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Mujeres indígenas, Guatemala Siglo XX. Contribuciones a la democratización.

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  1. 1. 1 1 Resistencia de las mujeres indígenas1 Aportes de las mujeres indígenas en la transformación social de la Guatemala de los últimos cien años Saríah Acevedo La historia de Guatemala tiene grandes omisiones, una de las más relevantes es el registro de los aportes de las mujeres indígenas en la transformación del país. Por eso mismo las informaciones sobre su participación en los acontecimientos que cambian nuestra cotidianidad es escasa, está fragmentada, no es de fácil acceso ni está registrada o simplemente ha pasado desapercibida. Pero bien sabemos que no ver equivale a desconocer y por ello es el acto político más importante que sustenta su negación como sujeta y protagonista de la historia. Las crónicas de la invasión y colonización (siglo XVI) refieren vagamente a las numerosas guerreras mayas que salieron a defender el territorio, y es casi inexistente el relato del papel que jugaron las gobernantes, aunque la antropología y la arqueología actual tienen innumerables pruebas de su existencia. Se construyó a su alrededor una imagen de sumisión al orden, y se desconocen aquellos hechos que muestran su involucramiento consciente en procesos políticos contra todo tipo de autoritarismo, entre ellos, la participación voluntaria de cientos de mujeres indígenas en las filas guerrilleras durante el conflicto armado interno (1962-1996). Esther por ejemplo fue la primera combatiente ixil que salió a luz pública en 1974 cuando el Ejército Guerrillero de los Pobres realizaba su primera conferencia en Chajul (Memorias rebeldes contra el olvido, 2008: 33). Precisamente el sistema colonial español (1524-1821) se había encargado de desarrollar mecanismos para someter y desactivar políticamente a las mujeres indígenas por medio de su reclusión simbólica y física a la servidumbre: las “indias” siempre fueron las chichiguas2 , las nanas, las sirvientas, las amancebadas por el patrón. Para el inicio del siglo XX en Guatemala, apenas habían transcurrido algunas décadas de la Reforma Liberal de 1871 que había expropiado buena cantidad de las tierras 1 Este texto ha sido publicado en el libro “Nosotras, las de la historia. Mujeres en Guatemala (siglos XIX-XXI)”. Editorial La Cuerda. Guatemala 2011. 2 “Existió a partir del siglo XVII en toda la jurisdicción de la Audiencia una clase de personas muy solicitadas eran las “nutrices”, ama de leche o chichiguas, cuyo oficio consistía en dar de mamar a hijos de otra persona. En la mayoría de casos fueron para hijos de españolas, cuando la madre no tenía leche o la tenia escasa. Es necesario resaltar en este caso, que se conducían a dichas indígenas a las casas de los españoles para amamantar a los niños, sin tomar en cuenta si el hijo
  2. 2. 2 comunales a los pueblos indígenas, y estaba aún vigente la dominación económica alemana a través de los grandes latifundios cafetaleros cuando se hicieron las primeras visibilizaciones públicas de las mujeres indígenas en el siglo XX, a través de los concursos de India Bonita que se celebraron en varias cabeceras departamentales importantes, como Cobán y Quetzaltenango, en la segunda mitad de los años treinta. Estos concursos surgieron en un contexto sociopolítico y cultural particular en Guatemala, en otros países latinoamericanos, ya el indigenismo dominaba las políticas y los discursos públicos orientados a las construcciones simbólicas de identidades nacionales basadas en la idea del mestizaje idílico entre indias y españoles, así como la rememoración de las glorias pasadas de las grandes civilizaciones prehispánicas, pero desmereciendo a la población indígena contemporánea, señalándola de corrompida y desmejorada, por lo que se promovía su mejoramiento racial a través de la mezcla biológica y la asimilación a la cultura europea, cuyo eje de implementación estaba centrado básicamente en la idea de inseminar a las mujeres indígenas por varones europeos. En Guatemala eran los últimos años del poderío alemán afincado principalmente en Alta Verapaz casi un siglo atrás. Muchos alemanes fueron atraídos a migrar hacia el país, por la facilidad de adquirir con poco dinero tierras expropiadas a las comunidades indígenas, y durante décadas las sometieron al colonato, el trabajo forzoso y la semi-esclavitud (Castellanos Cambranes: 1995). Castellanos Cambranes (1995), registra la llegada al país de la ideología nacionalsocialista -nazi- de la superioridad racial aria, con los alemanes arribados en la década de 1920. Como podemos ver, los concursos de India Bonita iniciaron una década después. En ese marco general, en Cobán, con apoyo de los cafetaleros se desarrolló la primera feria (agosto 1936), la cual incluyó la elección de las primeras reinas de belleza, la Flor del Café entre jóvenes no indígenas del pueblo y la India Bonita Cobanera, cuya primera elegida fue Arminda Macz. Eran concursos de carácter folclorista que buscaban rescatar una autenticidad purista desde una visión eurocéntrica e inmóvil de la cultura indígena. Y es que en 1959, el general Miguel Ydígoras Fuentes “proclamó el 19 de abril como el “Día Nacional del Indio”, levantó de la indígena enfermaba o moría” (Bracamonte y Solís: 1996).
  3. 3. 3 3 un monumento en honor a Tecún Umán, puso nombres mayas a algunas unidades militares y animó concursos para elegir “reinas indígenas”” González Ponciano, 1999: 31-32 citado por Schackt, 2002: 114). Indudablemente, este acontecimiento influyó para que a finales de los años sesenta, el certamen de Cobán se hiciera de carácter nacional y se llamó Reina Indígena Nacional o Rabín Ajau (Hija del Rey en el idioma maya q’eqchi’). Deconstrucción del modelo homogenizador del Estado Nación A finales de los años setenta, la participación de las “reinas indígenas” en la reivindicación de la identidad era evidente. Días después de la masacre perpetrada por el ejército en Panzós, Alta Verapaz, un diario informó que una candidata a reina q’eqchi’ fue descalificada tras solicitar un minuto de silencio por el casi centenar de víctimas3 . En Quetzaltenango en 1979, según datos del Museo Ixkik del Traje Maya, se argumentó que en la época prehispánica no existía monarquía, por lo cual se cambió el nombre de Reina Indígena de Xelajú a Umial Tinamit Re Xelajuj No’j (Hija del pueblo de Xelajuj Noj, en idioma k’iche’) rescatándo el auténtico nombre del lugar antes de la colonización. Se cambió el proceso de coronación por la investidura, también el cetro, la capa tipo occidental y la corona por los elementos de carácter prehispánico Nim Pot, Chachal e X’cap (huipil, collar y cinta ceremoniales). En todas éstas transformaciones fue decisiva la influencia del naciente movimiento local de reivindicación política k’iche’, que ya planteaba la necesaria descolonización de la cultura. A partir de ese año se le entrega a la ganadora al momento de la investidura un ejemplar de la traducción del libro sagrado K’iche’, Pop Wuj de Adrián Inés Chávez, quizá el intelectual maya más influyente en la articulación de los conceptos sobre la cosmovisión maya del actual movimiento maya de Guatemala y quién sugirió el cambio de nombre del certámen. En 1979, La primera Umial Tinamit Re Xelajuj No’j Aura Leticia Canastuj Coyoy recibió el Pop Wuj de las mismas manos de Chávez. Con el inicio de las negociaciones para la paz y el auge del movimiento indígena, los discursos de las candidatas a Rabín Ajau comenzaron a cambiar, de localistas y folcloristas a reivindicativos de su identidad o de denuncia por las condiciones de 3 Prensa Libre, 10 de junio de 1978.
  4. 4. 4 pobreza, explotación, racismo y violencia política a la que era sometida la población maya. Hilda Clemencia Chen González originaria de Rabinal, Baja Verapaz, a pocos años de cometidas las masacres más atroces en ese municipio, fue coronada Rabín Ajau (1987-1988) y es quien concretó el primer discurso íntegramente mayanista. A partir de ahí los perfiles de las concursantes mostraron un cambio significativo, que se había iniciado con antelación, haciendo del discurso una verdadera muestra de las transformaciones en la visión y posturas políticas de las mujeres indígenas, muchos de éstos reivindicaban los derechos de los pueblos indígenas, así como la revitalización maya en general a través de los idiomas, vestimentas y tradiciones. Contradictoriamente con su origen y formato folclorista, y pese a que en los años ochenta se les indicaba a las “reinas indígenas” no politizar mucho su discurso, en entrevista al fundador del festival, Marco Aurelio Alonzo, hecha por Jon Schackt, (2002) éste afirmó: “Las candidatas del concurso de Rabín Ajau siempre habían utilizado el término maya y habían sido entre las primeras en poner énfasis en esta identidad. Incluso durante la guerra civil (cuando el comité mismo estuvo dominado por gente militar), decía, el concurso había funcionado como una base para enviar mensajes directos sobre la situación del pueblo. Para él fue sorprendente lo que muchas de las chicas tuvieron coraje de decir en presencia del presidente (de Guatemala) y otros políticos dignatarios. Nunca habían vacilado en decir ‘las verdades’”. En la elección de 2001, según datos de CERIGUA (2001), la Rabín Ajau saliente -Mercedes Adelina García Marroquín- denunció al comité organizador por haber convertido el evento en una empresa lucrativa, folclorizando la civilización maya y utilizando la imagen de las participantes para su beneficio económico y político. Además explicó que cada año las candidatas experimentaban diferentes formas de explotación, maltrato y humillación. A esta denuncia se sumaron otras ex Rabín Ajau y la misma electa ese año, Manuela Pol Algua, quien no aceptó el cargo. El comité organizador, al finalizar el acto, entregó el cetro y la corona a la Policía Nacional Civil, luego de que Adelina García hiciera los señalamientos durante el acto de elección. En la actualidad este tipo de concursos a nivel local y regional se ha extendido por todo el país. Las jóvenes concursantes los han convertido en medios para la difusión de la conciencia e identidad mayas (Schackt: 2002).
  5. 5. 5 5 Aporte en la desmilitarización y el impulso de la democracia Este proceso de Rebelión de las Rabinas (Camus: 2002) fue una expresión más que se desarrollaba de manera interrelacionada al contexto sociopolítico general en el que las mujeres indígenas eran ya protagonistas centrales de la desmilitarización, la lucha por los derechos humanos y la democratización del país desde los años ochenta. Etapa en que la guerra interna alcanzó los niveles más altos de violencia hacia la población civil indígena, siendo la década en la que ocurrió la mayoría de las 626 masacres de comunidades, perpetradas por fuerzas del Estado. Éstas fueron registradas en el informe que redactó la Comisión para el Esclarecimiento Histórico en 1999, entre cuyos comisionados se encontraba una mujer maya: Otilia Lux de Coti, quien en 2000 llegó a ser la primera indígena en ser ministra de Estado, al frente del Ministerio de Cultura y Deportes. En 1991, se dio uno de los primeros logros de la desmilitarización del país. Las mujeres tz’utujiles de Santiago Atitlán tuvieron un papel central en la organización comunitaria para conseguir que ese municipio fuera el primero en lograr la expulsión del ejército y el cierre del destacamento militar, debido a la masacre realizada en esa localidad el 2 de diciembre de 1990 (AVANCSO: 2009). Ya para 1992, año del quinto centenario de la colonización del continente americano, Rigoberta Menchú Tum fue reconocida internacionalmente con el Premio Nóbel de la Paz. En su discurso de recibimiento del galardón el 10 de diciembre de ese año, señalaba no sólo la importancia del homenaje como un reconocimiento a la legitimidad de las luchas de todos los pueblos indígenas sino también cómo el racismo y machismo estaban en la base de la indiferencia o rechazo al premio que se había suscitado en Guatemala: “…este Premio Nóbel no [es] solamente un galardón y un reconocimiento a una persona, sino un punto de partida de arduas luchas por el logro de esas reivindicaciones que están todavía por cumplirse. En contraste, paradójicamente, fue precisamente en mi país donde encontré de parte de algunos las mayores objeciones, reservas e indiferencia respecto al otorgamiento del Nóbel a esta india quiché. Tal vez porque, en América, sea precisamente en Guatemala en donde la discriminación hacia el indígena, hacia la mujer y la resistencia hacia los anhelos de justicia y paz, se encuentran más arraigados en ciertos sectores sociales y políticos”. Surgida en un ambiente demasiado riesgoso para la participación política en los años ochenta, una organización de mujeres indígenas, la Coordinadora Nacional
  6. 6. 6 de Viudas de Guatemala (CONAVIGUA) con Rosalina Tuyuc, María Canil y Juana Calachij entre sus figuras visibles, fue la principal promotora de la eliminación del reclutamiento militar forzoso en todo el país, el cual afectaba principalmente a jóvenes indígenas y rurales. Su trabajo político además incidió decisivamente en los compromisos de paz vinculados a los derechos humanos, a las políticas de conocimiento de la verdad, búsqueda, exhumación, inhumación y dignificación de las víctimas y sobrevivientes del genocidio, así como la construcción de la memoria histórica. De hecho, durante los procesos de diálogo y negociación para la firma de la paz en Guatemala (1985-1996), la participación de las mujeres indígenas organizadas fue decisiva para la consideración en los Acuerdos de Paz de las condiciones de especial exclusión que sufrían en el contexto nacional, lo cual se tradujo en compromisos específicos como la creación de la Defensoría de la Mujer Indígena y la tipificación del acoso sexual como delito, con agravante cuando fuera hacia una mujer indígena (Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas), o la copropiedad de la tierra entre mujeres y hombres (Acuerdo sobre Aspectos Socioeconómicos y Situación Agraria). Este proceso fue tierra fértil para un acontecimiento importante, por un lado la visibilización y reconocimiento de la existencia de la población xinka y garífuna o garínagu, a través de la participación de mujeres representativas de ambas culturas en los procesos de diálogo, y por otro, el reconocimiento sobre el carácter pluricultural, multiétnico y multilingüe de la nación. En este proceso tuvo un papel fundamental la Comisión Permanente para los Derechos de la Mujer Indígena de la Coordinadora de Pueblos Mayas de Guatemala (COPMAGUA), interlocutora con el sector gubernamental para la negociación de las modificaciones legislativas necesarias para la implementación de los derechos de los pueblos indígenas (Camus: 2002). Algunas de las participantes en dicho proceso fueron María Morales, Consuelo Cabrera y Cleotilde Vásquez, quien también fue cofundadora de dos organizaciones importantes, Belejeb’ B’atz y la Instancia de la Mujer Kawuq. Esta última fue la que dirigió el proceso de formulación de un proyecto de ley, a partir de una propuesta inicial elaborada por mujeres mayas en el exilio en Costa Rica, de la organización Liga Maya Internacional, cuya presidenta era Juana Batzibal. Kawuq gestionó alianzas con otras organizaciones de mujeres para presentar la iniciativa de Ley de Dignificación y Promoción Integral de la Mujer, (aprobada en 1999), la cual fue llevada a su discusión al pleno por la diputada k’iche’ Manuela
  7. 7. 7 7 Alvarado. Las mujeres mayas en la resistencia cultural y en la construcción del discurso político de lo maya como unidad Mujeres indígenas como Blanca Estela Alvarado estuvieron entre quienes gestionaron la creación de la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala y son las mujeres quienes han mantenido históricamente la vigencia de los idiomas en la vida diaria y la resistencia a la castellanización, aún a costa de la mayor discriminación de aquéllas que se han quedado en el monolingüismo. Son las madres y las abuelas las que fundamentalmente insisten en la transmisión a las nuevas generaciones del idioma, conocimientos y valores culturales, la tradición oral, la medicina, etc. Por esas mismas razones, el peso del racismo y la discriminación para las mujeres ha sido mayor. Son en su mayoría mujeres, quienes han mantenido viva la tradición textil y su uso cotidiano como vestimenta, a pesar de saberse mayormente discriminadas por este hecho. Y han sido principalmente mujeres como Irma Otzoy y Blanca Estela Alvarado quienes han hecho esfuerzos académicos para reivindicar desde la perspectiva indígena, que la tradición textil de los actuales pueblos mayas es básicamente de origen prehispánico y no se origina por la influencia española en la colonia. De manera simultánea con la revitalización mayanista local, han sido mujeres jóvenes quienes han promovido la recuperación de los trajes antiguos de cada comunidad, poniéndolos como referentes simbólicos y de cohesión comunitaria, revalorizando con ello el trabajo de las ancianas y las técnicas textiles prehispánicas. Pero a la vez que reivindicaban los usos antiguos, las mujeres organizadas alrededor de la reivindicación de lo maya como unidad, hicieron surgir una nueva tendencia panmaya en la forma de vestir, alrededor del argumento de que si todas las expresiones regionales constituían una sola unidad como pueblo maya, era legítimo el uso de trajes de otras regiones que no fueran la propia. Esto que inicialmente fue un acto político de las líderes del movimiento, pronto se ha convertido en una tendencia general entre las mujeres indígenas organizadas o no. La importante vinculación de las mujeres indígenas al trabajo informal obedece al poco acceso a la profesionalización y dominio de las destrezas lingüísticas y simbólicas necesarias en el escenario laboral dominante, pero también corresponde a la decisión de quedarse en el único -aunque restringido y precario- escenario donde
  8. 8. 8 no se debe prescindir del traje, del idioma y de los hijos para poder laborar. Los cuestionamientos de las mujeres a la violencia y actitudes machistas en el interior de las comunidades y la dirigencia indígena, se convirtieron en la semilla que obligó a la mayoría de organizaciones e intelectuales a repensar y reflexionar sobre los efectos del colonialismo, autoritarismo y machismo en los comportamientos sociales hacia las mujeres indígenas. En las organizaciones, muchas de las líderezas iniciadoras del movimiento maya, condujeron las discusiones de género hacia el concepto de complementariedad entre mujeres y hombres (proveniente de los fundamentos de la cosmovisión maya), el cual -argumentaban- debía retomarse y aplicarse si en realidad se quería llegar a ser verdaderos mayas como los antepasados. Este acontecimiento ha generado una rica discusión, que ha abonado en la concreción de cambios internos en organizaciones, como algunas políticas de paridad en la representación del liderazgo, además ha contribuido a que nuevas generaciones mayas organizadas sean guiadas por este debate en la construcción de nuevas formas de ser mujer indígena y ser hombre indígena que se han ido configurando. De igual manera, han promovido cambios en el ejercicio de la espiritualidad indígena al reafirmar el papel sagrado de la feminidad, lo que favoreció la formación y visibilidad pública de mujeres guías espirituales. Han reivindicado ejercicios espirituales netamente femeninos, como el de las comadronas, así también han insistido en la celebración de fechas conmemorativas que en el calendario ritual están dedicadas a la mujer, especialmente el B’elejeb B’atz4 hasta que se ha convertido en práctica habitual de organizaciones y muchas comunidades. Éstos son sólo algunos pocos acontecimientos que las mujeres indígenas, 4 El B’elejeb B’atz es el día de la mujer en el calendario sagrado maya de 260 días, literalmente se traduce como “9 hilos”, se celebra 40 días después del inicio del año de 260 días. Tiene relación directa con las narraciones creacionales del Pop Wuj4 la abuela Ixmukané crea a la humanidad de maíz, moliendo 9 bebidas de maíz para hacer su “sangre y su carne”. Aquí el mito marca un nexo entre la mujer como creadora y madre no sólo de la primera humanidad sino también como creadora de civilización. El 9 es también el número del inframundo; la representación del espacio de oscuridad y de tránsito de un estado de creación a otro; un espacio donde hay transformación de energía, se relaciona con la gestación humana la cual tiene una duración de 9 lunaciones, que ocurren en un contexto de oscuridad el cual es el vientre materno y en un proceso análogo; al morir el ser humano “regresa” al “vientre materno”: la tierra y, en ese mismo espacio de oscuridad, se transforma en una nueva creación, en una manifestación diferente de vida. Simbólicamente la persona cuando muere tarda 9 días en “bajar” al inframundo, es decir en transitar entre su antigua forma de vida y su integración al cosmos. Esta concepción se basa en la narración que hace el Pop Wuj de la muerte de Jun Ajpú Ixbalamke y de cómo estuvo 9 días en el inframundo antes de renacer.
  9. 9. 9 9 principalmente organizadas, cosecharon en la transformación institucional, política y cultural de Guatemala. Ya en el siglo XXI, las prioridades de lucha de muchas mujeres indígenas en las comunidades y en las organizaciones se concretan en una nueva etapa de defensa de la Madre Tierra y el Territorio ante los actuales modelos productivos extractivos y depredadores de la naturaleza. Hace falta verdaderamente mucho camino aún para recopilar, recrear y reconstruir desde la perspectiva de las mujeres indígenas, el propio relato de su participación en el hilado histórico de lo que Guatemala es hoy. Bibliografía Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala (AVANCSO). Memoria de mujeres, lucha e identidad. Santiago Atitlán y Tucurú. Cuaderno de Investigación No. 25, Guatemala, 2009. Bracamonte y Sosa, Pedro y Solís Robleda, Gabriela. Espacios Mayas de Autonomía el pacto colonial en Yucatán. Universidad Autónoma de Yucatán. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México, 1996. Camus, Manuela. Mujeres y Mayas: sus distintas expresiones. En: Revista Indiana 17/18. Ibero-Amerikanisches Institut Preubischer Kulturbeitz, Berlín, Alemania, 2002. Castellanos Cambranes, Julio. ¿Pioneros del desarrollo? ¿Civilizadores? Consideraciones sobre los neocolonialistas alemanes en Guatemala, 1828-1996. Serie Documentos para la historia, No. 3. Centro de Estudios Urbanos y Regionales. Universidad de San Carlos, Guatemala, 1995. Memorias rebeldes contra el olvido. La Cuerda, Plataforma Agraria, AVANCSO. Magna Terra Editores, Guatemala, 2008. Schackt, Jon. “Rabin Ajau: Mayanidad por medio de la belleza”. En: De indígena a maya, Identidades indígenas en Guatemala y Chiapas. Revista de Estudios Interétnicos No.16, año 10. Universidad de San Carlos, Guatemala, 2002.

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