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Muchos cuerpos, una misma Alma (Brian Weiss)

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El psiquiatra Brian Weiss cobró notoriedad internacional con su investigación sobre el poder curativo de la regresión a vidas anteriores, relatada en su célebre obra Muchas vidas, muchos maestros. Ahora, en este libro fascinante e innovador, el doctor Weiss nos revela cómo el contacto con las vidas que viviremos en cl futuro puede transformarnos en el presente. Todos hemos vivido existencias anteriores. Todos viviremos otras en el futuro. Lo que hagamos en esta vida influirá sobre nuestras reencarnaciones futuras, a lo largo del camino de evolución hacia la inmortalidad. Al inducir progresiones al futuro en sus pacientes, el doctor Weiss ha descubierto que nuestro porvenir es variable y que las decisiones que tomemos ahora determinarán la calidad de nuestras vidas venideras. Sirviéndose de decenas de casos clínicos, el autor expone los beneficios terapéuticos de la progresión, como antes había evidenciado que la regresión a vidas anteriores puede aliviar las heridas físicas y emocionales que sufrimos en el presente. Muchos cuerpos, una misma alma es una obra revolucionaria que ahonda en los descubrimientos del doctor Weiss sobre el pasado para transportar a sus millones de lectores hasta un futuro individual y colectivo de cuya creación son responsables ellos mismos. Por el camino, sus vidas actuales quedarán transformadas profundamente y encontrarán más paz, más felicidad y soluciones a sus problemas.

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Muchos cuerpos, una misma Alma (Brian Weiss)

  1. 1. BRIAN WEISS Autor de Muchasvidas. muchas IIIClWrUIEl poderS<lnador de ulIa nueva Iffllpia que llorabll! hada las vidas¡UMW
  2. 2. Muchos cuerpos, una misma alma BRI AN WE I SS DE BOOKS
  3. 3. Título original:Traducción: Carlos MayorPrimera edición: enero 2011© 2004 by Weiss Family Limited Partnership 1, LLP© Ediciones B, S.A., 2010 Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona(España)ISBN: 978-84-666-4590-4Todos los derechos reservados. Bajo las sancionesestablecidas en las leyes, queda rigurosamenteprohibida, sin autorización escrita de los titulares del la reproducción total o parcial de esta obrapor cualquier medio o procedimiento, así como ladistribución de ejemplares mediante alquiler opréstamo público.
  4. 4. Una única alma existe en muchos cuerpos. Plotino
  5. 5. ContenidoNOTA DEL AUTORPRÓLOGO1 LA INMORTALIDAD2 GEORGE: EL CONTROL DE LA IRA3 VICTORIA, EVELYN Y MICHELLE: LA SALUD4 SAMANTHA Y MAX: LA EMPATÍA5 HUGH Y CHITRA: LA COMPASIÓN6 PAUL: LA PACIENCIA Y LA COMPRENSIÓN7 AMY, JOYCE, ROBERTA Y ANNE: LA NO VIOLENCIA8 BRUCE: LAS RELACIONES PERSONALES9 PATRICK: LA SEGURIDAD10 JOHN: EL LIBRE ALBEDRÍO Y EL DESTINO11 LA CONTEMPLACIÓN Y LA MEDITACIÓN12 DAVID: LA ESPIRITUALIDAD13 JENNIFER Y CRISTINA: EL AMOR14 GARY: EL FUTUROAGRADECIMIENTOS
  6. 6. ACERCA DEL AUTOR
  7. 7. NOTA DEL AUTOR En este libro no he reproducido de forma literal lassesiones mantenidas con mis pacientes, como hacíaanteriormente, ya que varios de ellos han sidoreconocidos debido a que sólo cambié sus nombres.En esta ocasión me he tomado la libertad de alterarocupaciones y profesiones, datos geográficos(ciudades, calles, etcétera) u otra información quepudiera servir para identificarles. También hemodificado ligeramente el diálogo entre médico ypaciente por motivos de confidencialidad. No obstante,lo que he escrito es totalmente fiel a lasconversaciones mantenidas. Sin duda, el lector podrá detectar algunosanacronismos en el diálogo, como sucedió condeterminados críticos en mis anteriores libros. Paraellos, por ejemplo, la fecha de antes de Cristo queCatherine menciona en deja la historia sin efecto; sin embargo, paralos escépticos, esta «prueba de inverosimilitud» era undetalle que no les dejaba ver el bosque. Se explicafácilmente: todos los recuerdos de mis pacientes han
  8. 8. fácilmente: todos los recuerdos de mis pacientes hanpasado por el filtro de las mentes del siglo xx; sonconscientes del presente, aunque sus recuerdosprocedan del pasado o, en el caso de este libro, delfuturo.
  9. 9. PRÓLOGO En los últimos tiempos, he visitado repetidamenteun lugar al que antes había ido en contadas ocasiones:el futuro. Cuando Catherine acudió a mí como pacientepsiquiátrica hace veinticuatro años, recordó conasombrosa precisión las vidas anteriores que habíallevado en épocas tan distantes entre sí como elsegundo milenio antes de Cristo y mediados del sigloxx, y con ello cambió mi vida para siempre. Yo erapsiquiatra, un científico formado en Yale y Columbia;entonces me topé con una mujer que me hablaba contodo lujo de detalles de experiencias vividas siglosatrás que no podía haber conocido en esta vida y,ayudado por otros expertos, logré darles validez. Enmi «ciencia» no había nada que pudiera explicarlo. Loúnico que sabía era que ella me contaba lo querealmente había visto y sentido. A medida que avanzaba la terapia, Catherine ibarecordando lecciones de los sabios (guías o espíritusincorpóreos poseedores de una gran erudición que larodeaban cuando estaba ausente de su cuerpo),
  10. 10. rodeaban cuando estaba ausente de su cuerpo),enseñanzas que desde entonces han sidotrascendentales en mi pensamiento y han gobernadomi conducta. Catherine podía adentrarse tanto en elpasado y había tenido experiencias tan trascendentesque, al escucharla, me sentía envuelto en una especiede magia, en cierto misterio. Me hablaba de reinos decuya existencia yo jamás había tenido noticia. Mellenaba de júbilo, de asombro... y de miedo. ¿Quiéniba a creerme? Para empezar, ¿me lo creía yo mismo?¿Acaso estaba loco? Parecía un chiquillo dueño de unsecreto cuya revelación iba a cambiar para siempre laconcepción de la vida y, pese a ello, imaginaba quenadie me creería. Tardé cuatro años en reunir el valornecesario para escribir sobre los viajes de Catherine ysobre los míos propios en . Temía que fuera a suponer mi expulsión delcolectivo psiquiátrico, pero, al mismo tiempo, estabacada vez más convencido de que lo que escribía eracierto. En los años transcurridos desde entonces, micerteza se ha visto reforzada y muchos otros, pacientesy terapeutas, han reconocido que mis descubrimientosson válidos. A estas alturas ya he ayudado a más decuatro mil pacientes haciéndoles retroceder mediantehipnosis a sus vidas pasadas, por lo que mi sensacióninicial de sorpresa ante la existencia de lareencarnación (por no decir, la fascinación que me
  11. 11. reencarnación (por no decir, la fascinación que meprodujo el descubrimiento) ha ido desapareciendo.Pero ahora algo vuelve a sorprenderme y, por ello, mesiento muy motivado: ahora puedo transportar a mispacientes al futuro y, además, verlo con ellos. De hecho, una vez intenté llevar a Catherine alfuturo, pero no me habló del suyo, sino del mío, y viomi muerte con claridad (lo cual fue, como mínimo,inquietante). —Cuando concluya tu labor terminará tu vida —measeguró—, pero para eso falta mucho tiempo. Mucho. Luego pasó a otro nivel y ya no descubrí nada más.Meses después, le pregunté si podíamos volver aadentrarnos en el futuro. En aquella ocasión, yohablaba directamente con los sabios, además de con elsubconsciente de Catherine, y fueron ellos los querespondieron: —No está permitido. Quizá ver el futuro la habría asustado demasiado. Oquizá no era buen momento. Yo era joven y,probablemente, no habría reaccionado con tantacompetencia como ahora ante los extraordinariospeligros que plantean las progresiones. Para empezar, la progresión hacia el futuro resultamás difícil para el terapeuta que el retroceso al pasado,ya que el futuro aún no ha sucedido. ¿Y si lo queexperimenta el paciente es fantasía, y no realidad?
  12. 12. ¿Cómo comprobarlo? No podemos. Cuandoregresamos a vidas anteriores sabemos que los hechosya han sucedido y que, en muchos casos, puedendemostrarse, pero supongamos que una mujer enedad fértil ve que el mundo será destruido dentro deveinte años. «No pienso traer a un hijo a este mundo—se dice—. Moriría demasiado pronto.» ¿Quién puedeasegurar que su visión es real? ¿Y que su decisión hasido lógica? Tendría que ser una persona muy madurapara comprender que lo que había visto podría ser unadistorsión, una fantasía, una metáfora, un simbolismo,el futuro verdadero o quizás una mezcla de todas esascosas. ¿Y qué sucedería si una persona viera sumuerte dentro de dos años, pongamos que por culpade un conductor ebrio? ¿Se alarmaría? ¿Dejaría deconducir? ¿Provocaría esa visión ataques de ansiedad?«No —me dije entonces—. Vamos a dejarlo.»Empezaron a preocuparme los vaticinios queacarreaban su propio cumplimiento y la inestabilidadde las personas. El riesgo de que alguien actuaramovido por ideas erróneas era demasiado grande. Sin embargo, en los veinticuatro años transcurridosdesde lo de Catherine, algunos de mis pacientes sehan adentrado en el futuro de forma espontánea, amenudo hacia el final de su terapia. Si confiaba en quefueran capaces de comprender que lo quepresenciaban podría ser una fantasía, les animaba a
  13. 13. presenciaban podría ser una fantasía, les animaba acontinuar. —Se trata de crecer y experimentar —les decía—,buscar una ayuda para tomar decisiones correctas ysensatas en el presente; pero vamos a evitar cualquierrecuerdo (¡sí, recuerdos del futuro!), cualquier visión,cualquier conexión que tenga que ver con escenas demuerte o de enfermedades graves. Esto es sólo paraaprender. Y eso era precisamente lo que hacían sus mentes.El valor terapéutico era considerable. Comprobé queesos pacientes tomaban decisiones más sensatas yelegían mejor. Podían analizar una bifurcación en unfuturo cercano y decirse: «¿Qué sucederá si tomo estecamino? ¿Sería mejor tomar el otro?» Y, a veces, susfuturos se hacían realidad. Algunas de las personas que recurren a mídescriben acontecimientos precognitivos (es decir,saben qué va a suceder antes de que suceda). Quienesinvestigan las experiencias de muerte cercana escribensobre ello; es un concepto que se remonta a tiemposprebíblicos. Pensemos en Casandra, que podíapredecir el futuro con exactitud, pero a la que nadiecreía. La experiencia de una de mis pacientes demuestrala fuerza y los peligros de la precognición. Empezó asoñar con el futuro y, a menudo, lo que soñabaacababa cumpliéndose. En el sueño que la hizo acudir
  14. 14. acababa cumpliéndose. En el sueño que la hizo acudira mi consulta, su hijo sufría un terrible accidente detráfico. Era «real», me decía. Lo había visto conclaridad y la aterraba la idea de que su hijo pudieramorir así. No obstante, el hombre del sueño tenía elpelo cano, y su hijo era un joven moreno deveinticinco años. —Mire —le contesté, presa de una repentinainspiración, mientras pensaba en Catherine,convencido de que mi consejo era acertado—, sé quemuchos de sus sueños se han hecho realidad, pero nopor ello tiene que cumplirse éste. Hay espíritus quepueden intervenir (llámelos ángeles, guardianes, guías,Dios; son energías más elevadas, concienciassuperiores que nos rodean). En términos religiosos,esto se denomina «gracia», la intervención de un serdivino. Rece, envíe luz, haga lo que pueda a sumanera. Tomó mis palabras al pie de la letra y rezó, meditó,pidió un deseo, revisualizó. Pero, aun así, el accidentesobrevino. Sin embargo, no fue mortal. No había por quéhaberse alarmado. Sí, su hijo sufrió heridas en lacabeza, pero enseguida se hizo patente que no habíalesiones graves. No obstante, el accidente le resultótraumático desde el punto de vista emocional, ya que,cuando los médicos retiraron los vendajes del cráneo,
  15. 15. comprobaron que se le había encanecido el pelo. Hasta hace unos meses, en las contadas ocasionesen que hacía progresar a mis pacientes hacia el futuro,procuraba no salir de sus propias vidas. Sólo hacíaprogresiones cuando creía que el paciente tenía lafortaleza psicológica necesaria para soportarlas y,muchas veces, me quedaban tantas dudas como aellos sobre el sentido de las escenas que evocaban. Sin embargo, la primavera pasada algo cambiómientras daba una serie de talleres a bordo de uncrucero. En esas sesiones suelo hipnotizar en grupo alos asistentes para transportarlos a una vida anterior ydespués de vuelta al presente. Algunos retroceden enel tiempo, otros se duermen y otros se quedan comoestaban, sin llegar a ser hipnotizados. En aquellaocasión, uno de los presentes (Walter, un hombreadinerado, un genio del ) hizo una progresiónpor sí mismo. Y no se quedó en su propia vida, ¡sinoque avanzó un milenio! Walter traspasó unas nubes oscuras y se encontróen un mundo nuevo. Había algunas zonas (porejemplo, Oriente Próximo o el norte de África)«prohibidas», tal vez debido a la radiación o a unaepidemia, pero el resto del mundo era precioso. Lohabitaban muchas menos personas, quizá por una
  16. 16. catástrofe nuclear, o por una plaga, o porque habíadescendido la tasa de fertilidad. Walter se quedó en elcampo, así que no pudo decir nada de las ciudades,pero la gente estaba a gusto, contenta, incluso feliz;decía que no tenía palabras para describir su estadocon precisión. Lo que había provocado el descenso depoblación había sucedido hacía mucho tiempo, y loque él vio resultaba idílico. No estaba seguro de lafecha, pero sí de que habían pasado más de mil añosdesde la actualidad. La experiencia le ayudó emocionalmente. Era lobastante rico para soñar con la idea de cambiar elmundo, pero, en aquel momento, comprendió que esono está en la mano de ningún hombre. «Haydemasiados políticos —decía—, que no están abiertosa conceptos como el amor al prójimo o laresponsabilidad planetaria.» Lo que de verdadimportaba era el propósito de trabajar por un mundomejor, además de los actos benéficos que él pudierahacer en persona. Cuando regresó a esta vida, sesentía algo triste, posiblemente porque ya no estabaen aquel futuro paradisíaco, o tal vez le apenaba lacalamidad que se cernía sobre nosotros y, hasta ciertopunto, intuía que era algo inevitable, como nos sucedea casi todos. Una vez despierto, describió las escenas gráficas eimpactantes que había visto, las sensaciones y los
  17. 17. impactantes que había visto, las sensaciones y lossentimientos que había experimentado, uno de losmotivos por los que no creo que todo sea producto desu imaginación. Sin embargo, su entusiasmo no seacercaba ni mucho menos al que sentía yo: por fin eraconsciente de las repercusiones. Había descubierto quepasado, presente y futuro forman un todo, y que loque suceda en el futuro puede influir en el pasado, delmismo modo que el pasado repercute en el futuro.Aquella noche escribí lo siguiente: «Podemosadentrarnos en el futuro si lo hacemos con prudencia.El futuro, sea cercano, sea lejano, puede servirnos deguía; puede retroalimentar el presente para instigarnosahora a elegir mejor y decidir mejor. Podemoscambiar lo que hacemos hoy en función de lo que nosdiga el mañana. Y eso altera nuestros futuros, quetoman una dirección más positiva.» ¡Piensen en lo que ello implica! Del mismo modoque hemos tenido un número limitado de vidaspasadas, tendremos una cantidad finita de vidasfuturas. Conocer lo que ya ha sucedido y lo que va asuceder puede permitirnos determinar el futuro delmundo y también nuestros propios futuros. Estoenlaza con el antiguo concepto de karma: se cosechalo que se siembra. Si plantamos mejores semillas, simejoramos los cultivos, si hacemos mejores acciones,nos veremos recompensados en las recoleccionesfuturas.
  18. 18. futuras. Desde entonces, he progresado a muchas otraspersonas. Algunas han avanzado en sus propias vidas,otras en el futuro del planeta. La ciencia ficción, elcumplimiento de los deseos y la imaginación: todosellos son explicaciones factibles para lo que han vistomis pacientes, aunque también cabe la posibilidad deque en verdad hayan estado allí. Quizá la gran lecciónque puedo extraer de esta vida es qué nos reserva elfuturo y cómo podemos influir todos en él. Dichainformación (al menos la que poseo en este momento)influirá en mis próximas vidas, y en las de ustedes, alrealizar nuestro viaje rumbo a la inmortalidad. La flexibilidad del futuro y nuestra presencia en élson los conceptos que se tratan en este libro. Lacompasión, la empatía, la no violencia, la paciencia yla espiritualidad son lecciones vitales que todosdebemos aprender. En esta obra voy a mostrarles, conlos ejemplos de algunos de mis pacientes másdestacables, por qué son tan importantes, y tambiénvoy a añadir algunos ejercicios sencillos para empezara enseñarles cómo interiorizarlas a lo largo de suexistencia. Puede que algunos de ustedes lleguen aexperimentar regresiones, pero no se desanimen si noes así, ya que, si aprenden estas lecciones, esta vida ylas que lleven en el futuro serán más felices, másfáciles y más ricas desde el punto de vista emocional, y
  19. 19. se sentirán más realizados. Es más, si todos nosotroslogramos interiorizar esas enseñanzas, el futuro en síserá mejor para la humanidad como colectivo, ya que,seamos o no conscientes de ello, todos luchamos paraalcanzar el objetivo final, que es el Amor conmayúscula.
  20. 20. 1 LA INMORTALIDAD Todos somos inmortales. No me refiero simplemente a que, antes de morir,transmitimos nuestros genes, nuestras convicciones,nuestras peculiaridades y nuestras costumbres anuestros hijos, y ellos, a su vez, a los suyos; aunque,desde luego, esto es así. Tampoco me refiero a quenuestros logros (la obra de arte, el invento para laconfección de zapatos, la idea revolucionaria, la recetapara hacer tarta de arándanos) nos sobreviven,aunque, desde luego, esto también es así. Lo quequiero decir es que la parte más importante del serhumano, el alma, vive eternamente. Sigmund Freud afirmó que la mente funcionaba endistintos niveles. Entre ellos, está lo que él denominóel inconsciente, del que, como su propio nombreindica, no somos conscientes, y que almacena todanuestra experiencia y nos empuja a actuar comoactuamos, a pensar como pensamos, a respondercomo respondemos y a sentir como sentimos. Freud
  21. 21. comprobó que sólo si accedemos al inconscientepodemos descubrir quiénes somos para, con ello,alcanzar la curación. Hay quien ha escrito que eso esprecisamente el alma, el inconsciente de Freud. Y enmi trabajo de regresión, y últimamente de progresión,de pacientes a sus vidas pasadas y futuras para quepuedan curarse con más facilidad, esto es también loque veo: el funcionamiento del alma inmortal. Creo que todos poseemos un alma que existedespués de la muerte del cuerpo físico y que regresauna y otra vez a otros cuerpos en un intentoprogresivo de alcanzar un plano superior. (Una de laspreguntas que surgen con frecuencia es: «¿De dóndesalen las almas, si ahora hay mucha más gente quecuando se creó el mundo?» Una respuesta sería quehay numerosas dimensiones en las que viven lasalmas, que no sólo existen en la Tierra; si la poblacióndel planeta se reduce en el futuro, las almas pasarán aotras esferas.) Esto no puede demostrarse de formaempírica; el alma no tiene ADN o, al menos, no tieneun ADN físico como el que describieron Crick yWatson. Sin embargo, los casos de los que se tieneconocimiento son abrumadores y, para mí, sin lugar adudas, concluyentes. Lo he visto casi todos los díasdesde que Catherine me llevó con ella hasta momentosdel pasado tan dispares como la Arabia del año 1863antes de Cristo o la España de 1756.
  22. 22. antes de Cristo o la España de 1756. Por ejemplo, tenemos a Elizabeth y a Pedro ( ), que se habían amado en vidas anteriores yse reencontraron en la presente; a Linda ( ), guillotinada en Escocia, casada en Italia siglosdespués con el que ha sido su abuelo en esta vida, yanciana más tarde en Holanda, rodeada por su extensay querida familia; a Dan, y a Laura y a Hope ( ), y a unos cuatro mil más(sobre algunos he escrito, sobre muchos, no) cuyasalmas han recorrido vidas pasadas y han llevadoconsigo su parte inmortal hasta el presente. (Algunos de esos pacientes recordaban idiomas quehabían hablado en vidas anteriores y que en éstajamás habían aprendido o estudiado, un fenómenoconocido como xenoglosia que supone una «prueba»importante de que lo que relataban era cierto.) Cuando mis pacientes se veían en otras vidas, lostraumas que les habían conducido hasta mí quedabanmitigados y, en algunos casos, llegaban a desaparecer.Ése es, pues, uno de los propósitos fundamentales delalma: progresar hacia la curación. Si fuera yo el único que hubiera visto esos casos, ellector tendría razón al creer que sufro alucinaciones oque he perdido el juicio; pero no: hace miles de añosque los budistas y los hindúes acumulan casos sobrevidas pasadas, la reencarnación se mencionaba en elNuevo Testamento hasta tiempos de Constantino,
  23. 23. Nuevo Testamento hasta tiempos de Constantino,cuando los romanos la censuraron, y hasta es posibleque el propio Jesús creyera en ella, ya que preguntó alos apóstoles si reconocían en san Juan Bautista alprofeta Elías, que había vivido novecientos años antes,resucitado. De hecho, se trata de un principio esencialdel misticismo judío; en algunas sectas se enseñaba deforma habitual hasta principios del siglo xix. Cientos de terapeutas han grabado miles desesiones sobre vidas pasadas, y muchas de lasexperiencias de sus pacientes se han comprobado. Yomismo he verificado detalles y hechos concretos de losrecuerdos de vidas anteriores de Catherine y otrospacientes, información precisa que resulta imposibleatribuir a la «falsa memoria» o a la fantasía. Ya nodudo de que la reencarnación es real. Nuestras almashan vivido antes y volverán a vivir. Ésa es nuestrainmortalidad. Justo antes de morir, el alma, esa parte del ser quees consciente cuando abandona el cuerpo, se detienedurante un instante, flotando en el aire. En ese estado,puede diferenciar el color, escuchar voces, identificarobjetos y repasar la vida que acaba de dejar atrás. Esefenómeno se conoce como «experiencia extracorporal»y se ha documentado en miles de ocasiones; sonespecialmente conocidos los casos de Elizabeth Kubler-
  24. 24. especialmente conocidos los casos de Elizabeth Kubler-Ross y Raymond Moody. Todos lo experimentamos almorir, pero son pocos los que han regresado a la vidapresente para contarlo. Uno de esos casos me lo relató (y yo lo mencionébrevemente en ) no la propia paciente,sino su cardiólogo del Centro Médico Monte Sinaí deMiami, un científico, un hombre muy académico y conlos pies en el suelo. La enferma, una anciana diabética,estaba ingresada para hacerse unas pruebas cuandosufrió un paro cardíaco (sencillamente, el corazón dejóde latir) y entró en coma. Los médicos no eran nadaoptimistas, pero aun así se esforzaron denodadamentepor revivirla y llamaron a su cardiólogo para que lesayudara. El especialista entró corriendo en la UCI y sele cayó un bolígrafo de oro de aspecto bastanteinusual, que fue rodando por toda la habitación hastadetenerse bajo una ventana. Durante una corta pausaen el proceso de reanimación lo recogió. Según contó la mujer, mientras el equipo médicointentaba salvarla, salió flotando de su cuerpo ycontempló toda la escena desde un punto situadosobre el carrito de las medicinas, cerca de la ventana.Naturalmente, lo observaba todo con detenimiento,porque veía que los médicos intentaban salvarle lavida. Estaba deseando llamarles, decirles que seencontraba bien y que no tenían que trabajar con tanta
  25. 25. desesperación, pero sabía que no la oirían; cuandointentó darle un golpecito en el hombro a sucardiólogo para reconfortarlo, lo atravesó con la manoy no sintió nada. Veía todo lo que sucedía en torno asu cuerpo, oía todo lo que decían los médicos y, sinembargo, por mucho que lo intentara, no conseguíaque la escucharan. Los esfuerzos de los doctores surtieron efecto. Lamujer regresó a la vida. —He seguido todo el proceso —le dijo a sucardiólogo, que se quedó atónito. —No puede ser. Estaba inconsciente. ¡Estaba encoma! —El bolígrafo que se le ha caído es muy bonito —replicó ella—. Debe de ser muy caro. —¿Lo ha visto? —Acabo de decírselo —respondió, y pasó adescribir el bolígrafo, la ropa de los médicos y lasenfermeras, la sucesión de gente que había entrado ysalido de la UCI y lo que había hecho cada uno, cosasque no podría haber sabido alguien que no hubieraestado presente. El cardiólogo seguía impresionado pasados unosdías, cuando me lo contó. Me confirmó que todo loque había dicho la anciana había sucedido realmente yque sus descripciones habían sido del todo exactas. Sinembargo, no cabía duda de que había estado
  26. 26. embargo, no cabía duda de que había estadoinconsciente; es más, ¡hacía más de cinco años quehabía perdido la vista! La que veía era su alma, no sucuerpo. Desde entonces, ese mismo cardiólogo me hahablado de varios pacientes que, antes de morir,habían visto a personas conocidas y fallecidas hacíamucho tiempo que los esperaban para acompañarlosal otro lado. Se trataba de enfermos que no tomabanningún tipo de medicación y que, por lo tanto, estabanlúcidos. Uno contó que su abuela esperaba sentadatranquilamente en una silla de la habitación delhospital a que llegara la hora de su nieto. Otra recibióla visita de su hijo, que había muerto de niño. Elcardiólogo observó que, entre sus pacientes, la muertese afrontaba con calma, con serenidad. Aprendió adecirles: «Me interesa mucho lo que usted sienta yexperimente. Por muy extraño que le parezca, no sepreocupe, puede hablar conmigo.» Cuando se locontaban, perdían el miedo a la muerte. Lo más habitual es que las personas que pasan poruna reanimación afirmen haber visto luz, por logeneral dorada y a lo lejos, como si estuviera al finalde un túnel. Nancy Snyderman, una doctora quetrabaja como periodista especializada en temasmédicos para la cadena televisiva ABC, me permitióhacerle una regresión como demostración y describiósu vida como granjera en las grandes llanuras de
  27. 27. su vida como granjera en las grandes llanuras deEstados Unidos en el siglo xix. Al final de su largaexistencia, quedó flotando por encima de su cuerpo,observándolo a distancia. Luego tuvo la sensación deque la llamaba una luz, en su caso azul, y de que cadavez se alejaba más de su cuerpo para acercarse a unanueva vida, una vida que aún no estaba clara. Se tratade una típica experiencia de muerte cercana, casi unrelato de manual, aunque con una salvedad: Nancyrelataba la experiencia de alguien (ella misma en otravida) que llevaba más de cien años muerto. ¿Adónde se dirige el alma tras abandonar elcuerpo? No estoy seguro; puede que no exista lapalabra adecuada para designar ese lugar. Yo digo quees otra dimensión, un estado de conciencia superior.Está claro que el alma existe fuera del cuerpo físico yque establece conexiones no sólo con las demás vidasde la persona que acaba de abandonar, sino con todaslas demás almas. Morimos físicamente, pero esa partede nuestro ser es indestructible e inmortal. El alma eseterna. Probablemente, en el fondo, exista sólo unalma, una energía. Mucha gente lo llama Dios; otros,amor. Pero tampoco es el nombre lo que importa. Yo entiendo el alma como una entidad energéticaque se fusiona con la energía universal y que después
  28. 28. vuelve a separarse, intacta, al regresar a una nuevavida. Antes de fundirse con el alma única, contempladesde lo alto el cuerpo que acaba de abandonar y hacelo que yo denomino una evaluación vital, un repaso dela vida que acaba de abandonar. La evaluación serealiza con espíritu de bondad afectuosa y cariño. Nose trata de castigar, sino de aprender. El alma registra las experiencias. Siente el aprecio yla gratitud de todas aquellas personas a las que uno haayudado en la vida, y de todos aquellos seres a los queha amado, con más intensidad ahora que haabandonado el cuerpo. Del mismo modo, siente eldolor, la rabia y la desesperación de todos aquellos alos que ha hecho daño o traicionado, también demanera acentuada. Así, el alma aprende a no hacercosas perjudiciales y a ser compasiva. Una vez terminada la evaluación, el alma parecealejarse más del cuerpo y a menudo encuentra lahermosa luz, como hizo la antepasada de NancySnyderman, aunque puede que no suceda deinmediato; pero no importa, la luz siempre está ahí. Aveces hay otras almas (llamémoslas sabios, maestros oguías) que son muy experimentadas y que la ayudanen su viaje hasta el alma única. En un niveldeterminado, se funde con la luz, pero sin perder laconciencia, para poder seguir aprendiendo al otro lado(al final del viaje inmortal, la fusión será completa), y
  29. 29. ese proceso va acompañado de una indescriptiblesensación de felicidad y del conocimiento de que sigueindividualizada, con lecciones que aprender, tanto enla Tierra como al otro lado. Al final (el tiempotranscurrido varía), el alma decide regresar a otrocuerpo y, cuando se reencarna, pierde la sensación deestar fusionada. Hay quien cree que la separación deesa gloria, de esa dicha que surge de la fusión de luz yenergía, produce un hondo pesar, y puede que así sea. En la Tierra, en el presente, somos individuos, perola individualización es una ilusión característica de esteplano, de esta dimensión, de este planeta. Sí, estamosaquí, somos reales, tangibles, igual que el sillón en elque quizás esté sentado usted mientras lee, pero loscientíficos saben que un sillón lo componen sóloátomos, moléculas, energía: es un sillón y, al mismotiempo, energía. Nosotros somos humanos, finitos y,al mismo tiempo, inmortales. A mi entender, en el nivel superior todas las almasestán interconectadas. Creemos que somos entidadesindividuales, separadas; pero eso es sólo una ilusión,una falsa ilusión que, aunque en la Tierra puede tenersentido, nos impide ver la realidad: estamosconectados con todas las demás almas y, en una esferadistinta, todos somos uno. En este mundo, nuestroscuerpos son densos y pesan según parámetros físicos;sufren dolencias y enfermedades. Pero estoy
  30. 30. sufren dolencias y enfermedades. Pero estoyconvencido de que, en reinos superiores, no existenlos padecimientos físicos. En esferas aún superiores,no hay nada físico, sólo la conciencia pura. Y más allá(y más, y más allá), en niveles que no podemos llegara concebir y donde todas las almas conforman unaúnica, ni siquiera existe el tiempo. Esto quiere decirque las vidas pasadas, presentes y futuras podríandiscurrir de forma simultánea. Soy médico y psiquiatra, y curar a la gente es lapasión de mi vida. Creo que a cada uno de nosotros elinstinto nos empuja hacia la curación y el crecimientoespirituales, hacia la comprensión y la compasión; enresumen, hacia la evolución. Soy de la opinión de que,espiritualmente, avanzamos, no retrocedemos. Elinconsciente (o subconsciente, o mentesuperconsciente o, también, alma) lleva incorporadoun mecanismo que lo conduce por un sendero positivode evolución espiritual. En otras palabras, evolucionasiempre, en todo momento, hacia la salud. En un nivelsuperior, el tiempo se mide en función de las leccionesaprendidas, aunque en la Tierra transcurra según losparámetros que ya conocemos. Vivimos dentro deltiempo y, a la vez, fuera de él. Nuestras vidas pasadasy futuras convergen en el presente y, si puedeninducirnos a la curación ahora, de modo que laexistencia actual sea más sana y más plena desde el
  31. 31. existencia actual sea más sana y más plena desde elpunto de vista espiritual, progresaremos. Laretroalimentación es continua, porque su objetivo esayudarnos a mejorar nuestras vidas futuras, inclusomientras vivimos la presente. Tengo la impresión de que somos muchos los quededicamos demasiado tiempo a los niveles decomprensión superiores. ¿Cómo serán? Resultafascinante considerar la pregunta, pero ahora nuestroobjetivo es curarnos cuando todavía habitamos estemundo físico. Veo que hay mucha gente, sobre todo laaficionada a la New Age, que no acaba de conectar coneste mundo, con el aquí y el ahora. La progresión enlos campos de la contemplación y la meditación esimportante, pero quienes se pasan la vida aisladosdeberían darse cuenta de que somos una especie quevive en sociedad. Y quienes no disfrutan de las deliciasde lo físico, de los placeres de los sentidos, noaprenden plenamente la lección que les ofrece estavida. Como ya he dicho, hasta hace poco sólo habíapracticado regresiones con mis pacientes para quevieran y comprendieran sus vidas pasadas. Ahora heempezado a hacer con ellos progresiones hacia elfuturo. No obstante, aunque sólo estudiemos nuestrasvidas anteriores, podremos descubrir cómo hemosevolucionado en ellas. Cada vida es una experiencia de
  32. 32. aprendizaje y, si extraemos enseñanzas de lasexistencias pasadas, podremos modificar el presente anuestro libre albedrío, un libre albedrío consciente,claro, el libre albedrío del alma. El alma elige a nuestros padres, ya que nuestroimpulso es continuar el aprendizaje para avanzar en elproceso de curación. Por esa misma razón, decidimosqué hacer en la vida presente. No optamos por unospadres maltratadores, porque nadie quiere que lepeguen, y, sin embargo, hay padres que se convierten(mediante el ejercicio del libre albedrío) enmaltratadores, aunque en una próxima vida, o tal vezen esta misma, aprenderán a ser compasivos ypondrán fin a esa conducta. Yo elegí regresar como hijo de Alvin y DorothyWeiss, y ser psiquiatra. En mi vida anterior fuimiembro de la resistencia checa y me asesinaron en1942 o 1943. Quizá la forma en que morí me empujóa realizar mi presente estudio de la inmortalidad; quizámi deseo de investigar y enseñar proceda de otra vidacomo sacerdote en la antigua Babilonia. Sea comofuere, elegí volver como Brian Weiss para aprovecharal máximo mi aprendizaje personal y compartirlo conlos demás dedicándome a la curación. Opté por mispadres porque, con ellos, sabía que sería fácil
  33. 33. aprender. Mi padre reverenciaba el mundo académicoy quería que fuera médico. También le gustaba lareligión y me instruyó en el judaísmo, aunque sinobligarme a nada. Así pues, me convertí en rabinolaico, en psiquiatra. Mi madre era cariñosa y nadacrítica. De ella heredé una seguridad en mí mismoque, con el paso de los años, me permitió arriesgar micarrera profesional y mi estabilidad económica alpublicar . Ninguno demis progenitores era espiritual, en el sentido que laNew Age da a la palabra, y ninguno de los dos creíaen la reencarnación. Según parece, los elegí porqueme ofrecían el apoyo y la libertad necesarios paraadentrarme en el camino de la vida que acabéeligiendo. ¿Participó alguien más en mi decisión? Esome pregunto yo. Espíritus, guías, ángeles: ¿son todosellos partes del alma única? No lo sé. Es cierto que un alma determinada eligió volverco m o Saddam Hussein, y otra como Ossama BinLaden. Mi opinión es que su objetivo era el mismo queel nuestro: aprovechar al máximo sus oportunidadesde aprendizaje. En un principio, no decidieron regresarpara hacer sufrir a nadie, para provocar violencia, parahacer saltar a otras personas por los aires y convertirseen terroristas, sino para resistirse a esos impulsos,seguramente porque habían sucumbido a ellos envidas anteriores. Volvieron para someterse a una
  34. 34. vidas anteriores. Volvieron para someterse a unaespecie de examen en esta escuela en la que vivimos...y suspendieron con todas las de la ley. Todo son especulaciones, desde luego, pero meparece que sus almas se reencarnaron en ellos con laidea de encontrar alternativas a la violencia, a losprejuicios y al odio. (Por ese mismo motivo regresa elalma del padre maltratador.) Acumularon riquezas ypoder, y tuvieron que elegir entre la violencia y lacompasión, entre el prejuicio y el aprendizaje, entre elodio y el amor. Esta vez, ya sabemos por qué sedecantaron. Tendrán que regresar de nuevo, atenersea las consecuencias de sus actos y de nuevo vérselascon esas decisiones, hasta que sean capaces deavanzar. Los alumnos me preguntan por qué iba a elegirnadie reencarnarse para vivir en una zona infestada deratas en Bogotá o en Harlem. Los monjes budistas quehe conocido, el séquito del Dalai Lama, se ríen anteesa pregunta, porque consideran que la vida es unarepresentación teatral. El hombre de los suburbiosinterpreta un papel, sin más, y en la próxima vida eseactor reaparecerá como un príncipe. Yo creo queelegimos volver a un cuchitril lleno de ratas porquetenemos que entender qué significa ser pobre; enotras vidas, ya seremos millonarios. Tenemos que serricos, pobres, hombres, mujeres, sanos, enfermos,grandes, pequeños, fuertes y débiles. Si en una vida
  35. 35. grandes, pequeños, fuertes y débiles. Si en una vidatengo dinero y hay otro ser que vive como yo viví unavez, en los suburbios de Bogotá, sentiré deseos deayudarle, porque supondrá un paso adelante en mirealización personal. Hay dos elementos fundamentales que debemostener en cuenta. Para empezar, no podemosaprenderlo todo en una sola existencia, pero noimporta, porque disponemos de vidas infinitas que aúnestán por llegar. En segundo lugar, cada vez queregresamos, lo hacemos para curarnos. Nuestras vidas son una serie de peldaños en laescala evolutiva. ¿Dónde nos encontramos, pues,cuando estamos completamente curados y superamosel último escalón? Seguramente en el nivel espiritualsuperior, que unos llaman «cielo» y otros «nirvana». Para mí, nuestro planeta se creó como laboratoriode emociones, sensaciones, sentimientos y relaciones.Aquí podemos estar enamorados y sentir un placer yuna alegría inmensos; podemos oler las flores, tocar lapiel de un bebé, contemplar el esplendor de unpaisaje, escuchar la música del viento. De eso setrataba. ¡Menuda aula! En los años venideros, la prueba de fuego serádeterminar si queremos respetar esa escuela o
  36. 36. destruirla, algo que la tecnología moderna ya nospermite. No estoy seguro de que nuestro libre albedríosea capaz de tomar esa decisión; puede que seanuestro destino. Si una mente superior y única decideque nuestro planeta merece ser preservado, no serádestruido. En caso contrario, si acabamos con laTierra, no por ello dejarán de existir nuestras almas;ya encontrarían otra escuela, aunque quizá no tanhermosa como ésta ni tan física. Todas nuestras almas tienen la misma edad, soneternas, pero algunas avanzan más deprisa que lasdemás. Sad-dam Hussein podría estar en tercero deprimaria, mientras que el Dalai Lama ya habríaempezado un curso de posgrado. Al final, todosacabaremos nuestros estudios en el alma única. Larapidez de nuestro progreso dependerá del librealbedrío. Ese libre albedrío al que me refiero aquí no es lomismo que la capacidad de nuestra alma de elegir anuestros padres y nuestras circunstancias; se trata,más bien, de la voluntad humana, que en la Tierracontrolamos nosotros mismos. Lo distingo del destino,que a menudo nos une a otro ser en lo bueno y en lomalo. Es el libre albedrío el que nos permite decidirqué comemos, qué coche tenemos, qué ropa llevamos,
  37. 37. adónde vamos de vacaciones. El libre albedrío nosfaculta también para seleccionar a nuestras parejas,aunque probablemente sea el destino el que haga quenos atraigan, y viceversa. Conocí a Carole, mi esposa,en los montes Catskill, en el estado de Nueva York,donde trabajaba de ayudante de camarero en un hotelen el que ella se alojó. El destino. El curso de nuestrarelación (al igual que el de cientos de millones)dependió en cambio de nuestra voluntad, de nuestrolibre albedrío. Los que elegimos salir juntos y casarnosfuimos nosotros. Del mismo modo, podemos decidir aumentarnuestra capacidad de amar o de ser compasivos;podemos optar por llevar a cabo los pequeños actosde bondad que nos aportan una satisfacción interna;podemos escoger la generosidad frente al egoísmo, elrespeto frente al prejuicio. En todos los aspectos denuestras vidas, podemos tomar la decisión basada enel amor y, al hacerlo, nuestras almas evolucionarán. El doctor John E. Mack, ganador del premio Pulitzery catedrático de Psiquiatría de la Facultad de Medicinade Harvard, señala lo siguiente: «En la actualidad,somos testigos de la confluencia de la ciencia, lapsicología y la espiritualidad, tras siglos defragmentación ideológica y disciplinaria. Tanto la físicamoderna como la psicología en profundidad estánrevelándonos un universo en el que [...] todo lo que
  38. 38. revelándonos un universo en el que [...] todo lo quepercibimos a nuestro alrededor está conectadomediante resonancias, físicas y no físicas, que puedenlograr que la justicia, la verdad y el amor universalessean algo más que una simple fantasía utópica. »El quid de esa posibilidad es lo que en el mundolaico occidental ha dado en llamarse estados deconciencia “no comunes”, algo que las grandestradiciones religiosas del mundo denominan de formasmuy diversas, como sentimiento religioso primario,unidad mística, conexión con la esencia del ser o amoruniversal. [...] El quid de esos estados de conciencia oser es una posible expansión del yo fuera de suslímites habituales.» Yo diría «alma» en lugar de «yo», y añadiría queesos límites rebasan el universo mensurable. He tardado veinticuatro años en dar con la puraverdad que conforma la esencia del presente libro:somos inmortales, somos eternos, nuestras almasjamás morirán. Así pues, deberíamos empezar acomportarnos como si supiéramos que la inmortalidades una bendición que nos ha sido concedida. O, paraser más claros: deberíamos prepararnos para lainmortalidad aquí y ahora, hoy y mañana, y todos losdías que nos quedan por vivir. Si nos preparamos,nuestras almas ascenderán por la escala evolutiva, se
  39. 39. nuestras almas ascenderán por la escala evolutiva, seacercarán más a la curación, al estado superior. Encaso contrario, reciclaremos nuestra vida actual (esdecir, nos quedaremos estancados) y pospondremospara una existencia futura el aprendizaje de la lecciónque podríamos haber superado en ésta. ¿Cómo nos preparamos? ¿Cómo actuamos losinmortales? En esta vida, nos preparamos aprendiendoa relacionarnos mejor con los demás; a ser másafectuosos, más compasivos; a estar más sanos física,emocional y espiritualmente; a ayudar a los demás; adisfrutar de este mundo y, sin embargo, fomentar suevolución, promover su curación. Al prepararnos parala inmortalidad, disiparemos los miedos actuales, nossentiremos más a gusto con nosotros mismos,creceremos espiritualmente. Y, al mismo tiempo,sanaremos nuestras vidas futuras. Ahora, gracias a las progresiones que mis pacienteshan experimentado y que me han narrado, podemosver los resultados de nuestra conducta actual y, de esemodo, adaptarla al futuro. Y es que acelerar el procesode curación, de evolución, es lo más terapéutico quepodemos hacer, lo mejor, no sólo por nuestras propiasalmas, sino por todos los habitantes del mundo. Esoes lo que he aprendido de mis pacientes.
  40. 40. 2 GEORGE: EL CONTROL DE LA IRA El control de la ira es una de las técnicas quepodemos aprender ahora para evitar repeticiones de laviolencia en nuestras vidas venideras. El siguiente casoclínico es el de un hombre al que traté antes deempezar a hacer progresiones con algunos de mispacientes. Si hubiera podido descubrir lo que lereservaban los años que tenía por delante, quizá suterapia se habría desarrollado con mayor rapidez. George Skulnick hacía todo lo que estaba en sumano para autodestruirse. Pese a sus antecedentes deinfarto de miocardio e hipertensión, tenía sobrepeso,fumaba como un carretero, trabajaba en exceso,cancelaba vacaciones a última hora y se medicaba demanera irresponsable, ya que a veces se olvidaba detomarse las pastillas que le había recetado lacardióloga y luego, para compensar, se tomabademasiadas de golpe. Ya había sufrido un infarto de
  41. 41. gravedad, y era muy posible que le aguardara otro. Su cardióloga, Barbara Tracy, le recomendó quefuera a verme para poner en práctica técnicas decontrol del estrés. —George es duro de pelar —me advirtió—.Prepárate para sus arrebatos. Y así fue como aterrizó en mi consulta con suesposa, una señora de unos cuarenta y cinco años deedad que iba demasiado arreglada para una mañanade Miami y que clavó en mí lo que me pareció unamirada de súplica. —Betty se queda en la salita de espera —anuncióGeorge—. Por si la necesita. —Si no le importa —le pedí con delicadeza,volviéndome hacia ella. —En absoluto —contestó. Me miró por última vez (sí, suplicaba), salió de lahabitación y cerró la puerta. George era un hombretón bajito y corpulento queparecía fuerte y tenía unos brazos enormes, unabarriga exagerada y unas piernas cuya flaquezasorprendía. Su cara rechoncha tenía un aspectorubicundo; se le habían reventado los capilares entorno a la nariz, lo que denotaba un abuso del alcohol.Calculé que tendría unos sesenta años, aunque resultóque eran solamente cincuenta y dos. —Usted es el médico de las reencarnaciones —
  42. 42. afirmó. Lo aseguraba, no lo preguntaba. —Pues sí. —Yo no me creo esas chorradas. Si lo que quería era ponerme nervioso, no loconsiguió. —Como la mayoría de la gente. —La doctora Tracy dice que practica una cosa quese llama terapia de regresión. —Sí. Suele provocar que el paciente vuelva a vidasanteriores. —Eso es una gilipo... —Se detuvo antes determinar la palabra y levantó una mano—. A ver,entiéndame, yo estoy dispuesto a todo si sirve paraque no tenga otro ataque. Resulta que, en cierta ocasión, George le habíacontado a Barbara una experiencia de muerte cercana.Durante el infarto de miocardio había sentido que salíade su cuerpo, se elevaba y se dirigía hacia una nube deluz azul. Mientras flotaba, le sobrevino una idea: todoiba a tener un final feliz. Saberlo le sirvió de bálsamo,y quiso decírselo a su familia. Desde su punto deobservación privilegiado veía a su mujer y a sus doshijos, todos ellos muy nerviosos, y le entraron ganasde tranquilizarles, pero no pudo. Se volvió para ver supropio cuerpo unos instantes y cuando les miró denuevo se dio cuenta de que no le prestaban atención;era como si hubieran pasado varios años desde su
  43. 43. era como si hubieran pasado varios años desde sumuerte. Aquella experiencia le convenció para acudir amí. —¿Por qué no decidimos qué hacemos cuando sepamás cosas sobre usted? —propuse—. La doctora Tracyme ha contado que tiene una empresa. —Construcciones Skulnick. Estamos especializadosen fábricas, almacenes, edificios de oficinas. Seguroque ha visto nuestros carteles, están por todo Miami. Efectivamente, los había visto. —Me provoca muchos quebraderos de cabeza —prosiguió—. La presión es constante. Si no supervisotodas las obras yo mismo, siempre hay alguien quemete la pata. —¿Y entonces qué pasa? Sus ojos se iluminaron. —Que me cabreo. La ira era, según me había adelantado Barbara, lomás peligroso para George, un cuchillo que apuntabadirectamente a su corazón. —Hábleme de la rabia —le pedí. —Es que pierdo el control. Me da por chillar. Mepongo rojo como un tomate y noto que el corazón meva a mil, como si fuera a estallar. —Se le aceleró larespiración sólo de contarlo—. Me entran ganas deemprenderla a golpes con alguien, de matar a alguien.Me pongo como loco. —¿Y qué sucede cuando está con su mujer, con su
  44. 44. —¿Y qué sucede cuando está con su mujer, con sufamilia? —Pues igual, o peor incluso. A veces alguien deltrabajo me pone de mala leche, me tomo un par decopas de camino a casa y, cuando llego, voy buscandopelea. ¿Que la cena no está lista? ¡Toma! ¿Que no hashecho los deberes? ¡Pumba! —Bajó la cabeza paramirarse las palmas de las manos—. Me tienen unmiedo tremendo. No les pego ni nada, claro. Peropuede que un día... —Muy bien. A lo mejor podemos averiguar dedónde sale esa rabia. George levantó la cabeza. —De mi padre, supongo. También le daba porchillar. Y además bebía. —Ésa podría ser la explicación —repuse—, peropuede que haya algo más. —¿Algo que me sucedió en otra vida? Me encogí de hombros. —Tal vez. —¿Y cree que una regresión me ayudaría? —Creo que es importante para usted, sí, aunquetambién puedo ayudarle con la psicoterapia tradicional,si lo prefiere. Como ya ha pasado por una experienciade la muerte cercana, tengo la impresión de que no lecostaría experimentar una regresión, y, si le resultadesagradable, o doloroso, o demasiado intenso, me
  45. 45. daré cuenta enseguida y nos detendremos. Permaneció un momento en silencio antes depreguntar: —Utiliza hipnosis, ¿verdad? —Sí. —Si estoy hipnotizado, ¿cómo va a saber si quieroparar? —Usted me lo dirá. —¿Desde otra vida? —Exacto. Me di cuenta de que pensaba: «Sí, claro», pero loque contestó fue: —Vale. Vamos a probarlo. En escribí lo siguiente: «La hipnosis es la técnica principal que utilizo paraayudar a los pacientes a acceder a recuerdos de vidasanteriores. [...] Uno de los objetivos de la hipnosis es,además de la meditación, acceder al subconsciente.[...] En la mente subconsciente, los procesos mentalesse producen sin que los percibamos de maneraconsciente. Experimentamos momentos de intuición,sabiduría y creatividad cuando esos procesos setransmiten a la parte consciente de la mente. »El subconsciente no está limitado por las fronterasde la lógica, el espacio y el tiempo que solemos
  46. 46. imponer, sino que puede recordarlo todo, cosas decualquier época. [...] Puede trascender lo común paraentrar en contacto con una sabiduría que escapa anuestras aptitudes cotidianas. La hipnosis permitellegar hasta la sabiduría del subconsciente mediante laconcentración con el fin de conseguir la curación.Estamos en estado de hipnosis siempre que la relaciónhabitual entre la mente consciente y la subconscientese reconfigura de modo que el subconscientedesempeñe un papel más dominante. [...] »Cuando alguien está hipnotizado, no duerme. Lamente consciente se percata siempre de lo queexperimenta el sujeto mientras está sometido ahipnosis. A pesar del contacto profundo con elsubconsciente, la mente puede hacer comentarios,criticar y censurar. El sujeto controla siempre lo quedice. Por supuesto la hipnosis no es un suero de laverdad. Uno no entra en una máquina del tiempo y derepente se encuentra transportado a otra época y otrolugar sin ser consciente del presente. [...] »Puede parecer que, para alcanzar esos nivelesprofundos de hipnosis, sea necesaria una grandestreza, pero todos y cada uno de nosotros losexperimentamos con facilidad todos los días en elmomento en que nos encontramos entre la vigilia y elsueño, lo cual se conoce como estado hipnagógico.[...]
  47. 47. [...] »Escuchar la voz de otra persona que sirve de guíaayuda a mejorar la concentración y permite que elpaciente alcance un nivel de hipnosis y relajación másprofundo. El proceso no supone peligro alguno.Ninguna de las personas a las que he hipnotizado seha quedado “atrapada” en ese estado. El sujeto puedeabandonarlo siempre que lo desee. Además, nadie haviolado jamás sus principios morales y éticos. Nadie seha comportado involuntariamente como una gallina oun pato. Nadie puede controlar al paciente, que esquien lleva las riendas en todo momento. »En la hipnosis, la mente está siempre despierta yobserva lo que sucede. Por eso alguien que estáprofundamente hipnotizado y metido de lleno en unasecuencia de recuerdos de la infancia o de una vidaanterior puede responder a las preguntas delterapeuta, hablar el idioma de su existencia actual,conocer los lugares geográficos que ve e incluso saberque está en un año determinado, que normalmente seve proyectado en el interior de los párpados osimplemente aparece como concepto. La mentehipnotizada, que siempre retiene la conciencia y elconocimiento del presente, es la que sitúa losrecuerdos de la infancia o de una vida anterior encontexto. Si aparece el año 1900 y el paciente seencuentra construyendo una pirámide en el antiguo
  48. 48. Egipto, sabrá que se trata de la era anterior alnacimiento de Cristo, aunque no vea las palabras“antes de Cristo”. »También por eso, cuando un paciente hipnotizadodescubre que es un campesino que lucha en unaguerra en la Europa medieval, por ejemplo, puededistinguir a personas de esa vida pasada a las queconozca en la actual. Por eso puede hablar ingléscontemporáneo, comparar las armas rudimentarias deesa época con las que pueda haber visto o utilizado enesta vida, aportar fechas, etcétera. »Su mente actual está despierta, observa ycomenta. Siempre puede comparar los detalles y loshechos con los de su vida actual. Es el espectador y elcrítico de la película y, por lo general, también elprotagonista. Y todo ese tiempo puede permanecer enun estado relajado, hipnótico. »La hipnosis lleva al sujeto hasta un estado congran potencial curativo, ya que le permite acceder a lamente subconsciente. Si hablamos de formametafórica, sitúa al paciente en un bosque mágico enel que crece el árbol de la curación. Y, si bien lahipnosis es la que le abre la entrada a ese paísbalsámico, el proceso de regresión es el árbol en sí, elárbol del que crece el fruto sagrado que debe comerpara sanar. »La terapia de regresión es el acto mental
  49. 49. consistente en retroceder a una época anterior, seacual sea, con el fin de recuperar recuerdos que puedanestar influyendo todavía de forma negativa en la vidaactual del paciente y que, probablemente, sean elorigen de los síntomas que presenta. La hipnosisfaculta a la mente para que haga cortocircuito con lasbarreras conscientes y alcance esa información, y esoincluye aquellas barreras que impiden a los pacientesacceder de forma consciente a sus vidas pasadas.» Decidimos que acompañaría a George hasta esebosque y que mantendría mi papel de terapeuta, demodo que no influiría en él ni le sugeriría cuáles eranlos frutos que podría hallar en el árbol; para ello,mantendría un tono de voz calmado y tranquilizadorque garantizara su comodidad y su relajación, y leharía sólo preguntas destinadas a permitirle describirsin esfuerzo y con más detalle lo que viera; tampocomostraría sorpresa, no haría juicios morales niofrecería interpretaciones, sino que le daríainstrucciones en momentos determinados. En pocaspalabras, le haría de guía. George se sentó en un sofá pequeño y cómodo yyo me quedé ante él, en mi sillón. —Relájese —le pedí—. Cierre los ojos... Y así empezamos. Ninguno de los dos sabía qué iba
  50. 50. Y así empezamos. Ninguno de los dos sabía qué ibaa encontrar George. —Soy posadero —anunció—. En Alemania. Estoytumbado en una cama del piso de arriba, en nuestrahabitación. Estamos en la Edad Media. Soy viejo,tengo más de setenta años y estoy muy débil, aunquehasta hace poco era fuerte. Me veo claramente. Tengoun aspecto descuidado, con la ropa sucia. Estoyenfermo. Mis brazos, antes robustos, ahora son flacos.Los músculos de la espalda, con los que antes podíalevantar rocas, se han atrofiado. Apenas tengo fuerzapara sentarme. —Me miró desde una distancia de sietesiglos e inclinó la cabeza—. Tengo mal corazón. Su familia le rodeaba. Empezó a hablar de ellos: —Me he portado mal con todos. He tratado concrueldad a mi mujer y a mis hijos. Los he tenidoabandonados, me he dado a la bebida y he mantenidoaventuras con otras mujeres. Pero dependían de mí,no podían irse por mucho que los maltratara. Montabaen cólera y me ponía violento. Me tenían miedo. Hacía poco, había sufrido un ataque,probablemente un infarto, y ahora quien dependía deellos era él; no obstante, a pesar de los malos tratos ydel abandono a los que les había sometido, locuidaban con pasión, y hasta con cariño. Su esposaactual era su hijo en la vida pasada, y su hija, su
  51. 51. actual era su hijo en la vida pasada, y su hija, sumujer. (Esas variaciones son corrientes. Las personasque son importantes para nosotros en la vida presentetambién lo han sido en las anteriores, están siempre anuestro lado.) Su familia lo atendía infatigablemente y sinquejarse, ya que las secuelas le impedían hacer nadapor sí mismo. Con el tiempo, su cuerpo, destrozadopor años de alcoholismo, acabó cediendo, y su almaempezó a flotar por encima de sus familiares y aobservarlos desde lo alto, sintiéndose culpable porhaberlos tratado de forma tan atroz. Es en ese momento de la muerte del cuerpo cuandola persona realiza una evaluación vital, y Georgeaseguró que el sentimiento que predominaba era laculpa: se arrepentía de haber desperdiciado su vida. —Libérese de esa culpa —le pedí—. Ya no cumpleninguna función. Su familia se encuentra bien y laculpa sólo le sirve de lastre. Juntos repasamos su vida como posadero. ¿Quélecciones podía extraer de ella? Seguía hipnotizado,seguía en la fonda, seguía reviviendo los momentos desu muerte. Expresaba las ideas con frasesentrecortadas, pero los sentimientos que había trasellas eran claros y puros. —El peligro y la violencia son una gran estupidez —sentenció—. Los cuerpos son frágiles y caducos. Hayseguridad en el amor y la compasión. Todas las
  52. 52. seguridad en el amor y la compasión. Todas lasfamilias necesitan cuidado y sustento. Yo tenía quehaberles sustentado del mismo modo que ellos mesustentaron a mí. No hay fuerza mayor que la delamor. Me contó todo aquello con la pasión de larevelación. Cuando terminó parecía agotado, así quedecidí hacerle regresar poco a poco al presente paracomentar lo que él había visto y descubierto en elpasado. Se fue aturdido (la primera regresión siemprees impactante), con la promesa de regresar a lasemana siguiente. Cuando se marchó, hice una anotación: «Veo aquíplantadas unas semillas de lo que será el futuro de suvida actual. Otro infarto. Más malos tratos. Un patrónsimilar. Va a aprender una lección.» Me quedé esperando con impaciencia el regreso deGeorge. En la siguiente regresión resultó ser un soldado dediecisiete años que luchaba por su país, Francia, en laPrimera Guerra Mundial. Había perdido el brazoizquierdo en una explosión y, al revivir ese momento,se agarró ese brazo con la otra mano y se quejó deque le dolía, pero las molestias desaparecieron, yaque, según descubrió enseguida, había fallecido a
  53. 53. consecuencia de las heridas. Una vez más, en elinstante de esa muerte flotó por encima del cuerpo yse vio transportado a otro momento de la misma vida.Ya no era soldado, sino observador, desligado de loshechos que describía. Era un niño, de no más de diezaños, que llevaba una vida dura pero tranquila en unagranja, con unos padres que lo querían y una hermanapequeña que lo idolatraba. En la granja habíabastantes animales: caballos, vacas y gallinas. Aquellavida anterior a la guerra no había sido muy rica enexperiencias. Me planteé si el dolor del brazo izquierdo estabarelacionado con el infarto que había sufrido en la EdadMedia y con el de la vida actual, pero no tenía manerade comprobarlo. A veces, resulta sencillo descubriruna conexión entre las vidas pasadas y la presente,pero en aquel caso no fue así. No me dio tiempo de pensarlo demasiado, porque,de repente, se puso muy nervioso. Había conectado suvida francesa con otra. (Se trata de algo poco habitual;por lo general una regresión permite volver a una solavida previa, si bien el paciente suele repasar distintasépocas y distintos hechos dentro de esa mismaexistencia.) Era un guerrero, mongol o quizá tártaro, yvivía en Rusia o en la propia Mongolia, no estabaseguro, hace unos novecientos años. Eratremendamente fuerte y un excelente jinete, y recorría
  54. 54. las estepas matando a sus enemigos y acumulandograndes riquezas. Los hombres que asesinaba solíanser jóvenes inocentes, muchos de ellos simplesgranjeros que habían sido llamados a filas contra suvoluntad, como el muchacho francés que acabaríasiendo él mismo con el tiempo. Mató a cientos depersonas durante su vida y murió ya viejo, sin sentiren ningún momento los remordimientos que leasaltarían doscientos años después, cuando seconvirtiera en el posadero alemán. Los demássufrieron, pero él no. Y no aprendió ninguna lección;ya llegarían en vidas posteriores. En la evaluación vitalque hizo siendo posadero fue, al parecer, cuando searrepintió por primera vez. La experiencia mongola le demostró algo que yohabía empezado a entender poco tiempo antes: eldescubrimiento de las consecuencias de los propiosactos no es necesariamente algo inmediato. Tuvo quepasar por otras vidas violentas (no sé decir cuántas, yaque evidentemente sólo puedo contar las que él merelató) antes de llegar a darse cuenta de lo que habíaprovocado. Quizá lo habían matado en la Primera GuerraMundial como castigo por la vida violenta que habíallevado como guerrero. Quizás el arrepentimiento delposadero no había bastado. Quizá, si hubieracambiado antes de sus actos violentos, no habría
  55. 55. cambiado antes de sus actos violentos, no habríavuelto para que lo mataran en Francia y habría tenidouna larga vida en la granja. Comentamos todo esocuando le hice salir del estado de hipnosis. Creo que loque quiso decirme fue que si no hubiera sido tanviolento en sus vidas anteriores no lo sería en elpresente. Había pasado de asesino sin escrúpulos aposadero maltratador, después a soldado francésmuerto antes de poder vivir plenamente y, por fin, aempresario próspero, todavía cargado de ira y congraves problemas cardíacos y de hipertensión. Aquel día hice dos anotaciones: «El valor de laempatía. Tuvo que sentir lo que había provocado» y«El corazón conecta todas esas existencias». ¿Cuálsería el próximo paso? En la siguiente ocasión, resultó ser un japonés gayde poco más de treinta años que había vivido a finalesdel siglo xix. Me contó que se había enamorado de unchico mucho más joven que él. Tenía la impresión deque no había otra manera de conseguir el amor delmuchacho que no fuera seducirlo, así que decidióhacerlo. Llevó a su amado a una habitación y empezóa servirle licor sin parar. En parte contra la voluntaddel más joven, aquella noche sellaron su amor. El chico se quedó avergonzado y humillado. En sucultura, los actos homosexuales eran deshonrosos,algo prohibido, y se sentía especialmente ultrajado porhaber permitido que lo penetraran.
  56. 56. haber permitido que lo penetraran. Su reacción fue la ira. Se presentó a su siguientecita con un cuchillo o una espada que hundió en elpecho de George, demasiado débil y demasiado enjutopara resistirse. Mi paciente murió de formainstantánea. En su evaluación vital estuvieron presentes temascomo el odio, la ira, la rabia impulsiva y el alcohol.George se dio cuenta de que tendría que haber sidomás paciente. No debería haber seducido al joven,sino que podría haber esperado la llegada de uncompañero dispuesto a mantener relaciones sexualescon él. No juzgaba su homosexualidad; su pecadohabía sido interferir en el libre albedrío de otrapersona al manipularla. Una conexión más sutil giraba en torno al peso.Pese a toda su fuerza, George estaba obeso, lo queaumentaba los riesgos de sufrir un infarto. A veces, lagente gana peso y lo mantiene como protección contraalgo. Suele pasar en el caso de mujeres que hansufrido abusos o violaciones; de forma simbólica,intentan evitar que se repita el hecho violento. Y esonos lleva a George, un violador que había sido a suvez víctima de la violencia. Su obesidad parecíaprovenir de esa vida, no de ésta. Una vez locomprendió, le resultó más fácil ponerse a régimen. Anoté lo siguiente: «¿Su vida anterior le marcó
  57. 57. (quizá debido a la herida de arma blanca) con unavulnerabilidad cardíaca en el futuro?» No podía estarseguro, pero solemos regresar a este mundo conlesiones o debilidades que afectan a las partes delcuerpo donde se produjeron heridas mortales o dañosen una vida anterior. En este caso, la relación parecíaprobable. Llegados a ese punto, George ya era capaz desumergirse en un estado muy profundo. Parecía quesus experiencias lo turbaban y, al mismo tiempo, loinspiraban. En 1981, cuando mi paciente Catherine estaba enun estado hipnótico profundo, recordando lasimportantes lecciones de sus vidas anteriores, metransmitió mensajes de unos seres a los que llamó«los sabios», almas más evolucionadas cuyosconocimientos me llevaron, cuando ella me los hizollegar, a entender de otra manera lo que es lacuración. Así pues, decidí preguntarle a George, queestaba ya en un estado profundo: —¿Hay algo más? ¿Hay algún otro mensaje para ti,alguna otra información o revelación que puedasextraer de ese nivel? Anoté al dictado lo que me contestó. —La vida terrestre es un don. Es una escuela en laque aprender cómo se manifiesta el amor en lasdimensiones físicas en las que existen los cuerpos y las
  58. 58. dimensiones físicas en las que existen los cuerpos y lasemociones. Pero la escuela tiene muchos patiosdistintos y hay que utilizarlos. La vida física está hechapara disfrutarla. Ése es uno de los motivos por los quehabéis recibido los sentidos. Sed buenas personas.Divertíos y disfrutad. Aprovechad los placeressencillos, pero abundantes, de la vida sin hacer daño alos demás, ni a las cosas, como la naturaleza. Cuando se marchó, apunté: «Al despertarse,George era consciente de que esos mensajes eran muyimportantes para él, porque en su vida actual no sedivertía nunca, y las cosas sencillas son una de lasgrandes razones por las que nos encontramos aquí.También tenemos patios de los que disfrutar. No todotiene que ser trabajar, no todo tiene que ser serio.“Sed buenas personas” quería decir que fuéramoscompasivos y cariñosos en todos los niveles.» Cuando volvió para la siguiente sesión, George mehabló de un sueño milagroso. Las dudas que habíapodido tener sobre la terapia de regresión se habíandisipado. Estaba emocionado, radiante. Los mensajesque había recibido habían adoptado la forma de unapersona, un ser espiritual impregnado de la luz azulque había visto en su experiencia de la muertecercana. Esa persona le había dicho que tenía quequererse más y que los habitantes de la Tierra teníanque cuidar los unos de los otros y no hacerse daño.Había recibido instrucciones, según me contó, pero no
  59. 59. Había recibido instrucciones, según me contó, pero nopodía ofrecer demasiados detalles. Se trataba deinstrucciones dirigidas a él, lo sabía, pero queconcernían a la humanidad en todos los sentidos.Tenía que comunicarse mejor, explicar lo que pensabay lo que hacía, en lugar de arremeter sin más contraquienes lo rodeaban. «Ten más cuidado», le habíadicho el espíritu. «No hagas daño a los demás.» George me contó que había una jerarquía deespíritus y que el que le había visitado a él no eranecesariamente del más alto nivel. —Hay otros lugares y otras dimensiones aúnsuperiores que no pertenecen a este planeta. Perotenemos que aprender las lecciones de los sabios, yaque lo más importante es progresar —me dijo, y,aunque no se trataba de mensajes tan contundentes nide tan largo alcance como los que me habíatransmitido Catherine, me conmovieron. Una vez más,era el paciente quien indicaba el camino al médico. En la siguiente regresión de George se hicieronevidentes distintas conexiones. Esta vez recordó quehabía sido una esclava del sur de Estados Unidos aprincipios del siglo xviii. Estaba casada con un hombreespecialmente cruel. El esposo de aquella mujer negrade hacía doscientos años era también el padre de
  60. 60. George en el presente. En la anterior vida, su maridole pegaba tan despiadadamente que le había roto laspiernas y la había dejado inválida. En esta existencia, en cambio, el padre de Georgele había dado mucha fuerza y le había apoyado, sobretodo durante su infancia, que había estado marcadapor una artritis localizada en las rodillas. Sin embargo,era una figura autoritaria y aterradora, dada a ataquesde ira como los que más adelante repetiría su hijo, quepronto descubrió que para conseguir cualquier cosalejos de la influencia del padre tenía que «valerse porsí mismo», con lo que se establece un paralelismoevidente con la existencia vivida como esclava. La independencia y la fuerza habían marcado lavida de George antes del infarto, y siguió aferrándosea ellas, quizá con demasiada determinación, inclusodespués de recibir el alta. La lección que tenía queaprender en esta vida era la del equilibrio; por unlado, debía mantener la autoridad y, por el otro, saberescuchar y aceptar sugerencias además de darórdenes. Experimentó una breve regresión a una vidaanterior de la que apenas vislumbró alguna escena.Era un hombre de la Edad de Piedra vestido con pielesde animales y con las manos y los pies cubiertos devello. Murió muy joven, de hambre. Ésa era otraexplicación para el sobrepeso que sufría en esta vida,
  61. 61. ya que las víctimas de la inanición, por ejemplo losfallecidos en el holocausto nazi, suelen ser obesos trasreencarnarse, pues necesitan los kilos como garantíade que jamás volverán a pasar hambre. Ordené de forma cronológica las vidas anteriores:hombre de la Edad de Piedra, guerrero mongol,posadero en la Edad Media, esclava paralítica, gayjaponés asesinado y francés muerto en el campo debatalla. Evidentemente, tenía que haber alguna otra,pero no accedió a ellas durante nuestras sesiones y talvez nunca tendrá oportunidad de hacerlo. El espírituazul le dijo que vemos las vidas pasadas que tienenrelevancia en ésta. —El aprendizaje prosigue al otro lado —me contóGeorge, convertido ya en todo un «experto», y suoptimismo me alegró—. Vamos perfeccionandotécnicas y desarrollando nuestras aptitudes. Es unproceso que no tiene fin. En todas las vidas que recordó había temasrecurrentes (la violencia y la ira, el dolor físico, losmalos tratos, la constante amenaza de la muerte) quetenían su paralelismo en la actual. Cuando consideró todas esas existencias previas enconjunto, cayó en la cuenta de que su estilo de vidaiba a acabar con él: bebía demasiado, tenía quecontrolar la tensión arterial, podía sufrir otro infarto y,debido a los ataques de ira, corría el riesgo de sufrir
  62. 62. debido a los ataques de ira, corría el riesgo de sufrirun derrame cerebral. Todo eso requirió casi dos años de intensa terapia(tras los cuales hubo sesiones periódicas), pero, amedida que George asumía esas nuevas percepcionescon otros instrumentos terapéuticos que le ofrecía,como discos compactos de relajación, yo tenía elplacer de comprobar cómo empezaba a cambiar.Aprendió a relajarse más gracias a la meditaciónformal (algo que le había recomendado antes, peroque se negaba a hacer). Observó que se comunicabamejor con los empleados de la oficina; aseguraba quese le daba mejor escuchar y aceptar los contratiempossin ponerse «hecho un basilisco». Incluso cuandoacababa siendo presa de la ira, los ataques eran másbreves y menos violentos. Conseguía relajarse de vezen cuando; a la hora del almuerzo se ponía uno de miscompactos en el despacho y le pedía a su secretariaque no le interrumpieran. Recuperó la afición al golf ya la pesca y empezó a ir a ver partidos de béisbol delos Florida Marlins. Físicamente, George también experimentó unamejoría. Le bajó la tensión, el corazón empezó afuncionar con mayor normalidad, se puso a hacerejercicio, bebía menos y comía alimentos más sanos.Todo eso lo hizo de común acuerdo con su esposa, ala que yo a veces pedía que acudiera a nuestrassesiones, donde confirmaba el progreso de su marido
  63. 63. sesiones, donde confirmaba el progreso de su maridocon una gratitud tan sincera como la de él. Pasó lomismo con sus hijos; George se estaba convirtiendoen padre, amigo y guía, y ya no era un dictador. Un cambio dio pie a otro y, al poco tiempo, se diouna progresión de cambios, lo que denominamos«bucle sinérgico». Un éxito daba lugar a otro. —He vislumbrado el otro lado —me contó—. Me hevisto en una vida futura. Era maestro de muchos niñosque me apreciaban. Era una vida feliz. Estaba muysatisfecho. Las técnicas que aprendí allí he podidoaplicarlas en esta vida física. Y he visto otro mundo,apenas se distinguía. Había estructuras cristalinas yluces y gente, no sé, como rayos de luz. Me quedé atónito. Como ya he dicho, eso sucedióantes de empezar a llevar a pacientes hacia el futurode forma intencionada. En aquel momento, me parecióque su visión debía de haber sido una metáfora, unsímbolo de lo que deseaba su alma en el presente, opuede que simplemente un sueño inducido por eltrabajo que habíamos hecho con su pasado. Y, sinembargo, quizá lo que vio fue literalmente cierto. Al finalizar la sesión, escribí: «Ha conseguido curarsu corazón espiritual además del físico.» Sucardióloga, Barbara Tracy, me confirmó la parte físicay yo, por mi parte, sabía que George había recuperadola esperanza. De repente, la vida tenía sentido. La
  64. 64. espiritualidad se convirtió en parte de su carácterpsicológico. La familia era importante. Los amigostambién. Y los compañeros de trabajo. Y el placer. Ya estaba preparado para el siguiente paso de suevolución. Cuando el cuerpo de George muera y sualma esté lista para regresar, estoy convencido de quesu nueva vida tendrá un nivel superior; será casi contoda seguridad más tranquila que las que ha vividoantes. Si no hubiera revisado y comprendido laslecciones de sus vidas anteriores, habría tardado másen alcanzar esa etapa, quizá tendría que haber pasadovarias vidas más en un estado de rabia y violenciaantes de descubrir por sí mismo las verdades que leenseñaron sus regresiones. Su terapia finalizó y ya noacude a la consulta. Si lo desea, no me importaríahacerle una progresión, no por motivos terapéuticos,sino para que viéramos cómo serán sus nuevas vidasno violentas. La existencia actual de George cambió cuandorenunció a la ira y a la violencia, sus mayoresproblemas. Las vidas presentes y pasadas de otrospacientes demuestran que el cambio es posible en unadocena de aspectos distintos de la existencia y, porextrapolación, en cientos más. No es habitual que unapersona aprenda más de una lección en una mismavida, aunque suele prestarse una atención residual a
  65. 65. varias. Para este libro he separado las lecciones engrupos diferenciados, si bien tienden a solaparse y laevolución en una puede fomentar el avance en otras.Las historias que aparecen a continuación sonejemplos extraordinarios de cómo determinadaspersonas han evolucionado hacia nuevas vidas que leshan llevado a planos superiores y que, con el tiempo,les transportarán hasta el nivel supremo.
  66. 66. 3 VICTORIA, EVELYN Y MICHELLE: LA SALUD Como médico y como psiquiatra, mi misión escurar enfermedades físicas y emocionales, a veces porseparado, pero, por lo general, de forma simultánea,ya que la mente afecta a la salud del cuerpo y elcuerpo a la de la mente. Conozco el concepto de«salud espiritual», pero para mí el alma siempre estásana. Es más, es perfecta. Cuando la gente habla decuración del alma, no sé a qué se refiere: si sentimosque necesita curación es por lo alejados que estamosde ella. La mala salud tiende a convertirnos en narcisistas, yel narcisismo nos aparta de la compasión, de laempatía, del control de la ira, de la paciencia, todosellos elementos que, cuando se dominan, permitenascender en la escala evolutiva que lleva a lainmortalidad. Muchas veces, cuando estamos enfermossolamente somos capaces de pensar en la enfermedad,lo que limita las oportunidades de progreso. Así pues,
  67. 67. lo que limita las oportunidades de progreso. Así pues,en este capítulo voy a hablar de las enfermedadesfísicas, de los estados mentales patológicos (fobias,miedos, depresiones, ansiedades) y de cómo paliarlos.¿Influyen en ellos las vidas pasadas? Desde luego.¿Tienen también su efecto las futuras? Cada vez estoymás convencido (a medida que va habiendo másindicios) de que sí. A continuación, voy a presentarles a dos personasexcepcionales, Victoria y Evelyn. La primera sufría uncáncer que convertía en un infierno todos y cada unode sus días, la segunda era víctima de una ansiedadtan profunda que una vida que en apariencia era plenase había convertido, en el fondo, en algoprácticamente incontrolable. Curé a Victoriatrasladándola a sus vidas anteriores; ayudé a Evelynmostrándole el futuro. A estas alturas, estoy acostumbrado a regresionesimpresionantes y revelaciones asombrosas, pero en elcaso de Victoria me embargó la sensación de quehabía sucedido un milagro, algo que casi nunca habíaexperimentado desde que Catherine y yo nosconocimos hace veinticuatro años. Victoria se dedica a la medicina, vive en Manhattany es miembro destacado de la Academia de las Artes ylas Ciencias de Estados Unidos. Entramos en contacto
  68. 68. las Ciencias de Estados Unidos. Entramos en contactocuando me abordó al inicio de un taller de cinco díascelebrado en el Instituto Omega, un centro dedicado ala curación y el aprendizaje que tiene su sede enRhinebeck (Nueva York), y me contó que hacíadieciséis años que sufría tremendos dolores de espaldadebidos a un cáncer que diversas operaciones y unaserie de tratamientos de quimioterapia y radiación nohabían logrado curar. Acudía a Sloan Kettering, uno delos mejores centros oncológicos de Estados Unidos, yme entregó un historial médico de bastantescentímetros de grosor. El dolor era implacable; lodescribió como el bombardeo incesante de un abscesoformado en una muela. Por la noche tenía que tomargrandes dosis de un medicamento similar a la morfinadebido a la severidad del tormento, pero durante el díasoportaba la agonía para poder trabajar con la cabezadespejada. Aunque no era vieja (tenía unos cincuentay cinco años), se le había quedado el pelo cano deldolor. No le gustaba cómo quedaba y se lo teñía denegro. Victoria aseguraba que había dejado de tomar lamedicación unos días antes del taller para poderconcentrarse en mis exposiciones, pero cuando me viome preguntó: —¿Cómo voy a aguantar cinco días sin lamedicación? Van a tener que llevarme a casa en
  69. 69. ambulancia. —Haga lo que pueda —contesté—, y si tiene quemarcharse lo comprenderé. Se quedó a todas las sesiones y al final se meacercó y me contó cómo le había ido. Me pareció tanimportante que le pedí que se lo contase a todo elgrupo. Durante la semana había experimentado variasregresiones, todas a la misma vida anterior, que habíatenido lugar cerca de Jerusalén en época de Jesucristo.Era un campesino pobre, un hombre corpulento debrazos y hombros fuertes, pero sensible en loespiritual y cariñoso con los pájaros y los animales engeneral. Vivía en una casa de madera situada junto aun camino con su mujer y su hija, sin molestar anadie. Victoria reconoció a su hija, que también lo eraen esta vida. Un día, el campesino se encontró unapaloma con un ala rota y se arrodilló para recogerla.Un soldado romano que desfilaba con un cuerpo deelite de la guardia de palacio se molestó al toparse coneste hombre que le impedía el paso, le golpeósalvajemente en la espalda y le rompió variasvértebras. Algunos de sus compañeros incendiaron lacabaña y mataron a su mujer y a su hija. Elresentimiento y el odio que el campesino profesaba alos romanos ardían con fuerza en su corazón. A partirde aquel momento decidió no confiar en nadie. Jamásse recuperó de las lesiones de la espalda.
  70. 70. se recuperó de las lesiones de la espalda. Desesperado, destrozado física y emocionalmente,se trasladó a un cobertizo situado dentro de la murallade Jerusalén, más cerca del gran templo, y sobrevivióa base de las verduras que lograba cultivar. No podíatrabajar y se desplazaba con la ayuda de un robustobastón y de su único animal, un burro. La gente creíaque chocheaba, pero sencillamente estaba viejo ydestrozado. Llegó a sus oídos la noticia de que habíaun rabino que estaba haciéndose famoso por suscuraciones, y recorrió una gran distancia para escucharuno de los sermones (resultó ser el de la montaña), nocon la esperanza de recibir curación o consuelo, sinomovido por la curiosidad. Los seguidores del rabino sequedaron horrorizados al ver a aquel campesino y loecharon de allí. Se escondió tras un arbusto yconsiguió mirar a los ojos de Yeshi.* —Fue como mirar el interior de dos pozos sinfondo llenos de una compasión infinita —me contóVictoria. Yeshua le dijo al campesino: —No te alejes. Y él obedeció durante el resto del día. El encuentro no sirvió para curarle, pero sí paradarle esperanza. Regresó a su cobertizo, inspirado porel sermón del rabino, que le pareció «grandilocuente yverídico». Cuando el rabino estaba a punto de volver a
  71. 71. Cuando el rabino estaba a punto de volver aJerusalén, el campesino cayó presa de la ansiedad.Sabía que Yeshua se encontraba en una situaciónpeligrosa, porque había escuchado rumores sobre loque los odiados romanos tenían previsto hacer con él,y salió en su busca para avisarle, pero ya erademasiado tarde. Cuando por fin volvieron acomunicarse, Yeshua arrastraba pesadamente unmadero enorme de camino hacia su crucifixión. Elcampesino advirtió que estaba muy deshidratado.Sorprendido ante su propio valor, quiso acercarse a élcon un trapo empapado en agua para mojarle la boca,pero Yeshua ya había pasado. El campesino quedódesolado, pero entonces Yeshua se dio la vuelta y lomiró, de nuevo con ojos llenos de una compasióninfinita, pese al tremendo esfuerzo físico, ladeshidratación y la fatiga. Aunque Yeshua no habló, el campesinocomprendió sus palabras, que se le quedaron grabadasen la mente de manera telepática: —No te preocupes. Tenía que ser así. Y, dicho eso, continuó su camino. El campesino lesiguió hasta el Calvario, hasta la crucifixión. El siguiente recuerdo de Victoria fue de sí misma enla piel del campesino, solo bajo una lluvia torrencial,sollozando tras la muerte de Yeshua en la cruz. Desdeel asesinato de su familia, solamente había sido capaz
  72. 72. de confiar en el rabino, y le costaba aceptar quetambién hubiera fallecido. De repente, sintió en lacoronilla lo que Victoria describió como una«electricidad» que descendió por la columna vertebral,y se dio cuenta de que tenía la espalda recta, de queya no estaba jorobado ni lisiado. Volvía a ser fuerte. —¡Mirad! —exclamó Victoria en el presente—.¡Mirad! Y se puso a bailar, moviendo las caderas de un ladoa otro, sin el menor rastro de dolor. Cuando elcampesino se enderezó no hubo testigos; dos mil añosdespués, todos los asistentes al taller vieron a Victoriadanzar. Había quien lloraba. A mí se me llenaron losojos de lágrimas. A veces, cuando vuelvo a leer misnotas al repasar un caso, olvido esa sensación de estarante algo mágico, algo misterioso y sobrecogedor, queme provocan las regresiones, pero en aquella ocasiónrecuerdo que fue palpable. Aquello no podía ser frutode una sugestión hipnótica. Las graves lesionesvertebrales y la pérdida cartilaginosa que sufríaestaban bien documentadas en las resonanciasmagnéticas y otras pruebas cuyos resultados seincluían en el historial que me había entregado. «¿Cómo va a aceptar esta profesional de lamedicina, esta mujer de ciencia, lo que acaba desuceder?», recuerdo que pensé, pero aquélla era unapregunta intelectual que quizá se respondería con el
  73. 73. pregunta intelectual que quizá se respondería con eltiempo. Por el momento, mientras la observaba, loúnico que sentía era la felicidad que transmitíaVictoria. Algo más maravilloso estaba por llegar. E n , mencioné brevemente elrecuerdo de una vida pasada que yo mismo habíatenido. Me vi como un joven de una familia muyadinerada en la Alejandría de hace unos dos mil años.Me encantaba viajar y había recorrido los desiertos delnorte de Egipto y del sur de Judea, a menudoadentrándome en las cuevas donde vivían por aquelentonces los esenios y otras sectas. De hecho, mifamilia contribuía a su bienestar. Durante un viaje,conocí a un individuo algo más joven que yo queresultó ser muy despierto, y acampamos y viajamosjuntos durante aproximadamente un mes. Él seempapaba de las enseñanzas de aquellas comunidadesespirituales judías mucho más deprisa que yo. Aunquenos hicimos buenos amigos, al final nuestros caminosse separaron y yo me fui a visitar una sinagoga cercade las grandes pirámides. Entonces no conté el resto de la historia porque erademasiado personal y porque no quería que nadiepensara que escribía movido por la autocomplacencia:«El doctor Weiss en época de Jesucristo.» Enseguida
  74. 74. «El doctor Weiss en época de Jesucristo.» Enseguidaquedará claro por qué lo hago ahora, ya que laprotagonista de la historia es, en realidad, Victoria, yno yo. Volví a ver a mi compañero en Jerusalén, ciudad ala que viajaba a menudo, ya que mi familia realizabaallí gran parte de sus actividades comerciales. Me vi enla histórica ciudad como erudito, no como negociante,aunque seguía siendo rico. Por aquel entonces, lucíauna barba entrecana impecablemente recortada yvestía una extravagante toga que era, digamos, unequivalente de la túnica de colores de José. La veoahora con la misma claridad de entonces. En aquella época había un rabino itinerante quelograba congregar a grandes grupos de personas yque, por tanto, representaba una amenaza para PoncioPilato, que lo había condenado a muerte. Me perdíentre la muchedumbre que se había arremolinado paraver a aquel hombre de camino a su ejecución y,cuando lo miré a los ojos, me di cuenta de que habíareencontrado a mi amigo, aunque era demasiado tardepara intentar siquiera salvarlo. Tuve que limitarme averlo pasar, si bien más adelante pude ayudareconómicamente a algunos de sus seguidores y a sufamilia. En eso estaba pensando mientras Victoria, muycentrada en el presente y aún llena de júbilo, seguíahablando, de modo que apenas le prestaba atención
  75. 75. hablando, de modo que apenas le prestaba atencióncuando afirmó: —Lo vi a usted. —¿Dónde? —quise saber. —En Jerusalén. Cuando Jesús se dirigía a la cruz.Era un hombre poderoso. Sentí un escalofrío por la espalda como si alguienhubiera encendido una mecha. —¿Y cómo sabe que era yo? —Por la expresión de sus ojos. Es la misma queveo en ellos ahora. —¿Qué llevaba puesto? —Una túnica. Era de color arena, con ribetesburdeos, muy elegante. No formaba parte de lasautoridades, no era uno de los hombres de Pilato,pero me di cuenta de que tenía dinero por la túnica yporque llevaba la barba, que era entrecana, muy bienrecortada, a diferencia de la mayoría de la gente. ¡Sí, síque era usted, Brian! No me cabe la menor duda. A los dos se nos puso la carne de gallina y nosmiramos maravillados. Un psiquiatra diría: «Bueno, eso es una proyección.Usted era el ponente, un sanador, y ella había vistodesaparecer su dolor, así que, lógicamente, creíahaberle visto en la regresión.» Sí, es cierto, perodescribió la túnica, mi barba, mi aspecto, la escena, lasituación, todo, tal y como lo había visto yo hacía
  76. 76. muchos años en mi propia regresión. Sólo se lo habíacontado a tres personas y no había forma posible deque Victoria hubiera sabido de antemano qué aspectotenía ni qué ropa llevaba. Se trata de una situación absolutamenteextraordinaria que, a día de hoy, aún me resultainexplicable. Es algo que va más allá de la salud y dela curación, que se adentra en el terreno de lotrascendental. «Tenía que ser así», le dijo Jesús, elsanador. Tengo la impresión de que son palabrasimportantes, pero no estoy seguro de cómointerpretarlas. Victoria me llamó aquella misma noche, después deque terminara el taller, aún muy impresionada. Losdos, ambos científicos, éramos conscientes de que suvisión de Jesús había sido validada. Habíamossuperado la óptica científica para llegar hasta dospuntos en los que el destino había querido que nosencontráramos para que ella pudiera sanar, por algúnmotivo que ninguno de los dos lograba comprender.Si me vio en Jerusalén no fue por accidente ni porfantasía; aquello sucedió porque dos mil años mástarde yo sería el instrumento de su curación. Le pedí que se mantuviera en contacto y aúnhablamos de forma habitual. Sigue moviéndose sindolor y puede girar las caderas con normalidad.Cuando volvió a casa, su peluquero se sorprendió de
  77. 77. Cuando volvió a casa, su peluquero se sorprendió delo bien que había aguantado el tinte hasta que se diocuenta de que volvía a tener el pelo negro, su colornatural. Según ella, su internista se quedó «atónita» alverla andar y bailar sin dolor. Y en el mes de octubrela llamó su farmacéutico, preocupado porque no habíarenovado la receta de calmantes. —Ya no los necesito. —Fue su respuesta, y aúnasombrada por todo lo que le había sucedido, se echóa llorar—. Me encuentro bien. Evelyn se dedicaba a las fusiones y lasadquisiciones; es decir, que su trabajo consistía enayudar a dos empresas a unirse o a una de ellas acomprar la otra. Cuando las compañías eran grandes,solía haber ofertas por cientos de millones de dólares,y los honorarios que cobraba la empresa para la quetrabajaba Evelyn tenían por lo general siete cifras. Ellarecibía un sueldo considerable que, muchas veces,quedaba doblado o triplicado al sumarle lasbonificaciones de final de año, con las que lerecompensaban haber aumentado la facturación.Cuando acudió a verme, su ropa reflejaba el nivel desu éxito: traje chaqueta y bolso de Chanel, pañuelo deHermès, zapatos de Gucci, reloj Rolex y collar dediamantes. Tendría unos treinta y cinco años, era delgada y
  78. 78. Tendría unos treinta y cinco años, era delgada yfísicamente atractiva, con el pelo negro y muy corto,casi el estereotipo de una ejecutiva joven. Sinembargo, cuando la miré a los ojos (cosa que noresultaba fácil, ya que los apartaba en cuanto sepercataba de que la observaba) detecté tristeza; la luzprocedía de los diamantes que rodeaban su cuello, node su expresión. —Necesito ayuda —me pidió en el momento en quenos saludamos. Se sentó y empezó a retorcer unas manos nerviosasen el regazo. Enseguida me di cuenta de que teníatendencia a hablar con oraciones afirmativas sencillasenunciadas en voz tan alta que quedaba poco natural. —Soy infeliz. Se hizo un silencio. —Prosiga —le rogué. —«Últimamente he perdido todo mi alborozo.» Una cita de . A veces los pacientes utilizanpalabras prestadas para no tener que recurrir a lassuyas propias; es un mecanismo de defensa, unaforma de ocultar los sentimientos. Esperé a queprosiguiera. Tardó un rato. —Antes me encantaba el trabajo. Ahora no losoporto. Antes quería a mi marido. Ahora estamosdivorciados. Cuando tengo que verle, apenas logromirarle a la cara.
  79. 79. mirarle a la cara. —¿Cuándo se inició ese cambio? —pregunté. —Cuando empezaron los atentados suicidas enIsrael. Aquella respuesta absolutamente inesperada medejó aturdido. A veces, los cambios de humor quesuponen el paso de la felicidad a la depresión tienen suorigen en el fallecimiento de uno de los padres (el deEvelyn, según supe después, había muerto siendo ellauna niña), la pérdida del trabajo (desde luego, ése noera su problema) o las secuelas de una largaenfermedad (ella disfrutaba de excelente salud física).Los atentados suicidas, a no ser que uno fuera atacadodirectamente, eran, por decir algo, un detonante pocohabitual. Se echó a llorar. —Pobres judíos. Pobres judíos. —Tomó aire y laslágrimas cesaron—. ¡Los árabes son unos cabrones! Me pareció algo anómalo que una palabrota salierade su boca; aquello daba una idea de la rabia quehabía detrás. —¿Usted es judía, pues? —pregunté. —De los pies a la cabeza. —¿Y sus padres? ¿Eran tan fervorosos como usted? —No. No eran muy religiosos. Yo tampoco, laverdad. Y no les preocupaba Israel. Para mí, es elúnico país que tiene importancia. Los árabes están
  80. 80. empeñados en destruirlo. —¿Y su esposo? —Bueno, dice que es judío, pero Israel también letrae sin cuidado. Es una de las razones por las que leodio. —Se quedó mirándome con hostilidad, quizáporque mantuve la calma pese a la vehemencia de supasión—. Mire, he perdido el apetito. No me apetece lacomida, ni el sexo, ni el amor, ni el trabajo. Me sientofrustrada e insatisfecha. No consigo dormir. Ahoranecesito psicoterapia. Usted tiene buena reputación.Ayúdeme. —¿Para descubrir de dónde proceden la rabia y laansiedad? —Quiero recuperar la felicidad —sentenció, bajandola cabeza—. Voy al cine. Voy de compras. Me voy a lacama. Y pienso en lo mucho que odio a los árabes.Odio a la ONU. Ya sé que han hecho cosas buenas,pero están dominados por antisemitas. Todos losvotos van en contra de Israel. Soy consciente de queexagero. Sé que deberían importarme otras cosas,pero es que esos cabrones de los árabes... ¿Cómopueden matar a bebés judíos? ¿Cómo va a importarmenada más? Probamos la psicoterapia convencional, explorandosu infancia en esta vida, pero las causas de la rabia y la
  81. 81. ansiedad que sufría no parecían estar ahí. Aceptóintentar una regresión. —Vuelva al momento y al sitio en el que surgió porprimera vez la ira —requerí en cuanto entró en unestado hipnótico profundo. No quise orientarla más.Ella misma elegiría el tiempo y el lugar. —Estoy en la Segunda Guerra Mundial —anunciócon una voz grave y masculina, muy erecta y congesto de incredulidad—. Soy oficial nazi, miembro delas SS. Tengo un buen trabajo. Me dedico a supervisarla carga de judíos en los vagones de ganado que lesllevan a Dachau, donde van a morir. Si alguno intentahuir, le pego un tiro. No me gusta hacerlo. No es queme importe matar a una de esas alimañas, sino que nome gusta nada perder una bala. Son caras. Nos hanordenado ahorrar munición siempre que sea posible. Aquella despiadada letanía se contradecía con elhorror mal disimulado de su voz y el ligero temblorq u e había hecho presa en su cuerpo. Como oficialalemán, puede que no sintiera nada por la gente quemataba; como Evelyn, al recordarlo, sufría untormento. He descubierto que la forma más segura de acabarreencarnado como miembro de un grupo concreto depersonas (ya sea una religión, una raza, unanacionalidad o una cultura) es haberlo odiado en unavida anterior, haber demostrado prejuicios o violencia
  82. 82. vida anterior, haber demostrado prejuicios o violenciacontra él. No me sorprendió que Evelyn hubiera sidonazi. Su vehemente postura proisraelí en esta vida erauna compensación por el antisemitismo de entoncesque ella había acabado convirtiendo en unasobrecompensación. El odio que había sentido por losjudíos se había transformado en una animadversiónigual de intensa hacia los árabes. No era de extrañarque se sintiera ansiosa, frustrada y deprimida. Nohabía avanzado demasiado en su travesía hacia lasalud. Después pasó a otra parte de su vida como alemán.El ejército aliado había entrado en Polonia y ella habíamuerto en el frente durante una encarnizada batalla.En su evaluación vital, tras morir en aquella existencia,sintió remordimientos y una culpa tremenda, peronecesitaba volver para confirmar que había aprendidola lección y para resarcir a todos los que habíaperjudicado como oficial de las SS. Todos somos almas, todos formamos parte delalma única, todos somos iguales, seamos alemanes ojudíos, cristianos o árabes, pero, al parecer, Evelyn nohabía aprendido esa lección. Su odio no habíadesaparecido. —Vamos a hacer un experimento —propuse trasdevolverla al presente—. ¿Se anima?

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