NUEVAS FRONTERAS DE LA IZQUIERDA
NUEVAS FRONTERAS DE LA IZQUIERDA
ROBIN BLACKBURN
NANCY FRASER
GØRAN THERBORN
RENÉ RAMÍREZ G.
Primera Edición, 2012
335.5
B6271
Blackburn, Robin
NUEVAS FRONTERAS DE LA IZQUIERDA/ Robin Blackburn,
Nancy Fraser, Gøran ...
Dedicado a la memoria de Alexei Páez
Índice
Presentación 11
Autores 15
Introducción. Aportes desde la izquierda
para pensar nuestro tiempo y transformarlo 17
A...
11
Presentación
Bajo el título Las nuevas fronteras de la izquierda. Poscapitalismo, emergencia del
sur global y nuevos de...
12
la conferencia magistral del entonces Secretario Nacional de Planificación y
Desarrollo, René Ramírez G.
El libro que ho...
13
máticas de su época. Segundo, que haya dado los primeros pasos para esta-
blecerse como núcleo convocante de intelectua...
15
Autores
ROBIN BLACKBURN es profesor en la Universidad de Essex (Reino Unido), his-
toriador y sociólogo, que ha plantea...
17
INTRODUCCIÓN
Aportes desde la izquierda para pensar
nuestro tiempo y transformarlo
ANALÍA MINTEGUIAGA
La posibilidad de...
ANALIA MINTEGUIAGA18
e inclusive aquellas de la «socialdemocracia realmente existente» del siglo
XX. De igual forma, en es...
Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo 19
dos y hasta las organizaciones de clase. Había que poner la mirad...
ANALIA MINTEGUIAGA20
efectivos. En este sentido, se pueden mencionar los sucesos de finales de la
década de 1960 desencaden...
Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo 21
propios gobiernos de centro-izquierda. Tal transformismo quedó pl...
ANALIA MINTEGUIAGA22
En este sentido, si bien los mismos trabajan —como podrá verse a con-
tinuación— una multiplicidad de...
Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo 23
pesar de la lectura que suele hacerse desde el sentido común y au...
ANALIA MINTEGUIAGA24
también social, ecológica y política) y debe superar el funcionalismo (co-
nectando estructura y agen...
Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo 25
un interesante, y realmente adeudado, análisis de los legados de ...
ANALIA MINTEGUIAGA26
prometida con el cambio real y concreto debe hacerse cargo de gobernar y
al mismo tiempo de buscar al...
Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo 27
carácter de asunto público y su conexión con la reproducción de l...
ANALIA MINTEGUIAGA28
Bibliografía
ANDERSON, Perry
2000 «Renovaciones». En New Left Review en español, No. 2: 5-20.
HALL, S...
Parte I
ANÁLISIS CRÍTICOS
DEL CAPITALISMO EXISTENTE
31
CAPÍTULO PRIMERO
La persistente crisis financiera y las
medidas necesarias para enfrentarla
ROBIN BLACKBURN
[traducción ...
ROBIN BLACKBURN32
con paralizar la producción y destruir los activos financieros. Si bien al ini-
cio de la crisis, en 2007...
La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 33
zado el Atlántico para invertir enormes cantidades de deuda de...
ROBIN BLACKBURN34
Aunque aplicar más dosis de la misma medicina que debilitó al paciente no
hará más que perpetuar su enfe...
La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 35
ropa todo el pago de la deuda, y ya han presentado demandas en...
ROBIN BLACKBURN36
2. Sobreproducción, demanda deficiente y boom crediticio
En 1998, la New Left Review dedicó todo un ejemp...
La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 37
Otra propuesta de inversión que ganó terreno en la década del ...
ROBIN BLACKBURN38
un juego de canicas en el que «después de cada ronda, los ganadores devuel-
ven sus canicas a los perded...
La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 39
tos; en las últimas décadas, sin embargo, con frecuencia se es...
ROBIN BLACKBURN40
(tres reclamaron más de USD 1.000 millones en 2010). A fin de estirar tan
modestos rendimientos, la mayor...
La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 41
se convirtieron en atractivas inversiones. En las épocas de Cl...
ROBIN BLACKBURN42
distribuye» y comenzaron a rechazar varias OCD y otros derivados crediti-
cios. Las agencias de calificac...
La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 43
modesto. Ese mes, el Secretario del Tesoro, Hank Paulson, conv...
ROBIN BLACKBURN44
cedores de Wall Street reafirmaron su poder. El Tesoro en ningún momento
aprovechó su posición de propiet...
La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 45
a las pensiones públicas—. A fin de hacer que el rescate financi...
ROBIN BLACKBURN46
tener un mecanismo de financiamiento que no ofreciera incentivos perver-
sos. En la era de la globalizaci...
La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 47
El movimiento de financiamiento no ortodoxo... significó que Dex...
ROBIN BLACKBURN48
gall de EE.UU. en 1999 había permitido que ideas anticuadas como el «con-
flicto de intereses» pasaran a ...
La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 49
de sufrir situaciones de pobreza en la tercera edad es mayor. ...
ROBIN BLACKBURN50
El Congreso no parecía dispuesto a respaldar el TARP —fue rechazado en la
primera votación—; y luego lo ...
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  1. 1. NUEVAS FRONTERAS DE LA IZQUIERDA
  2. 2. NUEVAS FRONTERAS DE LA IZQUIERDA ROBIN BLACKBURN NANCY FRASER GØRAN THERBORN RENÉ RAMÍREZ G.
  3. 3. Primera Edición, 2012 335.5 B6271 Blackburn, Robin NUEVAS FRONTERAS DE LA IZQUIERDA/ Robin Blackburn, Nancy Fraser, Gøran Therborn, René Ramírez G. — 1ª ed. —Quito: Editorial IAEN, 2012. 156 p.; 15 x 21 cms. ISBN : 978-9942-9906-0-0 1. CIENCIAS POLÍTICAS 2. ECONOMÍA POLÍTICA 3. SOCIOLOGÍA-TEORÍA CRÍTICA I. Título INSTITUTO DE ALTOS ESTUDIOS NACIONALES Av. Amazonas N37-271 y Villalengua esq. Edificio administrativo, 5to. piso Telf: (593) 02 382 9900, ext. 312 www.iaen.edu.ec Información: editorial@iaen.edu.ec Dirección editorial: Juan Guijarro H. Maqueta y diagramación: David Rivera V. Diseño portada: David Rivera V. Impresión: Imprenta Mariscal Quito - Ecuador, 2012 CC BY-NC-SA Esta licencia permite compartir-copiar, distribuir, ejecutar y comunicar públicamente la obra, y hacer obras derivadas.
  4. 4. Dedicado a la memoria de Alexei Páez
  5. 5. Índice Presentación 11 Autores 15 Introducción. Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo y transformarlo 17 ANALIA MINTEGUIAGA Parte I Análisis críticos del capitalismo existente 1. La persistente crisis financiera y las medidas necesarias para enfrentarla 31 ROBIN BLACKBURN 2. Un movimiento triple. Reflexiones pos-Polanyi sobre la crisis capitalista 97 NANCY FRASER Parte II Análisis de la estrategia hacia un proyecto socialista 3. Las nuevas fronteras de la izquierda en el siglo XXI 117 GØRAN THERBORN 4. Una gran transición para una gran transformación. Reflexiones a partir de la iniciativa Yasuní - ITT 135 RENÉ RAMÍREZ G.
  6. 6. 11 Presentación Bajo el título Las nuevas fronteras de la izquierda. Poscapitalismo, emergencia del sur global y nuevos derechos se realizó el 12 y 13 de enero de 2011, en el Insti- tuto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), un seminario internacional que congregó a destacados académicos extranjeros y nacionales y más de 500 asistentes, con el fin de reflexionar y debatir sobre los grandes desafíos y po- sibilidades que enfrenta el sur global en un contexto internacional caracte- rizado por un modelo económico y financiero mundial en crisis, la necesi- dad de repensar las fronteras políticas en el campo intelectual, y los retos y oportunidades que ofrecen actuales procesos de transformación social e in- novación institucional en diversas latitudes del planeta. Respecto a esto úl- timo, especialmente desde América del Sur. Las tres conferencias magistrales sobre las que giró el evento fueron reali- zadas por Robin Blackburn, profesor de la Universidad de Essex (Reino Uni- do), historiador y sociólogo que ha planteado cuestionamientos fundamen- tales a la relación entre modernidad y capitalismo; Nancy Fraser, profesora de la New School for Social Research de Nueva York (Estados Unidos), connota- da académica renovadora de la teoría crítica e impulsora del movimiento fe- minista; y Gøran Therborn, profesor de la Universidad de Cambridge (Rei- no Unido), quien ha realizado importantes aportes científicos para repensar temas cruciales para los movimientos sociales y políticos alternativos a nivel mundial. Todos de extensa y reconocida trayectoria académica y de inscrip- ción en una línea de pensamiento e investigación social comprometida con los procesos de cambio progresistas y las dinámicas emancipatorias. Asimismo, se completaron las actividades del seminario con mesas de debate que contaron con la presencia de destacados miembros de la acade- mia ecuatoriana y funcionarios públicos del más alto nivel. Entre los aca- démicos que intervinieron, podemos mencionar a Carlos Arcos, Guillaume Long, Hugo Jácome, Carlos Espinosa, Juan Carlos Coellar, Franklin Ramí- rez G., Carlos Prieto del Campo, Jhon Anton Sánchez, Gioconda Herrera, y el recientemente fallecido Alexei Páez. Entre los funcionarios públicos, par- ticiparon Pedro Páez, Julio Oleas, Mario Solís, Ramiro Ávila Santamaría y Jeannette Sánchez. Finalmente, se realizó un acto de clausura que contó con
  7. 7. 12 la conferencia magistral del entonces Secretario Nacional de Planificación y Desarrollo, René Ramírez G. El libro que hoy presentamos contiene justamente las cuatro conferen- cias magistrales mencionadas. Sin embargo, nuestro objetivo al concebir es- ta publicación suponía algo más que transcribir tales intervenciones. Se tra- taba de extender el debate iniciado en aquel encuentro, ampliar su público y el diálogo que éste generó, y establecer nuevas fuentes de referencia para la producción académica nacional y latinoamericana. Por ello, se realizó un esfuerzo en traducir aquellas conferencias que se dictaron en idioma inglés, así como revisarlas y editarlas a manera de artículos académicos, lo cual su- puso un trabajo de re-redacción, de extensión de información aclaratoria y de datos bibliográficos por parte de sus autores. Esto fue pertinente y eficaz- mente guiado por el IAEN, en particular por su departamento editorial y por los docentes-investigadores de esta casa de estudio involucrados en la orga- nización del evento.1 En igual sentido, fue decisivo el acompañamiento reci- bido por parte de Carlos Prieto del Campo, editor por largos años de la New Left Review en español, quien estableció los primeros contactos con los con- ferencistas extranjeros y, posteriormente, colaboró a través de los mismos para que esta publicación llegara a buen puerto. Finalmente, el respaldo de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innova- ción (SENESCYT) permitió establecer una alianza editorial para sacar adelan- te esta publicación como una coedición. Con este compendio debemos celebrar diversos acontecimientos para la universidad ecuatoriana. En la actualidad asistimos a contextos cultura- les e intelectuales cada vez más despolitizados, estructurados por la lógica mercantil e intermediados por nuevas formas de sociabilidad que eluden en muchos casos, a favor de lo inmediato y superficial, el debate de ideas y el establecimiento de compromisos en la solución de injusticias y opresiones contemporáneas. Las propias disciplinas universitarias cada vez más deri- van sus fines y programas desde las estrechas perspectivas de las necesidades de aquellos que detentan el poder, develando el carácter instrumental que puede desempeñar el campo científico en la reproducción de la desigualdad. En este marco se debe celebrar que la Universidad de Postgrado del Estado ecuatoriano se haya constituido una vez más en ámbito de debate de ideas y en expresión de una academia deliberadamente interesada con las proble- 1 La coordinación del evento estuvo a cargo de Analía Minteguiaga, docente e investigadora del IAEN, y la asistencia de Melanie Carrión e Imelda Robalino, a quienes agradecemos por su trabajo.
  8. 8. 13 máticas de su época. Segundo, que haya dado los primeros pasos para esta- blecerse como núcleo convocante de intelectuales que están pensando las más potentes y alternativas transformaciones de nuestras sociedades, mos- trando una vez más la ceñida relación que debe existir entre universidad y cambio social. Tercero, que se constituya en agente activo de democratiza- ción del conocimiento, dentro y fuera de sus claustros. Esto implica correr- se de aquella visión eficientista que termina reduciendo todo a indicadores de «productividad» académica (siempre medibles «cuantitativa y objetiva- mente») y lo «generado» en eventos como el aquí mencionado terminan perdiendo su sentido fundamental para la universidad, sus miembros y la misma sociedad. Motivos, todos, más que suficientes para congratularnos. DECANATO GENERAL DE INVESTIGACIÓN INSTITUTO DE ALTOS ESTUDIOS NACIONALES
  9. 9. 15 Autores ROBIN BLACKBURN es profesor en la Universidad de Essex (Reino Unido), his- toriador y sociólogo, que ha planteado cuestionamientos fundamentales a la relación entre modernidad y capitalismo. Colaborador asiduo de la revis- ta New Left Review, entre sus libros más recientes se cuenta Age Shock: How Fi- nance Is Failing Us (2006). NANCY FRASER es profesora de la New School for Social Research de Nueva York (EE.UU.), connotada académica renovadora de la teoría crítica e im- pulsora del movimiento feminista. Colaboradora y miembro del consejo editorial de la revista de teoría crítica Constellations. Entre sus libros más re- cientes se encuentra Scales of Justice: Reimagining Political Space in a Globalizing World (2008). ANALÍA MINTEGUIAGA es profesora del Instituto de Altos Estudios Naciona- les. Integrante del Grupo de Estudio sobre Políticas Sociales y Condiciones de Trabajo del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires. Autora de diversos artículos en torno a las temáticas de las políticas sociales y educativas. RENÉ RAMÍREZ G. es Secretario Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología. Ha realizado varias investigaciones en el campo de la economía del bienestar. Entre sus publicaciones más recientes se cuentan la coordina- ción del volumen Transformar la universidad para transformar la sociedad (2011) y el libro La vida (buena) como riqueza de los pueblos (2012). GØRAN THERBORN es profesor de la Universidad de Cambridge (Reino Uni- do), y ha realizado importantes aportes científicos para repensar temas cru- ciales para los movimientos sociales y políticos alternativos a nivel mun- dial. Entre sus libros más recientes se cuentan The World: A Beginner’s Guide (2011), y la coedición, junto a Stefan Immerfall, del volumen Handbook of European Societies: Social Transformations in the 21 Century (2012).
  10. 10. 17 INTRODUCCIÓN Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo y transformarlo ANALÍA MINTEGUIAGA La posibilidad de pensar y discutir los efectos, para los países ubicados en el sur del planeta, de una crisis del capitalismo de tanta magnitud como la brotada en el 2008 —e insuperada hasta el momento—, resulta sin lugar a duda un excelente y pertinente objetivo. Más aún si en esa reflexión se in- troduce de manera intencionada una perspectiva analítica y, a la vez, políti- ca particular. Una explícitamente comprometida con la construcción de un proyecto de sociedad que incluye, entre otras cuestiones, la garantía de la igualdad y, al mismo tiempo, de la libertad; la extensión de los derechos so- ciales y el rechazo a cualquier forma de opresión y dominación; la búsqueda de alternativas al capitalismo como mecanismo de regulación, acumulación y re-distribución; y la invención de nuevas formas democráticas para el go- bierno y funcionamiento de nuestras comunidades políticas. Objetivos que nos llevan, en su consecución, a la necesidad de poner en la mesa de debate las mismas fronteras políticas del campo intelectual. Se trata entonces de analizar una crisis capitalista desde el lugar de aquellos que históricamente han estado excluidos de los grandes procesos de «extensión del bienestar», de disfrute de los «beneficios del desarrollo» y de apropiación de las riquezas económicas mundiales; y, a su vez, hacerlo desde el punto de vista de una formación política e ideológica interesada en esas subjetividades, como es el pensamiento de izquierda. De hecho, podría- mos sostener que ambas miradas se suponen mutuamente. Pensar desde el Sur es pensar en términos de izquierda y pensar la izquierda a nivel mun- dial exige, hoy por hoy, poner el foco de análisis en esa parte del planeta y en su población. El pensamiento de izquierda reconoce una amplia trayectoria. Sin ex- tendernos demasiado podemos —quizás arbitrariamente— mencionar des- de los desarrollos teóricos de Marx y sus distintas apropiaciones en múl- tiples dominios del saber como la economía, la sociología, la filosofía y la ciencia política, hasta las experiencias del «socialismo realmente existente»,
  11. 11. ANALIA MINTEGUIAGA18 e inclusive aquellas de la «socialdemocracia realmente existente» del siglo XX. De igual forma, en este derrotero la izquierda, como formación intelec- tual y política, no ha permanecido inmutable al paso del tiempo y el deve- nir histórico. En este punto resulta interesante destacar aquella coyuntura y problemas específicos que supuso una primera gran redefinición de esta formación, fun- damentalmente desde el plano intelectual pero con llegadas al ámbito de la praxis política. Aquella que hacia mitades del siglo pasado planteó una iniciá- tica frontera entre la «vieja» y la «nueva» izquierda, entre la tradición y la reno- vación de la izquierda. Debate iniciado y alimentado fundamentalmente en la Europa Occidental, aunque con implicancias internacionales. En dicha oportunidad dos acontecimientos se constituyeron en los hi- tos parteaguas. El aplastamiento de la Revolución Húngara por parte de la Unión Soviética en 1956 y la invasión francesa y británica (e israelí) a la zona del Canal de Suez ese mismo año. Ambos mostraron, respectivamente, to- do el autoritarismo y brutalidad de la degeneración de la Revolución Rusa y la vitalidad que seguía detentando el imperialismo y colonialismo europeo. Como sostiene Stuart Hall, el primero de estos sucesos «puso fin a cierto ti- po de inocencia socialista», mientras que el segundo develó el error de pen- sar que los beneficios del Estado de Bienestar y la ampliación de la abundan- cia material significaban el «fin del imperialismo» o el «fin de la desigualdad y la explotación»; en sus palabras, sendos hechos definieron los mismísimos «límites y fronteras de lo tolerable en política» para aquellos que profesaban su creencia en el proyecto socialista (2010: 163). A partir de tal coyuntura se inicia una revisión profunda que supuso es- tablecer qué significaba lo nuevo y qué permanecía de la vieja agenda de la izquierda, a fin de seguir conservando tal denominación. En este sentido, diversos autores coinciden en sostener que tal revisión no condujo a una po- sición única, monolítica ni homogénea de la izquierda, sino más bien a un acuerdo más o menos explícito sobre un conjunto de «temas relacionados» que le otorgaban personalidad y entidad específica (y, por ende, conmina- ban a definir nuevos «mojones» medianeros con la derecha). Siguiendo a Hall, uno de sus fundadores, sin abandonar la necesidad de un proyecto socialista se fijaba como indispensable establecer una nue- va concepción del socialismo. Para ello había que enfrentarse al existente, inclusive a la socialdemocracia, y transformarlos a la luz de una nueva con- cepción de lo político. Ésta involucraba el reconocimiento de una pluralidad de potenciales escenarios de conflicto social y grupos a favor del cambio, los cuales superaban las formas tradicionales de la política como eran los parti-
  12. 12. Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo 19 dos y hasta las organizaciones de clase. Había que poner la mirada en aque- llos movimientos sociales y de ideas surgidos a partir de los problemas y ex- periencias cotidianas (como las cuestiones sexuales, de género, de raza, de jerarquías, étnicas y hasta las ligadas al consumo), y difíciles de integrar des- de los esquemas organizativos de la izquierda tradicional. Esto suponía asu- mir como parte del problema la «cuestión de la agencia» y el papel de las personas comunes y corrientes emprendiendo acciones por sí mismas. De igual forma, no se debía abandonar la búsqueda de alternativas al capitalis- mo, pero admitiendo las mutaciones que había experimentado desde aque- lla formación de signo empresarial descrita por Marx. Ya a mitades del si- glo XX se vislumbraban las complejidades asociadas a la lógica corporativa que había adquirido en el marco de la disolución de las tradicionales cultu- ras de clase, el aburguesamiento de la clase obrera y la nueva relación fija- da con el Estado. Asimismo, frente a la clásica sobredeterminación de la estructura plan- teada por el marxismo ortodoxo, era indispensable visibilizar lo ocurrido en el ámbito de la cultura —se empezaba a concebir que en dichos dominios se volvían patentes y, por ende, detonadores los cambios sociales—. La di- mensión cultural (que incluía la música, la literatura, el cine, la pintura, las artes en general, las comunicaciones, entre otras expresiones) no podía se- guir siendo considerada como secundaria sino constitutiva de la sociedad y de sus posibilidades de mudanza. Allí se expresaban novedosos clivajes, los cuales, como mencionamos, estaban más asociados a la vida cotidiana que a las contradicciones y la lucha de clases. También suponía revisar la idea tan cara para la tradición marxista de que solo bajo condiciones de explota- ción y pauperización material se podían producir procesos revolucionarios. Los trastrocamientos llegaron a cuestionar inclusive la tradicional divi- sión entre intelectuales y clase trabajadora. Se afirmaba que los procesos de cambio estaban preñados de una mirada profundamente anti intelectual. Por ello, la nueva izquierda reposicionaba no solo el papel crucial que de- bían desempeñar las ideas para un programa de transformación eficaz, sino el rol de la intelectualidad para la concreción del proyecto socialista. Final- mente, debe indicarse que la nueva izquierda defendía como marca distinti- va el asumir una actitud de permanente crítica y revisión antes sus propios postulados, distanciándose no solo de la tradición marxista sino de sus for- mas organizativas que eran consideradas doctrinarias, de posiciones fijas y clausurantes. Otras coyunturas parecieron ofrecer condiciones similares, aunque en los hechos sus efectos para la redefinición de tales fronteras no fueron tan
  13. 13. ANALIA MINTEGUIAGA20 efectivos. En este sentido, se pueden mencionar los sucesos de finales de la década de 1960 desencadenados por la guerra de Vietnam, la revuelta estu- diantil y la irrupción de los trabajadores en 1968, y finalmente la caída del Bloque Soviético en 1989. De hecho, algunos autores como Perry Ander- son sostienen que si bien los años 1989-1991 contemplaron la destrucción del comunismo del bloque soviético y hasta la falta de predominancia del marxismo en la propia cultura de izquierda, «no podía darse por desconta- do que un capitalismo de libre mercado, sin trabas se llevaría todos los pre- mios tanto en Occidente como en Oriente» (2000: 8). Se esperaba de hecho «cierto “requilibrio” del paisaje global donde la izquierda recobraría cierto aliento vital una vez liberada del abrumador legado moral del estalinismo, mientras los corporativismos japonés o renano demostrarían su superiori- dad, tanto en el plano de la igualdad social como de la eficiencia económi- ca, respecto a Wall Street o la City» (2000: 8-9). Sin embargo, tal reequili- brio no sucedió. Los procesos de mudanza del capitalismo que se evidenciaron con los sucesos desplegados desde el 2008 hasta la actualidad no podrían haber si- do imaginados por aquella Nueva Izquierda de mitades de siglo XX, ni vis- lumbrados por sus exponentes más cercados de fines de los ochenta. La for- ma que adquirió el capitalismo y la omnímoda dominancia que alcanzó el neoliberalismo sin duda superaron con creces las expectativas y prospectos de aquellos que llevaron adelante aquel y otros esfuerzos revisionistas de la izquierda. La crisis capitalista actual, si bien se ha mostrado en su faz económica- financiera, no ha dejado de ser multidimensional, involucrando aspectos de la vida cultural, social, política, ética y hasta ecológica de nuestras socieda- des. Una crisis que, paradójicamente, ha afectado de manera fundamental a aquella porción del planeta distinguida por el lenguaje experto como «desa- rrollada», «altamente industrializada» y/o «culturalmente avanzada» y, des- de el menos experto y más explícitamente ideológico, como el «primer mun- do». Una crisis que, por esta razón, parece ofrecer mayores opciones para reconsiderar la relación entre esa parte del globo y todo lo que queda «fue- ra» de sus confines. Una crisis que ha develado los reales alcances de la hege- monía neoliberal para la propia izquierda. Siguiendo a Anderson, el modelo TINA —sigla que hace referencia a la expresión de Margaret Thatcher: There is no alternative— solo cobra toda su dimensión cuando un gobierno alterna- tivo demuestra que no quedan políticas alternativas plausibles y verosímiles (2000: 10). Para dar la estocada final a la socialdemocracia europea o acabar con cualquier legado del New Deal era indispensable la participación de los
  14. 14. Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo 21 propios gobiernos de centro-izquierda. Tal transformismo quedó plasmado en la conocida «tercera vía». Crisis que ha mostrado de manera cruda y lapidaria los efectos de un sistema y una ideología que parecen no encontrar oponente alguno. Deser- ción aún más penosa para aquellos que se autodenominan de izquierda y/o centro-izquierda. Como afirmaba Susan Watkins, la coyuntura de la prime- ra década del siglo XXI sin duda hubiera parecido para aquellos renovado- res de mitades del XX una «utopía pervertida de ciencia ficción», con solo ver «la política económica del Kremlin en manos de seguidores de Fried- man; el secretario general del Partido Comunista Chino alabando el merca- do de valores; Yugoslavia, el más pluralista y próspero de los Estados obre- ros, diezmada por las políticas de austeridad del FMI y sometida durante meses a una campaña de bombardeos de la OTAN, campaña aplaudida en Occidente por la opinión liberal; los partidos socialdemócratas compitien- do por privatizar los activos nacionales y abolir las ganancias obtenidas por el movimiento obrero» (2010: 5). Crisis, por todo lo expuesto, que exige repensar por dónde pasan hoy por hoy las nuevas fronteras entre la izquierda y la derecha. Tanto desde la perspectiva de la lucha en el terreno político como en el ámbito del pensa- miento y la investigación social. ¿Lo acontecido supone condiciones necesa- rias y suficientes para realizar un nuevo esfuerzo por reformar la agenda de la izquierda? ¿Debe aggiornarse para comprender las nuevas formas adapta- tivas del capitalismo? ¿Existen nuevas formas de dominación invisibilizadas no solo desde el mundo de la «producción» sino desde aquel propio de la «protección social» y hasta desde el que se despliega en las más recientes ba- tallas por «el reconocimiento y la identidad»? ¿Qué de la agenda de aquella Nueva Izquierda sigue siendo potente con las debidas traducciones?¿Qué temas deben ser sostenidos, cuáles reajustados y cuáles incorporados de manera original? ¿Qué objetivos últimos asume el proyecto socialista y qué programas de acción y estrategias debe llevar adelante para alcanzar tales metas? ¿Qué debe hacer el Sur global para sumarse a dicha agenda en cali- dad de partícipe principal? ¿Qué temas y bajo qué enfoques analíticos per- mitirían a la intelligentsia actual aportar a estos procesos, qué debe ser estu- diado y cómo? En un contexto donde el lenguaje experto ha asumido un poder impensado, ¿cómo combinar hoy día el papel de los académicos e in- telectuales con el de agentes de cambio? Es justamente en este contexto y desde algunos de los interrogantes se- ñalados que adquieren profunda significación, a la manera de aportes con- cretos, los artículos que componen el presente libro.
  15. 15. ANALIA MINTEGUIAGA22 En este sentido, si bien los mismos trabajan —como podrá verse a con- tinuación— una multiplicidad de aristas ligadas a la crisis capitalista actual así como a sus implicancias para la izquierda y su proyecto político, es po- sible «organizarlos» en base a dos grandes ejes. Organización que, valga la pena aclarar, responde más a la necesidad, que tiene esta introducción, de proponer una orientación de lectura sobre los artículos que a una diferen- cia sustantiva entre los mismos, ya que en los cuatro textos podrán encon- trarse elementos de ambas coordenadas aunque con peso diferencial y es- te fue justamente el criterio. Habiendo realizado esta aclaración, es posible sostener que el primero alude a lo que podría llamarse «análisis críticos del capitalismo existente». Es decir, se trata de contribuciones que indagan y problematizan desde la coyuntura crítica ciertos aspectos del capitalismo. Por ejemplo, estudiando el papel desempeñado por las instituciones finan- cieras en esta nueva fase evolutiva de la economía, analizando las políticas de los Estados para darle una «salida» o problematizando el funcionamien- to de los sistemas de protección social aún vigentes en diversos países, liga- dos a la modalidad estatal capitalista conocida como Welfare State. El segun- do eje puede sintetizarse bajo la idea de «análisis de las estrategias hacia un proyecto socialista». En este segundo grupo se ubican aquellos trabajos que apuntan fundamentalmente a la reflexión sobre las estrategias, los medios, las iniciativas y hasta las transiciones que deben llevarse a cabo para alcan- zar el objetivo de construir un proyecto de sociedad alternativo. A continuación, y a modo de preámbulo, realizamos una breve síntesis de los contenidos de los cuatro artículos siguiendo este orden «orientador». El trabajo de Robin Blackburn, titulado «La persistente crisis financie- ra y las medidas necesarias para enfrentarla», plantea que la crisis actual es producto de una combinatoria de desregulación financiera, privatización y mercantilización omnipresente de las trayectorias vitales operada a tra- vés de una multiplicidad de mecanismos entre los que destacan las hipote- cas, deudas de tarjetas de crédito, gastos de estudiantes y jubilaciones priva- das. A su vez a esta situación se sumó la desigualdad y los bajos salarios en las economías emergentes, y el creciente endeudamiento en los países más ricos creando desbalances comerciales progresivos. Finalmente esto, junto con la desregulación financiera, generó una sucesión de burbujas de activos ligada fundamentalmente a la invención de complejos y opacos derivados de crédito que literalmente produjeron la mayor liquidación de valores en la historia mundial. Su tesis central, desplegada a través de un pormenorizado y riguroso es- tudio de las instituciones financieras y sus «productividades», plantea que a
  16. 16. Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo 23 pesar de la lectura que suele hacerse desde el sentido común y aun desde al- gunos sectores expertos, la crisis capitalista iniciada en el año 2008 (así co- mo su segunda ola de 2010-2011), que resultó la más clara manifestación de los efectos del modelo económico neoliberal, no devino en su cuestiona- miento y menos aún en su colapso. Más bien el modelo salió fortalecido, básicamente debido a un diagnóstico que privilegió la mirada de los bancos y los intereses financieros y un conjunto de soluciones preñadas de ese jui- cio que se alejaron de la economía «real» y de las condiciones de vida de la gente. Además, sostiene que tales medidas tuvieron consecuencias gravo- sas para la democracia, aún no dimensionadas en su totalidad. En nuestros términos, podríamos decir que la crisis y su resolución develaron el espacio cada vez más reducido de lo político y la política. El rescate estuvo dirigido a apuntalar el orden existente, donde los grandes ganadores fueron las corpo- raciones bancarias, a expensas de los jubilados, los estudiantes y profesores, los trabajadores y los desempleados, permitiendo uno de los procesos de ex- propiación y transferencia de riqueza más brutales de la historia. Los Estados, en particular aquellos que participaron de las medidas de rescate y los que se vieron sometidos a la lógica del capitalismo financiero, mostraron una vez más su papel de promotores de condiciones sociales pa- ra la acumulación capitalista. También aquellos otros que aprovecharon la coyuntura para aplicar una política de «austeridad sin propósitos» destruc- tora de conquistas y derechos sociales. Por ello, a través de un análisis his- tórico detallado de cada uno de los principales focos de la crisis, Blackburn esboza alternativas de políticas que pudieran no solo revertir los efectos eco- nómicos nocivos de esta coyuntura, sino también aquellos desintegradores del modelo. Soluciones que comprenden al conjunto del planeta —aunque especial atención dedica a China y Asia como escenarios claves— y hacen hincapié en la reducción de la pobreza, la desigualdad, la mejora de las con- diciones laborales y salariales, las políticas de regulación económica y finan- ciera, la creación de bancos y sistemas financieros públicos, la condonación y/o reajustes de deudas —especialmente en aquellos sectores incapaces de hacer frente a estos pasivos— y la extensión de los derechos y protecciones sociales —entre los que destacan aquellos ligados a la tercera edad— que de- berían aplicar los actores estatales. Agenda compenetrada con las ideas his- tóricamente defendidas por la izquierda. El artículo de Nancy Fraser, titulado «Un movimiento triple. Reflexio- nes pos-Polanyi sobre la crisis capitalista», se centra en la búsqueda de una teoría crítica para pensar la crisis actual. Esa teoría crítica debe operar en dos registros o, en otros términos, debe garantizar dos condiciones: ser mul- tidimensional (al igual que la crisis no es solo financiera ni económica, es
  17. 17. ANALIA MINTEGUIAGA24 también social, ecológica y política) y debe superar el funcionalismo (co- nectando estructura y agencia, colapso y resistencia, sistema y mundo de la vida). Para este objetivo toma como punto de partida la obra La Gran Transformación de Karl Polanyi. Luego de un análisis exhaustivo de las po- tencialidades de este aporte, realiza un cuestionamiento lúcido a sus vacíos y a sus efectos para el pensamiento contemporáneo de izquierda. En térmi- nos sintéticos, su principal problema es haberse centrado en el conflicto ge- nerado por la excesiva mercantilización sin vislumbrar daños causados por otras fuentes en la sociedad. Así, sin buscarlo oculta formas de injusticia no basadas en el mercado y encubre formas de protección que son vínculos de dominación como, por ejemplo, aquellas que involucran jerarquías socia- les o aquellas que se encuentran mal enmarcadas, misframed. Por esta razón, Fraser propone superar el doble movimiento planteado por Polanyi (mer- cantilización-protección social) y transformarlo en un triple movimiento que incluya a la emancipación. Lo interesante es que no se trata de incluir- la simplemente a la manera de superación, sino que los tres movimientos se necesitan y complementan mutuamente. De hecho, para Fraser ni la mer- cantilización ni la protección pueden ser comprendidas a cabalidad sin in- corporar las luchas por la emancipación. Cada término tiene un fin propio y una potencial ambivalencia que despliega en interacción con los otros tér- minos —la protección alivia la desintegración provocada por la desregula- ción pero afianza la dominación; la desregulación económica tiene efectos negativos porque los mercados pierden conexión con sus sociedades, pero positivos porque desintegra protecciones opresivas; finalmente, la emanci- pación puede generar liberación pero al mismo tiempo puede disolver las bases éticas y solidarias de la protección social, con lo cual fomenta la mer- cantilización—. Elementos fundamentales, dado que el perfil de la crisis ca- pitalista actual tiene las tres aristas. De esta forma, las ideas más provocati- vas de Fraser se refieren a ese llamado a no idealizar las protecciones sociales y mirarlas bajo otros prismas, así como estar atentos a que la ambivalencia de la emancipación se ha resuelto últimamente a favor de la mercantiliza- ción. Todo esto obliga, en sus términos, a agregar a la batalla por el espíritu del capitalismo aquella por el espíritu de la protección social y por el espíri- tu de la emancipación. El trabajo de Gøran Therborn, titulado «Las nuevas fronteras de la iz- quierda en el siglo XXI» plantea que efectivamente existen nuevos contornos y que estos pasan por un retorno global de la clase como fuerza social; una nueva dinámica ideológica surgida de un cambio en la relación entre pensa- miento político y práctica política y social; y una nueva geopolítica de la iz- quierda que propone desafíos a la tradición eurocéntrica. El artículo realiza
  18. 18. Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo 25 un interesante, y realmente adeudado, análisis de los legados de la izquierda del siglo XX. Especialmente aquellos que fueron defenestrados no solo por el pensamiento de derecha sino por la propia izquierda, escasamente atenta a discriminar entre su propia herencia. Interesante relectura que permite pen- sar razones más plausibles para explicar el éxito de la «revancha capitalista» más allá de los fracasos del socialismo real. Asimismo, en esa recuperación crítica del legado de la izquierda, Therborn plantea la tesis del retorno de las clases sociales como sujeto del cambio aunque bajo premisas y condiciones novedosas. Se trata de un retorno que incluye, además de la clase obrera, a los sectores medios y el despliegue de diferentes trayectorias sociológicas, las cuales dibujan diversos escenarios de conflicto y, por ende, orientaciones pa- ra la transformación. Asimismo, plantea la existencia de una nueva dinámica ideológica caracterizada por el rechazo y el pragmatismo. Sin embargo, la au- sencia de un programa o estrategia que la sostenga deviene en una debilidad estructural que deberá ser restaurada a fin de encontrar cauce. Finalmente, plantea un punto nodal, y que se perfila como uno de los issues claves de la iz- quierda del siglo XXI, que es la dimensión geopolítica. Desarrolla la provo- cativa tesis de que el socialismo pasó de Europa a América Latina, única re- gión donde gobiernos de izquierda triunfaron. Este proceso original recalca su autonomía respecto al izquierdismo euroasiático del siglo XX con moti- vaciones ideológicas heterodoxas y fuerzas sociales heterogéneas. Sin embar- go, Therborn destaca que la Gran Dialéctica marxista—es decir, la inexorable tensión entre las relaciones privadas de producción capitalista y el progre- sivo carácter social de las fuerzas de producción—se trasladó a China e In- dia; por ello el futuro mundial de la izquierda en el siglo XXI se resolverá en esos países. Finalmente, Therborn plantea que el núcleo definitorio de la iz- quierda pasa por el compromiso con la libertad, igualdad, diversidad cultu- ral, identidad étnica, traumas nacionales (colonialismo, racismo), etc., así co- mo por elaborar nuevas políticas económicas para salir de la camisa liberal. Los clásicos temas de la izquierda siguen estando vigentes; por lo tanto, en palabras del autor, la lucha continua. Finalmente, el escrito de René Ramírez G., titulado «Una gran transi- ción para una gran transformación. Reflexiones a partir de la iniciativa Ya- suní-ITT», se posiciona en el debate sobre la construcción de un proyecto de sociedad alternativo. Debate que a simple vista se tildaría de pragmático, pe- ro que encierra una concepción teórica profunda sobre el planteo socialista contemporáneo. De acuerdo a Ramírez G. existen hoy por hoy dos posicio- nes contrapuestas: la de aquellos que proponen administrar mejor al capi- talismo (viendo su lado «bueno») y la de quienes tienen posiciones teóricas anticapitalistas. Cualquiera de la dos resulta limitada. Una izquierda com-
  19. 19. ANALIA MINTEGUIAGA26 prometida con el cambio real y concreto debe hacerse cargo de gobernar y al mismo tiempo de buscar alternativas al capitalismo. Para ello desarrolla el concepto de «gran transición» sin perder de vista el horizonte de la «gran transformación». La izquierda no debe perder de vista la generación de uto- pías superadoras del capitalismo ni tampoco abandonar la estrategia de al- canzar el poder y mantenerse en él —lo que le obliga a desarrollar medidas innovadoras que le acerquen a sus objetivos más ambiciosos—. Un caso que evidencia esta posibilidad es el de Ecuador, que desde el año 2008 ha esta- blecido bases fundamentales para construir una sociedad que tenga como eje la garantía de las condiciones de vida de los seres humanos y de la natu- raleza. Para ello, Ramírez G. plantea como elemento clave la necesidad de transformar al Estado modificando aquella lógica que lo hizo herramienta de las clases dominantes y, a partir de esto, revisar la relación entre econo- mía de mercado y capitalismo. Asimismo, otra de las bisagras entre la gran transición y la gran transformación pasa por el manejo de la sostenibilidad ambiental. La disputa por salir del capitalismo y construir otro orden está asociada —entre otras razones— a los límites biofísicos (materiales, de espa- cio y tiempo) que las economías se impongan. En esta línea se plantean las potencialidades de la iniciativa Yasuní-ITT. Finalmente, Ramírez G. explica las fases de la «gran transición», que involucran contradicciones, avances y contramarchas, con convivencias de diferentes estadios en un mismo mo- mento, develando que se trata de un desarrollo con lógica de proceso más que lineal y progresivo. El artículo, en definitiva, logra combinar dos de los elementos inicialmente señalados: pensamiento y estrategia. La posibilidad de transformación desde la izquierda está en plantear una transición viable ética y políticamente, lo cual implica esgrimir una estrategia clara de acu- mulación y (re)distribución… ni idealización ni pragmatismo ciego. De esta manera, parecen quedar más claros algunos elementos que es- tarían formando parte de una nueva etapa de renovación por parte de la iz- quierda y que resultan, por ende, definitorios de sus fronteras. A las preocu- paciones históricas de la explotación capitalista, el imperialismo capitalista, la exclusión, la desigualdad, las jerarquías de raza y género, entre otras, pare- cen agregarse al menos las siguientes. Primero, el otorgarle mayor énfasis al papel de la teoría crítica y la teoría utópica en el marco de la viabilidad po- lítica, lo cual supone repensar la propia idea de estrategia, la relación con el Estado, y pragmáticamente el conjunto de medidas que deben ser diseña- das y aplicadas a fin de construir condiciones de posibilidad para cambios más ambiciosos. Segundo, la incorporación de la temática ambiental, histó- ricamente menospreciada por el pensamiento de izquierda. Se trata de em- pezar a visibilizar no solo sus efectos sobre el desarrollo capitalista sino su
  20. 20. Aportes desde la izquierda para pensar nuestro tiempo 27 carácter de asunto público y su conexión con la reproducción de la vida hu- mana en el sentido más integral y profundo. Tercero, la incorporación de- cidida de la agencia mediante una mirada revisada de los sujetos del cam- bio. Esto implica tanto incorporar a sujetos históricamente invisibilizados (mujeres, movimientos sociales, migrantes, etc.) como la visibilización, ba- jo nuevos lentes, de los tradicionales (clases sociales). Ningún análisis y pro- puesta de izquierda puede plantearse sin dar cuenta de esa dinámica com- pleja entre estructura y agencia. Tampoco puede suponer alguna forma de jerarquías entre excluidos (una actoría es más importante que otra). Cuarto, es indispensable una atención más decidida a la geopolítica y su papel en el cambio. El pensamiento y praxis de izquierda deben ampliar sus fronteras e incluir las relaciones existentes entre la diversidad de naciones que forman parte del globo y ver cómo esas interacciones pueden aportar a las trans- formaciones defendidas. Esto implica hacer que los esfuerzos intelectuales de la izquierda, fuertemente desarrollados en ciertos espacios delimitados del mundo occidental, abran sus escenarios, con tópicos y problemáticas de otras latitudes y con nuevos autores provenientes del Sur global. Finalmente, si bien la izquierda se ha caracterizado por hacer del análi- sis histórico uno de sus pilares fundamentales, parece necesario reforzar es- ta premisa dentro de su terruño, lo cual implica ser más justa con su propia herencia teórica marxista y del socialismo real y sus derivaciones. Esta pre- misa debería conducir a tener una mirada amplia y ecuánime sobre los ac- tuales procesos y acontecimientos. La hegemonía neoliberal alcanzada des- de 1990 hasta la fecha no es indicador de su dominancia perpetua. Desde una perspectiva histórica es exigible hacer una lectura más esperanzada de la época— lo que no supone conformismo alguno— y sus devenires futu- ros. Sobre todo, más iluminadora. Para ello es indispensable seguir analiza- do con la mayor rigurosidad posible la evolución del orden capitalista: so- lo en este se podrán hallar los gérmenes de otro. Por ello los trabajos que se presentan en este compendio resultan tanto intelectual como políticamen- te «poderosos». Sin duda, a los lectores atentos de esta publicación otros importantes elementos delimitadores se les sobrevendrán. Dejamos entonces abierta la lectura y la reflexión para continuar un debate caro y relevante para el futu- ro de nuestras sociedades.
  21. 21. ANALIA MINTEGUIAGA28 Bibliografía ANDERSON, Perry 2000 «Renovaciones». En New Left Review en español, No. 2: 5-20. HALL, Stuart 2010 «La primera Nueva Izquierda». En New Left Review en español, No. 61: 163-181. WATKINS, Susan 2010 «Arenas movedizas». En New Left Review en español, No. 61: 5-27.
  22. 22. Parte I ANÁLISIS CRÍTICOS DEL CAPITALISMO EXISTENTE
  23. 23. 31 CAPÍTULO PRIMERO La persistente crisis financiera y las medidas necesarias para enfrentarla ROBIN BLACKBURN [traducción de Maricruz González C.] La edición de Perspectivas de la economía mundial del Fondo Monetario In- ternacional de septiembre de 2011 se tituló Desaceleración del crecimiento, agudización de los riesgos. Durante la fuerte recesión de 2008-2009 en Japón, EE.UU. y Europa, el PIB bajó entre el 2 y el 5%. En 2009, el comercio mun- dial disminuyó el 10,7%. Hubo una modesta recuperación en 2010, que se desvaneció y se estancó en 2011. Los países en desarrollo, por su parte, aún lograron crecer, pero a un ritmo menos acelerado. (Hasta la fecha, solo Gre- cia y unos pocos países no miembros de la OCDE enfrentan una baja de producción del 10% o más.) A finales de 2011, el crecimiento previsto del PIB en la zona euro para 2012 había caído al 0,5%. Consideradas en forma aislada, las modestas tasas de crecimiento podrían parecer decepcionantes más que alarmantes. Consideradas en conjunto con la pesada carga del en- deudamiento, resultaron señal de insolvencia. Un claro marcador del peli- gro habría sido el momento en que la deuda general sobrepasara el 300% del PIB y el endeudamiento de cualquier sector superara el 120% del PIB, como en el caso del endeudamiento familiar estadounidense (2007), británico, is- landés, y el apalancamiento 1 financiero irlandés (en el mismo año) o la deu- da pública en Portugal, Grecia e Italia (2010). En estos días se puede evitar el colapso total, pero al costo de un estancamiento al estilo japonés. El FMI no quiere perturbar a sus miembros ni incitar el alarmismo. Sin embargo, su informe de septiembre de 2011 fue muy preocupante. El mo- tivo de preocupación eran todos los factores —especialmente el endeuda- miento y «recortes precipitados»— que debilitan la demanda y amenazan 1 El concepto de «apalancamiento» se refiere a la relación entre el capital propio y el crédito que se invierte en una operación financiera: si se reduce el aporte de capital, hay un aumen- to de rentabilidad. Mientras mayor sea el apalancamiento, mayor es el riesgo de la opera- ción, porque se reduce la flexibilidad y aumenta la probabilidad de insolvencia. [N. del e.]
  24. 24. ROBIN BLACKBURN32 con paralizar la producción y destruir los activos financieros. Si bien al ini- cio de la crisis, en 2007, las familias de EE.UU. y Europa se encontraban al- tamente endeudadas, al igual que muchos negocios financieros, se creía que la deuda pública era manejable. Más de tres años después, las familias y los bancos aún luchan con sus deudas, pero también lo hacen los gobiernos — de hecho, muchos han sucumbido—. La transferencia de la deuda de ma- nos privadas a públicas se realizó para evitar el fracaso del sistema; pero, en cierto modo, agrava el problema de la deuda ya que el fracaso bancario, por más disruptivo que fuera, en realidad es menos devastador que el fracaso del Estado. El informe del FMI declara que la economía mundial está en una «nueva fase peligrosa» (FMI, 2011a: xv, 30) —y eso fue antes de que los co- merciantes de bonos comenzaran a examinar en detalle el rescate financiero de Grecia y la capacidad de Italia de refinanciar su deuda—. La gran restricción crediticia de 2007 y los años siguientes fue resulta- do de las tendencias fuertemente promovidas por el neoliberalismo y la glo- balización —la creciente inequidad, pobreza, desregulación financiera, pri- vatización y una mercantilización omnipresente de las trayectorias vitales (a través de hipotecas, deuda de tarjetas de crédito, gastos de estudiantes y jubilaciones privadas)—. La desigualdad y los bajos salarios en las econo- mías emergentes, y el creciente endeudamiento en los países más ricos, se tradujeron en desbalances comerciales progresivos. Esto, junto con la des- regulación de los mercados financieros, generó una sucesión de burbujas de activos. Los principales bancos de inversión y fondos de cobertura crea- ron nuevos tipos de derivados de crédito que expandieron las burbujas aún más. Las ansias irreflexivas de los bancos por ventajas a corto plazo conduje- ron a la mayor destrucción de valores en la historia mundial. Los gobiernos actuaron para evitar el colapso pero, al hacerlo, se convirtieron en el objeti- vo —eventualmente, incluso los títulos de deuda emitidos por el Tesoro de EE.UU. fueron dados de baja—. Estas asombrosas alteraciones fueron agra- vadas por el desajuste de los procesos políticos y la escala de la crisis en don- de los partidos y los gobiernos fueron inmolados entre el mercado de bonos y la aniquilación política (Streeck, 2011: 3-30). 1. Una crisis que se autoperpetúa En 2007-2008 la tormenta comenzó con el incumplimiento de pagos hi- potecarios; mientras que en 2010-2011 provino de la deuda pública de los gobiernos europeos —y de las consecuencias de las anteriores medidas de rescate—. En el período 1997-2007 las instituciones financieras habían cru-
  25. 25. La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 33 zado el Atlántico para invertir enormes cantidades de deuda de supuesto al- to rendimiento. Cuando estas deudas dejaron de rendir, los bancos y fondos que mantenían la deuda solo pudieron ser salvados por acciones guberna- mentales a costos enormes. Primero vino Wall Street, con la crisis de las hi- potecas sub-prime, en 2007, que condujo al descalabro de Lehman en 2008 y a la amenaza de un inminente colapso general. Los drásticos pasos toma- dos por el Tesoro de EE.UU. no solo salvaron a Wall Street, sino que evita- ron el desastre para un gran número de bancos europeos que mantenían va- lores derivados de créditos de EE.UU. Para sobrellevar la primera fase de la crisis (2007-2009), EE.UU., el Reino Unido y las autoridades de la zona eu- ro debieron incrementar el endeudamiento público en 20-40% del PIB, con grandes déficits en cuenta corriente. Casi de inmediato, los mercados de bo- nos exigieron planes para recortar estos déficits rebajando drásticamente el gasto público y reduciendo la protección social. Hacía tiempo que la centro- izquierda y la centro-derecha habían pedido reducir el Estado de bienestar por ser demasiado «costoso». Determinados a no «desperdiciar» una buena crisis, los comentaristas neoliberales se valieron del desorden para adelan- tar tales planes. Desmantelar la protección en tiempos de altas tasas de des- empleo y de población en edad avanzada es una receta certera para los des- pidos y la miseria. Pero también conlleva riesgos electorales, de manera que los políticos ahora son algo más cautos. Tanto en EE.UU. como en Europa existe el criterio generalizado, y no del todo equivocado, de que las tribula- ciones actuales provienen del consumismo delirante y del «keynesianismo privatizado» de las últimas dos décadas, y que ha llegado la hora de hacer sacrificios. Si los ricos estuvieran asumiendo la principal carga de responsa- bilidad, si los excesos de los banqueros se hubiesen suprimido y si se estu- vieran canalizando recursos hacia medidas de regeneración social, entonces la austeridad podría tener un fin. Pero los recortes promovidos por casi to- dos los gobiernos a mediano plazo perjudican la recuperación, y a menudo contienen nuevos estímulos para la privatización y mercantilización de las pensiones, la salud y la educación. A medida que los países se comprome- ten con una austeridad sin propósitos, ayudan a agravar la Gran Recesión. Durante las últimas dos décadas, los neoliberales han insistido en que el desastre llegaría si no se inmolaban los derechos sociales en la hoguera. En el proceso, las pensiones públicas fueron declaradas un mal mayor. Y el desastre ocurrió; pero debido a la fe en los mercados de capital autorregula- dos y la agresiva financiarización, y no por la carga de la asistencia social. La enfermedad tuvo orígenes y causas bastante diferentes de aquellas que pre- dijeron los agoreros neoliberales; pero la medicina que se requiere para ta- les achaques inhabilitantes es, según ellos, exactamente igual a la de antes.
  26. 26. ROBIN BLACKBURN34 Aunque aplicar más dosis de la misma medicina que debilitó al paciente no hará más que perpetuar su enfermedad. En forma grotesca, una crisis causada por los bancos debe ser resuelta a expensas de los jubilados, los estudiantes y profesores, los trabajadores de la salud y los desempleados. Aunque es generalizada la opinión de que los ban- cos son los responsables, los gobiernos no se atreven a desafiar a los merca- dos de dinero y agencias calificadoras. Si bien el temor de los comerciantes de bonos es excesivo, no es irracional. Para los países que pierden la confian- za de los mercados, los préstamos inmediatamente se tornan más costosos o imposibles; pero el factor decisivo es que si la confianza sigue en picada, la quiebra está a la vuelta de la esquina. Vale la pena hacer una breve pausa pa- ra reflexionar acerca de lo que implica la quiebra. La moratoria general en Argentina en 2001 paralizó las actividades eco- nómicas, convirtió a la vida cotidiana en una carrera de obstáculos y exter- minó los ahorros. Los intentos de usar el trueque para resucitar la economía resultaron complicados e infructuosos. El movimiento de los piqueteros y una ola de ocupaciones de fábricas permitieron que algunas empresas so- brevivieran hasta que un nuevo gobierno las salvó en 2003. Pero los costos a corto plazo aún siendo nefastos: se perdieron muchos empleos, muchos negocios fueron aniquilados, y vecindarios que hasta entonces habían si- do seguros fueron asolados por la delincuencia. Conscientes de tales pro- blemas, los gobiernos no escogieron la moratoria, sino que suspendieron «temporalmente» el pago de la deuda, prometiendo retomarla lo antes po- sible. Cuando los acreedores se ven engañados por años —con repetidas re- financiaciones, ventas de activos públicos y devaluaciones— llega un mo- mento en que se impone un punto soberano de moratoria. Argentina debía probar que la vida continúa después de la moratoria —y las negociaciones también—. Este país rechazó deudas por un total de USD 81 mil millones. Luego de un intervalo, y ansioso por retomar las relaciones comerciales nor- males, el gobierno argentino ofreció a sus acreedores USD 0,35 por dólar de deuda. Conscientes de la situación ruinosa de la economía argentina, la mayoría de acreedores del país aceptó, a pesar de que, en comparación con otras situaciones de moratoria, la devaluación fue severa. El valor del peso argentino se estabilizó a una tasa competitiva. Las exportaciones agrícolas se recuperaron y, bajo los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández, el ingreso y el empleo revivieron. Sin embargo, dos fondos de cobertura ad- quirieron deuda argentina con un valor nominal de USD 3 mil millones y rechazaron la devaluación. Ahora estos fondos acosan al gobierno de Bue- nos Aires, y amenazan al comercio argentino exigiendo desde EE.UU. y Eu-
  27. 27. La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 35 ropa todo el pago de la deuda, y ya han presentado demandas en las cortes de Nueva York y Ginebra.2 Se necesita una alternativa para la sombría elección entre la moratoria o la capitulación ante los comerciantes de bonos y agencias de calificación. El asunto es suficientemente complicado cuando se trata de un país, pero la crisis de la zona euro en 2010-2011, que involucra entre una y dos docenas de países, es mucho más espinoso. Argentina se salvó con la devaluación, el boyante mercado de la soya y otros productos agrícolas. Sin embargo, la op- ción de la devaluación, por definición, no está abierta para los Estados que desean permanecer en la zona euro. Gracias a la fortaleza de la economía alemana, el euro no es una moneda débil y el comercio en esta zona, como un todo, está estable; aunque los activos financieros en los países débiles de la zona euro aún son altamente vulnerables. Una moneda viable necesita un banco central fuerte y una base tributaria adecuada; pero la zona euro no tiene ni uno ni otra. De hecho, aún cuando la misma Unión Europea tiene una base tributaria mínima, sus ingresos anuales totales suman alrededor del 1% del PIB. Ni el Banco Central Europeo ni la Unión Europea tienen mu- cho para contribuir a rescates financieros bancarios ni pueden emitir euro- bonos porque no tienen la autoridad ni los ingresos necesarios. El poder fis- cal requerido permanece en los Estados miembros. El crédito es algo maravilloso si se lo usa para nutrir la economía real, producir «bienes» y evitar «males». Las continuas burbujas especulativas en la deuda del Tercer Mundo (década de 1980), las acciones de la burbuja pun- to.com (1999-2001) y la burbuja de los bienes raíces e hipotecas (2004-2007) no ayudaron a levantar la economía real. Reconocer y devaluar las pérdidas es parte esencial del proceso de recuperación —es preferible un proceso in- tencionado y selectivo, como la auditoría de la deuda pendiente del Ecua- dor en 2007, un ejemplo útil—. Por último, los costos reales del crecimiento del PIB —como el precio pagado por deforestación o contaminación flu- vial— también se deben usar para desinflar el incremento de la producción mercantilizada. 2 Ver el artículo «Gauchos and Gadflies» (The Economist, 22.10.2011). Las drásticas y extremas medidas impuestas sobre Grecia, un Estado pequeño y comparativamente pobre, hicieron de la moratoria una opción válida, que impondría pérdidas a los financistas de gran escala pero no a los ahorristas pobres. El mismo acuerdo de la zona euro de octubre de 2011 im- puso un recorte del 50% a los bancos que habían invertido en bonos griegos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, es mejor un enfoque selectivo basado en una cuidadosa audito- ría. Ver Chesnais (2011).
  28. 28. ROBIN BLACKBURN36 2. Sobreproducción, demanda deficiente y boom crediticio En 1998, la New Left Review dedicó todo un ejemplar a un extraordinario es- tudio de Robert Brenner, The Economics of Global Turbulence. El principal ar- gumento de Brenner consistía en mostrar que había una creciente sobre- producción global y, por consiguiente, las economías globales enfrentaban mayor contracción. Presentaba muchos argumentos sobre las causas exac- tas y el alcance de esta crisis subyacente, y no dejaba lugar a dudas sobre el surgimiento de enormes desbalances comerciales y una importante pérdi- da de la competitividad de EE.UU. Los gobiernos de EE.UU. y de otros paí- ses hicieron todo lo posible por mantener una ilusión de crecimiento infi- nito. Las relajadas condiciones crediticias alentaron a las familias, empresas e instituciones gubernamentales locales a endeudarse en grandes sumas de dinero. Las familias en EE.UU. recurrieron al crédito —incluyendo casi USD 1 billón de préstamos sobre el patrimonio de las viviendas (segundas hipo- tecas)—. A los grupos con sueldos más altos esto les permitió mantener un estándar de vida siempre creciente, al cual se fueron acostumbrando. Otros necesitaban el segundo préstamo para pagar su automóvil o algún otro propósito urgente. Los mercados de consumo se distorsionaron por la des- igualdad de ingresos. La enorme demanda de artículos de lujo en EE.UU., Europa, China y el Medio Oriente, no significó un avance sólido. El boom de las empresas punto.com ascendía y descendía, y las autoridades de EE.UU. respondieron a los ataques del 11 de septiembre de 2001 instando a con- vertir el consumo alimentado por las deudas en una obligación patriótica. Ganó terreno la idea improbable de que las familias estadounidenses de bajos ingresos (sub-prime) podían convertirse en la base de una nueva mon- taña lucrativa de deuda hipotecaria que vendría en un empaque especial. El mundo político consideró esto una oportunidad enviada del cielo, con la que todos ganarían ya que, a la vez que protegería a la industria de servi- cios financieros, se consideraría una ayuda para aquellos que luchaban con términos de crédito estrictos, ya que ampliaba el acceso a las hipotecas pa- ra la compra de casas. El no pago de estas hipotecas sub-prime no solo con- dujo a la crisis en 2007, sino que sigue siendo desde entonces la médula de la crisis.3 3 Comprar una casa es una de las transacciones financieras más grandes que un ciudadano de un país desarrollado realiza en su vida (la única inversión comparable es adquirir una pen- sión); no resulta difícil entender por qué las hipotecas son un gran negocio. En 2007, la deu- da familiar de EE.UU. era de alrededor de 120% del PIB, con hipotecas y segundas hipote- cas, e incluía a más de cuatro quintos de la población total. Mientras las familias de EE.UU. se deshicieron de algunas deudas entre 2007 y 2011, una caída del 15% en los precios de las casas —y un alza del desempleo al 9%— condujo a pérdidas para los inversionistas y a la eje-
  29. 29. La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 37 Otra propuesta de inversión que ganó terreno en la década del 2000 fue la promesa de buenos retornos sobre la deuda pública de los países más dé- biles de la zona euro. El alto nivel de retorno pudo haber sugerido la existen- cia de riesgo, pero ya que los bonos estaban avaluados en euros, parecía que conllevaban una garantía implícita de la zona euro. Los inversionistas, en- tonces, podrían obtener el premio de arriesgarse… pero sin riesgo. No obs- tante, la falla de este razonamiento tomó más tiempo en evidenciarse; los delincuentes poseedores de hipotecas fueron más fáciles de detectar que los débiles gobiernos y los bancos que se escondían detrás del símbolo del euro. 3. Desbalances globales La fácil avalancha de créditos que inundó EE.UU. y Europa se había des- prendido de los fundamentos de la economía. El ascenso de China y algu- nos otros productores asiáticos estaba agregando mucho a la capacidad productiva pero mucho menos a la demanda agregada global. El ascenso de los productores asiáticos pudo ser una buena noticia para todos si aque- llos productores hubiesen sido solo un poco mejor pagados y si la inver- sión se hubiese canalizado a través de nuevas divisiones del trabajo y redes de productores de acuerdo con las reglas de comercio justo que penalizaran la competencia con salarios bajos, las bajas normas laborales o los procesos de producción peligrosos o derrochadores. Pero en lugar de ello, los salarios asiáticos siguieron bajos y dejaron un déficit en la demanda global, lo que produjo enormes desbalances comerciales. En The Dollar Crisis. Causes, Consequences, Cures (2003), Richard Duncan afirma que el uso del dólar como moneda mundial y los bajos salarios de los productores asiáticos habían permitido la construcción de una pirámide invertida de deuda global que, dentro de poco, perdería el equilibrio. Igual- mente, Prabhat Patnaik argumenta que esta ha sido una clásica «crisis de realización» a escala global, causada por salarios establecidos por debajo de su valor en los Estados emergentes y en desarrollo, y el consiguiente dé- ficit en la demanda (Patnaik, 2011: 148-64, 259-71). Patnaik acusa al nexo institucional de Wall Street y Washington, mientras que Duncan también explica cómo el régimen del dólar confiere una insostenible doble dosis de creación de créditos. Como advirtió el economista francés Jacques Rueff, el régimen del dólar no solo confiere a EE.UU. los frutos del «vasallaje», sino que crea un sistema internacional de balanza de pagos que funciona como cución de hipotecas (profundizo en este tema más adelante). Sobre el rol de la pobreza en la generación de la crisis, ver Rajan (2010).
  30. 30. ROBIN BLACKBURN38 un juego de canicas en el que «después de cada ronda, los ganadores devuel- ven sus canicas a los perdedores» (cit. por Duncan, 2011: 43). Los alemanes, japoneses y chinos aprendieron esta lección luego de varias décadas conse- cutivas. Al margen de lo ventajoso que esto les haya parecido a las adminis- traciones de EE.UU., su efecto fue impulsar la creación de créditos y enmas- carar el debilitamiento de la economía estadounidense. Durante los años del boom después de 1992, la economía global estuvo marcada por un gradual déficit de la economía de EE.UU. y un progresivo excedente chino (Glyn, 2005: 5-37; Obstfeld y Rogoff, 2009); este excedente ayudó a mantener la gigante expansión crediticia ya que China lo invirtió en bonos del Tesoro de EE.UU. Sin embargo, la extraordinaria generalización de la inequidad, pobreza y bajos salarios en las economías asiáticas restrin- gieron los mercados. El déficit resultante en la demanda pudo ser poster- gado por un tiempo por medio de nuevas formas de incrementar la deuda familiar de EE.UU. a través de hipotecas más asequibles, facilidades de las tarjetas de crédito y préstamos para automóviles. Los consumidores euro- peos no se quedaron atrás en el nuevo siglo y sus gobiernos agradecieron los convenientes préstamos. No obstante, la creciente inequidad bloqueó el relativamente equilibra- do crecimiento que se vio en la Europa de la posguerra. Los trabajadores o agricultores chinos no recibían salarios suficientes como para convertirse en buenos clientes de los productos importados, mientras que en EE.UU. los prestamistas mal pagados o pobres estaban endeudándose demasiado —especialmente deudas en vivienda que pronto tuvieron que dejar de pagar (Turner, 2007)—. 4. Financiarización peligrosa En 1945 las ganancias de los intereses financieros estadounidenses apenas daban cuenta del 4% del total ganancias empresariales; para 2006, la cifra de tales ganancias había subido al 40%. Mucho antes de este año, el funciona- miento de la economía real había sido eclipsado por el comercio de deriva- dos en los mercados secundarios. Mientras que un fondo tradicional se ha- bría contentado con ser el «único» —el que compre, venda, tenga acciones y bonos—, la nueva especie de «fondo de cobertura» usaba una porción de sus activos para movimientos cortos; esto es, apostar a que el precio de un activo bajaría, pedir prestada esa acción y luego venderla con la expectativa de com- prarla de nuevo a un precio menor. Tradicionalmente, los fondos de pensión estaban regidos por normas que les impedían especular en movimientos cor-
  31. 31. La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 39 tos; en las últimas décadas, sin embargo, con frecuencia se está abandonan- do esta restricción. Cuando los mercados son muy inestables y los riesgos ne- gativos evidentes, pareciera prudente compensar los movimientos «largos» con algunos «cortos», a modo de seguro; digamos, entre 70 y 80% de activos «largos» y los restantes activos «cortos». Tanto los bancos como los fondos de cobertura explotaron las nuevas técnicas de financiamiento para confec- cionar y comercializar complejos productos derivados. Pronto, los fondos de pensión añadieron leña al horno de la financia- rización. La inclinación a favor de las cuentas individuales de pensión, con subsidios tributarios y comercialmente provistas, de por sí fomentaba las burbujas especulativas ya que los administradores de estas cuentas tenían incentivos perversos: recibían fuertes sumas como honorarios a medida que los precios de las acciones se disparaban, pero no recibían la correspondien- te sanción cuando las acciones se venían para abajo. Con la excepción de al- gunos fondos de pensión del sector público, la mayoría de inversionistas institucionales consideraron que su rol era enfocarse en el valor de accio- nistas a corto plazo. A muchos se les obligó a tener una porción de sus acti- vos en bonos gubernamentales supuestamente libres de riesgo; así que, para compensar, usaron sus fondos restantes en formas más especulativas. De- jando de lado el rol de accionistas responsables, rotaron en exceso sus car- teras y cobraron comisiones con cada transacción. El régimen de fondo de pensiones incluyó «déficits en rendición de cuentas» que impidieron a los ahorristas tener el real control de sus inversiones y redujeron la influencia de los accionistas sobre los gerentes generales y los directorios.4 Entre 2000 y 2008, el porcentaje de fondos de pensión que usaban fon- dos de cobertura se elevó del 2,4% al 26,7%. En ese tiempo, los fondos de co- bertura contratados por los fondos de pensión en EE.UU. recibieron un ren- dimiento anual del 1,9%, por delante de los fondos de pensión canadienses, cuyo rendimiento promedio anual en fondos de cobertura era de solo del 0,9% (McCrum, 2011). Al margen de las supuestas ventajas del estilo de co- bertura largo/corto, este debe asumir los costos de comisiones más altas y del comercio frecuente. Las comisiones se cobran en la fórmula 2 y 20 —2% del capital y 20% de la ganancia—; y, algo que resulta innecesario agregar, sin ninguna participación en las pérdidas. Un estudio de 11.000 fondos de cobertura muestra un rendimiento del 5,6% en los años 1980-2008, compa- rado con el 6,6 % de los títulos de deuda en EE.UU. (McCrum, 2011). El no haber superado a los bonos gubernamentales no impidió que los gerentes generales de los fondos de cobertura demandaran enormes bonificaciones 4 Un tema que desarrollé en Blackburn (2006).
  32. 32. ROBIN BLACKBURN40 (tres reclamaron más de USD 1.000 millones en 2010). A fin de estirar tan modestos rendimientos, la mayoría de gerentes generales de los fondos de pensión también aceptaron con agrado prestar sus acciones a los fondos de cobertura para permitir que se vendieran al descubierto. En tiempos norma- les, los riesgos eran mínimos, pero tales operaciones podían convertirse en olas de especulación descomunales. En el Reino Unido y en EE.UU. el valor total de los fondos de pensión oscila alrededor del 100% del PIB, de manera que sus altos y bajos son de suma importancia macroeconómica. De datos del FMI, en 2010 los fondos de pensión comprendían el 25,8% del valor de todos los activos administrados (FMI, 2011b: 10). Los inversionistas institucionales ayudaron a crear un sistema financie- ro para nada transparente; un sistema que fue presa de burbujas de activos, zonas grises no reguladas de la banca y una financiarización proliferante. Estas tendencias exacerbaron el impacto de los desequilibrios comerciales, bajas tasas de interés y, con frecuencia, alimentaron la expansión del crédito y la sobreinversión. En otro lugar sostuve que el poderoso empuje hacia la mercantilización, privatización, financiarización y el «capitalismo gris» pu- sieron en riesgo la provisión de las pensiones (Blackburn, 2006a). El curso de la crisis ha provocado la ira pública generalizada ante el incumplimiento de las instituciones y las nefastas prácticas financieras dominantes. Es muy probable, no obstante, que las tendencias que generaron la crisis adquieran mayor impulso. En adelante, voy a hacer un recuento de las múltiples tribu- laciones del mundo después de la crisis, en donde los gobiernos, las fami- lias y los intereses financieros buscan revertir sus deudas. El resultado ha si- do el estancamiento, el desempleo, la destrucción de la asistencia social y la instalación de coaliciones tecnocráticas ajenas a un mandato electoral. Por mi parte, sostengo que el crecimiento y la inversión requerirán de una ma- yor expansión de la demanda agregada global basada en salarios más altos en los países en donde se paga menos, la condonación de la deuda de los paí- ses pobres, nuevos esquemas de protección social y una arquitectura finan- ciera dirigida hacia el servicio público. De prosperar, tal recuperación eco- nómica permitiría y requeriría a la vez una recuperación de la democracia. 5. El gran colapso de 2008 Durante el gran boom de la vivienda en EE.UU. entre 1993 y 2006, la ola es- peculativa se centró en las hipotecas como activos maduros para la «titula- rización». De esta manera, las hipotecas —antes un instrumento financiero monótono y en cierta medida inflexible—, una vez rebanadas y empacadas,
  33. 33. La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 41 se convirtieron en atractivas inversiones. En las épocas de Clinton y Bush, como se anotó en la sección anterior, se instaba a los corredores de bolsa a idear hipotecas adecuadas para clientes sub-prime. Las famosas Obligaciones Colaterales de Deuda (OCD) supuestamente convirtieron la escoria de la deuda de los pobres en un instrumento de inversión de primer orden, mate- máticamente garantizado. Y a pesar de que los riesgos de estos fondos extre- madamente «apalancados» y «estructurados» se volvieron obvios en 2007, aún proyectarán su sombra muchos años después. El mercado de OCD dio a los bancos una estimulante bienvenida al «originar» —esto es, construir— derivados crediticios y luego «distribuir- los» —o venderlos— a inversionistas institucionales, especialmente fondos de pensión. Cualquier idea de que se ayudaría a los prestatarios sub-prime se desbarató a medida que sobrevenían las moratorias en cifras mucho más grandes que las previstas. Las estadísticas usadas para calcular la probabili- dad de moratoria se habían basado en un crecimiento de dos décadas. Los ingenieros financieros también fracasaron al no reconocer el efecto domi- nó del colapso interrelacionado y serial. Los mecanismos permitieron el encubrimiento y el engaño. Por ejemplo, se podían asegurar las OCD aún cuando no se poseyera el activo que se estaba asegurando, y luego acortar ese activo —una nueva versión de la conocida estafa de asegurar un edificio abandonado y luego prenderle fuego; aunque, en este caso, ni siquiera se ne- cesitaba ser el propietario del edificio desde el inicio—. Estos instrumentos financieros, altamente complejos, eran oscuros tan- to para las autoridades tributarias como para los accionistas. Se prestaban a una variedad de dobles tratamientos contables en múltiples jurisdiccio- nes en todo el mundo, incluyendo sesenta paraísos fiscales. Las empresas, al igual que las instituciones financieras, usan estos paraísos para evitar pa- gar impuestos corporativos o para pagarlos a tasas mucho más bajas. De hecho, solo alrededor de una quinta parte de las empresas paga impuestos.5 Pero aun así, las autoridades europeas y estadounidenses son cómplices en la operación de esos paraísos ya que, si realmente quisieran, podrían cerrar- los en unas pocas horas. En lugar de eso, prefieren competir entre sí crean- do fisuras legales y nuevos paraísos. Durante los años del boom, comerciar con las OCD se volvió una acti- vidad frenética en la que las instituciones financieras trataron estos títulos como si fuesen una licencia para imprimir dinero. No obstante, ciertos fon- dos de cobertura comenzaron a oler mal. Algunos fondos públicos de pen- sión sospecharon que estaban siendo engañados por el modelo «origina y 5 Para el descomunal alcance de las operaciones financieras en los paraísos fiscales, ver el muy instructivo estudio realizado por Shaxon (2011).
  34. 34. ROBIN BLACKBURN42 distribuye» y comenzaron a rechazar varias OCD y otros derivados crediti- cios. Las agencias de calificación, sin embargo, no vieron problema en se- guir calificando a las OCD como triple A —lo cual de ninguna manera es una sorpresa dado que las comisiones de esta evaluación constituían la mi- tad de sus ingresos totales6 —. Los activos «tóxicos» creados por la burbuja crediticia con frecuencia eran registrados al margen de los balances genera- les, en instrumentos especiales de inversión o salvoconductos de las zonas grises del sistema bancario. El capital especulativo y la ingeniería financiera también persiguieron rendimientos más altos, invirtiendo en bonos de las agobiadas autoridades públicas de EE.UU. y de la periferia de la zona euro. Los bancos de inversión amablemente explicaron al gobierno griego cómo podía disfrazar el grado de su endeudamiento usando derivados, ya que las normativas de la Eurostat pa- ra reportes no los cubrían. En 2001 Goldman Sachs ganó USD 200 millones en la provisión de productos que ayudaron al gobierno griego a subestimar su deuda. Los bonos griegos lucían muy atractivos, por lo que otros bancos —y fondos de pensión también— no resistieron la tentación (Spiegel On Line, 02.08.2010). El 1 de junio de 2007 el Financial Times publicó un artículo titu- lado: «Resistiendo obsequios: los bancos de inversión arriesgan su reputación en los mercados europeos más oscuros» (Tett y Hope, 2007). Ahí se advertía que los bonos griegos, al igual que sus productos derivados, no eran lo que pa- recían y que debían alejarse de los fondos de pensión. 6. Las pérdidas desencadenan la intervención masiva Ya no se podía evadir la realidad. La mora de las hipotecas aumentó en for- ma alarmante en 2007, aunque no fue sino hasta el colapso de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, que la escala del desastre se volvió del to- do evidente. En una semana, los fondos globales de jubilación se deprecia- ron en un 20%. De repente, se requería de medidas radicales para evitar el derrumbe de Wall Street y de la economía mundial. El Tesoro de EE.UU. ab- sorbió algunos de los bancos y sociedades más grandes del mundo, y a to- dos les impuso una camisa de fuerza (Authers, 2011a). A la luz de la acciones tomadas en septiembre de 2008, el impulso co- lectivista que propuse en mi libro sobre las jubilaciones, de repente, pareció 6 Ver Duménil y Lévy (2011); también escribí sobre los orígenes de la crisis en Blackburn (2008). Ver además Gowan (2009). Lo que denomino financiarización se acerca a la descrip- ción de Gowan (2009) del «nuevo sistema de Wall Street». Escribí más acerca de la financia- rización en Blackburn (2006c).
  35. 35. La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 43 modesto. Ese mes, el Secretario del Tesoro, Hank Paulson, convocó a Wash- ington a los gerentes generales de los trece principales bancos de EE.UU. Los reunió en la Cash Room del Tesoro, en donde les informó que todos es- taban en bancarrota y les dio una hora para decidir si firmaban o no la carta que tenía preparada. Se trataba de una invitación de las autoridades federa- les a los bancos para que apuntalaran sus desmoronados balances genera- les inyectando capital fresco del recientemente establecido Programa de Ali- vio para Activos con Problemas (Troubled Asset Relief Program, TARP) con USD 700 mil millones —a cambio de lo cual las autoridades federales ad- quirían derechos en sus negocios—. Una hora después, luego de haber con- sultado con sus directorios, los trece gerentes generales firmaron la carta de Paulson. Los todopoderosos de Wall Street no solo estaban pidiendo ayuda a gritos, sino que Paulson también estaba respondiendo —o aparentaba res- ponder— a la pregunta que se habría planteado en cualquier crisis en la épo- ca de la financiarización: ¿quién está al mando? La escena de los bancos reu- nidos en la Cash Room sugería que, después de todo, era el gobierno el que estaba al mando y que los bancos eran meros infractores reincidentes que habían jurado portarse bien en el futuro. Las autoridades federales adquirieron la participación mayoritaria en Citibank, el banco más grande del mundo, y todos los bancos se compro- metieron a cumplir con ciertas reglas. A fin de calificar para los fondos del TARP, Goldman Sachs cambió su estatuto legal al de holding bancario, lo que le dio acceso a la «ventanilla de descuentos». A estas medidas siguió la toma estatal de AIG, la mayor compañía de seguros del mundo, y de Fan- nie Mae y Freddie Mac, los dos principales corredores de hipotecas. (No hay duda del hecho que Hank Paulson fue copresidente de Goldman Sachs per- suadió a los bancos de que estas drásticas medidas defendían sus mejores intereses.) Las finanzas británicas estaban tan endeudadas como Wall Street —de hecho, la City y su red global de centros financieros offshore eran esen- ciales para los acuerdos bancarios paralelos—. El gobierno británico había sido obligado a rescatar, primero, a Northern Rock y, luego, al grupo Lloyds TSB y al Royal Bank of Scotland. Aunque Barclays y HSBC hicieron todo lo posible por evitar que se les involucrara en las operaciones de rescate, se vie- ron obligados a aceptar la ayuda del TARP de EE.UU. Solo la inminente posibilidad del colapso del sistema financiero esta- dounidense —una «experiencia cercana a la muerte»— permitió este extraor- dinario uso de la cartera pública. A pesar de que tres de los grandes ban- cos de inversiones de EE.UU. ya no estaban —Bear Stearns y Merrill Lynch habían sido absorbidos, Lehman Brothers obligado a liquidar—, en los si- guientes meses y años fue sorprendente ver cómo los sobrevivientes y ven-
  36. 36. ROBIN BLACKBURN44 cedores de Wall Street reafirmaron su poder. El Tesoro en ningún momento aprovechó su posición de propietario y acreedor para imponer políticas de préstamos a las compañías financieras que había salvado. En primer lugar, los bancos buscaban el desapalancamiento —para contratar sus balances ge- nerales exigiendo el reembolso de sus préstamos y siendo muy cautelosos respecto a otros préstamos nuevos—. Aun cuando los bancos siguieron re- husándose a proveer crédito a pequeños y medianos negocios, el Tesoro y las autoridades federales, aunque descontentas, no dieron marcha atrás. Los bancos todavía mantenían enormes pérdidas no reconocidas. Totalmente conscientes de los problemas de uno y otro, evitaron los préstamos inter- bancarios. Todos habían invertido en una amplia gama de activos dudosos —primero, y sobre todo, en hipotecas sub-prime y otros derivados crediticios, pero también en vulnerables bonos empresariales y públicos (especialmen- te bonos estatales y bonos emitidos por países periféricos de la zona euro)—. Las reglas contables les permitieron a los bancos mantener sus OCD en instrumentos especiales de inversión, al margen de los balances genera- les, con lo que evitaron su exposición a las moras de los deudores; con ello, el tamaño del consiguiente sistema bancario paralelo fue muchas veces ma- yor al tamaño del sistema bancario regulado visible. A medida que los tene- dores de hipotecas y de bonos se veían golpeados por la moratoria, las fallas del mercado de derivados crediticios se tornaron evidentes y los seguros por Canje de Crédito Impago (CCI) resultaron una ilusión. Las autoridades fe- derales absorbieron la firma AIG pocos días después del colapso de Lehman, porque se había especializado en tomar seguros por derivados crediticios. Asegurar títulos triple A parecía dinero fácil, si uno se negaba a reconocer el contagio, la sincronía y los eventos llamados «cisne negro». 7. Redescubrir el Estado Se decidió salvar a los megabancos estadounidenses y británicos porque sin las líneas de crédito que extendieron a sus clientes toda la economía amena- zaba con asfixiarse. Pero los bancos, cuya mera existencia estaba en riesgo, se negaron a reanudar préstamos normales, con lo que consolidaron una prolongada restricción de créditos. Los gobiernos de EE.UU. y Gran Breta- ña temporalmente recortaron impuestos e incrementaron los programas de gasto público en «paquetes de estímulo», cuya aptitud y composición fue criticada por Paul Krugman y Joseph Stiglitz. Los déficits del sector privado se mantuvieron manejables únicamente transfiriéndolos al sector público — en donde enseguida provocaron exigencias de austeridad radical y recortes
  37. 37. La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 45 a las pensiones públicas—. A fin de hacer que el rescate financiero fuese más aceptable, Gran Bretaña creó un impuesto fiscal sobre todas las transaccio- nes financieras británicas del 0,075%, que produjo £ 2,5 mil millones. Sin embargo, cuando los gobiernos alemán y francés propusieron un modesto impuesto a las transacciones financieras en toda Europa, el gobierno britá- nico se opuso (Parker y Peel, 2011). Como secuela de las medidas de emergencia hubo un amplio llamado a reformar las instituciones que las permitieron. El «sistema bancario para- lelo» debía salir a luz del día y las transacciones over-the-counter (OTC) de- bían ser reemplazadas por un sistema de compensación pública para todo negocio de derivados. (Confiar la construcción de derivados a una entidad pública sería una forma abierta de lograr la transparencia, y las comisiones de esta actividad se convertirían en una ventajosa fuente de ingresos públi- cos.) Se solicitó a aquellos que buscaban canjes de créditos impagos que de- mostraran que poseían el activo que estaban asegurando; mientras tanto, los fondos de las bolsas de valores y los fondos de cobertura podían ser san- cionados por vender acciones que no poseían. Algunas cuentas de la bur- buja de sub-prime demonizaron el propio principio de los derivados en lu- gar de centrarse claramente en cómo fueron usados para ocultar y engañar. Por supuesto, muchos derivados crediticios eran deliberadamente comple- jos: las notas de calificación con frecuencia eran manipuladas a consciencia, y se ofrecían seguros vacíos contra la moratoria de la deuda. Pero, como se- cuela de la crisis, muchos derivados crediticios recuperaron su valor, lo que permitió que los préstamos del TARP se pagasen casi en su totalidad y dotó a los acreedores de Lehman de ciertos activos insospechados. Como ha veni- do demostrando la Junta Comercial de Chicago (Chicago Board) desde ha- ce mucho tiempo, los complicados derivados pueden funcionar, siempre y cuando existan reglas estrictas acerca de su divulgación, garantías y normas comerciales. La Agencia Reguladora de Mercados Futuros (Commodity Fu- tures Trading Commission) exigió una mejor capitalización a los bancos y fondos de cobertura que desearan comerciar derivados (Protess, 2011). Con frecuencia se ha usado la propiedad mutua de plataformas comerciales (es- to es, propiedad colectiva de los participantes en el mercado) para crear la confianza requerida —a pesar de que la propiedad pública sería aún mejor—. Anthony Hilton, editor empresarial del Evening Standard de Londres, hizo otra sugerencia: nacionalizar el negocio de calificación de la banca —al mis- mo tiempo que puntualizaba que, sin una licencia emitida por las autorida- des públicas, no se podría comercializar aeronaves o medicamentos nuevos (Hilton, 2010)—. Por supuesto, cualquier agencia que califica títulos, inclu- yendo bonos públicos, tendría que ser independiente del gobierno y man-
  38. 38. ROBIN BLACKBURN46 tener un mecanismo de financiamiento que no ofreciera incentivos perver- sos. En la era de la globalización, debería haber varias agencias y reguladoras globales de calificación. La capacidad de Goldman Sachs de generar ganancias de especulacio- nes contra sus propios clientes se sumó a la esencia destructiva del boom de la financiarización. Durante los años que condujeron a la crisis, la hi- dra financiera actuó, ya sea comprando o vendiendo, en un tercio del total de transacciones en la bolsa de EE.UU. A Goldman se lo vio con frecuencia apostando enormes sumas del dinero de otras personas en ambos lados de la mesa de negociación de muchos eventos clave de fusiones y adquisicio- nes. Mientras los clientes se arriesgaban, Goldman negociaba con su propia cartera. ¿Alguna vez usó información de sus clientes para colocar apuestas seguras? Nadie lo duda. A medida que Goldman vio crecer la montaña de derivados crediticios, los principales ejecutivos invitaron a John Paulson, un muy pesimista gerente de fondos de cobertura, a crear derivados crediticios que estaban diseñados para fracasar —y que se vendieron al público sin nin- guna advertencia—. Luego de la crisis y con una multitud cada vez más irri- tada en contra de los banqueros, la Comisión de Valores y Bolsas (Securities and Exchange Commission, SEC) acusó a Goldman de fraude. Sin admitir nada, Goldman pagó USD 550 millones para que desistieran de la acusa- ción (New York Magazine, 15.07.2010). Como se anotó anteriormente, Goldman recibió cantidades considera- bles asesorando al gobierno griego sobre cómo ocultar su deuda; pero a la vez, conociendo su situación real, también hizo una gran apuesta con sus propios fondos en contra de los bonos griegos (Spiegel, 15.07.2010). Goldman Sachs recibió USD 12,9 mil millones según los términos del rescate financiero de septiembre de 2008, y afirmó que no fue beneficiario neto del rescate de AIG, ya que la exposición de sus USD 17 mil millones al asegurador estuvo total- mente cubierta y garantizada con otras instituciones. Consciente de que AIG tal vez no iba a poder pagar la montaña de OCD de USD 62 mil millones, Goldman también se había asegurado contra el colapso de AIG —con lo que demostró cuán sofisticado se había tornado el castillo de naipes—.7 A pesar de que Goldman Sachs merece un riguroso escrutinio, los ban- cos europeos también estaban explotando los vacíos legales en las regula- ciones financieras a fin de ocultar sus debilidades. Cuando colapsó el ban- co franco-belga Dexia en octubre de 2011, se divulgó que, durante los años anteriores a 2008 había prestado en forma periódica USD 1,5 mil millones a sus dos principales accionistas que, luego, los invirtieron en acciones del propio Dexia. El diario Financial Times comentó: 7 Ver, por ejemplo, Bloomberg Markets (23.02.2010).
  39. 39. La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 47 El movimiento de financiamiento no ortodoxo... significó que Dexia se pres- tara dinero a sí mismo para financiar un incremento de capital. Los présta- mos salieron a la luz luego de que Dexia [se convirtió en] el primer banco en requerir ayuda estatal como resultado de la crisis de la zona euro… En una primera ronda, Dexia aceptó sus propias acciones como garantía para los préstamos... «[el término] “bizantino” queda corto para describir esta estruc- tura», declaró una persona enterada de la situación (Pignal, 2011a).8 La legislación belga se enmendó para cerrar este vacío legal en particular, pe- ro los Estados europeos se resistían a someter a sus grandes bancos a una inspección detallada o a pruebas de resistencia verosímiles por temor a lo que pudiera revelarse. 8. Reforma titubeante A pesar de que aún no se ha divulgado todo, en 2008 las pérdidas por deri- vados crediticios eran de tal magnitud, y los abusos de la financiarización tan evidentes, que hubo el amplio consenso de hacer algo para tranquili- zar a los inversionistas y aplacar la ira del público. Con el tiempo, a ambos lados del Atlántico se aprobaron complejas y extensas legislaciones. Había nuevas reglas, más papeleo y consultas aparentemente interminables. En ju- lio de 2010 se aprobó la Ley Dodd-Frank. Los bancos solemnemente prome- tieron incrementar las garantías y los reguladores se preguntaban cómo ter- minar en la práctica las negociaciones con cartera propia. Las autoridades británicas anunciaron que protegerían los bancos minoristas y las operacio- nes menores de los bancos de inversión, y les concedieron las garantías que la actividad bancaria de inversión se negaba a dar. Sin embargo, algo que re- sulta extraño relatar, tanto Wall Street como la City de Londres salieron ile- sas, indemnes, con exorbitantes bonificaciones «demasiado grandes como para fallar», incentivos perversos, una exigua capitalización, oscuras reglas contables, puntos al margen del balance general y entidades con fines parti- culares. Incluso entonces, los grandes bancos de inversión combinaron una gama de actividades que los colocaban en ventaja: corretaje de acciones, fu- siones y adquisiciones, escarceos en finanzas personales y contratos de ne- gocios de cartera privada. Supuestamente, había «murallas chinas» entre varias de estas funciones. No obstante, los reguladores siguieron notando sospechosas ráfagas de actividad comercial en más de tres quintas partes de los principales eventos empresariales. La revocatoria de la Ley Glass-Stea- 8 El FMI continuó preocupado por las múltiples fuentes de vulnerabilidad financiera; ver FMI (2011: 30).
  40. 40. ROBIN BLACKBURN48 gall de EE.UU. en 1999 había permitido que ideas anticuadas como el «con- flicto de intereses» pasaran a denominarse «sinergias». Pero ahora, después de la crisis, las disposiciones estilo Glass-Steagall para separar la vida coti- diana de Wall Street no progresaron entre los legisladores (FMI, 2011a: 30). En el fondo, la oposición a la reforma fue impulsada por las ansias de retener una fuente de ganancias que se requería de urgencia en un mundo en donde las comisiones de la banca de inversiones tradicional (ofertas pú- blicas de ventas de activos financieros, asuntos de derechos y fusiones y ad- quisiciones) ofrecían ganancias más débiles y donde las ganancias de las negociaciones con cartera propia, las transacciones de derivados OTC y el juego de manos de la financiarización, se habían tornado esenciales para en- grosar las utilidades y el crecimiento. Fue un caso sobrecogedor en donde se requería mayor transparencia y amortiguadores de capital más adecua- dos, pero los gobiernos no vieron otra alternativa que salvaguardar la salud de sus propias instituciones financieras. El advenimiento de un nuevo pre- sidente en EE.UU. y una nueva coalición de gobierno en el Reino Unido pu- dieron haber inaugurado políticas completamente nuevas, pero no lo hicie- ron. En resumen, plus ça change, plus c’est la meme chose (cuanto más cambian las cosas, más siguen igual), es lo que mejor describe la notable resiliencia de las prácticas del sector financiero en el período de 2008 a 2011. A pesar de todas las devaluaciones y rescates financieros, los niveles de la deuda ge- neral —deuda nacional, deuda empresarial no financiera, deuda bancaria y deuda familiar— seguía alta: de tres a cinco veces el PIB.9 En enero de 2008, el experto financiero francés Jean-Charles Rochet pu- blicó un libro titulado Why are there so many Banking Crises? Ahí, Rochet cal- cula que hubo 46 crisis bancarias desde que al sistema de Bretton Woods se le permitió colapsar en 1971. Durante los tres años después de la publica- ción del libro, los mayores centros financieros del mundo sufrieron una se- cuencia de crisis aún más severas —las más fuertes desde los años treinta— y el número total de Rochet debió haber subido al menos una docena más. Entre 2008 y junio de 2011, el FMI respondió a 22 solicitudes de préstamos por crisis; sin embargo, aunque sus recursos fueron usados en forma ge- nerosa —pero no siempre efectiva— para aplacar los apuros de los Estados de la UE profundamente endeudados, los Estados pobres y grandes, como Ucrania y Pakistán, recibieron poca ayuda. La muy provisional recuperación de 2010 se quedó sin vapor y regresó la «estanflación». El desempleo masi- vo continúa; millones están amenazados con la ejecución de sus hipotecas; muchas decenas de millones han visto sus ahorros reducirse y la posibilidad 9 Para la dinámica de «ciclos históricos» de la deuda, ver Altvater (1993: 87-177).
  41. 41. La persistente crisis financiera y las medidas necesarias 49 de sufrir situaciones de pobreza en la tercera edad es mayor. Los negocios pequeños y medianos aún luchan por conseguir crédito. Sin embargo, medida contra el fracaso de la década de 1930 para impe- dir las consecuencias catastróficas del colapso de 1929, la intervención rea- lizada en 2008-2009 fue un éxito. El PIB solo cayó un pequeño porcentaje. Los bancos fueron rescatados y su rentabilidad fue restaurada. La mayo- ría de préstamos del TARP fue reembolsada. Las compañías de automóvi- les usaron la protección del Capítulo 11 de la Ley de Quiebra para transferir sus obligaciones de pensiones a la Corporación de Garantía de Beneficios de las Pensiones (Pension Benefit Guarantee Corporation, PBGC). Entonces, se usó una institución establecida para asegurar los esquemas de pensiones de las compañías como instrumento de política industrial. Las compañías automovilísticas rescatadas —bajo propiedad pública— volvieron a ser nego- cios viables. En el caso de General Motors los sindicatos jugaron un papel importante en crear una nueva estrategia que incluía un automóvil eléctri- co, el Volt. Para mediados de 2011, la producción bruta en EE.UU., Francia y Alemania casi había retornado a los niveles de mediados de 2007. 9. ¿Rescate financiero desde abajo? A pesar de todo, el éxito del rescate financiero y los paquetes de estímulo fue muy limitado. Muy poco de la ayuda se filtró a aquellas personas amenazadas por la ejecución de sus hipotecas y cuyos problemas, después de todo, habían sido la raíz de la crisis de sub-prime. El inspector general designado por el go- bierno para el programa TARP, Neil Barovsky, en su último día en el cargo a fines de marzo de 2011 observó que las reivindicaciones de eficacia del progra- ma habían pasado por alto su implementación altamente desigual: El rescate financiero bancario, más formalmente llamado Programa de Ali- vio para Activos en Problemas, no cumplió con algunas de sus metas más im- portantes. Desde la perspectiva de las instituciones financieras más grandes, el entusiasta consentimiento está garantizado: miles de millones de dólares de dinero de los contribuyentes permitieron que instituciones que estaban al borde del colapso no solo sobrevivieran, sino florecieran. Estos bancos aho- ra disfrutan de ganancias récord y de la evidente ventaja competitiva que tie- nen al ser considerados «demasiado grandes para caer»... La legislación que creó el TARP, la Ley de Estabilización Económica de Emergencia, tenía me- tas mucho más amplias, incluyendo la protección de los valores de la vivien- da y la preservación de su propiedad (Barovsky, 2011).
  42. 42. ROBIN BLACKBURN50 El Congreso no parecía dispuesto a respaldar el TARP —fue rechazado en la primera votación—; y luego lo aprobó solo cuando vino acompañado de las dulces palabras acerca de las restricciones que se aplicarían a los bancos y de la ayuda que se brindaría a las familias que enfrentaban el desalojo. Como Barovsky continúa observando: … [el] Tesoro, no obstante, suministró dinero a los bancos sin ninguna po- lítica efectiva ni esfuerzo por obligarles a extender el crédito. No había con- diciones: ningún requerimiento, ni siquiera un incentivo para incremen- tar los préstamos a los compradores de casas y, en contra de nuestra firme recomendación, ni siquiera la solicitud de que los bancos reportaran có- mo usaron los fondos del TARP... [En febrero de 2009] se anunció el Pro- grama de Modificación para Vivienda Accesible (Home Affordable Modi- fication Program) con la promesa de ayudar a un número de hasta cuatro millones de familias con modificaciones hipotecarias. Este programa ha si- do un fracaso colosal, y ha tenido muchas menos modificaciones perma- nentes (540.000) que modificaciones que han fracasado o han sido cance- ladas (más de 800.000)… A medida que el programa lucha por mantenerse a flote, las ejecuciones de hipotecas siguen creciendo y los pronósticos ha- blan de 8 a 13 millones de estas ejecuciones en el curso de vida del progra- ma (Barovsky, 2011). Si una buena parte de los fondos del TARP se hubiese destinado a condonar la deuda de los grupos con menores ingresos, se habría estimulado el con- sumo en una economía amenazada por el estancamiento y se habría alivia- nado la carga de la deuda incobrable. 10. La banca rescatada descuida los servicios públicos El método de coordinar una economía por medio de la bolsa de valores es- tá evidentemente plagado de inestabilidad y riesgo sistémico. Todo movi- miento financiero confronta resultados inciertos, pero el «libre mercado» exacerba lo que es un problema inevitable y permite a los bancos chanta- jear a las autoridades políticas. Aunque se sabe que los megabancos son pe- ligrosos, los gobiernos occidentales siguen mimándolos y los protegen de pérdidas. Los cabildeos de la industria financiera aún están impregnados de olor a gobierno: financian a las facciones políticas dominantes y man- tienen think tanks de expertos. Hay una búsqueda compulsiva de formas pa- ra afrontar los crecientes costos de una sociedad que envejece y que entrega consumidores cautivos a las aseguradoras y a los gerentes de fondos. Las ex- tensiones de los cuidados de salud y de la tercera edad están diseñadas para

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