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Revista literaria y de cultura en cualquier manifestación    Número: 5La Esfera Cultural                                  ...
Temores insustanciales                                      (Isabel Martínez Barquero)Leo y me quedocolgada de una línea,d...
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Rumiando                                                                           (Miguel Ángel Brito)R        aúl quería...
(Ángeles Jiménez)                                                                sermones del tío, qué hastío, todos igual...
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La espalda sin pared            (Carlos Díaz González)    Tiene ojeras en los brazos y un    horizonte sin ojos. Y una esp...
Se busca                                                                                       (Miguel Ángel Díaz Fuentes)...
Erótica II                                                    (Isolda Wagner)Él leía sin demasiado interés. Ella, con   pr...
Cansancio y soledad                      que se fuga. Se cruzarán vestidos,           Las amo. Son mías                   ...
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Eterno souvenir                                                                                     (Ángeles Sánchez Porte...
confuso, casi críptico, como         Arcoiris                                forzándome a no claudicar, a                 ...
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Corrígeme si me equivoco             (Inma Vinuesa) S     alí del zaguán, la luz del sol me       daba directamente en los...
Una vez al año                                (Ana Joyanes Romo)                                                          ...
Sin mi                                                                               (Isabel Mª González Verdugo)         ...
El coleccionista                 compartimentalizado. Las ideas                                      deben mantenerse clar...
Ojos líquidosdel náufrago                                                  La botella(Ángeles Jiménez)                    ...
El raro                  (Miguel Ángel Díaz Fuentes)                                                                      ...
La Esfera nº5
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La realidad no es blanca ni negra, no tiene formas definidas ni reglas inmutables. Al menos, así es tal y como la percibimos los escritores. Es nuestro trabajo: diseccionamos la realidad, exponemos lo que guardamos dentro, descubrimos que una pinza puede ser un tenedor y un bisturí, un cuchillo. Ponemos el mundo patas arriba y ordenamos el caos.
Desde La Esfera te ofrecemos tantas visiones del mundo como escritores escriben en nuestras páginas.
Podrás encontrar ídolos de plata flotando enaguas subterráneas, hojas amarillas aguardando el desayuno familiar.
Sentirás la dolorosa necesidad de la tejedora de palabras, el amor a la altura de un par de zapatos, el beso envenenado de la actriz con ínfulas de mujer.
Te perderás en los ojos líquidos del coleccionista de ideas y en el brillo estéril de la radiografía de un instante.

En este número nos abrimos en canal, emplatamos nuestro cerebro y tripas para quien quiera degustarlos.

¿Te atreves a sentarte a nuestra mesa?

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La Esfera nº5

  1. 1. Revista literaria y de cultura en cualquier manifestación Número: 5La Esfera Cultural www.LaEsferaCultural.com Lágrimas en la lluvia Rosa Montero Entrevista9 774459 917431 32 Entra en La Esfera Selección de textos literarios - Ilustraciones - Crítica - Entrevistas...
  2. 2. Temores insustanciales (Isabel Martínez Barquero)Leo y me quedocolgada de una línea,danzo en su trazado,hago una pausa ensus comas y medetengo en sus puntos.Hace tiempo que estoy aquí, en midulce cautiverio, amparada por latinta que me nombra. No quieroregresar a la existencia cotidiana.Dentro de estos párrafos, heencontrado abrigo y gozo. Afuera,hace frío. Lo peor será cuando meentre hambre, porque no sé si elpapel alimentará.¿Quién me mandó meterme entrelas páginas de una novela?Aunque lo deseara, ya noencontraría el camino de regresoal mundo real. Pero no estoy muysegura de que forme parte de esemundo. El autor me trata siemprecomo a un personaje, como a unser de ficción, y me temo que yomisma he decidido serlo: su tramame resulta más sugestiva que mimonótona realidad.No me preocuparé por cuestionesminúsculas: mi destino ahora nose guía por la batuta quedirige a los serescomunes. Creo que lasheroínas de historiassingulares no necesitannutrirse, a ellas lesbasta con laimaginación de quien lassustenta.
  3. 3. PORTADA 5 Foto portada: Francisco Concepción Álvarez, Título: “Las ideas están servidas” Ilustración de Ada Ortega para La Esfera Cultural, ilustrando el texto: “Roturas de la Crisis” . La Esfera Cultural www.laesferacultural.com programalaesfera@gmail.com Apartado de correos, 62. 38080 S/C de Tenerife Dirige y edita: formas Francisco Concepción Álvarez nca ni negra, no tiene La realidad no es bla í es tal y como la Codirección: Ana Joyanes Romo utables. Al menos, as definidas ni reglas inm es. Comité Editorial: percibimos los escritor namos la realidad, ex ponemos lo Amando Carabias Es nu estro trabajo: diseccio za puede ser Dácil Martín scubrimos que una pin Marcos Alonso Hernández qu e guardamos dentro, de s el mundo patas í, un cuchillo. Ponemo Inmaculada Vinuesa un tenedor y un bistur Anabel Consejo os. José Francisco Diaz-Salado arriba y ordenamos el ca tas visiones del mundo como Miguel Ángel Brito Desde La Esfera te ofrecemos tan . nuestras páginas escritores escriben en tando en aguas ídolos de plata flo Entrevistas: Antonio Guerrero Ruiz Po drás encontrar sayuno familiar. arillas aguardando el de subterráneas, hojas am de palabras, el Ilustradores: cesidad de la tejedora Seguismundo Rey Sentirás la dolorosa ne so envenenado de la r de zapatos, el be Laura Hernández amor a la altura de un pa Sara Lew jer. actriz con ínfulas de mu nista de ideas y en s líquidos del coleccio Camino Roque Cristina Tabares Te perderás en los ojo . Francisco Olivas iografía de un instante Juan Luis López Anaya el brillo estéril de la rad os en canal, emplatam os nuestro abrim Paula Plaza En este número nos rlos. ien quiera degusta cerebro y tripas para qu Inma Vinuesa Alicia Güemes Mª José Fernández ¿Te atreves a senta rte a nuestra mesa? Elizabet Bertolín Ana Joyanes Romo Ana Luis Ravelo Codirectora Laura Baute Marian Alefes Silva Cristina Tabarez Maquetación y diseño: FranCo Impresión: Producciones Gráficas Rosa MonteroEl silencio Entrevistaante 84, Charing Cross Road de Helene Hanfflaobra maestra
  4. 4. Cuando llegamos era tarde. Noticias Ya había partido el pequeño camión que no llegan naranja que, lleno de sobres y encomiendas, nos alegraba la vida cuando (Francisco Concepción) (María Magdalena Padón) traía noticias de lejos, plenas de esperanza y amores entrelazados en la distancia. Ese día no apareció la carta que esperaba. Brillo estéril Otro día más de espera y anhelo agazapado en mi pecho hasta el próximo paso del camioncito que nos dejaba llenos de polvo del camino y con las pestañas marchitas. Volaron alto las hojas secas de los laureles de la plaza, mezclando las finas gotas con el aire caliente pegado en la piel de la espera... Las estrellas se me antojaban muy lejos y zarandeé el cielo. Cayeron como hojas de otoño. Nunca tuve ninguna duda, sabía que acabaría El amor a la altura de mal. No necesitaba una razón. —¡Niño!, ¿qué hiciste?—Me un par de zapatos riñeron, no podía ser de otra forma. ¡Bárrelas!,- me ordenaron. (Ana Crespo Tudela) —No están tan lejos— susurré. Su no contestación caníbal devoró mi respuesta. Las barrí sin que me dieran escoba, Mientras en la radio sonaba metiéndolas bajo la alfombra. No Camarón cantando "Te voy a hacer necesitaba para ello una razón. unos zapatitos del ala de mi sombrero", ella buscaba el amor, —Las estrellas están muy lejos, aunque durara un suspiro, en esas pertenecen al cielo, son intocables, calles estrechas, enmarcadas por los sus puntas pican y son cielos de sus balcones. Y se topó con inaccesibles—me sugestionaban. él de frente. Ahí estaba, tras el Esa era su razón. cristal, esperándola. Cinco minutos Bajo este cielo, viven invidentes, de presentaciones, lo justo para que rezan por el mal-pensé- Saben saber que era la horma de su pie y mi nombre, pero yo no sé el mío. convertirse en su dueña bajo pago. Les adelanto para abrirles el El color y la suavidad de su piel camino. aterciopelada prometían un largo futuro. Su altura la ayudaría a Metí las estrellas bajo la alfombra, caminar con paso firme o sabía que todo acabaría mal. Y levitando a 10 centímetros del ahora tengo mi razón. Quiero oler y suelo. Y en los instantes de masturbar mi interior. Regalar lo pasión sería el complemento que siento. Estar fuera de control. perfecto y sensual de su ¡Quiero hacerles ver! desnudez. Una fantasía de 100 euros en monedas, de color nazareno y grana. Un par listo para dar el estoque, al Sumisión (Lucía Díaz) bravo que se cruce por nuestro camino. –¡Desnúdate! –ordenó el hombre. La mujer se quitó con lentitud la ropa, luego la piel.4
  5. 5. Rumiando (Miguel Ángel Brito)R aúl quería ser poeta. Con esa vocación había alimentado de goces su cuerpo. Placeres contables e incontables. Viajó por el mundo con actitud camaleónica, mezclado entre sus gentes sin ser visto. Leyó clásicos, los más, y entró en el alma de lospoetas hasta alcanzar a ver sus vísceras abiertas. Vio, tocó, olió,bebió fascinado en la fuente de la vida antes de tomar ladecisión de escribir y contárselo a todo el mundo.Se sentó a escribir una tarde de mayo. Lo primero que dibujófueron trazos breves y frases inconexas. Poco fluidas. Nadareveladoras de sus sentimientos. Rompió una y otra vezpapeles garabateados de absurdos. Observaba conimpotencia cómo sus pensamientosse desvanecían al asomar por la punta de los dedos.Raúl dejó entonces de escribir y se sentó en el sofá delsalón para revolcarse en él con sus sentimientos. Amor yodio. Desprecio y fascinación. Deseos incontenibles yascos infectos. Mezclando palabras y sentimientos elaboróplatos a veces placenteros y a veces difíciles de digerir.Tortuosos. Rumió toda aquella comida verbal, la única quecomió durante días, y por fin encontró un hilo al queagarrarse y empezó a tirar de él para escribir. Llenó hojas yhojas de poemas que describían al mundo, al hombre, la viday la muerte, y tanto escribió que acabó después de varios díasextenuado, solo y vacío. Llamaron a la puerta con insistencia eintentó hablar, pero ya se había olvidado de hacerlo. Solo sabíaescribir y leer lo que escribía. Tuvo hambre otra vez y decidióvolver a sentarse a la mesa y comerse de nuevo las palabras quehabía vaciado sobre el papel. Platos cocinados, ya fríos, listos paravolver a ser comidos y vomitados de nuevo en un círculo infinito yvicioso de bulimia literaria.El hedor que provenía de la casa de Raúl llegó hasta la oficina de losServicios Sociales. Decidieron, al ver su caso, que lo mejor seríasacarlo de allí. Le prohibieron escribir. Escondieron lápices y papelesmutilando sus manos. Se quedó cocinando entonces platos en sucabeza. Platos hechos de palabras caleidoscópicas. Impronunciables.Rumiando recuerdos. Hojas amarillas (Sara Lew) El viento se lleva las hojas muertas y los manuscritos olvidados. Las palabras amarillas flotan levemente antes de caer, rendidas, sobre el camino de la infancia. El anciano las va recogiendo y apilando mientras ellas hablan de recuerdos ajados por el tiempo, aunque tan vivos como tenues destellos de luz entre las nubes de otoño. Recuerdos errantes que se lleva el viento, junto a las hojas muertas. 5
  6. 6. (Ángeles Jiménez) sermones del tío, qué hastío, todos iguales, incluidos los que le colocaba en las sobremesas sobre las virtudes de las almas cándidas y entregadas como la C uando Mario llegó al pueblo tres años atrás, a Blanca se le llenó el bajo vientre de grillos con solo suya, tan inmaculada, impoluta. Porque su amor por ella era pura pureza fraternal, Dios era testigo, voluptuosos tocamientos a la niña-virgen sin pecado imaginar de lo que aquellos labios bembones serían concebida. Tan eterna que iba a ser su vida en el capaces si ella pudiera ponerlos a su servicio. Pero paraíso ese que se le antojaba cada vez más aburrido. cómo podía calentarse los pensamientos, y el bajo Y ella con lo interesante del demonio Mario metido vientre, si para todos los efectos era como si estuviese dentro, bien adentro. Y el tío divagando alelado en sus casada. Casada con Dios y con la Santa Madre Iglesia. delirios místicos que empieza a inquietarse. Y el jardín Y con su tío el párroco, que se ocupó tan que no avanza. Y Blanca que no se confiesa. amorosamente de ella cuando sus padres Y el maridocuratio celoso que la espía hasta dar en el desaparecieron. Desaparecieron de la casa, del pueblo blanco... bueno, en la diana. Una de aquellas tardes y de la faz de la tierra, porque no volvieron a dar que Blanca y Mario tienen bien organizadas, el tío señales de vida ni de muerte de un día para otro. vuelve al poco de salir al oficio y entra sigiloso por la Puede que en algún momento cuente también esa puerta de la cocina. A los amantes les había faltado historia, pero hoy no quiero divagar, que me disperso. tiempo para estar ya el uno metido dentro de la otra en Pues eso, que el tío cura la acogió generosamente en el lecho vicario, más amplio para dar cabida a sus su casa. Incluso puede que no fuera necesario tanto irrefrenables pasiones recientes. Y al pobre hombre de acogimiento, pensaba a veces Blanca desde que Dios que lo abandonan sus credos de repente y se le despuntaron los grillos por primera vez cuando se desmaya en silencio, sin perder del todo la embelesó en la contemplación del cuerpo desnudo de consciencia, sin perderse detalle. El detalle de Mario Plácido, el hijo del panadero, bañándose descuidado en Blanca, de Blanca gritona, de Mario negro, de ojos en el pris. Porque lo que tenía claro desde hacía en blanco, de sudores que brillan las pieles al trasluz, mucho es que el cuerpo del tío no le encendía los de olores mezclados entre tenues polvos atardecidos y calambres, desde luego que no, ni de lejos, si acaso sabores adivinados a especias saladas. algo de ardor en la boca del estómago, pero eran Y el religioso que se ahoga en la explosión de vida ardores bastante distintos, también internos, pero de que inunda el cuarto, el suyo, que se le cuela por más arriba. debajo de la sotana negra, de siempre más Bueno, a lo que iba, que el negro Mario, porque Mario complaciente con la muerte que comprometida con los era bien negro además de labiudo, casi la electrocuta vivos, hasta rasgarla en jirones como de flecos de puro deseo reprimido. Casi la abrasa en sus propios gastados y desvaídos. El pelo blanco escaso que se le calores de no ser porque le pusieron remedio a tiempo desmelena al viento sin aire de la habitación a media una tarde mientras la misa de ocho tenía ocupado al luz. Exudación caliente, luego fría, palidez exangüe de tiocuramarido y ellos consiguieron un ratito para sangre redistribuida en lugares resecos. Y el corazón dedicarlo a retocarse. Sí, eso, a tocarse y retocarse por que no le puede seguir latiendo dividido. dentro y por fuera aprovechando la poda concienzuda Blanca y Mario encontraron el cuerpo amontonado en a la que Mario estaba sometiendo el jardín parroquial el pasillo con una sonrisa extática dibujada en las desde hacía semanas, muchas para lo chico que era. comisuras, se culpabilizaron pensando que quizá Pero claro, luego a Blanca dejaron de interesarle los muriera rezándoles los pecados.6
  7. 7. Infidelidad (Mar Horno García) E n Baeza se enamoró Elisa de unfantasma. Era lógico y posible teniendoen cuenta la alta población de espíritusque purga sus penas en los palacios eiglesias de la ciudad. Sus manerasexquisitas, su jubón carmesí y su granlechuguilla le fundieron los huesoscuando atravesó sin querer aquel cuerpode hombre translúcido mientras hacía unavisita turística a la catedral. Fue amor aprimera vista.Desde entonces ella lo lavaba todas lasmañanas con detergente para ropadelicada y lo colgaba bien estirado sobreuna silla cerca de la estufa para que sesecara. Cuando llegaba la noche hacíanel amor hasta la extenuación y élquedaba arrugado como una pasa traspenetrar sin descanso la carnalidad de suenamorada.Fueron felices, entre amaneceresperfumados de suavizante floral ymadrugadas de lujuria hidalga, hasta queun día el caballero fantasma, tras esperarimpaciente su baño diario, descubrió aElisa gimiendo mientras dormía, con elcubrecama enrollado libidinosamentesobre el cuerpo desnudo. De nadasirvieron las explicaciones de lasorprendida amada. El hidalgo retó enduelo mortal a la traidora sábana blancaque resultó ser el espectro de Iñigo deMora y Villegas, conocido mancillador dehonras ajenas.La espera (Mª Isabel Machín García) Nada más existió para ella desde aquel día, ni los niños que jugaban a su alrededor escondiéndose tras ella como si solo se tratara de una parte más del mobiliario urbano de la estación, ni aquel caballero que, quitándose el sombrero, se hizo a un lado amablemente al percibir en su mirada el desgarrador vacío de tan infructuosa espera, ni el flash del fotógrafo que una vez más captaba su desolación. Se habían derramado ríos de tinta sobre su caso: “La novia loca que aún espera todos los días al soldado Javier Olmedo en el tren de las seis; nunca aceptó el fatídico día de su regreso en aquél oscuro cajón, cubierto por una bandera, que los soldados bajaron con solemnidad del vagón de carga”. Tampoco supo nunca en qué momento dejó de sentir dolor para convertirse en la estatua de bronce que hoy adornaba la estación. Al terminar su artículo Mauricio Contreras se acercó a contemplarla de nuevo y como siempre le embargó la ternura, le parecía tan real su desamparo que en un impulso irracional se quitó la chaqueta y cubrió con ella sus hombros desnudos. 7
  8. 8. La espalda sin pared (Carlos Díaz González) Tiene ojeras en los brazos y un horizonte sin ojos. Y una espalda sin pared. Ayer logró entender todo el mundo, cabalgó sobre él y lo arrodilló usando su radiante poder al servicio de la eternidad. Hoy sólo le queda el humo en la garganta del fuego de ayer, las sombras en la piel y el peso de la soledad. Hoy no entiende ni siquiera a sus manos temblorosas, a los que pasan de largo, al silencio de la papelina vacía. No sabe si tiene los ojos cerrados o si ya ha vuelto a morir otro rato.8
  9. 9. Se busca (Miguel Ángel Díaz Fuentes) Los hombrecillos (Marcos Alonso)Dicen que los grandes seres que una especie de jugo verdoso muygobiernan el mundo, a veces, se espeso con babosas flemasreúnen en secreto en algún lugar del ensangrentadas.espeso bosque. Llegan desconfiados y El lugar se vuelve fangoso etemerosos de que los descubran, irrespirable. Es entonces cuando,recelando de los otros, mostrándose precipitadamente, salen exhaustos yhostiles y agresivos, como si tuvieran jadeantes de allí, con sus estómagosmiedo. Cuando rebasan la puertaprincipal, se quitan sus pieles y sedescubren, para luego salir del interior Es inútil. La he perdido. Por más quede sus titánicos cuerpos unos quiera que vuelva, tengo lamiserables hombrecillos desnudos, sensación de que se ha ido y dudotemblorosos y asustadizos, de grandes mucho que algún día me deje volverojos que sobresalen de sus pálidos a disfrutar de su compañía.rostros enfermizos. Habíamos llegado a un estado deYa en el interior de la humilde casita de entendimiento total: estaba cuandomadera, bajan por una larga rampa, la necesitaba, o al menos la mayoríamoviéndose torpemente, chocando de las veces, discreta con miunos contra los otros y emitiendo mediocridad y comprensiva con mispequeños gruñidos, como si fueran errores. Destacaba mucho másuna manada de ratas desorientadas. vacíos, y, tras ponerse sus enormes durante mis largos periodos deEn la oscuridad, el silencio parece disfraces, se mueven entre ellos silencio, poseyendo la extraña virtudadormecerlos hasta que se oye la débil violentamente, como si estuviesen de aparecer en el momento másvoz de uno de ellos, que inicia una bailando una danza guerrera, mientras inesperado, aunque con frecuenciaespecie de plegaria que repiten los que, a modo de lamentos emiten, lo hacía de noche, cuando la casademás intermitentemente, provocando abriendo exageradamente sus fauces se apagaba y el mundo a miun murmullo que se vuelve voraces, unos rugidos atronadores alrededor dormía. Era entoncesensordecedor a medida que rezan que se extiende por todo el planeta, cuando le gustaba susurrar en micada vez más rápido, casi gritando, a la tras lo cual comienzan a correr en oído, alterando mis pensamientosvez que despiden un olor nauseabundo todas las direcciones, dispuestos a con el simple roce de sus palabras.que ilumina todo el espacio, hasta que, devorar el mundo y saciar nuevamente Han pasado unas cuantas semanascasi al unísono, comienzan a vomitar su codicia desmedida. y sigo sin tener noticias de ella. Me consta que tiene mucho trabajo, pero yo siempre soñé con poseerla para mí solo. Ahora comprendo lo 24 H. de, ingenuo que he sido, intentando retener agua que se me filtraba entre los dedos… música, literatura y palabra Se ha ido. La inspiración para escribir se me ha escapado y ni tan siquiera ha dejado una nota de despedida; me quedan sus poco agraciadas hermanas gemelas, Falta de ideas y Ausencia de imaginación, como únicas acompañantes en esta nueva etapa que ahora comienza. Trataré de buscarla y, cuando la encuentre de nuevo, prometo que todos se enterarán de su vuelta. www.laesferacultural.com Porque siento que nunca tendría que haberse escapado. 9
  10. 10. Erótica II (Isolda Wagner)Él leía sin demasiado interés. Ella, con profundo, con calma, como solían,las piernas cruzadas en el otro paladeando cada milímetro de susextremo del sofá, le daba una última bocas impregnadas de sí mismos, novuelta al crucigrama, aún a sabiendas habría vuelta atrás. Y si algode que no lo terminaría. Tal era su apreciaban, era la lentitud decomplicidad, que aunque nada parecía movimientos para alargar el placeralterar el ambiente, como por arte de tanto como fuera posible. El deseo ibamagia, de pronto les creciendo eninundaba el deseo. Tan sólo proporción a lasera preciso un ligero caricias que semovimiento de uno de los regalaban. Sedos. En este caso, fue ella servían de algo tanquien se subió levemente la delicado como lacamisola, lo suficiente para lengua paradejar al descubierto la ropainterior sin quitarle la miradade encima, directa a sus ojos. degustar sabores y t e x t u r a s Reflejos inundando todo de (Enrique Trenado Pardo)No tenía más que dejar caer saliva y sorbiendola mano sobre el pubis, como cuanto emanasecon descuido, para que él se de ambos, hasta sentirse ebrios de Hace ya un tiempo que empecé aencendiera al instante. Le encantaba tanto efluvio. A estas alturas, rodando anotar todo lo que Clareta decíamirarla en esa actitud y ella deseaba ya sobre la alfombra, sabían cercana mientras dormía. Nunca se lo dije,que él actuara de igual manera. Así la explosión final, pero conocían con porque no quería que sintierahacían y, mientras peleaban con precisión el instante en el que bajar de violentados y vulnerados suambas prendas hasta deshacerse de ese estado de excitación sublime. intimidad y su descanso. Pero,ellas, las manos se confundían y Después de tantas delicias, él sugirió, después de escucharla varios díasalternaban entre el propio sexo y el -¿Te parece que preparemos la cena? conversar con su propiocontrario. Los labios se acercaban, sin -Nos vendrá bien reponer fuerzas. subconsciente, se me ocurrió, paraencontrarse. Este juego siempre les Lo mejor estaba por venir, la noche combatir el molesto hecho de noatrajo. Si llegaran a besarse en lo más prometía ser larga. poder dormir durante la noche, volverme su cronista silencioso, sin otro fin que la curiosidad sana y quemar el tiempo ocioso. Hablaba de todo y de nada a la vez. A veces simplemente tomaba retazos sueltos de ideas difusas Instante El corazón calé martilla que no parecían conducir a ninguna parte. A veces, simplemente, no parecían de ella. (Miguel Ángel Brito) su pecho de amante Como si alguien las hubiera mancillado tras acabar soltado ahí y su propia mente las en un instante, de dos rechazara y las expulsara. Un día, cuando la costumbre me zarpazos ciegos, con la permitió discernir mejor, descubrí amistad traicionada y el que Clareta recitaba casi a la amor sentido. Ahora en perfección uno de mis sueños, que su cabeza solo queda un ese día pude recordar, para variar, grito sordo y el vacío con claridad. Descubrí que Clareta, mientras yo eterno teñido de carmín. dormía durante el día, anotaba mis sueños, y ya no supe ni he sabido distinguir, en adelante, cuáles son míos y cuáles son de ella.10
  11. 11. Cansancio y soledad que se fuga. Se cruzarán vestidos, Las amo. Son mías perfumados, pero su paladar no sabrá (Francisco Concepción) (Amando Carabias) a beso, sino a café y tostada, y no tendrán caricias como salvoconducto — ¡Que llueva, que llueva…!Llegó desnudo al lecho, después de para el día, sino el vuelo indolente de Jajaja… Así crié a la primera. Asíhaber cenado su cansancio, envuelto un balón y el llanto indescifrable de laen ensalada y en tortilla, acaso infancia. Durante varias horas, el lugar edifiqué su mundo. No existíadistraído por el vuelo de un balón será trono de olvido, almacén de otro.indolente y caprichoso. Llegó silencios compartidos. De nuevo él — ¡Tengo miedo! ¡¡Ahhhh!!… Dedesnuda al lecho, después de haber llegará desnudo al lecho después de esa forma me suplicaba, lloraba.cenado soledad envuelta en ensalada haber cenado su cansancio envuelto Así me comporté con la segunda.y en tortilla, acaso distraída por el en un puré y en pescadilla, acaso Así tinté su existencia. Así esbocéllanto de la angustia infantil distraído por la historia de un crimen el mundo que le inventé. Suincomprensible. Y el lecho compartido imposible y farragoso. De nuevo ella universo, para ella tampocofue, como cada noche, dos murallas entrará desnuda al lecho, después de existía otro.de pieles silenciosas tejidas de haber cenado soledad envuelta en uncansancio y soledad, dos murallas puré y en pescadilla, acaso distraída Las quería de igual manera, deajenas y enfrentadas, dos murallas por el sueño de la infancia feliz e forma infinita. Pero la vida tiene undispuestas a olvidar que un día fueron incomprensible. Y como cada noche componente de suerte. A una leúnico castillo donde la madrugada era será el lecho dos murallas de pieles tocó el blanco y a la otra el negro.una fiesta de luces y caricias Lo siento mis niñas, mis silenciosas tejidas de cansancio y amores…Es la vida, yo no tengo laestruendosas, como mil carcajadas soledad, dos murallas ajenas y culpa.en la piel. Cuando al amanecer, enfrentadas, dos murallas dispuestasregresen los vigías a la almena, y las a olvidar que un día fueron único Cuando ambas supieron de lapupilas alcen sus portones, él se castillo donde la madrugada era una existencia una de la otra, todo selevantará cansado y triste, a ella la fiesta de luces y caricias desmoronó. Ser un Diossoledad le cubrirá los pasos estruendosas, como mil carcajadas en irresponsable hace que te derrumbespresurosos, engarzados al tiempo la piel. cuando dejas de serlo. ¿Por qué les tocó a ustedes? ¿Y a mí? La cena S e ampara en el camuflaje que presta una noche de luna nueva, sigiloso…, días y el compinche de tonalidades llamativas observa aquel felpudo rabo envanecido a pulmón lleno, entra a la granja puntiagudo ya inmóvil y, con su garra, le (Garla Kat) pasando obstáculos con añadida destreza. requiere al otro: “Anda tú y chequea que ya Consigue, entre el fosco ramaje, llegar esté frío”. El minino de color negro, disiente cerca del granero y husmea lo que puede. asustado con la cabeza “que él no irá”. Untado en la confianza del descuido, Entonces, el de las coquetas coberteras se prueba el tóxico alimento que el granjero aproxima en un revoloteo y aterriza sobre el había regado temprano en el lugar y, al inerte moteado de dos metros de longitud, y rebasar el tejadillo, involuntariamente emprende a picotear esa tibia y lustrosa comienza a restregarse violentamente masa manchada de rosetas. Con su contra el verde césped y en esa oscuridad inocente canto nocturno, llama a su detrás de la verja del granero; cuatro ojos compañero al festín: “¡Acércate a la cena…, impacientes prestan atención a esas gato cobarde!”. convulsiones; ¡cómo se revuelca ese cuerpo sobre el suelo!… su alma mansamente pierde el vuelo para perecer en la tierra. Los dos especímenes escondidos saborean lo que podría ser un banquete de varios 11
  12. 12. Ídolos de plata (Patricia Nasello)Está bajo el sol de la tarde, pisando con sus zapatosgastados la misma arena que en otras épocas estuvobajo treinta metros de agua. Enciende un cigarrillo ytrata de concentrar la mirada en ese círculo de llamaspequeño para no ver el otro, el que brilla enorme en elcielo, el que lo sofoca de calor y le hace doler lacabeza y ya lo tiene harto. Maldice el lago que no está,el arroyo al que ha quedado reducido, la sequía.De pronto una sombra lo cubre.Observa por encima de su hombro y ve que a susespaldas, en absoluto silencio, acaba de encallar unbarco de vela, muy antiguo, sin tripulantes.Siente que su corazón se desplaza generando otroscorazones que laten en las sienes, en la garganta, enlas piernas. Siente que el corazón de las piernas leestá fallando, teme caer sobre la arena ardiente.Desesperado por encontrar un punto de apoyo gira, pero es una belleza agresiva, que lo descoloca y lograrecuesta la frente sobre el cuerpo del barco que huele que ahora él se adivine más feo que hace un ratoa sal. El olor lo descompone, lo ofende, porque es olor cuando el intruso no estaba, logra que se sepa mása mar, porque esa arena resquebrajada que está imbécil. Continúa mirándolo fijo, quizá se trate de unpisando con sus zapatos gastados, jamás conoció el galeón español, quizá aún conserve su carga de ídolosmar. Y él tampoco. Ni le importa. Recuerda que cuando de plata robados.aquel profesor maniático de historia hablaba de las Un hilo de baba se escurre por sus labios, agua saladagrandes batallas marinas o de los ciclones que hacían que apenas toca el suelo, desaparece.naufragar las naves, él jamás atendió. —Si un animal mediocre se enfrenta al fantasma de un—¿Por qué no estudia? animal espléndido, ¿quién ganaría la pelea? —se—Porque el mar está lejos, es de otra gente. pregunta en voz alta.El barco trae a su memoria desavenencias que había Desde el centro de su vientre, donde siente latir al másolvidado. alocado de sus corazones, saca la fuerza que necesitaRetrocede algunos pasos, lo mira como se mira a un y con un movimiento torpe, arroja su cigarrillo aúnser peligroso. Reconoce que sus líneas tienen belleza encendido contra el velamen del fantasma. La edad de los árboles (Manuel Espada) D icen que se puede conocer la edad de un árbol contando las anillas concéntricas del tronco. El árbol que había sobre la tumba de mi padre tenía mi edad. Mi madre lo plantó cuando yo vine al mundo, justo el mismo año en el que mi padre murió en un accidente de tráfico. La visión de aquel manzano en la finca me perturbaba. Era como contemplar un árbol genealógico a la inversa, como una esquela de hojas caducas. Cuando cumplí los dieciocho años cogí el hacha y lo talé en finas láminas redondas como vinilos. Coloqué una al azar en el tocadiscos. Para mi sorpresa, el tronco tenía diecinueve anillas concéntricas. En el primer surco pude escuchar las promesas de mi padre y los llantos de mi madre. Cuando la aguja saltó al segundo surco escuché un sonido seco, como de crujir de huesos. Un leve quejido y el sonido de una azada removiendo la tierra. En el resto de anillas se escuchaba el sonido de los grillos y las plegarias de mi madre. Dicen que se puede conocer la edad de un árbol contando las anillas concéntricas del tronco, aunque para poder verlas, hay que cortarlo.12
  13. 13. S egún me acerco al pozo hago asegurarme el éxito. Unos instantes tintinear la bolsa del dinero, para después la cuerda se tensa y comienzo advertirles de mi presencia. Ellos el ascenso, tirando suavemente de lase revuelven inquietos y comienzan a soga. La polea chirría y hace tambalearchapotear ansiosos. Con un movimiento el recipiente metálico, pero no derramoágil retiro la losa que cubre el agujero y una gota. La intensa luz dorada quelanzo a las profundidades un par de mana del cubo me indica que hepiezas de oro. La violenta lucha atrapado un buen ejemplar, así que taposubacuática que se produce a la abertura rápidamente con un trozo decontinuación me indica que son muchos madera para evitar su fuga. Sin tiempoahí abajo por lo que no tendré problemas que perder me dirijo de nuevo al lecho deen atrapar alguno. No obstante, antes de mi padre moribundo, transportando a mibajar el cubo, introduzco una moneda en presa con sumo cuidado; fuera del aguasu interior a modo de cebo, para los deseos no son tan fáciles de atrapar. 13
  14. 14. Eterno souvenir (Ángeles Sánchez Portero) Treinta y tres caricias (Teresa Giráldez) No abriría los ojos. No. No los abriría. No quería sentir la fría luz sobre S su cama. No permitiría que el reflejo verde la alí de la pirámide de Keops, y volví a encontrarme invadiera. con aquel misterioso vendedor que continuaba Con los ojos cerrados, veía el mar azul en el paseo asido a su camello. de San Telmo. El sol limpiaba la blanca pared de su terraza, mientras el aire fresco de El Puerto Tras el lúgubre velo, que la oscuridad había colocado en acariciaba su piel, con olor a geranio y a canela. mis ojos, pude adivinar su presencia. Había algo de El dolor la hizo volver. Pero no abriría los ojos, no. enigma en el contorno de su mirada, como si aquellas Había evitado ese lugar durante noventa y seis maravillosos años. No podía verse así, en una líneas de kohol negro separaran dos épocas remotas e cama que no era su cama, en ese aséptico cuarto irreconciliables. Sumida en una especie de magnetismo, que no era su casa. me dirigí hacia su puesto, seducida como una serpiente Y fue entonces, entre su ira oscura, cuando la bien amaestrada. Le ofrecí todo lo que llevaba, unas sintió: una caricia en su mano, suave, cálida, pocas piastras que iba a llevarme como recuerdo del cariñosa. ¿Cuál de ellos sería? Cinco hijos y sus viaje a Egipto. A cambio me ofreció una esfinge, algo esposos, ya sus hijos también, nueve nietos,que cuarteada pero igualmente impasible. Al llegar al hotel, la se habían hecho dieciocho, y sus ocho coloqué en la maleta, mientras me reprochaba su compra queridísimos biznietos... Abrió los ojos.¿Quién estaba ahí? No veía bien. y decidía que, dada su condición de tullida, tendría que —¿Quién eres? —preguntó. quedármela para mí y colocarla en la estantería de —Somos todos, abuela —oyó, y lo sintió fuerte en artilugios desencantados. su mano—, todos. La ira había desaparecido. Cerró lentamente los Ya en casa, deshice la maleta y la saqué de su envoltorio, ojos, y una tímida sonrisa venció al miedo y al no sin cierto desagrado. La coloqué en el lugar menos dolor. Oía el mar en El Puerto y las risas de sus visible de la estantería, y traté de olvidarme de ella, de niños bañándose en el espolón del muelle... sus grietas, de su halo de eterna déspota, de su altivez guardó la caricia en su corazón, mientras sentía mutilada. Pero no lo conseguí. Día tras día y por más que que su alma se dividía en treinta y tres partes que barriera y barriera, mis pies iban dejando un reguero de volaban para instalarse en los que se quedaban, alojándose en lo mas profundo, donde las lágrimas huellas en la arena del salón de mi casa. no pudieran alcanzar.14
  15. 15. confuso, casi críptico, como Arcoiris forzándome a no claudicar, a continuar mirando hacia arriba, hacia (Ángeles Jiménez) el cielo, a la luz blanda de un nuevo día rebosante.El arcoiris se desplegó doble justo Volví a mirar en el momento justo enenfrente de mi ventana, pretendiendo que el cielo estalló en calambres que ¿Te gusta escribir?colorear un día definitivamente gris aliviaron la pesadez de un chaparróna m a ti s ta , c l a v a d o e n e l m a r contenido. Agua escandalosa queamoratado engañosamente malva, chapoteaba los cristales, lasfalsamente calmo en la oscuridad hortensias, los rosales, las uvas deldesdibujada que no acababa de parral. Que corría sobrada aconsentir la mañana. Se me antojó desaguarse pendiente abajo.una visión descarada, burlona de mis Bulliciosa, exuberante, sabrosa.tristes angustias que habían Agua sobre agua para mojar lo yadespuntado el día recargadas. Una empapado.ironía de colores fanfarrones. Pero La energía desatada al viento se meconsiguió clavarme a contemplarlo en ovilló al cuerpo para sacudirme desu quehacer magnético, hasta dentro a afuera. Me zarandeó losprofético. Me obcequé en leer entre pensamientos hasta que pudelíneas, entre tonos y matices. No reubicarlos. Cortó el círculo viscosoentendí nada, no conocía su lenguaje, de gris en gris para que del negro seno sabía leer entre colores. El gris me fueran destilando coloresempastaba el alma. inexistentes por no nombrados.Cerré la ventana para ocuparme sola Tonos irisados de matices nuncaen coser mis roturas, pero la cortina antes pronunciados, completamentetrasparentaba y adivinaba los arcos imprevistos, maravillosamentemulticolores del otro lado, como si improvisados. Y amaneció, que noquisieran mostrarme algo para mí fue poco. Servicio de limpieza (Ana Joyanes) Me obligo a limpiar la sangre. Cristales, paredes, las rendijas del entarimado, las salpicaduras en la tapicería. Desecho cualquier adorno que haya quedado contaminado, me deshago de cepillos, estropajos y baldes, refresco la habitación con ambientadores caros. Soy cuidadoso, no debe quedar rastro de mi tarea, pero mentiría si dijera que no confío en nadie: con los www.laesferacultural.com honorarios que cargo bien podría encargar la limpieza a especialistas que saben hacer su trabajo y mantener la boca cerrada. En cambio, limpio sus restos y borro así su recuerdo, sus miradas sorprendidas o espantadas, el olor de su miedo. Me ayuda a recordar que un día puede ser mi sangre la que otro limpie. 15
  16. 16. Desperté (José Francisco Díaz-Salado) Abrí lentamente los ojos. En la penumbra, aún somnoliento, comencé a pensar. Tirabuzones entrelazados que mi mente iba deshaciendo fluían con una claridad increíble. Pude ver en un instante tantas cosas claras, que llegué a creer que ese día algo había pasado en mi interior. ¿Dónde exactamente? ¿En mi cerebro? ¿En mi corazón? ¿En mis entrañas? A modo de fotogramas pasaron ante mí muchos años de mi vida. Años en los que todos y cada uno de mis actos, de mis decisiones, fueron aceptadas por mí como lógicas, como acertadas. Ahora no sé por qué motivo no lo entendía así. Comprendí que puse un parche a cada pinchazo en mi piel por el que se me escapaba la razón, el sentido común y la Minifalda credibilidad. (Alberto García Salido) En mí mismo no cabía todo lo hecho, todo lo decidido, todo lo realizado. La gente no sabe que sin piernas Entonces… serenamente… con infinita y no hay minifalda. Y María camina, dolorosa claridad lo sentí profunda e todas las estaciones del año, con intensamente… las piernas desnudas como una ¡Había despertado mi conciencia! amenaza. No importa, no hay vergüenza. Sacrifica estética y sacrifica salud. María sacrifica, con esas dos palabras ya tienes su lema. Disputa las baldosas con cada paso. No hay pie a su Radiografía (Yolanda Nava Miguélez) lado que le haga competencia. En el barrio la oyen venir y los viejos, de un instante los aburridos, los tenderos y hasta las mujeres bajo las gafas Te observo así: con la ) de sol la miran pasar. Ahí va clandestinidad como aliada. María con su minifalda en verano. Tus manos escarban la tierra Ahí va con su falda de menos de del jardín mientras tu boca cuarenta centímetros, atrapada tararea una canción. Apartas un entre copos de nieve que le mechón de pelo que cae - hacen adorno. La gente abre la rebelde-, sobre tu frente. Lo boca, una "O" mayúscula entre apartas con un gesto mil veces labios, los hombres sacuden las repetido y mil veces fascinante manos como para que la sangre y nuevo, para mí. Tu feminidad no se agote toda en el mismo aflora en ese vuelo fugaz de tus sitio. Ella, como una pantera, va dedos a tu pelo y se queda calle arriba y calle abajo haciendo prendida en mi embeleso. una jaula de envidias alrededor. Tus manos -rugosas y María no tirita de frío ni siente que delgadas-, aún atesoran la llueve cuando las gotas protestan suavidad conque todo lo han sobre el paraguas. A ella le da tocado; tus ojos, ahora más igual y abre el armario todas las apagados y acuosos, cuando mañanas para rescatar otro me sorprenden mirándote pedazo de tela, casi un cinturón, –como ahora, furtivo- se que le cubra los muslos hasta iluminan y ríen juguetones, donde tiene los cortes. Se peina, llenándome de rubor, como el se pinta y coge los bártulos. Las primer día que te vi. piernas le rozan un poco antes de entrar en el muñón.16
  17. 17. Corrígeme si me equivoco (Inma Vinuesa) S alí del zaguán, la luz del sol me daba directamente en los ojos, dejaba atrás un reguero de incertidumbre, intentaba averiguar la razón de tu desprecio. Mis pasos marcaban el ritmo de la angustia, sabía que no iba a volver a ver esos labios sensuales dibujando susurros en mi memoria. Intuir una explicación que borrara ese portazo, el sonido más afilado de aquellos momentos. Frenesí, con furia y sin lógica. Terca locura. Delirios de pasión. Primero desenfreno en tus mordidas, dedos que clavaban excitación en mi La actriz carne, inquietante danza de deseos, indescriptible contorno en tus curvas, el con ínfulas de mujer recuerdo del ardor que nos unía. (Fernando Villena Barba) Después el dolor, el desgarro de Ella simulaba sus enfados para que él se preocupara. perderte, la ansiedad de tu indiferencia. Él no se preocupaba porque sabía que los simulaba. Esa duda despojó tu sombra de mi Él se enfadaba de verdad porque no le gustaba que cuerpo, consiguió arrancar violencia de ella le engañara con falsos enfados. mi alma, desvaneciendo el único aliento Ella se enfadaba de verdad porque todo le había que nos ligaba. salido mal. Sagrada geometríaAguardando Le pesaban tanto los años de la suerte (Xavier Blanco) que había olvidado su edad. Se (Ana Joyanes Romo) miraba en el espejo: su cara No miraba a los ojos de sus marcada, estampada de contrincantes. No le interesaban. penalidades, su piel tatuada de Solo sus manos, las cartas que arrugas. Esos ojos tristes, afligidos, lanzaban sobre el tapete. Nada en dolientes. No se reconocía. Sólo un sus miradas podía competir con la ser humano decrépito, envejecido, magia de los números que bailaban apolillado, carcomido por el paso del en los naipes, ni sus gestos tiempo, por los años, por las penas, contenidos e impenetrables, ni sus por la supervivencia. miradas de admiración o de respeto, Intentó dibujar una sonrisa en ese ni las de frustración cada vez que espejo enmohecido, pero el reflejo dominaba la partida. no se dejó engañar. Una línea Acariciaba las cartas con unción, las cóncava, tenue, dispersa, adornó su barajaba como quien recita un fisonomía. Sólo un nuevo día en el mantra. Secretas reglas del azar, aún calendario. Hacía semanas que por descubrir, historias de guerra y esperaba, siempre tuvo un sexto amor, siempre cambiantes; fichas sentido para las cosas de la vida. como oro, desparramadas ante sí, su Se dejó caer en la silla, vida arrojada en los cúmulos de descorazonada, abatida. El cielo era naipes descartados. azul, la brisa de la mañana Había dejado que todo se le agasajaba su rostro. escurriera entre lances de cartas, Cerró los ojos, obstruyó su mente, atrapado por la sagrada geometría de disponiéndose para el aguardo. La la suerte. muerte es así de caprichosa, nunca Tal vez era posible otra vida. Tal vez. viene cuando se le espera. La reina de picas se deslizó entre sus dedos, la magia se materializó. De nuevo. 17
  18. 18. Una vez al año (Ana Joyanes Romo) CorreoA l fin llegó el momento que llevaban esperando todo el año. (Inma Lía)Ya anochecía y los niños se sentían más y más excitadospor lo que iban a vivir esa noche.—¡Para quieto, que no me dejas extenderte bien elmaquillaje! M anuel ha recibido una carta de Ana desde—¡Pero si ya está bien! —protestaba el pequeño— ¡Yo México. Ha sonreído mientras intentaba abrir elquiero salir ya! correo electrónico como si se tratara de un sobre.—Mami, ¿tengo bastantes ojeras? ¿Me pongo más verde No se acostumbra al frío de los emails, no sentir el tactoaquí, para que parezca pus? —interrumpía el otro. de la comunicación, el papel deslizándose sobre losLa madre lo miró de reojo y asintió, mientras añadía un dedos, el olor casi imperceptible de la persona que tepoco más de blanco a la cara espectral del otro niño. escribe. Los emails le parecen pequeñas cubiteras que—Un perfecto muerto viviente —aseveró—. Ya te puedes retienen las palabras de forma aséptica, como si éstasponer los harapos. ¿Vais a buscar a vuestra amiga Lina? estuvieran envasadas al vacío. Ha abierto la carta y leídoSeguro que os lo pasáis muy bien… Coge la bolsa para su contenido como si lo hubieran escrito con tinta delas chucherías, que tu hermano ya casi está… Y cuidado bolígrafo, lentamente la sonrisa ha ido huyendo de sudónde os metéis. No seáis impertinentes y no os separéis rostro, difuminada casi por completo bajo coordenadas dey… melancolía y sal. Hacía años que no sabía nada de Ana y—¡Que sí, mamá! —exclamaron, al unísono. su pequeña bolsita de sueños-esmeralda, demasiadosCuando llegaron al punto de reunión, tuvieron que años, y ella aún le hablaba de aquel océano cansado yesforzarse por reconocerla entre tanto vampiro, fantasma, del viejo faro al que solía acudir cuando notaba el tirón dehombre lobo y descabezado como había. La puerta del la ausencia. Al finalizar ha doblado la carta sobre lacementerio bullía con los seres que se apiñaban, como pantalla, cuatro dobleces de papel, dos de sobre y una encada año, inquietos y ávidos por salir de sus confines. el corazón.Una mano palidísima los saludó entre la multitud. Losniños se acercaron apretando el paso, empujando a unpar de zombies y a un gigante deforme que seinterponían en su camino.—¡Lina! ¡Draculina! —gritó Adalberto— ¡Vamos, que senos hace tarde! Atormentado (Nicolás Jarque Alegre)La niña llegó hasta ellos y se giró con un revoleo de capa,negra y carmesí. Al sonreír mostró su perfecta dentadura L e perseguían mortificando su existencia. Cualquierde vampiro. intento por huir había resultado un fracaso. El—¿Cómo estoy? Me gusta ponerme mi ropa, aunque sea cambio en el número de teléfono, de amigos, deuna vez al año. residencia, de nombre y de sexo de nada había—Estás muy guapa —afirmó Juan—, pero también lo servido. Desesperado intentó en alguna ocasiónestás vestida de “normal”. traspasar el otro lado, dejarse llevar. Naufragar en el Un esqueleto pasó junto a ellos, con entrechocar de océano, volar o dormir plácidamente, sin éxito. Intentoshuesos; un zombie agitó con una mano el brazo que se le en vano. Siempre volvían.había desprendido, a guisa de bandera, y gritó:—¡Fiesta! Me confiesa que ahora tieneLos monstruos se apiñaron detrás de él, atravesaron el un plan: ha conseguido unarco que separaba el camposanto de la tierra de los vivos billete de polizón en unay lo siguieron, camino de la ciudad, entre risas y gruñidos. nave espacial de la NASA,Adalberto, Juan y Draculina se alejaron en otra dirección, con el propósito decorreteando por las calles oscuras. Aporrearon los timbres abandonarla una vez esté ende cuantas casas encontraba, mostrando las bolsas al orbita y arribar a la Luna. Sigrito de “¿Truco o trato?”. aún así le encuentran,Draculina reía y daba saltos y compartía sus regalos y promete quemarse, esta vezabrazos con Juan y Adalberto. por fuera. Yo le escucho,Ser una niña vampiro a veces es muy aburrido, teniendo nada le digo, sólo tacho suque aparentar que eres una humana pálida y enfermiza nombre de mi lista deque no puede salir a la calle. pacientes. Él no sabe, noMenos mal que hasta los monstruos tienen la suerte de quiere entender, que sushacer amigos. Menos mal que una vez al año llega la problemas siempre viajaránnoche de Halloween. con él.18
  19. 19. Sin mi (Isabel Mª González Verdugo) Como tantas veces había hecho de niño, me escondí. ¡Dani! Entonces lo hacía en aquel baúl de ropas viejas La tejedora que conservaba el molde de mi cuerpecillo desde la última vez. Desde allí oía mi nombre a gritos, ¡Daniel!, la ira en los pasos que se acercaban al lugar de siempre, los latidos de mi corazón que se había ido haciendo un de palabras sitio en mi garganta, ¡Daniel Fernández!, mi llanto estéril que nunca había podido evitar que él me arrancase de allí entre gritos y golpes, como siempre. Luego llegaba el (Miguel Ángel Brito) alivio, cuando por fín acababa, y se iba, y me dejaba allí en el suelo, abandonado entre el desorden de los traposE lla, la Tejedora de palabras, desenreda madejas de pensamientos. Sus manchados de sangre, un feto encogido que nunca debió pensamientos son de colores. Colores nacer para vivir así. Aquella mezcla pastosa de olores, adesconocidos, inventados. Colores que se naftalina, sangre, semen y alcohol; aquel sabor salado demezclan y superponen con transiciones y sin mis mocos y mis lágrimas, tan inútiles como yo, nunca hebrusquedades, llenos de matices claros y dejado de sentirlos incluso en situaciones como la deoscuros que enriquecen las tramas, y regala a hoy, sigo escondido con ellos en aquel baúl, cada veznuestros ojos bellas prendas que nos cobijan más encogido, un feto grande al que apenas le queda unen invierno y refrescan en verano. resquicio para empuñar un bolígrafo y sostener unMuchas veces, al ver sus trazos, me pregunto cuaderno entre sus manos de viejo. — ¡Daniel Fernández!— salgo finalmente a recoger elde dónde saca sus patrones de confección.Cómo acierta con esos trajes de palabras premio.hechos a medida. Cómo sabe siempre Todos me miran y me aplauden, creyendo que estoyescuchar la voz de los silencios y fijarse, a un aquí, pero yo tampoco me quiero.tiempo, en el matiz esencial de los ruidos delhombre. Aún sigo sin saberlo... A buen seguro,sus virtudes provengan de la divinidad de suspensamientos que ella maneja a su antojo,acercándolos para ser tocados por unos pocoselegidos para luego volverlos al refugio dondecrecen y engordan de las vivencias que losalimentan.Me siento afortunado de haber podido tocarsus pensamientos y de conocerla. De conocera la Tejedora de palabras. De ver sus hábilesmanos ejecutoras de ideas y de oir su risaabierta y envolvente. De sentir su mano amiga.De verme en su mirada franca y de dejarmemecer por el embrujo de frases hilvanadas porel hilo de su voz.Teje, amiga. Sigue tejiendo. Nunca dejes dehacerlo.¡Abríganos con tus palabras! 19
  20. 20. El coleccionista compartimentalizado. Las ideas deben mantenerse claras, frescas, El coleccionista es riguroso. El coleccionista de ideas saca su de ideas íntegras. Ante el peligro de una mezcla explosiva, que podría ser libreta, que siempre lleva a mano. Abre el abanico en su mente y (Teresa Giráldez) letal, el coleccionista se mueve elige una idea, la más dulce, la despacio, habla poco y mira más preciada. Con cuidado, conE l coleccionista de ideas siempre está despierto, atento al paso efímero deun pensamiento. No es impaciente.No es caprichoso. intensamente. Hay quienes le cariño, la transforma con su letra impecable y la enreda en el papel con la fuerza de un texto. Lo lee. Lo pule. Lo deja descansar un día. Es concienzudo.El coleccionista de ideas no No puede esperar a ese momento,desperdicia nada. Escudriña su ya cercano, en el que se reuniráalrededor y, en cuanto la ve, no la con sus amigos, otrosdeja escapar. Puede surgir de coleccionistas de ideas. Encualquier parte: alguien que pasa cualquier tasca, en torno a uncorriendo, un viejo enfadado, un buen vino, comparten sus libretas,anuncio en la televisión, una con corazón y pensamiento.noticia, una voz en la ventana. toman por loco. El coleccionista de ideas mira alAlcanza esa idea, la anuda con su A menudo repasa, selecciona y cielo y sonríe. Es, ante todo, unimaginación desbordante y la elimina las ideas que, ya por romántico, y piensa que tieneguarda con cuidado. viejas, ya por pobres, deben ser suerte de vivir en este mundo. UnEl cerebro del coleccionista de desechadas para hacer sitio a mundo lleno, fundamentalmente,ideas esta rigurosamente otras nuevas. Es un proceso lento. de ideas. Cuando despierte (Xavier Blanco) seguiré allí H ace días que no escribo, borroneo pero no intuyo. Lo intento sin desmayo. Miro, indago, pero no encuentro nada. No soporto este pulso infame, esta lucha fratricida. ¿He perdido la imaginación en el sendero de las sombras? ¿Me habré enemistado con la fantasía? ¿Se expatriaron las quimeras? Me siento extraño, en otro cuerpo, en otra existencia. ¿Dónde están los delirios, las princesas, dónde los unicornios alados? Es tan difícil entender que han desaparecido las palabras, que han abdicado los fonemas, que las imágenes se han velado. Me percibo acorralado por mi propio espejismo, convertido en solitario náufrago de mis deseos. Los sueños ya no me sobrevuelan, no gorjean en mi nido, sólo resuenan graznidos que profetizan noches imperecederas. Tal vez ya no queden historias por fabular, ni cuentos que contar, quizás la ficción y la realidad son la misma cosa. Ahí fuera llueve nada, llueve miedo, llueve sangre. Transitar por el alambre, funambulista en el precipicio del fracaso, hecho trizas de ponerme a prueba, de este examen perpetuo, de perseguir descalzo, exhausto, el hedor del éxito, el olor de la suerte. Subsistir en el vórtice del desconcierto convertido en un ermitaño de ilusiones, desnudo, auscultando la luna gris garabateando la intemperie. Los ojos obstruidos y el abismo de la mirada indagando la línea del horizonte, que se escapa como un reloj que avanza desbocado. Tal vez ser el problema o sólo parte de la solución. Colegir que la vida algunas veces tiene razón: se derretirán las nieves, alboreará un nuevo día, se encenderán las pupilas apagadas, sanarán los sueños malheridos, regresarán las historias, las leyendas y los cuentos. Volver a ser un gigante. Cuando despierte seguiré allí.20
  21. 21. Ojos líquidosdel náufrago La botella(Ángeles Jiménez) (Sandro Centurión) ¡La memoria de mis manos! (Corina Iglesias) Ojos líquidos de insondable mirar, de centelleos acuosos que invitan a explorar oscuridades ignotas. Ojos misteriosos que imantan voluntades atrayéndolas a sus profundidades abisales para sumergirse hipnóticas a buscar más abajo, más adentro. Ojos solitarios anhelantes de ser examinados, deseosos de iluminar y ser iluminados, ignorantes de su poder silencioso. Mirada fina, a veces afilada y otras sombría cuando se debate en las incertidumbres delH abía logrado una buena marcha, y pasó él, en su claroscuro. La luz que penetra todavía solo a medias por bicicleta de doble asiento. Hizo temor a que alumbre rincones en tinieblas, sin sospecharunas piruetas de palomo enamorado y que la claridad volatilizará los miedos espectrales adheridosse ofreció a llevarme. al fondo de la caverna que empieza a agrietarse. Hacia arriba y hacia afuera el día resplandece exuberante,-¿Hasta dónde?- Le pregunté pletórico y fecundo, sobrado de la vida. La tentación es bidireccional: la mirada líquida pulsa por derramarse atravesando los muros represivos de la contención,-Hasta el final- me respondió. incontenibles, ingobernables, descontrolados, desbordantes, exultantes.Cierto día, sin más, me sacó la bicicleta Y la luz lo invadió todo, y no quedaron vampiros en el reinoy me dejó pedaleando en el aire. de los mortales, ni fantasmas diurnos, ni deseos reprimidos, ni príncipes ni princesas.-¿Qué pasó?- pregunté Ojos, miradas, amores líquidos, lo humano también es líquido, no sólido, sino líquido.Nadie respondió.Ahora, sólo lo encuentro en misrecuerdos más gratos, pero mi razón, La enferma (Isabel Martínez Barquero)cargando la vergüenza de haber sidoseducida y abandonada en labanquina, prefiere pensar que se trató Estaba tan enferma que acabó con todade una ilusión óptica. su familia.Yo sé que el cuerpo tiene su propia Uno a uno, cayeron todos en susmemoria, por eso puedo tipear sin desvelos por cuidarla. Las largas nochespensar el teclado, por eso pude andar de hospital y la atención constante a lasen su bicicleta después de casi 20 años súplicas de la impedida fulminaronde no usar una, y por eso, algunas aquellas naturalezas fuertes. Desolada, recuperó la salud para nonoches, antes de dormirme, mis marchitarse ante la vigilancia lánguida demanos hacen una extraña danza, quienes, por sus oficios, no vibraban condibujando la silueta de otras manos el apasionamiento necesario queinvisibles. requería su postración. La niña enferma, de Edvard Munc 21
  22. 22. El raro (Miguel Ángel Díaz Fuentes) Ilustración: Paula Plaza Me cruzaba con él casi todas las mañanas, camino acostumbrado a ser humillado que impregnaba cada del trabajo, al atravesar apresurado la calle 41, su uno de sus actos. Tan sólo contemplé en su cara una territorio de influencia y hábitat particular. Absorto en cierta satisfacción cuando decidí compensar mi sus pensamientos, siempre con la cabeza gacha y la atropello, invitándole a un café y un bocadillo en el mirada perdida, como si el suelo fuera un abismo bar ante el que se había producido el incidente. insondable. Rumiaba frases y su discurso dejaba Y así, entre mordiscos a un sándwich de jamón y escapar de vez en cuando una queso y sorbos de café, fue sonrisa inocente que delataba el desgranando su vida ante mí con anhelo de una felicidad que lentitud, orgulloso de tener por fin nunca pudo alcanzar. A simple delante a un interlocutor que no vista, con aspecto andrajoso, miraba su aspecto con desprecio. barba descuidada y kilos de sobra Descubrí al ser humano escondido para repartir por el barrio, se tras esa imagen descuidada; el trataba de un personaje más de que disfrutaba coleccionando los que pueblan el espectro de los bolsas de plástico de diferentes marginados sin techo de colores y tamaños; el que acudía a cualquier ciudad. Nadie en su la estación de tren cada tarde para sano juicio hubiera apostado un respirar ese olor metálico tan céntimo por la suerte de un característico y agradable a su individuo tan prescindible, cuya sentido olfativo; el que se tumbaba trayectoria en la vida se boca arriba en el césped del presentaba a todas luces corta y parque con la única intención de anodina. ver pasar las nubes… Un El destino quiso que nuestros personaje cercano y convencional, caminos se entrecruzaran en una con el que la vida no tuvo fría mañana de otoño. La compasión y condenó desde muy urgencia y las prisas por no llegar joven a la oscura prisión de la tarde a mi trabajo se dieron de marginalidad. bruces con su despiste e introspección, provocando un encontronazo entre Hace una semana me abofeteó la noticia y su foto en ambos en plena acera, del cual salió bastante más un periódico local: lo encontraron colgado en un solar perjudicado él que yo: tumbado en el suelo tras abandonado. Se había quitado la vida fabricando una tropezar con mi torpeza, con un vaso de papel vacío a soga con fragmentos de ropa y trapos viejos; ni su lado y los restos del que supuestamente iba a ser siquiera tuvo la ocasión de acabar con sus días en su líquido desayuno, desparramados por los condiciones, sino rodeado de escombros y con una adoquines. Aceptó mis disculpas a regañadientes, con cuerda miserable e improvisada. Fiel reflejo de su un talante huidizo y esa sensación de animal existencia… (Dácil Martín) Su a-roma me llevó a buscarlo a la terraza, había servido A-roma la mesa con bollos y fruta. Su voz matinal sonaba ronca, resultaba graciosa oírla alentándome a tomar un descafeinado. Lo compré para ti, me confesó. Relvolví la leche manchada de aquel polvo hasta disolverlo. Y desapareció dejándome sola unos instantes para luego volver con un libro de poemas. Leímos uno que le gustaba sobre un café y una pareja que se acaba. No, no es un presagio, me dije. Terminamos el desayuno asomados al balcón compartiendo muy juntos un cigarrillo, mirábamos a la gente pasar y a las nubes en aquel azul intenso espejo de nuestro a-roma.22

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