EL HOMBRE UN SER ESPIRITUAL POR NATURALEZA<br />MILTON CAMARGO MUÑOZ<br />SEMINARIO “VILLA PAÚL”<br />TEOLÓGADO – MISIONER...
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4. el hombre un ser espiritual en la antropología teológica en el mundo de hoy

  1. 1. EL HOMBRE UN SER ESPIRITUAL POR NATURALEZA<br />MILTON CAMARGO MUÑOZ<br />SEMINARIO “VILLA PAÚL”<br />TEOLÓGADO – MISIONEROS VICENTINOS <br />FUNZA-CUND.<br />2011<br />EL HOMBRE UN SER ESPIRITUAL POR NATURALEZA<br />MILTON CAMARGO MUÑOZ<br />TRABAJO INVESTIGATIVO DE SEMESTRE<br />“ANTROPOLOGÍA TEOLÓGICA”<br />PROFESOR:<br />P. JOSÉ ANTONIO GONZALES <br />TEÓLOGO Y FILÓSOFO<br />SEMINARIO “VILLA PAÚL”<br />TEOLÓGADO – MISIONEROS VICENTINOS <br />FUNZA-CUND.<br />2011<br />En busca de una espiritual en la antropología teológica en el mundo de hoy<br />En un mundo como el de nuestra sociedad occidental contemporánea, en la que hay un gran avance técnico-científico que convierten al hombre en “señor y dueño de la naturaleza”, donde se ha dado un “giro antropocéntrico”, ya que a través de la historia el hombre ha ido evolucionando en su concepción de sí mismo y de su realidad que lo circunda.<br />Pero a pesar del gran avance que ha tenido el hombre y sus logros y conquistas, se siente a la vez más vacio que nunca y aunque sus interrogantes como: “¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es nuestro origen? ¿Cuál es nuestro fin? ¿De dónde viene y a dónde va todo lo que existe?”, siguen siendo vigentes hoy y cobran un nuevo sentido para sí mismo, pues la posibles respuestas que se habían dado antes, ya no satisfacen su ser, ni le dan un sentido a su vida, les resulta hoy vacio.<br />Éste hombre que busca sentido a su vida lo ha llevado a buscar sentido a su vida en la que ha centrado en si mismo todo su fundamentación, es decir se ha vuelto él un dios para sí, en este caminar el hombre se ha equivocado y sus esperanzas y utopías han fracasado generando la propia autodestrucción de sí mismo. Al abandonarse a sus propias fuerzas se aterra de sus alcances, sencillamente se siente perdió y sin un camino por donde continuar, una luz que lo ilumine ya que se ve a sí mismo como un ser carente de sentido en su vida, busca respuestas a sus interrogantes pero, ¿Dónde encontrarla?<br />En un mundo como el de hoy en el que hay cambio de época, donde el hombre aun se comporta como si nada tuviera que aprender, como si lo nuevo que ocurre parecieses que ya hubiera ocurrido antes, donde lo que parece que ha cambiado son los artefactos, pues cada vez son más inteligentes e implican más materia gris, donde lo más importante es que se han convertido para el hombre cada vez más determinantes para su vida, respecto a sí mismo, su mundo y las relaciones que entabla y, donde el tiempo y el espacio son dos realidades que caracterizan a la nueva época, pues se empieza a dejar de tener una visión cosmológica del universo, se pierde la visión teológica para ser remplazada por un antropocentrismo.<br />La historia aparece cada vez más lo que es, una construcción netamente humana, sin un sentido, sin una orientación, donde el hombre cree de alguna forma que el tiempo es eterno al manipularlo y transformarlo a nivel físico, biológico de memoria y de conciencia, a la vez empieza a desaparecer el concepto de eternidad de vida por temporalidad, el tiempo de ser teológico, para convertirse en algo cada vez más Presente, liviano puntual e instantáneo; donde pasado y futuro se concentran para construir el momento presente. <br />Otro hecho fundamental es la función que ha empezado a tener el conocimiento del hombre en éste cambió de época, donde este ya no aspira conocer la realidad, sus verdades y trabajar sobre ellas, lo único que se busca es la utilidad y todo se mide y fundamenta en esto, aquí no interesa conocer leyes, lo que importa es que funcione en el sentido deseado, su proceso es prueba error. Por esta razón frente a este panorama un poco desolador para le religion se debe decir: 1) la religión debe tener su especificidad en el campo del conocimiento; 2) no puede partir de creencias, de verdades que no sean sometidas a la verificación; 3) no podrá articularse sobre el conocimiento como portador de verdades y de valores; 4) en un futuro que ya ha comenzado a ser presente, la religión solo podrá ser espiritualidad, finalidad y gratuidad puras, un conocimiento experiencial, sin verdades, sin fondo ni forma.<br />Ante esta realidad un poco pesimista y desoladora con esta reflexión el que se quiere centrar la atención en la dimensión trascendente, es decir buscar cual es el fin último hacia el cual tiende su vida, fruto de ello ha estado presente la dimensión espiritual (trascendente) en el hombre, y pareciera que hoy más que nunca esta dimensión brota desde su interior como esa voz que grita ante la gran necesidad sed de lo trascendente (gratuidad), de algo en lo que el hombre pueda afianzarse, que le dé sentido a su vida, que lo llene, pues a pesar que el hombre se ha ido considerando la medida y el centro de todas las cosas, surge a la vez una gran desconfianza, siente que algo le falta que lo llene y lo planifique; razón por la cual se tomara la espiritualidad del hombre como un elemento fundante y determinante en la vida, desde la perspectiva de la antropología teológica para el hombre de hoy.<br />Surge una sed de la dimensión espiritual en el hombre, como respuesta en mundo surge abundan las tendencias o experiencias espirituales, es un fenómeno pareciera estar de “moda”, con lo cual surge en su interior la problemática de falsas espiritualidades, muchas de ellas llenas de superficialidad y vacías, quizás la antropología teológica pueda ofrecer una ayuda para poder encontrar la fuente de un verdadera espiritualidad.<br />En esta mirada que se intenta realizar, se busca hacer un acercamiento a una antropología teológica-espiritual, en la que se toma como punto de partida el designio divino de salvación (creación, justificación y pecado original, redención, plenitud), es decir se toma al hombre a la luz de la revelación, que parte desde la creación y comunión con Dios, hasta su consumación escatológica. Pero además es en la reflexión es iluminada por una antropología teológica pues se considera al hombre en las distintas etapas de la historia de la salvación, pero a la vez es una antropología espiritual porque no se limitamos a retomar los elementos teológicos-dogmáticos, sino que se da una visión del hombre a la luz de la fe dentro de la experiencia cristiana.<br />Además es esencial la referencia a Cristo mediador de toda relación entre Dios y el hombre y, a la vez le da unidad a la pluralidad de ser humano. El hilo conductor es la relación del hombre con Dios que está condicionado por acontecimientos históricos-salvíficos, en esta perspectiva no se realiza sólo en una perspectiva religiosa, sino que comprende además la relación con el mundo y con los demás seres. <br />Se busca ver si realmente se puede generar una verdadera espiritualidad teológica-antropológica para la vida del hombre, de modo que sus interrogantes por su ser, su sentido, su origen y fin, ellos sean de alguna forma no resueltos, pero sí que desde una antropología espiritualidad-teológica puedan llenar su ser y le dé sentido a su vida e incluso que se pueda generar una propuesta para vivir una espiritualidad cristiana que realmente plenificadora al hombre y no resulte algo vacio y sin sentido.<br />Así en la búsqueda es necesario comprender lo que realmente se puede llamar una espiritualidad, el cómo puede emerger la experiencia espiritual en el hombre y poder ver la persona de Jesús como modelo de una espiritualidad de libertad radical y de sentido, de modo que después de analizar el fenómeno de una antropología teológica-espiritual para el hombre de hoy se puede generar una propuesta para él.<br />De esta forma se intentara señalar un camino para una encontrar una espiritualidad para el hombre de hoy, donde la antropología teológica pueda brindar un aporte. Como esquema y desarrollo del tema se tendrá como derrotero los siguientes aspectos: <br />El hombre un ser espiritual por naturaleza (como realidad humana)<br />La Espiritualidad para el cristiano de hoy<br />Cómo comprender y llevar una recta praxis de una espiritualidad desde la revelación<br />El hombre un ser llamado a vivir según el espíritu de Dios<br />Conclusiones. <br />1. El hombre un ser espiritual por naturaleza (como realidad humana)<br />Al realizar la afirmación que “el hombre es un ser espiritual por naturaleza”, es necesario comprender qué es “espiritualidad”, pues para muchos el término podrá resultar inútil, sin sentido. Lo primero es señalar que espiritualidad deriva de “espíritu” y en este sentido espíritu se opone a la materia (seres inmateriales); estos conceptos de espíritu y espiritualidad surgen en el contexto de la cultura griega; sin embargo en la Biblia aparece el término espíritu como algo que no se opone a la materia, “sino a la maldad (destrucción); se opone a carne, a muerte (la fragilidad de lo que está destinado a la muerte); y se opone a la ley (la imposición del miedo y del castigo)”.<br /> En este contexto espíritu significara vida, construcción, acción, libertad; espíritu no se concibe como algo que se encuentre fuera de la materia o del cuerpo, sino que está en su interior para animarlo, darle fuerza, lo lanza en movimiento, le da vitalidad, libertad. Espíritu no es otro tipo de vida o realidad, sino que es lo mejor de la vida del hombre, se puede afirmar con ello que en verdad el hombre es hombre por el hecho de tener vida, ser libre, sueños, deseos etc.<br />La comprensión de espíritu y espiritualidad desde de José María Vigil, se debe señalar que el espíritu de una persona es lo más intimo y esencial de su ser, allí donde reposa la llama de sus sueños, motivaciones, ideales, pasiones, lo que hace que una persona luche, persiga sus utopías, eso ya en una espiritualidad. De modo que cuando se hace referencia por ejemplo a una persona que tiene “un buen espíritu”, se estará hablando de alguien que posee buenas intenciones, es noble, con buen corazón se hará referencia a su espiritualidad como aquella fuerza motivadora que lo impulsan y lo lanzan a conseguir sus proyectos y compromisos, ello es una motivación del Espíritu o en otros términos se estaría hablando de mística, de espiritualidad.<br />Con lo anterior se afirmará que espiritualidad en una persona es una dimensión esencial de del hombre que de algún modo es evaluable en él, si existe una presencia dinámica de vitalidad, deseos, pasiones en su interior, pero su espiritualidad de acuerdo a las intenciones que existan se podrá ver también si en verdad es una persona marcada por una espiritualidad “buena” o “mala”. Ahora dentro del contexto cristiano la espiritualidad verdadera será “buena” cuando en la persona hay justicia comprometida con los otros por hacer justicia, eso es vivir una espiritualidad, es vivir con espíritu “a nuestra imagen y semejanza”, haciendo una referencia a un espíritu de fe, esperanza, caridad.<br />Pero si se observa con mayor profundidad se puede caer en el peligro de creer que los que no viven según ese espíritu (cristianismo), no serian poseedores de una espiritualidad, frente a lo cual hay señalar que la espiritualidad no es propiedad y única del los cristianos, sino que la espiritualidad es una propiedad esencial de toda la humanidad, pues de algún modo toda persona esta animado por uno u otro espíritu, de modo que el ser humano es por naturaleza espiritual, es lo que lo hace que sea humano, que lo ánima.<br />Entonces espiritualidad no es una propiedad de unas personas concretas, (profesionales, religiosos, santos), sino que es una propiedad esencial en todos los seres humanos, incluso se puede decir que la espiritualidad es una realidad comunitaria, la conciencia motivadora de un pueblo, entonces: “cada comunidad tiene su cultura y cada cultura tiene su espiritualidad”. <br />Con esto se estará afirmando que la espiritualidad no es algo propio de la religión (opción fundamental del hombre), sino que es algo propio del ser humano al verse volcado a darle un sentido a su existencia, su libertad, su destino, a sus misterios e interrogantes, el hombre allí hace una ruptura al tener que enfrentar estas realidades, y lo lanzan de una capa superficial a una más profunda, sin que ellas sean realidades o cuestiones religiosas, pero que al lanzarlo a encontrar el sentido en algo mucho mayor y profundo, de alguna forma lo está remitiendo al sentido religioso, a lo más profundo, lo inefable, a Dios.<br />El hombre al enfrentar su realidad de la existencia con sus contradicciones y misterios, tendrá que optar y tomar una posición de frente al mundo, su historia, su ser, esto es realizar una opción fundamental y este hecho ya es religioso, esta antes y por encima de cualquier dogma, rito, confesión etc. En esa opción fundamental el hombre decide qué valor coloca como centro de su vida, que se convertirá a la vez en el absoluto, en opción moral y ética, en encuentro con la gratuidad (Dios, su dios), como lo afirmo Orígenes: “Dios es aquello que uno coloca por encima de todo lo demás”.<br />El hombre al tener que optar por un sentido fundamental, no puede dejar de ser religioso en el sentido más profundo de su humanidad, es decir que ni siquiera una persona que abjure la religión no dejará de ser religioso, ya que la religión es su sentido más profundo de su ser, como lo afirmo San Agustín “más intimo que mi propia intimidad”.<br />“Esta religiosidad profunda coincide con lo que hemos llamado espíritu o espiritualidad”, pues la religiosidad seria la dimensión espiritual, es decir la configuración misma de la persona de frente a Dios que lo salva o el hombre se condena a sí mismo de acuerdo con la opción que vaya realizando en su vida. Y, las practicas concretas religiosas se convierten en vehículos o caminos comunitarios para la espiritualidad, pero no por el hecho que alguna persona no desee tomar este vehículo deja de ser espiritual, pues si en alguien existe una dimensión profunda de veracidad ante su existencia, no por ello perdería a Dios, sino que se daría esa experiencia profunda que lo lleva a un ser trascendente, esta es la razón por la cual se partió esta reflexión diciendo que el hombre es un ser espiritual por naturaleza, desde esta perspectiva se ha constatado.<br />2. La Espiritualidad para el cristiano de hoy<br />Al observar cómo se da la espiritualidad en el contexto cristiano se debe decir que lo central es que está inserta dentro de una comunidad de fe, que da una respuesta libre a una revelación y la aceptación de la misma como normativa para la vida, de manera que la espiritualidad va a incidir en todas las dimensiones del hombre, tanto en las áreas de actitudes, de conducta y conocimiento en el plano real y experiencial. Además implica un viaje del hombre hacia su interior, hacia lo trascendente, la gratuidad, el camino hacia los otros.<br />Hoy la espiritualidad debe ser comprendida como una existencia religiosa que compromete todo el ser del hombre en su experiencia y vivencia de fe en relación con Dios, de forma que fruto de esta relación surjan unas actitudes básicas de práctica que gobierne la vida del sujeto. En este camino de la relación con lo trascendente en la espiritualidad hay un reconocimiento del misterio, se asume una actitud salvífica, la cual no es el fruto del hombre esta salvación, sino gracia de Dios y finalmente en el camino hacia los otros (dimensión que es reclamado con mayor frecuencia), es una exigencia que viene desde la misma noción de persona.<br /> Se debe señalar que el hombre no solamente es un ser independiente y libre, sino que es esencialmente en relación y diálogo con los otros y en la espiritualidad cristiana la dimensión hacia los otros debe ser un imperativo (Mt 22,34-40), pues “la espiritualidad cristiana es espiritualidad del amor gratuito”, de relación; es importante no olvidar según Haughey (1973) existen tres tipos de espiritualidad entre los católicos: la institucional, la neumática y la autogénica.<br />Para que hombre de hoy viva la espiritualidad en el contexto cristiano se le puede decir como lo afirmo A.M Besnard que: “la espiritualidad, en el fondo, no es más que la estructuración de una persona adulta en la fe, según su propia inteligencia, su vocación y sus carismas por un lado y las leyes del universal misterio cristiano por otro”. Así, la espiritualidad en el cristianismo es la vida llevada según el espíritu de Cristo, pero además es la misma construcción de la persona por lo tanto implica: la estructuración de toda la persona (actitudes, comportamiento, relaciones), dicha estructuración se hace desde la fe, en la que debe haber coherencia entre lo que se piensa y hace la persona. De esta forma en la identidad de la persona está impresa la espiritualidad, es decir la espiritualidad y la identidad de la persona están directamente relacionadas, por lo tanto la espiritualidad es vida que se vive. <br />Al comprender espiritualidad (“experiencia espiritual”), como experiencia del espíritu humano o Espíritu de Dios, esa experiencia solo es posible experimentarla por medio del espíritu humano corpóreo, y aunque la persona no crea en Dios, si sus acciones son positivas y tienden a su bien y realización de sí mismo y dirigida al bien de los otros, inconscientemente se está dando una conexión con el Espíritu de Dios. Esa experiencia de Dios puede ser simplemente humana o puede vivirse al interior de una religión.<br />Entonces las experiencias de vida en dignidad, libertad justicia y solidaridad, son ámbitos de desde los cuales se puede dar una vivencia espiritual sin importar si hay o no algún tipo de creencia, sin olvidar que la espiritualidad cristiana en su originalidad no está compuesta por sentimientos y expresiones de nuestro espíritu de frente a Dios, sino que las espiritualidad es un don y acción de Dios en el hombre por medio de su Espíritu, desde estas realidades y en las misma dimensiones antropológicas del hombre, éste puede hoy llegar a optar y vivir una espiritualidad en el cristianismo, que lo llevan a entrar en sintonía con el proyecto de Dios, con su Espíritu, donde lo que se busca es una configuración con Cristo como modelo y camino de plenitud de la vida humana.<br />Cómo comprender y llevar una recta praxis de una espiritualidad en la actualidad desde la revelación<br />Desde la revelación el fenómeno de la espiritualidad en el hombre que al ser comprendido como un ser espiritual por naturaleza, interesa conocer su realidad última y el sentido último de su ser desde donde se plantean los interrogantes como: ¿qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido de su vida, para qué ha sido creado? Interrogantes han acompañado al hombre a lo largo de la historia y a la vez lo han sumido en una crisis existencial, de identidad y de sentido de su ser.<br />La respuesta a estos interrogantes de la complejidad y contradictorio que es el hombre, se dan desde la revelación, a todas las crisis de sentido, se debe señalar a Cristo como respuesta, pues desde él se puede descubrir y ver la plena realización del ser humano, pero además desde este polo el hombre descubre que él es creado y llamado a la comunión con Dios en Cristo Jesús. Para justificar esta respuesta, se realizará desde las fuentes bíblicas que sirvan como fundamento de una antropología teológica para comprender al hombre como un ser espiritual, por lo tanto habrá que descubrir cualidades y características especificas lo que distinguen del los demás seres creados y desde allí se podrá ver que el hombre en verdad está dotado y capacitado para ser un ser espiritual, para entrar en relación o sintonía con lo absoluto, lo inefable, Dios.<br />Se parte del hecho fundamental de la revelación al afirmar que el hombre es creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 26-27), es decir su condición creatural distinta de todos los seres creados. Estas características son puntos fundamentales de referencia para comprender al hombre como un ser espiritual por naturaleza desde su praxis.<br />El recorrido para la afirmación que se planteo tendrá el siguiente derrotero para fundamentación (el hombre un ser espiritual por naturaleza): lo primero será ver al hombre desde la revelación, en segundo momento el hombre como un ser unitario, creado a imagen y semejanza de Dios y finalmente el ser teologal y social en el hombre.<br />Al tomar al hombre desde el punto de vista de la revelación y verlo como un ser llamado a estar en relación con Dios. En el A.T al hablar del hombre se dice que está compuesto de carne (relacionado con Dios, mortal, frágil, caduco) alma (vida dada por Dios y orientada a él) y espíritu (inmaterial que le permite al hombre ponerse en relación con Dios), al recibir soplo de la vida de Dios que lo creo a imagen y semejanza, se ve llamado a entrar en relación con Dios que afecta todo su ser. <br />También en la antropología neotestamentaria (paulina), se ve al hombre desde la perspectiva de la luz de Dios, de modo que el misterio del hombre solo es iluminado desde la presencia de Dios en él, pero con la gran novedad es Jesús y sólo desde allí se puede pensar al hombre en plenitud en el más allá; por lo tanto “una persona despierta y sensible sólo podrá aceptar la limitación de esta vida terrena sin amargura y resignación, si es capaz de creer en la plenitud de la vida más allá de esta existencia terrena. En otro caso no resta más que el letargo producido por el frenesí del trabajo o de las distracciones del ocio en una vida sin rumbo, agobiada por la demora de nuestras angustias más profundas, de nuestro vacío existencial o de ilusiones terrenas irrealizables.<br />Seguidamente al ver al hombre como un “ser unitario” (visión bíblica), este hecho para la espiritualidad en el hombre es fundamental, pues al verlo no como un compuesto de cuerpo y alma que están en dualismo, sino que los dos son una realidad en una sola y que los dos se complementan llevan al hombre a que descubra su cuerpo como radicalmente bueno ya que ha sido creado por Dios. <br />Sin olvidar que para muchos escritores escolásticos como Santo Tomás le da relevancia al elemento espiritual (alma), con lo cual es importante decir que: “el hombre no es un compuesto de alma y cuerpo como sustancias separadas…, sino alma encarnada y corporizada, o corporeidad anímica o cuerpo animado, es decir una realidad única que llamamos “hombre”. Con esto se puede afirmar que el cuerpo es presencia del hombre en el mundo y viceversa, con lo cual se está hablando de un ser unitario y además se puede señalar algunas conclusiones para una espiritualidad cristiana.<br />Se afirma por lo tanto una interdependencia entre vida y espíritu, con lo cual al momento de hablar de una espiritualidad para el hombre de hoy, se debe decir que en ella se debe incluir y abarcar al hombre entero, es decir en su dimensión espiritual y material, ello incluye todas las situaciones y dimensiones concretas que experimenta el hombre. Además dentro de los retos de hoy para una espiritualidad autentica en el hombre es necesario que se aborde la unidad de cuerpo y alma, con lo cual no se obvia la historicidad y mundanidad del hombre y ver la corporeidad como aquella que posibilita la unión y relación con los otros, convirtiéndolo así en una condición espiritual que lo llevan a trascender, a salir de si mismo e ir a los infinito, a Dios.<br />Al ver al hombre como imagen de Dios, desde una perspectiva antropológica teológica y en virtud de esta condición espiritual, el hombre al distinguirse de todos los seres y a la vez está llamado a la participación de la vida divina, desde esta perspectiva el hombre se ve así mismo que puede entrar en relación con un ser singular (Dios) que lo interpela (este es “tú” Dios), pero a la vez la imagen de Dios en el hombre señala ensencialmente el entrar en relación con los “otros”, hacia el Padre, su semejantes y el mundo. Se puede decir que el hombre al entrar en relación con los “otros”, con el mundo allí de alguna forma se está abriendo el camino para llegar a una experiencia espiritual que es parte de la esencia del hombre al ser imagen de Dios.<br />Pero en esta relación con el “otro” como vivencia de la espiritualidad en el hombre la referencia es Cristo, donde el hombre se siente llamado a reproducir su vida como modelo perfecto de una vida espiritual, es decir “el hombre desde su creación está llamado a la comunión con Dios y, más específicamente, a revestir la imagen de Jesús resucitado”, de aquí la imagen y el llamado del hombre a convertirse en la imagen de Cristo.<br />Se puede hablar que el hombre está configurado desde su misma esencia como ser espiritual por naturaleza por su radical referencia a Dios, al recibir el espíritu de Dios como aliento y vida. El espíritu en la biblia no es una precariedad de la sustancia espiritual que se distingue del cuerpo, sino que es aquella realidad por medio de la cual se comunica Dios y lo hace partícipe de su vida, esto no como algo que afecta el ser del hombre, sino como la elevación del hombre a otra dimensión o a otro ser (Ladaria 114).<br />El hecho de la condición creatural del hombre abre el aspecto esencialmente comunitario de la vida espiritual (creación del hombre y mujer = connotación comunitaria), es decir su dimensión social radica en ser corpóreo como ser personal y espiritual, donde al ser corporal está determinado por la relación de interdependencia entre los hombres y con el mundo.<br />Entonces el hecho del ser social del hombre se enraíza en su ser personal y espiritual, de modo que el entrar en relación con los otros es la forma de realizarse, en cuanto su realización es fuera sí mimo, pues así como se tiene la necesidad de “recibir”, también la necesidad de “dar”; por esta razón ante el mandamiento del amor es una exigencia misma de la naturaleza humana, que fue creada para la unión con Dios y la comunión con los hombres <br />El hombre un ser llamado a vivir según el espíritu de Dios<br />El hombre un ser inmerso en el cosmos, con un dinamismo ilimitado, en constate búsqueda de sentidos y horizontes para su existencia, donde por la misma estructura de su ser lo lleva a salir de sí mismo, pues en él no se encuentra su propia verdad y fundamento de lo que es, ello lo está remitiendo de alguna forma a buscar fuera de sí el sentido a su existencia, es un deseo desde su interior a pesar de lo complejo y paradigmático que es, como si en su interior existiera una sed que no es calmada.<br />Pero se plantea el interrogante de qué es lo que le falta, por qué su sed, que es lo que lo está remitiendo a salir de sí he ir a los “otros” en especial a un ser superior que le llama y ante lo cual por más que se quiera obviar él siempre esta retumbando en su interior como una voz o una sed de algo que no se posee que resulta atractivo el llamado pero a la vez paradigmático al buscarlo, pues se corre el riesgo que lo que se encuentre no es lo que se buscaba o sencillamente se cometa el error de equivocarse en esa búsqueda.<br />Por esta razón es que ahora se quiere presentar un posible camino que puedan guiar al hombre en su búsqueda de sentido, donde él pueda descubrir por qué siente un llamado una sed, como si su propia naturaleza lo reclamará, ante lo cual se parte como fundamento para presentarle un posible camino desde el dogma de la fe, donde se parte del hecho que él es creación e imagen de Dios.<br />Lo primero que se debe expresar desde el dogma teológico, es la fe en la creación, lo que inmediatamente remite al creer en que la creación de Dios el libre, de la nada, continuada y con un fin. Estos datos le proporcionan al hombre es su espiritualidad una dimensión de su ser que es cósmica y temporal, con lo cual desde allí se puede dar sentido y fundamentar ciertas actitudes del hombre como manifestación de ser espiritual o dimensión trascendentes y es el hecho de ver en el ciertas actitudes como la adoración, alabanza, acción de gracias, la esperanza, misericordia etc. A esto se le pude ver como los caminos que el hombre en su ser y en su fe en creación de Dios lo llevan a tomar actitudes que podrían ser los caminos para vivir y expresar su ser espiritual que clama en si interior.<br />El hombre al descubrir y ver la grandeza del universo y ante esta creación se asombre, desde allí podrá vivir una experiencia espiritual, pues ve el universo y la creación como obra de Dios descubriendo en ella la autonomía y el valor propio de la creación y el creador, por lo tanto la distinción entre Dios y la creatura, conlleva a que el hombre pueda experimentar y descubrir el totalmente “otro”, aquél que ha entregado al hombre para que domine, sea co-creador del proyecto de Dios. Entonces se ve volcado y le suscita actitudes creyentes, como lo es por ejemplo un optimismo ante la creación y co-creación al descubrir allí un signo del amor infinito de Dios como creador. Al saber y comprender que el mundo fue hecho por amor y para que el hombre lo domine, además que se vea a sí mismo como el ser más perfecto en la creación esto genera que el hombre pueda ver el gran amor que tiene hacia él.<br />El hombre al sentirse amado, esto evita que adopte una postura de apatía, de nihilismo o de desesperación de frente su existencia, al ver la creación de éste modo puede llegar a descubrir como los místicos el gran regalo de la creación, con lo cual lleva al hombre a descubrir el amor de Dios en todas las creaturas (san Francisco de Asís), con este descubrimiento se abre el horizonte para que el hombre pueda emprender un camino hacia Dios, así como lo afirma Pablo “pues sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rom 8, 28).<br />Entonces hoy para que le hombre pueda vivir su espiritualidad se puede tomar como punto de partida la fe en la creación, es decir “se necesita una nueva espiritualidad cristiana redescubrirá la inmanencia de Dios oculta en la naturaleza…Dios lo mantiene todo en vida y el Cristo cósmico está en todas las cosas”.<br />Además de ello, al ver la creación “de la nada” y la omnipotencia divina, lleva al hombre a comprender que Dios no está condicionado por algo ajeno a él mismo y que toda la creación ha salido de sus manos, por lo tanto la creación es buena radicalmente en cuanto participa de su bondad, con esta comprensión el hombre puede tomar el camino para adentrarse en la profundidad del ser se Dios, pues al ver que Dios está en la creación pero, pero al mismo tiempo trasciende su obra, ello lo puede llevar a ver que también está dentro de él, es decir es lo más profundo de la naturaleza humana.<br />Esto ha llevado al hombre a vivir una verdadera experiencia espiritual y ver el mundo como aquel que está contenido en Dios, al punto que el hombre como los salmistas al ver a Dios en la creación puedan en su ser y en lo más profundo experimentar un Dios como lo vivió san Pablo: “Dios no se encuentra lejos de nosotros, porque en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,27). Es poder ver a un Dios por medio de la contemplación como aquel que sustenta todo lo creado y a la vez actúa en ellas, esta comprensión y modo de ver el mundo como obra del creador para llevar al hombre vivir y experimentar el mundo como aquel con sentido que le interpela y lo lleva a descubrir a un allí en el interior a Dios como camino para el hombre en su experiencia espiritual.<br /> <br />Sí, el hombre ve y experimenta la creación como una obra que es continuada por la providencia de Dios, con esta concepción para el hombre al ver el mundo que se encuentra en evolución y no solo eso, sino que depende totalmente de Dios, el hombre puede ver al mundo como algo no cerrado y determinado, sino abierto a posibilidades. <br />Con esta idea de creación de la nada por parte de Dios, desde allí el hombre puede vivir una experiencia trascendente y un encuentro real con el Dios, que ha lo creado, es decir es un Dios cercano, no es como el artesano que hace su obra y luego se olvida de ella, sino que la hace y continua haciéndola y perfeccionando, de este modo lo descubrieron los grandes místicos y salmistas que experimentaron una verdadera experiencia espiritual o por lo menos así lo reflejan es sus escritos: “Dios siempre se está así…, rigiendo y dando su ser y virtud y gracias y dones a todas las criaturas, teniéndolas en sí virtual y presencial y sustancialmente”. <br />También se debe tener presente que el hombre al descubrir y ver la creación con una mirada de fe como obra de Dios, de su divina providencia, lo deben mover a no permanecer en un estado estático en el que Dios lo hace todo, sino que lo coloca en movimiento, pues “es el hombre el que con sus manos e inteligencia tiene que buscar el reino de Dios y esforzarse en la tarea de trasformación del mundo…, la certeza en la providencia, que brota de la fe le dará seguridad y ánimos en su trabajo de cada día”.<br />Viendo el hombre de este modo la creación y la providencia, él podrá emprender un movimiento de su espíritu que lo llevara a vivir una intensa vida espiritual, donde busca la unión con Dios, es decir como si se dejara manejar por una fuerza interior que lo impulsa y lo mueve como a Cristo a construir el reino de Dios. Los hombres y mujeres desde este plano de la creación ha sido capaces de descubrir la grandeza de Dios y de su fuerza que los movió a salir de si para “fundirse” y vivir una vida plena entregada al proyecto de Dios, donde Jesús como modelo de perfección, se presenta como camino para vivir una verdadera espiritualidad como la vivió él.<br />Se debe señalar que para que haya una vida espiritual en el hombre debe estar apoyada en la esperanza, pues no se podrá creer en Dios sin esperar en él (credere Deo), pues es una espera confiada en Dios, de modo que la esperanza unida con la fe se constituyen en una característica fundamental para que el cristiano pueda vivir su dimensión espiritual, ya que ser cristiano significara tener esperanza (“es ya, pero todavía no”).<br />Pero esta esperanza es activa, en la que el hombre no se queda en un pasividad ante el futuro, sino es un constructor del mismo, es una esperanza que se compromete con los hombres y con el mundo dándole un sentido, en ello es donde radica el valor antropológico de la esperanza, donde el hombre como ser incompleto busca su realización en el futuro, pues no se conforma con el orden actual, sino que siempre está en su anhelo interior el querer volverlo su futuro mejor.<br />En la Biblia la esperanza es siempre una actitud básica, así lo presenta por ejemplo el A.T. Donde aparece como una confianza inquebrantable, una tensión expectante ante la espera de Yahvé y su acción salvadora. Esto abre la dimensión espiritual en el hombre como actitud esencial de la vida cristiana, que lanza al hombre a la unión con Dios y comunión con los “otros”, por lo cual en el hombre a asumir la esperanza y trascendiéndola, lo llevan a vivir una vida comprometida con los hombres en un sentido de solidaridad que está fundamentada en la dimensión social, en el amor.<br />Conclusiones<br />Sin duda que somos parte de un cambio de época en donde el hombre como un ser depredador busca un sentido, un horizonte a su vida, que lo llene y le de seguridad y tranquilidad, pues a pesar de alcanzar grandes conquistas en el campo de la ciencia, la tecnología, de las misma relaciones entre sí, se siente cada vez más vacio, sin esperanzas y grandes utopías, lo único que tiene es mediatizado en sus manos es el aquí y ahora, en este contexto la dimensión trascendente ha perdido valor, lo espiritual parece ser algo inútil.<br />Lo que el hombre ha olvidado es que a pesar que de él mismo haga una negación de la dimensión espiritual, hoy se le debe recordar que lo espiritual es algo esencial a su ser, es decir “el hombre es un ser espiritual por naturaleza”, de modo que aunque abjure de ello es parte de su ser. Es la dimensión religiosa dentro de sí, su fundamento último, allí donde parece todo perdido, donde el hombre ya no encuentra más respuesta, aparece esta dimensión para dar sentido y esperanza, está dimensión que grita en su interior y lo lanza a un nuevo camino a un nuevo horizonte.<br />La dimensión espiritual no es una característica perteneciente a una determinada religión, raza o nación, sino que es patrimonio de toda la humanidad, pues en sus mismas experiencias diarias de ánimo, proyectos, utopías hacia las cuales el hombre se proyecta, sueña y desea en ellas se está dando una experiencia espiritual, ya que en su misma esencia al hablar de espíritu se está haciendo referencia a algo que ánima que motica, que se opone a la muerte a lo corruptible, es el soplo de vida, que lanza al hombre en busca de conquistas, el ello se puede hablar de una la vivencia de una verdadera experiencia espiritual.<br />Razón por la cual al momento de proponer una posible espiritualidad para el hombre, es necesario que abarque al hombre como una unidad, todo su ser antropológico de modo que no se convierta en algo vació he inútil, que de alguna forma él mismo se haga consiente que en su ser existe al dimensión espiritual que clama y quiere dar un verdadero sentido a su vida, quiere plenificar al hombre para que éste no continúe por la vida como un barco sin timón, que lo lanza a salir de sí e ir a los otros y de este modo trascender, pues si se queda como un poso de agua estancada estará condenado a podrirse y no servir para nada.<br />Esta dimensión espiritual que ánima al hombre si solo se queda encerrada en sí mismo y no lo lanza a los otros, a una dimensión comunitaria puede caer en peligro de ir a una espiritualidad negativa, que en su efecto lo que causara en el hombre la propia autodestrucción y pérdida de sentido a la vida, que se convierta en una vida superficial, de allí la gran importancia de una espiritualidad teológica-antropológica que dan sentido y dinamizan llevando al hombre a encontrar una verdadera espiritualidad que inicialmente lo lanzan al encuentro o reconocimiento de un ser superior, pero más que eso como creación e imagen de Dios, es decir posee un origen y está destinado a un fin y es la unión con su creador, que descubra allí la bondad y gratuidad de su creación y todo lo existente, esto llevara a que opte una actitud nueva y modo nuevo de verse a sí mismo, a los otros y al mundo.<br />Así la experiencia espiritual teológica-antropológica en el cristianismo se circunscribe dentro de una comunidad de fe incidiendo en todas las dimensiones del hombre, donde se presenta la gracia y salvación como camino para que el hombre se habrá a los otros, de modo que la experiencia espiritual no se puede ser individualista, sino que siempre estará arrojando a los hombres a los otros, ellos los que lo hacen trascender, salir de sí, los otros se presentan como un espejo frente a los cuales se puede ver y confrontar, es entrar en relación y diálogo; en una palabra la espiritualidad en el cristiano es la vida llevada según el espíritu de Cristo, es entrar en sintonía con Dios y su proyecto, dejarse guiar por el Espíritu que en lo hondo del hombre clama, entrar en el proyecto salvífico de Dios.<br />El hombre al descubrirse y ser consciente que es un ser espiritual por naturaleza y además si lo hace desde la revelación, él al ver en primer lugar que es gratuidad de Dios, que es creación e imagen del Dios mismo, esto hace que se situé y se comprenda de modo diferente frente al mundo, a Dios y a los otros. Ello lo lanza a descubrir en sí mismo y en la creación la obra gratuita que Dios ha hecho sin ser merecedor y no solo esto, sino que al ser el culmen de la creación es también co-creador del Dios.<br />Esto hace que el hombre comprenda y se sienta llamado a la participación de la vida divina, a entrar en relación con los demás como imágenes visibles de Dios, es decir el hombre esta llamado desde su misma creación a la comunión con Dios y a imitar a Cristo como máximo modelo de humanidad en quien todo fue creado en é y para él, y hacia donde confluyen todas las cosas como fin en sí mismo. Entonces el hecho de ser creación de Dios lanza al hombre a la dimensión comunitaria para estar en unión con Dios y comunión con los hombres.<br />De este modo en la reflexión que se ha realizado en la que se partió del hecho que el hombre es un ser espiritual por naturaleza y desde la antropología teológica se buscaba fundamentar, finalizamos ratificando este hecho y afirmando que desde la revelación el hombre puede encontrar el verdadero sentido a si vida, descubrir el porqué fue creado y el para qué de su creación, ello le permitirá dar un nuevo sentido a su vida, su búsquedas y esperanzas.<br />Y que gracias a la experiencia espiritual el hombre en su existencia descubre a la vez la dimensión de gratuidad de la cual el hombre en muchas ocasiones huye, donde ella hace al hombre que además de que sea un ser “depredador” que está sometido a sus deseos en intereses, aparece la dimensión en la que “los seres humanos somos gratuitos. Esta es la dimensión que testimonia y garantiza la espiritualidad”. Así la dimensión antropológica funcional se convierte a la vez en la base de la dimensión antropológica de la gratuidad, donde frente a las tendencias centrípetas de la razón en el hombre, la espiritualidad aparece en el hombre como un salvavidas que hace posible otros mundos, otros dioses. Además de ello gracias a la espiritualidad aportan en la capacidad epistemológica del hombre en torno al conocimiento de su realidad (mundo), pues posibilita otro modo de conocer, de percibir, pues donde no existiera esta posibilidad espiritual para el hombre el hombre se tendría que limitar al conocimiento interesado y ego centrista que posee y que en base a ello que actúa.<br />

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