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GRACIA EFICAZ O IRRESISTIBLE

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GRACIA EFICAZ O IRRESISTIBLE

  1. 1. La Gracia Irresistible o Eficaz. INTRODUCCIÓN: Cuando admiramos la gracia de Dios obrando en la salvación de su amado pueblo, podemos ver que es muy variada y que se manifiesta en varios aspectos. De ahí que Pablo al referirse a la gracia de Dios, en cierta ocasión la llamó “las inescrutables riquezas de su gracia” “las riquezas de su gracia”. Porque es muy variada en sus aspectos y manifestación. Entre los aspectos en que esta gracia se presenta podemos ver que es libre, rica, inmerecida, incondicional, que es gratuita, que es misteriosa, que es soberana y discriminativa etc. Pero existe un aspecto de la gracia que ha sido un tanto mal entendido y del cual se han generado algunos conflictos y discrepancias aún entre los círculos teológicos evangélicos. Me refiero a aquel aspecto de la gracia conocido como gracia irresistible. I. SU SIGNIFICADO. ¿Qué es la gracia irresistible? Gracia irresistible es aquella asombrosa obra de Dios por medio de la cual él regenera y llama eficaz e irresistiblemente a todos sus escogidos. Significa que cuando Dios envía su Espíritu Santo para regenerar y vivificar a su amado pueblo, nadie puede resistirle. Significa que todos aquellos que el Padre dio al Hijo, serán llevados efectivamente a sus pies para que él los salve. Jn. 6: 37. Pero de inmediato puede aparecer la pregunta ¿es la gracia de Dios resistible o irresistible? Es decir, ¿se puede resistir o no la gracia de Dios? ¿Pueden los hombres resistir la obra de la gracia en ellos? La respuesta puede parecer doble, aunque en realidad es una sola. En primer lugar, la gracia de Dios es resistible, en el sentido de que el hombre natural y no regenerado por naturaleza se opondrá a ella. Es mas todos nosotros en más de alguna ocasión nos opusimos a ella. Si dijéramos que la gracia de Dios no se resiste, o que el hombre no la resiste, esto contrastaría con algunos pasajes de las santas escrituras en los cuales efectivamente presenta a los hombres resistiendo la gracia de Dios. Isaías 63: 10; Hch. 7: 51-54; 13: 46. Incluso la misma encarnación de la gracia de Dios encontró resistencia aquí en la tierra por parte de los judíos Mat. 23:37, resistencia que terminó incluso en su crucifixión. Por lo tanto es evidente, entonces, que todos los hombres por naturaleza resisten la gracia de Dios, incluso en algunos casos, esta resistencia por parte de los hombres resultó en su propia condenación. Así en cierto modo la gracia de Dios es resistible, en el sentido de que el hombre se opone a ella. Pero estrictamente hablando, o hablando en un sentido mas profundo, la gracia de Dios es irresistible en el sentido de que logra y consigue su propósito. La gracia de Dios es irresistible porque a pesar de toda la resistencia por parte del hombre, cumple consigue todo lo que se propone hacer, y en ningún caso ni en ninguna manera puede ser vencida, frustrada o anulada por la voluntad humana. Dan. 4:35; Job 23:13; Sal. 33: 10, 11; Prov. 19: 21. La gracia de Dios es irresistible porque es una gracia que ejecuta lo que Dios desea. Isa. 46: 9, 10; Sal. 115: 3. Significa que Dios es soberano y puede vencer cualquier resistencia cuando él así lo quiera. Ahora, es importante señalar que gracia irresistible, no significa aquella equivocada idea de que alguien tiene que hacer lo que no quiere hacer. Algunos imaginan que cuando se habla de gracia irresistible, aquello presenta a Dios como forzando y obligando a las personas a hacer aquello que no quieren hacer; imaginan a Dios como arrastrando a las personas al cielo, como meros robots, o muñecos, que son arrastrados en contra de sus voluntades a pesar de todo “su pataleo”; Ven a Dios como alguien que obliga, fuerza y violenta la voluntad. Pero esto no es así, sino que, como dijimos anteriormente, gracia irresistible significa más bien que cuando 1
  2. 2. Dios envía su Espíritu Santo para regenerar a sus escogidos, él logrará su propósito. Logrará que todos aquellos que el Padre dio al Hijo, sean traídos eficaz e irresistiblemente a Cristo, y esto en una manera en que al hombre le gustará hacer y lo hará gustosa y voluntariamente. Sal. 110:3, es Dios colocando el primer deseo santo y haciendo que el hombre quiera venir a Cristo. Es Dios quien, como dice Pablo, colando tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. Fil. 2: 13. La gracia irresistible es un poder, un supereminente poder que puede traer al pecador a los pies de Cristo aunque este no pueda venir por el mismo; Y todo esto, en una manera que al hombre le gustará hacer, sin ser forzado, ni obligado por nadie. Dios hará que el hombre venga a Cristo voluntariamente. Tal como lo expresa el propio Señor Jesucristo “ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” esta atracción por parte de Dios, es llamada gracia irresistible. Jn. 6: 37, 44 Entonces la gracia de Dios es una gracia irresistible porque ejecuta lo que Dios desea. II. PUNTOS DE VISTA ERRÓNEOS. A fin de aclarar mas lo que significa la gracia irresistible, nos será útil presentar un contraste entre esta posición bíblica y dos puntos de vista erróneos como lo son el PELAGIANISMO Y EL SEMIPELAGIANISMO. A. EL PELAGIANISMO. Es una antigua herejía que viene de Pelagio quien vivió en el siglo IV. Su gran opositor fue san Agustín, obispo de Hipona. San Agustín enseñaba que el hombre está total y completamente corrompido y que es incapaz de hacer algún bien por su propia cuenta sin la irresistible acción del Espíritu Santo. Por otro lado, Pelagio enseñaba que el hombre no está corrompido, ni total ni parcialmente, que nace siendo perfectamente bueno y que puede escoger entre el bien y el mal. Según Pelagio, el hombre no necesita al Espíritu Santo ni a su irresistible para hacer el bien ni para ser salvo. Obviamente esta enseñanza totalmente pagana fue desechada por la iglesia en los concilios de Cártago, Efeso y Orange en los siglos V y VI. B. EL SEMIPELAGIANISMO. Existe una posición intermedia entre el Pelagianismo y el Agustinianismo conocida como Semipelagianismo. Postura que mas tarde llegó a ser conocida como Arminianismo, nombre que viene de su principal exponente Jacobo Arminio. El semipelagianismo no acepta el pelagianismo porque no acepta que el hombre sea perfecto y que no necesite la ayuda del Espíritu Santo. Tampoco le agrada la enseñanza de san Agustín porque este dice que el hombre está totalmente corrompido y es incapaz de hacer algo bueno sin la intervención directa del Espíritu Santo. Por ello, los semipelagianos buscaron una posición intermedia, un punto intermedio y enseñaron que el hombre posee algo de bien, y que no está corrompido totalmente sino parcialmente corrompido, conservando algunas cualidades y capacidades innatas que la caída no logró borrar del todo, como la capacidad arrepentirse y creer en Cristo por sí mismo. Y aunque dicen que el hombre natural necesita la ayuda del Espíritu Santo, no obstante afirman que Dios no da el arrepentimiento y la fe al hombre en una forma irresistible, sino que depende del hombre usar estos dones, quedando en sus propias manos creer o no creer en Cristo. La palabra clave en todo este asunto es COOPERACIÓN. Dios hace su parte, presentar la salvación al hombre, y el hombre hace la suya, decidir aceptar o no la salvación a él ofrecida. El Arminianismo sostiene que hay un campo en la vida del hombre en el cual Dios nunca tocará. Su voluntad. Dios nunca obligará al hombre a creer. Esta es responsabilidad exclusiva del hombre. El Arminiano piensa que el hecho de que Dios regenere y vivifique al hombre antes de que este se arrepienta y se convenza de sus pecados, hace que Dios arbitrariamente determine la salvación o la condenación de alguien, basado en su sola soberana voluntad. Los arminianos dicen que ni Dios, ni nadie convertir al hombre si este no se convierte por él mismo. Según el Arminianismo, él hombre primero debe creer y arrepentirse, y luego Dios lo regenerará. Así ante la pregunta ¿por qué una persona cree en Cristo Jesús y otra que se halla en las mismas circunstancias le rechaza? se desprenden dos respuestas: la voluntad del hombre o la voluntad de Dios. 2
  3. 3. El Arminiano o semipelagiano, asumirá que la diferencia entre dos personas idénticamente en iguales circunstancias se halla en la voluntad del hombre; es decir, porque uno deseó creer y aceptar a Cristo, mientras que el otro no. Dios presenta el evangelio a todos por igual, tanto a los que lo reciben como a los que lo rechazan. Dios viene con la oferta de salvación pero no obliga a nadie a recibirle. Es el hombre quien debe decidir por sí mismo. Es el hombre quien tiene, en última instancia, la decisión y el destino de su vida en sus manos, convirtiéndose así en el factor decisivo. Si el hombre no acepta a Cristo, él estará perdido y Dios no puede hacer nada en relación a ello. Mientras que la posición bíblica insiste en que la diferencia entre ambos no se encuentra en la voluntad del hombre sino en la voluntad de Dios. Que el factor decisivo en todo el asunto de la salvación es Dios y no el hombre. En un determinado hombre el Espíritu de Dios no actúa en forma salvadora, por lo tanto, como el hombre está espiritualmente muerto, sigue en esa condición, y por consiguiente no creerá jamás en Cristo. Sin embargo en otro hombre, que se encuentra en igual condición, el Espíritu santo, por voluntad divina, sí desea actuar en forma salvadora, regenerándolo y vivificándolo causando en él, el primer deseo santo, y produciendo en él tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. Fil. 2: 13. Así es Dios quien hace la diferencia entre uno y otro, y así todo esto está en completa armonía y concordancia con lo que dice Pablo en 1ª Cor. 4: 7. Así, según el Arminianismo, la razón por la que un hombre cree en el evangelio y acepta a Cristo es porque él mismo decidió hacerlo; pero la posición bíblica afirma que es Dios quien decide quien le aceptará y quien no le aceptará. Rom. 9: 16. En un caso la fe es producto del hombre, mientras que en el otro la fe es don de Dios al hombre. III. SU NECESIDAD. La necesidad de la gracia irresistible surge de varios factores. Por ejemplo, si es cierto que Dios eligió a algunos para salvación, y se los dio a Cristo, él debe hacer que todos aquellos que él dio a Cristo, vengan efectivamente a sus pies, y esto no puede ser por ninguna otra cosa sino por la gracia irresistible. “ninguno puede venir a mí” dijo Jesús “si el Padre que me envió no le trajere”. Jn. 6: 37. 10:16 Además, si la muerte de Cristo fue para alcanzar ciertas cosas para los escogidos como perdón, reconciliación, justificación, liberación de la condenación etc. Entonces la gracia irresistible es necesaria para aplicarles los beneficios alcanzados para ellos en la cruz. . La gracia irresistible es necesaria para la seguridad y preservación de los escogidos. Si ellos fueron puestos para alcanzar salvación y si la voluntad del Padre es que ninguno de aquellos que él dio a Cristo perezca, entonces la gracia irresistible es necesaria para su preservación y perseverancia. Ellos deben ser preservados. Jn. 6: 39, 40; 1ª Ped. 5: 10, 11; 2ª Tim. 4: 18. Jn. 10: 27, 28; 17: 11. Así vemos algunas razones del porque es tan imprescindible y necesaria la gracia irresistible. Pero sin lugar a dudas la gran necesidad e importancia de la gracia irresistible surge de la terrible y trágica condición en la cual quedó el hombre después de la caída. La gracia irresistible es el resultado lógico de la depravación humana. En otras palabras la gracia irresistible y la depravación humana, son doctrinas que están estrechamente unidas y van juntas sin que puedan ser separadas. La doctrina de la depravación humana es aquella doctrina que enseña que el hombre después de la caída quedó en una posición de no retorno a Dios por sus propios medios. No solo eso, sino que además, y esto es lo peor de 3
  4. 4. todo, el hombre no quiere volver a Dios. Si la doctrina de la depravación total es bien entendida nos dará una más clara comprensión de la real necesidad e importancia de la gracia irresistible. Pero antes de entrar de lleno a indagar en esta importante doctrina, debemos tener claro algunos conceptos con relación a ella. Por esto comenzaremos por ver lo que no es esta doctrina y luego lo que sí es. 1. La doctrina de la depravación total no es depravación absoluta. No es que el hombre haya llegado al colmo de su maldad o que sea tan malo como el mismo Satanás, o que haya cometido todos los pecados posibles que ya no pueda descender mas bajo de lo que ha caído. Si el hombre no ha descendido mas bajo en su pecado, no es por causa de su piedad y santidad, sino por causa de la providencia divina y del control y gobierno que el altísimo Dios ejerce sobre todas sus criaturas. Él restringe, suaviza, dirige y endurece los corazones de los hombres de modo que todo va a parar al fin que Dios determinó. Prov. 16: 4. 2. Tampoco significa ausencia total y completa de todo bien. El hombre aún después de la caída, puede hacer algunas cosas muy buenas. Mt. 7: 11; Rom. 2: 14. Se preocupa por su prójimo, construye escuelas y hospitales, promueve la paz en el mundo, y a diario hace cosas dignas de alabanza y elogio ante los demás hombres. Sin embargo aunque estas obras son buenas ante los demás, no pueden recomendar al hombre ante Dios, ni pueden ganar su favor, pues el hombre no puede hacer ningún bien, el bien que verdaderamente agrade a Dios. Rom. 3: 10, 11. ¿Cuales son las buenas obras que agradan a Dios? un antiguo catecismo parece dar la respuesta mas apropiada. "son las que se hacen por fe verdadera, de acuerdo a la ley, y para la gloria de Dios" (catecismo de Heildelberg pregunta y respuesta 91). Así, según este catecismo hay tres elementos esenciales para que una obra pueda considerarse buena a los ojos de Dios: fe verdadera, conformidad a la ley, y motivación adecuada. Por lo mismo el hombre no regenerado no puede hacer este tipo de obras, el bien que hace es solo de carácter relativo y externo. Y estas obras no pueden recomendar al hombre delante de Dios. Es mas, la Biblia deja ver en claro de que clase son ante Dios las justicia de los hombres, de los no regenerados: “trapo de inmundicia” y “abominación a Jehová”. De ahí que Pablo diga que todo lo que no proviene de fe, es pecado. (Isaías 64: 6; Lc. 16: 15). Por lo tanto debemos entender que depravación total, no dignifica depravación absoluta, ni tampoco una ausencia total y completa de todo bien, al menos del bien relativo y externo. ¿Qué es entonces depravación total? En primer lugar: Significa que el hombre está corrompido totalmente. Significa que en la caída, la entrada del pecado a la naturaleza del hombre afectó cada parte y cada facultad de todo su ser. Significa que no hay una sola área, un solo rincón de todo el ser del hombre que haya quedado intacto y libre de la mancha del pecado, y de ahí que el hombre peca en todo lo que hace, pues si la fuente está manchada y contaminada, también lo estará su cauce, como el propio Señor Jesucristo dijo: “no puede un buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” Mt. 7: 18. En segundo lugar: Depravación total significa también que el hombre en la caída quedó en un estado de incapacidad total, de aquí que los algunos teólogos se refieran a este estado de incapacidad como la manifestación más patente de la depravación humana. La incapacidad total es la marca distintiva de la total 4
  5. 5. depravación humana; y razón tienen porque al analizar en que consiste esta incapacidad nos damos cuenta que esta incapacidad es triple: El hombre no puede hacer el bien, no puede entender el bien, y lo que es peor, no puede siquiera desear el bien. Incapacidad de hacer lo que es verdaderamente bueno ante Dios. A. el hombre no puede hacer el bien: Aunque anteriormente afirmamos que el hombre puede hacer algún bien, al menos de carácter externo y relativo, es muy importante insistir en que este tipo de bien no es bien en el sentido mas estricto de la palabra porque están ausente aquellos elementos esenciales como la fe, el amor y la motivación adecuada. Estrictamente hablando este bien en el fondo no es bien en lo absoluto sino que no es otra cosa que pecado y maldad. Por ello la Biblia dice que “no hay quien ha el bien, no hay ni siquiera uno”. Que el hombre no puede hacer el bien, muchos textos en la escritura lo avalan. Gn. 5: 5; 8: 21; Jer. 17: 9; Sal. 51: 5; Ecl. 7: 20. Rom. 3: 10-18. B. El hombre no puede entender el bien: o aquello que es espiritualmente bueno. Pablo en su diagnóstico acerca de la condición humana dice: “no hay quien entienda…” Rom. 3: 11. En Efesios 4: 18 él dice que los gentiles tienen "el entendimiento entenebrecido". Juan increíblemente nos cuenta que el propio pueblo de Dios tenía esta incapacidad de entender el bien; nos dice que Jesús "a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”; Dice que “aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo”. El propio Hijo de Dios venía a este mundo, “el Verbo”, la verdad misma estaba allí, y sin embargo a pesar de todo aquello Juan nos dice que "el mundo no le conoció". Es decir las tinieblas no la comprendieron. y esto es por lo que Pablo dice en 1° Cor. 2: 14 "el hombre natural, no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios...” C. Pero el hombre no solo no puede hacer el bien, ni tampoco puede entender el bien, sino más aún, lo que es peor de todo, tampoco puede desear hacer el bien, ni querer el bien. No le preocupa ni le interesa cualquier bien espiritual. "el malo” dice el salmista "por la altivez de su corazón no busca a Dios. No hay Dios en ninguno de sus pensamientos" de aquí que Jesús dijera a los judíos "y no queréis venir a mí para que tengáis vida". Jn. 5: 40. Y mas adelante dice: “vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer” Jn. 8: 44. Juan mismo escribe que “los hombres amaron mas la tinieblas que la luz porque sus obras eran malas.” Pablo en Romanos 8: 7, agrega algo mas sorprendente aún acerca de la condición humana. Él dice “porque los designios de la carne” es decir del hombre no regenerado “son enemistad contra Dios..." Pablo está diciendo que la mente carnal, la mente del hombre no regenerado está en enemistad contra Dios. El declara que existe un conflicto, una enemistad, una resistencia por parte del hombre no regenerado hacia Dios, que le impide venir a Dios o hacer algo agradable a él. El dice que “los designios de la carne, son enemistad contra Dios”. No es meramente que la mente carnal sea fría para con Dios. No es simplemente que la mente carnal sea frívola e indiferente para las cosas divinas, nada de eso, él dice que la mente carnal es enemistad contra Dios. Es decir que el hombre odia a Dios, y no quiere nada que tenga que ver con él. El hombre no regenerado no quiere ser salvado, sino mas bien prefiere estar en guerra con Dios, y mientras esta enemistad y esta resistencia no sea removida, el hombre no irá voluntariamente a Cristo, pues es esta misma resistencia y enemistad lo que le impide a él venir. De aquí la necesidad de la gracia irresistible. La obra de la gracia irresistible, entre otras cosas, es quitar y remover esta enemistad. Al principio de nuestro tema, surgió la pregunta acerca de si la gracia de Dios es o no es resistible. Vimos que aunque por naturaleza todos los hombres resisten la gracia de Dios, sin embargo hablando con toda propiedad, la gracia de Dios es irresistible. Que, a pesar de toda la oposición y resistencia por parte del hombre, la gracia logra y consigue todo lo que se propone hacer, y bajo ningún punto puede ser vencida, frustrada y anulada por la voluntad humana. . Dn. 4: 35; Sal. 115: 3. Prov. 21: 1 5
  6. 6. Sin embargo muchas personas siguen manteniendo la idea de que el llamado de Dios y por ende la gracia de Dios es resistible, o puede eficazmente ser resistida. Para estas personas, el evangelio es ofrecido a todos los hombres sin distinción alguna y son ellos mismos quienes deben decidir, por su propio “libre albedrío” o por su propia libre voluntad creer o no creer en el mensaje del evangelio. Se sigue creyendo que en materia de salvación es el hombre y no Dios el factor determinante, teniendo en sus propias manos el destino eterno de su vida. Y que ante la pregunta acerca de porqué un hombre cree en Cristo, y otro que se encuentra en igual circunstancia le rechaza, ellos responden "porque cada persona posee libre albedrío, para decidirse por Cristo o no". Incluso algunas personas han llegado a decir que Dios mismo ha dado al hombre "libre albedrío" para que pueda decidir por él mismo si quiere ser salvado o no. Pero si seguimos indagando y preguntamos ¿Que es realmente lo que hace la diferencia entre una persona y otra? o ¿por qué un individuo a quien se le muestra el camino al cielo por medio de la fe, lo recibe y lo acepta, mientras que otro simplemente no lo cree? ¿Que es realmente lo que hace la diferencia entre un hombre y otro? ¿Será que el evangelio lo reciben los más inteligentes y sabios? ¿Será cuestión de inteligencia natural o capacidad intelectual? ¿será que el mensaje es bienvenido para los hombres mas sabios y con mayor capacidad de razonamiento y lógica? Nosotros, junto con la Biblia creemos que No. Que la diferencia entre una persona y otra no puede estar en la persona porque si así fuera entonces tendría motivos para gloriarse, mientras que la Biblia afirma que la salvación no es por obras "para que nadie se gloríe". Además, la misma experiencia nos muestra que los hombres mas inteligentes y sabios, los mas intelectuales y con mayor capacidad de razonamiento, científicos, doctores, ingenieros y otros con igual educación son los mas reacios a creer el simple y sencillo mensaje de evangelio; de hecho Pablo dice que para los sabios y entendidos de este mundo "la palabra de la cruz" es decir, el mensaje central del evangelio es una completa "locura" y necedad. 1° Cor. 1: 18. Y cuando Pablo les sigue escribiendo a los hermanos de corinto que al parecer se estaban gloriando de su sabiduría y de su inteligencia por haber aceptado a Cristo, él les dice: "Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.” 1° Cor. 1: 26-29. Esto es lo mismo que Pablo dice a los hermanos de Roma “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” Rom. 9: 16 Este fue el mismo pensamiento de nuestro Señor Jesucristo, y por lo cual alaba a Dios el Padre diciendo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.” Mt. 11: 25-27. Incluso en cierta ocasión, cuando Jesús preguntó a sus discípulos en Cesarea de Filipo, sobre que decían los hombres acerca de él. Mientras algunos discípulos le decían que algunos pensaban que él era Juan el Bautista, otros Elías y otros Jeremías o algunos de los profetas, Jesús les pregunta a ellos diciéndoles “y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?” Pedro responde “tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” y ante la bienaventuranza que el Señor le dio a Pedro, el le advierte que aquello no se lo había revelado “carne” ni “sangre” sino “mi Padre que está en los cielos” dando a entender que nada pasa por la voluntad del hombre, sino que todo proviene de Dios. Sin embargo pese a toda la evidencia Bíblica acerca de que el evangelio no lo reciben ni los mas inteligentes y sabios, sino que es Dios que manda que desde las tinieblas resplandezca la luz, y es él, quien de quien quiere tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece, haciendo él la diferencia entre uno y otro, muchos aún siguen insistiendo en que es el hombre o la voluntad del hombre lo que hace la diferencia; y que en el solemne 6
  7. 7. asunto de la salvación el factor determinante es el hombre y no Dios, es decir, la libre voluntad del hombre, o él mal llamado “libre albedrío” del hombre. Por todo esto, es necesario que veamos el asunto de la voluntad humana, y nos convenzamos por las mismas escrituras de cual es su condición y su posición en el hombre, si es realmente libre y soberana, o si está cautiva o esclavizada. LA VOLUNTAD HUMANA. Ciertamente el hombre Sí tiene albedrío, Sí tiene voluntad, eso la Biblia no lo niega. Lo que la Biblia niega categóricamente, y lo que la Biblia no respalda, es que este albedrío, o esta voluntad del hombre sea libre: libre para hacer aquello que es espiritualmente bueno y correcto ante los ojos de Dios. El testimonio de la escritura es claro acerca de la condición del hombre y su voluntad: esclava y no libre. Sierva y no soberana. Nuestro Señor Jesucristo y el apóstol Pablo dicen que la voluntad del hombre se haya en esclavitud de la carne y de la naturaleza de pecado que está en el hombre. En Juan 8: 34 Jesús dijo “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”. Y el apóstol Pablo dice que nosotros, los creyentes en otro tiempo “vivimos en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” Ef. 2: 3. Pero no solo eso, sino que la voluntad del hombre también es esclava de Satanás, el príncipe de este mundo, el dios de este siglo, y él se empeña en cegar “el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo”. 2ª Cor. 4: 4. En la segunda carta a Timoteo 2: 26, Pablo también habla de algunos que están en “el lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él”. Y en Colosenses el apóstol incentiva a los creyentes a que con gozo den gracias al Padre por haberlos librado de la potestad de las tinieblas, trasladado al reino de su amado Hijo. Col. 1: 12, 13. Con solo estas escrituras sería suficiente para convencer a los amantes del libre albedrío y de la libertad de la voluntad. Sin embargo, iremos más atrás y veremos la situación de la voluntad desde su principio. Como siempre ha habido hombres que contienden en favor de la libre voluntad, o en favor del libre albedrío, probaremos por las mismas escrituras que la voluntad del hombre no es ni libre, ni soberana. LA LIBERTAD DE LA VOLUNTAD HUMANA ¿LIBRE O ESCLAVA? EL LIBRE ALBEDRÍO ¿REALIDAD O MITO? Cuando indagamos acerca de la voluntad, lo primero que tenemos que preguntar es ¿que es la voluntad? una breve respuesta acerca de la voluntad diría que la voluntad es "AQUELLA FACULTAD DEL ALMA QUE TIENE QUE VER CON EL PODER DE DECISION, LO QUE IMPLICA UNA ACEPTACIÓN O UN RECHAZO DE ALGO". Esta es básicamente una breve definición de la voluntad. En seguida debiéramos preguntarnos: ¿Es la voluntad libre y soberana para hacer lo que ella desea o está sometida a alguna cosa más? ¿Determina ella por sí misma las cosas, o su determinación está sujeta a otras facultades y poderes del alma? ¿Es la voluntad superior a las demás facultades del alma, o depende de ellas y está sometida a ellas? ¿Rige por ejemplo, la voluntad a la razón y a la emoción? ¿Que es lo primero en el alma, la Razón, la emoción y la voluntad o la voluntad, la emoción y la razón? ¿Es la voluntad lo primero o lo último en el hombre? Intentaremos de contestar a estas quemantes preguntas. La Biblia nos dice que la voluntad viene a ser la última facultad del alma, y que viene después del entendimiento y la emoción. Y que la voluntad solo actúa cuando es influenciada por estas facultades, las que a 7
  8. 8. su vez son influenciadas por cosas externas a ella. La voluntad, o el ejercicio de ella es el resultado de una consideración previa hecha por la razón y el entendimiento, o por la emoción y los sentimientos. Sin esta previa consideración la voluntad no puede ser ejercida. Veamos un ejemplo de esto en Génesis 3: 6 "y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió..." Aquí vemos que hubo una consideración previa, hubo un razonamiento previo, antes de que la voluntad entrara en escena. Ella "vio", razonó o consideró "que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría", y luego de toda esta consideración y no antes, vino el ejercicio volitivo, o vino a intervenir la voluntad; "y tomó de su fruto, y comió" Así vemos que la voluntad, no actúa sola, ni independiente o aparte de las demás facultades del alma, sino que depende de ellas para su desarrollo. De ahí podemos fácilmente concluir que la voluntad humana, aún antes de la caída, no es ni libre, ni soberana, sino dependiente de las demás facultades del alma. Antes de la caída era libre en el sentido de que no estaba inclinada o no tenía ninguna tendencia ni hacia el bien ni hacia el mal. Pero no era soberna ni libre en el sentido de que está sujeta a las demás facultades del alma como son la razón (entendimiento) y la emoción (los sentimientos). Algo debe influir en el entendimiento del hombre, o en la emoción para que la voluntad pueda tener alguna participación, sin esta influencia, la voluntad es totalmente pasiva e inactiva. ¿QUE ES LO QUE RIGE AL HOMBRE? La filosofía humana y el pensamiento humano insisten que es la voluntad la que gobierna al hombre o la que dirige al hombre. No obstante la Biblia dice que es el corazón y no la voluntad lo que dirige al hombre. -Proverbios 4: 23: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida" -Mateo 15: 8: "Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí". -Jeremías 17:9: "Engañoso es el corazón mas que todas las cosas, y perverso; ¿Quien lo conocerá?" -Marcos 7: 21: "Porque de dentro del corazón del hombre salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones..." Así según el testimonio de la escritura, es el corazón aquello que dirige y gobierna al hombre. Y si a una persona se le presentan dos alternativas totalmente distintas y contrarias, ese hombre elegirá aquello que esté mas de acuerdo con su naturaleza y carácter, es decir con su propio corazón. Y es precisamente aquí en donde entramos la médula de todo el asunto de la voluntad. Por ejemplo, si a un pecador, no regenerado, se le presentan como alternativa la virtud y la santidad, la piedad y el amor a Dios, y todo aquello que pertenece a la vida elevada y a la piedad. Mientras que por otro lado a este mismo pecador se le presentan una vida llena de placeres carnales, y de diversos deleites, la fama y la vanagloria, el éxito y la popularidad ¿cual de estas dos alternativas elegirá este pecador? ¿Por cual alternativa se inclinará su voluntad? obviamente él elegirá aquello que esté mas de acuerdo con su propia naturaleza, con su propio carácter y con su propio corazón. Si su corazón es inclinado al mal, y tendiente a todo aquello que es malo, él elegirá aquello que está más de acuerdo con su propia naturaleza y carácter, sin ser forzado por ninguna fuerza externa sino solo por su corazón. Él nunca elegirá el amor a Dios, una vida piadosa y llena de virtud, porque no está en su naturaleza. Es mas, en su naturaleza, el odia a Dios, y no hay Dios en ninguno de sus pensamientos. 8
  9. 9. El problema con los arminianos es que ellos insisten que un hombre con su naturaleza viciada y corrupta, puede alzarse sobre sí mismo y optar o elegir aquello que está en contra de su naturaleza. Dicen que un lobo, puede efectivamente comer pasto como una oveja si así lo quiere. Pues tiene todo lo que se necesita: tiene dientes, tiene estómago, tiene todo lo que una oveja tiene. Pero lo que no tiene, es la naturaleza de una oveja, por eso aunque un lobo tenga todo lo que una oveja tiene, él no posee su naturaleza, y por lo tanto no podrá actuar conforme a ella. Así también el hombre no puede actuar en contra de su propia naturaleza, ni en contra de sus propios deseos e inclinaciones. El posee una sola naturaleza, que está viciada y corrupta, y solo podrá actuar de acuerdo a ella. Por esta razón él es esclavo de su naturaleza porque no puede desear aquello que está en contra de ella. Si la naturaleza del hombre y su corazón es engañoso e inclinado solamente al mal, la voluntad del hombre elegirá aquello que está de acuerdo con la inclinación de su naturaleza. De ahí que la voluntad no es libre, ni soberana sino que es esclava de su naturaleza de pecado. Por esta razón Jesús dijo: "El que hace pecado, esclavo es del pecado" Jn. 8: 34. ¿Que debe ocurrir para que el hombre pueda decidir o elegir en otra dirección? es decir ¿Que debe ocurrir para que el hombre elija aquello que es justo, santo y bueno? debe ocurrir un milagro, debe ocurrir un cambio en su naturaleza o recibir una nueva naturaleza. Una naturaleza santa y pura debe serle impartida para que la voluntad pueda elegir en base a aquella nueva naturaleza. Sin esto, es totalmente imposible que el hombre por su propia naturaleza pueda elegir hacia aquello que es santo. Así si el hombre ha de elegir aquello que es bueno. Si el hombre ha de inclinarse hacia Dios, si ha de ser salvado algo debe ocurrir en él, algo que libre albedrío jamás nunca podrá lograr. Dios escogió a su pueblo desde antes de la fundación del mundo, y Cristo vino a morir en lugar de ellos para perdonarles y salvarles de sus pecados, pero el perdón de pecados no puede ser aplicado hasta que ellos crean en el mensaje de Cristo. Pero existe un problema, el hombre no puede venir a Cristo por él mismo, no por causa de su "libre albedrío" sino más bien, por causa de su “esclavo albedrío” pues su voluntad es esclava de su propia naturaleza corrupta, la cual nunca querrá venir a Dios. Por lo tanto, algo debe ocurrir para que el hombre pueda venir gustosa y voluntariamente a Cristo. Debe serle impartida una nueva naturaleza, una naturaleza santa. Para que el hombre ansíe venir a Cristo y ser salvado por él, la impartición de una nueva naturaleza es la solución. “debe recibir una nueva naturaleza, es decir, el DEBE NACER DE NUEVO. ¿Y como ocurre esto? es obrado soberana y sobrenaturalmente por el Espíritu Santo en la predicación de la palabra "siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre." 1° Ped. 1: 23. LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO. La predicación de la palabra es el principal medio para efectuar el nuevo nacimiento en las personas. Pero debemos entender que aunque la predicación es un medio, este medio es ineficaz, sino va acompañado por el poder vivificador del Espíritu Santo. 1ª Cor. 2: 4; 1ª Tes. 1: 5. Por lo tanto, debemos entender, que auque el evangelio es predicado a todo el mundo sin discriminación alguna, de acuerdo al mandamiento de Cristo de "Id por el mundo y predicar el evangelio a toda criatura..." esa predicación solo tiene eficacia cuando Dios, soberanamente la aplica al corazón. Hch. 16:14. Por ello debemos hacer una diferencia entre EL LLAMADO EXTERNO, Y EL LLAMADO INTEERNO DEL 9
  10. 10. EVANGELIO. EL LLAMADO EXTERNO. Es de carácter universal, y se extiende a todos los hombres por igual, sin distinción de raza, color o condición social, sin importarle al predicador si son escogidos o no. Is. 45: 22; 55: 1; Ez. 3: 19; Joel. 2: 32; Mat. 22: 2, 8; 14. Es una oferta sincera de parte de Dios y un mandamiento en el cual se garantiza el perdón de pecados a todos los que responden a el con fe y arrepentimiento. Hch. 10: 43. Y ocurre cada vez que se predica el evangelio ya sea por palabra o por carta. Este llamado lo hacen los evangelistas y profetas a los oídos naturales de los hombres, a la razón y a la lógica, a los sentidos naturales del ser humano. Mt 28: 19; Lc. 14: 16-24; Hch. 13: 46; Jn. 3: 16. Mientras este llamado es hecho, Dios está tratando con los hombres por medio del predicador para influenciarles a aceptarlo. Este llamado fue hecho muchas veces en el A.T. Antes del diluvio en tiempos de Noé; en tiempos de Lot, en Sodoma y Gomorra. Cuando Moisés le dice al pueblo "escoge la vida para que vivas" es Dios tratando con su pueblo, de igual manera cuando Josué dice al pueblo "escogeos vosotros a quien sirváis..." es Dios tratando con su pueblo. Cuando Cristo aparece en escena y le dice al pueblo "arrepentíos y convertíos..." es Dios mismo tratando con los hombres para persuadirlos a aceptarles. Pero como hemos visto, todos estos intentos terminaron en un tremendo fracaso, no por alguna imperfección en la entrega del mensaje, sino por causa de la corrupción de la naturaleza humana. De algún modo es cierto lo que vimos al principio, el llamado de Dios es rechazado y el Espíritu Santo es resistido, y como consecuencia de esto, se manifiesta la ira de Dios sobre los desobedientes: el pueblo antes del diluvio pereció bajo las aguas del diluvio, el pueblo de Sodoma y Gomorra, fue destruido con fuego y azufre, y el pueblo de Dios fue llevado deportado y cautivo a Babilonia. Lo que el curso de la historia nos muestra, es que el hombre nunca escogió la vida para vivir. Aún cuando se presenta Cristo, el autor y dador de la vida, fue tristemente rechazado por su obstinado pueblo, quien prefirió a César por rey en lugar de Dios, y escogiendo a un criminal, Barrabás, en vez de al príncipe de la vida. Juan nos dice que "los hombre amaron más las tiniebla que la luz..." y por esa razón Jesús lloró por Jerusalén diciendo "cuantas veces quise juntarte como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas y no quisisteis". Dios siempre ha tratado con los hombres para que estos se acerquen a Dios, pero todo ello ha resultado en un terrible fracaso, por causa del corazón del hombre. La iglesia de los primeros días se enfrentó con esta misma oposición y resistencia. Esteban lleno, del Espíritu Santo, les dijo a sus compatriotas: "duros de cerviz e incircuncisos de corazón, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo, como vuestros padres lo hicieron" Hch. 7: 51-54. Efectivamente, el Espíritu Santo puede ser resistido, muchas veces, no por causa del libre albedrío del hombre, sino por causa de que su voluntad está esclavizada por el pecado, por el mundo y por Satanás. Entonces ¿que debe ocurrir para que un alma se arrepienta? Debe ocurrir lo que dijo Jeremías: "conviérteme y seré convertido" Jer. 31: 18. Por lo tanto ante todo esto es necesaria la obra regeneradora del Espíritu Santo de Dios. EL LLAMADO INTERNO. Siendo que la situación del hombre es tan caótica y se encuentra espiritualmente impotente, Dios debe hacer algo para asegurar la conversión y la salvación de su pueblo. DIOS MISMO DEBE LLAMARLOS Y ATRAERLOS. A esto se le llama, el llamado interno de Dios, o el llamado eficaz. Este llamado es el mismo llamado externo, hecho eficaz en el corazón del hombre. Sucede por la obra regeneradora del Espíritu Santo. Es un llamado poderoso y siempre efectivo para salvación. Una vez que el corazón del hombre es cambiado por el Espíritu Santo de Dios, y su corazón de piedra es quitado y puesto en él un corazón de piedra, entonces este llamado pasa a ser irresistible. Hermanos, en nuestro estado natural estábamos en guerra con Dios, y nos oponíamos a él. Mi naturaleza malvada y corrupta odiaba su santísima ley, y no quería saber nada de Dios. Y si Dios me hubiera dejado a mí mismo yo le habría permanecido aún en esa condición de rebelión contra mi buen Dios. Si Dios me habría dado a escoger en este asunto, yo habría preferido desafiar a Dios y oponerme a él. Pero gracias a Dios que él no me 10
  11. 11. dio elección sino que Dios mismo “me mandó que desde las tinieblas resplandeciese la luz, fue el que resplandeció en mi corazón, para el conocimiento de la gloria de Cristo. Por medio de su gracia irresistible él subyugó mi obstinada voluntad. Él me llamó cuando yo no quería ser llamado, él me tomó cuando yo no quería ser tomado, y el me salvó cuando yo no quería ser salvado, y me hizo creer cuando yo no pensaba en creer. Él me dio fe cuando yo pensaba que no necesitaba fe. Si su gracia no hubiera sido irresistible, si su gracia hubiera sido cualquier otra cosa que irresistible, entonces yo le habría resistido. Sí, es cierto, la hora llegó cuando yo fui voluntariamente él, pero esto yo debo saberlo muy bien, que si fui a él, fue por la obra del siempre bendito Espíritu Santo de Dios. Fue por causa de su irresistible gracia que obró y operó milagrosamente en mí abriendo mi endurecido corazón, infundiendo nuevos y frescos sentimientos de amor hacia él, regenerando y vivificando mi espíritu que estaba muerto. Por lo tanto, el modo de obrar de la gracia irresistible no es bajo ningún punto de vista lo que algunos llaman cooperación. No es como algunos imaginan que Dios hace su parte y el hombre hace la suya. Dios jamás deja en poder y decisión del hombre el ser regenerado, convertido o salvado. Sino que toda esta obra es una acción del Espíritu Santo, no menos en eficacia que el poder que obró en la creación del mundo. Así todos los corazones en los cuales obra esta gracia, serán atraídos efectivamente a los pies de Cristo, y serán capacitados para creer en el y entregarse voluntariamente a él. Sal. 110. 3. By. Raúl Antonio Pozo Sepúlveda. 11

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