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Exconectados

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Artículo publicado en la Revista Deusto (ISSN: 1886-2071) Nº 132 (2017).

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Exconectados

  1. 1. nternet Una pequeña luz parpadeante reclama tu atención. Está pidiéndote desde la dis- tancia que cojas tu teléfono móvil por- que algo espera a ser leído. Quizás sea un mensaje de Whatsapp, una mención en Twitter, un comentario en Facebook o, ya raramente, una llamada. A veces, a la luz se le suma una irritante notificación sono- ra o una vibración. Así durante cientos de veces al día. O quizás más, porque según un estudio1 publicado en PLOS one por un equipo de psicólogos, usamos el mó- vil casi el doble de lo que reconocemos o creemos. En la investigación se analizó el comportamiento de personas con eda- des comprendidas entre 18 y 33 años, a las que primero se les hizo una encues- ta pidiéndoles que calcularan el tiempo que pasaban utilizándolo. Posteriormente se les instaló una aplicación que recogía cualquier interacción, durante dos sema- nas. El resultado arrojó que lo empleaban unas 5 horas de media al día con aproxi- madamente 85 interacciones diferentes, siendo este dato el doble de lo que habían estimado inicialmente. Nosotros mismos podemos hacer este experimento gracias a apps como Checky (disponible para An- droid e iOS), que responde a una simple pregunta: ¿cuántas veces comprobamos nuestro móvil diariamente? Y es que para muchas personas, su smartphone se ha convertido casi en una extensión de su cuerpo, siendo lo último que consulta antes de acostarse y lo pri- mero según se levanta. Incluso le hemos puesto nombre al miedo incontrolable a salir de casa sin él o quedarnos sin bate- ría: nomofobia (abreviatura de la expre- sión inglesa no-mobile-phone phobia). He- mos desarrollado una nueva habilidad para andar por las calles esquivando per- sonas y no despegando nuestra mirada de la pantalla, cosa que también tiene su propia nomenclatura: smombie o zombie del smartphone. Ciudades como la china Chongqing o la belga Antwerp, ya cuen- tan con su propio carril-móvil para evitar accidentes, y las alemanas Augsburg y Colonia han puesto semáforos incrusta- dos en el pavimento para esta nueva tri- bu de cabezas que miran hacia abajo. He- mos sido víctimas en alguna ocasión del phubbing, un término inglés compuesto por las palabras phone (teléfono) y snub- bing (despreciar) que nace para describir la situación en la que una persona resta atención a sus acompañantes para de- dicársela a su teléfono. Y en casos extre- mos, incluso hemos empezado a sufrir vibraciones fantasma. Es decir, que te- nemos el dispositivo en nuestro bolsillo y nos parece que ha temblado, no sien- do así para nuestra frustración y disgusto. Esta hiper-conexión, tiene muchas ven- tajas, pero también puede ser una fuen- te generadora de ansiedad en nuestras vidas, modelando además nuevos com- portamientos: acelerar nuestros ritmos, limitar nuestra capacidad de atención y concentración o incluso empeorar nues- tra relaciones sociales. Así que no es de extrañar que algunas personas estén empezando a decir basta. Se les deno- mina «exconectados». Enric Puig Pun- yet, Doctor en Filosofía, ha publicado este mismo año el libro La gran adicción. Cómo sobrevivir sin internet y no aislar- se del mundo, donde relata diez testimo- nios de personas que, deseosas de recu- perar el contacto directo con los demás y consigo mismas, han optado, con éxi- to, por apagar Internet. Y no lo han he- cho huyendo al campo, que sería nues- tro primer pensamiento. Tampoco eran personas mayores que tenían poco en- raizamiento con la tecnología, que sería nuestro segundo pensamiento. Lo más sorprendente de esos relatos es que su proceso de desconexión no les ha su- puesto ningún problema adicional, sino que han podido seguir viviendo con nor- malidad en sus ciudades y ejerciendo sus respectivos trabajos. Toda una ha- zaña hoy en día, dado que en la mayoría de ámbitos laborales se exige una cone- xión más allá del horario de oficina, y en la mayoría de ámbitos personales, las re- des e información se retroalimentan de aplicaciones como WhatsApp, quedan- do aislados si no estamos ahí. Si tú también te planteas un uso más racional de internet, aunque sin llegar a los extremos de la desconexión, tienes herramientas a tu alcance como la app FaceUp2 . Su nombre puede ser un jue- go con dos significados: el verbo inglés to face up, que significa «enfrentar algo» o la suma de dos palabras, face (cara) y up (arriba), una invitación a levantar la vista de la pantalla. Sé que es un oxímo- ron que para desengancharte del móvil uses una herramienta del propio teléfo- no pero, en ocasiones, la mejor estrate- gia es destruir al enemigo desde dentro. Para cerrar este artículo, te lanzaré una pregunta: ¿has conseguido terminarlo sin echar un vistazo, aunque sea furtivo, a tu teléfono móvil? Te reto a dejarlo de lado unos cuantos días. Porque como dice la frase que ilustra la web de FaceUp: la vida es lo que pasa mientras miras la pantalla de tu smartphone. Levanta la vista y disfru- ta de lo que ocurre a tu alrededor. Lorena Fernández www.loretahur.net [1] http://journals.plos.org/plo- sone/article?id=10.1371/journal. pone.0139004 [2] http://www.faceup-app.com i 49 Exconectados

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