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Los ladrones de pensamientos

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Artículo publicado en la Revista Deusto (ISSN: 1886-2071) Nº 141 (2019).

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Los ladrones de pensamientos

  1. 1. Deustopía Los ladrones de pensamientos E l concepto de privacidad ha mutado una barbaridad con el paso de los años. La tecnolo- gía la ha ido arrinconado a cír- culos cada vez más pequeños, pasando de una época en la que lo que sucedía en la calle difícilmente se conocía si no aparecía en medios convencionales o estábamos allí presentes, a otra en la que la privacidad ya solo se protegía al calor de nuestros hogares. Ahí también sufrió un duro revés con la irrupción de los asistentes virtuales tipo Alexa, Goo- gle Home o incluso nuestros smartpho- nes. De manera consciente (bueno… no sé si en este caso es el mejor adjeti- vo) muchas personas han decidido me- ter en sus casas un pequeño espía tec- nológico que no se pierde ni un minuto de sus conversaciones. Así quedó pa- tente el año pasado, cuando un usuario solicitó poder escuchar grabaciones de sus propias actividades registradas por Alexa pero, en su lugar, pudo acceder a 1.700 archivos de sonido de un des- conocido. Pero eso no era lo más gra- ve de la noticia: entre esos audios había muchos que correspondían a momen- tos en los que no se había lanzado una consulta al asistente, confirmando que graban y almacenan mucho más de lo que nos dicen. Nos quedaba, por tanto, solo nuestra mente y sus pensamientos como espacio a preservar. Y digo nos quedaba porque lo que os vengo a con- tar, promete poner en jaque también esto último. Recientemente se ha empezado a ha- blar con fuerza de la neurotecnología y, más en concreto, de las interfaces ce- rebro-ordenador (BCI). Se trata de co- nexiones directas entre la materia gris y un dispositivo que mide la actividad cerebral y la traduce en señales que pueden ser luego interpre- tadas por las máquinas. Detrás de las principales iniciativas, los «sospechosos» habituales insaciables de infor- mación. Son como el monstruo de las galletas, pero en este caso con los datos. Me refiero, cómo no, a Face- book. Nos hicieron ya un adelanto en 2017, antes de que los escándalos so- bre privacidad les persiguieran, presen- tando un proyecto rodeado de miste- rio y denominado Building 8. Hablaban ya entonces de un dispositivo no invasi- vo (es decir, que no nos tendríamos que implantar nada) en forma de diade- ma que permitiría a las personas escri- bir unas 100 palabras por minuto sim- plemente pensando en ellas. Pues bien, en 2019 han vuelto a la carga desvelan- do que los experimentos que han lleva- do a cabo de la mano de la Universidad de California (San Francisco), les han permitido recoger esta actividad cere- bral y mostrarla en un monitor de ma- nera simultánea. Obviamente, desde la empresa dicen que será un gran avan- ce para personas con parálisis. Y seguro que así será, pero permitidme que des- confíe un «poquito» de su altruismo. Porque su intención es también ofre- cer este dispositivo al público genera- lista como un wearable para controlar la música o interactuar con entornos de realidad virtual, por ejemplo. Es decir, estupendo gancho para que caigamos una vez más en la tela de araña sin so- pesar las derivadas éticas ni el uso extra que puedan hacer de esa información. Otro de los proyectos que ha resona- do con fuerza últimamente es Neuralink, más conocido por ser el último juguete de Elon Musk. En este caso se da un paso más porque hablan de cosernos hilos en el cerebro. Y lo de co- ser es bastante literal porque han desarrollado una máquina que está ya cosiendo esos microscópicos filamentos en animales. Para que nos ha- gamos una idea de su tamaño, su diáme- tro ronda entre los 4 µm y 6 µm (cuan- do el de un pelo varía entre los 15 µm y 100 µm). Su apuesta es que se conecten y transmitan toda la información a un dis- positivo que presumiblemente llevemos sobre la oreja. Pero aún necesitan el per- miso gubernamental para empezar a pro- barlo en seres humanos. Pero ojo, que hay más iniciativas con fi- nalidades muy diversas: que personas que van en silla de ruedas la puedan controlar con su mente, revelar emocio- nes, volar helicópteros, autenticación de contraseñas mediante ondas cerebrales, detectar ataques de epilepsia, neuro-te- lepatía… No sé cuánto tardará en llegar todo esto a nuestro día a día. Lo que sí sé es que una vez abramos la puerta a empresas tecno- lógicas a lo último que está bajo can- dado e impenetrable, ¿qué nos queda- rá? ¿Veremos noticias sobre el robo o «crackeo» de pensamientos? Quizás en ese momento, se ponga de moda llevar gorros de papel de aluminio. Lorena Fernández Álvarez www.loretahur.net 56 Internet Deusto 141 Deustopía

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