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1. “Fabulaciones enigmáticas”. Texto de catálogo.

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Texto de catálogo para presentar las construcciones fotográficas de la exposición "Fabulaciones enigmáticas".

Ver: http://www.luisjferreira.es/

Published in: Art & Photos
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1. “Fabulaciones enigmáticas”. Texto de catálogo.

  1. 1. 1 FABULACIONES ENIGMÁTICAS Esta nueva muestra tiene su origen en la exposición “Enigmas en blanco. Entre la concreción y la abstracción” (2009), compuesta por 14 esculturas exentas, 14 esculturas en relieve y 12 construcciones fotográficas; de forma que los doce primeros títulos de “Fabulaciones enigmáticas” son coincidentes con esas “fotografías construidas”, sólo que entonces las presenté en blanco y negro y ahora las ofrezco con el cromatismo del que las privé en aquella ocasión; además, esa docena de obras queda ahora ampliada hasta treinta, brindando mayor variedad. Estos trabajos continúan siendo enigmas, pues, pero me he decantado por la concreción, alejándome de la abstracción, y hago hincapié en su carácter fabulador que, en realidad, ya poseían. Como viene siendo habitual, mis obras de naturaleza fotográfica son propiamente simulaciones o simulacros de fotografías, ficciones fotográficas que emplean el documento mimético de la fotografía como material de trabajo, lo que hace que tengan una apariencia fotográfica, aunque no son fotos ciertamente; presentan unos motivos que pueden ser perfectamente pictóricos, encajables por lo general dentro de una concepción surrealista, pero no son pinturas, a pesar de que muy bien podrían ser productos pictóricos más que fotográficos, puesto que plasman irrealidades. La técnica fotográfica introdujo una opción inexistente en las artes visuales de su tiempo, ya que con ella se podía elegir entre capturar una escena no intervenida por el fotógrafo (unos elementos que permanecían en un entorno) de manera instantánea, o crear una composición disponiendo intencionadamente los elementos antes de accionar la cámara; sin embargo, la revolución digital ha venido a facilitar no solamente la manipulación de las imágenes capturadas, de realidades encontradas o de composiciones preparadas, sino también la creación de realidades nuevas, a las que se llega empleando instantáneas como materia prima, construyendo con ellas digitalmente la composición y aplicando diferentes tipos de procedimientos disponibles en los programas de tratamiento de la imagen. Verdaderamente, la práctica de tratar las fotografías es tan antigua como la invención de la cámara fotográfica, puesto que desde sus albores fueron alteradas las imágenes tomadas usando una gran variedad de técnicas, particularmente el fotomontaje, con fines experimentales y creativos; la diferencia entre aquellas praxis y las actuales no consiste meramente en la facilidad con la que ahora se pueden hacer retoques y ajustes con resultados espectaculares, sino que estriba en el hecho de que se puede crear lo que uno se proponga, siendo
  2. 2. 2 tantas las posibilidades que abre la tecnología actual que ya no se conocen más límites que los de la propia imaginación. El carácter de creación de las construcciones fotográficas, la condición ambigua de parecer al tiempo fotografías y pinturas, el ser físicamente algo inexistente, irreal o virtual, salvo que se imprima en algún tipo de soporte, conecta perfectamente con la naturaleza irreal del contenido de estos trabajos y con la práctica de fabular, de imaginarse hechos ficticios, no reales, aunque puedan ser posibles, y de tener una impronta misteriosa o recóndita, por lo que les he denominado genéricamente: “Fabulaciones enigmáticas”. El concepto de fabulación es entendido aquí como la acción y el efecto o resultado de fabular, de inventar o imaginar tramas o argumentos, es decir, como la tarea de crear historias plásticas y literarias (la imagen y la narración que acompaña a cada una en el comentario de su ficha técnica) y las propias historias creadas (por mí -en ambos planos- y por los espectadores las obras). Fabular consistiría, pues, en inventar historias, irrealidades por consiguiente, en imaginar realidades que pertenecerían lógicamente al mundo de la imaginación, de la ficción y no de la realidad, y la fabulación supondría la creación de un hecho o acontecimiento que es imaginario, ficticio, pero que es expresado como si fuera real. Son propiamente ajenos a mis intenciones, pues, los sentidos que también tiene dicho vocablo de concebir cosas fabulosas, aunque estas obras contengan alguna dosis de fantasía y de carácter extraordinario, y sobre todo las acepciones de hablar sin fundamento y de mentir. A pesar de que se considera síntoma psicopatológico cuando se presenta en el adulto la invención de relatos imaginarios más o menos coherentes expresados como si fuesen reales, denominándose mitomanía, ello no responde necesariamente a una cuestión patológica si no se llega a confundir fantasía con realidad, incluso es habitual observar la fabulación en los niños como parte de su actividad lúdica, solapando fantasía y realidad; de todas formas, en el mundo del arte se ha producido una oportuna consideración de la expresión plástica procedente de individuos con trastorno mental o de niños, así como de las expresiones plásticas de apariencia trastornada o infantil. Estas variadas fabulaciones enigmáticas no son, entonces, captaciones de la realidad ni representaciones de la misma, sino interpretaciones personales hechas con ellas (no de ellas), síntesis entre lo visto-fotografiado y lo transformado, entre lo objetivo capturado y mi subjetividad, que sin duda proyecta imaginativamente mi visión privada de lo real, culminando en la fabulación de mundos alternativos, en la metamorfosis de imágenes en otras nuevas, irreales. Precisamente la
  3. 3. 3 esencia documental de la fotografía, o su aparente sujeción a la realidad, puede hacer pensar en la irrealidad contenida en la misma realidad y en el gran potencial creativo existente en la técnica fotográfico-digital. Cualquiera de las obras, pues, se gesta en el mundo de lo real para luego constituir otro mundo autónomo, de ruptura con lo dado y de generación de algo nuevo, una ficción que se proyecta sobre el mundo real, de forma que si comunican algo es precisamente por su capacidad de iluminar aspectos de ese mundo real, actuando la ficción como una metáfora de la realidad. Sin embargo, ya los surrealistas, cuestionando el sentido de la realidad, demostraron acertadamente que el binomio realidad-ficción no se podía plantear de forma antitética, puesto que la dialéctica entre lo conocido y lo desconocido podía abrir el espíritu a nuevas realidades, y porque la realidad tiene mucho de ficción y ésta puede convertirse en realidad. Efectivamente, la realidad para nosotros no preexiste a nuestra percepción; es una construcción intelectual y los modelos de realidad son construibles desde muchas perspectivas posibles, moviéndonos permanentemente en un terreno neutral entre la realidad y la ficción donde se funden ambas cosas. Es notorio que las artes visuales contemporáneas han confundido intencionadamente los dos grandes géneros o subgéneros: la ficción y el documento, hasta conseguir híbridos impensables pocas décadas atrás; incluso esos dos polos de lo narrativo - la ficción y el documento- lejos de diferenciarse con la claridad de siempre, comparten la misma ambigüedad frente a lo real. Ahora todo podría ser documento y ficción, ficción que trata sobre cuestiones muy reales, que puede ser tan real como la propia realidad. La fotografía, incluso, propiamente es simultáneamente ficción y realidad. Precisamente la ficción, mediante la fantasía, es una formulación concreta de lo real, y no su antítesis, y explora constantemente la realidad en busca de lo nuevo, de lo desconocido, de lo inhabitual, intentando hacerlo verosímil, persiguiendo hacer posible lo imposible; en este sentido, mis fabulaciones consistirían en un placentero juego entre la ambigüedad del documento de la realidad y la ficción de la imaginación. En todas las épocas de la historia del arte se ha operado con la ficción, la fantasía, la irrealidad, lo extraño… Siempre se ha fabulado, aunque esa actividad no se reconociera como agente puro de la creación. Tuvieron que llegar las vanguardias y rebelarse contra todo el sistema de conocimiento previo, particularmente el dadaísmo que le dio un hachazo y el surrealismo que doró el hacha para seguir empleándose a fondo en la subversión de la realidad, materializando obras inesperadas, imprevisibles, a veces perturbadoras, bordeando la realidad desde la ficción. Así el fotomontaje, claro precursor de estas construcciones fotográficas, que acompañó desde sus orígenes a la fotografía y que explotaron ávidamente esos movimientos, se caracterizó por
  4. 4. 4 descontextualizar de su entorno diversos fragmentos de realidad para formar una nueva realidad inventada; a su través, la realidad quedaba intencionadamente “falseada” para transmitir un mensaje visual clarividente. El talante que tienen estas fabulaciones es enigmático en mayor o menor medida, porque al mediar un lenguaje subjetivo en el proceso de producción plástica, al buscarle extrañamientos, trastornos y desconciertos a la realidad, o al combinar realidad con fantasía, la obra se muestra inevitablemente enigmática. Son trabajos, pues, que encierran algún misterio, algún interrogante o secreto oculto, alguna extrañeza más o menos inquietante, algún sentido encubierto de difícil interpretación. Del mismo modo que no se alcanza fácilmente a comprender a una persona enigmática, no es muy posible conocer a fondo los enigmas que propongo, ni admiten una interpretación única; incluso la obra que no guarde contenidos velados es susceptible también de diferentes interpretaciones, particularmente si está creada en la actualidad, momento en el que los productos plásticos suelen tener un carácter abierto deliberadamente. Para plantear el argumento misterioso de las obras y los múltiples simbolismos que contienen me he servido de realidades cotidianas, de objetos, paisajes y personas que se transfiguran mágicamente en nuevas realidades, en las que lo ordinario, común, vulgar, lo real en definitiva, se muta en lo pretendidamente extraordinario, particular, excepcional o imaginario. Este asunto de los contenidos encubiertos también es antiguo en la historia del arte; ciertamente en la Edad Media y en el Renacimiento el esoterismo se hizo muy notorio porque la severa censura de la Iglesia, a todo lo que le fuera ajeno, obligó a los artistas a esconder en las obras religiosas referencias herméticas, pero mucho antes, desde los egipcios, y mucho después, hasta la actualidad, se han producido y se producen obras que guardan enigmas y significados ocultos. A pesar de que los títulos de estas obras sean bastante descriptivos, y de que cada una vaya acompañada de un comentario -no de una interpretación-, las imágenes evidencian el enigma, no lo resuelven. Además, todo enigma posee una cierta complejidad por su esencia, se plantee de manera cerrada o abierta, como en este caso, y por lo tanto entraña alguna agudeza su resolución o resoluciones. De cualquier manera, no pretendo que el observador -coagente de la obra- se los explique y consiga descifrarlos, porque para la percepción y disfrute del enigma no se hace imprescindible el esfuerzo mental; estos enigmas también admiten, pues, rehusar a posibles interpretaciones y permiten limitarse a sentir, a liberar emociones ante su presencia, a contemplarles
  5. 5. 5 sin más; incluso esta opción de no buscarle solución y permanecer en él, en lo recóndito, en el misterio, puede resultar suficientemente satisfactoria. Así como la fábula -concepto al que está estrechamente vinculado el de fabulación-, mediante un relato breve de ficción, se propone entretener y enseñar algo sobre una cuestión concreta, estas fabulaciones, que son enigmáticas además, se plantean el mismo objetivo aunque, quizá, con algo más de ambición, dado que entrañan la posibilidad de estimularnos a percibir la realidad siempre como distinta, puesto que ofrecen otras visiones de ella, y encierran, como muchas otras obras plásticas, un elemento de cambio, un componente transformador, no por ser algo útil - que precisamente no se caracterizan por ello-, ni por el hecho de que avance en cosas que ya conocemos, sino por su ejercicio de cuestionamiento, de interrupción de la cotidianeidad posicionando en contradicción con la oficialidad cultural, por su capacidad de dejar perplejo y de colocar al espectador en situaciones que, si lo desea, puede intentar resolver y hacer propias, pensando, sintiendo, soñando, gozando... Planteadas así las cosas, contar historias, visuales en este caso, puede ser no sólo una cuestión estética, sino también diáfanamente ética. Cuéllar, Febrero de 2015 Luis J. Ferreira Calvo

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