Microhistoria de un mundo hecho pedazos¿Friedrich Nietzsche, hoy?                                     24 Marzo 2009       ...
2. Así habló Zaratustra. Acaba de                                                    aparecer una nueva edición de la obra...
La experiencia nos muestra la dificultad de encontrar en la vida personas tan honestas,íntegras en su pensar y actuar como...
confrontar a los viejos órdenes anclados en formas precisas que se nos presentan sofocantes,llenas de abstracciones y espe...
impuestas por los discursos hegemónicos creados por los dioses o por los hombres, que hancorrompido el mundo a través de l...
Al observar el mundo cristiano, en el Evangelio de San Juan, vemos que Dios ha creado estemundo como es: un mundo sensible...
mundo. Descubrir el ritmo de los astros, comprender los ciclos de cambio continuo de todaslas cosas, establecer la relativ...
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Microhistoria de un mundo hecho pedazos

  1. 1. Microhistoria de un mundo hecho pedazos¿Friedrich Nietzsche, hoy? 24 Marzo 2009 1. El mundo de ayer. Friedrich Nietzsche, hoy. ¿Todavía hoy? ¿No cometeremos un anacronismo al volver sobre él, sobre su obra? ¿No será, acaso, un autor del siglo XIX? Si muere en 1900, ¿qué interés puede tener su obra para nosotros? Su vida, en efecto, transcurre en un mundo que no es el nuestro, un mundo aparentemente fijo: el de la sociedad respetable del Ochocientos. Por ello, sus obras están destinadas a nuestros antepasados, los burgueses que hacen del provecho y del recato sus ideales. Ser burgués es ser ciudadano, tener arraigo y acomodo, residir en un lugar y reunir propiedades: disponer de bienes para la familia, patrimonios que son recurso y emblema de apellidos que han de perdurar. Nietzsche escribe en esa Europa, ¿pero escribe para esa Europa? “Yo no soy boca para estos oídos”, admite el autor con engreimiento en alguna de sus páginas En efecto, aquellos oídos eran los de una Europa estable poco dada al estrépito. “Cada cual había vivido su vida singular”, decía Stefan Zweig cuando la describía melancólicamente en El mundo de ayer. “Una sola, desdeel principio hasta el final, sin grandes altibajos, sin sacudidas ni peligros, una vida conemociones pequeñas y transiciones imperceptibles, con un ritmo acompasado, lento ytranquilo: la ola del tiempo los había llevado desde la cuna hasta la sepultura”, añadía.Aquellos burgueses distinguidos, gentes de orden, “vivieron en el mismo país, en la mismaciudad, incluso, casi siempre, en la misma casa; todo lo que pasaba en el mundo exteriorocurría, en realidad, en los periódicos: nunca llamaba a su puerta”, insiste.No siempre era así, es cierto: había inquietos burgueses que se desplazaban, que viajaban oque hacían con su mundo interior algunos experimentos. Pero para uno que visitaba lugaresextraños o parajes distantes, para uno que se trastornaba con lo inesperado, había muchosmás que buscaban el arraigo de lo previsible, de la vida doméstica: el gobierno del negocio yde la moral. Para esos viajeros, los conflictos o los cataclismos podían vivirse de cerca, con elasombro de la novedad o de lo inaudito. Pero viajar o desarraigarse por aquella Europa erauna tarea más enojosa que arriesgada y, sobre todo, requería mucho empeño.“Es cierto que en su época en algún que otro lugar también estallaban guerras”, dice Zweig,“pero, si las medimos con las dimensiones de hoy [1940], no se trataba sino de guerras pocosignificantes cuyo teatro, además, se hallaba lejos de las fronteras; no se oían sus cañonazosy al cabo de medio año ya estaban apagados sus focos y olvidada una más de las secaspáginas de la historia, y la vida de siempre no tardaba en volver a instalarse de nuevo”,concluye Zweig.Ese orden aparentemente fijo no es el de Nietzsche. Y él mismo era consciente de que susdestinatarios no eran esos burgueses respetables de cuyo mensaje se apartan espantados.“Ovillados en la seguridad, las posesiones y las comodidades, ¡cuán poco sabían que la vidatambién puede ser exceso y emoción, que puede sacar de quicio a cualquiera y hacerle sentireternamente sorprendido!; ¡cuán poco se imaginaban, desde su liberalismo y optimismoconmovedores, que cada nuevo día que amanece ante la ventana puede hacer trizas nuestravida!”, concluía Zweig.Pues bien, Nietzsche hizo trizas su propia existencia, una existencia de exceso y emoción quele hizo sentir eternamente sorprendido, desprendido de la seguridad, de las posesiones, de lascomodidades. En él se mezclarán vida y obra: se mezclan hasta hacer de sí mismo la creaciónque a nadie debe.
  2. 2. 2. Así habló Zaratustra. Acaba de aparecer una nueva edición de la obra más famosa de Nietzsche: Así habló Zaratustra. La publica Cátedra en su colección “Letras Universales”. La edición y la traducción son de Luis A. Acosta. Es la obra más conocida, la más literaria, la que siempre quieren leer quienes empiezan con Nietzsche y, probablemente, la más desaconsejable para iniciarse. Aprovecho esta versión para releer este gran libro de Nietzsche. ¿Por tercera, por cuarta vez? 2001. Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick, se estrenó el 2 de abril de 1968. En España, el primer pase se hizo,posterior y simultáneamente, en Madrid y Barcelona el 17 de octubre de 1968. En Valenciallegaba a las pantallas en la Navidad de 1968, en el Cine Paz. Es una sala ya desaparecida.Estaba en la Calle Ruzafa y tenía un aforo de dos mil butacas. Fue entonces cuando la vi.Acudí al cine acompañado de mis padres. Yo contaba nueve años. Quedé fascinado, segúnconté en una ocasión anterior en este blog. Por descontado no entendí gran cosa. Luegohe regresado en numerosas ocasiones, tratando de comprender el mensaje que Kubricktransmitía. Por supuesto, la lectura y relectura de Así habló Zaratustra han sido tareas a lasque me he aplicado, condicionado por aquella impresión primera y estimulado por el propioNietzsche.Sin duda, uno de los elementos más poderosos del film era el poema sinfónico de RichardStrauss con que Kubrick fantaseaba, titulado –también– Así habló Zaratustra. Es una piezaque data de 1896. El músico dijo en alguna ocasión que al componerla su intención no habíasido la de recrear la obra de Nietzsche, sino la de sugerir la evolución humana: “he tratado dedar cuerpo al conflicto entre la naturaleza humana tal como es y los intentos metafísicos delhombre por dominarla con su inteligencia, hasta llegar finalmente a la conquista de la vida porla carcajada”. Curioso detalle. ¿Es que acaso hay que tomar a risa la vida? En Kubrick hay untrato jocundo y grave del ser humano. Y en Nietzsche hay apuesta, sátira y carcajada.Nietzsche hoy: una propuesta filosófica al futuroEs incomprensible lo comprensible que puede ser el pensamiento de este filósofo póstumo. Seha escrito una enorme cantidad de textos inspirados en su obra, que pueden asombrar por suerudición, pero sorpresivamente poco se ha escrito sobre lo que realmente era su posturafilosófica, pues partía de la física, que no es la ciencia que ha caminado de la mano de lafilosofía, y menos de la teología. Nietzsche manifiesta “Viva la física” como una muestra parainterpretar el límite de su postura, y la única forma de leerlo. Sabía las dificultades decompresión que enfrentarían quienes se acercarán a sus escritos. No obstante, suspropuestas son comentadas y es citado por una gran parte de los estudiosos del mundo en losúltimos 140 años.Un ejemplo que nos pudiera acercar a la física actual, considerando a ésta como el estudio deldevenir, y por lo tanto el pensamiento integral de Nietzsche, se encuentra en el pájaro máspequeño que conocemos: el colibrí. Lo muestra admirablemente don Alfonso Reyes: “Larealidad resultó superior a toda expectativa y a toda posible descripción. Y aumenta el encantode la aparición la circunstancia de que este diminuto ser es inasible. Semejante a lasimágenes del sueño, aparece cuando menos se le espera, y huye cuando más nos atrae. Lamano del hombre sólo puede tocarlo una vez que ha muerto. Es decir, cuando ya ha perdidosu principal encanto, aquella vivacidad de que sólo hace gala cuando anda en su reino florido”.[1] Aquí se encuentra la descripción de la realidad de la cual somos partícipes y que Nietzscheempezara a comprender desde sus escritos de juventud, como lo muestra en “El nacimientode la tragedia o Grecia y el pesimismo”.
  3. 3. La experiencia nos muestra la dificultad de encontrar en la vida personas tan honestas,íntegras en su pensar y actuar como lo fue Frederick Nietzsche. De ahí su fuerza para hablardel Cristianismo, Wagner, Platón, Hegel, Kant, Razón, Ser y por qué no decirlo, de todo lo queintentara matar al colibrí o quienes han tratando de detener por medio del pensamiento aldevenir cósmico.Muchas fueron las fuentes de inspiración de Nietzsche para integrar su pensamiento –quedebiera ir más allá del siglo XXI, por la vigencia que muestra día a día–: Beethoven,Schopenhauer, Heráclito, el siglo XIX, su época, Alemania, Francia con el espíritu latino, sinolvidar un sinnúmero de experiencias propias que le permitieron acercarse al entendimientodel devenir desde joven, en un proceso que duró años y que culminó con la comprensión de loque entendemos por realidad con cara al futuro. Nos referimos al ente en su totalidad queahora podemos representar como “el cosmos”, y que en forma filosófica muestran la voluntadde poder y el eterno retorno, que describen el pathos del cosmos como el sufrimientoexistencial del movimiento de todas las cosas, o sea, el devenir como fuerza creadora.Hegel, Lassalle, consideraron a Heráclito como el filósofo del cambio o del devenir. Filosofíaque se oponía a Parménides, el filósofo de la inmovilidad o del ser; posturas antagónicas quede alguna manera han marcado la muerte o vida de nuestro colibrí. Para Heráclito una cosa essaber mucho –como ahora lo demuestran un número importante de escritores que interpretana Nietzsche– y otra es el entendimiento, más aún de una filosofía póstuma como la de ambos.Lo importante para Heráclito es el saber de lo esencial: “Lo sabio es uno: conocer converdadero juicio de qué modo las cosas se encaminan a través de todo”. Éste saber nosacerca a la física contemporánea, es decir, la conciencia de que todo fluye y está en perpetuomovimiento, pero como veremos más adelante, no se nos presenta en forma caótica, sino queconlleva la mesura, venerada por los griegos en el mismo altar, por medio de sus dioses Apoloy Dionisio. El mismo Nietzsche describe lo apolíneo y dionisíaco que conforman todas lascosas, y culmina Albert Einstein con la teoría de la relatividad E=mc2, que nos da cuenta de loapolíneo y los dionisíaco del cosmos.En su Metafísica, Aristóteles señala: “Heráclito dice que toda las cosas fluyen y que nadapermanece quieto, y, comparando las cosas existentes a la corriente de un río, dice que nadiepuede sumergirse en él dos veces”. O sea, él que se sumerge en el mismo río fluye endistintas aguas.Monstruoso (Ungeheur) lo que desborda la dimensión apolínea[2]. Lo que los hombres hanbuscado con desmesura: la Certeza, la Verdad, la Metafísica, el Yo, un Mundo más allá, elSer, la Razón, el Concepto, fueron para Nietzsche lo que pudo censurar, porque estas formasprecisas buscaban lo que el ente en su totalidad no podría aceptar, porque rompería con supathos. Esta censura –no por ello menos propositiva– sólo podría hacerse a martillazos,escrito por escrito, pensamiento por pensamiento, a través de una obra poética, llena deaforismos, sin temores, con la honradez que los grandes hombres han plasmado en su pasopor el mundo, sin perder el sentido de la amistad, del amor; a pesar de saber que seríaincomprendido por sus aparentes enemigos, los seguidores del Cristianismo, Wagner, Cósima,Sócrates, Platón, Strauss, Hegel, Kant y tantos otros pensadores e instituciones que deseabanromper con la realidad que se nos manifiesta, sin lograrlo porque esta misma lo imposibilita.Ir en contra de lo establecido por las tradiciones se presentaba a Nietzsche como una tareanada fácil, porque para él mismo representaba un sueño que había que hacer realidad. Suspropios instintos le mostraban el camino para ir formando sus múltiples aportaciones alconocimiento, provocando por medio de sus escritos la necesidad de una reconstrucción delpensamiento. Empezando por cuestionarnos lo que somos, para generar la posibilidad de quepodríamos tomar otro rumbo distinto al que nos señalan las tradiciones. Para Nietzsche elhombre necesitaba una reconsideración como forma de tomar nuevas fuerzas, que pudieran
  4. 4. confrontar a los viejos órdenes anclados en formas precisas que se nos presentan sofocantes,llenas de abstracciones y esperanzas. En el fondo sólo ilusiones que no podrían materializarseen el futuro de ninguna cultura. Nietzsche buscará a través de su trabajo la apertura de nuevoshorizontes vitales, y tiene como premisa principal hacerse cargo de la libertad misma delhombre, incrementando las posibilidades propias para la transformación y liberación de lascargas impuestas a cada uno de nosotros por una cultura dominante. Y es en este rubrodonde la libertad se desplaza, donde la responsabilidad tiene un campo más amplio pararealizar su tarea, un mayor compromiso, que nos puede acercar a relaciones inmediatas con elmundo y con aquellos que lo habitan.Al principio de la obra de Nietzsche se puede apreciar la necesidad de valerse de lametafísica, porque el conocimiento de su tiempo no le permitía desfondar la metafísica comofuese su intención de vida. Sin saberlo, pudo intuir lo que la física del siglo XXI ahora aceptacomo propósito de su estudio, que no es otra cosa que la interpretación del devenir, que loacerca al pensamiento de la voluntad de poder y el eterno retorno, todo esto recurriendo a lametafísica. Nos dice Nietzsche: “El verdadero mundo es música.”[3] Usando la música comosinónimo del ente en su totalidad, el cosmos o el cuerpo como la gran razón, sin ocultar laradicalidad con que enfrentará a sus contrarios cuando afirma en su decir: “Todo lo que (…) nose deja aprehender a través de relaciones musicales engendra en mí hastío y náusea”[4]. Estosignificará para Nietzsche un sí o no para los filósofos, teólogos y pensadores de todos lostiempos y es motivo para que lo acusen, entre otras cosas, de metafísico, algo que con eltiempo se desvanecerá.Es conocida por los lectores de Nietzsche su cercanía con la música. Como músico, comofilólogo, como filósofo, sin olvidar su amistad con Richard Wagner, y su esposa Cósima; laadmiración que tuvo por Beethoven y la de su educador en sus primeros escritos:Schopenhauer. La música como interpretación metafísica de la realidad del mundo parte de laidea de la diversidad, pluralidad, perspectivismo de los ritmos y tiempos musicales, lo mismoque interpretará la física del siglo XXI sin necesidad de recurrir a la música y menos a lametafísica. La música desde esta perspectiva metafísica había permeado a los pensadores devanguardia del siglo XIX, siendo Nietzsche el que la llevara a sus últimas consecuencias,convirtiéndola en el fundamento del mundo: “Uno de estos misterios es el parentesco internoentre ola, música y el gran juego del mundo, consiste en morir y devenir, crecer y perecer,imperar y subyugar”[5], siendo en su primera época la música de Wagner su parámetrofilosófico, al apreciar su melodía infinita: “la melodía infinita, perdemos la orilla, nosentregamos a las olas”. Nietzsche de esta manera interpreta el devenir como movimiento,mostrándonos las similitudes entre la música y las olas; ambas rompen, con sus movimientosrítmicos. Así, con estos ejemplos Nietzsche acerca su pensamiento a la física y se alejapaulatinamente de la metafísica. Algo volverá a sucederle al desprenderse, sin desearlo, de suamigo Wagner y de Cósima, la posible Ariadna de su corazón, ante su dilema con lassinfonías de Beethoven. Como el arte más allá de todos los artes, música sin palabras quepudieran representar un deseo de los hombres, música como devenir del mundo, como fuerzacreadora en sí misma. Wagner ante el cuarto movimiento de la novena sinfonía, afirma lanecesidad de la palabra para comprender su melodía infinita como representación del mundo,donde la música por sí misma carece del sentido que el hombre le puede dar, quitándole conesta interpretación el espíritu de libertad que tiene nuestro colibrí, que vive en un mundoflorido, lleno de movimiento y no en la abstracción del concepto. De ahí que Nietzsche quieramodificar al lenguaje, los conceptos y el pensamiento, haciendo música con ellos. Nietzscheno cuestiona la amistad que lo une a la familia Wagner, sino los fines que le quiere imponer ala música como representación del mundo, situación que lo confronta con su maestro, a quienquerrá, a través de su vida, con sincera amistad.Nietzsche, como uno de los filósofos de la posteridad, nos alerta a los que ahora habitamos elmundo, de la necesidad de levar anclas y arriar las velas, navegando bajo nuestra propiaresponsabilidad para aspirar a un nuevo comienzo, deshaciéndonos de las ataduras
  5. 5. impuestas por los discursos hegemónicos creados por los dioses o por los hombres, que hancorrompido el mundo a través de la historia. El camino que Nietzsche nos pide sigamos, es elsentido de la tierra, del cosmos o ente en su totalidad, del devenir como una voluntad de poderde fuerzas creativas, musicales y, por lo tanto, artísticas. El camino metafísico que élconstruyó primero con apoyo de la música, el arte, desemboca en el origen de los valorescomo clave para la interpretación de la tragedia griega con el descubrimiento de laconjugación de poderes disímbolos de los dioses Apolo y Dionisio. Nietzsche los entiende conrasgos artísticos, un Apolo para cada Dionisio y una realidad dionisíaca que sólo puede serexperimentada apolíneamente, donde prevalecen los instintos como fuerzas creadoras delcuerpo en consonancia con la realidad cósmica en que nos encontramos sumergidos. Dionisioy Apolo representan la batalla constante entre la desmesura y el análisis singular de losfenómenos, que se unió mesuradamente en el campo supremo del arte trágico y que ahora semesura por el pensamiento en la física con la teoría de la relatividad de Einstein; donde loapolíneo está representado por la masa y lo dionisíaco por la energía, donde el todo cósmicose conjuga. Los instintos son la energía creadora del cuerpo, la visión dionisíaca del mundo yel cuerpo la masa apolínea de la forma, o sea, la duplicidad del arte apolíneo y dionisíaco,donde cada ser humano se presenta ante la bella apariencia de los mundos oníricos, en cuyaproducción cada hombre es artista completo y música para nuestros filósofos. Los instintos,reflejo artístico del cosmos, donde todo lo existente se encuentra como una tendencia haciauna voluntad no individual o colectiva sino como lo manifestó Schopenhauer: “El centro y elnúcleo del mundo”. Los griegos. Esos instintos artísticos de la naturaleza. Y Aristóteles:”Laimitación de la naturaleza”.La voluntad, como concepto metafísico que Nietzsche introdujera en su pensamiento en basea las enseñanzas de Schopenhauer, ha sido la clave para que ahora, en el siglo XXI, podamosinterpretar las intenciones de Nietzsche para liberarse de la metafísica, convirtiéndose en elestudio filosófico y físico que nos pueda permitir afrontar nuestra responsabilidad con cara alfuturo. La metafísica se da a la tarea de encontrar fundamentos excelsos que no esténcontaminados de humanidad, para entonces fundar las “razones” o ”sentidos” del mundo apartir de la hipoteca del hombre[6], principios que le vinieron bien al cristianismo y a losdiscursos hegemónicos. La metafísica se afianza en encontrar principios universales quesirvan de paradigma para determinar lo que son las cosas radicalmente y olvida que en elmundo es necesario comenzar cualquier tarea empíricamente[7]. Ante esta situación, lo quepretende Nietzsche es enseñarnos a plantear problemas, al advertirnos que la metafísicaoccidental busca la trascendencia, construyéndose distintas morales provenientes de fuerzasdistintas en lugar de preguntarnos por el “quién” que hace la pregunta. La pregunta ¿Quién?,según Nietzsche, significa esto: Considera una cosa, ¿cuáles son las fuerzas que se apoderande ella, cuál es la voluntad que la posee? ¿Quién se expresa, se manifiesta, y al mismo tiempose oculta en ella?”[8]. De lo que se trata es de llamar a las cosas por su nombre conforme suvoluntad de poder.Para Nietzsche todo ente es voluntad de poder, por lo que el ente en su totalidad, el cosmoses voluntad de poder “Imprimir al devenir el carácter del ser, ésa es la suprema voluntad depoder”. El devenir lo entiende Nietzsche como movimiento, transformación de lo que deviene,donde se transforma se crea algo más que no estaba en el cosmos. El instante que paraNietzsche significa lo que permanece, es decir, el eterno retorno de lo mismo, y de esta formaconjugamos la voluntad de poder, por lo tanto “¡Este mundo es voluntad de poder y nada más!¡Y también vosotros sois voluntad de poder, y nada más!”[9].Estas manifestaciones de Nietzsche, aparentemente metafísicas en el siglo XX, ahora,principiando el siglo XXI, están siendo estudiadas por la física, la filosofía y la teologíamoderna, comprometida con los cambios que requieren las religiones. Y desde estosaparentes límites podemos encontrar fundamentos comunes que puedan unirnos en unaactitud responsable, de cara al futuro, en beneficio de la juventud y de los que aún no hanllegado.
  6. 6. Al observar el mundo cristiano, en el Evangelio de San Juan, vemos que Dios ha creado estemundo como es: un mundo sensible, en devenir, y al crearlo también creó la vida, elpensamiento y al hombre. Al aceptar el movimiento del mundo sensible, Dios creó un mundoen constante devenir. El movimiento, la diversidad, la multiplicidad, la incertidumbre y tambiénla permanencia, son fenómenos que salen al paso. La interacción entre fenómenos queparecían oponerse naturalmente ha sido explicada por la ciencia de la complejidad y por unagran gama de científicos contemporáneos atentos al problema de la creatividad y a la creaciónde zonas de indiscernibilidad en estructuras complejas.A Heráclito se le considera el filósofo del devenir, sin embargo en el pensamiento deAristóteles se pueden lograr acercamientos a la física actual. Al zambullirnos en elpensamiento de Aristóteles sabemos la relación entre ontología y metafísica, las cuales soncasi inseparables en el pensamiento del estagirita que nos permite afirmar que existe unadualidad casi imperceptible en la relación entre ontología y teología para este filósofo.Pensadores como Werner Jaeger han impulsado una lectura dualista del pensamientoaristotélico. Para Jaeger, la diferencia entre metafísica general y particular en el pensamientode Aristóteles proviene de dos formas de concebir la metafísica. La metafísica generalproviene de una concepción platonizante del mundo, donde la ciencia suprema se ocupa delas entidades inmateriales e inmóviles y por ello es teología; mientras que la metafísicaparticular sólo puede ser entendida a partir de un abandono de Platón, pues la ciencia del seren tanto que es, en sentido particular deviene ontología.Si la metafísica deviene ontología y la teología es metafísica, entonces el pensamientofilosófico desde su inicio, en Aristóteles, es onto-teo-logía. La posición del ser en la teología esentonces radicalmente lo que nos “pone” en el mundo. ¿Qué tipo de ontología podemos haceren nuestro presente? Quizá una ontología que pueda avanzar hacia el movimiento y no estéencerrada en sí, que reconozca al sujeto pero no lo centre en su interior; que tenga espaciopara lenguaje pero que no caiga en un idiotismo lingüístico.Para Aristóteles, el fundamento último de todo ser es la causa primera de todo movimiento, osea, el motor inmóvil, que está afuera del mundo sensible. Pero hay dos partes constitutivasde todo esto, y una de ellas en su referencia al mundo sensible. La mira hacia la sensibilidaddel mundo es latente en Aristóteles y ha sido un tema poco explorado. La sensibilidad delmundo y su movimiento es aquello que nos mantiene alertas y en la exigencia de continuarhaciendo filosofía. Esto lo podemos ver en Heráclito, en Schelling, Bergson, en la mayoría delos filósofos del siglo XX y principios del XXI, y en la voluntad de poder y el eterno retorno deNietzsche. Esto va a conducirnos a asumir la importancia de la existencia de este mundosensible en el pensamiento aristotélico, que está en movimiento o sea, en devenir, y que esuna forma de aceptación de la posibilidad de acercarnos a la realidad, en tanto que podemospalparla y padecerla.La teoría de la relatividad no implica un "todo se vale" como se ha venido diciendo. Aceptaresto en la vida cotidiana correspondería a una actitud irresponsable, porque las relacionesinterpersonales no tendría ningún compromiso: cada cual podría, fundándose en esa salvajerelatividad, pensar y hacer lo que creyera correcto, sin asumir su responsabilidad para con elmundo y los seres humanos.La teoría de la relatividad tiene su fundamento en la definición de la energía como loequivalente a la multiplicación de la masa por el cuadrado de la velocidad, al que podríamosanexar un adendum representado con "x" a la creatividad, palpable en el espectáculo que senos presenta en la parte del cosmos que podemos observar.Para Einstein, energía es trabajo, y siempre que existe un trabajo se agrega algo que noexistía en la realidad. La energía como trabajo, es movimiento, devenir, que se refleja en el
  7. 7. mundo. Descubrir el ritmo de los astros, comprender los ciclos de cambio continuo de todaslas cosas, establecer la relatividad del tiempo y el movimiento, han sido una aventura colosalen la historia de la humanidad, que en la filosofía fue intuida por Nietzsche en suspensamientos de la voluntad de poder y el eterno retorno. Estos nos podrían permitir buscarnuevos paradigmas a favor de la formación integral de los individuos del presente y del futuro,con apoyo no sólo de la física, sino de la química, la biología y en general de todas lasciencias.El universo es inconmensurablemente grande y no ha cesado de expandirse desde que seformó. Es el devenir, la voluntad de poder, fuerzas creadoras de todo lo que representa elcosmos, pero unificadas de acuerdo al pensamiento del eterno retorno, siendo lo mismo, perodiferente a través del tiempo, dando lugar a la identidad.Los primeros principios, ya sean de la teología, la filosofía, las ciencias, tuvieron lugar hacequince mil millones de años, cuando se inició el devenir, tiempo que no podemos negar peronos permite reflexionar sobre la necesidad de hacernos responsables de nuestro futuro, sinolvidarnos del origen, pero ciertos de estar caminando con las fuerzas creadoras de lavoluntad de poder, dentro de un río de incertidumbres. Un río no caótico, sino mesurado por elpoder del pensamiento, que así se convierte en el motor que nos impulsará si deseamos unmejor destino para nosotros.[1] Alfonso Reyes. “Cuaderno de apuntes”. Citado en Perea Héctor, Océano de colores.México: Ed. Aldus, 1996, p. 19.[2] Safranski, Rüdiger. Nietzsche: biografía de su pensamiento. Barcelona: Tusquets, 2002,p.17.[3] Ibídem[4] Ibídem[5] Ibid. pp.19-20[6] Martínez Cristerna, Gerardo. Los oídos de Nietzsche. México: Euphyía, 2007, p.100.[7] Ibid. p.101[8] Ibid. p.25[9] n.1067 (NHI p. 386)www.siceditorial.com/ArchivosObras/obrapdf/TA05852

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