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Taller de Tradición Clásica I - Discurso inaugural

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Con el discurso "La literatura clásica y nosotros. Las fuentes de nuestra mismidad" inauguré el Taller de Tradición Clásica I en la Facultad de Letras de la UNMSM. En dicho discurso trato de responder, desde mi perspectiva y experiencia como lector e investigador, a la pregunta ¿por qué es importante la literatura clásica para nosotros? Espero que lo disfruten y recuerden que el debate y las críticas son siempre bienvenidos.

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Taller de Tradición Clásica I - Discurso inaugural

  1. 1. 1 *Discurso inaugural del Taller de Tradición Clásica I, pronunciado en la Facultad de Letras y CC.HH. de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima, Perú) el 6 de febrero de 2017. La literatura clásica y nosotros. Las fuentes de nuestra mismidad Por Mg. Milton A. Gonzales Macavilca UNMSM-Universidad de Extremadura Especialidad de Literatura Griega Buenos días a todos. Muchas gracias por asistir a este taller sobre tradición clásica. Estoy bastante sorprendido por la cantidad de personas interesadas en este tema. Lo cual me obliga a intentar responder una pregunta implícita, que además ya ha respondido cada uno de ustedes de forma íntima y es la razón por la que han decidido asistir a estas charlas. Esta pregunta tiene que ver con la importancia de la literatura clásica para nosotros. ¿Por qué es importante? Evidentemente cada uno podría formular una respuesta distinta. O bueno, en realidad no tanto porque al momento de justificar una importancia que hemos aceptado sin más y de forma también implícita como la pregunta, es seguro que hallaremos más de un argumento común en todas nuestras respuestas. ¿Por qué es importante la literatura clásica, entonces? Yo responderé de la siguiente manera. En primer lugar, porque las letras clásicas nos dan una lección de humildad y prudencia. No es que ellas hablen de la humildad y la prudencia, todo lo contrario, muchas producciones son soberbias en el sentido más amplio del término. Lo que ocurre es que la literatura clásica, y esta característica la comparte con todas las literaturas autóctonas, nos destruye ese afán pueril de originalidad que todo lector y, sobre todo, escritor, busca y ha buscado de manera constante a lo largo de toda la historia.
  2. 2. 2 No hay nada nuevo bajo el sol. Esa es la frase que explica mi primer razonamiento. Esto puede provocar desazón en los corazones más "aventureros" (pero ingenuos) pues lo que digo es que sino no todo, casi todo ya fue dicho porlos clásicos. ¿Entonces no hay más por descubrir? ¿Ya no queda nada por hacer? Al contrario, cuando afirmo que ya todo fue dicho no es porque hayan agotado todas las formas de decir algo. Creer eso sería muy torpe de nuestra parte, puesto que nuestro lenguaje nos permite realizar infinitas combinaciones y, por lo tanto, podemos pasarnos la vida tratando de encontrar todas las combinaciones lingüísticas posibles para narrar un mismo evento, y fracasar. Si digo que los clásicos lo han dicho todo, es porque han agotado no las formas de decir las cosas, sino porque su producción abarca todas las cosas sobre las que vale la pena decir algo. La lista en realidad no es demasiado larga, incluso diría que es brevísima. Las cosas transcendentales son, así lo creo yo, el hombre y sus pasiones. Creo, por lo tanto, que en la literatura, exceptuando el plano estético de la composición, todo lo demás es contextual y secundario: el protagonista (ya sea un rey del siglo IX a.C. o un caballero o un programador de software o un robot con inteligencia artificial) su entorno social (la Francia del XIX o el Perú del XXI), y sus deseos (poder, juventud, felicidad, riqueza). Todo eso puede cambiar en épocas y lugares diversos; sin embargo, cuando leemos a un clásico (y aquí utilizo "clásico" en el sentido amplio, no me refiero únicamente a los representantes de la literatura grecorromana) sentimos un alto grado de identificación, ¿por qué? ¿Por qué nos identificamos al leer algo que fue escrito tan lejos de nosotros en el tiempo y en el espacio? ¿Por qué nos sentimos tocados? Porque es lo humano lo que nos afecta. ¿Y qué más humano que las pasiones? El odio, el amor, la calma, la indignación, el temor, la compasión, la ira... y la lista continúa. Los grandes artistas, los que se vuelven clásicos, no hacen más que abrir bien los ojos y observar qué aspectos de su sociedad despiertan las pasiones en sus coetáneos, para luego reflexionar sobre ello y finalmente, mediante un proceso creativo, mostrarle a su sociedad, a modo de espejo, su propia imagen, la imagen del hombre y las pasiones que le son propias. Todos los hallazgos técnicos de la literatura moderna o contemporánea son importantes en la medida que sirven para transmitir la relación del hombre con sus pasiones. Permiten que dicha relación sea expuesta de manera más intensa y/o eficaz. Así por ejemplo el descubrimiento del monólogo interior.
  3. 3. 3 Incluso en la literatura más "vanguardista" o en aquella poesía que hace del lenguaje un fin y no un medio para la comunicación, podemos identificar la dimensión pasional. No cabe duda de que los clásicos –ahora en sentido estricto: griegos y romanos–, por derecho de antigüedad, han sido los primeros en hurgar en estos dos aspectos. O al menos los registros más antiguos nos vienen de ellos, no es que sean los más antiguos de la humanidad, de hecho los griegos no son sino una consecuencia de un largo proceso de maduración; no son el inicio, son el punto más alto de dicho proceso social, cultural y literario; pero como prácticamente todos los registros más antiguos, al menos en Occidente, son los suyos, solemos confundirlos con la primera piedra cuando más bien son el castillo. Ahora, las pasiones no solo son descritas y expuestas en los personajes (ficticios, históricos o mitológicos) sino que sonsuscitadas en los receptores. Esto es lo que nos permite a nosotros, lectores, identificarnos con lo que leemos. Cuando un lector siente que las pasiones también se despiertan en él descubre que aquella literatura no es artificial, sino completamente real aunque ficticia. Y los clásicos no dejan de producir este efecto una y otra y otra vez. Para despejar toda duda al respecto, recordemos cómo inicia, acaso por coincidencia o acaso no, el poema épico más antiguo de Occidente del cual tenemos registro: "La cólera canta, Diosa, del Pelida Aquiles". Lo primero que oyen nuestros oídos, aquello que está en el origen de lo que hoy somos, es una pasión: la cólera. Balbuceando aquellas letras palabras en un griego lejano, diríamos: «Μῆνιν ἄειδε, θεά, Πηληïάδεω ᾽Αχιλῆος». Μῆνιν: cólera ¿Quién podría decir que nunca la ha sentido? ¿Cómo ser indiferente ante algo tan humano? No interesa que su portador, Aquiles, sea un semidiós; está colérico como nosotros lo hemos estado alguna vez, no es él tan diferente de nosotros. Quiere decir entonces, que lo humano, puede presentarse en agentes ficticios que sean incluso más que humanos. O menos también, por su puesto. Cuando, en la Batracomiomaquia, vemos cómo los ratones buscan vengarse de los sapos, no atestiguamos la pasión de dichos animales, sino que contemplamos la pasión que nosotros sentiríamos si alguien asesinara a uno de nuestros seres queridos. Son entonces dos los motivos fundamentales por los que considero de suma importancia el estudio de los clásicos: porque lo dijeron todo y porque no lo dijeron todo sobretodo, sino que descubrieron aquello que está en la base de
  4. 4. 4 todo: lo humano y lo pasional. Con ello nos han legado una tremenda responsabilidad: no podemos vivir sin al menos intentar descubrir lo que nos hace humanos y las pasiones que bullen en nuestro ser, no podemos vivir indiferentes a nosotros mismos, sobretodo luego de que ellos, mediante todo lo que escribieron hace ya tantos siglos atrás, se han tomado la molestia de exponer nuestra mismidad ante nosotros mismos. Y por eso estamos reunidos hoy aquí, pues cada uno de ustedes sabía, o por lo menos lo intuía, que para encontrar la fuente de nuestra mismidad era necesario volver a los orígenes, y sabían también que dichos orígenes reciben hoy el nombre de literatura clásica. Muchas gracias.

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