La crisis del capitalismo mundial y las tareas de los marxistas1

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La crisis del capitalismo mundial y las tareas de los marxistas1

  1. 1. La crisis del capitalismo mundial y las tareas de los marxistasEscrito por Juan Ignacio Ramos y Bárbara ArealViernes, 28 de Enero de 2011 12:55El sistema capitalista ha experimentado una profunda transformación. La recesión mundial, enrealidad una crisis de sobreproducción sin precedentes desde 1929 agudizada por el desplomedel sector financiero y la explosión de deuda pública en los países capitalistas más poderososcomo consecuencia de la aplicación generalizada de planes de rescate, ha sacudido loscimientos económicos y políticos del capitalismo internacional, Los fundamentos de la ideologíaburguesa predominante en estas últimas décadas y los pronósticos de los estrategas del capitalhan sido desmentidos por los hechos. La idea de un futuro de prosperidad y democracia, repetidainsistentemente en los medios de comunicación, en las tribunas parlamentarias, universidades yen los aparatos reformistas de las organizaciones de la clase obrera, han dejado paso aldesconcierto y las previsiones más sombrías. Todas las certezas del periodo anterior se hanhecho añicos, mientras en los foros de la clase dominante se discute sobre la viabilidad de la UE,la nueva escalada de proteccionismo económico, el enconamiento del enfrentamientointerimperialista por el mercado mundial y, lo más importante, los efectos de la crisis en la luchade clases.La virulencia de la actual recesión hunde sus raíces en el boom precedente. Éste se basó, entreotros aspectos, en factores derivados de las derrotas del movimiento obrero en Europa, EEUU yAmérica Latina en los años setenta y ochenta, y la posterior restauración capitalista en losantiguos países estalinistas (URSS, China, Este de Europa), que permitieron incrementarglobalmente la explotación de la fuerza de trabajo y reducir los salarios reales, propiciando unanueva división del trabajo internacional. Otros factores, como la caída del precio de las materiasprimas o el desarrollo de la economía china, contrarrestaron las tendencias a la recesiónexistentes en occidente facilitando la expansión del comercio mundial. En el periodo más intensodel anterior boom económico (2003-2007), la economía china se convirtió en la primera receptorade inversión de capital extranjero de todo el mundo, en la principal fuente de financiación delconsumo privado de los EEUU (en mayo de 2009 llegó a acumular 800.000 millones de dólaresen bonos del tesoro norteamericano) y también en el mayor proveedor del mercado domésticonorteamericano.El crecimiento del comercio mundial y una intensa explotación de la clase obrera gracias alaumento de la jornada laboral, la intensificación de los ritmos de trabajo, la precarización ydesregulación del mercado laboral y la caída de los salarios, contribuyó al abaratamiento de loscostes de producción, contrarrestando la tendencia decreciente de la tasa de ganancias. Tambiénjugó un papel relevante en este sentido las privatizaciones en el sector productivo estatal, lastelecomunicaciones y los servicios sociales, que aceleraron la acumulación capitalista de losgrandes monopolios estadounidenses y europeos. La aplicación de la nueva tecnología de lainformación también sostuvo esta dinámica.Capital financiero y crisis de sobreproducciónNo obstante, si el boom en las economías centrales del capitalismo se prolongó durante tantotiempo fue debido a otro factor esencial: el recurso generalizado al crédito, que además deimpulsar actividades puramente especulativas mantuvo el consumo doméstico de la principaleconomía del mundo (EEUU) e, indirectamente, la producción de una parte importante de las
  2. 2. manufacturas mundiales. Pero lo que en un periodo reforzó el ciclo alcista de la economía y tiróde la producción, ensanchando el mercado mundial, en un momento determinado se convirtió enla fuente de contradicciones poderosas: el crédito barato generó una espectacular burbujabursátil e inmobiliaria que atrajo miles de millones de euros acumulados en los años anteriores(finales de los noventa). Debido a la desregulación masiva del sector financiero, al incrementoespectacular de la actividad bursátil y la especulación inmobiliaria, se obtuvieron plusvalíasexcepcionales sin la necesidad de pasar por la inversión productiva. El crédito masivo tambiéncreó las condiciones para un endeudamiento privado y empresarial sin precedentes que se cubríacon más deudas. Estas deudas multimillonarias, gracias a la ingeniería financiera, setransformaron en activos financieros que cotizaban al alza frenéticamente, hasta que todo elsistema estalló el verano de 2007 a raíz de los impagos generalizados de las hipotecas subprimeen EEUU.Los grandes capitalistas, monopolios y bancos hicieron negocios multimillonarios en este período.La tasa media de beneficios empresariales en EEUU y Europa pasó de un 12-14% entre 1975-1982, a valores superiores al 20% desde finales de los años noventa hasta mediados de ladécada de 2000, tasas similares a las obtenidas en la época dorada del capitalismo occidentaldurante los años cincuenta y sesenta del siglo XX. La diferencia fundamental con aquellos añosprodigiosos del capitalismo norteamericano y europeo es que mientras el grueso de laacumulación capitalista se efectuaba a través de la reinversión de capital en la producción, enestas últimas dos décadas una parte sustancial de los beneficios del capital se han logradomediante la especulación financiera. La brecha entre la producción real y el capital ficticio enestos años aumentó en proporciones desconocidas (el 90-95% de los movimientos de capital noresponden a operaciones comerciales o de inversión, sino a movimientos puramenteespeculativos)1.Cuando el sistema financiero de los EEUU se vio afectado por el retroceso de la economía real yel crecimiento del desempleo, el desplome de los grandes bancos de inversión, comprometidoshasta los tuétanos con la especulación inmobiliaria y bursátil, se precipitó. El sistema financieromundial se vio amenazado por un colapso generalizado (especialmente tras la caída LehmannBrothers en septiembre de 2008). Esto tuvo efectos inmediatos provocando que la crisis desobreproducción latente emergiera a la superficie con virulencia y empeorara aún más lasituación insostenible del sistema financiero. Estalló entonces una crisis clásica del sistemacapitalista, de sobreproducción de mercancías, bienes y servicios, precisamente en el pico delboom económico. Una crisis que ha vuelto a poner de relieve el carácter reaccionario del Estadonacional y la propiedad privada de los medios de producción, que actúan como una camisa defuerza sobre las fuerzas productivas.2Los planes gubernamentales para salvar el sistema financiero: sus consecuenciasLos planes de salvamento público orientados al estímulo de la demanda y sobre todo al rescatedel sistema financiero — una nacionalización general de las deudas bancarias bajo presupuestoscapitalistas— , han supuesto la inyección, en poco más de tres años, de 20 billones de dólares enlas economías de EEUU, Japón, China y la UE ¡Prácticamente un tercio del PIB mundial! Noobstante, y a pesar de un desembolso de ayudas públicas sin parangón en la historia delcapitalismo, incluyendo los periodos de reconstrucción posteriores a las dos guerras mundiales,la crisis no sólo no ha sido conjurada, sino que nuevos desequilibrios han irrumpido en la escenaintroduciendo más incertidumbre respecto a las perspectivas para la recuperación. La explosiónde deuda pública soberana, la bancarrota de las economías más débiles de Europa, la crisis del
  3. 3. euro o el fracaso de la coordinación de la política económica de las grandes potencias mundiales,por citar algunas, han puesto de manifiesto que la utilización del Estado para salvar la economíade mercado ha cosechado resultados limitados, y en muchos casos adversos. Ello prueba laprofundidad de la crisis y las enormes dificultades estructurales que encuentra la clase dominantepara salir del pantano.La deuda masiva, pública y privada, que condicionará las perspectivas generales para el próximoperiodo se ha intentado contrarrestar por parte de los gobiernos capitalistas, sean abiertamentederechistas o socialdemócratas, con planes salvajes de austeridad que pretenden acabar concualquier vestigio del llamado Estado del bienestar y anular las conquistas históricas delmovimiento obrero. Planes que están actuando como una receta acabada para una explosión dela lucha de clases como no se veía desde la década de los años setenta del siglo pasado, inclusoen muchos aspectos semejante a los efectos que se vivieron en los treinta, induciendoparalelamente a la continuidad de la recesión y, por tanto, alejando la posibilidad de unarecuperación a corto plazo.Los informes elaborados por los organismos económicos mundiales (FMI, BM, OCDE) a finalesde 2009 afirmaban que lo peor de la crisis había pasado y en 2010 asistiríamos al fin de larecesión global. Durante meses desataron una campaña propagandística tremenda, con losfamosos “brotes verdes” como eje. Dicha campaña reveló el pavor a las consecuencias políticas ysociales de la crisis. En aquellos meses pretendían convencer a la población de que sevislumbraba el final del túnel, intentando crear la ilusión de que aceptando más sacrificios,recortes en los gastos sociales, rebajas salariales, mayor precariedad laboral, se crearían lascondiciones para un futuro mejor. Pero la propaganda burguesa choco con la realidad de loshechos. Los brotes verdes no se consolidaron, y la burguesía afiló el cuchillo pasando a laofensiva.En estos años ha aflorado con toda crudeza una paradoja que ilustra el carácter reaccionario delcapitalismo. Si el Estado nacional se ha convertido en un armatoste que obstaculiza el desarrollode las fuerzas productivas y está completamente superado por la realidad del mercado mundial,no es menos cierto que ese mismo Estado nacional es esencial para garantizar los interesescapitalistas en momentos de crisis. La burguesía nacional necesita a su Estado para defendersede los competidores extranjeros (proteccionismo); necesita al Estado para mantener la solvenciadel capital financiero; necesita al Estado para amortiguar las graves consecuencias de losconflictos políticos y sociales que se derivan de la crisis…En palabras de Federico Engels: “…ElEstado moderno, cualquiera que sea su forma, es una maquinaria esencialmente capitalista, unEstado de los capitalistas: el capitalista total ideal. Cuantas más fuerzas productivas asume enpropio, tanto más se hace capitalista total...”.3 La envergadura de la crisis obligó a los gobiernosde las naciones más desarrolladas a adoptar medidas drásticas. Pero a pesar de lo que digan losdefensores del neokeynesianismo, los planes de salvamento público han servido, esencialmente,para rescatar al sistema financiero a través de una masiva nacionalización de las perdidasmientras el ciclo recesivo se mantiene. El déficit presupuestario y la deuda se han disparado entodos los países a niveles históricos, en el momento en que los ingresos de los Estados, debido ala recesión, se reducen drásticamente. Y además, por increíble que parezca, este gigantescotrasvase de dinero público ha alentado un nuevo proceso de acumulación capitalista dónde elmáximo beneficiario está siendo, cómo no, el mismo sistema financiero que precipitó la granrecesión. Estos son los magros resultados de las llamadas a “regular el mercado” auspiciadas porObama, y secundadas, con entusiasmo, por los líderes socialdemócratas europeos.
  4. 4. Cuando se habla de crisis de liquidez para explicar lo que está ocurriendo, hay que responderque este tipo de argumentos no tienen nada que ver con la realidad. No es un problema deliquidez de capitales, que por otra parte han sido concedidos a manos llenas a la banca por elconjunto de los estados capitalistas, sino de la incapacidad del mercado mundial por absorber elexceso de mercancías, bienes y servicios, en un contexto de deudas masivas de la población ydesempleo galopante. Bajo el capitalismo, la inversión productiva de capital sólo tiene sentido siproporciona ganancias tangibles al capitalista. Cuando la capacidad productiva instalada estáfuncionando a mínimos históricos en los EEUU, en la UE, en Japón; cuando la demanda internase reduce dramáticamente a consecuencia del paro masivo, las deudas multimillonarias y losplanes de austeridad, y el comercio mundial se contrae ¿Para qué invertir en ampliar laproducción, en construir nuevas fábricas, en contratar más trabajadores?La liquidez monetaria, que ha fluido masivamente desde los bancos centrales a la banca privadaa través de créditos concedidos a tipos de interés fronterizos al 0%, no se ha orientado a impulsarla producción, ni al consumo de las familias, ha sido utilizada para sanear los números rojos de lagran banca y garantizar su solvencia, permitiendo, al mismo tiempo, que el sector financierocoseche beneficios fabulosos en el mercado de deuda pública y desvíen parte de estos fondos aoperaciones especulativas en bolsa y en los mercados de materias primas. La aparición de unanueva burbuja bursátil es una realidad en todo el mundo: el mercado mundial de derivados quemovía a mediados de 2007 en torno a 500.000 millones de dólares, en 2009 se acercaba a600.000 millones; así mismo, los 25 gestores más ricos de fondos de alto riesgo, en pleno pico dela crisis (2009), lograron unas ganancias globales de más de 25.000 millones de dólares, más deldoble que el año anterior. La existencia de una gran masa de capital especulativo supone unriesgo latente. La explosión de la especulación bursátil e inmobiliaria en China, o los ataquesespeculativos contra el euro y la deuda soberana de Gracia, Irlanda, Portugal o España sonsignos evidentes de esta realidad.El capital financiero, que domina con puño de hierro la economía de mercado, obligó al conjuntode la sociedad a penetrar en el corralito de las deudas hipotecarias. Sobre la base delendeudamiento masivo, público y privado, los grandes bancos y fondos de inversión seapropiaron de la plusvalía de cientos de millones de personas. Como ahora es imposiblecontinuar con el festín de la misma manera, el capital financiero se beneficia de plusvalíasmultimillonarias a través de los planes de salvamento público y, por alucinante que parezca, definanciar la gigantesca deuda pública que estos mismos planes de salvamento han generado. Ladeuda soberana de los 30 países más avanzados del mundo en 2010 alcanzará en promedio el100% de su PIB. En el caso de EEUU el pago de intereses de la deuda pública supone ya lacuarta partida de su presupuesto anual. Sólo en 2009, los títulos de obligaciones emitidos enAlemania alcanzaron la cifra de 1 billón 692.000 millones de euros. En el conjunto de la UE seemitieron en 2008 más de 650.000 millones de euros en deuda pública; en 2009 fueron más de900.000 millones y en 2010, según estimaciones conservadoras, será de 1,1 billones. El conjuntode los estados de la UE tiene ya más de 8 billones de euros en deuda pública.La deuda pública se ha convertido en el gran negocio del momento. Pero ¿de dónde saldrán lasmultimillonarias retribuciones a la banca privada por la deuda pública? ¿Cómo se obtendrán losrecursos necesarios para recortar drásticamente el déficit presupuestario de los Estados? Larespuesta es obvia: de la sangre, el sudor y las lágrimas de la clase trabajadora a través de losllamados planes de austeridad.La economía norteamericana en el pantano
  5. 5. Muchos “analistas” pronosticaron una rápida salida de la crisis en EEUU. Pensaban que era difícildescender mucho más. No obstante, como demostró la depresión de 1929 la caída puede sermuy grande, y la recuperación lenta y débil, arrastrándose penosamente durante años.En las dos últimas décadas el consumo fue el pilar fundamental en el que se sustentó el boomeconómico norteamericano, llegando a aportar más de 2/3 partes del crecimiento del PIB (un77,3% en 2007). Este fenómeno se apoyó en el crédito indiscriminado. Ahora todo el edificio seha venido abajo y el consumo interno está completamente deprimido, aplastado por una montañade deudas imposibles de pagar para millones de familias. La lacra del desempleo desalienta aúnmás el gasto doméstico. Los datos son elocuentes: entre junio de 2007 y finales de 2008 lapérdida de riqueza de las familias, combinando activos tangibles y activos financieros, rozó eltotal del PIB estadounidense (14 billones de dólares). Partiendo de estas circunstancias, lasfórmulas que el gobierno Obama ha llevado a cabo para reactivar el consumo interno se hanestrellado contra un muro. El paquete de 800.000 millones de dólares de ayudas públicasaprobado a principios de 2009 por la administración demócrata, tuvo una eficaciaextremadamente modesta (se calcula que pudo inducir la creación de poco más de medio millónde empleos). Y este es un aspecto importante, pues a pesar de las teorías de losneokeynesianos del tipo Krugman, la inversión estatal sólo puede tener —en el caso de laseconomías más fuertes— un efecto limitado a la hora de paliar algunas consecuencias negativasde la recesión, o ayudar a estimular el auge cuando las condiciones objetivas para ello existen.Pero la inversión estatal no determina el ciclo económico. Para sortear la recesión y transitar lasenda de la recuperación es necesario que la inversión de capital privado se reactive ante laperspectiva clara de un aumento de la demanda.A la luz de los datos y previsiones, la crisis no ha terminado en EEUU. Todos los sectores estánafectados por la sobreproducción: automóvil, construcción, acero, cemento, máquinaherramienta, química, comercio…La capacidad productiva de la industria manufacturera estásiendo utilizada por debajo del 72%, la tasa más baja desde el establecimiento de la serieestadística en 1948 (un 26% inferior a la media entre 1972-2008), y la inversión empresarial siguecayendo. La destrucción de empleo no cesará a corto plazo: la recesión ha eliminado 8,2 millonesde puestos de trabajo desde diciembre del 2007, alcanzando un 10, 2% de desempleo y lahistórica cifra de 15,7 millones de desempleados, la mayor en 26 años. Según estudios del bancoGoldman Sachs, la economía de EEUU necesitaría crecer durante los próximos cinco años a unatasa anualizada del 5% para lograr que el empleo volviese a la situación previa a la crisis.Paralelamente, la ofensiva contra los salarios se recrudece, aumentando la desvalorización de lafuerza de trabajo en un contexto favorable para los empresarios donde el ejército de reservacrece con fuerza. Pero las cosas pueden empeorar. La exposición del sector financieroestadounidense a la crisis inmobiliaria —que continua tras la caída persistente de venta deviviendas de segunda mano en un 20% de promedio a lo largo de 2010—, ha sido subrayado porel Fondo de Garantías de Depósito de los EEUU, que calcula en 552 las entidades financierasque pueden quebrar en los próximos dos años (lo que significaría una pérdida de 250.000millones de dólares).La perspectiva de un nuevo descenso a los infiernos para la economía norteamericana no esningún invento. El corresponsal de El País en EEUU, Sandro Pozzi, lo fundamentaba así en unartículo del pasado 28 de agosto: “El que iba a ser el verano de la esperanza se está convirtiendoen el del miedo a que EEUU tropiece, vuelva a caer en la recesión y se lleve por delante larecuperación en todo el mundo. Ante tanta incertidumbre, el cónclave en Jackson Hole(Wyoming, EEUU) de economistas y banqueros centrales internacionales ha cobrado especial
  6. 6. relevancia, con un mensaje de nubes y claros. „Esta crisis durará casi 10 años en los países másendeudados -tanto EEUU como España están entre ellos-, y apenas llevamos tres desde queestalló‟, explicó en una entrevista con este diario Carmen Reinhart, de la Universidad deMaryland (...) En la calle, con 14,6 millones de parados y otros 2,4 millones que ni siquierabuscan empleo en la situación actual, la respuesta parece ser afirmativa. En EEUU hay también8,5 millones de personas que no tienen más remedio que trabajar a tiempo parcial, lo que setraduce en menos ingresos. Y 40 millones de personas con bajos recursos que acuden a lasayudas públicas para poder comer, a los conocidos food stamps: para todos ellos, la vida es unaespecie de depresión contenida. Tampoco hay buenas noticias para las empresas, que ven cómola demanda vuelve a bajar. Ni en el sector de la vivienda, donde las ventas avanzan al menorritmo en cinco décadas...”.La situación a mediados de 2010 era tan grave que Obama aprobó un nuevo plan de “estímulo”de 50.000 millones de dólares destinados a la inversión en infraestructuras públicas y ayudasfiscales a las empresas. Pero esto era 16 veces menos que su plan de hace año y medio, un planque fracasó a la hora de sacar a la economía del agujero. Economistas como Krugman exigenmás ambición y un plan de estímulo mayor, pero ¿para invertir en qué y de dónde saldrá eldinero? Si se aumenta la inversión pública de algún sitio tienen que salir los recursos. ¿De losimpuestos a los ricos? Sería una alternativa... pero Obama, presionado por los malos resultadosen las elecciones de noviembre, ha decidido prorrogar las exenciones fiscales a las grandesfortunas que aprobó el gobierno Bush y que vencían en diciembre de 2010. Su argumento es elmismo que el que utiliza su colega Zapatero, que después de amagar con aumentar la fiscalidada las grandes fortunas ha reculado vergonzosamente aduciendo que eso podría provocar fugasde capitales y empeorar la situación. Así es la lógica implacable del capitalismo, incluso para susfeligreses más piadosos y bienintencionados.La persistencia de la recesión en los EEUU, el fiasco de los planes de salvamento y estìmulo dela administración Obama, el desencanto general entre la población con sus medidas, han dadofuerza al sector dominante del capital estadounidense que exige cambios drásticos en laestrategia para salir de la crisis. Cambios que agudizarán el enfrentamiento del imperialismonorteamericano con sus competidores en la lucha por cada palmo de mercado mundial.El desplome europeoSi la situación de EEUU es adversa, el desarrollo de la recesión en el viejo continente ha hechosaltar por los aires todas las creencias en la solidez de la Unión Europea abriendo un agriodebate sobre su futuro. En este mismo número de Marxismo Hoy dedicamos un artículoespecífico a la crisis de la UE, del euro y de los efectos de los planes de austeridad en la luchade clases. Pero en cualquier caso es necesario señalar algunos aspectos de los acontecimientosen Europa para entender la dinámica general de la recesión mundial y su poderosa influencia enlas perspectivas generales.Después del terremoto de mayo de 2010 en el que el hundimiento de la economía griega desatóla mayor crisis de credibilidad del euro y puso en tela de juicio los acuerdos políticos de añosanteriores, las medidas adoptadas para garantizar la solvencia de los bancos alemanes,franceses y británicos comprometidos por sus inversiones en deuda soberana de los paísesperiféricos, han sido incapaces de frenar la crisis. Al crack de la economía griega ha seguido sinapenas interrupción la bancarrota de las finanzas irlandesas, la amenaza de una nuevabancarrota en Portugal y, lo más importante, la posibilidad de un plan de rescate para laeconomía española, que convertiría en un juego de niños lo ocurrido anteriormente. El Estado
  7. 7. español representa el 10% del PIB comunitario, y un plan de intervención sobrepasaría losfondos de rescate aprobados en mayo —la prensa financiera alemana señala que seríannecesarios 500.000 millones de euros para el caso español— requiriendo de acuerdos bilateralescon Alemania, Francia y Gran Bretaña. El semanario Der Spiegel anunciaba en su edición delpasado 28 de noviembre que “si cae España, cae el euro”. El mismo pronóstico lo contemplaba elFinancial Times Deutchland: “Si una economía tan grande como la española tuviera que recurrir alos bomberos financieros, el futuro del euro estaría en serio peligro”. Esta perspectiva, totalmentefactible, ha suministrado muchos argumentos a importantes sectores de la burguesía alemanaque ven en la bancarrota de las economías más débiles un lastre imposible de soportar y unaamenaza a la estabilidad de la economía germana. Y la posibilidad de nuevas bancarrotas estáen el orden del día, incluyendo países como Italia y Bélgica, mientras la presión sobre la deudasoberana de Portugal y el Estado español continua intensificándose.La profundidad de la crisis europea ha puesto de relieve las enormes dificultades para launificación económica y política del viejo continente, abriendo la caja de Pandora para la vueltadel viejo discurso del nacionalismo económico, esgrimido con fuerza por las autoridadesalemanas, y que reflejan, en última instancia, que la idea de una Europa unida en basescapitalistas es una quimera reaccionaria. El hecho es evidente: las economías nacionales deEuropa alcanzaron un grado de integración muy importante en los años de crecimientoeconómico, donde el desarrollo desigual de las mismas podía ser paliado parcialmente gracias alos fondos europeos desembolsados por las potencias más fuertes. En el momento en que larecesión se ha hecho una realidad permanente, estas contradicciones latentes han aflorado confuerza, alimentando las tendencias centrífugas tendentes a disolver los acuerdos de integración.Nadie quiere salvar a su vecino a costa de empeorar las cosas en casa.La jerga oficial habla ya de una Europa a dos velocidades, en todo, y lo peor es que a pesar deponer en marcha planes de ajuste y austeridad de caballo en la mayoría de las naciones, lasposibilidades de que arranque la recuperación son cada vez más inciertas. Como ocurre enEEUU, las tasas de desempleo en la UE están en cotas históricas: según las cifras de Eurostat,la zona euro acabará el 2010 en el 10%, un máximo de los últimos 12 años, con más de 16millones de personas en paro en la eurozona. La economía francesa está en encefalogramaplano como la italiana, la inglesa sigue descendiendo, y la alemana, que es una clara excepción yque puede acabar el año con una tasa de crecimiento que doble la medida europea, es pasto dedesequilibrios y zonas oscuras que puede arrastrar al conjunto de Europa, empezando por lasituación nada fiable que atraviesa su sistema bancario.El crecimiento alemán se ha basado en su músculo exportador, que se ha beneficiado durantemeses de la debilidad del euro, de la caída de los salarios, de la precariedad creciente del mundolaboral alemán y, una razón de mucho peso, de la pujanza de la economía china y los planes deinversión estatal de su gobierno, que ha aumentado significativamente las importaciones demaquinaria y tecnología alemana. Una dinámica que está condicionada por factores adversos, talcomo señalaba el corresponsal del diario catalán La Vanguardia: “El nivel de dependenciaexterior de Alemania es la clave de su éxito y también su talón de Aquiles. Su cuota deexportación supera el 40% en sectores como el del automóvil y la máquina herramienta, y el 50%o 60% en la industria electrónica o farmacéutica. Alemania depende como pocos de la coyunturainternacional, algo que se parece a unas arenas movedizas, porque el panorama general estádominado por la incertidumbre...”.4 El crecimiento de las exportaciones alemanas, que yarepresentan el 50% de su PIB, tiene consecuencias muy importantes: alienta las tensiones consus supuestos socios europeos y, sobre todo, agudiza el enfrentamiento con los EEUU. En las
  8. 8. cumbres del G-20 en Ontario y Seúl los norteamericanos han clamado con vehemencia no sólocontra la política exportadora y monetaria de China, también Alemania, y por ende Europa, hansido el centro de sus críticas. De todas maneras, la escalada de descalificaciones y ataques nova en una sola dirección: el gobierno alemán, tanto su Ministro de finanzas como la PresidentaAngela Merckel, han arremetido con dureza contra las medidas de la administración Obama,especialmente contra su decisión de devaluar el dólar a través de la emisión de más de 600.000millones de dólares por parte de la Reserva Federal (FED) para comprar bonos del tesoro, asuntodel que nos ocuparemos más adelante.El otro punto débil de la economía europea sigue localizado en el sector financiero. Hace unosmeses que se hicieron los test de estrés para evaluar la solvencia de los principales bancoseuropeos y calmar a los “mercados”. Los bancos españoles salieron aparentemente airosos, apesar de que llevan años incorporando a sus balances, como si fueran activos, todo el pasivo dela crisis inmobiliaria, con préstamos concedidos al sector por valor de 600.000 millones, y unamorosidad que supera los 100.000 millones de euros. Pero lo más irónico es que el mismoresultado positivo obtuvieron los bancos irlandeses que meses después entraron en quiebra yprecipitaron la declaración de rescate por parte del gobierno y la puesta en marcha de un plansalvaje de recortes del gasto público, despido de miles de empleados públicos y reducción de laspensiones, entre otras medidas.5 La situación es tan grave que incluso China ha tenido quellegar en auxilio de la maltrecha economía europea buscando también su propio respiro: desde2006 la Unión Europea es el principal destinatario de las exportaciones chinas y viceversa. Poreste motivo, el gobierno chino ha intentado tranquilizar a los especuladores internacionalesdeclarando que apoyan los planes de austeridad europeos y que no reducirán su participación enbonos soberanos europeos. Pero a pesar de todo la economía europea se encuentra en uncallejón.Los planes de austeridad aprobados en Gran Bretaña, Irlanda, Francia, Italia, Portugal, Grecia,Alemania, en el Estado español, que buscan garantizar la cuenta de resultados de los grandesbancos, los grandes fondos de inversión y las grandes empresas, los denominadoseufemísticamente “mercados” en la jerga oficial, no van a sacar la economía de la UE del hoyo enel que se encuentra, pero sí van a desencadenar una rebelión social en todo el continente,rebelión que ya ha escrito sus primeros capítulos con las grandes movilizaciones de masas,huelgas generales, movilizaciones estudiantiles que se han sucedido país tras país. Laposibilidad de que este panorama remita y se vuelva al anterior equilibrio capitalista es muyimprobable. El capitalismo europeo ha entrado en una nueva coyuntura histórica preparando lascondiciones para una guerra de clases prolongada.El capitalismo chino frente a la recesión mundialEl desarrollo explosivo de las fuerzas productivas en China ha convertido a este país enprotagonista indiscutible de la escena mundial. Todos los factores que juegan un papel decisivopara dificultar o ayudar a la estabilidad del capitalismo —crisis de sobreproducción, relacionesentre las potencias, guerra de divisas— están influenciados por el gigante asiático. El estallido dela recesión en el verano de 2007 ha supuesto un importante jalón en la historia del peculiarcapitalismo chino, que arroja luz sobre la solidez de sus cimientos y sus perspectivas.A diferencia de sus homólogos americanos y europeos, los dirigentes chinos consiguieron sortearlo peor de la recesión mundial: el PIB chino creció en 2009 un 8,7% y superó el 10% en 2010.Las enormes reservas acumuladas gracias a décadas de un robusto crecimiento —entre 1980 y2005 el PIB chino creció alrededor de un 9% de media, alcanzando en 2007 un espectacular
  9. 9. 13%— permitieron al régimen responder al cambio de ciclo en la economía mundial con ungeneroso plan de estímulo, aprobado en 2008, de 580.000 millones de dólares, equivalente amás del 12% del PIB del país. La abundancia de capitales no ha sido la única ventaja con la queha contado el gobierno chino. También han podido disponer de un poderoso instrumento paraaplicar sus plan anticrisis: una economía férreamente centralizada —nos referimos tanto a la granindustria como a los recursos naturales y la banca— controlada con mano firme por el Estado, yel hecho de que los planes de estímulo se dirigieran en buena medida a la inversión productiva.Pero a pesar de las apariencias positivas, las contradicciones del capitalismo de Estado chinoson muchas, y la mayor de ellas sigue siendo que su economía depende esencialmente delmercado mundial y de su capacidad exportadora.Mientras en occidente el grueso de los planes estatales ha sido destinado al rescate de la bancaprivada, en China se han orientado fundamentalmente a inversiones en infraestructuras —lainversión en este sector se incrementó un 73% en los dos primeros años de la crisis—,consiguiendo una recuperación de la producción industrial, determinada en buena parte por estainyección de dinero público.6 Por otro lado, con el objetivo de estimular el consumo, el gobiernoaumentó el dinero en circulación a través del crédito, hasta el punto que en el primer semestre de2009 se superó en un 50% el volumen total de créditos de 2008. Buena prueba de la importanciaadquirida del recurso al crédito, fue que el mero anuncio de una restricción crediticia el 20 deenero de 2010 provocó una caída generalizada de las bolsas.Sin embargo, esta recuperación no debería ocultar que la recesión mundial ha hecho aflorar lasdebilidades estructurales de la economía china, muy dependiente del mercado mundial. Segúndatos gubernamentales, la crisis destruyó más de 20 millones de puestos de trabajo aunque parala Academia de Ciencias Sociales del país fueron 40 millones, es decir, una cifra equivalente al40% del desempleo mundial provocado durante el primer año y medio de crisis. El retroceso de laactividad económica en 2008 y 2009 fue consecuencia de una caída en el crecimientoininterrumpido de sus exportaciones. El potencial exportador de China, clave de su meteóricoavance, se vio gravemente afectado por la contracción de la demanda mundial, especialmentedel mercado doméstico estadounidense y europeo. Tras alcanzar, entre 2000 y 2007, unsuperávit comercial de más del 20%, en 2009 hubo una caída del comercio exterior del 13,9%respecto al año anterior. Por el momento, la demanda estadounidense y europea no dansíntomas de recuperación lo que sumado a las medidas proteccionistas de las potenciasoccidentales, supone una espada de Damocles que amenaza a la llamada fábrica del mundo.No podemos perder de vista que establecer comparaciones mecánicas entre el gigante asiático yotras grandes economías puede inducir a error. La economía china necesita crecer anualmenteentre un 8% y 9% del PIB para absorber alrededor de 10 millones de nuevos trabajadores que seincorporan todos los años al mercado laboral. Un crecimiento que para otras potencias, comoEEUU o Alemania, representaría un enorme avance, en China simplemente impide el aumentodel desempleo. De ahí, la comparación del crecimiento chino con la estabilidad de una bicicleta.Un vehículo de tres o cuatro ruedas puede ir a baja velocidad e incluso permanecer detenido sinvenirse abajo, una bicicleta precisa alcanzar una determinada velocidad para mantenerse establey evitar su caída.La recesión mundial ha dejado al descubierto el talón de Aquiles de la economía china: ladebilidad de su consumo interno y su extraordinaria dependencia de las exportaciones. Desde unpunto de vista teórico, no es un problema irresoluble. Podría superarse consiguiendo que lasmercancías que no absorbe el mercado mundial sean consumidas dentro del mercado doméstico
  10. 10. chino. Pero semejante transformación se enfrenta con enormes dificultades, puesto que entra enabierta contradicción con las bases sobre las que se ha desarrollado el capitalismo chino lasúltimas décadas. En primer lugar, el carácter exportador de la economía china no ha hecho sinoaumentar exponencialmente en el último período. Entre 2001 y 2007, China elevó del 20 al 36%el peso de los intercambios comerciales en su PIB. El consumo doméstico, que representaba un49% del PIB en 1990 disminuyó al 35% en 2008. En dólares constantes, el PIB chino en 2007 esmuy superior al de 1990 y, por tanto, el mercado interno se ha ensanchado. Pero, aún así, elconsumo interno sigue muy por detrás de las exportaciones en lo que a riqueza generada serefiere, contrastando con el 70% del PIB que representa en países como EEUU.Las masas chinas sólo podrán consumir más si disponen de mayor poder adquisitivo. Noobstante, el factor más importante a la hora de explicar porqué las manufacturas chinas han sidotan competitivas en el mercado mundial son los bajos costes laborales. Salarios bajos a cambiode jornadas de trabajo inhumanas, combinados con la ausencia de derechos sindicales. Es más,aunque entre 2000 y 2006 el PIB per cápita chino se duplicó, pasando aproximadamente de1.000 dólares a 2.000, sigue muy lejos de los registros que se dan en las principales potencias:en EEUU el PIB per capita multiplica por 22 el de China (en 2006 era de 44.000 dólares). Inclusoexiste la posibilidad de que China vea reducida su competitividad como consecuencia delencarecimiento relativo de su mano de obra, como está ocurriendo por la explosión de huelgas yconflictos laborales que recorren el país, y por el aumento del desempleo a escala mundial queprovoca un abundante excedente de fuerza de trabajo en las naciones con las que compite y que,como cualquier otra mercancía, se ve sometida a un proceso de depreciación.¿Podrá China convertirse en la locomotora de la economía mundial?Aunque las grasas acumuladas por el capitalismo chino son abundantes y permiten al régimen unmayor margen de maniobra, no debemos olvidar que en una parte decisiva provienen delsuperávit comercial. Los intercambios comerciales del dragón rojo con el resto del mundo hanestado sometidos a constantes vaivenes desde el inicio de la recesión y siguen sin estabilizarse.Tras un crecimiento anual de más del 20% entre 2000 y 2007, en agosto de 2009 se registró unacaída del superávit comercial del 45% respecto al mismo mes de 2008. Posteriormente hubo unafase de recuperación que volvió a sufrir un nuevo bache en marzo de 2010— en el primertrimestre de ese año se alcanzaron 10.700 millones de euros de superávit pero supusieron un70% menos que en el mismo período de 2009—. La balanza comercial del capitalismo chino noha sido capaz de recuperar, al menos hasta el momento, la forma de una clara curva ascendentecomo en el período de boom. No es de extrañar, pues el grueso del crecimiento económico chinose produjo en un período de auge de los intercambios comerciales, que entre 1970 y 2002 semultiplicaron por veinte. El panorama actual del comercio mundial es totalmente distinto, a lo quehay que sumar las tendencias proteccionistas. Si éstas se intensificasen podrían dar al traste conlas expectativas de recuperación estable de la economía china.Sobre estas bases podemos empezar a responder a la pregunta de si China puede sustituir elpapel del capitalismo estadounidense en la economía mundial. Desde nuestro punto de vista, esun error pensar que la hegemonía de EEUU está amenazada a corto plazo. Su poderío todavíaes muy superior al chino y su participación en el PIB mundial prácticamente multiplica por seis alde China. La economía estadounidense absorbía, justo antes del estallido de la crisis,mercancías por valor de 9,7 billones de dólares, mientras China, con una población que multiplicapor cuatro la estadounidense, lo hacía por valor de 1,7 billones. En estas condiciones, China nopuede sustituir a los EEUU ni a la UE como motor decisivo de la economía mundial.
  11. 11. La fortaleza de las finanzas chinas ha sido un argumento manejado por algunos economistaspara subrayar su liderazgo en la futura recuperación. China posee las mayores reservasmundiales de divisas: 2,7 billones de dólares, tres cuartas partes de ellos invertidos en activosdenominados en dólares y casi un billón directamente en deuda pública norteamericana. Sinembargo, la actual situación del dólar expone a China a serias dificultades. A pesar de lasamenazadoras declaraciones por parte de las autoridades chinas exigiendo limitar la hegemoníade la divisa estadounidense, lo cierto es que el debilitamiento del dólar supone unadesvalorización de su propia riqueza en divisas. Sin olvidar que una depresión mayor en EEUUafectaría decisivamente el potencial exportador chino. Esta es la razón de que Hillary Clinton,número dos de la Administración Obama, se preguntara a finales de marzo de 2009: “¿Cómonegocias con mano dura con tu banquero?”, en clara referencia a la dependencia de lafinanciación china de la deuda estadounidense. Este “equilibrio del terror” financiero entre China yEEUU se mantendrá: aunque ambos son competidores en el mercado mundial, se necesitan, porlo menos en el corto plazo. La dependencia mutua entre ambas economías es una confirmaciónpráctica de la ley dialéctica sobre la unidad y lucha de contrarios.Por otra parte, al calor de los planes de estímulo estatales, se ha abierto un nuevo debate en elque algunas voces comienzan a hablar de una vuelta atrás en la restauración capitalista enChina. No compartimos dicha afirmación. La intervención estatal china, con todas susparticularidades, no difiere, en su naturaleza de clase, de la desarrollada por los estadoscapitalistas europeos o norteamericanos. La cuestión clave es que la clase dominante estáutilizando los recursos estatales para salvaguardar las bases capitalistas del sistema, intentandoevitar un colapso de consecuencias sociales y políticas incalculables. La historia del capitalismoconoce enérgicas intervenciones estatales. Las experiencias del capitalismo europeo y japonéstras la Segunda Guerra Mundial, en Corea del Sur o Brasil en los sesenta, setenta y ochenta delsiglo pasado, son aleccionadoras. En China, las empresas estatales y la banca pública, soninstrumentos utilizados en beneficio de la nueva clase de capitalistas —muchos de ellos concarné del PCCh— que se lucran explotando a millones de trabajadores, privatizando empresaspúblicas, estableciendo acuerdos con las multinacionales imperialistas y participando en elmercado mundial, una vez liquidado el monopolio estatal del comercio exterior. Gracias a lasfiltraciones de wikileaks hemos conocido como el antiguo primer ministro Li Peng y su familiacontrolan el sector eléctrico; el miembro del Comité Permanente del Politburó, Zhou Yongkang, ysus socios dominan el petrolero; la familia de Chen Yun, antiguo líder comunista de la época deMao, el sector bancario; Jia Quinglin, presidente de la Conferencia Consultiva Política delParlamento, controla el sector inmobiliario en Pekín; el yerno de Hu Jintao dirige la página websina.com, una de las más importantes, y la esposa del primer ministro, Wen Jiabao, el de laspiedras preciosas.Los aprietos económicos de 2008 obligaron al capitalismo chino a recurrir a un tipo de recetasque, junto a los positivos resultados iniciales que hemos expuesto, ya demostraron sus efectosperniciosos a largo plazo cuando fueron aplicadas por potencias más veteranas. El recursoexcesivo al crédito, como respuesta a la crisis de sobreproducción, ha alimentado las tendenciasespeculativas en China. Un 20% de los 1,39 billones de dólares que los bancos chinosconcedieron en nuevos créditos en 2009 —el doble que el año anterior— fueron a parar al sectorinmobiliario. De hecho, la burbuja inmobiliaria china no ha dejado de crecer. Según datos oficialesla inversión en bienes inmuebles aumentó un 75% ese mismo año, en el que la especulaciónbursátil tampoco fue a la zaga: la bolsa de Shanghai se disparó hasta un 90%. Otro datoenormemente preocupante es el crecimiento de un 5,1% de la inflación en 2010, una media, quecomo tantos otros valores estadísticos, pretende enmascarar que los alimentos básicos
  12. 12. incrementaron sus precios en casi un 11%, ejerciendo una enorme presión sobre las familiastrabajadoras.Esta situación ha llevado al régimen a imprimir un giro en su política económica a finales del año2010. Se ha limitado el volumen de dinero en circulación incrementando las reservas de la bancay elevando los tipos de interés. A su vez, para aliviar la presión que puede provocar un estallidode la burbuja inmobiliaria, se ha limitado la compra de viviendas y oficinas tanto a nativos como aextranjeros, así como la concesión de suelo para nuevas construcciones. Pero si la políticaexpansiva ha demostrado ya sus riesgos, un recorte excesivo puede provocar resultados igual denegativos. El sector inmobiliario ha sido uno de los motores del crecimiento en los últimos años,alimentando una parte considerable del crecimiento del PIB, sin olvidar que el arrendamiento deterreno a largo plazo se ha convertido en una fuente de ingresos vital para las administracioneslocales —en 2009 obtuvieron ingresos por valor de 150.000 millones de euros por esteconcepto—, sobre las que pesa una deuda de 900.000 millones de dólares. Por otra parte, losrecursos estatales destinados a infraestructuras que permitieron recuperar el aliento del sectorproductivo tras el primer golpe de la recesión, se han agotado. Es importante destacar, que esteplan de estímulo no ha servido para resolver los problemas de sobrecapacidad productivainstalada. La intervención del Estado, que ha garantizado durante un período de tiempo lademanda de la producción de los sectores nacionales más afectados por la crisis, ha aplazado laexpresión de este problema en forma de paro y cierres de fábricas. En la actualidad es palpablela incertidumbre creada por las nuevas medidas destinadas a enfriar la economía, que haimpedido hasta el momento la adopción de un nuevo plan de estímulo.En paralelo a todos estos procesos económicos el proletariado chino ha empezado a estirar susmúsculos. Durante 2009, tuvimos un anticipo del carácter que adoptará la lucha de clases enChina. En julio, los 30.000 obreros de la fábrica Tonghua Iron & Steel se movilizaron contra laprivatización de su empresa. Secuestraron al representante de la empresa, le lincharon e hicieronfrente a miles de antidisturbios que intentaron disolver los piquetes de forma violenta. El régimentuvo que dar marcha atrás. Una lucha similar, que también acabó en victoria, se produjo enagosto en la fábrica Linzhou Steel Corporation. En 2010, trabajadores del sector privado denumerosas empresas se sumaron a la movilización y conquistaron importantes mejorassalariales. Lo más importante es que despertando a la lucha por mejoras económicas, ya haysectores, como los trabajadores de Honda, que se adentran en un terreno más político,oponiendo al modelo sindical del régimen sindicatos democráticos con elección directa y controlsobre sus representantes. El proletariado chino está forjando su conciencia en base a una duraexperiencia de explotación y derrotas. La burocracia capitalista que dirige el PCCh, aunque siguehablando de socialismo y envolviéndose con la bandera roja, ha destruido las conquistas de larevolución. Pese a todos los obstáculos, capitalismo es sinónimo de lucha de clases, y el procesode toma de conciencia empieza a abrirse camino a través de la bruma de la contrarrevolucióncapitalista. Probablemente, un proceso generalizado de ascenso de la lucha de clases en Chinatarde todavía un tiempo y, seguramente, adoptará formas peculiares debido a las característicaspolíticas y económicas tan particulares en que se ha gestado el capitalismo chino. En cualquiercaso, al calor del crecimiento explosivo del capitalismo en China, la clase llamada a derrocarlo seha visto enormemente fortalecida.El imperialismo chino se vuelve más audazTodo lo dicho anteriormente no contradice que China pueda seguir fortaleciendo sus posicionesen el ranking mundial, no tanto por su capacidad para solucionar sus propios desequilibrios comopor la debilidad creciente de sus competidores. Claro exponente de ello fue la forma en que
  13. 13. desplazó a Alemania como primera potencia exportadora del planeta. Realmente, ambaseconomías sufrieron un retroceso en el volumen total de sus exportaciones, la diferencia fue quela economía germana lo hizo mucho más que la asiática.China se ha convertido en un serio desafío para las potencias imperialistas occidentales,disputando abiertamente el control de sus fuentes de materias primas y cuotas de mercadotradicionales. Es ya el primer socio comercial de la UE, el segundo de América Latina y el tercerode África. Como ilustra el cuadro, la correlación de fuerzas en el mercado mundial se estátransformando por la irrupción del gigante asiático, alimentando las tensiones y conflictos entrelas potencias como ha puesto de manifiesto la guerra de devaluaciones competitivas entre lasdivisas.Porcentaje de participación en el total de exportaciones mundiales de mercancíasAño/País 1948 1973 2006EEUU 2.,7 12,3 8,8Alemania 1,4 11,6 9,4Japón 0,4 6,4 5,5China 0,9 1,0 8,2Fuente OMCEn tiempos de boom la audacia de la expansión imperialista china provocó mucha tensión, en unmomento en el que el planeta ya estaba repartido —aunque este reparto fuera inestable ycambiante— entre las grandes potencias. La contracción del mercado mundial provocada por larecesión no ha hecho más que alimentar la voracidad del capitalismo chino y prácticamenteninguna de las grandes economías ha dejado de sentirse amenazada por este proceso. Junto ala reactivación de viejos conflictos con Japón —la pugna por la soberanía de las islas Senkaku—,y el desafío que desde hace años representan sus avances en América Latina y África paraEEUU y Europa, se están gestando nuevos conflictos: con Rusia en Asia Central — debido a loscontratos que empresas chinas han arrebatado a Gazprom en Kazajistán y Uzbekistán—; conAlemania en Europa Oriental —provocado por las inversiones chinas en Polonia, Rumania yHungría—. Pero es en Asia donde se localiza actualmente el punto más caliente. El conflictomilitar entre las dos Coreas iniciado en noviembre del pasado año, es un nuevo síntoma delgrado de tensión al que han llegado las relaciones económicas y militares entre EEUU y China. Elcapitalismo estadounidense no se conforma con la pequeña Corea del Sur, consciente de que elavance chino necesita un oponente de mayor envergadura, y espera encontrar ese poderosoaliado en India. La clase dominante de este gigantesco país, con 1.000 millones de habitantes yunas tasas de crecimiento comparables a las chinas, parece encantada de aceptar esta invitacióna fortalecer la alianza anti-china. No es ninguna casualidad que las hostilidades militares entre lasCoreas coincidieran con un viaje de Obama a este país, durante el cual el presidente de EEUUse mostró favorable a la entrada de India en el Consejo de Seguridad de la ONU. Semejante
  14. 14. reconocimiento fue agradecido por los anfitriones del presidente de EEUU con el desplazamientode 36.000 soldados indios a su zona fronteriza con China.El capitalismo chino se enfrenta a una nueva etapa plagada de contradicciones. Como siemprehemos explicado los marxistas, las perspectivas no son una ciencia matemática. Los factores quedeterminan una previsión son múltiples y no sólo de carácter económico. Tal es el caso de lalucha de clases, que puede empujar al régimen chino a desarrollar medidas económicas endiferentes sentidos, dependiendo de la presión social a que esté sometido. De lo que no cabeduda es que la actual recesión ha puesto en marcha una lucha de alcance histórico por elmercado mundial en la que China jugará un papel decisivo.Proteccionismo y devaluaciones competitivas: la lucha por el mercado mundial se recrudeceEl pesimismo económico ha encontrado otro punto de anclaje en la situación que atraviesa laeconomía japonesa. Sumergida en una deflación que no termina, con la mayor tasa de parodesde el final de la Segunda Guerra Mundial (en torno al 5%), con un yen más fuerte que nunca yque afecta muy negativamente a sus exportaciones, el gobierno japonés ha intentado insuflarvida en el organismo económico a través de constantes inyecciones de ayudas públicas. Aunquesigue siendo la segunda economía del mundo y cuenta con uno de los mayores patrimoniosfinancieros y la industria más automatizada (con un altísimo valor añadido), Japón sigue sinlevantar cabeza. Oficialmente salió de una acusada recesión en el segundo trimestre de 2009,pero su crecimiento sigue siendo muy modesto. Estos resultados, decepcionantes como en elresto de países avanzados, se han alcanzado gracias a planes de estímulo público que rozaronen dos años el 4% del PIB. Lejos de retirar este estímulo estatal, la burguesía japonesa se vioobligada a aprobar un nuevo plan de cerca de 55.000 millones de euros en el año 2010. Perohasta ahora las medidas gubernamentales no han servido para reactivar la actividad, la deudapública se acerca al 200% del PIB mientras la polarización social y las desigualdades seincrementan: miles de jóvenes que pernoctan en los cibercafés porque no pueden permitirsepagar un alquiler o los ancianos obligados a sobrevivir con pensiones míseras, inflan cada vezmás las filas de los pobres de Japón.La profundidad y virulencia de la recesión no sólo está destruyendo las anteriores certezas,también ha arruinado los discursos con que intentaron tranquilizar a la opinión pública en losprimeros momentos. No hace mucho tiempo los gobiernos de todo el mundo se llenaban la bocade solemnes declaraciones afirmando haber tomado nota de las causas de la crisis para norepetir errores anteriores. Ese fue el mensaje de la administración Obama en cuantas cumbreseconómicas se han celebrado en estos tres años. Y sin embargo, para desgracia de Obama y desus mentores, los viejos fantasmas del crack de 1929 han hecho su aparición para recordar quelos intereses contradictorios de las diferentes burguesías nacionales pueden empujar a laeconomía mundial a una depresión aún mayor. Primero fue el fracaso de la cumbre del G-20 afinales del mes de junio de 2010 en Ontario, y aquel retroceso, que abrió las puertas a las salidasnacionales frente a una recesión desbocada, se ha ratificado en la cumbre de Seúl del pasadomes de noviembre.La prensa burguesa ha intentado presentar el enfrentamiento del imperialismo estadounidensecontra China y la UE como un debate doctrinal entre los partidarios de mantener los estímulosfiscales y aquellos que defienden las medidas de ajuste y austeridad para frenar el crecimiento dela deuda pública y atajar el déficit presupuestario. Pero esta explicación oculta, como no podíaser de otra forma, las auténticas causas que alimentan la disputa. Decir que Obama es undefensor de la inversión pública, en sentido coloquial para entendernos, es lisa y llanamente
  15. 15. mentira, tal como los hechos se están encargando de demostrar. La administración demócrata haaprobado planes de ayuda estatales por valor de varios billones de dólares que han sidodestinados, en su mayor parte, a salvar al sistema financiero estadounidense, sostener a losgrandes monopolios de la automoción (gracias a las subvenciones a fondo perdido otorgadasgenerosamente por Obama, por ejemplo a General Motors), subsidiar la venta de casas, ycontinuar con los gastos multimillonarios en materia de seguridad interior y en las intervencionesmilitares en curso (las guerras de Iraq y Afganistán). Pero las inversiones productivas, eninfraestructuras, en obra pública, en sanidad, en educación, para crear empleo y estimular elconsumo, han brillado por su ausencia. Más bien habría que señalar que los ataques a los gastossociales, a las pensiones, a los empleados públicos (en las administraciones de los estados y enlos ayuntamientos se han destruido 69.000 y 247.000 puestos de trabajo respectivamente desdeagosto de 2008), a la sanidad y la educación, también se suceden a buen ritmo en los EEUU. Lasventajas fiscales para los ricos y los beneficios estratosféricos que los grandes bancos estánobteniendo, son parte del panorama económico estadounidense igual que en Europa o Japón.7En realidad, la causa del enfrentamiento entre los EEUU y la UE, también del enfrentamiento conChina, no es otro que la lucha brutal por el mercado mundial. EEUU, que atraviesa una fasedepresiva en su consumo, no puede convertirse en el destinatario de las mercancías baratas detodo el mundo y hundir aún más sus industrias manufactureras. Esto va directamente en contrade los beneficios del capital norteamericano. Al contrario, la burguesía estadounidense necesitaresituarse en el mercado mundial, incrementar el volumen de sus exportaciones para salir de unacrisis que se prolonga y vender mucho más en el exterior. En la capital de Corea del Sur, elimperialismo norteamericano ha dejado claro que está dispuesto a pelear con fuerza contra suscompetidores y no dejarse arrebatar el liderazgo mundial, independientemente de lasconsecuencias que sus decisiones, y las de sus adversarios, provoquen.Es importante señalar que la reunión de Seúl estuvo precedida por dos acontecimientos deenorme significado. Primero, la derrota de Obama en las elecciones legislativas parciales denoviembre. El triunfo de los republicanos, gracias a un aumento tremendo de la abstención en lasciudades, ha dado aún más confianza al sector decisivo del capital estadounidense que quiererespuestas contundentes. Los grandes monopolios y transnacionales estadounidenses, han dichoque es hora de pasar a la ofensiva en el terreno de la economía mundial. Y este es el segundoacontecimiento significativo: el gran capital estadounidense que mostró abiertamente susintenciones durante la crisis del euro en mayo de 2010 y en la cumbre del G-20 en Ontario unmes después, han dado un puñetazo en la mesa buscando fortalecer su posición en el mercadomundial a costa de sus competidores. Es el capital estadounidense el que ha impuesto, con elbeneplácito de Obama, la mayor devaluación competitiva del dólar de los últimos cuarenta años,horas antes de la cumbre del G-20 en Seúl, mediante una gigantesca operación de impresión dedólares, denominada en la propaganda oficial con el término eufemístico de “expansióncuantitativa”. Con esta decisión, el gobierno de EEUU pondrá en circulación 650.000 millones dedólares para comprar bonos del tesoro e impulsar, este es uno de los fines de la operación, laexportación de las manufacturas norteamericanas a los mercados mundiales, intentandorecuperar su predominio en el mercado doméstico.Los imperialistas norteamericanos han puesto punto final a la época de las palabras y las buenasintenciones. Hay una guerra económica para salir de la crisis y quieren ganarla. Obviamente en labase de esta estrategia se encuentra la profundidad de la crisis económica en los EEUU y lacerteza de que las medidas adoptadas hasta el momento no permiten salir del atolladero.Además de los datos que hemos señalado anteriormente, con un déficit presupuestario y una
  16. 16. deuda soberana en niveles históricos (11,1% del PIB y 65,8% del PIB respectivamente), lasituación es realmente alarmante si consideramos que las necesidades de financiación de EEUUrequieren de 350.000 millones de dólares al año y que la compra de bonos del tesoro por partede los inversores extranjeros está disminuyendo acusadamente. China, que en 2007 adquirió el47% de las nuevas emisiones de bonos norteamericanos a diez años, las redujo en 2008 a lamitad, en torno al 20%, cifra que en 2009 tan sólo representó un 5% del total de bonos emitidos.Las debilidades del capitalismo norteamericano, que se refuerzan por la precaria situación de unsistema financiero que puede sufrir nuevas recaídas, están detrás de esta orientación hostilcontra sus competidores.El escenario dibujado en la cumbre del G-20 en Seúl no deja lugar a dudas. Las lecciones delpasado no han sido asimiladas, y no pueden serlo por una razón evidente: el capitalismo es unsistema anárquico, no puede ser planificado ni regulado. El motor que lo hace funcionar no es lasatisfacción de las necesidades sociales de la mayoría, sino el beneficio de las grandesempresas y bancos que determinan la política de los gobiernos y deciden sobre la vida de milesde millones. Esta clase de plutócratas, los famosos “mercados”, no tienen más solidaridad entreellos que la de sus cuentas de resultados y, frente a esta crisis de sobreproducción, estosmonopolios, que en una economía mundializada siguen manteniendo su base nacional, luchancon uñas y dientes por mantener sus beneficios a costa del vecino, desalojándolos de susmercados y posiciones estratégicas. Es la misma contradicción que Marx señaló hace 150 años:las fuerzas productivas que han dejado de tener una base nacional para adquirir un caráctermundial, chocan contra la camisa de fuerza de la propiedad privada de los medios de produccióny el Estado nacional.¿Recaída en la recesión?Las perspectivas para la recuperación son inciertas y están muy condicionadas por las enormescontradicciones que enfrentan a unas potencias contra otras. Las reuniones del G-20 no hanservido más que para evidenciar el fiasco en el empeño de coordinar las políticas económicas.Todos los problemas estructurales derivados del anterior periodo de boom económico, yacentuados calamitosamente en esta fase de recesión, han abierto las puertas a una nuevaconfiguración del capitalismo mundial, en el que la lucha por la supervivencia y la primacía tendráefectos en todos los planos: en la lucha de clases por supuesto, pero también en las relacionesinternacionales donde la pugna entre las diferentes potencias imperialistas se expresará tambiénen el frente militar de una forma más acusada.En la gran depresión de 1929, uno de los factores que recrudeció la espiral destructiva fue quelas grandes potencias económicas acometieron medidas proteccionistas y devaluacionescompetitivas de sus monedas. Un escenario que se está repitiendo milimétricamente a pesar detodos los deseos en contra, confirmando la incapacidad de resolver esta crisis desobreproducción con recetas capitalistas. Según informes de la Organización Mundial delComercio (OMC) las medidas proteccionistas no sólo se circunscriben a la devaluacióncompetitiva de las divisas, se extienden con la aplicación de leyes para proteger distintossectores económicos en diferentes países: subidas de aranceles, endurecimiento de normas deimportación, subsidios públicos a sectores productivos como el automóvil, acero o calzado,iniciativas legislativas para obstaculizar el comercio internacional.A las medidas proteccionistas y la guerra de devaluaciones competitivas hay que sumar que lacaída de los ingresos fiscales del Estado y la depresión de la demanda interna, que será elresultado inevitable de la aplicación de los planes de austeridad, no hacen más próxima la
  17. 17. recuperación de la economía. Por otra parte, el saneamiento de los bancos mundiales todavía noha terminado. El FMI estima en 3,5 billones de dólares las pérdidas seguras de la banca mundialhasta finales de 2010; pero la cantidad puede ser muy superior y seguir lastrando larecuperación. Tomados en conjunto todos los factores mencionados, se pone de relieve elcarácter extraordinario de la recesión económica. Según algunos estudiosos de la historiaeconómica, la producción industrial, los mercados bursátiles y el comercio mundial cayeron eneste último año y medio con más fuerza que en los inicios de la Gran Depresión. Hay queretroceder a la Segunda Guerra Mundial para encontrar una caída del PIB de los paísesindustrializados tan importante. Exactamente igual se puede decir del desempleo, aunque en estecaso las referencias hay que tomarlas directamente de la depresión de los años treinta: laseconomías de la OCDE (las 30 naciones más industrializadas), superarán los 60 millones dedesempleados, casi el doble que al inicio de la crisis. Los datos son impresionantes, pero igual designificativo es la sincronización y simultaneidad de la recesión en todas las economías delplaneta (algo que tardó en 1929). Este hecho ratifica lo que los marxistas hemos explicado en losúltimos años: el peso aplastante del mercado mundial y la estrecha interrelación de todas laseconomías, un fenómeno que se reforzó en el periodo de boom y que, como explicamos, tendríaconsecuencias tremendas cuando la crisis de sobreproducción hiciese su aparición.Los organismos internacionales hablan de que la producción industrial podría remontar en 2011,pero esto es poco probable, mucho menos cuando en numerosos países aprueban recortessalvajes de la inversión estatal. La clave sigue siendo la inversión de capital privado, que está porlos suelos, y el crecimiento de la demanda interna, el consumo privado, que supone la partedecisiva del PIB en los países avanzados. Hay motivos serios para pensar que la recuperacióntan cacareada podría sufrir un traspié importante y que la fase recesiva se prolongará, inclusopodría empeorar. En cualquier caso una cosa es clara, las tasas de crecimiento de añosprecedentes están completamente descartadas.Un nuevo periodo histórico. Ruptura del equilibrio capitalistaLo fundamental es entender que hemos entrado en una época diferente de la historia delcapitalismo. Un periodo que no comienza con la recesión sino, precisamente, durante la fase decrecimiento económico. En la última década hemos vivido grandes acontecimientos que, tomadosen conjunto, marcan un punto de ruptura en la historia mundial. En primer lugar, el desarrollo dela revolución en América Latina, que tiene una significación histórica. Pese a las cifrasmacroeconómicas de crecimiento, desde finales de los años noventa asistimos a movimientosrevolucionarios en América Latina que supusieron un cambio profundo respecto a los ochenta yprimeros años noventa, marcados por derrotas: La revolución bolivariana, el movimientorevolucionario de las masas en Bolivia, Ecuador, el Argentinazo, el movimiento contra el fraudeen México en 2006, la respuesta al golpe en Honduras…La influencia de estos procesos en la política mundial es obvia, pero lo más significativo es suduración en el tiempo, lo que demuestra la correlación de fuerzas extraordinariamente favorablepara la clase obrera, los límites del imperialismo para abortar estos procesos, y la precariedadpolítica de la burguesía nativa. Por otro lado, esta prolongación también es consecuencia de laausencia de una dirección marxista con autoridad entre las masas capaz de completar estasrevoluciones. Otro elemento de primer orden en este cambio de época es la crisis de poder einfluencia del imperialismo norteamericano. Las relaciones mundiales están experimentandocambios muy agudos, determinados por la sacudida de la crisis y la competencia feroz de laspotencias imperialistas por los mercados. La escalada del enfrentamiento entre China y EEUU,en el plano económico, político y militar, y entre EEUU y la UE marcarán el próximo periodo. Hay
  18. 18. una lucha por el dominio de Asia, África, y de las fuentes esenciales de materias primasestratégicas.En definitiva, dos décadas después del colapso del estalinismo, el nuevo escenario tiene unascaracterísticas muy diferentes al periodo anterior. Trotsky señaló una idea que puede serbastante útil para abordar las características de esta nueva fase de la lucha de clases y de lahistoria mundial: “Las épocas de enérgico desarrollo capitalista deben poseer formas —enpolítica, en leyes, en filosofía, en poesía— agudamente diferentes de aquellas que correspondena la época de estancamiento o de declinación económica. Aún más, una transición de una épocade esta clase a otra diferente debe producir necesariamente las más grandes convulsiones en lasrelaciones entre clases y entre Estados (...) No es difícil demostrar que en muchos casos lasrevoluciones y guerras se esparcen entre la línea de demarcación de dos épocas diferentes dedesarrollo económico”. 8En la compleja ecuación política que atraviesa el capitalismo mundial, el papel de las masas, suirrupción en escena y su proceso de toma de conciencia (contradictorio, y no lineal), sigue siendoel factor decisivo. Como marxistas rechazamos cualquier esquema basado en una luchaconstante y permanente de la clase obrera. Cuando las oportunidades no se aprovechan soninevitables derrotas, repliegues y retiradas. En función del carácter y profundidad de éstas, elretroceso será de un tipo u otro (diversos factores influyen: la política de las direcciones de lasorganizaciones obreras, la situación económica, etc.). Pero lo primero que debemos señalar es elpapel que la clase obrera ha jugado en los últimos años, incluso en el periodo de boom. Zanjaresta cuestión diciendo que la conciencia de las masas en los países capitalistas desarrollados haretrocedido, como se repite como un lugar común entre los intelectuales izquierdistas, sectarios oex marxistas, representa una visión unilateral y sesgada. En primer lugar, no es posible obviar lasderrotas políticas de los años setenta. Entonces, ligados directamente a la recesión, asistimos amovimientos revolucionarios en Europa occidental (España, Portugal, Grecia), y a un augetremendo de la lucha de clases en Francia, Gran Bretaña, EEUU.... Los efectos políticos de estasderrotas fueron muy severos. Sus consecuencias se vieron reforzadas posteriormente por elcolapso del estalinismo y la restauración capitalista en la URSS, Europa Oriental y China. Elboom de los años noventa estuvo directamente relacionado con estas precondiciones políticas.Generalmente un boom económico restablece las esperanzas en el futuro y, teóricamente,aumenta la confianza en el sistema. Indudablemente, este fenómeno se repitió en buena medidaen el anterior periodo de crecimiento. Pero el boom de las dos últimas décadas, en EEUU, Japón,la UE (no digamos otros países) ha quemado parte importante de las grasas acumuladas,atacando la cohesión social y el estado de bienestar. Ciertamente, sectores de la pequeñaburguesía se beneficiaron mucho de la especulación inmobiliaria y bursátil; incluso sectores delproletariado trabajando duro y agachando la cabeza, empujados a esa situación por la política decolaboración de clases de las direcciones reformistas, pudieron aumentar sus ingresos ysometerse de por vida a los créditos hipotecarios. Pero no fue un boom como otros anteriores dela historia del capitalismo, que desarrollaron grandes ilusiones incluso entre sectores amplios detrabajadores.Es importante hacer un balance cuidadoso del periodo anterior y no caer en simplificaciones queexpresan el punto de vista, no del marxismo, sino de capas desmoralizadas de activistas. Laexperiencia acumulada por la clase obrera (especialmente la juventud obrera) durante los añosde boom es fundamental para entender las perspectivas para el próximo periodo. Las masas hanaccedido a mercancías a bajo coste, disfrutado de la compra a crédito de coches, televisores deplasma y otros bienes, pero el fermento de crítica al sistema empezó a incubarse durante el
  19. 19. boom, con el incremento de la jornada laboral, la precariedad, el enorme endeudamiento de lasfamilias, etc. Estos factores estaban detrás de los movimientos de masas contra la guerra, lassacudidas huelguísticas en Europa, etc. ¿Cuál fue la historia de la última década en los paísescapitalistas avanzados? ¿Hemos vivido sólo un periodo de reacción y reflujo? Evidentemente eldesarrollo no ha sido uniforme (Gran Bretaña lo prueba), pero la mayoría de países vivieronimportantes movilizaciones de la clase obrera y la juventud. Esto ha marcado la conciencia decientos de miles de trabajadores, aunque no se haya traducido inmediatamente en el surgimientode tendencias reformistas de izquierdas de masas o centristas algo que no deberíasorprendernos. Desarrollos de ese tipo son característicos de situaciones revolucionarias oprerrevolucionarias.Obviamente hay un retraso de la conciencia respecto a la situación objetiva. Pero el factordecisivo para explicarlo no es la “fortaleza del boom” pasado, sino la política de los dirigentesreformistas, que se ha transformado en un factor objetivamente reaccionario, el más importantede todos. Un factor que no encuentra contrapeso por el momento en las fuerzas del marxismo,que siguen siendo muy débiles, lo que hará que esta situación contradictoria se prolongue —contodo tipo de distorsiones, pasos adelante y atrás— por un periodo bastante amplio.La teoría marxista excluye la existencia de una crisis final del capitalismo. La dinámica interna delsistema, recorrida por fases periódicas de boom y recesión, fue analizada por Marx en obrascomo El Capital y Teorías sobre la Plusvalía. También Lenin y Trotsky abordaron este asunto.Cuando tratamos con la dinámica del ciclo económico y la caracterización de una época históricadeterminada, el marxismo no sólo considera los factores derivados propiamente del proceso deproducción y circulación, toma muy en cuenta todos aquellos aspectos políticos e ideológicos queforman parte de la superestructura de la sociedad y adquieren relevancia en el desarrolloeconómico e histórico (derrotas huelguísticas y fracaso de movimientos revolucionarios; guerrasentre naciones e intervenciones imperialistas, etc.). La relación entre lucha de clases y cicloeconómico es estrecha, compleja y dialéctica. Las ecuaciones “boom igual a reacción” o“recesión igual a revolución”, simplifican groseramente esta relación. La experiencia de losúltimos años es rica al respecto. Hablando de las perspectivas generales, evidentemente hemosentrado de lleno en un periodo extremadamente turbulento de la historia. La actual recesión no escualquier recesión, sino una profunda crisis de sobreproducción. La curva de desarrollocapitalista ha entrado en una dinámica declinante. Aunque haya fases de recuperación de losíndices macroeconómicos (algo que no será homogéneo) la posibilidad de tasas de crecimientoglobal como en la última década y media es poco probable. Lo fundamental es entender que elcapitalismo, tal como se configuró en las décadas posteriores al colapso del estalinismo, hadejado paso a otra realidad diferente. Ésta se caracterizará por años de estancamiento y débilcrecimiento, altas tasas de desempleo y austeridad brutal; y tendrá efectos políticostrascendentales. La lucha de clases entra en una fase de mayor dureza, polarización entre lasclases y choques sociales sin precedentes desde los años setenta. La conciencia de la clasetrabajadora, a diferentes ritmos, avanzará martilleada por estos acontecimientos.¡Construir las fuerzas del marxismo!Los planes de austeridad que han puesto en marcha los gobiernos capitalistas representan unaofensiva sin cuartel contra las conquistas históricas del movimiento obrero. Por ahora, la ofensivapatronal auspiciada por los gobiernos, ya sean de derechas o socialdemócratas, ha tenido éxito.Pero esto ha sido posible, en gran medida, gracias a la política errática de los dirigentesreformistas de los sindicatos obreros, que siguen optando por la línea de la concertación y lacolaboración de clases, aunque cada día con más dificultades y presiones para llevarla a la
  20. 20. práctica. Pero la recesión también ha tenido otros efectos, y el más importante es que refuerza lapérdida de confianza por parte de millones de trabajadores y jóvenes en este reformismo sinreformas, que ya venía desgastándose en los últimos años.En una crisis económica de proporciones históricas como la actual, la lucha sindical limitadaempresa a empresa es impotente. La batalla por defender las conquistas del movimiento y frenarla sangría del desempleo, se tiene que transformar en una amplia, extensa y contundente luchapolítica por transformar de raíz la sociedad. Defender condiciones dignas para la vida de millonesde familias obreras, entra en contradicción con los fundamentos del sistema capitalista. Por esocualquier lucha defensiva tiene que adoptar una estrategia anticapitalista y socialista, un enfoqueque aumentaría el grado de conciencia y organización de la clase trabajadora y la juventud. Sinesa estrategia no puede extrañar que el miedo a perder el empleo, el chantaje empresarial paraimponer recortes salariales o aumentar la jornada laboral, se haya abierto camino temporalmente.Sin embargo, es necesario situar todas las caras de la realidad para hacer un análisis equilibradoy no unilateral.A pesar de todas estas dificultades existe un fermento de descontento creciente entre capas muyamplias de la clase trabajadora y la juventud, y en algunos países de abierta furia. El proceso dedeslegitimación del sistema no está disminuyendo, sino aumentando, y lo hace al calor de unacrisis que está poniendo en claro que los sacrificios sólo los soporta una parte de la sociedadmientras los auténticos responsables del actual caos se enriquecen a manos llenas.9 Comosiempre hemos explicado, la conciencia tiende a reflejar el pasado y va con retraso respecto a losacontecimientos. No se puede tener una visión simplista o mecánica al respecto, la concienciasufre cambios bruscos y traumáticos. Dado el carácter profundo y probablemente prolongado dela actual crisis, el camino de la lucha de clases, la organización y la movilización es la únicaalternativa para defender el nivel de vida de millones de hombres y mujeres de todo el mundo.Teniendo en cuenta las particularidades específicas de cada país, que los ritmos no seránhomogéneos y habrá retrocesos y repliegues, este es el horizonte para los próximos años.Lo más destacable es que se ha producido un cambio en el sentido general de la corriente. Estenuevo periodo histórico estará caracterizado por fluctuaciones muy bruscas, cambios abruptos enla economía, la política, las relaciones internacionales. Y aunque la debilidad de las fuerzas delmarxismo es un factor decisivo en la ecuación que hará que los procesos se prolonguen, contodo tipo de distorsiones, alzas y repliegues, el cambio de tendencia, la creciente polarizaciónsocial y política, impulsará la polítización de sectores cada día más amplios de la juventud y elmovimiento obrero abriendo grandes posibilidades a las fuerzas del marxismo.La gran recesión de la economía ha sido el ariete para que el equilibrio capitalista se rompa. Enel plano político muchos de los fundamentos que daban credibilidad a la democracia burguesaestán en cuestión porque la experiencia de estos años ha desvelado la brutal dictadura del capitalfinanciero que domina el mundo. Por otra parte, la inestabilidad será la constante en el próximoperiodo, donde las dificultades de la burguesía y de sus aparatos políticos por mantenercohesionada a su base social van a aumentar. La crisis del gobierno de Sarkozy y del entramadopolítico liderado por Berlusconi son síntomas de lo que está por venir. Pero sobre todo, estamosen los inicios de una era de lucha de clases, muy dura y radicalizada. Es el comienzo, pero vayacomienzo: huelgas generales masivas en Grecia, que no tienen precedentes en la historia delpaís heleno; el movimiento de los trabajadores y la juventud en Francia, que ha paralizado el paíscomo no se conocía desde mayo de 1968; la mayor huelga general de los últimos treinta años enPortugal; huelga general en el Estado español, y una perspectiva de recrudecimiento de la luchaa pesar de todas las vacilaciones de las direcciones sindicales; movilizaciones de masas en
  21. 21. Irlanda, en Italia, en Gran Bretaña en las que la juventud juega un papel de vanguardiaanticipando la entrada en escena de los grandes batallones del movimiento obrero. Movimientosrevolucionarios del proletariado en Centroamérica, América Latina, en el subcontinente indio; unaexplosión de la lucha de clases en Túnez, Argelia, El Sahara y Marruecos...Este auge de la lucha de masas, con sus flujos y reflujos, tendrá efectos demoledores sobre elmodelo sindical reformista y de paz social que ha dominado el panorama de los últimos años. Elmayor pilar con el que ha contado la burguesía para garantizar sus grandes negocios y laestabilidad de su sistema en los últimos treinta años, esto es, la colaboración de los dirigentes delos sindicatos y los partidos de la izquierda, se agrietará por la presión de la clase obrera. Estepanorama de abierta guerra social, tendrá un impacto tremendo en la conciencia de millones detrabajadores, mucho más después de transcurridos tres años de crisis y de certificar que lasesperanzas de volver a la situación del pasado aceptando sacrificios, recortes salariales, pérdidade derechos, no ha servido de nada salvo para envalentonar a la burguesía. Un cambio radicalen la psicología y la actitud de millones de trabajadores, jóvenes y desempleados se estápreparando, en el que el cuestionamiento del capitalismo, de las instituciones de la democraciaburguesa, de la política oficial crece día a día con fuerza.La expresión de este proceso de polarización, radicalización y politización adquirirá formas muydiversas, y en muchos casos distorsionadas, debido a la ausencia de una alternativa marxista demasas. Pero una cosa está clara: el divorcio mayúsculo de la política de los partidos tradicionalesde la izquierda y de los sindicatos respecto a las aspiraciones fundamentales de la población,cristalizará en una crisis histórica de la política reformista y los sacudirá de arriba abajo, creandolas condiciones para un trabajo exitoso de los marxistas en el seno de las organizaciones de lostrabajadores. La tarea de los marxistas revolucionarios y los trabajadores avanzados escomprender la dinámica contradictoria de este proceso y prepararnos para los futurosacontecimientos, ganando posiciones en las organizaciones sindicales y en las empresas, entrela juventud, en las organizaciones políticas tradicionales del proletariado. Pero sobre todoconstruyendo paso a paso las fuerzas del marxismo. Ligarnos a estas organizaciones, serreconocidos como parte del movimiento, implica en primer lugar intervenir enérgicamente en lalucha de clases y una labor de educación política de los cuadros, que no depende de lascondiciones objetivas, sino de una firme política principista y métodos proletarios basados en lastradiciones del bolchevismo.En estas grandes luchas defensivas frente a los planes de austeridad, la clase obrera y lajuventud sacarán las conclusiones necesarias para avanzar hacia una alternativa acabada frentea la crisis. Una alternativa que no es otra que el programa por la transformación socialista de lasociedad, por la expropiación de la banca y los monopolios bajo el control democrático de lostrabajadores, poniendo fin a la dictadura del capital y estableciendo las bases para la auténticademocracia, la democracia obrera. Las ideas del socialismo revolucionario, del marxismo,volverán a convertirse en el programa de millones de oprimidos en todo el mundo.NOTAS1. En 2007 el patrimonio mundial en fondos superaba los 17 billones de euros. Su crecimientoexponencial, sobre todo en la primera mitad de la década de los 2000, era ya un síntomarelevante del predominio del capital especulativo sobre el productivo.2. Hace más de 150 años Marx y Engels explicaron los fundamentos de las crisis delcapitalismo en El Manifiesto Comunista: “Las relaciones burguesas de producción y de cambio,
  22. 22. las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hechosurgir como por encanto tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al magoque ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con susconjuros. Desde hace algunas décadas, la historia de la industria y del comercio no es más quela historia de la rebelión de las fuerzas productivas modernas contra las actuales relaciones deproducción, contra las relaciones de propiedad que condicionan la existencia de la burguesía y sudominación. Basta mencionar las crisis comerciales que, con su retorno periódico, plantean, enforma cada vez más amenazante, la cuestión de la existencia de toda la sociedad burguesa.Durante cada crisis comercial, se destruye sistemáticamente no sólo una parte considerable deproductos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas. Durante lascrisis, una epidemia social que en cualquier época anterior hubiera parecido absurda se extiendesobre la sociedad: la epidemia de la superproducción. La sociedad se encuentra súbitamenteretrotraida a un estado de repentina barbarie: diríase que el hambre, que una guerra devastadoramundial la han privado de todos sus medios de subsistencia; la industria y el comercio parecenaniquilados. Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización,demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivasde que dispone no favorecen ya el régimen de la propiedad burguesa; por el contrario, resultandemasiado poderosas para estas relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo; ycada vez que las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a toda lasociedad burguesa y amenazan la existencia de la propiedad burguesa.“Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas ensu seno. ¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de unamasa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación másintensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y másviolentas y disminuyendo los medios de prevenirlas.” (Carlos Marx, Federico Engels, El ManifiestoComunista, FFE, Madrid, 1996, pp 33-34)3. Federico Engels, Anti Dühring, Editorial Grijalbo, Barcelona 1977, p 2894. Rafael Poch, La Vanguardia, 06/09/20105. Estos hechos dan una idea del grado de falsedad y manipulación que las autoridadescomunitarias, y los gobiernos de la UE, han sido capaces de esgrimir y de las falaces previsionesde los gurús del neoliberalismo económico, como el responsable actual de las finanzas británicas,George Osborne, que en 2006 afirmaba que Irlanda “constituye un magnífico ejemplo del arte delo posible en la elaboración de políticas económicas a largo plazo”. Es evidente que si ungobierno como el griego puede falsificar sus cuentas públicas para pasar el examen de la UE, labanca europea, y sobre todo la alemana, puede presionar para que la realidad quedeoportunamente enmascarada y ocultar convenientemente sus riesgos. De hecho, la metodologíade las pruebas de resistencia de la banca europea apenas penalizaba la posesión de deudagriega. Para justificar una decisión así, las autoridades comunitarias argumentaron, en el mes dejunio de 2010, que tras la creación del fondo de rescate del euro ya “no se contempla la hipótesisde un impago por parte de ningún país europeo”. Como señaló The Wall Street Journal poniendoel dedo en la llaga: las maniobras técnicas han servido para ocultar la enorme exposición de losbancos europeos, su gran pasivo acumulado y las dificultades para recuperar miles de millonesconcedidos en créditos dudosos (en el mes de septiembre de 2010 la prensa económica europeahizo público que los grandes bancos alemanes necesitarán más de 100.000 millones de eurospara cumplir con las nuevas regulaciones).
  23. 23. 6. En lo concerniente a la producción industrial, las cifras son extraordinarias comparadas conNorteamérica o Europa: un crecimiento del 6,4% en 2008, del 12,5% en 2009 y alrededor del14% en 2010, si bien la previsión para 2011 es del 11% debido a la desaceleración sufrida afinales del pasado año. Cifras positivas, pero todavía alejadas del crecimiento medio superior al17% en los años previos a la crisis.. Basta recordar que en mayo de 2010, justo cuando estalló la crisis europea y el euro estuvobajo un intenso fuego de los “especuladores” (es decir, de los grandes bancos y las grandesmultinacionales, en una parte considerable de matriz estadounidense), el presidentenorteamericano telefoneó a Zapatero, al primer ministro griego Papandreu, al primer ministroportugués Sócrates, por no decir a Merkel y Brown (todavía había un gobierno laborista en GranBretaña), para presionarles y exigirles que pusieran en marcha cuanto antes los planes de ajustey austeridad, el recorte del déficit y la ofensiva contra la clase obrera. Obama, como portavozpolítico de los grandes negocios estadounidenses, de los grandes bancos y las grandescorporaciones, igual que lo fueron otros presidentes estadounidenses en los que se inspira, comoWilson o Roossevelt, no hacía más que asegurar que estos grandes consorcios capitalistasrecibieran puntualmente el pago de sus intereses y la devolución de sus préstamos, que pudierancontinuar con sus sabrosos negocios especulativos a costa de la sangre, el sudor y las lágrimasde la clase obrera europea. Presentar a Obama como el defensor de otro modelo económico esdemagogia barata.8. León Trostky, La curva de desarrollo capitalista, en Marxismo Hoy nº 8, diciembre de 20009. Esta es la otra cara de la historia, el crecimiento exponencial de la desigualdad y el aumentode la concentración de la riqueza. Algunos ejemplos pueden ilustrar las dimensiones de estefenómeno. Según la edición de Wall Street Journal del pasado11 de octubre de 2010, lasremuneraciones totales de los directivos de Wall Street superarán un nuevo record, alcanzandolos 144.000 millones de dólares en 2010. Desde el estallido de la crisis en 2007 hasta 2009, losbanqueros y brokers de Wall Street percibieron más de 70.000 millones de dólares en primas.Por otra parte, la agencia de calificación Merryll-Lynch ha hecho público en el 2010 un informesobre el crecimiento de las grandes fortunas. Según dicho estudio, en el año 2005 se podíancontabilizar en todo el mundo 8,8 millones de HNWI (High Net Worth Individuals, es decir,individuos de valor neto elevado, con activos superiores al millón de dólares); esta cifra aumentóa 9,5 millones en el año siguiente y llegaron hasta 10,1 millones en el año 2007. En el 2008, conel estallido de la crisis económica, el número de HNWI se redujo a los niveles de 2005, con 8,6millones en todo el mundo. Pero en 2009, en pleno pico de la gran recesión, la cifra fue de 10millones. La riqueza conjunta de todos estos HNWI fue de 33,4 billones de dólares en el 2005, de37,2 en el 2006, de 40,7 en el 2007, bajó hasta los 32,8 en el 2008 para volver a subir en el año2009 a 39 billones. Para considerar el volumen de riqueza del que hablamos los activosacumulados por estos individuos en el año 2009 equivalen aproximadamente a 3 veces el PIB deEstados Unidos, y entre 30 y 40 veces, según el año, al PIB del Estado español. Pero hay más.Existe otro grupo mencionado en el informe, el de los Ultra-HNWI (individuos con activossuperiores a los treinta millones de dólares), que en 2009 estaba formado por 93.100 personasen todo el planeta, con unos activos en conjunto superiores a los 13.845.000.000.000 de dólares.Menos de cien mil multimillonarios, los famosos “mercados” que no son anónimos sino que tienennombre y apellidos y constituyen la plutocracia de cada una de las naciones capitalistas másavanzadas, poseen ingresos equivalentes al PIB de toda la Unión Europea. Entre EstadosUnidos (con casi 2‟9 millones), Japón (con casi 1‟7 millones) y Alemania (con 861.000),
  24. 24. concentran el 53,5% de todos los HNWI del mundo en 2009. En el Estado español la cifra deHNWI es de 143.000 para este mismo año.(Datos extraídos del artículo de Daniel Raventós, Las cifras de la concentración mundial deriqueza, http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3643). Crisis y lucha de clases en la Unión EuropeaEscrito por Jordi Rosich y Miriam MunicioViernes, 28 de Enero de 2011 13:15Uno de los efectos de mayor trascendencia que ha provocado la crisis económica mundial esllevar el proceso de unificación europea a una situación crítica. La implantación del euro en 1999se produjo en una fase de expansión de la economía y en un clima de optimismo de la clasedominante europea y mundial. En este contexto las contradicciones derivadas de la adopción deuna moneda única en distintos países, con intereses económicos y políticos propios y en muchoscasos divergentes, quedaron en un segundo plano. Sin embargo, cuando la crisis se ha hechorealidad, estas contradicciones han salido, abruptamente, a la superficie. A la profunda caída delPIB en 2009 (4% en la eurozona, acompañada de una caída en un 14,9% de la producciónindustrial) le siguió, en 2010, la llamada “crisis de la deuda soberana” de la que todavía no se hasalido y que amenaza a la propia existencia del euro. A lo largo de 2010 se sucedieronacontecimientos que rememoraban las crisis financieras latinoamericanas de los años 80 y 90. El2 de mayo la UE y el FMI salieron al rescate de Grecia con un fondo de 110.000 millones deeuros en tres años, a condición de la imposición de un severo plan de ataque contra el nivel devida de la mayoría de la población griega. Sin embargo, lejos de resolverse, inmediatamentedespués de esta medida, la crisis de la deuda amenazaba con saltar de Grecia a otros países deEuropa sin que nadie lo pudiera detener.El 5 de mayo, la “prima de riesgo” que Portugal tenía que pagar por la colocación de deudapública se multiplicaba por cuatro respecto al mes de marzo; en dos días la bolsa españolaperdía un 7,5%. La desconfianza de los inversores mundiales se proyectó sobre toda Europa,hasta el punto de que se cortaron los créditos interbancarios desde EEUU. Fue en este contexto,cercano al colapso financiero, cuando se aprobó, el 10 de mayo, el fondo de 750.000 millones deeuros (de los cuales 250.000 millones son aportación del FMI) para afrontar eventualessituaciones de rescate de otros países. La creación del fondo, que se presentó como un ejemplode la “solidaridad europea”, estaba en realidad destinado al único fin de salvaguardar losintereses de la banca y está siendo costeado con un retroceso brutal del nivel de vida de lostrabajadores de toda Europa, a través de draconianos planes de ajuste. Respecto a la eficacia delfondo de rescate los hechos hablan por sí mismos: el año 2010 se ha cerrado con un nuevorescate de 85.000 millones de euros para Irlanda, y con la incertidumbre sobre un posible“contagio”, en 2011, a Portugal, el Estado español, Italia y Bélgica. La crisis de la deudadesestabiliza Europa Aunque la crisis de la deuda afecta a toda la zona euro se ha expresadomás agudamente y en primer lugar en los países más débiles. La implantación de la monedaúnica facilitó, en la última década, el flujo de inversiones desde los países fuertes a los paísesdébiles. El hecho de que Grecia, el Estado español, Irlanda o Portugal fueran economías en lasque operaba el euro, en vez de monedas nacionales tendentes a la devaluación, fue un estímulo

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