CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DELEGACIÓN PROVINCIAL DE CÓRDOBA Profesor de lengua Castellana y Literatura  Servicio de Ordenació...
“ Yo no sé si eres muerte o eres vida, si toco rosa en ti, si toco estrella, si llamo a Dios o a ti cuando te llamo”. Dáma...
LUCÍA   Lucía es rubia y pálida. Sus quietas pupilas de princesa vagamente miran hacia el ocaso, y en su frente se muere u...
“ Cada beso perfecto aparta el tiempo, le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve donde puede besarse todavía”. Pedro Sa...
<ul><li>Ahora te quiero, </li></ul><ul><li>como el mar quiere a su agua: </li></ul><ul><li>desde fuera, por arriba, </li><...
&quot;...Ondea la penumbra. No hay suspiro flotante. Lo mejor soñado es vida...&quot; Jorge Guillén (1893-1984)
SUSANA Y LOS VIEJOS   Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes, se deslizan, escrutan y apartando la rama alargan sus mi...
“ Y tú, inocente, duermes bajo el cielo.  Tú por tu sueño, y por el mar las naves”. Gerardo Diego (1896-1973)
ELLA ¿No la conocéis? Entonces imaginadla, soñadla. ¿Quién será capaz de hacer el retrato de la amada? Yo sólo podría habl...
“ Oh tú, mármol de carne soberana. Resplandor que traspasas los encantos”.  Vicente Aleixandre (1898-1984)
Te amé, te amé, por tus ojos, tus labios, tu garganta, tu voz, tu corazón encendido en violencia. Te amé como a mi furia, ...
“ Goza el fresco paisaje de mi herida, quiebra juncos y arroyos delicados. Bebe en muslo de miel sangre vertida”. Federico...
Las piquetas de los gallos  cavan buscando la aurora,  cuando por el monte oscuro  baja Soledad Montoya.  Cobre amarillo, ...
“ Óyeme, que te llamo. Vida mía, sí, vida mía, vida mía sola”. Rafael Alberti (1902-1999)
SONETO   Oh tú, mi amor, la de subidos senos en punta de rubíes levantados los más firmes, pulidos, deseados, llenos de lu...
<ul><li>EPÍLOGO </li></ul><ul><li>Una imagen modernista  MANUEL MACHADO :  </li></ul><ul><ul><li>Las mujeres de Romero de ...
LAS MUJERES DE ROMERO DE TORRES Rico pan de esta carne morena, moldeada en un aire caricia de suspiro y aroma... Sirena en...
Corriendo van por la vega a las puertas de Granada hasta cuarenta gomeles y el capitán que los manda. Al entrar en la ciud...
¡DEBEMOS MANTENER LA PAZ!
Eso es to... eso es to... eso es todo, amigos
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  1. 1. CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DELEGACIÓN PROVINCIAL DE CÓRDOBA Profesor de lengua Castellana y Literatura Servicio de Ordenación Educativa de la Delegación Provincial de Educación Sobre textos de poetas de la Generación del 27 CLAUSURA DEL CURSO “ PROMOCIÓN DE LA SALUD LABORAL DE LAS MUJERES DOCENTES “
  2. 2. “ Yo no sé si eres muerte o eres vida, si toco rosa en ti, si toco estrella, si llamo a Dios o a ti cuando te llamo”. Dámaso Alonso (1898-1990)
  3. 3. LUCÍA   Lucía es rubia y pálida. Sus quietas pupilas de princesa vagamente miran hacia el ocaso, y en su frente se muere una ilusión. Las violetas de sus grandes ojeras melancólicas parece que presienten el intenso olor del camposanto y el incienso de preces funerarias y católicas. Sobre su falda tiene un libro abierto... Mueve el aire los árboles del huerto, y a la hoja del libro va una hoja otoñal... ( En el libro se refiere cómo besa una hoja que se muere a una rosa carnal que se deshoja... ) ¡Qué sutil gracia tiene tu amor, Amada! Hoy las rosas eran más rosas y las palomas blancas, más blancas y la risa del niño… del paseo de invierno estaba suspensa, quieta, azul y diluida para ti y para mí. ¡Qué sutil gracia tiene tu amor, Amada! ORACIÓN POR LA BELLEZA DE UNA MUCHACHA Tú le diste esa ardiente simetría de los labios, con brasa de tu hondura, y en dos enormes cauces de negrura, simas de infinitud, luz de tu día; esos bultos de nieve, que bullía al soliviar del lino la tersura, y, prodigios de exacta arquitectura, dos columnas que cantan tu armonía. Ay, tú, Señor, le diste esa ladera que en un álabe dulce se derrama, miel secreta en el humo entredorado. ¿A qué tu poderosa mano espera? Mortal belleza eternidad reclama. ¡Dale la eternidad que le has negado! Dámaso Alonso
  4. 4. “ Cada beso perfecto aparta el tiempo, le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve donde puede besarse todavía”. Pedro Salinas (1891-1951)
  5. 5. <ul><li>Ahora te quiero, </li></ul><ul><li>como el mar quiere a su agua: </li></ul><ul><li>desde fuera, por arriba, </li></ul><ul><li>haciéndose sin parar </li></ul><ul><li>con ella tormentas, fugas, </li></ul><ul><li>albergues, descansos, calmas. </li></ul><ul><li>¡Qué frenesíes, quererte! </li></ul><ul><li>¡Qué entusiasmo de olas altas, </li></ul><ul><li>y qué desmayos de espuma </li></ul><ul><li>van y vienen! Un tropel </li></ul><ul><li>de formas, hechas, deshechas, </li></ul><ul><li>galopan desmelenadas. </li></ul><ul><li>Pero detrás de sus flancos </li></ul><ul><li>está soñándose un sueño </li></ul><ul><li>de otra forma más profunda </li></ul><ul><li>de querer, que está allá abajo: </li></ul><ul><li>de no ser ya movimiento, </li></ul><ul><li>de acabar este vaivén, </li></ul><ul><li>este ir y venir, de cielos </li></ul><ul><li>a abismos, de hallar por fin </li></ul><ul><li>la inmóvil flor sin otoño </li></ul><ul><li>de un quererse quieto, quieto. </li></ul><ul><li>Más allá de ola y espuma </li></ul><ul><li>el querer busca su fondo. </li></ul><ul><li>Esta hondura donde el mar </li></ul><ul><li>hizo la paz con su agua </li></ul><ul><li>y están queriéndose ya </li></ul><ul><li>sin signo, sin movimiento. </li></ul><ul><li>Amor </li></ul><ul><li>tan sepultado en su ser, </li></ul><ul><li>tan entregado, tan quieto, </li></ul><ul><li>que nuestro querer en vida </li></ul><ul><li>se sintiese </li></ul><ul><li>seguro de no acabar </li></ul><ul><li>cuando terminan los besos, </li></ul><ul><li>las miradas, las señales. </li></ul><ul><li>Tan cierto de no morir, </li></ul><ul><li>como está </li></ul><ul><li>el gran amor de los muertos. </li></ul>AHORA TE QUIERO Pedro Salinas
  6. 6. &quot;...Ondea la penumbra. No hay suspiro flotante. Lo mejor soñado es vida...&quot; Jorge Guillén (1893-1984)
  7. 7. SUSANA Y LOS VIEJOS   Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes, se deslizan, escrutan y apartando la rama alargan sus miradas hasta el lugar del drama: el choque de un desnudo con los sueños de antes.   A solas y soñando ya han sido los amantes posibles, inminentes, en visión, de la dama. Tal desnudez real ahora los inflama que los viejos se asoman, tímidos estudiantes.   ¿Son viejos? Eso cuentan. Es cómputo oficial. En su carne se sienten, se afirman juveniles porque lo son. Susana surge ante su deseo, que conserva un impulso cándido de caudal.   Otoños hay con cimas y ráfagas de abriles. -Ah, Susana. -¡Qué horror! -Perdóname. ¡Te veo! DESNUDO   Blancos, rosas... Azules casi en veta, dos, mentales. Puntos de luz latente dan señales de una sombra secreta. Pero el color, infiel a la penumbra, se consolida en masa. Yacente en el verano de la casa, una forma se alumbra. Claridad aguzada entre perfiles, de tan puros tranquilos que cortan y aniquilan con sus filos las confusiones viles. Desnuda está la carne. Su evidencia se resuelve en reposo. Monotonía justa: prodigioso colmo de la presencia. ¡Plenitud inmediata, sin ambiente, del cuerpo femenino! Ningún primor: ni voz ni flor. ¿Destino? ¡Oh absoluto presente! Jorge Guillén
  8. 8. “ Y tú, inocente, duermes bajo el cielo. Tú por tu sueño, y por el mar las naves”. Gerardo Diego (1896-1973)
  9. 9. ELLA ¿No la conocéis? Entonces imaginadla, soñadla. ¿Quién será capaz de hacer el retrato de la amada? Yo sólo podría hablaros vagamente de su lánguida figura, de su aureola triste, profunda y romántica. Os diría que sus trenzas rizadas sobre la espalda son tan negras que iluminan en la noche. Que cuando anda, no parece que se apoya, flota, navega, resbala... Os hablaría de un gesto muy suyo..., de sus palabras, a la vez desdén y mimo, a un tiempo reproche y lágrimas, distantes como en un éxtasis, como en un beso cercanas... Pero no: cerrad los ojos, imaginadla, soñadla, reflejada en el cambiante espejo de vuestra alma. SUCESIVA   Déjame acariciarte lentamente, déjame lentamente comprobarte, ver que eres de verdad, un continuarte de ti misma a ti misma extensamente.   Onda tras onda irradian de tu frente y mansamente, apenas sin rizarte, rompen sus diez espumas al besarte de tus pies en la playa adolescente.   Así te quiero, fluida y sucesiva, manantial tú de ti, agua furtiva, música para el tacto perezosa.   Así te quiero, en límites pequeños, aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa, y tu unidad después, luz de mis sueños. Gerardo Diego
  10. 10. “ Oh tú, mármol de carne soberana. Resplandor que traspasas los encantos”. Vicente Aleixandre (1898-1984)
  11. 11. Te amé, te amé, por tus ojos, tus labios, tu garganta, tu voz, tu corazón encendido en violencia. Te amé como a mi furia, mi destino furioso, mi cerrazón sin alba, mi luna machacada. Eras hermosa. Tenías ojos grandes. Palomas grandes, veloces garras, altas águilas potentísimas... Tenías esa plenitud por un cielo rutilante donde el fragor de los mundos no es un beso en tu boca. Pero te amé como la luna ama la sangre, como la luna busca la sangre de las venas, como la luna suplanta a la sangre y recorre furiosa las venas encendidas de amarillas pasiones. No sé lo que es la muerte, si se besa la boca. No sé lo que es morir. Yo no muero. Yo canto. Canto muerto y podrido como un hueso brillante, radiante ante la luna como un cristal purísimo. Canto como la carne, como la dura piedra. Canto tus dientes feroces sin palabras. Canto su sola sombra, su tristísima sombra sobre la dulce tierra donde un césped se amansa. Nadie llora. No mires este rostro donde las lágrimas no viven, no respiran. No mires esta piedra, esta llama de hierro, este cuerpo que resuena como una torre metálica. Tenías cabellera, dulces rizos, miradas y mejillas. Tenías brazos, y no ríos sin límite. Tenías tu forma, tu frontera preciosa, tu dulce margen de carne estremecida. Era tu corazón como alada bandera. ¡Pero tu sangre no, tu vida no, tu maldad no! ¿Quién soy yo que suplica a la luna mi muerte? ¿Quién soy yo que resiste los vientos, que siente las heridas de sus frenéticos cuchillos, que le mojen su dibujo de mármol como una dura estatua ensangrentada por la tormenta? ¿Quién soy yo que no escucho entre los truenos, ni mi brazo de hueso con signo de relámpago, ni la lluvia sangrienta que tiñe la yerba que ha nacido entre mis pies mordidos por un río de dientes? ¿Quién soy, quién eres, quién te sabe? ¿A quién amo, oh tú, hermosa mortal, amante reluciente, pecho radiante? ¿A qué o a quién amo, a qué sombra, a qué carne, a qué podridos huesos que como flores me embriagan? TORMENTO DEL AMOR Vicente Aleixandre
  12. 12. “ Goza el fresco paisaje de mi herida, quiebra juncos y arroyos delicados. Bebe en muslo de miel sangre vertida”. Federico García Lorca (1898-1936)
  13. 13. Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora, cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya. Cobre amarillo, su carne huele a caballo y a sombra. Yunques ahumados sus pechos, gimen canciones redondas. Soledad, ¿Por quién preguntas sin compaña y a estas horas? Pregunte por quien pregunte, dime: ¿a ti qué se te importa? Vengo a buscar lo que busco, mi alegría y mi persona. Soledad de mis pesares, caballo que se desboca, al fin encuentra la mar y se lo tragan las olas. No me recuerdes el mar, que la pena negra, brota en las tierras de aceituna bajo el rumor de las hojas. ¡Soledad, qué pena tienes! ¡Qué pena tan lastimosa! Lloras zumo de limón agrio de espera y de boca. ¡Qué pena tan grande! Corro mi casa como una loca, mis dos trenzas por el suelo, de la cocina a la alcoba. ¡Qué pena! Me estoy poniendo de azabache, carne y ropa. ¡Ay, mis camisas de hilo! ¡Ay, mis muslos de amapola! Soledad: lava tu cuerpo con agua de alondras, y deja tu corazón en paz, Soledad Montoya. Por abajo canta el río: volante de cielo y hojas. Con flores de calabaza, la nueva luz se corona. ¡Oh pena de los gitanos! Pena limpia y siempre sola. ¡Oh pena de cauce oculto y madrugada remota! ROMANCE DE LA PENA NEGRA Federico García Lorca
  14. 14. “ Óyeme, que te llamo. Vida mía, sí, vida mía, vida mía sola”. Rafael Alberti (1902-1999)
  15. 15. SONETO   Oh tú, mi amor, la de subidos senos en punta de rubíes levantados los más firmes, pulidos, deseados, llenos de luz y de penumbra llenos.   Hermosos, dulces, mágicos, serenos o en la batalla erguidos, agitados, o ya en juegos de puro amor besados, gráciles corzas de dormir morenos.   Oh tú, mi amor, el esmerado estilo de tu gran hermosura que en sigilo casi muriendo alabo a toda hora.   Oh tú, mi amor, yo canto la armonía de tus perfectos senos, la alegría al ver que se me abren cada aurora. VEN, VEN, ASÍ, TE BESO...   Ven. Ven. Así. Te beso. Te arranco. Te arrebato. Te compruebo en lo oscuro, ardiente oscuridad, abierta, negra, oculta derramada golondrina, oh tan azul, de negra, palpitante. Oh así, así, ansiados, blandos labios undosos, piel de rosa o corales delicados, tan finos. Así, así, absorbidos, más y más, succionados. Así, por todo el tiempo. Muy de allá, de lo hondo, dulces ungüentos desprendidos, amados, bebidos con frenesí, amor hasta desesperados. Mi único, mi solo, solitario alimento, mi húmedo, lloviznado en mi boca, resbalado en mi ser. Amor. Mi amor. Ay, ay. Me dueles. Me lastimas. Ráspame, límame, jadéame tú a mí, comienza y recomienza, con dientes y garganta, muriendo, agonizando, nuevamente volviendo, falleciendo otra vez, así por siempre, para siempre, en lo oscuro, quemante oscuridad, uncida noche, amor, sin morir y muriendo, amor, amor, amor, eternamente. Rafael Alberti
  16. 16. <ul><li>EPÍLOGO </li></ul><ul><li>Una imagen modernista MANUEL MACHADO : </li></ul><ul><ul><li>Las mujeres de Romero de Torres </li></ul></ul><ul><li>Una imagen romántica JOSÉ ZORRILLA : </li></ul><ul><ul><li>Oriental </li></ul></ul>
  17. 17. LAS MUJERES DE ROMERO DE TORRES Rico pan de esta carne morena, moldeada en un aire caricia de suspiro y aroma... Sirena encantadora y amante fascinada, los cuellos, enarcados, de sierpe o de paloma... Vuestros nombres, de menta y de ilusión, sabemos: Carmen, Lola, Rosario... Evocación del goce, Adela... Las mujeres que todos conocemos, que todos conocemos ¡y nadie las conoce! Naranjos, limoneros, jardines, olivares, lujuria de la tierra, divina y sensual, que vigila la augusta presencia del ciprés. En este fondo, esencia de flores y cantares, os fijó para siempre el pincel inmortal de nuestro inenarrable Leonardo cordobés. Manuel Machado
  18. 18. Corriendo van por la vega a las puertas de Granada hasta cuarenta gomeles y el capitán que los manda. Al entrar en la ciudad, parando su yegua blanca, le dijo éste a una mujer que entre sus brazos lloraba: «Enjuga el llanto, cristiana, no me atormentes así, que tengo yo, mi sultana, un nuevo Edén para ti. Tengo un palacio en Granada, tengo jardines y flores, tengo una fuente dorada con más de cien surtidores, y en la vega del Genil tengo parda fortaleza, que será reina entre mil cuando encierre tu belleza. Y sobre toda una orilla extiendo mi señorío; ni en Córdoba ni en Sevilla hay un parque como el mío. Allí la altiva palmera y el encendido granado, junto a la frondosa higuera, cubren el valle y collado. Allí el robusto nogal, allí el nópalo amarillo, allí el sombrío moral crecen al pie del castillo. Y olmos tengo en mi alameda que hasta el cielo se levantan y en redes de plata y seda tengo pájaros que cantan. Y tú mi sultana eres, que desiertos mis salones están, mi harén sin mujeres, mis oídos sin canciones. Yo te daré terciopelos y perfumes orientales; de Grecia te traeré velos y de Cachemira chales. Y te dará blancas plumas para que adornes tu frente, más blanca que las espumas de nuestros mares de Oriente. Y perlas para el cabello, y baños para el calor, y collares para el cuello; para los labios... ¡amor!» «¿Qué me valen tus riquezas -respondióle la cristiana-, si me quitas a mi padre, mis amigos y mis damas? Vuélveme, vuélveme, moro a mi padre y a mi patria, que mis torres de León valen más que tu Granada.» Escuchóla en paz el moro, y manoseando su barba, dijo como quien medita, en la mejilla una lágrima: «Si tus castillos mejores que nuestros jardines son, y son más bellas tus flores, por ser tuyas, en León, y tú diste tus amores a alguno de tus guerreros, hurí del Edén, no llores; vete con tus caballeros.» Y dándole su caballo y la mitad de su guardia, el capitán de los moros volvió en silencio la espalda. Oriental José Zorrilla
  19. 19. ¡DEBEMOS MANTENER LA PAZ!
  20. 20. Eso es to... eso es to... eso es todo, amigos

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