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HegoBerriak 14 . octubre 2000

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Decimocuarta entrega de la revistilla Hego Berriak con la actualidad del momento sobre Muunga-Sampwe de la República Democrática del Congo

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HegoBerriak 14 . octubre 2000

  1. 1. 1 v 1 PARROQUIA DE SAN VICENTE MARTIR DE ABANDO S"CTOR ABANDOu-ALBLA. b 43001 3:13.40 1 4 GRUPO DE APOYO AL TERCER MUNDO °°mbrH2°°° GUERRAS DE KISANGANI Mayo. Junio 2000 Xabier Zabala Primera Guerra (10.05.2000) Durante la noche del 5 al 6 de mayo, casi un año después de la guerra de tres dias que habíamos tenido que»soportar el año pasado, se produjo un violento enfrentamiento entre ruandeses y ugandeses, ya desde las cuatro de la mañana. Duró unas diez horas y terminó hacia las 14,30 aproximadamente. Fue un intenso bombardeo con artillería. pesada que sólo duró unas horas, pero que causó muchas pérdidas en vidas humanas y muchos heridos —la lista de muertos puede aumentar, dada la precariedad de los recursos médicos de que se dispone, agravada por el pánico de la población. Hubo también daños considerables en las infraestructuras y edificios de la ciudad. Algunos sucesos desgarradores: 1. A una familia le cae en medio de su pequeña parcela [casita o choza rodeada. de un pequeño terreno con algunas palmeras] un obús que estalla en mil pedazos. Un pedazo de metralla mata en el acto al hermano pequeño de 12 años, otros dos alcanzan al padre y a la madre. En. medio‘ del horror de la situación, los demás hermanos van en busca de un dispensario abierto. Encuentran uno, pero desprovisto de medicinas. Entonces se ponen a buscar, bajo las bombas, las medicinas necesarias para curar a sus padres, dejando al muerto solo en casa, cosa casi inimaginable en Africa. Consiguen llevar a los padres a un dispensario y vuelven a toda prisa a enterrar a su hermano. Tenían que encontrar un féretro y obtener el permiso de inhumación. Finalmente, casi agotados, pudieron enterrarlo al día siguiente. Al volver del entierro, agotados, reciben la noticia de la muerte de su madre en el dispensario. Vuelta a salir disparados. .. 2. En una parcela cercana a la de las religiosas de nuestra Parroquia, una joven madre, casada hace poco, muere con su bebé en brazos, ambos alcanzados por trozos de metralla de un obús. 3. En la casa de un pastor—catequista de nuestra diócesis, en la vecina zona de Tshopo, cae un obús en medio de la parcela y mata a dos hijos, un chico de 22 años y una chica de 16. No pudieron llevarlos al cementerio. Tuvieron que enterrarlos en la parcela ndsma, con las consecuencias funestas que se pueden imaginar para la pobre mamá que casi pierde la razón por
  2. 2. 2 semejante desgr hijos. 4. Otro suceso des [zona en la que está sit desplazado al otro lad {U cia y por tener ante los ojos la tumba de sus garrador es el de una mamá de Mangobo uada la parroquia de Xabier] que se había Esperaba volver en dos o tres horas. Fue detenida del lado ugandés, y el bebe, mal cuidado por sus hermanos mayores murió en tres días: rechazaba el pecho de otra mamá y los biberones que le prepararon. Todavía es demasiado pronto para disponer de balances y estadísticas. Se habla de siete muertos solamente en nuestra parroquia de Cristo Rey, conocidos por los responsables de las Comunidades de Base. Alguien que se tomó la molestia de recorrer toda la zona, es decir las parroquias de Cristo Rey y María Reina de la Paz, dice que contó 20 muertos, que tiene la lista y que me la va a pasar en las próximas horas. También se habla de 20 muertos en toda la ciudad, pero tengo la impresión de que esta cifra es muy inferior a la rea1id%d. Lo que resulta particularmente odioso es el hecho de que los ruandeses se hayan instalado en las casas mismas de la gente, en la orilla izquierda del río Tshopo (del lado de nuestra parroquia), poniendo en peligro a la población civil. Es una manera de tomar a la población como rehén. Por su parte, los ugandeses se encuentran al otro lado der rio, en territorio de la parroquia Reina de los Mártires, aunque en terreno abierto, pero por razones de seguridad, según dicen, retienen a mucha gente que habia salido a sus campos; consecuencia: la gente de la ciudad no recibe alimentos de ese lado, y corren peligro de pasar hambre. Otro aspecto descorazonador de este conflicto es la-guerra de las ondas que se hacen las dos emisoras- Una a favor de los ruandeses y el partido RCD, y la otra a favor de Mbemba y los ugandeses. Es verdaderamente suicida, porque no paran de insultarse y de envenenar la situación. Concretamente, el martes 9 de mayo, tras tres días de calma a partir del alto el fuego, cuando todo el mundo había vuelto a sus ocupaciones, lo cual quiere decir en estos tiempos que iban a buscarse su. comida de una u otra manera, Radio Libertad, al servicio de los ugandeses, advertia a la población a las ll de la mañana que debia salir del centro de la ciudad porque "dentro de cincuenta minutos, va a haber problemas". Tal anuncio produjo el pánico, la gente corría en todas las direcciones, intentando ponerse a salvo; las pocas motos que había en la ciudad empezaron a circular a gran velocidad, lo cual añadía más desorden. ¿Por qué se lanzó tal advertencia? Parece que el RCD pretendía organizar una manifestación contra los ugandeses: los del RCD pretendían capitalizar los aspectos positivos de la situación, lo poco que han hecho para que tuvieran lugar los exámenes de estado, y desacreditar a los ugandeses; por ello los ugandeses dieron la orden por la radio de evacuar el centro de la ciudad. Pero no hubo bombas. Parece que se produjeron enfrentamientos en torno al aeropuerto (a unos 20 kms del centro de Kisangani): probablemente, una maniobra de diversión. Pero es criminal aterrorizar a la población de esa manera.
  3. 3. 3 Hay un feligrés mío que me admira. No sé qué pensar: ¿se trata de un mitómano, de un "kamikaze" inconsciente 0 de un valiente defensor de los derechos de los más débiles? Forma parte de un equipo de nuestra radio diocesana, que fue cerrada por el FDL. Pero el equipo sigue trabajando. Ha hecho un reportaje sobre la situación política de nuestro pais, trabajo que nuestro P. Guy, especialista en temas politicos, ha encontrado muy interesante. En mi opinión, es un autodidacta, muy original y muy inteligente. Tras la guerra de diez horas, este feligrés decidió dar una vuelta por el frente ruandés. Pudo comprobar lo que estaban haciendo, sus preparativos, y recogió mucha información, no en calidad de espía sino como simple periodista. Después cruzó el río Tshopo y se fue a hacer lo mismo del lado ugandés, donde se encontró con muchos más problemas porque lo tomaron por un espía. Tuvo la suerte de conocer a un oficial ugandés, que le salvó: era un oficial al que había conocido en sus paseos junto a la fábrica textil de la Sotexki que está junto a nuestra parroquia. Habían llegado a cierta amistad un tanto interesada, ya que el ugandés le proporcionó un transistor, traido de Kampala [capital de Uganda], y nuestro amigo pudo pagarlo en moneda local. El día siguiente vino a mi despacho para organizar una serie de actividades de protesta no violenta contra la ocupación de nuestro territorio por ejércitos extranjeros. Yo le ayude con nuestro ordenador. Me dictó una especie de propuesta a todos los grupos de defensa de los derechos humanos. Después me dijo: "Tengo que ir del lado ugandés porque me han dicho que hay bastantes personas retenidas, y voy a intentar liberarlas". Se fue, pero parece que esta vez no le salieron tan bien las cosas: fue interceptado por ugandeses que no le conocían, lo interrogaron durante una hora como sospechoso de espionaje, sin embargo logró convencerles de que era un periodista y liberó a unas 20 personas, pero a condición de que él se quedara con los ugandeses. Finalmente su amigo vino de nuevo a liberarlo. ¿Cuenta toda la verdad? Yo os escribo lo que él me ha contado. Espero tener más precisiones procedentes de otras fuentes para hacerme una idea. De todas maneras, es muy valiente. sin duda que ha añadido algunos "adornos" a su relato. Pero merecía la pena contarlo, ¿verdad? 11.05.2000 Hoy reina una calma total en la ciudad. Los jóvenes han ido a hacer la última prueba del examen de estado. Finalmente ha tenido lugar, a pesar de muchos problemas de logistica. r Segunda guerra GUERRA DE LOS SEIS DIAS 5 de junio a las 10,00. Día primero de la guerra Cuando toda la población trabajaba tranquilamente, unos en el mercado central, otros haciendo toda clase de piruetas para "buscarse la vida", como se dice aquí, estalla violentamente la 59 guerra entre Ruanda y Uganda.
  4. 4. 4 . La población queda paralizada durante unos instantes, antes de ser presa del pánico. La ciudad es un griterío tremendo. La gente se precipita buscando un lugar para guarecerse o intentando volver a sus casas. Otros quieren proteger sus mercancías. Yo me encontraba en ese momento a 12 km de mi parroquia. Todos los lunes voy a Kibibi, en la carretera del aeropuerto, para descansar del trabajo de la semana. Llevo casi once años haciéndolo. Estaba fuera de juego. No podía imaginarme que empezaba la guerra más atroz de los últimos años. Pensaba que se trataba de escaramuzas entre soldados. Por ello, continué avanzando hacia la parroquia de los Padres Blancos, lugar de mi descanso semanal. Alli me encontré con los Padres que habían salido de casa y se hacían muchas preguntas porque a su alrededor se estaba produciendo una verdadera desbandada, sobre todo del lado de la escuela primaria. La primera explicación era que unos soldados ruandeses habían matado a dos soldados ugandeses en el aeropuerto, 14 km más lejos. Los Padres me ofrecen la posibilidad de quedarme con ellos hasta que cese el combate. Pero me digo: es mejor que esté en mi casa, soy el párroco y sin duda que me van a necesitar, tanto en la comunidad como en la parroquia. Me despido de ellos y vuelvo con cierto temor. El espectáculo no era tranquilizador. Todos se dirigían en el mismo sentido, el contrario al mío: salían de la ciudad en bicicleta, en filas interminables. Alguno que otro volvia de los campos a su casa, en la misma dirección que yo. Cuanto más avanzaba, mejor se oía el ruido de las armas, cubierto en parte por el de mi moto. A la altura de la zona de Kisangani, tomo como "paquete" a un peatón que iba en mi dirección. Tras diez interminables minutos uno me atrevía a ir deprisa porque mi moto es bastante vieja y podia hacerme una faena—, llegué a la Procura, donde pude avisar que la fiesta que los españoles íbamos a hacer a la H. Luz no podría celebrarse: no hacía falta decirlo, porque era evidente que todo cuanto hubiera podido organizarse quedaba automáticamente suspendido. Me quedaban por cubrir los kilómetros más peligrosos. O más bien los intuía más peligrosos, a juzgar por los ruidos que nos llegaban de todas partes. Mi "paquete", que vivía en la zona de Tshopo, me pide tomar la carretera del centro, la de Kitenge. Yo me resistia. Algo me decia que había que tomar la carretera de la Universidad y de allí a Mangobo. Ibamos dándole vueltas a esta pregunta. Mi compañero queria pasar por su barrio. Pero mi tenacidad nos salvó. Porque mi amigo (no le conocía de nada) vivía en el barrio en el que en aquel momento se estaban librando los más duros combates, como más tarde supimos. Un pastor de Nzambe Malamu (secta desgajada del Branham) murió, minutos más tarde en aquella carretera. Así, pues, tomé la ruta de la Universidad. Cuando llegamos ante el complejo universitario Elungu, algunos universitarios nos pidieron que nos quedáramos con ellos, para que nos protegiéramos de la lluvia de balas perdidas que silbaban sobre nuestras cabezas. Se lo agradeci, pero les dije que estaba obligado a ponerme en camino hacia mi parroquia. Entonces, en una pequeña bifurcación de la aldea Koli, mi amigo insistió una vez más para que tomara la carretera que lleva al IFCE (Instituto de Formación de Cuadros para la Enseñanza), ¡una vez más a Kitenge! Obedeci porque me daba lástima, pero unos metros más adelante vi en mi retrovisor a unos
  5. 5. 5 jóvenes en bicicleta por la carretera que acabábamos de dejar. Entonces, sin consultar a mi "amigo", di media vuelta y me dirigí decididamente hacia el sanatorio y los barrios periféricos de nuestra parroquia. ¡Menos mal! Porque el ruido disminuía a medida que avanzábamos hacia nuestro destino. Todavía algunos estudiantes intentaron detenernos para ofrecernos sitio seguro hasta que volviera la calma. Tuve que repetirles lo mismo: me veo obligado a volver a mi parroquia. Unos minutos más tarde ya se veían las paredes de la iglesia. El muchacho que me acompañaba se bajó en una calle bastante tranquila: allí nos separamos. No he vuelto a saber más de él, sólo sé que se dirigió hacia el barrio que más ha sufrido en esta guerra. Los últimos metros los hice a toda velocidad, con la cabeza agachada como en todo el recorrido. Llegué sano y salvo a la parroquia. Allí encontré a mi compañero jesuita, al que también el combate había sorprendido fuera, viajando en coche, y había podido volver sin ningún problema; había recogido a una mujer de su parroquia, la parroquia universitaria: estaba angustiada. pensando en sus hijos" que había confiado a varios conocidos; además sufría del corazón y aquella huida precipitada podia acabar con su vida; la hospedamos en nuestra casa, comió“con nosotros y, aprovechando un momento de calma, volvió a su casa con alguien que la tomó en su bicicleta. Mientras tanto, los tiros con armas pesadas y los combates de infantería, calle por calle, se habían recrudecido y asi siguieron toda la tarde. En algunos momentos el ruido era tal que no teníamos la menor gana de hablar y nos"quedábamos cada uno en su despacho, yo escribiendo estas líneas, los demás bajo la escalera, donde hay una placa de cemento que puede proteger. Sin agua y sin corriente. Hacia las 18,00 [la hora del anochecer] fui a visitar a las Hermanas de la Jamaa (a un km de nuestra casa; colaboran con nosotros en el apostolado) para animarlas a venir a pasar la noche en nuestra casa. No es la primera vez que esto sucede: ya lo han hecho dos veces. Pero aquel día me dijeron que preferían quedarse en su casa, por cierto con mucha valentía. Nuestro barrio no es el más expuesto. El barrio víctima es la zona de Tshopo, vecina a la nuestra. Muchas bombas pasaban por encima de nuestras cabezas, y las balas silbaban junto a la iglesia y la sala parroquial. Era peligroso salir fuera por las balas perdidas. Aquel primer día hubo muchos heridos. Todo el barrio estuvo silencioso como una tumba, la gente estaba tumbada en el suelo, aterrorizada, sin atreverse siquiera a hablar. Me da pena pensar en la gente de Tshopo, atrapada entre dos fuegos. 6 de junio 29 día de guerra Vienen a pasar la noche con nosotros dos jóvenes candidatos a la Compañía: el primero estaba aquí ya a las 10 de la mañana, el otro ha llegado a las 16,00 (el estallido le sorprendió cuando se preparaba a salir hacia el centro de la ciudad). Durante toda la noche se han oído ráfagas esporádicas. Hacia las cuatro de la mañana han entrado en acción las armas pesadas, sistemáticamente, pero también con cierto desorden. Y asi hasta las 12,00.
  6. 6. 6 Hemos ido a ver a las Hermanas, que se encontraban sin comida, porque su frigorífico está en nuestra casa. Habían pasado toda la noche rezando en la capilla- Hacia las l5,00 nos enteramos de que es posible que se declare el alto el fuego. Alguien lo ha oido en las radios Africa N9 l y Radio Francia Internacional. Pero los combates continúan. Sabremos más tarde que los beligerantes han violado más de seis acuerdos de alto el fuego. He ido a casa de las Hermanas que estaban muy asustadas. Durante la conversación oímos una explosión bastante grande que nos atemoriza. El proyectil había caido a un kilómetro de la casa de las Hermanas. .. ¡en mi parroquia! Eran las 19,00 y el P. Fabrice se paseaba en la parcela. Al oír el ruido ensordecedor de la explosión se echa a tierra y después entra en casa. Unos minutos más tarde, cuando volví a casa, pudimos apreciar los destrozos. Era un obús que había caído oblicuamente sobre el tejado de la iglesia, lo había perforado y había chocado con un. muro lateral a unos seis metros de altura; allí está incrustada todavía una parte de la metralla. El agujero que ha quedado en el techo es de seis metros por tres. 7 de junio 39 día de guerra Tras una noche relativamente tranquiia, interrumpida en dos ocasiones por ráfagas de ametralladora, por la mañana tocamos la campana para celebrar un servicio litúrgico. Pero la gente ha venido a observar los destrozos, de manera que no ha sido posible rezar. Creíamos que la guerra iba. a terminar, pero hacia las 9,00 vuelve a empezar el concierto de armas pesadas. Ha sido corto pero violento. Unos treinta minutos más tarde se ha producido un momento de calma hasta las 12.00, hora a la que la gente, aterrorizada, ha tenido que esconderse de nuevo a causa de enfrentamientos muy violentos con ametralladoras. Ante nosotros, una mujer se pone a llorar. Llora a sus muertos. Acaban de comunicarle que toda la familia de su hermano mayor ha muerto en un incendio probablemente provocado por un mortero (roquette). No se sabe exactamente cómo ha muerto esa pobre gente: por trozos de metralla, por quemaduras o por asfixia. , Un herido es transportado sobre una bicicleta por sus amigos a un dispensario. Está herido en las dos piernas. No sé qué ha sido de él. Dos hijos de nuestro guarda de noche, que estaban cortanto hierba para sus conejillos de Indias, han sido alcanzados por la metralla de otro obús. Hoy una religiosa de la Inmaculada Concepción ha venido a nuestra casa huyendo del frente de Tshopo, se llama Clémentine Mais y su historia es digna de ser contada. Las Hermanas de la Inmaculada Concepción tienen un dispensario importante en esa zona de Tshopo, que ahora se encuentra en el centro de los combates. La guerra había sorprendido a esta Hermana trabajando en el dispensario con la Directora del mismo y una Hermana francesa llamada José. Habían trabajado dos días sin comer ni dormir. Aquella mañana quiso retirarse a casa para descansar,
  7. 7. 7 pero tenía que atravesar una posición ugandesa. Lo hizo confiada en su uniforme de enfermera, pero al llegar a casa se percató de que no había nadie: los pocos vecinos que seguían allí le dijeron que las demás Hermanas habían tenido que huir al otro lado del río, siguiendo órdenes de los ugandeses. No se atrevía a volver a cruzar las líneas, y decidió venir a nuestra casa, donde se encontró con nuestra cocinera que pertenece a su misma tribu. Pudo lavarse, comer y dormir cinco horas. Pero cuando quiso volver, comenzaron de nuevo los combates, y con tal violencia que tuvo que quedarse con nosotros. La situación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción es la siguiente: _ La H. Clémentine está con nosotros, en una zona castigada por los bombardeos, pero menos que la de ellas (Tshopo). _. La H. José se ha quedado valientemente en el centro de la tempestad, atendiendo a su dispensario. _ Las HH. Francoise y Bernadette se han ido al otro lado del río Tshopo y no se sabe dónde están; podrían encontrarse en una: zona más segura. _ Las HH. que se ocupan de la formación, junto con las chicas, se han quedado en su caña de formación en una zona también muy peligrosa. No acabo de saber, a pesar de haberlo intentado varias veces, cómo se encuentran las Hermanas de la orilla derecha del Tshopo, pero terminaremos por saberlo. Nuestra Embajada, que se mantiene en contacto con nosotros, nos ha transmitido la preocupación del Embajador. A las 13,30 la batalla ha recomenzado con una violencia increíble, lo cual, como acabo de decir, ha. impedido a la Hermana volver a la zona de Tshopo. El crepitar de las ametralladoras alcanza su. máximo de intensidad hacia las 18,00 [el anochecer]. También la noche ha estado bastante agitada por los tiros con armas pesadas. 8 de junio 49 dia de guerra Nuestra comunidad es mixta: somos dos jesuitas, dos candidatos a entrar en la Compañia, la H. Clémentine y nuestra cocinera que no volvió a su casa hasta el miércoles, en un momento de calma, para ver a su hijo. Continúan los combates, muy violentos, y la Cruz Roja habla de cincuenta muertos entre la población civil. Se ignora el número de heridos. El futuro de los heridos graves es preocupante, ya que los hospitales están desprovistos de lo más elemental. Nos dicen que la catedral ha sido alcanzada por una bomba y está ardiendo, se intenta apagar el incendio con medios caseros, ya que falta el agua en la ciudad. La Procura diocesana ha recibido tres impactos: en la imprenta, en la capilla principal. y en una de las , habitaciones. » Los destrozos son enormes. En el resto de la ciudad hay mucha destrucción. No es la primera vez que tal cosa sucede en Kisangani, pero sí la vez que
  8. 8. 8 más destrozos hay que lamentar. El gobernador de la ciudad huyó el sábado mismo, y no se sabe en manos de quién ha quedado Kisangani. En manos de nadie. Los jefes y los "pastores" nos abandonan. La famosa divisa del capitán de un. barco que va a pique: "primero las mujeres y los niños" no parece conocida de nuestros "capitanes". También huyó la madre del gobernador: vivía cerca de nosotros. Pienso incluso que los obuses que nos alcanzaron iban destinados a esa pobre mujer que no tenía nada que ver en el asunto. Una vecina suya lo ha pagado con su vida. 9,00. Las Hermanas de la Jamaa que viven a un kilómetro de nuestra casa se deciden a correr el riesgo de las balas perdidas para venir a por agua a nuestra casa. Por suerte, tenemos un pozo bastante grande, que ha podido ayudar a no poca gente, pero que se agotaba cada vez tras la avalancha de las personas que se disputaban febrilmente su turbia agua. Las pobres Hermanas se encuentran en un gran desamparo, sobre todo las de más edad. No hay que olvidar que también conocieron los horrores de la primera rebelión [en los años 60] y fueron; maltratadas por los Simba; fue entonces cuando la H. Anuarite, de su Congregación -hoy Beata_, encontró la muerte. Ahora les falta de todo. Las ayudamos lo mejor que podemos. 9,00. Cuando queremos salir para acompañarlas parte del trayecto para luego ir al Hospicio a visitar a los ancianos, nos sacude una explosión tremenda. Una casa ardia a 60 metros de nosotros. Volvemos a la nuestra a todo correr. Salimos de nuevo unos minutos después: las Hermanas a su casa, y yo al Hospicio. Casualmente, una mujer mayor se encontraba. trabajando al borde de la carretera a unos 80 metros de la casa incendiada y parecia no caer en la cuenta de lo que estaba pasando. La saludamos y nos sonríe. Los ancianos del Hospicio estaban pasando hambre. Les llevamos comida. Piden agua. Pero ¿adónde ir a buscarla en semejante situación? Les doy dinero para que-busquen un joven que les haga dos o tres viajes de agua. A la vuelta, uno de los candidatos y yo hemos salido corriendo hacia la casa incendiada, porque se trata de un lugar abierto. Ante la casa, silencio total. Y alrededor, el mismo silencio. La. rodeamos y entramos por detrás: nos encontramos con una mujer en el suelo, atravesada junto a la puerta, que todavía parecia vivir. Busco en la casa otras posibles víctimas: nadie. El candidato me dice que la mujer está muerta. En efecto, sus ojos carecen totalmente de expresión; me había engañado un movimiento que podía haber sido causado por el viento. Hacemos una breve oración por ella. Me pregunto cómo esta mujer podía haberse quedado sola en su casa. Tal vez sus hijos habian huido precipitadamente en el momento de la explosión. 0 habían salido en busca de comida. Más tarde lo supimos. En aquella casa vivían tres personas: la abuela, su hija y el nieto. La abuela y el nieto habían sido heridos; entonces la hija, dejando a la madre en casa, se fue con su hijo para buscar quien le curara las heridas. Nos dicen que también este niño murió más tarde. Es la cara más triste de la guerra. Dos ejércitos extranjeros que se pelean siguiendo órdenes de personas atlas que sólo interesan los diamantes de Kisangani. Se reúnen y firman acuerdos a sabiendas de que los van pisotear unas horas más tarde. Mientras tanto sus
  9. 9. 9 soldados, excitados por las palabras provocadoras que difunden las dos radios _cada una en manos de un bando— siembran el terror y la desolación en toda la ciudad. Siento cierto remordimiento por no haberme quedado algo más de tiempo a comprobar el estado de aquella mujer. El candidato me aseguraba que estaba muerta y le crei. De hecho, por la tarde llegaron parientes y vecinos y la enterraron dentro de su propia parcela, bajo una lluvia de balas. Yo también podia haber ido, pero no sabia qué iban a enterrarla. Me imaginaba que se estaban preparando para hacer lo que aquí se llama "matanga" (velada mortuoria). Me entristece recordar que, cuando iba hacia el Hospicio, había oído unos gemidos débiles procedentes de aquella casa. Me imaginé que habria llegado algún miembro de la familia y estaba llorando, pero esto es muy poco probable porque en este país se llora sin retener los gritos y las lágrimas. No, tenia que ser ella, la desdichada, que se estaba muriendo sola y abandonada, pobre victima de una guerra tan cruel como absurda. ’ A las 11,00 me llegan estas noticias: _ Los ruandeses han obligado a salir a los seminaristas que se habían refugiado en el escolasticado de los Sacerdotes del Sagrado Corazón ["deonianos”]. Eso quiere decir sin duda que prevén un recrudecimiento de la guerra. _ La radio dice que los ugandeses avanzan con tanques por la carretera de Buta. , _ El Secretario de la Embajada (el Embajador ha viajado a España) me da por radio buenas noticias de Aurelio y Angeles. Todavía no se sabe nada de Luz. Le pido que llame por teléfono a mi familia para que estén tranquilos. 16,00. La guerra continua, pero con menor intensidad, como a regañadientes. Pero muy cerca de nosotros una ametralladora, con un ruido ensordecedor, lanza ráfagas que nos sobresaltan. Parecen balas antiaéreas _he visto una de casi 25 cm y más ancha que una lámpara fluorescente_, que barren nuestros tejados con un silbido siniestro (ése que nos parece tan inocuo cuando lo oímos en. las peliculas). Nos enteramos más tarde de que el autor de los disparos no es otro que un congoleño, aliado con los ruandeses, que va por delante de ellos "reconociendo el terreno". Disparaba desde un árbol. Nos temíamos que después de hacer su trabajo, se dedicaria al pillaje. Nos enteramos de que vive no lejos de aqui: es conocido de todo el mundo. Lo puede pasar muy mal si los jóvenes del barrio deciden darle una lección. Otro congolés que hacia el mismo trabajo en otro barrio fue linchado por los jóvenes. Tampoco apostaria mucho por la vida de este vecino. 9 de junio 52 dia de guerra Tras una noche relativamente tranquila que nos había hecho soñar con un alto el fuego, y después de celebrarlo con dos cervezas calientes, el cruce de disparos empieza de nuevo. Un momento de tranquilidad permite la llegada a nuestro pozo de una multitud de personas del barrio, muertas de sed y de
  10. 10. lO miedo. Este es un nuevocpeligro para nosotros; a medida que la guerra se prolonga, la gente pasa más hambre y se van a volver espontáneamente hacia nosotros y contra nosotros. Nunca se puede controlar la reacción de una multitud en situación de desamparo. La gente, agotada y hambrienta, se disputa el agua del pozo, mientras que pasan balas perdidas sobre sus cabezas. Gracias a Dios que junto al pozo hay una pared que les protege. Aquí no pagan. Los propietarios de otros pozos les hacen pagar el agua muy cara. Es la Íucha por la vida. Esta falta de agua constituye una amenaza considerable: puede causar toda clase de enfermedades. Las personas, en general amables, buenos cristianos, en tales circunstancias se vuelven tercas, agresivas y peligrosas. ., , g Escuchamos en la radio con espanto que el equipo de la MONUC [misión de la ONU] ha salido de la ciudad. Se trata de una noticia muy mala que puede hacer temer lo peor, ya que estoy convencido que, si la ONU había reaccionado rápidamente en el" tema de Kisangani, ,era porque estaban alli cuatro de sus miembros. Estamos perdidos. Por otga parte, esta retirada podría ser una maniobra estratégica para presionar más a los brutos que se pelean en medio de nuestra ciudad. Más tarde me entero de que la noticia era en parte falsa: habian estado a punto de salir de Kisangani, pero finalmente se habían quedado. Lo más doloroso de la situación que vivimos es no saber qué está pasando realmente. Nos informamos como podemos a través de otras personas que exageran o que no saben realmente gran cosa, pero quieren darse importancia. — Estas continuas violaciones del alto el fuego ¿son un sabotaje incontrolado? » _ ¿Serán insubordinaciones de las tropas? _ ¿La mentira se sitúa al más alto nivel? _ ¿La causa de esta guerra es solamente la explotación de los diamantes? i l — ¿Quién es el que cada vez rompe ek fuego? (me enteré después de que la guerra fue deliberadamente provocada por los ruandeses). ¿Son siempre ellos los culpables? _ ¿Quién dirige la guerra? ¿Dónde están situados los ugandeses, y dónde los ruandeses? — ¿Luchan calle por calle o se limitan a disparar para asustarse mutuamente? (supe después que entre los soldados ha habido más de mil muertos). 10,00 Recibimos la visita de nuestro vecino, Bordan, que parece bien informado sobre un montón de cosas. Nos cuenta los horrores que ha presenciado, al salir en busca de harina de mandioca, en la zona de Tshopo. Había muchos muertos entre la 102 y la 45 avenidas. Detenidos por la violencia de los choques armados y por las balas perdidas que silbaban por todos lados, tuvieron que dar media vuelta. Al volver, vieron un gran batallón de ruandeses a los que no habían visto en el viaje de ida. Fumaban "juncos" (hachís) tranquilamente. No les molestaron. Pero les sorprendió verlosu Se decian: "¿de dónde salen éstos? creíamos que esta parte estaba ocupada por los ugandeses. .." Según sus informaciones, las posiciones serian las siguientes: 1. Los ruandeses ocupaban:
  11. 11. 11 _ el IAT, un antiguo hangar de la Bralima [fábrica de cerveza] — pequeñas unidades dispersas en Kabondo _ a 7 km de la ciudad la carretera del aeropuerto 2. Los ugandeses ocupaban: A — el centro de la ciudad _ la orilla derecha del río Tshopo, sobre un montículo desde el cual controlan toda la ciudad. Hay que decir que el odio de los congoleños contra los ruandeses les hace inclinarse cada vez en favor de los ugandeses, aunque también éstos sean sus enemigos. Todas las informaciones llevan esta carga emocional, y la mayoría son falsas. 17,00 Silencio repentino. 18,00 tres bombas diabólicas que nos han dejado paralizados de espanto. Una en la parcela de la parroquia, a 100 metros de, nuestra casa, junto al Hospicio. Salgo de la Misa que en ese momento era presidida por mi compañero jesuita y voy a todo correr al lugar del impacto. No veía más que humo. Poco a poco ef humo se Va disipando y puedo comprobar, aliviado, que el Hospicio está intacto, la bomba había hecho como un embudo en el platanal de la parroquia. Mucho peor fue la que cayó en el barrio contiguo. Creo que ha habido muertos. Otra me pareció que habia caido en el mercado. Los ancianos del Hospicio estaban sentados ante su casa como si se encontraran viendo-una pelicula. Me quedé sin palabra: estaban sentados en plena trayectoria de las balas perdidas, y ninguno había sido alcanzado. Me dicen, como quien habla de un mango que cae del árbol: "ha caído en el platanal, nosotros estamos bien". Naturalmente, los habitantes de los barrios contiguos comenzaron a huir hacia el sur, donde pensaban estarían más seguros. Al anochecer, acompañado por uno de los candidatos a la Compañía, he ido un poco más lejos a ver a su familia. En el barrio no había casi ni alma. Resultaba lügubre. Este vacio me impresiona. Luego me enteraria de que en muchas casas se quedaba alguien para proteger sus propiedades. Esa noche no dormí bien. Pensaba que éramos los únicos que nos habíamos quedado en el barrio. Aquel silencio pesado, atormentado y amenazador me puso nervioso. Es cierto que mucha gente había salido hacia Simi—Simi, al suroeste de nuestro barrio. ' 10 de junio 69 día de guerra Los combates se renuevan encarnizados. Pero las explosiones llegan de más lejos, aunque de vez en cuando se producen muy cerca impactos ensordecedores. Sólo ese día me vino la idea de evacuar la parroquia. Pero la rechace por tres motivos evidentes: 1. No podemos dejar solos a los ancianos. 2. No se puede dejar la parroquia abandonada y expuesta a saqueos. 3. ¿Qué vamos a hacer con los dos candidatos?
  12. 12. 12 Por otra parte, veo que mi compañero jesuita está al limite de su resistencia nerviosa. Y sin embargo es él el que organiza con habilidad nuestra vida en estos días agitados. Y oigo decir a la gente que se ha quedado: “¿Adonde vamos a ir? Nos ponemos en manos de Dios, nos fiamos de El". Por mi parte, resuelvo el problema diciendo: yo no me muevo. El caso de Luz y de las chicas es distinto, y espero que llegue el momento en que queden libres. En efecto, se encuentran en una zona muy expuesta y están rodeadas de soldados ruandeses. La Hermana Luz intenta que los soldados no vean a las chicas; pero “¿lo va a conseguir siempre? Otro problema: nos falta comida. Lo que comemos está un tanto pasado y me ha producido diarrea. - El candidato Donatien se ha ido a ver a su familia. No vuelve. Estoy inquieto porque el tiroteo recomienza. Finalmente nos ha llegado sano y salvo, aunque inquieto porque no ha encontrado a su hermano menor que había salido a hacer un recadoï El resto de la familia se encontraba bien. En el trayecto se ha topado con uno de nuestros feligreses que, angustiado y descalzo, había salido a buscar a sus dos hijas; parece que se habían ido al otro lado del río Tshopo, a territorio controlado por los ugandeses, en respuesta a las llamadas de Radio Libertad. 11,25. Una terrible ráfaga de ametralladora pesada nos ha dejado sin aliento. Era muy cerca de aquí. ' Un grupo de soldados ruandeses extenuados se sienta en el suelo a unos 70 metros detrás de nuestra casa. Han preguntado al dueño de la parcela que donde se encontraban. Parecía un grupo en desbandada. Han terminado juntándose con otro grupo de soldados tan agotados como ellos y a duras penas se han puesto en camino hacia Simi—Simi 0 hacia el IAT. Esto me hace pensar que la balanza se inclina en favor de los ugandeses y que los ruandeses empiezan a perder sus posiciones. Y me da que la guerra va a terminar favorablemente para los ugandeses, porque tengo la impresión de que les han cortado toda posibilidad de avituallamiento a los ruandeses. Esto explicaría las continuas violaciones del alto el fuego. Saben que van a ganar. Más tarde me enteré de que me había equivocado por completo en mis suposiciones y que los ruandeses estaban poniendo a los ugandeses de patitas en la calle. Esto no impedirá que el Congo acuse de genocidio a los dos jefes militares. Otro asunto me intriga. Muchos congoleños han sido confinados junto a la Sotexki sin municiones, como si los ruandeses temieran que los atacaran en reacción contra la carnicería que han desencadenado en Kisangani. Otros me dicen que los congoleños han luchado valientemente del lado de los randeses. .. ïpobrecitos! ll de junio, Pentecostés La tregua Finalmente hemos tenido un alto el fuego de 24 horas. La gente ha aprovechado para salir en busca de sus familias, en busca de comida, para ir al dispensario, etc.
  13. 13. 13 Era desolador ver los daños causados por esta guerra criminal en la población y las miserias que va a provocar. He paseado por la parroquia del P. Guy y por parte de mi parroquia y he podido ver con mis propios ojos lo que la gente me contaba, el horror de esta guerra, que yo mismo he padecido. Pero para la gente ha sido atroz. He podido constatar que muchas personas han huido lejos hacia el oeste, en busca de lugares más seguros. Lo que hace más precaria la situación de la gente es la fragilidad de sus casas. En Africa se vive fuera de casa, bajo los árboles, la casa es sólo para dormir, y se hace con materiales muy poco consistentes. Sin embargo se ha podido constatar que el barro compacto es, en cierta medida, más consistente que el cemento mal mezclado. Mi anterior explicación sobre la evolución de los combates parece inexacta. Me imaginaba que eran los ugandeses los que estaban ganando. Los congoleños siempre han pensado que los ugandeses eran de lejos superiores y que podían expulsar a los ruandeses en cualquier momento. No es así. El ejército ruandés es muy disciplinado (palabras textuales de un militar de la ONU, dos días antes de que empezaran los combates), ha llevado sus campañas con una precisión extrema ay no menor crueldad” He aquí algunos detalles que me han llegado de buena fuente: _ Son los ruandeses los que han roto el alto el fuego. _ Han ametrallado casas de la población civil para obligarlos a huir e instalar allí sus piezas de artillería. — En contra de los acuerdos de la convención de Ginebra, han eliminado a todos los prisioneros ugandeses. — Todavia"no han firmado el alto el fuego, mientras toda la población empieza a respirar tras la pesadilla de seis días de guerra en plena ciudad. Me he paseado por los lugares de la batalla, sobre todo por Tshopo y Saio, pero aún no por el barrio de los músicos. Lo que se ve es desolador: se ven cadáveres por el'suelo, ya envueltos en plásticos blancos; el olor es tal que la gente tiene que taparse las narices. Se ven centenas de millares de casquillos. No se puede descartar la presencia de obuses sin estallar. .. La gente tiene otras preocupaciones. Pasan indiferentes ante los cadáveres. Estos son sus problemas: _ Buscar a los miembros desaparecidos de sus familias. Dan interminables vueltas por toda la ciudad, que a veces terminan con una triste noticia. — Buscar comida. Problema capital, agravado por el hecho de que a la gente ya no le queda dinero. Comen cualquier cosa. Se compra y vende todo, para sobrevivir. _ Salvar lo poco que los ladrones han dejado en sus casas. A veces hay que recorrer toda la ciudad para volver con un aparato de televisión. El día de Pentecostés pasó de esa manera. No pudimos celebrar la Misa porque se veía a la gente demasiado preocupada por sobrevivir. Pero el P. Fabrice ha ido a celebrarla a casa de las Hermanas y yo lo he hecho con los otros miembros de la comunidad: la H. Clémentine y los dos candidatos a la Compañía que vinieron desde el comienzo de la guerra. Tras la Misa, hemos ido todos a casa de las Hermanas y hemos podido festejar un poco
  14. 14. 14 la paz recuperada: el P. Fabrice había comprado cerveza, porque Pentecostés es la fiesta. de la parroquia. Hemos tomado nuestro vaso de cerveza y hemos vuelto a la parroquia. 12 de junio 29 día de tregua Al día siguiente pudimos celebrar en la Iglesia, con su inmenso agujero en el tejado, la fiesta de Pentecostés. Vino un número bastante importante de fieles. Había al mismo tiempo tristeza y alegría. Era emocionante verlos rezar tras seis días de una violencia tremenda. La gente había pasado la mayor parte del tiempo rezando, tumbados en el suelo o debajo de las camas, ¡durante seis días! Una anécdota bastante curiosa. Parece que en Yakusu alguien hizo circular la noticia de que yo había muerto a consecuencia" del estallido de un obús. Parece que la "noticia" dejó consternados a los fieles, lo cuai a mí no me deja indiferente. Empezaron a llorar y hasta a organizar el “matanga" (velada fúnebre). Así, pues, aquella mañana, cuando me paseé por el barrio para saludar a la gente, pude constatar que algunas personas me recibían con una alegría demasiado desbordante y me abrazaban al pasar. Entonces supe que la gente me creia muerto. 14 de junio 49 día de tregua Recibo la visita de un joven al que no conozco. Lo hago esperar como a los demás, pues suponía que venía a pedirme dinero. Cuando puedo recíbirle, se presenta: _ Soy un joven de Tshopo, aquel al que usted llevó desde Kisangani hasta la parroquia el primer día de la guerra, en pleno bombardeo. _ Hombre, eres tú —le digo encantado. _ Me llamo Rashidi Prosper. _ ¿Eres musulmán? Porque tu apellido es "mungwana" [etnia de la región de Kisangani]. '. _ Soy mungwana y era musulmán, pero me hice católico hace cierto tiempo, y me bautizaron con el nombre de Prosper. Estaba loco de contento por verle, aunque no le conocia de antes. Me dio su dirección. No dejaré de ir a visitarle, a él y a su madre, en el n9 37 de la 49 avenida de Tshopo. Se han decretado tres días de luto en toda la ciudad: martes, miércoles y jueves. No son las autoridades las que lo han decidido sino los grupos de derechos humanos. Hoy, tercer día de luto, hemos tenido un encuentro silencioso en la zona de Tshopo. Me ha emocionado mucho y sigo pensando en algo que me da mucho miedo y que no me abandona un instante. Pero paso a contar en detalle cómo se ha desarrollado esta hermosa manifestación: 1. Comenzamos cantando algunos cantos religiosos. 2. Después hay un tiempo de oración: un sacerdote católico, un. pastor kimbanguista [protestantes de una Iglesia fundada por
  15. 15. 15 un congoleño] y un pastor de una secta pentecostista hacen cada uno una oración. 3. Siguen los testimonios: uno me ha conmovido y emocionado hasta las lágrimas. Un padre ha contado cómo había perdido cinco hijos de golpe alcanzados por un obús y habia tenido que abandonar los cadáveres para ocuparse de los heridos. 4. Un representante de la sociedad civil nos anima a no dejarnos arrastrar por el desaliento. 5. El sacerdote local, Badidike, miembro de "Justicia y Liberación", lee la carta que se enviará a las instancias internacionales. 6. El presidente del grupo Lotus hace unas recomendaciones prácticas: — no ir a comprar a los que han practicado el pillaje — no vender nada a los soldados (¡dificil de cumplir! ) — tocar la campana de las parroquias a las 19,00 para invitar al recogimiento _ prolongar el Luto otros diez días — llevar una señal de luto: por ejemplo una banda blanca en la frente. 16 de junio, viernes 72 día de tregua No hay tranquilidad en el corazón de esta pobre gente. Nuestros feligreses hablan con los soldados, y éstos se las ingenian para asustarles con frases como ésta: la próxima vez va a ser peor y vamos a machacar especialmente a Mangobo. Algunas mujeres han venido angustiadas a preguntarme si era cierto y les he dicho que un soldado es, por definición, un descerebrado y todavía me quedo corto al emplear este adjetivo, les gusta fanfarronear, así que no hay que escuchar nunca las palabras de un soldado. Es que la gente cuenta cualquier cosa. Siempre hay algo cierto en lo que dicen, pero casi todo es intoxicación pura y simple. Paso ahora a hablar de lo que me obsesiona. Es un pensamiento que me ha llegado por boca de un miembro de la MONUC, mientras veia a los estudiantes manifestándose en las calles. Dijo: "más valdría que fueran al puente (que se encuentra en la linea de frente), que se sienten allí y convocaríamos a la opinión internacional y a las grandes cadenas de televisión para intentar presionar". Esta frase no se me va de la cabeza. Porque pienso que no son los congoleños quienes deben hacerlo: los barrerían y nadie les dedicaría más de un minuto en todo el mundo. Pero imaginaos que voy yo mismo, de nacionalidad españo1a, .con alguna religiosa francesa o con un belga. Seria una manera de demostrar nuestra solidaridad con nuestro pueblo. Ventajas: se movilizaría fácilmente a la prensa. Inconvenientes: los africanos se sentirían una vez más irritados al constatar que sólo se pasa a la acción cuando está en juego la vida de un blanco.
  16. 16. 16 Debo reconocer que sólo con pensarlo me hace sudar. Todavía no he comunicado esta idea a una persona de la que sé con toda certeza que no dudaría un instante en ponerla en práctica porque es cien veces más valiente que yo: la H. Francoise o también la H. José que es increíblemente atrevida, hasta la temeridad incluso. Sin embargo no hace tales gestos más que si se trata de una acción al servicio de los demás. Me he enterado también, en mis recorridos por la zona de’ Tshopo, que LHI misionero europeo ha hecho cosas increíbles, verdaderas proezas que me han dejado perplejo. Parece que en pleno combate —en Tshopo fueron terriblesm. salía dos veces al día a por agua, vestido con una sotana blanca y una bandera atada a un palo. ¡Admirable! Pero había un detalle negativo: se hacía acompañar por dos jóvenes muertos de miedo y que varias veces intentaron disuadirle sin éxito. Pienso que fue de una imprudencia temeraria. ¡Pobres jóvenes! Me imagino horrorizado lo que le habrían dicho y hecho las familias si por casualidad uno de los jóvenes o los dos hubieran muerto en alguna de aquellas salidas. , - Hoy sábado, me entero de que el Pastor católico Kombozi ha perdido otro hijo en esta segunda guerra; ya es el tercero; los otros dos murieron en la primera guerra, hace un mes. Pienso en su pobre madre que apenas podía mantenerse en calma durante el primer enfrentamiento que apenas duró 12 horas. ¡Lo que ha tenido que sufrir durante toda una semana! El hijo de 13 años que murió en esta segunda guerra fue enterrado en una fosa común por la Cruz Roja. He ido a consolarles. He caído en la cuenta de que no hay palabras para ocasiones como ésa. A pesar de todo, les he presentado mi pésame. El padre estaba más entero. Me pregunto cómo lo conseguía. Pero la madre estaba sentada en el suelo, sobre una estera, vestida de manera descuidada, como se hace para mostrar el duelo, parecía ausente, como incapaz de comprender lo que sucedía a su alrededor. La he abrazado y he escuchado el relato de los trágicos acontecimientos. El muchacho de 13 años había salido de casa para alguna compra, sin duda enviado por su padre durante uno de los momentos de calma, como lo han hecho miles de personas, bien a su pesar, durante esos seis días horribles. Detenido en alguna parte por el repentino despertar de los bombardeos y las balas que silbaban, se vio obligado a refugiarse en casa de unos parientes en el extremo opuesto del barrio, donde fue alcanzado, junto con otros familiares, por la metralla. Sus padres pasaron casi cinco días sin noticias suyas en la imposibilidad de salir en su búsqueda. A otras personas que habían huido de los combates de Kisangani y habían bajado en piraguas hacia rincones más seguros les robaron todo lo que llevaban consigo. Otros, al volver al final de la guerra, se encontraron con que les habian llevado cuanto tenían en casa. Se han vuelto más pobres de lo que eran. Otros se han encontrado con que ya no tenían casa y han tenido que pedir cobijo a parientes en otros barrios de la ciudad. Domingo de la Trinidad 89 día de tregua

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