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Siembra de utopia teatro

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Siembra de utopia teatro

  1. 1. Siembra de utopía Maxi de Diego 2018
  2. 2. 1 Las líneas de crítica a lo militar son muy variadas: el sistema genera violencia directa (venta de armas, intervenciones en países extranjeros), violencia estructural (mantenimiento de unas relaciones internacionales injustas e imperialistas,…) y violencia cultural (fomento de la delegación de la toma de decisiones, secretismo, elitismo, fomento de la violencia como forma de resolución de conflictos). Colectivo Utopía Contagiosa, en su libro Política noviolenta y lucha social. Alternativa noviolenta a la defensa militar, Editorial Ecologistas en Acción.
  3. 3. 2 PERSONAJES Alfonso, de la asociación “Siembra de utopía” Carlos, de la misma asociación Ana, amiga de Alfonso y Carlos Cati, hermana de Alfonso Objetor envejecido Estrella Ella (Julia), adolescente Militar
  4. 4. 3 Escena primera Sótano sin luz eléctrica. Luz mínima. Hace frío. Los personajes con mucha ropa de abrigo. ALFONSO Sabes que nos encontrarán. CARLOS Es muy probable. ALFONSO Tengo miedo. CARLOS Yo también. Ya lo hemos hablado. ¿Por qué volver una y otra vez? ALFONSO No sé cuánto tiempo voy a aguantar aquí, sin hacer nada. CARLOS Solo podemos dejar que el tiempo pase. ALFONSO ¿Y si nos encuentran? CARLOS Ya lo sabes. Lo sabes, Alfon. Lo sabes. No te obsesiones. Tienes las pastillas. Si nos
  5. 5. 4 encuentran, tómatelas. Ya lo hemos hablado. ALFONSO ¿Y si no me da tiempo? ¿Y si me paraliza el miedo? CARLOS No ocurrirá eso. ALFONSO ¿Alguna vez has pensado que no debimos enfrentarnos a ellos? CARLOS Ya lo sabes. Muchas veces. ¿A qué viene otra vez todo esto? ALFONSO No puedo estar así, como tú. Pensando todo el día. ¿En qué piensas? CARLOS En muchas cosas. ALFONSO ¿Por qué ya no me lo cuentas? CARLOS Porque no me escuchas. ALFONSO ¿Por qué dices eso? CARLOS El miedo te atenaza. Tiemblas todo el día. Te arrepientes. Es como si te hubieran derrotado.
  6. 6. 5 ALFONSO ¿Y no lo han hecho? CARLOS Solo es un paso más. Ya estábamos derrotados antes de que decidieran acabar con nosotros. ALFONSO Y si estábamos derrotados, por qué seguíamos. CARLOS Lo sabes tan bien como yo. O lo sabías. Deja tu miedo a un lado y haz memoria. ALFONSO Estás siendo muy frío conmigo, duro. No me gusta el tono de tu voz. (Carlos le mira intensamente. Silencio.) CARLOS Tienes razón. Perdóname. Yo también tengo miedo. Creo que todo ha terminado. (Pausa.) A no ser que… el tiempo… Que se olviden de nosotros. ALFONSO En uno de sus mensajes dijeron que jamás lo harían. CARLOS Puede que solo fuera una estrategia para conseguir…
  7. 7. 6 ALFONSO Eso que dices no te lo crees, ¿verdad? Te pusieron una pistola en la cabeza, a mi hermana la rodearon… CARLOS Vale, tienes razón. No se olvidarán. Pero sabes que no nos hace bien no ver un resquicio. ALFONSO No lo hay. CARLOS Vamos a dejarlo. ALFONSO Perdona. CARLOS Por favor, déjalo. Sé que vamos a encontrar la salida. Si te quieres atormentar, hazlo solo. (ALFONSO se abraza a Carlos como un niño pequeño. Después de unos segundos, Carlos le acaricia el pelo, con ternura. Silencio prolongado.) CARLOS No me hagas caso, cuéntame tu miedo siempre que quieras. No sé por qué te hablo así. Creo que en cierto modo siento rabia, nunca estuvimos tan cerca de desenmascararlo.
  8. 8. 7 ALFONSO ¿Es posible que ellos también tuvieran miedo de nosotros? CARLOS Tal vez. (Llaman a la puerta, dos golpes, silencio, dos golpes, silencio, dos golpes. CARLOS se dirige a abrir. Abraza a ANA, se saludan con dos besos. Igual con ALFONSO.) ANA ¿Cómo estáis? ALFONSO ¿Te has asegurado de que no te han seguido? ANA Sí, como siempre. No te preocupes. ALFONSO ¿Has visto a mi hermana? ANA Sí, está bien. Tiene protección. No te preocupes por ella. Ya se encuentra mejor. Va a venir. CARLOS No me gusta, Ana. Es peligroso. Cuanta más gente pase por aquí, peor. Para todos.
  9. 9. 8 ANA ¿Qué quieres?, ha insistido Necesita hablar con su hermano. ALFONSO Tomará precauciones. ANA Claro. (Pausa, miradas incómodas.) He empezado a contactar con gente. De momento recomiendan que sigáis escondidos. Algunos periodistas quieren sacar el tema, pero no tienen claro que lo acepten en sus medios. CARLOS Conviene esperar. ALFONSO ¿Esperar? Llevamos aquí 20 días. Sin salir. Solo hemos hablado con Ana. No podemos usar el teléfono ni el ordenador. Tal vez, si se hablara de sus amenazas… CARLOS Decidieran intensificar la búsqueda, medios no les faltan. Puede que se conformen con que nos callemos como hemos hecho. ALFONSO Me siento extraño, sin publicar nada. ¿Qué pensará la gente que nos sigue? ANA Algunos están preguntando a través de la red. No entienden vuestro silencio. Han sido tantos años publicando… (Pausa.) Creo que no debéis preocuparos demasiado, mi organización, seguro que nos echará una mano. Puede buscaros otro sitio con mejores condiciones para esconderos o ayudaros a salir de España.
  10. 10. 9 CARLOS De momento es mejor esperar… (Llaman a la puerta, dos golpes, silencio, dos golpes, silencio, dos golpes. CARLOS se dirige a abrir. Entra CATI, la hermana de ALFONSO. Corre a abrazarle.) ALFONSO No debías haber venido, Cati. Es peligroso. CARLOS ¿Te has asegurado…? CATI Claro, Carlos, no soy tan torpe. Yo también tengo el miedo metido en el cuerpo. CARLOS Lo debiste pasar fatal. ALFONSO Cuéntanos, cómo fue. CATI No sirve de nada… ALFONSO Por favor.
  11. 11. 10 ANA Yo creo que tampoco sirve de nada. CARLOS Tenemos que saber cómo… ANA Cómo, cómo… pues cómo crees, sabes de lo que son capaces, aquí, allí, en todo el mundo. CATI Estaba sentada en el Parque del Oeste, esperaba a Javi, el chico con el que salgo. Como siempre, había llegado pronto y leía el último informe de Amnistía. Me rodearon cuatro jóvenes de esos que parecen que se pasan la vida en un gimnasio. Al principio solo me miraban, yo instintivamente guardé el libro en el bolso, lo primero que me vino a la cabeza fue que eran nazis y me habían visto con el libro… O que no les gustaba mi pinta, yo qué sé. Como era de día no me dio tanto miedo, me levanté para irme y me empujaron hacia el banco, dos se sentaron a mi lado y los otros dos, de pie, parecían vigilar. El que parecía mayor, pero no de más de treinta años fue el que habló en todo momento. Me dijo que sabían que era la hermana de un mierda que quería dejarles sin trabajo. Que estaban hartos de vuestras críticas, que ellos solo nos protegen y que ayudan en todo el mundo. Yo iba a decir algo, pero me puso un momento la mano en la boca, solo un momento, y siguió. Que ya no aguantaban más y que iban a ir a por vosotros, que os iban a liquidar y que como siguierais, también yo corría peligro, y vuestros padres, y vuestros amigos… Me preguntó que si me había enterado bien, uno de los que estaba de pie, me enseñó una pistola y el otro que estaba sentado, un puño de esos de acero con el que me acarició la cara. Otra vez, intenté decir algo, pero de nuevo, el mismo me tapó la boca. Y añadió ya levantándose: No nos interesa lo que vayas a decir, Catalina. No nos interesa nada vuestra mierda. Díselo a tu hermano y a los demás. Y se fueron.
  12. 12. 11 CARLOS (Después de un silencio.) Esta vez van en serio. Habíamos recibido amenazas otras veces, pero esta vez… (ANA se acerca a ALFONSO que se ha situado en cualquier rincón y se encuentra abatido, le acaricia el pelo y le da un beso.) ANA No te preocupes, está bien, nunca está sola. CATI Lo más importante ahora es arreglar lo vuestro. Estamos en ello. CARLOS (Aparte a CATI.) Me preocupa Alfonso, le veo débil. No sé si aguantará aquí mucho tiempo. CATI Sí, tendremos que darnos prisa. A ver qué podemos hacer. Tenemos que irnos, cuídale. Ya sé que para ti es… CARLOS Sí, claro, Cati. (ANA y CATI se van. ALFONSO con la mirada perdida habla de forma incontrolada, sin darse cuenta de lo que dice ni cómo lo dice. CARLOS, preocupado, no sabe cómo reaccionar.)
  13. 13. 12 ALFONSO Nos ocultan la verdad, lo sabemos, lo sabemos, lo sabemos. Nos engañan con sus datos. El 75 %, el 75 sí, del gasto militar está oculto. Sí, y mientras Yemen, Yemen, Yemen. Nuestras armas a Arabia Saudí, que interviene en la guerra civil. 8000 muertos. 30.000 heridos. 14 millones de yemeníes viven por debajo del umbral de la pobreza. 3 millones de menores sufren malnutrición. Yemen. 20 millones de personas, el 80 % de la población no tienen acceso al agua potable. 20 millones de personas necesitan ayuda urgente. 14 millones de personas necesitan ayuda alimentaria y sanitaria. Un 10 % de la población se ha visto desplazada por la guerra. El 25 % de las infraestructuras sanitarias ha tenido que cerrar sus puertas. Las agencias humanitarias están recortando las raciones y sólo pueden atender al 75 % de los necesitados. Lo publicamos, nosotros, lo denunciamos, debíamos hacerlo, debíamos hacerlo. En Yemen, en Congo, en... Siria, en... en... tantos sitios, en tantos países, en tantos continentes. Y nosotros decíamos que no, que no... (CARLOS se acerca a ALFONSO. Le toma de la mano, le hace sentar y le pasa el brazo por su hombro. ALFONSO reclina la cabeza en su hombro. Llora silenciosamente. Al cabo de unos instantes, más calmado, se separa de CARLOS.) ALFONSO ¿Te acuerdas cuando publicamos esa información sobre República Democrática del Congo? CARLOS No, no puedo retener todo lo que publicamos en la cabeza.
  14. 14. 13 ALFONSO Yo tampoco. Pero publicamos un enlace a algunas fotografías que me impactaron. La publicación de la que nos hicimos eco se produjo a raíz de un informe de “Mental Health Program” por el día Mundial de la Salud Mental. Decía que más de 15 millones de personas tienen enfermedades mentales en ese país, el 22,8 de la población. CARLOS ¿Cuándo la publicamos? ALFONSO En 2014. CARLOS ¿Y te acuerdas? ALFONSO Me acordaba vagamente. Pero, quizás, por mi estado actual, le pedí a Ana que buscara la información y la imprimiera. CARLOS Estás bien, no te obsesiones. Demasiado bien estamos. ALFONSO ¿Cómo no me voy a obsesionar? A veces las palabras de ánimo no sirven. ¿Sabes lo que dijimos entonces? (Coge una carpeta, busca unos papeles y lee.) “La guerra es una locura que, en parte, fomentamos desde el primer mundo. Ni siquiera hacemos algo para apoyar a los que sufren en esta locura.” Sí, locura, es verdad, me obsesiona esta palabra. En 2016, volvimos a hablar de este país, lo titulamos “Aunque no sale en las noticias, la guerra perpetua del Congo extrema su horror”. Y hablábamos de venta de armas, de intereses de grandes compañías por sus minerales, de pobreza, de
  15. 15. 14 desigualdad, de reclutamiento de niños soldados... Y me pregunto, Carlos, si no es locura no estar loco. CARLOS Prefiero pensar que cuando escapemos, seguiremos hablando de lo que pasa y de lo que opinamos. Desde otros sitio. Que vale la pena no callar. Y vamos a hacerlo juntos. Despierta, Alfonso, no estamos solos en esto. Damos voz a mucha gente que piensa como nosotros. ALFONSO Entonces, por qué todo sigue igual. CARLOS En lugar de esto, por qué no piensas cómo estaría el mundo si nadie denunciara, si nadie observara, si nadie cuidara de los demás. No te quedes en lo negativo. Tú también, no. Les interesa transmitir la idea de que no sirve de nada lo que hacemos y no es cierto. Tenemos que tener paciencia. Lo que nos ha pasado, nos está pasando porque les inquietamos, un poco al menos. Es buena señal. ALFONSO Ojalá tengas razón.
  16. 16. 15 Escena segunda ALFONSO ¿Oyes el viento? CARLOS No. ALFONSO Está cerca. CARLOS Déjalo. ALFONSO Está lloviendo. CARLOS No llueve. Un mes aquí y no ha llovido ni un solo día. ALFONSO ¿Cómo lo sabes? CARLOS ¿Tú has visto la lluvia? ALFONSO ¿Cómo voy a verla si no tenemos ventanas? CARLOS Entonces no ha llovido.
  17. 17. 16 ALFONSO No ha llovido, no hemos amado, no hemos respirado, no… CARLOS No. ALFONSO No hemos sembrado suficiente utopía. CARLOS No digas eso. ALFONSO ¿Entonces por qué llevamos un mes aquí sin ver la lluvia? CARLOS Porque nos tienen miedo, porque saben que la utopía es contagiosa. Porque había empezado a contagiar a más gente de la que esperaban. ALFONSO No sé cómo puedes estar tan ciego. Un mes, treinta largos días. (Silencio.) CARLOS Van a ayudarnos a salir de aquí.
  18. 18. 17 (ALFONSO le mira intensamente, se deja caer, insignificante, frío, parece haber perdido el sentido, si bien sus ojos permanecen muy abiertos. CARLOS se acerca a él y le agita con suavidad mientras repite.) CARLOS Van a ayudarnos a salir de aquí. Ana y otros amigos han elaborado un minucioso plan. Iremos separados. Es más seguro. Nos llevan a la Patagonia chilena. Está todo preparado. Puede ser en cualquier momento. ¿Me oyes? (ALFONSO no contesta.) Por favor, Alfonso, dime algo. ALFONSO No sé si quiero irme. CARLOS Ya está todo preparado. Han dedicado muchos esfuerzos en organizarlo. Aquí no estamos seguros. ALFONOS Me preocupa Cati. CARLOS Está bien protegida. No está sola. (Silencio.) ALFONSO ¿Y nosotros?, ¿estamos solos?
  19. 19. 18 CARLOS No, pero no les importa. Alfonso, no vamos a ser los primeros en huir por motivos políticos. ALFONSO Pero parece de otro tiempo, de otro lugar. CARLOS Les hemos hecho daño, hasta cierto punto es lógico, según su lógica perversa. ALFONSO Hemos dedicado tanto tiempo, años y años, hemos resistido tanta indiferencia. Hemos sido como rocas. Perseverantes. Hemos contado lo que creíamos que se tenía que contar. Contra la guerra y su preparación. Hemos sacado a la luz sus negocios. Dices que en cierto modo es lógico, pero reconoce que debimos prepararnos para afrontarlo. Deberíamos haberlo previsto. (Pausa.) No me voy. No quiero dejar sola a Cati. CARLOS De acuerdo, Cati y Ana van a venir, estarán a punto de llegar. Díselo. Pero yo no estoy de acuerdo. No es solo miedo. Quiero seguir. Desde otro lugar podemos continuar. Y sacar a la luz lo que nos han hecho. (Llaman a la puerta, dos golpes, silencio, dos golpes, silencio, dos golpes. CARLOS se dirige a abrir. Entra CATI. Se besan.) ALFONSO ¿Vienes sola? CATI Me han acompañado hasta la puerta, y vendrán a recogerme enseguida. Ana tenía trabajo. No para.
  20. 20. 19 CARLOS La incombustible Ana. CATI Mira quién fue a hablar. CARLOS Díselo, Alfonso. CATI ¿Qué? (ALFONSO calla, de nuevo ensimismado, ausente.) CATI ¿Qué pasa, Alfon, estás bien? (Se acerca a él con ternura.) ALFONSO No sé si quiero irme. CATI Pero está todo preparado. Es cuestión de pocos días. ALFONSO ¿Y tú? CATI ¿Yo? ALFONSO Sí, tú. Son capaces de... CATI (Cortándole.) El problema no soy yo. Si no hubiera sido por vosotros a mí no me hubieran hecho nada. Si os vais, me dejarán tranquila. CARLOS Puede que Alfonso tenga parte de razón. La idea es irnos pero seguir.
  21. 21. 20 CATI Me parece una locura que os quedéis. Van en serio a por vosotros. No podéis seguir escondidos. Este sitio es inhumano. ALFONSO Sí. CATI Debisteis haber preparado algo por si esto sucedía. CARLOS De eso hablábamos antes de que llegaras. Subestimamos nuestra influencia. CATI Alfonso, tenéis que iros. Yo estoy siempre acompañada. La red de Ana funciona bien. Se olvidarán de mí. No se atreverán... ALFONSO No se atreverán. No estoy convencido como tú. CATI Alfonso, ya está todo listo. Si vemos que yo también corro peligro, igualmente puedo huir. No me importaría. Lo que hacéis vale la pena. No te sientas culpable. Siempre he estado de acuerdo con vosotros. De verdad, Alfon, no te sientas mal por mí. ALFONSO No sé... (Llaman a la puerta, dos golpes, silencio, dos golpes, silencio, dos golpes. CARLOS se dirige a abrir. Entra ANA, inquieta. Se besan.) ANA Algo pasa, creo que han interceptado alguna información. Estamos haciendo comprobaciones. Pasado mañana os vais.
  22. 22. 21 CARLOS Callad. (Hace un gesto para que escuchen. Silencio prolongado.) ALFONSO (Casi en un susurro.) ¿Qué pasa? CARLOS (De igual manera.) Me ha parecido oír algo detrás de la puerta. (Silencio. Los cuatro parecen contener la respiración.) CATI No se oye nada, Carlos. CARLOS No. ALFONSO (Le pasa un brazo por el hombro.) ¿Estás bien? CARLOS Más o menos. Ahora oigo fantasmas. Perdona, Ana. Te he interrumpido con mi miedo. ANA Decía que está todo listo. Pasado mañana pasarán a recogeros. (ANA, por las miradas de los tres entre ellos, se da cuenta que algo pasa.) ¿Qué, me lo vais a contar? CATI Alfonso tiene dudas. Pero creo que ya está claro. ANA Parece que os sorprende tener que huir. La huida es algo normal en muchos lugares. Lo ha sido siempre. A quienes se atreven a desafiarlos o no tienen más remedio para sobrevivir, no cuentan con más opciones, se van o mueren. Es así, lo sabemos, lo sabéis. Ellos ponen un límite, si se sobrepasa..., y parece que vosotros lo habéis
  23. 23. 22 sobrepasado. Su límite. Poner sobre la mesa la verdad suele ser peligroso. Una cosa es proponer reformas parciales del sistema, manifestarse de vez en cuando. Y otra... descubrir sus mentiras, las que afectan a uno sus pilares. Huir es la única salida para mucha gente. Lo sabéis. ¿Por qué llegan en pateras jugándose la vida? Tantos intentaron huir y no pudieron... No llegaron a tiempo. Es la historia y es el presente. Perdonad que diga todo esto, sé que no hace falta, pero es que por mi trabajo he conocido a algunos que lo sufrieron. (Silencio. Miradas tensas.) De todos modos comprendería cualquier decisión que toméis. (Cambio de luz, penumbra. ANA se moverá libremente por el escenario. Los otros tres personajes permanecen estáticos.) ANA He recorrido medio mundo y he visto toda la miseria y el dolor que puedo soportar. Tal vez haya servido de algo mi ayuda. No, tal vez no. Seguro que ha servido de algo. Pero necesito descansar, parar. No sé si podré volver a empezar. Han conseguido que me agote. En cuanto termine con lo de Carlos y Alfonso me refugiaré. En cierto modo, yo también huiré. ¿Dónde me esconderé? Del dolor. ¿Dónde? Cuánta razón tienen, pero ¿ha servido de algo tantas páginas de verdad? Siembra de utopía... Pero ahora voy a necesitar olvidar. ¿Cómo se olvida el sufrimiento, la muerte? La muerte tal vez, pero ¿y el dolor?, ¿la miseria? La vida entre la miseria. ¿Cómo volver a sentarme cómodamente, por ejemplo, en una playa, y no pensar en el dolor? ¿Es posible? ¿Es posible vivir así? Ausente. Volver a empezar. ¿Cómo? ¿Desde dónde? ¿Y dónde? Tengo una casa, pero ¿en qué mundo está? ¿Reconoceré mis pasos en ella? Pero no puedo seguir así. Mi cuerpo, no solo mi mente, no puede más. Y no es algo físico, no es cansancio. Es dolor acumulado. El dolor que me ha calado los huesos que no sé cómo sacar de mí. No sé si seré capaz de sacar de mí los rostros que conozco y que no conozco causantes de tanto sufrimiento. Mi voz se ahoga, aunque no hablo. Es el grito que me ahoga, el grito que no soy capaz de emitir. El grito que me salvaría en parte, como el llanto, pero he olvidado cómo. Y he olvidado estar sola también. No tengo a nadie que sienta conmigo esta angustia. Debo estar sola y tengo miedo. Quiero estar sola, para buscar cómo salir del dolor, pero me aterran las noches, los silencios, y, sin embargo, ¿cómo salir si no es sola? Sé que no debería hacerlo, pero no tengo a nadie. Los he perdido. Tal vez sea poco tiempo y enseguida pueda, pero no sé si voy a ser capaz. No sé cómo. Veo sus ojos. Todavía los veo. Qué pequeños eran. Se borrarán. Puede que se borren, pero no sé si quiero. ¿Quiero seguir viéndolos tan dentro de mí? De mí, de mí, de mí. (Este último se ha parecido a un grito.)
  24. 24. 23 (De entre las sombras que deja ANA, aparece CATI, esta hablará mientras sigue sus pasos arbitrarios por el escenario, en una especie de danza lenta y casi estática.) CATI Todavía tiemblo. Ellos no lo saben. Tampoco Ana. Tengo miedo. No se me quita de la cabeza su mirada de indiferencia a mi miedo. Nunca había visto esos ojos cegados de violencia. Todavía sueño con escenas en las que me persiguen, alguien me persigue, no lo reconozco, y me despierto cayendo por un precipicio. No quiero que se vayan, pero deben irse. Veo peor a Carlos. Siempre estaba alegre, vital y ahora..., aunque intenta no mostrarlo... No le reconozco. De mi hermano no me extraña su estado. Siempre ha sido un poco taciturno. Gris, triste. Cuando de pequeña jugaba con él, me preguntaba por qué casi nunca se reía. Me miraba de una forma parecida a como mira ahora. Ahora parece lógico, con lo que está pasando ahí encerrado tanto tiempo. Menos mal que nuestros padres viven lejos y no se enteran de nada. ¿Sabrán dónde viven?, ¿les podrían hacer algo a ellos? Les llamé anoche y parecían tranquilos, como siempre. Menos mal. Pero tengo miedo también por si les meten en esto. Por una parte, me gustaría marcharme con Carlos y con Alfonso. Pero ahora que he empezado con Javi... Tenía razón Ana con lo que ha dicho sobre la huida. Si sigo con este miedo tendré que marcharme. Sé que no estoy sola. De hecho, en la habitación de al lado está Ana. No sé qué le pasa. No he querido decir nada delante de ellos. Pero mañana tengo que preguntarle. La he notado cambiada, últimamente parece cansada. Dice que no, pero hoy no ha querido hablar conmigo, que tenía que leer no sé qué. Yo sé que no es verdad. Su dedicación le está pasando factura. Parece fuerte, pero tal vez... También dicen eso de mí y casi estoy temblando. Ana, por favor, déjame ayudarte.
  25. 25. 24 Escena tercera OBJETOR ENVEJECIDO Estás frente al acantilado. A pesar del rugir de las olas no te importaría saltar. ¿Qué te retiene? Has saboreado el triunfo, el reconocimiento. Has reseñado miles de informaciones, publicado libros, artículos en periódicos, hablado ante públicos de todo el país… Habéis contribuido a que mucha gente continuara con los ojos alertas… Salta. Muéstrate en la calle. Llama a la prensa. Hazte fotos. Salta con elegancia frente al acantilado. Las olas amortiguarán tu caída. Conducirán con suavidad tu cadáver… Pero la gente, abrumada por la belleza de la muerte… ALFONSO (Cortándole.) Sabes que la poesía no es lo mío. Prefiero la música. OBJETOR ENVEJECIDO El jazz. ALFONSO Te acuerdas. OBJETOR ENVEJECIDO Hasta de tu antigua novia. ALFONSO Hace tanto tiempo… Ahora no sabes nada de mí. OBJETOR ENVEJECIDO Sé de lo que escribes.
  26. 26. 25 ALFONSO Es una parte de mí. OBJETOR ENVEJECIDO ¿De qué tienes miedo? ALFONSO Deja que te cuente una historia. OBJETOR ENVEJECIDO Adelante. ALFONSO Un día fui a un bar de esos donde se baila. Música moderna latina. No sé si se llama así. Iba solo. Entré porque… no me acuerdo, tal vez ni siquiera lo supiera en ese momento. Estaba especialmente triste y me sentía muy solo. OBJETOR ENVEJECIDO Siempre has estado solo. ALFONSO Tal vez, pero déjame seguir. Pedí una copa y me entretuve viendo bailar a la gente. Había muchas mujeres de todas las edades, y pocos hombres. Terminé mi copa y pedí otra. Sabes que no suelo beber mucho, pero ese día, esa noche, era distinta. Una mujer que bailaba empezó a mirarme, me hizo un gesto para que me animara a bailar, con otro, ridículo, le dije que no. Insistió varias veces hasta que se acercó, bailando. Me puse muy nervioso, yo creo que temblaba. OBJETOR ENVEJECIDO Tu timidez profunda.
  27. 27. 26 ALFONSO Creo que se dio cuenta y lo primero que me dijo fue algo así como “te aseguro que no muerdo”. Sonreí y la invité a tomar algo. Pidió un gin-tonic y estuvimos hablando durante mucho tiempo, ¿dos, tres horas? Era equilibrista en un circo. Aunque más parecía una profesora de filosofía porque a partir del concepto de equilibrio físico se explayó sobre el equilibrio emocional, primero, y social, después. No paraba de hablar; a mí me interesaba lo que decía y la escuchaba con gusto, a pesar de que me costaba trabajo oírla por el ruido. Por eso estábamos muy cerca, nuestras caras casi se tocaban. Recuerdo su olor, me encantaba esa mezcla de sudor por el baile y de perfume suave. A la tercera copa, sentí que me estaba enamorando. Sí, no te rías. Incluso pensé que si insistía me pondría a bailar. Yo no le conté nada, me limité a hacerle preguntas sobre sus teorías, especialmente cuando introdujo el tema del equilibrio o desequilibrio social. Pero no dio tiempo a que lo explicara con detalle porque cuando iba a hacerlo, entró un hombre que se sentó a nuestro lado, sin decir nada. Ella se calló de forma brusca, sin terminar una frase, se levantó, apuró su vaso y salió a la calle sin despedirse. El hombre, de unos cincuenta años, fuerte, musculoso, se levanto, me miró y, sorpresivamente, me lanzó un tremendo puñetazo y salió. Caí al suelo mareado, sangraba por la nariz como si fuera un río desbordado. Tuve que ir a urgencias para detener la hemorragia. OBJETOR ENVEJECIDO Alguna vez tenías que ser víctima de la violencia de la que tanto hablas. ALFONSO Todos somos víctimas diariamente. OBJETOR ENVEJECIDO Puede ser.
  28. 28. 27 Escena cuarta OBJETOR ENVEJECIDO Ya casi no hay camino para vosotros. Pero yo sé que tú no lo lamentas. Siempre has sido un tipo duro. Resistente. Seguro de sí mismo. Convencido. Tú sabías que tu fin podría ser así. Yo nunca lo hubiera soportado. Vivir sabiendo que todo iba a ser de esta manera. Yo no soporto saber que nunca conseguiré un objetivo. Por eso me desvinculé. Acepté la derrota. Me conformé con dejar algunas de nuestras aspiraciones por escrito, asumiendo que solo era como un soplido contra la gran Muralla China. Pero tú, vosotros, sobre todo tú, firme como una roca. Lo he intentado, pero no he conseguido comprenderlo. ¿Qué hay dentro de ti para soportar vuestra insignificancia? CARLOS La verdad. OBJETOR ENVEJECIDO ¡Qué gran palabra! CARLOS No es una gran palabra. Es muy simple. OBJETOR ENVEJECIDO El otro día fui a ver una obra de teatro con mis alumnos y mis alumnas, una adaptación de un dramaturgo joven de La Ilíada. Uno de sus mensajes era que la verdad es la primera víctima de las guerras. CARLOS Estoy de acuerdo con ese dramaturgo.
  29. 29. 28 OBJETOR ENVEJECIDO Yo también, pero es una ilusión. Lo es porque ellos, con un soplido, como decía antes, son capaces de derribar ese mensaje. De transmitir a la masa no pensante la justificación de sus alharacas guerreras. CARLOS Te contaré algo. Una mañana, estaba de baja por ansiedad, decidí salir de casa, agobiado por las cuatro paredes que veía cada vez más cerca de mí, como si me aplastaran. Llegué a la calle Arenal. Estaba llena de gente, muy llena. Nunca me han gustado esas aglomeraciones. ¿Te acuerdas? Hacia la mitad me quedé parado, impotente, empequeñecido, sentía que mi cuerpo me pesaba demasiado, como si tuviera fiebre por dentro. La gente pasaba alrededor y me miraba extrañada. Yo no veía a nadie, solo escuchaba fragmentos de conversación. Quería procesarlos, saber qué se decían unos a otros, deseaba poder saber cómo continuaban. De vez en cuando alguien, sin ninguna intención, me empujaba. Sin duda estaba molestando ahí, en medio. No sé cuánto tiempo pasó, pero creo que hubiera permanecido horas si no hubiera sido por una joven, adolescente, una escolar debía ser, por la mochila que llevaba colgada de un solo hombro. También me llamó la atención su aspecto físico y su vestimenta. Tenía la cabeza rapada pero en un lado surgía una trenza no muy fina y muy larga, casi le llegaba a la cintura. Llevaba una camiseta pequeña para su cuerpo, en la que se leía el eslogan “Haz el amor y no la guerra”, y una falda muy corta que cubría unas piernas pequeñas y finas con leotardos de lana muy gruesa que terminaban en unas botas militares pintadas de blanco. OBJETOR ENVEJECIDO Te fijaste bien en ella. CARLOS Sí, tuve tiempo de hacerlo. Además, era imposible no fijarse. Tenía los ojos y los labios muy pintados, los ojos con una sombra muy negra y los labios de un rojo extraño y
  30. 30. 29 brillante. En la nariz, un aro plateado. Pero después me di cuenta de que lo más llamativo no era todo esto, sino su forma de mirar, su voz y su hablar tranquilo. (Esta joven se acerca a los dos personajes. Los invita a sentarse, tal vez en un banco, ella permanece de pie.) ELLA Llevaba tiempo mirándote, mientras me tomaba mi helado de yogur. Me di cuenta de que pasaba algo. Me acerqué, no con miedo, pero sí con temor de molestarte, tal vez quisieras estar así. Pero me recordabas a mi padre. Él también, en casa, acostumbra a quedarse colgado, él dice que medita, pero yo creo que piensa tanto que sus neuronas explotan y tardan un tiempo en recargarse y reaccionar. Pero tú estabas en medio de la calle. Te pregunté si podía ayudarte. Me miraste muy intensamente antes de contestar. Me dijiste que sí, por favor, y me cogiste del brazo. Descendimos por la calle, cruzamos la plaza de Ópera, y llegamos a la de Oriente. Allí, con menos gente, nos sentamos en un banco. Después de un silencio muy largo me diste las gracias. Me dijiste que estabas angustiado y que no sabías qué te había pasado. Pusiste tu cabeza agachada entre tus manos. Temblabas. Noté tu desesperación. Estoy acostumbrada a verla, muchos de mis compañeros no pueden más. Las heridas adolescentes son muy dolorosas. Te lo dije y tú por primera vez, sonreíste. Una sonrisa muy triste, pero una sonrisa. OBJETOR ENVEJECIDO Esa chica hablaba bien, ¿no? CARLOS Esa chica… (Se calla bruscamente.)
  31. 31. 30 OBJETOR ENVEJECIDO ¿Qué? CARLOS No parecía una chica de diecisiete años, como me dijo que tenía. Era sabia. Serena. Dulce, fuerte, sensata, enigmática, profunda… OBJETOR ENVEJECIDO ¿No exageras? CARLOS Tal vez, pero la recuerdo así. A veces los recuerdos… A veces los manipulamos. No me importa. Quiero verla así. ELLA Me preguntaste por mi camiseta. Negra. Con mi eslogan preferido. Te dije que la guerra no es solo la guerra que también es su preparación. Te pusiste otra vez más nervioso. Me mirabas fijamente mientras te apretabas las manos. Me asusté. Me levanté y te pregunté si avisaba a alguien. Saqué el móvil y estuve a punto de marcar el 112. Me pediste que esperara. Estuvimos varios minutos en silencio. Después me contaste lo de tu militancia en esa organización. De tu miedo porque habíais empezado a recibir amenazas. Te asombraste cuando te dije que conocía vuestra web. CARLOS No puede ser, comprendes, no puede ser que una chica de esa edad conociera lo que hacíamos. ¿Era una espía? Lo pensé fugazmente. Pero no podía ser. OBJETOR ENVEJECIDO Vemos demasiadas películas, leemos ese tipo de libros y claro, sospechamos de…
  32. 32. 31 CARLOS Enseguida se me pasó ese estado de alerta. Empezó a hablar de la paz, del militarismo y todo me empezó a dar vueltas. ELLA Gracias a vosotros he comprendido tantas cosas… Sus mentiras, sus ocultaciones… sus métodos. No me interesa su concepto de defensa. Sin embargo, he pensado en vuestra idea de seguridad humana. En esa idea vuestra hay poesía. He pensado muchas veces contactar con vosotros, pero no sé por qué no lo he hecho. Ahora me alegro de haberte salvado de morir aplastado por la masa. Digerido por… Entonces fue cuando te caíste al suelo. CARLOS No la he vuelto a ver. Me desperté en el hospital, pregunté pero nadie sabía nada. Una subida de tensión. El estrés. He vuelto a la calle Arenal cientos de veces, al Palacio de Oriente. Nada. Me siento en el mismo banco y nada. Como si no existiera. OBJETOR ENVEJECIDO No digas tonterías, Madrid es muy grande. Si al menos supieras dónde estudiaba… CARLOS No. OBJETOR ENVEJECIDO ¿Qué quieres de ella? No te habrás enamorado de una jovencita de la misma edad que tu hija. CARLOS No se trata de amor. Es admiración. ¿Cómo una adolescente puede entender nuestras ideas? ¿Te imaginas que supiéramos establecer ese vínculo con ellas y con ellos?
  33. 33. 32 OBJETOR ENVEJECIDO Tú mismo has dicho que esa chica es excepcional, diferente, como decíamos antes, tal vez solo sea una oveja negra más. (Pausa.) Se te pasará. CARLOS Tal vez, pero estoy triste. OBJETOR ENVEJECIDO Eres triste. CARLOS No, ya no. He cambiado. Había cambiado. Pero ahora...
  34. 34. 33 Escena quinta OBJETOR ENVEJECIDO Me ha convocado aquí vuestro miedo. Pero no estoy aquí solo por el vuestro, también por el mío. O por mi execrable sensación de estar solo aunque esté tan cerca de vosotros. Ya sé que diréis que no habéis sentido esa proximidad. Un “me gusta” en Facebook no es suficiente. No lo es. Tenéis razón. Por eso estoy aquí de esta forma imposible de estar. En alma. En espíritu vencido, en vomitada comodidad. Y a pesar de ello, en gratitud a vuestro trabajo, quiero, como habéis hecho vosotros conmigo, contaros una historia. Para haceros compañía en estos momentos difíciles, tal vez vuestros últimos instantes. Lo sabéis, ¿verdad? (CARLOS y ALFONSO con mirada perdida a un lugar indeterminado.) OBJETOR ENVEJECIDO Un día llevé a mis alumnos y mis alumnas un relato de Jack London, El apóstata. El protagonista es un niño trabajador en una fábrica textil durante la época de la Revolución Industrial. Un niño que se siente viejo, que se relaciona con su madre y sus hermanos como un huraño, amargado, cansado de la vida. Hasta que un día decide dejar de ser un engranaje más de la maquinaria. No trabajará más, solo mirará los árboles y los campos, lejos de su casa. Me parece un cuento de una tristeza luminosa. Lo que me extrañó es que les gustara, a sus 12 y 13 años. Tuve que explicar muchas palabras que no comprendían, pero se mantuvo el silencio durante la larga lectura. Yo les había pedido que se pusieran en el lugar del protagonista, un poco más joven, que intentaran sentir lo que él siente. Luego, como me gusta hacer, les pedí que escribieran una carta en la que como si fueran el protagonista, transcurrido el tiempo que quisieran, se comunicara con la madre para contarle cómo le iba la vida,
  35. 35. 34 refiriéndose en algún momento a la difícil relación que mantenían durante el relato. Os cuento esto porque me parece un personaje realmente insumiso. Por supuesto, no políticamente, pero sí vivencialmente. Ya sé que en vosotros también hay una visión esencialmente política, pero en la manera de llevarla a cabo, vuestra persistencia, vuestra firmeza a pesar de las dificultades, me parece una forma de vida, transparente… El hecho de que les gustara el relato y de que escribieran unas cartas dignas de elogio, me emocionó. Una de mis alumnas escribió una carta que llamó mi atención. Imaginó que el niño, algunos años después se convirtió en un activista en contra del trabajo infantil y se lo contaba a la madre lleno de orgullo porque habían conseguido hacerse oír incluso en el Parlamento. La autora se recreaba en la satisfacción del joven por haber dado ese paso, el de dejar el trabajo, aunque lamentaba lo mucho que la había hecho sufrir, ya que ella, en su experiencia vital, no encontraba otra explicación posible para el comportamiento del hijo que la locura. La posible valentía del niño o su forma de dar salida a la desesperación, a la explotación me ha hecho pensar mucho desde que conocí el cuento. ¡Cuántas veces no habré pensado dejar de ser profesor! ¡Colgar la tiza! Y no porque, como en el caso del muchacho, las condiciones de trabajo puedan calificarse de explotación, sino por la mentira que oculta el sistema. Vosotros sabéis más que yo de mentiras, constantemente las denunciáis. En mi caso me limito a llevarla dentro. Sé que existe, pero me callo. La rumio pasivamente. El sistema no busca la formación, sino la selección. Es necesario que exista gente sin titulación que acepte trabajos mal pagados y con unas condiciones que faciliten el máximo beneficio. Lo veo claro, pero como os digo, soy incapaz de defender mi idea. Por eso mi admiración por vosotros y por el protagonista. Sé lo que me diríais si pudiéramos hablar, si no estuvierais escondidos como ratas por decir la verdad, amenazados de muerte. Sé lo que me diríais.
  36. 36. 35 Escena sexta CARLOS He pensado mucho en la mujer que conociste en el bar. ALFONSO ¿Qué mujer? CARLOS La que bailaba, la equilibrista. ALFONSO Nunca te he hablado de ella. CARLOS Te oí, como si se lo contaras a alguien. ALFONSO Algunas veces hablo solo. Como tú. ¿Oíste que la volví a ver? CARLOS No. ALFONSO Volví al mismo bar. ESTRELLA ¿Por qué has venido? ALFONSO No lo sé.
  37. 37. 36 ESTRELLA Sí lo sabes. ALFONSO ¿Adónde iba a ir si no? Me gusta que me peguen. ESTRELLA No, no te gusta. Conozco bien a las personas que evitan lo que pasó el otro día, por eso me extraña verte. ALFONSO A mí también me extraña verme. ESTRELLA Te lo explico yo. Te gusto. Te preocupa mi relación con ese hombre que estuvo a punto de dejarte sin nariz. Por cierto, te queda bien ese vendaje. Te hace interesante. Tú no eres como los demás. Vete. Puede volver a aparecer. ALFONSO Tu sentido del equilibrio desentona con ese desequilibrado. ESTRELLA ¡Qué poco sabes de la vida! No somos coherentes. ¿Tú eres coherente? No sé nada de ti, pero demuestras que no. No te gusta bailar y aquí estás. No te gusta beber y mira esa copa. No te gusta la violencia y estás expuesto… No te preocupes, está de viaje. No sé cómo librarme de él. (ALFONSO va a decir algo, pero ella le interrumpe antes de que empiece a hablar.) No me digas que lo denuncie, no me digas que le deje, no me digas… nada. (Pausa.) ¿Sabes lo que más me gusta del circo?, que cuando todo el mundo me mira, me siento sola, me siento como rodeada de estrellas en un cielo inmenso sin nubes. Dura solo unos momentos hasta que empiezan los aplausos. Entonces, al oírlos, siento una alegría íntima, difícil de describir. (Pausa.) Empecé a
  38. 38. 37 venir a este sitio sola, como me viste, cuando cerró el circo en el que trabajaba, ahora llevo poco tiempo en otro. Siempre que estoy en esta ciudad, vuelvo y bailo, nada más, otro equilibrio. ALFONSO ¿Y él? ESTRELLA Un pirado que se cree… Ni siquiera me ha besado. Bailé con él una noche y desde entonces piensa… ALFONSO ¿Cómo sabes que está de viaje? ESTRELLA Le di mi teléfono y cuando se marcha me escribe disculpándose. Pensaba que era inofensivo, lo parecía, de verdad. Pero si vuelvo a verle, le diré que me deje en paz. Y si no lo hace, le mataré. No consentiré que ningún hombre me amargue la vida. (ALFONSO va a hablar, ella le interrumpe de nuevo.) Tú no sabes nada de mí. Yo tampoco de ti. No actúes de protector ni de consejero. Aunque me parece que no es tu estilo, si no quieres bailar conmigo, mejor será que te vayas. Como mucho consentiré que me mires mientras bailo, estoy acostumbrada a que me miren, por lo del circo, ya sabes. (Silencio.) ¿Por qué me miras así? ALFONSO No es necesario que le mates… sería mejor que cambiaras de sitio… hay tantos…., la huida no es un mal recurso. A veces… ESTRELLA ¿Por qué voy a tener que huir?
  39. 39. 38 ALFONSO Muchas personas huyen porque no pueden enfrentarse a una violencia que les impide vivir. ESTRELLA Ese hombre no puede impedirme vivir como quiera. No estamos en Afganistán. Pero vamos a dejarlo, me aburre esta conversación. No quiero que me digas lo que tengo que hacer. No lo necesito. No te necesito… para eso. CARLOS ¿Y para qué te necesita? ALFONSO No lo sé. Me dijo que sería mejor que no volviera por allí. Que tenía una forma de mirar justiciera. Que ella no creía en la paz, en la resignación, en la humillación de los débiles. CARLOS ¿Por qué no le dijiste…? ALFONSO Se lo dije, que así reproducíamos la violencia del sistema, que debíamos romper… Me detuvo, me dio un beso y me dijo que por favor no volviera por allí, que cuando ella estaba caminando en la cuerda floja solo exigía silencio porque podía caer y al público eso no le gustaba. Me volvió a besar en la mejilla y me dijo adiós. Me fui, ¿qué iba a hacer? ¿Qué hubieras hecho? CARLOS Hubiera insistido en lo que pensamos de la violencia.
  40. 40. 39 ALFONSO No me atreví. Parecía tan segura de sí misma… CARLOS Y tú tan inseguro. ALFONSO ¿Qué le voy a hacer? Y a mis años, no creo que pueda cambiar. Soy así desde niño. Lo sabes. Nunca estaba seguro de si lo que hacía estaba bien hecho. Por eso necesito leer tanto, investigar todos los días para convencerme a mí mismo antes que a los demás de que tenemos razón. CARLOS Aunque llevamos tantos años demostrándolo. ALFONSO Sí, pero ellos no están cruzados de brazos y se inventan sus falacias. Y controlan los medios, ya lo sabemos. (Silencio.) ¿Te gustaría volver a ver a esa joven? CARLOS ¿Qué joven? ALFONSO La que te salvó. CARLOS ¿Y tú cómo sabes eso? Nunca te he hablado de ella. ALFONSO La otra noche te escuché. También parecía que hablabas con alguien.
  41. 41. 40 CARLOS Sí, con mi sombra. ALFONSO Nuestro cautiverio nos está pasando factura. CARLOS Normal, ya llevamos aquí… ALFONSO Demasiado tiempo. CARLOS Sí, me gustaría volverla a ver. Tanto como volver a ver las nubes… Creo que es alguien muy especial. No sé lo que me oíste contar, pero nos vimos después de lo del hospital. Nos envió un correo a través de la web. Lo borré antes de que lo vieras, quería que fuese algo mío, íntimo. Perdóname. ALFONSO No pasa nada… Te entiendo. ELLA Echo de menos el mar. Mis padres cambiaron de trabajo y tuvimos que venir aquí. Me parece un infierno vivir tan lejos. Allí tenía un grupo de amigos y amigas, frecuentábamos un ateneo libertario. Allí me informé del poder de los militares, los curas y los bancos y los grandes empresarios. Lo de los políticos, un montaje para conducir su poder. ALFONSO Anarquista la muchacha.
  42. 42. 41 CARLOS Le conté lo de las amenazas, que habían ido a más. Se puso hecha una fiera, menudo cabreo. Casi me contagia. ELLA No comprendo cómo puedes estar tan tranquilo. CARLOS No sé si es tranquilidad o miedo. De todas formas, ya, a mis años, no se exteriorizan igual los sentimientos, con tanta vehemencia como tú. (A ALFONSO.) Me dijo que le encantaba la poesía. Me habló de José Hierro, de Ángel González, de Miguel Hernández. Y me recitó unos versos de Ángela Figuera. ELLA No quiero que mi hijo desfile, que los hijos de madre desfilen con fusil y con muerte en el hombro; que jamás se disparen fusiles, que jamás se fabriquen fusiles. No quiero que me manden Fulano y Mengano, que me fisgue el vecino de enfrente, que me pongan carteles y sellos, que decreten lo que es poesía.
  43. 43. 42 No quiero amar en secreto, llorar en secreto, cantar en secreto. No quiero que me tapen la boca cuando digo No quiero. ELLA Yo también he empezado a escribir, en el ateneo, una vez al mes, leíamos en voz alta lo que habíamos escrito. CARLOS (A ALFONSO.) Ya sabes que mi mentalidad científica no digiere bien la poesía, pero me gustó oírla. Recitaba muy bien. Creo. Me parecía tan distinta a mis alumnas. ¿O es que no los conozco? Cuando le dije que era profesor, me miró con cara rara. ELLA Nunca hubiera pensado que un profesor pudiera ser tan revolucionario. Los que conozco son unos carcas, incluso alguno es un fascista. Bueno, hay alguna excepción. Una de Lengua, aficionada al teatro, ha creado un grupo y estoy pensando en apuntarme. En el ateneo habíamos planeado representar una creación colectiva para plantear cómo debemos reaccionar los y las jóvenes ante el poder. No creo que la de Lengua quiera hablar de estas cosas. ¿Y tú qué das? CARLOS Biología.
  44. 44. 43 ELLA No está mal. Pero me van más las letras. No sé si las estrellas tienen algo que ver con la Biología. CARLOS Sí, algo. ELLA Mis padres cuando era pequeña, me llevaban de acampada. Por la noche, el que se queda colgado como tú, mi padre, me decía algunos nombres de constelaciones. Lo que más me gustaba era comprobar cómo poco a poco, el cielo se iba poblando. Y de vez en cuando, una estrella fugaz. Me encantaba. Y me encanta. Los y las del ateneo fuimos una noche a dormir en tienda de campaña, junto a un río, cerca de Vigo. Nos dejó el autobús en un pueblo y tuvimos que andar más de dos horas. Nos pasamos la noche hablando, mirando al cielo tumbados en mantas. Hablamos de lo bonita que podía ser la vida. Ese día me enamoré un poco de Elías y otro poco de Eva. Y mucho del cielo que me enseñó mi padre. Y de la tortilla de patatas que me hizo mi madre. Nunca me olvidaré de Casiopea ni del Dragón ni de las Osas. Fue una semana antes de marcharme a Madrid. Acabamos llorando todos. No solo por mi marcha. También y más por la noticia de unos bombardeos que se acababan de producir en Siria sobre un hospital de Médicos Sin Frontera. Llorábamos, nos abrazábamos y nos besábamos bajo el silencio de los grillos y el reflejo de una luna pequeña sobre el río tranquilo. Hasta que el sonido de un búho o una lechuza, no sé por qué nos hizo reír a todos con la risa tonta de adolescentes soñadores. No sé por qué te cuento esto. A mi padre no se lo hubiera contado. No así. CARLOS ¿Cómo? ELLA Reviviéndolo en mi piel. A gusto.
  45. 45. 44 CARLOS Le dije que aquí también hay ateneos o algo parecido. ELLA Sí, me voy a pasar por uno. Aunque por lo que he visto en internet, no parece igual, de gente tan joven como yo. CARLOS Sí, eres muy joven. ELLA Parece un reproche. CARLOS No lo es, de verdad. Es que… ELLA ¿Qué? CARLOS Nada, déjalo. CARLOS Quedamos en vernos algún día para que le hablara de nuestra organización. Quedamos en llamarnos, pero no lo hemos hecho. ALFONSO ¿Por qué? CARLOS No lo sé.
  46. 46. 45 ALFONSO ¿No lo sabes? CARLOS Déjalo. No quiero hablar de eso ahora. ALFONSO Como quieras.
  47. 47. 46 Escena séptima CATI Carlos, te están buscando. CARLOS Ya lo sabemos, Cati. CATI No me refiero a los militares. CARLOS Vaya, si eran pocos... CATI Ayer, en la puerta de casa, una chica, una adolescente, empezó a seguirme. Menos mal que tenía pinta de estudiante de instituto y no me asusté. Además, en seguida me llamó. Me paré en seco, bueno, nos paramos, me acompañaba Juan, ya sabes, no salgo sola de casa. Directamente, me dijo que quería hablar contigo, no se anduvo con rodeos. Que sabía que pasaba algo, que ya no publicabais nada en la web. Que le habías dicho que os perseguían y amenazaban. Carlos, ¿cómo le cuentas eso a una niña? CARLOS No es ninguna niña. A veces las apariencias engañan. (Pausa.) ¿Cómo te había localizado? CATI No lo sé. Haciéndose la misteriosa me dijo que no podía revelar su fuente. Así, como si
  48. 48. 47 fuese periodista. Pero me juró una y otra vez que no tenía nada que ver con los militares. Que no le gustaban, que sabía que tu ausencia tenía que ver con ellos. Quiere hablar contigo sí o sí. Creo que es capaz de dar con vuestro escondite y eso sí puede ser peligroso. ¿Qué hago? CARLOS (A ALFONSO.) ¿Tú qué opinas? ALFONSO La verdad es que me gustaría conocerla. CATI Si no fuera casi una niña diría que está enamorada de ti. O de vuestras ideas. Es verdad que por su forma de hablar no parecía una niña. Bueno, ¿qué hago? He quedado en llamarla esta tarde. Le he pedido que no me siguiera. He tenido que dar un montón de vueltas para asegurarme. ¿Confías en esa chica? CARLOS No creo que tenga nada que ver con ellos. ALFONSO Podría ser peligroso para ella. CATI Si lo hacemos bien, no. Además, la semana que viene os vais. Ya lo tenemos casi preparado. ALFONSO ¿Tú quieres verla? CARLOS Claro.
  49. 49. 48 CATI Carlos, podría ser tu hija. CARLOS Cati, te equivocas. No es eso. No sé cómo explicarlo, pero no es eso. Se trata de... admiración. (Pausa. Recibe la intensidad de las miradas.) No seamos cuadriculados y esquemáticos como ellos, por favor. Además, me salvó. CATI Que te salvó, ¿de qué? CARLOS Es tarde, Cati, ya te lo contaré otro día. O dile que te lo cuente. Dile que venga. Yo confío en ella. Y en vosotras en que lo haréis de forma segura.
  50. 50. 49 Escena octava (ELLA abrazada a CARLOS. ALFONSO, CATI y ANA, en un rincón, les observan.) ANA Dentro de una hora pasamos a recogerte. CATI ¿Estás de acuerdo? ELLA Sí, claro. Muchas gracias por dejarme venir. CATI ¿Estás bien? Pareces... ELLA Sí, estoy bien. Me ha impresionado este sitio. Parece un zulo. ANA Es un zulo. CATI Hasta luego. ANA Hasta luego. (Los tres, nerviosos, se despiden con un gesto.)
  51. 51. 50 ALFONSO Yo no puedo dejaros solos. Como mucho puedo ir al baño. Por llamarlo de alguna manera. ELLA No hace falta. Lo que quiero decir a Carlos, puedes oírlo. No creo que te asustes. ALFONSO No creo. Pensad que yo no estoy. ELLA Pero yo quiero que estés. No se trata de algo entre Carlos y yo. Sino entre vosotros, mucha gente y yo. CARLOS ¿Qué quieres decir? ¿Por qué has venido? ELLA Quería verte. Necesito saber. Os echamos de menos. Vuestra denuncia, vuestra información son necesarias. Siembra de utopía. ¿Dónde está? No sé decirlo de otra manera, me decepcionáis. Sé que soy dura, Carlos. Pero al veros aquí..., escondidos... Creí que os había pasado algo. Por eso he removido todo lo que he podido y más hasta encontrar a Cati. No fue tan difícil, Facebook... Claro, no os ocultabais. Era vuestra estrategia. No pensabais que... ALFONSO No, no lo pensábamos. Si no, no estaríamos aquí. ELLA Pero tenéis que salir. Denunciarlos. No estáis solos.
  52. 52. 51 CARLOS Tenemos familia, amigos. No se merecen... ELLA No se atreverán. No estamos en el Tercer Mundo. Aquí no se atreverían a haceros nada. Sería peor para ellos. Cuidan su imagen. ALFONSO Tenías razón, Carlos, en lo que decías de esta joven. CARLOS Sí. ELLA ¿Qué decías de mí? CARLOS Que no parecías una joven de instituto como tantas que conozco. ELLA Creo que estáis cambiando de tema. He comprado vuestro libro. Política noviolenta y lucha social. Alternativa noviolenta a la defensa militar. Lo estoy leyendo. Es un libro valiente, necesario. Sin embargo, vosotros, tenéis miedo. CARLOS Tú sabes que detrás del negocio de las armas hay mucho dinero, ¿no? Y que ese dinero llega a manos muy poco sensibles. Dentro de unos días nos vamos, seguiremos desde otro sitio. La huida no es un fracaso, ni el final. ELLA No confiáis en nosotras.
  53. 53. 52 ALFONSO ¿Vosotras? ELLA Nosotros y nosotras. Los que leemos vuestra web. Quienes creemos en lo que decís. Porque tenéis razón. (Tensión. Silencio prolongado. Miradas que huyen.) ELLA Quiero irme. ALFONSO Por seguridad tienes que esperar a que vengan a recogerte. (Nuevo silencio. ALFONSO se va al baño ante la situación incómoda.) ELLA (Enfadada.) Sois unos impostores. CARLOS ¿Qué te pasa? ¿Por qué dices eso? ELLA No podéis marcharos, así, sin más. Sin denunciar lo que están haciendo.
  54. 54. 53 CARLOS Tendremos que buscar la manera de hacerlo desde otro sitio. ELLA (El enfado va en aumento progresivo.) ¿Y vuestra familia? ¿Van a huir todos? Dijiste que amenazaron a la hermana de Alfonso... ¿Se va a esconder también? No. Simplemente vais a permitir que consigan su objetivo: eliminar de una forma u otra a quienes hacen peligrar sus negocios y sus ideas. Porque ellos no defienden la paz y lo sabéis. No la idea de paz que queremos. Paz y justicia. Para todas, en todas partes. CARLOS Parece que no te importaría que nos mataran. ELLA No seríais los primeros que mueren por sus ideas. A mí no me importaría. CARLOS No sé si has visto muchas películas... O alguien... ELLA (A punto de llorar.) Carlos, no me digas eso, por favor. Tú no. CARLOS Perdona. Pero no creo que seamos tan importantes como quienes arriesgando su vida tenían la ilusión, la confianza de cambiarla. O la necesidad urgente. Creo que somos insignificantes. ELLA Entonces, ¿por qué las amenazas?
  55. 55. 54 CARLOS Para demostrar su poder absoluto. ELLA Tal vez no lo sepáis, pero sí sois importantes. Vuestras ideas no son vuestras, son de mucha gente. Y no se merecen ser pisoteadas. Si os pasa algo va a ser peor para ellos. Mucha gente como yo, sí, yo también, no pararía hasta conseguir que se conociera la verdad. (Después de un silencio.) Solo dime una cosa. ¿Tienes miedo? CARLOS Sí. ¿Tú en nuestro lugar no lo tendrías? ELLA Si estuviera sola, tal vez. CARLOS Imagínate que te hacemos caso. Que denunciamos las amenazas. Y al día siguiente encuentran nuestros cuerpos sin vida o, todavía peor, el de Cati. ¿Cómo te sentirías? (Silencio. Ella lo mira, dolida.) ELLA No sé a qué viene esa pregunta. Sabes cómo me sentiría. ¿Verdad que lo sabes? ¿Para qué me lo preguntas? ¿Dudas de mí? Sí, lo haces porque piensas que una jovencita como yo no puede darte lecciones. Piensas que lo que digo no tiene valor por mi fecha de nacimiento. Vale, tal vez me estoy equivocando. No debí haber venido. CARLOS ¿Por qué lo has hecho?
  56. 56. 55 ELLA Para salvarte otra vez. CARLOS (Mirándola intensamente.) No sé lo que haremos, pero tu visita... ELLA ¿Qué? CARLOS Me gusta que estés aquí. (Ella le coge la mano y se la besa. Él le acaricia la cara. Sin transición, se separan bruscamente. Después de unos instantes, se miran. Les gustaría decirse algo pero no se atreven. Silencio incómodo. Entra ALFONSO.) ALFONSO Perdonadme, pero no aguanto más en ese baño asqueroso. (Los mira.) Algo os ha pasado y supongo que no puedo hacer nada. CARLOS No. No sé, quiere que nos quedemos y que denunciemos. ALFONSO (Con preocupación los mira fijamente.) Según Amnistía Internacional en 2016 murieron asesinados al menos 281 personas por defender los derechos humanos. Seríamos dos más. ELLA (Se siente muy nerviosa.) Me voy. No aguanto más. (Hace intención de salir pero CARLOS la detiene con
  57. 57. 56 suavidad.) CARLOS Por favor, espera. Es peligroso... para ti. ELLA (Con cierta violencia.) No puedo más. (Sale.) ALFONSO Me gusta esa chica. (Pausa.) Y a ti también. (CARLOS le mira, sombrío, pero no dice nada.) Si consiguiéramos comunicarnos con los jóvenes, hacerles llegar... CARLOS ¿Qué, nuestro miedo? ALFONSO Esa chica... creo que me ha abierto los ojos. Nos quedamos. Y denunciamos. (Ante el silencio de CARLOS.) ¿Qué dices? CARLOS Quiero hablarlo con Cati. Y pensar.
  58. 58. 57 Escena novena MILITAR Un mes detrás de vosotros, esperando sus órdenes. Os preguntaréis por qué hemos esperado si sabíamos dónde estabais. Muy sencillo, para joderos. Y eso que no me gusta hablar mal, pero no existe otra palabra: joderos. Y podríamos haber esperado más. Pero claro, creíais que podíais salir de España y tal vez lo hubierais conseguido. ¿La Patagonia? Demasiado lejos para seguiros, demasiado grande para controlaros. Mejor así, vuestra total desaparición. Hemos tenido un mes para planificar cómo no dejar rastro de vuestra total desaparición sin que nadie sospeche de nosotros. Aunque tampoco debemos temer que muchos se preocupen. ¿Sabéis por qué? Una sola palabra: miedo. En eso teníais razón cuando hablabais de nosotros: somos artistas del miedo. Como la religión. ¿Cómo si no, hemos podido mantener el poder durante siglos y milenios? Sí, a mí también me gusta leer. De hecho soy licenciado en Historia. Y estoy a punto de presentar mi tesis doctoral: la tortura de la Inquisición en España. Como veis sé de qué hablo. Me gustan los libros de Historia y debo confesaros que me gustaba vuestra web. Erais muy trabajadores. Una entrada cada día del año. Pero os pasasteis. Sobraba ese tono irónico, ese aire de superioridad. No les gustaba a muchos de los nuestros. Lo que hacemos es demasiado importante para que dos pirados desvelen nuestras vergüenzas. Pero hablábamos del miedo. ¿Por qué creéis que con tantas razones contra nosotros no habéis conseguido… hacernos tambalear? Bueno, tal vez un poco, por eso estamos aquí, claro. ¿Sabéis por qué? Por el miedo. Vosotros sabéis que yo sé que teníais razón. Somos los culpables de casi todo. No me importa decirlo, no hay micrófonos. Pero la gente no ha querido entenderlo. Por nosotros se perpetúa el hambre, la desigualdad, los refugiados, y qué decir de la guerra y sus muertes. Sí, tantas veces gente humilde, víctimas colaterales. (Con brusquedad ante un amago de intervenir de CARLOS.) No se os ocurra abrir la boca, y menos para darme la razón. (Pausa. Reanuda su discurso con la misma tranquilidad anterior.) Ya sé lo que vais a decir. Lo he leído muchas veces en vuestra web, magnífica, no me importa reconocerlo. El comercio de armas, los intereses económicos, sí es verdad. Pero tenían
  59. 59. 58 miedo de reconocer que contra nosotros deberían haber centrado sus fuerzas si querían construir un mundo mejor. Esos que llaman la izquierda. ¡Qué infantiles la mayoría! Vosotros y unos pocos más teníais razón en ir contra nosotros. No creo que os parezca raro esto que digo. Sabéis muy bien que en el ejército hay gente formada como yo, conocedora del humanismo, del pacifismo. Pero qué le vamos a hacer, nos gusta vivir bien, sin complicarnos demasiado la vida. Tened en cuenta que la guerra, y de esto también habéis hablado, se ha trasladado fuera de nuestras fronteras. Y que nuestras misiones humanitarias no son lo mismo. Afortunadamente nos revisten, y se admite, de respeto, de solidaridad, de justicia. Ya, ya sé que no es verdad, que no intervenimos en las causas de esos conflictos. Pero ¿quién más lo sabe? Vuestros lectores. ¿10.000 o 20.000?, ¿y quién más? Pocos. Pero ya sabéis que somos muy sensibles y que últimamente nos daba la sensación de que más gente os empezaba a seguir. No íbamos a permitir que ese crecimiento aumentara. A alguien de arriba no le gustó que insistierais una y otra vez con la ocultación de datos del gasto militar en casi todos los ministerios. Y luego, ese dramaturgo que escribió ese monólogo, “Arrepentido”, ¿tiene algo que ver con vosotros? (CARLOS y ALFONSO, que no saben a quién se refiere, se miran y aprovechan para darse una señal. Se toman disimuladamente una pastilla que tragan con dificultad. El MILITAR no se da cuenta.) ¡Un ministro de Defensa que después de leer a Blas de Otero decide dimitir! ¡Qué barbaridad! Seguro que era seguidor vuestro. Bueno, que no íbamos a permitir que os marcharais y que desde fuera siguierais difamándonos. (Ellos se empiezan a sentir mareados.) ¿Qué os pasa? (Les toma el pulso.) ¿Qué habéis hecho, gilipollas? (Coge su teléfono y llama.) Rápido, venid a por ellos. Se han tomado algo. Creo que se están muriendo.
  60. 60. 59 Escena novena (En un banco del cementerio. ELLA, muy afectada, ESTRELLA, de pie, la observa.) ESTRELLA ¿Puedo sentarme? ELLA Sí, claro. ESTRELLA ¿Te encuentras bien? ELLA No. ESTRELLA ¿Los conocías? ELLA Sí. ¿Y tú? ESTRELLA A Alfonso. Aunque no mucho. ELLA Sabes que se los han cargado los militares, ¿no?
  61. 61. 60 ESTRELLA ¿Los militares? No. No lo sabía. ¿Estás segura? ELLA Los habían amenazado y estaban escondidos. Pero lo van a pagar. ESTRELLA He oído que estaban envenenados. Que se habían tomado algo. ELLA Claro, seguro que les habían encontrado. O les han obligado a tomárselas o se las han tomado ante amenazas de torturas. ESTRELLA ¿Tú crees que los militares son capaces de eso? ELLA Sí que lo creo. Llevaban un mes escondidos. Habían amenazado a las familias. Pregúntaselo a Cati, la hermana de Alfonso. ¿La conoces? ESTRELLA No. Conocía poco a Alfonso. Me hubiera gustado conocerle más. (Silencio.) ELLA Yo conocí a los dos. Pero más a Carlos. Admiraba lo que hacían.
  62. 62. 61 ESTRELLA ¿Qué hacían? ELLA Escribían sobre militarismo. Lo denunciaban constantemente. Todos los días durante casi treinta años publicaron una entrada en su web con datos o con alternativas al concepto de defensa que nos venden. Por eso fueron a por ellos. (Con rabia.) Pero esto no va a quedar así. Vamos a demostrar lo que han hecho. Se van a arrepentir. Lo van a pagar. ESTRELLA Pareces muy joven para hablar así. ELLA (Enfadada.) ¿Tú también con lo de joven? ¿Qué tiene que ver eso? ESTRELLA Perdona. Solo es sorpresa y desconocimiento. No estoy acostumbrada a oíros hablar. Solo os veo mirar. Soy equilibrista en un circo. Cuando actúo solo veo al público mirando. Como mucho oigo su murmullo. No quería ofenderte, de verdad. Pero me gustaría ayudarte. Dime qué puedo hacer. En cierto modo, se lo debo a Alfonso. Él intentó ayudarme, aunque no me dejé. ELLA Nos ayudaban a todos aunque muchos no quisieran verlo. Transmitían un mensaje de dignidad humana. Por eso fueron a eliminarlos. Mañana damos una rueda de prensa. Vamos a empezar una campaña de denuncia y vamos a demostrar que fueron ellos. No vamos a parar. Ya lo verás. Si quieres yo te informo. Dame tu teléfono. No saben dónde se han metido. No somos tan pocos como creen. Vamos a conseguir que lo que decían, lo que denunciaban Alfonso y Carlos, se amplifique. Se van arrepentir, ya lo verás.
  63. 63. 62 ESTRELLA Me gusta tu fuerza. ELLA Sí, soy fuerte. La debilidad de Carlos, a pesar de su constancia, me ha hecho más fuerte. ESTRELLA ¿Qué relación tenías con Carlos? ELLA (Dubitativa.) ¿Relación? No sé. (Pausa.) Era mucho mayor que yo. Pero me gustaba hablar con él. Me escuchaba como si fuera igual que él. Creo que, de alguna manera, me necesitaba. (Pausa, nuevamente muy decaída.) ¿Cómo te llamas? ESTRELLA Estrella, ¿y tú? ELLA Julia. Tengo algo dentro que no sé si me dejará vivir tranquila alguna vez. El día antes de que los encontraran muertos, yo les pedí que no se fueran, que no huyeran, como pensaban hacer. Que sacaran a la luz las amenazas. No sé si ya habrían dado ese paso y enseguida actuaron para evitarlo. ESTRELLA Los equilibrios solo son posibles en el circo. En la vida lo que funciona son los riesgos sin red. Yo tampoco soy partidaria de la huida. En una ocasión se lo dije a Alfonso. Aunque vistas las consecuencias, tal vez tuvieran razón en su decisión de huir. ELLA Eso es lo que me atormenta y este dolor es el que me provoca una ira tal que me
  64. 64. 63 impide quedarme cruzada de brazos. Voy a denunciar sus mentiras, sus negocios. He encontrado lo último que escribió Carlos. Aunque no publicaban en internet seguían escribiendo. Te lo leo para que veas lo que hacían: “Si estoy en lo cierto, al menos hay 16 guerras en activo (incluyendo en "guerras" la desencadenada por Israel, las coloniales de Mali y República Centroafricana, que para la OTAN son sólo conflictos) con unas 3.765.225 personas muertas (inimaginable el número de víctimas no muertas, desplazados, daños materiales y medioambientales) y cerca de 100.000 niños soldado. (Pausa.) A ello podemos sumar otros 34 conflictos bélicos según la ONU (qué sarcasmo, conflicto bélico y guerra no es lo mismo, especialmente si afecta a intereses de las superpotencias y pueden disimularlo) con otros 1.310.400 muertos por conflicto y sus consecuentes "daños colaterales". (Pausa.) Según cifras oficiales afectan a 43 estados sin contar con ninguno de los "occidentales" involucrados, ni con los promotores principales y sus alianzas (OTAN, UE, Alianzas "ad hoc" con EEUU). (Pausa.) Por lo que respecta a España, "solo" interviene en 14 de estos "conflictos" y guerras. Pero al parecer eso no debe tener interés a la hora de valorar el compromiso por la paz mostrado por el nuevo presidente, en perfecta comunión con su antecesor, y sus declaraciones de que mantendrá los compromisos adquiridos de gasto militar y de la OTAN.” ESTRELLA Tienes razón, lo que denuncian es muy importante y terrible. Anota mi teléfono. Tengo que irme, Julia, pero cuenta conmigo. (Sale ESTRELLA y entra el MILITAR, viste de paisano, se sienta junto a JULIA, esta intenta levantarse, pero él le sujeta con mucha fuerza el brazo. Ella forcejea pero él aprieta más, ella emite un gemido de dolor. Él le enseña una pistola.) MILITAR Bueno, parece que esta joven ahora tiene prisa. Pues no, no la tengas, ahora me vas a
  65. 65. 64 escuchar un rato, calladita y tranquilita. Si intentas correr, te disparo. Tú sabes quien soy y yo sé quien eres. Así que no hacen falta presentaciones. Yo conozco tus intenciones y tú las mías. Todo claro. No te lo vas a creer pero siento la muerte de tus conocidos, amigos, amantes... o lo que sean... Lo siento, por la forma tan ridícula de morir. Iban a morir de todas maneras, pero de una forma más limpia. Un poco de sangre, eso sí, pero la sangre es bella, ¿no te parece? No, no me contestes. Me importa una mierda lo que pienses. Perdona por hablar así, en realidad soy mucho más refinado y culto. Pero es que nos tienes, nos tenéis, tú y la hermana de Alfonso, bastante enfadados. Os creéis que se puede hacer cualquier cosa contra nosotros, hablar es muy fácil. Se lo decía a ellos el otro día, antes de que se tomaran esas pastillas. Qué desconfiados, tenerlas preparadas... Les decía que tenían razón, pero que la razón no es suficiente. Si el mundo, nuestra sociedad, funcionara como proponen sería todo muy diferente y hay mucha gente que no quiere, que no queremos que sea diferente. Tú eres muy joven y no lo entiendes. Te lo voy a explicar de una forma sencilla. Hay estamentos, colectivos, organizaciones sociales que no se pueden tocar porque si se tocan algunos perderíamos poder y dinero. Y eso no lo vamos a consentir. Una cosa es permitir la apariencia de democracia, de libertad de expresión, de derechos humanos, todo eso, ya sabes y otra, permitir una revolución. (ELLA hace ademán de levantarse. Él le vuelve a apretar el brazo con mucha fuerza. Gemido de dolor.) Te lo he dicho, quietecita. Como vuelvas a intentarlo te pego un tiro aquí mismo, niñata. (Continúa casi sin inmutarse.) No quiero hacerte daño, tendrás la misma edad que mi hija. Pero afortunadamente ella no es como tú. Le hemos dado una buena educación. Seguro que tú has estudiado en colegios e institutos de esos con profesores sin escrúpulos que buscan adoctrinar a nuestros hijos. Una vez escuché hablar a uno de esos de educación para la paz. ¡Qué asco! Sí, tenía razón, pero ¡qué asco de verdades!, ¡cómo se puede hablar así a los niños! Si dejáramos que educaran así a todos, qué pasaría dentro de unos años. Por eso defendemos nuestros colegios privados, que además nos pagan, en muchos casos. Concertados los llaman. Pero me estoy yendo del tema que nos tiene aquí reunidos. Perdona, es que contigo me pasa igual que con esos dos, me gusta hablar con vosotros, con auténticos luchadores. Voy al grano. Vas a decir a la hermana de Alfonso que como se os ocurra levantar la voz, lo
  66. 66. 65 vais a pasar muy mal. Conocemos a toda vuestra familia, sí también a tus padres y... ELLA (Gritando.) ¡Socorro! (El MILITAR inmediatamente le cierra la boca y saca la pistola. Aparece el OBJETOR ENVEJECIDO.) OBJETOR ENVEJECIDO (Con el móvil en la mano.) Acabo de llamar a la policía. Estarán a punto de llegar. MILITAR (Se levanta, levanta a JULIA, tirando con violencia de su brazo y la coloca delante de él sujetándola. Primero apunta con la pistola al OBJETOR ENVEJECIDO y a continuación a la sien de la joven.) Me podría cargar a los dos en un segundo, pero lamentablemente no son esas las órdenes que tengo. Sé quién eres tú, y sé que eres inofensivo. Has cometido un gravísimo error metiéndote en esto. (Empuja a JULIA con fuerza, cae al suelo. Sale apuntando al OBJETOR ENVEJECIDO. Éste la ayuda a levantarse.) OBJETOR ENVEJECIDO ¿Cómo estás? ELLA Me duele mucho el brazo. ¿Quién eres? OBJETOR ENVEJECIDO Un antiguo amigo de Alfonso y Carlos. Y ahora, un enemigo de esa gente.
  67. 67. 66 ELLA Creo que la consideración de enemigo es mutua. (Se han sentado en el banco.) OBJETOR ENVEJECIDO Creo que deberías ir a urgencias a que te miraran ese brazo. ELLA Puede. Voy a esperar a ver si se me pasa. Antes tengo mucho que hacer. OBJETOR ENVEJECIDO Piénsalo bien. Ya has visto cómo trabajan. ELLA No tengo miedo. OBJETOR ENVEJECIDO ¿No? ELLA No. OBJETOR ENVEJECIDO Yo sí. Todavía estoy temblando. Nunca he sido muy valiente. ELLA No creo que se trate de valentía. Tal vez sí de decisión. Y yo sé lo que voy a hacer. Decirle a Cati que sigamos adelante con la rueda de prensa. Si ella me dice que no,
  68. 68. 67 seguiré yo sola con mis contactos. Hay muchos jóvenes que me seguirán. OBJETOR ENVEJECIDO Me gusta oírte. Yo hace mucho tiempo que renuncié a la acción, mis ideas se refugiaron en mi interior. Ahí siguen. La muerte de Alfonso y de Carlos me ha removido profundamente. De alguna manera tengo una deuda con ellos. Una deuda sentimental y política. Y quizás también poética. Lo que escribían permitía que yo siguiera siendo yo, aunque débil y escondido. Mis pensamientos, mis ideas no morían gracias a ellos. Tal vez no lo comprendas, me cuesta entenderlo yo mismo. Leía cada día lo que escribían. Si no hubiera sido por esas entradas en su página, creo que hubiera dejado de ser yo mismo todavía más. Pero me culpo de haberlos dejado solos. De no haberles apoyado. ELLA ¿Por qué no lo hiciste? OBJETOR ENVEJECIDO ¡Qué gran pregunta! Tal vez en otro momento me hables de tu relación con ellos. Me resulta extraña. ¿Por qué no lo hice? Por mi insignificancia, por mi falta de fe, por comodidad, por debilidad. Pero aunque tenga miedo, voy a actuar. Creo en ti y en lo que dices, necesito agarrarme a tu determinación para no seguir a la deriva. ¿Me dejas ayudaros? (JULIA le da un beso en la mejilla.) ELLA Vamos. (Con el brazo dolorido le da la mano. Se levantan y salen. Oscuro muy lento.)

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