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"La memoria y la literatura argentina para jóvenes" por Alicia Dieguez

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Ponencia presentada el 3/12/10 en el marco de las jornadas “Bibliotecas, cambio de época: políticas y construcciones” organizadas por la Corriente de Trabajadores en Bibliotecas por el Cambio Social

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"La memoria y la literatura argentina para jóvenes" por Alicia Dieguez

  1. 1. Mesa: Obras que abordan la construcción de la memoria en la literatura infantil yjuvenilLa memoria y la literatura argentina para jóvenes"Cada familia husihuilke conservaba un cofre, heredado por generaciones, que losmayores tenían consigo. Aunque tenía algo menos de dos palmos de altura, y unniño pequeño podía rodearlo con sus brazos, en él se guardaban recuerdos detodo lo importante que había ocurrido a la gente del linaje familiar a través deltiempo. Cuando llegaban las noches de contar historias, volteaban el cofrehaciéndolo dar cuatro tumbos completos: primero hacia delante, después haciaatrás y, finalmente, hacia cada costado. Entonces, el más anciano sacaba delcofre lo primero que su mano tocaba, sin vacilar ni elegir. Y aquel objeto, evocadorde un recuerdo, le señalaba la historia que ese año debía relatar. A veces setrataba de hechos que no habían presenciado porque eran mucho más viejos queellos mismos. Sin embargo lo narraban con la nitidez del que estuvo allí. Y de lamisma forma, se grababa en la memoria de quienes tendrían que contarlo, añosdespués.Los husihuilkes decían que la Gran Sabiduría guiaba la mano del anciano paraque su voz trajera desde la memoria aquello que era necesario volver a recordar.Algunas historias se repetían incansablemente.Algunas se relataban por única vez en el paso de una generación; y otras, quizá,nunca serían contadas.–Pienso en las viejas historias que quedaron para siempre dentro del cofre –dijoThungür–. Si nadie las contó, nadie las oyó. Y si nadie las oyó...–Nadie las recuerda –completó Kush, que llegaba con su vasija cargada de mentadulce–. Siempre repites lo mismo y me obligas a repetir a mí.
  2. 2. ¡Tantas veces te lo he dicho! Cuando algo ciertamente grande ocurre suelen sermuchos los ojos que lo están viendo. Y muchas las lenguas que saldrán acontarlo. Entonces, recuerda esto, las viejas historias que jamás se cuentenalrededor de un fuego, alrededor de otro se contarán. Y los recuerdos que unlinaje ha perdido viven en las casas de otro linaje." Liliana Bodoc “Los días del venado” Este hermoso fragmento de “Los días del venado” nos habla de lapreocupación de Tunghur por el olvido. Preocupación que no solamente tiene elpersonaje de la Saga de los confines sino que durante mucho tiempo en lopersonal me preocupó. Finalmente y, poco a poco, fueron apareciendo libros parajóvenes que trataban el tema de la Dictadura Militar. Primeros fueron unos pocos,que si bien estaban editados, circulaban por las aulas sólo porque docentesinteresados en ellos se los acercaban a sus alumnos, y ahora, con Día de laMemoria y una política de derechos humanos que retomó los juicios contra losgenocidas de la dictadura, estas obras circulan con un poco más de fluidez porlas escuelas. Nemosine fue la madre de las musas: conocía los secretos de la belleza, delsaber, de la justicia y la verdad. La memoria ha sido estudiada por la psicología, laantropología, la historia de las culturas y las civilizaciones, la filosofia, la biologíamolecular y la neurología. El hombre es memoria. El lenguaje del cual se sirve esun ejercicio de su memoria. Desde muy pequeño incorpora la historia del universosocial y cultural a su cerebro: esta pertenencia a un grupo social determinadomarcará la vida del sujeto hasta su edad avanzada.
  3. 3. La memoria es la huella y el rastro de la huella. Podemos hablar –de acuerdo a laclasificación de Vernant y Ricoeur de tres tipos de memoria: la memoria individual,la memoria colectiva y la memoria histórica. (No me detendré en las definicionesporque creo que las tres son muy claras para todos nosotros). Nos dice Jacques Le Goff en su libro “El orden de la memoria” “La memoria, a la que atañe la historia, que a su vez la alimenta, apunta a salvar el pasado sólo para servir al presente y al futuro. Se debe actuar de modo que la memoria colectiva sirva a la liberación, y no a la servidumbre de los hombres”. Cabe aclarar que el autor habla en su libro de la memoria de los opresores y de los oprimidos. Memoria para la liberación. Este concepto me parece interesante. Porque la literatura – sin adjetivos- también nos libera. Si retomamos la noción barthesiana de “tejido” que atiende a la etimología latina del término, podemos tomar la perspectiva de la semiótica y la semiología de la cultura, que conciben la textualidad como una serie de operaciones que conforman el proceso de producción de sentidos. Situado en una historia y una cultura determinada, el texto puede ser definido como un complejo sígnico coherente, inseparable en su dimensión cultural y social siendo lo literario uno de los numerosos estratos que lo constituyen (Lotman y Uspenskij, Bajtín, 1982) “ El mar y la serpiente”, Paula Bombara. Nos dice desde su voz la pequeña narradora:
  4. 4. Mamá viene a mi pieza. Tiene el bolso verde. Abre los cajones y saca ropa.¿Vamos a lo de los abuelos? ¡Dale, vamos!, dice mamá. ¿Y papá?, digo. Cuando vuelva nos va a buscar a lo de los abuelos. Mamá está seria. Apurada. Mamá tiene los ojos con agua. Pero no llora. Mentira. Llora pero para adentro. Mamá se ríe de mentira. Dice ¿por qué me mirás tanto? Mamá guarda ropa y juguetes en el bolso verde. …………………. Ayer y antes dormimos en la casa de unos tíos viejitos. Todos se ríen de mentira. Papá no está. Se perdió. Me duele la panza y arriba de la panza. Papá no está y no me hace upa y no me levanta por el aire y no me hace reír y no me cuenta cuentos y no me canta canciones. …………………. Nos dice la misma niña ya adolescente: No puedo seguir diciendo que se murió de un paro. Además mejor que los sepan todos desde ahora después es cada vez más difícil. Acá todavía nadie me preguntó qué le pasó a mi viejo. Lo digo de entrada y chau.” Memoria individual y memoria colectiva se unen y se retroalimentan en “El año de la vaca”. Gracias a Juana, Nadia –Celeste recupera su identidad (es una niña apropiada). Nos dice Celeste en el capítulo que le pertenece: La primera vez que vi a Graciela con el juez, me agarró algo raro, como un mareo. Me miré las manos y fue como si estuviera viendo mis manos de bebé, en serio, regordetas, sin marcas. Y yo las miro y de pronto, ahí, delante de mis ojos, se transformaron en mis manos de ahora.”
  5. 5. “El año de la vaca”, Márgara AverbachEn el cuento “La buena sangre” su final nos dice: “Se acurrucaron sobre la mancha abrazándose con toda la fuerza de susbrazos y lloraron al fin sin vergüenza, sin freno, lloraron un llanto enorme quehabían esperado llorar durante veinticinco años, lloraron porque el doctorSebastián Valverde y la secretaria Alcira Miglio fueron alguna vez dos chicosde quince años que se amaron en medio del fuego y un país lleno de dolorles ordenó la distancia y les ordenó el olvido”. La buena sangre en “Un desierto lleno de gente”, Esteban Valentino. A partir de la biblioteca el saber humano fue unido, clasificado, conservado, consultado y comentado, nos dice Ricoeur. Con las “Confesiones” de San Agustín apareció la memoria individual: memoria íntima, interior y privada. La invención de la imprenta produjo otro viraje y uno nuevo se produjo en el mundo contemporáneo a partir de Internet. Ricoeur nos propone en “La memoria, la historia y el olvido”, no sustituir la memoria por la historia. La historia amplía la memoria. En lo personal, y parafraseando al ensayista francés, me atrevo a afirmar que la literatura también amplía la memoria y logra el pacto de confianza y de libertad, del cual nos hablaba Jean Paul Sartre, pacto que se realiza entre el autor y sus lectores. Pienso en la nouvelle “La soga” de Esteban Valentino, en esa soga que atraviesa siglos hasta llegar a recuperar la identidad de Lorenzo, su protagonista. Recuerdo a Camilo, el protagonista de “Los sapos de la memoria” de Graciela Bialet, intentando recuperar la historia de sus padres que es su historia.
  6. 6. Y si de construir la memoria desde la literatura se trata, no podemos dejarde nombrar a Mavi, y su viaje iniciático para recuperar la historia de supadre muerto en Malvinas, que es su propia historia en la novela “Nadar depie” de Sandra Comino, por cierto, escrita con la prolijidad y la dedicaciónde un orfebre. También quiero mencionar “Las carpetas” de Márgara Averbach, novelaque acaba de salir hace muy poquito tiempo. Dice la voz narradora: “Las guerras no terminan nunca. No, mientras vivan los que respiraron en ellas y sus hijos y sus amigos ysus nietos. No, mientras queden marcas en las paredes y en las calles paraque vean los que pasan junto a ellas. Por eso, en esta historia, no importademasiado el momento exacto en que se firmó la paz entre los que habíandecidido la lucha. La guerra no terminó con esa firma y por eso, hay unDespués, para empezar de nuevo. Pero empezar de nuevo cuesta. El Después siempre es difícil.” Si cada libro- al igual que cada obra de arte- es una recuperación de latotalidad del ser, cada obra de arte presenta esta totalidad a la libertad a sureceptor. El objetivo del arte para Sartre es recuperar este mundo tal cuales pero como si tuviera su fuente en la libertad humana. El escritor deberíarevelar el mundo y proponerlo como una tarea a la generosidad del lector. Cómo no proponerle a los jóvenes las lecturas mencionadas y otrascomo “Piedra, papel o tijera” de Inés Garland, “La fábrica de cristal” de LiliaLardone (que recupera la dolorosa crisis del 2001) , “La charla” de MárgaraAverbach, “La saga de los confines” de Liliana Bodoc. Cómo no abrir las puertas del aula a la discusión, a la mirada del mundoque tienen los chicos del 2010, tan distinta en mucho a la nuestra y con
  7. 7. tantos puntos de contacto. Como no abrir los oídos y escuchar a nuestros jóvenes. Reitero lo que escribí hace algunos años, trabajar la memoria con los chicos es apasionante. Y como todo lo apasionante, implica riesgos que valen la pena. Valen la pena porque hoy tenemos novelas y cuentos que iluminan el pasado reciente. “La memoria es un bien común, y una necesidad jurídica, moral y política y el presente tiene la obligación de operar sobre el pasado y construirlo”, decía Sarlo en “Tiempo pasado”. Y vaya si en este presente necesitamos los ojos y los oídos bien abiertos, y la cabeza y el corazón dispuesto a escuchar a nuestros jóvenes. Porque somos docentes y ante todo, debemos formar ciudadanos, con toda la responsabilidad que ello nos implica. Y cada vez, a medida que recorro el país, estoy convencida de que la literatura es una de las mejores formas de acercarse a la memoria colectiva y renovar, que no es poca cosa, ese pacto de libertad entre el autor y el lector. Y si de pactos renovados y de corazones alertas se trata, elijo estas palabras de Liliana Bodoc para cerrar esta breve disertación, a propósito de los destinatarios de su literatura:“Termino pensando en el destinatario de este congreso. El joven. Si estuviese aquí y pudiera pasar adelante el que baila sobre las teclascomo un demonio. La que se pinta los labios usando la pantalla como espejo. El que acepta la vida y la muerte con la lógica de los efectos especiales. La que se asusta por la promesa de su pubis. El que se muerde la punta de la lengua para escribir. El que escarba hasta el fondo de los bolsillos para ver si su moneda tuvocría. El del jeans desvalido. La que sueña a la intemperie.
  8. 8. La del hambre. El que se dibuja por el lado de afuera porque quiere dibujarse por el lado deadentro…Si ellos estuvieran aquí, tal vez nos pedirían más coraje. Posiblemente nos diríanque necesitan y agradecen que escribamos cada línea como si quisiésemos,aunque no sea cierto, cambiar el mundo. Y dárselos como nuevo para que puedancrecer.”BibliografíaAverbach, Márgara: “El año de la vaca”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires,2003.Averbach, Márgara: “Las carpetas”, Editorial Edelvives, Buenos Aires, 2010.AAVV, “Por qué recordar?”, Granica, Madrid, 1998.Bodoc, Liliana: “Los días del venado”, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2000.Bombara, Paula: “El mar y la serpiente”, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires,2005.Comino, Sandra: “Nadar de pie”, Libros del Náufrago, Buenos Aires, 2010.Garland, Inés: “Piedra, papel o tijera” Inés Garland, Alfaguara, 2009.Lardone, Lilia: “La fábrica de cristal”, Siete Vacas, Buenos Aires, 2007.Le Goff, Jacques: “El orden de la memoria” Paidós, España, 1999.Revista Etruria, Literatura y memoria, Nº1, Año 1, Otoño 2006.Valentino, Esteban: “Un desierto lleno de gente”, Editorial Sudamericana, 2002.Valentino, Esteban: “La soga”, Ediciones del Eclipse, 2006.

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