este punto sólo nos resta acercarnos a sus últimos días.Márai no tuvo nunca una naturaleza enfermiza. Conocemos que padeció en suHungría natal algunos problemas con su tensión arterial, complicados con unaarritmia cardiaca, precisamente en la época que estaba pensando en tomar ladecisión de exiliarse. Posteriormente, residiendo en Italia tuvo una hemorragiaintestinal. En sus últimos años en EEUU padeció de hipertensión ocular, y apropósito de la misma escribió: “La capacidad de adaptación del ser humano esincreíble: me acostumbro a vivir medio ciego, a tientas, a percibir las distanciastransformadas”.Nos interesa sobremanera una época en la que tuvo problemas con el alcoholcoincidiendo con su etapa en Alemania, y ya conviviendo con su esposa Lola.Escribe en su libro “Confesiones de un burgués”: “Yo había empezado a beberen Frankfurt, y al llegar a Berlín me convertí en un alcohólico hecho y derecho”.Tan solo con veintiún años hace esa revelación tan contundente. Explicaposteriormente la razón de su adicción: “Yo empecé a beber para vencer elpánico. (…) En mi fuero más íntimo me atormentaba el recuerdo de algunahumillación antigua e insoportable, la vergüenza me atenazaba la garganta unay otra vez, me atacaba y casi me vencía, me asfixiaba; yo me mareaba alacordarme o mejor dicho, cuando mi cuerpo lo recordaba, por algún motivo quenunca descifré”.La reacción de su mujer fue ejemplar, conociendo que llevaban poco tiempojuntos, y el escritor húngaro lo reconoce así: “Lola no sabía nada de todo esto.Sólo notaba con desesperación que yo estaba mal. La naturaleza de mienfermedad le resultaba oculta e incomprensible. (…) Lola lo intuía y seadaptaba a su papel de enfermera invisible. (…) Ella se mantenía a mi lado por
  18. 18. su extraordinaria fuerza interior, y estoy convencido de que fue Lola la que meayudó a superar la etapa más difícil de mi vida”.Sándor Márai reconoció su adicción al alcohol, pero en el fondo se reconocíacomo un “neurótico”. Muchos escritores han padecido en sus vidas algún tipode neurosis, nosotros hemos visto el ejemplo de Francisco Umbral en elcapítulo anterior. El escritor húngaro hizo una reflexión muy esclarecedorasobre cómo luchó frente a su enfermedad mental: “Detesto mi neurosis eintento luchar contra ella por todos los medios, que son la fuerza de miconciencia, la de mi voluntad y la de mi humildad. Creo que el carácter y sumáxima forma de manifestación, la conciencia humana, pueden mantener enequilibrio nuestros instintos enfermizos; también creo que la vida y el trabajoson síntesis, y los que no son capaces de realizar esa síntesis, que vivan comoquieran o que perezcan”.Sándor Márai tras el fallecimiento de su mujer, y aún estando vivo su hijoJános, no dejaba de pensar sobre el final de su vida. En el terreno personal noquería ser un estorbo o una carga para nadie y también tenía decidido noregresar a Hungría en tanto que todavía la democracia no había llegado a ella.En lo profesional todo estaba concluido, incluida su última obra que era unanovela policíaca. En esos momentos ocurrió un hecho muy importante, del queda fe en sus diarios: “Hace dos semanas fui a una tienda del otro extremo de laciudad para comprarme un arma de fuego. (…) Es la primera vez desde hacemeses que siento algo parecido a la tranquilidad. No tengo planes de suicidio,pero si el envejecimiento, la debilitación, la pérdida de mis capacidadesavanzan al mismo ritmo, es bueno saber que podré acabar con ese humillantedeterioro en cualquier momento, y no tendré que temer lo peor: terminar en unode esos vertederos institucionales, en un hospital o una residencia de ancianos.Sin embargo, hay que tener suerte incluso para eso, porque la apoplejía puedeimpedir la huida”. Es la primera vez que escribió sobre la posibilidad desuicidarse.Luego conocemos que su hijo János, y todos sus hermanos fallecieron en uncorto espacio de tiempo. Sándor Márai se encontraba medio ciego debido a suhipertensión ocular, era octogenario y estaba absolutamente sólo viviendo enSan Diego. Su nuera y sus nietas lo visitaban alguna vez. En una carta a unaantigua amiga de Roma, Zsuzsa, en el mes de octubre de 1988, le escribió: “Lamuerte, que tampoco anhelo demasiado, no es un problema, sino unanecesidad, hasta el momento todo el mundo la ha llevado tras de sí no hanllegado quejas ulteriores”.En noviembre de 1988 recibió con alegría la edición de lujo de su novela sobrela saga familiar y generacional “Los Garrens”. La editorial Vörösváry deToronto, del matrimonio de editores del mismo nombre y muy amigos deSándór y Lola, con esta obra elaboró el testimonio literario del escritor húngaroque estaba esperando su muerte. De hecho él le escribió al matrimonio suúltima carta: “Lo siento pero no puedo seguir así. La debilidad no desaparece;si la cosa sigue así, me enviarán de inmediato a un hospital para que mecuiden. Quisiera evitarlo”.La última anotación que hizo Sándor Márai en su diario fue la del 15 de Enerode 1989 y decía lo siguiente: “Espero la orden de incorporación, no estoyimpaciente, pero no quiero aplazar nada por culpa de mis dudas. Ya es hora”. 55 Sándor Márai. “Diarios 1984-1989”. Editorial Salamandra. Barcelona 2008.
  19. 19. El 21 de Febrero de 1989 Sándor Márai se suicidó de un disparo en la cabeza.Sus cenizas, días después, fueron diseminadas por el Océano Pacífico,respetando así su voluntad y reposando así eternamente en el mismo lugar quesu mujer Lola y su hijo János.Triste y solitario final para un gigante de la literatura que sufrió la pérdida de lossuyos, la dureza del exilio, el olvido de sus contemporáneos y la distancia desus lectores. La justicia universal posiblemente tenga poco que ver con eltiempo. En estos momentos, y gracias a las traducciones al español publicadasen la editorial Salamandra, podemos decir sin equivocarnos que Sándor Máraies el gran escritor húngaro del siglo XX y se encuentra entre los novelistas quehan alcanzado la relevancia suficiente para considerarse como un clásico de laliteratura universal.Sándor Márai representa la creencia en el humanismo. Sus novelas son lacortesía de lo humano.

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