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1. "Al natural". Texto de presentación

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Exposición de construcciones fotográficas en las que se homenajea a la mujer al natural, es decir, al desnudo. Texto de presentación de la muestra "Al natural".

Ver: http://www.luisjferreira.es/

Published in: Art & Photos
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1. "Al natural". Texto de presentación

  1. 1. 1 AL NATURAL “Al Natural” es una nueva exposición de construcciones fotográficas que tiene el propósito de homenajear a la mujer al natural, es decir, al desnudo; e intenta hacerlo de forma sorpresiva y con sentido narrativo, al tiempo que poético y crítico. Al medio fotográfico siempre se le ha conferido una atribución de realismo, de objetividad, y su desnudo ha estado evidentemente marcado por ella; sin embargo, estos desnudos, al no ser fotografías propiamente, pretenden crear irrealidades desde una perspectiva cercana al surrealismo. Me he planteado, pues, crear y ofrecer una expresión sobre real, buscando ese punto álgido en el que las contradicciones que se plantean, o lo conflictivo, alcancen alguna imaginativa satisfactoria solución. No se trata realmente de una muestra con intención erótica, pues no utilizo la desnudez femenina para excitar los instintos masculinos -o incluso femeninos-, sino de una exposición con voluntad expresiva, en la que desvelo unos contenidos (mentales, emocionales, sensibles, estéticos, etc.) valiéndome del erotismo de unos cuerpos desnudos de jóvenes mujeres en unos entornos diversos; el erotismo es, entonces, un componente de estas obras, nunca un objetivo. La expresión “al natural” es una locución formada por la contracción /al/ (preposición /a/ más el artículo /el/) y el adjetivo /natural/ que se refiere a la naturaleza, al mundo natural y material, a los fenómenos del mundo biológico y físico, excluyendo generalmente los objetos artificiales y la intervención humana. La voz “al natural” tiene el sentido de que, aquello a lo que nos referimos, se muestra tal y cómo es e, inversamente, que es tal cual se presenta; significa que no ha sufrido modificaciones o añadidos, que no ha experimentado elaboración ni mezcla, que no se le ha incorporado aditamentos o adornos; es decir, que no tiene artificio. En el caso que nos ocupa, al natural evidentemente está referido a la mujer desnuda, a la mujer en su naturalidad, sin encubrimientos, a cuerpo visto. Ella es quien tiene el protagonismo de estos trabajos y lo ostenta, pues, de forma natural, al desnudo; sin embargo, lo innato o connatural acaba en el personaje mismo, ya que las escenas que protagoniza son, contrariamente, plenamente artificiales, tanto las creaciones en sí mismas, como las relaciones de las intérpretes con su entorno y los significados; además, se abre otro contrapunto puesto que a lo natural corpóreo le otorgo un sentido sobrenatural y, consecuentemente, a la creación escenográfica un carácter de aparición casi milagrosa. El cuerpo desnudo ha causado una profunda fascinación a lo largo de toda la historia de la humanidad, clara prueba de ello son los contenidos nudistas, eróticos o no, de pinturas y tallas rupestres; de esculturas e imaginería del África negra, Asia y otros continentes, como expresión de
  2. 2. 2 diferentes culturas (egipcia, persa, asiria, china, polinesia…); de muestras artísticas de la Antigüedad clásica Griega y Romana y de otras épocas posteriores; de artesanales figuras desnudas antiguas, independientes o formando parte de objetos, encontradas en todo el mundo, etc. Esas manifestaciones eran una representación del cuerpo al natural que no estaban sometidas a censura; solamente el arte occidental, bajo el influjo de las religiones semíticas, ha conocido épocas de prohibiciones más o menos severas; incluso el arte grecorromano, siendo aún muy libre, ocultaba el sexo femenino evitando la vulvar hendidura y el bello púbico. A toda esta estatuaria, pinturas y objetos se sumaron tomas fotográficas de desnudos capturados de forma instantánea. Ya desde comienzos de la década de 1840 hubo fotógrafos que probaron los distintos géneros del desnudo con una connotación sexual, y su historia fue pasando por distintas fases desde el pictorialismo y sublimación iniciales hasta el deseo de llevar la fotografía de desnudos al límite, sucediéndose entre medias, una vez que la fotografía se reivindicó como arte, diferentes concepciones del desnudo. En la actualidad, momento de gran eclecticismo, la tecnología ha abierto tantas posibilidades que trabajar el desnudo fotográfico, y otros temas por supuesto, no conoce límites. Dentro de la variedad de áreas que se trabajan en la fotografía profesional de desnudos, estas obras -que como ya he expresado no son propiamente fotografías- pueden encajar dentro de la denominada “contrastes inusuales”, caracterizada por la intención de sorprender, de considerar posibilidades desconocidas y de estimular el pensamiento diferente, campo que en buena medida procede del surrealismo y que ha hecho suyo la publicidad. Las jóvenes mujeres desnudas son ciertamente las protagonistas notorias de estos trabajos; sin embargo, su protagonismo no es exclusivo, puesto que no se trata de meros desnudos, sino de personajes integrados en unos contextos, con los que se interrelacionan, que poseen su relevancia también. Los desnudos, entonces, guardan relación con unos entornos materiales, pero están en función de ellos ya que generalmente concibo la idea que quiero plasmar, luego creo ese entorno -especie de simulacro escenográfico- y, por último, selecciono las actrices adecuadas para que desarrollen su papel en él; entornos que están constituidos por espacios naturales o arquitectónicos y por objetos diversos propios de nuestra cotidianidad. Los personajes mantienen, además, conexión con un entorno intelectual que es la esencia de su papel y conforma el guión, del que los títulos de las obras son lacónicas expresiones; de ese medio forma parte la filosofía, las artes, la historia, los mitos, la lingüística, la geografía, las ciencias de la naturaleza, la astronomía, la sociología, la psicología y otras disciplinas, de cuyos contenidos naturalmente me sirvo.
  3. 3. 3 Como materia prima, para la ejecución de estas construcciones fotográficas he empleado, pues, fotos de jóvenes desnudas y de diferentes elementos que componen sus entornos, ya naturales ya artificiales. Los primeros materiales proceden mayoritariamente de páginas de desnudos de Internet, cuya autoría no se menciona, y aparentemente están carentes de carácter de profesionalidad; las jóvenes posan como modelos para un/a cámara, pero no poseen un aspecto cuidadamente profesional; algunas de las tomas empleadas, no obstante, sí son profesionales y su autoría es conocida. El desnudo fotográfico artístico se alimenta en buena medida de la modelo, de la mujer desnuda que posa ante el/la fotógrafo/a, y de la conexión que consigan ambos mantener; lógicamente, yo he prescindido de él y por ello he recurrido al banco de imágenes disponibles en la red, que me ha permitido hacer fácilmente acopio de abundante y variado material que me posibilitara plasmar mis ideas. Por el contrario, la mayoría de las tomas utilizadas para crear los contextos son propias, aunque alguna procede también de Internet. De igual modo que en los desnudos artísticos fotográficos, he procurado cuidar los escenarios y el atrezo, consciente de que son elementos importantes de la imagen e, incluso, fundamentales en mi planteamiento. Al tratar unos y otros materiales los he descontextualizado de sus contextos originales extrayéndolos de ellos, y los he vuelto a contextualizar reubicándolos en nuevas y sorprendentes situaciones; tarea en la que las limitaciones encontradas no las interpretaba de forma problemática sino como una oportunidad de enriquecimiento y de estímulo de la creatividad. He seleccionado mujeres que están en su efímera juventud, que se muestran seguras de sí mismas y que parecen muy conscientes de su relativa belleza, de su frescor carnal y de su sexualidad. Son jóvenes mujeres corrientes, quizá con eróticas intenciones, sacadas de su realismo vital para introducirlas en mi surrealidad mental; mujeres comunes que divinizo sin que dejen su carnalidad, resolviendo la dicotomía platónica entre la Venus divina y la vulgar o, incluso, la que abre la lengua inglesa entre el vocablo “nude” (que designa el desnudo artístico) y “naked” (que viene a referirse a “estar en pelotas"); mujeres que, así mismo, bajo del pedestal donde la tradición pictórica occidental colocó el desnudo femenino para poder hacerlo asimilable por la angosta mentalidad judeocristiana dominante, como ya hiciera sorprendentemente G. COURBET en 1866 con su célebre "El origen del mundo". El uso que hago de estas mujeres es de distinto tipo en función de la idea expresiva que pretenda desarrollar. Respecto de la parte del cuerpo que utilizo, en unas obras lo empleo completo y en otras recurro a la fragmentación (metáfora de nuestra fragmentada época que la técnica del collage materializa eficazmente), sirviéndome de una parte amplia o reducida.
  4. 4. 4 Con arreglo al grado y tipo de modificación efectuada, en unos casos apenas realizo simples ajustes, en otros el cambio es superficial, como si se cambiara la piel a los personajes practicando fusiones con el entorno natural o asimilando cromatismos abstractos, y en otros -los menos- las transformaciones son substanciales dejando los cuerpos desfigurados o como ausentes. En lo concerniente a la cantidad de desnudos incluidos en cada obra, presento construcciones-escenas con solo un personaje, con pequeños grupos o con grupos numerosos. En cierto modo, empleo formalmente la feminidad como ha sido representada durante siglos, es decir, yacente, expuesta, pasiva, como objeto de expresión y de deseo, de uso y de manipulación, pero al trastocar los contextos habituales queda cuestionada esa propensión, pretendiendo con ello dignificar y reclamar la identidad de la mujer y su protagonismo como agente de la historia, cuestiones que laten en los contenidos de las obras. Al elegir mujeres comunes he procurado evitar el feísmo, pero también la belleza estándar de la que se vale el mundo de la moda y de la publicidad de determinado tipo de artículos. A lo largo de la historia los distintos poderes han utilizado para su consolidación la potestad simbólica del arte, un arte que ha estado a su servicio y que ha sido capaz de conformar conciencias gracias a la seducción que produce el lenguaje de la belleza; un “orden” que ha provocado la tradicional asunción de la belleza como cualidad femenina o ligada a lo femenino y que ha generado su degradación y la indigna asociación con lo decorativo; además, en último término, ha contribuido a amoldar la sumisión de la mujer a la dominación masculina e, incluso, a conseguir que ese régimen de sumisión se tomara como el “orden” natural de la mujer. Esa disposición de las cosas, en la que la utilización de la belleza femenina es nuclear, sufrió un relativo colapso en los albores del siglo XX, y se instaló en el arte considerado de vanguardia -rupturista- el feísmo, la valoración de la estética de lo feo como rechazo de la idea de belleza que la tradición impuso. El gran trauma bélico europeo-mundial no sólo ahondó en ese repudio a través de diferentes movimientos (informalismo matérico, arte povera, etc.) sino que, además, dispares autores se entregaron a deshacer, machacar o descuartizar los cuerpos en sus representaciones plásticas, conscientes de la vulnerabilidad del ser humano y de su carne. Frente a todo ello, mis cuerpos no suelen encajar en el estereotipo de belleza (su belleza quizá estribe en la naturalidad del desnudo), pero tampoco son feos, y las fragmentaciones que a menudo aparecen tienen un sentido poéticamente compositivo, en absoluto lacerante. “Al natural” relata historias que se desplazan entre la realidad y la ficción, y lo intenta hacer sirviéndose del impacto visual, obligando a los cuerpos, espacios y objetos a convertirse en sensacionales, mediante
  5. 5. 5 múltiples recursos semántico-visuales cargados de simbolismos, con la convicción de que, como decía R. MAGRITTE, “hay un misterio no familiar delante de todo lo que se considera completamente natural”. La intención es procurar seducir la mirada para poder vulnerar la sensibilidad y la mente. Me sentiría, por consiguiente, satisfecho si lograra algún impacto, alguna llamada de atención que hiciera sentir, pensar, imaginar, reaccionar, disfrutar… a cuyo propósito he puesto la técnica y los contenidos de las obras. Evidentemente, se puede fotografiar un desnudo femenino, pero no es posible fotografiar lo que tengo en la mente. Esta obviedad, que parafrasea a F. PICABIA, resume la naturaleza de la pintura frente a la de la fotografía; mientras que la pintura hace abstracciones a partir de lo real, deseando acercarse o alejarse de ello, la fotografía capta la realidad, aunque pueda introducir modificaciones programando la cámara o en la posproducción de la imagen y, por consiguiente, alejarse de lo real. En este sentido, ambas disciplinas han conseguido en su tratamiento de la realidad hacer surgir lo inaudito, lo inexistente, lo imposible, lo inverosímil, lo inesperado, lo ilógico, lo extraño…, logrando sorprender, sencillamente porque la experimentación y la imaginación lo han posibilitado. Sabido es que el movimiento surrealista ha sido -y continúa siendo- un claro ejemplo de ello en todas las manifestaciones artísticas. Esta tendencia plástica, enormemente fecunda, tomó el desnudo -el femenino particularmente- como uno de sus campos naturales de investigación y expresión, y se empeñó en soltar la imaginación, en liberarse de las ataduras mentales, en desmontar tópicos y tradiciones, en buscar la magia, lo sublime, lo enigmático, el misterio, lo inquietante en las circunstancias y objetos comunes, en crear un orden nuevo ilógico subvirtiendo el lógico habitual, persuadida de que eso era lo que producía verdadero encanto e intentando hacer del arte una invitación permanente a la vida, al hedonismo; espíritu que en esta muestra suscribo plenamente. El Sauzal, mayo de 2015 Luis J. Ferreira Calvo

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