1Autobiografíaapócrifade una autoraen búsquedade un biógrafo real         Milagros Mata de Carnevali             Febrero d...
2  Autobiografía apócrifade una autora en búsqueda    de un biógrafo real      Milagros Mata de Carnevali          Febrero...
3No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan,Ni aparté mi corazón de placer alguno,Porque mi corazón gozó de todo mi tra...
4DEDICATORIAS                                                   Para Ricardo Mitre, in memoriam.     Para Ana Teresa Torre...
5AGRADECIMIENTOSPara los que en algún punto del camino me dieron la sobrevivencia. Y para los que me lanegaron, por indife...
6Lo que pareciera darse por sentado, dada su presumible obviedad, es que untexto autobiográfico sólo puede decir la verdad...
CUARTO MENGUANTE SOBRE DUNAS BLANCAS                                                   7CUARTO MENGUANTE SOBRE DUNAS BLANC...
Supongamos que es por eso que eligió escribir sus Memorias sobre este                                                     ...
[Como a su manera escribirá la autobiografía, jugando con los planos y con                                                ...
elementos que se pueden llamar convencionalmente segundos, minutos u                                                      ...
Nombres, historias y tumbas                                                                                 11Me gustaría ...
abuelos maternos, mas no el de los paternos, que apenas mencionaba, como                                                  ...
escandalizada sociedad que compadecía a la pobre Felícitas, siempre                                                       ...
decían que Eduviges Cedeño tenía el don de hacerse invisible. Dicen que en                                                ...
Medicaciones/Mediaciones                                                                                    15La enfermera...
Esta vez, este corazón deberá permanecer quieto,                                                                          ...
tratamientos. Él persistió en sobrevivir, a pesar de aquellos. Pero el 19 de                                              ...
181.   Es curioso que los dos hombres más influyentes del siglo, en     Europa, hayan desaparecido casi al mismo tiempo: N...
Para la enfermera minuciosa y para los psiquiatras, los escritos de mi libreta                                            ...
en San Fernando de Trinidad y educada en Nottinghamshire College, antes                                                   ...
hablan por ella. Un papel con un dibujo habla por ella. Tampoco me preocupó                                               ...
Nombres, historias, tumbas                                                                                     22Recuerdo ...
cuando, años atrás, hablaba conmigo, dejaba entrever una intensa y                                                        ...
Después del divorcio, había entrado al taller de costura de Genoveva                                                      ...
gobierno, papeles inútiles entonces y        ahora, lanzándolo a la calle                                                 ...
conocimientos de cosas tan avanzadas como la Contabilidad, la Mecanografía                                                ...
Pero lo que importaba en ese momento era dar a los otros la seguridad de                                                  ...
producían convulsiones, vómito y diarrea. Mi pensamiento se trasladaba de                                                 ...
que aparecían en el film. En otro nivel, las burbujas que yo era en ese                                                   ...
película mal editada y demasiado revisada en malos proyectores. La vida del                                               ...
escombros de una casa que había querido hacer para pasar el resto de mis                                                  ...
de la locura. Los camisas parda de este régimen, pensé. Y pensaron otros                                                  ...
Nombres, historias, tumbas                                                                                  33A mi madre l...
contención y buenos modales. Hasta su sonrisa, No podría decirse que era                                                  ...
ejemplo, o los de mi hijo Alejandro. La nariz sí es la misma: posiblemente la                                             ...
Allegra era un tema sigiloso, pero no la relación con Mary Shelley, quien la                                              ...
notarios de Nottighamshire, donde se reconocían una y otra vez las                                                        ...
Y me pareció un acto profundamente criminal que mi hermana atentara                                                       ...
el designio y la herencia de mi padre, ya escribí en los papeles que la casa                                              ...
JORGE ANTONIO                                                                40           n. Macuto, 1901          m. Ango...
Bolívar. Y de Mary, nacida en 1820 y fallecida en 1853. Ambos nacieron en Cork,                                           ...
42             CIRA MARÍA           n. Chacao, 1915          m. Angostura, 1989Hija de Rafael, quien nació en Caracas, en ...
Chacao, en 1815, y fallecido en Caracas, en 1910, y de Asunción, nacida en 1813 y muerta                                  ...
[¿Quién no me enseñó en Angostura del Orinoco a darle prestigio y valor a                                                 ...
aprovechadores y entrometidos. Hay que recordar al doctor Gachet. Y creo                                                  ...
Nombres, historias, tumbas                                                          46Sin embargo, hubo elementos que conv...
a causa de los feroces métodos didácticos de la Madre Serafina, una monja                                                 ...
sino porque pensaba que era una injusticia lo que estaban cometiendo                                                      ...
consultadas: su amiga Elena Negrín, mi madrina Carmen Sarabia, y Cira su                                                  ...
la vida si hubiera permanecido en las aulas severas del Colegio de La Divina                                              ...
esos elementos que permiten la construcción y deconstrucción de uno y                                                     ...
Más allá del estatismo, del momento muerto en lo congelado por el                                                         ...
tiempo leía, imaginaba o soñaba despierta. Planificaba mi vida. Cuando                                                    ...
Nombres, historias, tumbas                                                                                  54Mi tío Tirso...
el Chino Sanoja, quien fue gobernador, y se sentaban bajo los árboles para                                                ...
las vicisitudes y su solidaridad tan intensa. Me dolió la soledad de su funeral.                                          ...
Tomaron varios de sus óvulos y los mezclaron con el esperma de mi padre,                                                  ...
a mis maestros y al público en general. Era diferente. A esa edad padecí el                                               ...
absoluta, en esas conversaciones distraídas del almuerzo común, los hechos                                                ...
unas amigas a estudiar, mi madre dijo no. Sin hacerle caso, comencé a                                                     ...
Revoluciones por minuto                                                                                            61     ...
cuartillas escritas a máquina, con una pulcritud que hubieran querido muchos otros.                                       ...
[Me gustaba el periodismo, pero a mis padres no les parecía carrera digna de                                              ...
Parte 2                                                                                         64       No sería bueno qu...
aspavientos, ni remordimientos, ni remilgos. Ni comentarios. Fue tan sincera y                                            ...
espada de la palabra y que da cuenta alguien tenemos que dar cuenta. Durante gran                                         ...
Autobiografía apócrifa de una autora  10 2007- versión autorizada
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Autobiografía apócrifa de una autora 10 2007- versión autorizada

  1. 1. 1Autobiografíaapócrifade una autoraen búsquedade un biógrafo real Milagros Mata de Carnevali Febrero dell 2006 Febrero de 2006
  2. 2. 2 Autobiografía apócrifade una autora en búsqueda de un biógrafo real Milagros Mata de Carnevali Febrero del 2006
  3. 3. 3No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan,Ni aparté mi corazón de placer alguno,Porque mi corazón gozó de todo mi trabajo,Y ésta fue parte de mi faena.Ecclesiatés 3:10
  4. 4. 4DEDICATORIAS Para Ricardo Mitre, in memoriam. Para Ana Teresa Torres, amiga, hermana por elección, compañera de batallas. Para Arquímedes Espinoza, compañero de tantas caminatas. Para Rigoberto Rodríguez. Para Eduardo Segarra, con todas sus obsesiones, sus sueños, sus pesadillas, sus terrores, sus dolores, sus dudas y su amor: todo eso que ha enriquecido mi vida y me ha fortalecido. Para Eréndira Maita, donde, sin discusión alguna, la menor de su generación fue bendecida, aun por encima de los mayores, porque ella da testimonio de que hay dones que no reciben de Dios todos los mortales, sino sólo los que viven para dar testimonio de fe, de confianza y de amor. Para Bettina Pacheco, cuyo libro me llenó de ideas y de esas orugas de las que laRosa le dijo al Principito que era necesario conocer, si se querían ver las mariposas. Para Roberto Meléndez y Alicia Chang. Para Higinio y Elena Meléndez. Para Mercedes y Mauro Barrios. Para Alimey, Nico y José Hurtado. Para Lola y Carolina Godoy, todos amigos entrañables. Para las personas que atendieron mi fragilidad corporal, con sabiduría y amor,cuando la muerte acechaba tan de cerca y tan sutilmente, en el Centro Cardiológico Pimentel, de El Tigre. Y para mis nietas, narradoras tal vez en el capullo de sus inocencias: Geilis, Fernanda, Marbella, Hillary.
  5. 5. 5AGRADECIMIENTOSPara los que en algún punto del camino me dieron la sobrevivencia. Y para los que me lanegaron, por indiferencia, mezquindad e inclusive por crueldad.Para Alí Reyes y para Kike.Para ese amigo infaltable que me llevó sobre sus hombros cuando no podía dar un paso más.Los que conocen Su Nombre, lo pronuncian con infinita dulzura, con timidez, con impenetrableamor.
  6. 6. 6Lo que pareciera darse por sentado, dada su presumible obviedad, es que untexto autobiográfico sólo puede decir la verdad y nada más que la verdad, yaque si sale de la pluma de alguien que realizó, sufrió, gozó o testificó loshechos narrados, todo lo expuesto no puede ser sino palabra cierta. Es decir,como dicen los abogados, a confesión de parte, relevo de pruebas. Sinembargo, no hay nada más frágil que eso que nutre al que escribeautobiografía: la memoria. Es por ello que el olvido es un elemento que quitaparte de la certeza a lo escrito.A eso se agregará, necesariamente, una secuencia de elementos: lacensura propia, el pudor o la vanidad, que permiten al escritor lareconstrucción de lo vivido. De tal manera, que las imposturas que seencuentran en una autobiografía forman parte de las características delgénero, y son tan legítimas como cualquier otro recurso estilístico.A fin de cuentas, una autobiografía es un producto estético, un géneroliterario, si se acepta como tal. Y reescribir una vida no es lo mismo querevivirla, sino parecido a reinventarla. Así, aunque quien escribe decidadeclarar que éste es un relato auténtico, el lector debe entender que puedeencontrar muchos elementos que son producto de su tendencia natural haciala distorsión y la mentira, pues la sinceridad total es imposible.Tal paradoja no le resta al género su intencionalidad literaria, sino queredimensiona otra clase de verdad. El yo fabulado que aquí se planteacorresponde en forma directamente proporcional con los personajesfabulados que aquí aparecen, aunque algunos aparenten tener también unavida propia. En otras palabras, aunque haya habido la intención de escribir laverdad, ésta se impregna inevitablemente de una ficcionalidad, a vecesinocente, y a veces, buscada.
  7. 7. CUARTO MENGUANTE SOBRE DUNAS BLANCAS 7CUARTO MENGUANTE SOBRE DUNAS BLANCAS Y ahora que el fin está cerca Enfrento el cierre del telón, amigo, Y te diré con claridad Los actos de los que tengo certeza. Autor desconocido: My Way (Versión libre en español)Supongamos que este relato comienza a escribirse en el pabellón de unaclínica psiquiátrica privada, aislada en algún lugar del mundo. Un sitio deprotección. Un refugio. Un sitio de restauración. Supongamos que quienescribe sufre algún tipo de disociación de personalidad. Supongamos que esmedicada cada seis horas por pulcras enfermeras vestidas de azul claro,para reforzar su confianza. Las medicaciones psicotrópicas, ya se sabe,tienden a producir esos estadios que fluctúan entre la somnolencia y lapérdida de contacto con la realidad real y verdadera. Supongamos que larealidad real y verdadera existe, cosa que no ha sido probada, y que esmotivo de dudas desde los griegos. Esto, deduciendo debido a que lascivilizaciones orientales, o sus pensadores más antiguos, no se preocuparande asuntos tan banales como lo real o la verdad. Supongamos que este lugares el refugio ideal para quien escribe, ya totalmente desadaptada de susociedad, abrumada por las circunstancias más dolorosas y traumáticas.
  8. 8. Supongamos que es por eso que eligió escribir sus Memorias sobre este 8fondo (y seguramente sobre otros, que irá escogiendo a medida quetranscurran los días) para dejar un testimonio de lo que fue una vida llevadacon alta velocidad. Supongamos que esto es un texto autobiográfico: el textoautobiográfico de una moribunda que quiere dejar un testimonio, pero de talforma encriptado que la verdad y la mentira se confundan. Y sólo así seexplicarían los pasos que habrá entre el recuerdo como ella lo querrá ver y elhecho histórico tal y como otros habrán de dar sus versiones, al versealudidos. Supongamos que esta mujer (porque ya sabemos que es unamujer) fue protagonista de eventos que cambiaron el curso de la vida deotras personas. Supongamos que hizo mucho daño y también ella sufriódaño, pues, en su aceleramiento, fue también una especie de guerreramedieval. No Juana de Arco y sus voces y su hoguera, sino algo menosheroico, menos trágico, más bien dramático. Supongamos que ella,simplemente, lo hizo a su manera.
  9. 9. [Como a su manera escribirá la autobiografía, jugando con los planos y con 9los recursos que pone en sus manos la tecnología digital, aunque, porsupuesto, al tratarse de un ejercicio de escritura (eso, primordialmente) y deque su voz es la voz de una paciente psiquiátrica, no empleará otroselementos que le hubiera gustado incorporar, como los hipervínculos, porejemplo. O las animaciones. Pero, en fin, es preciso conformarse si unoquiere contar una historia personal, absolutamente intrascendente para elcurso total de la humana existencia. Y hacerlo desde este discurso que ya depor sí viene desacreditado: desacreditado de origen, lo que nos deja el sabormolesto de no saber si las cosas que se narran, o se narrarán, son virtuales,imaginarias, parte del delirio psicótico disociativo, de las drogas que lamantienen prisionera en ese limbo que tan bien refleja el fondo del desiertode arenas blancas, azuladas por el reflejo del cielo y de una luna que esapenas presentimiento de una de las fases, quizá cuarto menguante, porquees lo que corresponde pensar con el deseo de dejar un testimonio de lovivido cuando ya lo vivido es sólo memoria e interpretación de la memoria.Las arenas, además, son metonimia del universo: es decir, lo que está arribaes exactamente igual que lo que está abajo, y, por lo tanto, habrá queaceptar que el universo es, como lo dijo Einstein, una línea curva horizontal,ilimitada, mas no infinita, como lo es el desierto. Supongamos que lasarenas, además, quieren referirse al paso del tiempo, como si el texto fueraese precioso adminículo que se llama relojdearena y que requiere de laintervención del hombre (o de Dios) para el marcaje de una serie de
  10. 10. elementos que se pueden llamar convencionalmente segundos, minutos u 10horas. Y es que la arena produce esa sensación de lo inacabable que enverdad no es tan inacabable. Uno puede tomar un puñado y apretarlo y sesiente: primero, su tibieza, el linaje áspero de sus texturas. Y después, suinasibilidad: se deslizan entre las grietas de la piel, vuelven serenamente a suespacio esencial. Es curioso: arenas y desierto. Quizá por eso, ella escogióejercitarse en torno a las arenas, en medio de las arenas, y con un lenguajeque fuera tan inasible como el discurso que desde un principio seráinterpretado como discurso del paciente psiquiátrico, pues ya se sabe que losprimeros lectores que tendrá serán los psiquiatras y psicólogos encargadosde su tratamiento, quienes escribirán tratados, o simplemente su artículoanual para la revista indexada y arbitrada preferida que refuerza su prestigio]
  11. 11. Nombres, historias y tumbas 11Me gustaría decir mi nombre, pero me temo que no es considerado haciaotros hacerlo. Pudiera justificarme, además, señalando que en las másantiguas culturas, la mención del nombre significaba, o bien la muerte, o bienla inmortalidad, y para ninguno de esos eventos estoy preparada. Así queUsted, el que lee, tendrá que adivinar. No tengo un nombre publicable, mastengo como timbre de orgullo el conocimiento de mis generaciones.Honra a tu padre y a tu madre, Y estas palabras estarán sobrecomo Jehová, tu Dios, te ha tu corazón y las repetirás a tusmandado, para que sean hijos, y hablarás de ellasprolongados los días de tu vida, estando en tu casa, y andandoy para que prosperes en la tierra por los caminos, y al acostarte, yque Jehová tu Dios, te da. cuando te levantes. Y las atarás como señal en tu muñeca. Y estarán como frontal entre tus ojos. Y las escribirás cada vez que puedas.Nací el 17 de Abril de 1951, en una ciudad ubicada en un valle, cuyo nombreno quiero mencionar. La familia de mi madre vivía en ella desde el principiode los tiempos, que en América o lo que sea que se considere este planeta-continente, no llega a ser, en el momento en que esto se escribe, una edadmayor de quinientos años. Mi madre se enorgullecía del apellido de sus
  12. 12. abuelos maternos, mas no el de los paternos, que apenas mencionaba, como 12tampoco mencionaba al padre de su madre, un hombre llamado EduvigesCedeño, quien casó con Felícitas Hidalgo y le hizo dieciséis criaturas en elvientre. Los Hidalgo disfrutaban de un raro prestigio en sus relatos, aunquede ellos sólo tenía trazas y daguerrotipos, pues habían sido acabados entre laGripe Española y el mal del pecho. Hablaba especialmente de un tal ManuelHidalgo, a su entender el más apuesto entre los hombres que mandaban lafamilia. Pero no de sus hechos guerreros, sino de la prudencia de sus actos yde la bondad de su corazón. Manuel Hidalgo era su bisabuelo, padre deFelícitas, y contrastaba violentamente con los hechos de su abuelo, elllamado Eduviges, guerrero de toda guerra y poeta conocido entre las aldeasy las tropas que en aquellos días eran la vida de este territorio sin leyes y confronteras endebles. He pensado que Manuel Hidalgo, en su bondad, fueengañado por este Eduviges para que le entregara en bodas la hija amada desu corazón, la menor de su rebaño, que tenía apenas catorce años cuandoprobó el tálamo. Porque mi madre contaba que el marido, que se habíapresentado ante la familia cubierto con el prestigio de una labia espectacular,y, seguramente, de una apariencia que no dejaba de atraer las miradas,dilapidó el legado que le confiaron entre guerras y juegos de azar, ambascosas que tanto le atraían, y que fue a Paris y se trajo cuantas botellas deajenjo encontró, con la intención de aparentar ser un poeta maldito ante la
  13. 13. escandalizada sociedad que compadecía a la pobre Felícitas, siempre 13empreñada por aquel hombre cuyo origen, eso sí, nunca fue claro para nadie,así que quizá ni ése era su nombre verdadero. Por lo tanto, harto de tantosescándalos, Manuel Hidalgo decidió recoger a su hija perdida y hallada en eltemplo, la cual para ese entonces ya había enloquecido y había sido picadade tisis, males de los que murió al muy poco tiempo, dejando sus numerososhuérfanos, ninguno de los cuales le fue entregado a Eduviges Cedeño, pese asus reclamos. Y fueron criados en el seno de la familia de los Hidalgo todosellos, y fueron muriendo también todos ellos, porque los Hidalgo, como ya hedicho, sufrían de debilidad de los pulmones. Sólo sobrevivieron tres de losCedeño: tres mujeres, con destinos distintos: Carmen, a quien decíanCarmelita, que heredó el espíritu libertario de su padre y fue piedra deescándalo familiar hasta que en su vejez fue recluida en una especie de asilo,donde murió, después de haber tenido una larga temporada en las calles,mendigando o quien sabe qué. María, quien se casó con lo que se llama unhombre honrado y de buena familia, y formó con él casa que reivindicaba elprestigio de los Hidalgo. Y Julia, quien también contrajo matrimonio con unbuen hombre, pero pobre y quizá un poco aventurero, con quien hizo familiano tan prestigiosa, pero sí buena familia: cinco hijos de los cuales sólo unoheredó la manera de ser de Eduviges, porque ése era el temor de todosdesde su aparición y desaparición. Porque no quiero olvidar el hecho de que
  14. 14. decían que Eduviges Cedeño tenía el don de hacerse invisible. Dicen que en 14cierta oportunidad, estando fugitivo de las tropas del régimen de turno quecombatía, entraron a buscarlo en la casa de hacienda de Chacao, dondesentaban sus predio los Hidalgo. Y que él se arrodilló en el centro de unahabitación, con los brazos abiertos en cruz. Y que entraron los que lobuscaban y pasaban a su lado, sin verlo. Y dicen que ese poder se debía a sudevoción al Espíritu Santo, aunque otros mencionan que pertenecía a lamasonería. Así que no se sabe. Y mi madre, Cira María, que gustaba decontar historias y nos contó muchas veces y de la misma manera todo esoque ya conté arriba sobre Manuel Hidalgo y Eduviges y Carmelita y la tíaMaría y la abuela Julia, quien no sufrió jamás de males del pecho, pero tendíaa deprimirse en exceso y pasar días encerrada en su habitación. También mecontó cómo los Hidalgo vinieron a menos después de la Guerra Federal,cuando fueron saqueadas sus haciendas por bandidos que se llamaban a símismos revolucionarios, mandados por un tal Zamora, quien, decía ella, eraun vagabundo venido a más por las bodas que contrajo con dama de clase,pero quedada en nupcias, como lo era la hermana de Crisóstomo Falcón. Enaquel entonces, terminada la Guerra, perdido el ganado y la tierra en mora,los Hidalgo y toda la parentela se asentaron definitivamente en la capital dela Capitanía General, esa ciudad en un valle que, personalmente, no quieronombrar.
  15. 15. Medicaciones/Mediaciones 15La enfermera se acerca con la medicación de la hora. Viene en un carritolleno de bandejas y pequeños vasos donde refulgen como joyas hacia elcielo las cápsulas y pastillas. Conversa con cada paciente mientras observacómo, obedientemente, se toman la dosis recomendada para bien. Estamosen un salón largo, lleno de muebles de distinto estilo e iluminados por unventanal que ocupa toda la pared. Desde el ventanal se ve el paisaje verde yhermoso de las tierras montañosas. En ciertas oportunidades, hay un techode nubes blanquísimas, en un cielo azulísimo. Las nubes están altas y dejanver los picos límpidamente. Otras, las nubes velan todo el paisaje ygeneralmente al siguiente día, relumbrando bajo el sol, hay nieve en lasalturas. No hay cortinas que obstruyan la vista del paisaje. Vidriosdiscretamente polarizados protegen de la inclemencia de los rayos infrarrojosy también de cualquier intento de evasión. Y, antes de los vidrios protectores,seguramente bien sellados, hay una casi invisible reja de malla de acero,sensible al calor. La malla de acero activa alarmas lejanas. Las alarmas, a suvez, hacen que se muevan delicadamente las cámaras que nos filman de díay de noche hacia los posibles puntos de fuga. No es una prisión, dicen. Perosi uno se pone a pensar en esos ojos ocultos y esas manos ocultas y esasrestricciones ocultas, quizá llegue a la conclusión de que sí, sí es una prisión.Escribo:
  16. 16. Esta vez, este corazón deberá permanecer quieto, 16Ya que otros han dejado de moverse:Pero, aunque ya no puedo ser amada Deberían dejarme amar todavía.Mis días están en la estación de las hojas amarillas:Las flores y los frutos del amor se han idoEl gusano, la llaga y el dolor Son sólo míosEl fuego que en mi pecho ardeEs solitario como una isla volcánicaNinguna antorcha se inflama con su ardor Apenas es una pira funerariaLa enfermera mira por encima de mi hombro. Admira mi caligrafía, lee losversos y dice que son bonitos. Escribirá en su historia que estoy escribiendocosas deprimentes y suicidas. Ella no sabe y posiblemente nunca sabrá, queese poema es versión de otro, que fue escrito en Missolonghi, una ciudadhúmeda y pantanosa de Grecia, por un hombre enfermo y febril, que aún asípersistía estar en armas contra los que oprimían la libertad.Fue su último poema, escrito a los treinta y cinco años. A mediados deFebrero, mes que siempre lleva consigo cargas de devastación y muerte, elpoeta sufrió un ataque que parecía ser de epilepsia. Fue el primer síntoma dela enfermedad que iba a matarle. Después, intervinieron los médicos, con sus
  17. 17. tratamientos. Él persistió en sobrevivir, a pesar de aquellos. Pero el 19 de 17Abril, después de una inconsciencia de más de un día, a las ocho y treinta dela mañana, aspiró tres veces, buscando aire, sus párpados se estremecierony luego se quedaron quietos. Durante todo ese día, cada hora se oyeroncampanas tocando a duelo, salvas de cañón y casi se palpó el dolor inmensoque estremeció el hilo que unía las tropas, la ciudad, la lucha que libraba.Sus sirvientes recogieron con premura sus cosas mientras embalsamaban sucuerpo, que fue enviado a Inglaterra. Su corazón quedó enterrado en laiglesia de San Spiridione, en Missolonghi. Durante siglos, su nombre hatenido un resplandor sagrado para los griegos y en casi todas las ciudadesexiste una calle, una plaza, un recodo, un parque, que se llama OdosByronos.Ese hombre también fue mi antepasado](Entre los papeles de Byron estaban sus Memorias, escritas en verso. Fueronquemadas por el librero Murray, previniendo el daño que podían causar a la familia)
  18. 18. 181. Es curioso que los dos hombres más influyentes del siglo, en Europa, hayan desaparecido casi al mismo tiempo: Napoleón y Byron.2. El rector de Westminster, tumba oficial de los Poetas de la Gran Bretaña, le negó el derecho a reposar allí, como se lo negarían a Oscar Wilde, aunque no por las mismas razones, así que fue llevado a sus tierras de Hucknall Torkard, en Nottinghamshire. El coche fúnebre fue seguido por cuarenta y seis carrozas desde Londres. El cortejo subió por Oxford y por Tottenham Court Road, hasta Highgate Hill, donde Mary Shelley, quien criaba a la hija bastarda, Allegra, lo vio pasar.3. En Brocket Hall, Lady Carolina Lamb cabalgó largo rato al lado del cadáver del que había sido su esposo, como por accidente. Convalecía de una penosa enfermedad y preguntó a su segundo esposo de quién era ese cortejo, a lo que él no respondió.4. La gente se apiñaba a su paso por pueblos y ciudades. El 16 de Julio, finalmente reposó en la tierra el ser humano y resucitó al tercer día la leyenda. Si tuvo razón, o no, si fue original o no en su concepción del comportamiento privado, lo único cierto es que su sinceridad fue siempre casi absoluta, aun cuando con esa sinceridad se defraudase a sí mismo.
  19. 19. Para la enfermera minuciosa y para los psiquiatras, los escritos de mi libreta 19de hojas amarillas serán solamente indicios de una agudización de midepresión. Pensarán que deben aumentar las dosis de fluoxetina, o quizáuna inhibidora más fuerte de la triptilina, para potenciar el resto de losmedicamentos, que incluían dosis interdiarias e intravenosas de fenobarbitalsódico. No podría explicarles, aunque quisiera, la fuerza que para miimaginario psicológico tuvo siempre ese hombre. Aunque mi padre habló muypoco de sus referencias familiares, mi tía Teotiste me contó una y otra y otravez cómo su madre, Elizabeth Shelley, hija de George Shelley, quien fue hijobastardo de Allegra Shelley, conservaban el derecho de asistir a la escuelade Nottighamshire. Y de cómo ella y sus hermanas disfrutaron también deese derecho. Y de cómo vino después la Gran Guerra Europea, y que ellasestaban en Londres cuando Adolfo Hitler decidió ablandar el espíritu ingléscon numerosos bombardeos. Y de cómo murieron la mayor parte de sushermanas y su madre en esos bombardeos. Y de cómo regresaron sólo tresde las siete que habían sido: regresaron sólo Ana Isabel, Ana Teresa y ellamisma. Y de cómo los hijos varones, que habían quedado en Macuto a cargodel negocio familiar, habían sido defraudados y robados por un tal AntonioBriceño. Y de cómo mi tío Ernesto se había embarcado en el puerto para noregresar, admirador eterno de Robinson Crusoe. Y de cómo mi padre, JorgeAntonio, se había quedado, empañado en restituir a la familia el poderíoeconómico que le había otorgado alguna vez su padre, Jorge también,fallecido tempranamente y dejando en la viudez a Elizabeth Shelley, nacida
  20. 20. en San Fernando de Trinidad y educada en Nottinghamshire College, antes 20de ser ofrendada en bodas desiguales a ese comerciante de Angostura.Porque desiguales eran, por muy fina que fuera su familia y muchasmorocotas que llevara en la faltriquera. La tía Teotiste también me contó cómo los londinenses escribieron sobre las ruinas, mirando los letreros hacia el ominoso cielo por donde llegaban los bombarderos alemanes, la frase repetida de PODEMOS SOPORTARLO.Hablaba poco Teotiste de su juventud. De sus ilusiones. De la férrea manode su madre. Era una mujer callada y decente, que leía mucho y trataba depasar desapercibida en todas partes. Ayudaba en la cocina y sabía prepararpasteles de hojaldre rellenos de crema pastelera. Aún esos pasteles merecuerdan la infancia. A veces, me mostraba grises fotografías de la campiñainglesa y de Londres. Vestía un lutoprolongado y nunca supe por quién, ni lopregunté. Porque Teotiste, a fuerza dequerer desaparecer, apenas si tenía vida,apenas si era una sombra tibia. Y fueuna mujer hermosa. Las fotografías
  21. 21. hablan por ella. Un papel con un dibujo habla por ella. Tampoco me preocupó 21por qué no se casó. Por qué tampoco se casó su hermana Ana Isabel,sobreviviente de todos aquellos episodios de la guerra. Por qué su hermanaAna Teresa se hizo amante de un hombre casado, para vergüenza de lafamilia, dijo mi padre, quien nunca más le habló. O para seguir la tradición,dijo mi madre, con mucho veneno en el breve comentario. Y de ese hombretuvo a mis primas, Alba y Rosaura. Ni supe nunca por qué el otro varón de lafamilia, Ernesto, desapareció tan rotundamente, dejando una mujer y doshijos varones que quedaron al cuidado de las tías Ana Isabel y Ana Teresa. Ycrecieron y se hicieron hombres. Aunque yo no los recuerdo, ni sé dóndeestán, son mis primos, descendientes como yo de la sangre terrible, sublimey maldita, del Lord.Un día, Teotiste murió, sencillamente, como había vivido. Y yo estaba en elinternado en aquellos días y me fueron a buscar para acompañar el féretro alcementerio de Centurión, donde los Shelley y los Torres tenían sus bóvedas.Porque por uno y otro lado se podían usar. Digo, entonces. Mi padre estáenterrado con sus antepasados. Mi madre, en una fosa para pobres delcementerio nuevo. Jamás he visitado sus tumbas, ni lo haré.
  22. 22. Nombres, historias, tumbas 22Recuerdo de mi infancia una madrugada extravagante de Enero, ligeramentemás allá del filo de la noche. Multitudes bajaban de los cerros, ondulandobanderas. Mi madre nos cargó a mi hermana y a mí y nos sacó a la puerta dela casa, para que viéramos el espectáculo. Sé que días antes se había estadohablando en voz baja, pegándose a la radio a cada instante. Sé que lasnoches eran solitarias y tensas. Y que, a veces, pequeños puntos doradosdescendías de invisibles aviones. Y luego, aquellas multitudes embanderadashablaban de un cambio en alguna parte. ¡Qué sabíamos nosotras, mihermana y yo, niñitas empijamadas, de tiranías y vacas sagradas! Mi tíoJuan, que se ocultaba en casa porque estaba perseguido por la SeguridadNacional, que era la policía política del gobierno y tenía fama de ser cruel ysanguinaria, como toda policía política que se respete, uno supone, nosprometió que jamás volveríamos a vivir una dictadura: que desde esemomento en adelante, viviríamos en libertad. Sus ojos estaban húmedoscuando hizo esa promesa. Tenía ojos hermosos, como los de mi madre,ahora que lo pienso. Creo que nosotras no sabíamos qué era la libertad. Sumujer le hizo prometer a él, según confesión de parte muchos años después,que dejaría las tareas políticas y se dedicaría a criar su familia y trabajar parasu prosperidad y salud. Mi tío Juan se alejó de la política. Pero a veces,
  23. 23. cuando, años atrás, hablaba conmigo, dejaba entrever una intensa y 23soñadora nostalgia. En verdad, no sé para qué. Porque mucho de eso en loque creímos resultó a la larga un fraude.Mi padre era un hombre alto, erguido, que se movía y hablaba como uncaballero inglés. Había establecido un modesto comercio de víveres, pero porlo visto lo administraba bien, pues invertía el excedente en la adquisición decasas. Cuando le propuso matrimonio a mi madre, ella consideró esas cosascomo prioritarias, según confesara. Era ella en ese entonces una mujer decasi treinta años, quedada, según el dicho y los criterios de la sociedad, y congrandes deseos de perpetuarse en hijos habidos legítimamente. Y él, unhombre de cincuenta y dos años, serio, de buenas costumbres y con ciertaprosperidad, de la que no alardeaba. Por otra parte, y ése fue un secreto quedespués me reveló, mi madre se había casado en unas primeras nupcias, alos diecisiete, con un señor llamado Santiago Saavedra, de quien nunca tuvoimagen que mostrar y del que eludía hablar específicamente. Se habíadivorciado de él, cosa inusual en aquellos días, porque no soportó más lo queella llamaba su mala conducta. Ese enorme secreto, para su mente y sucorazón, era un peso, una mancha, algo que le permitió considerar aceptarsin reparos y hasta dar facilidades para cumplir la propuesta matrimonial deun señor al que respetaba mucho pero del que no estaba enamorada.
  24. 24. Después del divorcio, había entrado al taller de costura de Genoveva 24Badaracco, dama que cosía a las del gobierno de turno desde tiempos deLópez Contreras. Allí, no sólo aprendió el arte de la alta costura, sino querecibió las influencias, tanto de la maitresse du coiture, cuya sobrina casaríadespués con mi tío Juan, como de Carmen Sarabia, mi madrina. Era ella unamujer soltera a la que le gustaban los viajes y los libros. Decían, muytenuemente, que en su tierna juventud había tenido una hija natural, quehabía muerto de difteria. Con mi madrina Carmen, mi madre viajó por todo elpaís en cada ocasión que se le presentó. Y, cuando yo nací, le alquiló unahabitación de su casa y mi madrina entonces me leía los cuentos de losHermanos Grimm desde unos libros hermosos y enormes que habíacomprado para mí. Ignoro cómo mi madre conoció a mi otra madrina,Mercedes Pérez, pero sé que de ella recibí las dosis adecuadas de amor y deatención que las otras mujeres parecían incapaces de ofrecermesencillamente.Decía que mi padre tuvo un negocio medianamente próspero, que fuedevastado por la administración del Dictador. En un momento de su vida, leexpropiaron el negocio para construir en esos sitios los superbloques,edificios multifamiliares que así llamaban, y que constituyeron con el tiempoverdaderas colmenas de cultura distinta, y le pagaron con bonos del
  25. 25. gobierno, papeles inútiles entonces y ahora, lanzándolo a la calle 25literalmente. Mi madre había dejado de trabajar con Genoveva, que, por lodemás, ya no tenía el taller de costura, y buscó quehacer en una fábrica, adestajo y en el hogar, para no descuidarnos a nosotras, las niñitas. Y mihermana se enfermó de gravedad durante varios meses, así que las reservasse acabaron. Mi padre no encontraba empleo, ni había condiciones pararecomenzar un negocio. Recuerdo que un día salió con un corte de casimir,tratando de venderlo, inútilmente. Veo a mi padre, tan orgulloso, caminandobajo el sol, sudando, sometido a humillaciones (pero quizá no lo recuerdo,sino solamente repito el recuerdo que mi madre me dejó). Y el alquiler de lasdos casitas que poseía no era una entrada regular, y ni siquiera entrada,porque en una vivía mi tío Juan, quien aún estaba desempleado. Así que lamejor decisión que tomaron en familia, a su buen entender, fue emigrar, salirde la capital de la Capitanía General, dejar sus amigos y amigas atrás, en unviaje larguísimo, e instalarse en la gran casa vacía de la abuela ElizabethShelley, en Angostura, casa que le había construido con amor mi abueloJorge y que ella desdeñara para irse a vivir y morir en Londres, con las hijasde su viudez. Dos de mis tíos maternos habían sido predecesores de esamudanza: mi tío Tirso, quien se internó en la selva con unos cuantosaventureros de la Sicilia, trazas de guerra, buscando el oro y el diamante. Ymi tío Manuel, quien se asentó urbanamente aprovechando sus
  26. 26. conocimientos de cosas tan avanzadas como la Contabilidad, la Mecanografía 26y el control de archivos mediante Kardex. Tenía, además, una bellísima letray una forma de ser generosa, solidaria, un poco burlona, tierna y gentil.Recuerdo de ese viaje el paso de un río enorme y serpental. Recuerdo lascalles de tierra roja. Recuerdo los charcos que se formaban con la lluvia.Recuerdo la lobreguez de la gran casa y la tormenta que nos recibió aquel díade Febrero en que llegamos. Recuerdo la risa tibia y el abrazo protector de mitío Manuel, que trabajaba en los Ferrys de Angostura y me enseñó a notemerle a las tormentas. Casi no recuerdo, en cambio, cómo era entonces mitío Tirso, tal vez porque no estaba, sino que se encontraba en una de esascorrerías mineras que fueron parte tan íntima de él. Y en ese momentocomenzó para todos otra vida. Quiero decir: para mí, comenzó la vida real yverdadera, porque aquéllas eran (lo sentí desde el primer momento) mi casay mi ciudad.Guardo de esos días una postal. Con una letra segura y desigual, mi madre leescribió a mi madrina Mercedes: Llegamos bien. Y la fecha de Febrero de1959. Lo escueto del mensaje habla del dolor de su corazón, tratándose deuna señora tan locuaz. La postal, en blanco y negro, representa el episodiode la pesca de la zapoara y el bocachico: hechos absolutamente épicos yrituales. Después, sabríamos que la pesca se realizaba en Julio y en Agosto.
  27. 27. Pero lo que importaba en ese momento era dar a los otros la seguridad de 27que habíamos llegado a un puerto y que, desconocido aún, este puertoparecía ser un sitio seguro. Creo que, como muchos exiliados, mi padre y mimadre creían que su estancia iba a ser temporal. Otros exiliados,simplemente queman sus naves. Creo que mi madre nunca pensó realmenteque yo me sentía más la nieta de Elizabeth Shelley que la de Julia Cedeño, supropia madre. Veo el retrato de la abuela Shelley y puedo descifrar los rasgosde mi sobrina Jessica. Pero todo eso vendrá mucho después. He vivido una vida plena He transitado por todas y cada una de las carreteras y más, mucho más que eso hice, pero lo hice a mi manera.Quizá alguno se pregunte por qué razón estoy yo aquí. No lo sé. Losacontecimientos históricos: esa guerra, que al principio fue de bajaintensidad, para irse convirtiendo en un conflicto civil más violento aúnporque era impredecible, contribuyeron a que se rompieran los nexosminerales que me unían al mundo, tal y como lo conocí durante más demedio siglo.Cierta mañana, desperté con unos fuertes temblores que duraron días enespantarse de mi cuerpo. Corrientes eléctricas recorrían mi interior y me
  28. 28. producían convulsiones, vómito y diarrea. Mi pensamiento se trasladaba de 28extraños lugares a los sitios seguros y confiables, sin lapsos que indicarancómo, ni cuándo. Los médicos estaban desconcertados. Propusieronexámenes y tratamientos disímiles, que quise cumplir religiosamente.Finalmente, dijeron tres palabras: pánico y stress postraumático. Una noche,según recuerdo, morí. Llevaba días en medio de la crisis. Dormí brevementehasta la madrugada y me desperté totalmente débil. Sola, en eldepartamento que ocupaba, acunada en la que era mi hermosa hamaca rojatejida a mano por alguna persona de la nación wayuü. No había ingerido másque té y sopa durante esos tres días y en la oscuridad, mis miembros seveían resplandecientes, quizá por la blancura reflejada de la estructura ósea.Llamé al número de emergencia de mi celular. Poco tiempo después, unaambulancia destartalada me trasladó a algún sitio. Mi razón vacilaba. Depronto, caí en una duermevela. Sentí que algo intangible se desprendía demí, de esos restos físicos que ya no daban para mucho más (pensaba yo) Ysupe que era la muerte. Primero, fue como si me hubiera convertido en unaburbuja o en un grupo de burbujas muy pequeñas, suspendidas sobre mí unrato prodigioso, inconmensurable. Luego, esas burbujas comenzaron adesplazarse a una velocidad inconcebible y en dos planos: en uno de ellos,veía los flashbacks de mi vida: acontecimientos que no recordabaconscientemente y que aparecían como en una vieja y maltratada película:en off, una voz me explicaba que la película estaba arañada por el muchouso que se le había dado. La voz me explicaba otras cosas, otros eventos
  29. 29. que aparecían en el film. En otro nivel, las burbujas que yo era en ese 29momento corrían por un túnel absolutamente oscuro, donde se entreveíaniluminados al azar por luces rojas, puentes caídos, fulgor de montañasdesprendiéndose, hombres y mujeres matándose, desiertos, agua hirviente.Mi consciencia estaba intacta, lúcida, y comencé a decir el SALMO 23: ElSeñor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de delicados pastos me harádescansar. Junto a fuentes de agua fresca me pastoreará. Confortará mialma. Me guiará por sendas de Justicia por amor de su nombre (en mi cuerpomortal, el llanto comenzó a salir suavemente de mis ojos) Aunque atraviesevalle de sombras de muerte, no temeré mal alguno, porque Él estaráconmigo: su vara y su cayado me infundirán aliento… Y en ese momento,justo en ese momento, otra voz, la de un hombre, tranquila y apaciguadora,se unió a la mía: Aunque atravieses valles de sombras y muerte, notemerás mal alguno, porque Yo estaré contigo: mi vara y mi cayado teinfundirán aliento… Y las burbujas seguían atravesando los niveles deltúnel, simultáneamente en uno y otro, sólo que a lo lejos se veía una salidaluminosa: nubes bordeadas del oro del sol sobre un cielo terriblemente azul.Pero a lo lejos. Y otra voz comenzó a contar: Uno… No temerás, decía miconsolador. Y el viaje era largo y abrumador. Mi cuerpo ya estaba lejos lejoslejos lejos. Se iba hundiendo mi cuerpo, lo sentía, en un sueño profundo. Y lavoz dijo: Dos… No temerás No temerás No temerás No temerás Notemerás, seguía insistiendo el consolador, porque yo ya no decía nada y sóloesperaba el anhelado final. Sin tiempo. Sin espacio. Mi vida como una
  30. 30. película mal editada y demasiado revisada en malos proyectores. La vida del 30mundo, tienebrosa, afiebrada, llena de siluetas y luces rojizas. ¿Para quéinsistir? No temerás No temerás No temerás No temerás No temerás Una luz violenta me despertó, cegándome, como quizá me cegó la luz el día en que salí del vientre de mi madre. Nadie pronunció Tres. Todo lo demás desapareció y gente vestida de verde y de azul me rodeaba sobre una camilla de hospital: No. Hay demasiada vida en este cuerpo, escuché decir al médico encubierto por mascarillas. Y entonces, comencé a llorar.Un mes, casi dos meses después, mi casa fue ametrallada a mansalva portres muchachitos ignorantes. Fue un acto absurdo. Pues ¿qué había hechoyo más que escribir con una constancia irrevocable, lo que veía en mientorno y más allá?¿qué había hecho yo más que cumplir el oficio que habíaescogido desde mi juventud? Ser periodista no es sólo redactar las notasmás escuetas sobre los acontecimientos cotidianos: es comprometerse conla noción de que toda historia se escribirá a partir de los textos que unoconstruye y que dicen, indispensablemente, no sólo lo que es, sino lo queserá y lo que fue. Y si la vida va en ello, vale. Pues va. Aquel día, cuando mipuerta fue violentada por una ráfaga de disparos y yo me eché al suelo,sintiendo cómo caían sobre mi cuerpo los trozos de pared, de madera, los
  31. 31. escombros de una casa que había querido hacer para pasar el resto de mis 31días, y sabiendo que no era mi vida lo que buscaban, fue el comienzo de undesprendimiento de los hilos de mi existencia como era antes. Llamé, en unacto reflejo extraño, a un sacerdote católico amigo, Pablo, quien vivía en lacapital. Cinco horas alejado de mí. Sin embargo, este sacerdote llamó alarzobispado y media hora después, un carro estaba ante mi edificio y gentede la Iglesia me auxilió, médicos de la Iglesia me atendieron. Como en elmedioevo, fui llevada a recinto sagrado. Desde allí se establecieron loscontactos para que no prosiguieran las agresiones en mi contra. Los detallesson cosa del pasado y no me interesa registrarlos. Baste saber que undocumento comprueba la responsabilidad del gobierno de aquella región,firmado por el gobernador de aquella región. No guardo rencores. No haynada personal en todo esto, la guerra no es personal. Y era, es ¿era? elinicio de una guerra.Y yo sé que no se trató solamente de eso. Cuando los voceros del gobiernocomenzaron a transformar sus discursos, hablando de comunismo osocialismo y a enfrentar a la gente por sus clases sociales o sus intereses,cuando comenzaron a constituirse los Círculos Bolivarianos, preparados parael enfrentamiento y la batalla, mi instinto, mi curiosidad, me llevaron a indagarmás y más en el origen, la estratificación, el financiamiento, de aquellosgrupos fanatizados que firmaban, casi con sangre, un documento dondejuraban defender hasta con su vida, la vida del mandante. Era un maximun
  32. 32. de la locura. Los camisas parda de este régimen, pensé. Y pensaron otros 32también, puesto que los fueron domesticando, los fueron eliminando, enfunción de algo más ominoso: la presencia de G2 importados de Cuba, porejemplo. O la institucionalización de la violencia como respuesta a ¿qué? Elresto de la sociedad no estaba habituada a vivir de esa manera. No estabahabituada.Y después, poco a poco, fui ingresando en el campo de las más durasbatallas. No quería seguir más siendo insensible. Andar y andar. Y caminar.Sin resultado. Sin respuesta. Se hablaba entonces de la gran confrontación.Y aunque yo desaprobaba el hecho como tal, pensé un día en eso quellamaba después Enrique economía de vida. Creo que era mejor llamar a eseacto uno de legítima defensa. O de ecología de vida.
  33. 33. Nombres, historias, tumbas 33A mi madre le costó admitir las ventajas de la emigración. En Angostura, lacultura predominante era la de mi padre: allí estaban enterrados su padre,sus abuelos maternos y paternos, sus bisabuelos. Su apellido se reconocíaentre las familias más antiguas. Muchos recordaban cuándo habían traídoconsigo a la mujer trinitaria que fue mi abuela, y aunque lo mencionaban con Elizabeth Shelley (Angostura, Foto de Rojas, 1909)un cierto desdén, no podían obviar que en otra rama había un Loughlingirlandés que había peleado con Piar en la Guerra de Independencia. Lafotografía de Elizabeth Shelley presidía la sala interior. Todo en ella sugería
  34. 34. contención y buenos modales. Hasta su sonrisa, No podría decirse que era 34una mujer religiosa. Los libros que dejó en la casa sugerían lecturas diversasy profanas. Mucha poesía. Milton, Kipling, John Donne, las novelas de George Sand. Decían que tenía la tez morena clara y que no se llevaba bien con la sociedad angostureña. Tal vez por su natural hostilidad a todo trato social. Tal vez porque ella creía ser superior por nacimiento y prosapia. Tal vez por sus repetidas maternidades y su viudez temprana. Tal vez porque la sociedad angostureña rechazaba su tez mestiza y su nacimiento en Trinidad, aunque eracostumbre que allá completaran sus estudios los jóvenes de claseacomodada. Tal vez por el desarrollo eventual de una mutua antipatía, de unmutuo recelo. Tal vez porque prefería traer su lencería de Inglaterra. Muchostal vez. En la foto de Rojitas, especie de Vasco Szinetar de la época,dedicado al retrato de damas de alto linaje que pagaran sus honorarios,aunque no descartaba la fotografía de circunstancias históricas, ella asume lapose de una señora del siglo XVII o quizá del XVIII. La veo hoy día y losrasgos de mi sobrina Jessica salen al paso: es decir, los ojos y la mirada demi sobrina Jessica, oscuros como los de ella, y no claros como los de lamayoría de los descendientes de Elizabeth Shelley, los de mi padre, por
  35. 35. ejemplo, o los de mi hijo Alejandro. La nariz sí es la misma: posiblemente la 35nariz de George Shelley, que se trasladó inalterable de generación engeneración (releo lo escrito y me parece ver en la sonrisa de mi abuela ciertogesto enigmático que ella hubiera podido tener, o que el pintor retrotrajo desus seguramente bocetos de ejercicio sobre la obra de Da Vinci) GeorgeShelley, el padre de Elizabeth, la habrá heredado de su padre, undesconocido. Porque su madre, Allegra, tenía el aspecto de una italianita delsur en el escueto portarretrato que estaba sobre la cónsola. No hay fotostampoco de Vigna Vidharsstanau, quien naciera en Bombay, en 1856 ymuriera en San Fernando, en 1890. Piedra de escándalo fue su boda conaquel Coronel del Ejército Imperial, quien la amó hasta el punto de sacrificarla brillantez de una carrera impecable y aceptar ser trasladado como Jefe deAduanas a las islas de Trinidad y Tobago, para ocultar lo que se considerabauna deslealtad al Imperio y el apellido que lo nutría, aunque fuera por larama bastarda. Sin embargo, aún se conservan las fotos de la Reina Victoriay del Rey Jorge que él guardaba con lealtad y respeto.El hermano de Elizabeth Shelley falleció en los campos de batalla de laPrimera Guerra, sin dejar descendencia. Si el poeta de Missolonghi pasó porsus vidas más allá del ADN y los genes para siempre, era cosa que no semencionaba ni en la mesa, ni en los salones familiares. El nacimiento de
  36. 36. Allegra era un tema sigiloso, pero no la relación con Mary Shelley, quien la 36crió como su hija y a quien se rendía el debido culto como novelista famosa.La madre de Allegra, Claire Clairmont, era aún más tema prohibido, porquehasta el mismo Lord la había llamado una pequeña puta. Toda aquella casade Angostura estaba llena de recuerdos y cartas y fotos y espectrosimposibles de ver, pues vivían allá, en las Europas, y libros y secreteres yocultos espacios en los muros y los estantes y papeles más ocultos aún queuna niña curiosa como yo lo era no podía dejar de ir descubriendo. Fue unaaventura vivir en esa casa, erguida en lo más alto de la ciudad, desde cuyabalconadura se podía ver el río en todo su esplendor. Quizá sea un juego dela memoria, pero en mi habitación encontré cierta vez la primera edición deChilde Harold, olorosa a albahaca y a moho. Lo guardé años y años hastaque aprendí a leer correctamente el inglés, la lengua de mis ancestros. Yapara entonces sabía de los vicios, los escándalos, la heroicidad y elmartirologio de George Gordon.[Hice un diagrama para desentrañar la espesa red familiar donde losnombres se repiten y se entrelazan. Cuando mi padre murió, abrí su cajasecreta y allí estaban las actas de nacimiento y defunción, una Biblia del ReyJaime, con bordes dorados y tapas negras, donde alguien había anotadofechas de nacimiento, de matrimonios, de desapariciones. Y había cartas de
  37. 37. notarios de Nottighamshire, donde se reconocían una y otra vez las 37voluntades del Lord. Facturas de colegios, certificados de colegios,daguerrotipos, fotografías. Mi padre guardaba cuidadosamente su pasado. Yestaba su Diario también. Nunca pensé que mi padre llevara un Diario, y noquise leerlo (¿por miedo?¿por respeto?) sino que lo quemé en el patio deuna casa que, por disposición testamentaria, pasó a ser mía, hijaprimogénita, como la tradición de esa familia lo exigía. Y mi madre se sintióofendida por aquella decisión que, en verdad, no me importó demasiado ensu momento, pues yo ni siquiera vivía en este país que no sentía antes comomío: yo era una apátrida, una extranjera, una que llevaba encima dospasaportes y uno de ellos la llamaba súbdita de la Reina Isabel La Segunda.Y mi hermana se ofendió más aún, así que la separación que había entrenosotros se hizo más profunda, aunque juro que nunca tuve la intención dereclamar los derechos exclusivos sobre esa casa y sus contenidos,acumulados de generación en generación, hasta que mi tío Manuel me llamópara decirme que andaban malvendiendo los cristales y las porcelanas y lasplaterías de mi abuela. Y entonces, no, no lo iba a permitir. Porque en esostiempos yo coleccionaba cristales, objetos que amaba por encima de todaslas cosas y acerca de los cuales me había hecho experta, como en otrascosas innecesarias, y decidí hacer un inventario, enseriar las cosas, ydescubrí cómo mi hermana estaba forjando los documentos para vender lacasa, esa casa donde aún vivían mis tíos, ya ancianos y acostumbrados a labelleza de los patios interiores y los jardines, y amados muy amados por mí.
  38. 38. Y me pareció un acto profundamente criminal que mi hermana atentara 38contra la memoria familiar de los Shelley, contra la casa que nos habíaacogido cuando recalamos después de las tormentas, contra todo eso que enlos angostureños de verdad es tan importante: la tradición, el linaje, lasfotografías, la certeza de que cuatro, cinco, seis generaciones reposan en elcementerio de Centurión. Y más criminal aún, que atentara contra la vejez yel tiempo final de nuestros tíos. Así que actué legalmente contra ella y contrami madre, que estaba ya anciana y quizá se dejó llevar por mi hermana, esahija amada de su corazón más que la vida. Y por eso mi hermana se ocultó,porque mordió el fruto prohibido y le dio una parte a mi madre. Y por eso mimadre fue aislada del mundo al que había pertenecido. Y yo, simplementeme fui, como tantas otras veces. Y luego, mi madre murió de desamparo, desoledad, de tristeza. Pobre Cira María, desarraigada de sus jardines. PobreCira María, desarraigada de sus recuerdos, de sus amistades, sin nadie quesaliera a dar la cara por ella. Pobre Cira María: cuánto me costó perdonarte,mamá. Inclusive cuando te vi, tan pequeña y tan agonizante, diciéndomeperdóname perdóname perdóname. Y te dije sí, pero era mentira. Me costóperdonarte. Y aún me cuesta cumplir tu voluntad final de que buscara a mihermana y viviera cerca de ella para protegerla de sí misma. De eso hacedemasiado tiempo, Cira María, y quizá esa hija que amaste tanto murió, o nomurió. Hasta hace unos años, pude ver a sus hijos de cuando en cuando.Pero ni aún así me sentí aliviada de la culpa. Y lo cierto es que tampocopuedo dejar la casa de los Shelley a una sucesión numerosa, y, cumpliendo
  39. 39. el designio y la herencia de mi padre, ya escribí en los papeles que la casa 39pasará a mi primogénito y mi primogénito la entregará a su primogénita yella, quién sabe a quién, porque las cosas están cambiando]Incluiré el diagrama que hice. No es propiamente un árbol genealógico, sinouna especie de relación genésica de los padres y los hijos y las esposas y losbastardos.
  40. 40. JORGE ANTONIO 40 n. Macuto, 1901 m. Angostura, 1985Hijo de: Jorge Antonio, nacido en Angostura, en 1852, y muerto en 1912, enAngostura, a los 48 años, quien casó con Elizabeth F. Shelley, nacida en 1882, enSan Fernando, Isla de Trinidad, y muerta en Londres, en 1943.Jorge Antonio, a su vez, fue hijo de Jorge Andrés, nacido en 1837, en Carúpano, ymuerto en 1908, en Angostura, y de María Teresa Torres, nacida en 1860, enAngostura, y fallecida en la misma ciudad, en 1900.Elizabeth, su esposa, fue hija de George Shelley, quien nació en 1844, en Londres, yfalleció en 1914, en San Fernando. Y de su esposa, Vigna Vidanarathauvi, nacidaen 1856, en Bombay y muerta en 1890, en San Fernando. Elizabeth tuvo un hermano,George, quien nació en San Fernando y murió en algún lugar de Europa, en 1914.George Shelley era hijo natural de Allegra Shelley, hija adoptiva de Mary Shelley.Allegra nació en Ginebra, en 1817 y murió en Londres, en 1845. De los padres deVigna, no hay rastros.Por su parte, Jorge Andrés fue hijo de Andrés, quien nació en Angostura, en 1820 ymurió en Angostura, en 1852. Su esposa fue Maeve Loughling, quien naciera en1832, en algún sitio de Irlanda, y muriera en 1900, en Angostura.Y Andrés fue hijo de Avelino, nacido en 1800, en Carúpano y fallecido en 1845 (nose precisa el lugar de su muerte) y de Isabella, de quien no se tienen mayores datos.De Maeve, en cambio, se sabe que fue hija de Bernard, nacido en 1805 y fallecidoen 1852, en Angostura. Bernard fue oficial del ejército de Piar y luego sirvió a
  41. 41. Bolívar. Y de Mary, nacida en 1820 y fallecida en 1853. Ambos nacieron en Cork, 41Irlanda y fallecieron ambos en Angostura.Allegra, por su parte, fue hija natural de George Gordon, nacido en Londres en 1788y fallecido en Missolonghi, Grecia, en 1824, hijo de John y Catherina. La madre deAllegra nunca se casó con George y su nombre era Claire Clairmont, tal vez nacidaen 1797 y fallecida en 1819. A su muerte, su medio hermana, Mary Shelley, se hizocargo de la niña. Los orígenes de George Gordon se remontan a Guillermo ElConquistador. Dicen que fue el séptimo Lord Byron y que su vida signada por lalocura y el idealismo.
  42. 42. 42 CIRA MARÍA n. Chacao, 1915 m. Angostura, 1989Hija de Rafael, quien nació en Caracas, en 1880 y falleció en Caracas, en 1947. Y de Julia,quien nació en Chacao, en 1885 y murió en Caracas, en 1950.Rafael fue hijo de Victorino, quien nació en La Victoria, en 1850 y falleció en Caracas, en1920. Su rastro se pierde allí. Su esposa fue Victoria Josefina, nacida en 1860, en Caracas yfallecida en la misma ciudad, en 1952.Julia, por su parte, fue hija de Felícitas Hidalgo, quien nació en Chacao, en 1862 y murió enCaracas, en 1897. Y su padre fue Eduviges Cedeño, quien nació en Barinas en 1840 y murióquizá en 1907, sin que existan pruebas de la fecha y el lugar de su muerte. Tampoco existendatos de su familia. Dicen que Eduviges Cedeño fue fundador de los Liberales Amarillos yque luchó con las montoneras de Monagas, un tiempo, cuando era casi un niño, y allí sefogueó para pelear con las tropas de Zamora primero, y de Falcón, Luego. Dicen que,decepcionado por la corrupción que se generó después de la Guerra Larga, se hizo opositor detodo poder. Ypeleó hasta ¿Podía esperarse algo más de mí, o de mi hermana?quién sabe si Locos e idealistas, fanáticos y putas, conforman esta redmorir. familiar. Las hermanas de mi abuelo Rafael se hicieron monjas para evitar la maldición, quizá. Nunca hablaron de sus antepasados. Yo sí hablo. Porque me hablaron díaFelícitas, por tras día. Mi madre… Quizá ella buscaba justificaciones. Osu parte, fue redención. Pobre vieja, muerta de hambre y desamparo a causa de los terribles errores de mi hermana. Puta y loca,hija de también. Quiso apoderarse de la herencia de mi padre yManuel todo resultó en una especie de drama, o deHidalgo, tragicomedia… Soy dura. Mi madre murió protegiéndola. Yo, estaba, como muchas veces, bien lejos.nacido en
  43. 43. Chacao, en 1815, y fallecido en Caracas, en 1910, y de Asunción, nacida en 1813 y muerta 43en 1899, en Chacao.Manuel Hidalgo fue hijo de Ana Julia Sanz y de un esclavo manumiso della, que había sidoantes de su primer esposo, de apellido Hidalgo, de quien enviudó, y lo había conservado.Dicen que tal unión fue en su momento un escándalo. Que por eso sus hijos eran de tezoscura pero rasgos finos, porque a ella la trajo el marido, un viejo español, de Barcelona deEspaña, cuando no tenía ni trece años. Y sería tan, pero tan viejo, que usó al esclavo comosemental, lo que no era raro en tiempos de escasez. Y, después de todo, Abraham, ElAmiguito de Dios, hizo la misma vaina con su esclava Agar, provocando todo esto de guerrasy contraguerras que es hoy la Tierra Prometida.
  44. 44. [¿Quién no me enseñó en Angostura del Orinoco a darle prestigio y valor a 44esos elementos, a esas circunstancias de la vida? Estoy consciente de queen esa ciudad vivimos en el pasado. Estoy consciente, cada vez más, de queesa vida en el pasado nos llevará a ser barridos por el olvido. Pero no puedo,ni quiero, deshacerme de ese destino, de esa enseñanza.Tal vez por eso estoy aquí. Porque estoy loca]Me fastidia horriblemente no saber si estoy escribiendo mi autobiografía,como es mi deseo, o no. Decidí pararme para leer algunos libros: BettinaPacheco, Rosa Chacel o Silvia Morhillo, por ejemplo. Rosa Chacel,especialmente, por la sensualidad de su relato, por sacar a la superficiehasta lo más oculto. Creo, con Bettina, que la autobiografía es un géneropropicio para ejercitar la literatura. Y que es un acto femenino: aceptemostodo eso. La mujer parece ser menos pudorosa que el hombre en contar sushistorias. Parece tener más vocación para la evocación.Quizá es menos histórica, en el sentido científico de la palabra. So what?Herrera Luque se propuso jugar a la historia novelada y nadie lo penalizó porello. No me lo imagino sino como un burlón. Psiquiatra burlón. Tal vez él mehubiera caído bien. No me gustan los psiquiatras. Son una especieprofesional detestable, que vive del discurso fronterizo de sus pacientes, perono lo respeta. De hecho, odio a los psiquiatras. Son soberbios,
  45. 45. aprovechadores y entrometidos. Hay que recordar al doctor Gachet. Y creo 45que hubo un tal Jorge Rodríguez que enloqueció paulatinamente frente a lascámaras de televisión, en el tiempo en que ocupó puestos públicos de muchademanda comunicacional. Pobre tipo. Tanto stress…Estoy segura de que investigarán cuasi policialmente cuáles libros mandé apedir. Los psiquiatras, las enfermeras: todo el personal de esta penitenciaría.Alguna vez leí, creo, que los médicos se especializan en aquello a lo quetemen. Si yo hubiera sido médico, me hubiera especializado en MedicinaInterna: ¿a qué temería entonces? La verdad es que me gusta indagar cómofuncionan las cosas: los cuerpos humanos, las máquinas. Quizá por eso…No importa. No fui médico. Nunca quise serlo, porque de haberlo querido, lohubiera sido.(Generalicé: hay psiquiatras considerados y respetuosos, como Yolirma, porejemplo. O Enrica, que es alumna de Yolirma. Pero son como lasexcepciones que justifican la regla. Conocí a otro psiquiatra distinto. Perodespués, no sé qué le pasó. Cayó en aquellas batallas políticas y setransformó en un)Me gustan las arenas blancas]
  46. 46. Nombres, historias, tumbas 46Sin embargo, hubo elementos que convencieron a esta mujer, amante de lahistoria y de la estirpe y de la riqueza de que Angostura era el sitio ideal pararealizar sus ambiciones más secretas. Lo primero que hizo fue inscribirnos enel mejor Colegio, para que recibiéramos una buena educación. Era un Colegiode Monjas Franciscanas dedicadas a la enseñanza, dentro de la estructuramás medieval posible: para ellas, lo importante eran el Trivium y elCuadrivium, así que a las asignaturas determinadas por los programas deaquel tiempo, digo, de los años sesenta, unieron estudios obligatorios deLatín, Historia Bíblica, Lógica y Música. Además, ponían un especial empeñoen la belleza de la letra y la presentación de los cuadernos, y en el desarrollode la oratoria y las destrezas de expresión escrita, para lo cual teníamosejercicios muy frecuentes en la semana. Eso, sin contar la absoluta y brutaldisciplina que imponían para mantenernos rígidas y biemportadas dentro denuestros uniformes de piqué blanco, con dos tablones, mangas largas ypequeños botones grises en las mangas y en toda la espalda, pues poralguna razón, consideraban los zippers como algo inmoral, propio de mujeresmalas. Si mi abuela Elizabeth tocó en sus días el clavicordio, instrumento queera más adorno que otra cosa en la casa, las monjas me indujeron aaprender a tocar el piano, meta que no logré jamás, que me negué a lograr,
  47. 47. a causa de los feroces métodos didácticos de la Madre Serafina, una monja 47pequeña y de ojos verdes que parecía un gato viejo y malhumorado que nosgolpeaba con una pequeña regla de marfil y madera en los nudillos cada vezque errábamos una nota y maltocábamos una tecla, o intentábamos jugarpara desviarnos de sus rectilíneas lecciones. Curiosamente, aprendí a amar lamúsica, más por la influencia de mis tíos Tirso y Manuel que por la posibleinducción de la Madre Serafina. Más curiosamente, aprendí a descifrar lacomposición y la estructura de las músicas. Pero jamás pude tocar uninstrumento musical. Recuerdo que Nancy, una amiga de mi madre, trató deenseñarme a rasguear el cuatro, esa guitarrilla tan propia de estas tierras, ymi madre hasta accedió a comprarme uno, con el que estaba avanzando a miritmo y libremente. Mas un día, mi hermana y una su amiga, llamada CarmenRita, española recién llegada de las Europas, empezaron a molestarmemientras practicaba, burlándose de mi torpeza, lo que provocó mi cólera yque las atacara furiosamente, cuatro en ristre, golpeándolas hasta que mimadre nos separó. Mis arranques de cólera eran famosos en la familia y sehacían cada vez más frecuentes. Mi madre consultó con mi madrina CarmenSarabia sobre el asunto, en mi presencia, como si mi presencia fuera unamera circunstancia obliterable, y mi madrina concedió que lo mejor erainternarme en el Colegio de las Monjas, para que allí dominaran mi tendenciaa la rebeldía, la indisciplina y la ira. Si lloré, no fue por abandonar la casa,
  48. 48. sino porque pensaba que era una injusticia lo que estaban cometiendo 48conmigo. No importaba lo buena estudiante que fuera. No importaba quehiciera hermosos dibujos y leyera en mis ratos de ocio en vez de emprenderlacontra las pobres lagartijas del patio a pedradas, como hacía mi hermana(¿por qué jamás la nombro?) No importaba mi devoción en las misas. Misituación fue definida y decidida: yo tenía nueve años e iba a cursar el quintogrado, así que el 15 de Septiembre de 1960, me llevaron al Colegio con mimaletica de ropa básica y mis uniformes, para compartir el dormitorio conunas quince muchachitas más y con el permiso explícito de ir a mi casa losfines de semana y las vacaciones escolares señaladas en el Calendario. Allípermanecí, bajo esos términos, hasta el 31 de Julio de 1962, cuando, congrandes honores, me dieron el Certificado de Sexto Grado, reconociendo enpúblico mi Pulcritud, mi Disciplina, mi Fe, mi Aplicación y mi Buena Conducta.Banda azul sobre el pecho y una medalla ratificaban esos conceptos. Elpúblico aplaudió. Mi madre aplaudió. Mi madrina Carmen aplaudió. Mi padreestuvo orgulloso, pero no aplaudió. Mi hermana aplaudió. Y yo volví a micasa, para decidir cuál sería mi destino en la Educación Secundaria, destinoque yo había decidido: es decir, no volver a prisión alguna, o a escuela monjilalguna, por lo cual expuse con claridad de argumentos, que deseaba estudiaruna carrera técnica que me permitiera trabajar rápidamente en el futuro yayudar si hiciera falta a la familia. Mi madre dudó profusamente, pero
  49. 49. consultadas: su amiga Elena Negrín, mi madrina Carmen Sarabia, y Cira su 49cuñada, esposa de mi tío Juan, personas a quienes ella otorgaba muchocriterio, y consultada asimismo una psiquiatra, la doctora Téllez, quien habíamonitoreado mis cóleras en el pasado, coincidieron en que yo ya era unapersona normal y encaminada socialmente y que bien podía estudiar en unaEscuela Secundaria Pública y Mixta la carrera de Bachillerato en Comercio, loque no me impediría ir a la Universidad después, pero me otorgaría la ventajade conocimientos absolutamente pragmáticos que, por otra parte, serían muybeneficiosos para controlar mi imaginación, que antes se había desbordadocon frecuencia. En el Colegio de las monjas aprendí, entre tantas otras cosas,el Arte del Disimulo.Y también aprehendí las capacidades para la burla, la ironía y la paradoja.Pero aún no lo sabía.Lo cierto es que, al entrar en la Escuela Pública, descubrí un mundo quehasta ese momento me estaba vedado: es decir, el viaje en bus, confundidacon los otros trabajadores y estudiante: la experiencia de compartir convarones: el acceso a una que me parecía enorme biblioteca, donde lasrestricciones eran mínimas: las posibilidades de ser agnóstica, y, por ende, laliberación de todas las obligaciones dominicales, que yo no asumí a ultranza,por adecuada conveniencia: la participación en actividades políticas, y todoun universo de costumbres y elementos que no hubiera descubierto nunca en
  50. 50. la vida si hubiera permanecido en las aulas severas del Colegio de La Divina 50Pastora.Medicaciones/MediacionesLa enfermera llega con una puntualidad absoluta. A las 5 de la tarde, se sirvela cena. A las 4 y 10 pasa ella, repartiendo vasitos con tratamientos ycomentarios no tanto amables como condescendientes. A mí me gustaríadarle más motivos para justificar su trabajo, que ella evidentementeconsidera justificado, aunque mal remunerado, porque todos sus pacientesde una u otra forma, dependen de ella y tienen seguramente más dinero queella en su escueta tarjeta bancaria. Me gustaría decirle, por ejemplo: -Esverdad. Siempre sospeché que había algo extraño en mí. Y cuando digosiempre me refiero a ese momento en que aprendí a leer, cuando aún nocumplía los tres años. Lo hice sólo uniendo los signos y las secuenciaslógicas de sonido. Sin maestros que me enseñaran, asombrando yasustando a mis padres.Mi habilidad siempre tuvo que ver con la música: el ritmo. La armonía. Lacomposición. La relación tiempo acelerado/desacelerado y, especialmente, lapercusión. Las ondas, el instante: la modulación. Bergson, pues. Es decir,
  51. 51. esos elementos que permiten la construcción y deconstrucción de uno y 51muchos lenguajes. Cuando aprendí a leer, me sumergí en los todo textoescrito que cayó en mis manos. Fue una actitud tan inusual que más de unavez escuché a mis padres y mis parientes cercanos susurrando sobreconducta tan anormal. Mi madre me miraba con lástima y temor. En aqueltiempo, desarrollé mi temperamento iracundo. Dormía muy poco. Lainsomnia me llevaba a percibir con claridad terrible los sonidos de la noche.Los descifraba y eran regulares: otro lenguaje, oculto tras la oscuridad y elsueño y el convencionalismo de las horas destinadas a dormir. Poco a poco,logré descifrar cualquier lengua romance, sólo haciendo inferencias porcomparación con mi lengua materna.Adicionalmente, mi salud era delicada: afectada de los bronquios ypulmones, no podía disfrutar de los placeres de otros niños: jugar con tierra,andar descalza, bañarme bajo las canales en la lluvia, trepar en los árboles,tener una mascota: cosas así. Mi condición de hija única agravaba todo elasunto. Oía voces, las oigo aún, que me decían (que me dicen): Todo sonido es el prodigio de una quimera: parar el tiempo. Voz de la mirada, oído hacia la manifestación del silencio, tacto del resplandor. Es un cántico corporal, una aproximación al espíritu de la sensualidad exquisita, una profunda lectura de las superficies.
  52. 52. Más allá del estatismo, del momento muerto en lo congelado por el 52 disparo fotográfico, late lo inquietante de toda revelación. Más allá de la obsesiva quietud, la inquietud de lo inmóvil, el cariz paradójico ese momento vivo propiciado por el objeto-sujeto en movimiento. œQué encuentro aquí? Geometría de la seducción. Contoneo de los flujos. Jardín de esplendor y ruina Y permanezco ante la maravilla de lo nuevo ideal, que es lo realmente maravilloso.[Mis padres me sobreprotegían hasta el absurdo. Cubrían con severascortinas las ventanas para prevenir las corrientes de aire y lo que ellosllamaban la frialdad de la luz lunar. En un clima menos cálido, tal cosahubiera resultado incluso grata, pero no en aquella ciudad calurosa, inmersaen el aliento húmedo de un enorme río. Las sábanas eran cambiadasdiariamente: limpias, planchadas, claras, olían a albahaca. Me recostaba encinco almohadas especialmente hechas para mí. Así, dormía, prácticamenteencajada en un vientre de telas de algodón y percal. Dormía cuatro o cincohoras. Llevaba pijamas de algodón hechas a mano por mi madre. El resto del
  53. 53. tiempo leía, imaginaba o soñaba despierta. Planificaba mi vida. Cuando 53comencé a ir a la escuela, a los cinco, o seis, o quizá siete años, principié apercibir lo que era ser diferente y a fingir la semejanza, aprendizaje que mecostó años. Busqué explicaciones científicas, reales y lógicas a esasmanifestaciones fenoménicas que se manifestaban en mi cerebro. Captabainclusive los pensamientos de los otros. Las ondas sonoras de lospensamientos ajenos traspasaban mi frente, incursionaban en mi telencéfalo.Es decir, yo era un fenómeno sin poder evitarlo. Pronto entendí que si seproducía una vibración en un punto cualquiera de un medio elástico, ésta setransmitía a todos los puntos de éste. El universo entero es elástico, de talforma que las ondas mecánicas son perturbaciones que se transmiten yretransmiten de un límite dimensional a otro. Por ejemplo, cuando unapartícula se mueve desde un punto extremo hasta el otro y vuelve, pasandodos veces por la posición de equilibrio, decimos que ha hecho una oscilacióno vibración completa.
  54. 54. Nombres, historias, tumbas 54Mi tío Tirso era un hombre que guardaba muchos secretos. Pero jamáshablaba, ni del pasado, ni del futuro. Cuando murió, escribí en su obituario:Fue un hombre que disfrutó los frutos de su huerto, sin mirar lo quehabía en el cercado ajeno. Creo que no me equivoqué. Cuando éramosniñas, construyó para nosotras una casa de muñecas gigante, donde cupimoshasta los trece o catorce años y la ubicó en un bosquecillo formado bajo untamarindo y arbustales de cereza y limoneros. Allí jugamos y jugaronnuestros hijos después, aunque no dudo que juegos muy diferente. Una vezlo vi, sufriendo intensamente por una mujer y eso me hizo apreciarlo más.Era un ser humano, lleno de esa sensibilidad especial que permite dejar fluirsin pudores el sufrimiento. Luego, no habló nunca de eso. Siempre tuve laimpresión de que era un peligroso felino en reposo. Algunos comentarios deotros pudieron develarme, o no, esa impresión. Como hermano de mi madreque era, seguro la sangre de Eduviges Cedeño tocó la suya. Ya lo decía él:jamás contó historias, ni vivió nostalgias, y, por lo menos en voz alta,tampoco incubó ilusiones. Le gustaban los tangos de Gardel y muchosdomingos, iban sus amigos, el señor Ricardo, quien era carpintero, como él,pero también gente tan diversa como Sucre Figarella, al que llamaban elCzar, y un cura que colgó los hábitos, pero que era un excelente guitarrista, y
  55. 55. el Chino Sanoja, quien fue gobernador, y se sentaban bajo los árboles para 55escuchar aquellas discos de acetato minuciosamente cuidados, en un picocitode los que ahora sólo se ven en las casas de antigüedades. Los niños noteníamos acceso a las conversaciones de los adultos, pero la música nospenetraba el corazón y la entendíamos perfectamente. Mi tío Manuel asistía aveces a esas reuniones. Y, en la cocina, o en la salita previa a ésta, más deuna vez oí a mi madre decir que en su vida anterior seguro había sido unaprostituta de la Boca, porque bailaba muy bien el tango cerrero y la milonga ya veces se soñaba con unos trajes apretados de tafetán o de satén conlentejuelas, abiertos muy arriba en la pierna. Mi tío Tirso tuvo dos hijas: una,desapareció en alguna parte del universo. La otra, Ivette, formó familia y hasido relativamente feliz, supongo. Mi tío Manuel nunca se casó., pero amenudo llevaba un niño, Agustín, al que llamaba su ahijado y mi madresospechaba que en verdad era su hijo. Radicalmente distinto de mi tío enmuchas cosas, gustaba de la música clásica y de los buenos libros y de lasvisitas al Museo y de llevarnos a pasear los domingos por la orilla del Río.Tampoco hablaba mucho del pasado, o del futuro, pero también es que vivíalejos de la casa y la visitaba cada dos o tres o cuatro semanas. Era locamentegeneroso con su dinero y jamás negaba auxilio a quien se lo solicitara,aunque eso significara que sus bolsillos quedaran vacíos. Murió en Carnaval ya su entierro fuimos muy pocos. Yo amaba su espíritu lúdico, su fuerza ante
  56. 56. las vicisitudes y su solidaridad tan intensa. Me dolió la soledad de su funeral. 56Personalmente, escribí sobre el cemento fresco de su lápida, su nombrecompleto y las fechas de nacimiento y de muerte. Lo recuerdo poco, quizá,pero con un amor enorme. No recuerdo cuándo murieron mis otros tíos.Mantengo pocas relaciones con mi familia, en cualquier caso, una conexióntibia, porque ya los tiempos de conservar abiertas las puertas del linajepasaron, creo yo, para la mayor parte de la gente.En aquellos días, nadie hablaba de ingeniería genética, de inseminaciónartificial, de manipulación cromosómica, o de ADN. Mi madre había tenidoserios problemas para concebir. En cuatro años, había sufrido ocho abortosespontáneos (¿cómo no pensar, entonces, que sus médicos habían tocadoalguna fuente vital, que algo me había sido trasplantado para asegurarmeviabilidad en el útero rechazante: una hormona, algo?) Una de las herenciassecretas de la II Guerra Mundial habían sido los experimentos del doctorMengele (¿Ángel de la Muerte, Ángel de la Vida?) que fueron revividos eneste país por un médico alemán llamado Rudolf Heller, partero que ejercía enuna oscura clínica privada en aquella ciudad donde nací. Con instrumentos yretortas fabricadas artesanalmente comenzaron, él y un ayudante, delicadaspruebas. Mi madre (así lo demuestran los papeles del doctor Borges, que suviuda me facilitó años después) fue uno de los sujetos del experimento.
  57. 57. Tomaron varios de sus óvulos y los mezclaron con el esperma de mi padre, 57recogido en diferentes tiempos y sólo identificados con números-clave.Fertilizaron algunos de los óvulos, o quizá solamente el que me dio la vida. Esposible que de alguna manera manipularon la configuración genética, porimpericia, ya que no consta en ninguno de los objetivos de investigación.Luego, mi nacimiento fue excesivamente traumático, después de unembarazo signado por la inmovilidad, asumida neuróticamente por mi madreque, a los 37 años, sabía perfectamente que ésa podía ser su últimaoportunidad. Así nací. Primero, implantada en el útero de una mujerdesesperada (pero quizá, no) Después de un embarazo signado por lainmovilidad, fui arrancada del vientre protector por las pinzas de unosmédicos que ansiaban ver el producto de sus experimentos. Prueba de elloquizá fue mi nacimiento en la que era considerada la más moderna de lasclínicas de la época. Mi madre pasó por el tormento de 96 horas de trabajode parto durante el cual mi sufrimiento es absolutamente indecible. Lanzadaa un mundo lleno de estridencias, algo fue tocado en mis neuronas, algo sedespertó, algo me protegió de los ruidos sin sentido que son usuales paratodo el mundo, dándome la capacidad de ordenar lógicamente signos,sonidos y tonalidades. A los doce años, era delgada y ágil, con tendencia asufrir enfermedades del pecho, como predecía el ADN de mi madre y sufamilia. Dormía poco. Mi habilidad para la música y los idiomas impresionaba
  58. 58. a mis maestros y al público en general. Era diferente. A esa edad padecí el 58principio de la condena mujeril de la menstruación. Pero, paradójicamente,eso varió mi salud drásticamente. Lo cetrino de mi piel no se transformósignificativamente, pero adquirí lozanía, flexibilidad y una fuerza poco comúnen los miembros. Seguía durmiendo poco. Al terminar la secundaria, habíaaprendido una valiosa lección: tenía que simular la normalidad o corríariesgos extravagantes. Me fijaba entonces metas antes de entrar a losexámenes, para no traspasar el nivel de la medianía. Sin embargo, estudiédos carreras al mismo tiempo, que marcaron mi vida: por una parte,Lingüística y Composición Musical, y por la otra, Periodismo. Posteriormente,estudié Lenguas Clásicas, Hermenéutica, Física e Informática. Pero meconformaba con empleos mediocres que tuvieran posibilidades paramantenerme a salvo de la curiosidad de los otros y me permitieran acceder aotros conocimientos. Así, Roger Michelena me empleó en una Biblioteca,donde podía disfrutar de cuanto me gustaba, sin llamar la atención. Eraaquella una Biblioteca lle n a de fenómenos: ciegos con radaresultraespecializados atendían en los enormes salones iluminados por preciososvitrales, vampiros custodiaban en el sótano la sección de Libros Raros yManuscritos. El mismo Roger poseía una memoria prodigiosa para acumularconocimientos, muchas veces inservibles para la vida común y corriente.Pero, curiosamente, allí en la Biblioteca era posible prever con claridad
  59. 59. absoluta, en esas conversaciones distraídas del almuerzo común, los hechos 59que transcurrían y, quizá más aterrador: se podía descifrar lo que sucederíaen el mundo en los próximos veinte o cincuenta años. Mutant XClaro que no puedo decir esto (y ahora debo destruir los papeles que dieronorigen a este texto) porque no es ético mentir, por una parte. Y porque seríanegar lo ethico hereditario de mi relación con el Lord, que me viene por la víadel semen de Jorge, mi padre. La enfermera no merece tampoco un sacrificioconceptual tan grande.Cuando regresé del internado, estábamos entrando mi madre y yo en edadesdiferentes y por puertas diferentes: si bien es cierto que mis arrebatoscoléricos se habían espaciado notablemente, y que me había vuelto unajovencita contenida y de buenos modales, resultó que mis modales y misgustos se habían refinado de manera tal que mi casa solía parecerme objetode burla o de molestia. Por otra parte, y producto de lecturas abundantes, mirebeldía era clara e inteligente y mi madre no podía llevar el paso de misargumentos. Tenía trece años cuando tuvimos el primer encuentro quemerece algún recordatorio: habiendo yo pedido permiso para ir a casa de
  60. 60. unas amigas a estudiar, mi madre dijo no. Sin hacerle caso, comencé a 60vestirme en mi habitación. Allá me siguió, no para justificar su negativa, sinopara reforzar su autoridad. La escuché sin responder y sin mirarla. Cuando lohice, tenía esa mirada terrible y brillante que pocas veces reluce en mí, perode la cual muchos temen. Supongo que mi madre no se dio cuenta, o noquiso darse cuenta, lo cierto es que la tomé por la pechera del vestido, lapegué de la pared y le expresé, sin gritos, lentamente, que no solamentesaldría esa vez, sino que lo haría cada vez que quisiera, sin decir hacia dóndeme dirigía, porque ésa era mi vida. Y si había tenido el arrojo de lanzarme alcalabozo de las monjas durante tantos años, se había ganado el privilegio desaber que había crecido lo suficiente para tomar mis decisiones. Sean las quefueran. Y que estaba absolutamente dispuesta a cumplir lo que decía. Mimadre, muda, sintió cómo la solté con una suavidad que semejaba unacaricia. Nunca más me preguntó adónde iba, ni yo se lo dije.
  61. 61. Revoluciones por minuto 61 Logros, he tenido algunos pero demasiado pocos para mencionar hice lo que tuve que hacer y lo asumo sin pedir indulgencia. Planeé cada travesía Cada paso que di, cuidadosamente, A lo largo de la vía Oh, sí, e hice más, mucho más que eso, Pero lo hice a mi manera.TESTIMONIO DE AMÉRICO FERNÁNDEZ 1Parte 1 No creo que nadie la conozca mejor que yo. O, por lo menos, que nadieconozca esa parte importante de su vida que explica las razones de mucho de lo quehizo y de lo que dejó de hacer. Llegó a mi oficina como a las cinco de la tarde. No esusual que una niña de trece años, que aparentaba inclusive menos edad, solicite hablarcon el director de un periódico, aunque sea de uno de provincias. Así que, como nohabía mucho afán, decidí recibirla. Cierto instinto me hizo fijarme en su mirada, en laautoridad natural de sus gestos. Niña con alta autoestima. Nada tímida. Llevaba unartículo de opinión para que, si era posible, dijo, lo publicara. En una carpeta, dos1 . Américo Fernández es un periodista e historiador, Cronista de Angostura La Nueva. Su edad es indefinida,pero debe tener entre 80 y 90 años. Ha vivido esplendores y miserias desdeque Mario Briceño Iragorri fuepresidente del estado Guayana. Hoy día, se dedica a escribir un libro (otro más, entre sus 4 ó 5 producciones dela historia doméstica de Angostura) basándose en la vida de esta dama que hoy pretende contar sus Memorias, ya petición indirecta de ella misma.
  62. 62. cuartillas escritas a máquina, con una pulcritud que hubieran querido muchos otros. 62Pulcritud de niña de escuela de monjas. La hice sentar mientras leía el artículo. Algosobre Casta Paloma, sobre Alejandro Vargas (después, me enteré de que ayudaba alviejo Alejandro a pasar a mano en un cuaderno las letras de las canciones que ibarecordando) sin dejar de tocar la polémica que le negaba la autoría por el uso deciertas palabras demasiado cultas, para el gusto del polemista. Ella no dudaba.Afirmaba. Dije que lo dejara y lo mandé a publicar dos días después. Entonces, lamuchacha volvió. Supongo que emocionada porque su nombre había aparecido enletras de molde. Traía otro artículo, pero esta vez no quise ser indulgente. Lo revisé,le cambié el tema, el enfoque, el número de páginas. Y ella lo trajo una semanadespués. Ése fue el inicio de nuestra relación. En las vacaciones escolares de ese Agosto, le pedí que trabajara en elperiódico medio día. Por las tardes. Quería que fuera correctora de pruebas, porqueconocía su excelente manejo de la Gramática y la Ortografía. En esas tardes, nosfuimos conociendo más. Era disciplinada en el trabajo. Minuciosa. Pero en larelación, siempre dejaba traslucir cierta actitud burlona, cierta ironía: se burlaba de latradición, la familia y la propiedad. Se burlaba de la guerra y de los políticos. Seburlaba de sus padres, de los amigos de sus padres, de la sociedad más rancia deAngostura. Pero todo eso en privado, en confianza. Porque, de resto, asumía lamáscara de niña buenecita y tranquila, pues aún no había desarrollado esa felinidadque tuvo después. Decidí hacerla periodista.
  63. 63. [Me gustaba el periodismo, pero a mis padres no les parecía carrera digna de 63una señorita. Era oficio de hombres. Perverso. Oficio de hombres que seembriagaban. Y ellos no conocían a ninguna mujer que fuera periodista. Asíque, si quería ir a la universidad, era necesario que escogiera otra área,porque periodismo, no. Ni hablar. Además, para completar, ninguno de esosperiodistas había ido a la universidad, y muchos de ellos eran de otra parte,no de Angostura, por lo que no se sabía de quiénes eran hijos. Y yo corría elriesgo de enamorarme de algún periodista de esos, lo cual era peligroso einaceptable. Así que cuando llegó el momento de decidirme, una mañanallegué al Liceo y vi en la cartelera un anuncio que decía Instituto Pedagógicode Caracas: Oferta de Carreras. Leí el anuncio y me pareció aceptable.Escogí Historia y Literatura: dos carreras, aunque debía seleccionar sólo una.Allí mismo, lancé una moneda al aire, y así escogí Literatura. Sonaba bien:Castellano, Literatura y Latín. Busqué en la dirección del Liceo una planilla desolicitud, en medio del júbilo de mis profesores, y la envié, en su momento.Presenté el examen de admisión. Y salí seleccionada. En verdad, mi objetivoprincipal era salir de Angostura en busca de horizontes diferentes. Mispadres decidieron enviarme a la casa de mi tía Victoria. Todo estaba listo.Conseguí una Beca, lo que me aseguraba holgura y no encarecía la vida demi familia. Al llegar a Caracas, fui a la Universidad Católica y me inscribí enComunicación Social: Periodismo, pues, y pagué con mis ahorros lainscripción. Con el tiempo, tuve que trabajar unas horas docentes paramantener las dos carreras. Pero hice lo que quería. Y lo hice a mi manera]
  64. 64. Parte 2 64 No sería bueno que la gente pensara que había en mí otra intención que la deformarla como periodista. La mía fue una labor docente. Y aclaro esto, porque puederepercutir en mi reputación el que me haya hecho cargo intelectualmente de una niñaapenas si salida del colegio de las monjas de La Divina Pastora. Yo era un hombrecasado. Infelizmente casado, aclararía. Y con cinco hijos. Pero no se me hubieraocurrido que aquella niña podía ser mi mujer, ni nada de eso. Y estoy seguro de que,de habérselo sugerido siquiera, la hubiera espantado. O tal vez no, pero se hubieraburlado abiertamente de mí. Además, ni que fuera tan bonita: adolescente flaca yesmirriada, con el cabello corto como el de un muchacho, vestida siempre como unmuchacho, reunida siempre com muchachos en las ya inexistentes escaleras de laCatedral, cuando salía de la Biblioteca, en tiempos de clase. Y recta como un soldado,eso sí me llamó la atención. No digo que no tuviera una vida normal: iba a fiestas congente de su edad, pero no bebía, ni comenzó a fumar en esos momentos en los quetodo el mundo comienza. Tenía varios enamorados, quizá porque era un reto paraalgunos, pero ella simple y llanamente se los tomaba a juego. Leía. Estudiaba. Veíamucho. Tomaba notas. Estudiaba más. Estudiaba. Nunca me habló en absoluto de susotras actividades. Una vez la vi cerca de la fuente luminosa con otro muchacho, queno parecía ser igual a los de la Catedral. En otro momento, se le cayó una especie defolleto amarillento con letras rojas y una anotaciones manuscritas que no mesignificaron nada ¿una fecha?¿una hora?¿una trayectoria? Le pregunté directamentesi era de la Juventud Comunista. Ese día llevaba una chaqueta roja de marinero, conbotones de madera, que al parecer le gustaba mucho. Y me dijo que sí, sin
  65. 65. aspavientos, ni remordimientos, ni remilgos. Ni comentarios. Fue tan sincera y 65hermética su actitud que no le volví a preguntar. Tenía quince años cuando, de regalo, la llevé conmigo a cubrir una noticia.Estaba emocionada como si fuera a hacer la primera comunión. La llevé al aeropuertoy le pregunté cuál de las personas que descendía la escalerilla del avión era noticiosa.Ese día aprendió que ser periodista era más que escribir bien. Que implicaba unconocimiento profundo de la historia menuda del pueblo, de la región, de la nación,del mundo. Que significaba, además, el ejercicio de una memoria fotográfica de losrostros, una capacidad de observar la gestualidad y descifrarla. Que debía seracompañada de un sentido ético de la justicia y de que la justicia no era derogable, ninegociable. Que no era cosa de ir a la universidad y pasar asignatura tras asignatura,sino una práctica vital: la del cronicalismo, la de la verdad mirada con respeto haciala verdad del otro, del lector, del dialogante, del noticioso. Fue una buena lección yella la aprendió muy bien. Mejor que yo, porque debido a su carácter tan recto ydisciplinado, se le volvió posición ética. Y por eso quizá le pasaron tantas cosas. A lomejor, hubiera sido mejor darle otro regalo de cumpleaños, aunque también le regaléuna pluma fuente Parker de oro con su nombre grabado. La intuición me dijo quedebía tenerla. Hay una pasaje de la Biblia que dice algo así como: porque la palabraes viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir elalma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y lasintenciones del corazón, y no hay cosa creada que no sea evidente en su presencia:antes bien, todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquél que tiene la
  66. 66. espada de la palabra y que da cuenta alguien tenemos que dar cuenta. Durante gran 66parte de su vida ejerció el periodismo y la docencia y hasta la vida misma, con lamisma intención que yo le enseñé a partir de ese momento para cubrir un evento. Nome atrevería a jurarlo, pero después de esa noche tan bella de sus quince años,cuando sus padres cumplieron con todos los ritos y su padre, sus tíos y sus primos quevinieron de la capital, la presentaron en sociedad bajo los sones ondulantes delDanubio Azul, ella comenzó a cambiar. Acerca de esto, habría mucho que decir ydifícil de explicar. Pero ese año, antes de irse a la capital y a la universidad, comenzóa hacer cosas extrañas. Por ejemplo, tuvo una temporada en que rechazó todoalimento sólido y sólo se alimentó de leche y yogurt y zanahorias crudas. Una vez lepregunté por qué hacía eso y me respondió que el alimento sólido es para los que hanalcanzado la madurez, para los que sabían ejercitar los sentidos en el discernimientodel bien y del mal. Me extrañó tal respuesta, que parecía religiosa, en alguien que seconfesaba agnóstica. Por lo tanto, de alguna manera, era algo religioso, pues estababuscando una perfección que no sabía definir, sin doctrina de bautismos. En el mes demayo, se enfermó de lechinas por algún contagio adquirido en la escuela. Las fiebreseran muy altas. Todos sus amigos la visitábamos con frecuencia, y aunque losmédicos decían que la cosa era severa, todo el mundo sabía que no se iba a morir. Cuando las fiebres cedieron y las pústulas brotaron, éstas le ocasionaronmuchas molestias, así que le compré un libro, Cristo nuevamente cruxificado, deNikos Kasantzakis. En cuanto mejoró, la angustiaba la posibilidad de bajar lascalificaciones, pero los profesores consideraron mejor repetir sus excelentes notas, ya

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