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2. RECEPTOR   Colectivo o público. No identificable.      Uno    o    grupos     pequeños.                                ...
5. SITUACIÓN           Formal (normas y ritos)                  Formal e informal   6. CÓDIGO              Registro culto ...
5.    ¿Cuál es la intención del emisor en el fragmento del discurso anterior?   a)    Informar sobre   b)    Agradecer el ...
recibiría el premio que lleva el nombre del querido escritor que me inició en las letras.Tengo por afortunada casualidad l...
solitaria, a la que nunca llegué, salvo en mis novelas; después, como la casa de campodonde viví durante cinco años; por ú...
Prudhomme, quien hoy sólo es conocido en París como nombre de una calle y de una plazoleta, a pesar de queobtuvo en su tie...
Llego a la conclusión de que eran locos, estrafalarios, inútiles, pero que de tontos no tenían nada, aquellosprecursores y...
las expresiones clave del mismo: “I have a dream”, “Tengo un sueño”, que es a la vezconstrucción anafórica en la organizac...
Pignatelli, de la Universidad Complutense de Madrid, les estoy agradecido por susrespuestas a cuestiones jurídico-política...
Pero nos negamos a creer que el banco de la justicia está en bancarrota. Nosnegamos a creer que no hay fondos suficientes ...
persona negra en Mississippi no pueda votar y una persona negra en Nueva York creaque no tiene nada por qué votar. No, no,...
Tengo un sueño hoy.       Tengo un sueño: que un día allá abajo en Alabama, con sus racistasdespiadados, con su gobernador...
Suene la libertad. Y cuando esto ocurra y cuando permitamos que la libertadsuene, cuando la dejemos sonar desde cada puebl...
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Discurso público mecc2

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Discurso público mecc2

  1. 1. Antofagasta International School Depto. Lengua Castellana y Comunicación Enseñanza Media 2012DISCURSO PÚBLICOSon textos escritos u orales que desarrollan un tema de interés para un gran número de personas;su emisor está investido de autoridad. Su finalidad es convencer a quien lo recibe, llevándolo atomar una determinada postura frente a lo dicho. Los discursos en situación orales son discursosemitidos ante una audiencia: debates, foros, discursos políticos, etc.DISCURSO PRIVADOEs el tipo de discurso que se emite en situaciones de interacción privada o personal entre elemisor y el receptor. Debido a la cercanía o vínculo que establecen los participantes, son discursosque manejan algunos supuestos en el intercambio de significados.En situaciones orales, el discursoprivado se manifiesta, fundamentalmente, a través del diálogo; en cambio, los discursos privadosescritos, se presentan en cartas, mensajes, diarios de vida, etc. CUADRO DE FACTORES DE LA COMUNICACIÓN EN EL DISCURSO PÚBLICO Y PRIVADO FACTORES DISCURSO PÚBLICO DISCURSO PRIVADO 1. EMISOR Generalmente posee autoridad o Relación personal. Relación cumple un rol distinto al receptor. simétrica y asimétrica. Relación asimétrica y en ocasiones simétrica. Perspectivas o posiciones frente al tema: a) Objetiva b) Crítica c) Admirativa d) reflexiva e) Problematizadora: intenta crear cuestionamientos en los receptores. Uso de la enciclopedia o conjunto de saberes. 1
  2. 2. 2. RECEPTOR Colectivo o público. No identificable. Uno o grupos pequeños. Conocidos e identificables.3. MENSAJE Estructura de DISCURSO Estructura de DIÁLOGO I. PARTES: a) oral: conversaciones. Exordio o motivación. b) escrito: cartas, recados, Introducción o presentación del diarios de vida, etc. tema. Exposición o desarrollo de la argumentación. Síntesis del tema. Peroratio o apelación al receptor. II. OBJETIVO: Pretende convencer y persuadir/ Tomar decisiones o adoptar una postura determinada. III. TIPOS DE DISCURSOS: a) Según la situación comunicativa:  Comunitario  Político  Religioso  Ceremonial  Conmemorativo b) según el contenido:  Académico  Forense (tribunal)  Militar (arenga) c) Otros tipos:  Apología  Panegírico  Alocución4. TEMA De interés público y controvertible. Interés personal. Ámbito privado. 2
  3. 3. 5. SITUACIÓN Formal (normas y ritos) Formal e informal 6. CÓDIGO Registro culto formal, sin ser técnico Registro coloquial y a veces culto. especializado, sino de divulgación. Utiliza recursos verbales, no verbales y paraverbales. 7. CANAL Medios masivos de comunicación o Depende de si la comunicación directamente. es oral o escrita.EJERCICIOS: 1. Desde las posiciones que asume el emisor frente al tema, podemos decir que el texto presenta un punto de vista: a) Objetiva b) Crítica c) Admirativa d) reflexiva e) Problematizadora 2. El receptor del discurso público NO puede ser: a) colectivo b) público c) no identificable d) masivo e) individual 3. Identifica a qué parte del discurso corresponde el fragmento: a) Exordio b) Introducción c) Exposición d) Síntesis e) Peroratio 4. La situación del discurso público es: I. formal II. informal III. normal IV. masiva a) sólo I b) I y II c) I y III d) II y IV e) todas 3
  4. 4. 5. ¿Cuál es la intención del emisor en el fragmento del discurso anterior? a) Informar sobre b) Agradecer el premio recibido. c) Exponer sus conocimientos de. d) Convencer a sus receptores de . e) Exponer el por qué de su vocación de . 6. ¿A qué tipo de discurso público corresponde el fragmento citado? a) Comunitario b) Académico c) Religioso d) Ceremonial e) Literario 7. Entre los canales que utiliza los discursos públicos NO se encuentra: a) Televisión b) Cine c) Internet d) diario de vida e) DiarioTEXTO 1Discurso de Adolfo Bioy Casares al recibir el premio Cervantes (1990)Antes de leer el Quijote, en dos ocasiones tomé la pluma para escribir literariamente. Enla primera lo hice para llamar la atención de una muchacha; en la segunda para imitar aConanDoyle y a GastonLeroux. Debo aclarar que en aquella época mis ambiciones noeran literarias. Lo que yo realmente quería era correr cien metros en nueve segundos yser campeón de box y de tenis.Cuando leí el inolvidable comienzo y todo aquel primer capítulo que nos refiere cómo eraDon Quijote, dónde y con quiénes vivía, sentí una emoción muy fuerte. Había en ella undejo de ansiedad, porque Don Quijote abandonaría esa vida apacible, para salir enbusca de aventuras, y una fascinación que probablemente el despreocupado tono delrelato exacerbaba.Si mal no recuerdo, antes de concluir el primer capítulo supe que yo quería ser escritor.Sin duda lo quise para contar, en tono despreocupado, historias de héroes que dejan laseguridad de su casa o de su patria y el afecto de su gente, para aventurarse pormundos desconocidos. No tardé ciertamente en emprender la composición de unalarguísima novela, en cuyas páginas iniciales un joven español llegaba a Buenos Airespara hacer la América.Nuestro futuro es inexcrutable y los caminos de la vida trazan extraños dibujos. Quiénme hubiera dicho que al cabo de 60 años felices, ocupados en contar historias, yo 4
  5. 5. recibiría el premio que lleva el nombre del querido escritor que me inició en las letras.Tengo por afortunada casualidad la circunstancia de que mi primera ambición literariano haya sido de gloria, sino de suscitar algún día en los lectores una fascinación como laque despertó en mí una novela. Quien aspira a la gloria, piensa en sí mismo y ve a sulibro como un instrumento para triunfar. Sospecho que para escribir bien, debemospensar en el libro, no en nosotros.Poco tiempo después, en una antología escolar, encontré las coplas de Jorge Manrique Ala muerte de su padre. Con emoción jubilosa admiré el fluir de los versos y escuché latranquila enunciación de las inexorables verdades de nuestro destino. Diríase que laconjunción de limpidez poética y de veracidad profunda no dejaron lugar para que latristeza del tema me acongojara. Vi en el poema cuanto parecía confirmar mi convicciónde que la vida es para una sola vez y que por ello debemos estar atentos mientras larecorremos. Reparé asimismo en los versos que podían servirme de talismanes contra lavanidad. Desde luego, los de la primera estrofa, pero también:¿Qué se fizo el rey don Juan?Los infantes de Aragón¿Qué se fízieron?¿Qué fue de tantogalán,qué fue de tanta invención,comotrujeron?En aquellos días, mi plan de trabajoconsistía en leer todos los libros y escribir otros tantos. Como la novela en preparaciónpostergaba las historias que se me ocurrían, la hice a un lado y, con alivio, me puse aescribir un libro de relatos que no gustó a nadie. Borges atribuyó mis errores alapresuramiento; no me dejé engañar por su generosa hipótesis: comprendí que loserrores provenían de la inmadurez de mi criterio. Para mejorarlo estudié manuales detécnica literaria y, cuando descubrí Agudeza y arte de ingenio de Gracián, proyecté unlibro similar.Muy pronto hubo un cambio de planes. Yo publicaría un arte de escribir, a imitación deuno "en veinte lecciones" de Valbuena, que me prestó mi tío Miguel Casares. Estabaseguro de que en el análisis de los errores cometidos en mi libro de relatos, encontraríaleyes valiosas. Debió de parecerme que nada mejor podía hacer con mi experiencia defracaso como escritor, que emplearla para la composición de un arte de escribir. No mepregunté qué opinarían los lectores. En una tarde muy lejana, mi padre me habló de frayLuis de León; se refirió, conmovido, a las famosas palabras "como decíamos ayer" yrecordó estrofas de Vida retirada.No creo haber olvidado esos versos. Fray Luis no proponía tópicos retóricos; decía lasverdades que yo quería oír. Mostraba cuán insustanciales son los triunfos de la vanidady recomendaba la vida retirada. A ésta la interpreté, primero, como una isla remota y 5
  6. 6. solitaria, a la que nunca llegué, salvo en mis novelas; después, como la casa de campodonde viví durante cinco años; por último, como la vida privada, que llevo mientraspuedo.De los poemas de fray Luis pasé a sus hermosas traducciones de Horacio. Una lecturalleva a otra: la suerte me deparó Horacio en España, el encantador libro de MarcelinoMenéndez y Pelayo. En sus páginas se cotejan traducciones de Horacio por numerososescritores españoles, portugueses y latinoamericanos, de diversas épocas. Este cotejo,en el que participé como lector, me pareció un utilísimo ejercicio literario. Lastraducciones de los Argensola me agradaron particularmente, pero la mayor revelaciónpara mí fue la espléndida Epístola a Horacio de Menéndez y Pelayo. Asombra cómo,para la fama, un mérito oculta a otro. Porque se admira en Menéndez y Pelayo alerudito, se le olvida como poeta. Carta a unos amigos de Santander para agradecerles elregalo de una biblioteca es otro poema suyo que siempre releo. De este modo, conaciertos de lector y con errores de escritor, fui internándome en el ancho mar de laliteratura o, para saludar una vez más a don Marcelino, en El ancho mar de Píndaro y deSafo.Doy las gracias a sus majestades los Reyes, que honran con su presencia este acto; aquienes me confirieron el premio y a quienes ahora me acompañan tan amistosamente;a los colegas y a los periodistas de España, de nuestra América y de mi país que, alenterarse de la decisión del jurado, escribieron sobre mí y sobre mis libros, con unagenerosidad que nunca olvidaré; a los amigos que me hicieron sentir que se alegrabanaún más que yo; a mucha gente que por las calles de Madrid y, después, por las calles deBuenos Aires, me detuvo para felicitarme. Quiero también expresar mi gratitud a unescritor que no está aquí, pero que está presente: Cervantes, a quien le debo laliteratura, que dio sentido a mi vida. La aventura del idioma Por Jorge Edwards*Majestades, distinguidas autoridades, señoras y señores:Si alguien me hubiera anunciado, cuando empecé a escribir versos y fragmentos de prosa en cuadernos escolares,que algún día recibiría un Premio con el nombre de Miguel de Cervantes, y que lo recibiría de las manos del Rey deEspaña en persona, no sólo me habría costado mucho creerlo. Habría tenido que decirme, además, que la vidapuede ser una aventura inesperada y enteramente extraordinaria. La concesión de este premio es un honor insigney que me conmueve en forma profunda. También, y así lo comprendí desde el primer instante, es unreconocimiento que se hace a través mío de la literatura chilena en su tradición y en su rica diversidad. Es elhomenaje a una rama de la literatura del idioma que comienza con don Alonso de Ercilla, uno de los primerosespañoles chilenizados, conquistador conquistado, que sigue con maestros coloniales como Alonso de Ovalle yManuel de Lacunza, que continúa con Vicente Pérez Rosales y Alberto Blest Gana, figuras señeras de nuestrosiglo XIX, que llega hasta Pablo Neruda, José Santos González Vera y Nicanor Parra, hasta José Donoso y JorgeTeillier, entre muchos otros, y que todavía no termina. Agradezco, pues, con emoción, en nombre propio y ennombre de todos. La literatura es un espacio mental, una corriente, un río invisible que corre por el interior de todosnosotros, y la de Chile es una nota particular dentro del gran conjunto hispánico: una estrella lejana, periférica, y ala vez curiosamente cercana, entrañablemente familiar, dentro de la maravillosa constelación de nuestra lengua.Debo decir que nunca estuve destinado por las circunstancias, por mi formación, por el ambiente en el que me tocócrecer, a convertirme en un autor de artefactos verbales en verso o en prosa. En el Colegio de San Ignacio de miniñez, el viejo edificio de la calle del barrio bajo de Santiago que llevaba el nombre, precisamente, del jesuitaAlonso de Ovalle, el autor de la Histórica Relación del Reino de Chile, predominaba todavía lo peor del gusto estéticode fines del siglo XIX. Teníamos que aprender de memoria y recitar en un estrado, entre cortinajes y dorados deestuco, poemas de Quintana y de Gabriel y Galán, o traducciones laboriosamente rimadas del francés Sully- 6
  7. 7. Prudhomme, quien hoy sólo es conocido en París como nombre de una calle y de una plazoleta, a pesar de queobtuvo en su tiempo uno de los Premios Nobel de Literatura. La verdad es que aquellos suplicios infantiles mehicieron desdeñar e incluso aborrecer la poesía. Había, sin embargo, signos, indicios dispersos, y que apuntaban enotras direcciones, aun cuando todavía no sabía interpretarlos. En mis años de preparatorias publiqué en la revistadel Colegio dos textos que había pergeñado no sé en qué momentos perdidos: uno trataba de las ventajas de lanavegación por mar; el otro era una biografía mínima de Cristóbal Colón, nada menos, pero no atribuí el asunto aun gusto inexplicable y repentino por la escritura, sino a un deseo adolescente de ser capitán de barco y de corrermundos. En aquellos mismos tiempos, una vieja tía abuela, lectora infatigable, conspiradora familiar, me llevaba aun lado y me mostraba las portadas de las novelas de otro sobrino suyo, Joaquín Edwards Bello. «¿No sabes quetienes un pariente escritor?», me preguntaba. Yo lo sabía en forma confusa, y sólo tenía la imagen de un personajemás bien estrafalario, que había viajado hasta muy lejos, que había perdido su herencia en ruletas del sur deEuropa, y que después, para colmo, había regresado a instalarse en un sector mal visto de Santiago.Tres o cuatro años después, en una casa de lo que ya se llamaba el barrio alto, el dueño, un arquitecto avanzadopara el Chile de esos tiempos, se acercó al grupo de adolescentes del que yo formaba parte y nos presentó a unpoeta de voz nasal, de tez aceitunada, vestido con un traje de gabardina de color verde botella. Era una casadiferente de todas las que había visto antes, con un cuadro del entonces joven Roberto Matta encima de un pianode cola negro, con dos dibujos de Pablo Picasso en una esquina. «A la edad de ustedes», nos dijo el poeta, cuyonombre, Pablo Neruda, sonaba tan extraño como su voz, «yo estudiaba matemáticas en un banco del CementerioGeneral, debajo de grandes magnolias, y le tenía un miedo pánico a los exámenes...». Ya conocía el primero desus Veinte Poemas de Amor, otro de mis textos de iniciación, y devoré cada una de sus palabras como un maná.Pasaron años, sin embargo, antes de que supiera del miedo a las matemáticas de uno de sus maestros, uno de losgrandes sudamericanos de lengua francesa, el Conde de Lautréamont: «¡Oh, matemáticas severas!».Ahora bien, por aquellos días había aparecido en mis programas de estudios un texto curioso, una «obrecilla que seme cayó de las manos», como explicaba su autor citando a Fray Luis, el Manual de Técnica Literaria de don EduardoSolar Correa. Don Eduardo era un fantasma de aquellos años: un caballero de patillas y de polainas, que hacíarevolotear su bastón por los terraplenes de la antigua Alameda de las Delicias y que era blanco de toda clase dechirigotas y de bromas escolares. Pues bien, a pesar de su aura estrafalaria, don Eduardo tenía, cosa que nosotrosni siquiera podíamos sospechar, un gusto literario impecable. Empecé a seguir sus ejemplos de figuras literarias, decláusulas rítmicas, de formas métricas, y me vi sumergido sin saberlo en la gran corriente, en la gran aventura de lalengua, en el río invisible. Don Eduardo definía la figura de la paradoja y citaba: que «muero porque no muero». Laconcesión: pero también que «me confieses quiero / que es tanta la beldad de su mentira...». La gradación, y dabacomo ejemplo: «Acude, corre, vuela / traspasa la alta sierra, ocupa el llano...». Hipérbole: «Érase un hombre a unanariz pegado...». Perífrasis: «La blanca hija de la blanca espuma...». Aliteración: «El ruido con que rueda la roncatempestad...».Me descubrí empeñado en buscar por bibliotecas, librerías, desvanes, otros poemas de Góngora, de don Franciscode Quevedo, de Garcilaso, de Argensola y Fray Luis de León. Y desemboqué pronto en la prosa de la generación del98. Azorín y Unamuno, sensibilidades opuestas, en cierto modo complementarias, me acompañaron de diferentesmaneras, y aquí puedo dar un pequeño ejemplo de parodia, en mi viaje al corazón de Cervantes. Los ejemplos dedon Eduardo Solar Correa, en buenas cuentas, habían sido como las breves notas musicales que anuncian undestino, como el primer compás de una Quinta Sinfonía literaria. Y la literatura, tan remota en un principio, tanajena, fue la tarea a la que nadie, precisamente, me había destinado, y que asumí a pesar de todo y contra casitodos.Llegué al Quijote, como digo, de la mano de sus grandes exegetas del 98, y encontré en ese libro algo que despuésno he encontrado en ningún otro autor: ni en el Dante, ni en Rabelais, ni en Moliere, ni en el mismo Goethe. Algoque Cervantes sólo comparte, quizás, con Shakespeare, aunque de otra manera, de un modo más fantasioso, másaéreo, más bromista: un elemento de compasión profunda, de humanidad, de ironía, una distancia que consuela yque redime, transmitidos con una gracia única. Los narradores se multiplican, le hacen guiños al lector, le toman elpelo y a la vez lo cogen amistosamente de la mano y lo llevan en su trayecto narrativo. Los personajes se salen delas páginas, se transforman, se contagian unos con otros, en un proceso en que la locura es cordura, en que eldisparate es lúcido. «Loco, y no tonto», dice por ahí, en su Vida de Don Quijote y Sancho, Unamuno, y yo medetengo en ese final de párrafo, pensativo.Para mí, el gran realismo mágico de la literatura en lengua española, el de una fantasía superior, es el de lasegunda parte del Quijote, el de la Cueva de Montesinos, el de Clavileño, el del Caballero de los Espejos. Elmaravilloso desfile de la imaginación medieval en el interior de la cueva de Montesinos anuncia el desfile del mundomoderno en el Aleph de Jorge Luis Borges. En ambos textos, el personaje, llevado por un guía libresco y más omenos absurdo, sufre un golpe, una caída de alguna especie, medio deliberada y medio involuntaria, entra en unestado de sueño profundo, no se sabe por cuánto rato, y despierta para contemplar el espectáculo del universo.Cervantes es nuestro contemporáneo, como Borges, como Neruda cuando viaja al corazón de don Francisco deQuevedo, y esto significa que el centro del idioma está aquí, en esta sala, en esta vieja e ilustre universidad, ytambién en todos nuestros vastos territorios, desde la Araucanía de don Alonso de Ercilla y de Neruda hasta elCómala de Juan Rulfo, y desde la meseta polvorienta de don Antonio Machado hasta el Genil de los viejos poetasandaluces. Es un privilegio, un don extraordinario, y una deuda, un compromiso de por vida. 7
  8. 8. Llego a la conclusión de que eran locos, estrafalarios, inútiles, pero que de tontos no tenían nada, aquellosprecursores y anunciadores de una vocación: el profesor de las polainas con sus ejemplos a menudo deslumbrantes,pura energía verbal concentrada, y la vieja tía lectora y conspiradora, muy pequeña de estatura, enormementesimpática, y que parecía, precisamente, ejemplo de hipérbole, una mujer a una nariz pegada; el extremado yapasionado Joaquín Edwards Bello, con su genio atrabiliario, y desde luego, el poeta del traje de gabardina, queparecía cargar en la voz y en los ojos con el misterio de toda la poesía del mundo. No supe muy bien en uncomienzo de qué se trataba, en qué consistía con exactitud aquel llamado a leer y a escribir, y cuando comencé asaber ya era tarde. Fue fascinante y, muchas veces, endiabladamente duro e intrincado. Tuve que salir de un ordenbien protegido e instalarme en suburbios más bien inciertos. Hice muchas cosas, pero siempre la tarea principal, denoche, de madrugada, en espacios de tiempo robado, al margen de documentos oficiales, fue la de escribirficciones, o la de introducir en la multiplicidad de los sucesos, en el enigma del pasado, en los recovecos de lamemoria, una coherencia, una estructura narrativa que siempre, en definitiva, era imaginación, arte de la palabra.Las circunstancias me obligaron a escribir, algunas veces, en contra de la corriente, de la moda, del pensamiento aluso, y traté de hacerlo con naturalidad, sin pretensiones, sintiendo que la escritura, antes que nada, es una formade fidelidad, la exigencia de un acuerdo consigo mismo, y que uno tiene el derecho y quizás hasta la obligación detransmitir la experiencia a los demás. Todo el recorrido, en su desarrollo a veces accidentado, no ha sido actividaddemasiado diferente, en realidad, que la del acompañante de don Quijote a la Cueva de Montesinos, el primo delBachiller de las bodas de Camacho, hombre cuya profesión, según quiso contar, era la de humanista, y que habíaescrito una enumeración de setecientas y tantas libreas, aparte de unos Metamorfóseos y de un Suplemento.Después de todo, él tuvo la suerte de acompañar al Caballero de la Triste Figura hasta el borde mismo del abismo yde escuchar después, de primera mano, su deslumbrante relato. Nosotros también, a nuestra manera, hemospodido estar cerca de don Quijote, o de los Quijotes nuestros, locos y no tontos, y hemos escuchado susextraordinarias historias. ¡Qué privilegio, y qué regalo!En conclusión, sólo tengo motivos para agradecer. Nunca me arrepentí de haber seguido la línea excéntrica, elllamado cuyas consecuencias no supe calcular en un comienzo y que implicaba internarse por un camino másaccidentado, más escabroso y dificultoso de lo que parecía a simple vista. En una de sus últimas vueltas, sinembargo, me ha conducido hasta aquí, hasta esta sala llena de memorias ilustres, y les repito que estoy conmovidoy que mi agradecimiento es hondo y duradero. Seguiré en la ruta durante todo el tiempo que pueda quedarme,puesto que se trata, como ya lo he dicho, de un destino, y lo haré con plena conciencia de que el Premio Miguel deCervantes, esta gran institución de la España democrática y moderna, me dará fuerzas para el resto del viaje.Muchas gracias, pues, a todos ustedes.(*) Tomado de Edwards, Jorge. «La aventura del idioma». [Discurso de recepción del Premio Cervantes 1999]. El Quijote en Chile.Introducción y selección de textos Sergio Macías. Santiago de Chile: Aguilar, 2005. 215-222. "I HAVE A DREAM"TRADUCCIÓN DEL DISCURSO PRONUNCIADO EN WASHINGTON, CAPITAL FEDERAL DELOS ESTADOS UNIDOS, EL 28 DE AGOSTO DE 1963 POR MARTIN LUTHER KING, JR.Al final de la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad, que tuvo lugar el28 de agosto de 1963, Martin Luther King pronunció el discurso conocido por una de 8
  9. 9. las expresiones clave del mismo: “I have a dream”, “Tengo un sueño”, que es a la vezconstrucción anafórica en la organización retórico-comunicativa del discurso, temacentral de su macroestructura semántica y base de su construcción pragmática, socialy política. Mi principal intención al traducir este discurso es rendir homenaje a MartinLuther King por su lucha por la libertad y por todos los derechos del ser humano, alcumplirse cuarenta años de la ocasión en la que lo pronunció, con el convencimientode que el discurso contribuyó de un modo importante y significativo a cambiar,mejorándola, la realidad. También deseo con esta traducción contribuir al conjunto detraducciones castellanas de este discurso. He intentado que la traducción reprodujeraen la lengua de llegada los recursos retórico-comunicativos utilizados por Martin LutherKing en el discurso original en inglés. También he intentado mantener en la traducciónlas decisiones lingüísticas del orador en cuanto a género y he tenido en cuenta los dosgéneros al traducir palabras inglesas que los incluyen. He traducido “the Negro” por“las personas negras” y “a Negro” por “una persona negra”, así como “you” por“vosotros y vosotras”, “Negro slaves” por “esclavos negros y esclavas negras” y“citizens” por “ciudadanos y ciudadanas” y “ciudadanas y ciudadanos”. Me ha sorprendido la existencia de varias versiones impresas del discurso eninglés que presentan algunas pequeñas diferencias entre sí. Por esta razón, hecomparado las distintas versiones en inglés de que disponía con la grabaciónmagnetofónica del discurso y, finalmente, para mi traducción al castellano he seguidoel texto original del discurso de los Douglass Archives of American PublicAddress, enedición preparada por D. Oetting. Dicho texto original puede ser leído (y también oído,si se instala o si se dispone del software necesario) en la siguiente direcciónelectrónica: http://www.hpol.org/transcript.php?id=72 Agradezco a Marjorie Woods, de TheUniversity of Texas at Austin, que me hayainformado de algunos aspectos de la cultura política de los Estados Unidos,especialmente sobre la canción America (“My country „tis of thee, sweetland of liberty,of thee I sing...”), de 1831 (ó 1832). A David Pujante, de la Universidad de Valladolid,le agradezco la identificación de citas bíblicas en el discurso y que me haya facilitadosu traducción castellana de la Biblia protestante española de Casiodoro de Reina, de1569, revisada por Cipriano de Valera en 1602 (“Pero corra el juicio como las aguas, yla justicia como impetuoso arroyo”, Amós, 5, 24; “Todo valle sea alzado, y bájese todomonte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará lagloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová hahablado”, Isaías, 40: 4-5), que, aunque no he incluido en su literalidad con el fin deatenerme al original inglés del discurso, he tenido en cuenta para mi traducción. APaloma Biglino Campos, de la Universidad de Valladolid, y a Concha Martínez-Carrasco 9
  10. 10. Pignatelli, de la Universidad Complutense de Madrid, les estoy agradecido por susrespuestas a cuestiones jurídico-políticas sobre las que les he consultado en relacióncon el discurso. Tomás Albaladejo (Universidad Autónoma de Madrid) Martin Luther King, Jr. Tengo un sueño Estoy contento de reunirme hoy con vosotros y con vosotras en la que pasará ala historia como la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestra nación. Hace un siglo, un gran americano, bajo cuya simbólica sombra nosencontramos, firmó la Proclamación de Emancipación. Este trascendental decreto llegócomo un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros y esclavas negras,que habían sido quemados en las llamas de una injusticia aniquiladora. Llegó como unamanecer dichoso para acabar con la larga noche de su cautividad. Pero cien años después, las personas negras todavía no son libres. Cien añosdespués, la vida de las personas negras sigue todavía tristemente atenazada por losgrilletes de la segregación y por las cadenas de la discriminación. Cien años después,las personas negras viven en una isla solitaria de pobreza en medio de un vastoocéano de prosperidad material. Cien años después, las personas negras todavíasiguen languideciendo en los rincones de la sociedad americana y se sienten comoexiliadas en su propia tierra. Así que hemos venido hoy aquí a mostrar unascondiciones vergonzosas. Hemos venido a la capital de nuestra nación en cierto sentido para cobrar uncheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magnificientespalabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, estaban firmando unpagaré del que todo americano iba a ser heredero. Este pagaré era una promesa deque a todos los hombres —sí, a los hombres negros y también a los hombres blancos—se les garantizarían los derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la búsqueda dela felicidad. Hoy es obvio que América ha defraudado en este pagaré en lo que se refiere asus ciudadanos y ciudadanas de color. En vez de cumplir con esta sagrada obligación,América ha dado al pueblo negro un cheque malo, un cheque que ha sido devueltomarcado “sin fondos”. 10
  11. 11. Pero nos negamos a creer que el banco de la justicia está en bancarrota. Nosnegamos a creer que no hay fondos suficientes en las grandes arcas bancarias de lasoportunidades de esta nación. Así que hemos venido a cobrar este cheque, un chequeque nos dé mediante reclamación las riquezas de la libertad y la seguridad de lajusticia. También hemos venido a este santo lugar para recordar a América la intensaurgencia de este momento. No es tiempo de darse al lujo de refrescarse o de tomar eltranquilizante del gradualismo. Ahora es tiempo de hacer que las promesas dedemocracia sean reales. Ahora es tiempo de subir desde el oscuro y desolado valle dela segregación al soleado sendero de la justicia racial. Ahora es tiempo de alzar anuestra nación desde las arenas movedizas de la injusticia racial a la sólida roca de lafraternidad. Ahora es tiempo de hacer que la justicia sea una realidad para todos loshijos de Dios. Sería desastroso para la nación pasar por alto la urgencia del momento ysubestimar la determinación de las personas negras. Este asfixiante verano dellegítimo descontento de las personas negras no pasará hasta que haya un estimulanteotoño de libertad e igualdad. Mil novecientos sesenta y tres no es un fin, sino uncomienzo. Quienes esperaban que las personas negras necesitaran soltar vapor y queahora estarán contentos, tendrán un brusco despertar si la nación vuelve a suactividad como si nada hubiera pasado. No habrá descanso ni tranquilidad en Américahasta que las personas negras tengan garantizados sus derechos como ciudadanas yciudadanos. Los torbellinos de revuelta continuarán sacudiendo los cimientos denuestra nación hasta que nazca el día brillante de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi pueblo, que está en el caluroso umbral quelleva al interior del palacio de justicia. En el proceso de conseguir nuestro legítimolugar, no debemos ser culpables de acciones equivocadas. No busquemos saciarnuestra sed de libertad bebiendo de la copa del encarnizamiento y del odio. Debemosconducir siempre nuestra lucha en el elevado nivel de la dignidad y la disciplina. Nodebemos permitir que nuestra fecunda protesta degenere en violencia física. Una yotra vez debemos ascender a las majestuosas alturas donde se hace frente a la fuerzafísica con la fuerza espiritual. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a lacomunidad negra no debe llevarnos a desconfiar de todas las personas blancas, ya quemuchos de nuestros hermanos blancos, como su presencia hoy aquí evidencia, hanllegado a ser conscientes de que su destino está atado a nuestro destino. Han llegadoa darse cuenta de que su libertad está inextricablemente unida a nuestra libertad. Nopodemos caminar solos. Y mientras caminamos, debemos hacer la solemne promesa de que siemprecaminaremos hacia adelante. No podemos volver atrás. Hay quienes estánpreguntando a los defensores de los derechos civiles: “¿Cuándo estaréis satisfechos?”No podemos estar satisfechos mientras las personas negras sean víctimas de losindecibles horrores de la brutalidad de la policía. No podemos estar satisfechosmientras nuestros cuerpos, cargados con la fatiga del viaje, no puedan conseguiralojamiento en los moteles de las autopistas ni en los hoteles de las ciudades. Nopodemos estar satisfechos mientras la movilidad básica de las personas negras sea deun ghetto más pequeño a otro más amplio. No podemos estar satisfechos mientrasnuestros hijos sean despojados de su personalidad y privados de su dignidad porletreros que digan “sólo para blancos”. No podemos estar satisfechos mientras una 11
  12. 12. persona negra en Mississippi no pueda votar y una persona negra en Nueva York creaque no tiene nada por qué votar. No, no, no estamos satisfechos y no estaremossatisfechos hasta que la justicia corra como las aguas y la rectitud como un impetuosotorrente. No soy inconsciente de que algunos de vosotros y vosotras habéis venido aquídespués de grandes procesos y tribulaciones. Algunos de vosotros y vosotras habéissalido recientemente de estrechas celdas de una prisión. Algunos de vosotros yvosotras habéis venido de zonas donde vuestra búsqueda de la libertad os dejógolpeados por las tormentas de la persecución y tambaleantes por los vientos de labrutalidad de la policía. Habéis sido los veteranos del sufrimiento fecundo. Continuadtrabajando con la fe de que el sufrimiento inmerecido es redención. Volved a Mississippi, volved a Alabama, volved a Carolina del Sur, volved aGeorgia, volved a Luisiana, volved a los suburbios y a los ghettos de nuestras ciudadesdel Norte, sabiendo que de un modo u otroesta situación puede y va a ser cambiada. No nos hundamos en el valle de ladesesperación. Aun así, aunque vemosdelante las dificultades de hoy y mañana,amigos míos, os digo hoy: todavía tengo unsueño. Es un sueño profundamenteenraizado en el sueño americano. Tengo un sueño: que un día estanación se pondrá en pie y realizará elverdadero significado de su credo:“Sostenemos que estas verdades sonevidentes por sí mismas: que todos loshombres han sido creados iguales”. Tengo un sueño: que un día sobre lascolinas rojas de Georgia los hijos de quienesfueron esclavos y los hijos de quienes fueronpropietarios de esclavos serán capaces desentarse juntos en la mesa de la fraternidad. Tengo un sueño: que un día incluso el estado de Mississippi, un estadosofocante por el calor de la injusticia, sofocante por el calor de la opresión, setransformará en un oasis de libertad y justicia. Tengo un sueño: que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación en la que noserán juzgados por el color de su piel sino por su reputación. 12
  13. 13. Tengo un sueño hoy. Tengo un sueño: que un día allá abajo en Alabama, con sus racistasdespiadados, con su gobernador que tiene los labios goteando con las palabras deinterposición y anulación, que un día, justo allí en Alabama niños negros y niñasnegras podrán darse la mano con niños blancos y niñas blancas, como hermanas yhermanos. Tengo un sueño hoy. Tengo un sueño: que un día todo valle será alzado y toda colina y montaña serábajada, los lugares escarpados se harán llanos y los lugares tortuosos se enderezarány la gloria del Señor se mostrará y toda la carne juntamente la verá. Ésta es nuestra esperanza. Ésta es la fe con la que yo vuelvo al Sur. Con esta feseremos capaces de cortar de la montaña de desesperación una piedra de esperanza.Con esta fe seremos capaces de transformar las chirriantes disonancias de nuestranación en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe seremos capaces detrabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a la cárcel juntos, de ponernosde pie juntos por la libertad, sabiendo que un día seremos libres. Éste será el día, éste será el día en el que todos los hijos de Dios podrán cantarcon un nuevo significado “Tierra mía, es a ti, dulce tierra de libertad, a ti te canto.Tierra donde mi padre ha muerto, tierra del orgullo del peregrino, desde cada laderasuene la libertad”. Y si América va a ser una gran nación, esto tiene que llegar a ser verdad. Y así,suene la libertad desde las prodigiosas cumbres de las colinas de New Hampshire.Suene la libertad desde las enormes montañas de Nueva York. Suene la libertad desdelos elevados Alleghenies de Pennsylvania. Suene la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve de Colorado. Suene lalibertad desde las curvas vertientes de California. Pero no sólo eso; suene la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia. Suene la libertad desde el Monte Lookout de Tennessee. Suene la libertad desde cada colina y cada topera de Mississippi, desde cadaladera. 13
  14. 14. Suene la libertad. Y cuando esto ocurra y cuando permitamos que la libertadsuene, cuando la dejemos sonar desde cada pueblo y cada aldea, desde cada estado ycada ciudad, podremos acelerar la llegada de aquel día en el que todos los hijos deDios, hombres blancos y hombres negros, judíos y gentiles, protestantes y católicos,serán capaces de juntar las manos y cantar con las palabras del viejo espiritual negro:“¡Al fin libres! ¡Al fin libres! ¡Gracias a Dios Todopoderoso, somos al fin libres!” (Traducción de Tomás Albaladejo) 14

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