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15) ¿Cuáles son las consecuencias sociales de la desocupación?
16)¿Cuál sería la solución al desempleo?

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Artículo sobre el desempleo en Rosario.

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  1. 1. Extraido de http://www.ub.es/geocrit/sn/sn119-36.htm Los nuevos patrones de la desocupación y sus implicancias teóricas En el análisis del aglomerado Gran Rosario, especialmente entre 1994 y 1995 se observa con bastante nitidez este proceso por el cual los más afectados por el desempleo son los trabajadores primarios subordinados. Estos son los trabajadores del sector primario que desarrollan las ocupaciones de la clase operaria tradicional así como las posiciones de los trabajadores sindicalizados en los niveles más bajos del trabajo de ventas y administración, y se distinguen de los trabajadores del sector secundario (posiciones de trabajo no calificadas, en el área de comercios y servicios y a tiempo parcial) y de los "primarios independientes" (posiciones intermedias, oficios manuales, profesionales independientes) por la importancia de la presencia sindical. (Edwards, 1979, p.171, en Singer, 1999, p. 26-27) (2). Si tenemos en cuenta las características de la estructura económica rosarina de las últimas décadas, vemos que se trata de una economía con una base industrial muy ligada al mercado interno y con grandes dificultades de reconversión. En este aglomerado, la apertura indiscriminada de la economía, generó impactos particularmente gravosos, donde gran parte de la producción local no pudo enfrentar la competencia externa. Ello llevó a la sustitución de productos locales de la industria manufacturera por otros importados. Este rasgo de cambio estructural de la economía permitía anticipar que una gran parte de los trabajadores desplazados serían los "primarios subordinados". Aquí es importante remarcar los cambios producidos en el aglomerado Gran Rosario a partir de 1995 ya que hasta esa fecha, el desempleo de los principales aportantes económicos del hogar no tenía un peso tan significativo. Entre 1994 y 1995 la mayor proporción de desempleados la constituían los jóvenes, a partir de esta fecha los jóvenes disminuyen su participación en el total de desempleados, por efecto de la incorporación de una gran masa de varones en edad central desempleados. Por otra parte, hacia 1997 en el análisis de los patrones de expulsión empieza a registrarse un importante nivel de desempleo en las ramas de la construcción entre los varones y en las ramas de servicios entre las mujeres. Esto estaría indicando que los trabajadores secundarios, también experimentan episodios de desempleo por el agotamiento de las vías para la realización de trabajos temporarios en la economía informal. Este cambio en la estructura de la desocupación, y la presencia de más miembros desocupados en un mismo hogar, sumado al aumento de la duración del desempleo, muestra que este fenómeno (aunque no exclusivamente) está contribuyendo a desarrollar uno de los procesos más importantes de la exclusión social que es la exclusión económica: la imposibilidad de insertarse económicamente en la estructura social, a partir de que las personas no pueden participar en la economía a través del trabajo, que es en las sociedades capitalistas (para aquellos que no tienen acceso al capital) la única manera de garantizar ingresos para satisfacer necesidades. Este fenómeno a su vez, presenta una permanencia a lo largo de la última década y no manifiesta signos de modificación. En esos términos, es importante considerar las huellas que este proceso deja en la conciencia social, teniendo en cuenta que nuestro país ha sido (y en ello la estructura social del Gran Rosario es paradigmática) un país de pleno empleo, con una importante base industrial, y con condiciones de empleo asalariado protegido. El desempleo desde la perspectiva de los actores Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, nos concentramos en reconstruir los perfiles sociales de la desocupación considerando la forma que adquiere el significado de esta experiencia para los propios trabajadores, teniendo en cuenta sus antecedentes laborales, su género y generación. La construcción de los datos en esta etapa de la investigación, se realizó a partir de veintiséis entrevistas semi-estructuradas y diez entrevistas en profundidad, que fueron realizadas a varones y mujeres en situación de desempleo abierto (que no tienen ocupación y desearían tenerla) y que fueron seleccionados de acuerdo a los criterios de muestreo orientados por los resultados del análisis de los perfiles sociodemográficos de los desocupados, así como por criterios de relevancia teórica. Para la elaboración de la muestra de entrevistas se tuvo en cuenta: a )Las diferencias en cuanto a la trayectoria laboral anterior (desocupados que provienen de la inactividad -con o sin experiencia laboral-, desocupados que han sido asalariados estables y desocupados con ocupaciones anteriores inestables). b)Diferencias en cuanto a posición de los entrevistados en la estructura familiar (desocupados que son jefes/jefas de hogar y desocupados que son otros integrantes del hogar -focalizando en este último grupo en el papel de cónyuges e hijos jóvenes). c) Las diferencias por género y generación. (Varones y mujeres en edad central por un lado entre 25 y 59 años , jóvenes entre 15 y 24 años, y mayores de 60 años). Además de esta distinción (jóvenes/adultos) nos concentramos en entrevistar a varones y mujeres desempleados, observando la emergencia de diferentes roles económicos entre las mujeres. El relato de la experiencia del desempleo El relato de los actores sociales nos muestra que el desempleo está asociado a varias formas de exclusión social: una de ellas es la perdida de prestigio, de status reconocido. Nuestros entrevistados que trabajaron como asalariados en el cordón industrial del Gran Rosario durante muchos años (los trabajadores "primarios subordinados"), nos han testimoniado dramáticamente que se sienten excluidos porque han perdido una forma de auto-referenciarse en la posición de clase que han perdido. El significado
  2. 2. del desempleo para los propios actores, da cuenta de cómo el desempleo participa de distintos procesos de exclusión desde múltiples puntos de vista. En el análisis de la experiencia de la desocupación que hacen los propios actores se esbozan distintos modelos interpretativos, donde la referencia al pasado configura una significación diferente de lo que actualmente de define como desempleo. Ello implica una estructuración diferente de la temporalidad (Jahoda, 1987) y por lo tanto, una definición diferente del pasaje de la ocupación a la desocupación o de la inactividad a la desocupación. Quienes tienen una referencia temporal nítida con respecto al episodio de pasaje de la ocupación a la desocupación son los trabajadores que se desempeñaban en empleos estables. Para ellos hay una distinción clara entre ocupación (ese empleo que tuvieron durante años) y desocupación (la situación actual de privación). En esos términos la forma en que se define aquello que se ha perdido tiene mucha relación con cómo es experimentada la situación actual. En este grupo el desempleo aparece como un proceso profundamente desintegrador porque está directamente ligado a la pérdida de status social en su grupo de origen. La descripción que hacen de su situación está ligada a la revalorización de sus capacidades como trabajadores con muchos años de antigüedad y experiencia, y al sentimiento de creciente desvalorización en el presente, vinculado a su sentimiento de falta de lugar, la dificultad para conservar lo que tanto costó adquirir a lo largo de la vida y la sensación de que el futuro de sus hijos es un escenario de inestabilidad a diferencia de lo que les sucedió a ellos en el pasado. Aquellos desempleados que tenían una inserción laboral inestable y ya habían experimentado situaciones de pasaje entre ocupación, desocupación e inactividad, expresan el empeoramiento de las condiciones para la supervivencia pero tienen una estructuración temporal diferente, su relato se orienta hacia las privaciones diarias de su cotidianeidad y no a la pérdida de empleo. En esos términos, la percepción de la situación actual tiene una mayor carga pragmática ligada a enfrentar por distintos medios la supervivencia diaria. Su auto-percepción como desocupados no tiene tanto que ver con la pérdida de status reconocido, sino con una crónica de la identidad del yo que presenta signos de fragmentación por la imposibilidad de estructurar un proyecto de vida. Su referencia más importante con respecto a sí mismos, se refiere a la angustia que les genera "vivir al día". Por último, para los que experimentan la desocupación como nuevos trabajadores que salen al mercado ante el empeoramiento de la situación de empleo e ingresos del grupo familiar la percepción del pasaje a la situación de desempleo es diferente según se trate de jóvenes o mujeres adultas. Para los jóvenes nuevos ingresantes, el desempleo es más desestructurante y hay una abrupta ruptura de la temporalidad si implica a su vez la interrupción de una trayectoria escolar; en ese caso hay una clara distinción entre la realización de una actividad aunque no sea un empleo (la escuela) y la pérdida de un espacio de organización de la temporalidad. El desempleo en consecuencia, adquiere un significado distinto si es vivido como un acontecimiento en una trayectoria "laboral y educativa", en comparación al significado que tiene si ya no se piensa continuar en el sistema educativo y el ingreso al mundo laboral -que es percibido como excluyente del mundo de la escuela- se da a través del desempleo. En este último caso se trata de un pasaje de exclusión ya que se da una transición desde una estructura integrativa (la escuela) hacia una situación de exclusión (no poder acceder al mercado de trabajo). Para las mujeres adultas, el pasaje de inactivas a desocupadas no tiene una referencia clara en el tiempo, aunque está muy ligado a los cambios en la situación de empleo de los otros miembros del grupo familiar. Su auto percepción como desempleadas está más ligada a los problemas de empleo de otros integrantes del hogar y que repercuten en la esfera privada ("cuando mi marido se quedó sin trabajo yo empecé a buscar"). Aquí la emergencia de la desocupación aparece como un período gris cercano a la fecha en que el jefe y otros aportantes del hogar quedaron sin trabajo o empeoraron su situación de ingresos. Entre estas mujeres, a medida que pasa el tiempo o la búsqueda se vuelve infructuosa, la definición que ellas mismas hacen de su situación tiene que ver con el desaliento y las mayores dificultades para obtener empleo, en comparación con épocas pasadas. El desempleo, la vida familiar y los cambios en las relaciones de género La literatura sobre consecuencias sociales de la desocupación da mucha importancia al análisis del proceso que debe enfrentar un desempleado en el contexto de sus redes de relaciones. (Discry Théate, 1996; Fagin y Little, 1984). Cuando analizamos más específicamente los cambios que sobrevienen en el grupo familiar cuando uno o varios miembros quedan desempleados, vimos sobre todo que hay tres consecuencias importantes que aparecen de forma reiterada en las familias con las que hemos tomado contacto. En primer lugar, el desempleo origina importantes cambios en las pautas de conformación de los hogares, expresándose en separaciones, y conformación de nuevos hogares por allegamiento cohabitacional. En algunos casos, estos cambios se relacionan con conflictos preexistentes que el desempleo viene a actualizar; en otros casos, la misma situación de pérdida de ingresos genera mayor conflictividad familiar, especialmente a partir de la emergencia de la desocupación de más de un miembro. En segundo lugar, y en lo que se refiere a los cambios en la división del trabajo en el hogar, una consecuencia importante es la intensificación del trabajo de las mujeres (ya sea porque buscan activamente empleo estando desempleadas o porque aumentan la cantidad de horas de trabajo) y ello trae aparejado problemas en el rendimiento escolar de los niños, en tanto la familia les ha
  3. 3. delegado la responsabilidad por las tareas vinculadas a la reproducción social en el hogar. En tercer lugar, la reconstrucción del episodio de la desocupación, conjuntamente con las trayectorias laborales de los distintos miembros del hogar, permite constatar que en muchos casos, el desempleo del jefe de hogar y/o la cónyuge, trae aparejado el desempleo de otros miembros, que salen a buscar trabajo para recomponer el presupuesto doméstico a partir de la pérdida de ingresos. En este aspecto los datos cualitativos son muy consistentes con los indicios que fuimos expresando en el análisis de las tasas específicas de desocupación y en la comparación de las tasas de actividad de los distintos miembros del hogar. La diferente forma de enfrentar la desocupación entre los varones y las mujeres del grupo doméstico, permite extraer importantes conclusiones acerca de los cambios que se producen en las relaciones de género de los miembros del hogar. Para los varones, estar desempleado, pone en crisis su representación en torno al trabajo remunerado como sostén de la identidad masculina. Todo esto está indicando que junto a la depresión que la desocupación genera en varones y mujeres, en el caso de los primeros el relato de esta sensación de pérdida de interés y desmotivación viene unido a una crisis con respecto a la percepción que tienen los varones respecto de su papel en el hogar. En ese sentido, siguen teniendo mucha vigencia las primeras investigaciones sobre las consecuencias sociales de la desocupación que planteaban la cuestión del trabajo como referente importante de la temporalidad cíclica. (Jahoda, 1987) El retorno de los varones a la esfera privada significa una mayor dificultad para organizar la temporalidad, ya que no tenía el hábito de organizar una rutina diaria en el interior del hogar. Para las mujeres en cambio, el desempleo implica una crisis de identidad sólo entre aquellas que tienen una imagen del trabajo como carrera profesional. Para quienes -como la mayor parte de nuestras entrevistadas- realizaban un trabajo remunerado ligado a la mercantilización de tareas domésticas, el desempleo implica una pérdida de un espacio "fuera del hogar", pero no produce desestructuración temporal. La rutina diaria se reorganiza en la esfera doméstica y la desestructuración es espacial antes que temporal. Sólo entre aquellas mujeres que tienen una imagen del trabajo como carrera profesional, el desempleo implica también una ruptura temporal. Se podrían establecer entonces algunos nexos teóricos entre el significado del desempleo para varones y mujeres, y la relación que existe entre el trabajo y la percepción de la masculinidad y feminidad. Para los varones el desempleo produce una ruptura temporal y espacial porque el trabajo remunerado está ligado a su percepción de realización de actividades en la esfera pública, como sostén económico del hogar. Para las mujeres el desempleo, produce una ruptura temporal, pero no genera tanto conflicto entre lo público y lo privado, porque la visión de sí mismas con respecto a la permanencia en el hogar, no genera conflictos en el mismo sentido en que sí lo produce entre los varones. No obstante, pareciera que la situación de conflicto que genera el desempleo, en algunos casos pone en cuestión estas representaciones, en tanto no pueden seguir sosteniéndose sobre la base de una división de roles económicos que se modifican (el varón ya no es el sostén económico, la mujer trabaja más horas o empieza a buscar trabajo). En esos términos, los conflictos familiares que desencadena el desempleo pueden ser enfocados desde una perspectiva de género, cuando en muchas de nuestras familias, la división del trabajo al interior del hogar comienza a ser cuestionada por las mujeres, y en muchos casos, por los hijos. En lo que se refiere a los cambios en los roles económicos de las mujeres vimos que existen diferencias en la situación de aquellas mujeres que ya tenían un empleo remunerado y se vuelven principal sostén económico del hogar a partir de la desocupación del jefe; las jefas de hogar en situación de pobreza que han transitado siempre situaciones de mucha inestabilidad laboral y que quedan desocupadas con la disminución de las oportunidades de empleo y aquellas mujeres que no tenían empleo remunerado y empiezan a buscar trabajo a partir de la emergencia de la desocupación del varón. Vimos que los cuestionamientos de estas mujeres son diferentes y particularmente, remarcamos el alto grado de vulnerabilidad social y privación que deben enfrentar las jefas de hogar sin compañero, con hijos pequeños y que ya no pueden resolver la subsistencia mediante la realización de trabajos esporádicos. Por último hemos visto que se producen cambios importantes en los arreglos familiares a partir del cambio en los roles económicos de varones y mujeres. En este caso, hemos registrado nuevas e inéditas formas de organizar la convivencia donde varones y mujeres ocupan un lugar distinto al que tenían con anterioridad: subdivisión de la vivienda, cambios en la administración del presupuesto y -en algunos casos- una nueva división del trabajo en el hogar donde el varón empieza a asumir las responsabilidades domésticas. Todo ello plantea una heterogeneidad de situaciones que vale la pena considerar en la discusión relativa a los cambios que se producen en la reasignación de roles al interior de la familia en contextos de asunción de nuevas responsabilidades por parte de las mujeres. (Safa, 1995; Geldstein, 1994; Prelorán, 1995; Wainerman, 1994). ¿Cuáles son las redes de proximidad para los desempleados? En lo que se refiere a la vinculación de los desempleados con redes de contención social, hemos visto que los principales espacios sociales a los que recurren los desempleados están ligados a actividades comunitarias próximas a su lugar de residencia, con lo que se desarrollan "redes de proximidad social". Este comportamiento, que en la literatura se menciona como el desarrollo de un "status substituto" al de desocupado (Fryer, 1986), se manifiesta allí donde hay espacios sociales que ofrecen un lugar para quien está desocupado y entre aquellos sujetos que forman parte de un hogar donde hay otros miembros que aportan ingresos al presupuesto doméstico o que se encuentran en
  4. 4. una etapa del ciclo de vida en la que no tienen que "mantener" a otros miembros de la familia. Las experiencias que hemos analizado, muestran que la participación en experiencias comunitarias o asociativas permiten otorgar un nuevo sentido al uso del tiempo y permiten desarrollar actividades socialmente reconocidas en el ámbito local. Se observa sin embargo, que los desempleados no acceden a otras redes de pertenencia fuera de su lugar de residencia, lo que reduce sus contactos sociales y posibilidades de acceso a recursos para la obtención de empleo. En este punto, hay una gran distancia entre la situación de nuestro país y lo que se describe en la literatura europea (Fagin y Little, 1984; Fryer 1986), ya que la amplia cobertura del seguro de desempleo, en aquellos países permite financiar actividades de uso del tiempo libre. Coincidimos con Kessler (1995) en que hay una escasa referencia al estado en las estrategias desplegadas por los propios desempleados para enfrentar la situación de privación. Una consecuencia importante de ello - la falta de cobertura social mediante el seguro de desempleo-, es que se restringe el poder individual del desempleado para oponerse al proceso de disciplinamiento en el mercado de trabajo ya que el desempleo implica, ante la falta de mecanismos de cobertura social, un riesgo de privación absoluta. Las consecuencias sociales de la desocupación ¿A qué llamamos entonces, consecuencias sociales de la desocupación, a la luz de la construcción de los datos que hemos realizado en nuestra investigación? En primer lugar el desempleo daña el proceso de autonomía de las personas porque genera privación y exclusión económica y porque produce en muchos casos una profunda ruptura con el modo que tienen las personas de representarse a sí mismas a través del trabajo. En segundo lugar, siempre enfocando la cuestión de las consecuencias sociales del desempleo, la perdida de soporte a través del trabajo, fragiliza los espacios de socialización primaria, volviendo muy vulnerable el espacio de contención básico de las personas que es su núcleo familiar. En tercer lugar, frente a la existencia de bajos niveles de protección social, el desempleo genera procesos de exclusión social a partir de la imposibilidad de participar en redes sociales más amplias que las de la proximidad social inmediata. Un desempleado pierde la posibilidad de mantener redes de intercambio con otros grupos sociales, a partir de la pérdida de un espacio de sociabilidad mayor que es el ámbito laboral. Como nos decía uno de nuestros entrevistados refiriéndose a sí mismo: "te sentís excluido de la sociedad, no de la sociedad en sí, porque acá nos juntamos, de otros sectores de la sociedad me siento excluido..." En cuarto lugar, el aumento de la precariedad laboral, unida a la baja cobertura del seguro de desempleo implica un cambio muy importante en las reglas del juego para los trabajadores "primarios subordinados". Cada vez hay menos empleos estables a los que retornar, las oportunidades de empleo en el mercado se dan a través de la realización de tareas esporádicas y mal remuneradas y no hay posibilidades de permanecer fuera del mercado de trabajo ya que la baja cobertura del seguro de desempleo implica el riesgo de privación absoluta. Para estos trabajadores todo ello implica una ruptura en términos históricos, con respecto a lo que constituyó su experiencia laboral durante décadas. Los dolorosos y sentidos testimonios de estos trabajadores dan cuenta de una situación de injusticia histórica. Ellos aportaron durante años con su trabajo a la creación del producto social y en la actualidad no pueden recibir nada de él. Como señala Castel "quien no puede pagar de otro modo, tiene que pagar continuamente con su persona" (Castel, 1995). El desempleo es en esos términos un proceso de exclusión social objetiva y subjetiva. Planteado así, como proceso de exclusión, el problema del desempleo es una cuestión vinculada al estilo de desarrollo seguido por nuestro país y sus consecuencias redistributivas, no existen vías de solución sino se cuestiona la forma de apropiación y distribución del producto en nuestra sociedad. Los planteos más radicales de solución del problema cuestionan la necesidad misma del trabajo como mecanismo de integración social. Se plantea que incluso en las sociedades económicamente pujantes la proporción de los económicamente activos no supera el 50 por ciento de la población. Es decir, que cada vez sería necesaria una proporción menor de trabajo para poder garantizar las necesidades sociales. En esos términos se propone la percepción de una renta universal vinculada con la ciudadanía. La fundamentación estaría dada en el hecho de que el progreso técnico ya habría hecho posible la reducción sustancial de los requerimientos de trabajo y que no por ello habría una disminución de la masa disponible dispuesta a trabajar, en esos términos se plantea que el estímulo para el trabajo estaría dado por la percepción de ingresos superiores a esa renta universal. Este enfoque tiene la virtud de transparentar un dato básico, el problema de la distribución es cada vez más un problema de orden político y no de orden económico. Si se considera la masa de recursos existente el país, ésta es suficiente para satisfacer las necesidades de todos sus habitantes. El desempleo es un fenómeno causado por fenómenos de orden económico. Sin embargo la solución al problema no puede ser planteada desde un enfoque estrictamente económico, ya que su significado es político y social. Es posible que la solución al desempleo en el corto plazo sólo sea viable mediante la vía redistributiva por medio de la asignación de algún tipo de renta de inserción. En el largo plazo, requiere de una combinación creativa de varias soluciones: políticas de inversión sustentables que se planteen nuevos modos de utilización de la capacidad productiva de la sociedad, políticas activas de formación (que superen el reduccionismo de la "formación profesional"), el desarrollo de vías alternativas de generación de ingresos, la redistribución
  5. 5. del trabajo existente y por sobre todo, la consideración de un estilo de desarrollo que no presuponga que hay población sobrante, excedente, sin "valor" para la sociedad. Notas (1) La discusión sobre los efectos del Plan de Convertibilidad y las tendencias resultantes en el mercado de trabajo urbano fue bastante más polémica en lo referido al primer trienio (1991-1993) cuando todavía había una expansión del empleo y buena parte del ascenso de la tasa de desocupación se explicaba por el ingreso de nuevos trabajadores al mercado (expresado en el aumento de la tasa de actividad). En este contexto se inició un debate acerca del significado del aumento del desempleo en un contexto de incremento del nivel de actividad. El mismo se plantea entonces entre dos hipótesis contrapuestas. La primera interpretación plantea que, con anterioridad a 1991, un importante número de personas en edad de trabajar permanecían económicamente inactivas, desalentadas por la escasez de puestos de trabajo acorde a sus expectativas -"desocupación invisible"-. En el marco de crecimiento económico que se verifica desde ese año, la situación se revierte y esas personas salen a ofrecer su fuerza de trabajo. La otra hipótesis –denominada como del "trabajador adicional"- plantea que la irrupción de un importante número de personas en la búsqueda de un empleo, se debe a la escasez de recursos en que se encuentra gran parte de los hogares, lo cual lleva a la necesidad de que miembros que desarrollan típicamente actividades no económicas deban salir a trabajar y proveer ingresos extras (Beccaria y López, 1995). Varios son los trabajos que tienden a ser concluyentes con relación a la segunda hipótesis. Beccaria y López analizan el flujo desde la inactividad hacia la desocupación y observan que el mayor flujo se registra entre octubre de 1992 y mayo de 1993 (15%) período en el que comienza la disminución de puestos de trabajos asalariados y la mayor parte del crecimiento del empleo se explica por empleos no plenos. Para que pudiera sostenerse la hipótesis del trabajador desalentado, este aumento debería registrarse en un período de expansión de vacantes y ello no sucede. (2) A su vez, Edwards, señala que la diferencia entre los trabajadores primarios subordinados y los trabajadores primarios independientes es que las tareas de los primeros son "repetitivas, rutinarias y sujetas al ritmo de las máquinas que operan", al tiempo que los segundos requieren "iniciativa independiente o ritmo autodeterminado". (Edwards, 1979, p. 172-174, citado en Singer, 1999, p. 27). RESPONDA LA SIGUIENTE GUIA DE ESTUDIO 1)¿ Quiénes fueron los trabajadores más afectados por el desempleo en Rosario en 1994/95? 2) ¿ Por qué se produjo el desempleo en 1994/95 en Rosario? 3) ¿ En 1997 que muestra el análisis del desempleo en Rosario? 4) ¿Qué es la exclusión económica? 5)¿Qué huellas deja la exclusión económica? 6) ¿ A qué formas de exclusión social está asociado el desempleo? 7)¿Qué piensan los jóvenes del desempleo ? 8)¿Qué piensan las mujeres del desempleo? 9) ¿Qué efectos produce el desempleo en las familias ?¿En los varones? ¿En las mujeres? 10) ¿Qué conflictos familiares ocasiona el desempleo? 11)¿Qué es el status sustituto? 12)¿Por qué es importante que el desempleado participe en experiencias comunitarias? 13)¿Para qué debe relacionarse el desempleado con redes fuera de su domicilio? 14)¿Qué diferencias existen con los desempleados europeos?
  6. 6. 15) ¿Cuáles son las consecuencias sociales de la desocupación? 16)¿Cuál sería la solución al desempleo? 17) Investigue en internet que medidas se toman en los países europeos para hacer frente a la desocupación.

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