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El convento de la MercedEl convento de la Merced se erigía en lo que hoy es la Plaza de Tirso de Molina.Fundado en 1563 y ...
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Dibujos realizados por el arquitecto Antonio Olivera Garcíaen 1983 basado en distintos planos y publicadoa en el libroPrim...
Entre sus paredes vivió fray Gabriel Téllez, másconocido como Tirso de Molina, cuya celda se halla-ba en la esquina de las...
El reposo de los frailesEl 2 de septiembre de 1920 un periodista anóni-mo que firmó como “un reporter” en el diario LaVoz,...
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La Ruda, una calle con carácterPoco, incluso tal vez nada de lo que vemos ahora puede recordarnos a lo que fue latradicion...
No sólo fueron esas actividades las que se desa-rrollaron en la calle, y antes de meternos en loque era el meollo de su es...
entender que peor que las típicas casas de estosbarrios.Esta situación levantaba protestas que pedían so-luciones o la sup...
los vecinos porque los comerciantes con local sa-can puestos a las aceras, sirviendo de poco el ha-ber quitado a los ambul...
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Las verduleras y las gentes de la calle“La calle de la Ruda se ha convertido en unamansión de furias, a juzgar por los des...
Obviamente hay que entender, usando una expre-sión que sería de ellas, que “ni calvo ni con dos pe-lucas”. Ni eran tan sal...
capacho. Fíese usté de las apariencias… ¡Ca-mará con doña No Me Empujes!”[21]Los motinesLos motines de las verduleras eran...
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Los Viages de MadridAntes de la aparición del canal de Isabel II Madrid se servía de los viajes de aguapara abastecer a la...
po manejar las agua subterráneas, mejor que losdemás, para crear y mantener centros poblaciona-les en los que apoyó su pod...
población. Desde dicha arca principal, el agua secanalizaba o entubaba, para evitar se filtrara al te-rreno, hasta los pun...
El vestigio mas antiguo de los viages fue encon-trado durante la séptima campaña arqueológicarealizada en 1983 (noviembre-...
No se sabe a ciencia cierta el origen del nombreViage de Agua. Oliver Asín en “Historia del nombreMadrid” (1959, página 81...
remozamiento del Alcazar, pagarle los gastos de lamudanza, garantizarle la construcción de nuevosviages, entre otros “deta...
Se acepta como equivalente del Real de Agua,el caudal que fluye por una tubería por la que flu-ye un caudal de 2,25 litros...
(1572), de quien a su vez también “copió” Mesone-ro Romanos en su libro “El antiguo Madrid” (1861).En las “Relaciones Topo...
El otro escudo de armas es un escudo con sieteestrellas en campo blanco, con un árbol coronado,por el cual parece que quie...
Publicidad... de hace ya un tiempoCon esta entrega de publicidad de antaño vamos a ponernos un poco elitistas. Eneste caso...
En Madrid se vendían desde antaño excelentes pianos de todas las marcas. Esto estabamuy bien para los que sabían tocarlo, ...
gv 46Seguimos en el mundo de la música y ahora nos encontramos con los gramófonos. No fue elprimer reproductor sonoro que ...
gv 47Este invento americano de fines del XIX ya a nadie llama la atención, pero resultó una grannovedad a principios del s...
gv 48Actualmente la máquina de escribir podemosdecir que está a punto, si no lo ha hechoya, de pasar definitivamente a la ...
gv 49Rematamos la sesión publicitaria de este nú-mero con algo que realmente poca gentepodía tener: una máquina de fotos.K...
Crónicas desde mi azotea (II)o la que montó el señor LaciervaNuestro simpático colaborador Ramón, el león de la Fuentecill...
que las señoras pudieran permanecer con el som-brero puesto en los teatros, en beneficio de los su-fridos espeztadores que...
Una revista finolis.La última moda 5 de diciembre 1903Así se las gastaba laprensa de entonces.GEDEON 26 noviembre1903gv 52...
Nuevo Mundo 26 denoviembre 1903Por esos mundos, diciembre1903ta periódicos franchutes publicaron el jaleo que semontó con ...
Nuevo Mundo, 3 de diciembre 1903Prensa de la época:• Heraldo de Madrid• El liberal• Diario oficial de avisos de Madrid• La...
Revista La Gatera de la Villa, nº 7
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Número siete de la revista "La Gatera de la Villa".

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Revista La Gatera de la Villa, nº 7

  1. 1. Reportajedel Palaciode Comuni-cacionesLLaa GGaatteerraa ddee llaa VViillllaaNúmero 7 / Octubre de 2011Ilustra, entretiene y además es ecológica. La primera revista digital sobre MadridFFoottoo::““LLuucceerrnnaarriiooddeellPPaallaacciiooddeeCCoommuunniiccaacciioonneess""AAuuttoorr::ÁÁnnggeellRRoollllóónnLos Viagesde MadridEl Monasterio deSanto Domingoel Real y laMadona deMadridLa Ruda,una calleconcaracterListz enMadrid
  2. 2. gv 2Detalle de la Fuente de las Conchas en los Jardines del Campo del MoroPaca de la Muralla Árabe. Autor: Mario Sánchez CacheroLa Gatera en la radioNuestra primera aparición en radio: participamos en el programa "Hoy en Madrid"de Onda Madrid. La cita era el 15 de agosto a las 10:30 a.m. en los estudios de On-da Madrid. Sergio Rodríguez, redactor de "Hoy en Madrid" nos había invitado acolaborar en su programa. Y allá fuimos Juan, Pedro, Mario y Pablo. Julio y Alfon-so no pudieron asistir, pero en cambio hemos contado con la inestimable colabora-ción de Elvira, una periodista con mucho futuro. Aunque al principio estábamosalgo nerviosos, la calidez y amabilidad de Sergio y su equipo hizo que pronto nossintiéramos como en casa y el tiempo volara sin darnos cuenta. Una tertulia vario-pinta en la que hemos hablado desde la historia de la festividad de la Virgen de laPaloma al origen del ferrocarril en España. Toda una experiencia muy positiva quehemos disfrutado y que esperamos que no sea la última. Gracias, Sergio.
  3. 3. Ha sido noticia de estas pasadas sema-nas la confirmación de Madrid como aspi-rante a la organización de los JuegosOlímpicos a celebrarse en el año 2020.La candidatura, que ha contado con grandes respal-dos en el mundo político y mediático, es la terceraque se presenta en la historia reciente de la ciu-dad, y la cuarta si contamos otra tentativa que hu-bo en la década de 1970.En principio es aplaudible toda iniciativa que con-tribuya a la promoción internacional de nuestra ca-pital, y desde muchos estamentos y puntos deopinión se está viendo en los Juegos Olímpicos elhilo conductor que permita reactivar la economíade la Villa y Corte y traer a ella un período de opti-mismo que haga olvidar los años de "vacas flacas"traidos por el crack inmobiliario de 2008.Ahora bien, como es muy probable que tarde otemprano el Comité Olímpico Internacional acabedándonos por fin el ansiado premio, aunque sola-mente sea para quitarse de encima la insistencia yperseverancia de nuestras autoridades locales, re-gionales y nacionales, todavía estamos a tiempode planificar unos Juegos Olímpicos que no se que-den en mero oropel y relumbrón para unos pocosdías, y que dejen poso en la urbe para más alládel momento en el que en el estadio de Canillejasse apague el último foco de la ceremonia de clausu-ra. El crack inmobiliario, junto a sus efectos negati-vos, que los ha tenido y muchos, ha evitado quese llevaran a cabo algunos proyectos urbanísticosclaramente sobredimensionados para el crecimien-to normal de Madrid y de su provincia, como el fan-tasma de las urbanizaciones que de vez en cuandoseguía planeando sobre ese paraíso natural que esel Valle del Lozoya. Si nos vamos más lejos, vere-mos incluso que parte de la costa cantábrica se halibrado de acabar sus días tan desfigurada como lamediterránea. Es por ello que hay que evitar queel proyecto olímpico de 2020 degenere en un retor-no al desenfreno de las grúas, y que precisamentesirva para asumir las lecciones de la crisis.En uno de los ciclos de "vacas gordas" hubo dosciudades, Barcelona y Sevilla, que estuvieron (año1992) en lo más alto del candelero mediático inter-nacional gracias a espectáculos muy similares alos que ahora se proponen para Madrid. En la pri-mera de estas ciudades hay voces que llevanquejándose ya un tiempo de que la fama ganadaen el 92 ha matado de éxito a barrios enteros,convertidos en una especie de parque temático pa-ra turistas. En la segunda urbe hubo edificios que,una vez pasada la euforia, tardaron años en en-contrar una utilidad propiamente dicha. Evitar es-tas situaciones debe ser la primera prioridad delproyecto olímpico. La otra debe ser utilizar unaparte, aunque sea una mínima parte, del presu-puesto de los fastos, en la puesta en valor delenorme patrimonio histórico de la ciudad. La re-ciente restauración de uno de sus vestigios másantiguos, como es el trozo de muralla medievalpreservado en la Cuesta de la Vega, aun siendoimpecable desde el punto de vista paisajístico, nosirve de nada si no se incluye su presencia en losfolletos y recorridos turísticos, y la muralla se que-da más sola que la una, a pesar de estar comoestá a pocos metros de la concurridísima Calle Ma-yor. ¿Qué va a pasar con la Operación Chamartín?.Si finalmente se construyen en ella rascacielos co-mo los que había previstos, es posible que dada laaltitud geográfica de esa zona sean visibles desdedemasiados barrios, repitiéndose el error de hacedécadas de la Torre de Valencia.La voluntad lo es todo. España se propuso haceun cuarto de siglo ser una superpotencia deporti-va, y esa voluntad nos ha traído a Rafael Nadal, aFernando Alonso o a la selección de fútbol. AhoraMadrid debe proponerse, no aspirar a ser una su-perpotencia cultural, sino tomar conciencia de queya lo es, y evitar que pierda ese carácter si vuelveotra oleada de piquetas.Pódium para la culturagv 3
  4. 4. 02 | Editorial nº704 | Créditos e Índice06 | Reportaje del Palacio deComunicaciones20 | El convento de la Merced26 | La Ruda, una calle concarácterFoto:AlejandroBlancoLa Gatera de la Villa la forman:• Pablo Jesús Aguilera Concepción• Juan Pedro Esteve García• Juan Antonio Jiménez Torres• Alfonso Martínez García• Julio Real González• Mario Sánchez CacheroColaboraciones en este número:• Ángel Rollón, con el artículo "Reportaje delPalacio de Comunicaciones"• Isabel Gea, con "El convento de la Merced"• Emilio Guerra Chavarino, con "Los Viages deMadrid"• Ramón. El león de la Fuentecilla, con"Crónicas desde mi azotea (II) o la quemontó el señor Lacierva"Diseño y Maquetación:• Alfonso Martínez García• Juan Antonio Jiménez TorresFoto de Portada• Ángel RollónContactoPuedes escribirnos o enviarnos tuscolaboraciones a:• gatera.villa@gmail.com• http://www.fotomadrid.com/gatera-villa.phpLa Gatera de la VillaAño II, Número 7, OCTUBRE 2011ISSN-1989-9181gv 4
  5. 5. 55 | El monasterio de SantoDomingo el Real y laMadona de Madrid64 | Liszt en Madrid76 | Pasatiempos35 | Los Viages de Madrid44 | Publicidad... de hace yaun tiempo50 | Crónicas desde mi azotea(II) o la que montó elseñor Laciervagv 5
  6. 6. RReeppoorrttaajjee ddeell PPaallaacciioo ddee CCoommuunniiccaacciioonneessConvertido recientemente en sede del Ayuntamiento de Madrid, tras su remodelaciónha vivido unos días de puertas abiertas que muchos ciudadanos han aprovechadopara visitar y conocer. Ángel Rollón nos presenta sus fotografías hechas en estaocasión. Tras la apertura del restaurante de la terraza, se volverá a abrir al público.Fotos: Ángel RollónTexto: Mario Sánchez Cacherogv 6
  7. 7. Fachada principal del Palacio de Comunicaciones, en la Plaza de Cibeles.El Palacio de Comunicaciones desde el Paseo de RecoletosUn poco de historiaLa construcción del Palacio de Comunicacio-nes se remonta al año 1904, cuando el vie-jo caserón de la calle de Carretas quealbergaba los servicios de correos se habíaquedado, literalmente, pequeño. Por lo tanto, elMinisterio de Fomento decidió convocar un concur-so con el fin de erigir un nuevo edificio que englo-base los servicios de Correos y Telégrafos en unsolar de la plaza de Cibeles, esquina a la calle deAlcalá y al Paseo del Prado, ocupados hasta enton-ces por los populares Jardines del Buen Retiro, unlugar de esparcimiento y diversión para los madri-leños de principios del siglo XX, lo que provocócierta polémica en su día.El concurso no tuvo demasiado éxito, presentán-dose tan sólo tres proyectos. Uno de ellos, firma-do por Jesús Carrasco Muñoz-Encina y JoaquínSaldaña, se destacó como “el que mejor estudia-das tuvo las fachadas”, mientras que otro, firmadopor Felipe Mario López Blanco y Luis Montesinos,gv 7Madrid, a vista de gato
  8. 8. Vista general del Palacio de Comunicacionesfue eliminado “por no caracterizar bien los servi-cios públicos dentro del proyecto”. El ganador fueel proyecto presentado por Antonio Palacios Rami-lo y Joaquín Otamendi Machimbarrena, junto al in-geniero Ángel Chueca Sainz, del que se estimó lamejor distribución de los servicios del correo. Pe-ro, como nada es perfecto, se les acusó de presen-tar un informe incompleto y falto de detalles,poniendo como condición la presentación de lasmejoras solicitadas en el plazo de un mes.Trámites burocráticos, a los que unió la polémi-ca anteriormente citada retrasaron el inicio de lasobras hasta el 12 de septiembre de 1907, fecha enla que se procede a la colocación de la primera pie-dra del futuro Palacio de Comunicaciones. Los tra-bajos tampoco estuvieron exentos de polémica,debido a la exigencia de la sociedad Torán y Har-guindey, contratistas de la obra, del uso de monta-cargas eléctricos y martillos neumáticos, hastaahora inéditos en Madrid. Esto provocó protestaspor parte de los obreros hasta tal punto que la So-ciedad de Obreros Canteros amenazó con el despi-do a aquellos que utilizasen las nuevasherramientas. Por fin, el conflicto se solucionó ylas obras continuaron hasta 1918, siendo inaugura-do el nuevo Palacio de Comunicaciones el 14 demarzo de 1919 por el Rey Alfonso XIII.Al año siguiente tuvo lugar su “bautismo de fue-go”, tras ser elegido sede del VII Congreso de laUnión Postal Universal, celebrado en noviembrede 1920. Para la ocasión se emitió una serie detrece sellos de correos, siendo esta la primera vezque el flamante Palacio de Comunicaciones apa-recía en una emisión postal.En números, el edificio ocupa un total de12.207 m2, y su coste total fue de 10.311.860 pe-setas de la época. Aun así, según los presupues-tos de los tres proyectos presentados en elconcurso de 1904, el de Palacios y Otamendi erael más barato y económico.No tardaría el nuevo edificio en recibir el apelati-vo popular de “Catedral de Nuestra Señora de lasComunicaciones”, debido a su aspecto de aires ca-tedralicios. Este apodo ha sido atribuido por algu-nos autores al mismísimo Leon Trotsky. Elimprescindible cronista Pedro de Répide, le califi-co, simplemente, como “Nuestra Señora de la Pos-ta”.gv 8
  9. 9. El vestíbuloDos perpcstivas del vestíbulo del Palacio de Comunicaciones, en lo que fue el patio de operaciones del edificio. Desta-can los antiguos mostradores, ahora abiertos al público al modo de un amplio deambulatoriao, y la cristalera que ilu-mina el nivel inferior, donde se ha instalado una sala de exposiciones y un auditorio.gv 9Madrid, a vista de gato
  10. 10. El Palacio de ComunicacionesEl edificio, básicamente, se divide en dos partesmuy bien diferenciadas. Por un lado están los edifi-cios administrativos, destacando el amplio cuerpoque alberga el patio de operaciones, cuya formade T invertida responde a la separación de los dis-tintos servicios a los que el público tuvo acceso:correos, telégrafos y teléfonos, que en 1919 aúnno estaban instalados en las casas. Dos pórticosmonumentales, con fachadas a las calles de Mon-talbán y de Alcalá, permiten el acceso al segundoelemento del edificio, el patio de descargas, queno es otra cosa que el primer tramo de la calle deRuiz de Alarcón, cuya “anexión” por parte de Co-rreos ya venía condicionada en las bases del con-curso de 1904. Su forma de L se debe a laapertura de un espacio que sirviese de aparca-miento a los camiones de reparto y distribucióndel correo.El estilo exterior del edificio es inclasificable, so-bre todo por el peculiar planteamiento que Pala-cios y Otamendi daban a sus obras, a las quedotaron de una estética muy personal. Sin embar-go, un atento examen de la fachada exteriormuestra un amplio estilo neoplateresco con cier-tos toques neogóticos. La fachada principal, abier-ta a la plaza de Cibeles, es la más prolífica endetalles decorativos, abundante en bustos, escu-gv 10
  11. 11. gv 11
  12. 12. dos, figuras humanas, alegorías,etc., en el quedestaca la bellísima figura femenina que preside laportada central, conocida como “La Rubia”, obradel madrileño Ángel García Díaz, un escultor injus-tamente olvidado, autor de toda la decoración deledificio y habitual colaborador de Antonio Palaciosdurante casi toda su carrera.Por último, destaca la alta torre central, de 70metros de altura, sobre la que se instaló la antenadel telégrafo. En un primer proyecto, desde estatorre debían salir cables que conectaran con los to-rreones esquineros del edificio, que finalmente nollegaron a instalarse.La reforma: de Palacio de Comunicaciones asede del Ayuntamiento de MadridEn el año 2003, el Alcalde de Madrid, AlbertoRuiz-Gallardón, anunció el traslado de la sede delAyuntamiento al Palacio de Comunicaciones, pro-metiendo que una buena parte del edificio seríade libre acceso al público. La decisión, aplaudidapor algunos sectores de la población, fue dura-mente criticada por otros, que alegaba, entreotras razones, la tradición de tener la sede delconsistorio madrileño en la Plaza de la Villa, lacual se remonta a épocas medievales.gv 12
  13. 13. gv 13Madrid, a vista de gato
  14. 14. gv 14
  15. 15. Una vez superadas las inevitables trabas lega-les, se convocó un concurso público al que se pre-sentaron numerosos estudios de arquitectura,siendo el ganador el proyecto presentado por elEstudio Arquimática, responsables, entre otrasobras, de la última reforma del Teatro Real, en1997. Uno de los principales retos a los que se en-frentaron fue la catalogación del edificio comoBien de Interés Cultural, lo que otorgaba un altogrado de protección al edificio, lo que nos ha per-mitido seguir disfrutando de la magnífica obra dePalacios y Otamendi, una vez eliminados algunosañadidos instalados en ampliaciones e intervencio-nes posteriores.El vestíbulo central se ha configurado como unespacio abierto al público, por el que se puede pa-sear, pudiendo acceder a los niveles posterioresdel mismo, desde el que se puede observar unamagnífica vista de la galería. Los antiguos mue-bles, en los que se rellenaban los resguardos delos certificados o los giros postales, se han mante-nido, también protegidos como BIC, y se han ins-talado en algunos de ellos paneles táctilesinformativos. En este espacio cabe mencionar lareforma más drástica realizada en este espacio:las salas de descanso. Ubicadas a los lados de lasescaleras de acceso al vestíbulo, su diseño ha co-rrido a cargo de Pedro Feduchi, nieto del arquitec-to Luis Martínez Feduchi, el arquitecto del edificioCarrión. El diseñador ha entregado unos cómodossofás de varios colores, englobables en su línea de“muebles mondos y lirondos”, a juego con mesitasen los que los visitantes pueden leer los periódi-cos y libros disponibles en el mismo espacio o,simplemente, sentarse a descansar. Este lugar loiluminan, aparte de los amplios ventanales de lafachada, unas originales lámparas, también crea-das por Feduchi.Debajo de este amplio vestíbulo se han creadosalas de exposiciones y un auditorio, con capaci-dad para 296 espectadores, ideado para concier-tos de música de cámara.Otro espacio abierto al público es la nueva Ga-lería de Cristal, que es una transformación del anti-guo patio de descarga. Cubierto por unagrandiosa bóveda acristalada, inspirada en la crea-da por Norman Foster para el British Museum, elespacio sirve para diferentes eventos, como la ins-talación del tradicional belén que todos los añosinstala el consistorio madrileño o, simplemente,para dar una agradable paseo, descubriendo losmatices y los rincones que los reflejos de la cubier-ta y las fachadas de Palacios y Otamendi lograndentro de sus diferentes estilos.gv 15Madrid, a vista de gato
  16. 16. gv 16
  17. 17. La torre central se ha convertido también en unespacio abierto, al que se puede subir y disfrutarde una espectacular panorámica de Madrid, desdeuna pequeña terracita en la base del último cuer-po de la misma, a la que se tiene acceso mediantedistintos turnos que eviten aglomeraciones, peligro-sas por lo estrecho de la terraza y la altura de lamisma, y aseguran que todos aquellos interesadostengan oportunidad de subir a la torre. En el nivelinmediatamente inferior se ha abierto un restauran-te, con capacidad para 92 personas, desde el quese pueden disfrutar las vistas ya mencionadas yque, junto a la cafetería, limitada a un máximo de50 personas, instalada en la segunda planta quecompleta la oferta abierta al público.• C.O.A.M. Guía de Madrid.• Página web del Ayuntamiento de Madrid.• PALACIOS RAMILO, Antonio y OTAMENDIMACHIMBARRENA, Joaquín. “La Casa deCorreos de Madrid” Revista “Summa” Núm. 8,1 de febrero de 1916.• PÉREZ ROJAS, F. Javier. “Antonio Palacios yla arquitectura de su época”. Revista “Villade Madrid”. Revista "Villa de Madrid". Núm.83. Madrid, 1985• REDONDO, JULIO y RUIZ GOLLURI. “Aparatosauxiliares empleados en la construcción de laCasa de Correos y Telégrafos de Madrid”.Revista de Obras Públicas, 57, tomo I (1909)• SAMPEDRO ESCOLAR, José Luis. “Un recuerdode Galicia en el centro de Madrid. El escudodel Palacio de Correos y su creador donAntonio Palacios Ramilo”. “MadridHistórico”. Nº 1, enero 2006.Pasillo lateral de la primera plantagv 17Madrid, a vista de gato
  18. 18. LucernariosEl vestíbulo del Palacio de Comunicaciones está presidido por espectaculares lucernarios, adornados con los escudosde las capitales de provincia españolas.gv 18
  19. 19. gv 19
  20. 20. El convento de la MercedEl convento de la Merced se erigía en lo que hoy es la Plaza de Tirso de Molina.Fundado en 1563 y demolido en 1840, en él profesó Tirso de Molina. Nuestra amigaIsabel Gea nos describirá con detalle la historia de este convento, así como de unosextraños descubrimientos que se hicieron durante la construcción de la línea 2 demetro, en lo que bien podrían ser los cimientos de dicho edificioTexto y fotos: Isabel GeaConvento de la MercedEn 1218 san Pedro Nolasco fundó en Barcelona laOrden de la Merced destinada a la redención de cauti-vos cristianos capturados en las razzias musulmanasdurante la reconquista. Su nombre, merced, se refie-re a la realización de una buena acción sin esperarnada a cambio.El 4 de agosto de 1564 se concedió licencia al mer-cedario fray Gaspar de Torres, Provincial de Castilla,catedrático de Salamanca y obispo auxiliar de Sevilla,para la construcción de un convento e iglesia de mer-cedarios descalzos en Madrid.Fray Gaspar de Torres mandó al Procurador Gene-ral de la Orden fray Benito de Aguilar para que busca-ra unas casas en las que se instalarían los primerosocho religiosos procedentes de Guadalajara y Toledo.Después de una fatigosa búsqueda, pagó al “carpinte-ro andante en Corte”, Diego de Espinosa, doscientostreinta ducados por «dos pares de casas que están alcabo de la calle de Barrio Nuevo» [1](situadas en laactual plaza de Tirso de Molina).Detalle del convento de la Merced en el plano deTexeira, 1656La primera piedra se colocó en ese mismo año,según el diseño de fray Tomás de Trujillo, Superiordel convento. La primera misa se celebró el 4 de sep-tiembre de 1564. El convento con su iglesia se cons-truyó a lo largo de doscientos años y estaba rodeadopor las calles de Cosme de Médicis, Remedios y Mer-ced, las cuales desaparecieron con el derribo del mo-nasterio.El convento tenía tres pisos, celdas para algo másde cien religiosos, un claustro grande -realizado a se-mejanza del segundo claustro del monasterio de ElEscorial- para procesiones con jardín y una hermosafuente en el centro, conocida como La Joya de Ma-drid, y otro de menor tamaño al que solo tenían acce-so los frailes. El monasterio contaba además conDetalle del convento de la Merced en el plano de Texeira,1656[1] Gómez, Elías. Primer convento mercedario en Madrid.Monasterio de Tirso de Molina. Revista Estudios. 1986, pág.31.gv 20Gatópolis, por tejados y jardines
  21. 21. enfermería, botica, imprenta y tahona entre otrosservicios.La iglesia, una de las más grandes de Madrid,era de «estilo renacentista, casi herreriana, proto-barroca» [2]y tenía planta de cruz latina. Estabacompuesta de tres naves y varias capillas a los la-dos, entre ellas las de los Remedios y San RamónNonato. El altar mayor estaba rematado por una cú-pula de media naranja y linterna sobre cuatro pilas-trones. La portada estaba formada por doscuerpos. El primero adornado con pilastras tosca-nas y un entablamento sobre capiteles; el segun-do con una hornacina y las armas reales entrepilastras y pináculos alargados. Todo rematado porun frontispicio curvo y partido, coronado por un es-cudo de la Orden y grandes florones. Tanto la igle-sia como los claustros fueron embellecidos conpinturas de conocidos pintores de la época como Vi-cente Carducho, Pedro Ruiz González, LucasJordán y Juan Antonio Frías y Escalante, entreotros.La iglesia, la capilla mayor y el convento estuvie-ron bajo el patronato de don Pedro Franqueza,conde de Villalonga a quien, al caer en desgracia,le sucedió en 1611 doña Mencía de la Cerda y Bo-badilla, hija de los condes de Chinchón y esposade don Fernando Cortés, tercer marqués del Valle(el título completo era marqués del Valle de Oaxa-ca) y nieto del conquistador de Méjico. Ambos fue-ron enterrados en un mausoleo en centro de lacapilla mayor.Fue uno de los mejores conventos de Madridpor la gran cantidad de obras de arte que poseíatal como Álvarez y Baena, en su obra Grandezasde Madrid, señalaba que «de tan humilde principiovemos hoy un edificio de Témplo (sic), y Conven-to, no solo de los mejores, y mas ricos de reli-quias, alhajas, y pinturas de Madrid, sino de todaEspaña, y de el que se pudiera formar un tomo enfolio de su Historia, y no menos de sus Ilustres Hi-jos» [3].Convento e iglesia de la Merced[2] Ibd., pág. 41.[3] Álvarez y Baena, Josef Antonio. Compendio histórico de las grandezas de la coronada villa de Madrid, corte de laMonarquía de España. 1786. Pág. 121.gv 21
  22. 22. Dibujos realizados por el arquitecto Antonio Olivera Garcíaen 1983 basado en distintos planos y publicadoa en el libroPrimer convento mercedario en Madrid. Monasterio de Tirsode Molina, de Elías GómezFachada norte y oesteFachada surFachada este con la fuente deRelatores delantegv 22Gatópolis, por tejados y jardines
  23. 23. Entre sus paredes vivió fray Gabriel Téllez, másconocido como Tirso de Molina, cuya celda se halla-ba en la esquina de las actuales calles de Condede Romanones y Colegiata, antigua calle del Bu-rro. Es por esto que el dramaturgo decía «me pare-ce que burro soy desde que he venido a esteconvento»[4].En una de las capillas laterales se veneraba laimagen de Nuestra Señora de los Remedios, de laque Álvarez y Baena cuenta que el papa san Grego-rio la envió a la isla de Nueva Zelanda. Allí fue vene-rada en una abadía benedictina hasta que esta fuedestruida por los luteranos, uno de los cuales, tiróla escultura a una hoguera. El conquense Juan deOrihuela, soldado de Felipe II, se abalanzó y la res-cató de las llamas. Pagó por ella 50 maravedíes yla trajo a España poniéndola en manos de los pa-dres mercedarios de Cuenca que, en agosto de1573, la trasladaron al convento de la Merced deMadrid. Era una virgen morena y la beata Marianade Jesús la llamada “La Pequeñina” por su reduci-do tamaño. Tras la desamortización de Mendizá-bal, la imagen pasó al convento de Santo Tomás y,cuando este fue derribado en 1876, se trasladó ala iglesia de Santa Cruz de donde desapareció du-rante la Guerra Civil.El convento fue desalojado por orden José I enagosto de 1809 siendo saqueado por los france-ses. Los frailes regresaron a él en 1814 aunquepor poco tiempo. Con la desamortización de Men-dizábal de 1836, el convento fue derribado cuatroaños más tarde. Las obras de arte se dispersaronentre ellos los cuadros de la Serie Eucarística reali-zados entre 1666 y 1667 por el pintor Juan Anto-nio Frías y Escalante y obras de arte que sellevaron a los museos del Prado, Vilanova y Geltrúy La Coruña[5].En el solar del convento se abrió una plaza quese denominó del Progreso. En el centro del parqueque ocupó su espacio se colocó la estatua dedica-da precisamente al desamortizador: Juan ÁlvarezMendizábal. La escultura fue realizada por JoséGrajera y presidió la plaza entre 1869 y 1939. Des-pués de la Guerra Civil fue fundida y su bronce seaprovechó para remodelar la estatua de Isabel II.En sustitución se colocó la dedicada a Tirso deMolina en recuerdo al dramaturgo y escritor frayGabriel Téllez recibiendo la plaza este mismo nom-bre.Esquina de la plaza donde estuvo la celda de Tirso de Molina. Foto: Isabel Gea[4] Velasco Zazo, Antonio. Madrid monacal. Estampas de los antiguos conventos. Librería general de Victoriano Suárez. 1943.Pág. 77.[5] Op. Ct. Gómez, Elías. Primer convento mercedario... Pág. 107 nota 194.gv 23Gatópolis, por tejados y jardines
  24. 24. El reposo de los frailesEl 2 de septiembre de 1920 un periodista anóni-mo que firmó como “un reporter” en el diario LaVoz, recogió la noticia del hallazgo de «más dedoscientos restos humanos» en las obras de cons-trucción de la línea 2 de metro, bajo la plaza deTirso de Molina. Era lógico que aparecieran pueslos frailes, siguiendo la costumbre española, eranenterrados en la iglesia y claustros del convento.A preguntas del reportero, el capataz informóque se produjo un derrumbamiento de tierra, pie-dra y ladrillo, dejando a la vista una galería situa-da «al nivel de la parte superior del trazado deltúnel (...)», a ocho metros de profundidad. «Teníaunos diez metros de larga, por unos cuatro de an-chura y tres y pico de altura (...). A los lados, enlas paredes, había más de doscientos nichos tapa-dos; y en el suelo, por toda la galería, grandes lo-sas de piedra guardaban otras muchas fosas. Lasinscripciones estaban en latín, casi completamen-te deshechas; al tocarlas para quitarles el polvo,caían hechas pedazos. En un nicho encontramosel esqueleto, al parecer, de una mujer. Estaba bo-ca abajo. Al tocarlo se hacía polvo. En algunas lo-sas se veían escudos en relieve; y en una piedragrande, que ya desapareció (pues se la llevaroncon otras para hacer grava) dicen unos obrerosque leyeron la palabra “Rey” (...). Encontramos án-foras, unas figuras egipcias de barro, unos espadi-nes todos mohosos, unos cacharros de barro, uncrucifijo, que no sabemos si será de oro». En losnichos se encontraron «los restos de un niño, y enotro, los huesos hallados correspondían a personade grandísima estatura. Por el tamaño, algunos delos enterrados debieron ser gigantes» (...)».Se dio orden de recoger las lápidas que estuvie-sen enteras pero poco o nada se pudo hacer por-que la mayoría habían resultado destrozadas porlos golpes de las piquetas y otras se rompieron aldesplomarse. De la única que quedó intacta serealizó una copia y de otra, que al intentar des-montarla se deshizo, se podía leer la inscripción“Juliana de Castro.La galería fue derribada y se respetaron los hue-sos, siendo trasladados a otra aquellos y aquellosque «caídos y medio pulverizados fuesen difícil derecoger, quedarían revueltos con la misma tierra alos lados del túnel».Estatua de Mendizábal. Fototipia de Thomas. Barcelona.Estatua de Tirso de Molina. Foto: Isabel Geagv 24Gatópolis, por tejados y jardines
  25. 25. La Voz, 2 de septiembre de 1920La Voz, 2 de septiembre de 1920La Voz, 2 de septiembre de 1920La Voz, 2 de septiembre de 1920gv 25Gatópolis, por tejados y jardines
  26. 26. La Ruda, una calle con carácterPoco, incluso tal vez nada de lo que vemos ahora puede recordarnos a lo que fue latradicional calle de la Ruda y puede llegar a causar extrañeza al que la visite queesta pequeña vía sea merecedora de algunas líneas, pero es que la biografía de lascalles como la de las personas, está sujeta a mudanzas, algunas tan grandes que lashacen irreconocibles según pasa el tiempo y, tanto por su aspecto como por sus gen-tes, cuesta identificarlas, asociarlas a lo que fueron.Texto: Alfonso MartínezLa Ruda está inserta en los Barrios Bajos, y eso, de por síya define. Muchas de sus características no son exclusivas deesta calle, sino que son comunes a todas las que los formany que tanto han dado que hablar y que escribir. Otros rasgosen cambio son propios suyos, cosas que la identificaron co-mo tal durante tanto tiempo que quedaron de alguna formaincorporadas al lenguaje y la iconografía madrileña, auncuando hoy se puedan considerar ya desaparecidas. Lo pri-mero que se viene a la cabeza son sus verduleras, entiénda-se las de antaño, que absolutamente nada tienen que vercon las de este siglo XXI. Aparte de un oficio lo de verduleraes mucho más y lo vemos en la segunda acepción del DRAE:“Mujer descarada y ordinaria”. Tal vez el Diccionario no hagajusticia a estas mujeres o tal vez no remate bien del todo ladefinición, pero eso lo vamos a ver después.El nombre a la calle le viene de la planta arbustiva así lla-mada, la Ruta Graveolens, que vale tanto como ornamentalde jardín como hierba medicinal o como condimento. Hastaella llegaban las tapias del huerto del cercano convento de laLatina y precisamente, en la parte de la calle se situaba unconsiderable plantel de Ruda, tal y como nos cuentan Cam-bronero, Répide…. Vamos a dejar tiempos más antiguos paracentrarnos en los siglos XIX y XX que es cuando la calle co-bra esencia.Su posición geográfica, entre el nacimiento del Rastro, y lacalle de Toledo, frente al mercado de la Cebada marcaron deforma indeleble su actividad, su configuración haciéndola sub-sidiaria de las actividades que se desarrollaban en sus extre-mos, y de ellas cobró características su comercio principal:venta de comestibles con deje de Rastro, es decir, baratos ylas más veces de baja calidad. Galdós en Misericordia cuan-do nos habla de las peripecias de Benina para poder subsistirnos dice: “… no le era difícil adquirir comestibles a precio ínfi-mo, y gratuitamente huesos para el caldo, trozos de lombar-das o repollos averiados, y otras menudencias. En loscomercios para pobres, que ocupan casi toda la calle de laRuda, también tenía buenas amistades y relaciones y con po-quísimo dinero, o sin ninguno a veces, tomando al fiado, ad-quiría huevos chicos, rotos y viejos, puñados de garbanzos olentejas, azúcar morena de restos de almacén, y diversasporquerías que presentaba a la señora como artículo de me-diana clase.[1]Calle de la Ruda en la actualidadgv 26Crónica gatuna
  27. 27. No sólo fueron esas actividades las que se desa-rrollaron en la calle, y antes de meternos en loque era el meollo de su esencia, señalaremos queaquí tuvo su sede un establecimiento meritorio: elHospital Asilo Oftalmológico del Doctor Santiago Al-bitos, cuyo nombre era Asilo de Santa Lucía. Inau-gurada en 1884 era una clínica que funcionabagratuitamente para los pobres y también con clien-tes hospitalizados de pago. Tuvo fama porque sellegaban hasta aquí enfermos de toda España paraser operados de los ojos. Ocupaba los cuatro pisosde una casa y es de imaginar que debía ser chocan-te el encontrar un hospital en una calle como esta,que dejaba bastante que desear en los aspectos sa-nitarios.Políticamente fue una calle comprometida conlos movimientos de izquierda y republicanos, asíen el número 21 hubo un Centro Republicano y unCentro de Instrucción de Obreros muy dinámico,que incluso llegó a dar mítines feministas[2], den-tro de otras muchas actividades divulgativas y for-mativas.Un mercado y una calle sucia y molestaPuede resultar difícil imaginar que esta brevevía pudiese albergar un mercado al aire libre y sinembargo así fue. La Ruda era durante casi toda lamañana un mercado bullanguero, animado, llenode gente que se daba codazos y de banastas en elsuelo o en tablones, tanto en las aceras como enel centro de la calle, con sus vendedoras pregonan-do la bondad de sus productos a voz en grito.Si algo caracteriza a un mercado al aire libre esel problema que representa la limpieza, es decirsu carencia y aquí parece ser que era absoluta. Lonormal es que cuando se habla de ella se la tratede muladar, zoco africano, foco de infección, etc.En El País se llega a afirmar: “La calle de SantaAna sería una de las más sucias de Marruecos deno existir la de la Ruda, que es la calle más puer-ca del orbe"[3], y en ABC, con motivo de una visitaa Constantinopla, el periodista llega a afirmar queno le llaman mucho la atención los callejones encuesta, mal empedrados, con casuchas, etc. por-que conoce la Ruda[4]Desde muy temprano los vendedores bajaban ala calle para ocupar su sitio y evitar que otro se locogiese[5], más tarde tomaban un café con aguar-diente antes de iniciar la venta. Después llegabala gente en tal cantidad que era imposible atrave-sar la calle si no era a paso de procesión y estan-do en riesgo de asfixia por la presión de la masa.El riesgo de pisar cualquier desperdicio y caerera muy alto. Al suelo iban a parar los restos orgá-nicos que resultaban de la venta, la mayoría de ti-po vegetal, pero no faltaban los de pescado, carneo cualquier otro. No hay que olvidar que, ademásde los puestos, en la calle, estaban las tiendasque a su vez sacaban cestas y tablas a la puerta,a cuya vera se arrojaban los restos. Blasco Ibáñeznos cuenta en La Horda: “En la calle de la Rudatuvo que agarrarse del brazo de Isidro para poderandar sobre el asfalto resbaladizo, cubierto de ho-jas verdes, paja mojada y escamas de pescado.”[6]Por supuesto el olor, especialmente en verano,era irrespirable. En estas circunstancias los riesgospor infección de que se alertaba en la prensa noeran simples palabras sino que tenían fundamen-tos demostrables. Ni que decir del ruido por el gri-terío de vendedores y el trasiego de gentes.El mal estado de la vía pública parecía contagiara los propietarios de casas porque muchas deellas estaban en un estado lamentable[7], hay queVista de la calle en 1917. ABC 02/09/1917[1] Misericordia Cap. IX. Benito Pérez Galdós.[2] El País de 27/01/1907, recoge un Mitin feminista queseñala como anticlerical.[3] El País 06/10/1917[4] ABC 01/03/1916[5] Son muchos los artículos que explican el funcionamientodel mercado, pero destaca el de El Heraldo de Madrid,de 07/03/1928[6] La Horda. Cap. VI. Vicente Blasco Ibáñez[7] ABC 28/08/1910gv 27Crónica gatuna
  28. 28. entender que peor que las típicas casas de estosbarrios.Esta situación levantaba protestas que pedían so-luciones o la supresión de la venta callejera, peroa pesar de ello el mercado siguió funcionando has-ta 1936.No está claro cuando comienza esta venta en laRuda, pero ya en 1846 hay quejas en El Clamor Pú-blico[8]sobre que se sigan instalando puestos con-tra la voluntad municipal. El mismo periódico,meses más tarde[9], apunta el que los ambulantesno pagan tasas perjudicando a los establecimien-tos fijos y entorpecen el tránsito, pero estas de-mandas parece ser que ya caían en saco roto; “Envez de haber tomado en consideración nuestrasquejas, la autoridad ha mirado con el mayor aban-dono este negocio; y en la actualidad parece quela concurrencia de vendedores ambulantes poraquella parte se ha aumentado de una maneraprodigiosa”. También se denuncia que por estasmolestias los enfermos muchas veces empeorande sus dolencias[10], las casas pierden su valor, etc.Las propuestas para resolver el asunto apunta-ban al traslado de los puestos a otro lugar más es-pacioso, normalmente a la cabecera del Rastro.Otra proposición clásica y la más lógica, era llevarlos cajones a los mercados más cercanos, en con-creto al inmediato de la Cebada. Los proyectos demodificación solían chocar con la oposición de losvendedores ambulantes, celosos de su espacio yclientela y temerosos de no poder competir en pre-cio en los mercados con los propietarios de tien-das.Planes no faltaron. El de 1905 pretendía la crea-ción de dos nuevos mercados, uno en Espíritu San-to y otro a espaldas del de la Cebada, sirviendoeste último para trasladar, entre otros, a los vende-dores de la Ruda. Fue tónica común la petición denuevos mercados para aliviar la carencia endémi-ca de Madrid en esta materia. Contra lo que pue-da parecer el Ayuntamiento era receptivo a ello,pero unas veces por carencia de presupuesto (lohabitual) y otras por cualquier otro motivo, nuncase le daba solución.Un escollo era la condición de mercado de abas-tos o central del de la Cebada, lo cual dificultabael dar cobijo a los ambulantes en él y sólo se em-pezó a ver la luz del túnel cuando pasó a ser defi-nitivamente un mercado de barrio por haberseconstruido el Central de Frutas y Verduras. Era1935.A pesar de todo siguieron los puestos en la calley las protestas. Inclusive en algún momento lacuestión llegó a exacerbarse más de lo habitualentre las dos tipologías de vendedores. La Socie-dad de Vendedores en General tuvo que elevaruna nota a las autoridades aclarando que nuncase habían opuesto a la entrada de los vendedorescallejeros en la Cebada sino que lo que pedían eraque se hiciese en las condiciones higiénicas perti-nentes.[11]En noviembre cuando ya debería estar todo eltraslado resuelto nos encontramos con quejas deVista del gentío en el mercado.El Heraldo de Madrid 07/03/1928Fotografía de Alfonso en La Voz, de 01/10/1935, donde nosmuestra la calle, ya con el mercado desaparecido.gv 28Crónica gatuna
  29. 29. los vecinos porque los comerciantes con local sa-can puestos a las aceras, sirviendo de poco el ha-ber quitado a los ambulantes[12]. En diciembre laSociedad de Vendedores protesta nuevamente por-que dentro del mercado hay gente que no es en pu-reza vendedor y porque los comerciantes de laRuda siguen con puestos en las aceras. El alcaldeargumentaba, según ABC, que los comerciantesno dejaban las aceras por haber pagado el arbitriode ocupación de la vía pública. Para el periódico lasolución es fácil: no cargar dicho arbitrio en el tri-mestre siguiente y hace un llamamiento a los com-pradores para que no adquieran nada en estospuestos.[13]Incluso en diciembre de 1936, con motivo deobras en la Cebada, vemos que los antiguos ambu-lantes piden permiso para volver a la Ruda, y seles concede.Tras la Guerra Civil parece que el mercado calleje-ro desaparece definitivamente.Una calle peligrosaParece claro que los estándares de seguridad pú-blica no son los mismos en estos tiempos que enlos pretéritos. Se puede afirmar que esta calle es in-finitamente más segura ahora de lo que fue an-taño. Para poder opinar con rigor sobre lapeligrosidad de un entorno determinado es menes-ter hacer un estudio profundo donde se evalúenuna gran cantidad de parámetros. No es el propósi-to de este artículo, pero se ha tenido curiosidadpor saber si era peligrosa la Ruda y, sin llegar a ha-ber realizado una estadística minuciosa, se puedeobservar que la prensa la cita entre los años 1849y 1935 en, al menos, más de setenta y nueve oca-siones. Este número es solamente el de noticiasde lo que podríamos llamar “sucesos”. El periodoabarca unos ochenta y seis años, con lo cual raroes el año que no hay algún desaguisado de ciertaimportancia. Por supuesto los acontecimientos quepodríamos llamar chirriantes o poco armónicos enplan de convivencia eran muchísimos más de losque figuran en estas cifras. En estos datos noestán los relativos a los motines, algaradas y violen-cia en las manifestaciones de las verduleras de losque se habla en otro lugar. Así, creo, que se puedeafirmar que una calle con estos records fue violen-ta y me temo que hasta peligrosa.Los momentos trágicos vividos en ella son diver-sos y van desde la simple riña con algún que otroojo morado hasta el asesinato pasando por todauna gama de posibles delitos, muchos de elloscon origen en las borracheras gestadas en sus ba-res.Entre los casos más graves, los de muertes oheridas de consideración he llegado a contar cua-renta y dos en el periodo indicado. Tenemos críme-nes pasionales, homicidios tras una juerga decompadres, apuñalamientos, robos con sangre,etc. Los motivos son de todo tipo, incluidos losmás peregrinos como por ejemplo el de un indivi-duo que da de cuchilladas a su vecino de habita-ción porque le ha recriminado el no dejarle dormircon sus cánticos[14].Si bajamos a una categoría menor en la escala,la de las lesiones menos graves, los escándalos,las riñas, etc. tenemos treinta y ocho noticias reco-gidas. No es que estos fueran menos que los másgraves, sino que la prensa no los recoge por nohaberse necesitado la intervención de la fuerza pú-blica o por no ser noticia, sobre todo en lo referen-te a las cotidianas riñas de verduleras. Hay robosincluso cuando, a causa del incendio del Noveda-des, algunos vecinos han tenido que depositar suspertenencias en la calle, de donde les desaparecenVamos a ver al menos el asesinato de 1905 y elrapto del niño de 1935.El crimen de 1905 ocupó páginas en casi toda laprensa de Madrid. La peculiaridad de este homici-dio radica en que fue un caso confuso y que pudohaber terminado con la acusación a un inocente.También es prototípico de la vida en los barrios ba-jos. Consistió en una pelea callejera entre dos indi-viduos que acabó con la muerte de uno por ungolpe de faca. La víctima, Aniceto Plaza, había es-tado gran parte de la tarde bebiendo en compañíade unos y otros rematando el día en el bar del 14de la Ruda. Allí estaba, en compañía de su primoRicardo, bailando al son de una dulzaina José delRio, un mozo de pescadería. Como al tal Anicetono le gustase como danzaba le espetó algo del es-tilo “Eso ni es baile ni es ná” y como el otro le res-pondiera “cada uno baila como sabe”, no siendoesto de gusto y conformidad del primero le invitóa resolverlo en la calle. Allí el resto es fácil de ima-ginar, salieron a relucir las navajas y uno cayó heri-[8] El Clamor Público 16/12/1846.[9] El Clamor Público 27/02/1847.[10] La Esperanza 08/10/1847[11] La Libertad 02/10/1935[12] La Libertad 01/11/1935[13] ABC 12/12/1935[14] La voz 04/09/1924gv 29Crónica gatuna
  30. 30. do de muerte, Aniceto, saliendo ileso el otro.Hasta aquí nada de especial y hubiera sido un ca-so sin más relevancia si no fuese porque la cosase complicó por varios factores, a saber: el que nohubiese testigos directos del combate; después em-brolla el tema la aparición en escena de un serenoque vio las escenas finales, es decir al homicidayéndose del lugar de los hechos y al cual detuvomomentáneamente; la negativa inicial de losdueños de las tascas del número 14 y del 21 areco-nocer la presencia de la víctima en sus locales; ladeclaración de un niño de 12 años (mozo de la ta-berna del 14) identificando erróneamente a un ami-go del Aniceto, Federico, que había estado partede la tarde bebiendo con él, como el agresor, alcual se parecía; la confusión del sereno al confun-dir la voz del criminal con la de Federico y hastaun blusón manchado de sangre que tenía este ensu casa, estuvieron a punto de convertir este suce-so en un error judicial y haber llevado a prisión depor vida a un inocente.Todo tuvo un buen fin por la intervención de uneficaz policía y, sobre todo, por las declaracionesdel primo y del dueño de la pescadería donde tra-bajaba el criminal. Su patrón se vio compelido aprestarle dinero para poder salir de Madrid rumboa su pueblo natal en León. José del Río fue deteni-do en Venta de Baños y trasladado a Madrid, don-de confesó inmediatamente todo.Como se puede ver es un suceso que tiene granparte de los elementos dramáticos típicos de estosbarrios: alcohol, bronca por cualquier cosa, chu-lería, tirada de navaja fácil, etc.En 1935 se da el rapto de un niño de dos me-ses a la luz del día y en medio de esta calle. Estetipo de delitos es asunto que moviliza y escandali-za a la ciudadanía. Este caso no podía ser menosy tuvo a Madrid en vilo, si bien no fue mucho tiem-po.El suceso, lleno de tintes folletinescos ocurrecuando una mujer, María Lage[15], corpulenta ybien vestida, aborda a Juana Villada, que iba consu hijo en brazos dispuesta a hacer la compra enla jungla de puestos de la Ruda. La primera la sa-luda como si la conociera dándola razón y señasde sus actividades como sirvienta. Se ofrece a te-nerla a la criatura mientras la madre hace la com-pra, cosa a la que accede, pero apenas avanza enla calle recapacita y volviéndose hacia dondehabía dejado a la desconocida con su infante ob-serva que ya no están.La solución fue bastante rápida porque la rapto-ra y la criatura fueron halladas cuatro días mástarde, aunque la conclusión final llevó un pocomás de tiempo.La criminal era la mujer del director de la cárcelde La Carolina, con una buena posición social y deprimeras dadas, de excelente reputación, aunqueparcialmente empañada por haber tenido una hijade soltera, que para estas fechas tenía ocho años.Se había trasladado a Madrid con el propósitode robar un niño ya que, para recomponer su ma-trimonio que andaba mal encarrilado, se había fin-gido embarazada. Una vez aquí había localizado einformado de su víctima y contratado a un amade cría para dejar al niño a su cuidado el tiemposuficiente como para poder volver luego a La Caro-lina con su falso nuevo vástago.El plan se le truncó porque la mendiga contrata-da como ama de cría, vecina de Tetuán de la Vic-torias, sospechó que el niño que le habíanencomendado era el que aparecía como robadoen los papeles y denunció el hecho.Resuelto el caso del rapto, la prensa tuvo otromotivo para llenar páginas: la vida de María Lageera toda una novela.La madre del niño raptado con él en brazos.Mundo Grafico 05/06/1935gv 30Crónica gatuna
  31. 31. Las verduleras y las gentes de la calle“La calle de la Ruda se ha convertido en unamansión de furias, a juzgar por los descompasa-dos gritos y obscenas palabras con que algunasverduleras allí situadas corrompen el aire, por me-dio del cual llegan sus inmorales dichos a oídosde jóvenes honestas y de la pacífica vecindad.Las referidas vendedoras impiden además el tránsi-to e insultan a cuantas personas de ambos sexostienen la desgracia de pasar, y de vez en cuandodisputan unas con otras, resultando de semejan-tes contiendas una salva de puñetazos, tirones deorejas, repelones y zapatazos.” De forma tan con-tundente se expresaba El Clamor Público en 23de julio de 1853.Las verduleras de la Ruda eran unas mujeres cur-tidas por una vida en absoluto plácida y por un tra-bajo duro en el que era obligado pelearconstantemente. Pelear con sus vecinas de pues-to, con las vendedoras del mercado de la Cebada,con las clientas, con los guardias…. Muchas veceseran el sustento básico familiar, el único sueldoque entraba en la casa, y otras muchas eran des-caradamente chuleadas por un guapo que vivía deellas.Desde niñas aprendían este trabajo y la verdule-ra solía serlo por descendencia de línea materna.Como muchas de las gentes de que poblaban losbarrios bajos no era cosa rara el que sus padresno estuviesen casados ni tampoco que ellas hicie-sen lo propio. Lo habitual es que apenas hubiesenido al colegio y fuesen prácticamente analfabetas.El consumo de aguardiente, a veces en exceso, es-taba entre sus prácticas habituales.El trato que se las da, tanto desde la literaturacomo desde la prensa de la época, va desde la ani-madversión más profunda hasta considerarlas co-mo la esencia del casticismo más puro.Típico puesto callejero de verduras. Crónica 31/07/1932gv 31Crónica gatuna
  32. 32. Obviamente hay que entender, usando una expre-sión que sería de ellas, que “ni calvo ni con dos pe-lucas”. Ni eran tan salvajes y depravadas comodice el ultraconservador El Siglo Futuro, que cadavez que quiere insultar a sus enemigos políticoslos compara con ellas, ni esos seres simpáticos, di-characheros, brutos y cándidos en el fondo, quenos cuentan los saineteros.Los personajes típicos/tópicos y la calle en si mis-ma fueron motivo común de poemas y coplas cómi-cas. Como ejemplo: “En la calle de la Ruda/ vive,si el vulgo no miente,/Pepa la Morrocotuda,/ la me-jor hembra, sin duda, /que ha visto el siglo presen-te./ Vive con Pepa y aguanta/ las costumbres dela indina/ su madre, que es la cambianta/ más fa-mosa y menos santa del barrio de La Latina…”[16]o “En Madrid, cerca del Rastro,/ en la calle de laRuda,/ de la taberna del Tuerto/ en una trastiendaoscura,/ arrimados a una mesa/ que lamparonesdeslustran/ la rota botella a mano/ y a mano lacaña sucia,/ sobre si mucho te quiero,/ sobre siachares me abruman,/ charlando están Pepe, elBizco,/ y Sebastiana, la Chula./ Quéjase ésta deque el otro/la de tormento con dudas,/ la obliguecon bofetadas/ y la requeme con pullas/…”[17]Tratar el habla de las verduleras y los habitan-tes de la zona daría para un tratado y escapa alpropósito de este artículo, pero es obligado dar al-guna pincelada. Es un idioma directo, inteligente,mordaz, ágil, y, sobre todo, descarado. Carlos Arni-ches en una entrevista en ABC de 1930 confiesaque “doy una vuelta por la calle de la Ruda a lashoras del mercado y oigo muchas cosas”[18]Impo-sible terminar sin algún ejemplo: Como poner acaldo a una pareja de clientes insatisfechos: “¡Laseñorita del pan pringao! ¡El señorito que se salepor el cuello de la camisa! ¡Dios quiera que no lehagan a usted novillo para que lo mate el Oru-ga!”[19]A una clienta que está tocando la mer-cancía “Pero oiga usté so escuchimizá: ¿S’hafigurao que las naranjas están aquí pa que ustéjuegue con ellas a la taba?”[20]Una vendedora auna clienta con la que ya ha discutido previamen-te porque el hijo de la verdulera ha empujado a lacompradora “…-Bueno, bueno déjeme usted enpaz./ –No se ponga usté flamenca que eso ya nose estila. Además, que bueno es saberlo, pamañana traer el papel sellao. ¡Digo! y si lo quiereusté en pergamino/ –Bien, señora. Hemos termi-nado/ –Como usté quiera; pero vamos, con la con-versación se ha distraído usté y s’ha quedadoencefalítica echando naranjas de extranjis en elComprando en un puesto de verduras callejero. Mundo Gráfico 08/08/1934gv 32Crónica gatuna
  33. 33. capacho. Fíese usté de las apariencias… ¡Ca-mará con doña No Me Empujes!”[21]Los motinesLos motines de las verduleras eran temidos y te-mibles, tanto por el asunto en si como por las pro-tagonistas que no se achantaban lo más mínimocuando la cosa se ponía fea, y eran capaces de en-frentarse a cualquier cosa que se les pusiese delan-te con una fiereza que imponía.Se habla de “motines” muy a la ligera, y, tal vez,porque a la prensa le venía bien para meter el sus-to en el cuerpo a los políticos de turno. Estos famo-sos motines las más de las veces no eran más quehuelgas y disturbios callejeros que no durabanmás que unas horas o a lo sumo un día. No obstan-te los hubo de campanillas.Por supuesto estos disturbios no son imputablesen exclusividad a las vendedoras de la calle quenos ocupa, sino que era asunto general de todaslas verduleras de la ciudad aún cuando las de la Ru-da solían estar en primera línea.La principal causa, obviamente, era la económi-ca, y dentro de esta categoría los impuestos munici-pales estarían en cabecera. La gestión del cobrode estos últimos no era materia fácil para los muní-cipes y algunos mecanismos rozaban el esperpen-to, así nos encontramos con el relato que noshace La República en 1891[22]donde nos cuentala pugna entre el guardia y la picaresca de los ven-dedores: el cobrador se ve obligado a esperar pa-cientemente frente a los vendedores a que haganla primera venta para poder lanzarse a cobrar, pe-ro estos en cuanto consiguen los primeros dineroslo que hacen es escamotearlos a la mayor veloci-dad posible, así un niño vendedor de alfileteros sa-le corriendo, perseguido por el guardia, a comprarun panecillo y en cuanto lo consigue le hinca eldiente para no tener que devolverlo, una verdule-ra le da el dinero a su hija pequeña para que lo lle-ve volando a su abuela y, lógicamente el guardiano puede aguantar el ritmo de la carrera de la cria-tura, etc. Esto que parece un juego muchas vecesacababa como el rosario de la aurora, llegando lacosa a mayores.El motín de julio de 1892 fue, probablemente, elde mayor envergadura. El origen está en el fuerteincremento del impuesto sobre la venta de verdu-ras que había establecido el alcalde conservador Al-berto Bosch. Se llegó a subir de unos 15 céntimospor término medio por banasta hasta los cincuen-ta céntimos.Las vendedoras del mercado junto con las delas calles aledañas fueron de las primeras en ne-garse a pagar. Comenzó una tumultuosa jornadallena de incidentes. Según El Siglo Futuro[23]fueuna revuelta esencialmente femenina ya que po-cos hombres participan, al menos en sus comien-zos.Los guardias encargados de cobrar el impuesto,visto el cariz, desistieron de ello, pero los ánimosno se calmaron. Unas 10 ó 12 mujeres se traslada-ron a Lavapiés donde conminaron a sus iguales asecundar la lucha. A las 8 todos los mercados esta-ban en pie de guerra. Y a esa misma hora se pre-sentaba el Gobernador en la Cebada anunciandosu disposición a oír las quejas en su despacho,marchándose inmediatamente y dejando una sec-ción de la guardia civil a caballo apostada en lasinmediaciones del café de San Millán.Desde la Ruda y la Cebada, unidas tanto las ven-dedoras ambulantes como las de puesto fijo, salie-ron unas doscientas[24]en dirección al centro,previo paso por las calles inmediatas para forzar elcierre de todas las tiendas, enfrentándose con lostenderos que se negabanAl frente de las de la Ruda estaba la “Sarasate”,mujer de rompe y rasga que arengaba con efica-cia a sus huestes que enarbolaban, al igual quelas de otras procedencias, banderas rojas, negras,verdes… de donde colgaban pimientos, pepinos,lechugas, etc.Las amotinadas se encaminaron a hablar con elGobernador, tal y como este había indicado. Senombró una comisión y la autoridad decidió la reti-rada del impuesto si desistían de su actitud. Comolas comisionadas tardasen las que esperaban pen-saron que las habían apresado. Y comenzó unaauténtica guerra.El combate entre la guardia civil y las verdulerasFuerzas de orden público custodiando la Cebada en unaalgarada de 1919. La Acción 02/01/1919gv 33Crónica gatuna
  34. 34. fue duro, unas lanzando piedras y los otros cargan-do a sablazos, hasta que tuvieron que recurrir alas armas de fuego tirando al aire en la calle Ma-yor, en el Mercado de San Miguel y sobre todo enla Plaza Mayor, donde los enfrentamientos fueronmás violentos.El Gobernador dio un bando a las 13 horas orde-nando el cese de las algaradas so pena de una ma-yor intervención de la fuerza pública, pero lasublevación siguió por la tarde abarcando todoslos barrios. La preocupación del Gobierno era ma-yor porque esa tarde regresaba de Aranjuez la re-gente y la corte a Madrid y temían cualquier cosaen el trayecto de los carruajes. No en vano a esashoras ya se habían derribado varios tranvías. Asílas cosas y ante la inmediata llegada de la regentehubo que recurrir al ejército y sacar al regimientode dragones de Montesa nº 10 para proteger la es-tación de Mediodía y a otras diversas secciones mili-tares en las inmediaciones de Palacio, Ópera, Sol,Sevilla y las Cortes.Con la noche llegó la calma a una ciudad quemostraba los restos del combate por doquier, ha-biendo calles por las que había que transitar a oscu-ras por no quedar un farol sano. Pegado en lasesquinas un bando municipal anunciaba que se de-jaba sin efecto el impuesto de la discordia.En el balance de ese tres de julio tenemos la pe-drada que recibió en el pecho el Gobernador, mar-qués de Bogaraya, por la que enfermó y tuvo queser sustituido provisionalmente; la detención, sinmotivo aparente, de varios miembros de la UniónRepublicana y la de ciento dos participantes en elmotín; unos treinta heridos atendidos en centrossanitarios, y una cantidad desconocida, pero muysuperior, que se curaron como pudieron; y, segúnEl País[25], un muerto en la calle Mayor por sabla-zo de un guardia civil y otros dos más sin confir-mar, uno en la calle de la Ruda.Pasada la primera jornada, las vendedoras tam-bién se negaban a pagar los quince céntimos[26],pero tras unos días de tensión se avinieron a coti-zar y volvió la calma. Quedaron tocados política-mente el alcalde, el Gobernador y el Gobierno deCánovas mismo, que este año de 1892 cayó, nonecesariamente por este claro triunfo de las verdu-leras.En abril de 1914 nos encontramos con una huel-ga de verduleras de cierta importancia, ahora pordiscrepancias entre asentadores y vendedoras.También a fines de junio hubo algaradas promovi-das por el público que ante una subida abusivadel pan y las patatas asaltaron tahonas y puestosy en concreto en la Ruda saquearon todos lospuestos callejeros tirando al suelo y pateando lamercancía. Los tumultos fueron de tal calado queacabaron con el ejército patrullando las calles.Un incremento de un veinticinco por ciento enel precio de las verduras, efectuado por los asenta-dores de un día para el siguiente y sin previo avi-so motivó otro de los motines sonados, el deprincipios de año 1919. Como reacción a ello co-menzaron los propietarios de puestos la huelga yel cierre forzoso de comercios. La situación se con-virtió en complicada y el Ayuntamiento se vio en-tre la espada y la pared ya que si daba la razón alas vendedoras, como era proclive en primera ins-tancia, se arriesgaba a una huelga de asentado-res, que sería nefasta porque lograría eldesabastecimiento de Madrid. La solución para cal-mar a todos fue prohibir los revendedores.Acabamos aquí el tema de los motines y estahistoria de la calle de la Ruda, aunque aún daríapara mucho más.[15] Luego veremos que ese no es su auténtico nombre.[16] Pepa la Morrocotuda. Juan Pérez Zúñiga, en MadridCómico 16/11/1889, aunque se encuentra en otraspublicaciones.[17] Entre Cupido y Baco. Eduardo Bustillo, en MadridCómico 03/10/1885[18] ABC 13/03/1930[19] La Correspondencia Militar 02/08/1899[20] La Voz. 25/04/1927[21] El Heraldo de Madrid 07/03/1928[22] El impuesto sobre la miseria” La República 12/07/1891[23] “El motín de los vendedores” en El Siglo Futuro03/07/1892[24] Según artículo anterior 2.000[25] El País 03/07/1892[26] ABC 12/12/1935Puede consultar la bibliografíacompleta de este artículo en laweb gv 34Crónica gatuna
  35. 35. Los Viages de MadridAntes de la aparición del canal de Isabel II Madrid se servía de los viajes de aguapara abastecer a la población. Unidos al origen de la ciudad los viajes de agua aúnsuministraban a Madrid 2.990.562 litros diarios. En este artículo conoceremos sufuncionamiento y su historia.Los Qanats [1]Fueron tres las técnicas relativas al agua difundi-das por los musulmanes cuando ocuparon Madrid:a) La noria, b) el almacenamiento de agua median-te albercas, para el riego agrícola por canales y ace-quias, y c) el Qanat, o viage de agua, aquítratado. Pero, ¿Qué es un Qanat?El Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural yMarino define el Qanat como “el aprovechamientode las aguas subterráneas, para obtener el usosostenible del recurso hídrico, donde y cuando elagua de manantiales resulta insuficiente”.Esta definición es descorazonadora para algu-nos. Nosotros hemos de dar una idea mas concre-ta de lo que es un Qanat. Podemos hacerlodiciendo que se trata de un sistema de aprovecha-miento de aguas subterráneas donde, tras la locali-zación de las aguas mediante prospección, éstasson recogidas (captación), conducidas por gra-vedad y distribuidas a los puntos de consumo,que son las fuentes. El nivel freático de dichasaguas debe encontrarse por encima al de las fuen-tes a las que se quiere suministrar para alcanzar-las por gravedad.En los Qanats, además de su contenido técnicoe ingenioso, hemos de destacar el tratar de la con-ducción del agua, elemento que según el sabiogriego, Thales de Mileto, es uno de los cuatro ele-mentos que componen nuestro universo, hasta lacasa del hombre. Así lo ha entendido la UNESCO,al declarar en mayo de 2002 la conveniencia deproteger los Qanats a nivel mundial como patrimo-nio cultural de la humanidad. (monumento de he-rencia mundial).Los aspectos técnicos sobre los Qanats se hanpublicado en los “Anales del Instituto de EstudiosMadrileños” tomo XLVI (2006), pp 419-465. Aquínos limitaremos a definir un bello trozo de la his-toria del hombre.Los Qanats son de origen persa y empezaron aser construidos muchos años antes de Cristo. Sesabe que existieron en Armenia setecientos añosantes del nacimiento de Cristo, y que, gracias a suimplantación, el rey persa Dario I (siglo V a.C.), su-[1] Qanats o Kanats es el nombre por el que internacionalmente se conocen a los “Viages de Agua”. Para designar a los deMadrid, utilizamos la expresión “Viage” por ser el nombre que tenían éstos durante la época de su mayor esplendor yactividad, los siglos XVII y XVIII, en la que destacaron Andrés García de Céspedes, (1606), especialista en instrumentosde geometría, Fray Lorenzo de San Nicolás, arquitecto (1633-1667), Theodoro Ardemans, pintor, arquitecto, Fontanero yMaestro mayor, (1724), y Juan Claudio Aznar de Polanco, profesor y descriptor de los viages (1727)Texto y dibujos: Emilio Guerra Chavarinogv 35Crónica gatuna
  36. 36. po manejar las agua subterráneas, mejor que losdemás, para crear y mantener centros poblaciona-les en los que apoyó su poderío. En Irán todavíase conservan algunos de más de 100 km de longi-tud, con una profundidad, en algunos casos, supe-rior a 30 m. Se dice que el esfuerzo que fuenecesario para construirlos, superó al que se em-pleó en la construcción de la muralla china.Por su sencillez y eficacia, el sistema de los Qa-nats se extendió por todo el mundo. La rama detransmisión africana llegó a la península Ibérica aprincipios del siglo VIII, y a Madrid, en el IX.Antes habían llegado a Hispania las técnicashidráulicas romanas, que tenían el mismo origenque los Qanats.Debemos aclarar que elagua subterránea mencio-nada proviene de la lluviay de la nieve, cuyo mayorporcentaje da origen a losríos y los arroyos que dana los lagos y al mar. Pero,parte de esas precipitacio-nes se filtra en la tierra.Es la conocida agua ver-de. Agua que suele sermuy adecuada para serbebida por estar filtradapor la tierra, la que le aña-de las sales que la hacenpotable.El agua verde fluye sub-terráneamente hacia elcauce de los ríos, graciasa las capas impermeables onduladas, donde seformaban los vexigones, (lentejones, en el argot),que son zonas de tierra empapada de agua, luga-res idóneos para realizar pozos de captación o ma-naderos, desde donde, y excavando minas ygalerías, se conducía al agua hacia las fuentes.Los pozos artesianos de captación o manadero,se excavaron en zonas altas del terreno, comuni-cados entre si por minas que aumentaban la su-perficie de captación, suministraban el aguadrenada al colector general donde se encontrabael arca colectora. Esta agua se desplazaba por li-gera pendiente por galerías, hacia el arca de regis-tro, hasta el arca principal del Viage donde seencontraba el aljibe, ubicado en los límites de lagv 36Crónica gatuna
  37. 37. población. Desde dicha arca principal, el agua secanalizaba o entubaba, para evitar se filtrara al te-rreno, hasta los puntos de consumo, las cantari-nas fuentes.Ardemans nos dice que la pendiente con que seconstruian las galerías “resultará luego en cadacien pies un dedo de desnivel”; esto es, teníanuna pendiente de 1 dedo por cada 100 pies (al ser1 pie = 16 dedos, la pendiente resulta ser de0,06%). Según Vitruvio, la pendiente debía ser almenos de 0,5 % pero normalmente hoy se indicael valor del 1 % como el mas adecuado. En el ca-so de entubados, éstos debían tenderse con ciertapendiente continua para evitar la formación de bur-bujas de aire que supondrían una resistencia al des-plazamiento del agua, y una propensión aproducirse el golpe de ariete, fenómeno no muybien conocido entonces.Este sistema proporcionaba un trasporte delagua “gratis”, pues era por gravedad, con la venta-ja de reducirse al mínimo las pérdidas por evapora-ción.Los viages constaban en general de tres zonas.La zona de captación o manaderos, la de transpor-te o conducción, y la de distribución y suministro.Era en esta tercera zona donde podía producirsela temida contaminación del agua, y para tratar dedisminuirla o anularla, la conducción se realizabamediante encañados o tuberías, bien de terracota,que eran las preferidas, por no dar sabor al agua,bien de plomo o latón, y últimamente de hierro.A lo largo de las galerías se intercalaban unas ar-cas, como pequeños aljibes, donde el agua se re-mansaba para decantar la arena trasportada.Estas arcas eran obligatorias cuando la galeríasufría un brusco cambio de dirección, en donde laerosión podría socavar las paredes y producir arras-tre de arena; eran las conocidas “Cambijas”. Esaarena podría producir azolvamientos (atascos), losque también se originaban caso de ser insuficientela pendiente de las galerías de trasporte.Hoy construimos un túnel mediante brocasmecánicas, pensemos en las perforadoras del Me-tro, pero entonces este tipo de trabajo se hacía amano. Para construir las “minas o galerías” se re-quería realizar chimeneas (lumbreras) por dondeextraer el material excavado, para facilitar el acce-so y para la ventilación interior. Para impedir la en-trada de cuerpos extraños en las galerías, laschimeneas se cubrían en su afloramiento al exte-rior con un capirote de granito, perforado para ga-rantizar la ventilación.Las galerías se construían de dimensiones míni-mas que permitieran el acceso de personas. Resul-taban tan reducidas que se llegó a decir quehabían sido construidos por obreros enanos. Cuan-do el terreno no era suficientemente compacto,las galerías se reforzaban interiormente con mate-riales de construcción. Las no reforzadas eran de-nominadas de “lomo de caballo”.gv 37Crónica gatuna
  38. 38. El vestigio mas antiguo de los viages fue encon-trado durante la séptima campaña arqueológicarealizada en 1983 (noviembre-diciembre) en la Pla-za de los Carros. Según sus descubridores, seño-res Caballero y Retuerce, "Su cronologíamusulmana parece segura por no aparecer nadamás que cerámica de esta fecha tanto en los nive-les previos de escombrera como en su relleno, asícomo por los muros que lo cierran superponiéndo-se a él y que ya son de época cristiana”.El tramo encontrado, de una longitud de unos10 m, “es de sección rectangular con su canal enel fondo y un andén sobreelevado que lo hacía visi-table. El fondo del canal está relleno de piedras desílex y su recorrido descubierto (a cielo abierto), in-te¬rrumpido en dos ocasiones por pequeñas pre-sas de piedras. Su inclinación no aparece clara,pero lógicamente el agua debería ir de Este a Oes-te. Las presas debieron servir para conseguir la ni-velación requerida, así como el remansamientonecesa¬rio de las aguas para que deposita-ran loslimos y arenas que arrastrasen en el fondo y paraque, al saltar, se oxigenaran”.Dicho hallazgo, junto a los restos de una vivien-da [2], han sido cubiertos por un forjado “de modoque sean accesibles y visitables, conservados asíde modo ejemplar”. En la práctica, dichos restosno tienen programada visita alguna.Según Oliver Asín, “hasta esta zona de la Puer-ta de Moros llegaba uno de los más importantesviajes madrileños -el denominado del Bajo Abroñi-gal-, que, por la estructura encontrada aquí, muycercana a este punto, también podría ser islámi-co. Por fortuna, se ha podido conservar este sin-gular testimonio de un viaje urbano de épocaomeya, único no sólo en Madrid sino también entoda la Península”.Topográficamente, este viage si pudo alimentara los Caños Viejos y a los baños árabes situados aun nivel mucho más bajo, a la altura del viaductoactual.[2] a muy pocos metros del tramo del viage y quizás en directa relación con él, se encontró “una cueva abierta en el terreno dearena y arcilla a la que se accedía a través de varios escalones, que es casi el único indicio de habitación atribuible a estaépoca”.gv 38Crónica gatuna
  39. 39. No se sabe a ciencia cierta el origen del nombreViage de Agua. Oliver Asín en “Historia del nombreMadrid” (1959, página 81, apéndice 3º), dice quese deriva de “Viae Acquae”, hipótesis atractiva,que debemos guardar en la misma gaveta dondese guardan otras hipótesis del origen del nombrede Madrid. Resulta que los musulmanes conocíana los Viages con el nombre de Mayras. Por otro la-do, el nombre de Madrid viene de “Mayrit” el “lu-gar donde abundan las Mayras”.El Viage más antiguo de Madrid, sobre el cual setiene noticia, pasaba, según especifica el Fuero Vie-jo de 1202, por debajo de la “alcantariella (diminu-tivo de al-cantara, que significa el puente) deSancti Petri”, y sin duda fue el origen del arroyoMatrice, el que suministraba agua a los Baños Públi-cos y a las Tenerías, donde se teñían paños y te-las, situadas cerca del Manzanares (antigua Tela,hoy Parque de Atenas).La fecha de construcción más antigua conocidade los viages en Madrid es la que se da al viagede Alcubilla (expresivo nombre árabe), fechado en1399.No se conserva documentación alguna referidaa los Viages hasta el siglo XVI, quizás por el deseode olvidar todo aquello que recordara a los musul-manes. Oliver Asín [3]se lamentaba de lo pocoque se había escrito sobre los Viages de Madrid, apesar de su importancia no solo para la historia deesta técnica, sino también para la historia de Ma-drid.Cuando Felipe II trasladó la Corte a Madrid enel año 1561, el tema de los Viages cobró mayor in-terés. La población pasó de 20.000 habitantes a90.000 en 40 años y los gobernantes municipalesse encontraron con que los Viages existentes, ne-cesitaban obras de mantenimiento y que sería ne-cesario la localización de nuevos manaderos paraincrementar el agua a disposición de la población.El mal estado del sistema y la suciedad de las ca-lles fueron causas por las que Felipe III trasladóen 1601 la Corte a Valladolid, aconsejado por elduque de Lerma, su privado. Valladolid vio la posi-bilidad de acoger a la Corte y tomó la decisión dedonar a Felipe III 150 millones de maravedis. Acer-taron pues, en 1601 se producía el traslado. Estoprodujo el hundimiento económico y moral de Ma-drid y sus autoridades se aplicaron para que laCorte retornara. El procedimiento se resume en losiguiente: Las autoridades madrileñas donaron alRey 250 000 Ducados (a 375 maravedies el Duca-do, resultan 93,75 millones de maravedies, el 62,5% de lo pagado por Valladolid) para invertir en el[3] Jaime Oliver Asín. Su obra “Historia del nombre de Madrid”, se ha convertido en un documento básico en tres campos:Etimología del nombre de Madrid, Los Viages de agua, y las murallas de Madrid.gv 39Crónica gatuna
  40. 40. remozamiento del Alcazar, pagarle los gastos de lamudanza, garantizarle la construcción de nuevosviages, entre otros “detalles”. Felipe III regresó laCorte a Madrid en 1606. Curioso señalar que Ler-ma aprovechó la ocasión para construirse un pala-cio en Madrid, con un viage particular,aprovechando la bajada de precios de los inmue-bles.Afortunadamente para el Rey y para el Ayunta-miento, los madrileños estaban acostumbrados aconsumir menos agua que la media de las restan-te ciudades europeas. La Junta de Fuentes se en-cargó de tratar de cumplir la promesa dada. Laépoca entre 1610 y 1617 se caracterizó por la inten-sa búsqueda de manaderos, trabajos que dieronsu fruto pues se construyeron el viage de Amaniel,la Castellana (1621), los abroñigales (1614 y1617), etc.Debemos concretar ahora donde se encontra-ban los manaderos de Madrid. Los principales esta-ban en la zonas de Canillas, Canillejas, Fuencarraly Chamartín. Con la ampliación del número de Via-ges, se llegó a localizar manaderos al otro lado delrío Manzanares. En todos los casos, el agua pro-cedía de la Sierra del Guadarrama, y gracias a ella,se abasteció Madrid durante siglos.Los grandes “enemigos” de los viages fueron lacontaminación de las aguas y las limitacionesgeográficas pues llegó a decirse que ya no sepodía perforar galería alguna con éxito asegurable.En 1712 se conectaron las fuente de la Puertadel Sol, Red de San Luis y la Fama de AntónMartín. En 1722 hubo una ampliación de Viages yen 1800 se revisó el Viage de Alcubilla, pero la si-tuación seguía siendo insostenible, mas aún con lacreciente contaminación de las aguas. Se busca-ban insistentemente soluciones, y Juan Bravo Muri-llo se decidió, tras muchos estudios, por la traídadel agua del río Lozoya mediante la construccióndel Canal de Isabel II. Los viages fueron olvidaosy sus aguas sustituidas por las de la Sierra del Gua-darrama.Pero también el servicio dado inicialmente por elCanal tuvo sus inconvenientes. Concretamente nose había pensado en la depuración y filtraje de lasaguas de tal manera que tras días de grandes llu-vias el agua que salía por los grifos era mas bien“chocolate”, lo que obligó a la población a retornara los antiguos y abandonados viages. Pero susaguas estaban muy contaminadas pues a las ga-lerías se arrojaban animales muertos y se pro-ducían filtraciones de los pozos negros. Elloprodujo un incremento muy considerable de las in-fecciones y los subsiguientes fallecimientos.En la actualidad, y como no existe documenta-ción que permita establecer con exactitud la ubica-ción y profundidad de las galerías existentes,cuando se hace una cimentación de una casa y alaparecer un Viage, algún constructor suele mirara otro lado y deja avanzar a la maquina, que ledestruye. Si los poderes públicos no reaccionanpronto y se hace un estudio adecuado suficiente,el desastre será total. En el siglo pasado hubo enMadrid socavones que los expertos explicaron co-mo una consecuencia de roturas de cañerías,cuando en verdad fueron por hundimiento de Via-ges que ya no podían aguantar más. En estos últi-mos años se han destruido el arca mayor delviage de Amaniel, galerías del de San Dámaso enlas obras de la M-30, la galería en la plaza de SanAndrés, con motivo del enterramiento de un trans-formador electrico y el de la Plaza de Isabel II,con motivo de las obras del Metro. Y alguno más.Santos Madrazo, opinaba que «los Viages deagua han sido la gran originalidad de Madrid du-rante siglos» y añadimos que merecería, incluso,incluir en nuestro escudo un símbolo de los mis-mos ya que el nombre Maŷra y su composiciónMaŷrit dio origen al de la ciudad. Su aprovecha-miento cultural y su explotación turística aún nohan comenzado.Queremos hacer justicia a los Viages de Agua,tan sencillos, tan discretos, que incluso no les im-porta mantener su nombre con una letra que hoyconstituye falta de ortografía. Los madrileños tene-mos que agradecer a los Viages de Agua, el poderpresumir de serlo, porque sin ellos Madrid no hu-biera crecido, no existiría nuestra Capital.Características de estos viagesLos viages de Madrid han alcanzado una longi-tud total de unos 125 km, llegaron a suministraragua a mas de 75 fuentes públicas y a unas 500particulares. Muchas de estas últimas se puedenapreciar en la Topographia de la Villa de Madridde Pedro Texeira de 1656.Curioso es saber que la cantidad de agua sumi-nistrada por los Viages se medía por la cantidadde agua que se proporcionaba a las fuentes. Launidad de medida era el real de agua (RA) equiva-lente a la cantidad de agua que salía sin interrup-ción por un orificio al cabo de las 24 horas del día.El orificio era el que tenía un diámetro interiorequivalente al de la moneda del real de a ocho se-goviano.gv 40Crónica gatuna
  41. 41. Se acepta como equivalente del Real de Agua,el caudal que fluye por una tubería por la que flu-ye un caudal de 2,25 litros por minuto, segúnJuan de Rivera (1866). Para darnos una idea deello, diremos que es aproximadamente el caudal su-ministrado por un calentador de agua a gas, el lla-mado de 5 litros, cuando se le reduce su caudal almínimo para que salga a la máxima temperatura.Un caudal contratado de 1 RA proporcionaba aldía, al ser servicio ininterrumpido, unos 3.245 li-tros que los usuarios se preocuparían de almace-nar en un aljibe. Señalemos que la imperfecciónen la construcción de los marcos hacía que los cau-dales correspondientes a una misma cantidad dereales, fuera diferente en cada arca de distribución.Para ampliar datos, consultar:http://hispagua.cedex.es/cultura_agua/textos/18_EmilioGUERRA.pdf El agua y el escudo de Madrid:Los musulmanes dominaron Mayrit hasta el año1085. Tras los 370 años en que allí vivieron, deja-ron como herencia a los cristianos, sus Viages deAgua y su hermosa muralla, de los que siemprelos madrileños hemos estado orgullosos, pero a pe-sar de su significación no aparecen en el actual es-cudo de Madrid.Existe una leyenda cristiana en la que se diceque Madrid fue “armada (edificada) sobre agua”.Ruy González de Clavijo (año 1400), escribió so-bre ello en su visita al reino de Tamborlan. Añosdespués, el poeta Juan Hurtado de Mendoza (año1550) escribió:“De fuego ser cercada, te dixeron / antiguos si-glos, y sobre agua armada / tus venas de agua ysierras luz te prestan”.Los primeros madrileños se mostraron siempreorgullosos, no solo por la calidad y cantidad de suagua, sino también de ese novísimo sistema decaptación de las mismas. Tan orgullosos se encon-traban, que el primer emblema de Madrid incluíala leyenda:“Fui sobre agua edificada / Mis muros de fuegoson / Esta es mi insignia y mi blasón”El mencionado Juan Hurtado de Mendoza, en sulibro “El buen placer trobado” incluyó en 1550 dosemblemas de Madrid en donde intervenía destaca-damente el agua madrileña. En uno, aparecen dosriachuelos al pie del Madroño y en el otro, un tazilde una fuente vertía agua por un mascarón. Estosescudos mencionados en las “Relaciones Topográ-ficas de Felipe II “ de 1575-1578, son recogidos(por no decir, copiados) por López de HoyosMARCO DE ARDEMANSgv 41Crónica gatuna
  42. 42. (1572), de quien a su vez también “copió” Mesone-ro Romanos en su libro “El antiguo Madrid” (1861).En las “Relaciones Topográficas” se incluye el si-guiente texto, aludiendo a la versión de López deHoyos:Tiene dos escudos por armas. El uno es dos es-labones, que están hiriendo un pedernal, conunas letras en medio que cercan el escudo, quedicen Sic gloria labore, y al fin dice Paratur [4], conun epitafio que dice:Fui sobre agua edificada./ Mis muros de fuegoson. /Esta es mi insignia y blasón.[4] El texto en las “Relaciones...” corresponde al escudo de López de Hoyos que, como hemos anticipado, es copia del creadopor Juan Hurtado de Mendoza y que Gerónimo de Quintana (En su Historia de la Noble Villa de Madrid, página31,Capitulo XXIV, T 1), define así: “Pinta dentro de una tarjeta una taza de fuente con agua, y en medio de las ondas unpedernal grande con dos eslabones hiriendo en él, de donde saltan casi infinitas centellas de fuego, y alrededor esta letra:“Con el ocio, lo luzido se desluce.”. Y dentro de la tarjeta acaba diciendo: “Rompe y luze”. Quien podría haber pensadoque ya Hurtado de Mendoza opinaba que para que Madrid “luciera” tenía que romper sus murallas que la aprisionaban.gv 42Crónica gatuna
  43. 43. El otro escudo de armas es un escudo con sieteestrellas en campo blanco, con un árbol coronado,por el cual parece que quiere subir un oso, con unepitafio que dice:Arbutus atque ursus capit unde Ursania nomen./ Signant hanc urbem monte fuisse sitam.Illa corona tomen qua dtímus cingitur urbi. /A Ca-rolo quinto muñere fixa fuit.No encontramos explicación alguna al olvidoque sufre el primer escudo, y sería convenientetratar de tenerlo presente.Emilio Guerra esel autor de "Losviajes de agua ylas Fuentes deMadrid". Ed. La Librería,2011gv 43Crónica gatuna
  44. 44. Publicidad... de hace ya un tiempoCon esta entrega de publicidad de antaño vamos a ponernos un poco elitistas. Eneste caso en vez de versar sobre establecimientos específicos vamos a mostrar cincoartículos que no estaban al alcance de cualquiera, pero que fascinaron a lasociedad de su tiempo. Son productos que, en principio, no se fabricaban en nuestropaís y su venta estaba normalmente encargada agentes comerciales. Con el tiempoel puesto de los agentes lo fueron ocupando determinados comercios y algunos deellos acabaron especializándose en estas gamas.Texto y selección de anuncios: Alfonso Martínezgv 44Nuevo Mundo (22/12/1916)gv 44Curiosidad Gatuna
  45. 45. En Madrid se vendían desde antaño excelentes pianos de todas las marcas. Esto estabamuy bien para los que sabían tocarlo, pero ¿Qué se podía hacer con los que no sabíanmúsica? Evidentemente inventar, eso si, allende los mares, el piano mecánico, pianola,organillo…. muchos nombres para designar objetos similares que aplicados a un piano ode forma autónoma reproducen música como si fuese un divo el que está interpretando.La americana The Aeolian Co. fue de las primeras que a fines del XIX se metió en estos oficios, ysus productos llegaron a ser objeto de deseo entre las familias de bien de la Villa y Corte, que enCasa Navas, ubicada en la calle Fuencarral podían hacerse con tan selecto objeto.Las pianolas y el resto de sus primas se vendían hasta en las tiendas más importantes, como laprestigiosa Hazen uno de los comercios de mayor renombre en su especialidad y que estabainstalada en Madrid desde 1814.gv 45Mundo Gráfico (02/10/1912)Nuevo Mundo (07/05/1908)gv 45Curiosidad Gatuna
  46. 46. gv 46Seguimos en el mundo de la música y ahora nos encontramos con los gramófonos. No fue elprimer reproductor sonoro que existió pero sí de los primeros en entrar en las casas,obviamente en las de los pudientes.La selecta Casa Ureña estaba especializada en aparatos que funcionaban a golpe de electricidad y erauno de los puntos principales de la ciudad para poder adquirir estos abuelos del tocadiscos en sus dossedes de la calle del Barquillo, 14 y Prim, 1.ABC (13/07/1908)Alrededor del Mundo (15/04/1918)Actualidades (22/12/1909)gv 46Curiosidad Gattuna
  47. 47. gv 47Este invento americano de fines del XIX ya a nadie llama la atención, pero resultó una grannovedad a principios del siglo XX en nuestro país. Los tórridos veranos madrileños ya se podíancombatir con algo más que un abanico y eran diversas las firmas que peleaban por llenar lo quese podría considerar un mercado seguroABC (23/07/1906)ABC (02/06/1906)Nuevo Mundo (13/06/1912)gv 47Curiosidadd Gatuna
  48. 48. gv 48Actualmente la máquina de escribir podemosdecir que está a punto, si no lo ha hechoya, de pasar definitivamente a la historiade los artilugios sin utilidad, pero hasta ha-ce relativamente poco era absolutamente imprescin-dible en oficinas y despachos.Los tres ejemplos que podemos ver son de marcassobradamente conocidas que se podían encontrar entiendas normalmente extranjeras o en agentes de lasmarcas.Alrededor del Mundo (27/12/1924)La Esfera (23/06/1923)Crónica (06/12/1931)gv 48Curiosidad Gatuna
  49. 49. gv 49Rematamos la sesión publicitaria de este nú-mero con algo que realmente poca gentepodía tener: una máquina de fotos.Kodak durante mucho tiempo estuvo anunciandosus cámaras como algo casi imprescindible para po-der inmortalizar el verano, y la señorita con vestidolistado que podemos ver en el anuncio de 1914 serepitió numerosas veces con la misma vestimenta.El Mentidero (04/07/1914)Crónica (26/07/1936)gv 49Curiosidad Gatunao
  50. 50. Crónicas desde mi azotea (II)o la que montó el señor LaciervaNuestro simpático colaborador Ramón, el león de la Fuentecilla, vuelve paranarrarnos un curiosa historia con su peculiar gracejo. Esta vez nos hablará sobreun peculiar motín ocurrido en el Madrid alfonsino a causa de una disposicióngubernamental que afectaba a los usos y costumbres de la sociedad del momento.Texto: Ramón. El león de la FuentecillaLa tengo liá parda con mis vecinos. Ya sabenustés cómo son. El caso es que el otro día que pa-saba por aquí el señor Chueca le dije: “Don Federi-co es usté el tío más grande que ha parío España”.En esto que se me puso presopopéyico el dragóny me dijo que dónde dejaba entonces al Cid.- … porque no me dirá usted que lo del Cid eracualquier cosa.- Anda mi madre, como si la Gran Vía o El Bateofueran un suponerPero ca, que no termina ahí la cosa, que en-toavía tercia el oso y me suelta:- Pero bueno, vaya unos disparates que se gas-tan ustedes. ¿Y D. Ramón y Cajal? Si hay en Es-paña un gran hombre ese es sin duda D. Santiago.- ¿D. Santiago? Anda la osa - dicho sea con el de-bido respeto y la consideración debida - pero yame dirá usté donde está la gracia de tirarse to’ elsanto día viendo cosas chiquititas con un aparati-to. No me parece serio.- Lo que hay es mucha iznorancia.- Y mucha envidia.- O será que a usté los calores le han rebla-dencío las meninges.- ¡ Miau !A to’ esto disimulen ustés, que ya me estoy lian-do y no es por eso por lo que estoy aquí, si noque lo hago con fines puramente didázticos e ilus-trativos. Pues de resultas que m’ han dicho que co-mo mi amigo el gato Vargas – oigan el Rodoto esea su lao, un aficionao - está endispuesto, los po-llos de La Gatera han tenío la ocurrencia de solici-tar al menda que les cuente algo sobre no sé quécorrales de comedias u similar. Y me digo yo,Ramón, ¿y qué corrales son esos? Porque así depronto de corrales sólo conozco los de gallinas,useáse los propios de estas aves, y a una señora,de nombre Alfonsa y apellío Corrales. Pero no meacababa de cuadrar la cuestión con la indiosincra-sia singular de La Gatera y me chanelé que esoserían cosas de cuando reinaba Carolo lo menos.Por eso me decidí a preguntar al estirao deldragón, que como es una antigualla algo de lo su-sodicho sabría.- Estimao’ vecino y sin embargo compañero. Sipor un suponer, vamos que es un hablando, yo lepreguntara, en plan curiosidá sin más, que si sabequé es un corral de comedias, así de pronto,…¿qué me diría?- Pues que así se llamaban antes los teatros, enconcreto el de la Cruz y el del Príncipe.Vamos, vamos, … apañaos vamos, Ramón, … ¡si a mí eso me pilla descolocao ¡ ¿Y qué les cuen-to yo ahora en plan teatro a los lectores de tanprestigiosa y erudita revista? Porque tampoco escosa de hacer mutis y dar la callá por respuesta aestos chicos. Total que me puse a elucubrar hastaque me se ocurrió una idea que aunque esté feodecirlo, porque uno es de natural modesto, estámás que apañá pa’ salir del paso bien parao y meatrevo a decir que hasta con nota. Les voy a con-tar algo sobre el motín más raro que se ha vistoen los Madriles, y miren que aquí los hemos vistode tos los colores: que si el de los gatos, que si eldel Esquilache, que si el Dos de Mayo, que si laNoche de San Daniel, que si las verduleras la Ru-da… pero ninguno tan característico u peculiar co-mo el motín de los sombreros.- Chiss, chiss… disculpe la intromisión, pero esque aquí los lectores no acabamos de ver clara larelación de los corrales de comedias con un motínsombrerero, por muy raro que sea.- Con los corrales pue’ que ninguna, pero sí conel teatro, aunque sea pillao por los pelos.- Pues más que pillao parece arrastrao…- Oigan, que pa’ arrastrao el tute y pa’ jardinesAranjuez. No me se apresuren y guarden la calmay compostura debidas, que ahora entro al trapo yenseguida se percatarán de la debida relación yoportunas circunstancias.La cosa principió el 21 de noviembre de 1903,cuando al señor Lacierva, que era por entonces elgobernador de Madrid, le dio el naipe de prohibirgv 50Crónica gatuna
  51. 51. que las señoras pudieran permanecer con el som-brero puesto en los teatros, en beneficio de los su-fridos espeztadores que pudieran sentarse a suretaguardia. Y ejque con aquellos mamometrosque se gastaban estas señoras a ver quién era elguapo que guipaba algo. Vamos, que más de unose iba a su casa in albis.El mismito día de hacerse pública y notoria la or-den se montó el jaleo. A mucha señorona empirin-gotá no le hizo mucha gracia la ocurrencia delseñor Lacierva y apenas publicá la noticia más deuna se recorrió a pie de calle varias sombrereríasbuscando el sombrero más grande que pudieran te-ner. En el Teatro de la Princesa se presentó la mar-quesa de Laguna - que era un pájaro de cuidao-con un sombrero que ríanse ustés de las Ventas yen la segunda de la Zarzuela se montó la gordacuando una ensombrereada se posicionó en su bu-taca como si la cosa no fuera con ella. Cuando laautoridá pertinente - uséase el acomodador – vi-no a percibir a la susodicha de la oportuna prohibi-ción su señor marido saltó hecho un basilisco,diciendo que su esposa no se quitaba el sombreroporque no le daba la real gana y que a ver quiénera el guapo que se lo quitaba, y como en mis tiem-pos los señores eran tos muy caballerosos la ma-yoría del público se puso de su parte, con lo quela señora, mu’ ufana, pudo seguir con el sombreroencasquetao pa’ regocijo ocular del pollopera deatrás. Pero mucha pupila, que la circunstanzia noquie’ decir que los caballeros estuvieran en contrade la medida gubernamental, si no que defendie-ron a una dama agraviada, como la buena educa-ción y los prenzipios cristianos mandan.Otros que echaron pestes del señor Lacierva fue-ron los empresarios teatrales, que pensaban quela medida era impopular porque las señoras de-jarían de ir al teatro antes que ir en pelo a un es-peztáculo, y las sombrereras, que veían perjudicaosu negocio, y ejque un sombrero en plan señoritin-go costaba lo menos cuatrocientas perras gordas,que eso más que un dinero es una jauría de cui-dao. Como además estos sombreros eran mu’ meli-dronsos y se averiaban con na’, lo normal eratener más de unoPara que el gremio sombreril no saliera tan malparao las revistas finolis aconsejaban peinarse a lofastuoso, con muchos adornos repartíos por toa lacabeza, adornos que se fabricaban en las som-brerías.Además, como medida protestatoria los sombre-ros se hicieron más grandes y exageraos y mu-chas de las señoras que iban a palco empezaronahora a ir a butaca, bien pertrechás con esos arma-tostes, con el único fin de tocar las narices. Otrasdecían que si pa’ eso queríamos la cevilización yque éramos un pueblo de hotentotes y que había-mos retrocedido lo menos a la época del Alman-zor, que en rigor ya no había ni caballerosidá nigalantería.Los mal pensaos decían que quienes más sequejaban eran las feas, porque las guapas na’tenían que esconder bajo la floresta o plumas deun sombrero.En el otro lao de la moneda como aquel que di-ce estaban las peinadoras, claro, que veían en laprohibición gubernamental un filón de cuidao.La prensa una vez más se mostró dividida, ymientras algunos se mostraron propicios otrosgraznaron de lo lindo. Sé de buena tinta que has-Eso no es un sombrero… ¡ es un eclipse ¡El que la lió: el señor D. Juan de Lacierva,gobernador de Madridgv 51Crónica gatuna
  52. 52. Una revista finolis.La última moda 5 de diciembre 1903Así se las gastaba laprensa de entonces.GEDEON 26 noviembre1903gv 52Crónica gatuna
  53. 53. Nuevo Mundo 26 denoviembre 1903Por esos mundos, diciembre1903ta periódicos franchutes publicaron el jaleo que semontó con to’ esto y algún exagerao patrio lo com-paró con el degüello de los Santos Inocentes, queya es comparar y ganas de meter en danza a es-tas creaturitas. Los más sensatos haciendo uso delraciocinio y el sentío común se preguntaban porqué el gobernador no se dedicaba a legislar otrascuestiones más perentorias y u notorias, como la hi-giene urbanística o la mendicidad. Incluso huboavispaos que montaron concursos con la cuestión.En uno hasta se daban cien leandras al que mejorrespondiera a la pregunta: ¿Le parece a usté quelas señoras deben asistir con sombrero a las buta-cas del teatro.El tema se salió tan de madre que llegó hasta alCongreso y finalmente el 11 de diciembre, San Dá-maso - papa madrileño por más señas - , hubocambio de gobernador y el nuevo, el Conde SanLuis, de las primeritas cosas que hizo fue dar suconsentimiento pleno y claro pa’ que las señoraspudieran lucir en libertá sus sombreros en los con-ciertos, porque allí na’ había que ver, salvo el ras-car de los violines y los soplíos de las flautas ydemás istrumentos de viento, con perdón.Con esta dizquizión me comprimo y les doy porenteraos del caso.Queden con Dios y no dejen de visitarme si pa-san por la Fuentecilla, que con sumo agrado lesconvidaré a la degustación de un agua de cebá ode unas zarzaparillas bien fresquitas.[Sí, sí… ustés también puen venirse, …]Disimulen… le decía a mis vecinos … ya sabencómo songv 53Crónica gatuna
  54. 54. Nuevo Mundo, 3 de diciembre 1903Prensa de la época:• Heraldo de Madrid• El liberal• Diario oficial de avisos de Madrid• La Correspondencia de España• La Época• El País• El Imparcial• Gedeón• Nuevo Mundo.Ilustraciones• La primera ilustración se ha tomado dewww.stockphotos.mx y la fotografía de LaCierva de www.regmurcia.com. Todas lasdemás han sido sacadas de la prensa de laépoca, tal y como se indica.Nuevo Mundo, 24 de diciembre 1903gv 54Crónica gatuna

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