URANIA
                           = Una Novela de Camille Flammarion =
                                       (Traducción)...
☼

                                               TERCERA PARTE

                                               CIELO Y TI...
URANIA
 PRIMERA PARTE
LA MUSA DEL CIELO
URANIA
                               PRIMERA PARTE
                              LA MUSA DEL CIELO

                     ...
hacen mecánicamente con la ayuda de tablas ya preparadas, mientras los
pensamientos pueden estar ocupados al mismo tiempo ...
cabello. La estatua parecía vivir, pensar, moverse, incluso sonreír. ¡Sensación
singular, extraño sentimiento! De verdad e...
II. LA MUSA DEL CIELO - VIAJE ENTRE SISTEMAS Y MUNDOS - FORMAS
                  DESCONOCIDAS DE HUMANIDAD



*** Entonces...
*** Todavía ascendimos. El Sol y su sistema rápidamente desaparecieron de la
vista; la Tierra era ahora sólo un punto en e...
*** Y de hecho, como ella dijo, vi un tercer sol aparecer en los cielos,
resplandeciendo con su color vívido, sus rayos me...
mucho tiempo responder todas estas preguntas que podrías formular. Basta que sepas
que sus ojos son de más largo alcance q...
*** quot;¡Estas estrellas son soles resplandecientes!quot; respondió la diosa. quot;Unidas en los
elegantes lazos de una a...
III. INFINITA VARIEDAD DE SERES - DIFERENTES METAMORFOSIS



*** Transcurrió largo tiempo desde que dejamos atrás el siste...
su existencia. La experiencia íntima de vida se vuelve incomparablemente más
completa para cada uno de ellos. También vemo...
singular mundo. Era una luna solitaria en los cielos, en la cual reinaba un perpetuo
crepúsculo. Ante nosotros se encontra...
IV. INFINIDAD Y ETERNIDAD - TIEMPO, ESPACIO Y VIDA - HORIZONTES
                            CELESTES



*** ¿Qué?, ¿podía ...
*** quot;Estamos - en el vestíbulo del Infinito, como estuvimos sobre la Tierra. ¡No
hemos avanzado un solo paso!quot;

  ...
*** quot;Si no existiera vida sobre la Tierra, el planeta estaría completamente deprovisto
de interés para cualquier ser p...
*** Yo escuché, encantado, las palabras de la Musa celeste que arrojaron una luz
completamente nueva sobre el futuro de la...
V. LA LUZ DEL PASADO - LAS REVELACIONES DE LA MUSA



*** Así habló mi guía celestial. Su semblante era hermoso como el dí...
patriotismo de Vercingetorix. Vi todo esto desde la altura en la que estaba, como
vemos los paisajes lunares a través del ...
independencia es la más importante de las bendiciones y la primera condición de la
felicidadquot;.

*** Urania había habla...
*** ¿Era éste por cierto el reloj? ¿Pero cómo había llegado aquí? ¿Quién lo había
traído y de dónde había venido?

*** Yo ...
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SEGUNDA PARTE
GEORGE SPERO
URANIA
                                 SEGUNDA PARTE
                                 GEORGE SPERO

                     ...
recuerda una de esas petites marquises de los pintores del siglo dieciocho, nacidos a
las incertidumbres de un destino que...
confianza; y quizás después de todo, ningún otro evento de importancia había
ocurrido alguna vez en su vida, que aquel cuy...
siempre. O, en el otro caso -- es decir debiendo el alma sobrevivir al cuerpo --
despertaremos en algún otro lugar para re...
*** En el tiempo en que empieza esta historia, George Spero ya se había vuelto
célebre, famoso incluso, debido a los dos t...
II. LA APARICIÓN - VIAJE A NORUEGA - EL ANTIHELIO - UN
                     ENCUENTRO EN LOS CIELOS



*** Su primer encue...
Elías, no causó un asombro más profundo a aquellos que lo contemplaron como lo
hizo la visión del antihelio - cuya explica...
principio le había atraído, se había lanzado con ardor al estudio - en ese tiempo
entrando en moda - de la psicología fisi...
reserva a este respecto. Él, sin embargo, no habiendo observado el antihelio en el
momento en el que la imagen de la joven...
gustos casi como los de una mujer, amante de las flores, los perfumes, la música, el
embelesamiento, y a veces incluso sor...
III. SER O NO SER - ¿QUÉ ES EL SER HUMANO? - NATURALEZA - EL
                               UNIVERSO



*** Fue precisamen...
Urania
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Urania, una novela de amor y ciencia de Camille Flammarion; en español. Traducción de Eduardo Mendoza - 2009. Urania Scenia & Itipcap. Destaca el Legado de George Spero a la Ciencia.

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  • Hola queria comparitir con todos un maravillosa y magnifica reflexión de la realización que he recibido en un Cd- Rom “La Realización Humana En Un Ser Divino” es impactante, es única, si quieren obtenerla pueden llamar a los Teléfonos 6090132 o 6277685. bogotá Colombia o estar pendiente del lanzamiento de la Página Web http://www.umbraldelosmilagros.org

    Realmente he quedado encantada ya que ha cambiado mi manera de ver las cosas, por esto tomo el momento para dar a conocer a todos mis hermanos y que tengan esta información a su alcance.

    Gracias.
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  • Advertidos de algunos errores léxicos y mecanográficos en la traducción original, hemos procurado las mejoras correspondientes y preparado esta versión pdf para su mejor aprovechamiento por el público interesado. Gracias. U. Scenia.
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  1. 1. URANIA = Una Novela de Camille Flammarion = (Traducción) ☼ PRIMERA PARTE LA MUSA DEL CIELO 1.1. Sueño de Juventud. 1.2. La Musa del Cielo - Viaje entre Sistemas y Mundos - Formas Desconocidas de Humanidad. 1.3. Infinita Variedad de Seres - Diferentes Metamorfosis. 1.4. Infinidad y Eternidad - Tiempo, Espacio y Vida - Horizontes Celestes. 1.5. La Luz del Pasado - Las Revelaciones de la Musa. ☼ SEGUNDA PARTE GEORGE SPERO 2.1. Vida - Investigación - Estudio. 2.2. La Aparición - Viaje a Noruega - El Antihelio - Un Encuentro en los Cielos. 2.3. Ser o no ser - ¿Qué es el Ser Humano? - Naturaleza - El Universo. 2.4. Amor - Iclea - Atracción. 2.5. La Aurora Boreal - El Ascenso del Gobo - En el Medio Cielo - Catástrofe. 2.6. Progreso Eterno - Sesión Magnética.
  2. 2. ☼ TERCERA PARTE CIELO Y TIERRA 3.1. Telepatía - Lo Desconocido de Ayer - Ciencia - Apariciones - Las Facultades Psíquicas - El alma y el Cerebro. 3.2. Iter Extaticum Coeleste. 3.3. El Planeta Marte - Aparición de Spero - Comunicación Psíquica - Los Habitantes de Marte. 3.4. El Centro de Gravedad del Universo - Fuerza. 3.5. Un Alma Vestida de Aire. 3.6. Ad Veritatem Per Sientiam - El Legado de Spero a la Ciencia. - La fuente en Inglés es: quot;Uraniequot;, por Camille Flammarion. Traducida del Francés por Mary J. Serrano. Disponible 'on line' en: http://fiction.eserver.org/novels/uranie/default.html - La presente traducción del Inglés al Español ha sido desarrollada por Eduardo Mendoza M.© 2009, para Urania Scenia & Itipcap © 2009. - La obra original, que data de 1890, está en el Dominio Público. Camille Flammarion (1842 - 1925) Camille Flammarion (1842-1925), astrónomo francés conocido por su talento para popularizar la astronomía. En 1862 fue expulsado del Observatorio de París por Urbain Le Verrier después de que publicara su obra La pluralidad de los mundos habitados. Esto no impidió a Flammarion continuar sus observaciones. En 1879 publicó su manual de astronomía popular, que tuvo un inmenso éxito. Entretanto trabajó como calculador en la Oficina de Longitudes; sus capacidades en materia de astronomía fueron muy reconocidas. En 1883 hizo construir un observatorio en el municipio de Juvisy-sur-Orge, donde se instaló y continuó sus investigaciones hasta su muerte. Realizó numerosas observaciones de los planetas del Sistema Solar y en 1887 fundó la Sociedad Astronómica de Francia. Fuente de la presente cita onomástica: quot;Camille Flammarion.quot; Microsoft ® Encarta ® 2007. [CD] Microsoft Corporation, 2006. Derechos Reservados © 2006 - 2009 URANIA SCENIA & ITIPCAP
  3. 3. URANIA PRIMERA PARTE LA MUSA DEL CIELO
  4. 4. URANIA PRIMERA PARTE LA MUSA DEL CIELO I. SUEÑO DE JUVENTUD *** Yo tenía diecisiete años. Ella se llamaba Urania. ¿Era Urania, entonces, una bella doncella, con ojos azules, inocente, pero ávida de conocimiento? No, ella era simplemente lo que siempre ha sido, una de las nueve musas; ella, quien presidía la astronomía, y cuya celestial mirada animaba y dirigía el coro esferal, era la idea celeste cerniendo por encima de la terrenal estupidez; ella no tenía ni la carne palpitante, ni el corazón cuyas pulsaciones pueden ser transmitidas a través del espacio, ni el suave calor de humanidad; pero existía, sin embargo, en una suerte de mundo ideal, superior a la humanidad, y siempre pura; y todavía era lo suficientemente humana en nombre y forma para producir en el alma de un joven una impresión vívida y profunda, para despertar en esa alma un indefinido e indefinible sentimiento de admiración: casi de amor. *** El joven cuya mano todavía no ha arrancado el divino fruto del árbol del conocimiento, cuyos labios han permanecido puros, cuyo corazón todavía no ha hablado, pero cuyos sentidos empiezan a despertar en medio de un mar de nuevas aspiraciones, tiene una premonición en sus horas de soledad -e incluso en medio de las labores intelectuales con las cuales nuestro moderno sistema de educación abruma su cerebro - tiene una premonición, digo, de la divinidad en cuyo santuario un día rendirá culto, y personifica de antemano, bajo varias formas, el encantador ideal que flota en la atmósfera de sus sueños. Él desea, él anhela abrazar a este ser desconocido, pero todavía no se aventura, puede que nunca se aventure, quizás, en su ingenua admiración por ella, a hacerlo así, a menos que una oportunidad favorable venga a asistirlo. Si Cloe no es lo suficientemente versada, la indiscreta y curiosa Licenion debe encargarse de instruir a Dafnis. *** Cualquier cosa que habla a nuestras almas de la hasta aquí desconocida atracción tiene el poder de encantarnos, de impresionarnos, de seducirnos. La fría representación en un grabado del puro óvalo de una cara perfecta, el cuadro de alguna diosa, puede ser una estatua -sobre todo una estatua- despierta una extraña emoción en el corazón; la sangre se apresura o parece detener su curso; una idea destella como relámpago a través del cerebro, tirando de la frente, para permanecer flotando vagamente en el alma soñadora. Éste es el inicio del amor, el inicio de la vida, el amanecer de un hermoso día de verano, anunciando la elevación del Sol. *** En cuanto a mí, mi primera pasión, la pasión de mi juventud, tenía, no por objeto, ciertamente, sino por causa determinante, ¡un reloj! Esto puede parecer lo suficientemente extraño, pero sin embargo, es verdad. Cálculos carentes de interés llenaban todas mis tardes desde las dos hasta las cuatro: era mi tarea corregir las observaciones de las estrellas y planetas hechas en la noche anterior, aplicándoles las reducciones debidas a la refracción atmosférica, que depende de la altura del barómetro y de la temperatura. Estos cálculos son tan simples cuanto pesados; se
  5. 5. hacen mecánicamente con la ayuda de tablas ya preparadas, mientras los pensamientos pueden estar ocupados al mismo tiempo en algo totalmente diferente. *** El ilustre Le Verrier era, en ese tiempo, Director del Observatorio de París. Aunque él en modo alguno era artístico en sus gustos, tenía, en su estudio, un fino reloj de bronce dorado del tiempo del Primer Imperio, la obra de Pradier. El pedestal de este reloj representa en bajo-relieve el nacimiento de la astronomía en las llanuras de Egipto. Una enorme esfera celeste, rodeada por el zodiaco y soportada por esfinges, superaba el dial. Pero la belleza de esta obra artística consistía, sobre todo, en una cautivadora estatuilla de Urania -noble, elegante, podría casi decir, majestuosa. La Musa celeste estaba representada en posición de pie. Con su mano derecha ella medía, con la ayuda de un compás, los grados de la esfera estrellada; su mano izquierda cayendo por su lado, sostenía un pequeño telescopio. Excelentemente cubierta, su actitud era noble y, como había dicho, majestuosa. Nunca había visto un rostro tan hermoso como el suyo. Con la luz cayendo sobre éste, desde el frente, parecía grave y austera; cayendo oblicuamente, parecía pensativa. Pero si la luz venía desde arriba o de al lado, este encantador semblante era iluminado por una misteriosa sonrisa, su aspecto llegaba a ser casi acariciador; su antigua serenidad daba lugar a una agraciada y alegre expresión que era un deleite contemplar. Era como si alguna melodía estuviera siendo cantada del interior. *** Estas cambiantes expresiones parecían infundir vida a la estatua. Diosa y musa, ella era hermosa, ella era encantadora, ella era adorable. Cada vez que tenía la ocasión de visitar al famoso matemático, no era el pensamiento de su fama mundial lo que tenía más presente. Yo olvidé las fórmulas de logaritmos, e incluso su inmortal descubrimiento del planeta Neptuno, para ceder el paso al hechizo de la obra de Pradier. Esa hermosa forma, tan admirablemente modelada bajo sus antiguos ropajes, el agraciado aplomo de su cabeza, el expresivo rostro, atraía mi mirada y encadenaba mis pensamientos. A menudo, cuando, cerca a las cuatro en punto dejábamos la oficina para retornar a París, yo echaría un vistazo a través de la puerta abierta para ver si el Director estaba ausente de su estudio. Los lunes y los miércoles eran los mejores días; los primeros, debido a las sesiones del Instituto, a las cuales nunca faltaba; los últimos, en vista de aquéllas del Buró de Longitudes, que rechazaba con el más profundo desdén, y que le hacían a propósito dejar el Observatorio lo mejor para manifestar su desprecio. Entonces yo tomaría mi puesto al frente de mi amada Urania. Yo la contemplaría a mi confort. Yo estaba extasiado con los hermosos contornos de su figura, y saldría cada vez más satisfecho, pero no más feliz, que la última. Ella me encantaba, pero me dejaba pesares. *** Una noche - la noche en la que descubrí los cambios que su semblante sufría de acuerdo con la dirección desde la cual le caía la luz - había encontrado la puerta del estudio bien abierta; una lámpara, que se levantaba sobre la repisa de la chimenea, hizo que la figura de la musa apareciera en su aspecto más seductor. La luz oblicua tocaba suavemente su frente, sus mejillas, sus labios y su garganta. La expresión era maravillosa. Yo me aproximé y permanecí inmóvil por un tiempo, contemplándola; entonces se me ocurrió cambiar la posición de la lámpara para de este modo hacer que la luz cayera sobre sus hombros, su brazo, su cuello y su
  6. 6. cabello. La estatua parecía vivir, pensar, moverse, incluso sonreír. ¡Sensación singular, extraño sentimiento! De verdad estaba enamorado de ella; mi admiración por ella había cambiado a amor. Yo debería haber estado muy sorprendido aquella vez si alguien me hubiera dicho que esto no era una genuina pasión, que este afecto platónico era nada más que un sueño infantil. El Director entró, pero no parecía tan sorprendido por mi presencia en su estudio como yo había temido (la gente a menudo pasaba por la puerta yendo al Observatorio). Pero justo cuando yo volvía a poner la lámpara sobre la repisa de la chimenea, él dijo: quot;Vd. está muy retrasado para Júpiterquot;. Y cuando cruzaba el umbral de la puerta: quot;¿Es Vd. por ventura un poeta?quot; añadió con un aire de profundo desdén, enfatizando con un acento de desprecio la sílaba final. *** Yo le podría haber contestado mencionándole los nombres de Kepler, Galileo, dÁlembert, los dos Herschels, y otros ilustres sabios quienes eran al mismo tiempo poetas y astrónomos. Yo podría incluso haberle recordado al primer Director del Observatorio, Jean Domingue Cassini que cantaba las alabanzas de Urania en verso latino, francés e italiano. Pero los estudiantes del Observatorio no tenían la costumbre de responder los comentarios del Senador-Director. Los senadores en ese tiempo eran personajes importantes y el Director del Observatorio era nombrado de por vida. Y además, nuestro gran geómetra más allá de toda duda habría considerado los más maravillosos poemas de Dante, Ariosto, o Víctor Hugo con el mismo desprecio como un fino perro de Terranova habría considerado un vaso de vino, servido ante él para su delectación. Y luego, yo estaba incontestablemente en falta. *** Esta encantadora faz de Urania, con toda su deleitable variedad de expresión, ¡cómo me obsesionaba! ¡Cuán graciosa era su sonrisa! Y sus ojos de bronce tenían, en ocasiones, una expresión verdaderamente viva. Sólo le faltaba hablar. La noche siguiente, apenas caí dormido, vi ante mí la majestuosa figura de la diosa, y esta vez ella me habló. ¡Ella estaba realmente viva! ¡Y qué preciosa boca! Yo pude haberla besado en cada palabra que profirió. quot;¡Venquot;, me dijo, quot;ven conmigo a los cielos -- arriba, más arriba sobre la Tierra. Tú verás a tus pies este mundo inferior, tú contemplarás la inmensidad del Universo en toda su grandiosidad. ¡Detente!, ¡contempla!quot;
  7. 7. II. LA MUSA DEL CIELO - VIAJE ENTRE SISTEMAS Y MUNDOS - FORMAS DESCONOCIDAS DE HUMANIDAD *** Entonces contemplé la Tierra sumergiéndose en el abismo abierto de la inmensidad. Las cúpulas del Observatorio, París iluminado, desaparecieron rápidamente de mi vista, mientras yo parecía estar inmóvil. La sensación que experimenté fue como aquella que siente uno que está ascendiendo en un globo aerostático, y ve la Tierra abajo hundirse fuera de la vista. Por largo tiempo continué el ascenso, transportado en mi mágico vuelo hacia el inaccesible cenit. Urania estaba a mi lado, un poco encima mío, saludándome con una expresión de dulzura en su semblante, cuando ella me señaló los reinos debajo de nosotros. Había amanecido. Yo reconocí Francia, el Rhin, Alemania, Austria, Italia, el Mediterráneo, España, el Océano Atlántico, el Canal Británico e Inglaterra. Pero todas estas divisiones geográficas de la Tierra, ya de tamaño liliputiense, se hacían más pequeñas a cada momento. Pronto el globo terrestre fue reducido a las dimensiones aparentes de la Luna en su último cuarto, luego a la de una diminuta Luna llena. *** quot;¡Contempla!quot; me dijo, quot;este famoso globo terrestre, en el cual tantas pasiones se enfrentan, y que sostiene dentro de sus estrechos confines los pensamientos de tantos millones de seres, cuya visión no se extiende más allá de éste. Mira, cómo su aparente tamaño disminuye en proporción cuando nuestro horizonte se amplía. Ya no podemos distinguir Europa de Asia. ¡Mira Canadá y Norte América! ¡Cuán insignificante parece todo!quot; Pasando cerca de la Luna yo había observado las montañosas regiones de nuestro satélite, sus picos destellando con luz, sus profundos valles cubiertos de sombra, y me hubiera gustado detenerme, con el objeto de examinar más de cerca este planeta vecino, pero Urania, desdeñando echarle una sola mirada, me arrastró con ella en rápido vuelo hacia las regiones estrelladas. *** Continuamos ascendiendo. La Tierra, que se volvía más y más pequeña a nuestra vista, en la medida que nos alejábamos, pronto lucía como una estrella, brillando por la luz reflejada del Sol en el negro vacío de la inmensidad. Nosotros habíamos virado nuestro curso hacia el Sol, que brillaba en las profundidades del espacio sin iluminarlo, y al mismo tiempo que vimos el Sol, vimos las estrellas y planetas que sus rayos no eclipsaban, porque ellos no comunicaban su luz al invisible éter. La diosa celeste me señaló a Mercurio cerca al Sol, Venus brillando al lado opuesto, la Tierra, que se asemejaba a Venus, tanto en apariencia general cuanto en brillo; Marte, cuyos mares interiores y riachuelos reconocí; Júpiter, con sus cuatro enormes lunas; Saturno, Urano. *** quot;Todos estos mundosquot;, me dijo, quot;se sustentan en el espacio por la atracción del Sol, alrededor del cual giran con rapidez. Ellos son un coro armonioso girando alrededor de un centro común. La Tierra no es sino una isla flotante, un Hamlet en este gran país solar, y este imperio solar es él mismo sólo una provincia en las profundidades del infinito espacio estrelladoquot;.
  8. 8. *** Todavía ascendimos. El Sol y su sistema rápidamente desaparecieron de la vista; la Tierra era ahora sólo un punto en el espacio; Júpiter mismo, ese colosal mundo, disminuía en tamaño como Marte y Venus, hasta que parecía apenas más grande que la Tierra. *** Vimos a Saturno, rodeado por sus gigantescos anillos, que sólo bastarían para probar la inmensa e inconcebible variedad que reina en el universo - ¡Saturno, un verdadero sistema por sí mismo, con sus anillos formados de átomos arrojados en una rotación de velocidad vertiginosa, y con sus ocho satélites, acompañándole como un cortejo celestial! *** Proporcionalmente en cuanto íbamos ascendiendo, nuestro Sol disminuía de tamaño. Pronto disminuyó a la magnitud de una estrella, entonces perdió toda majestad, toda superioridad sobre el mundo sidéreo, pareciendo ni más grande ni más brillante que una estrella. Yo miraba fijamente estos campos estrellados del espacio en los cuales continuamos ascendiendo, y traté de reconocer las constelaciones. Pero ellas habían empezado a cambiar sus formas perceptiblemente, debido a la diferencia de perspectiva, resultante de mi vuelo a través de estas regiones. Pensé que veía a nuestro Sol, ahora reducido al tamaño de una estrella de la más pequeña magnitud, juntarse a la constelación del Centauro, mientras una luz - pálida, azul y no familiar - venía de las regiones hacia las cuales Urania estaba llevándome. Esta brillantez de ninguna manera se parecía a la luz terrestre; era como nada de lo que yo había visto y admirado en el escenario de la Tierra, ya en los cambiantes tonos de crepúsculo después de una tormenta, o en los vapores informes de la mañana, o la reflexión proyectada por los rayos de la luna en las horas calmas y silentes de la noche en el bruñido espejo del mar. Esto es quizás lo que esa extraña luz parecía más cercanamente, pero por grados ésta llegaba a ser más y más azul, no con el azul reflejado del cielo, o por la fuerza de contraste, como cuando la luz eléctrica es traída a la proximidad con gas; sino azul, como si el Sol que era su fuente fuese azul. ¡Cuál fue mi asombro cuando percibí que estábamos, de hecho, aproximándonos a un sol absolutamente azul, que lucía como un disco brillante extraído de nuestros más hermosos cielos terrestres, y destacándose brillantemente contra un marco completamente negro, rociado con estrellas! *** Este sol zafiro era el centro de un sistema de planetas que recibían su luz de él. Estuvimos prestos a pasar cerca de uno de estos planetas. El sol azul se agrandó perceptiblemente, pero por un nuevo cambio no menos extraño que el anterior, la luz proyectada de éste en el planeta tenía a veces un matiz de verde. ¡Miré el cielo de nuevo, y percibí un segundo sol, esta vez de un hermoso verde esmeralda! No podía creer lo que mis ojos me mostraban. *** quot;Estamos atravesandoquot;, me dijo Urania, quot;el sistema solar Gamma de Andrómeda, del cual tú no puedes hasta ahora percibir sino una parte, porque está compuesto en realidad, no sólo de estos dos soles, sino de tres: un sol azul, un sol verde y un sol amarillo-naranja. El sol azul, que es el más pequeño, gira alrededor del verde, y éste, con su compañero, gira alrededor del gran sol naranja, que estás ahora próximo a contemplarquot;.
  9. 9. *** Y de hecho, como ella dijo, vi un tercer sol aparecer en los cielos, resplandeciendo con su color vívido, sus rayos mezclándose con los arrojados por sus dos compañeros, y produciendo, por el contraste, un efecto singular. Yo reconocí, por cierto, este curioso sistema sideral, por cuanto lo había observado más de una vez a través del telescopio; pero no había tenido idea de su real esplendor. ¡Qué intensidad de luz! ¡Qué deslumbrante brillo! ¡Qué viveza de color había en esta maravillosa fuente de luz azulada, en el resplandor verde del segundo sol, y en el brillo de oro atezado del tercero! *** Pero estábamos ahora cerca, como he dicho, a uno de los mundos que pertenece al sistema del sol zafiro. Todo en éste era azul -el paisaje, el agua, las plantas, las rocas ligeramente teñidas de verde en ese lado donde los rayos del segundo sol cayeron, y apenas tocado por los rayos del sol naranja ahora ascendiendo sobre el horizonte lejano. Cuando entramos a la atmósfera de este mundo, acordes de cautivadora dulzura, llenaron el aire como un perfume, como música oída en un sueño. Yo nunca antes había oído algo que se le parezca. *** Esto pareció venir de una distante orquesta de arpas y violines, cuyos tonos eran sostenidos y prolongados por las profundas notas del órgano. Fue una exquisita melodía que encantaba el oído de inmediato, que no necesitaba ser analizada para ser entendida, y mantenía el alma cautiva. Sentí como si la podría haber escuchado para siempre. No me atreví dirigir una palabra a mi guía, por cuanto temí perder una sola nota. Urania percibió esto. Ella estiró su brazo hacia un lago que iba a ser visto sobre el planeta, y me señaló con su dedo, un grupo de criaturas aladas revoloteando sobre sus aguas azules. *** Ellas no tenían la forma humana de nuestra Tierra. Ellas eran seres evidentemente organizados para vivir en el aire. Parecían hechos de luz. Vistas de lejos, yo las había tomado al principio por libélulas; ellas tenían la misma forma esbelta y agraciada que éstas, las mismas alas grandes, la misma vivacidad y luminosidad. Pero observándolas más de cerca, tomé nota de su tamaño, que no era inferior al nuestro, y vi de la expresión de sus ojos que no eran animales. Parecían libélulas en sus cabezas tanto como sus otros miembros, y como esos seres aéreos, no tenían piernas. La música encantadora que había escuchado era sólo el sonido producido por sus alas en vuelo. Había un número muy grande de ellas - varios millares, quizás. *** En las cumbres de las montañas iban a verse plantas, que no eran ni árboles ni flores, cuyos frágiles tallos se elevaban a una altura enorme, desplegándose en lo alto en ramas que se asemejaban a brazos extendidos, que soportaban grandes cálices en forma de tulipanes. Estas plantas estaban dotadas de vida -al menos tanto como, sino más que, nuestras plantas sensibles. Como el Desmodio, con sus hojas móviles, ellas revelaban sus impresiones interiores por sus movimientos. Estos bosquecillos eran verdaderas ciudades de plantas. Los habitantes de este mundo no tenían otras moradas que estos matorrales, y era entre estas plantas fragantes y sensibles que ellos reposaban cuando no flotaban en el aire. *** quot;Este mundo te parece fantásticoquot;, dijo Urania, quot;y te preguntas ¿cuáles pueden ser los pensamientos de estos seres, cuáles pueden ser sus modales, cuál es su historia, qué especies de arte, de literatura, de ciencia, pueden poseer? Tomaría
  10. 10. mucho tiempo responder todas estas preguntas que podrías formular. Basta que sepas que sus ojos son de más largo alcance que vuestros más perfectos telescopios; que sus sistemas nerviosos vibran al paso de un cometa, y que de las impresiones transmitidas a ellos a través de corrientes eléctricas ellos descubren hechos que ustedes sobre la Tierra nunca conocerán. Los órganos que ves bajo sus alas toman el lugar de manos más hábiles que las vuestras. En vez de imprimir, los eventos son registrados por impresiones fotográficas directas, y sus palabras son fijadas fonéticamente. Por lo demás, ellos se ocupan sólo en investigaciones científicas - es decir, en el estudio de la naturaleza. Las tres pasiones que llenan la parte más grande de vida sobre la Tierra, el ávido deseo por riqueza, la ambición política y el amor les son desconocidas, porque ellos nada necesitan para sostener la vida, no tienen divisiones políticas, ni ningún otro gobierno que un consejo de administración, y porque ellos son andróginosquot;. *** quot;¡Andróginos!quot; repliqué. Entonces me aventuré a añadir, quot;¿es eso mejor?quot; *** quot;Es diferentequot;, contestó. quot;Esto ahorra a la raza muchos problemas seriosquot;. *** quot;Es necesario separarse uno mismo enteramentequot;, continuó, quot;de las sensaciones y los pensamientos de la Tierra, para ser capaces de comprender la infinita diversidad manifestada por las diferentes formas de creación. Así como en tu planeta las especies han cambiado de edad en edad -desde los extraños seres de los periodos geológicos más tempranos hasta el tiempo de la aparición del hombre- de modo que ahora, incluso las especies animales y vegetales de la Tierra están compuestas de las formas más diversas -desde el hombre al coral, desde el ave al pez, desde el elefante a la mariposa-; así, pero sobre una extensión incomparablemente más vasta, las fuerzas de la naturaleza han dado nacimiento en las innumerables estancias del cielo, a una infinita diversidad de seres y sustancias. Las formas de los seres de cada mundo son el resultado de los elementos peculiares a éste, tales como la sustancia de la cual está compuesto, su calor, luz, electricidad, densidad y gravedad. Las formas, los órganos, el número de los sentidos -de los cuales Vosotros tenéis sino cinco, y ésos no muy perfectos - dependen de las condiciones de vida peculiares a cada esfera. La vida es terrestre en la Tierra, marciana en Marte, saturnina en Saturno, neptuniana en Neptuno - es decir, adaptada a su entorno, o mejor, para ser más correcto, producida y desarrollada por cada mundo, de acuerdo con su estado orgánico y su consonancia con una ley primordial que toda la naturaleza debe obedecer: la ley del Progresoquot;. *** Mientras ella estaba hablando, mi mirada había seguido el vuelo de los seres aéreos hacia la ciudad de las flores, y yo había visto con asombro a las plantas moverse, elevarse o descender para recibir a sus invitados; el sol verde se había hundido bajo el horizonte y el sol naranja ascendido a mayor altura en los cielos; el paisaje estaba iluminado por un esplendor, sobre el cual flotaba una luna de enorme tamaño, mitad naranja y mitad verde. Entonces la melodía que llenaba la atmósfera cesó, y en medio del profundo silencio que siguió, escuché un canto entonado por una voz tan clara y dulce, que ninguna voz humana podría soportar comparación con ella. *** quot;¡Qué maravilloso sistema debe ser éstequot;, exclamé, quot;del cual forma parte un mundo como éste, iluminado por esplendores tan maravillosos! Estas, luego, son las estrellas doble, triple y múltiples vistas cercaquot;.
  11. 11. *** quot;¡Estas estrellas son soles resplandecientes!quot; respondió la diosa. quot;Unidas en los elegantes lazos de una atracción mutua, tú en la Tierra las contemplas encunadas de dos en dos, en el seno de los cielos, siempre hermosas, siempre brillantes, siempre claras. Suspendidas en la infinidad del espacio, ellas se sostienen mutuamente sin tocarse la una a la otra, como si su unión, moral antes que material, fuera gobernada por un poder invisible y superior, y siguiendo curvas armoniosas, ellos gravitan en ritmo, una alrededor de la otra; pares celestes llegan a existir en la primavera de la Creación, en los campos estrellados del espacio. *** quot;¿Unos pocos trillones?quot; *** quot;Sí. Si pudiéramos oír a esta distancia los ruidos de tu planeta, sus volcanes, sus cañoneos, sus truenos, las vociferaciones de la muchedumbre en tiempos de revolución, o las pías canciones de las Iglesias cuando se elevan al Cielo, tan distante de esto estamos que, concediendo que estos ruidos podrían atravesar el espacio con la rapidez de la luz, les tomaría no menos de quince millones de años llegar aquí. Podríamos escuchar ahora sólo lo que pasó en la Tierra hace quince millones de años. *** quot;Aún, comparado con la inmensidad del Universo, todavía estamos muy cerca a tu país. Tú puedes todavía reconocer tu Sol, una pequeña estrella allí abajo. Todavía no hemos salido del Universo al cual, con su sistema de planetas, éste pertenece. *** quot;Este Universo está compuesto de miríadas de soles separados el uno del otro por trillones de leguas. *** quot;Su extensión es tan grande que un relámpago con una velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo, tomaría quince millones de años para atravesarlo. *** quot;Y en todos lados, dondequiera que dirijamos nuestra mirada, hay soles; por todas partes fuentes de calor y de vida; soles de inagotable variedad; soles de todos los grados de resplandor, de todos los grados de magnitud, de toda edad, sostenidos en el luminoso éter del vacío eterno, por la mutua atracción de todos, y por el movimiento de cada uno; cada estrella individual, un enorme sol, gira alrededor de sí misma como un globo de fuego. Cada una tiene su objetivo. Tu sol se mueve y los carga consigo hacia la constelación de Hércules; el sol cuyo sistema acabamos de atravesar se mueve al sur de las Pléyades. Sirius se apresura hacia Columba, Pollux hacia la Vía Láctea. ¡Todos estos millones, todas estas miríadas de mundos se lanzan a través del espacio con una velocidad dos, tres, y cuatrocientos mil metros por segundo! La acción es, lo que sostiene al Universo en equilibrio, lo que le da su organización, su energía y su vidaquot;.
  12. 12. III. INFINITA VARIEDAD DE SERES - DIFERENTES METAMORFOSIS *** Transcurrió largo tiempo desde que dejamos atrás el sistema tricolor en nuestro vuelo. Pasamos cerca de un gran número de mundos muy diferentes de mi hogar terrestre. Algunos de ellos me parecieron estar completamente cubiertos con agua, y poblados por seres acuáticos; otros, poblados solamente por plantas. Pasamos cerca de muchos de ellos. ¡Qué inimaginable variedad! *** En uno entre ellos, todos los habitantes me parecieron especialmente hermosos. Urania me informó que su organización es completamente diferente de la de las criaturas de la Tierra, y que en esos planetas el ser humano percibe las operaciones físico-químicas que tienen lugar para el mantenimiento del cuerpo. En nuestro organismo terrestre, por ejemplo, no vemos cómo se asimila el alimento que se toma; cómo la sangre, los tejidos y los huesos se renuevan; todas estas funciones son automáticamente realizadas sin que los sentidos las perciban. Así es que sufrimos miles de dolencias cuyo origen está oculto, y a menudo indescubrible. Así el ser humano [de tal orbe] siente las operaciones de las fuerzas vitales como nosotros sentimos placer o dolor. De cada molécula del cuerpo, por decirlo así, parte un nervio que transmite al cerebro las varias impresiones que recibe. Si el hombre terrestre estuviera dotado con un sistema nervioso similar, podría ver - volviendo su mirada al interior, por medio de sus nervios- cómo el alimento se transforma en quilo, éste en sangre, y la sangre en carne, músculos, nervios, etc.; él se contemplaría a sí mismo. Pero estamos lejos de esto, al ser obstaculizado el centro vital de nuestras percepciones por los muchos nervios de los lóbulos del cerebro y el tálamo óptico. *** En otra esfera que pasamos durante la noche, es decir, por su hemisferio nocturno, los habitantes están formados de tal manera que son luminosos, que brillan como si alguna emanación fosforescente irradiara de esta extraña fuente de luz. Una reunión nocturna compuesta de un gran número de personas, presenta una apariencia verdaderamente fantástica, porque tanto la luz como el color de los ojos, cambia de acuerdo con las diversas pasiones por las cuales ellas están animadas. Adicionalmente, el poder de estas miradas es tal que ejercen una influencia tanto eléctrica como magnética de intensidad variable y, en ciertos casos, fatal, provocando que la víctima en quien se fijan con suficiente concentración, caiga muerta. *** Un poco más allá mi guía celeste me señaló un mundo cuyos habitantes gozan de una facultad invalorable; el alma tiene el poder de pasar a otro cuerpo sin experimentar la muerte, que es a menudo desagradable y siempre triste. Un sabio que ha pasado toda su vida laborando para la instrucción de la humanidad, y que ve su fin aproximarse sin ser capaz de completar sus nobles tareas, puede cambiar su cuerpo por el de un hombre joven y empezar una vida nueva, todavía más útil que la anterior. Para efectuar esta transmigración todo lo que se necesita es el consentimiento del joven y el tratamiento magnético por un médico competente. Uno también ve, en ocasiones, a dos seres unidos por los lazos de un fuerte y dulce afecto, efectuar un cambio similar de cuerpo después de varios años de unión; el alma del esposo viene a residir en el cuerpo de la esposa y viceversa, por el resto de
  13. 13. su existencia. La experiencia íntima de vida se vuelve incomparablemente más completa para cada uno de ellos. También vemos sabios, historiadores por ejemplo, que deseosos de vivir dos centurias en vez de una, se conectan ellos mismos en el sueño ficticio de una hibernación artificial, que suspende la animación en ellos por la mitad de cada año, o incluso más. Algunos tienen éxito en prolongar su vida de esta manera a dos veces la extensión de la vida normal de un centenario. *** Unos pocos segundos más tarde, pasando a través de otro sistema, encontramos otra especie de seres completamente diferente e incontestablemente superior a nosotros. Con los habitantes del planeta que en ese momento tuvimos bajo nuestros ojos, un mundo iluminado por un sol brillante, hidrogenizado, no es necesario que el pensamiento sea vertido en palabras para hacerse inteligible. ¿Cuán a menudo nos ocurre cuando alguna idea brillante o ingeniosa visita nuestra mente, encontrarla disipada, desvanecida, oscurecida, o completamente cambiada antes de que hayamos sido capaces de expresarla por escrito o discursivamente? Los habitantes de este planeta tienen un sexto sentido, que podría ser llamado autotelegráfico, en virtud del cual, si el pensador no se opone, el pensamiento transpira, y puede ser leído por un órgano que muy aproximadamente toma el lugar de nuestra frente. Estas conversaciones silenciosas son a menudo las más profundas y las más preciosas; siempre son las más sinceras. *** Estamos cándidamente dispuestos a creer que la organización humana, como es en la Tierra, no deja nada que desear. Pero, ¿acaso nunca hemos lamentado ser obligados a escuchar contra nuestra voluntad palabras desagradables, un discurso absurdo, un sermón inflado, mala música, difamación, o escándalo? Es en vano para los filósofos pretender que podemos cerrar nuestros oídos a tales sonidos. Infelizmente éste no es el caso. Vd. no puede cerrar sus oídos como puede cerrar sus ojos. Aquí entonces hay un obstáculo. Yo me sorprendí mucho de ver un planeta donde la Naturaleza no se había olvidado de atender a este detalle. Cuando nos detuvimos allí por un instante Urania me señaló que las orejas de estos seres se cerraban como párpados. quot;Aquíquot;, dijo, quot;hay menos querellas enojosas que en tu planeta, pero las disensiones políticas son mucho más amargas, cuando las partes contendientes cierran sus oídos efectivamente a los argumentos del lado opuesto, a pesar de los esfuerzos de los abogados más elocuentes para hacerlos oírquot;. *** En otro mundo, donde el fósforo juega una parte importante, donde la atmósfera está siempre cargada con electricidad cuando la temperatura es muy alta, y cuyos habitantes apenas han encontrado necesario crear ropa, ciertas pasiones se manifiestan por la iluminación de una parte del cuerpo. Aquí tiene lugar, a gran escala, lo que a pequeña pasa en nuestra Tierra, cuando, en una apacible noche de verano vemos a las luciérnagas encendidas silenciosamente con una llama amorosa. Es curioso mirar la apariencia de estas luminosas parejas en las noches en las grandes ciudades. El color de la fosforescencia difiere de acuerdo al sexo, y su intensidad varía de acuerdo con la edad y el temperamento. El sexo más severo arde con una llama roja, más o menos brillante, y el más gentil con una llama azulada, a veces pálida y apacible. Sólo nuestras luciérnagas podrían formar alguna idea, rudimentaria por cierto, de la naturaleza de los sentimientos de estos seres peculiares. No podía creer a mis ojos cuando pasamos por la atmósfera de este planeta; pero yo estuve todavía más sorprendido al llegar al satélite de este
  14. 14. singular mundo. Era una luna solitaria en los cielos, en la cual reinaba un perpetuo crepúsculo. Ante nosotros se encontraba un sombrío valle. De los árboles, creciendo en uno u otro lado de este valle, estaban suspendidos seres humanos envueltos en mortajas. Ellos mismos se habían sujetado a las ramas por los cabellos y dormían allí en medio del silencio más profundo. Lo que yo había tomado por mortajas era un tejido formado por la prolongación de su desteñido y atestado cabello. Cuando yo mostré sorpresa por tal situación, Urania me dijo que ésta era su manera de disponer de los muertos y esperar una resurrección. Sí, en este mundo los habitantes disfrutan la facultad poseída por esos insectos que tienen el poder de caer dormidos en el estado de crisálida para emerger de éste cual aladas mariposas. Aquí hay, por decirlo así, una segunda etapa de ser, y aquellos en la primera etapa, la más baja y más material, aspiran sólo a morir a fin de que puedan venir a la vida de nuevo por una gloriosa metamorfosis. Cada año en este mundo es igual a aproximadamente doscientos años terrestres. Sus habitantes pasan dos tercios del año en la más baja condición, el tercio restante - el invierno - en el estado de crisálida, y en la siguiente primavera, aquellos que están colgados a los árboles sienten la vida insensiblemente retornando a su transformada carne. Ellos se mueven, despiertan, dejan sus mechones de cabello colgando del árbol, del cual se desprenden por sí mismos maravillosos seres alados, y vuelan en las regiones aéreas, para vivir otro año Fenicio - es decir, doscientos de nuestros años terrestres. *** Recorrimos así un gran número de sistemas planetarios, y me pareció que toda la eternidad no sería lo suficientemente extensa para permitirme disfrutar completamente el espectáculo de todas estas creaciones desconocidas a la Tierra; pero mi guía apenas me dejó el tiempo para ser consciente de este sentimiento, y proseguimos visitando nuevos soles y nuevos mundos. Habíamos casi establecido contacto en nuestro viaje con muchos cometas transparentes, los cuales pasaban como un respiro de un sistema a otro, y más de una vez sentí el deseo de hacer una pausa en maravillosos planetas, con verdosos paisajes, de los cuales los habitantes habrían sido nuevos sujetos para estudio. La Musa celeste, sin embargo, incansable, me arrastraba siempre más alto, siempre más lejos, hasta que al final llegamos a lo que parecía ser las afueras del Universo. Los soles se volvieron más raros, menos luminosos, más pálidos. Las noches se hicieron más oscuras entre las estrellas, y pronto nos encontramos en el seno de un verdadero desierto las miríadas de estrellas que constituyen el Universo visible desde la Tierra, habiendo retirado de vista, reducidas a una diminuta vía láctea, aislada en el vacío infinito. *** quot;Aquí estamos finalmentequot;, exclamé, quot;en el supremo límite de la Creaciónquot;. *** quot;¡Contempla!quot; respondió ella, señalando al cenit.
  15. 15. IV. INFINIDAD Y ETERNIDAD - TIEMPO, ESPACIO Y VIDA - HORIZONTES CELESTES *** ¿Qué?, ¿podía creer a mis ojos? ¡Otro universo estaba descendiendo en dirección nuestra! Millones y millones de soles agrupados, un nuevo archipiélago celestial, se movía en el espacio, abierto a nuestra vista como una vasta nube de estrellas, en la medida que ascendíamos. Yo busqué sondear con mi vista las profundidades de la inmensidad a nuestro alrededor, y por todas partes, en todos los lados, percibí similares resplandores de luz, similares nubes de estrellas. *** El nuevo Universo, en el cual habíamos entrado, estaba compuesto principalmente de soles rojo, rubí y granate; muchos de ellos eran realmente del color de sangre. Nuestra travesía aquí fue como un relámpago. Pasamos rápidamente de sol a sol, pero incesantes destellos eléctricos nos alcanzaban, como las luces de la Aurora Boreal. ¡Qué extraños parajes eran estos mundos iluminados únicamente por soles rojos! Luego, en uno de los distritos de este Universo, contemplamos un grupo secundario, compuesto por un gran número de estrellas rojas y azules. Repentinamente, un enorme cometa, cuya cabeza parecía una boca colosal, se precipitó hacia nosotros y nos cubrió completamente. Yo me aferré con terror al lado de la diosa, quien, por un instante, desapareció de mi vista en una luminosa neblina; pero nos encontramos de nuevo en un desierto sin estrellas, porque este segundo Universo se había retirado de nuestra vista como el anterior. ****** *** quot;La Creaciónquot;, me dijo ella, quot;está compuesta de un número infinito de universos distintos, separados el uno del otro por abismos de nadaquot;. *** quot;¿Un número infinito?quot; *** quot;La objeción de un matemáticoquot;, respondió. quot;Sin duda un número, por más grande que sea, nunca puede ser, realmente infinito, porque siempre es posible al pensamiento aumentarlo, dos, tres, o incluso un ciento de veces. Pero, recuerda que el momento que pasa es sólo una puerta por la cual el futuro se apresura hacia el pasado. La eternidad es sin fin, y el número de universos también será sin fin. ¡Contempla! todavía nuevos soles, siempre y por todas partes, nuevos archipiélagos de islas celestiales, nuevos universosquot;. *** quot;Me parece, ¡oh, Urania! que hemos estado por largo tiempo, y con gran rapidez, ascendiendo un cielo sin límitesquot;. *** quot;Podríamos ascender así por siemprequot;, respondió: quot;Nunca alcanzaríamos un límite definido. Podríamos viajar en él, a la izquierda, a la derecha, hacia adelante, hacia atrás, abajo, en cualquier dirección, sin alcanzar alguna vez frontera alguna. *** quot;Nunca, nunca habremos de alcanzar el fin. ¿Sabes tú dónde estamos? ¿Sabes tú sobre qué camino hemos viajado?
  16. 16. *** quot;Estamos - en el vestíbulo del Infinito, como estuvimos sobre la Tierra. ¡No hemos avanzado un solo paso!quot; ****** *** Una abrumadora emoción había tomado posesión de mi mente. *** Las últimas palabras de Urania habían penetrado a la médula de mis huesos, haciendo que un escalofrío pase sobre mí. quot;¡Nunca habremos de alcanzar el fin! ¡Nunca! ¡Nunca!quot;, repetí: y no tuve discurso o pensamiento para nada más. Sin embargo, la magnificencia del espectáculo delante nuestro de nuevo atrajo mi mirada, y mi asombro dio lugar al entusiasmo. *** quot;¡Astronomía!quot;exclamé. quot;¡Eso es todo! ¡Comprender! ¡Comprender estas cosas! ¡Vivir en el infinito! ¡Oh, Urania! ¿Qué son todos los otros pensamientos humanos comparados a la ciencia? ¡Sombras, fantasmas!quot; *** quot;Ah!quot; dijo, quot;tú volverás a despertar en la Tierra, admirarás de nuevo, y con razón, la ciencia enseñada por tus maestros; pero sabed que la astronomía de tus escuelas y de tus observatorios, la hermosa ciencia de Newton, de Laplace, de Le Verrier, todavía no es una ciencia exacta. *** quot;Ése, ¡oh, hijo mío!, no es el objetivo yo he tenido a la vista desde los días de Hiparco y de Ptolomeo. Contempla esos millones de soles, similares al que da vida a la Tierra, y como éste, fuentes de movimiento, actividad y esplendor; bien, ésos son los tópicos de la ciencia del futuro - el estudio de la vida universal y eterna. Hasta que llegue ese día, nadie ha entrado en el templo. Las figuras no son un fin, sino un medio; ellas no describen el edificio de la Naturaleza, sino el andamiaje, los métodos empleados en construirla. Tú vas a ser testigo del amanecer de un nuevo día. La astronomía matemática dará lugar a la astronomía física, al verdadero estudio de la Naturaleza. *** quot;Síquot;, añadió, quot;esos astrónomos que calculan los movimientos aparentes de las estrellas en su pasaje cada día al meridiano; ésos que anuncian la llegada de eclipses, de fenómenos celestes, de cometas periódicos; ésos que observan tan cuidadosamente las posiciones exactas de las estrellas y planetas en los diferentes grados de la esfera celestial; ésos que descubren cometas, planetas, satélites, estrellas que aparecen y desaparecen; ésos que investigan y definen las perturbaciones causadas en los movimientos de la Tierra por la atracción de la Luna y de los planetas; esos que dedican sus vigilias al descubrimiento de los elementos primordiales del sistema del mundo -- todos ésos, ya observadores o calculadores, son los precursores de la nueva astronomía. Los suyos son grandes labores, labores dignos de admiración: obras trascendentes que ponen en juego las más altas facultades de la mente. Pero los matemáticos y geometristas pertenecen a la armada del pasado. De aquí en adelante el corazón del sabio, latirá por victorias todavía más nobles. Todas esas grandes mentes al estudiar los cielos, en realidad no han dejado la Tierra. El fin de la astronomía no es mostrar la posición aparente de puntos de luz, ni calcular la gravedad de las masas de materia moviéndose a través del espacio, ni anunciar la llegada de eclipses, las fases de la luna o las mareas. Todo esto está muy bien, pero no es suficiente.
  17. 17. *** quot;Si no existiera vida sobre la Tierra, el planeta estaría completamente deprovisto de interés para cualquier ser pensante; y uno puede aplicar la misma reflexión para todos los mundos que gravitan alrededor de los millones de soles que pueblan las profundidades del espacio. La vida es el fin de toda creación. Si no hubiera vida ni pensamiento, todo lo que existe sería como si no existiera y nunca hubiera existido. Tú estás destinado a ser testigo de una completa transformación de la cienciaquot;. *** quot;¡La vida universal!quot; dije. quot;¿Están habitados todos los planetas de nuestro sistema solar, entonces? ¿Están habitadas las miríadas de mundos que pueblan el espacio infinito? ¿Los seres que viven en ellos se parecen a los de nuestro planeta? ¿Alguna vez nos conoceremos el uno al otro? *** quot;El periodo durante el cual tú vives sobre la Tierra, la entera duración de la humanidad terrestre incluso, no es sino un momento de eternidadquot;. *** Yo no comprendí esta respuesta a mis preguntas. *** quot;No hay razónquot;, añadió Urania, quot;para que todos los mundos tengan que estar habitados ahora. El presente período no es de mayor importancia que ésos que le han precedido y ésos que le van a seguirquot;. *** quot;La duración de la existencia de la Tierra será mucho más extensa, diez veces más extensa, quizás, que la del periodo durante el cual ésta será habitada por el hombre. De una docena de mundos tomados al azar de entre aquellos que pueblan el espacio, debemos, quizás, encontrar sino uno, por ejemplo, para ilustrar el caso, habitado al tiempo presente por una raza de seres inteligentes. Algunos fueron habitados en el pasado, otros lo serán en el futuro. Los últimos están en la etapa preparatoria: los anteriores ya han pasado a través de todas sus fases. Aquí tenemos cunas; allí, tumbas. Y luego una infinita variedad es revelada en la manifestación de las fuerzas de la Naturaleza. La vida terrestre no es ningún sentido el tipo de vida fuera de la Tierra. Los seres pueden vivir y pensar organizados de forma totalmente diferente de los de tu planeta. Los habitantes de otros mundos no tienen ni tu forma ni tus sentidos. Ellos son completamente diferentes. Vendrá el día, y muy pronto, dado que tú estás destinado a contemplarlo, en que este estudio de las condiciones de vida en las varias partes del Universo será el objeto esencial y el atractivo principal de la astronomía. Pronto, en lugar de ocuparse meramente con la distancia, el movimiento, la masa material de sus planetas vecinos, por ejemplo, sus astrónomos estudiarán su condición física, sus aspectos geográficos, su climatología, su meteorología; ellos solucionarán el misterio de las condiciones de vida en ellos, y extenderán sus investigaciones a sus habitantes. Encontrarán que Marte y Venus están actualmente poblados por seres inteligentes, que Júpiter está todavía en la etapa primaria de formación orgánica; que Saturno gira bajo condiciones completamente diferentes de las que reinaron en el principio de la vida sobre la Tierra, y que, nunca pasando a través de un estado análogo al de la Tierra, será habitado por seres de organizaciones completamente diferente de las de la Tierra. Nuevos métodos harán conocida la constitución física y química de las estrellas y la naturaleza de sus atmósferas. Instrumentos más perfectos permitirán los medios de descubrir pruebas directas de la existencia de estos seres planetarios y harán posible pensar en sostener comunicación con ellos. Tales serán los cambios en la ciencia que marcarán el fin del decimonoveno siglo y anunciarán el vigésimoquot;.
  18. 18. *** Yo escuché, encantado, las palabras de la Musa celeste que arrojaron una luz completamente nueva sobre el futuro de la astronomía, y me llenaron con un entusiasmo siempre creciente. Vi delante de mí los innumerables mundos que ruedan en el espacio, y comprendí que el verdadero fin de la ciencia era hacernos conocer esos universos distantes, para ponernos en contacto vivo con esos inmensos horizontes. La hermosa diosa continuó: *** quot;Todavía más elevada será la misión de la astronomía, cuando ella haya inculcado en vuestros corazones y mentes el hecho de que la Tierra no es sino una ciudad del país celeste, y el Hombre un ciudadano de los cielos; ella irá todavía más lejos. Revelando el plan de la construcción del universo físico, ella mostrará que el universo moral está basado en el mismo plan, que ambos mundos no forman sino un mundo, y que el espíritu gobierna la materia. Lo que ella ha hecho por el espacio ella hará por el tiempo. Cuando hayas aprendido a apreciar la inmensidad del espacio, y hayas reconocido el hecho de que las mismas leyes reinan por todas partes, y hagas del vasto Universo una unidad, aprenderás que todas las edades del pasado y del futuro son una con el presente, y que los nómadas pensantes vivirán eternamente a través de sucesivas y progresivas transformaciones; aprenderás que hay inteligencias incomparablemente superiores a las más grandes mentes de la humanidad terrestre, y que todo progresa hacia la suprema perfección; aprenderás también que el mundo material tiene sino una existencia aparente, y que la realidad subyacente es una fuerza imponderable, invisible e intangible. *** quot;La astronomía será entonces preeminentemente y sobre todo la guía de la filosofía. De aquellos que razonan sin un conocimiento de los hechos revelados por la astronomía, la verdad permanecerá oculta. Aquellos que son guiados por su luz alcanzarán una solución de los grandes problemas de la Naturaleza. La filosofía astronómica será la religión de las mentes superiores. *** quot;Tú estás destinado a ser testigoquot;, ella añadió, quot;de esta doble transformación de la Ciencia. Cuando te vayas del mundo terrestre, esta Ciencia de la Astronomía, que ahora tan justamente admiras, estará totalmente cambiada tanto en forma como en espíritu. *** quot;Pero esto no es todo. Esta transformación de una antigua ciencia poco fomentaría el progreso general de la humanidad, si este sublime conocimiento que desarrolla el entendimiento e ilumina el alma, liberándola de los mezquinos convencionalismos de la sociedad, fuera a permanecer confinado al estrecho círculo de astrónomos de profesión. Ese tiempo, también, pasará. El bushel que esconde la luz será derribado. La antorcha debe ser portada en la mano, su luz debe ser aumentada, debe ser sacada a los lugares públicos, en las calles abarrotadas, incluso en las encrucijadas. Todo el mundo está destinado a recibir esta luz; todo el mundo está sediento de ella; sobre todo, los humildes de la Tierra, aquéllos desheredados por fortuna, porque ésos piensan más que otros, ésos están hambrientos de conocimiento, mientras los favorecidos de la era no sospechan su estado de ignorancia, o casi se enorgullecen de permanecer en él. Sí, la antorcha de la Astronomía está destinada a iluminar el mundo; se extenderá incluso a las masas, iluminará su conciencia, y elevará sus corazones; y esto será su más alta misión, ésta su más importante bendiciónquot;.
  19. 19. V. LA LUZ DEL PASADO - LAS REVELACIONES DE LA MUSA *** Así habló mi guía celestial. Su semblante era hermoso como el día, sus ojos resplandecían con una brillante luz, su voz sonaba como música divina. Yo contemplaba los mundos que giraban alrededor nuestro en el espacio, y sentí que una armonía suprema reinaba en toda la Naturaleza. *** quot;Ahoraquot;, dijo Urania, señalándome con su dedo el lugar en los cielos del cual nuestro Sol había desaparecido, quot;retornemos a la Tierra. Has aprendido que el Espacio es infinito. Ahora vas a aprender que el Tiempo es eternoquot;. *** Viajamos a través de muchas constelaciones, y al fin alcanzamos el sistema solar, porque vi que el Sol reaparecía como una estrella diminuta. *** quot;¡Voy a concederte por un instantequot;, dijo, quot;si no la visión divina, por lo menos la angélica! Tu alma está próxima a sentir las vibraciones etéreas que son la causa de la luz, y a aprender cómo la historia de cada mundo es eterna en Dios. Ver es conocer. ¡Contempla!quot; *** Del mismo modo como el microscopio hace que una hormiga aparezca a nuestros ojos tan grande como un elefante, como, extendiendo su poder al más minúsculo átomo, éste puede volver lo invisible visible, así, al mandato de la Musa, toda mi vista a la vez adquirió un poder inimaginable, y fue capaz de distinguir a través del espacio cerca del Sol que la había eclipsado, la Tierra, antes invisible. *** La reconocí, y mientras la observaba, su disco creció más grande, presentando la apariencia de la Luna unos pocos días previos a la Luna llena. Pronto fui capaz de distinguir, cuando el disco creció, sus aspectos geográficos principales, la mancha nívea en el Polo Norte, los contornos de Europa y Asia, el Mar del Norte, el Océano Atlántico y el Mediterráneo. Cuanto más concentraba mi mirada, tanto mejor podía ver. Los detalles más pequeños se volvían más y más visibles, como si estuviera mirando a través de series de lentes microtelescópicas de poder gradualmente incrementado. Reconocí Francia por su forma tal cual aparece en un mapa, pero mi hermoso país me parecía completamente verde, desde el Rhine al océano, y desde el Canal Británico al Mar Mediterráneo, como si estuviese cubierto por un bosque inmenso. Fui capaz, sin embargo, de distinguir más claramente objetos más pequeños, porque pude reconocer fácilmente por su posición, los Alpes, los Pirineos, el Rhine, el Rhone y el Loira. *** quot;Fija bien tu atenciónquot;, continuó mi compañera. Cuando ella pronunció estas palabras tocó mi frente con las puntas de sus dedos, como si deseara magnetizarme, haciendo que mis facultades perceptivas se vuelvan todavía más agudas de lo que ya eran. *** Entonces miré de más cerca la vista delante mío, y reconocí el Gaul del tiempo de Julio César. Ésta fue la época de la guerra de independencia agitada por el
  20. 20. patriotismo de Vercingetorix. Vi todo esto desde la altura en la que estaba, como vemos los paisajes lunares a través del telescopio, o como vemos la Tierra desde un globo; pero pude reconocer Gaul, l'Amerque, Gergovia, la Puy de Dôme, volcanes extintos, y mi mente fácilmente reconstruyó la escena Gálica de la cual esta imagen reducida fue presentada a mi mirada. *** quot;Estamos tan distantes de la Tierraquot;, dijo Urania, quot;que le tomaría a su luz la misma extensión de tiempo alcanzarnos como ha pasado desde los días de Julio César. Nosotros recibimos aquí y ahora sólo los rayos de luz reflejados de la Tierra en ese período. Pero la luz viaja a través del espacio con una velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo. Esto es rápido, es verdad, pero no es instantáneo. Los astrónomos de la Tierra, quienes ahora están observando las estrellas en las regiones donde estamos, no las ven como ellas son ahora, sino como fueron en el tiempo cuando los rayos de luz que nos alcanzan fueron reflejados desde la Tierra; es decir, como ellas eran hace dieciocho siglosquot;. *** quot;Ni desde la Tierraquot;, añadió, quot;ni desde algún otro punto del espacio, el observador contempla las estrellas como ellas son ahora, sino como han sido. A mayor distancia que ellas están, menos reciente el conocimiento que él tiene de su historia. quot;Tú observas con el mayor cuidado, a través del telescopio, estrellas que no existen más. Muchas de las estrellas que ahora puedes ver con el ojo desnudo no existen más. Muchas de las nebulosas, cuya sustancia analizas por medio del espectroscopio, se han convertido en soles. Muchas de tus más hermosas estrellas rojas están, en realidad, extintas y muertas. Aproximándote al sitio donde habías supuesto que ellas están, nunca más las verías. La luz que emana de todos estos soles que pueblan la inmensidad, la luz reflejada a través del espacio por todos estos mundos iluminados por estos soles, fotografía a través del infinito cielo los siglos, los días, los momentos que pasan - cuando tú observas una estrella, la ves como fue en el instante en el que la impresión fotográfica que recibiste de ella fue producida, lo mismo que, cuando escuchas un golpe de reloj, el sonido te alcanza sólo después de que éste ha cesado de golpear, y, cuanto más tiempo después, mayor su distancia de ti. *** quot;De esto resulta que las historias de todos los mundos están viajando a través del espacio sin desaparecer totalmente, y que todos los eventos del pasado están presentes y viven para siempre en el seno del Infinito. *** quot;La duración del Universo será interminable. La Tierra tendrá un fin y un día será sólo una tumba. Pero habrá nuevos soles y nuevas tierras, nuevas primaveras y nuevas sonrisas, y la vida siempre florecerá en un universo sin límites y sin fin. *** quot;Deseaba mostrartequot;, dijo, después de una pausa momentánea, quot;que el tiempo es eterno. Tú has visto que el espacio es infinito. Has comprendido la grandeza del Universo. Dirijamos nuestro curso a la Tierra, y retornemos a tu hogar. *** quot;Como para ti mismoquot;, continuó, quot;sabed que el conocimiento es el fundamento más seguro de valor intelectual; no busques ni pobreza ni riquezas; mantente libre de la ambición, como de todas las otras especies de esclavitud. Sé independiente; la
  21. 21. independencia es la más importante de las bendiciones y la primera condición de la felicidadquot;. *** Urania había hablado en su voz más dulce; pero la emoción que las extraordinarias escenas de las que había sido testigo produjeron en mí fue tal, que fui embargado con un repentino acceso de temblor. Un escalofrío me recorrió de la cabeza al pie, y esto fue, sin duda, lo que me causo despertar con un repentino sobresalto. ¡Ay! este delicioso viaje celeste había llegado a su fin. *** Busqué a Urania con mi mirada, pero no pude verla. Un rayo de luz de luna que entraba por la ventana de mi recámara, se dirigió sobre el filo de la cortina, y pareció contornear vagamente la forma etérea de mi guía celeste; pero esto fue nada más que un rayo de luz de luna. **** *** Retornando el día siguiente al Observatorio, mi primer impulso fue apresurarme, con algún pretexto, al estudio del Director de modo que pueda de nuevo contemplar a la agraciada Musa que me había favorecido con tal maravilloso sueño. *** El reloj había desaparecido. *** Durante días y semanas lo busqué sin tener éxito alguno en verlo de nuevo, o siquiera en enterarme qué había llegado a ser de él. *** Yo tenía un amigo, un confidente -casi de mi misma edad, aunque parecía un poco más viejo debido a una barba que le estaba empezando a aparecer- un adorador del Ideal también, y todavía más soñador que yo. Él era el único, quizás, en el Observatorio, con quien yo había formado algunos lazos estrechos de amistad. Él era el partícipe de mis alegrías y tristezas. Nuestros gustos, nuestras ideas, incluso nuestras opiniones eran los mismos. Él había sido capaz de comprender mi sentimiento, mi juvenil admiración de una estatua, cómo era que en mi imaginación la había investido con el atributo de vida, y mi tristeza en haber perdido así de repente a mi querida Urania, justo cuando me había vuelto más unido a ella. Él más de una vez había admirado conmigo los efectos producidos sobre ese semblante de bronce, por la luz, y sonreído por mis éxtasis como un indulgente hermano mayor, ridiculizándome a veces un poco severamente, quizás, por mi pasión por un ídolo, e incluso llegando tan lejos como a llamarme quot;Camille Pygmalionquot;. Pero, en su corazón, ví que él también la amaba. *** Este amigo, que ¡ay! iba a ser apartado de mí unos pocos años después, en la flor de su juventud; este George Spero, un hombre de profundo intelecto y noble alma, cuya memoria por siempre me será querida, era entonces el secretario privado del Director, y yo recibí una prueba de la sinceridad de su afecto, en esta ocasión, en una atención tan agraciada cuanto inesperada. *** ¡Un día, volviendo a casa, vi con indecible asombro, de pie justo frente a mí en la repisa de mi chimenea, el famoso reloj!
  22. 22. *** ¿Era éste por cierto el reloj? ¿Pero cómo había llegado aquí? ¿Quién lo había traído y de dónde había venido? *** Yo me enteré que el ilustre descubridor de Neptuno lo había enviado a uno de los principales relojeros de París para ser reparado; que éste, que justo había recibido de China un antiguo reloj astronómico altamente interesante, se lo ofreció a cambio al Director, quien hubo aceptado su oferta, y que George Spero, a quien se le había confiado la transacción, había recuperado la obra de Pradier, con el propósito de obsequiármela a mí como un recuerdo de las lecciones de matemática que le había dado. *** ¡Con qué alegría contemplé de nuevo a mi Urania! ¡Con qué alegría dejé que mi vista se entretenga en ella. Esta encantadora representación de la Musa Celestial desde entonces nunca me ha dejado. En mis horas de estudio, la hermosa estatua se yergue delante de mí, como si para recordarme del discurso de la diosa, para anunciarme el futuro de la astronomía, para dirigirme en mis joviales aspiraciones hacia el conocimiento. Desde entonces, emociones más pasionales han removido mis sentidos, seducido mi alma, sostenido cautivo mi corazón; pero nunca olvidaré el sentimiento ideal con el que la Musa de las estrellas me inspiró, ni el viaje celestial en el que me transportó, ni los extraños panoramas que entonces se desplegaron ante mi vista, ni las verdades que me reveló con respecto a la extensión y la constitución del Universo, ni la felicidad que me confirió al asignarme como el objetivo intelectual definido de mi vida, la calma contemplación de la Naturaleza y de la Ciencia.
  23. 23. URANIA SEGUNDA PARTE GEORGE SPERO
  24. 24. URANIA SEGUNDA PARTE GEORGE SPERO I. VIDA - INVESTIGACIÓN - ESTUDIO *** La brillante luz de la tarde llenaba la atmósfera con un esplendor dorado. Desde las alturas de Passy el ojo del espectador dominaba la vasta ciudad - ahora más que nunca, un mundo antes que una ciudad. La Exposición Internacional de 1867 había reunido en este imperial París todas las atracciones del siglo. La flor de la civilización exhibía aquí sus colores más vívidos, y, consumida en la intoxicación de su propia fragancia, se marchitaba cuando estaba aún en toda la flor de su febril juventud. Un ostentoso toque de trompetas - lo último de la monarquía - en honor de los soberanos reunidos de Europa, acababa de sonar. La ciencia, el arte y la industria diseminaban alrededor sus últimas creaciones con inagotable prodigalidad. Una especie de delirio parecía haberse adueñado de todos y todo. Los regimientos marchaban por las calles, encabezados por bandas de música; equipajes conducidos rápidamente pasaban por todos lados; millones de seres corrían a y de en medio del polvo de las avenidas, los muelles y los boulevards; pero este mismo polvo, dorado por los rayos del Sol que se ocultaba, parecía como una aureola coronando la espléndida ciudad. Los altos edificios, las cúpulas, las torres, los campanarios, fueron iluminados por los brillantes rayos del Sol; los acordes de la orquesta podían escucharse desde lejos, mixturados con los confusos murmullos de voces, y los ruidos de la ciudad; y la luminosa noche al término de un glorioso día de verano, producía en el alma un sentido de contento, satisfacción y felicidad. Fue una suerte de epítome simbólico de las manifestaciones de la vida de un gran pueblo llegado al apogeo de su ser y su prosperidad. *** En las alturas de Passy, donde estamos, en la terraza de un jardín colgante, como en los días de Babilonia, con la perezosa corriente del río en la parte baja, dos personas apoyadas contra una balaustrada de piedra contemplaban la ruidosa escena. Mirando desde arriba la agitada superficie de este mar humano, más felices en su dulce soledad que cualquiera entre la mareada muchedumbre, ellos no pertenecen al mundo vulgar, y moran, alejados de todo este bullicio y confusión, en la límpida atmósfera de su felicidad. Sus mentes piensan, sus corazones aman o, para expresar con más completud el mismo hecho, sus almas viven. *** La doncella, ahora en la fresca belleza de su décimo-octava primavera, permite a su soñadora mirada vagar a la apótesis del sol poniente, feliz de vivir, más feliz todavía de amar. Ella piensa no en los millones de seres humanos que están, a la carrera, a sus pies; ella mira sin verlo al disco resplandeciente del Sol, hundiéndose detrás de las purpuradas nubes en el Occidente; ella inhala el perfume de las guirnaldas de rosas del jardín, y siente, penetrando su ser, la paz de la felicidad secreta que llena su alma con la inefable armonía del amor. Su cabello dorado rodea su frente como una aureola y cae en ricas masas sobre su agraciada y esbelta forma; sus ojos azules, ensombrecidos por largas pestañas negras, parecen una reflexión del azul celeste de los cielos; sus brazos y cuello son de una lechosa blancura; sus orejas y mejillas de una tonalidad rosa. En su aire hay algo que
  25. 25. recuerda una de esas petites marquises de los pintores del siglo dieciocho, nacidos a las incertidumbres de un destino que no disfrutaron mucho. Ella estaba de pie. Su compañero cuyo brazo había rodeado su cintura cuando permanecía contemplando con ella el panorama de la ciudad, escuchando los acordes de armonía difundidos en el aire por la banda de la guardia imperial, está ahora sentado a su lado. Sus ojos [de él] han olvidado París, y el Sol naciente, para depositarse sobre su agraciada compañera, y sin ser consciente de esto, la mira con admiración, con una extraña y dulce persistencia en su mirada, como si ahora la viera por primera vez, y fuera incapaz de llevar sus ojos desde este encantador perfil sobre el cual ellos se entretienen como una caricia. *** El joven estudiante permaneció largo tiempo absorto en esta contemplación. ¿Era él, entonces, todavía a los veinticinco años, un estudiante? ¿Pero no es uno siempre un estudiante, y no fue M. Chevreul, nuestro profesor en ese tiempo, sólo unos días antes nombrado, en su centésimo tercer año, el Decano de los estudiantes de Francia? *** George Spero había terminado pronto sus estudios en el Lyceum, estudios que nada enseñaban a menos que sea cómo estudiar, y había seguido investigando con infatigable ardor los grandes problemas de las ciencias naturales. La Astronomía, sobre todo, había despertado su entusiasmo desde el principio, y yo le había conocido por primera vez, en efecto, en el Observatorio de París (como el lector puede recordar haber leído en la anterior narración), al cual él entró a la edad de diecisiete años, y donde se había hecho notar por una excentricidad suficientemente rara -la de no tener ambición ni buscar ser promovido. A los dieciséis como a los veinticinco, él se había creído en la víspera de su muerte, reflexionando, quizás, que la vida es, en cualquier caso, corta, y que nada es digno de esfuerzo sino la Ciencia, ninguna felicidad vale la pena tener sino la de estudiar y adquirir conocimiento. Él era bastante reservado en sus modales, aunque en el fondo tenía una naturaleza feliz, infantil. Su boca, que era pequeña y agraciada, parecía sonreír, si uno dejaba sus ojos descansar en las esquinas de los labios; de otro modo parecía pensativo, más bien, y hecho para el silencio. Sus ojos, cuyo indeciso color, parecía el azul-verdusco del mar donde éste toca el horizonte, y cambiantes de acuerdo a la luz y a cada emoción pasajera, tenían ordinariamente una expresión de gran dulzura, aunque en ocasiones ellos podían destellar como el relámpago o brillar con el frío lustre del acero. Su mirada era penetrante - a veces insondable, extraña incluso, y enigmática. Su oreja era pequeña y agraciadamente curvada, el lóbulo bien definido y ligeramente rizado, que los fisonomistas consideran la marca de un intelecto sutil. Su frente era amplia, aunque su cabeza era en realidad más pequeña que grande, siendo su aparente tamaño incrementado por una profusión de cabello soleado. Su barba era fina; de color castaño, como su cabello, y rizada. De mediana altura, su porte tenía un aire de natural distinción; y su vestido era siempre elegante, sin pretensión o afectación. *** Ni mis amigos ni yo, alguna vez, habíamos tenido cierta intimidad con él. Los días feriados y durante las horas de recreo nunca estaba allí. Siempre metido de lleno en sus estudios, uno podría suponer que él había rendido todas sus facultades al descubrimiento de la Piedra Filosofal, la Cuadratura del Círculo o el Movimiento Perpetuo. Yo nunca le conocí tener un amigo, a menos que fuera yo mismo, y aún en modo alguno estoy seguro de haber sido admitido sin reserva a su
  26. 26. confianza; y quizás después de todo, ningún otro evento de importancia había ocurrido alguna vez en su vida, que aquel cuya historia estoy ahora próximo a relatar, y de todos los detalles de los cuales fui conocedor como un testigo ocular, si no como su confidente. *** Su mente estaba constantemente ocupada con el problema de la naturaleza y el destino del alma hasta la exclusión de cualquier otro pensamiento. A veces él se sumergiría en los abismos de lo desconocido en sus investigaciones, con una intensidad de acción cerebral tan grande, que sentiría un hormigueo en su cerebro, como una premonición de insania. Éste fue especialmente el caso, cuando, después de dedicar horas a la solución de la cuestión de la inmortalidad, nuestra vida terrestre efímera se desvaneció de su mirada y vio abierta ante su visión mental, la eternidad sin fin. Cara a cara con esta visión del alma, disfrutando el ser infinito, lo que él deseaba era saber. La vista de su cuerpo, pálido y frío, cubierto por una mortaja, yaciendo estirado sobre un féretro, solo, en la angosta sepultura -la última morada triste del hombre-, el pasto donde el cri-cría el grillo creciendo encima, no aterrorizaban su mente tanto cuanto lo hacía la incertidumbre respecto del estado futuro. quot;¿Qué va a ser de mi destino futuro? ¿Cuál es el destino de la humanidad?quot; era su constante pregunta, como eco, en su cerebro, de una idea fija. quot;Si nosotros morimos completamente, ¿qué vana farsa es la vida, con todas sus luchas y sus esperanzas. Si somos inmortales ¿cuál va a ser nuestra ocupación durante todos los incontables eones de la eternidad? ¿Cien años de aquí dónde estaré? ¿Dónde estarán todos esos que viven ahora sobre la Tierra? y ¿qué será de los habitantes de otros mundos? ¡Morir para siempre! ¡para siempre! Haber existido sólo por un momento - ¡Qué farsa! ¿No sería mil veces mejor nunca haber nacido? Pero si es nuestro destino vivir a través de toda la eternidad, incapaces de influir en algo la fatalidad que nos apura hacia adelante, eternidad sin fin siempre delante de nuestra mirada, ¿cómo soportar el peso de tal destino? ¿Es éste entonces el destino que nos espera? Si debiéramos crecer cansados de la existencia, deberíamos ser incapaces de volar de ésta, sería difícil para nosotros finalizarla - un destino más cruel todavía que ése esta vida efímera debe desaparecer de la vista como un insecto en su vuelo en la frialdad de la noche. ¿Por qué nacimos entonces? ¿Para soportar esta incertidumbre? ¿Para ver nuestras esperanzas de un futuro, cuando las examinamos, desvanecerse una por una hasta que nada queda. Vivir, si no pensamos como idiotas, y si pensamos como tontos? ¡Y ellos nos hablan de un 'buen Dios'! ¡Y hay religiones y sacerdotes, y rabíes y bonzos! Pero todos los hombres son o impostores o embaucadores. La religión y el país, el sacerdote y el soldado, es lo mismo con todos. Los hombres de todas las naciones están armados hasta los dientes, para asesinarse uno al otro como hombres locos. Y esa es la cosa más sabia que ellos pueden hacer: es la mejor forma en la cual pueden mostrar su gratitud a la Naturaleza por el inútil don que ella les ha dotado al darles vidaquot;. *** Yo traté de calmar estas torturas, estas dudas, porque había compuesto para mí mismo un cierto sistema de filosofía con el que estaba comparativamente satisfecho. quot;El temor a la muertequot;, le diría, quot;me parece completamente absurdo. Hay sólo dos lados de la cuestión. Cuando vamos a dormir cada noche siempre hay la posibilidad de que nunca podamos despertar: pero este pensamiento cuando se nos ocurre no nos impide caer dormidos. En uno de los casos entonces - supuesta la muerte el término de todo - nunca despertamos, aquí o en algún otro lugar; y en ese caso la muerte es sino un sueño no finiquitado que va a durar con nosotros para
  27. 27. siempre. O, en el otro caso -- es decir debiendo el alma sobrevivir al cuerpo -- despertaremos en algún otro lugar para reanudar nuestra vida activa. En este caso el re-despertar no puede ser muy terrible; Por el contrario, debe ser bastante delicioso, cada forma de vida en la naturaleza teniendo su raison d'etre, y cada criatura, tanto la más baja como la más alta, encuentra su felicidad en el ejercicio de sus facultadesquot;. *** Estos argumentos parecieron aquietarlo. *** Pero las torturas de la duda pronto horadaron su alma una vez más, afiladas como espinas. Por momentos él deambularía solo por los vastos cementerios de París, buscando los callejones más solitarios entre las tumbas, escuchando el sonido del viento entre los árboles y el susurro de las hojas muertas en los caminos. Por momentos él se retiraría a los suburbios de la gran ciudad, se precipitaría en los bosques, y caminaría cerca de cuatro horas de una sola vez, hablándose a sí mismo. Otras veces permanecería en su cuarto en Place du Panthéon - una habitación que le servía a la vez como estudio, dormitorio y sala se recepción - el día entero hasta muy entrada la noche, disecando algún cerebro que había traído a casa de la clínica; examinando la materia gris dividida en diminutas secciones, con la ayuda del microscopio. *** Las incertidumbres de las ciencias que son llamadas exactas, una repentina verificación al progreso de sus pensamientos en la solución de algún problema, lo arrojaría en tales tiempos a un paroxismo de desesperación, y yo lo encontré más de una vez en un estado de total agotamiento, sus ojos fijos y brillantes, sus manos ardientes, su pulso rápido e irregular. En la ocasión de una de estas crisis, cuando Yo había sido obligado a dejarle solo por varias horas, yo incluso temí al retornar cerca de las cinco en punto de la mañana no encontrarle vivo más. Él tenía a su lado un vaso de cianuro de potasio, que trataba de ocultarlo cuando me aproximaba. Pero se recobró inmediatamente, y sonriendo un poco, dijo con suma calma: quot;¿A qué propósito serviría? Si somos inmortales, esto sería de ningún uso. Sólo que yo podría conocer la verdad más prontoquot;. Él me confesó aquel día que se había imaginado levantado violentamente por el cabello al cielo raso, y caer de nuevo con todo su peso sobre el piso. *** La indiferencia general con respecto a este gran problema del destino humano - una cuestión a sus ojos más importante que cualquier otra, dado que es una cuestión de nuestra futura existencia o nuestra aniquilación - tenía el efecto de exasperarlo al más alto grado. Él veía por todas partes gente ocupada sólo con intereses materiales, abrigada en la idea bizarra de quot;acumular dineroquot;; consagrando todos sus años, todos sus días, todas sus horas, todos sus minutos, a estos intereses, disfrazados bajo las más diversas formas. *** Él no encontraba uno libre, independiente, viviendo la vida del espíritu. Le parecía que todos los seres pensantes podían y debían - mientras vivían la vida del cuerpo, dado que no podía ser de otro modo - permanecer libres de la esclavitud de una organización tan grosera, y dedicar sus mejores momentos a la vida intelectual.
  28. 28. *** En el tiempo en que empieza esta historia, George Spero ya se había vuelto célebre, famoso incluso, debido a los dos trabajos científicos que había publicado, y de varias obras de literatura culta, las cuales habían sido acogidas con universal aplauso. Aunque él no había completado todavía su vigésimo-quinto año, más de un millón de personas habían leído sus obras, las cuales, aunque sin estar escritas para el público general, habían tenido la buena fortuna de ser apreciadas por la mayoría que buscaba instrucción, tanto cuanto por los poco instruidos. Él había sido proclamado el líder de una nueva escuela, y críticos eminentes, que nunca le habían visto y no conocían cuán joven era, hablaban de sus quot;doctrinasquot;. *** ¿Cómo fue que este excéntrico filósofo, este estudiante austero, se encontró a los pies de una doncella, a la hora del ocaso, solo con ella en esta terraza donde los acabamos de ver? De esto nos enteraremos a continuación.
  29. 29. II. LA APARICIÓN - VIAJE A NORUEGA - EL ANTIHELIO - UN ENCUENTRO EN LOS CIELOS *** Su primer encuentro había sido, de verdad, extraño. Admirador apasionado de las bellezas de la naturaleza, siempre en busca de escenas sublimes, el joven físico se había comprometido, el verano anterior, a un viaje a Noruega, con el propósito de visitar esos solitarios fiordos que succionan el mar; esas montañas cuyas nevadas cumbres, puras e inmaculadas, se elevan por encima de las nubes; pero urgido principalmente por un ardiente deseo de hacer un estudio especial de la Aurora Boreal, esa sublime manifestación de la vida de nuestro planeta. Yo era su compañero en este viaje. El Sol, poniéndose más allá de los calmos e insondables fiordos, la elevación de la Estrella del Día sobre las cumbres de las montañas, producían en su alma - el alma de un artista y de un poeta - una emoción indescriptible. Nosotros permanecimos allí más de un mes explorando la pintoresca región que se extendía de Christiania a los Alpes Escandinavos. Y Noruega era la cuna de la hija del Norte que iba a proyectar tan de repente un hechizo sobre su aún no-despierto corazón. Ella estaba allí, a unos pocos pasos de distancia de él, y aún fue sólo el día de nuestra partida que la Fortuna - esa diosa de los antiguos - decidió ponerlos cara a cara. *** La luz de la mañana iluminaba los picos de montaña distantes. La joven noruega había hecho una excursión con su padre a una de esas montañas que, como la Rigi de Suiza, son el punto de reunión de los turistas, para presenciar la elevación del Sol que en este día particular había sido maravilloso. Iclea se había retirado sin compañía a una solitaria colina unas pocas yardas de distancia, con el propósito de observar mejor ciertos detalles del paisaje, cuando, volviéndose, con su cara opuesta al Sol, a fin de abarcar todo el horizonte, ella percibió - no ya en la montaña o en la tierra - sino en el mismo cielo, su imagen, su figura de cuerpo entero, bastante reconocible por su parecido. Una luminosa aureola rodeaba la cabeza y los hombros como una corona de deslumbrante brillo, un gran círculo aéreo, lánguidamente teñido por los colores del arco iris, rodeaba esta misteriosa aparición. *** Asombrada y agitada por la extrañeza del espectáculo, e impresionada, como aún estaba, por el esplendor del ascenso del Sol, ella al principio no observó que otra imagen, la figura de hombre en perfil, estaba junto a la suya - la silueta de un viajero inmóvil, contemplando la escena, y mirando como una de esas estatuas de santos que adornan las columnas de las iglesias. Este semblante masculino y el suyo propio fueron enmarcados por el mismo círculo aéreo cuando ella percibió este extraño perfil humano contorneado contra el cielo. Ella se pensó la víctima de alguna ilusión fantástica, e hizo un gesto de sorpresa, casi de terror. Su imagen aérea repetía el gesto, y vio el espectro del viajero llevar su mano a su sombrero y descubrir su cabeza a modo de saludo, luego empalideció y se desvaneció de la vista al mismo tiempo que la suya. *** La Transfiguración en el Monte Tabor cuando los discípulos repentinamente contemplaron la imagen del Maestro acompañado por las imágenes de Moisés y
  30. 30. Elías, no causó un asombro más profundo a aquellos que lo contemplaron como lo hizo la visión del antihelio - cuya explicación es conocida para todos los meteorólogos - a la inocente doncella noruega. *** Esta aparición permaneció fija en sus pensamientos como un sueño maravilloso. Ella había llamado a su padre, quien estaba a poca distancia detrás de la colina, pero cuando él llegó, nada había para ser visto. Ella le pidió una explicación de la aparición, pero nada pudo obtener como respuesta, a menos que ésta fuera una duda, casi una negación de la realidad del fenómeno. Este hombre excelente, un oficial militar retirado, pertenecía a esa categoría de distinguidos escépticos, quienes se contentan con negar cualquier cosa de la que no tienen conocimiento o no entienden. Fue en vano que ella declarara que acababa de ver su imagen en el cielo, y también la de un hombre a quien juzgaba debía ser joven y de buena figura - fue en vano que ella le relatara todos los detalles de la aparición, y añadiera que las figuras le habían parecido sobrenaturales, semejando siluetas colosales; él declaró con un aire de autoridad y con algún énfasis, que esto es lo que se llama una ilusión óptica producida por una imaginación desordenada, a menudo el resultado de un sueño perturbado, especialmente durante el período de la adolescencia. *** Pero cuando nosotros íbamos a bordo del vapor esa noche, yo reparé en una joven con muy hermoso cabello, que a mi amigo miraba con una no disfrazada expresión de sorpresa en su rostro. Ella estaba inclinada en el brazo de su padre en el muelle, y permanecía estática como la esposa de Lot después de haber sido metamorfoseada en un pilar de sal. Yo llamé la atención de George hacia ella cuando íbamos a bordo, pero no pronto él tornó a mirarla que, ruborizándose rápidamente, ella volteó su cabeza a un lado y fijó su mirada en la rueda de la nave, que entonces había empezado a moverse. No sé si Spero había observado esto. De hecho ninguno de nosotros había observado el fenómeno aéreo de la mañana, al menos no durante el tiempo en el cual la joven estaba cerca a nosotros, ocultada de vista por los arbustos. Era la porción oriental de los cielos, la magnificencia del Sol ascendente, lo que nos había atraído de especial modo. George, sin embargo, había saludado a la joven noruega, a quien dejó con pesar, con el mismo gesto con el que había saludado al sol ascendente, y que ella había tomado como si fuera para sí. *** Dos meses más tarde el Conde de R. celebró una féte brillantemente atendida en honor de un triunfo reciente de su compatriota Christine Nilsson. La joven noruega y su padre, quienes habían venido a París a pasar allí una parte del invierno, estuvieron entre los invitados. Ellos y la famosa cantante se habían conocido por largo tiempo como compatriotas, siendo Noruega y Suecia países hermanos. Nosotros, sin embargo, visitábamos la casa esa noche por primera vez, debiéndose nuestra invitación a la aparición del último libro de Spero, que había conseguido ya marcado éxito. Soñadora, pensativa, instruida con la sólida educación del Norte, ávida por el conocimiento, Iclea ya había leído más de una vez y con vívido interés, este trabajo un poco místico en el cual el autor había desnudado las secretas dudas de su alma, insatisfecha con los Pensées de Pascal. Añadamos que ella misma, unos meses previamente, había pasado con éxito el examen para un alto grado, y habiendo abandonado el estudio de medicina, que al
  31. 31. principio le había atraído, se había lanzado con ardor al estudio - en ese tiempo entrando en moda - de la psicología fisiológica. *** Cuando M. George Spero fue anunciado, a ella le pareció como si un amigo desconocido, casi el confidente de sus pensamientos, estuviera a punto de entrar en el recinto. Temblaba como si un choque eléctrico hubiera pasado a través de ella. George, poco acostumbrado a la sociedad, tímido y avergonzado cuando estaba con extraños, amante ni del baile, ni del juego, ni de la conversación, había permanecido en una esquina del salón con algunos amigos, indiferente a valses y contradanzas, pero escuchando con interés algunas de las piezas maestras de la música moderna tocada con sentimiento, y la noche había pasado sin que se aproximara a ella, aunque no había fallado en observarla - aunque por cierto entre toda esta brillante compañía él no vio sino a ella. Más de una vez sus miradas se habían encontrado. Al fin, cerca a las dos de la mañana, cuando la moderación de la parte más temprana de la noche había empezado a relajarse, él aventuró aproximársele, pero sin llamarla. Fue ella quien habló primero, pidiéndole que le explique el significado de un pasaje hacia la conclusión de su libro. Halagado, pero todavía más sorprendido que esas páginas metafísicas deban ser leídas por una mujer - y una mujer tan joven - el autor respondió con alguna vergüenza que tales tópicos eran bastante secos para una mujer. Ella respondió que no todas las mujeres - no todas las jóvenes incluso - se dedicaban enteramente a las artes de la coquetería; y que ella sabía de algunas que ocasionalmente estudiaban, trabajaban y pensaban. *** Ella habló con algún ardor en su avidez por ingresar su protesta contra el desdén de ciertos científicos por su sexo y para reivindicar sus derechos intelectuales, y tuvo poca dificultad en ganar una causa en la cual su oponente no era su adversario. *** Este último libro de su autor, cuyo éxito había sido sorprendente e inmediato, no obstante la seria naturaleza de su temática, había coronado el nombre de George Spero con gloria; y el brillante autor era recibido en cada salón con vivas expresiones de interés. Los dos jóvenes difícilmente habían intercambiado una docena de palabras antes de que él se encontrara siendo el centro de atención de los invitados reunidos, contestando varias preguntas, por las cuales su tête-à-tête era continuamente interrumpido. Uno de los más eminentes críticos de entonces, había dedicado poco tiempo antes un extenso artículo a la nueva obra, y ésta ahora se volvió el tema de la conversación general. Iclea se mantuvo aparte. Ella sintió - y las mujeres raramente se engañan - que el héroe de la noche ya la había observado; que sus mentes ya estaban unidas por un invisible hilo, y que, cuando él contestaba las preguntas más o menos habituales dirigidas a su persona, no todos sus pensamientos estaban en la conversación. Este primer triunfo secreto le bastó. Ella no aspiraba a ningún otro, y había, además, reconocido en su perfil, el de la misteriosa aparición aérea, y el joven pasajero del vapor de Christiania. *** En ésta, su primera entrevista, él no fue lerdo en manifestar su entusiasmo por las maravillosas escenas de Noruega, contándole de sus viajes allí. *** Ella estaba ardiendo por oír alguna alusión al fenómeno aéreo que le había producido una impresión tan profunda, y no pudo comprender su silencio y
  32. 32. reserva a este respecto. Él, sin embargo, no habiendo observado el antihelio en el momento en el que la imagen de la joven apareciera en éste, no había estado especialmente sorprendido por un fenómeno que había visto ya varias veces y observado bajo mejores condiciones desde el paracaídas de un globo, y no habiendo tomado particular atención de éste, nada tenía que decir al respecto. Ni la circunstancia de su viaje en el bote acudió a su memoria, y aunque la hermosa niña no le parecía completamente extraña, no pudo recordar dónde la había visto antes. Por mi parte, yo la reconocí inmediatamente. Ellos hablaron de lagos, ríos, fiordos, montañas. Él se enteró que la madre de la joven había muerto a una temprana edad, de una afección del corazón; que su padre prefería la vida de París a la de cualquier otra ciudad; y que era probable pero raro que ella vuelva a visitar su propio país. Una extraordinaria similitud de gustos e ideas, congenialidad de disposición y mutua estima a la vez los colocaron en rapport. Educada según la moda inglesa, ella disfrutaba esa independencia de mente y libertad de acción de las que las mujeres francesas son denegadas, hasta después del matrimonio, y ella no se sentía avergonzada por alguno de aquellos convencionalismos sociales, cuyo objeto parece ser entre nosotros, la protección de la inocencia y la virtud. Dos amigas de su propia edad habían venido ya solas a París a finalizar su educación musical, y las tres vivían juntas en perfecta seguridad en medio de esta Babilonia, sin siquiera alguna vez sospechar los peligros de los cuales se dice que París está lleno. La joven recibió las visitas de George Spero como su padre mismo podría haberlas recibido, y en unas pocas semanas la similitud de sus caracteres y sus gustos los habían asociado en los mismos estudios, las mismas investigaciones, y a menudo en los mismos pensamientos. Casi todas las tardes, arrastrado por una secreta atracción, él dirigía sus pasos desde el Cuartel Latino hasta las orillas del Sena, cuyo curso seguía hasta que alcanzaba el Trocadero, y pasaba varias horas con Iclea, ya en la biblioteca, la terraza del jardín, o paseándose en el Bois. La primera impresión recibida de la aparición había permanecido en el alma de Iclea. Ella consideraba al joven sabio, si no un dios o un héroe, por lo menos un hombre superior a sus contemporáneos. La lectura de sus libros fortalecían esta impresión y la aumentaban. El sentimiento que ella tenía por él era más que admiración. Era casi veneración. Cuando ella se volvió más íntimamente familiarizada con él, el gran hombre no descendió de su pedestal. Ella le encontró tan superior a todos los demás en conocimiento, y al mismo tiempo tan inafecto, tan sincero, tan amigable y tan indulgente hacia los otros y -debido a que aprovechaba cada pretexto para oír su nombre pronunciado- ella estaba a veces compelida a escuchar observaciones sobre él hechas por sus rivales, que le parecían tan injustas, que empezó a considerarle con un afecto casi maternal. Este sentimiento de amor protector entonces, ¿ya existe en el corazón de todas las jóvenes? Puede ser así, pero cierto es que Iclea le amaba así desde el principio. Pienso que he dicho antes que la disposición de este sabio estaba naturalmente teñida de melancolía, que Pascal llamó la nostalgia del alma. Su constante ocupación, de hecho, era la solución del eterno problema, el quot;Ser o no serquot; de Hamlet. A veces él parecía deprimido, triste, incluso a morir. Pero una extraña contradicción en su naturaleza, cuando sus pensamientos abatidos se habían, por decirlo así, gastado en sus investigaciones, y su cerebro no podía trabajar más, la paz y la serenidad una vez más tomaba posesión de su mente, la sangre roja de nuevo circulaba por su cuerpo, y el filósofo se volvía un niño - alegre, simple, fácilmente divertido, con
  33. 33. gustos casi como los de una mujer, amante de las flores, los perfumes, la música, el embelesamiento, y a veces incluso sorprendentemente indiferente a todo.
  34. 34. III. SER O NO SER - ¿QUÉ ES EL SER HUMANO? - NATURALEZA - EL UNIVERSO *** Fue precisamente esta fase de su vida intelectual que había mayormente atraído a Iclea. Feliz de vivir, una flor abriéndose a la luz de la vida, un arpa vibrando a todas las armonías de la naturaleza, la bella hija del Norte todavía pensaba a veces, en los elfos y las hadas de su tierra natal, en los ángeles y los misterios de la cristiandad en medio de los cuales su infancia había sido acunada. Pero su piedad, la fe ciega de sus días jóvenes, no habían oscurecido su razón; sus pensamientos se movían destrabados; ella ávidamente buscaba la verdad, y mientras se lamentaba, quizás, por no poder creer más en el Paraíso de los Predicadores, aún sentía un imperioso y ardiente deseo por la existencia continuada. La muerte le parecía una cruel injusticia. Ella de ningún modo podía recordar la imagen de su madre yaciendo in rigor mortis, en todo el esplendor y belleza de la flor de su vida, siendo transportada en el tiempo de rosas, a un cementerio verde y fragante donde los pájaros cantaban, donde su nombre repentinamente se borraba del libro de la vida, mientras toda la naturaleza continuaba cantando, floreciendo, resplandeciendo. Ella de ningún modo podía recordar, digo, la pálida imagen de su madre sin que un escalofrío pasara a través de su cuerpo. No, su madre no estaba muerta. Ella misma nunca moriría, ni en sus años de juvenil belleza, ni nunca. ¡Y él! ¡morir él! ¡Llegar a extinguirse este sublime intelecto a través de una interrupción del aliento o de la circulación! No, esto era imposible. La humanidad se engaña. Un día sabrán la verdad. *** Iclea también, a veces ponderaba estos problemas, considerándolos por cierto antes bajo su aspecto estético y sentimental que científico, pero ella los ponderaba. Todas sus preguntas, todas sus dudas, el secreto fin de su conversación con - quizás incluso de su repentino cariño por - su amigo, eran causados por el ardiente deseo por el conocimiento que consumía su alma. Ella fijaba sus esperanzas en él porque había encontrado ya en sus escritos la solución de los problemas más pesados. Ellos le habían enseñado a conocer el Universo, y este conocimiento ella encontraba más hermoso, más vital, más exaltado, más poético que sus antiguas ilusiones. Desde el día en el que aprendió de sus labios que él había dedicado su vida a la búsqueda de la verdad - una búsqueda en la cual él estaba destinado un día, ella estaba segura, a tener éxito: su intelecto estaba atraído a él quizás todavía más fuertemente que su corazón. *** Ellos habían así conducido juntos por cerca de tres meses una vida intelectual en común, pasando varias horas casi todos los días leyendo, en el original, obras en diferentes lenguas sobre la ciencia de la filosofía, la teoría atómica, la física molecular, la química orgánica, la termo-dinámica, y las varias ciencias que tienen por objeto el conocimiento del ser; discutiendo las contradicciones aparentes o reales en las hipótesis que ellos, cada uno por su cuenta, presentaban; encontrando a veces, en escritos puramente literarios, sorprendentes intuiciones de verdades científicas, maravillándose en la presciencia de muchos grandes autores. Estas lecturas, estas investigaciones, estas discusiones les fueron especialmente interesantes porque progresaban en conocimiento; ellos eran capaces de apreciar con mayor justicia las obras de grandes escritores de cuyo número, sin embargo,

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