Botana -el_orden_conservador

525 views

Published on

0 Comments
1 Like
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

No Downloads
Views
Total views
525
On SlideShare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
30
Actions
Shares
0
Downloads
5
Comments
0
Likes
1
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

Botana -el_orden_conservador

  1. 1. .- COLECCION HISTORL-1. YSOCIEDAD · -Títulos publicados NATAL!O R. BOTA.NA: 1:1 nrden c11n1m.•ad11r. /.a p111itica argrntrna 1mtre /SSO y 19/6. FR...1'CIS KORN (compiladora): Cirnnru inC1alm palabrru _v wni<tnraJ. TULIO HALPERfN IJONGHI (compilador!: /:"/ ncasn Jd 11rdrn "'~"-"'ª! en H:Spannnmirú:a. ROBERTO CORTES CONDE: El Prngmo.-rgmtir.11. /!i9U.l9/-i. .[. ,[ORA Y ....R....UjO E l. LLORE>.IE (compiladores): E! vntn pannuta. l; USTAVO FERRAR! Y EZEQUIEL GALLO (compiladores): /.a .-lrgenlina :i<l Ochmta al Crnlenan'n. ' ·-J, EZEQl,i!EL GALLO: J.a pampa gnnga. ciATALIO R. BOTANA: La tradidón upublicana. TULIO HA.LPERIN DONGHI: Jn1i Hmidndc. y 11u mundn1. ROBERTO CORTES CONDE: Dincm. d,,,da ,v crisis. JUAN CARLOS TORRE: J,a uieja guardia sindical ;1 ~min. NATA.LIO R. BOTANA: J.a libmad polittea y rn hiJtnna. OSC...R COR>iBL!T (com,pilador): Dil<mas del cor.ncimirnln hís!1mw: argur.un- lac:i11nc~ :v nmlrr1uer1ias. ESTA COLECCION CORRESPONDE A OBRAS REA.LIZA.DAS POR EL I>:STITUTO TORCVATO DI TELL..YPt:BLlC.l:DAS SEGUN EL CO:"i"1::NIO EDITORIAL SUSCRIPTO CON L EDITORI.-L SUDAMERIC...NA .NATALIO R. BOTANA .- La política argentina entre 1880~'' 1916 Nueva edición con un estudio preliminar CAP. 1- ,§ { TJI dcl. CAf.~·: ok f@~. 1'fL Ol., f~· Zoz. EDITORIAL SUD..lufERICANA BUENOS AIRES
  2. 2. -."'- NATAL!O R. BOTANA ! 1 Propósito expuesto por K. D. Bnchcr en• el Prefacio a su The German Dic/LlloTShip. The · Ongins. Str.u:l:.re, • ar.á Effects of National ..Soda.ilim. .New York, Prae¡¡er, .1971; p. XI. Ver también, en este mismo ·sentido, C. A.. Floria Y· C. A. Garcia-Bd.suno;. Hütoria de los argentínos~- Bs. As.., K.apclusz, 1971, VoL l, Nota Preliminar. · · . l 8 E'ste es d motivo que justiñca d OJadro apuesto en el Api:ndice, "Esquema de los Grupos Políticos: 1854-1910" que, con!ío,_pueda servir de ayuda.y guía cronológica. 19 El concc:pto de ujulcio de imporu.nda", en ta.neo opción del historiador que prc:síde la selección de los acontc:cimicntos, · c::s de P. Rlcocu:r,· Histoíre el ven'té, Patís, Scuil, 1955, p. 28. ~f "'-"i < ~ :J ~ ~ 'l ! 1 ; r '~ J 1 l < :; i ~ 1 l! j 1 ]" ¡ PRIMERA PARTE LA FORMULA ALBERDL'-.NA .::.•
  3. 3. -t ~- - I LOS ORIGENES DEL REGii1Ei'I DEL OCHENTA iCu?l ?:r.i el desenlace de este drama? Creo firmemente que la .guerra. C:i.íga la ·n:sponsabilidad y b. condc=cióó de la historia sobre quiCnes la tengan; sobre Jos que pretenden arrcb.3.tar por la fucrz:?.~ los i derechos políticos de sJ.s hermanos! ... Ya que lo quieren así. sdla..rcmos· ~ c6n sangre y fundiremos con el .~ble, de una vez para s:icroprc,. esta nacionalidad argentina, que tiene que formirsc~ como b.s pi.cimidcs de Egipto y d poder de los imperios, a costa de la s:ingrc y sudor de muchas generaciones." (De una carta de Julio A·. Ro=. dirigida a Dardo Rocha el 23 ,.¡e abrJ <le 1880.) El drama en el que Roca representará un papel protagónico no era historia reciente para el conjunto de pueblos dispersos que apenas llenban siete décadas de vida independiente. Tampoco la guerra era un medio desconocido por los bandos en pugna que dirimían sus -querellas a través de un espacio territorial extenso en superficie y escas~ . en población.. Siete décadas n~ ñabían basrndo µara constituir una unidad política, n!¡ mucho menos para legitimar un centro de poder glle hiciera efectiva su capacidad de control a lo ancho y a lo largo del territono nacrnnaL Esto es lo que eñ definitiva se olanteaba en 1880..La solución de tal p~a habr'á de alcanzarse por medio de la fuerza, siguiendo una ley interna que presidió los cambios políticos más significativos en la Argentina de la segun- da mitad del siglo XIX. Tras estos· hechos de sangre se escondía un enfren- tamiento entre dos regiones que reivindicaban intereses
  4. 4. 26 NATALIO R. BOTANA 'CTontrapuestos: -Buenos Aires•· y el inteij.Qr. El primer término del éonílicto tenía una clara determinación . esp_aciaL Se trataba de una. ciudad-p_uerto abierta al exterior. -asi~nto h15tÓnco ·del -virreinato, cou· un h!.nter- 0-nd gue crecí~ a medida que se ganaba la uerra ;ivaje_ El interior, en cambio, cubría u1:rn realidad geogfáfíéa mucho mas extensa, en la cual se erguían sistemas de poder embrionarios, constituidos sobre · la autoridad tradicional de caudillos =que se desplazaban, segun la · _coyuntura particular de cada· época, desde el Litoral ~asta los llanos de La Rioja. La constitución de una unidad política El significado último del c~nflicto entre -Buenos Aires y el interior residía, aunque ello parezca paradojal, en su falta de solución, pues ambas partes se enfrentaban_ sin que ninguna lograra imponerse sobre la otra. De este rmodo, un empate inestable gobernaba las rel~ de los pueblos en armas mientras no se lograra hacer ilel monopolio de la v10lenoa una realidad efectiva y (!angible. , · El monopolio de la··violencia, el hecho,.por el cual un centro de poder localizado en un espacio reivindica con éxito su pretensión legítima para reclamar obediencia a la totalidad de la población afincada en dicho territorio, es 1i característica más significativa de una unidad p.@'tica. 1 En trabajos anteri.ores he procurado an~, desde el punto de vista teórico, el proceso que da ongen a una unidad política y lo he denominado, ·siguiendo a(R. BrauiV ~2 De un modo u otro, por la vía de la coacción o por el camino del acuerdo, un determinado sector de poder, de los múltiples que actúan en un hipotético espacio .tenito- _,f_ - ¡-.. __ -- -- _¡ i :·•1 ~, EL ORDEN CONSERVADOR 27 ·-·- rial, adquiere control impe,rativo sobre ·el .resto y ··Io reduce a ~ser parte de una unidad más ampl.la. Este sector .es, p,or definición, ·supremo; ñó reconoce, en térm~o~ foñnales, uria iñst;in~i'.3- superior; constituye el centro -con respecto al cual7 s·e subordina el resto de los sectore_s_ y,recibe el nombre· de poder pol{0;o (o como se leera mas adelante, p_oder ·central). · ¿Qué medios posibilitarían llevar a cabo el a.sí llan1a.· do proceso de reducción a la unidad? Una breve referencia á las teo;rías clásicas que· haq:n hincapié en el acuerdo o en la coacción puede aclar~ esta cuestión. Para la perspectiva de. análisis típica de las teorías C2_ntractualistas, la unidad política resulta de un diálo]- go, o de una discµsión, a cuyo término ~e_alcanzará un t<:,Jecha consens~ por el cual todos los participantes se obligan li.:,~S voluntanamente a transferir parte de su capacidad de decisión a una autoridad común que, de ali( en más será ~be~c;cida.3 Para otro punto de V1sta, en cambio, ·1a constI~c10n de um:. unidad .,.política. es empresa de conqmsta y de coacción. La '·óhediencia, _en este caso, no se obtiene por· la p'ersuasión,'··sino por'la violencia; no ·hay, en rigor, consenso...voluntario sino acto de -d--aP asent1m1ento ante el eso actual o la amenaza inminente de la fuerza.4 Pnos sostieneñ que la acción de transferir -parte de la capacidad de decisión es obra de una delegación que, de abajo •hacia arriba, circula desde el gobernado hasta el fu tura gobernante; otros respon- derán que la formación del poder político deriva de. una transferencia involuntaria ,y coerc1uva, casi diríamos "arrancada" al gobernado por obra de la fuerza del gobernante. Ll~vadas a sus últimas consecuencias, ambas teorías constrt::yen racion~izaciones utópicas del proceso de reducc1on a la urudad. Es a todas luces excepcional observar una acción política donde los factores coercí-
  5. 5. 28 NATALlO R. BOTANA tivos o consensuales se presenten excluyéndose mutua· mente. Por el contrarío: ambos medíos de transferen.cia de poder se manifiestan combin'?-dos con grados de intensidad variables cuª11do el ol:i.servador·emprende un -- ~~r-..;.lisiJ de la realidad histórica.s· ~ i :- -· ~ - - _ ~.~e~orriemos- a la Ai;gentina· del pas;do sig1o. Cu~ndo ~s rjusto José de Urquiza derroto- a: Juan Manuel de Ros-as en la batalla de Caseros. vio su ·fin una forma de ;..¡)"' gobierno caracterizada .por una descentralización auto- l nOñ1iSTa según la cual las provincias, de fo gue eri aquel :;es entonces se llamaba Confrderación Argenti"na, se res~r- vaban el máximo de c;;p_acida..d_dcd.e.dsiQJ}.6 ·El sistema l ben.::fició a las rovinc{as ..m¡Ís fuertes v no contempló, en !os hechos, la poSJ r a de transferir mavor capa- cidad de decisión a lU1 poder político que fuera centro d~ umdad po!it1ca más ampl,ia. Jal era el Objetivo que persegu1a urquiza; para ello .propuso combinar ·la efectividad de la fuerza -la victoria conquistada en el campo de batalla- con la. eficacia de un acuerdo pactado por. los mismos gobernadores que, mientras apoyaron a Rosas, fueron los protagorustas naturales-::del régimen de la confederación.7 • de J' los gobernadores se reunieron en la capilla de San ic::.t;s Nicolás de los Arroyos y celebraron un pacto que los comprometía a celebrar un Congreso ·constituyente para l orz-anizar políticamente a - las catorce provincias. El camino elegido era el del ac.uerdo: los gobernadores elaboraron un consenso por el que cedían, de modo voluntario, tuia parte del poder de decisión que de c.ntaño se reservaban. Con tal objeto establecieron un ámbito de comunicación, el Congreso Constituvente, l cuvas deliberaciones culminarían con el acto fundante de una unidad olítica· que definiera las rel · e {) . subor:dinación de provincias con respecto ·al poder central. -_¡ ~L ORDEN CONSERVADOR 29 -~l consenso se guébró el 11 de septiembre de 1852: Buenos Aires no aceptó. transtenr el f>Oder que se r~servaba. sobre todo en lo" concerniente a la igualdai:l. .de representación. en el Congres.o (dos. díputadqs por provincia) y a la nacionalizaciónde la aduana ·anunciada en el artícülo19 del Pacto ae San- Ni·c-otá:s:ª-Este rechazo se tradujo en la coexistencia armada, dur~ casi una década, de dos provectos de unidades políticas: la Confederación con asiento en Paraná y Buenos Air.es, que culminó con la victoria- de esta última en la batalla tje Pavón (1861): ~? 1561 ~ ~l;;. ·J,t fC::C.Óí) . Mih-c ve:n0'é e Drpt.'!:F fres problemas básicos: integridad territon·al, ~dentidad nacional, organización de un régimen político Quebrado c~c: atl5bo. de organiza.ció~ consentida de una unidad política, los presidentes posteriores a Pavón desempeñaron su papel desde una provinc:;ia hegemónica. en la que se turnaban d'.'cisiones con carácter nacional.9 Después de ·Pavón el papel el.el pre:;:'.::lente; definido nor- mativamenre en ·1a Constitución sancionada en 1853 j y refonnada en 1860 lue o de la batalla de Ce eda, . JP careció de los me os necesarios ara hacer efectivo el ((J. & .poder político de r·; a la coexistencia obligada con el , obernador de Buenos Aires en ºudad-capítal de la .:pi.J> IJrovin;=ia r_nás loderosa. res presidenaa . la.~- tolome Mrtre 1862-1868.), ac: ommgo Faustino lSanniento 11868-187~) y la de ~icolás Avellaneda (~ protagoruzaron este penado que culmino Len 1880 con la elecc1~ de Jul~ En el transcurso de estas presidencias se manifestaron tres problemas básic~s de cuya solución efectiva depen- día la persistencia de la unidad política en ciernes: había, en primer término, una cuestión acuciante refe- .·
  6. 6. 30 :S-ATAL!O R. BOTANA .- { rjcb a ·1a .int•:?Tidad tcm.todal, entend!da como el árubi· :. 1) w espacial sobre el que deben'a e!ercerse el p9_der .. político; en segu_nd~ lug¡i.r,,!Os pu~b-los dispersos, i1:st.~la··¡· - dos en este. teratono,-·abnan- el ·interrogante de saber sí - estaban .dispuestos a inteirrar m:ia cÓmunidad más amplia . que b-de aql.!ellas. comarcas limitadas en donoe -nacíari '- ¿) v erc1bian el marco natural de su vida cOtiaiari":r:- lo ( cual lanteaha una cuestión de z enfrdad nacwnal;. ,.;·-en J tercer tén:nino, era necesano 1mp ntar en ese territorio ., v a p:irtlf de esos .puebbs dispersos, un· modo ,dej clecc10n esraole de gobernantes capaces de tormular _:¡ dec1s10nes aucoritauvas que comprometieran a esa c;.o- ....;) mumdad naciente en su conjunto, lo cual ponía sob~ el tape te et]:rn:rbltma de ori::antzar un régimen polltico. La primera cuestión se relaciona con la fuerza coerci- tiva de que dispone el poder político para hacer freñt'e a determinados acrnres que impuQTian su pretensión de ~ EJ:Onopolizar la violencia. La se;inda se refiere a los ~ mecani:mos de_ comunicación entre actores loc..Jizados , en regiones diferentes, por cuya mediación se van creando vínculos de solidaridad más amplios que los anteriormente existentes. Y el tercer~roblema, en fin, pfa._n~e~ la necesidad de desarrollar"2> sentimientos de l~b.m1dad· ·compartidos a.cerca del v or que merece ·la estructura institucional del poder político y las reglas de" sucesión qu~ regularán la elección de los gobernantes: Para entender el problema de la integridad territorial, e~ yreciso tener en cuenta dos movimientos de impugna- c10n al p0der político embrionario, de naturaleza di- ferer:te. ~.or '·una parte, en efecto, en algunas provincias del mtenor se produjeron movimientos de fuerza que fuer~n controlados por el poder central. La represión de caudillos pertenecientes al partido federal: Angel Vicen- ~e Pe~aloza-,(1862-1863) y Felipe Varela (1866-1868), Ilusrro dramáticamente este proceso.11 Del mismo mo- 1 ~¡ 1 1 /. _,EL ORDEN :.ONSERYADOR 31 - - - do, la victoria ·obtenida du.-ante la _presidencia -de Sa~- rtlicnto frente al movimiento de 'Ricardn J.ópez Jnrd:Ín (18í0-1873), que siguió al asesinato de Urguiza· ·en Entre Ríos, confirmó-Ja .evolución de ros hechos-ante·. rieres. Tal dominación coerc!ri7a, apiicada ·en- ]Tiucha:s· regiones, no se corresp.ondió con la. pofítica de-compro- misos seguida con Buenos Aires que; al igual·que otras provincias, no estaba dispuesta a subordinarse al poger fpolítíco. 1ª- reticencia de Buenos Aires se explica por 1.a ::- Ic1!yisión de las faccjones porteñas en: "nacionalistas" 1 conducidos por i,ütre y "autonomistas" dirigidos por AdOiro AISma. La estrategia de ~' decidido a nacio- nali:,:ar Buenos Aires para subordinarla al P. oder central ~ - como al resto de las nvincias, se enfremo con_ la Aira epitosa o¡:ios1c1on de ·. Eiñ_ gmen, para conservar las tradiciones autonomistasde su provincia, no vaciló en / aliarse con los os federaies de1 uiterior para i.rnpo- 1ner as· can daturas de Sarmiento y. e ~ ve ane a. L. Esta contradicción dentro de la provincia hegemónica generó una serie de efectos que no sólo influyeron sobre la integridad territorial sino también sobre los mecanismo? de comun.icac;ión. que, en pasos sucesivos, identificaron a los grupos del interior con una comuni- dad política más amplia. A grandes rasgos, el· papel -<- desempeñado por el autonomismo en la provincia de Buenos Aires puede ser asimilado a1· de un actor con !a suficiente fuerza para impedir la consolidación de su oponente, pero sin el consenso indispensable para con- quistar el poder presiden,cial. Adolfo AJ.ir@_ guebró la r~idad presidencial del mitrismo cuando se gestó h 1 suces10n de l 868, pero no alcanzó la candidatm;i p.residencial v fue vicepresidente de Sarmiento que (u .ontaba con el_ a o o d~ un ~ o de · · el mtenor. eJS anos despues, Alsma tampoco obtuvo el poyo necesario uru-a encabezar la coalición de gober- {) lo0~ 5errm1e,rrlo _ iUsine .¡
  7. 7. 32 NATALIO Il.. BOTA..'!A- nadores que,' a la postre, consagró presiden te al ministro de educas:ión de Sarmiento, Nicolás Avellaneda. Sobre la base de una contradiccion que,. con el correr· del 1tiempo; se resolv~ría. e·n eL·180, el autonomismo · - porteño cerceno: el ámbito .de control_ imperativo del - poder- político y, al mismo tiempo, abrió nuevos canales ·cfe comunicación entre los grupos del iri.terior. _Ya en 1868, pero fundamentalmente en 1874, las clases gober- nantes de las provincias trazaron alianzas para imponer en el Colegio Electoral un hombre def interio_r que· había hecho. carrera en Buenos Aires. Nicolás Avella- rned.a ,fue, quizá,. la figura que cristalizó por vez primera lá? estas expectativas: tucurnaB.o,-"universitario de Córdoba, hizo carrera desde w.uy joven en el autonomismo - ·ño como egJs a or, mm1stro de obierno durante la ¡~'-' emac10n e sma y ministro nacional en Ja res1- fencia de anmento. .... J;- El tímido y balbuceante crecimiento de un sentido de comunidad no se produjo sin sobresahos. Los presi- dentes provincianos posteriores a Pavón terminaron sus períodos gubernamentales combatieñdo ·m9vimirntos de fuerza. Sanniento concluyó su presidencia luchando contT?. el levantamiento de 1874 y Avellaneda se vio oblic gado a trasladar_ al pueblo de Belgrano la residencia del gobierno nacional, cuando cundía la rebelión del goberna- dor de Buenos Aires, Carlos Tejedor.u El resultado de es- tos enfrentamientos fue favorable para el poder central con significados diferentes según las circunstancias, pues mientras la capitulación del General Mitre en la estancia -~'La Verde", en.1874, selló el triunfo· de la alianza entre los auwnoroistas de Buenos Aires y l.a.s provincias del .:; EL ORQEN CONSERVADOR 33 mterior que apoyaban a Avellaneda, en los comb.ates de Barracas, Puente Al_sina y Los Corrales, ~n 188O -se ~ nfrentaron el interior v Buenos Aires en bandos ópues- .,~,, os para-·decid_ir. -por la_fucrz.a_cje· Ias armas, la-subor- _.,J'.:t:.-'-" . inación definitiva .de todas las .provincias· al. ,:1:ider - olítico nacionaj: Estos actos de violenc'ia'alvla1e1:~al viejo ejército de línea en grupós de oficia.Ies antagónicos que se desplazaron de un bando a otro y trazaron el cuadro para perfilar la autoridad militar' y política de Julio A. Roca.13 Durante los 18 .años que transcurríer.on entre 1862 v ~880~ antiguo oficial de Urquiza en Cepeda y l avón, . · 1ó al ejército nacional participando en todas 1~z, / quellas acciones gue contribuveron a consolidar el ..¿O -oder político central: estuvo a las órdenes del general aunero contra Peñaloza; combatió en la guerra del ·ui.0 aragl!ay; enfrent0 a Fdipe Varela en "Las Salinas de (~ · ?·:pastos Grandes"; venció a Ricardo López Jordán en la ~ {df' .batalla de "Naembé"; sofocó el levantamiento de 1874 · en e! ::-:tenor derrotando al general Arredondo en los ~ 'campos de "Santa Rosa" y, por fin, mcorporado al n:í:U~:~no de Avellaneda luego de la muerte de /l lsina, din o en 1879 la campaña del desierto que culminó c_on la incorporación de 15.00 eguas e tJ.erras nue- as.14 Esa trayectoria militar permitió a Roca mantener contactos permanentes desde sus comandancias de. fron- tera con las clases gobernantes emergentes que. pro.gr.esi- v'.111:1ente, reemplaz~1-ían a los ~obemadores del pasado regin:!_en; labor paciente del multar desdoblado en polí- tico que, sin adelantarse a los acontecimientos, fue moldeando un interés común para. el "interior" capaz de ser asumido como valor propio por los grupos gobernantes. Porque: ,de eso se trataba: las provinci4s interiores, en alguna medida integradas en un espacio
  8. 8. 3.-! NATALIO R. BOTA..'IA territorial más amplio· y ·suborcli~das 'de modo coerci- tivo al. poder. central·, 9-SYirtieron aue el earnino ¡:@fa . adquirir mayor "peso" político consistía~=~n acelerar e~:, proceso -de nacionalización de Buenos Aires y no ·er:! . retardarlo. Los ejecutores naturales de ese mter_fs..·co- .mún ·serían los gqbemadores ·vinculados con Roca a tr.avés del ministerio de guerra y cobijados por Avella- neda. Organizados en una así llamada "Liga", cuyo epicentr"o ·fue la provincia de Córdoba con ,el goberna- dor Antonio del" Vis~· y su ministro de gobierno iIiguel Juátez Celman, Simón "de Iriondo en Santa Fe, José Francisco Antelo en Entre Ríos, Domingo llfartínez r.-fuñecas en Tucumán, ifoisés Oliva en Salta, Vicente A. Almonacid en La Rioja, Absalón Rojas en Santiago del Estero y P. Sánchez de Bustarnante en Jujuy, entre otros, ~~ieron una trama electoral que condnjo_a_Roca D-ª-.cia la presidencia.15 Cuando el imerior consolidaba esta alia..riza, d poder en .':'llenos Aires se fiagmehtó entre los partidarios de la candidatura pn::jdencial del gobernador _Carlos TejeÉl.or y los porteños nacionales, antiguos partidarios del auto- nomismo y del Partido Republicano como Carlos Pelle-· gr::ini, Aristóbulo del. Valle, Dardo Rocha, :Iiguel Cané, .·Pedro Goyená, Juan José Romero y Vicente Fidel López16 , quienes· se incorporaron al movimiento que llevaba la fuerza de la periferia al centro del sistema polític;o nacional, según la expresión de Aristóbulo del Valle.17 De nada valieron en esa circunstancia los esfuerzos opositores, las vacilaciones del mismo Avella- neda y los intentos de conciliación de Domingo Faus- tino Sanniento; [la Liga de Gobernadores impuso su candidato en el Colegio Electoral en. las elecciones del 11 de abril de 1880 mientras Buenos Aires ,emprendía el camino de la resistencia arrnaaj Dos meses después Avellaneda instalaba el gobierno nacional en Belgrano y '·I -l- EL ORDEN CONSERVADOR 35 convornba las milicias de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba. Roca, desde Rosario, organizaba la ·marcha _sobre Buenos Aires.· Durante cuatro -días ..-del l 7_·al 21·-·~)1.rnio-:-· tres sangrientos encuentros. !Os ya nombrados de ·Barraca,s, Puente -Alsina y_ Los Corrales, decidieron la victoria a favor de los nacionales. Habían ~uerto tres mil hombre; de ·los veinte ·mil .que comba- tieron con ochenta piezas de artillería. Buenos Aires se _5.1;1_b()r~~~~s · · -----·-...---. · El resultad? de.. estos ~c.onte~1r:iíent~s .. se tradujo en] fli ¡::;:r.w;··. d~s Ieves·nac1onales; una téde_r~hzo la cJUdad de Bueno; . ·· .A1res que, desde el 8 de d1c1embre de 1880, auedo ~ sometida a la jurisdicción exclusiva del gobierno nacio- 6 A n..ª1; el otro instrµmento legal prohibió a l<l2_P.fOVÍ!J.C.ia:sJ" ...:..,~1 .:;.. b formación de cuerpos militares bajo cual.qlli_er_deno- ·'-' ;;%AL' rriinación que fuera-19 " ... Todo es fácil, recordó Avella (f'cy,;¡_- neda en su último mensaje, lo que cuesta es constituir una Nación y íundar su gobierno bajo un regimen ordenado y libre."20 Roca retomará estos mismos ·con- ~ .:: ceptos en sus palab.ras ir,taugurales... El presidente electo cobijó a sti futuro gobierno bajo ellem~az y Adminis- . trE,cii!J y afirmó: "Necesitamos paz dur~den · e'stab!e y .libertad permanente; y a este respecto lo _geclaro bien alto desde este elevado asient9 para que . me oiga la R.epública entera: emplearé todos los resortes y facultades que la Constitución ha puesto en. manos del Poder Ejecutivo para evitar, sofocar y reprimir cualquiera tentativa contra la paz pública. En cualquier punto del territorio argentino en que se levante un brazo fratricida, o en que estalle un movimiento subver- sivo..contra una autoridad constituida, allí estará todo el poder de la Nación para reprimirlo."21 ·· v obierno ordenado: he a uí el len 0vellaneda v Roca. La mo era·sinónimo de intereses, valores y creencias reuní os en torno de un sistema de
  9. 9. 36-. NATALIO-R. BOTANA . poder común. Los áctos de la· guerra y_ de la p~ par,ecían converger hacia algunos interrogant~s cruciales: ·¿cómo hacer de la obediencia un' hábito común entre pueblos que sólo cono.cían ja .d.ÍspeP.!ión espacial del poder? ; ¿cómo consolidar la precaria ·integridad-terri- torial recién conquistada, gracias a una ·aún más frágil identidad nacional? ; ¿cómo, sino a través de un gobier- no ordenado y estable? Y gobie-mo aparecía como un concepto representativo de una operació.n tanto .o más - compleja que la consistente en implantar una unidad política. Implicaba actos y procedimientos ápaces de edificar instituciones que mantuvieran en existencia la unidad política recién· fundada. Exigía seleccionar a c¡uienes gobernarían y en virtud de qué reglas unos, y .:o otros, tendrían el privilegio de mandar. El país se kt.i ía d.ictado una fórmula prescriptiva de carácter fed;;ral, la Constitución Nacional, y ·sobre esa fórmula o, quizás,_ encubierta· bajo· sus sentencias ideales, había que !razar una .fórmula operativa que hiciera factible la producción de actos de gobierno. ..; La. :.:..:iestión del régimen político se planteaba, pues, como un desafío,. que sucedía a los anteriores, de crear la integridad territorial y de ·éornunicar a los grupos en la perspectiv~ de una comunidad más amplia; una sucesión de problemas, claro está, que poco tiene que ver con un ordenamiento lineal de los hechos, en virtud del cual se "Yuxtaponen fases de desarrollo político en un continuo '.que desemboca en un punto terminal (corno, por ejemplo, la modernización). No hay tal yuxtapn~ición: hay, más bien -en una unidad histórica deterini:.ada: la Argentina de aquella época- respuestas parciale~ y contingentes a problemas no resueltos en su totalidad que se contienen unos a otros en una suerte de caja china que encierra el sei::reto del progreso o de·· ia decadencia política.Y· _De este modo, la construcción !- ...,~ ~!1 $}--.: 1 EL ORDEN CONSERVADOR 37 de~ régipi.en emprendida por k.s homOres del 80, y· la -~ fórmula polúica que la sustentó, contiene en sus ci- mientos las respuestas precarias formuladas ál drama de - _la desintlgración _ternto!:Íal y de Ja glierr¡:r'intema. - - - - " NOTAS · Los conceptos de monopolio de la ;,::'olencia y de obedienda son de neta raíz wcbc:::rbna. ifa..x Vcbcr definía .a ta dominación como '"la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de dctemúnado ·contenido entre personas dad.asnj y al Estado como el "instituto político de acúvidad conr.inUada., cuando y en la medida en que un cuaáro admirustrativo mantenga con éxito la pretensión al monopolio legítimo de ·ia coacción física para el mantc:nimic:nto del orden vigente!'. Ma.~ Vcbcr. Econom ia y sociedad:, VoL I: Teoría de la orgaru'zacián social Traci y nota preliminar de José MetFr.a. Echavania, :léxíco, Fondo de Cultura Económica, 1944, p. 53 y ss. 2 Conf. _i'-!er~.a.lio Botana. La légi't:"mité, probleme politiqu~. Louvam.~ 'Centre d'Etudes PoiHiquc•, 1968, p. 51 y ss. 3 Con f. fra.nCjOÍS Bourricau~ Esquine d'une théan'e de !'cu torúé, Paris, Pion, 1961, p. 9 y ss. ,. 4 Empleo las nociones de fuerza y violencia como sinónimos.. Una de las obras que mCjor ilustran este punto de vista es la clásica de Bcrtra.nd de Jouvcnc! Du PouuoiT. Hi.stoire r..aturellc de sa craissance. GenCvc:., Edi- tions du Chcval Ailé, 1947 (hay traducción castellana). S Ver en este mismo sentido, pero aplicado a un concepto distmto, Car! J. Fric:drich, Man and his Governmen~ An Empirícal. Thwry of _ Politics. New York, McGrav-~Hill, 1963, p. 188 (hay traducción castcllanat. -:... 6 Según la expresión cie Torcuato S. Di ·Tclla en Hacia Una política lah"noamerícana. Montevideo, Sociedad Latinoamericana Arca, 1970, p. 43. 7 ucornc.nzando por c:l mismo Urquiza que tenia el Gobierno de En.tre Ríos desde d 15 de diciembre de.1841, muchos de los Gobernadores que concurrieron al Acuerdo de San Nicolás habían sido los jefes de Pro,in· cias confederadas, según el sistema contra el cual debía. producirse la reacción: d General don Benjamín Virasoro era Gobernador de Corrientes desde 1847; el General don Celedonio Gutié-m::z. era Gobernador de Tucumán desde el 4 de octubre de 1841; d Coronel don Pedro Pascual Segura, Gobernador de Mendozz, lo lubía sido desde 1845 a 1847; don ~1anucl Vicente Bustos era Gobe:rru1dor de La Rioja desde 1849 y lo había sido también en- 1841; d General don Narciso Bcnavídc:z. habla sido ·Gobernador d~ San Juan desde 1836, con la interrupción de unos meses en 1841, y continuó en d .gobierno k'..ta 1857; el General don Pedro
  10. 10. NATALIO R. BOTANA Lucero era <tabernador de San Luis desde 1841.'~-Ro<lolfo Rr.-arola. Del r¿gi'mc-n f(derat:-uo ai u.ni'tan"o, Buenos Aíres! 1908, P- 40. 5 Conf. Jorge M. ;faycr, Alberdi y .su tiempo, Búcnos Aires, Eudcba, 1963, p. 409. - 9. s;:anf. 0.-Co;;,blit, E: -Gallo (h¡; A. O;C~nncU. ~'La ·g;,ncracióñ del SO '! su proycct9; anci:ccdc:ntc:s y_ conscO.IcnáJ..S", en Argen:tl'na, sociedad de masas, B~cnos Aíres, Eúdcba, 1966, p. 36. ._ - 1O _En -~gano de 1862 d Congreso dictó una ley que cs<ipufaba la f7dcr_ahzac1on de la ciudad y de la pradncia de Buenos Aires por el tcrmm? d~. tres ~os. La lt:gísl~rura de: l:a. provincia rechazó el proycéro de federalizac1on lkgandosc a una transacción según la cual .se declaraba a la dudad de Buenos Aires rc:sidc.nda provisoria de: los gobernantes nad'OnaJc:s por d. término de cínco.~os:"Al vencerse los cinco años, en octubre. de 186 7, el Poder Ejecutivo.Nacional devolvió a la Provincia de Buenos Aires la íurisdicción que ésta le nabia acordado sobre la ciudad. Conf. Rodolfo Rivarol.:i. Del n!gimen federatiuo al unfranºo.. p. 314 y ss. 1 1 El 28 de septiembre de l 868, el senador· Nicasio ·Oroño declaró que desdC: jurúo de 1862 hasta junio de 1868 hubo 11·7 revoluciones v 91 combates donde murieron 4. 728 personas. Conf. José Nicolás Matie 0 nzo Le gouuernanent representaoºffédiral dans ia République Argentíne, Parí; H:ichette, 1912. p. 25 7. . ' 1° Co~f. Rodolfo Ri...-arola, "El presidente Roca y la consolidación de! poder n.ac1or:.aJ.' en fevista Argenúna de Cienc1~as Polítr'cas (~n adelante R.A.C.P.), Ano IV, N. 50, 12 noviembre 1914, p. fl5. " l 3 En los s':ccsos de 1874 los militares leales al gobierno fucrpn, entre otros, Jase Ignacio Arias. Juiio Campo~. Nicolás Levallc. Hilaría Lagos, Conrado Villegas, Julio A. Roca y Apolinario '!pala; mientras se conr.:ban cntr.c los. opositores milita.res; José hiigud Arrcdondo, Francisco uyna, lgnac1.o Riva~ -~eruto Machado, Manuel Taboada, Juliár. Murga, ~anC!ago Bailnc:nc-, Nicolas Ocarnpo, José C. Paz,. etc. En el 80 los jefes ~ales. fucro.n: Luis· l._laría Campos, Teodoro García, Napoleón Uriburu, -onrado V1llcgas, Manuel Ca.mp os, Nicolás Lc:valle, AntofÍo Donovan. Eduardo Rac.edo, etc.,. y los op9sitores: José Miguel Arrcdondo, Julio Campos, Jase I'.'ocencio Arias, Hila.He Lagos, Julián Martína, Berúto Macludo,. etc. Conf. A. Rivao Astengo, juárez Ce/man. 1844-1909. Buenos Aírc:s, Kraft, 1944, p. 78 y 166 s. 14 Conf. A. Rivera Astengo, juárez Cdman. pp. 61 ss., y Anna.ndo B:aun Mc::~C:odc:z;. u Primera Presidencia de Roca ( 1880-1886)", en Acadc- rrua N:iaon!.1 de .'ª Historia., Historia Argentir..a Contemporánea 1862-1930, VoL I, Primera Sccciún. Buenos Aires., El Ateneo 1965 p 269 Y SS. ' ' • l 5 Conf. A. ~i;cro Astengo, Juárez Cdman, p. l i l; y Casios R. ~lelo, Las partidas pol1ticos argentinos, Córdoba, Urúversídad Nacional de Cár· daba. J 964, p. 24. · 16 Coi;f. Ezequiel Ro.mas Me:tía, Mis memorias.. 1853-1935, Buenos Ai- res, Librena Y Editorial La Facultad, 1936, p. 66. En rigor, la fragmcnt:>c!ón .:~. -· EL ORDEN CONSERVADOR .se produjo no sóÍo en c:l autonomismo, sino también en el .miuismo. como lo demuestra el dcsprcnd.ir;n!cnto de una fracción ºpopular" en donde fi~r~ ban E. Zeballos, Ezequiel Paz-''y muchos ocres ricachos -son ;¡,•Jabras del mismo_ Rpca- -antiguos -m~tristas 11 • Ver_ al rcspcc[Q E. Galk>, "~a gran expansión ccoriómica Y- la_ coruolid.ación dcl régimen conservado: libc¡.iL - lil75-!895",-cn E. Gallo y.R.. Coné:s Conde. La R<pública Can.un:adtf~!!',,. Buenos Aires,. Paidós, 1972, pp. 65-68. 17 L-is palabras de Aristóbulo del Valle en la s~sióñ dci Senado del 18 de ·acrubrc dé 1880 son las siguientes: 14 ._.prefcriria equivocarme con los que llevan la fuerza de la· periferia al centro y no del centro a la periferia. 5¿. que por este camino puede modificarse la forma de Gobierno, pero sé _también que no será .obstáculo para que quedara consáruida una gran Nación, . capaz de conservar su historia y sus tradiciones y de salvar su grandeza en el fururo; núcncra.s que, por el.conlrarlo, :;i nos cquivoc:l.mos llevando la fuerza. del Gobierno del centro a la pcriféria, constiruiríamos quizá rcpubliqueus incapaces ile responder a los vínculos y tradiciones grandiosas de nuestro pasado", citado por Luis H. Somroarr•a, Historia de ·las intcr.:encion~.r /eder:ale.s en las Prouincia.s, Buenos Aires., El Ateneo, 1929, Vol.!( p. 109. 1s Conf. Luis H. Sommariva, Historia de /a.r mteruenciar.es federales ·rn las Provincias, Vol Il, p. 88 s.º; y G..rloo Her», "Presidencia de Avellaneda", en Acadenúa Nacional de la Historia, Hi'storia Argmtin.:i Contemponinea 18ó2-1930, Vol !, Primera Sección, PP• 202 ss. Resulta sumamente s·ignifica~va la opinión que había vertido c:l diario "'La Nación" un ,:ño antes d,,los hechos de sangre· en la cual se síntctiz:in to.dos los c:lcmc:ntos de qUC·-dispuso ·Roca para. asegurar su triunfo; ellos fueron: los gobernadores confabulados, cl'('.::rcito nacional, parte dd presupuesto del Ministerio de Guerra, la influencia del miniscro que manipuló eficazmente armas y dinero y la tolerancia- dd Proidente A,-cllancda. V<:r Ro<lolfo Rivarola, Del régimm fedaatiuo al unitario, p. 187. 19 ·Conf. .:Luis H. Soma¡ariva,.Hisloria cú /fu intervenciones federdes ..,_ en /fu Pr?ulru:ia.s, Vol Il,' p. 106. 20 Cit. por Rodolfo RiVarola, !'El presidente Roca y la consolictición del poder nacÍonaJ", p. 118. 21 Cit. por Armando Braun Menéndcz, "Primera Presidencia de Roca", p. 277. 2 2 -Esta ídca acc:rca del progreso político está inspirada en !<U re:fle- xiones de !Uymond Aron sobre el progrc::so y la historia en la lección IV de Di:r:-huít ler;or.s Sl.lr la saciét~ ·;ndu.stridk, París. Gallimard, 1962 (hay traducción castellana).
  11. 11. - í _j I[ - - LA REPúBLICA POSIBLE Regimenes políticos ylegitimidad Un régimen político puede ser entendido- como L- ~~a estructura institu~ional ...de posiciones de poder, d15puestas en un- ·_:>rden jer;p-quic:o, · desde donde se A.U.· formubn decisiones autoritatiyas que comprometen a ... toda, la_ pobfa.ción p~teneciente a una unidad política~ nw Ha' ' · l · ·, d ·Dldiuos .visto que a const1tuoon e una uruda política asumía, como problema centrai1 el hecho de subordinar diferentes sectores de poder a un ámbito imperativo más amplio, el poder polítii::o, que p_pr definición es supremo. Esta primera noción, sin embar- go, poco nos indica acerca del substrato material -el gobierno compuesto de personas visibles- que permite o~servar la existenci_a concreta del poder político. Y del rrusmo_ mod.p/ el término subordinación· poco aclara, hasta el momento, acerca del modo es¡:iecífico según el cual se organizará aquel conjunto de relaciones de dependencia. · .. De esta explo.ración preliminar se desprenden dos inte- rrogantes alos que un régimen político debe responder: a) ~ué vínculo de subordinación establecerá el poder polí- tico C•.'n el resto de los sectores de poder presentes en h; sc::~edad; b) qué reglas garantizarán el acceso y el eJerc1c10 del poder político de-los futuros gobernantes. La primera cuestión hace hincapié en la organización y ~1 EL O?.DEN CONSERV.illOR , en /a.distribución del poder; la segunda en e('~odo de eiección _de los goberm:~ntes y en los- li'mites que se - trazan e;ntre és_tos y los gobernados. ,Los cuatro térmi- · rios aquí·expu_estos rep~esent.an la imagen t~órica de u~ sist'ema de- relaciones· donde el contenido concreto de· uno_ de ellos, ·o su modificación eventual, influye nece- sariamente sobre los otros. La estructura institucional de un régimen alberga, pues, una realidad más profunda: la realidad del poder; y a. su vez,.. este haz de relaciones de control se asienta ·sobre una constelación· de intereses . materiales y de valores que justifican la pretensión· de algunos miembros de una unidad política de gobernar al resto. La opera- ción consistente en traducir aquella madeja de inter.eses y de valores en una creencia compartida que haga las vef_es de norma -habit~al para reguJar las .relaciones de poder,. atraviesa un camino histórico que· bien podría dividirse err dos tramos 2nalíticqs..Por una parte, en efecto, es _preciso atribt;ir valor preferente a una estruc- tura ü.:':titucional en detrimento de otra y a partir de este acto ~o de:-.Jesta serie de actos- determinadas ··concepciones acerca de la organización y la distribución del poder, los modos de elección y las fronteras entre los__gobernantes y los· gobernados, tendrán más peso -<..valorativo que .otras.. Se tratará- entonces de consagrar una fórmula prescnptiua o pnºncipio de legitimidad que no sólo busca satisfacer ciertas ideas acerca del· régimen mejor adaptado, por ejemplo, a una doctrina de la libertad o de la justicia sino que, también, pretende gratificar intereses materiales reivindicados por grupos y clases sociales. .. .. "''.'! Ambas acciones nos introduceri1 ·~n el segundo tramo analítico. A diferencia de lo que pudo acontecer en el primero, en esta segunda etapa los actores procuran traducir las fórmulas prescriptivas en una creencia com-
  12. 12. 42 NATALIO R.'BOTANÁ -·- . pa.rtjda con respecto a la estruct1;1ra institucional ·del régimen .y en un acuerdo acerca de las .reglas de sucesión. De esta .serie., de acciones puede resultar. una -:fórmula operativa o. siStema de feg!ti"-midad que-_viñcula las expectatíva_s: valores e.intereses de tos actores con las instituciones del régimen y las reglas de sucesión. C.reencia y acuerdo serían, pues, dos conceptos analíticos que cali- ficarían el proceso de legitimación al cual parecen someti- das las formas históricas de los regímenes polític;:os. Estas nociones limitan nuestro. análisis. histórico a ciertos rasgos de la· acción política más significativos, en apariencia, que otros. Un régimen, en efecto, puede ser analizado a través de políticas específicas (economía, educación, emigración, etc.) que permiten .medir los resul- tados de la acción de un grupo gobernante. El régimen político semeja, de este modo, un conjunto de decisio- nes gubernamentales que definen me.tas, seleccionan medios y alternativas, imponen rec¿~pensas y san- ciones. Otro punto de vista, qu" no excl~ye al anterior, trata de entepder, en cambio, el marca· que proci'uc;:e dichas decisiones dentro del cual los acfores se enfren- tan para determinar quiénes, a Ia postre, ·ejerceran el poder político. Esta perspectiva nos habrá" de guiar en las páginas que _siguen con. el objeto- de observar un régimen político como un orden dé dominación donde algunos -y no todos- tienen. el privilegio de fijar metas, elegir medios y alternativas, adjudicar, en fin, recompensas y sanciones. 1 Alberd.i.' v su fórmula prescritJtiva Desde los albores de la independencia, los criollos que asumieron la conducción de las antiguas colonias españolas enfrentaron, en términos teóricos y práctic.:os, 1.;-_,, 1 1 -,,- :.. EL_ORDEN CONSERVADOR .la ave contradicción entre. el prit1cipio de le 'timidad de la monarquía hereditaria y e pnncipio · de le- -- gitimidad. de la república electiva.2 CuandQ si; quebra- ron -los vín_?ilos. con Ja _corona espáñgla,_ estos. grupos- d.irigen_tes,- huérfanos dé la tutela de un principio. de- gobierno consagrado por ¡¡¡_:·tradición,- asumieron ·fa penosa tarea de construir una legitimidad de reemplazo: fórmulas conocidas como cuerpos ·teóricos e ignoradas como prácticas habituales de gobierno, incitaban a la invención polítka, ¡ cuando no,. a la- mera reproducción de experiencias. La fórmula que algunos llamaban republicana y otros demócrata, intercambiando las palabras como si fueran sinónimos, hacía . residir el origen del poder en una entidad más vasta que !.as antiguas aristocra~ia.s, al. mismo tiempo que proponía una operación mucho más complicada para elegir a los gobernantes que aquélla definida por las viejas reglas hereditarias y burocrátiCas. Pueblo y elecdtm··po'dían representar los términos de un proyecto de solución posible, en la medida en que no provocaran una fractura irremediable con costumbres políticas que gozaban d<:kbeneficio de la tradición. El problema era aún más acuciante para las clases y .grupos dominantes, pues,. junto con la caída "del poder colonial, 'la car!=ncia de fórmulas de reemplazo podía conducir a la anarquía·o a la disolución política, lo cual implicaba, naturalmente, el ocaso de su poder y de su prestigio. La búsqueda de fórmulas prescriptivas que conciliaran la desigualdad del antiguo régimen con los principios igualitarios emergentes, estuvo jalonada por errores y fracasos pero, de algún modo, fue dejando sedimentos que el observador pertinaz puede devolver hacia el futurQ en nuevos proyectos institucionales. Ese fue el propósito de Alberdi. ] uan Bautista Alberd.i fue el autor de una fórmula
  13. 13. !-!ATALIO R. BOTANA . ~rescrioti~dél beneficiQ. de alcanzar una '.:: tr~·:1 institucional sancionada por el Congreso ÍÍCrJ3 ~onstituvente en 1853. Lo significativo de esta fórmüla consistió en·su 2erdurabilidad sobre las vicisitudes de la · guerra· ir~'temá entre Bnenñs Aires ?' la Can federación, "'as impugnaciones posteriores provenientes de muchas p<ovincias del ·interior y· la resistencia· de la· misma Buenos Aires a ceder parte· de su capacidad de deci- sión al poder central. Esta persistencia a través de las múltiples oposiciones de que fue objetor hizo que la fórmula alcanzara ·los acontecimientos del 80. y justifi- cara la acción política de los protagonis.tas del régimen político en ciernes. Como ya se ha diéfio,~fu-·vinculación aquí propuesta .emre, por una parte, Alberdi autor de una fórmula prescriptiva y, por la. otra, su traducción institucional y po·sti: :-iOr Vig..,:n,ia en d 80-;- no deriva de una compro- saa:a·rerac1on de causalidad. Se trata, por el contrario, de un.a hipótesis que asume lo siguiente: a)" que la fórmula inf!uy6 signifj.cativamen.i:e ·en las deliberaciones del Congreso Constituyente; b}-'que media:ite elaborf ción uk:rior se prolongó más allá de las~·:O.eliberacio- nes del Congreso; c) que tradujo valores ·e intereses do- minantes en la. Argentina de ese- entonces, pese a las oposiciones que_ pudo SJ.ifrir la p.ersona de Alberél.i; i]J que no ·obstante·ello, la fórmula perduró en el tiempo y oJorgó a la postre un marco valorativo que sirvió de ~-explícita o difusa- del régimen político implan- tado en el 8Q_3 futa formula prescriptiva tiene la particularidad de justificar un régimen político en cuanto h;;t.r:r). al origen gel poder y a su ~rograma futuro. Alber:di. sostuvo que los argentinos deb1an darse una constitución para reali- Z,.9S un determinado proyecto, "p_ara tener población, ......tiara tener caminos de hierro, para ver navegados nues- 1 1 j¡(uJj!L e{) /'U)JJ),/J.[J)J_JJ_ .fJ.J.}J.J.J».Y ( - EL ORDEN co~;s:~VADOR . 45 tras· ríos, para ver opulentos v ricos nuestros Estados".4 ..::ste roirama constituye un conjunto de metas al ue debe dar alcance una nacton a 1erta al futuro; los campos específicos sobre los cuales _se -proyecta son: la inmigrac10n. la -construcción ·de ferroqm.iles y.. can,aJq navegables, la_ colonizaci6n. ·de· tie.rras de propiedad nacional, la introducción y establec1m1ent0..·de nuevas industnas, la importación de ·capitales extranjeros v la exp orac1on e os r1os intenores. __...¡ · Para alcanzar estos fines es dable advertir en Alberdi /( l,7.;_v¡ la intención deliberada de provocar un trasplante cultu- ¿¡_ ral. Alberdi rechaza· .una cultura tradicional, la cultura {aLL!i,;Á hispánica que impide el cambio y la innovación, y opta por otro me.delo: el ·de los países europeos en trance de edificar una sociedad industrial que libe- re al hombre de la servidumbre de la naturaleza. Un cambio de tal ~n vergadura ño ;:n:ede lle1 arse a cabo si no es inyectando desde fuere. en una cultura, se- gún él históricamente terminada, nuevos fermentos de población y de riqueza que sean portadores de esos valores. "¿cómo -S<: pregunta Alb<:rdi-, = qué forma vendrá en la futuro d cspfritu· viviñc:mtc de la civil.iZación. europea a nuestro sudo? Como vino en todas l:i.s époC!.S: la Europa nos traerá su espíritu nuevo, sus hábitos de. industria, ~ prá.ctic::J.S de civilización. en las inmigraciones que nos cn,;";e•.• lQucremos plano.r y aclimatar en América la libertad ínpesa, la cultura Eranc:sa, la laboriosidad del hombro de Europa Y los Estados Unidos? Traigamos pedazos >Ívf de ellas en las costumbres de sus habitantes y rz.diquCmosias aquí." La población ..es el agente p_rivilegado del cambio cÚlturál;- péi-"Zi- no es ef"unimEl fcrTo~ ·-¡~s-íñdusmasyToS~~s;(iT¿~ 11añdesarrolla o y ·---- - - --~ -~acíone~·,.~~~e- memanos e imprescmruoh ~~
  14. 14. 46 ::-lATALIO R. BOTANA. '"los caminos de fi·erro son á este-siglo lo que los conventos eran en la Edad ~[edia: cada época tiene¡ sus i!&Sn.tes de cultÜ_¡¡¡.. ¿son ínsuiicienr¡es nuestros c:ipil:l.l~ para esas empres:is? Encregadhs entonces a capitales extranj<:ros. Dcj:i.d que los tesoros de fuera come- los hombres se domici- _licn en nuestro sudo.07 -- El medio seleccionado para alcanzar estas metas es el régimen polírico. -Y en esta cir~unstancia, la figura del legislador va delineando una concepción acerca de la organización y distribución del .poder, del modo de elección de los gci'bernantes y de las garantías otorgadas a los gobernados· q.u.e procura conciliar los valores igualitanºos de una república abierta a todos, ·con los valores jerárquicos de una república restnºctz'ua, circuns- cnpta a unos pocos. La.piedra de toque de esta fórmula tiene sencillo diseño: funda una capaddad de dedsión dominante para el poder polúico central; otorga. el e/erddo del gobierno a una minorz'a pn"vilegiada; limita la partzúpación poHtica ~pób7~ión; y asegura a todos los habitantes, sz"n distinción de naciona- lz:~~d, el máximo de garantias en orden a su actividad c..JzL -· La cuestión que preocupaba a Alberdi era la ·de organizar. un poder central, necesariamente fuerte para controlar los poderes locales y suficientemente flexible para incorporar a los antiguos gobernadores de provincia ·· ·· a una unidad política más vasta. En ténninos prácticos el problema se 'expresaba así: "¿Cómo realizar una organización constitucional que abrace:· y concilie las Libertades de cada provincia y las prerrogativas de toda la n:ición y de hecha pcnnit:J. a los gobiernos que dctxn aceprula ia continuación en d mando de sus provincfas? ng Este argumento deja entrever una tensión entre, por una,.parte, Ia necesidad de encontrar una fónnub con- creta de reducción a la unidad y, por la otra, el acuerdo t·; - EL ORDEN CONSERVADOR 47 inevitable ·que conviene. establecer -éon aquellos.~_que ··· · detentrn posiciones ,de poder: "_es;·preciso por consi- guiente -sugiere Alberdi- que el nuevo régi!!len conten- - ga algo del antiguo" ,9 - . ~ ~~ __ .. Esta fusión entre d,,:::_«:(engencias contradiáorías. en la historia - nacional,· la q:ntralización - y ·ia de_?céntra- lizáción, pone.·sobre el tapete la idea _que .se forjaba Alberdi de la orgarúzación federal, pragmática y hasta impreci~a, porque "la _federación o unidad. es decir lal m vor o menor centralización del gobierno general. son 1Af:;c,i-J¡ ccidente. un acce · s ' rno , f - ~ gobierno".1 º . . Federación evoca, en. este sentido, un medio adapta- do a nuestra circunstancia histórica para alcanzar una· unidad de régimen. No es el úni¡:,o -antes se ensayó la unidad pura y fracasó- pero es, sin duda, el _instru- mento más eficaz. De aquí deriva el carácter mixto del gobierno; "consolidable en la unidad de un régimen nacional; pero no indivisible como quería el Congreso de 1826, sino divisible y dividido. en gobiernos pro..:1 1~ 1 . ciales, limita).os, como el. gobierno __central, por la ley ::J federal de la República".11 Este gobierno mixto, que -éxprésa el término federa- ción, retoma .rasgos esenciales de los hábitos: de obedien- c-i.a trazádos por la costumbre en las culturas de .Améri- ca del Sur. flo hay_,_ pues,_[!,!f~.~~dcl~ · . orden tradicional; esa ruptu~dri.j.~~_ués, cuando la_ ºfli?.Diacionnueva, la indus1T.~ riqu~~~ :f.Q_n1aclilturaa:Iltigua.. Mientras taºñ:fo, a medida que la tra'ñSi'c~~ marcha, es preciso reorientar las expectativas de obediencia hacia un nuevo centro de poder. Allí emergerá un papel político inédito que habrá de integrar lo nuevo y lo viejo: el control racio- nal de la ley y los símbolos de dominio y soberanía quebrados desde los tiempos de la independencia. Ese
  15. 15. 48 NATALIO R. BOTANA papel- privilegiado,' apenas p;rfilado én tiempos de R.iva• davia, puesto entre paréntesis en la ·epoca de Rosas Y · recreado por la Constitucj_C>n de 1853 es el papel del 'presidente. 12 · De est~ 1 mariera, la~monárqu_~f~ . reaparece bajo la faz repub_licana. 7~0 escat1ma- elogios_ -:-la llama "dicho profundo espiri:tual'.'_-=· a ·la sentencia de Bolívar: ¡·..Los nuevos .Estados de la América antes española .necesitan rey.es. con ~ nombre de prcsidentc:.."13 _ En la fórmula alberdiana el presidente materializa el poder central, pero n·Ó· ·cfé'tenta todo el poder ~ tam- poco ejerce un dominio irresponsable sobre la sociedad. El dominio irresponsable proviene del -~espotismo d_e uno :;olo; (el 2:d•iemo responsable denva de la 'legi- timicl1.d . del presidente investido por una constitu- ción:) íl . l"...cn ,-ez de dar d despotismo a un hombre. es mejor d":'1o ~ la ley. Ya es una mejora-d que ra sc~ri~d sea ejercida p~r la eonsntuaon Y no por la volur.t:i.d de un hombre) Lo peor dd ckspousmo no es su dureza. sino su inconsccúencia. y sólo la. constitución es inmutable••• Dad al poder ejecutivo te-do cl poder posible, pero dáclsclo por medio· de una cons· titución." 14 El presidente adquiere legitimidad no por su calidad intrínseca de gobernante, sino en razón del cargo su- perior que él - ocupa. El papel del presidente, el rol institucionalizado que un individuo está llamado a de- sempeñar, tiene más valor que su propia virtud de gobernante. He aquí el quid de la cuestión que trans- fiere la trayectoria episódica de un gobierno personal a una institución permanente bajo la cual hast0; ~o­ drá encontrar amparo la figura del gobernante med10- cre: EL ORDEN CON.SERVADOR ...... .una vez dcgldo, sea quícn fuere el dcsgracíado ::i.qult:n el vo·to del p~is coloque en la silla difícil de la· presídef]cÍa, se le d~bc res.petar con la obstinación ciega de la horsadcz, no como a hombre, sí.no como a ta . persona pública del P.-esidente de la Naci.':in•.. porque el respeto al Presidente no es más que el r_espcto, a la const1tución, en ;-irtud de ia rual ha sido dec~o:· es el respeto a Ja discíplinfl y a la subordin1.1ción que, en lo político cbmo en lo milio.r, son"la Uave de I<; fuerz!a y qe la victoriá.''15 - Gracias a esta distinción tajante entre el rol y el ocupante, AlberL!i parece adecuar al cará~ter nacional una argumentación trazada en ·1os debatés constitu- cionales de Filadelfia y en los papeles del Fed~::-:i.lista que, por otra parte, Dahl ha retomado como centro de interés de su concepto de "democracia madisoniana".16 Este argumento podría :-::sumirse en la siguiente pro- puesta: la constitución de la Federación Argentina tiene por objeto establecer una república no-tiránica. Impedir la tiranía es la finalidari básiCa del gobierno republicano y de esa finali:l_¿._J se deduce la .teoría normativa de las limitaciones del poderfSI el- poder -y · la· naturaleza humana que en él sub-yace- P'4.""de degene- rar en despotismo, es preciso píevenir esa ten.ciencia a la~_ corrupción y para prevenir es necesario .encuadrar ei'- ejercicio . gubernamental dentro de límites temporales precisos, otorgando a magistraturas .diferentes h tarea .de l~gislar, ejecutar. y sancionar. La no-reelección del presidente y l~stribución de la actmdad legÍslativa y. judicial en cámaras y tribunares dünde d poder <..elltral y el ae las provincias estén debidamente incorporados, serán, entonces, dos limitaciones fundamentales concor- dantes con el argumento repu icano. n este punto, la fórmu a .-!f.) ana no se aparta e las pautas fijadas por el modelo ii.orteamericano: un senado y una cámara de diputados representarán a las provincias y a la nación en el proceso legislativo, en tanto tribunales de provincias y tribunales federales adjudicarán sanciones; todo ello
  16. 16. 50 NATALIO R.· BOTANA ordenado por una última instancia, la Corte Suorema de - Justiqia, a quien correspoli:de el cqntro1 constitucional de las leyes. 1=j_bedád poHt~·ca para poc.os y libertad civil para ·todos Una vez prescriptos los poderes centrales y los pode- res subordinados, los límites y los principios que pro- t~gerán la federación del·-peligro histórico del despo- tismo, el problema· -que inevitablemente· surge en el horizonte de una fórmula ·republicana es el de saber quiénes y bajo qué reglas podrán ejercer el gobierno de la sociedad. Alberdi rechazó explícitame.l).te toda forma de designación derivada de la herencia; se· apartó en este sentido del- modelo bolivariano17 y optó -al menos en principio, como veremos de inmediato- por la posición democrática que sostuvieron, ·en Filadelfia, Wilson, Mason y Madison, en contra del purifo de v'ista aristocrá- tico de Hamilton y Morris.1ª La posición demociática ha~e. derivar el título de legitimidad: del gobe~nte -diputado, senador o presidente- de la elección realiza- da por el pueblo/no_ hay, en rigor, legitimidad posible para el demócrata si ella no proviene ·del consentimiento popular) · · · El modo de expresión del consent1m1ento popular puede traducirse de múltiples maneras, pero, si se deja de lado la manifestación directa de dicho consen- timiento, los .medios elegidos para actualizario deben hacerse efectivos a través de alguna forma de represen- tación. La representación, vista corno una serie d~ actos mediante los cuales un actor político autoriza a otro a obrar en su nombre o le impone el deber de dar cuenta de su acción19 , arrastra consigo, sin embargo; núevos riesgos y, por consiguiente, nuevas prevenciones. EL ORDEN CONSERVADOR Los riesgos pueden emerger de ios conflictos entre facciónes . adversas o de la demagogia del actór con vocación. de representante. P_ara prevenirlo~ es preciso -~ los modos de elección de los -represeniap.:es.. · según sea la importancia del c;argo que está en j_uegüj De . esta manera, la fórmula alberdiana, fiel una vez mas al modelo norteamericano,_ prevé que el d~o será directamente elegido por el pueblo, mientras que el senador v el presidente obtendrán su título por una =- e.kEC:ión de segundo .grddo realizada en las ..le~laturas provinciales o en el seno de Ún ~egio electoral-) Como quiera que fuese, ya sea emprenaiendo el camino del comicio directo o el de la elección indirecta, el pueblo es siempre 'la fuente de la cual deriva la legitimidad· del gobernante. La cuestión reside en saber cuáles son las fronteras que encuadran esa entidad llamada pueblo, ·quiénes lo componen y quiénes perma- n!!cen marginados. más allá de· sus límites. Simple como p:U-ece, las respuestas que· se ensayaron frente a tal interrogante ''-Clividen, a grandes rasgos, a los que con- ciben el gobier_no como algo,dq11d<;__pocos intervienen de aquellos que lo imaginan como un proceso donde, participan mucho.s ciudadanos; lo cual, dicho en otros rénnirtos, se .expresaría de este modo: el gobierno democrático es ·obra de un grupo reducido de personas y sólo ellas integran el pueblo donde reside el poqer electoral, o bien, ese conjunto es más abundante en términos cuantitativos de forma que tiende a univer- salizarse, abarcando un nú~ero cada vez mayor de miembros participantes. 7[Esta oposición entre "pueblo chico" y "pueblo gran- de" está fundada en argumentos que asignan a unos . pocos la virtud de saber elegir y a la muchedumbre la . ~ ignorancia de no saber elegir. El punto de vista alber- ¡ diano es, en este sentido, frarn:;amente restrictivo] j ,.:.:;., _,· 1--.
  17. 17. NATALIO R. BOTANA "L.,.-intcligcñcia y fidelidad ;en el ejercicio de todo poder depende de la c:ilidad de las perSonas elcgicjas pa.r:i su depósito; y la alidad de 'los clc¡;>dos _tiei:ic estrecha 1 dependencia de l~ calidad. de los cle~tores.· -El . sistema cle.ctoral es la llave del g9bicmo .Rpr<sentativo, Elegir e~ discernir . y "deliberar. r:a lgnorancia no discierne busca un tribuno y.toma un tiran'!. - L~ mísería no ·delibera, se vendefAlej:ir e! sufragio de m:i.no• de la ignor.!ncia v de la - indigc:ncfa es asegurar la pureza y acierto ele su cjcrcido.11 ~ • • /La cuestión que preocupaba a Alberdi es cómo hac~r de un pueblo -según él- sumergido en la miseria y en la ignorancia, una. colectividad 'federativa apta para el ejercicio del gobierno rep_ublicano) El camino no puede ser otro qµe el indicadÓ pó"r-Íos ejemplos históricos de Grecia y Roma, '"donde el 'pueblo sufragante sólo constaba de los capaces es decir, de una minoría ·reducídísima en comprcración cid pueblo· inactivo".21 {Esta min:Jría es la única calificada para ejercer la libertad política:)~ ------.. '(§Jh "...usar de la libertad política es tornar parte en el gobierno; go~emar, . ,~ aunque no sea rn:ís que por el sufragio, requiere educación, a.tanda no '( ciencia, en el manejo de la cosa pública. Gobernar es manejar la suerte de j todos; lo que es más complic::ido que· manejar su destino indh;dual Y privado."22 · '. · Algunos, por consiguit:nte, están habilitados para in- tervenir en el gobierno; el resto, en cambio, la mayoría que hizo mal uso de la libertad política favoreciendo despotismos pop-ulares, sólo tiene derecho al ejercicio de la libertad ciuil13 : ----------- .. :· T;'. "Re·.>to oue estoy libre dd fanatismo inexperto, cu.ando no hipóaita., que pi"c !ibc"rudes polític:is a ')lanas llenas para pue~l.os que sólo saben emplearlas en crear sus tiranos.~Pero deseo abundantlsunas las libertades ·-- c-iviles o ccondmic~s de adquirir, er.afena.r, lrabafar. nav~gar. comercwr, transita" y ejc:rcer toda induscr.il, porque veo en nuestro pueblo la aptitud conveniente para practicar]~ Son practicables, porque son accesfüles al extranjero que trae su inteligencia; y son las más fecundas.. porque son las llamadas a poblar, eruíq1,1Fccr y civilizar a estos países."24 ..,.;;;-:: "<=:.l> EL ORDÉN CONSERVA90R 53 La libertad civil abre entonces la ruta para implantar l~ _nu~va cul~ura, ~arque esas garantías traeran inmígra- Cion, mdustna y nquezas. He.aquí .el ao-ente más eficaz para mejorar la capacidad de cliscernífni~ñto pol{ti~o de pue~los que, ~n su trayect~ria ~1istóríca, sblo han gesta-- - ,, '-· do el. despotismo del Gobierno (que es la tiranía) 0 e] despotismo del pueblo (que es la revolución)".2s Hav pue~, una so!ución únic~ y durable para el 1 problen;ia d~l ._/ gobierno posible en America del Sur: . ". · .ella consis:e en elevar nuestros pueblos a la altura de la forma de go- bierno que n?s ha impuesto la necesidad; en darles la aptitud que les falta pa- ra ser n;pubheanos; i:n hacerlos dignos ae la república, que hemos proclan12- do,. que no podemos practic:ir hoy ni tampoco abandonar; en mejorar d gobierno por. la mejora de los gobernados; en mejorar la sociedad para obte.!_ler la mejora del poder, que es su expresión y resultado direct0 ,"26 Si el ct·esarr~llo de esta argumentac;ón es correcto, puede afirmarse· qúe la fórmula alberdiana prescribe la -~~s~encia¿!e ~s tipo; ~e rc:u.íD.li~a federati~a:[l.a .. rej¿ublica abierta v la republzca-r~IL La ren11hlica - a~ estaría regida por lá'libertad cívil; en ella' tienen cabida todos los ciudadano~a~ale{ y extranjeros, que ~aga~ uso...i¡Ie las garantías c~ns~gradas por el t;xto ~on-;t1tuc1onal::J Esta ~ la repubhca que la retorica oficial presentará, hiego, como clilatada en territorio, plena de posibilidades, con una población numerosa, la cual ofrecerá el ámbito adecuado para incorporar los valores de innovación y de. cambio: para traer inmiqra- ción, extender las comunicaciones, implantar la indus- tria y propagar la educación. Pero l_a r~pública abierta es, en sí, una contradicción ~ en los. termmos pues 11? controla sus actos de gobierno: t-:..'i ~~s. miei:ibros gue .la m~egran nuevos inrrugrantes y (...,,"" Vlejos cnollos- no mtervienen en la designación d.e_Ji;Js ~ gobernantes; no son electores ni representantes; perma~
  18. 18. --- . -.-. ¡' - 54 - NATALIO R. BOTANA necen marginados en una suerte de trasfondo en cuyo cq1tro:.se recorta un núcleo político capacitado-para hacer· ·gobierno - y ejercer conti-oUEsra ·es la 'úpúb!icd ~.restrictiv?-, construida: sobre er' .ej~icio de la ·liberta.s.J. ~ p~lf!.~~ª...,~ un áJr;bit6 donde la parti;ipación en el g6'5íer- " no se circunscnbe a un pequeño numero de ciudadanos; {j un espacio cuyos miembros se controlan a sí mismos y, •..., a la vez, controlan el contorn_o que lo circunda. Ciudada- i} nos, en suma, habilitados .para intercambiar el papel de. ;j elector y de represe-Iitante que, de esta manera, hacen '.__i suyo un proceso de aprendizaje donde el acto de ejercer gobierno dev-iene un valor próximo a su conducta habitual] Allí, e11 la república restric¿tiva, prima la voluntad reflexiva de los hombres públicos naturalmente preparados para tomar sobre sí el manejo de la suerte de todos. La totalidad, sin embargo, estará dada en la. fórmul~ alberdiana, por-·la repúb.~~ca: restrictiva más la república abierta, y mientras en una los que :participan,. medí°ánte el uso de la libertad polític·a, d~legarán de .modo vo1untarío su capacidad poi:encia.l de mando, en la otra los habitantes afincadgs en un territorio· permanecerán dirigidos ·por uh. sistema de ·control impuesto desde afuera. . 1!.J;~o..E!J_ueville: la Tzbertad Fen(e:cílñesgo de la if!:Ualdad Esta es, a la postre, la vieja distinción entre habitante y ciudadano que, desde los tiempos de Rousseau, interrogaba sin cesar al pensamiento político de los · siglos XVIII y XIX.28 Pregunta cuya respuesta aparejaba graves consecuencias para el punto de vista con.servador. Los legisladores que procuraron fundar Estados cuando -- EL ORDEN CONSERVADOR : 55 despuntaba el . p~sado ~siglo, desp_ués ·de los aconteci- mientos revolucionarios que tuvieron lugar. en la Améri- ca del Norte y en Fra.ric;:ia, advertían;· no sin perplejidad, p_ue el ~eil!o de Ja libertad política y-- ec.onómic:i podía· "sulii.r la erosión. de un moVimieñto subito e irresistible: el movimiento ·de la i~aldad. · · . Aiberdi ri.o ¡:irestó suficiente atención a este fenóme· no. Quízá porque esperaba que la inmigración y la riqueza habrían de· implantar en las viejas tierras de la confederación,_ la simiente de un nuevo, mundo más igualitario. Adoptó todas las precaucione~ de .la repre- sentación indi.reéta., pero las robusteció mediante una tajante distinción entre el habitante y el· ciudadano. Otros pensadores, qµe también provenían del tronco conservador, se percataron de · que todo . el edificio republicano podía temblar en sus cimientos a medida que un aumento histórico de la·igualdad social diera por tierra con las antiguas distinciones entre ciudadano y habitante. Esta realidai:l emergente _foe'la que deslumhró a Alexis de Tocqueville. Casi dos décadas antes de que Alberdi formulara su' plrui constitucional, Tocqueville registraba sus observaciones~actrca de la democracia en los Estados Unidos de América .en un libro que, sin duda, nuestr~ legislador conoció y meditó. -.:.El punto d.e partida de este aristócrata francés, testigo del vertiginoso derrumbe del antiguo régimen, consiste en comprobar un acontecimiento inédito e irreversible que crecerá a través del tiempo en intensi- dad y magnitud: la igualdad. Este es el motívo principal que induce a Tocqueville a sostener que la democracia equivale a la igualdad no significando, como tal, un régimen político sino un estado de naturaleza social que anuncia el ocaso.de la dominación aristocrática; por eso le produce mi'edo: "el libro que estamos por leer -dice en las páginas introductorias de La democracia en
  19. 19. 56 NATALIO R. BOTANA Amén'ca- .:ha sido escrito qajo,. ia impres10n de -·~~a especíe de terror religioso producido en el aima del autor al. vislumbrár esta revolución irresistible que cami- na desde hace tantos siglos, a .trav.és de todos los_ .•bitáculos, y que se ve aún hoy' ·avanzar en medio de las ruinas que ha cau-sado":19 La igu;;.ldad aparece entonces como la regla social a la que, inevitablemente, deberán someterse las relaciones políticas del futuro. Pero si la naturaleza de las cosas define un escenario con tendencias tan fÚertes: ¿cómo es posible preservar la libertad y las fronteras entre' lo público y lo privado, en un mundo donde ya no hay rangos tradicionales quc-·distingan a las clases superiores c..l-e las inferiores? .He aquí ~l prpblema por el cual Tocqueville desarrolla un argumento que casi consiste en una 0peración de resc:i.te, La libertad no es· para él una entidad del orden abstr;.crn derivada, por ejemplo, ele una declaración jurídica de derechos; es, por el coiltra..río -y., de aquí la vinculación con el origen social de quien ia:·:·reivindica- una realidad proveniente del control sociológico que :~obre el Estado ejerce un grupo autónomo cuya independencia, al menos relativa, está asegurada sin duda por la ley, pero más por costumbre o tradicióñ. . · En la perspectiva de una sociedad no igualitaria de señores y súbditos, la libertad aparece como una rea- lidad negativa: algo protegido por un estamento pode- r-oso ante el cual el Estado se detiene. En la circuns- tancia de una sociedad igualitaria, en cambio, la libertad corre grave riesgo de desaparecer pues la realidad que se impone es la de un Estado que tiene que lidiar con individuos o grupos pocos resistentes y de más en más _uniformes. ¿Dónde queda, pues, la libertad? No obstan-. te el pesimismo implícito en esta pregunta, la obs'er- vación de la democracia norteamericana de principios .. •( :-:·,- I· _, EL ORDEN CONSERVADOR 57 del ~iglo pasado permite a Tocqueville descubrir tres 1~edzdas _de la acción política que, correctamente prac- ticadas, pueden .preservar la libertad· en una sociedad -- igualitaria. · 1a .,primera .~s una medida ·de descentra- lizac~ón qu~ se e"presa_ er:- .~a· fórmula federal;, la segunda es_una.medida: de asoc1ac10n que se manifiesta mediante las organizaciones voluntarias; y la tercera, en fin, es una medida d~ moderación electoral que ,se expresa a través del voto indirecto. Se tr;:;.ta, sin duda, de una cuestión de grado. La descentralización del g~biemo local, .que prescribe la fórmula federal, presentará un peculiar sístema de sobe- ranía fragmentada entre, por una parte, el poder nacio- nal y, por la otra, el poder reserva.do a las provinci~s 0 estados fed_erados: habrá, pues, reservas constitucionales de autonomía ante un ·estado naturalmente centrali- zador. Una canticfud creciente ·de asocia.c~ones volun- tarias permitirá reagrupar los intereses aislados de un sinnúmero de ciudadanos desamparados frente a ese rnis,mo Estado.· Una pru~ente mediatización del sufragio sera el factor que mejor controle el peli2To de _la d~magogi~ y. de las pasiones irresponsables ;ropias de una rnulti~d desarrargada. Sobre este trípode -suerte 4e expresión sociológica de .Ji justa medida· necesaria para r~sca~ar valores a partir de una situación que se juzga. lileV1tab~e- Tocqueville desplegó su teoría del pluralismo pohtico. El escenario tocquevilliano es distinto del que nos presenta Alberdi. Mientras para éste la obra del legis- lador consiste en discriminar quiénes pertenecen al pueblo soberano y quiénes están excluidos de la ciuda- danía política, para el otro la tarea del socióloao se circunscribe. a comprobar el hecho igualitario queace de los haJ:i1~ntes de u_na nueva nación sujetos aptos para const1tu1r un pueblo, el cual, por lo demás, maní-
  20. 20. 58 . NATALIO R. BOTANA - fiesta sus. preferencias me-diante el sufragio. i.miversal}.º Ha. cambiado, sí, el escenario_, pero no parece que haya · vana·do ~~.11~ho .la intención -y. los ~speciale~ atiíb_utos que se le asignan al- -actor- qÜe éje_rc_erá el-voto.-~ ~el acto discrimin~tiene ·como propósito asegurar la calidad del acta electoral. Tocquevi11e, como se rinde ante la marcha irresistible de la igualdad, realiza un rodeo algo más complicado para expresar, también, un propósito semejante: reconoce qi,ie. el sufragio uni- versal está consagrado por la ,ley .y la costumbre, .pero esta evidencia no le resulta suficiente y de inmediato añade, ¿qué instituciones y comportamientos concretos pueden favorecer un voto razonable y moderado? · Cuando Tocqueville observa la composición social del Congreso de la Unión, se siente impresionado por el aspecto vulgar de la sala de representantes. "Casi todos sus miembros -escribe- son personajes oscuros, cuyo nombre no proporciona ninguna imagen 'al pensa- miento." Es preciso apartarse de este ambiente y r~cos­ tarse en algún edificio contiguo para encontnir brillo y recato político. "A dos pasos de allí -continúa- se abre la sala del Senado, cuyo estrecho recinto encierra una gran parte ·de las celebridades de Norreamérica." El hecho que explica este contraste es muy sencillo: "la el_ección que, constituye la Cámara de representantes es .'~i._,~ect~ y aquélla de donde emana el Senado está ,Y sometrda a dos grados".31 {El sufra>cio indirecto es a la D 1 · o , _, uz de estas observaciones, un instrumento de modera- -~' ción y un sistema electoral que robustece la calidad de los gobernantes)Es cierto que el pueblo puede y debe votar, pero no 'conviene prestar excesiva confianza a la bondad natural del ciudadano. Los electores son hom- bres ~ébiles a quienes puede estimular alguna pas10n colectiva o la demagogia de la ambición interesada. Habrá, entonces, que buscar nuevos resguardos. . ~· ¡ ' . ~ .··-- - EL ORDEN.CONSERVADqii. 59 .La conclusión de Tocqueville es terminante y ~-~ ··· mismo co~fi~s~ sus pr~ferencia's::"veo en el doble gr.ad '1i electoral el umco med10 de poner· el t,ISO de la libertad ...., políti_ca-· al ~alcance ·Q.~ ~odas las clases_ del pueblo'.'.3 ' :e~ Este_será· el gran papel reservado a las leves el~ctorales: el de constituirse én los _nüevos mediado;es de la razón. Para-Alberdi, en cambio, l¿s mediadores de la razón en la vida política erañ las leyes y los n~tables porque, de acuerdo con su punto de vista, la desigualdad en el sufragio aparecía como la cons.Jición necesaria que haría efectiva la igualdad en la república..Curiosa paradoja derivada de su preocupaci<s'n aventar el peligro de la irre:po~sab~idad política: 1lberd~ admitía como premi-·J sa mdiscutible que los es de elector y elegido debían ser intercambiables; entonces la ley debía operar una rígida ~tinción entre. ciudadano v ·habitante, entre) pueblo político y pueblo civil· porque unos y otros· e!) cua}!tativamer:te diferentes p_ara ejercer la máxima obli- · - ga_c:10n republicana que consiste ·en elegir y ser el~d . · - Esta figura del ciudadano rc.;ponsable puede ser equi- parada a_. la facultad de juzgar bien. en los'J.suntos púb!i- cos, es· decir, a la acción de emitir un voto razonable en conformidad con .los p-ri-;;_~ipl~s del sentido común y con b. visión_ del bien público aceptada ·por los que ---comparten una actitud de moderación. y de justa medi- da. Y a su vez este ciudadano razonable, que sabe ele- gir, obraría dentro de un recinto celosamente·guardado por las· leyes, recortado sobre un telón de fondo com- puesto por un gran número de habitantes que no saben J, ej~rcer la libertad política'. La fórmula alberdiana cul-J·i ~1p1 1 mrna consagrando la contradicción entre desigualda so- µ cial e 1gu a po 1t1ca, porque quien elige también pue- de gobernar y quien ob1erna debe ozar de la auto- ri~ mterpretar y de deodir razonablemente. Esta· república es, al fin de cuentas, un régimen político de
  21. 21. 60 NATAL!O R. BOTANA seve'ras exigencias ya-gue nada reasegurª- -he aquí .la. clave de ]~ C:uestión- -1a calidad del voto si no es la· calidad moral in_telectual o~nómica d~l .ciud-ªdi!IJ.o qile lo emite. _ _ . - Alberdi perfI1ª1!~ce aferradb a esta coñcepcíón de-1<1? - i cosas; TocqÜeville traspone el _umbral· de la república - restrictiva: los notables ya no están protegidos por un· - derecho de ciudadaní:· exclusivo, púo todavía las leyes y las instituciones podrán gestar el. milagro de mediar con éxito entre la cantidad de los electores ·y la calidad de los elegidos. No quedaba, :il fin de cuentas, alter- nativa. Tocque:ville descubre que las instituciones políti- cas y la sociedad igualitaria~p.e-rmanecían, unas frente a otra, en una crítica confrontaci,ón. J?-lberdi no niega la bonc:;.d de las instituciones; hasta incorpora en su pro- yecto· todos los recaudos que éstas proponrn, pero las instala sobre un suelo en cuya superficie rcinari una severa distinción de rangos. Votarán los de arriba: los educados y los ricos;· no podrán ni deberán elegir los ignorantes y los pobres. El acto de representación,~ exigir prudencia y sabiduría para su ejercicio, plantea un serio rulema:(O se universaliza la ciencia V el arte del gobierno, o bien, mientras tanto, la responsabilidad de manejar la suer!e de. todos, de asumir lo público desde la particular perspectiva de lo privado, debe quedar en manos de un pequeño núcleo de privilegiados:) Imposible mayor claridad. Pero ¿cabría caÍificar este iliscurso tan sólo- como mera expres10n de lo que en el lenguaje cotidiano llamaríamos una actitud oligárquica? ¿o es que tras este modo de ver las cosas se esconde una cuestión algo más complicada que el mismo legis- lador desdoblado, esta vez, en observador y sociólogo (algo que no hubiera disgustado a Tocqueville) buscará -·-·cksentrañar? . .. -[! 1 1 J . EL ORDEN CONSERVADOR 61. NOTAS_ 1 Este argumentó lo he dcsarroll~do en mi trabajo ya citado La iegJtr.mité.' probl't:rr.' polit:'quc. Caps. t ·y. II. La idea de vincul3ción en uc, por un !ado, los valores e intereses y1 por el~ otro, d rég.imcn pal ideo deriva-.. de la.5 nocíoncs de ~L Weber acere.a· de la atribución Yel.manteni- miento ·de l~ legitimichd. Consultar al respecto ,l Web<:~· Economía y S~cieda.d, C:lp: l. P:!rrafo 6, aondc d autor.señala que la kgitimidad de -un orden puede estar garanbzada "de mano-a· pur.imt:Íltc in cima" (y en Cstc caso por raionc~ que hacen a la expresión aiccrivJ., rdigi.osa o con arreglo a va.lores), o bien "por ia expectativa de determinadas coruccucn- cias externas; o sea, por una situación de in ten::scs" (p. 32). Sobre d n:gimcn político entendido. como respuesta a denos p 1 roblc:m2.S b2.sicos, Conf. ~l Duvergc~ Les ré;;i.mes polítiques, París, P.U.f. 1961, p. 9. (Hay traducción castcUana por ·E~dcb:!., Bueno;; Aíres.) Sobre CI concepto de polític:>-m:i.rco (politics) contrapuesto a la política-programa (policy) ver R. Aron. Democratie et lotclitan·sme, Paris, G:tllimard, 1965, Cap. l. (Hay traducción ca.Stcllana por Scix Barral, Barcelona..) 1 Ambos principios de legitimidad han sido calificados de esta manera por G. ferrero en su obra PcrJuoir, les génies i'rwisibies de la cité, ·Paris, Plan. 1945. Hay traducción castellana. 3 Los textos públicos de J- B. Alixrdi que hemos seleccionado como constitutivos del cuerpo teórico de ia fórmula son: Bases y puntos de partida pera la orgar.izacíbn política de la.Re¡:rública Argentina; Elerz:¡,:-::os de derecha p-Jblico proumcicl para la Repúblic;a Argentina; y· Sistema econór.:ico y ra:.tistíca de ia Confederación Argentlr.a según ia Constitu- ción de 1853. La primera edición..0 .k las Bases... es del 1~ de mayo de 185 2 y la scgund<!, que contiene el proyecto de '.<:.pnstitución, d·:l ~3 de agosto de 1S52. El Derecho Público aparociá cr jul¡o de 1853 y el Sistema económico y rrntútico en febrero de· 1855. ·canf. J. ~l ~!ayer, Alherdi y ru tiempo, pp. 413. 430 s., 465 y 477. Como podrá advcrtme csu selección es restringida y deja de lado va.ríos textos públicos que defienden la.s ideas. qpues=· cñ las tres obras citadis a propósito de la pclémica que libró Albcrdi con S:um.i.GJ.to .durante cl. año 185 3. Luego de la batalla .de Caseros, Sarmiento, que h.abía regresado a Qiilc, escribió La campaña en el Ejército Grande (12-11-52). El libro, dedicado a. Alberd.i, motivó de su parte un:i. réplica inmediata, escrita en Quillota (Oiik) durante el ,cr>.no de 1853, bajo el t,itulo de Cartru sobre in pnnsa y la política militante rn ia República Argentina (llamadas Cartas Q-Jillota- nas). Un mes después, Sa.múcnto respondía con Las dento y una. Por fin, ya sancionada la Cor.sútución Nacional en Santa. Fe, vieron la luz los Com~ntan'os de la Con.stin'tción de la Confederación Argentina de Sarmien- to (setiembre de 1853) a los que siguieron. hacia d término de e><: año, los Estudios sobre la Canst:"tucián Argentina de 1853 de Albcrdi.. Al emplear la expresión utat°' públicost h2go rc:fcrcncia a los tc::ctos de Alberdi que fueron éóiiOcídos y goz:i.ron de divulgación entn:: los actores políticos de C1ie cntonetl. Quiero íruistir en este punto. pues aquí no
  22. 22. :.. 52- NATALIO R. BOTANA .- tr:uo de h:iccr Un.J.- cxCgc:sls de todo el pcnsamicnto d~ Albc:rdi~ sL;.o de aquellas partes d-c una producción profusa -y muchas veces contradic- ton:i.- qUc: pu¿icron sc:nir d-: valores irutrumcr.r:alcs para dichos 1c.:orcs. Por otr:i par..c:1 una c2ntid:id aprccb.blc: de los escritos de: Albcrdi rccié_n fueron. publicados entre -1895 y 1901, en 16-.volúmd1es, bajo el titu!o._dc E.scrúos pO.stumos_; C!tos _pá'bajos son importantes para mejor ín:crp,etar -la .-intiinid1d dd pensamiento de Albcrdi, o para adarar :ispcctos que pc.rrn:meccn. en la pc:numbr~ pero... ublC:idos en el punto de: .. Vista dd actor ·de! 1853, 1870 o. 1380, poca utili¡lad tienen ya que, para ese entonces, bien puede s-ostcncrsc la hipótesis de su incxístencia histórica :iunc;,uc pc:nnanccic:ran guardados en los archivos dd autor. 4 Juan Bautista Alberdi; B,:;ses y puntos de partida para la organi:ación po/ín'ca de la R<p-:.blica Argentina. 3'! ed., Buenos Aires, Estra-da, 1949. C:ip. X, p. 46. 5 J. B. Albcrdi, Sistema económico y rrntistico de la Confederación Argrniina según su Consrit-.tción de 1853, Buenos .Aires. La Cultura A.rgcntím.. 19 21. p. 40. 6· J. B. Alberdi, Bases...., D.p. XV, p. 75 s. 1 J. B. Albc:rdi, Bases:._, Cap. XX. p. 89. J. B.. Albcrd~ Bases... , D.p. XVII. p. 113 y Cap. X:.'.vII, p. 210. J. B. Albcrd~ Bases:._, D.p. XII, p. 56. ! o J. B. A!bcr~ Bases.... ~ C.ap. XIX, p. 1.3 L t 1 J. B. Aibc:rdi, Bases...., Cap. XX.1, p. 149. l 2 ºYo no v2cil2.rla en asegurar que de la constirución del poder e¡ecu'1vo especialmente dc¡:>c:nde la suerte de los Esudos de la :.méric:i del Sud", J. B. Allx:rdi, Bases....., Cap. XXV, p. 182. l 3 j. B. Albarli., Bases..•, D.p. XIl, p. 56. ~ l 4 J. B. :lb<:rdi, Bases...•, Cap. X..XV, p. 183. La· e:<pcricncia ucrca de los gobiernos conservadores que:, desde la sanción de la constitución ceatralist:i de 1833, se sucedieron rcgulirmenle en la República de Ollle bajo cl influjo, en sus orígenes, de la pcrsoo.alidad de Diego Por· tales es para }...lbcrdi -lo veremos mois adelante-, fuente de un rnodc-· lo político -y no económico- digno de toroanc en considcració¿: "Ch.ilc:: ha hecho ver que entre la falta :ibsolut:>. de gobierno y d gobierno dictatorial hay un gobierno regular posible; y es d de un presidente consritucional que pueda asumir b.s facultades de un rey en el instante que la an.arquía le desobedece corno presidente republicano'', Bases._, D.p. X..'XV, p. 181.. Sobre el pc:Jsamicnto de Dic-go Portales puede conru.ltane J. L Romero, El pensam:'ento polttico de la. derecha lat1·noarn.cn·cana.. Buenos J..-ircs, Pa.idós, 1970, p. 96 ss.. y Tulio fulpcrín Donghi, Hispanoamérica después de la independencia. Buen.,,; ..ircs, P;:údós, 1972, p. 33 ss.., 192 ss. y ~:::!~ SS.. l 5 J. B. Alberdi, Bases..•, G.p. XX.XIV, p. 273 s. 16 Democracia roadisonia.oa hao: n:fcrc:oda, evidentemente, a la teoría política de James ~!.adison, que el mismo pensó y dc:s:irrolló antes y durante la Con.,.ención Constituyente de Filadelfia en 1787 y que apuso .. -~ 1· ·- - t ~..{§~~ 1 ...., ·I '~·T l. "¡ ti .:,, ~¡ ~ r. ., ~:· ·.) EL ORP.EN CONSERVADOR 63 en los articuiosdcl..Federalista. Ver R. A..-Dahl, A-Pr.f;a co .Democratic Theory, Chkago¡ The Urúversity of Chicag!' Press, 1956. Cap. !, particular· mente p. 10. l? Insisto en l::i advertencia metodológica señalada en la nota>!? 2. En . ese erúonces Alberdi rechazo. el-principio hereditario-m~roEquico. -~º ocurre así con el autor de: los escritos póstumos-en ·cuyo volwncn IV bajo ci titulo "Del Gobierno en Sud América según ru Re'olución·,fun<l!'rTlen'· t.ll"' (trabaío "escrito en los años 1862-186,3), .~l~crdi m";"ifie~ra. su preferencia oc:isional a favor de la monarqu1a. Dicno trabajo ha stdo recientemente reeditado con un titulo diferente. Ver J. B. Albcrdi, La :;ionarquía como mejor forma del gobierno i:n S":1·Am áica,. -cst~dio. prcliminu y notas de Juan P~blo Oli'cr, Buenos Aires,. A.. Pena L11Jo, 1970. La expresión "modelo bolr.-ariano" hace rcfcrc:rcia a un.a fo"':a concreta de régimen político expuesta por Simón Bolh·ar en s~ ~g~ta Ce Jamaica (1815), donde escnbió lo que sigue: "Su gobierno po',1--a 1mHar al inglés: con la diferencia de que en lugar de. un rc-i:. h~ra. un .po.dcr cjccUtivo, electivo·, cuando más vitalicio, y jamis hcrcCllt.anO Sl s~ .qwcrc república,. una c;Ímara o senado kgislaúvo hereditario, que c;i las tem- pestades políticas se interponga entre las olas populues Y los rayo'. del gobierno, y un cuerpo legislativo de li~rc elección.. sin.?tras .rc.s:z-tcc!oncs .. que las de la cámara baja· de Inglaterra. ES<a consoruoon pa.rti:i~ar;; de todas las formas y yo deseo que no participe de todos los v1e10s • Y. Lccuna; Cartas d'el Libertador, L XI, p. 53, cit::ido por ]. L. Romero, El pensamiento político de la derecha latinoamer.:Ccna, p. 92• 18 Conf. R. A. Dahl, Pluralist Demacracy in tl:e !Jnited States: Conflíct and ConsenL Chi!:ag!?, Rand Mc:Nally, '.?57, p. 34 ss.. 19 Aqui adopto el concepto de represenuaon formal. e:<pucsto por H. Pitkin, que me parece el más adei:uado para acl:lnr este. p:oblcma particular de la· représc:ñtación política. Ver H:innah F. P1t.kin, The .Concept of Rep""sentation, Urú,·crsity of California Prcss.. 1966, Cap. 3: formalistic Vicws of Reprcsentation. .,__ -·~. .: •· ~ 20 J. B.. A!bcrdi, Drrecho Público Provincia~ Buenos Aires,. Unívcr- sidad de Buenos Aires, Departamento Editorí:tl., 1956. p. 100. 2 l J. B. Albcrdi, Bases..., Cap. X.'{ll, p. 160-, . . . .• '2 '2 J. B. Albcrdl, Sistema económi'co y rrnt1st1co e.e la Con¡ederac1or1 Argentina, p. 2l. . , , '2 3 En este sentido, Albcrdi condena sevc:ramente el sufragio uruvcrsal. Lo considera un medio que lcglt1ma.dcspolismos o ci.r..uúas populares., pues otorga poder a las mayorías Írre>pons:ibles (que; por otra P:Utc,. c:alific;a con ténninos peyorativos). "El sufragio urúversal, crc:ido bajo Rivadavia por ley del 14 de aiosto de 1821, trajo la intervcnóón de la chusma en d gobierno, y Rosas pudo conservar el poder apoyado en el v.oto e;:ctor.tl de la chusma, que pertenece por afinidad a todos los dcspotJ.Smos. d· B. Albcrdi, Derecho Público Piouincia4 p. 137. '24 J. B. Albcrdl, Sístana económico y rentíst-:Co d.r. ia Confederacüm A'gentina, p. 246 s.
  23. 23. NATALIO R. BOTANA .: 2 5 J. B. Alberdi, Sistema económico y- rentístico de ÚJ Confederación Argentina, p. IJ 46. 16 J. B, Alhcrdi, Bases..., Cap. Xil,-.p. 5 5. 2 7_ Que; cJ misma..Albcrdi-lo señala,_ sc~ían los ·arti. · 14- y ·20 de la .-ConStirudón Nacional Sistema económt'co y ré:ltí.stico de la Confedera- ción Argrotina, p. ·21.· - .. 18 DistiJ1ciÓn -que establece Rousscau en el proyecto de constitución para Córccga cuando establece d derecho electoral para íos dudádanos y' los burgueses y excluye de ru ejercido a los habitantes y los nativos. Ver al respecto B. de Jouvcnc~ Essai sur la politiJ:;ue de Roússeau, Les Editions du Cheval Ailé, Gcncvc, 1947, p. 122 y s. 2 9 Al=is de Tocqucvilk, La democracia en América, Fondo do Cultura Económica,-México-Buenos Air~s. 1957, p. 34. 30 Habitantes ·b:~n(QS -ñ~tivos y i:xtranjaos natu.ralizados1 se entiende, dado que -los esclavos nc:gros permanecían en una relación de subordina· :ióa scn::j1nte a la que se advertía en las ciudades griegas que practicaban l:i. democracia. 31 A.. de Tocqut:Villc, La democracia en Aménci;. p. 2l7. 3 2 A.· de Tocqucvillc, iderr, p. 2,18. · r ':!· >F1 -~). .. '~!=- ~ ..- lII LA OLIGARQUIA POLITICA La república restrictiva.,_ tal como surge de la fórmula · albercliana, no definía ningún medio práctico para hacer efectiva la representación. Hemos comprobado la firrne- ·za con la cual Albercli expone su consejo para media- tizar y circunscribir el ejercicio del sufragio a unos po- cos, pero no es fácil" percibir un- reconocii::::ie:nto ma~ explícito del conflicto que pueda sobrevenir con motivo · de la división de los notables en facciones electorales ántagónicas. Pareciera como si el legislador hubiese apostado a favor de la prudencia natural que se despren- dería. de los notables habilitados, en virtud de la educa- ción, _el poder y prestigio, para ejercer la libertad polí- tica; Cimaginó una república armoniosa donde aquella virt.ud señalada por uno_¿ie .sus mentores, Montesquieu, --<transfiguraría en deber moral el respeto por las reglas establecidas? 1 Es difícil confirmar esta intención, pero si esta pregunta mereciera una respuesta afirmativa, ella sería fruto de la imaginación de un intelectual cuyos deseos sólo habrían sobrevolado el duro territorio de la realidad. No fue así, sin embargo. Alberdi no se hacía ilusio- nes; confiaba en el valor prescriptivo de las instituciones nuevas, al misn;io tiempo que cubría con un manto de razonable pesimismo las predicciones que la implan- tación de un orden constitucional podría sugerirle: "La libertad, viva en el texto escrito y maltratada en el he-
  24. 24. ;,.', ·.·.·. ';. ·-- 66 NATALIO R. BOTANA c;ho, será por .Jar.g9 tiempo la )ey de nuestra condición política en América antes i:spafiola. "2 De todos modos, el acto de se!eccioiiar los. medios prácticos qu~ habrían dé r-egular las .acciones poli'ticai.dentro de los fímites· dé la r~pública restrictiva, ya no correspondía al legislador_. La respuesta debía trazarla el hombre político o, si se ·quiere,· debía resultar de una relación entre los indi- viduos y las clases que detentaban posiciones de poder, y los que pretendían acceder a ellas. Ante una propuesta prescriptiva había que legitimar a través de los hechos"una estructura de papeles políticos dominantes y una regla de sucesión. Entre esta~ fronte- ras, nuevas y endebles, era necesario diseñar una fórmu- la operativa que permitiera a. los actores. construir una base de dominación efectiva. Est~ fórmula operativa. no tíene acta de nacimíento precisa y aun cuando sus orígenes puedan retrotraerse a los tiempos .del Pac~o ,de S_an Nicolás y de la presidencia ºde UrquL::.a, ella cobró más consistencia a partir~-del ochenta y perduró h:_sta la reforma política sancionada por Roque Sáenz Peña en 1912. No es tarea sencilla dar cuenta del princípio básico que gobierna esta fórmula. Pero .quizá reSlllte posible derivar una hipótesis razo- nable. del diálogo interior que entabla el mismo Alberdi entre, por una. parte, su personalidad de legislador que define mediante normas una fórmula prescriptiva y, por la otra, su dimensión de sociólogo, observador de la realidad que descubre una fórmula operativa subya- cente.3 El control de la sucesión ~~ Las observaciones de Alberdi, eri tai'ito ·sociólogo, son fruto de una crisis y de una experiencia política fallida. .:: EL ORDEN.CONSERVADOR 67 En 1879, Alberdi, vi~jO y enfermo, regresa al RÍQ de la Plata luego de: cuatro décadas de ausencia; viene dis- puesto a hacerse .cargo de una banca de diputado riacio- ~al por TJcu_mán,- para la cual· habíª sido electo h~ía ya u-1!: largo-·a,_ño. Alberdi ini_cia su-:primeh ::-Y única- - experiencia ae política práctica en su'país p.ataí, en cir- cunstancias en que -iinp~ra _un clima de Yiolencia; teme las consecuencias irreparables qúe podría acarrear un en- frentamiento armado y adopta una actitud conciliadora entre Roca y Tejedor; permanece en Buenos Aires cuan- do Avellaneda traslada el Congreso a .Belgrano y, por una extraña· paradoja, las tribulaciones del intelectual condicionarán de tal modo la voluntad de decisión del hombre político, que Alberdi no votará esa ley de fede- ralización de Buenos Aires que preconizaba como indi.s- pens¡¡.ble desde 1859.q Durante el verano que sigue a los sucesos del 80, el político indeciso cede su iugar al intelectual presa de la febril ne~esidad de explicar los acontecimientos: i!ien- tras recibe Ja pública adhesión· de Roca, Presidente en ejercicio5 , Aiberdi. escribe su última obra, La República Ar enti - consoiidada en 18 O con· la ciudad de Buenos ires ,por Capzta 6 ; al i añótó'-ias siguientes observacio- nes .que conviene registrar.in extenso: " ...la causa productora de todas las crisis de disolució·n. con motivo de las dccciones prcsidcnciaks reside en la Constitución actual, que ins- tituye y establece dos gobiernos nacionales, Jos únicas das grundes elec- tores (la bastardilla es nuestra) y los únicos dos candidatos serios, por razón del podc:r eicctoral de que disponen de hecho. D<: un lado c:s d Gabemadar-Presidenle (se refiere al gobernador de Ja provincia de Buenos Aires), cuya candidatura forzosa es una verdadera reelección; y dd otro es el Presidente cesante, que para asegurar su reelección en el período vc-- nidcro1 promueve. para succdcric en cl periodo intermedio a uno de sus subalternos, baío wi pacto subentendido de devolverle la presidencia a su va.º7 :.
  25. 25. 68 NATALlO R. BOTANA ·- El presidente y el gobern_ador de Bue:'!os Aires son, por consiguiente, 11 •• .l~s dos grandes y Unicos Electores y los dos únicos C~d:"dato; serios, por ser J.mhps Jos Unlcos poseedores de los mcdio_s o raión práctica de h1ccr:se ck~!. tos cuales no son otros que los cicmcJtos· malcri:i.lcs Oc que - se compone ci gobierno de todo el país."8 - · La subordinación de Buenos Aires al poder político nacional, lejos de atenuar esta tendencia, la confirma y la uni~ica en un centro de decisión privilegiado: "No hay más que elecciones oficiales en cl país. es decir, nombra· mícntos, promo..cioncs que hacen los gobiernos, de los ·funcionarics que los han de continuar en sus funciones, ·Si los··dos gobiernos fueran uno solo, la elección oficial no cesaría de existir por eso. Ese gobiem·o único sería su propio dcc: ...:· o n:dcctor, y ·Candidato más' o merlos indirecto, como succ~ de en Chile; pero cl país argentino no estaría expuesto al ñesgo de ·divi- dirse en .dos p2.Í.ses, en qui: lo tiene .pcnnancntcmcnte la Constiluc!ón que k da dos .gobiernos nacionales, o le divídc en dos departarr:~.:cr.s los de· mentas dd gobic:rno nacional que ncccsíta.': 9 , .Obsérvese el cambio radical ~le" significado dd lengua- je tradicional.n;ente utilizado para describir una sit:ida- ción de república electiva. La combinación de la forma republicana con el principio elec;tivo. de gobierno puede adoptar múltiples traducciones institucionales, pero -cualquiera sea ·dicha traducción ambos principios impo- nen, desde su particular perspectiva, una distiñción ta- jante: la república distingue entre la esfera pl:.blica y la esfera privada; ambos órdenes de actividad permanecen protegidos por to"da una red de derechos y garantías que se estipulan de modo explícito. Si la república re- chaza la herencia o la designación burocrática, como medios de selección de sus magistrados más importantes y opta, en su reemp_lazo, por la elección proveniente de una,_ realidad llamada pueblo, una segunda distinción· se sumará a la primera: el soberano, o entidad donde resi- ·¡ l 1- 1.: 1 ·';!' EL ORDEN CONSERVADOR ·69 -de· el poder de designar a los gobernantes, es causa y no ef:c~o ~e la <:-kccíón de los magistrados. El elector, por cons1gu1ente, tiene una naturaleza política diferente de la del representante; este último depende -al menos en .térmii_:ios de un proceso· de represe_ntació-n formal- del- - ele~tqr,- ~l cual, por Üna d-élegación -que va de' abajo J:ac1a arnba, _c-ontrola al gobernante- que".él mismo ha designado. Hasta aquí los argumentos teóricos. . L~ realida~ que se había gestado durante lª=Lprcsi- denc1as antenores-al 80 demuestra lo contrario v convo- ca ~ observador a expresar un lenguaje inéclito que mantJene las palabras tradicionales con significados opuestos. Habrá siempre electores, poder eíectoral, elec- ciones y control, pero los ele<:!~~_r~ los gobernan- te~_):'. no los gobernados, el poder electo'ial-resldirá -~ lo~-~-~~t0is"coercitivo50.eé-óñ.ó"iñl°cos-d.elü·5-gübTérñ'Üsy­ nl?__~n -~1-SC'..t?~~~-~~ !?__~~T~g~~~_afojonaciá--arriba.- las elecciones consistirán en la· desigfiaci6ñ-d.~f5W::ºé;;~- por el funcionario saliente y el control Io ejercerá el gobernante sobre los gobernados antes que el cmdadan:i sobre el magisn;ado. . Lo que aqur se advierte es un problema de unifica- ción de poderes y de concentración aelconTiol naC:ional que, paii--algunos, _e_:__Erevr~ a la cuestrürldelimitar -y democratu:ar-el gobi-erno-:-:-Aibcrcu:TstaEifeceilna··e:·;caia. -cl~p"i-icinaa::d~s: no le preocupa asegurar, en pri~­ r:imo, un re. men nonnal de dele ación del poder, sino alcanzar un gobierno efectivo aue centr ice a capac1- da~ electoral en toda la nación. Este acto de centrali- zación, consagrado merced a los. sucesos del 8O, está en el o_rigen _del cnntro{ gubernamental que, de allí en m ':s, se eJercera sobre tododos habitantes y a escala nacional . Se trata?ª• pu:s•. de acumular poder, asunto que Ma- d1so..r:i ·hab!a perc:.b1do como una de las grandes dificul- tades que enfrentan las nuevas naciones y que aconse- .<
  26. 26. 70 - NATALIO R. BCJT~NA jaba r~solver de la siguien te manera: "e.n primer· lugar usted~s deben-J:iacer que e1 gobierno-contr9le a _los go- bern~dos; y en seglindo lugar, obligarlo· a -que se con- trole a sí rnismo". 1º _ _ .Sí la capacidad electoral. eg.á c~nceñtrada en los car- _ gos gubemarnentáles~ er acc_d:b""a'-ios· mismos peroi"anéce clausurado para o"tros pr:etend1ente~ que no sqn aque- llos designados por el funcionario saliente. Hay en esto la voluntad explícita de mantener la estructura de pape-. les dominantes, más allá de la incertidumbre que. podría. deparar una contienda abierta ~.ntre dos o más candi- datos; ____. . Por consiguiente, la fórmula· ope~del régimen ·('.inaugurado en el 80 adauiere,. según~, 1,ln signifi- u· cado particular, si se la entiende como un sistema de t · .h.!!JJ!mon{a· guó.emam·ental que se mantiene Q"acias__al. control de la suceriii:n.. Este control constituye el punto c~ntral del cual depende la persistencia· de urÍ sistema hegemónico_ La suces1on o, si se quiere, la transferencia de poder de una persona a otra, permite comprobar si las estructuras institucionales de un régimen prevalé.cen sobre la trayectoria personal de un gobernante. Hacer un régimen consiste, entre otras cosas, en edificar un sistema institucional que, al no confundirse con una biografía ni ·con,_ un liderazgo ·ocasional, trascienda· ·la incertidumbre que trae aparejada el ejercicio personal del gobierno. La fórmula the King is dead, long live t~e King no es un 'mero juego retórico: quiere afirmar, en su proclama, que la desaparición de un monarca no obs- taculiza la perdurabilidad de la corona. Pero en la Argentina de ese entonces, pensaba AJber- di, no había reyes ni monarcas; había gobernadores y presidentes y ni el carisma de las tradi~iones religiosas, ni la herencia consagrada por las antiguas casas gober- nantes podían constituir una regla de sucesión adaptada ~1 ~-. ·.EL ORDEN CONSERVADOR 71. a las circunst~ciis. Sólo restaban la elección yla fuer- -· za. Ambos métodos, observaba, fueron singularmente ra- cionalizados: la ·elección sé trastocó en (:lesignación del__ gobernante por su antecesór-y.J_a fuerza se co;icentró en los. titu1ares qe 1os papeles·dommantes, revestidos con la autoridad de gra:zdes electores. · La.hegemom'a gubernamental Ahora bien: ¿sólo la designación y la fuerza fueron las recrias sucesorias adaptadas al régimen de la época? ¿o h~bo también otra regla de sucesión calificada por la riqueza? Si las. elecciones eran oficiales, el ~od~r electoral residí-ª en IOs gobiernos y_ el control se e1erc1a sobre los gobernados, ¿quién tenía la ca~~cidad nece- saria para intervenir en ese proceso? La· tormula pres- criptiva del régimen, tal como lo he;mos señalado; of7e- cía una respuesta 5~tisfactoria pero no suficiente y com- cidía con la fórmula.operativá.-tan splo en su punto de partida: los· únicos que po,~í_a:_i p_~ticipar en el gob_i~rno eran aqu~Uos habilitados por la riqueza, la educac10,n Y .:-.- el prestigio.· . - , l -<. La observación es importante, pues a partlf del il.ll.el 1~1 ,. extraordinario.incremento d~ a ~ ueza consolidó el po- ¡, er econom1co de un o sooal cu os m1em ros - Yl.}J ron ·naturalmente" a tos ·para ser desi nadas go er-} O-{"'/ n~ El__.EE.der_ e~onón:ic~ s~ co,nfund.ía con e pods:r / político; esta c 1a· ust1fico el desarr o de una p a ra que, para muchos, fue bandera de lucha y, ~a otrii~. motivo de explicación: la olirrquz'a. Es una vi.eJa palabra qu-; arrastra el legado de os· fÜnd~dores d_e ~a teoría pplítica. Desde los tiempos de Platon y Ansto- teles,' oligarquía significa corrupción de un p~ncipio de gobierno: la decadencia, entrevista por los filosofas, de

×