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Utilísimas instrucciones para redactar tc (textos de contraporta)

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Estas fotocopias forman parte del material de estudio que algún profesor entregó en el curso 2007-2008 del Máster en Edición de la UPF. No se encontraron referencias bibliográficas ni localizado el artículo en Internet. Por favor, si tienes información sobre esta nota, te agradeceré me la hagas llegar (correo electrónico en mi página web). Muchas gracias.

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Utilísimas instrucciones para redactar tc (textos de contraporta)

  1. 1. Eduardo Alonso El ocioso lector que ojea en las librerías la contraportada de las novelas se queda indeciso y tarumba: todas son una "obra excepcional en el panorama de la literatura española contemporánea". Cada año se producen (que se vendan es otra cosa) no menos de cien apasionantes novelas cuya historia es ambiciosa, el final sorprendente, los personajes de una insólita hondura y el estilo deslumbrador. Total, que el autor alcanza una notable maestría. Con el artificio de ofrecer un heptálogo de normas o manual para redactar los TC (textos de contraportada), Eduardo Alonso desmonta burlón los tópicos de esos escritos marimachos, mitad resumen, mitad eslogan. H ay lectores ingenuos que creen que los textos de contraportada los redactan los editores. Piensan, candidos, que ningún escritor sería capaz de echar- se encima el tarro de los elogios, que ningún novelista en su sano juicio (¿?) osaría decir de su obra que se trata de una ambiciosa historia, con personajes de hondo trazo sicológico, esmerada ambientación, reflexión lúcida y estilo brillante. En suma, una "obra excepcional". Si el autor es talludito, se trata, claro de "uno de los grandes narradores de nuestro tiempo", si no llega a la treintena, es "una de las importan- tes revelaciones de la nueva narrativa..." Juventud: revelación. La juventud del poeta es efímera, y por tanto regalo de los dioses, divino tesoro. En cambio, la juventud del novelista español es casi mterminable. Llega hasta los cincuenta años, en homenaje a la edad en que Cer- vantes empezó a pergeñar el Quijote. Hasta el medio siglo LEER
  2. 2. SINGUES el escritor español no está obligado a admitir fracaso total, momento en que se entra de golpe en la fecunda madurez, cuando nuestro autor es reconocido por su habitual maes- tría. Porque vamos a ver, si la madurez no es fecunda... ¿en qué queda? Repasen los adjetivos subrayados y habrán dado ya con algunos de los materiales imprescindibles para redactar la contraportada de un libro: ambicioso, hondo, esmerado, lúcido, brillante, fecundo... Importante norma de estilo: coloque los adjetivos delante del sustantivo. Pues sí, el Texto de Contraportada (en adelante llamado TC) lo suelen redactar los autores, aunque, luego, los edito- res, les den el ajuste final. Quien lo probó, lo sabe. Mánda- lo urgente, dice el editor: ya sabes, medio folio, quince líneas. Y el autor dice que sí, que muy bien, que mañana mismo lo envía por fax. El novelista ha estado horas y horas pensan- do en su "universo narrativo" se ha pasado meses y meses en soledad (¡ah!, la soledad del escritor), preso del terror a la pantalla en blanco de catorce pulgadas, ha tomado tazas y tazas de café en los instantes de excitación creadora y lin- gotazos de whisky en los trances de sequedad narrativa, ha escrito, tachado, y reescrito 250 folios, los ha encuadernado y mandado por SEUR a su editor o agente, ha firmado el contrato, ha corregido pruebas, pero aún falta el rabo por desollar: el texto de contraportada. No es fácil redactar un T C . Es un género híbrido, como el centauro o la sirena, informativo y publicitario, entre el prospecto y el eslogan. ¿Cómo elogiar bien sin caer en el empalago? ¿Cómo decirlo todo en dos párrafos? He aquí un manual de instrucciones. N O R M A N° 1 L A E S T R U C T U R A D E L T C Vivimos tiempos tan dispersos que la palabra estructura es hoy chatarra crítica, pero el texto de contraportada es un artefacto semejante a una escultura del Guggenheim. U n T C se articula en dos bloques temáticos: (A) el contenido de la obra; (B) los méritos del autor. La proporción adecuada es de 75 a 25%. O sea, que de 20 líneas, 15 se dedicarán a la excepcional novela y las últimas 5 a su lúcido creador. E n el bloque A se hablará de la historia que se narra, o sea, el argumento, los personajes y la localización. He aquí la composición del fármaco. N O R M A N° 2 U N A H I S T O R I A A P A S I O N A N T E • Extensión: 3/4 líneas. • Composición. La reseña argumental es como una pizza cuya masa es el sustantivo trama, suceso o historia, pero es mejor emplear la palabra ficción. Encima se unta con ver- bos como relata, cuenta, narra, pero son mejores desencade- narse, precipitarse. El orégano de la pizza son los adjetivos calificativos: insólita, apasionante, misteriosa, sorprendente, entretenida,etc. Este adjetivo es hoy imprescindible, porque la novela que no es entretenida, será un fracaso. Ya está bien de Proust. Fíjense en el siguiente esquema. argumento insólito contar trama *apasionante relatar historia misterioso narrar sucesos •entretenido •desencadenarse acontecimientos intrigante desarrollar(se) *ficción sorprendente •precipitarse Es un repertorio chosmskiano porque con él se generan infinitas frases. Combínese cualquier palabra de la primera columna con cualquiera de las otras dos columnas. (Ponga el adjetivo delante: es más artificial). Así: "Esta insólita fic- ción desencadena..." O "Esta apasionante trama se precipi- ta..." O bien "Está insólita trama relata..." O "Esta apasio- nante ficción desencadena... etc. (El * indica el ingrediente más valioso). Tampoco hay que pasarse hablando del "amplio mosaico de acontecimientos", "Los vericuetos de la intriga", el "trabado nudo de peripecias".
  3. 3. SINGULARES • Posología. No pase de cuatro líneas. El resumen ideal cabría en una oración, como los cuentos que concursan al premio del club Faroni. Empiece "in medias res", o sea, de sopetón, nada de preámbulos ni coñas superfluas. Por ejemplo: "Cuando Elvira Monzón se despertó en la suite del Palace, tenía a su lado a una nacionalista del PNV". Añada un " a partir de aquí su vida...se vio envuelta / fue arrastrada..." Pero ¡no cuente nunca el sorprendente final!. N O R M A N° 3 L O S PERSONAJES Aquí la cosa se complica. Tendrá que elegir entre el nom- bre propio del protagonista o un sustantivo genérico. En este caso se puede seleccionar su atributo profesional: una profesora, un asesino a sueldo, un crítico de arte, una aris- tócrata, un funcionario... No olvide vestirlo con el adjetivo emblemático: un fracasado escritor..., un manchego director de cine... una exitosa modelo, una decepcionada ama de casa. • E l trazo sicológico. No olvide que perfil del personaje será siempre hondo. Usted, empedernido lector de novelas, ¿recuerda el nombre de algún personaje posterior a Aure- liano Buendía, La Maga y Pedro Páramo? Da igual. A la hora de redactar la contraportada diga que Fulano o Men- gana es un ser inolvidable. ¡Es todo tan efímero! Y además, al personaje de la novela lo fragua la posteridad, los anales de la literatura, como ha ocurrido con Benina, Ana Ozores, San Manuel Bueno (mártir) o el capitán Trueno. Es proba- ble que el día de mañana entre todos los personajes inven- tados por los escritores españoles sólo dos alcancen justa y eterna fama: Carvalho y el capitán Alatriste. C'est la vie. N O R M A N° 4 L A PATRIA • E l escenario. ¿Dónde ocurren los hechos? ¿En Salaman- ca, Almorox y la Sagra... como en El Lazarillo? Hace unos ocho o diez años, todos los novelistas españoles, menos los leoneses, situaban sus historias fuera de España: Berlín, Burdeos, Oxford, Lisboa, Venecia... (Yo mismo, en un des- comunal arrebato, escribí una novelita que ocurría entre Salamanca y Ferrara, Italia). Ahora los personajes de nove- las españoles viven aquí, habitan entre nosotros. Por eso mismo, no hace falta decir el topónimo, salvo que el prota- gonista busque las raíces de su niñez, entonces sí, entonces utilice la palabra escenario de la infancia, y diga el lugar ( en su Albacete natal), y si es en un gran ciudad mencione el barrio: la Bonanova, el Raval, las Sierpes, Aguinaga... • Macondismo. Todos los lectores somos oriundos de Macondo, Cómala, Región y Yoknapatapha (¿se escribe así?) Una vez en la vida el novelista debe recrear un espa- cio mágico. En tal caso dígase el topónimo, empleando la palabra ámbito. Por ejemplo: "en el ámbito ficticio de Tra- pisonda, Melanconia o Némora..." No es fácil redactar u n TC. Es u n género híbrido, como e l centauro o la sirena, informativo y publicitario, entre e l prospecto y e l eslogan. ¿Cómo elogiar bien sin caer e n e l empalago? • Extensión. La referencia al espacio no debe sobrepasar una línea. Y mejor media. Si no, ¿como embucha todo en la extensión concedida? N O R M A N° 5 LAS L E V A D U R A TEMÁTICA Ojo con redactar como un alumno de C O U que "la nove- la plantea la relación, desentraña el conflicto..., aborda el tema..." ¡Son tópicos infames! Pero hay palabras temáticas que son la levadura del "universo narrativo", y que no deben faltar, sueltas, incrustadas aquí y allá: enigma, amor, deseo, pasión, ilusión... Y sus contrarias, claro: desamor, inape- tencia, decepción, fracaso...No abuse, pero ponga un par de ellas. LEER
  4. 4. SINGULARES N O R M A N° 6 E L T O N O , E L A R O M A La tonalidad sentimental del relato es el tarro de las esen- cias. Ya no estamos en la época socialrrealista en que la his- toria apestaba a ajo, tintorro y alpargata sudada. En los años de la movida, todavía la literatura española olía a secreción testimonial de sobaco, ingle, pana y porro. Luego, como sabéis, se privatizó Loewe. Ahora la literatura espa- ñola huele a lavanda. Doliente, pero perfumada. Como Garcilaso: un dolorido sentir. Juventud: revelación. La juventud del poeta es efímera, y por tanto regalo d e los dioses, divino tesoro. En cambio, l a juventud del novelista español es casi interminable • Parte climático. ¡Maldición!: no se le ocurra a usted, ingenuo redactor de "teces", decir que el tono es lírico o poético, porque los críticos encallecidos le pondrán a caer de un burro. ¿Tiene la novela algo de humor? Magnífico. Entonces el humor será, sin duda, irónico o sutil. A fines del milenio, la sutileza mola. Para facilitar el trabajo crítico del periódico que reseñará el libro sin leerlo, diga que el humor es inteligente Va, atrévase, y diga que en este tiempo tan revuelto la novela crea un clima obsesivo, una atmósfera inquietante o un prodigioso aliento de, o un delicado aire de etc. lo importante, una vez más, son los adjetivos. N O R M A N° 7 E T I Q U E T A D E A U T O R • La costilla de Lara. Las mujeres escriben como descosi- das, pero no entran en la Academia, ni ganan el Planeta, que son, como el Soberano, cosa de hombres. Y dijo Lara: no conviene que el hombre este sólo. Y fue así cómo deci- dió que el premio es para un varón y de su costilla sale la finalista. La mujer, luego, da muy bien de partenaire en rue- das de prensa y mesa de firmas de E l Corte Inglés. • Habitat Hay quien ha catalogado a los escritores espa- ñoles por el abrevadero o reserva medioambiental. En la época prepospós ( pre-pos-posmoderna), o sea, hasta los años ochenta, existían varios habitat, llamados peceras en la jerga literaria. Los acuarios eran cuatro: (A) ateneos, claustros y academias; (B) cafés. En Madrid, el Gijón, y en cada capital de pro- vincia, otro; (C) tabernas, chigres; (D) la puta calle; Hoy esa clasificación no vale para nada. La mayoría de los escritores son caseros y hogareños, por la mañana van al instituo o a la consellería, y de noche ven en la tele el Betis- Mérida. Si acaso hay dos grupos: los que hacen bolos en institutos y en universidades (escritores 2-3 estrellas) y los que en julio se dan un garbeo por el Escorial (4 estrellas). • Vendedores. Es mejor la clasificación de los escritores por sus ventas. Cada semana se configura el panel de subi- das y bajadas, como índice Dow Jones de la bolsa de Wall Street. Pero la literatura es también genio, numen, arte. E n fin, cruzando datos procedentes del medio periodístico con los del "mundillo literario" -que está integrado, como se sabe por profesores, críticos y letraheridos (lletrajerits cata- lanes, letraferidos gallegos, etc), los novelistas se puede cla- sificar como los hoteles, de una a cinco estrellas. Así: • noveles (*); • cuasidesconocidos(**) • conocidos ma non troppo (***) • famosos (****) • consagrados (****») Cada rango tiene sus rasgos pertinentes, como diría mi maestro Alarcos Llorach. Daré algún ejemplo descriptivo y opositivo para diferenciar al escritor famoso del consagra- do, o sea, para no confundir, por ejemplo, a Pérez Reverte, Rosa Montero o Vázquez Figueroa con el bueno de Miguel Delibes: bZ**> byRAYMOND i LEER
  5. 5. SINGULARES A U T O R E S **** E D A D más de 4 0 más de SO (y más, muchos más) A T U E N D O (el) sin corbata con corbata A T U E N D O (ella) informal / de señora bien (¡hay escritoras consagradas?) F U M A D O R (el) no ex (de cuarterón, Caldo, Celtas....) F U M A D O R A (ella) sí (Winston) (¿hay escritoras consagradas?) VENTAS súper suficientes SALE EN El País (Babelia) ABC (huecograbado) P R E M I A D O POR Lara el Príncipe de Asturias E N G E N D R A cada 1 2 / 2 0 meses obras completas RECIBE diplomas en Castellón doctorados honoris causa R E E D I T A D O en bolsillo en Austral y Cátedra, con prólogo y notas DEFINIDO como acontecimiento maestro El paso de 4 a 5 estrellas no es súbito, sino lento y morfo- lógicamente evolutivo, conforme a las reglas darwinianas de atrofia o desarrollo de atributos. Se daba el caso de lle- gar a ser consagrado sin haber sido famoso. En el futuro, será imposible. La tabla anterior servirá para redactar el último parrafito del TC. Si el autor es novato, ignorado o poco conocido (de una a tres estrellas) o no vende un rosco, hay que cargar las tintas en la calidad de la obra y el entu- siasmo de la crítica: palabras clave: revelación, reconoci- miento. Si se trata de un novelista **** elogie la unánime acogida de miles de lectores: no olvide, por Dios, la palabra éxito. Éxito es dinero. Dineros son calidad (Quevedo dixit). Si el escritor es consagrado (*****), la reseña del T C está hecha: basta copiar del libro anterior. Si usted, lector de este heptálogo, no es una novelista obligado a redactar un TC, pruebe a redactar uno de la últi- ma obra leída. Diga la verdad. Y luego, compare con el ori- ginal. Resultado: T.M.R. (te mondas de risa). •

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