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Atrévete a vivir
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Ricardo Luis Plaul
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Atrévete a vivir
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Ricardo Luis Plaul
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Atrévete a vivir
Ricardo Luis Plaul
Atrévete a vivir
LAURA BRAVO EDITORA
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Ricardo Luis Plaul
2011 Copyright Ricardo Luis Plaul
2011 Laura Bravo Editora
Ilustración: Elsa Mareque
lauraalejandrabr...
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Atrévete a vivir
A mi amor, Cecilia
A mis hijos, Vanesa y Alejandro
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Ricardo Luis Plaul
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Atrévete a vivir
Te llevaré en mis alas
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Ricardo Luis Plaul
11
Atrévete a vivir
Abrazos
Abrazos conjugados de prisa
en el andén de algún tren.
Abrazos llorados de pena
en repetidos v...
12
Ricardo Luis Plaul
Confusa es la vida
Qué confusa es la vida
que sedienta, abre a veces sus fauces
y amenaza devorarnos...
13
Atrévete a vivir
El espejo sorprendió sus cuerpos
en la pasión entrelazada
de la tarde infiel.
En un pequeño cuarto
ind...
14
Ricardo Luis Plaul
En un pequeño instante, imprevisible y nuestro,
la vida tuvo el color de nuestros sueños.
En los mur...
15
Atrévete a vivir
Era la noche y ese perfume dulzón
a tilo fresco…
Eran sus manos y mi piel
en ese diálogo tan nuestro.
...
16
Ricardo Luis Plaul
Mujer inasible de mis años jóvenes,
Sueño de amor adolescente
que se confunde en recuerdos,
se escur...
17
Atrévete a vivir
Despertó en la lunas de tu piel
la evanescente claridad de mi ternura,
Y en las tardes de locura, leva...
18
Ricardo Luis Plaul
Mientras llovía esa tarde,
acaricié tu espalda
hasta donde se desbarranca el verso.
Los ojos y las m...
19
Atrévete a vivir
Mi corazón se abate
en el remolino del tiempo,
y se va hundiendo en tus ojos,
antes de fragmentarse pa...
20
Ricardo Luis Plaul
¿Por qué no escapo
de esta mediocre obscenidad
y se enciende de palabras
la inmensidad del cielo?
El...
21
Atrévete a vivir
Sobre el muro del tiempo,
en un concilio de pasiones
amaneció tu desvelo entre mis manos.
Una primaver...
22
Ricardo Luis Plaul
Te llevaré en mis alas a recorrer la vida
con un pequeño arcoíris de bolsillo.
Ardiendo en la mañana...
23
Atrévete a vivir
Una lluvia de estrellas
vino a buscarme aquella tarde
con la insolencia de su frescura.
Casi en puntas...
24
Ricardo Luis Plaul
En el fatigado horizonte de la duda
cada nave encontró su sitio,
parpadearon los acasos y los pudier...
25
Atrévete a vivir
Los amores de paso
gimen su destino de un día,
de una semana: no más que una cuota
de ternura, dos de ...
26
Ricardo Luis Plaul
Juntos esperamos aquel amanecer
que se desvanecía en el reloj de la aventura.
Era el último, y flore...
27
Atrévete a vivir
Delicada y húmeda era la tela,
insectos deslumbrados por la trama
caían en el sexo de su brillo.
Yo es...
28
Ricardo Luis Plaul
El alma puso un relámpago rojo
en la intimidad de la carne,
sus aguas agitadas
no encontraban descan...
29
Atrévete a vivir
acompáñame en el osado
sueño del después,
cuando sólo de piel
se viste la mañana,
cuando sólo de luz
s...
30
Ricardo Luis Plaul
En la impúdica soledad
navego en el recuerdo,
y el espejo de mi juventud,
asombrado observa
como una...
31
Atrévete a vivir
Está vivo el amor que despierta
mi codicia en la tarde presurosa.
Un sudor frío recorre tu espalda
per...
32
Ricardo Luis Plaul
Cuando la mirada se atreve se ensancha el corazón,
resbala por la piel al encuentro de otro mundo
de...
33
Atrévete a vivir
Doraron y adoraron sus cuerpos
meciendo la voz que salaba sus ritmos,
golpeaban sus ecos con gemidos d...
34
Ricardo Luis Plaul
Serás ese recuerdo que llueve
en mis entrañas cada vez
que visito el territorio
inevitable del pasad...
35
Atrévete a vivir
Tu abanico de sombras
se quebró en las calles,
y tan sólo escuché el desfile
sin pausas de los heraldo...
36
Ricardo Luis Plaul
Atrévete a vivir
en el ocaso de tus miedos,
en el sinfín de tus derrotas.
Tu rostro iluminado
florec...
37
Atrévete a vivir
Entre los días de tu vida
la soledad destejió sus huellas.
De la percha del destino
descolgué mi traje...
38
Ricardo Luis Plaul
Rumorosa transparencia
la del agua,
que me llena de oquedades,
de murmullos
en el alma que te extrañ...
39
Atrévete a vivir
En el cementerio de mis dones
enterré la soberbia de juzgarte,
de prohibirte, de cercarte,
la pretensi...
40
Ricardo Luis Plaul
Ahora regresa, vuelve a mi carne,
habita en mi llanto, no temas,
mi corazón puede abrirse hasta
el d...
41
Atrévete a vivir
Yo soy el monte, la tierra, la lluvia…
todos los nombres visten mi piel.
Soy el indómito galope
que cr...
42
Ricardo Luis Plaul
En el portal de las estrellas
fui a buscar tu nombre,
se ocultaban tras íntimos portales
los mensaje...
43
Atrévete a vivir
Hay un pájaro herido en la piel del monte,
rezuma soledades en su canto de amaneceres,
quebrado el vue...
44
Ricardo Luis Plaul
¿Cómo serán las calles por las que te adelantas a las
futuras horas?” dijo uno de los dos mientras
c...
45
Atrévete a vivir
En el juego absoluto del placer,
desnudos e iguales, saboreamos
la paz, en la dudosa pelvis
de la desm...
46
Ricardo Luis Plaul
Piernas que desvelan
mi ansiedad dormida,
sortilegio de noches tórridas en tu cuerpo
que recorro con...
47
Atrévete a vivir
Es el milagro de las palabras
que inesperadas crecen
Y te aprisionan en mi universo,
sin límites, sin ...
48
Ricardo Luis Plaul
Capullo de cielo, la espera es ansiosa,
con la lágrima fácil y el corazón
habitando el universo de l...
49
Atrévete a vivir
Con los ojos abiertos
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Ricardo Luis Plaul
51
Atrévete a vivir
Llovieron sequías en tus labios ardientes.
Pétalos de esperanza germinaban en tu sueño.
Un llanto cerr...
52
Ricardo Luis Plaul
En mis anaqueles dormían tus palabras
con la tiesa reciedumbre de tus libros,
de tus versos, de tus ...
53
Atrévete a vivir
El hombre se apoderó del fuego
de los dioses y se convirtió en demonio.
Fuego convertido en misiles,
f...
54
Ricardo Luis Plaul
Retratos vacíos, espejos vacíos,
biografía de la impostura
que el siniestro brazo dibujó
en un pasad...
55
Atrévete a vivir
Trapecistas del dinero
juegan aviesos a comprarte…
a comprarme.
Sus ojos desorbitados son vidrieras
qu...
56
Ricardo Luis Plaul
Ciegos a la belleza de la vida
tus ojos yertos son ceniza
en el escenario de la vida.
Has muerto al ...
57
Atrévete a vivir
Ausente de domingos
me duele tu tristeza aterronada,
tristeza de arriero
reseca y achicada
como tu cue...
58
Ricardo Luis Plaul
Nacido en el absurdo
el terror fue sembrado
en las calles de mi pueblo,
y se llevó a mi hermano,
aqu...
59
Atrévete a vivir
Esta noche vengo a llorar junto a tu guitarra,
me han dicho que una voz se apagó allá en el sur.
Que l...
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Ricardo Luis Plaul
El vientre de la pobreza
lo despierta en la mañana
con hilachas de vida, con estrellas perdidas.
El ...
61
Atrévete a vivir
Locura de la piedra estrellándose en tu cuerpo,
el río de tu sangre lavando culpas ajenas en su Nombre...
62
Ricardo Luis Plaul
Es la Madre Tierra
cobijando a sus hijos
en el pentagrama de su vida.
Es el puño clamando justicia,
...
63
Atrévete a vivir
Me duele la miseria
atada a tus pies pequeños,
a tus ojos donde
juega sin rostro el olvido.
Me duele e...
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Ricardo Luis Plaul
Gime la muerte
en las campanas sin badajo.
Me agota este dolor
que destruye tus entrañas
Mujer de Sa...
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Atrévete a vivir
Violaron tu cuerpo,
cercenaron tus sueños,
la marioneta obedece a sus amos,
en esta nueva aldea.
¡Que ...
66
Ricardo Luis Plaul
El ganado de las sombras suele avanzar sobre el mundo.
Sus pestilentes aromas de lujo y corrupción
d...
67
Atrévete a vivir
Ya se caen los Altares, se derrumban los Muros,
Es una palabra peligrosa y santa en su desobediencia,
...
68
Ricardo Luis Plaul
¿Recuerdan? Era la época
en la que se podía caminar
sobre la tierra.
Y había agua y ríos y cascadas....
69
Atrévete a vivir
Por los hombres que han muerto
con los ojos puestos
en los grandes sueños
y con las manos abiertas
a l...
70
Ricardo Luis Plaul
Cuando la fiebre pintó de amarillo
a Buenos Aires, nació Chacarita
para albergar el único reposo de ...
71
Atrévete a vivir
Fue tu clara inocencia
recibiendo los golpes inclementes,
el hipócrita perdón, la sonrisa transitoria,...
72
Ricardo Luis Plaul
Tu piel lo extraña, tu rabia,
esa profunda rabia del despojo,
flota oculta en la ternura
del recuerd...
73
Atrévete a vivir
Maestro de utopías,
arquitecto de mágicos desvelos,
nos alcanza tu ideal
en un vuelo de justicia,
en e...
74
Ricardo Luis Plaul
Acodado en la muralla de la justicia
penetraste como un rayo
en la conciencia de la Patria Grande,
t...
75
Atrévete a vivir
Espejos deformantes en la realidad vacía
de tus líneas blancas, derroteros demenciales
en las huecas s...
76
Ricardo Luis Plaul
Condenado por el cielo a reclusión de versos
hundió su pluma en el sufrimiento de la tierra.
Incleme...
77
Atrévete a vivir
Aguardó en las puertas de la historia
el postrer tributo de su pueblo.
Abrió para muchos una ventana a...
78
Ricardo Luis Plaul
Dicen que el trovador del pueblo
tiene Alas en el corazón.
Su verso abreva en la sangre
de América M...
79
Atrévete a vivir
Huésped de la vida
80
Ricardo Luis Plaul
81
Atrévete a vivir
Guardián de las palabras y el espacio,
déjame entrever el cofre del tesoro
que alimentó las musas prot...
82
Ricardo Luis Plaul
El tiempo está en la esquina
bordando mi destino,
esconde en su dedal sus miedos
más profundos. Teme...
83
Atrévete a vivir
Las risas insepultas despiertan al recuerdo,
lejanas caricias vienen a mi encuentro,
remoloneando apac...
84
Ricardo Luis Plaul
Mis palabras en danza por la vida
golpearon puertas que no abrieron,
entreabrieron ventanas clausura...
85
Atrévete a vivir
En el encuentro de los cuerpos se dibuja
la virgen trinidad del placer que descubrimos
al despertar de...
86
Ricardo Luis Plaul
Ven, acércate, quiero estrecharme a tu destino,
quiero escuchar con atención las voces y los cantos,...
87
Atrévete a vivir
Sereno he recorrido el camino y probado
sin duda sus frutos más dulces.
Sus espinas más amargas dejaro...
88
Ricardo Luis Plaul
Hoy vengo a decir adiós
con el ocaso en la piel
y un viento frío en el alma.
Todo se suspende…
y la ...
89
Atrévete a vivir
Hay una danza suave de caracolas
que enredan tu cintura,
que juegan con las olas,
que son la guirnalda...
90
Ricardo Luis Plaul
Aquella casa me cuenta sus secretos
escondidos en las manchas de humedad,
en el mágico escenario de ...
91
Atrévete a vivir
Una luna pequeña adormecía la tierra,
somnolienta la noche salió a contar historias
sobre las aguas qu...
92
Ricardo Luis Plaul
Patios compartidos.
Vidas compartidas.
Tránsito de nubes y
golpes de estrellas.
La niñez duerme
en b...
93
Atrévete a vivir
Esa tarde, libros polvorientos
danzaban cubiertos de quimeras,
de pan y fantasía.
Jugaban utopías
en e...
94
Ricardo Luis Plaul
Porque ya no están y sin embargo
viajan conmigo y con mi sombra,
Porque fuimos el abrazo y el juego,...
95
Atrévete a vivir
Un pequeño banquito,
donde dejé sentados quietecitos
mis recuerdos, esperando
la muerte.
Un pequeño ba...
96
Ricardo Luis Plaul
Le presté a la vida tantos años, tantas letanías…
Ya olvidé las tonadas infantiles,
las viejas navid...
97
Atrévete a vivir
Los rostros están solos,
se descintan, se desbordan,
solos sufren su historia y su tortura.
Surgen del...
98
Ricardo Luis Plaul
Jugó con ella la última partida,
moviendo sigiloso los alfiles del sueño.
Jugó su angustia desmedida...
99
Atrévete a vivir
Con las luces encendidas,
por algunos instantes
estuvimos juntos.
Las siluetas de los rostros,
el cont...
100
Ricardo Luis Plaul
Un rugido ensortijado y penitente
trae olores y voces de otros cielos.
Un murmullo de pinos cobija
...
101
Atrévete a vivir
Espejaba el lago en su belleza la eternidad del cielo,
aladas presencias y gigantes alerces
anunciaba...
102
Ricardo Luis Plaul
Caminos escabrosos que salpican el alma,
horadan el cuerpo con la maligna azada
de la envidia, del ...
103
Atrévete a vivir
Serpenteando límites llegan tus versos
a la conciencia golpeada por la vida.
La humanidad espiralada ...
104
Ricardo Luis Plaul
Acuden presurosas
las hijas del milagro
a develar secretos y condenas.
En el misterio del verso
se ...
105
Atrévete a vivir
Hay cristales que danzan su música más bella
en la cocina de la lluvia. En el amparo estremecedor,
de...
106
Ricardo Luis Plaul
Esta brillante broma
con cielos tan diversos,
con sufrimientos indecibles
y amores irrecuperables,
...
107
Atrévete a vivir
Avanza paso a paso,
carcomiendo sin dudas
el cuerpo macilento,
esa amalgama perfecta
de linfa y sangr...
108
Ricardo Luis Plaul
Delirio
En recuerdo de Ana María Brinkmann
Un sino de delirio recorrió
como un fantasma callado,
lo...
109
Atrévete a vivir
Cuando el tiempo vuelva
ceguera mi locura
y mis pasos se hagan vacilantes,
cuando susurren las almas
...
110
Ricardo Luis Plaul
Ojeroso de nubes
El cielo nos cuenta su tristeza,
Y yo te extraño...
Cuando la calle
pregona sus si...
111
Atrévete a vivir
El tiempo nos apura, nos retrasa,
nos rebasa, nos aprehende, nos vive.
Se engolosina con la finitud d...
112
Ricardo Luis Plaul
Juan Salvador Gaviota (Homenaje a E. Bach)
La vorágine de la libertad
es el sueño de tus pies palme...
113
Atrévete a vivir
INDICE
Te llevaré en mis alas 9
Abrazos 11
Confusa es la vida 12
El espejo aquel 13
En un instante 14...
114
Ricardo Luis Plaul
Regresa 39
Soy contigo 41
Amanecer 42
Hay un pájaro herido 43
Rayuela 44
El amor en tiempos sin tie...
115
Atrévete a vivir
Ausencias 72
Luchador 73
El Che 74
Salvación 75
Condenado 76
Hijo de pueblo 77
Trovador 78
Huésped de...
116
Ricardo Luis Plaul
Destino 103
Ideas 104
Tiempo de olvidos 105
Enigmas 106
El Anciano 107
Delirio 108
El viaje 109
Dom...
117
Atrévete a vivir
118
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Atrévete a vivir (definitivo)

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Atrévete a vivir (definitivo)

  1. 1. 1 Atrévete a vivir
  2. 2. 2 Ricardo Luis Plaul
  3. 3. 3 Atrévete a vivir
  4. 4. 4 Ricardo Luis Plaul
  5. 5. 5 Atrévete a vivir Ricardo Luis Plaul Atrévete a vivir LAURA BRAVO EDITORA
  6. 6. 6 Ricardo Luis Plaul 2011 Copyright Ricardo Luis Plaul 2011 Laura Bravo Editora Ilustración: Elsa Mareque lauraalejandrabravo@gmail.com Queda hecho el depósito que exige la Ley 11723 Impreso en Argentina Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibida, sin la autorización requerida de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier método, incluidos la reprografía y el tratamiento informático
  7. 7. 7 Atrévete a vivir A mi amor, Cecilia A mis hijos, Vanesa y Alejandro
  8. 8. 8 Ricardo Luis Plaul
  9. 9. 9 Atrévete a vivir Te llevaré en mis alas
  10. 10. 10 Ricardo Luis Plaul
  11. 11. 11 Atrévete a vivir Abrazos Abrazos conjugados de prisa en el andén de algún tren. Abrazos llorados de pena en repetidos velorios del alma. Abrazos del amigo que se fue de gira temprano, a esperarnos, seguro. Abrazos en los que la pasión nos desnuda la piel y el corazón. Abrazos del reencuentro en un recodo del tiempo, en un descanso del camino. Abrazos formales de oficina, de ya- no -te -quiero, pero igual te extraño. Abrazos de madre en lo profundo de la vida y del amor. Abrazos paridos en la certeza de saberte mía en cada tarde, en cada cielo compartido. Abrazos con barbas y bigotes, abrazos furtivos en la sombras, en las noches sin luna. Abrazos…abrazos desmesurados, celebrando la alegría, la soledad, la ternura. Abrazos que alguna vez dejé olvidados en la comisura de tus labios alegres, en el desván de tu espalda, abrazos que resbalan en las perladas fuentes del deseo.
  12. 12. 12 Ricardo Luis Plaul Confusa es la vida Qué confusa es la vida que sedienta, abre a veces sus fauces y amenaza devorarnos. Misterioso el amor que nos convoca a la pasión, y es candil del universo, y es brasa en noche de lujuria inolvidable. Entretejiendo días en cambio, la felicidad es simple, es serena, se derrama a tu lado, se aleja y cobra vida en la distancia, como el fuego que crepita y me alcanza. Se desliza entre mis manos cuando tu piel es mi destino y tu placer mi proyecto. Inquieta nuestra semilla florece en el mundo, y en la casa de luz, al final de todos los senderos, sabré que me acompañas hasta el último encuentro, en la alegría eterna de sabernos uno serán tuyas mis palabras.
  13. 13. 13 Atrévete a vivir El espejo sorprendió sus cuerpos en la pasión entrelazada de la tarde infiel. En un pequeño cuarto indiferente a la culpa, la gramática del deseo, esculpía cada uno de sus gestos, sin palabras, ni despedidas inútiles de un futuro inexistente. El vacío se cuajaba en sus estómagos, erraba en su sangre, se resistía en caricias compradas, hijas del momento. El espejo vistió sus soledades, arropó sus ilusiones, y estalló en un grito de angustia, en un terror de ausencias. El espejo aquel
  14. 14. 14 Ricardo Luis Plaul En un pequeño instante, imprevisible y nuestro, la vida tuvo el color de nuestros sueños. En los muros de mi espacio fue abriendo su corola el tiempo de nuestros silencios y nuestras alegrías. De mil modos tu presencia fue pulsando las cuerdas de una armonía intensa en el plenilunio del encuentro. Con las manos cansadas de perder afectos fui acariciando los secretos deseos, los duendes traviesos de este amor encendían guirnaldas de cariño, enredando ternuras, cobijando picardías en la enramada de una pasión tardía. Hay un eco de distancias en la sonora claridad del día. En un instante
  15. 15. 15 Atrévete a vivir Era la noche y ese perfume dulzón a tilo fresco… Eran sus manos y mi piel en ese diálogo tan nuestro. Era la música y el ritmo solapando caricias y gemidos. Era tu boca, convocando al cielo en cada poro del deseo. Por eso te enhebro en mis caricias. Invoco en las tardes de tu ausencia las palabras rituales, los códigos secretos, el sacramento infinito de la carne, los alegres pecados de la vida. Era la noche y me contaban silentes tus abrazos, ancestrales historias de encuentros prohibidos, de inconfesables partidas en el cráter austero de la dicha. Era la noche y fue tu fuego el huracán de un sueño. Era la noche
  16. 16. 16 Ricardo Luis Plaul Mujer inasible de mis años jóvenes, Sueño de amor adolescente que se confunde en recuerdos, se escurren en mis manos perfumes olvidados, nostalgias de un tiempo que acunaba sedoso los pliegues de tu piel morena. Navego en la música que crean tus palabras, artista del color y del delirio, penetran mis sentidos pequeños duendes que duermen en tus manos, corazón esquivo. Un huracán de cielo y rosas me hamaca en tus mieles, desde siempre lo he sabido: hay un sino de amor en tu camino. Embriagada de vida te cobijo, te visito, te anido, te atesoro… Inasible
  17. 17. 17 Atrévete a vivir Despertó en la lunas de tu piel la evanescente claridad de mi ternura, Y en las tardes de locura, levanté cristales de miel en las lenguas del deseo. Eras la joven crisálida de mis versos, convirtiendo en realidad mis sueños más perversos. Eras la caricia de la carne y la palabra en el susurro de la tarde estival, el carnaval de mis sentidos con todos sus colores y todas sus máscaras de olvido. En las últimas letras de esta historia navegan tus miradas y fracasa el recuerdo del detalle, de los pequeños gestos, del adiós gastándose en mil besos. Abrazo la primavera del encuentro, el rito apasionado del cortejo, la casa de inolvidable brillo, el calor de tu cielo penetrando la nostalgia de este amor tan sencillo. Avísame si acaso he roto la caja del inmoral secreto, que esconde desde el fondo de los tiempos, el bálsamo eterno de los pesares muertos. Locura de miel
  18. 18. 18 Ricardo Luis Plaul Mientras llovía esa tarde, acaricié tu espalda hasta donde se desbarranca el verso. Los ojos y las manos anticipaban cada movimiento. Giraban los cuerpos con la sabiduría de saberse uno. Cada milímetro de piel recorrió mi deseo, mil colores vistieron un nuevo arco-iris para mi fantasía. Tu boca descifraba antiguas historias en el risco del placer creciente, en las cálidas palabras que abrían su corola a la magia penetrante de las horas ardientes, al reconocido pecado de la felicidad. Cuando el volcán del cielo se derramó en tu entraña, una ternura infinita nos cobijó para siempre. Pasión
  19. 19. 19 Atrévete a vivir Mi corazón se abate en el remolino del tiempo, y se va hundiendo en tus ojos, antes de fragmentarse para siempre. Mi corazón, que era el sólido estandarte de la rosa, de pronto va cayendo frente a las ruinas desnudas, despojado de certezas. Deambula entre los gritos, se cobija entre tus brazos. Mi corazón, se viste de adiós con las barcas perdidas. La muerte del mundo estalla entre mis manos. Tengo miedo, nadie escucha el dolor si habita en los ojos, pero destruye el alma. Los sueños que olvido como serpientes deslizan ovillos de miedo. En la rompiente de la tarde el tiempo va matando cada ilusión de mi camino. ¿Por qué siempre es ahora y nunca para siempre? Ruinas
  20. 20. 20 Ricardo Luis Plaul ¿Por qué no escapo de esta mediocre obscenidad y se enciende de palabras la inmensidad del cielo? El cielo….el cielo… Extraña y vaga claridad que no me atrevo a recordar. Lo miro, te miro, me desvela, Y ya sé porqué estoy triste. ¡Abrázame esta noche Y me poblaré de estrellas!
  21. 21. 21 Atrévete a vivir Sobre el muro del tiempo, en un concilio de pasiones amaneció tu desvelo entre mis manos. Una primavera de sueños reptaba en tus antojos, la piel, era un placer desnudo gimiendo su destino. La esperanza estallaba a cada paso, Y en el letargo del después acariciaban mis ojos tu destino. Puedo encender tus demonios Y demorarme en tus llamas, con la embriaguez inagotable del deseo que prolongas, que proteges, que me alcanza. Acaso sea un delirio imaginarte en versos, en tenues melodías, en atardeceres robados al tedio del verano. Acaso salte el muro y arrobado de sueños, estalle en tu vida para siempre. Sobre el muro
  22. 22. 22 Ricardo Luis Plaul Te llevaré en mis alas a recorrer la vida con un pequeño arcoíris de bolsillo. Ardiendo en la mañana, los pájaros del monte, adormecerán tus enojos con trinos sedientos de otros cielos. La vida será entonces luminosa estela con cántaros de luz en el camino, con huellas que penetran el alma, con manos enlazadas al destino. Cuando la historia acabe, deshilachada en tiempos de memorias sepias, el color tan joven de tu mirada inquieta vestirá el recuerdo de los años juntos, será el amor de la nostalgia caminando en nuestros cuerpos quietos, será el regreso de todos los ayeres, vistiendo en flores el viaje sinfín de aquel proyecto. Así tu nombre anida en mi relato como el lazo invisible que nos une , en cada escalón del universo. Y aunque las sombras anticipen fines, nuevos tintes y ritmos ya se mezclan en bastidores de nuevas poesías. Te llevaré en mis alas
  23. 23. 23 Atrévete a vivir Una lluvia de estrellas vino a buscarme aquella tarde con la insolencia de su frescura. Casi en puntas de pie, con rosas en la piel y miel en la sonrisa, en los labios del tiempo escribió su historia para siempre. Frágil, su cuerpo exploró el deseo en cada poro de su aliento. Vino a buscarme desnuda en la fronda de pesares, con los ojos cálidos humedecidos de dolor. Fueron las voces de un abrazo que olía a despedida. Vino a buscarme por última vez, en un enero que aun navega en mis recuerdos, que silente se desliza, en el tenue atardecer de mis silencios. Vino a buscarme
  24. 24. 24 Ricardo Luis Plaul En el fatigado horizonte de la duda cada nave encontró su sitio, parpadearon los acasos y los pudiera ser, apuntalados tal vez por tus celos. Resurgidos párpados de la miseria amorosa que padecemos en las entrañas dolientes del desierto, que parieron nuestros esfuerzos vanos. Entramos despacio en el territorio enfermizo de la despedida y fueron tantos los adioses en aquella cama tan gastada como nuestra, que aventajamos a la tristeza de sabernos solos otra vez y sin ninguna duda. Colosal fantasía de una vida gastada de una vez y para siempre en carnavales fugitivos de esperanza y sacros juramentos. La hipocresía se desvistió de cuerpos y sudores, de inocentes pétalos inconclusos, de vanas adjetivaciones que no podemos conjugar con la boca sedienta, con el anhelo de más y más en cada poro que conozco y que sumerjo entre tus piernas, aun cuando no estás respirando en mi universo, aun cuando desgarres cada imagen con una ausencia sepia en mis recuerdos. Acasos
  25. 25. 25 Atrévete a vivir Los amores de paso gimen su destino de un día, de una semana: no más que una cuota de ternura, dos de pasión. Los amores de paso son como los sueños que aun no he gastado, se vuelan de mis manos sin alas ni pasado Los amores de paso se encienden y se apagan en una danza loca que camina desnuda en la cornisa de la vida. Los amores de paso escancian su deseo en la copa del delirio, inquietos dibujan, pinceladas de cielo. Amores de paso
  26. 26. 26 Ricardo Luis Plaul Juntos esperamos aquel amanecer que se desvanecía en el reloj de la aventura. Era el último, y florecía como un milagro en los balcones abiertos. La tierra adormecida derramaba sus dones en la brevedad de aquel destino que parecía Nuestro. Todo se detuvo… Tu piel, respondía tersa al llamado inclemente de mi boca. Inventamos un cielo, mientras el río gemía sus deseos. El sol de octubre nos visitó curioso, deslizándose cálido en el vientre matinal y lujurioso de aquella despedida. Una vieja tonada alborotaba el fulgor de tus mieses doradas, acaso era Serrat y su Mediterráneo, tal vez era la Piaf, desgarrando sus miserias, nuestra miseria, en el surco de vinilo. No sé si era San Telmo, o era Montmartre, demoradas caricias no lo pudieron evitar, en el abrazo final, la esperanza, nos estalló en los ojos. El último
  27. 27. 27 Atrévete a vivir Delicada y húmeda era la tela, insectos deslumbrados por la trama caían en el sexo de su brillo. Yo estuve en la sangre de tu afecto libando en tu piel la irrealidad. Mi cuerpo inerte parecía un títere siniestro en la espera de mundos paralelos. Débil era la argamasa de un tiempo vacío, desparejas las arrugas de mi rostro. Encabritado el corazón corrió hacia su destino de hiel, me respondió el absurdo con una mueca de inquietud bailando entre tus ojos muertos. No era la hora, no era el lugar, alguien perdió tras bambalinas La brújula inasible del Encuentro. Encuentro equivocado
  28. 28. 28 Ricardo Luis Plaul El alma puso un relámpago rojo en la intimidad de la carne, sus aguas agitadas no encontraban descanso en sus ojos sedientos de vida, y caracoleaba el cielo con el placer de sus caprichos. A espaldas de la noche derramé sus lunas sobre su cuerpo insomne. La agonía del misterio corrompió las tardes del goce compartido, y el miedo a perderte fue tan absurdo como tu despedida. Ven al encuentro de mi ocaso, mis manos extrañan las caricias prohibidas. En cada parcela de mi hastío, ven a jugar la libertad de tu asombro, desliza entre mis hombros la erótica ingenuidad de tus palabras encarnadas: Erótica
  29. 29. 29 Atrévete a vivir acompáñame en el osado sueño del después, cuando sólo de piel se viste la mañana, cuando sólo de luz se visten mis caminos.
  30. 30. 30 Ricardo Luis Plaul En la impúdica soledad navego en el recuerdo, y el espejo de mi juventud, asombrado observa como una caricatura de mi mismo se asoma a la vida. En el inventario de la nostalgia serpentea el dolor, traviesas cicatrices del tiempo dibujan el mapa de mi rostro. Un destello de aventuras anida en los ojos del deseo que brota perezoso en la piel de la noche. Como puedo sostengo un tibio desvelo, que me acompaña callado, en un barco de sueños. Alumbro los pasillos, pero ¡hay tantas huellas que he olvidado! ¡ no importa! Un cielo de estrellas saltarinas se adormece en tus manos, un corazón inquieto aletea entre tus brazos. Inventario
  31. 31. 31 Atrévete a vivir Está vivo el amor que despierta mi codicia en la tarde presurosa. Un sudor frío recorre tu espalda perlada de pasión y movimiento. Atrapado en tu cuerpo me embriaga la piel de tu deseo. Un hálito de noches estivales, desvaneciendo el sol en tu refugio, va dibujando arcoiris, amaneceres locos en la boca del delirio, en la alcoba de tus sueños. Apenas presiento el final de este destino, un coro de esperanzas aúlla en mi puerta, y danzan torbellinos de rosas en tus manos tiernas. Me detengo en el umbral del éxtasis para beber la miel de tu rostro encantado. Mi deseo, tu deseo
  32. 32. 32 Ricardo Luis Plaul Cuando la mirada se atreve se ensancha el corazón, resbala por la piel al encuentro de otro mundo de cristal y de miel. Canela y ron acompasando el amor, tormenta y gemido en un guión prohibido en este espacio, en este tiempo de olvidos. Nada existe fuera de nosotros, un espiral envuelve la palabra y la convierte en deseo para siempre, se diluye en juventud y esperanza, en el futuro que se gastó en el camino. Ayer y hoy son lo mismo, ahora escribimos, amamos, lloramos, amamos, en el río que nos bañó desde siempre, para siempre, desde el primer vagido de la especie. Arrojo esta botella y va a tu encuentro: recógela en tu seno descubierto, tiene en su verbo la pasión de los tiempos. Atreverse
  33. 33. 33 Atrévete a vivir Doraron y adoraron sus cuerpos meciendo la voz que salaba sus ritmos, golpeaban sus ecos con gemidos de viento y arcabuces de estío, En su garganta el amor burbujeaba pasiones, en su vientre, el ancestral empuje de la vida clamaba por más, por el perdido paraíso de todas las vírgenes sin libros, sin recetas, con la sangre en cataratas de piel con un solo destino. Desprendidos del abismo, danzaban en la plenitud de la inocencia, en la pasión salvaje del que es joven y lo ignora. El alba los vio nacer entre sus manos suaves, pergeñaron ritos dionisíacos los dioses del canto, parieron vanidades sus senos en sus labios. No pudieron evitar la envidia las nubes a su paso, y oscurecieron los astros el relato. A veces en las tardes, la arena recuerda sus historias, y apresurada corre por las dunas con su cuenco de perlas doradas, ensortijadas lunas del encuentro se enternecen, en la siesta de mis años. Encuentros
  34. 34. 34 Ricardo Luis Plaul Serás ese recuerdo que llueve en mis entrañas cada vez que visito el territorio inevitable del pasado. Abrumador… es el oleaje que me envuelve y me golpea con la bruma del deseo, que camina arrogante en tu piel y en tu mirada. ¿Cómo ignorar esta nostalgia entramada en mi vida? ¿cómo ausentarme al dolor? Fiel enemigo del olvido: Serás el fruto de la soledad que me acaricia al despertar en otro cuerpo, en otra dimensión de la mentira. Faro de un mundo cada vez más distante: renueva mi contrato con la dicha, ¡hay un alcázar de ternura en mi corazón de navegante! Nostalgias
  35. 35. 35 Atrévete a vivir Tu abanico de sombras se quebró en las calles, y tan sólo escuché el desfile sin pausas de los heraldos sin nombre lacerando tu cuerpo. La vida naufragaba adolescente entre drogas y alcohol. El sexo, el sexo, el sexo era una más de las mentiras, una máscara festiva en el carnaval de tus angustias. Era la misma historia repetida una y mil veces, eran las manos del incesto registrando olvidos. Mariposa sin luz, sin primaveras… que el deseo insurgente de la vida no se quiebre en tu vientre, que el cauce seco del amor sea semilla y viento, en este cielo. Sombras
  36. 36. 36 Ricardo Luis Plaul Atrévete a vivir en el ocaso de tus miedos, en el sinfín de tus derrotas. Tu rostro iluminado florece en mis recuerdos, tu corazón dulce y bravío recorre mi camino. Atrévete a vivir en este extraño sortilegio que acaba cada día. No hay respuestas seguras en sus horas: es el hoy más eterno que conozco. Recuerdo tus labios húmedos y tus ojos brillantes. Frente a la furia desatada de este mar vives en mis entrañas, descansas tu cabeza mojada entre mis brazos y luego lentamente te alejas en el vaivén del tiempo. El alba encontrará los restos perdidos del naufragio, una corola de madreperlas adornando la tarde del adiós. Sedientas, las lunas del olvido se asomaron a la ventana de mis sueños. Adormilados, los ojos de Neptuno contemplan tu silueta, hundiéndose en sus manos de niebla. Atrévete a vivir
  37. 37. 37 Atrévete a vivir Entre los días de tu vida la soledad destejió sus huellas. De la percha del destino descolgué mi traje nuevo. Comenzamos a escribir esta historia con la inquietud de tus días jugando entre los míos. Y entre una cosa y otra convocamos la mirada y el silencio en la obscena maravilla del deseo serpenteando entre los cuerpos. Los ecos de un pasado ausente morían entre tus brazos y abrazos, entretejiendo los mañana, los quizás, los húmedos letargos del después. Tantos años me desnudaron de sombras, Me estacionaron en olvidos pequeños, pero necesarios. Y la leve serenidad del parasiempre inundó los mundos con tu nombre, perforó la insomne fantasía de saberte eterna, de despertar cada mañana en el hueco de las almas, con la preñez de tu recuerdo entre mis ojos. Entre tú y yo
  38. 38. 38 Ricardo Luis Plaul Rumorosa transparencia la del agua, que me llena de oquedades, de murmullos en el alma que te extraña, que te nombra, como la primera vez junto al temblor del verbo, junto a las manos cálidas. En las hebras de la carne tu gusto a miel deshace soledades. En el descanso de la tarde Tu sol, herido de nostalgias, desangra su ternura entre mis labios. Oquedades
  39. 39. 39 Atrévete a vivir En el cementerio de mis dones enterré la soberbia de juzgarte, de prohibirte, de cercarte, la pretensión de pulsar cada una de tus cuerdas. Lancé hacia el blanco de la vida tus pasos vacilantes, y fui tu bastón, tu ancla de tormentas, tu poncho al viento. Junto al árbol más anciano escuché tus aventuras inconclusas, tus escusas con sabor a mentira. En este recodo del camino saboreo con ganas mi descanso, apoyo mis sienes en tu pecho y escucho el latir de mi destino. Acaparando marejadas cobijé tu ternura, amansé las soledades, develé el sortilegio de las lunas inquietas, con la presencia soberana de este amor, que apenas asomaba, apenas alumbraba en el pequeño cielo, era una flor que iba creciendo en el centro de todos mis desvelos. Regresa
  40. 40. 40 Ricardo Luis Plaul Ahora regresa, vuelve a mi carne, habita en mi llanto, no temas, mi corazón puede abrirse hasta el desgarro si tu palabra enhebra, un perdón para mi canto.
  41. 41. 41 Atrévete a vivir Yo soy el monte, la tierra, la lluvia… todos los nombres visten mi piel. Soy el indómito galope que cruza como un rayo la llanura, el sueño de la estepa que se espeja en la distancia, soy la crisálida azul de los hielos eternos, Soy el eco de la muerte que duerme en los colmillos poderosos del destino. Olvida mi pesar, olvida el terciopelo de mis noches, un vendaval de alegrías me visita con sus lunas repetidas, el asesino del tiempo se detiene asombrado al renacer la rosa. ¿Y tú? Tú aprietas mi cintura y bailas para siempre, en la cresta de la aurora, en el abismo de tu mágica locura. En el atardecer de mi vida, te observo y me estremezco. Soy contigo
  42. 42. 42 Ricardo Luis Plaul En el portal de las estrellas fui a buscar tu nombre, se ocultaban tras íntimos portales los mensajeros de tu voz. Desayunaban los versos en el timbre cansino de un corazón gastado por por el tiempo del dolor. Me amanecen tus ojos en la almohada y el calor de tu cuerpo es mi calor. Tus encantos se durmieron esperando que mis palabras agrestes desbrozaran la ternura, anidaran fuentes en el brocal de un silencio, demasiado áspero, demasiado espeso. Me acunarán tus pechos en la mañana que ha entrado sin permiso, a visitar este amor desnudo de pudores, este manso río que fluye caudaloso hacia ese cielo , que despierta en el abrazo, que es el tímido testigo de todo lo que sin decirnos nos decimos. Amanecer
  43. 43. 43 Atrévete a vivir Hay un pájaro herido en la piel del monte, rezuma soledades en su canto de amaneceres, quebrado el vuelo, se pega a la tierra con su tristeza pregonada en cada nube. Sus alas tienen el peso de tu despedida, la añoranza de tu besos, el morral de tus abrazos. Acunan gritos los vientos del norte, mientras la lluvia abofetea tu rostro con piltrafas de un pasado austero, que corretea como un niño en los laberintos de la locura. Quizás tu tibieza apague las torpezas que inseminan mis infiernos las tardes de estío, desbocados corceles atraviesan mi pecho para buscar tu palabra, para acunar tu consuelo. Estamos tan solos en la cosecha de un sentido, que laten admirables las preguntas de la especie cada vez que te encuentro y hacemos el amor, al amparo del pudor y la mirada. Hay un pájaro herido y no puedo curar su despedida, ven a agolparme de piel y de calor con tus entrañas, ven a soledarme de mentiras mientras prendo la llama votiva que me invento antes de arrojarle tu imagen a la vida. Hay un pájaro herido
  44. 44. 44 Ricardo Luis Plaul ¿Cómo serán las calles por las que te adelantas a las futuras horas?” dijo uno de los dos mientras caminábamos por las calles de Banfield. Nos detuvimos en Alvear y Larroque a fumar un pucho mientras los tilos endulzaban nuestros recuerdos de París. Teníamos poco tiempo y fue entonces cuando su voz afrancesada recitó aquellos versos: Rayuela  Como en un sueño de la Maga yo transité las calles de tu Rayuela, con el sabor de tu cuerpo saltando sobre mi cielo, con el miedo silencioso de la pasión que desnuda mi ternura, sobre tu vientre de estrellas. En el atardecer de los recuerdos se agolpaba el dolor en los jirones inquietos de tu despedida. Aún los leños que se extinguen llevan el sello innoble de tus caricias prohibidas, de tus besos que agotan el tiempo en la caída interminable de la inmovilidad.
  45. 45. 45 Atrévete a vivir En el juego absoluto del placer, desnudos e iguales, saboreamos la paz, en la dudosa pelvis de la desmesura, en la divina armonía de los cuerpos que transitan las huellas de una Rayuela eterna. Poco a poco su figura longilínea se fue desvaneciendo y en la tarde sólo quedaron sus palabras.
  46. 46. 46 Ricardo Luis Plaul Piernas que desvelan mi ansiedad dormida, sortilegio de noches tórridas en tu cuerpo que recorro con el corazón agitado, derretido, expandido al infinito roce de la piel que cuenta historias de otros mundos, de otras manos, de otros celos dormidos en tus ojos de miel.. Me acuno torpe entre tus senos, aliento el volcán que estallará en la noche de la pequeña muerte, que por un instante nos fundirá en la magia, disolverá el tiempo y el espacio, nos arrojará desnudos, al centro mismo de la vida. Se apagan las velas, se cierran las puertas, y me quedo solo. Una dulce humedad despide mi conciencia, te atesoran mis sueños cuando ya te has ido. El amor en tiempos sin tiempo
  47. 47. 47 Atrévete a vivir Es el milagro de las palabras que inesperadas crecen Y te aprisionan en mi universo, sin límites, sin condiciones. Dibujan con trazos temblorosos tu historia ya madura en el cubil del viento y de la bruma. El sol estremece su pelambre rojiza tras los montes de eucaliptos, el llanto azul del cardal arrulla tus caricias somnolientas. En tu cadera mi mano anticipa la pasión, mis pecados descubren un terreno de labranza. Una tarde
  48. 48. 48 Ricardo Luis Plaul Capullo de cielo, la espera es ansiosa, con la lágrima fácil y el corazón habitando el universo de la dicha. La espera es feliz, acompañando tus sueños en el vientre de la vida. La espera es del pasado y del futuro, de las palabras aun no pronunciadas, del despertar de la mirada. Te espera el camino insospechado, la magia, la aventura de la sangre y del amor. De la pasión y la lucha, del descanso y el temor. Te espera el abrazo, la alegría, la pena y el consuelo. Te esperan nuestras manos en las que en la vida te escribió una historia, las manos del calor y la caricia. Estás desde siempre y para siempre, en el milagro repetido y sorprendente de adivinarte y de quererte. La espera
  49. 49. 49 Atrévete a vivir Con los ojos abiertos
  50. 50. 50 Ricardo Luis Plaul
  51. 51. 51 Atrévete a vivir Llovieron sequías en tus labios ardientes. Pétalos de esperanza germinaban en tu sueño. Un llanto cerril cayó esa tarde, sobre tus manos dueñas de las tierras y del sol. A veces, sólo a veces, en lejanos cañadones el viento anuncia tu rebelión. Poderosos imperios imaginaron tu dolor creciendo en la entraña de la roca, en el ronquido desolado del volcán. Tu piel dibuja el ajado pergamino de conquistas sangrientas, de culturas ajenas. Un mundo de cielos abiertos pisotearon tus garras, un cóndor sobrevuela en cada lucha las tierras de la liberación. Guerrero inexpugnable: tu grito es un puño cerrado sobre los campos yermos. Los dueños de la tierra
  52. 52. 52 Ricardo Luis Plaul En mis anaqueles dormían tus palabras con la tiesa reciedumbre de tus libros, de tus versos, de tus inquietudes. Supe alcanzarte algún café mientras tus piernas estirabas en el sofá. Sin saberlo robaste de mi copa todo el vino, toda la locura, todos los deseos, todo eso y dormías. La sirena del horror borró los sueños, las sonrisas, las mentiras. Siempre fuiste una presencia, una idea, una caricia. No pudieron torturar tus ilusiones, sacar un pasaje para la desesperanza. No pudieron picanear las voces, que rodaron por los ojos, se aferraron a los versos. Malparidos del dolor bestiaron tu cuerpo, carcasa deshojada que florece, que enternece, que tiene la fuerza de la sangre y de la tierra, que alumbra horizontes de luz en cada espacio. No pudieron desaparecer los abrazos, los silencios de a dos, la penetrante justicia de sabernos uno para siempre, con todos, con la vida. No pudieron
  53. 53. 53 Atrévete a vivir El hombre se apoderó del fuego de los dioses y se convirtió en demonio. Fuego convertido en misiles, fuego de odio, fuego de codicia. Avanza serpenteando en la cocina imperial, cambia sus máscaras para no ser reconocido, pero es la misma muerte de Vietnam, Irak Afganistán o Gaza. En la nuca del tiempo hay un halcón saboreando su destino de gloria, mientras el vientre de la pobreza abre sus entrañas al fuego de metralla. Despojos de humanidad quedan en las calles y el fuego sagrado se apaga en los ojos de un niño. La paz es una palabra que el poder escribe con sangre. El fuego de la muerte
  54. 54. 54 Ricardo Luis Plaul Retratos vacíos, espejos vacíos, biografía de la impostura que el siniestro brazo dibujó en un pasado con rostros ocultos, afectos ocultos, abrazos perdidos. Y las miradas que no me acariciaron, que no me buscaron con piedad, y los murmullos del dolor perdiéndose en pasillos sin tiempo. En la noche profunda vibran las voces sin pasado, atadas a la locura del despojo. Acércate a la luz de la esperanza, descorre el velo de tu paz. No hay justicia sin verdad, no hay libertad sin justicia. Un viento de soberbia está cubriendo tu rostro, está apagando tu mirada. Toma mi mano e iniciemos el vuelo en la claridad de la mañana, una Abuela es la que espera, su corazón palpita y te nombra, en la esquina de la inmensidad. Identidad
  55. 55. 55 Atrévete a vivir Trapecistas del dinero juegan aviesos a comprarte… a comprarme. Sus ojos desorbitados son vidrieras que reptan en el pozo inagotable del deseo insatisfecho. Las cosas se avalanzan, lo inundan, lo vacían. El consumo lo consume, inevitablemente se agusana su cerebro, se debilita el músculo de la libertad. Un oleaje tenebroso avanza desde la entraña retorcida del Poder, tanta violencia te tortura, me tortura. Con la inclemencia egoísta de su enojo escala el risco de la soledad. La maravilla es ajena a sus oídos, en sus gestos sedientos naufraga la magia de sus sueños. Cuando en sus manos mueren las caricias, un capullo de serpiente nace misterioso en su sonrisa. Tener
  56. 56. 56 Ricardo Luis Plaul Ciegos a la belleza de la vida tus ojos yertos son ceniza en el escenario de la vida. Has muerto al oro del trigo y del panal, sólo recogen tus mieses los labriegos del odio y la riqueza. Hay en tus manos sangre de santos inocentes, repliegues del averno empujan tus deseos. Honores rinden a tu paso, dignatarios de acicalado porte, corifeos del mundo se rinden a tus pies. Un cristal delgado sostiene tus sueños, hay olas que rompen en nuevas orillas. Las manos se unen, los ceños se fruncen, los puños se alzan, tiranos de almas se caen de las peñas. Ya son multitudes, ya abren los ojos, ya gritan muy alto. Un claro horizonte sostiene mi canto. Nuevos horizontes
  57. 57. 57 Atrévete a vivir Ausente de domingos me duele tu tristeza aterronada, tristeza de arriero reseca y achicada como tu cuero, como los desiertos de tus ojos sin patria, como la miseria que acompaña al viento para vestir los cerros. En los altares has dejado abandonados socavones del alma. Tus cartas se han perdido en las rendijas desmanteladas de esperanza. Un manojo de hijos para vencer la muerte, bagazo de soledad para engañar el hambre . Dejaré libres tus manos para que robes un pedazo del cielo de tus sierras. Campesino
  58. 58. 58 Ricardo Luis Plaul Nacido en el absurdo el terror fue sembrado en las calles de mi pueblo, y se llevó a mi hermano, aquél de la sonrisa tierna y el corazón abierto. Nacida en el abismo, la fuerza irracional se aposentó en mi patria, y abrió paso a la herida y al lamento. Escuchamos todos los ecos del infierno y cerramos los ojos sin ver los capullos que destrozó el cemento. El fuego y el acero persiguieron los sueños, enterraron las ideas y a sus dueños. Ahorremos el perdón y la obediencia, miseria moral de la conciencia, sembremos la justicia sobre la libertad despierta, sobre la ausente imagen de tus manos abiertas. Justicia
  59. 59. 59 Atrévete a vivir Esta noche vengo a llorar junto a tu guitarra, me han dicho que una voz se apagó allá en el sur. Que lengas y cohiues se vaciaban de estrellas. Que junto a los arroyos sólo gemía su recuerdo. Me han dicho que hablaba de Justicia y de Libertad, que hablaba de Iguales y proclamaba a los vientos nuevos mundos de paz. Esta noche vengo a festejar junto a tu guitarra, palomas blancas florecen en tus acordes. Me han dicho que mil voces han renacido en su Memoria. Me han dicho que llevan la bandera de la Revolución y en su puño encierran las voces de Sandino y del Che. Esas son las alamedas de Allende y Fuentealba, esos son los sueños libertarios, ese es el Reencuentro del pueblo americano, esa es la espada y la letra del Himno que cantan los rostros curtidos, las hembras del sol, las manos que amasan la Liberación. Me han dicho
  60. 60. 60 Ricardo Luis Plaul El vientre de la pobreza lo despierta en la mañana con hilachas de vida, con estrellas perdidas. El ruego se arrastra en sus manos morenas que golpean mi vergüenza, que alimentan mi culpa. Gorrión de la ciudad enferma que vomitó tu destino de muerte, quisiera que volaran tus alas pequeñas. Alfareros de la pena forjaron tu destino, en una cloaca de tiempo inclemente, que castiga cada esperanza, cada recuerdo, cada caricia perdida. Es una flor que se marchita tu silenciosa imitación de la alegría, agotemos entonces la locura del abrazo, será apenas un mendrugo de cielo merodeando en los cartones del frío. Cartonero
  61. 61. 61 Atrévete a vivir Locura de la piedra estrellándose en tu cuerpo, el río de tu sangre lavando culpas ajenas en su Nombre. El cepo de Dios vistiendo la miseria de los hombres. Los gritos se ahogaron en la conciencia de animales sin conciencia, la justicia cubrió con su velo la vergüenza del mundo. Tus manos y tu boca destrozadas vuelven para contar tu historia, la historia de la mujer en el mundo de los hombres. La historia de un Poder sin nombre, de la sinrazón de la fuerza impotente, de la miseria del alma que arrastra su ignorancia como si fuera un estandarte. Nadie quedó libre de pecado, un vómito de furia impactó en tu belleza, Amapolas de ternura recorrerán tu cielo, Ángeles de paz cobijan tus desvelos. Lapidación
  62. 62. 62 Ricardo Luis Plaul Es la Madre Tierra cobijando a sus hijos en el pentagrama de su vida. Es el puño clamando justicia, la voz de los sin-voz. Es el trueno de la lucha, la melodía, el grito, la sangre de la Puna. Es la llanura infinita de la santa indignación, el poncho, la vidala, la potencia del sueño americano. Sos Mercedes, sos el abrazo de la vida con destino de Pueblo Mercedes
  63. 63. 63 Atrévete a vivir Me duele la miseria atada a tus pies pequeños, a tus ojos donde juega sin rostro el olvido. Me duele el hambre sin voz que adivino en la piel oscura del temor. Nos hundimos en palabras para aliviar tu pena, levantan muros para esconder el grito que atraviesa inclemente la conciencia. Se enturbian tus sueños en telarañas de injusticia, ciegas de violencia las noches te golpean en el alma. En la lucha por un nuevo día se juega nuestra vida. Niño
  64. 64. 64 Ricardo Luis Plaul Gime la muerte en las campanas sin badajo. Me agota este dolor que destruye tus entrañas Mujer de Sarajevo. Un ángel negro habita en los ojos de tus hijos! Extraña indiferencia acompaña tu grito. Sospechosa indiferencia de las manos que construyen el horror. En tus calles la noche embaldosó las almas, los sicarios del hambre vigilan tus pasos. Las palabras se apagaron Y un sudor frío serpentea en la nuca del miedo. Tan lejos, y tan cerca... Arde mi corazón en tus heridas! ¿Acaso alguien llorará contigo? Mujer de… (Sarajevo, de Irak, de New Orleáns, de Gaza, de África, de Argentina...)
  65. 65. 65 Atrévete a vivir Violaron tu cuerpo, cercenaron tus sueños, la marioneta obedece a sus amos, en esta nueva aldea. ¡Que en tu tierra estéril germinen utopías! Que mi voz te acompañe, Madre del silencio, Madre del dolor.
  66. 66. 66 Ricardo Luis Plaul El ganado de las sombras suele avanzar sobre el mundo. Sus pestilentes aromas de lujo y corrupción dejan su remolino de juergas . Son voces que alertan sobre el desorden posible, la democracia y la seguridad. La cruz trae su manto de santidad, el velo beato de la bellaquería. Son jinetes que prometen Apocalipsis now, Eternos Salvadores de la Humanidad. Patroncitos generosos de vientres prominentes, Acicaladas Damas que en el ajedrez de la vida sólo observan su espejo, pudriéndose detrás. Desnuda su violencia, avanza en cada guerra por la paz que emprenden, orgiástica demencia que vacila en cada pueblo que vence su resignación, que resiste en la Memoria, que nace en la Justicia, que escribe los Himnos de la Liberación. Los ojos están abiertos, las ventanas también, penetran los sueños, transitan los caminos de la magia. Es el sudor que los aterra, el color que los aturde, la piel que aborrecen, los rasgos que abominan. Avanza una Historia que la sangre escribe desde el fondo de la tierra, desde el amor que abraza y abrasa, desde las manos que danzan al viento con la misma sed desesperada que nos une, renovada y simple en cada marcha. Con los ojos abiertos
  67. 67. 67 Atrévete a vivir Ya se caen los Altares, se derrumban los Muros, Es una palabra peligrosa y santa en su desobediencia, es la palabra que construye y deconstruye el fuego, que juega con el cieno y no confunde, Es pensamiento y llamarada, es mi Hermano que sufre, es esta marea que barre y que alimenta, que golpea conciencias en este día que amanece, con los ojos abiertos.
  68. 68. 68 Ricardo Luis Plaul ¿Recuerdan? Era la época en la que se podía caminar sobre la tierra. Y había agua y ríos y cascadas. La muerte y la vida eran sabias. ¿Recuerdan? Había pájaros sobre los árboles, verdes, rojos, amarillos. Había colores y pasto y niños jugando en las veredas. El viento…recuerdo su voz, casi un aullido, desperezando mañanas en el llanto de los sauces. El mar era azul y la vida jugaba en sus entrañas. ¿Recuerdan? El sol se estremecía sobre las nubes bajas. Vivían los abuelos y todavía… se podía caminar sobre la tierra. Sobre la tierra
  69. 69. 69 Atrévete a vivir Por los hombres que han muerto con los ojos puestos en los grandes sueños y con las manos abiertas a la revolución temprana. Por la dimensión de mi piel que logra descubrir la lucha cuando la encuentra justa. Por los amaneceres robados en el fragor del encuentro, por el futuro incierto, que adivino oculto y apesadumbrado. Por el canto y el cielo que encierras en tu voz y en tu llanto. Por los que no han caído en vano, y que siempre, siempre recordamos. Esta es la hoguera que alimenta mi fuego, es el oculto cauce, junto al que lloro y sufro, junto al que canto y rio. Por ellos
  70. 70. 70 Ricardo Luis Plaul Cuando la fiebre pintó de amarillo a Buenos Aires, nació Chacarita para albergar el único reposo de los pobres. La guitarra del orillero supo cantarle al fin de la sonrisa, en el velorio de un tiempo, personal y secreto, que se acabó en el oeste, cuando los ojos cansados de alimentar el alma se abatieron con la peste. La muerte noble y porteña, mientras tanto, erigía recuerdos de mármol en Recoleta. Florecidos enigmas vigilaban el silencio incomprensible de los muertos cansados de ser héroes de bronce que custodian, a la piedad dormida. Las muertes
  71. 71. 71 Atrévete a vivir Fue tu clara inocencia recibiendo los golpes inclementes, el hipócrita perdón, la sonrisa transitoria, el amor enfermo, insanablemente enfermo. Marchitaron las palabras de la dicha, se hundió el barco del recuerdo: en su lugar brotaron espinas de rencor, el dolor expandido en la mirada que llovía tristeza y placer amoratado. La soledad vistió el estandarte de la dicha, sólo tus hijos abrazaron la dulzura momentánea, pero también el miedo, el increíble miedo en la noche de alcohol y desvarío. Sólo una piedra muda te acompaña, sólo una piedra de dolor golpeando una vez más en cada pétalo de desdicha, en cada lágrima de abandono. Un refugio de luz busca tu cielo, en un esfuerzo de tus manos yertas, ¡logras romperle el velo a la justicia! Golpes
  72. 72. 72 Ricardo Luis Plaul Tu piel lo extraña, tu rabia, esa profunda rabia del despojo, flota oculta en la ternura del recuerdo. Su cara, sus manos cálidas que una vez más te abrazan, se alejan en la nostalgia, vagabundean en la angustia, despiertan con la lucha y con los sueños. Los Pañuelos Blancos de la Plaza hoy como siempre pedirán justicia, en su nombre, en el tuyo, en el mío, en el de todos. Ausencias
  73. 73. 73 Atrévete a vivir Maestro de utopías, arquitecto de mágicos desvelos, nos alcanza tu ideal en un vuelo de justicia, en el abrazo de hermanos que siembran, que viven con soles nuevos en el alma en el amanecer del mundo. Tus banderas flamean arropadas por el pueblo, que dibuja pentagramas de alegría en la tierra del Inca, en la Patria de Martí. Callado el imperio se amortaja en el llanto, arrojan tus manos semillas de huracanes, sin fatiga combates con el fragor del verbo. Caminos de cielo florecen con tu nombre. Luchador
  74. 74. 74 Ricardo Luis Plaul Acodado en la muralla de la justicia penetraste como un rayo en la conciencia de la Patria Grande, tu voz, tu inmensa voz, pobló los mares del mundo, cual torbellino incansable de la Revolución. La lucha fue el diluvio de la Idea, que vivía en tus entrañas de guerrero del Pueblo, que ardía en la fatiga, que despertaba al sueño de la liberación. Tu camino recorren los pobres de América morena, tu antorcha se enciende en cada barriada, tu fuego me enciende en cada mirada de un niño con hambre. Inclemencia de un tiempo con soles muertos, con rostros opacados, se tiñen de rojo las calles de tu cielo. Las manos callosas comienzan a tejer tu destino, el sólido y profundo continente de la dicha. El Che
  75. 75. 75 Atrévete a vivir Espejos deformantes en la realidad vacía de tus líneas blancas, derroteros demenciales en las huecas soledades de la vida. Esclavo del delirio artificial, tus fantasías se desvanecen en el secreto pasadizo del horror. En un cuerpo mutilado se escribe esta historia miserable, las palabras murieron en tus ojos apagados, ni siquiera la lágrima de la esperanza enciende algún destello. La muerte del amor encadena tu camino, un sol negro espera en tu destino de olvidos. Pasajero del silencio, esta es la última mano del juego misterioso y no hay ases en tu mazo, el solitario delfín del descalabro está acechando, no te arrojes a las aguas oscuras: hay manos abiertas que te esperan, un perfume de frondas ancestrales humedece las últimas páginas, recobra los vientos que olvidaste, te esperan sedientos en la esquina del abrazo. Salvación
  76. 76. 76 Ricardo Luis Plaul Condenado por el cielo a reclusión de versos hundió su pluma en el sufrimiento de la tierra. Inclementes desfilaron los pobres del mundo con las banderas de la justicia a flor de piel. Sus llagas lloraban al hijo perdido en la guerra de todos los días, el hambre apenas era el recuerdo de días mejores. Abrevó en el tango sus mejores letras perdido entre las ligas de alguna prostituta. No quiso al alcohol entre sus compañeros, apenas el cigarro en las noches de abandono envolvió la soledad con sus volutas. Quemó sus cartas con rabia contenida: eran el tesoro de días con luz. Sintió el frio de la llovizna gris mojando su cordura, la suela de la vida comenzaba a agujerearse. Condenado por el cielo a reclusión de versos, comenzó a toser sus desengaños abrazado a la columna de la esquina. Las sombras del barrio no quisieron protegerlo esta vez, las aves en silencio picotearon sus ojos, cuando ya no le fueron necesarios. Condenado
  77. 77. 77 Atrévete a vivir Aguardó en las puertas de la historia el postrer tributo de su pueblo. Abrió para muchos una ventana a los sueños, sus manos albergaban estrellas de justicia. El corazón más sencillo elevó la plegaria del trabajo, sabe que la lucha es su destino. La tristeza le humedece el alma, la pasión le enciende los ojos, no hay marcha atrás en sus banderas. La fuerza popular es la muralla que estalla en las puertas del poder, que se abraza al hermano y lo llama compañero. La luz de los justos enciende sus guirnaldas, ya te alcanza en tu vuelo y te acaricia en tus entrañas. Hijo del pueblo
  78. 78. 78 Ricardo Luis Plaul Dicen que el trovador del pueblo tiene Alas en el corazón. Su verso abreva en la sangre de América Morena, derrama su poesía en la Memoria del Dolor. León de los Nadie, garras de justicia para vivir los sueños en tu cielo de paz, para andar los caminos de la patria con la antorcha de la Tierra, con el alma de Mercedes cobijando tus cuerdas. Pariendo las coplas que encienden los vientos de la Revolución serena, dicen que el Trovador del pueblo es la voz de los sin voz, floreciendo en el mundo. Trovador
  79. 79. 79 Atrévete a vivir Huésped de la vida
  80. 80. 80 Ricardo Luis Plaul
  81. 81. 81 Atrévete a vivir Guardián de las palabras y el espacio, déjame entrever el cofre del tesoro que alimentó las musas protectoras del gran Pablo y el entrañable Julio, penetrar los secretos ancestrales de la memoria musical de la poesía, codearme con la magia de Machado, y dibujar estrellas marinas en las alas del hada que cobijó a Alfonsina. Más allá del espiral de mis caminos, hundido en la luz que transitamos, vela oculta, apenas una chispa del verso que buscamos, del cáliz de los sueños que respiran palabras. Apenas unas gotas de la pócima encantada bastará para encender el fuego, resguardarlo de los fríos arteros, lanzar hacia tu corazón sereno los dardos siempre vivos, de este amor sin razón que aturde mis sentidos. Guardián de las palabras
  82. 82. 82 Ricardo Luis Plaul El tiempo está en la esquina bordando mi destino, esconde en su dedal sus miedos más profundos. Teme que descubra que al final… está la vida. No ésta, con sus luces y sus sombras, la que esculpieron otros dioses más augustos, en el mármol inasible, pero eterno. Se gasta y se desgasta como la lluvia sobre el cemento gris que muerde mi inquietud, y se descuelga en lejanías, en voces que he perdido para siempre. Arcontes misteriosos de pasados nauseabundos, se alejan cabalgando en el lomo de las horas tristes, de las casas vacías. Hay un cordel de fragancias navegando en su curso, apostando a la infancia, a la magia en la que creía cuando los viejos patios parecían mucho más grandes, cuando las glicinas amanecían torpes en las manos amables. Viviendo
  83. 83. 83 Atrévete a vivir Las risas insepultas despiertan al recuerdo, lejanas caricias vienen a mi encuentro, remoloneando apacibles entre las ollas, que tiznaban mejillas a la hora del juego, que escondían pobrezas con olor a puchero. Ya te libré en esa escondida, me acechabas desde el primer vagido, y descubrí tus cartas con mis versos, el vil engaño de las noches serenas que agasajan el alma con estrellas. La plenitud de ser, será un recuerdo del mañana, sembrado en mis ojos, aposentado en los años de mi olvido.
  84. 84. 84 Ricardo Luis Plaul Mis palabras en danza por la vida golpearon puertas que no abrieron, entreabrieron ventanas clausuradas de egoísmos, habitaron corazones fértiles de gozo en el placer de compartir. Jugaron con peligros en senderos abisales, pronunciaron rituales sagrados en los altares de tu cuerpo. Caminaron en susurros calmando enojos en cunas pequeñas, en los ojos que el desamparo trajo a mis orillas. Mis palabras develaron realidades, sembraron semillas, cuando los dioses alumbraron el retorno tan cruel a la Caverna del ser y del saber. Mis palabras viajaron en versos traviesos, inquietas marejadas de mi mismo. Formaron rondas a tu alrededor, capearon tormentas tenebrosas de muertes y silencios. Mis palabras, mis pequeñas palabras, ardieron en abrazos que esperan, como ayer, el horizonte de tus sueños. Mis palabras
  85. 85. 85 Atrévete a vivir En el encuentro de los cuerpos se dibuja la virgen trinidad del placer que descubrimos al despertar de los primeros sueños. Agotadas las hipocresías sólo quedamos los dos con nuestras miserias y grandezas, cobijando el milagro, allanando las dudas. Recorrimos con el temor de compañía las pérdidas sin límites de la vida, recogimos frutos generosos de nobleza, el abrazo tibio y el llanto sereno de la despedida. En las palabras que bebimos estaba el secreto, la pócima insepulta del inefable néctar, supimos derrumbar los sacros laberintos del vacío que acecha los corredores de la mente. Desnudas bailan las miradas en el brindis ancestral de nuestra vida al amparo del mundo, en el vaivén del amor que se adormece en tus labios, que se acuna travieso e intenso en la ceremonia de la carne. Abrazamos el aliento estremecido de todos los mañanas, arrojamos con las manos prietas, todas las antorchas del color. Nuestra vida
  86. 86. 86 Ricardo Luis Plaul Ven, acércate, quiero estrecharme a tu destino, quiero escuchar con atención las voces y los cantos, encerrados quedaron en el cofre del silencio, como brotes del alma suplicando en tus ojos, como acero insoluble golpeado por los vientos. Un coro de aleluyas nos saluda, ya hemos arrojado todas las monedas, sólo nos queda el recorrernos, el ahuecar los recuerdos en el seno de la vida, en la comisura de la muerte. Tomamos el mate del estribo y el corazón se ensancha, tu ternura cabalga hacia mi cielo, en un corcel humilde, descarnado de estrellas.
  87. 87. 87 Atrévete a vivir Sereno he recorrido el camino y probado sin duda sus frutos más dulces. Sus espinas más amargas dejaron su hiel y algunas cicatrices que no puedo ocultar. Hoy atardece, la última ola está al llegar, la espero tranquilo en tus brazos amantes. No hice mucha bulla en este mundo, tan sólo he aquietado algunas aguas y encrespado otras. Planté algunas semillas que florecen con el sol desmenuzado en sus cabezas, de la vida que enternecen, de la vida que atesoran en cada hueco del alma. Y ahora, acompáñame, tómame dulcemente las manos y juntos, muy juntos, pronunciemos las palabras olvidadas. Síntesis
  88. 88. 88 Ricardo Luis Plaul Hoy vengo a decir adiós con el ocaso en la piel y un viento frío en el alma. Todo se suspende… y la pasión se arroja al abismo de este otoño. Se demoran las caricias en el teclado inefable de la vida. No nos debemos nada y nos debemos todo. ¿Cómo abandonar este calor y esta esperanza? ¿Cómo apagar la luz de nuestro mundo? Lentamente, muy lentamente, este momento único me abandona. Escasos rastros florecen en la arena de mi tiempo. Mi corazón danza en tu mirada una vez más. Ocaso
  89. 89. 89 Atrévete a vivir Hay una danza suave de caracolas que enredan tu cintura, que juegan con las olas, que son la guirnalda de un recuerdo, el abrazo marino de una niñez que ve escapar la infancia, en el trompo de la vida. Arrastra golondrinas el viento del sur, cálidas lágrimas del cielo se deslizan en mi piel, se dispone la arena a rescribir tu historia, a soñarte despierta en el otoño que nubla mi vista, que despeja tempestades, que camina desnudo en los caminos aterrados, en los mundos paralelos del destino. La danza de la vida
  90. 90. 90 Ricardo Luis Plaul Aquella casa me cuenta sus secretos escondidos en las manchas de humedad, en el mágico escenario de voces encendidas. Aquella casa vive conmigo azarosas aventuras, terribles duelos, y amores furtivos en la sombra del zaguán. Fantasmas de otros tiempos guiaron mis pasos, apaciguaron mis desvelos, entornaron los párpados finales de los pasos perdidos. A veces cuando llueve recuerdo sus perfumes de antiguas glicinas, de trajes ilustres, de libros ambulantes. Por aquella casa deambuló mi vida cuando todavía sus manos cobijaban mis sueños, cuando todavía sus brazos amparaban mis miedos. En aquella casa, en la magia incipiente de los días, pantalones cortos vestían mis versos, bolitas de colores ilustraban mi infancia. Aquella casa
  91. 91. 91 Atrévete a vivir Una luna pequeña adormecía la tierra, somnolienta la noche salió a contar historias sobre las aguas quietas, antiguas soledades cabalgaban su furia y sombras marmoladas callaban su destino. Un dolor incipiente golpeaba estremecido en los corredores del alma, acaso adivinaban el adiós de la tarde llorando mi nostalgia. El jardín y su fuente: todo es más grande a la distancia, mi madre y sus juegos: todo es más triste a la distancia. En el silencio abrumador de esta aventura quiero acunar nuestra historia con los versos, pervertir la incertidumbre cotidiana con la feroz plegaria de mis labios, encerrar en tu mirada todo el espacio de mis ganas. Todo es más triste a la distancia
  92. 92. 92 Ricardo Luis Plaul Patios compartidos. Vidas compartidas. Tránsito de nubes y golpes de estrellas. La niñez duerme en baldosas inquietas y una vejez de glicinas prepara el último viaje. Ausentes golondrinas son el retorno del destino a tu paisaje interior. Un barrilete de mandalas me cuenta tus historias de artista y de pagana. Un pentagrama de luz Y un pincel bastan para alcanzar el horizonte. Patios compartidos
  93. 93. 93 Atrévete a vivir Esa tarde, libros polvorientos danzaban cubiertos de quimeras, de pan y fantasía. Jugaban utopías en el límite exacto de la vida, ocasos de piratas y tesoros de amantes durmiendo la siesta, en las hojas del tiempo. Se ocultaban ansiosos en el vórtice oscuro de la muerte, en las uvas amargas de la ira, descansaban de los sueños inconclusos del febril poeta, de los pasos del infierno dantesco, de la descripción detallada, de la infancia perdida, del tedio de la historia, de la historia del tedio de los hombres. La lluvia cae y los asusta, me cuentan sus relatos, me atemorizan, me alegran, me emocionan, me despierto… Los libros
  94. 94. 94 Ricardo Luis Plaul Porque ya no están y sin embargo viajan conmigo y con mi sombra, Porque fuimos el abrazo y el juego, la amistad y el fuego. Porque compartimos el amor y las lágrimas, porque adivinábamos las líneas ocultas y nos asombrábamos de las mismas cosas. Porque se fueron temprano y me dejaron tan solo, por eso, a veces, hay nubes en mis ojos, hay un deseo que no alcanzo, hay una pesadumbre que atraviesa el cielo como un rayo certero, que penetra el alma y la destruye, que llora ausencias que me aturden, que arrancan de mis manos y mi pecho, viejas historias, que inquietas se deslizan por las fotos, reptan en la noche del recuerdo, y dibujan una sonrisa triste, esta tarde lluviosa, porque han de volver cuando yo me vaya. Amigos
  95. 95. 95 Atrévete a vivir Un pequeño banquito, donde dejé sentados quietecitos mis recuerdos, esperando la muerte. Un pequeño banquito donde mis soledades tomaron merecidas vacaciones, donde se aposentó el moho de la pereza y el demonio de mis enojos. A ese banquito pequeño Yo lo quiero, lo protejo: en él senté a mis hijos, y sentaré a mis nietos para contarles historias repetidas, leyendas absurdas, y mágicos cuentos de príncipes, dragones y conejos. Un pequeño banquito de nostalgias y secretos, un pequeño banquito se nos ha robado el tiempo. El banquito
  96. 96. 96 Ricardo Luis Plaul Le presté a la vida tantos años, tantas letanías… Ya olvidé las tonadas infantiles, las viejas navidades, los pasos de mi viejo volviendo del trabajo, la ropa tendida en esa cuerda más larga que mis pasos. Un eco de voces conocidas alivia mi dolor, reconfortan los santos del llanto en serena procesión de ausencias. Sus rostros, se asoman a la ventana de la vida, y me observan con asombro quemando ensombrecido sus cartas de amor, de ese amor mentido en tardes de frio. Los viejos fantasmas que hoy visito se alegran de mi cercanía, de los versos que traducen tantas palabras que murieron antes de nacer. Sus ojos están cerca, lo presiento. Escucho sus labios murmurar, se encienden las fogatas del recuerdo y el frio de los huesos que reposan, me advierten la finitud del deseo, de todos los deseos. En los vidrios empañados escribo mi última historia, el boleto de este viaje está pagado. Letanía
  97. 97. 97 Atrévete a vivir Los rostros están solos, se descintan, se desbordan, solos sufren su historia y su tortura. Surgen del abismo de la noche con el grito difuso a flor de labios, con la lucha a flor de piel, a flor de justicia. Son el Golem de un pincel que reveló el infierno tan negado en el ocaso de los monstruos. Cuando caigan las vendas, cuando caigan los soles de tu abrazo, de tu abrigo, de los puentes que cruzan la muerte hasta la puerta del mundo que dibujas. Entonces, solo entonces, florecerá la vida en cada poro del arte que me ofreces, en cada esquina del color que se derrama augusto, en la piel desgarrada del camino. Compareciendo
  98. 98. 98 Ricardo Luis Plaul Jugó con ella la última partida, moviendo sigiloso los alfiles del sueño. Jugó su angustia desmedida con el sudor culpable del peón que reservaba. Las torres del deseo observaban su partida preñada de recuerdos. Como estrellas terrenas las luciérnagas del alba, inquietas, saltarinas, vigilaban el camino. La dama invencible fue cerrando sus ojos, acallando lamentos, mancillando las inútiles flores del adiós. Traía las respuestas a todas las preguntas. Me pregunté si acaso escucharía mi voz. El reposo de sus manos anunció el dolor de los vivos, en la última partida.. Curioso un rayito de sol jugaba en las persianas, que como heridas blancas dibujaban la vida. La última partida
  99. 99. 99 Atrévete a vivir Con las luces encendidas, por algunos instantes estuvimos juntos. Las siluetas de los rostros, el contorno de los cuerpos, casi nos eran familiares. Podíamos apenas adivinar los deseos, los ocultos pensamientos. Por un momento, sus sentimientos fueron los propios, y de a poco, casi sin darnos cuenta, nos desgarró la distancia, se rompieron en la espuma las palabras, y un grito de adiós nos cobijó en el recuerdo. Como barcos en la noche, Por algunos instantes estuvimos juntos en un zigzag del tiempo. Las imágenes hoy son borrosas, apenas un hilván delgado que recorre mi nostalgia. Como barcos en la noche
  100. 100. 100 Ricardo Luis Plaul Un rugido ensortijado y penitente trae olores y voces de otros cielos. Un murmullo de pinos cobija el vuelo de las golondrinas que gobiernan alturas majestuosas. Las ánimas que vagan por el mundo derrochan gemidos entre las ramas, alargan sus rezos levantando remolinos entre las rocas dormidas. Corceles desbocados recorren las calles desiertas, las primeras gotas se parecen a tu piedad muriendo sobre la tierra yerma. La locura fulgurante se apodera del cielo enlutado y la ira de los dioses se desbarranca sobre mi corazón. La tormenta
  101. 101. 101 Atrévete a vivir Espejaba el lago en su belleza la eternidad del cielo, aladas presencias y gigantes alerces anunciaban la fuerza mapuche caminando entre las cumbres. Un hálito de rosas acunaban las aguas, una guardia de retamas españolas se empeñaba celosa en cantarle al camino antiguos madrigales con sabor a azafrán. En el candil de la pasión esperé tu vuelo mariposa del abrazo, los vientos del sur me dijeron tu secreto austero. En los chochos silvestres una explosión de color acarició los ojos: era el ballet de la Pacha regando generosa sus artes inefables, en el alma de los hombres buenos. Cuando regrese a tus entrañas no seré un extraño a tus latidos, juntos bailaremos la danza ancestral que te acompaña en el lago y el estero, jugaremos en la cresta de tus olas de piedra con el níveo manto de la novia del tiempo. Te espero tranquilo, ya visité tu paraíso y recibí tus instrucciones: en puntas de pié y casi en susurros me quedaré dormido en tus brazos de cielo. Allá en el sur
  102. 102. 102 Ricardo Luis Plaul Caminos escabrosos que salpican el alma, horadan el cuerpo con la maligna azada de la envidia, del rencor aupado en la pequeñez del egoísmo. Caminos peligrosos que recorre el miedo, la adrenalina del placer prohibido por los hombres, regocijo inaudito de los dioses. Caminos anónimos que esconden el dolor en el laberinto de la locura. Caminos cansadores, hijos del tedio, mensajeros indiferentes de la incertidumbre. Caminos vacilantes en las postreras letras del adiós que se avecina. Caminos oscuros con los ojos yertos el afán asesino de la codicia, que inmunda, vuelca sus tesoros a la vuelta de la esquina. Caminos solidarios que florecen en la justicia sin nombre de los pueblos. Caminos de esperanza en la primavera que renace en cada encuentro, en cada hilván con que me abrazo a tu sangre, desmesurada e irreverentemente joven. Caminos
  103. 103. 103 Atrévete a vivir Serpenteando límites llegan tus versos a la conciencia golpeada por la vida. La humanidad espiralada nos atrapa en el abrazo de la amistad sincera, y salto los charcos de esa nada que espera inquieta al final de los caminos. La boca del tiempo, desdentada, me sonríe y me convoca, desafía soledades y provoca infiernos. Con mi mano enguantada reto a duelo los fantasmas, erijo castillos de cariño, me abrazo a los amigos con el mate, y desando vendavales en tu cuerpo, en tu sangre, en la cópula sagrada de la vida y de la muerte. Espérame en el llanto: habré de cobijarte, dancemos la alegría de este escenario que nos tocó vivir, con el último aliento, con la feroz bocanada de palabras que acarician el alma y la piel, con la mirada que perdona, que habita en cada sueño, en cada jardín avasallado de presencias. Y juntos, como las grandes alamedas, orillemos el camino por donde juega el destino. Destino
  104. 104. 104 Ricardo Luis Plaul Acuden presurosas las hijas del milagro a develar secretos y condenas. En el misterio del verso se anudan a mi nostalgia, son las viajeras del alma que hieren y perdonan. Encorceladas en el duro andén del tiempo, se encabritan y pelean. Mágicas y ocultas, aletargadas, a veces, parecen dormir una siesta con el viento del norte. Presienten un destino final, se asoman al abismo, se asustan, se rebelan, dejan un testamento peculiar apenas entrevisto, de palabras pequeñas, perladas de amor, agotadas de fracaso. Ideas
  105. 105. 105 Atrévete a vivir Hay cristales que danzan su música más bella en la cocina de la lluvia. En el amparo estremecedor, de a poco tu sonrisa va floreciendo los recuerdos. Definitivamente, en mi sangre se adormece el abrazo, Ese, que nunca nos dimos, ese deseo poderoso en tu piel morena, en el cortejo sinsentido que murió antes de nacer. Un silbido se rompe en las calles avainilladas de baldosas, de barrio, de canalladas adolescentes. Y voy corriendo tras el llanto, escribiendo torpemente, mientras desbrozo la vida, mientras espero la muerte. ¿Cuántos días de inútiles esperas para aprender a esperar! El reloj me observa y se sonríe, descaradamente, jamás volveré a decirte que te quiero, el débil portoncito se quebró en mil pedazos, tan sólo el cielo conservó su juventud. Todos los rostros están allí, el espejo se los fue robando. Acaricio tu mejilla y me despierto, las lagañas del olvido me han dejado ciego. Tiempo de olvidos
  106. 106. 106 Ricardo Luis Plaul Esta brillante broma con cielos tan diversos, con sufrimientos indecibles y amores irrecuperables, con esperanzas que desesperan para siempre y esclavos del esfuerzo inútil; este breve camino de fuentes escasas y flores profundas, este sueño incandescente que aún no sé si es realidad o es deseo; esta sinfonía irrealizable con sus pesadillas de miel y sus muertes inevitables; este castillo inconcluso con fosos de viento y murmullos de mar; es el eclipse de la noche que creció en mis manos, es el enigma que escribieron los dioses aburridos, un día en que jugaban a ser Dios. Enigmas
  107. 107. 107 Atrévete a vivir Avanza paso a paso, carcomiendo sin dudas el cuerpo macilento, esa amalgama perfecta de linfa y sangre, que busca desde siempre su destino de muerte. Cada noche flaquea su esperanza del mañana, cada mañana hace erupción el sueño de la vida. Atravesó tormentas imprevistas en mágicos navíos de viento y soledad, creaciones de ángeles traviesos que jugaban en sus sienes de plata. Sus ojos sabios ya divisan la irrenunciable línea de la costa: allí donde amanecen para siempre los deseos perdidos, los abrazos demorados, las chispas apagadas de ese Amor que se arrugó en sus años, que se anidó en sus versos para siempre, que lo conduce sin miedos, lentamente… a la casa transparente del tiempo. El anciano
  108. 108. 108 Ricardo Luis Plaul Delirio En recuerdo de Ana María Brinkmann Un sino de delirio recorrió como un fantasma callado, los laberintos angustiosos de tu mente. El dominó de la cordura fue perdiendo piezas cada día. Abismos escabrosos encerraban los pliegues del recuerdo, imágenes extrañas navegaban a la orilla de tu sonrisa. Me acunaron tus ojos vivaces, tu voz susurrante dibujaba inquietas realidades. Un corazón tan grande no podía convivir con la maldad del mundo. Los pasos del dolor fueron anidando en cada poro de tu piel y comenzaste el viaje. Desde siempre te aguarda la caricia eterna, un dulce perfume impregna tu camino. El Hacedor de Sueños espera tu libreto inesperado. ¡Ven! Abrázame, hoy han quedado más solos mis versos, todavía…
  109. 109. 109 Atrévete a vivir Cuando el tiempo vuelva ceguera mi locura y mis pasos se hagan vacilantes, cuando susurren las almas a mi paso, ocultando el frio infinito de la nada, acompaña entonces con tu calor mi desamparo. Envuelve con tu voz mis desengaños, cuéntame otra vez esas historias que anidaron el amor en las costuras felices de mis años. Repite despacio, casi en puntas de pie, las palabras, que no has dicho por vergüenza o por temor, quiero llevarme en este viaje las estrellas de tus ojos, titilando… El viaje
  110. 110. 110 Ricardo Luis Plaul Ojeroso de nubes El cielo nos cuenta su tristeza, Y yo te extraño... Cuando la calle pregona sus silencios y la resaca oscura de la tarde humedece mis huesos, mi nostalgia se adormece en tus ojos. Ven a rescatarme de tu ausencia. Mi dolor va emigrando hacia tu cielo y tu cielo es mi casa este domingo. Domingo
  111. 111. 111 Atrévete a vivir El tiempo nos apura, nos retrasa, nos rebasa, nos aprehende, nos vive. Se engolosina con la finitud del instante, con los amigos que se han ido. El tiempo, ese feliz verdugo de nuestro tiempo, no existe. No existe en nuestro abrazo, en nuestras miradas, en ese mate mañanero que anida tus palabras. En nuestros hijos: el tiempo se hizo eterno en la caricia. El tiempo nos verá irnos un día con las arrugas de su tez, con las penas del alma jugando entre sus dedos, con una luz nueva amaneciendo el corazón de la vida. El tiempo
  112. 112. 112 Ricardo Luis Plaul Juan Salvador Gaviota (Homenaje a E. Bach) La vorágine de la libertad es el sueño de tus pies palmeados, los hados dibujaron con tus plumas el misterio de la profundidad. ¡He de alcanzarte en el giro de tu deshonor o de tu gloria! Golpeando tinieblas, una tras otra, viviendo en las nubes de tu día, con el peso de Ser, en el marco de mi obra. Cortaste amarras ancestrales inundado de vida, sediento de soles, ¡dejame amar en los senderos de tu sombra blanca! Un enero de flores me perderé en tu vuelo.
  113. 113. 113 Atrévete a vivir INDICE Te llevaré en mis alas 9 Abrazos 11 Confusa es la vida 12 El espejo aquel 13 En un instante 14 Era la noche 15 Inasible 16 Locura de miel 17 Pasión 18 Ruinas 19 Sobre el muro 21 Te llevaré en mis alas 22 Vino a buscarme 23 Acasos 24 Amores de paso 25 El último 26 Encuentro equivocado 27 Erótica 28 Inventario 30 Mi deseo, tu deseo 31 Atreverse 32 Encuentros 33 Nostalgias 34 Sombras 35 Atrévete a vivir 36 Entre tú y yo 37 Oquedades 38
  114. 114. 114 Ricardo Luis Plaul Regresa 39 Soy contigo 41 Amanecer 42 Hay un pájaro herido 43 Rayuela 44 El amor en tiempos sin tiempo 46 Una tarde 47 La espera 48 Con los ojos abiertos 49 Los dueños de la tierra 51 No pudieron 52 El fuego de la muerte 53 Identidad 54 Tener 55 Nuevos horizontes 56 Campesino 57 Justicia 58 Me han dicho 59 Cartonero 60 Lapidación 61 Mercedes 62 Niño 63 Mujer de... 64 Con los ojos abiertos 66 Sobre la tierra 68 Por ellos 69 Las muerttes 70 Golpes 71
  115. 115. 115 Atrévete a vivir Ausencias 72 Luchador 73 El Che 74 Salvación 75 Condenado 76 Hijo de pueblo 77 Trovador 78 Huésped de la vida 79 Guardián de las palabras 81 Viviendo 82 Mis palabras 84 Nuestra vida 85 Síntesis 87 Ocaso 88 La danza de la vida 89 Aquella casa 90 Todo es más triste a la distancia 91 Patios compartidos 92 Los libros 93 Amigos 94 El banquito 95 Letanía 96 Compareciendo 97 La última partida 98 Como barcos en la noche 99 La tormenta 100 Allá en el sur 101 Caminos 102
  116. 116. 116 Ricardo Luis Plaul Destino 103 Ideas 104 Tiempo de olvidos 105 Enigmas 106 El Anciano 107 Delirio 108 El viaje 109 Domingo 110 El tiempo 111 Juan Salvador Gaviota 112
  117. 117. 117 Atrévete a vivir
  118. 118. 118 Ricardo Luis Plaul

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