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Soñando
por Pedro de la Fuente Serrano
Sólo habían pasado unos cuantos días desde que sucedió.
Todo fue muy rápido. Aque...
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"Soñando", por Pedro de la Fuente Serrano

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"Soñando", por Pedro de la Fuente Serrano

  1. 1.   Soñando por Pedro de la Fuente Serrano Sólo habían pasado unos cuantos días desde que sucedió. Todo fue muy rápido. Aquel dolor que llevaba soportando los últimos meses se hizo cada vez más intenso. Calmantes, diferentes calmantes, fueron pasando por su estómago en busca de un alivio rápido, suponiendo y esperando que aquello era algo pasajero. Pero ya aquel cuerpo no podía más. Los médicos, cuando ya empezaron a tomárselo con más seriedad, no supieron dar una solución. Ya sólo pudieron informar de un final irremediable. Y acertaron. Su compañero, su amigo, su vida, se fue, en silencio, sin despedidas. Desde entonces, ella estaba sola y se sentía sola. Y ahora es ella. Está en una cama, sin esperanzas de que despierte algún día. Aquellos días siguientes los pasaba sin ganas de seguir, sin aliciente. Nada le hacía levantarse con ánimos. El primer día era un ir y venir de familia, amigos, vecinos e incluso desconocidos que querían mostrar su pena por la pérdida. Ella lo agradecía, pero más por educación que por convencimiento. Cada persona que se le acercaba era como una gota más en un vaso casi lleno. Ya por la noche descansaba, se tumbaba en la cama hasta quedar dormida. Sueños de recuerdo, de añoranza, de felicidad, que ya la vida no se los iba a dar. Al día siguiente, en la más absoluta soledad, no podía pasar un segundo sin que se le cayese una lágrima. Repasando fotografías, álbumes enteros, transcurrían las horas. Nada le hacía cambiar esa cara entristecida. Ni cuando fueron a aquel bautizo en medio del campo y les llovió, ni con las quinientas fotos que se hicieron en el parque de atracciones, ni con aquella pose cuando les dio por disfrazarse y salir a la calle en pleno agosto. Nada le hacía cambiar el gesto de la cara. Cuando dormía era diferente, era como vivir de nuevo en el pasado, con él. Amanecía de nuevo. Se acercaba el verano, pero al mirar por la ventana sólo veía síntomas de un frío otoño. Al salir a la calle, deambulaba por aquellos sitios que le recordaban a él. Aquel parque, donde pasaban tardes enteras tumbados en el césped, aquella callejuela, que recorrían jugueteando en esas noches mágicas, aquella plazoleta, donde orgullosos el uno del otro se sentaban para enfrentarse en eternas conversaciones. Ya todo es sólo un recuerdo. Y por la noche, otra vez se acostó pronto, todos los días igual, sabía que esas horas le iban a servir para revivir historias con él. Soñaría con el día que pasaron en aquella casa de campo, donde la tranquilidad del lugar se transformaba en cariño entre ambos. Soñaría con todas las veces que se confesaban secretos, inquietudes, ilusiones. Soñaría con él, siendo feliz. Aquel cuarto día no pudo soportarlo más, no podía vivir así más días. Decidió soñar, decidió dormir siempre. .-

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