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INFIERNOVERDE
INFIERNO    VERDESiete años secuestrado por las FARCLUIS ELADIO PÉREZCON LA COLABORACIÓN DE   DARÍO ARIZMENDI
© 2008, Luis Eladio PérezEste libro ha surgido del testimonio que ofreció Luis Eladio Pérezen conversación con Darío Arizm...
Para Ángela, Carolina, Sergio, Pablo, Laura y Marianita,por el amor, el coraje y la determinación de luchar hasta tenerme ...
ContenidoPresentación                          11El secuestro                          17La selva                         ...
Presentación
El testimonio de Luis EladioDespués del tortuoso secuestro que lo mantuvo alejadodurante seis años, ocho meses, diecisiete...
´                      L UIS E LADIO P EREZla guerrilla tiene privados de la libertad, la gran mayoríapor razones extorsiv...
I NFIERNO   VERDEque fue objeto Ingrid por el Gobierno cuando fue plagia-da, su angustia por la familia, por el futuro de ...
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El secuestro
Nunca sospeché que me secuestrarían. Yo creía tener«buenas relaciones» con las FARC. Esto quiere decir quecuando se hace p...
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I NFIERNO   VERDEnada. Después de un buen rato, el mismo comandante queme había metido en una camioneta, se acercó a los d...
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I NFIERNO   VERDEque ello implica, con el drama que a nivel individual, fa-miliar y social conlleva. Por eso el secuestro ...
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I NFIERNO   VERDE     Y después de semejante decepción, al otro día lleganGrannobles y Jojoy y les dicen: «¡No se preocupe...
´                     L UIS E LADIO P EREZLos primeros tiemposEsos primeros días fueron terribles. Primero, porque mefuero...
I NFIERNO   VERDEje que estaba establecido en esa ruta, en la que habíatránsito permanente de droga entre Putumayo y el in...
´                      L UIS E LADIO P EREZtrucción de la refinería de Tumaco, y se fueron a nego-ciar con Ecuador y, por ...
I NFIERNO   VERDEa mí lo compartía con el perrito. Ahí íbamos soportando lacosa, hasta que un buen día el tipo, delante mí...
´                      L UIS E LADIO P EREZselva es increíblemente tupida, incluso la ropa la teníamosque secar por las no...
I NFIERNO   VERDE     Allá me levantaba a las seis de la mañana, y con el ca-lor del cuerpo, por haber permanecido relativ...
´                      L UIS E LADIO P EREZtud: «Pero, cómo así, si yo en esta rama ayer vi la figura,¡caramba!, del Che G...
I NFIERNO   VERDEestá viviendo mi familia»…, y eso me obligaba a refle-xionar sobre la determinación de quitarme la vida.D...
´                      L UIS E LADIO P EREZa pedírmelo… ¡Increíble, qué casualidad! Ya había toma-do la determinación de m...
I NFIERNO   VERDElugar a dudas, que hay un Ser Superior, que no sólo medio la fuerza para resistir, sino también la sabidu...
´                      L UIS E LADIO P EREZcontró con un grupo que llevaba tiempo sin ver y todostenían expresiones muy ra...
I NFIERNO   VERDEque él no lo podía creer, estaba asustado y me mirabacomo extrañado, le conté la propuesta que les he ven...
´                       L UIS E LADIO P EREZde comunicación, la que habla varios idiomas, entoncesella, que es una líder n...
I NFIERNO   VERDEcampamento que llamaban «de tabla y media», esto queríadecir que en el espesor de una tabla y media tenía...
´                       L UIS E LADIO P EREZcuándo se enamora. Mire lo que le ocurrió a Mónica, laesposa del hoy canciller...
I NFIERNO   VERDEiba a encontrar un hogar. Pero conociendo el modo de serde Ángela, con un matrimonio de veintiocho años d...
´                       L UIS E LADIO P EREZgar de haber grados de amistad, lo que uno siente en losambientes políticos es...
I NFIERNO   VERDE     Tuvimos dos tipos de cadenas. Las primeras me laspusieron cuando me intenté escapar con Ingrid y nos...
´                      L UIS E LADIO P EREZPensaba: «Uno aquí haciendo todo el esfuerzo por sobre-vivir y de pronto todo s...
I NFIERNO   VERDEDeseé muchas veces que se produjera un rescate, un ope-rativo militar y morir, había momentos supremament...
´                       L UIS E LADIO P EREZque no adquirieran tanto valor para la guerrilla. Verbigra-cia, el caso de Ing...
I NFIERNO   VERDEexpectativa; el país se paralizó. La noche en que se produjonuestra liberación, todo el mundo la vio. Eso...
´                       L UIS E LADIO P EREZcomunicación que sensibilizaron al país. Un país queestaba absolutamente adorm...
I NFIERNO   VERDEa uno en las condiciones en que se está en cautiverio paraponer a nuestras familias a llorar y para que s...
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I NFIERNO   VERDEhabía sido secuestrado ejerciendo las funciones propiasde senador, pero fue una lucha de cerca de dos año...
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I NFIERNO   VERDEcon lo que debe vivir su viuda, Yolanda Pulecio. Ademásno ha podido acceder a una pensión de jubilación, ...
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I NFIERNO   VERDEtrató abogados para no pagar a sus congresistas que fue-ron secuestrados. ¿No es vergonzoso? ¿Cómo voy yo...
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I NFIERNO   VERDEme generaban expectativa. Y eso fue importantísimo. Esose lo agradezco en el alma, ella empezó a narrarme...
´                      L UIS E LADIO P EREZhabla de que la guerrilla de las FARC puede tener entre700 y 800 secuestrados. ...
La selva
El olor a selva es un olor bastante particular, un olor hú-medo, a tierra, sí, es como de humedad, un olor que seimpregna ...
´                        L UIS E LADIO P EREZdad y el Año Nuevo. Yo odiaba que llegaran esas fechas.El 24 o el 31 de dicie...
I NFIERNO   VERDE     Y por otro lado, algunos recibieron malas noticias: lasmujeres los habían abandonado y se enteraron ...
´                      L UIS E LADIO P EREZcomo el acuerdo humanitario; se nos olvidaban las de-más, como los datos que em...
I NFIERNO   VERDEto de Nariño, los escuché a través de la Radiodifusora Na-cional, y me llamó poderosamente la atención su...
´                      L UIS E LADIO P EREZhaber generado en el Congreso y que afectan sin duda lagobernabilidad del presi...
I NFIERNO   VERDEtodo el espectro y un ruido de unas máquinas trabajando,produciendo, un típico campo petrolero. Era un po...
´                     L UIS E LADIO P EREZ     Después de esa noche continuamos caminando hastaque llegamos finalmente al ...
I NFIERNO   VERDEoscuridad, me subieron a la lancha y arrancamos. En elambiente había nerviosismo, al principio no puse ma...
Infierno verde
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El rescate de Ingrid B. de la guerrilla colombiana.

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Infierno verde

  1. 1. INFIERNOVERDE
  2. 2. INFIERNO VERDESiete años secuestrado por las FARCLUIS ELADIO PÉREZCON LA COLABORACIÓN DE DARÍO ARIZMENDI
  3. 3. © 2008, Luis Eladio PérezEste libro ha surgido del testimonio que ofreció Luis Eladio Pérezen conversación con Darío Arizmendi.© De esta edición: 2008, Santillana Ediciones Generales, S. L. Torrelaguna, 60. 28043 Madrid Teléfono 91 744 90 60 Telefax 91 744 90 93 www.aguilar.es aguilar@santillana.esDiseño de cubierta: Jesús Acevedo© Fotografías de cubierta: Getty Images, AFP Getty Images, Corbis,Associated Press (AP)Primera edición: septiembre de 2008ISBN: 978-84-03-09405-5Depósito legal: M-36.303-2008Impreso en España por Lável Industria Gráfica, S. A. (Humanes, Madrid)Printed in SpainQueda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cual-quier forma de reproducción, distribución, comunicaciónpública y transformación de esta obra sin contar con autori-zación de los titulares de la propiedad intelectual. La infrac-ción de los derechos mencionados puede ser constitutivade delito contra la propiedad intelectual (art. 270 y ss. delCódigo Penal).
  4. 4. Para Ángela, Carolina, Sergio, Pablo, Laura y Marianita,por el amor, el coraje y la determinación de luchar hasta tenerme nuevamente en libertad. Por ellos sobreviví al sufrimiento y aguanté lo inimaginable. Fueron, son y seguirán siendo mi más importante razón para vivir. LUIS ELADIO PÉREZ BONILLA
  5. 5. ContenidoPresentación 11El secuestro 17La selva 59Momentos críticos 89Ingrid Betancourt 117Algunos secuestrados y guerrilleros 151Los campamentos y las marchas 199La libertad 221Posible ruta de Luis Eladio Pérez 258 9
  6. 6. Presentación
  7. 7. El testimonio de Luis EladioDespués del tortuoso secuestro que lo mantuvo alejadodurante seis años, ocho meses, diecisiete días y nueve ho-ras, Luis Eladio Pérez Bonilla regresó a la libertad, a loque él llama «la realidad». A reencontrarse con su fami-lia, a conocer a sus nuevos integrantes, a descubrir y acep-tar los cambios que hubo durante su ausencia, a entendery asumir un nuevo rol como miembro de familia, comociudadano, como político. A «la realidad», que implicareadaptarse a la ciudad y a sus ruidos, exorcizar los temo-res de su cautiverio, acostumbrarse de nuevo a la libertadque anheló desde la selva, y reinventar su futuro. Concejal de varios municipios de Nariño y goberna-dor del mismo departamento, representante a la Cámara,cónsul en Paraguay y senador de la República por el Par-tido Liberal, Luis Eladio ha retomado, desde hace tresmeses y a sus 55 años, la actividad política que venía ejer-ciendo desde hace más de dos décadas. Pero esta vez lohace «desde afuera», al margen del Senado o de la Cáma-ra, para luchar por la liberación de sus compañeros decautiverio. No sólo de los secuestrados políticos, milita-res y policías, sino de los cerca de 1.300 colombianos que 13
  8. 8. ´ L UIS E LADIO P EREZla guerrilla tiene privados de la libertad, la gran mayoríapor razones extorsivas y de exigencias económicas. Este relato hace parte del compromiso que asumió alrecuperar su libertad: luchar por los que están pudriéndo-se literalmente en la selva. Por eso me contó, paso a paso,el calvario de su secuestro. Al hacerlo, revivió segundo a segundo la crueldad desu secuestro, un mal que no se le puede desear ni al peorde los enemigos. Y Luis Eladio lo hizo a fondo, con las he-ridas a flor de piel, con los recuerdos en carne viva. De suparte, fue un ejercicio valeroso y doloroso, una auténticacatarsis. Una y otra vez me desnudó su alma, bañado enlágrimas. Durante varias sesiones, durante varias horas,me contó su amarga experiencia y me relató los detallesde esos casi siete años de aislamiento, desde el día del se-cuestro, el 10 de junio del 2001 en Nariño, hasta el 27 defebrero del 2008 cuando fue liberado por las FARC en unaacción unilateral junto con otros tres congresistas, GloriaPolanco de Lozada, Orlando Beltrán Cuéllar y JorgeEduardo Gechem Turbay. Luis Eladio Pérez compartió conmigo la penosa vidacotidiana en cautiverio, la pérdida de la dignidad, el mal-trato, las diferencias, roces e intolerancias entre los mis-mos compañeros de cautiverio, las humillaciones a lasque era sometido constantemente, sus hambrunas, el mie-do a perder la vida, la impotencia de no tener ni una As-pirina para «tratar» un infarto, ni una crisis renal y trescomas diabéticos, amén de dos malarias y dos leishma-niasis, las largas y penosas marchas de hasta cuarenta díaspor el corazón de una selva virgen y cruel, su relación conIngrid Betancourt y con las demás víctimas, el engaño de 14
  9. 9. I NFIERNO VERDEque fue objeto Ingrid por el Gobierno cuando fue plagia-da, su angustia por la familia, por el futuro de todos; en fin,su reintegro a su nuevo hábitat, que no ha sido tampoconada fácil. Me contó de las condiciones en las que él y sus com-pañeros de secuestro vivían, situación que define como «lamás pura de las barbaries». Me contó cómo es la «es-tructura» de los campamentos, cómo son las caletas, laalimentación, las rutinas diarias, las cadenas con las quelos mantuvieron amarrados por los días de los días, los in-sectos, las culebras, los tigres, el temor constante, el ace-cho de la locura, la incertidumbre de la supervivencia, lavida sexual. Su relato sobre su experiencia como secues-trado adquiere entonces una dimensión humana que evi-dencia el drama individual, familiar y social que es el se-cuestro. Con lacerante nostalgia y recordando siempre a suscompañeros, me relató con detalles y dramatismo su pe-riplo en el intento de fuga con Ingrid Betancourt y ladecisión conjunta de abortar el plan. Me habló de cómoes la guerrilla por dentro, de cómo reclutan a sus mili-tantes, de sus sistemas de financiación, de los porqués desu crecimiento, de la corrupción de algunos mandosmilitares, de la desidia del Estado, del crecimiento y laexpansión del narcotráfico, de la carencia de sentimien-tos de la guerrilla, del verdadero significado de los «alias»de la guerrilla, en fin… Me habló, en suma, sobre la vida y la muerte, compa-ñeras constantes en el secuestro. Éste es un testimonio que puede llegar a ser muy útilpara los colombianos y también para los extranjeros. En 15
  10. 10. ´ L UIS E LADIO P EREZel libro se dan claves por montones acerca de nuestra fe-nomenología de la violencia, y de lo que habría que hacerpara tratar de erradicar para siempre uno de los peores fla-gelos que azotan hoy a uno de los países más esclavizadosy martirizados del mundo, como es Colombia, digno demejor suerte, comprensión y solidaridad. La sociedad tie-ne que tomar más conciencia de que el problema del se-cuestro es de todos (no sólo del Gobierno y de las familiasde los que están retenidos en las selvas de Colombia) y re-flexionar sobre las condiciones en que «viven» los ha-bitantes de las zonas abandonadas por las instituciones. Con razón y corazón, Luis Eladio Pérez nos hacereflexionar sobre esta desgarradora realidad que ha sufri-do nuestra querida Colombia desde hace más de cuatrodécadas y que continúa. Y que no pareciera tener salidacon luz al final del túnel, por lo menos en el corto plazo. A él le agradezco su confianza, su sinceridad y su sen-tido humano para revivir los trágicos episodios que tuvoque enfrentar en ese infierno verde con el fin de continuarla «marcha hacia la libertad» que comenzó para él en fe-brero del 2008, y que seguirá extendiendo hasta lograrque los demás, que se siguen pudriendo y muriendo detodos los males habidos y por haber, recuperen su digni-dad y su sentido de la vida, sin estar sometidos a la seviciay crueldad de los nuevos bárbaros de la humanidad. Luis Eladio, como Pinchao y todos los que formanparte de los campos de concentración de las FARC, mode-lo siglo XXI, son héroes y mártires. Así de claro. DARIO ARIZMENDI ´ Bogotá, mayo de 2008 16
  11. 11. El secuestro
  12. 12. Nunca sospeché que me secuestrarían. Yo creía tener«buenas relaciones» con las FARC. Esto quiere decir quecuando se hace política en provincia, uno tiene que acep-tarlo porque todo el accionar de las actividades políticasestá sujeto de alguna manera a mantener relaciones conellos. Por eso estaba relativamente confiado, porque no te-nía ningún problema con los grupos que operaban en eldepartamento de Nariño. No tenía actitudes contestata-rias, ni mucho menos. Pero un buen día, que estaba enIpiales, acepté una invitación de algunos amigos a comeren un restaurante típico de la ciudad, en el barrio El Char-co, que es famoso porque prepara los mejores cuyes. Es-tábamos en el almuerzo con estos amigos, entre ellos elalcalde de la ciudad, cuando escuchamos unos tiros. Re-sulta que mi conductor y mi escolta estaban en el vehícu-lo, una camioneta del Congreso de Colombia asignadaa mí para efectos de mi movilidad y seguridad, cuandoaparecieron dos personas, los encañonaron y los bajaronllevándose la camioneta. ¡Bueno! Por supuesto, vino elrevuelo de la cosa, no entendíamos muy bien si se tratabade un atentado, un intento de secuestro o un robo. Sin hacer las consultas pertinentes del caso, volví alos quince días a Ipiales, y un buen amigo mío me dijo: 19
  13. 13. ´ L UIS E LADIO P EREZ«La guerrilla le va a entregar la camioneta en una zonaque se llama el corregimiento de La Victoria». Le con-sulté al alcalde de Ipiales y a otros amigos de la región yme dijeron que no había ningún problema, que incluso meacompañaban. Y nos fuimos a La Victoria, el 10 de juniodel 2001, y llegamos después de dos horas por carreteradestapada en el carro de la alcaldía de Ipiales, íbamos: elalcalde de Ipiales, un ex alcalde de la ciudad, un grupo deescoltas y yo. Cuando llegamos, efectivamente la camio-neta estaba parqueada ahí en una de las calles de esa po-blación, entonces nos acercamos y de repente aparecióun hombre, que después supe que era el segundo hombreal mando del Frente Segundo de las FARC. Preguntó quiénera el senador, manifesté que yo y dijo: «¡Ah, bueno, bien-venido!, la guerrilla…, los comandantes quieren hablarcon usted». Le dije: «Perfecto, no hay ningún inconve-niente». Entonces hizo todo el teatro de que iba a hacercomunicación para hablar. Era un domingo alrededor delas dos o tres de la tarde, me manifestó que hacían comu-nicación a partir de las cuatro de la tarde, y que entoncesalrededor de las cinco tendría respuesta. Llegaron las cin-co, las cinco y media, y no hubo respuesta. Entonces apa-reció un guerrillero, gritó mi nombre, yo me acerquépues él estaba lejos del grupo, y me dijo que el coman-dante quería hablar conmigo en otro sitio diferente a don-de yo me encontraba con el alcalde y estos amigos. Mesubió a otra camioneta y me dijo: «Qué pena, pero ustedqueda retenido, los comandantes quieren hablar conusted». El alcalde y las demás personas que me acompañabanse quedaron esperándome ahí y no se dieron cuenta de 20
  14. 14. I NFIERNO VERDEnada. Después de un buen rato, el mismo comandante queme había metido en una camioneta, se acercó a los demás,les dijo que yo quedaba retenido y que se regresaran inme-diatamente. Tuvieron que irse. Y yo estuve seis años, ochomeses, diecisiete días y nueve horas esperando a que loscomandantes hablaran conmigo. Nunca aparecieron. A los dos meses escuché por radio cómo, en un ope-rativo militar, el Ejército recuperó la camioneta y mató alcomandante que me había secuestrado y a un hermanosuyo que era el tercero del frente. Es decir, quedó des-membrada la comandancia del Frente Segundo y recu-peraron la camioneta.Comienzo de la odiseaYa era de noche cuando arrancamos: entre las seis y me-dia y siete de la noche. Cuando llegamos al final de lacarretera, me bajaron en una casita donde pasamos la pri-mera noche. Permanecí sentado al lado de una fogatamientras ellos preparaban café. A las seis o siete de la ma-ñana me quitaron los zapatos para ponerme un par de bo-tas, tres tallas más grandes. Empezamos a caminar y mefueron metiendo monte adentro. Después me subieronen un caballo y empezó la odisea: traspasar parte de la cor-dillera, hasta caer en la zona del Putumayo, por el Oleo-ducto Trasandino, ese oleoducto que viene de Orito ha-cia Tumaco en la zona limítrofe con Ecuador. En ese momento uno de los comandantes me hizollegar algunas cosas, entre ellas un radiecito Sony. Cuan-do me liberaron me enteré de que Estela y Jorge Benavi- 21
  15. 15. ´ L UIS E LADIO P EREZdes, amigos míos, habían alcanzado a enviármelo, cuandoel alcalde les dio la noticia. Yo pensé que era un «detalle»del comandante. Ese radiecito fue mi compañero perma-nente durante todo el tiempo de cautiverio… y en élescuché la noticia de mi secuestro y, además, oí al MonoJojoy, desde la zona del Caguán, dando declaraciones ymanifestando que efectivamente yo quedaba retenidoy que no recuperaría mi libertad sino hasta cuando exis-tiera una ley de canje. Cuando habló de la ley de canjepensé: «¡De aquí no salgo nunca!». Porque sabía que elCongreso colombiano jamás iba a hacer una ley de canje,porque era legitimar el secuestro a través de un meca-nismo legal, y menos si era bajo presión. Iba a estar secuestrado para siempre. Me iba a pudriren la selva, siendo objeto de uno de los peores delitosque existen, tal vez el peor. Si tuviera que definir el secues-tro en una sola palabra, usaría «barbarie». Ya es un dramaextremo perder la libertad pero en el secuestro hay otroselementos adicionales: no hay el más mínimo respeto porla dignidad del ser humano, vivimos como animales, enca-denados, con una dieta pobre no sólo en alimentos nutri-tivos, sino en el tamaño de las raciones, muchas veces nosacostamos con hambre, dormimos en el piso por años, sinpoder limpiarnos, enfermos, sin saber a qué horas lo vana matar a uno, sin saber qué está pasando con la familia,uno se pregunta qué ha hecho para estar padeciendo se-mejante tormento, qué delito ha cometido para estar pri-vado de todo lo que nos hace personas. ¿Qué más puedeser el secuestro si no la más pura de las barbaries? No hay derecho de privar a un ser humano de su máselemental condición, que es la libertad, con la humillación 22
  16. 16. I NFIERNO VERDEque ello implica, con el drama que a nivel individual, fa-miliar y social conlleva. Por eso el secuestro es un actoterrorista, porque al final termina intimidando a la po-blación civil y eso lo convierte en terrorista. Por eso la gue-rrilla de las FARC no pueden eludir esa responsabilidad his-tórica, de ser definida como terrorista, tal y como la hacalificado la comunidad internacional. Creo que avanzaren una solución política implica no solamente la liberaciónde todas las personas que hoy están secuestradas, sino elcompromiso ante el mundo de no volver a secuestrar, jus-tamente por el acto de terror y de barbarie que representa. Cuando me secuestraron, llevaba una carrera dedoce años como congresista. Entré al Congreso en elaño 1990 como representante a la Cámara. Me tocó larevocatoria del Congreso después de la expedición dela Constitución de 1991, y volví a presentarme a la Cámara.Llegué al Senado en 1994 y 1998. Mi período culminabaen el 2002, pero no pude terminar mi trabajo pues mesecuestraron en el 2001.Nosotros, los secuestradosNo sé si pueda decirse que fui el primer secuestrado decarácter político porque ya se habían producido dos se-cuestros que podían tener esta connotación. El de Fer-nando Araújo, aunque no era claro si era político o teníaun fin extorsivo, y el de Óscar Tulio Lizcano, en Maniza-les, pero tampoco había claridad sobre las motivaciones. Por los días de mi secuestro la guerrilla venía gestio-nando la liberación unilateral de cerca de trescientos 23
  17. 17. ´ L UIS E LADIO P EREZsoldados y policías, incluyendo al coronel Acosta, quienhabía sufrido algunos problemas físicos a raíz de la caídade un helicóptero. Pero la guerrilla engañó a todos los oficiales y subo-ficiales y a todos los policías. Tras anunciarles su futuralibertad, hubo celebración, fiesta, hasta botaron las cosasque ya no necesitaban y todo el mundo se abrazó, se des-pidió de ese drama que ya llevaba, en ese entonces, dosy tres años. Resulta que un día cercano a este anuncio, laguerrilla separó a los policías, por un lado, y a los subo-ficiales y oficiales, por otro. A éstos les pusieron corde-les azules, y a aquéllos, cordeles blancos. Alrededor de lassiete, ocho de la noche, los sacaron para iniciar, supues-tamente, la marcha al sitio donde los iban a liberar. Losdel cordel blanco salieron por un camino y los del cordelazul por otro. Ellos no se dieron cuenta de lo que real-mente estaba pasando, porque era de noche y caminabaninvadidos por una incontrolable alegría, pensaban quemarchaban hacia la libertad. A los del cordel blanco, osea, a los policías y soldados, los subieron en unas lanchas,en unos bongos y efectivamente los liberaron, pero a losoficiales y suboficiales les dieron la vuelta y los devolvie-ron al mismo campamento. Cuando estos muchachos sedieron cuenta de que no los iban a liberar, que los habíanilusionado, la frustración y tristeza fueron inimaginables,no les dio un infarto porque no tenían ningún tipo deproblema cardíaco, pero sólo por eso. Entre estos secues-trados están los de la toma de Miraflores, la de Mitú, la deEl Billar, la de Patascoy, que son los más antiguos. Y elloshasta hoy siguen secuestrados. Algunos llevan ocho, nue-ve, diez, once años secuestrados, pudriéndose. 24
  18. 18. I NFIERNO VERDE Y después de semejante decepción, al otro día lleganGrannobles y Jojoy y les dicen: «¡No se preocupen! Esque miren, el Gobierno colombiano no quiere avanzar enun intercambio humanitario. De ahora en adelante va-mos a conseguir… vamos a coger políticos y por cada po-lítico que cojamos vamos a soltar y liberar cinco o seis deustedes». Y el primero que cayó fui yo. Aunque, repito,ya estaban Óscar Tulio Lizcano, quien tristemente siguesecuestrado, y se dice que está en la zona del Pacífico, yFernando Araújo, actual ministro de Relaciones Exterio-res, quien logró escaparse en el 2007, en otra gran odisea. Y bajo este esquema, entonces, caí yo de primero, yhubo fiesta, ¡fiesta! Fiesta hicieron los oficiales y subofi-ciales de mi patria. Y lo entiendo, no los estoy critican-do, faltaba más. Entiendo su drama. Pero hubo fiesta.Y resulta que no soltaron a ninguno. Y a los quince díaso al mes cayó Alan Jara y no soltaron a ninguno. Despuéscayó Consuelo González de Perdomo… y no soltaron aninguno. Después se produce la toma del Edificio Mira-flores, que al principio tenía un tinte eminentemente eco-nómico pero que, por supuesto, después se convierte enel caso de Gloria Polanco, en un secuestro también polí-tico… y tampoco soltaron a ninguno, y cayeron OrlandoBeltrán y Jorge Eduardo Gechem… y nada. Y cae IngridBetancourt con Clara Rojas… y tampoco. Entonces esogeneró un malestar en algunos de los militares y policíashacia nosotros, los políticos. Esto sí no lo pude entender.Generó una atmósfera poco agradable, mal ambiente, loque se reflejaba en una convivencia difícil, tensa, muytensa, con dificultades, con falta de comprensión, falta detolerancia. 25
  19. 19. ´ L UIS E LADIO P EREZLos primeros tiemposEsos primeros días fueron terribles. Primero, porque mefueron internando en lo profundo de la selva y tuve quehacer un esfuerzo físico sobrehumano para mantener elritmo de ellos, pues, además de que las caminatas eranlarguísimas y durísimas, yo no tenía el estado físico dequien hace deporte de manera regular. Además, estaba ab-solutamente solo, pues los seis u ocho guerrilleros queme acompañaban en la marcha no me hablaban. Final-mente llegamos a un punto intermedio en la línea deloleoducto que viene de Orito hacia Tumaco, más exacta-mente entre Orito y una base militar, que a su vez es unaestación de bombeo del oleoducto que se llama Mono-pamba, que pertenece al municipio de Puerres, en eldepartamento de Nariño. Ahí permanecí los dos prime-ros años. La zona me era familiar, nunca había llegado hasta esepunto, pero sabía exactamente dónde estaba. Cuando fuigobernador de Nariño había donado un buldózer y unamaquinaria para abrir una carretera entre Nariño y Pu-tumayo, para tener una mejor conexión, justamente apro-vechando esa línea del Oleoducto Trasandino. De maneraque tenía muchas referencias sobre el lugar donde estaba,no conocía en forma directa la región, pero creo que lahabía sobrevolado en helicóptero en algunas oportunidades. El lugar donde permanecí los dos primeros años eraselva pura. Nunca tuve contacto con población civil. Memantenían alejado de un camino que servía de tránsitopermanente de cocaína que venía del Putumayo. Quienesme tenían retenido, el Frente Segundo, cobraban un pea- 26
  20. 20. I NFIERNO VERDEje que estaba establecido en esa ruta, en la que habíatránsito permanente de droga entre Putumayo y el in-terior del departamento de Nariño. Además de cobrarese peaje, también utilizaban esa vía para transportar ex-plosivos, dinamita, municiones, supongo que armas, perobásicamente dinamita, todas estas cosas provienen de Ecua-dor. Entonces tenía doble tráfico, uno de la coca, con surespectivo peaje de las FARC, y otro, de regreso, con ex-plosivos y munición. Muchas veces tuve que dormir so-bre esos bultos de explosivos, que eran transportados enmulas. Esta vía era un camino de herradura que va paraleloal oleoducto. Fue abierto cuando la Texas PetroleumCompany, en el gobierno del presidente Carlos LlerasRestrepo, construyó el oleoducto sobre la base de que laproducción de los pozos de Orito iba a ser muy signifi-cativa; se llegó a hablar, en ese entonces, de la posibilidadde construir una refinería en Tumaco. Esto fue, entreotras cosas, un error histórico del presidente Lleras por-que no le exigió a la Texas la construcción de una carre-tera con buenas especificaciones, sino que ésta se dio ellujo de construir, por primera vez en el mundo, un oleo-ducto por vía aérea. Entonces se veían helicópteros po-niendo la tubería, armando la tubería, y ésa fue una equi-vocación. Y más aún porque la Texas se equivocó en losestudios del reservorio de los campos de Orito, pues lacresta del pozo petrolero estaba en territorio colombia-no, pero el gran reservorio estaba en territorio ecuato-riano. Cuando se dieron cuenta del error, mejor dicho,cuando se dieron cuenta de que la producción iba a sermínima, no abandonaron el oleoducto pero sí la cons- 27
  21. 21. ´ L UIS E LADIO P EREZtrucción de la refinería de Tumaco, y se fueron a nego-ciar con Ecuador y, por supuesto, ahí sí les exigieron laconstrucción de unas carreteras con unas especificacio-nes muy precisas, y ése es el origen del avance de Ecua-dor en materia de desarrollo vial. La Texas no perdió,perdió Colombia, perdimos nosotros, los pastusos, losnariñenses, los putumayenses, y los ecuatorianos ga-naron porque exigieron esa construcción. Ésa es la histo-ria de los pozos de Lago Agrio en Ecuador, y de la refi-nería de Esmeraldas, la que no se hizo en Tumaco. Esa vía, ese camino de herradura, fue producto delmovimiento circunstancial que generó el empate de esatubería que venía vía helicóptero y que se convirtió en elsantuario de la guerrilla, del Frente Segundo, que fueel que me retuvo; y también del Frente 48, que es uno delos frentes más significativos e importantes que tienen lasFARC desde el punto de vista económico y militar, porquemaneja el tráfico de la coca en Putumayo y tiene una lo-gística y un operativo gigantescos. En este lugar, Joaquín Barbas, un comandante queme parecía familiar, tal vez lo había visto en la Univer-sidad de Nariño, fue muy deferente conmigo. Me decía«Lucho» y un día me regaló un perrito con el que me en-cariñé y, por supuesto, él conmigo. Lo cuidaba, lo «cho-choleaba» todo el tiempo. Se llamaba Tino en homenajeal «Tino» Asprilla y, además, porque era de color negro.Un mal día llegó un comandante al que le decían Cano,porque era muy canoso, y le cogió una rabia, una inquinatremenda al pobre perrito, lo fastidiaba, no le daba comi-da, no permitía que le dieran las sobras. Entonces yo em-pecé a darle comida de la mía, lo poquito que me daban 28
  22. 22. I NFIERNO VERDEa mí lo compartía con el perrito. Ahí íbamos soportando lacosa, hasta que un buen día el tipo, delante mío, lo mató,¡lo mató a machete delante de mí! Sentí tanta rabia quecogí un palo y le pegué en la espalda al tipo, se lo tiré a lacabeza, a matarlo, pero el tipo se movió y le di en la espal-da. Pensé que me iba a matar, claro, pero el comandantese asustó y no me dijo nada, no me dijo absolutamente na-da. No reaccionó, para sorpresa mía se asustó al verme lafuria y la rabia y se fue a hacer otra cosa. Cuando se fuetodos los demás guerrilleros me felicitaron: «¡Bien he-cho!, ¡bien hecho! ¡Bien hecho don Lucho porque ése esun hijueputa!». Como a los dos o tres días al tipo lo saca-ron del mando, porque eso trascendió. Durante estos dos primeros años que estuve íngrimo,solo, sin la compañía de otros secuestrados, terminé ha-blando con los árboles, pues los comandantes les prohi-bían a los guerrilleros que hablaran conmigo. Supongoque no me dejaban hablar con ellos por prevención, meimagino que por el hecho de ser político pensaban quepodía influir en ellos o persuadirlos para que me ayuda-ran a escapar, o cualquier cosa. Siempre se mantuvo esarestricción, sobre todo durante estos dos primeros añosen la cordillera. Incluso llegó un punto en que sentíala cara tan petrificada por no hablar, que cuando unaguerrillera me prestó un espejo yo me dediqué a hacerejercicios frente a él, gesticulaba para tratar de recuperarel movimiento, tenía la cara paralizada pues nunca hablabacon nadie. Por supuesto, nunca escuchaba una risa, salvola que de pronto lograban sacarme los amigos muy que-ridos de «La luciérnaga», de Caracol Radio, en las tardesde semejante soledad y depresión. Tampoco veía el sol, la 29
  23. 23. ´ L UIS E LADIO P EREZselva es increíblemente tupida, incluso la ropa la teníamosque secar por las noches en las fogatas.Dos años despuésDos años en esta situación, día tras día, hasta que me saca-ron para unirme con los demás grupos, este recorrido lohicimos por el Ecuador, pasamos el río San Miguel y dor-mimos en territorio ecuatoriano. Cuando llegué a ese ríome sentía en Cancún, o en Acapulco, o en las Islas del Ro-sario, porque era un paraíso, un río espectacularmente be-llo, con arena de fondo, agua cristalina ¡y sol! Yo me quitétodo y me expuse al sol, pero en diez, quince minutosquedé absolutamente «bronceado», después no podíamoverme. Imagínese, dos años sin recibir sol. El males-tar en los ojos por la luz no se me ha quitado. Me afectatanto la luz solar como la luz eléctrica, siento muchísimamolestia en los ojos. De manera que todo eso hace partede este drama, datos que podrían parecer menores, peroque son parte de la difícil realidad de una persona que hapasado por una historia así. En ese momento estaba muy cerca al campamentoen el que luego mataron a Raúl Reyes, quien estaba a doskilómetros del río San Miguel, pero dos kilómetros en laselva es mucho. Es muchísimo cuando la selva es tupida.A veinte metros no se ve nada, es tremendo. A mí memantuvieron a la orilla del río y, aunque no tenía ningunacomodidad, ahora tenía sol y agua con una temperatura«normal», después de pasar dos años con agua helada ysin energía eléctrica. 30
  24. 24. I NFIERNO VERDE Allá me levantaba a las seis de la mañana, y con el ca-lor del cuerpo, por haber permanecido relativamente abri-gado en la noche, salía disparado y me metía a un chorroen uno de los caños; claro, el primer lamparazo era duro,pero me bañaba rápidamente, me secaba y me volvíaa dormir, porque lo que hice fue invertir el sueño. Dor-mía durante el día y a partir de las cinco de la tarde, queya tenía recepción de señal, por cierto bastante buena, mepasaba la noche oyendo radio, hasta las seis de la mañanaque me levantaba, me bañaba, desayunaba y empezaba denuevo la rutina. En eso los guerrilleros me respetaban,ellos me dejaban tapada por ahí la olla con el almuerzo,y yo me despertaba a las dos, tres de la tarde, almorzabacualquier cosa y ya quedaba listo para volver a la jornadade estar despierto toda la noche. Esto lo hacía para no desesperarme, porque los pri-meros días permanecía sentado en una piedra, o en unpalo, todo el día, sin que nadie me hablara, me estaba en-loqueciendo. Allá, igual que en la cordillera, también ha-blaba con los árboles. Siempre encontré refugio en ellos,yo los contaba todos los días, con la esperanza de quehubiera alguna modificación, pero como no encontrabaningún cambio, seguía esperanzado en que el próximo díapodría pasar algo, o que creciera uno o que desaparecierael otro. Cuando no tenía nada que leer, nada que escu-char, eso me mantuvo distraído y siempre procuraba con-tar, contar, contar, mirar. Les sacaba figuras a las formasde los árboles. Era muy curioso, pues veía personajes,veía figuras en las ramas. Al otro día las iba a buscar y nolas encontraba, pero era un ejercicio que me mantenía,de alguna manera, intelectualmente vivo y con la inquie- 31
  25. 25. ´ L UIS E LADIO P EREZtud: «Pero, cómo así, si yo en esta rama ayer vi la figura,¡caramba!, del Che Guevara, parecía como la figura delChe…», y no la encontraba. Pero al cabo de un tiempovolvía a encontrar la imagen. Era una manera de distraer-me, aunque a veces pensé que estaba perdiendo la razón.Fue por eso que invertí el horario. Preferí hacer todo elesfuerzo por dormir de día y apenas dieran las cinco dela tarde, que era cuando entraba la señal con claridad, pe-garme al radio. Me metía en mi toldillo y me ponía aescuchar «La luciérnaga», las noticias, el «Reporte Cara-col», y así pasaba toda la noche. En ese entonces Caracol tenía un servicio para lossecuestrados, empezaban a pasar mensajes a partir de lasdiez, once de la noche. Cada cuarto de hora había un spitsde mensajes y empecé a escuchar a mi familia, a la una oa las tres o a las cuatro de la mañana. Posteriormente Ca-racol organizó todavía mejor el sistema de transmisión demensajes, entonces planeaba diferente mi día. Pero paramí era la mayor alegría poder escuchar a mi familia, a misamigos o a cualquier familiar de otro secuestrado, porquelos mensajes que iban dirigidos a otros, los terminaba asu-miendo como propios. Los mensajes son el cordón umbi-lical, lo que lo mantiene a uno con vida en momentos tandifíciles. Cuando pensé en quitarme la vida, lo cual cruzó pormi mente muchas veces, escuchaba los mensajes de ca-riño, de amor, de fe y de esperanza de Ángela y mis hijos,de mi familia y mis amigos y, por supuesto, también meenteraba de la lucha que los familiares venían haciendopor nuestra liberación y me decía: «Bueno, yo no puedoser tan cobarde frente a esta lucha, frente a ese drama que 32
  26. 26. I NFIERNO VERDEestá viviendo mi familia»…, y eso me obligaba a refle-xionar sobre la determinación de quitarme la vida.Desesperación en varios aspectosMe sentía al borde de la desesperación por muchas razo-nes, pero sobre todo porque había dejado a mi familia enuna situación económica bastante complicada. Como noestaba en ese momento en el Congreso, no ganaba naday, además, tenía cuentas y deudas por pagar. No soy unhombre de dinero, yo vivía de mi sueldo y también la fa-milia vivía del sueldo, así que fueron momentos muy an-gustiosos. Además, no tenía vivienda propia en Bogotá,pagábamos un arriendo y mi señora tuvo que entregar elapartamento porque no podía continuar pagándolo, mishijos estaban estudiando en la universidad pero tuvieronque salirse porque no había con qué cancelarla. Afortuna-damente algunos amigos y familiares los apoyaron durantecasi dos años. Esa angustia que yo sabía que estaba sopor-tando mi familia me llegaba al fondo del alma, y lleguéa pensar muchas veces que era más valioso muerto quevivo, porque tenía unos seguros que representaban un di-nero significativo con el que podrían superar ese mo-mento, ese trance tan difícil. Mi esposa no trabajaba enese momento, pues había cerrado su anticuario en lazona de Usaquén, en Bogotá, cuando vino esa recesióntan tremenda. Por eso pensé en suicidarme, por lo menos dos vecesmuy en serio. Tenía un cortaúñas con una navajita y en«el primer intento» una guerrillera llegó justamente 33
  27. 27. ´ L UIS E LADIO P EREZa pedírmelo… ¡Increíble, qué casualidad! Ya había toma-do la determinación de matarme, entre otras cosas habíadejado de tomar una droga que me habían llevado parala diabetes y me había desjuiciado con la comida, a sa-biendas de que podía tener un coma diabético… Pen-saba: «Un coma diabético y quedo descerebrado y se aca-bó el problema». Pero en ese desespero decidí acelerarla cosa y pensé en el cortaúñas, en la navajita, no estabatan preparado como la segunda vez, pero coincidencial-mente llegó la guerrillera y me pidió prestado el cortaú-ñas. Por supuesto, esto me hizo reflexionar, y cuando melo entregó ya estaba más tranquilo, más reposado. Pero la segunda vez sí había tomado la decisión conmás tiempo, es más, había hecho unas cartas que laguerrilla me quitó después, junto con unos cuadernos enlos que llevaba apuntes, me quemaron todo. En esas cartasle pedía perdón a mi familia, trataba de explicarles que lohacía por el inmenso amor y cariño que les tenía, y quecreía que valía más para ellos muerto que vivo, pues meangustiaba mucho la situación económica que estaban vi-viendo. Pero esa noche, cuando traté de cortarme la venade la muñeca, sentí que «algo» me retuvo, como una ma-no, y estaba absolutamente despierto. Supongo que miángel de la guarda me lo impidió. Yo era poco creyente,lo confieso. Básicamente he sido católico por tradición,pero nada más. Pero esto me hizo concluir que efectiva-mente hay algo superior a nosotros. Aunque tambiénsigo creyendo en mi religión, la que se sintetiza en estaexpresión de Abraham Lincoln: «Me siento bien cuandohago el bien y me siento mal cuando hago algo malo», hoyen día, no tengo solamente esa certeza, sino que creo, sin 34
  28. 28. I NFIERNO VERDElugar a dudas, que hay un Ser Superior, que no sólo medio la fuerza para resistir, sino también la sabiduría paraevitar un acto, para mí de cobardía, frente a esa lucha quemi familia venía realizando. Nos botaban las notas o diarios que lográbamos es-cribir. Tuve como cuatro cuadernos con apuntes, connotas, con impresiones, con hechos, con sucesos, perodesafortunadamente la guerrilla no me permitió conser-varlos. Y que yo sepa a nadie se lo permiten. Una vez mequitaron todos los cuadernos y opté por no volver a escri-bir, porque el asunto se convierte en una inmensa frus-tración, entonces trataba de recordar. Por supuesto, nolo recuerdo todo... Ellos no nos facilitaban papel confrecuencia, de vez en cuando le daban a uno un cuadernoy un esfero, como una vez al año, más o menos, y unohacía sus apuntes, escribía. Por ejemplo, yo utilicé granparte de un cuaderno en las clases de francés que IngridBetancourt nos daba, y en las de inglés que nos daban losnorteamericanos, sobre todo de vocabulario, pues yo séinglés porque estudié en Estados Unidos, pero se me haolvidado un poco. Otra complicación grave del cautiverio es la «afecta-ción mental», creo que es imposible no sufrirla, en mayoro menor grado, en unas circunstancias como ésas. Lo quepasa es que uno no se da tanta cuenta pues el cambio esgradual, entonces uno no es consciente de su intensidad.John Frank Pinchao, el valiente policía que se fugó despuésde nueve años de cautiverio, decía que cuando uno estabacon el mismo grupo de secuestrados no se daba cuentade los cambios en la expresión de las caras, que no se nota-ban casi las alteraciones, pero cuenta que una vez se en- 35
  29. 29. ´ L UIS E LADIO P EREZcontró con un grupo que llevaba tiempo sin ver y todostenían expresiones muy raras, cara de locos. Seguro quea nosotros nos pasaba lo mismo. También había cambios en el comportamiento. Porejemplo, como consecuencia de la depresión, que era muyfrecuente, algunas personas se encerraban y se ensimis-maban y no permitían ni siquiera que les hablaran, no re-sistían el ruido del radio, ni el sonido de una emisora demúsica o de noticias, les fastidiaba todo, era muy eviden-te, pero a los dos o tres días tenían el radio a todo volu-men oyendo la música que sólo a ellos les gustaba y quea otros les fastidiaba. Algunos gritaban por la noche, deterror y de miedo, entre ellos Pinchao, nos asustaba conmucha frecuencia porque soñaba que lo estaban persi-guiendo y que lo querían matar, era como si estuvieseposeído por un espíritu, los gritos eran terroríficos, a launa, dos, cuatro de la mañana, y teníamos que moverloy tocarlo para que se despertara y se calmara. Y no so-lamente le sucedía a Pinchao, sino a varios. Yo estoy con-vencido de que todos quedamos, en mayor o menor gra-do, marcados por el secuestro, aunque me siento sano y sinresentimientos. Ésa es una inmensa ventaja y eso me per-mite estar tranquilo conmigo mismo. Creo que si meencuentro al tal Enrique «Gafas» en la calle, un guerri-llero que nos hizo la vida muy difícil, lo saludaré, no ledaré un abrazo pero sí le diré que estoy dispuesto a co-laborar en la liberación de los secuestrados. Como fuiy se lo dije a Martín Sombra, el carcelero, en la prisión:«Hombre, más bien ayude si quiere que construyamosun camino para la paz de Colombia, ayúdenos a traer ala libertad a los compañeros que quedaron allá...». Y aun- 36
  30. 30. I NFIERNO VERDEque él no lo podía creer, estaba asustado y me mirabacomo extrañado, le conté la propuesta que les he venidoformulando a los gobiernos de Colombia y Francia, le so-licité que la socializara con los guerrilleros a efectos depoder cristalizar el anhelo de liberar a los secuestrados. También fue muy difícil no tener relaciones sexualesdurante un secuestro tan largo. Ése es un tema suprema-mente complicado en el que, creo, desempeñan un papelfundamental la mente y la madurez. Muchas personas re-suelven el asunto con la masturbación. Además, la guerri-lla, no con frecuencia pero sí en algunas oportunidades,presentaba películas pornográficas a los militares y a lospolicías, y nosotros podíamos ir, pero yo no lo hacía porrespeto a las mujeres que estaban ahí. Además, ese temalo tenía bastante controlado, aunque, claro, a veces pensa-ba en el asunto, pero lo resolvía recordando problemasanteriores al secuestro, por ejemplo, en deudas, cosas deésas, entonces cualquier deseo que tenía quedaba disueltocon estos pensamientos que yo mismo provocaba, y ésafue una especie de terapia privada que me sirvió muchopara resolver esa situación.La convivenciaTampoco era fácil la convivencia. Esto era de lo más difí-cil. A veces pienso que fue más fácil estar solo, allá en lacordillera. Las circunstancias siempre son tan arduas quesacan el peor lado de todos. Había muchas envidias, In-grid era la que más las suscitaba, pues era la mejor en nata-ción, en las prácticas físicas, la que destacaban los medios 37
  31. 31. ´ L UIS E LADIO P EREZde comunicación, la que habla varios idiomas, entoncesella, que es una líder nata, en estas circunstancias genera-ba más resistencia que otra cosa. Pero sí se hablaba de al-gún tipo de liderazgo entre los militares, con los que yocasi nunca estuve, solamente conviví con ocho militaresy policías, pero a muchos los conocí tangencialmente: alcoronel Mendieta, a los capitanes, en fin, a estas personaslas vi una, dos veces, no más, en todo mi cautiverio. Loque tengo entendido es que Alan Jara ejercía un alto gra-do de liderazgo en uno de esos grupos. Creo que él les en-seña idiomas, juegos, es un tipo inteligente, con experien-cia política y administrativa. Pero digamos que dentro denuestro grupo de políticos, con los ocho militares y poli-cías, con los tres americanos, no hubo un líder como tal. Si uno quería hablar de temas militares norteamerica-nos, entonces hablaba con Keith Stansell, si uno queríahablar de aviación, hablaba con Tom Howes, si uno que-ría hablar de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, ha-blaba con Marc Gonçalves…, cada loco con su tema, mejordicho. Ahora bien, yo evitaba hablar de política, tocabaeste tema sólo con Ingrid, para evitar confrontaciones,que podían terminar con palabras ofensivas y proble-mas de convivencia. Que qué opinaba de la Ley de Jus-ticia y Paz, pues no sabía, no opinaba, para no entrar encontroversia ni en peleas. Creo que el trato de la guerrilla con los policías y mi-litares era más blando que el trato con nosotros, los civiles.A nosotros nos trataban peor que a ellos. O por lo menosera la impresión que teníamos. Claro está que ellos tuvie-ron unas épocas muy difíciles. Los primeros años de cauti-verio fueron terribles, devastadores. Hubo, por ejemplo, un 38
  32. 32. I NFIERNO VERDEcampamento que llamaban «de tabla y media», esto queríadecir que en el espesor de una tabla y media tenían que pa-sar parte del día y toda la noche, pegados unos a otros, cuer-po contra cuerpo, ¿se imagina eso?, más de doce horas aldía, y tenían que hacer las necesidades ahí delante de todoel mundo, porque los encerraban a partir de las seis de latarde y si les daban ganas de ir al baño tenían que hacerloahí mismo. Imagine trescientas y cuatrocientas personasconviviendo de esa manera; claro, se presentaban casos dehomosexualismo con frecuencia, explicable sin duda.La pareja y la familiaOtra tortura era pensar si la mujer de uno lo estaría espe-rando o no. A mí me impresionó mucho el caso del coro-nel Acosta en el año 2001, a él lo liberaron diez días des-pués de mi secuestro. Yo había ayudado a su esposa, entreotras cosas porque el coronel Acosta es paisano mío, deldepartamento de Nariño, y su familia, muy amiga. La señorame pidió ayuda en varias oportunidades, yo era senadoren ese momento y la ayudé a que hablara en plenaria, enel tema de sensibilizar sobre el secuestro de su marido,quien estaba en grave estado de salud porque se había caí-do de un helicóptero. La sorpresa fue cuando liberan alcoronel Acosta. Su mujer fue a recibirlo, lo abrazó, lo be-só, y le dijo que ahí estaban sus hijos y que tenía que irse,porque ella tenía amores con un capitán o con un tenientey lo abandonó. Ése es un impacto muy grande, que me dejapensando que cualquier cosa puede suceder. Claro, nuncadudé del comportamiento de mi esposa, pero nadie sabe 39
  33. 33. ´ L UIS E LADIO P EREZcuándo se enamora. Mire lo que le ocurrió a Mónica, laesposa del hoy canciller, Fernando Araújo, una médicaqueridísima, bueno, le sucedió, se enamoró y pare de con-tar. Eso no se puede juzgar, pero uno recibe una noticia deésas en plena selva, como le ha sucedido a varios de los poli-cías y militares, y queda muy mal emocionalmente. Pero esto no es todo, también hay que contar con quelas personas cambian, cambia el carácter, el modo de sery los años no pasan en vano, para bien o para mal. Ade-más, si uno sufre consecuencias en su salud mental, a lasfamilias les pasa lo mismo, porque están de cierta manerasecuestradas, creo que la mayoría de las personas no pue-den seguir funcionando de una manera normal cuandotienen una persona cercana secuestrada. No hay que ol-vidar tampoco que muchas familias se sienten olvidadaspor una sociedad que es indiferente al drama que nosotrosestábamos viviendo, y a la lucha que nuestras familias es-taban librando. Fueron muchas las puertas que se cerra-ron y muchas las personas ingratas, de amistades de tiem-po atrás. Y no falta en estas circunstancias la gente quetrata de extorsionar, amenazar, chantajear, crear falsas ex-pectativas. Entonces, así como ellos han tenido que hacerun inmenso esfuerzo por acoplarse a comportamientos«raros» que pudiéramos presentar nosotros hoy en liber-tad, nosotros también tenemos que hacer un esfuerzopara comprender ciertas actitudes, ciertas manifestacio-nes entendibles y comprensibles por el propio drama queellos han vivido. De manera, pues, que en esas circuns-tancias cualquier cosa habría podido suceder. Por eso yo no puedo mentir sobre lo que pensaba al-gunas veces: que no iba a encontrar a mi señora, que no 40
  34. 34. I NFIERNO VERDEiba a encontrar un hogar. Pero conociendo el modo de serde Ángela, con un matrimonio de veintiocho años de ca-sados antes del secuestro, pues sentía confianza en ella,además me lo manifestaba a través de los mensajes, queeran permanentes. Me tranquilizaban sus declaraciones,su lucha, pero no dejaba de tener alguna que otra preo-cupación, decir lo contrario es mentir, uno en eso tienesus dudas y creo que es humano sentirlas.Algunas reflexiones sobre el carácterAunque suene un poco absurdo creo que los casi siete añosde secuestro no fueron tiempo perdido, pues siento quegané en humildad, en tolerancia. Esos años me permitie-ron reflexionar sobre lo que había sido mi vida, los erro-res que había cometido, también en algunos aciertos.Creo que en mi accionar político habría podido rendirmás, actuar más en defensa de un país que necesita de unosvoceros comprometidos, sin necesidad de enlistarlos enla derecha o en la izquierda. Hubiera podido aprovecharmejor el tiempo que estuve en el Congreso, y por eso lehe pedido excusas a Nariño y a Colombia. En fin, en todala tragedia de siete años pienso que hay cosas que resca-tar desde el punto de vista de superación interior. Antes del secuestro era un poco arrogante, el hechode ser senador, de ser gobernador, puede generar ciertaprepotencia que yo traté de evitar, pero hoy me sientomás humilde. También creo que soy más tolerante, pudehaber sido intolerante en ciertos momentos, justamentepor ese ejercicio propio de una actividad en la cual en lu- 41
  35. 35. ´ L UIS E LADIO P EREZgar de haber grados de amistad, lo que uno siente en losambientes políticos es servilismo, y ese servilismo le daa uno una sensación de arribismo, que es un error en lavida, en la práctica política, en la actividad de uno. De ma-nera que hoy en día yo soy más tolerante y valoro cosasque antes no apreciaba tanto, empezando por mi familia. Para mí la política era más importante que la familia.Yo sacrificaba fines de semana y días enteros en lugar deestar con mi familia, por estar en Nariño. Pocos días an-tes del secuestro me pasó lo siguiente: mi hijo me pidiódinero para alguna cosa, ir al cine, comer una hamburgue-sa o salir con la novia, y yo no quise dárselo y, además, mepuse bravo con él. Pero unas horas antes había llegado unnariñense a mi oficina a pedirme dinero, pues no teníapara pagar el hotel ni la comida y yo se lo di con gusto.Empecé a entender que yo había trocado en cierta maneraa la familia por la política. Yo fui supremamente descuidado con mi señora, conmis hijos, yo no tenía tiempo para ir a cenar, a un cine,a bailar, para estar con ella el tiempo que se requiere paramantener el afecto. Hoy le agradezco a Ángela que hayapuesto nuestro matrimonio por encima de mis descuidosy que pueda sentirme tan feliz con ella. El secuestro también endurece el carácter, la visiónfrente a la vida, la visión frente a la muerte, son tantos as-pectos que lo vuelven a uno frío y reflexivo. Le toca a unoacostumbrarse a las cadenas, a estar descalzo en los cam-pamentos, a no usar papel higiénico y a mil cosas más.Pero lo que más me afectaba era la humillación, a eso nun-ca me podré acostumbrar, a que me maltraten, a que meinsulten. No voy a permitir que nadie me lo vuelva a hacer. 42
  36. 36. I NFIERNO VERDE Tuvimos dos tipos de cadenas. Las primeras me laspusieron cuando me intenté escapar con Ingrid y nos re-capturaron, o nos entregamos, porque al final no fuerecaptura sino entrega. Ésas eran unas cadenas delgadas,livianas, con unos candados pequeños, que no pesabantanto. Fueron las cadenas que Pinchao tuvo y que el paísconoció cuando salió a la libertad. Pero después de lafuga de Pinchao, el grosor de las cadenas aumentó y porsupuesto su peso y también los candados. Eran cadenas quepesaban entre ocho y diez kilos, con ellas nos amarrabana un árbol o a algún compañero, y teníamos que cargar-las individualmente en las marchas. La cadena tenía máso menos entre dos y medio y cuatro metros de largo,más los candados, que eran gruesos y grandes. Además,era increíble, nosotros teníamos que cargarla cuando nonos la ponían al cuello por cualquier circunstancia, ocuando teníamos que llevarla en el equipo. Entonces mu-chas veces preferíamos, yo por ejemplo, cargarla en el cue-llo como un perro y no en el equipo, pues era mucho elpeso sobre la espalda y era más difícil marchar. La car-gaba amarrada al cuello y cuando no me estaban «cabes-treando», yo me la enrollaba a la cintura, dos o tres vuel-tas, la cadena en la cintura para que ese movimiento nome fastidiara al marchar, no me pegara, no me molestarael roce y el movimiento de la cadena. Enterarse desde el cautiverio de la muerte de otros se-cuestrados da mucha tristeza. Ya sea en una operaciónde rescate o en otras circunstancias, como en el caso del ca-pitán Guevara. Considero que uno de los momentos másdifíciles que viví fue cuando nos enteramos de la muertede los diputados del Valle, porque yo me reflejaba en ellos. 43
  37. 37. ´ L UIS E LADIO P EREZPensaba: «Uno aquí haciendo todo el esfuerzo por sobre-vivir y de pronto todo son falsas expectativas, tratando demantener una moral en alto, una esperanza, una ilusión,escuchando a las familias luchar permanentemente, ilu-sionadas con un posible regreso, con una lucecita queveían allá cada semana, cada mes, y de la noche a la maña-na, en un segundo lo matan a uno, después de haber supe-rado cuatro, cinco, seis años de secuestro, es una tragediadescomunal». Tristísima es la muerte de cualquier ciudadano co-lombiano, pero si a uno lo matan en un intento de se-cuestro es dolorosísimo para la familia pero uno no sufreesta barbarie. Pero haber vivido un secuestro de cincoaños, seis años, ocho años, nueve años como el capitánGuevara, y de pronto por una enfermedad descuidada, porfalta de atención uno muere, esto es una infamia gigantes-ca. Recordaba las expresiones de los diputados del Valleen la última prueba de supervivencia, cuando planteabanincluso la solicitud de un asilo político en Venezuela, enel desespero de tratar de sobrevivir, de vivir, de tener unaesperanza, o una segunda oportunidad en su vida, y de lanoche a la mañana, por una equivocación o por represa-lia por la muerte de un comandante del Pacífico, o por loque sea, a ellos, que se estaban bañando en un caño, losametrallan en esa forma tan infame, una barbarie impen-sable. Eso a mí me afectó mucho. Vivía más en una cultura de muerte que de vida. Yopersonalmente estaba más preparado para morir que pa-ra vivir. Llega un momento en que la muerte se convierteen «una opción de vida». Por un lado el suicidio, y yo lointenté dos veces, y por otro la posibilidad de un rescate. 44
  38. 38. I NFIERNO VERDEDeseé muchas veces que se produjera un rescate, un ope-rativo militar y morir, había momentos supremamente di-fíciles en los cuales no veíamos ninguna esperanza. Pen-sábamos ya en cuatro años más, en seis años más, y enocho años más, eso es muy difícil. También pensábamosen la muerte como una posibilidad de descanso para nues-tras familias, pero paradójicamente las escuchábamos ensu lucha, peleando contra el presidente, contra molinosde viento que no permitían avanzar en nuestra liberación,y eso se convirtió en un reto al final para cada uno de no-sotros. Me decía a mí mismo: «No puedo ser indiferente,no puedo ser cobarde cuando ellos me piden que aguan-te». Aguantar implicaba comer la porquería de comidaque nos daban, era resistir las marchas, superar las enfer-medades, hacer ejercicio y cuidarse al máximo. Ése erami reto para no ser inferior a la lucha que mi familia estabadando. Pero en el fondo teníamos más cultura de muerteque de vida, sin duda. Yo estaba seguramente más prepa-rado para morir, que para vivir, sentí temor cuandoescuché la noticia de mi liberación, pavor de volverme aenfrentar a una realidad que veía como adversa. Jamás encautiverio sentí el afecto que me han expresado hoy loscolombianos, cuando salgo a la calle, cuando regreséa Nariño, cuando voy a un restaurante, cuando la gentecon cariño saluda con el pulgar derecho en alto, cuandodicen: «¡Bienvenido a la libertad, ustedes son ejemplo deresistencia, son los héroes de Colombia!», eso yo nuncalo percibí allá, ni nunca pensé que lo iba a sentir. Nuncaimaginé que me extrañarían o que me quisieran tanto. Án-gela me contó que muchas veces las familias trataban demantener un perfil bajo de las personas secuestradas para 45
  39. 39. ´ L UIS E LADIO P EREZque no adquirieran tanto valor para la guerrilla. Verbigra-cia, el caso de Ingrid Betancourt: ella tuvo, y sigue te-niendo, un valor enorme para la guerrilla, no porque sufamilia se haya empeñado en eso, ni mucho menos, sinopor la exposición mediática de su nombre. Eso para ellaha conllevado circunstancias difíciles frente a la guerri-lla, porque la convirtió en un trofeo, o en la joya de la co-rona, en la gallina de los huevos de oro y, por supuesto, lecreó unas expectativas bastante difíciles sobre su salida.Entonces yo sentí en el cautiverio un abandono, como sino me valoraran como ser humano. Pero ya lo entendí,desde la libertad, pues he tenido la oportunidad de apre-ciar todas las manifestaciones de solidaridad y afecto.Incluso vi muchos recortes que mi esposa pacientementeguardó y quedé sorprendido de la divulgación y noto-riedad que tuvo realmente mi secuestro. En la selva fuecomplicado enterarse, pues tuvimos una serie de limi-tantes, y no entendíamos, ni comprendíamos, ni valorá-bamos en su integridad lo que sucedía, y todo ello sereflejó, obviamente, en mi estado de ánimo y en el sustoque sentí de salir a enfrentarme con la realidad. Por ejemplo, cuando se produjo la liberación de Cla-ra y Consuelo escuchamos un enorme despliegue en losmedios de comunicación en Colombia y en el mundo,hasta en la China, si mal no recuerdo, en todas partes delmundo. Pero cuando se supo de nuestra liberación nosentimos lo mismo, y entre los cuatro comentábamos:«¡Carajo!, ¿tan poco valemos?». Pero cuál sería nuestrasorpresa, todo lo contrario, cuando vimos semejante movi-miento: en Caracas había periodistas de todo el mundo,por supuesto aquí en Colombia también había mucha 46
  40. 40. I NFIERNO VERDEexpectativa; el país se paralizó. La noche en que se produjonuestra liberación, todo el mundo la vio. Eso fue real-mente emocionante, muy impactante porque veníamoscon una sensación muy diferente, con la certeza de queescasamente nuestra familia iba a estar ahí, cuando en rea-lidad el país estaba atento... Fue una sensación indescrip-tible. ¡No me imagino cómo será cuando liberen al restode compañeros! Ojalá sea muy pronto porque cada día quepasa, pesa, sin duda pesa el deterioro, las ilusiones, la an-gustia, el riesgo, que es lo más preocupante, por el estadofísico que puede deteriorarse aún más. Todos están mal,todos tienen algún grado de enfermedad y de complica-ción, unos más que otros. Pero también es el riesgo, hoyen día, frente a los operativos militares, a los intentos derescate, por el deseo militar de encontrar campamentos.No se van a poner con consideraciones en el momento enque detecten campamentos o detecten movimientos gue-rrilleros… van bombardeando y así no sale nadie vivo. El 4 de febrero fue un día muy especial para mí, lo re-cordaré por el resto de mis días. Primero, porque ese díacomenzó mi marcha hacia la libertad; segundo, porque esedía vi por última vez a Ingrid Betancourt cuya amistad meayudó mucho en cautiverio; también ese día, por primeravez, la sociedad colombiana se manifestó en protesta porlos actos de barbarie de las FARC y, en general, por las ex-presiones de violencia de este país y se solidarizaron connosotros, que estábamos allá en la selva. Pero pasaron sie-te años para que eso se produjera y, en el caso de los mili-tares y policías, diez y once años. ¿Sabe por qué se pro-dujo? Por dos razones fundamentales: por la movilizacióny la conciencia a nivel internacional, y por los medios de 47
  41. 41. ´ L UIS E LADIO P EREZcomunicación que sensibilizaron al país. Un país queestaba absolutamente adormecido. Y es que el tema de las cadenas es gravísimo. Ejem-plifican muy bien la barbarie del secuestro. Además por-que es un tema que se trata de ocultar: cuando querían ha-cer pruebas de supervivencia nos quitaban las cadenas conlas cuales permanecíamos las veinticuatro horas del día.En la última prueba de vida, de octubre del año pasado,nos quitaron las cadenas. Yo quería ir con cadena y les dije:«Sean hombres, fílmenme como me tienen, como un ani-mal, no les dé vergüenza mostrarle al mundo cómo es sucomportamiento». Lo mismo dijeron los tres norteame-ricanos, los tres reaccionaron para que los filmaran con lascadenas y los tipos no lo permitieron, a la fuerza noslas quitaron. Es una manipulación perversa de las prue-bas de vida, no me cabe la menor duda. Por esta razón yosiempre las rechacé, siempre, estaba en contra de esaspruebas de supervivencia y les solicitaba a los compa-ñeros de cautiverio que asumiéramos todos la posiciónde tratar de impedirlas, era una manera de presionar a laguerrilla, porque ¿qué iban a negociar, qué iban a mostrar-le al mundo si todos nos negábamos a darles una pruebade vida? Claro que ellos hacían filmaciones casi a diario: seescondían detrás de los árboles para filmar a las mujerescuando estaban haciendo sus necesidades y utilizar esasfilmaciones como películas pornográficas, y nos filmabana nosotros realizando cualquier actividad, jugando volei-bol, o parqués, o damas chinas, o cualquier cosa, y nos fil-maban como para hacer un documental que demostraraque el trato no era inhumano y que estábamos en unascondiciones excelentes. Es una actitud perversa, filmarlo 48
  42. 42. I NFIERNO VERDEa uno en las condiciones en que se está en cautiverio paraponer a nuestras familias a llorar y para que salieran todosnuestros familiares y la opinión pública a presionar al Go-bierno nacional en la búsqueda de una solución cuandolos que nos tenían en el secuestro y en la barbarie eran losseñores guerrilleros. Mire cómo voltean la tortilla.La situación de las familiasToda mi familia tuvo que compartir no solamente el do-lor, sino muchas dificultades que se produjeron a raíz demi secuestro. En el caso concreto de mi esposa y de mishijos, pasaron una crisis económica dramática. Yo no dejéahorros, ni tuve la previsión de planear su futuro económi-co. Por supuesto, mi secuestro generó un traumatismoterrible en mi familia desde el punto de vista económi-co. No fueron muchas las personas que les dieron la manodurante esos primeros días y primeros meses. Mi esposatuvo que apelar a demandas judiciales ante el Consejo deEstado, ante diferentes instancias, para recuperar el cupoal que tenía derecho en el Senado de la República. Ellarecuperó el escaño y eso permitió que le dieran mi suel-do, lo que era una gran tranquilidad. Pero el período desenador se venció en el 2002. En el momento del secues-tro yo tenía una licencia pero me reintegraba a partir del20 de julio del 2001. El Senado me eligió como presi-dente de la Comisión de Relaciones Exteriores en home-naje, estando yo ya secuestrado, y actuó durante todo elaño en mi reemplazo el vicepresidente, que era JimmyChamorro. 49
  43. 43. ´ L UIS E LADIO P EREZ Para rematar, en ese momento mi hija Carolina estu-diaba en Canadá y tuvo que regresar al país porque eraimposible mantener esos costos. Mi hijo también tuvoque retirarse de la Universidad del Rosario, donde estu-diaba Ciencias Políticas. Entonces las condiciones fueronmuy difíciles. Tuvieron que recurrir a mi concuñado, LuisCarlos Morales, que tenía un restaurante. Él les mandabala comida para poder sobreaguar en esos meses difíciles.Tuvieron que entregar el apartamento en donde vivíamosporque el arriendo era costoso y se mudaron a otro másbarato. Tuvieron que vivir del préstamo y la ayuda que al-gunas amistades le brindaron a mi esposa. En una de las cartas que envié al principio del se-cuestro, le dije a mi señora que pensara en la posibilidadde presentar mi nombre para el Senado de la Repúbli-ca. Lo hice pensando en que el salario representaba lasupervivencia de mi familia. Hoy sé que fue un inmen-so error, porque mi familia siguió al pie de la letra ese pe-dido. Mi esposa empezó un proceso de campaña políti-ca que no condujo a nada diferente que a un moderadonúmero de votos, veinte mil, que no alcanzó para la cu-rul, pero que fue muy significativo por el cariño, la soli-daridad y la comprensión de personas como Guillermo«La Chiva» Cortés, que hizo el segundo renglón a sa-biendas de que yo estaba secuestrado, pero no condujoa la elección y sí incrementó los gastos de unos recursosque no había. Entonces esto sólo les produjo un mayorendeudamiento y complicó aún más las circunstancias,pero lo más grave era saber que a partir del 19 de juliodel 2002 se quedaban sin sueldo. Ángela entonces ini-ció una lucha por que me reconocieran un sueldo, pues 50
  44. 44. I NFIERNO VERDEhabía sido secuestrado ejerciendo las funciones propiasde senador, pero fue una lucha de cerca de dos años, es-grimiendo todo tipo de argumentos jurídicos, inicialmen-te en el Tribunal de Pasto, posteriormente en Bogotáy concluyó en la Corte Constitucional, la cual reconocióel derecho a un salario hasta tanto estuviéramos en li-bertad, o hasta un año después de recobrar la libertad a laspersonas que no tenían acceso a una jubilación, o hastaun año después de la declaratoria de muerte. Eso le diotranquilidad a mi familia, y como la decisión fue retro-activa, pudo adquirir vivienda. Y por supuesto, tener unpoco más de tranquilidad. Pero los dos años en que mi familia no recibió el suel-do de congresista fueron un absoluto infierno, y hoy mesorprende ver cómo lograron superarlo. Esta desatención del Estado para con las familias delos secuestrados es impresionante. El Estado deberíatener un fondo dispuesto para asistir económicamente alas familias de todos los secuestrados, porque las familiasde los policías y los militares reciben el 75% del sueldo,por lo menos, pero ¿y los civiles? Mi esposa Ángela conmis hijos, quienes tuvieron que retirarse de la universi-dad, lucharon y lograron mediante una acción de tutela elreconocimiento de mis sueldos y beneficios como con-gresista. Pero ¿se sabe, por ejemplo, qué ocurre con AlanJara o con Ingrid Betancourt? Alan Jara fue gobernador del Meta y cuando venciósu período lo secuestraron, lo bajaron de un carro de lasNaciones Unidas. Pero Alan Jara en ese momento era unciudadano común y corriente, y ¿cree que Alan Jara reci-be algún tipo de ayuda? Claudia Rugeles, su esposa, y su 51
  45. 45. ´ L UIS E LADIO P EREZhijo Alan Felipe ¿tienen algún tipo de ayuda? Nada,nada, absolutamente nada. Ingrid Betancourt fue representante a la Cámara, se-nadora con la mayor votación en el país, renunció paraaspirar a la Presidencia, fue candidata de su partido Ver-de Oxígeno, y en esas condiciones la secuestraron. ¿IngridBetancourt o su familia reciben la más mínima ayuda?Incluso el Fondo Nacional del Ahorro le iba a rematar elapartamento por el no pago de unas cuotas de doscientoso trescientos mil pesos mensuales. Ni su madre ni sus hijosreciben ninguna ayuda. Gracias al ex esposo, quien asumeen su totalidad los gastos y la responsabilidad de los hijos,ellos han podido vivir en buenas condiciones y continuarsus estudios. ¿Cree que mi familia recibió alguna ayuda delEstado? Al menos un seguro médico, que hubiera sido lomínimo. ¿Lo he recibido ahora? Eso sí que es triste. Ése esun vacío que ojalá algún día se legisle. Mejor dicho, ni pen-semos en eso porque lo que tenemos que hacer es tratar deque nunca más un colombiano tenga que sufrir este drama. Es una vergüenza que estas familias, incluida la mía,no hayan tenido ningún tipo de asistencia por parte delEstado. La situación de Yolanda Pulecio es increíble. Unafigura como Gabriel Betancur Mejía, uno de los hombresmás importantes del siglo XX en Colombia, el padre delcrédito educativo, fundador del Icetex, de Coldeportes, deColciencias, instituciones que le han traído tantos beneficiosa tantas generaciones de colombianos, subdirector gene-ral de la Unesco, imagínese que no alcanzó a ser el direc-tor por la envidia de los dirigentes políticos de este país,que en su momento no lo respaldaron. A un colombianocomo él le reconocen una pensión modesta, y es con eso 52
  46. 46. I NFIERNO VERDEcon lo que debe vivir su viuda, Yolanda Pulecio. Ademásno ha podido acceder a una pensión de jubilación, por unosrequisitos mínimos de dos o tres meses, requisitos que síle han avalado a muchos personajes de este país. Ella via-ja, por supuesto, y llama la atención, y muchos pensaránque tiene dinero a chorros, pero ella viaja invitada por lasorganizaciones o por las entidades que desean conocer deprimera mano el drama de ella como madre y la tragediade su hija secuestrada. Entonces uno puede tener una fal-sa percepción de una persona que, por supuesto, uno es-cucha desde Europa, desde cualquier país de América,pero todo obedece a las invitaciones que le hacen. Y éste es otro de los dramas del secuestro: las familiasestán en «libertad», pero igualmente quedan secuestra-das en la selva de cemento. No saben nada de nosotros.Los secuestrados tenemos información de nuestras fami-lias a través de la radio, de programas como «Las voces delsecuestro» o «La carrilera de las cinco». Nosotros sabía-mos qué pasaba, quién moría, cómo estaban, qué estabanhaciendo nuestros hijos, etcétera. En fin, sabíamos cuálera la situación y estábamos enterados, pero las familiasno tenían ninguna información, duraron cuatro, cincoaños sin tener ninguna noticia. Se imagina el drama, pen-sando todos los días ¿estarán vivos, estarán muertos? Y fuera de eso, soportando todo tipo de circunstanciasadversas. A mi casa llamaron a extorsionarlos, a chan-tajearlos, a pedirles plata, a engañarlos. Cosas como: «He-mos visto a Luis Eladio, sabemos dónde está, dennos dosmillones, cinco millones». Y en más de un par de ocasio-nes cayeron en estas trampas, en medio de la angustia,consiguieron el dinero con todos los esfuerzos del caso, 53
  47. 47. ´ L UIS E LADIO P EREZilusionándose con que hubiera podido ser verdad. Ade-más escucharon noticias de que estábamos muertos, yomismo oí varias veces la noticia de que había aparecido micadáver. Por ejemplo, en una oportunidad me encontra-ron en el basurero de la ciudad de Ipiales, yo estaba en esosmomentos muy cerca de la frontera con Venezuela escu-chando por radio semejante noticia. Me dio risa enton-ces, pero a la vez sentí angustia de pensar cómo estaría mifamilia en ese momento, llorando un cadáver que no erael mío. Varias fueron las noticias en las que estuve muer-to, herido, muy enfermo o próximo a la liberación. A mifamilia le sacaron cualquier cantidad de plata para supues-tas liberaciones que nunca se dieron y que eran un abso-luto engaño. A todo ese drama se le suma la falta de comprensiónde la sociedad, que muchos personajes de la vida políticanos cerraron las puertas, la traición de algunos amigos,no solamente desde el punto de vista político sino perso-nal, que no le pasaban a Ángela al teléfono porque pre-sumían que llamaba a pedirles un préstamo. Hoy en díatratan de hablar conmigo, tratan de saludarme, tratan deabrazarme. Pero estoy cansado de algunos de esos saludi-tos en la espalda, porque hubo quienes no comprendieronla situación y la amistad que teníamos. Y es que ése es el drama de las familias: soportar fren-te a semejante angustia toda la tragedia de ese abandono,de la indolencia del Estado que nunca fue comprensivocon ellas. El Congreso de la República nunca asumió suresponsabilidad frente a sus miembros; por el contrario,pelearon en contra de las solicitudes que mi señora hizo,por ejemplo, en materia salarial. El mismo Congreso con- 54
  48. 48. I NFIERNO VERDEtrató abogados para no pagar a sus congresistas que fue-ron secuestrados. ¿No es vergonzoso? ¿Cómo voy yoa recibir una medalla o una condecoración de un Congresoque tuvo ese comportamiento? ¿Cómo pongo yo mi pe-cho frente a una actitud de ésas? Y ahí están las proposi-ciones aprobadas y están esperando a que escoja el díapara hacer el acto conmemorativo y recibir una medalla,que además no merezco porque no soy un héroe, soy unmártir. Muchos son los héroes en este país que merecenesa medalla y que no obtienen ese reconocimiento. Yo nosoy merecedor de una medalla porque lo único que hicefue sobrevivir para poder compartir mis últimos días conmi familia y, si Dios me lo permite, tratar de aportar en laconstrucción de una nueva Colombia, la que todos desea-mos. Yo no tengo ni soy merecedor de ningún reconoci-miento y menos de recibirlo de una institución que creoque no tiene la autoridad moral para hacerlo. Y claro, ni hablar del drama que vivieron cuando bus-caron nuestra liberación, la mía y por supuesto colaboraren la de todos los demás secuestrados. Entonces empezóel rechazo de la gente, puertas que se cerraban con fuer-za, amigos que dejaban de serlo, las mentiras, los engaños,las desilusiones, y eso va generando todas unas circuns-tancias y un drama terrible, que casi podría decir que lasfamilias sufren más que los secuestrados. A pesar de todoesto me sorprendió muy gratamente ver la madurez demi familia. La claridad con que enfrentaron las circuns-tancias. El estudio que realizaron sobre las propuestas,sobre los análisis, sobre las posibilidades que se teníanpara avanzar en el tema de la liberación y, por supuesto,su cordura para asumir posiciones verticales en los mo- 55
  49. 49. ´ L UIS E LADIO P EREZmentos cruciales en defensa de la vida y de la libertad detodos. Yo traté, hasta donde me fue posible, de hacer unseguimiento a este proceso a través de los medios de co-municación, de la radio fundamentalmente, porque notuve acceso ni a prensa ni a televisión. Y eso me estimula-ba mucho, me llenaba de ilusión, me enorgullecía escu-char las expresiones de mi esposa, de mis hijos, lo bien quese expresaban, la coherencia que tenían, eso me ilusionóy me generó muchísimas expectativas positivas, no sola-mente en los resultados de las gestiones, sino en el hechode reencontrarnos con madurez, con esperanzas para unfuturo mejor. Los mensajes a través de los programas radiales como«Ventana de la esperanza» y «Las voces del secuestro»fueron el contacto que nos mantenía con esperanzas ycon vida. En varias oportunidades sentí mucha angustia,ansiedad, ganas de morir, depresión total. Y justo en esosmomentos llegaba el mensaje oportuno, el mensaje queme daba alientos para continuar en la lucha. En momen-tos desesperados escuché mensajes de Ángela que me pro-ducían alegría y esperanza, como el matrimonio de mihijo. No conocía a la futura esposa, pero me decían sunombre, me hablaban de ella, de Laura Catalina Correa,y bueno, hasta empecé a recibir mensajes muy cariñososde parte de ella sobre el amor que sentía por mi hijo, so-bre la boda, sobre los preparativos. Con el paso del tiem-po me llegó la noticia de que iba a ser abuelo. Todo esome generó una serie de ilusiones, y los mensajes, apartede darme aliento, me mantuvieron siempre a la expectati-va. Ángela me enviaba a veces mensajes medio raros, me-dio esotéricos, que me costaba trabajo entender, pero 56
  50. 50. I NFIERNO VERDEme generaban expectativa. Y eso fue importantísimo. Esose lo agradezco en el alma, ella empezó a narrarme todaslas perspectivas sobre ser abuelos, los nombres quehabían pensado en caso de que fuera niño o niña. En fin,todas esas cosas me ilusionaban y me mantuvieronsemana a semana. ¿Qué ocurrirá esta semana? Le van ahacer una ecografía a mi nuera y vamos a saber si es hom-bre o mujer. Todo eso va generando una nueva ilusiónque de esa manera compartía con ellos.Secuestro extorsivo: un gran negocioNunca vi secuestrados por motivos extorsivos, pero Glo-ria Polanco de Lozada, que en un principio fue secuestra-da con esos fines, contaba que cuando la secuestraron es-tuvo con sus dos hijos y con algunos de los habitantes deledificio Miraflores, de la ciudad de Neiva, en unas condi-ciones muchísimo mejores que las que le tocó vivir comoparte de los canjeables: la comida que les daban, las fru-tas, las verduras, la movilidad, veían televisión. Teníanunas condiciones mejores de las que encontró haciendoparte de la lista de los canjeables. Esto, seguramente, noes en todos los casos. Pero aquí hay algo curioso, la guerrilla no mencionalos secuestros extorsivos. Ellos, en primer lugar, no reco-nocen nunca que tienen este tipo de retenidos. Por eso estan difícil cuantificar el número de secuestrados que tie-ne la guerrilla de las FARC. Ni las fundaciones y organiza-ciones no gubernamentales se han puesto de acuerdo;manejan cifras diferentes y el Gobierno maneja otras. Se 57
  51. 51. ´ L UIS E LADIO P EREZhabla de que la guerrilla de las FARC puede tener entre700 y 800 secuestrados. Otros hablan de 1.500, 2.000. Haygente que cree que son entre 3.000 y 4.000 secuestradoscon carácter extorsivo; claro, no solamente de la guerri-lla de las FARC, sino también de los paramilitares, del ELNy de la delincuencia común. Pero es un tema muy com-plejo por varias razones: primero, porque la familia nodenuncia. No denuncia por seguridad, por miedo alchantaje, por la amenaza de que si denuncian matan a lavíctima. En segundo lugar, porque si ellos exponen sunombre a la opinión pública o a los medios de comuni-cación, le suben el precio al secuestrado. ¡Ponerle precioa las personas!, cosa increíble… entonces, es muy difícil.La guerrilla no reconoce y las familias muchas veces nodenuncian y manejan un bajo perfil a efectos de facilitarlas negociaciones. Es que el secuestro se ha convertido en un negociomagnífico. Existen empresas dedicadas a conducir las ne-gociaciones. Inclusive personajes que ocuparon altísimoscargos en los organismos de seguridad del Estado colom-biano, hoy son grandes empresarios de esta tragedia, sir-ven de intermediarios, que se disfrazan de humanitariosy de gente de buena fe, pero que en el fondo tienen el in-terés de ganar grandes comisiones. Es una tragedia quese haya hecho de la desgracia ajena una empresa tan lu-crativa. 58
  52. 52. La selva
  53. 53. El olor a selva es un olor bastante particular, un olor hú-medo, a tierra, sí, es como de humedad, un olor que seimpregna en la ropa, en la piel, que se expele en el sudor.Me impresionó mucho al principio, cuando un guerrillerose acercó y sentí por primera vez ese olor, por supuesto quecon el tiempo yo también lo adquirí, claro. Y entre noso-tros, entre los compañeros, no sentíamos repulsión por elolor porque convivíamos todos con él, pero cuando salimosa la libertad ésa fue la primera sensación que tuvieron losdemás, sobre todo nuestros familiares. Incluso mi señorame lo comentó la primera noche que llegamos a Caracas,ese olorcito que no supo describirme, ¡ese olor a selva! Y los días, yo tenía conciencia de qué día era, perono tenía la ilusión. Creo que uno pierde la ilusión de losdías. Antes, yo trabajaba duro toda la semana y tenía lailusión de que llegara el viernes para verme con los ami-gos, traguito, ¡viernes cultural! Era agradable, además,porque sabía que el sábado descansaba. En cambio el do-mingo en la noche es lo más aburrido porque al otro díase inician las labores de la semana siguiente con todoslos problemas que ello conlleva. En la selva no, allátodos los días son exactamente iguales. No había expec-tativas sobre los días que venían. Ni siquiera la Navi- 61
  54. 54. ´ L UIS E LADIO P EREZdad y el Año Nuevo. Yo odiaba que llegaran esas fechas.El 24 o el 31 de diciembre yo hacía un esfuerzo paraquedarme dormido a las seis, siete de la noche, para nosaber nada y despertarme al día siguiente sabiendo que yahabía pasado y punto. Es muy diferente a como se vivenlos días acá, en la «realidad»: uno aquí vive expectantede los cumpleaños de la familia, de los hijos, de la espo-sa, de la mamá, del día de los novios, del partido de fútbol;allá uno pierde todo eso. Pero sí mantenía la concienciade la fecha, entre otras cosas porque vivía permanente-mente oyendo radio. Era como el hilo que me manteníaconectado con la realidad, con nuestras familias, con lasociedad, con lo que estaba sucediendo en Colombia y enel mundo. Y me alertaba sobre las fechas y los días. Y terminé acostumbrándome a esa rutina tan espan-tosa. Al principio me golpeó, pero terminé acostum-brándome. Era indiferente que fuera domingo. La únicaexpectativa era los sábados en la noche. Los sábados paranosotros fueron el día clave por el programa «Las vocesdel secuestro». Todo giró alrededor de ese programa. Nopara todos, porque a muchos no les enviaban mensajes.Me refiero a los militares y a los policías, a los políticos sí.Algunos militares, algunos policías y los tres estadouni-denses, por ejemplo, recibían muy pocos mensajes. Yo nosé qué habrá pasado con las familias de algunos mucha-chos porque nunca han recibido un solo mensaje. Enton-ces para ellos es una amargura adicional porque se sientenabandonados y perdidos. Cuando mi familia por algunarazón no enviaba mensajes yo me atribuía los que escu-chaba. Por ejemplo cuando oía: «Mijo, la bendición», yome echaba la bendición, como si fuera para mí. 62
  55. 55. I NFIERNO VERDE Y por otro lado, algunos recibieron malas noticias: lasmujeres los habían abandonado y se enteraron estando enesas condiciones, por ejemplo. Eso es entendible, uno nopuede juzgar a estas personas. Entonces fue a través dela radio que tuvimos información de todo tipo. Por su-puesto con limitantes en el caso de las cadenas radialescolombianas, porque a partir de las siete o siete y mediade la mañana se dificultaba la señal de las emisoras de AM(nunca pudimos escuchar la frecuencia FM porque no en-traba). Incluso para tener una mejor receptividad nosinventamos unas antenas con alambre de esponjas BonBril, pero a las ocho de la mañana ya empezaba a decaerla señal, que volvíamos a rescatar a partir de las cinco de latarde, y así toda la noche. De manera que eso me permitió estar bastante infor-mado sobre la situación de Colombia y del mundo en ge-neral. A las ocho de la mañana empezábamos a hacer unbarrido con Radio Francia Internacional, con Radio Ex-terior de España, con la BBC de Londres, con la Voz deAmérica y en algunas oportunidades Radio Habana o Ra-dio Martí. Estas dos emisoras emitían temas interesantespero su discurrir realmente era muy fastidioso, muy mo-nótono. Así que no las escuchaba con tanta frecuenciacomo las otras. Esto permitía que hiciéramos un análisis de la noticiadiaria o de las que nos impactaban. Pero hubo una cosacuriosa que nos pasó, a casi todos, me refiero a las perso-nas con las que hicimos esos análisis: con Ingrid Betan-court, con Pinchao y con los norteamericanos, más quetodo. Escuchábamos todas las noticias pero sólo nos acor-dábamos de la información que tenía que ver con temas 63
  56. 56. ´ L UIS E LADIO P EREZcomo el acuerdo humanitario; se nos olvidaban las de-más, como los datos que emitió el Dane del costo de vida,etcétera. Pero nadie olvidaba temas relacionados con lasuerte de los secuestrados, eso sí se nos quedaba absolu-tamente grabado. Eso fue algo muy curioso. Entonces,por la noche, hacíamos el ejercicio de tratar de recordary escribir, así fuera en la oscuridad, apuntábamos lo querecordábamos y al otro día teníamos al menos esa refe-rencia que nos permitía recordar de qué se trataba. Tuvi-mos esa especie de bloqueo. Tratábamos de recordar otrotipo de noticias que habíamos oído pero que en realidadparecía que nadie retenía. Pero en relación con el temanuestro había absoluta claridad, recordábamos todas lasnoticias, con palabras exactas.Perspectiva desde la selvaDesde allá sentíamos el país mejor de lo que estaba cuan-do nos secuestraron. Sin duda yo lo vi mejor. Es decir, viese reconocimiento a la labor que ha venido realizandoel presidente Álvaro Uribe en algunos aspectos, como enla confianza, su capacidad de trabajo, que es envidiable.Aunque al principio observé con mucha sorpresa ese rit-mo que impuso a todos los funcionarios del Gobierno, ylas visitas permanentes a la provincia colombiana. Lo que,por supuesto, le da a él un conocimiento muy documen-tado de la realidad nacional, de sus problemas y de las po-sibles soluciones. Cada consejo comunitario, los cualesoía con alguna frecuencia, sobre todo los que tuvieran uninterés particular en mí, por ejemplo el del departamen- 64
  57. 57. I NFIERNO VERDEto de Nariño, los escuché a través de la Radiodifusora Na-cional, y me llamó poderosamente la atención su capaci-dad para avanzar en la búsqueda de soluciones, así fuerapara minucias que le expresaba la gente. Pero es esa bús-queda de soluciones la que le da un conocimiento clarodel país: cuál es el estado de las finanzas de cada una de lasentidades del Estado, cuáles son los programas que vie-nen realizando, hasta dónde puede avanzar en los compro-misos para no generar falsas expectativas ni ilusiones. Cla-ro, porque al principio me llamó mucho la atención queél empezaba a llenarse de compromisos en cada una de lasregiones, compromisos que eran difíciles de cumplir y en-tonces veía yo que se le iba a convertir en una especie debúmeran y que podría al final salir muy perjudicado. Perome sorprende que no se ha perjudicado; por el contrario,ha reforzado su imagen en la provincia, que de algunamanera tiene que traducirse en algún tipo de accionespor parte del Gobierno nacional. Ésa fue una apreciación general, muy favorable, quefuimos teniendo del país. Por supuesto criticábamos mu-cho, sobre todo los inmensos recursos que se destinabanpara la guerra. Siempre consideré que tenía que haber unequilibrio entre la inversión social, en temas fundamenta-les como educación y salud, y lo que se invierte en los gas-tos de la defensa nacional, prioridad del presidente Uribe,por su Política de Seguridad Democrática, resultados queme parecían muy discutibles. Pero lo que sí tenía que re-conocer, sin duda, es que había, y hay, un clima diferente,una percepción diferente sobre el Estado, sobre el Go-bierno, independientemente de los sucesos recientes de la«parapolítica» y los cuadros de corrupción que se pueden 65
  58. 58. ´ L UIS E LADIO P EREZhaber generado en el Congreso y que afectan sin duda lagobernabilidad del presidente y su propia imagen. Perouno sí siente que hay un nuevo clima, hay una confianzaen el país, hay una inversión que se está expresando en eldesarrollo, inversión nacional, inversión extranjera… Hayotras cosas criticables, como el descuido a la inversión so-cial en zonas y sectores (que debe hacerse muy rápidamen-te), pues esto ha generado problemas estructurales y porende de violencia. En fin, veía que había unas cosas posi-tivas, sin duda, y otras cosas no tanto.De la cordillera al CaguánA mediados del 2003 tuve la oportunidad de conocer unoslugares impresionantes. Después de varios intentos quehicieron de pasarme hacia la zona del Caquetá para inte-grarme con los demás compañeros secuestrados, por uncamino de herradura en una zona entre Nariño y Putu-mayo, por la línea del oleoducto, un día cualquiera mehicieron empacar equipos y el comandante me informóque la orden era llevarme hasta el Caquetá, para entregar-me a mandos superiores, y muy seguramente unirme conlos demás grupos de secuestrados. Me advirtió que iba a seruna marcha difícil y hasta me solicitó colaboración para queno se fueran a presentar dificultades en el recorrido. Duramos dos días atravesando la cordillera, llegamosy descendimos al río San Miguel. Cuando estábamos des-cendiendo por la cordillera, pasamos muy cerca a un lugarque se llama Teteyé, en Putumayo, que es una poblaciónmuy pequeña. De pronto vi una capa de gas inundando 66
  59. 59. I NFIERNO VERDEtodo el espectro y un ruido de unas máquinas trabajando,produciendo, un típico campo petrolero. Era un pozo queno estaba escondido, un pozo petrolero de la guerrilla, nosé exactamente su ubicación, pero está produciendo petró-leo con una maquinaria rudimentaria, pero que sale enunas condiciones de octanaje que casi no necesita un pro-ceso de refinación, y lo pasan directamente a los camionesy lo venden como si fuera gasolina. Pero lo que más meimpresionó fue el daño ambiental, ecológico, porque hayderrames permanentes de petróleo en todas esas cuencas,en esos pequeños caños, y que por supuesto crecen y vana parar a los ríos, no sé con seguridad cuáles ríos, peroseguramente el río San Miguel, línea de frontera con elEcuador, o el río Putumayo o el río Orito, en fin, los ríosde esa zona. Incluso les hice una sugerencia cuando vi eso,porque dormimos una noche ahí. Como soy ingeniero depetróleos, claro, frustrado, les sugerí que se compraranunos manifold, así se llaman en la industria unos separa-dores que se ponen en la cabeza del pozo y que envían elgas hacia un lado, el agua hacia otro y el petróleo haciaotro, para evitar esa contaminación. Por eso uno ve en loscampos de producción petrolera que de una de esas tube-rías sale gas, se quema y produce la llama permanente, por-que hay una diferenciación de presión entre el gas, dentrode la superficie a quince o dieciocho mil pies, y la presiónatmosférica en el ambiente. Esa diferencia de presión enel ambiente produce la quema de ese gas cuando no se uti-liza. Cuando no es económicamente rentable, se quema.Pero allá no se quema, se sale de la cabeza del pozo. Entreotras cosas es un peligro terrible porque puede causar unaexplosión en cualquier momento. 67
  60. 60. ´ L UIS E LADIO P EREZ Después de esa noche continuamos caminando hastaque llegamos finalmente al río San Miguel, donde encon-tré un paraíso. Ahí permanecimos unos días, en territorioecuatoriano, y luego me pasaron por debajo del PuenteSan Miguel, que une a Ecuador con Colombia, y la gue-rrilla mandó a unas muchachas bien chuscotas. Yo no sé sieran guerrilleras o prostitutas conseguidas ahí o pagadaspara que entretuvieran al puesto de policía colombiano.Me hicieron pasar como médico, terminé hasta recetandoViagra a un paciente que lo que tenía era un simple dolorde caderas, ¡imagínese! En ese mismo sitio, después, casitermino volando como Ricaurte en San Mateo, porque meacosté encima de unos bultos a fumar sin saber que con-tenían explosivos, sólo lo supe minutos después cuando uncampesino que iba pasando por ahí me recomendó avisar-les a los guerrilleros tener cuidado al fumar ¡para evitaralguna explosión con la dinamita que nos rodeaba! Entonces me pasaron por debajo del puente e inicia-mos nuevamente el ascenso a territorio colombiano porla parte oriental del Putumayo, hacia el Caquetá. Íbamosen unas lanchas que tenían un motor de 200 caballos fuerade borda, eran rapidísimas y con todas las comodidades:asientos como de carro, equipos de sonido y chalecos sal-vavidas. Entre otras cosas pasamos por la base de Tres Esqui-nas, como a las cinco y media de la mañana. Lo único quealcanzaba a divisar era unos reflectores inmensos. Yo measusté un poco, incluso pregunté al comandante guerri-llero de qué se trataba. Yo noté que había como temor enese momento. Recuerdo que dormimos en algún sitioy como a la una o dos de la mañana empacamos en plena 68
  61. 61. I NFIERNO VERDEoscuridad, me subieron a la lancha y arrancamos. En elambiente había nerviosismo, al principio no puse mayoratención, pero cuando vi esos reflectores allá al fondo mepreocupé. Me dijeron «no, no, tranquilo, no pasa nada.Es la base de Tres Esquinas». Ya estaba aclarando porqueeran como las cinco y media de la mañana, y yo estabapasando por el frente de la base de Tres Esquinas, ¡eso fueincreíble! Hay que reconocer que el río es muy ancho,pero yo veía las garitas de la base. Bueno, y uno suponeque debería haber control, por lo menos retenes para vi-gilar el movimiento fluvial de la zona. Pero pasamoscomo Pedro por su casa. Creo que iban conmigo alre-dedor de unos quince guerrilleros armados hasta los dien-tes y dispuestos a lo que fuera.La zona de distensiónDespués llegamos a lo que antes era la zona de distensión.Yo suponía que esa zona había sido recuperada por el Ejér-cito colombiano, pero para mi sorpresa navegamos en elrío Caguán, que también es un río anchísimo, la autopistade la guerrilla, durante el día. Porque la gran mayoría delas veces lo habíamos hecho de noche. Recuerdo que ha-cía un calor agradable en la lancha, y no había ningúnpuesto de control. Entonces me bajaron en un sitio entreRemolinos y San Vicente, me subieron a un carro duran-te dos horas, por una carretera hecha por la guerrilla(construida por los castigados de todos los frentes quevan a parar allá, a cortar madera, a cortar tablones, por-que es sobre tablones que van los carros). A las dos horas 69

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