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San Vicente de Paúl: La historia del cautivo

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San Vicente de Paúl CAPÍTULO 4
La historia del cautivo JOSÉ María Román, San Vicente de Paúl (I Biografía), BAC, Madrid, 1981, pp. 29-41.
Realizado por: Seminario Interno CM 2007-2008
Provincia de México ©

Published in: Spiritual
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San Vicente de Paúl: La historia del cautivo

  1. 1. JOSÉ María Román, San Vicente de Paúl (I Biografía), BAC, Madrid, 1981, pp. 67-73.
  2. 2. UNA HERENCIA INESPERADA Primera carta: En los primeros meses de 1605, los asuntos de Vicente parecían marchar muy favorablemente. Acababa de realizar un corto viaje a Burdeos, cuando a su vuelta a Toulouse se encontró con que una buena anciana de Castres le había dejado en testamento cierta cantidad de tierras y muebles, valorados en unos 400 escudos, que a ella le debía un sujeto poco recomendable. Era justamente lo que Vicente necesitaba: dinero para saldar deudas y afrontar los gastos exigidos por la temeraria empresa a que ya aludimos: su designación para un obispado. Ni corto ni perezoso, Vicente emprendió en un caballo de alquiler el camino de Castres.
  3. 3. Sorpresa desagradable: el villano había desaparecido rumbo a Marsella, donde, según noticias, vivía a lo grande gracias a la fortuna mal adquirida. Vicente decidió darle alcance. Dificultad: carecía de dinero para el viaje. Solución: sin pensarlo dos veces vendió el caballo de alquiler - ya lo pagaría a la vuelta - y prosiguió su viaje. Acuerdo: Llegó a Marsella, hizo encarcelar al fugitivo y el bribón le pagó 300 escudos contantes y sonantes y Vicente se dio por satisfecho. Inmediatamente se dispuso a regresar a Toulouse. Entonces empezaron los reveses.
  4. 4. EL ABORDAJE Vicente emprendió por mar, hasta Narbona, la primera etapa del viaje de vuelta. El mar estaba en calma, soplaba viento favorable: todo hacía presagiar una próspera y rápida travesía. Llegaría antes y con menos gasto. En realidad, "no llegaría nunca y lo perdería todo". A pocas millas de Marsella, tres bergantines turcos acechaban, junto a las costas de Provenza. Eran corsarios berberiscos de la regencia de Túnez, especializados en la captura y venta de esclavos cristianos. Arremetieron contra el barco de Vicente.
  5. 5. EL MERCADO DE ESCLAVOS Una vez desembarcados en Túnez, los prisioneros fueron conducidos al zoco. Se les cambio de ropa. De esta guisa fueron paseados por la ciudad, con la cadena al cuello. Todo se hizo con arreglo a las buenas y honradas costumbres del mercado de esclavos. Los vendedores tuvieron buen cuidado en pregonar que la carga había sido capturada en un barco español
  6. 6. EL PESCADOR Y EL MÉDICO: LOS DOS PRIMEROS AMOS Terminada la exhibición, estipuladas las ventas, empezaron para Vicente dos años de esclavitud relativamente apacible. Primero lo compró un pescador, pero como al nuevo esclavo le molestaba el mar, hubo de deshacerse de él. Vicente fue a parar entonces a manos de un pintoresco personaje: un médico espagírico, alquimista y medio brujo, que se jactaba de fabricar oro a partir de otros metales, de destilar quintas esencias, de conocer remedios para las más variadas enfermedades y hasta de hacer hablar a una cabeza de muerto.
  7. 7. DE AMO EN AMO: EL RENEGADO “Temat" o "to'met“: su más reciente comprador era un renegado de Niza -o de Annecy-, quien se lo había llevado consigo al interior del país a buen recaudo de las pesquisas del enviado francés, a una finca suya. Cambio de escenario Cambio de ocupación: Ahora tenía que cavar la tierra bajo el ardiente sol del norte de Africa. Era penoso, pero también gozaba de mayor libertad. El renegado tenía tres mujeres. Dos de ellas mostraron interés y afecto al cautivo. Una era cristiana, greco-cismática; la otra, musulmana. Esta gustaba de ir al campo en que trabajaba Vicente y le invitaba a cantar.
  8. 8. EN LIBERTAD Un buen día amo y esclavo se embarcaron en un pequeño esquife y se hicieron a la mar. Tuvieron suerte. Atravesaron sin percances el Mediterráneo. El 28 de junio de 1607, a dos años de la captura de Vicente, desembarcaron en Aguas Muertas. Desde allí se dirigieron a Aviñón. En la ciudad pontificia, la inquieta brújula de Vicente iba a encontrar un nuevo norte que señalaría el tercero de sus proyectos juveniles, y también, aunque anticipemos los acontecimientos, el tercero de sus fracasos.
  9. 9. El vicelegado pontificio en Aviñón, Pedro de Montorio, se encaprichó con el audaz sacerdote de Pouy. Le dijo a Vicente que él se encargaba de procurarle un buen beneficio. Para llevarlo a buen término necesitaba las letras testimoniales de su ordenación sacerdotal y su título de bachiller en teología. Oficialmente, éste era el motivo de que Vicente escribiera su primera carta al señor de Comet. Quería además tranquilizar a sus familiares y al círculo de sus amistades por su inopinada desaparición. Quería también, finalmente, satisfacer, siquiera con promesas, a los inquietos acreedores.
  10. 10. DE NUEVO EN ROMA Por segunda vez en menos de ocho años, Vicente se encontró en Roma. Vivía en casa del monseñor y gozaba de su confianza. Tenía, pues, asegurados la comida y el alojamiento. Aprovechaba el tiempo libre para continuar estudiando en alguna de las universidades romanas. A cambio prestaba al prelado romano servicios de criado y juglar. Los papeles que llegaron a Vicente no eran válidos por no estar autenticados con la firma y el sello del obispo de Dax. Vicente esperaba que el señor de Comet le hiciera el nuevo favor de interesarse en el asunto. Y firmaba su segunda carta, como la primera, con su apellido, todo junto en una sola palabra: Depaul. El nunca lo escribiría de otro modo, aunque ya los contemporáneos y después toda la bibliografía vicenciana haya acostumbrado separarlo en dos palabras, de Paúl.

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