Jack London en el abismo

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"Jack London en el Abismo" es un ensayo del Dr. Gabriel Pombo sobre la extraordinaria crónica social titulada "Gente del Abismo", publicada en 1903 por el gran periodista y escritor norteamericano. La obra aquí comentada se basa en las experiencias de Jack London cuando, en el año 1902, acudió a los barrios pobres del este de Londres para vivir entre los más sumergidos, y ofrecer así un conmovedor alegato social en favor de aquellos desventurados

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Jack London en el abismo

  1. 1. Jack London en elabismoPor Gabriel Pombo
  2. 2. GENTE DEL ABISMO:LA EXTRAORDINARIA CRITICA SOCIAL DEJACK LONDONEn 1902, o sea, catorce años después del otoño de terror de 1888 queestremeció a los barrios pobres británicos, un juvenil reportero iría a convivircon los más desamparados. Los acompañaría hasta sus albergues y caminaríacon ellos por las callejuelas sórdidas del distrito más paupérrimo del lejano estede la capital británica: Whitechapel.De esa cruda experiencia nacería un libro señero que se publicaría un año mástarde: "Gente del abismo"; extraordinaria crítica social de la miseria queaquejaba al país por entonces más poderoso del mundo."Gente del abismo" Edición inglesa de "Gente del abismo"en una edición en habla hispana
  3. 3. Aquel joven periodista se llamaba Jack London, más recordado por susnovelas de aventuras o de ciencia ficción (“Colmillo blanco”, “La llamada de laselva”, “El vagabundo de las estrellas”) y también por obras de tenor político-social como "El talón de hierro". Demostró, sin embargo, con "Gente delabismo" su gran capacidad de cronista de investigación.El gran escritor y periodista Jack LondonLo que hace Jack London es sumergirse en el océano de los desafortunados,en el caldo de cultivo de la pobreza y la degradación social. Y para hacerloelige la manera más coherente: pasar por uno de sus habitantes. "The peopleof the Abyss" no es una novela, sino más bien un libro de nuevo cuño (en esaépoca al menos). Un texto que une el reportaje con la tesis social y con elestudio sociológico de campo, pero que tampoco desdeña aportar datosestadísticos y valerse de encuestas. Se trata de un libro valiente, que trasuntaindignación, que no se anda con componendas, y que resulta desolador en susconclusiones.El reportero norteamericano acude a la célebre agencia de viajes Cook´s paraque le organicen el itinerario. Antes de eso, sus propios amigos londinenseshabían tratado de disuadirle de su propósito, y le previenen que el East End deLondres constituye un lugar donde “la vida de un hombre no vale ni dospeniques”; a lo cual éste les respondió: “Esos son los sitios que deseoconocer”.En la agencia se muestran perplejos y, de hecho, le facilitan poca ayuda. Elescritor deberá actuar entonces por su cuenta y riesgo. London llama alcochero de un carro para que lo traslade hacía allí. El conductor toma ladirección que se le indica, y pronto se encuentran en lo que el Jack define
  4. 4. como un “suburbio infinito”. Las calles estaban pobladas con una nueva ydiferente raza de gente, cortas de estatura, y de una apariencia ruinosa.Rápidamente detecta peleas callejeras entre hombres y mujeres borrachos: elaire se condensa con el obsceno sonido de los insultos. Junto a un mercado veafanarse a individuos de todas las edades rebuscando en montones de basurapapas y otras verduras en mal estado. Los niños mosconeaban, hundidos losbrazos hasta los hombros en masas de fruta fermentada, y devoraban losfragmentos menos nauseabundos que encontraban.Escenas de pobreza en las calles de WhitechapelLe extraña la completa ausencia de vehículos, así que el suyo representa unaaparición, como un heraldo de un mundo mejor, lo que provoca que lospilluelos se apresten a asediarlo. Finalmente, el carruaje se detiene en laestación de Stepney. Desde allí el visitante dirige sus pasos a la tienda de unropavejero, a fin de comprar modestas ropas con las cuales disfrazarseadecuadamente; único modo de poder entrar en el East End simulando ser unomás de sus maltrechos habitantes.Una vez en la tienda, y ante su petición de trajes en pésimo estado, el dueñodel establecimiento deduce que está ante un ladrón o criminal buscado envarios continentes y le cobra los andrajos a un precio altísimo, inversamenteproporcional a su verdadero valor. Como un seguro de vida para cuando lascosas vinieran mal barajadas, Jack se cose un soberano de oro en un lugardiscreto de sus harapos. Pronto, luego se verá, tendrá que recurrir a él.En sus iniciales paseos por los suburbios de Londres, ya “disfrazado”, nota quesu anterior estatus se desvanece: ya no le asedian los pedigüeños como
  5. 5. sucedía antes, cuando era un “americano distinguido”. Por el camino sostienela rienda del caballo de un gentleman para que éste descienda máscómodamente, y contesta con un “Gracias, señor” al recibir el penique queaquél deposita en su mano. Descubre, con sorpresa, que su vida vale ya muypoco. Los coches, que antes se paraban prudentemente para que cruzara lascalles, aceleran ahora frente a su presencia, seguros de que será él quienhabrá de preocuparse de no ser atropellado. Y en los ferrocarriles le extienden,sin preguntarle, un billete de tercera.Sin embargo hay una compensación en trueque a estas incomodidades. Porprimera vez se encuentra con la clase baja inglesa cara a cara, y los conocecomo en verdad son -confiesa-; y de pronto la multitud deja de asustarle.La persona con la cual inicialmente se contacta en Whitechapel es un antiguosargento detective -al que previamente había solicitado sus servicios- de quiénel autor no proporciona su nombre y apellido reales, sino que sólo lo refieremediante un seudónimo: Johnny Upright. Se trata de un apodo, más bienpeyorativo, con el cual un delincuente lo había bautizado, y que aludía a queeste agente policial "ponía rectos" a los gandules que caían bajo su mano.El ex policía con el cual el narrador pronto entrará en cordiales relaciones es,nada más ni nada menos -tal como sí nos informa, en cambio, Alan Moore enel cómic From Hell- William Thick, el tenaz Sargento Detective de la PolicíaMetropolitana que persiguió a Jack the Ripper doce años atrás, y que devienerecordado por haber puesto bajo arresto a John Pizer -"Mandil de Cuero"-quien en su momento fue sospechoso de ser el homicida de Whitechapel.El ahora retirado policía vive junto a su señora y dos hijas en una casaalquilada sita la más respetable calle del East End londinense. En el relato nose señala cuál es esa calle, pero lo importante radica en que el veteranoagente colabora con el periodista y le brinda un valioso servicio.William Thick le consigue a Jack London una habitación “secreta”, un refugio alcual poder regresar a reponerse tras sus correrías disfrazado de harapos. Elalojamiento le cuesta seis chelines a la semana lo que no parece, dado elestandar de la región, demasiado barato. En ese estrecho cuarto el joven -deentonces veintiséis años- ubica una máquina de escribir con la que podráplasmar sus impresiones al regresar del Abismo.
  6. 6. Sargento Detective William Thick:empeñoso perseguidor del DestripadorSus primeros paseos por el bajo Londres los emprende fingiendo buscar unasentamiento decoroso para él y su ficticia mujer e hijos. Pronto se da cuentade que, a pesar de las indignas condiciones de vida, el área se halla saturadopues no hay casi fincas para alquilar y, las pocas que encuentra, resultandemasiado caras. Se trata de cuchitriles sombríos por los cuales lospropietarios exigen precios astronómicos.La esposa de William Thick le explica al visitante que en los buenos tiempos losalquileres eran mucho más accesibles pero que ahora, con tanto inmigrante,todo ha subido; especialmente por la capacidad de estos recién llegados devivir como piojos en costura. Lo curioso del caso consiste en que, según seinfiere, los “buenos tiempos” datan de diez o más años. Vale decir, por 1888cuando hiciera estragos allí el asesino serial Jack el Destripador.El aventurero comienza sus andanzas en esos barrios conociendo a un jovenmenor que él, con el cual va a una taberna y se embriaga. Aquél es unmarinero que también trabajó de bombero, entre otros empleos. Intiman, peroenseguida el periodista se percata del estado de postración moral de suflamante amigo, quien había desarrollado una peculiar filosofía de la existenciaÉsta constituía una "fea y repulsiva filosofía", según nos comunica el relator;quien añade que la misma tenía, no obstante, "lógica y gran sentido desde supunto de vista". Cuando le pregunta a su interlocutor por qué y para qué vivía,éste le contestó sin titubear: para emborracharme. El marino tenía sóloveintidós años. London describe su cara, de rasgos regulares y cierta nobledisposición; y también su cuerpo, de equilibradas proporciones y superior amuchos otros que ha visto en los gimnasios de Estados Unidos. Pero sabe quedentro de cuatro o cinco años, debido a la magra alimentación y al alcoholismo,este chico se convertirá en un desecho humano.
  7. 7. Más adelante, visita los “jardines” de la iglesia del Cristo (Christ Church) al queun humorista definió como “uno de los pulmones de Londres”, pero que enrealidad por entonces era una región carente de flores y arbustos. "Lo que viallí -expresa- no quisiera volver a verlo". Contempla una colonia de mujeres malvestidas y sucias que aguardan a que se abran las puertas de una workhouse cercana haciendo fila. Como los caracoles llevan toda la casa encima,de tan atiborradas de trapos que están.Allí el periodista descubre que uno de los dramas de la Gente del Abismoreside en la falta de sueño. El apetito de sueño que puede llegar a ser tangrave como el hambre de alimentos. Para los “sin techo” no quedaban mayoresopciones. El panorama no había mejorado desde los tiempos del Destripador,si acaso era peor. Estaban las common lodging houses, por las que había quepagar para alojarse, y las work houses¸ teóricamente gratuitas, donde erapreciso compensar la cama y la pésima comida con trabajos manuales.Lo lastimoso era que los indigentes -o sea la mayoría de los pobladores- notenían otra alternativa. Al no disponer de dónde pernoctar debían forzosamenteacudir a aquellos degradantes antros. La ley inglesa prohibía dormir a laintemperie, y los agentes eran muy eficientes en su tarea de despertar y hacermoverse a cuantos pillaban intentando descabezar un sueño. A mucha genteno le quedaba más remedio que dormir durante el día en los sitios másinsólitos, aprovechando aquí y allá cualquier oportunidad.El lastimoso espectáculo de ver, a plena luz del día, a hombres y mujerestendidos sobre las escalinatas de la Christ´s Church, insensibles al tráfico y alos ruidos del quehacer diario, es pintado con lúgubres trazos por el jovennarrador. Pero entre tanto desecho humano Jack London rescata a algún queotro personaje notable atrapado, al igual que todos los demás, dentro de aqueldesierto moral donde ni un pensamiento alegre podría subsistir. Ello le ocurre altentar, por tercera ocasión, ingresar en una work house.La primera vez se puso a formar cola desde las siete de la tarde y olvidó unoschelines en el bolsillo, lo que fue suficiente para que le descartaran alregistrarle. Así supo que esa hora era demasiado tardía para conseguir unaplaza allí. En su segundo intento, mientras le acompaña un socialista queacaba de conocer, comienza a hacer fila más temprano y no olvida reducir sudinero de bolsillo a la cantidad de tres peniques.
  8. 8. Interior de una work house del East EndAún contemplados desde el exterior aquellos alojamientos eran tétricos. Noobstante, el investigador debe proseguir con su plan y recuerda que ahora espobre. Haciendo un esfuerzo, se pone en la cola y no tarda en trabarconocimiento con un viejo lobo de mar; un personaje -nos cuenta- digno de unanovela de Kipling. El anciano le explica que lleva dos noches durmiendo alraso, y que todavía no se le ha secado la piel de la humedad que le dejóencima la última noche. Le dice que se está volviendo viejo y teme quecualquier mañana lo encuentren muerto. Aconseja a su juvenil compañero queno llegue a viejo. "Muérete cuando seas joven, o llegarás a esto" le previenecon tristeza.Como la espera es larga le narra su historia: pese a defender a su patriaInglaterra y obtener varias condecoraciones de la Marina, un mal día golpeó aun capitán de navío que lo insultó por una falta menor. Dejó maltrecho apuñetazos a su superior, pero lo detuvieron; lo juzgaron y degradaron,expulsándolo de la Armada. Por si fuera poca su desgracia, le impusieron dosaños de cárcel y, previamente, le aplicaron un castigo corporal -vigente porentonces- de cincuenta latigazos. También le quitaron su pensión y confiscaronsus bienes. Ahora, ya viejo, había caído en el abismo de Whitechapelquedando reducido a mendigar un trozo de pan, y a tener que hacer fila parapasar la noche en un mísero albergue.Cuando están próximos a lograr su objetivo de entrar, el portero les cierraviolentamente la puerta avisando que ya no queda espacio para más nadie.Jack ve como el anciano marino, a despecho de sus achaques, sale corriendorumbo a otro albergue con la esperanza de llegar a tiempo. Él, a su vez, junto ados ocasionales compañeros -un cochero y un carpintero- se encamina al asilode Poplar -distante a varias millas de allí- a la carrera en pos de conseguiralojamiento. Llegan a Poplar y llaman con muchos miramientos a la puerta,
  9. 9. para no enfadar al personal. Al final sale un tipo con cara de pocos amigos yles ladra: ¡Full up! (¡Lleno!). "Hasta bajo la pobre luz de gas podía verse" –relata el cronista- "cómo la cara del cochero se volvía gris de desesperación".Esto fue demasiado para el joven. No lo pudo soportar más y les gritó a losotros: "¡Seguidme!, coged vuestros cuchillos y seguidme". Sus dosacompañantes se inquietaron; y aquí aparece la única mención que se formulaa Jack the Ripper en toda la narración. Nos explica: "Posiblemente metomaron por un Jack el Destripador algo retrasado, o pensaron que yo queríaimplicarlos en algún crimen desesperado".La preocupación de los individuos se transformó en tremendo susto cuandovieron a su camarada extraer de sus ropas un cuchillo. Ahora sí quedaronconvencidos de que aquél sujeto era peligroso y estaba loco. Pero rápidamenteadvertirán el uso que le da Jack al arma blanca: la emplea para descoser elbolsillo interior donde guardaba su soberano de oro, y ante los ojos atónitos delos dos hombres exhibe la valiosa moneda. ¿Cómo podía poseer esa pequeñafortuna un desesperado igual que ellos?.London concluye que ya es hora de decirle la verdad a los pobres tipos. Lescuenta que él no es un marginado como fingía serlo, que era periodista de unprestigioso medio de prensa americano, que estaba realizando una especie de"experimento social" pagado por sus superiores, etc, etc. Total: los invita acenar en una decorosa taberna y, entre bocado y bocado, recibe lasconfidencias y las historias de estos dos desventurados.Confidencias e historias que se irán sumando a las que irá recogiendo a lolargo de su periplo, y que gracias a su pluma maravillosa legará a las futurasgeneraciones. Tal resulta el contenido de la extraordinaria investigación que eleximio escritor nos entrega en su "Gente del abismo".-------------------------------------------------------------------------------.

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